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domingo, 23 de junio de 2019

#hemeroteca #iglesia #violenciasexual | La Iglesia Católica de EEUU presiona para que sus abusos queden impunes

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Donald Wuerl, arzobispo de Washington
La Iglesia Católica de EEUU presiona para que sus abusos queden impunes.
Invierte millones de dólares para evitar que se amplíen los años de prescripción de los delitos de abuso sexual a menores.
Carlos Pérez Cruz | Noticias de Gipuzkoa, 2019-06-23
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2019/06/23/mundo/la-iglesia-catolica-de-eeuu-presiona-para-que-sus-abusos-queden-impunes

Para Mark Rozzi no es ninguna sorpresa. “Lo he visto con mis ojos. Les he visto contratar a treinta y nueve lobistas para trabajarse a cincuenta senadores y poder derrotar en el Senado mi proyecto de ley”. A sus 48 años, este político demócrata ocupa desde hace seis un asiento de la Cámara de Representantes de Pensilvania, donde el pasado mes de abril se aprobó su propuesta para eliminar la prescripción penal de los delitos de abuso sexual contra menores. “¿Tú crees que un niño de 13 años que ha sido violado por un cura en la ducha sabe algo de plazos de prescripción?”, se pregunta indignado. Rozzi no necesita ponerse en la piel de un crío de esa edad para empatizar. En 1984 él era ese niño y “solo tenía dos años para denunciar”.

A pesar de algunos gestos, la Iglesia Católica estadounidense sigue haciendo lo posible por guardar la ropa y minimizar los daños de la tormenta de denuncias que ha recibido en los últimos años. Un informe publicado por tres despachos de abogados afirma que entre 2011 y 2018 la Iglesia invirtió en ocho estados del país más de 10,6 millones de dólares en cabildeo para torpedear leyes como las que promueve Rozzi. De ellos, la mitad en Pensilvania, donde el año pasado una investigación estatal concluyó que en siete décadas más de 300 curas católicos habían abusado de, al menos, mil menores. Según la ley vigente, prácticamente todos han prescrito.

“Es muy frustrante. En un instante pasan de decir que apoyan a las víctimas a socavarlas gastando todos esos millones de dólares para evitar que [los curas] acaben en un tribunal civil”, lamenta Rozzi. Su proyecto de ley elimina la prescripción penal para los futuros casos de abuso sexual a menores (actualmente las víctimas tienen tiempo hasta que cumplen 50 años) y amplía de los 30 a los 55 años del demandante la vía civil. Aprobado en la Cámara de Representantes, el proyecto está ahora en trámite en el Senado, donde los republicanos son mayoría. En lo que llevamos de siglo, las iniciativas de modificación de la ley han fracasado en Pensilvania.

¿Cómo se han invertido esos 5,3 millones de dólares? “No quiero decir que en sobornos pero digamos que en gratificaciones”, explica Rozzi. La Iglesia Católica “paga a lobistas que tienen conexiones con cargos políticos clave y hace donaciones a campañas”. Añade que hay lobistas que se integran en los equipos de campaña de algunos candidatos, por lo que, en caso de éxito, se cobran el favor. “Las víctimas no tenemos los millones de dólares para sobornar a los legisladores”, ironiza el demócrata. Algunos de estos lobistas “cobran 300 dólares la hora”.

Contactada por este diario, la Conferencia Católica de Pensilvania evita hacer declaraciones y nos remite un comunicado. Aunque se publicó hace días, aseguran que “no hemos revisado el informe” de los abogados. Su portavoz, Al Gnoza, añade que “durante más de medio siglo” han hecho trabajos de cabildeo “por innumerables asuntos que son importantes para la fe católica. No tenemos un desglose de los gastos, pero nuestro presupuesto para hacer cabildeo financia este amplio esfuerzo”.

“Es una declaración genérica con la que se cubren las espaldas”, reacciona Mike McDonnell. Tiene claro que la Iglesia Católica conoce perfectamente el montante concreto que invierte en los diferentes temas de su interés. “Y sé que el de la prescripción es la prioridad para la Conferencia Católica de Pensilvania”. A sus 50 años, McDonnell es el líder regional de una asociación de ayuda a víctimas de abusos sexuales a manos de curas. Es una de ellas. Dos de su parroquia abusaron de él siendo niño. La primera vez tenía 11 años. La segunda, 13. Al igual que Mark Rozzi, no llegó a tiempo para denunciar a sus presuntos abusadores y hasta hace unos meses no recibió una disculpa de la Iglesia.

Le llegó mediante un programa de reconciliación y reparaciones organizado por el arzobispado de Pensilvania. Incluye un fondo de compensación económica que obliga a que los beneficiarios renuncien a los tribunales. A pesar de ello, para McDonnell “no tiene precio” que exista un documento que le reconozca como víctima, después de pasar más de dos décadas sin confiarle a nadie su tragedia. Padre de un niño de 13 años, ha pasado por dos divorcios, problemas de alcohol y una condena por robar 100.000 dólares a la misma institución que le robó la infancia. Fue “una venganza”, pero admite que “no estaba en el mejor estado mental” cuando lo hizo. Eso sí, “asumí mi responsabilidad, que no es algo que se pueda decir de la Iglesia Católica”.

Pensilvania aspira a seguir los pasos de Nueva York, donde su gobernador ha firmado una ley que extiende la prescripción de estos delitos. Aunque la vía penal se agota a los 28 años (se amplía cinco), la civil se extiende hasta los 55. La Conferencia Católica de Nueva York afirma que “retiró su oposición a la ley” una vez que ésta incluyó no solo a sus víctimas. “Esa es la mayor mentira que haya escuchado”, estalla Mark Rozzi, que asegura que la Iglesia la retiró cuando ya había pagado al 90% de las víctimas que se acogieron al fondo de compensación. Rozzi interpreta la decisión: “Ya no les importa si la aprueban ahora porque ya no les va a causar la bancarrota”: La diferencia entre la multa en tribunales y “la miseria” con la que compran el silencio a través de los programas de reparación.

El informe documenta el gasto en cabildeo de la Iglesia Católica para intentar torpedear iniciativas legislativas que buscan reformar la prescripción de los delitos de abuso sexual infantil en ocho estados del noreste de Estados Unidos: Pensilvania, Nueva York, Connecticut, New Jersey, Massachusetts, New Hampshire, Maine y Rhode Island.

Durante siete años, esta institución religiosa invirtió en hacer lobby más de 10,6 millones de dólares. De ellos, la mitad en Pensilvania, donde el año pasado la investigación de un gran jurado concluyó que más de 300 curas habían abusado de al menos mil menores de edad en siete décadas. El gasto en Nueva York es de casi 3 millones.

La mayoría demócrata de Nueva York ha logrado ampliar la prescripción de los delitos de abuso sexual a menores. En Pensilvania, el Senado ha admitido a trámite una iniciativa para eliminar la prescripción penal de los delitos. Los republicanos, mayoría en esta cámara, se han opuesto hasta ahora a cualquier modificación de la ley.

martes, 22 de enero de 2019

#hemeroteca #lgtbi #universidades | Temple becomes first Philadelphia university to display Progress Pride flag

Imagen: Temple Now / Jason Levy muestra la bandera Progress Pride
Temple becomes first Philadelphia university to display Progress Pride flag.
The Progress Pride flag, now on display in the Howard Gittis Student Center atrium, updates the traditional LGBTQ rainbow flag to include colors representing additional communities.
Morgan Zalot | Temple Now, 2019-01-22
https://news.temple.edu/news/2019-01-22/temple-becomes-first-philadelphia-university-display-progress-pride-flag

Continuing its leadership in diversity and inclusion, Temple in January became the first Philadelphia college or university to display a Progress Pride flag on campus.

The flag, designed by Portland, Oregon-based artist Daniel Quasar and funded via an ongoing Kickstarter campaign, updates the traditional six-stripe rainbow LGBTQ flag, adding five pointed stripes to the hoist of the flag: three representing trans individuals and two representing marginalized people of color and individuals living with AIDS or facing other stigmas.

On Jan. 18, the new flag was installed on a column in the atrium at the Howard Gittis Student Center. Flags are a familiar sight in the atrium, with numerous international flags already displayed there. The international flags, which are rotated annually, have recently been updated, and 14 new flags were added, bringing the number of countries represented from 49 to 63.

“We are an inclusive university, and we try to do a better job every year to be inclusive,” said Jason Levy, senior director of Student Center operations and conferences. “The most important thing for us is for people to feel like they have a place in the Student Center. We want everyone who comes in to feel they’re a part of something special.”

The installation of the Progress Pride flag came as a result of joint efforts among Levy’s team, the Office of Institutional Diversity, Equity, Advocacy and Leadership (IDEAL), the Queer Student Union (QSU), and Temple Student Government (TSG). Temple is the first Philadelphia-area college or university to display the flag.

“As an organization, it is our job to represent the student body,” said TSG Director of Communications Hailey McCormack, a junior early childhood education major. “By adding the Progress Pride flag, it is a small step in the right direction in making sure that we as a university are recognizing the needs of students who identify in the LGBTQ+ community.”

Nu’Rodney Prad, director of student engagement for IDEAL, said beyond inclusivity, the hope is that the flag will help to spark important conversations around diversity and further educate people who may be unaware of its meaning. A description card was installed along with the flag.

“It’s always good to be the institution that creates best practices as it pertains to this area. It’s important as leaders within a city and an urban environment that we promote and check in with communities that are marginalized to show and demonstrate that there is support here,” Prad said. “It’s important for us to be a role model in having difficult conversations and dialogues to support others.”

sábado, 25 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Marie Collins: “El Vaticano permitió que los niños fueran vulnerables”

Imagen: El País / Marie Collins
Marie Collins: “El Vaticano permitió que los niños fueran vulnerables”.
La irlandesa Marie Collins, víctima y símbolo de la lucha contra los abusos, espera que el Papa tome medidas concretas y castigue a los responsables de las violaciones.
Daniel Verdú | El País, 2018-08-25
https://elpais.com/internacional/2018/08/24/actualidad/1535128540_265535.html

La irlandesa Marie Collins fue víctima de abusos de un cura pedófilo cuando tenía apenas 13 años y trataba de recuperarse de una infección en un hospital. El sacerdote del centro médico abusó de ella por las noches durante semanas y llegó a fotografiarla desnuda mientras dormía. Años después tuvo el valor de denunciar, comenzar una larga batalla legal y contribuir a cambiar el rumbo de una iglesia donde el encubrimiento era sistémico. Por eso el Papa Francisco la invitó a formar parte de la comisión para la prevención de este tipo de delitos. Tres años después se marchó dando un portazo y denunciando que todas las propuestas quedaban desactivadas en los despachos de la curia.

Pregunta. ¿Qué espera de la visita del Papa a Irlanda?
Respuesta. Esperemos, aunque quizá no suceda, que se vea con los supervivientes y estos puedan contarle lo que ha pasado en la Iglesia estos años. También me gustaría que aportara cosas concretas a la carta que escribió para que el liderazgo de la Iglesia en esta cuestión sea real. Dijo cosas bonitas: los crímenes de los verdugos, la corrupción… Es algo que los papas no decían habitualmente. Pero no admitió el retraso en responsabilizar a esas personas. Lo que necesitamos es que nos diga qué piensa hacer y cómo piensa castigarles. No es posible que solo les permita dimitir e irse tranquilamente.

P. El Papa viaja a la zona cero de este problema. ¿Cuál es la lección irlandesa?
R. Ha habido muchos casos en América, pero empezó aquí en 1990. Dos décadas después, los supervivientes como yo pedimos acción. Hemos vivido un encubrimiento sistémico que hasta el Papa lo admite en su carta. Sin embargo, todavía habla de estudiar medidas para señalar a los responsables, pero no podemos seguir esperando: las medidas deben ejecutarse. Tiene que pasar ya, especialmente aquí. Nosotros tuvimos nuestro propio informe hace 10 años, que mostró el mismo tipo de horror que en Pensilvania. La gente ya no va a esperar mucho más: ¡basta ya!

P. ¿Cómo ha sido el proceso de sanación de esas heridas?
R. Aquí la Iglesia ha implementado un proceso de vigilancia durísimo. El propio arzobispo de Dublín ha proporcionado archivos y más investigaciones. Y el Gobierno ha aprobado una nueva ley del menor. El Estado ha contribuido también al cambio, y eso es muy importante para otros países. Porque si la Iglesia no toma medidas rápidas, debe hacerlo el Estado.

P. A veces da la sensación de que sin condenas, procesos en la justicia ordinaria y penas de cárcel será complicado avanzar.
R. En Irlanda desafortunadamente no había una buena ley y no se pueden aplicar condenas retroactivamente. Ahora sí la tenemos. Algunos abusadores, como el que lo hizo conmigo, fueron a la cárcel. Pocos, pero el problema es que el número de víctimas que denuncia es bajo y el que decide seguir adelante con el proceso, todavía es menor. Creo que con el tiempo, eso está cambiando.

P. ¿Cómo afectó el escándalo al poder de la Iglesia católica en Irlanda?
R. Ha habido un cambio enorme. La gente se declaraba antes en un 95% católica. Ahora está en un 78%, y entre ellos muchos menos son practicantes. Ha habido una caída en los seminarios, en los conventos, en las iglesias… Solía haber cien o doscientos nuevos seminaristas al año. Este año hubo seis. En algunos sitios es hasta complicado sustituir a los párrocos. Pero lo fundamental es que la Iglesia ha perdido autoridad y credibilidad.

P. Usted estuvo tres años en la revolucionaria comisión que creó el Papa para prevenir abusos y se fue dando un portazo porque no había avances. ¿Ha cambiado algo desde entonces?
R. Me temo que no ha conseguido nada. Ha lanzado propuestas, responsabilizar, tribunales… Muchas. El Papa las aprobó, pero la curia lo frenó. Pese a que la comisión trató de llevar a cabo propuestas, lamentablemente no ha conseguido nada en estos 4 años. Y la única manera de que funcione es que el Papa aparte a las personas que se resisten.

P. ¿Qué pensó cuando vio el escándalo de Pensilvania? ¿Cree que el Vaticano conocía los casos?
R. Cuando yo fui a la Iglesia con mi caso y me di cuenta de que estaban protegiendo a mi abusador, que no cooperarían con la policía, que dirían a la prensa que yo mentía… entendí cómo funcionaba. Desde entonces aprendí y se hizo obvio que el propio Vaticano estaba implicado. Teníamos unas medidas de protección y vigilancia desde 1996 que incluían informar a la policía, y el Vaticano nos dijo que no podía hacerlo porque estaba contra la ley canónica. El Vaticano fue quien decidió directamente no informar de esos abusos. Permitió que las víctimas y los niños fueran vulnerables. De modo que las revelaciones de Pensilvania, aunque son terribles, no me sorprenden. La clave es que esto es algo sistémico, no individual.

jueves, 23 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Obispos dan un toque de atención al Papa por los abusos: "No es suficiente decir lo siento"

Imagen: ctxt / 'El hombre del saco', ilustración de La Boca del Logo
Obispos dan un toque de atención al Papa por los abusos: "No es suficiente decir lo siento".
Integrantes de la Pontifica Comisión para la Protección de los menores alzan la voz para reclamar más medidas contra los cura pederastas tras el demoledor informe que reveló unos 300 casos de sacerdotes "depredadores".
EFE | Público, 2018-08-23
https://www.publico.es/actualidad/iglesia-piden-acciones-concretas-papa-cruzada-curas-pederastas.html

Tras el demoledor informe sobre más de los 300 sacerdotes pederastas en EEUU, miembros de la Pontifica Comisión para la Protección de los menores (institución autónoma vinculada con la Santa Sede) piden reforzar las acciones contra los abusos en la Iglesia. Algunos de los miembros de esta comisión consideran que falta mucho trabajo por hacer.

Entre ellos el padre Hans Zollner que, a pesar de que defiende la actuación del Papa Francisco, valora que "hay que reforzar todo el trabajo de prevención, las conferencias episcopales y las diócesis". "Hay que responsabilizar a los obispos para que no se encubran los abusos", ha dicho.

El sacerdote afirma que desde hace tiempo que ya existe la obligación de denunciar estos casos, sin embargo, no ha sido hasta agosto de este año que se denunciaron 300 supuestos casos de "sacerdotes depredadores" sexuales en seis diócesis.

También ha recomendado la revisión del Derecho Canónico ya que "hasta ahora es muy vago respecto a la definición de este tipo de crímenes y las correspondientes penas".

Por otra parte el presidente de esta comisión, Sean Patrick O'Malley, ha deseado la implantación de "procedimientos más claros para los casos que involucren obispos", así como "tomar medidas rápidas y decisivas con respecto a estos asuntos de importancia crítica".

"Debemos proceder rápidamente y con un propósito. No hay tiempo que perder", aseguró en una reciente carta tras publicarse el informe de los abusos en Pensilvania (EEUU).

Además, el periodista Andrea Tornielli, autor de libros junto al Papa Francisco y coordinador de la página del diario 'La Stampa, Vatican Insder', también ha pedido cambios advirtiendo que el problema está en"la mentalidad". "Si no se entiende que no hay que ocultar o encubrir, las normas o leyes, no bastan" ha dicho.

"No es suficiente decir lo siento"
La Iglesia católica irlandesa encubrió durante décadas los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Para ello contó con la colaboración de la Policía, que nunca se molestó en cumplir con su deber.

Tras conocer el informe que ha identificado a unos 1.000 menores víctimas, el Papa tiene planeado ir los próximos 25 y 26 a Irlanda para reunirse con los menores víctimas de abusos por parte del clero.

No obstante, el arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, señaló que "no es suficiente decir lo siento" y dijo que "las estructuras que permitieron o facilitaron el abuso deben ser destruidas y destruidas para siempre".

Ante las críticas recibidas, la página especializada en información del Vaticano ‘El Sismógrafo’ informó que el Papa preparará tras su viaje a Irlanda un documento para los obispos de todo el mundo con indicaciones normativas.

lunes, 20 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | El Papa dice que "nunca será suficiente" lo que se haga para reparar el daño a las víctimas de pederastia en la Iglesia

Imagen: El Diario / Jorge Mario Bergoglio
El Papa dice que "nunca será suficiente" lo que se haga para reparar el daño a las víctimas de pederastia en la Iglesia.
Francisco hace pública una carta tras el escándalo de abusos sexuales en EEUU revelado por la Corte Suprema de Pensilvania. El pontífice reconoce que "no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas". Exige "tolerancia cero" al tiempo que pide rendición de cuentas "por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos".
Jesús Bastante | El Diario, 2018-08-20

https://www.eldiario.es/sociedad/Papa-suficiente-victimas-pederastia-Iglesia_0_805619717.html

Tras el escándalo provocado por la denuncia masiva de abusos sexuales a 300 sacerdotes de Estados Unidos, el Papa Francisco ha escrito una carta pública en la que reconoce que "no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas". "Hemos descuidado y abandonado a los más pequeños", prosigue el escrito hecho público varios días después de que la Corte Suprema de Pensilvania diera a conocer un informe en el que se relatan varias décadas de abusos sexuales a menores en seis diócesis. La semana pasada el Vaticano ya exigió a la Iglesia estadounidense que asumiera responsabilidades por lo sucedido.

En el texto Francisco admite que los abusos a menores han sido provocados por "un notable número de clérigos y personas consagradas". Ya no se habla de una exigua minoría, de casos aislados. Los abusos son, para el Papa, "un crimen que genera hondas heridas de dolor e impotencia; en primer lugar, en las víctimas, pero también en sus familiares y en toda la comunidad, sean creyentes o no creyentes".

"Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado. Mirando hacia el futuro nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse", reclama el pontífice, quien exige "compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad".

Precisamente la semana en la que se conoció el informe de pederastia en EEUU, se hizo público que Francisco pretende deshacerse de dos de sus asesores marcados por la pederastia que forman el grupo de nueve cardenales que le ayudan en la reforma de la Curia romana. George Pell, acusado de abusar sexualmente de menores en Australia, y Francisco Javier Errázuriz, acusado de encubrir el delito en Chile, serán expulsados a partir de septiembre.

El propio Papa admite que el informe Pensilvania supone un antes y un después para la Iglesia católica y que, pese a que algunos se han empeñado en afirmar que la mayor parte de los abusos son cosa del pasado, "las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte"; las heridas, prosigue, "nunca prescriben".

El dolor de las víctimas: "ignorado y silenciado"
"El dolor de estas víctimas es un gemido que clama al cielo, que llega al alma y que durante mucho tiempo fue ignorado, callado o silenciado", reconoce Francisco, que agradece a las víctimas que alcen la voz. "Su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad".

"Sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz", lamenta el Papa, quien afirma que "la magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria". Lo que se ha avanzado hasta ahora, "en sí mismo no basta", sostiene Bergolio, quien arremete contra la instalada cultura del silencio.

El pontífice pide "tolerancia cero", sin ningún tipo de excusa, que genere "seguridad y proteja la integridad de niños y adultos en estado de vulnerabilidad", al tiempo que obligue a "rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos".

El Papa aprovecha en su carta para denunciar "la manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia –tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia– como es el clericalismo", que "genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo", entendido como abuso de autoridad.

"Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos", culmina el Papa, quien dentro de pocos días viajará a Irlanda, cuya Iglesia ha sido protagonista de algunos de los casos más atroces de abusos sexuales durante el siglo pasado y donde, a buen seguro, se reunirá con víctimas de la pederastia clerical.

viernes, 17 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | El Vaticano supo de los abusos sexuales en Pensilvania desde al menos 1963

Imagen: El País / Donald Wuerl y Jorge Mario Bergoglio
El Vaticano supo de los abusos sexuales en Pensilvania desde al menos 1963.
La Santa Sede se mostró tolerante ante algunos de los casos de pedofilia aunque es imposible saber si estaba al tanto de todos los detalles.
Joan Faus / Laura Delle Femmine | El País, 2018-08-17
https://elpais.com/internacional/2018/08/17/estados_unidos/1534538033_258338.html

La investigación de Pensilvania, que relata los abusos sexuales a más de 1.000 menores por más de 300 religiosos durante siete décadas, revela que desde al menos 1963 el Vaticano conocía algunos de esos casos y que se mostró tolerante, aunque es imposible saber si estaba al tanto de todos los detalles. Tras dos días de silencio, la Santa Sede mostró el jueves “su vergüenza” por los abusos “criminales” en Estados Unidos y señaló que “deberían asumirse responsabilidades”.

La palabra Vaticano aparece 45 veces en el escalofriante informe del gran jurado de Pensilvania, que destapa una maquinaria de silencio y encubrimiento ante los excesos de los curas. La Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano encargado de salvaguardar la correcta doctrina de la Iglesia católica, es mencionada 14 veces, y la Santa Sede, 11. Según se desprende del documento de 1.356 páginas, Roma fue informada en repetidas ocasiones tanto de las agresiones sexuales como del hecho de que la Iglesia estadounidense estaba encubriendo a curas pederastas.

Al desvelar el martes los hallazgos de la investigación, el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, advirtió de que los patrones de encubrimiento “se alargan en algunos casos hasta el Vaticano”. La primera vez que aparece mencionado el Vaticano en el informe es en 1963 y la última en 2015, cuando el papa Francisco ya estaba al frente de la máxima institución del catolicismo y se habían prometido reformas contra los abusos. En el caso de 2015, el Vaticano dio luz verde a una petición de apartar a un cura acusado de un delito de pornografía infantil. Un año antes, sin embargo, no puso en apariencia reparos a la decisión de la diócesis de Allentown de no apartar del sacerdocio a un religioso que, en los años ochenta, había tocado los genitales de un chico de 13 años.

El primer caso que conoció el Vaticano hace más de medio siglo concierne al cura Raymond Lukac, de la diócesis de Greensburg. En 1963, Lukac acumulaba al menos tres quejas conocidas de abusos sexuales y varias sobre trato inapropiado a menores en poblaciones distintas pese a haber prometido mejorar su conducta. Había tenido una relación con un organista de 18 años, se había casado siendo cura y había tenido un hijo con una chica que conoció cuando ella tenía 17, además de abusar de otra niña de 11 años.

Con estos antecedentes, el obispo de Greensburg, William Connare, se comunicó con el Vaticano en octubre de 1963. Lukac trabajaba entonces en un centro religioso a las afueras de Chicago y, por su mala conducta previa, no podía escuchar confesiones. Él le pidió a Connare que le fueran restauradas todas sus funciones y así lo solicitó este en persona a la Santa Sede, que dio su aprobación. “Mientras estaba en Roma, revisé los detalles de su caso con el Santo Oficio y obtuve esas facultades para el padre Lukac”, explicó Connare en una carta después, en la que matizó que era un permiso para al menos un año.

En su informe, el gran jurado de Pensilvania concluye que “los obispos que colaboraron para mantener a Lukac activo en el sacerdocio lo hicieron sabiendo que él suponía un riesgo para la población y fueron, por tanto, cómplices con el abuso que cometió”.

Hay otros ejemplos. El actual arzobispo de Washington, Donald Wuerl, escribió una carta al Vaticano en 1989 en la cual informaba de que curas de la que era entonces su diócesis, la de Pittsburgh, habían sido acusados de agredir sexualmente a menores. Conocido en la curia por su aparente tolerancia cero hacia los abusos y criticado fuera de ella por haber encubierto a curas pederastas, Wuerl definió la pedofilia como algo “incurable” y manifestó que los feligreses tenían derecho a más información.

Readmisiones
Pese a esta declaración al Vaticano “sobre la naturaleza seria y criminal del problema”, en la práctica Wuerl permitió que un cura pedófilo, Ernest Paone, quien había sido anteriormente obligado a cogerse una excedencia y alejarse de sus víctimas, fuera trasladado en varias ocasiones a otras diócesis. Wuerl acabó aceptando en 2003 la renuncia de Paone pero le permitió que cobrara su pensión.

En cambio, en 1988 Wuerl apartó a otro religioso después de que una víctima presentara una denuncia por abuso. Sin embargo, cinco años después, el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, máxima instancia vaticana, ordenó que fuera readmitido aunque luego se desdijo. En la víspera de las revelaciones del informe de Pensilvania, el actual arzobispo de Washington señaló que el documento sería crítico con algunas de sus acciones pero defendió que “actuó con diligencia, preocupación por los supervivientes y para prevenir futuros abusos”.

Las técnicas usadas por los obispos de Pensilvania para acallar las voces críticas y las denuncias de afectados y familiares incluían el alejamiento de los curas pedófilos, su “secularización”, excedencias y tratamientos en centros de salud mental, entre otras cosas. Según el gran jurado, el Vaticano estuvo en contacto con varios obispos de Pensilvania y recibió información sobre los casos de abusos, pero el informe no siempre detalla qué repercusiones tuvieron estas comunicaciones. En 1988, por ejemplo, una mujer envió una carta a la diócesis de Pittsburgh y al Vaticano para pedir ayuda ante el abusador de su hijo, y nunca recibió respuesta.

Una “catástrofe moral”
El presidente de la conferencia episcopal estadounidense, Daniel DiNardo, aseguró el jueves que la Iglesia sufre una “catástrofe moral” tras las revelaciones de abusos en la diócesis de Pensilvania y la decisión del Vaticano, a finales de julio, de apartar a Theodore McCarrick, arzobispo emérito de Washington, acusado de cometer agresiones contra menores décadas atrás sin que eso le impidiera escalar en las instituciones católicas.

En un duro comunicado, DiNardo, en el cargo desde 2016, aseguró que una de las “raíces” del problema es el “fracaso en el liderazgo episcopal” y pidió que sea mucho más fácil denunciar abusos y que las respuestas sean más rápidas y transparentes. Solo el Papa tiene la potestad de disciplinar o expulsar a obispos.

“El mecanismo para abordar una queja contra un obispo debe estar libre de injerencias”, reclamó. “No me hago ilusiones sobre el alcance del daño que estos pecados y fracasos han causado en la confianza en los obispos”.

#hemeroteca #iglesia #pederastia | El Vaticano llama criminales a los curas abusadores de Pensilvania y pide que asuman responsabilidades

Imagen: El País / Los 'encubridores' Jorge Mario Bergoglio y Donald Wuerl
El Vaticano llama criminales a los curas abusadores de Pensilvania y pide que asuman responsabilidades.
La Iglesia siente "vergüenza y dolor" por el millar de casos de pederastia perpetrados por sacerdotes.
El País, 2018-08-17
https://elpais.com/internacional/2018/08/16/actualidad/1534449644_563303.html

El Vaticano siente "vergüenza y dolor" después de que la Corte Suprema de Pensilvania (EE UU) publicara un informe que documenta un millar de casos de abusos sexuales perpetrados por curas. En un comunicado publicado este jueves, la Santa Sede considera que tanto los pederastas como quienes permitieron las agresiones sexuales deberían asumir responsabilidades: "La Iglesia debe aprender duras lecciones de su pasado y debería haber asunción de responsabilidad tanto por parte de los abusadores como por parte de los que permitieron que se produjera".

La Santa Sede ha calificado de "criminales" los abusos de sacerdotes a menores. "Los abusos descritos en el informe son criminales y moralmente reprobables. Estos hechos han traicionado la confianza y han robado a las víctimas su dignidad y su fe", ha explicado el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Greg Burke, en el texto.

La nota oficial recalca que "la Santa Sede condena inequívocamente el abuso sexual de menores" y subraya que "las víctimas deben saber que el Papa está de su parte". "Aquellos que han sufrido son su prioridad y la Iglesia quiere escucharlos para erradicar este trágico horror que destruye la vida de los inocentes", prosigue.

El portavoz del Vaticano ha señalado que la mayor parte del informe hecho público esta semana sobre los casos de pederastia en Pensilvania se refiere a abusos cometidos antes de los primeros años 2000 y que no se han encontrado "apenas casos después de 2002". Este hecho, según sostiene, demuestra "cómo las reformas hechas por la Iglesia Católica en Estados Unidos han reducido drásticamente la incidencia de los abusos cometidos por el clero".

"La Santa Sede empuja a estar en constante reforma y vigilancia en todos los niveles de la Iglesia Católica, para garantizar la protección de los menores y de los adultos vulnerables. Subraya también la necesidad de obedecer a la legislación civil, incluida la obligación de denunciar los casos de abusos a menores", dice el comunicado.

El papa Francisco, según sostiene el comunicado, "comprende bien cuánto pueden sacudir la fe y el ánimo de los creyentes estos crímenes y reitera el llamamiento a hacer todos los esfuerzos posibles para crear un ambiente seguro para los menores y los adultos vulnerables en la Iglesia y en toda la sociedad".
Y TAMBIÉN…
La Iglesia de EEUU anuncia un plan para abordar la "catástrofe moral" de los abusos a menores.
La Conferencia Episcopal de EEUU anuncia medidas tras la condena del Vaticano a los abusos en Pensilvania.
Marta Torres | El Mundo, 2018-08-17
http://www.elmundo.es/internacional/2018/08/17/5b770354ca474188418b464f.html 
El Papa se resiste a apartar a Wuerl, cardenal arzobispo de Washington DC.
Carlos Esteban | Infovaticana, 2018-08-16
https://infovaticana.com/2018/08/16/el-papa-se-resiste-a-apartar-a-wuerl-cardenal-arzobispo-de-washington-dc/

jueves, 16 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | La iglesia pederasta

Imagen: Público / Jorge Mario Bergoglio
La iglesia pederasta.
David Torres | Público, 2018-08-16

https://blogs.publico.es/davidtorres/2018/08/16/la-iglesia-pederasta/

Con los pederastas católicos sucede lo mismo que con las cucarachas, que cuando ves una correteando por el suelo de la cocina, puedes jurar que ya hay centenares infestando el baño y la cocina. El escalofriante informe de 1.356 páginas realizado por un gran jurado de Pensilvania confirma una vez más lo que era un secreto a voces: que la iglesia católica está podrida de arriba abajo y que el abuso a niños se trata de una práctica generalizada, institucionalizada y organizada desde las más altas instancias; un crimen inmundo que compete a sacristanes, curas, obispos, cardenales y que llega hasta la grotesca figura del Papa Bergoglio, ese tentetieso con tiara que asegura que no habrá perdón para los pederastas y que ha sido amigo, encubridor y protector de violadores infantiles desde su época de arzobispo de Buenos Aires hasta sus tenebrosos tejemanejes en la silla de Pedro.

El relato de los setenta años de abusos sexuales en seis diócesis de Pensilvania se lee como una Biblia negra que muestra la verdadera cara del catolicismo. Más de un millar de niños destrozados, más de trescientos sacerdotes culpables, una trama mafiosa que actuaba con completa impunidad gracias a una maquinaria de terror perfectamente engrasada que funcionaba a base de encubrimientos, silencio y amenazas. Sin embargo, la palabra “violación”, la palabra “abusos”, se queda muy corta. Como advirtió John Barth, “lo único real son los detalles”. Y los detalles que salieron a la luz durante el proceso provocan tales arcadas que uno se pregunta cómo a Bergoglio no se le cae la cae de vergüenza, si la tuviera. Un sacerdote obligando a un niño desnudo a que posara como el niño Jesús. Otro que violó a una niña de siete años mientras la visitaba en el hospital después de que la operaran de anginas. Otro que, tras un rosario de denuncias por abusos infantiles, acabó trabajando en Disney World gracias a una carta de recomendación de la iglesia.

Aparte de una rabia y un asco infinitos, lo que emerge de la lectura de esa Biblia monstruosa es la certidumbre de que la pederastia en la iglesia católica nunca es la excepción, sino la regla. Lo demuestra el hecho de que, durante siete décadas, no sólo se cometieron allí violaciones y asquerosidades sin límite, sino que se desarrolló también un protocolo de emergencia que se aplicaba en el caso de que saltara algún escándalo, una especie de manual de instrucciones para intentar distraer la atención y echar tierra al asunto. El punto uno señala que nunca hay que decir las cosas por su nombre (“no diga violación, sino contactos inapropiados”); el cuarto, que si un cura debe ser trasladado de diócesis, nunca debe especificarse el motivo sino decir, por ejemplo, que está de baja por “fatiga nerviosa”. El último, verdaderamente repugnante, revela la auténtica dimensión del crimen: “Finalmente y, sobre todo, no diga nada a la policía. El abuso sexual, aunque sin penetración, siempre ha sido un delito. Pero no lo trate de ese modo, sino como un asunto personal, dentro de casa”.

En todas partes cuecen habas y en todos los ámbitos hay criminales, pero este último punto muestra la familiaridad con que la iglesia católica, desde hace siglos, no sólo disculpa sino que fomenta la pederastia. “Un asunto personal, dentro de casa”. El propio Bergoglio tiene un amplio historial de mirar para otro lado: encubrió personalmente el escándalo de los abusos a niños sordomudos en la iglesia de Mendoza, ha protegido a violadores de niños por todo el mundo, de Francia a la República Dominicana y de Chile a España, y tampoco ha movido un dedo ante las más de 1.200 denuncias de curas pederastas desde que entró al Vaticano. Sí, lo mismo que con las cucarachas.

Y TAMBIÉN…
El Vaticano califica de "criminales" a los sacerdotes abusadores de Pensilvania.

La Santa Sede pide que los que cometieron los abusos a menores y los que los permitieron asuman responsabilidades.
EFE | Público, 2018-08-16
https://www.publico.es/internacional/vaticano-califica-criminales-sacerdotes-abusadores-pensilvania.html

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Una máquina de abuso y silencio corrompió a la Iglesia en Pensilvania

Imagen: El País / Víctimas de la pederastia eclesial en Pensilvania
Una máquina de abuso y silencio corrompió a la Iglesia en Pensilvania.
Los relatos sobre siete décadas de agresiones sexuales descubren un “manual de instrucciones de ocultación de la verdad” en el seno de la institución eclesial.
Amanda Mars | El País, 2018-08-16
https://elpais.com/internacional/2018/08/15/actualidad/1534358442_781372.html

En la iglesia de Saint Adalbert, en Pittsburgh, había en los años setenta un monaguillo al que querían muchos sacerdotes. Uno de ellos, George Zirwas, se encariñó tanto que lo llevaba a menudo de excursión y hasta le enseñó a conducir. Un día, junto a otros curas, comenzó a abusar de él. La historia del menor se pierde en el informe interminable que un gran jurado ha elaborado sobre siete décadas de abusos sexuales en la iglesia de Pensilvania. Como ocurrió con el caso de Boston entre 1984 y hasta 2002, los relatos dibujan un patrón común de seis diócesis: abusos y silencio sistematizados en el seno de la institución eclesial.

“Lo sentí por todos. Lo sentí por ellos y lo sentí por los que sufrieron los abusos. Lo que está mal, está mal. Otra cuestión es la pecaminosidad. Que una persona haga algo mal es objetivo. Pero si es pecaminoso solo Dios lo sabe”, dice el padre Mike Harcarik en el comedor de su casa, después de oficiar la misa de las 10 de la mañana. Lleva 25 años al frente la iglesia de Saint Adalbert y 55 años en el sacerdocio y le suenan, o conoce, a buena parte de los curas que desvela el informe de los mil horrores contra niños.

—¿Por qué lo siente por los abusadores?

—Porque había una debilidad. Fue una cuestión de que la debilidad se apoderó. Te preguntas si rezaron suficiente.

Fue a mediados de los años setenta cuando el monaguillo citado como “George” en la investigación conoció la “debilidad” del padre Zirwas. El informe, recién publicado tras dos años de investigación, lo cita como miembro de un “círculo de curas depredadores” que compartían a sus víctimas, con las que utilizaban “látigos, violencia y sadismo mientras las violaban”. Además de Zirwas, formaban el grupo Francis Pucci, Robert Wolk y Richard Zula.

Un día Zirwas llevó a George a una reunión con otros sacerdotes. Lo subieron a una mesa, lo desnudaron y le empezaron a fotografiar, como hicieron con otros chicos. Producían material pornográfico en dependencias rectorales. Para distinguir a los agredidos, les regalaban cruces de oro. El niño que la llevaba era una presa.

Los abusos de este grupo se produjeron entre los años setenta y ochenta. Poco después llegó el padre Mike a la parroquia. “Yo no juzgo, Dios es juez”, dice, y por supuesto en lo que se refiere al gran jurado, debe haber un juicio [civil]”. Y también, tras el informe del gran jurado, habrá otros juicios. Pero muchos de los protagonistas, víctimas y verdugos, han muerto. Por eso, para George la justicia llegó a medias. Zula y Wolk resultaron condenados por violaciones de chicos. Los cargos contra Pucci se retiraron por una cuestión técnica y Zirwas murió sin ser procesado.

El documento habla de al menos un millar de víctimas de los abusos, 300 sacerdote implicados y de la gran maquinaria de silencio. El gran jurado, un cuerpo legal que actúa previo a un juicio y cuya investigación ayuda a determinar las imputaciones, describe todo un “manual de instrucciones de ocultación de la verdad”. En un tono que parece emular el de los 10 mandamientos —en este caso, seis— el texto reza:

“Primero, asegúrese de usar eufemismos frente a palabras reales para describir agresiones sexuales. Nunca diga violación, sino contacto inapropiados”. “Segundo, no lleve a cabo verdaderas investigaciones” sino “asigne a clérigos a hacer preguntas inadecuadas”. “Tercero, para lograr una apariencia de integridad, envíe a sacerdotes para ‘evaluación’ en centro psiquiátricos de la Iglesia”. “Cuarto, cuando un cura deba ser trasladado, no diga el motivo. Diga a los feligreses que está en ‘baja médica’ o ‘fatiga nerviosa’. O no diga nada’. “Quinto, aunque un sacerdote esté violando a niños, proporcióneles casa y cubra sus gastos”. “Finalmente, y sobre todo, no diga nada a la Policía. El abuso sexual, aunque sin penetración, siempre ha sido un delito. Pero no lo trate de ese modo, sino como un ‘asunto personal’, ‘dentro de casa'”.

Justificar un aborto
Una carta de 1989 ayudaría a establecer un séptimo consejo: victimice al agresor. En aquella misiva, el obispo de Scranton, James C. Timlin, se dirige al cardenal Luigi Dadaglio en Roma para informarle de que un sacerdote había asistido a un “aborto irregular”. “El sacerdote actuó indudablemente presa del miedo y el pánico. Él había dejado embarazada a la chica a la que ayudó con el aborto”, justifica. La debilidad de la que hablaba este miércoles el padre Mike desde Pittsburgh. Así, recomienda su perdón recordando que “el cura se encuentra ahora en una parroquia bastante lejana de la ciudad en la que se cometió el crimen”.

Todos los clérigos implicados en abusos fueron migrando de parroquia en parroquia, de una iglesia a otra. George Zirwas pasó por un total de ocho entre 1979, cuando fue ordenado sacerdote, y 1995, cuando fue dado de baja. Murió en 2001. El miércoles en la iglesia de Saint Adalbert a nadie a parte del pastor le sonaba su nombre, pese a que muchos de los feligreses eran octogenarios vinculados a esa comunidad toda su vida.

Un viejo monaguillo del lugar, ahora de 87 años, sí admitía este miércoles conocer a algunos de los sacerdotes implicados en el caso. “Uno era amigo mío, el padre Ted, ¿cómo es posible? Te confiesas con ellos y…”. El parroquiano pidió aparecer bajo algún nombre ficticio para no desvelar su identidad. Otros hicieron lo mismo.

La entrada está llena de folletos informativos. “Cómo rezar el rosario”, se titula uno. “¿Cómo voy a confesión?”, pregunta otro. Uno habla de “Informar sobre abusos a niños y ley de servicios de protección del menor en Pensilvania”. Es de 2007. Defiende el padre Mike que la política de la Iglesia ha cambiado radicalmente respecto a los abusos, que aquella ocultación ya no es posible.

Cuando acaba la misa, una de las feligresas acude a saludarlo y le presenta a la más joven de la parroquia, su hija Josephine, de apenas unas semanas de vida. Buscarán fecha para el bautizo. El sacerdote se retira a la residencia y los parroquianos van abandonando la iglesia. Justo a la salida, una señal de tráfico amarillenta advierte: ‘Watch children’ (‘Cuidado con los niños’).

miércoles, 15 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | La pederastia, cáncer con metástasis

Imagen: Google Imágenes / Donald Wuert, cardenal encubridor de la pederastia eclesial en Pensilvania
La pederastia, cáncer con metástasis.
El patriarcado religioso recurre a las agresiones sexuales para demostrar su poder omnímodo en las religiones.
Juan José Tamayo | El País, 2018-08-15
https://elpais.com/internacional/2018/08/15/actualidad/1534356881_929196.html

La pederastia es el mayor escándalo de la Iglesia católica durante el siglo XX y principios del XXI y el que más la desacredita. No se trata de una enfermedad pasajera que afecte excepcionalmente a algunos de sus miembros, sino de un cáncer con metástasis que alcanza a todo el cuerpo eclesiástico: cardenales, obispos, sacerdotes, miembros de la Curia romana, de congregaciones religiosas, educadores en seminarios, noviciados y colegios religiosos, etc. Quienes se presentaban como modelos de entrega a los demás, se entregaron, sí, pero a crímenes contra personas indefensas. Quienes se consideraban expertos en educación utilizaron su supuesta excelencia para abusar de los niños y adolescentes que los padres y las madres les confiaban. Quienes decían ser “guías de almas” para llevarlas al cielo por el camino de la salvación se dedicaban a mancillar sus cuerpos, anular sus mentes y pervertir sus conciencias.

¿Conocían el Vaticano y las curias diocesanas tan perversas y humillantes prácticas? Por supuesto que sí, ya que les llegaban numerosos informes y frecuentes denuncias, pero no actuaban conforme a la gravedad del delito. Todo lo contrario, a las víctimas y a las personas denunciantes se les imponía silencio y se les amenazaba con penas severas si osaban hablar. Tal modo de proceder creó un clima de permisividad, una atmósfera de oscurantismo y un ambiente de complicidad con los pederastas, a quienes se eximía de culpa, mientras que esta se trasladaba a las víctimas. Hacer públicas agresiones sexuales se consideraba una desobediencia, peor aún, una traición al silencio impuesto por las autoridades, que decían representar a Dios en la tierra.

No importaba la pérdida de la dignidad de las víctimas, ni las lesiones físicas, psíquicas y mentales con las que tenían que convivir de por vida. No había acto de contrición alguno, ni arrepentimiento, ni propósito de la enmienda, ni reparación de los daños causados, como tampoco rehabilitación. Tal actitud suponía una nueva y más brutal agresión. La permisividad del delito, la falta de castigo, la complicidad y la negativa a colaborar con la justicia, convertían la pederastia en una práctica legitimada estructural.

Los casos de pederastia se produjeron, la mayoría de las veces, en instituciones dirigidas por varones. Lo que demuestra que el patriarcado religioso recurre a las agresiones sexuales para demostrar su poder omnímodo en las religiones. Un poder que convierte a los clérigos en representantes y portavoces de Dios. Masculinidad sagrada y violencia, pederastia religiosa y patriarcado son binomios que suelen caminar juntos y causan más destrozos que un huracán.

¿Qué hacer ante este cáncer? Tolerancia cero, llevar a los presuntos culpables ante los tribunales civiles y, muy importante, que los jueces pierdan el miedo a las personas sagradas y las juzguen conforme a la gravedad del delito. ¿Y en el interior de las instituciones eclesiásticas? Ir a la raíz de tan diabólico comportamiento, que se encuentra en el sistema patriarcal imperante en la Iglesia católica. ¡Y cambiar la imagen de Dios ‘Padre Padrone’!

Juan José Tamayo es director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid.

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Las violaciones de curas en Pensilvania: 1.356 páginas de espanto

Imagen: El País / Judy Deaven, madre de una víctima de pederastia eclesial
Las violaciones de curas en Pensilvania: 1.356 páginas de espanto.
La investigación revela redes de sadomasoquismo y violaciones en hospitales o con somníferos encubiertas durante décadas por la Iglesia.
Joan Faus | El País, 2018-08-15
https://elpais.com/internacional/2018/08/15/estados_unidos/1534285596_678133.html

Las 1.356 páginas del informe de un gran jurado de Pensilvania sobre los abusos sexuales de clérigos a más 1.000 menores de edad están repletas de descripciones escalofriantes y de crudos ejemplos de impunidad. La investigación revela que durante siete décadas la cúpula eclesiástica católica encubrió y toleró muchos de los abusos perpetrados por más de 300 sacerdotes. Por ejemplo, en la diócesis de Erie un cura confesó haber cometido en los años ochenta violaciones anales y orales a al menos 15 chicos, uno de ellos de solo siete años. Cuando se reunió con el depredador sexual, el obispo de la diócesis, Donald W. Trautman, lo elogió por ser una “persona cándida y sincera” y por los “avances” logrados en controlar su “adicción”. Y cuando finalmente el cura fue expulsado, el obispo declinó explicar los motivos. “Nada más debe indicarse”, escribió.

Las pesquisas destapan una maquinaria despiadada de tolerancia a la pederastia en 54 de los 67 condados de Pensilvania, en algunos con la connivencia de la Fiscalía. Sin embargo, la mayoría de los abusos han prescrito por haberse cometido hace tiempo o sus autores ya están muertos. Solo dos de los casos en el informe han derivado actualmente en imputaciones delictivas, aunque las revelaciones también salpican a cargos actuales, como Donald Wuerl, el cardenal de Washington que entre 1988 y 2006 lo fue de Pittsburgh. “Pese a algunas reformas institucionales, en general los líderes individuales de la Iglesia han evitado una rendición de cuentas pública. Los curas estaban violando a pequeños niños y niñas, y los hombres de Dios que eran responsables de ellos no solo no hicieron nada sino que lo ocultaron todo”, reza la conclusión de la investigación.

Abundan los ejemplos escabrosos. Un cura violó a una niña de siete años cuando fue a visitarla al hospital después de que la operaran de amígdalas. Otro dio a un chico una bebida que hizo que no se acordara de qué había pasado la noche anterior cuando fue violado analmente. Un sacerdote obligó a un chico de nueve años a practicarle sexo oral para luego decirle que le limpiaba la boca con agua bendita. También hubo un religioso que acabó dimitiendo tras años de acusaciones pero eso no impidió que la iglesia le hiciera una carta de recomendación para su siguiente empleo: en el complejo Walt Disney World.

Los investigadores policiales que testificaron ante el gran jurado describieron un patrón de prácticas en las iglesias de Pensilvania. Una suerte de “manual para ocultar la verdad” consistente de siete principios. Utilizar eufemismos para describir los abusos sexuales en los documentos de la diócesis, por ejemplo en vez de hablar de “violación” mejor usar “contacto inapropiado”. Si se inicia una investigación que la lleven a cabo personas sin experiencia, como otros clérigos. En busca de credibilidad, enviar a curas a “evaluar” cómo están los depredadores sexuales en los centros psiquiátricos religiosos donde han sido trasladados y a recabar solo la versión del acusado.

Si la diócesis determina que el escándalo es de tal calado que debe echar al cura abusador, evitar explicar el por qué: mejor definirlo como una “baja médica” o “fatiga nerviosa”. Sin embargo, si la comunidad descubre los abusos, la mejor solución es trasladar a ese sacerdote a otra iglesia, donde nadie sabrá que es un pedófilo. Aunque sea conocido que un religioso ha abusado de menores, mejor mantenerle el sueldo y las ayudas para su vivienda. Y finalmente, siempre es mejor no avisar a la policía de nada.

Por ejemplo, en la diócesis de Erie el obispo descubrió en 1986 que un reverendo había masturbado a un adolescente varias veces en la anterior década con el pretexto de enseñar a la víctima sobre cómo descubrir posibles signos de cáncer. Cuando el padre de uno de los niños abusados se quejó, la respuesta que recibió fue pedirle “discreción” y que evitara buscar nueva información porque sería “dañino e innecesario”. “Es obvio en este momento que no está pendiente o se está considerando ninguna acción legal”, escribió Glen Whitman, jefe de la oficina de personal religioso de la diócesis.

En Harrisburg, un cura abusó de cinco hermanas y recolectó muestras de su orina y sangre menstrual. La iglesia no actuó pese a las denuncias de la familia hasta que años después el religioso confesó cuando la policía lo investigaba.

Y en Pittsburgh, la diócesis desestimó las quejas de abuso a un chico de 15 años porque el menor había “buscado” al sacerdote y le “sedujo” para iniciar una relación. El cura acabó siendo detenido pero, en su evaluación interna, la iglesia destacó que, aunque había admitido haber llevado a cabo actividades “sadomasoquistas” con varios niños, esas eran “suaves”. También en esa ciudad existió una red de curas que se coordinaban entre ellos para utilizar “látigos, violencia y sadismo al violar a sus víctimas”, según detalla el informe.

Los investigadores se quejan de no haber recibido documentación reciente. Aún así, las pesquisas sugieren que, pese a las reformas prometidas por la cúpula eclesiástica estadounidense desde el escándalo de abusos descubierto en Boston en 2002, los patrones de encubrimiento no han desaparecido del todo. Y, según el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, “se alargan en algunos casos hasta el Vaticano”. Por ejemplo, la diócesis de Allentown recibió en 2009 una queja de abusos sexuales cometidos en los años ochenta por parte de un sacerdote, que había tocado los genitales de un chico de 13 años. La diócesis le pidió explicaciones al cura, que por entonces ya estaba retirado, y él alegó que fue accidental. Como resultado, en diciembre de 2014, el obispo de Allentown comunicó al Vaticano que no expulsaría al cura del sacerdocio. El religioso murió al año siguiente.

Connivencia de la Fiscalía
La investigación revela que no solo la cúpula eclesiástica trató de encubrir abusos sino que otros miraron hacia otro lado, evidenciando el enorme poder social de la Iglesia. En 1962 el pastor Ernest Paone fue descubierto en Pittsburgh abusando sexualmente de niños y usando armas con ellos. La diócesis lo acabó trasladando a otra ubicación. Y en 1964 el que era entonces el fiscal del distrito, Robert Masters, mandó una carta a la diócesis en la que informó que cancelaba su investigación a Paone “para prevenir publicidad desfavorable” para la iglesia. En 2017 Masters testificó ante el gran jurado que investigaba los abusos de clérigos en Pensilvania. Alegó que actuó de ese modo por “respeto” al obispado y porque deseaba su apoyo para su carrera política.