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lunes, 11 de junio de 2018

#hemeroteca #poblacionmigrante | Gorka Moreno: «No hay efecto llamada con las ayudas, la inmigración es idéntica a la curva del PIB»

Imagen: El Correo / Gorka Moreno, director de Ikuspegi
Gorka Moreno - Director de Ikuspegi, el Observatorio Vasco de Inmigración: «No hay efecto llamada con las ayudas, la inmigración es idéntica a la curva del PIB».
Moreno cree que la mejoría económica hará que Euskadi alcance los 240.000 inmigrantes «en tres años».
Jesús J. Hernández | El Correo, 2018-06-11
http://www.elcorreo.com/bizkaia/efecto-llamada-ayudas-20180605145051-nt.html

Desde su atalaya universitaria, Gorka Moreno escruta la inmigración. Según sus cálculos, la mejoría económica hará que «en tres años» haya un 13% de inmigrantes en Euskadi, unos 240.000, cerca de 40.000 más.

-Ikuspegi abrió sus puertas en 2004. ¿Cómo ha cambiado la inmigración desde entonces?
- Se creó, entre la universidad y el Gobierno, porque estaba empezando a coger fuerza la inmigración y sabíamos poco del fenómeno. Ha cambiado mucho. De 2004 a 2008 hubo un flujo muy importante. En diez años (1998 a 2008) llegaron a España seis millones de personas.

- ¿Cómo era la situación en Euskadi en ese momento?
- La inmigración era algo anecdótico. En 1998 en Euskadi suponía el 1,3% de la población y en Bizkaia el 1,4%. Una década después el 6,6%. A día de hoy estamos en el 9,4% en el País Vasco y en el 8,8% en Bizkaia. Hemos pasado de la nada a que uno de cada diez vascos hayan nacido en el extranjero.

- La crisis económica fue un bache en esa tendencia al alza.
- Hubo un aminoramiento de las llegadas. Hay quien cree que se fueron muchos inmigrantes y no es cierto. No hubo retorno generalizado.

- ¿En qué punto estamos ahora?
- En un ciclo que arrancó en 2015, que tiene semejanzas con el comienzo de siglo, pero no en magnitudes tan altas. Tenemos los gráficos de cuánto aumenta año a año el número de inmigrantes en el padrón y resulta sorprendente: cuadra al milímetro con la curva del PIB. La migración está muy condicionada por el ciclo económico y por el trabajo.

- ¿De qué zonas llegan?
- Ha variado en los diferentes ciclos. En la bonanza de 2000-2007 eran fundamentalmente latinoamericanos, durante la recesión descienden las llegadas desde América y aparece con fuerza la magrebí -en especial marroquí- y asiática, -paquistaníes-. Desde 2015 vuelve a primar el origen latinoamericano. Estos son el 47,8% de los inmigrantes vascos y el 51,1% de los vizcaínos. De cada dos inmigrantes, uno es latino. Y con mucha presencia de mujeres. Vienen aquí porque hay demanda, gracias a una clase media importante, para tareas domésticas y cuidados. La mitad de estas mujeres trabajan en ese sector.

- Y reina la economía sumergida.
- Sí, por supuesto. El inmigrante tiene acceso al empleo pero, en general, en condiciones muy precarias.

- ¿La exigencia del euskera no disuade a la población latina?
- La clave son los hijos. Mis padres no aprendieron euskera, pero yo sí. Pero es cierto que exigirle euskera a un niño guatemalteco llegado con 13 años es romperle el futuro. El idioma no es el factor principal.

- ¿Cuál es?
- Los flujos migratorios no son cosa del azar. Nadie gira la bola del mundo y va donde pone el dedo. Aquí los grandes sectores que hacen moverse a los inmigrantes -agricultura, turismo y construcción- tienen poco peso. El País Vasco no es atractivo para el inmigrante porque no tienen acceso al mercado laboral. Esta es una zona industrial y requiere cualificación. En España la media es de un 13,6% y aquí es un 9,4%.

- ¿Por qué no tenemos todavía en Bizkaia conductores de metro o médicos con rasgos foráneos?
- En otros países, donde sí lo vemos, la inmigración es anterior. Suelen ser los hijos de quienes llegaron al país los que acceden a esos puestos. En nuestro entorno comenzaron a aterrizar hace 18 ó 20 años. En el empleo público sí influye la cuestión lingüística. Donde nos la jugamos en inmigración es en la segunda generación. Los hijos están llegando ahora a la universidad.

- En cinco, diez años, ¿les podremos ver ya en puestos de ese tipo?
- Sí. Comienzan a verse en los campus, pero con cuentagotas. En pocos años saldrán hornadas de niños nacidos aquí, que hablan euskera, y algunas chicas irán a buscar empleo con un velo. Habrá que gestionar toda esa diversidad.

- En países como Francia no fue tan fácil esa gestión, que favoreció más tarde los brotes violentos.
- La clave es la movilidad social. Que esos hijos tengan acceso a un empleo mejor que sus padres. No soy un especialista, pero esa tercera generación de magrebíes que se revolvió contra el Estado francés no actuó tanto por un problema identitario como de integración social. No tienen las mismas oportunidades y viven en zonas con menos servicios. Creo que aquí no va a ocurrir.

- ¿Qué diferencias detecta entre la inmigración nacional de hace décadas y la actual?
- Hay muchas similitudes. Mis padres vinieron de Sevilla porque una tía les contó que había trabajo en la fábrica de su marido. Y eso sucede hoy con los latinos. La diferencia es que el andaluz tenía la nacionalidad española y el extranjero no. Y eso entraña muchas dificultades para los papeles y para el trabajo.

- ¿Y a la hora de la integración?
- Todos hemos escuchado lo del 'maketo', el 'coreano', que creo que está muy superado. En términos generales, la cosa funcionó y ahora también. Euskadi no es racista. Con lo que hemos pasado en la crisis, no se han dado brotes xenófobos como en otros países.

- Hay quien cree que sube la inmigración por ayudas como la RGI.
- Las ayudas y la RGI no suponen un efecto llamada. Si se movieran por eso, estarían aquí todos. Baleares tiene un 22% de inmigrantes, Canarias y Madrid un 18%, el doble que Euskadi. Y son lugares con sistemas de protección muy leves.

- La inmigración se concentra en Bilbao en unos barrios muy concretos.
- Sí. En los más humildes, como sucedió en otras migraciones. Está habiendo una rotación de los inmigrantes extremeños o andaluces que han mejorado y van a otros barrios y ahora ocupan esos pisos los extranjeros. Todo esto tiene más que ver con la clase social.

- El patio del colegio es revelador.
- Sí, pero la concentración por estrato social se daba antes de la inmigración, lo que sucede es que ahora se ve más fácilmente. Se nota mucho en los altos porcentajes que hay en los colegios públicos. Esas cifras son más bajas en los centros religiosos y muchísimo más todavía en las ikastolas concertadas.

- ¿Por qué hay tan pocos en estas ikastolas?
- Los colegios religiosos los han ido integrando, ya sea por falta de alumnos o por una cuestión de convicción. Los latinos quieren ir a centros religiosos porque en sus países implica estatus. En las ikastolas hay más problemas de acceso.

- ¿La inmigración es la solución al problema demográfico?
- No. No es la solución, pero lo atenúa. Haría falta muchísima población inmigrante. Tienen una tasa de natalidad algo más alta, no como en sus países, pero ayuda.

- ¿Nos gustan más unos inmigrantes que otros?
- Influye el ciclo económico. Nos gustan más cuando no hay crisis. El colectivo que peor cae es el magrebí. Y mejor cuanto más se nos parecen, no sólo en el fenotipo, sino en el estatus económico. Europa Occidental, Chile, Argentina... salen mejor en nuestras encuestas.

domingo, 1 de abril de 2018

#hemeroteca #segundageneracion | “Te sientes de allí donde has echado raíces”

Imagen: Deia / Hajar Samadi
“Te sientes de allí donde has echado raíces”.
Tres jóvenes que pertenecen al colectivo denominado ‘segundas generaciones’ cuentan su experiencia de vida en Euskadi y sus perspectivas de futuro como hijos de inmigrantes.
Beatriz Sotillo | Deia, 2018-04-01
http://www.deia.eus/2018/04/01/sociedad/euskadi/te-sientes-de-alli-donde-has-echado-raices

“Me siento más de aquí porque la vida la he construido aquí”. La frase de Hajar Samadi para expresar sus sentimientos de pertenencia define bien la situación de muchos jóvenes vascos con ascendencia extranjera, un colectivo al que la sociología denomina ‘segundas generaciones’. “Inmigrante sería -añade Hajar- si yo ahora mismo decidiera mudarme a Alemania”. Ella es una de las 77.000 personas jóvenes “nacidas en el País Vasco o reagrupadas con menos de 4 años, con al menos un progenitor de origen extranjero” que, según Ikuspegi, residen en Euskadi y contribuyen a una sociedad más diversa desde el punto de vista cultural y de origen.

Hajar Samadi, Dylan Murcia y Abdelhak El Youssfi son tres jóvenes que representan las distintas circunstancias de ese colectivo más amplio llamado ‘segundas generaciones’: Hajar “fue traída” a Euskadi con 2 años, Dylan nació aquí y Abdelhak llegó a España -a Madrid- con 9 años y más tarde se trasladó a Bizkaia. Los tres comparten el hecho de tener una ascendencia extranjera, el sentimiento de “ser de aquí” y un futuro en el país al que llegaron como resultado del proceso migratorio de sus padres.

Según las clasificaciones científicas, Dylan y Hajar serían ‘segunda generación’, mientras que Abdelhak pertenecería a la ‘generación 1.5’ al haber sido reagrupado con más de 5 años y menos de 11. Según el Observatorio Vasco de la Inmigración, que ha elaborado una serie de trabajos sobre los jóvenes con ascendencia extranjera que viven en Euskadi, la mayor parte -el 60,6%- de esas casi 77.000 personas con orígenes foráneos pero que han desarrollado su vida aquí son segundas generaciones y el 17,7% pertenece a la categoría 1.5. También hay un 21,7% que llegó a la CAV con 12 años o más.

Abdelhak El Youssfi recuerda que cuando llegó a España con sus padres, hermanos y hermanas desde Marruecos “el cambio fue muy grande, no conocía el idioma”. “Los primeros meses todo es nuevo, el cambio se nota, pero al ser niño la adaptación también es más fácil. Lo principal era el idioma y no me costó mucho aprender castellano porque en el colegio al que entré había una profesora que hizo muy fácil el aprendizaje, ayudaba muchísimo. Creo que si aprendes rápido lo principal para comunicarte, la integración va bien. El choque fuerte de los primeros meses en un país diferente lo puede sentir más alguien que llega con 16 o 17 años. Pero si eres un niño, una vez que ya hablas el idioma todo es más fácil”, rememora Abdelhak. Explica también que él es el quinto de siete hermanos y pudo comprobar que así como a sus hermanos mayores les costó un poco más superar el cambio de país, para él y los dos más pequeños, el proceso de adaptación resultó más fácil.

La adaptación
Algo parecido opina Hajar Samadi: “Nunca he notado el cambio de un país a otro, al ser tan pequeña no sabes qué pasa. No es lo mismo si me hubieran traído con 15 años, como les ha pasado a algunas amigas mías, que sí notan el cambio”. Esta joven, que también procede de Marruecos asegura que no ha necesitado periodo de adaptación. “Mis padres -cuenta sobre sus primeros meses en Euskadi- me suelen recordar una anécdota, que cuando me llevaron por primera vez a la escuela era Carnaval, por lo que me asusté mucho y no quise entrar, pero eso suele ser normal a esa edad, reaccioné como cualquier otro niño. Luego, de mayor, cuando empiezas a comprender el mundo, notas que hay diferencia de lenguas y culturas, pero también mucha flexibilidad para cambiar el chip, cuando estoy dentro de casa hablo un idioma y cuando salgo fuera son otros, euskera y castellano, pero siempre lo he llevado bien”.

En el caso de Dylan Murcia, las cosas fueron muy diferentes. Nacido aquí hace 14 años de padres colombianos, Dylan asegura que no ha vivido ningún proceso de adaptación ni de integración puesto que “he crecido y me he criado aquí , ya nací integrado” y apunta que pese a tener padres extranjeros él se siente “exactamente igual que todos mis compañeros de clase”. Aficionado al deporte, Dylan estudia 2º de la ESO, no ha tenido dificultades con el euskera, sus planes son “terminar el Bachillerato y tener una idea para una empresa o ir a la Universidad”, donde le gustaría estudiar administración de empresas. Tampoco descarta viajar a Inglaterra o a Estados Unidos “para aprender inglés”, aunque se ve trabajando aquí y reconoce que tiene “una cultura mixta” que le facilitaría adaptarse a vivir en otros países.

En cuanto a las posibles diferencias con otros chicos de su edad que no forman parte de las segundas generaciones, Dylan afirma que “no son muy importantes, pero sí hay algunas, como la forma de educar en casa o la forma de hablar”. “Yo, como he nacido aquí -explica- puedo hablar bastante parecido a como se habla en Bilbao, no tengo un acento distinto, pero en casa estoy continuamente escuchando hablar de forma diferente, entonces, así que aunque no me diferencie mucho, mi manera de hablar no va a ser igual que la de quienes tienen padres de aquí”.

Respecto a su proceso de integración Abdelhak El Youssfi asegura que “solo sufrí ese primer choque cuando tenía 9 años, a partir de ahí, para integrarte en la nueva sociedad a la que has llegado, una vez que ya controlas el idioma y las costumbres, viene todo rodado”. Este joven, que ahora reside y trabaja en Bizkaia, estudió primaria y Bachillerato y empezó en la Universidad. Está tramitando la obtención de la nacionalidad española y su futuro -dice- está aquí. “Cuando me preguntan digo que soy de aquí, no de Marruecos. Hace poco estuve allí y me preguntaron si me sentía de Marruecos. Les dije que no. Una cosa es que haya nacido allí, que eso nadie lo quita, son mis orígenes, y otra cosa es dónde echas tus raíces. Si echas raíces y has asimilado el sistema de vida de este país, pues ya eres de aquí. Tengo sobrinos que han nacido en Cruces y en Basurto y hablan euskera perfectamente, mejor que el árabe, que les cuesta más. Ellos sí que son la verdadera segunda generación, parte de mi familia ya es totalmente de aquí, eso y formar una familia aumenta el arraigo y cuando nazca mi hijo yo asumo que automáticamente él es español y como padre no puedo ni debo obligarle a volver a mi país de origen. Yo he pasado por eso y creo que el proceso de integración nos ha salido bien. Veo mi futuro aquí, a largo plazo no me imagino vivir en otro sitio que no sea este”, afirma Abdelhak.

País de origen
A la pregunta de si vive mirando hacia su país de origen o si se ha planteado regresar, Abdelhak dice que “empiezas a pensar que ya te quedas definitivamente a partir de la mayoría de edad, cuando te das cuenta de que estás acostumbrado a un sistema, a un tipo de vida y cuando vas a tu país de origen ves la diferencia que hay, ves el contraste y comparas. Es entonces cuando piensas en qué te encontrarías si volvieras a Marruecos. Yo decidí seguir aquí porque aquí me encuentro más cómodo y porque hay mas posibilidades. Ten en cuenta que nadie sale de su país de origen porque le dé la gana, se emigra por necesidad, hay hechos objetivos que te hacen ver que estarás mejor si sales y lo haces”.

Hajar Samadi también es contundente al referirse a su identificación con la sociedad vasca. “Me siento más de aquí, porque la vida la he construido aquí -señala-. Además como considero que por decisión propia no he cambiado de país, ya que en su día me trajeron, al haber crecido y vivido toda mi vida en el País Vasco, me considero más de aquí. Inmigrante sería si yo ahora mismo decidiera mudarme a Alemania por ejemplo, e hiciera la maleta para ello. Sin embargo al no haber vivido esa experiencia, el país donde vives lo haces tuyo. Pero hay un matiz, aunque no me considero inmigrante de segunda generación, sí que de alguna manera pertenezco al colectivo inmigrante, ya que mis padres lo han sido, gente que me rodea lo es, la sociedad que te rodea te coloca también dentro del colectivo inmigrante, sobre todo por el aspecto físico”. Añade que para ella “la identidad es muy flexible y múltiple”. “Aquí me siento de aquí y cuando voy a Marruecos que es el país de origen, me siento también de ahí, no creo que tenga que limitar mi identidad a un sitio y a una cultura concreta y encerrarme en ello. Considero que vas construyendo inconscientemente una nueva cultura con lo mejor de las dos, incluso innovando en muchos aspectos. Puedes incluir la puntualidad europea, la hospitalidad árabe, la sinceridad de la gente vasca , el humor español, en una quedada de amigos por ejemplo mientras tomo un menú halal. Y es algo estupendo”, asegura.

Afirma que nunca se ha planteado ir a vivir a Marruecos, “porque ya he echado raíces en esta sociedad, sería muy difícil empezar de cero en el país de origen donde nunca he vivido, aparte de que tengo aquí mi trabajo y mi familia, por lo que el país de origen seguirá siendo ese lugar especial donde me reencuentro cada año con mis abuelos, primos y el resto de la familia. Sin embargo, mi casa es este país al cual doy gracias por todas las oportunidades que me ha ofrecido y al que intento aportar lo mejor de mí misma”.

Sobre las ventajas teóricas que puede suponer pertenecer a las segundas generaciones, como compartir distintas culturas, Hajar Samadi señala que “el hecho de hablar varios idiomas es una gran ventaja que te permite conectar con otras culturas y países. Desde muy pequeña he hecho acompañamientos a personas que lo han necesitado, ayudando a traducir y entender por ejemplo que es lo que les está diciendo el médico a personas que no entienden el idioma autóctono y viceversa. Hacer de puente y mediar para que las personas se entiendan mejor, es un aporte importante a la convivencia”.

Para Abdelhak, sin embargo, alguien de segunda generación “puede tener alguna ventaja si se compara con uno de primera generación, pero no frente a alguien de aquí que me sigue tratando como si fuese un recién llegado. Si yo me comparo con una primera generación tengo ventaja, porque todo lo que esa persona tiene que construir al llegar a este país yo ya lo tengo hecho, las cosas no me van a costar el mismo esfuerzo que a la primera generación”.

viernes, 2 de marzo de 2018

#hemeroteca #demografia | El 16% de los jóvenes de la CAV es de origen extranjero

Imagen: Noticias de Álava
El 16% de los jóvenes de la CAV es de origen extranjero.
Ikuspegi estima que hay casi 77.000 personas de entre cero y 24 años con ascendientes inmigrantes.
B.S. | Noticias de Álava, 2018-03-02
http://www.noticiasdealava.com/2018/03/02/sociedad/el-16-de-los-jovenes-de-la-cav-es-de-origen-extranjero

Casi el 16% de las personas jóvenes que residen en Euskadi tiene ascendencia extranjera y configuran lo que se denomina ‘segundas generaciones’. Se trata de 77.000 jóvenes nacidos en el País Vasco de padres inmigrantes o llegados muy pequeños.

Según un informe realizado por Ikuspegi con datos del censo del 2011 para estudiar las ‘segundas generaciones’, en Euskadi residen 76.914 personas de entre cero y 24 años con al menos un progenitor de origen extranjero. La mayoría de estos jóvenes (60,6%) son hijos de personas de origen extranjero que han nacido en el Estado español o han sido reagrupados con cuatro años o menos. También hay colectivos de origen extranjero que han llegado a partir de los cinco años a los que se consideran ‘generaciones mixtas’, ya que han realizado parte de su socialización en su país de origen.

Bizkaia es el territorio donde reside el mayor número de personas jóvenes con al menos un progenitor extranjero (49,1%, 37.748 personas). En Gipuzkoa hay 22.978 (29,9%) y en Araba, 16.188 (21%).

En cuanto a la nacionalidad de estos jóvenes, la más común es la española (32.827 personas, el 42,7%), seguida de la marroquí (8,4%), la rumana (7,6%), la colombiana (5,8%) y la boliviana (5,1%). Sobre su situación socioeconómica y la de sus familias, Ikuspegi señala que muestran unos indicadores “peores” que los del conjunto de la población autóctona en cuestiones como el nivel de estudios y la inserción laboral, ya que, en general, el colectivo de ‘segundas generaciones’ muestra un nivel de estudios inferior y un acceso más temprano al mercado laboral, como consecuencia, precisamente, de ese menor nivel educativo.