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lunes, 1 de noviembre de 2021

#hemeroteca #queer #fotografia | Lesbianas, ‘drags’ y sadomasoquistas: la fotógrafa que dignificó las comunidades marginadas de los noventa

El País / Un modelo llamado Angela, fotografía de Catherine Opie //

Lesbianas, ‘drags’ y sadomasoquistas: la fotógrafa que dignificó las comunidades marginadas de los noventa.

Las imágenes de Catherine Opie, polémicas en su día, hoy son joyas del discurso identitario, homenajeadas ahora en un nuevo volumen.
Tom C. Avendaño | Icon, El País, 2021-11-01
https://elpais.com/icon/2021-11-01/lesbianas-drags-y-sadomasoquistas-el-renacer-de-la-fotografa-que-retrato-las-comunidades-marginadas-de-los-noventa.html

“Tengo una amiga, Daphne Fitzpatrick, que acabó trabajando de profesora en el Bard College porque a [el fotógrafo] Stephen Shore le había gustado su Instagram. Es fuerte, ¿verdad? Stephen dirige las clases de Fotografía de esa universidad y el hecho de estar tan implicado en su Instagram le hizo reconocer a una artista que quería contratar. Yo nunca he entrado en Instagram a la búsqueda de profesores para la Universidad de Los Ángeles. Quizá debería abrir mi mundo un poco más”.

La fotógrafa Catherine Opie (Ohio, 60 años), hoy sentada en su estudio de Los Ángeles tras unas considerables gafas de pasta y a una distancia prudencial del ángulo Zoom, se lleva regular con algunos aspectos de la modernidad. Su trabajo, sin embargo, nunca ha sido más relevante. Las imágenes que tomó en los noventa por Estados Unidos, sobre todo de la comunidad queer de todos los colores, y muy en particular la lésbica y sadomasoquista, han cobrado una nueva trascendencia en la era del discurso identitario. Las preocupaciones que en su día le valieron el mote de la Gran Subversiva Americana –la tensión entre identidad y comunidad, el rechazo a la conformidad, la distancia entre la cultura dominante y las aledañas, la visibilidad del marginado– son ahora las de millones de personas. Su visión, antes provocadora e inquietante, es descrita hoy con adjetivos como ‘urgente’ o ‘necesaria’.

“No me han metido en ese saco, me metí yo solita. Hice unas imágenes bastante severas de mí misma”, admite con su afable tono profesoral. Su autorretrato más famoso, por ejemplo, es uno de 1994 en que aparece sentada frente a un brocado dorado, con la cara cubierta por una máscara de cuero y el torso desnudo, sangrante y marcado por la palabra pervertida. “Lo tomé como parte de una comunidad [Opie es lesbiana] relacionada con la epidemia del sida. Quería ser una artista franca al respecto. El hecho de que hiciera esa obra, supongo, implica que estoy cómoda agitando la bandera identitaria”.

Pregunta. ¿Siente que los nuevos discursos identitarios encajan con sus retratos?
Respuesta. Lo mío es una conversación visual. Si miras a la historia en el sentido amplio, en todo el mundo, cada cultura ha tenido y tiene su propia especificidad identitaria; cada país, su propia relación con la rigidez. Pero dentro de todo ello hay una humanidad universal. ¿Qué hacemos, pues, como humanos con nuestra rigidez y especificidad? ¿Qué sale de esa relación? Una de las cosas que más me fascinan de ser una artista que trabaja el medio de la fotografía es que la relevancia se genera a lo largo de los años. Que tu trabajo está hecho en tu era, pero tiene el potencial de sumarse al discurso del futuro.

P. ¿La fotografía debe llevar discurso?
R. Mi obra es un diario de mis pensamientos. Siempre he usado la fotografía para comunicar: si fuera escritora, lo haría con novelas, pero me ha tocado hacerlo con imágenes. Ya sé que la fotografía ha cambiado desde los noventa y que la gente la usa de manera más gestual, mientras que a mí solo me interesa enmarcar ciertas ideas y expresarlas visualmente. Pero lo que quiero es expresarme y hacerlo en series fotográficas. En 2020, por ejemplo, me compré una furgoneta y me eché a la carretera, a hacer un gran road trip americano, a fotografiar los monumentos que han caído y los que quedan en esta lucha contra la desigualdad racial; a fotografiar la covid en el país y a Trump. Necesitaba hacer ese viaje para enmarcar ciertas ideas que había tenido sobre mis tres grandes temas: gente, lugares, política.

P. Se podría decir que todo su trabajo es político.
R. Sí, no sé; a veces necesito descansar. ¿Creo que los surferos y los almacenes de hielo de Minnesota son políticos? Tal vez estos últimos lo sean más ahora que hace 10 años por el cambio climático. Pero para mí eran formas de comprender el paisaje, su gente, la naturaleza, la condición temporal de toda comunidad. Que eso caiga o no bajo el umbral de la política depende de cómo lo aborde cada espectador. Simplemente, me gusta mirar esas obras y dejar que se conviertan en un espacio en el que meditar, donde sentir mi anhelo por la naturaleza.

Su obra, ahora recogida en una monografía por Phaidon, no viaja intacta al presente. Se hace llamativo su exquisito formalismo, que en su día le abrió las puertas del mundo académico estadounidense, pero que está en las antípodas de la iracunda y cruda imagen-denuncia actual. Sus retratos de los marginados americanos evocan poses y luces clásicas, especialmente los cuadros de Hans Holbein sobre la corte de Enrique VIII.

Dice Opie que es una cuestión de principios: “Si hubiera fotografiado de forma más tosca, habría sido más transgresora, pero usar el canon pictórico a tu favor te permite involucrar más al espectador, sobre todo al de 1993 o 1994. Al fin y al cabo, ¿quién es mi público? ¿A quién estoy cautivando? ¿Cómo traslado mi mundo a un lenguaje más universal?”.

P. Ese formalismo parece transmitir compasión.
R. ¿Acaso se llega a algún sitio sin compasión?

P. Ahora le dirían que es un requisito.
R. Mi furia está ahí, en la decisión de tomar esas fotos. Creo que queda bastante claro cómo estoy alineada políticamente como ser humano: me gusta un mundo democrático en el que todos podamos participar en mejorar la vida. La desigualdad es algo muy frustrante y medito mucho sobre ella en mi obra, pero no creo que por enfurecerme vaya a aportar más a la conversación. Aprecio a los artistas iracundos: las primeras pinturas de Sue Williams o las ‘performances’ de Karen Finley muestran formas muy importantes de enfado, pero en mi trabajo tiendo a ser más atenta que iracunda.

P. Hablaba antes de Instagram y de cómo las redes han cambiado la fotografía. ¿Cómo ha visto esta transformación desde los noventa?
R. Me interesa mucho que esta capacidad de documentación constante que hemos adquirido haya robustecido tanto a varios e increíbles movimientos sociales. Sin aquella niña [Darnella Frazer] que grabó el asesinato de George Floyd, ¿dónde estaríamos? Me gusta cómo se han reforzado los instintos políticos de la gente corriente. No me gusta el sarcasmo de internet, esa mezquindad y ese deseo de bajarle los humos a todo el mundo se me atragantan bastante. Pero ahora todos tenemos una cámara a cuestas que nos permite atestiguar. No vivir en un estado perpetuo de vigilancia, sino atestiguar desigualdades e injusticias. La fotografía puede cambiar leyes. Yo misma empecé en esto por Lewis Hine, cuyas imágenes de niños trabajando provocaron que el Congreso cambiase la legislación al respecto [en 1924]. Así que sí, apoyo la idea de una cultura saturada de imágenes, si se entiende de forma ética. Claro que, en general, como ciudadanos de este imperfecto mundo, no hay nada que no debamos entender de forma ética.

lunes, 31 de diciembre de 2018

#hemeroteca #gais #testimonios | El loco cabaré de Jean-Paul Gaultier

Imagen: El País / Jean Paul Gaultier y su cabaret en el Folies Bergère
El loco cabaré de Jean-Paul Gaultier.
El diseñador francés pone en escena su vida en una revista autobiográfica que se representa con éxito en el Folies Bergère de París.
Álex Vicente | El País, 2018-12-31
https://elpais.com/elpais/2018/12/27/estilo/1545935446_487088.html

A los 66 años, Jean-Paul Gaultier echa la vista atrás. Partidario del riesgo como motor vital, el diseñador francés se ha embarcado en la aventura menos previsible de las muchas que conforman su larga trayectoria: una revista inspirada en su propia vida que representa con gran éxito en el Folies Bergère de París, el mítico cabaré fundado en la ‘rive droite’ en 1869, que Manet inmortalizó en uno de sus cuadros y donde después triunfaron La Bella Otero, Charlie Chaplin o Maurice Chevalier. Este espectáculo autobiográfico, de dos horas y media, le permite repasar toda su trayectoria, recorriendo éxitos y fracasos desde su infancia hasta la actualidad. Lo hace a través de una serie de viñetas tan coloridas y alocadas como sus vestidos.

“Escribí la obra visualmente, imaginando una sucesión de escenas que, más que mi vida, relatan mi viaje en la moda, el otro lado del decorado. Igual que el forro de una chaqueta, suele ser tan bello como lo que se ve a primera vista”, sostiene el diseñador. En principio, la obra debía representarse durante solo dos meses, pero acaba de prorrogar sus funciones en París hasta el 10 de marzo. Después emprenderá una gira internacional que podría pasar por España en 2020.

Gaultier descubrió el Folies Bergère viendo la televisión con su adorada abuela cuando tenía solo nueve años. “A partir de ese momento, insistí en transformar a mi osito Nana en bailarina de revista. Con ‘Fashion Freak Show’ he convertido en realidad mi sueño infantil”, asegura. Precisamente, es ese viejo peluche el que sirve de primer narrador de la obra, de la que Gaultier firma el libreto y la dramaturgia. El modisto se ha rodeado de un equipo de lujo: cuenta con la colaboración de cómplices históricas como Catherine Deneuve o Rossy de Palma, además de la directora Tonie Marshall, la coreógrafa Marion Motin –colaboradora de Christine and the Queens, fenómeno del pop francés– y el guitarrista Nile Rodgers, del grupo Chic, que se hace cargo de la música. En su cuerpo de baile también figura el cubano Lázaro Cuervo Costa, que interpreta un homenaje a Josephine Baker y su cinturón de bananas, una de esas caricaturas de los tiempos coloniales que en Francia, a diferencia de Estados Unidos, no ha levantado polémica.

La revista de Gaultier empieza durante su infancia, cuando toma conciencia de ser un niño distinto a los demás, al que le interesa más dibujar siluetas femeninas que perseguir un balón de fútbol. Después recorre sus fiestas salvajes en Londres, que pasan por una escena inspirada en sus vivencias en los clubes sadomasoquistas, antes de adentrarse en la historia de amor con el hombre de su vida, que se vio truncada por la epidemia del sida. En su segunda mitad, el espectáculo se transforma en un gran desfile de moda con acentos de competición de ‘voguing’, que recuerda algunos de los looks más míticos firmados por Gaultier durante su ascenso a la gloria. Tampoco se olvida de recordar sus colaboraciones con Madonna, Kylie Minogue, Lady Gaga, Luc Besson, Peter Greenaway o Pedro Almodóvar, para el que firmó el vestuario de ‘Kika’, ‘La mala educación’ y ‘La piel que habito’.

Desde su estreno, la obra suele terminar con el público en pie, dedicando una ovación a un protagonista ausente. Si los autóctonos caen rendidos tal vez sea porque les recuerda a un periodo especialmente añorado en Francia, esos ochenta en que el país se transforma, la utopía del 68 se materializa parcialmente y surgen personajes tan insólitos como Gaultier, partidario de una moda democrática y de una transgresión digerible. Lo demuestra que la práctica totalidad de sus postulados, como la noción de hombre objeto, los sujetadores cónicos o las prendas de ‘sportswear’ convertidas en productos de lujo, han acabado siendo asimilados por la industria en la que trabaja. La iconoclastia es la norma. Y, como parece demostrar el éxito de esta peculiar revista, el antiguo ‘enfant terrible’ se ha convertido en una figura de consenso.

jueves, 16 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Una máquina de abuso y silencio corrompió a la Iglesia en Pensilvania

Imagen: El País / Víctimas de la pederastia eclesial en Pensilvania
Una máquina de abuso y silencio corrompió a la Iglesia en Pensilvania.
Los relatos sobre siete décadas de agresiones sexuales descubren un “manual de instrucciones de ocultación de la verdad” en el seno de la institución eclesial.
Amanda Mars | El País, 2018-08-16
https://elpais.com/internacional/2018/08/15/actualidad/1534358442_781372.html

En la iglesia de Saint Adalbert, en Pittsburgh, había en los años setenta un monaguillo al que querían muchos sacerdotes. Uno de ellos, George Zirwas, se encariñó tanto que lo llevaba a menudo de excursión y hasta le enseñó a conducir. Un día, junto a otros curas, comenzó a abusar de él. La historia del menor se pierde en el informe interminable que un gran jurado ha elaborado sobre siete décadas de abusos sexuales en la iglesia de Pensilvania. Como ocurrió con el caso de Boston entre 1984 y hasta 2002, los relatos dibujan un patrón común de seis diócesis: abusos y silencio sistematizados en el seno de la institución eclesial.

“Lo sentí por todos. Lo sentí por ellos y lo sentí por los que sufrieron los abusos. Lo que está mal, está mal. Otra cuestión es la pecaminosidad. Que una persona haga algo mal es objetivo. Pero si es pecaminoso solo Dios lo sabe”, dice el padre Mike Harcarik en el comedor de su casa, después de oficiar la misa de las 10 de la mañana. Lleva 25 años al frente la iglesia de Saint Adalbert y 55 años en el sacerdocio y le suenan, o conoce, a buena parte de los curas que desvela el informe de los mil horrores contra niños.

—¿Por qué lo siente por los abusadores?

—Porque había una debilidad. Fue una cuestión de que la debilidad se apoderó. Te preguntas si rezaron suficiente.

Fue a mediados de los años setenta cuando el monaguillo citado como “George” en la investigación conoció la “debilidad” del padre Zirwas. El informe, recién publicado tras dos años de investigación, lo cita como miembro de un “círculo de curas depredadores” que compartían a sus víctimas, con las que utilizaban “látigos, violencia y sadismo mientras las violaban”. Además de Zirwas, formaban el grupo Francis Pucci, Robert Wolk y Richard Zula.

Un día Zirwas llevó a George a una reunión con otros sacerdotes. Lo subieron a una mesa, lo desnudaron y le empezaron a fotografiar, como hicieron con otros chicos. Producían material pornográfico en dependencias rectorales. Para distinguir a los agredidos, les regalaban cruces de oro. El niño que la llevaba era una presa.

Los abusos de este grupo se produjeron entre los años setenta y ochenta. Poco después llegó el padre Mike a la parroquia. “Yo no juzgo, Dios es juez”, dice, y por supuesto en lo que se refiere al gran jurado, debe haber un juicio [civil]”. Y también, tras el informe del gran jurado, habrá otros juicios. Pero muchos de los protagonistas, víctimas y verdugos, han muerto. Por eso, para George la justicia llegó a medias. Zula y Wolk resultaron condenados por violaciones de chicos. Los cargos contra Pucci se retiraron por una cuestión técnica y Zirwas murió sin ser procesado.

El documento habla de al menos un millar de víctimas de los abusos, 300 sacerdote implicados y de la gran maquinaria de silencio. El gran jurado, un cuerpo legal que actúa previo a un juicio y cuya investigación ayuda a determinar las imputaciones, describe todo un “manual de instrucciones de ocultación de la verdad”. En un tono que parece emular el de los 10 mandamientos —en este caso, seis— el texto reza:

“Primero, asegúrese de usar eufemismos frente a palabras reales para describir agresiones sexuales. Nunca diga violación, sino contacto inapropiados”. “Segundo, no lleve a cabo verdaderas investigaciones” sino “asigne a clérigos a hacer preguntas inadecuadas”. “Tercero, para lograr una apariencia de integridad, envíe a sacerdotes para ‘evaluación’ en centro psiquiátricos de la Iglesia”. “Cuarto, cuando un cura deba ser trasladado, no diga el motivo. Diga a los feligreses que está en ‘baja médica’ o ‘fatiga nerviosa’. O no diga nada’. “Quinto, aunque un sacerdote esté violando a niños, proporcióneles casa y cubra sus gastos”. “Finalmente, y sobre todo, no diga nada a la Policía. El abuso sexual, aunque sin penetración, siempre ha sido un delito. Pero no lo trate de ese modo, sino como un ‘asunto personal’, ‘dentro de casa'”.

Justificar un aborto
Una carta de 1989 ayudaría a establecer un séptimo consejo: victimice al agresor. En aquella misiva, el obispo de Scranton, James C. Timlin, se dirige al cardenal Luigi Dadaglio en Roma para informarle de que un sacerdote había asistido a un “aborto irregular”. “El sacerdote actuó indudablemente presa del miedo y el pánico. Él había dejado embarazada a la chica a la que ayudó con el aborto”, justifica. La debilidad de la que hablaba este miércoles el padre Mike desde Pittsburgh. Así, recomienda su perdón recordando que “el cura se encuentra ahora en una parroquia bastante lejana de la ciudad en la que se cometió el crimen”.

Todos los clérigos implicados en abusos fueron migrando de parroquia en parroquia, de una iglesia a otra. George Zirwas pasó por un total de ocho entre 1979, cuando fue ordenado sacerdote, y 1995, cuando fue dado de baja. Murió en 2001. El miércoles en la iglesia de Saint Adalbert a nadie a parte del pastor le sonaba su nombre, pese a que muchos de los feligreses eran octogenarios vinculados a esa comunidad toda su vida.

Un viejo monaguillo del lugar, ahora de 87 años, sí admitía este miércoles conocer a algunos de los sacerdotes implicados en el caso. “Uno era amigo mío, el padre Ted, ¿cómo es posible? Te confiesas con ellos y…”. El parroquiano pidió aparecer bajo algún nombre ficticio para no desvelar su identidad. Otros hicieron lo mismo.

La entrada está llena de folletos informativos. “Cómo rezar el rosario”, se titula uno. “¿Cómo voy a confesión?”, pregunta otro. Uno habla de “Informar sobre abusos a niños y ley de servicios de protección del menor en Pensilvania”. Es de 2007. Defiende el padre Mike que la política de la Iglesia ha cambiado radicalmente respecto a los abusos, que aquella ocultación ya no es posible.

Cuando acaba la misa, una de las feligresas acude a saludarlo y le presenta a la más joven de la parroquia, su hija Josephine, de apenas unas semanas de vida. Buscarán fecha para el bautizo. El sacerdote se retira a la residencia y los parroquianos van abandonando la iglesia. Justo a la salida, una señal de tráfico amarillenta advierte: ‘Watch children’ (‘Cuidado con los niños’).

miércoles, 15 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Las violaciones de curas en Pensilvania: 1.356 páginas de espanto

Imagen: El País / Judy Deaven, madre de una víctima de pederastia eclesial
Las violaciones de curas en Pensilvania: 1.356 páginas de espanto.
La investigación revela redes de sadomasoquismo y violaciones en hospitales o con somníferos encubiertas durante décadas por la Iglesia.
Joan Faus | El País, 2018-08-15
https://elpais.com/internacional/2018/08/15/estados_unidos/1534285596_678133.html

Las 1.356 páginas del informe de un gran jurado de Pensilvania sobre los abusos sexuales de clérigos a más 1.000 menores de edad están repletas de descripciones escalofriantes y de crudos ejemplos de impunidad. La investigación revela que durante siete décadas la cúpula eclesiástica católica encubrió y toleró muchos de los abusos perpetrados por más de 300 sacerdotes. Por ejemplo, en la diócesis de Erie un cura confesó haber cometido en los años ochenta violaciones anales y orales a al menos 15 chicos, uno de ellos de solo siete años. Cuando se reunió con el depredador sexual, el obispo de la diócesis, Donald W. Trautman, lo elogió por ser una “persona cándida y sincera” y por los “avances” logrados en controlar su “adicción”. Y cuando finalmente el cura fue expulsado, el obispo declinó explicar los motivos. “Nada más debe indicarse”, escribió.

Las pesquisas destapan una maquinaria despiadada de tolerancia a la pederastia en 54 de los 67 condados de Pensilvania, en algunos con la connivencia de la Fiscalía. Sin embargo, la mayoría de los abusos han prescrito por haberse cometido hace tiempo o sus autores ya están muertos. Solo dos de los casos en el informe han derivado actualmente en imputaciones delictivas, aunque las revelaciones también salpican a cargos actuales, como Donald Wuerl, el cardenal de Washington que entre 1988 y 2006 lo fue de Pittsburgh. “Pese a algunas reformas institucionales, en general los líderes individuales de la Iglesia han evitado una rendición de cuentas pública. Los curas estaban violando a pequeños niños y niñas, y los hombres de Dios que eran responsables de ellos no solo no hicieron nada sino que lo ocultaron todo”, reza la conclusión de la investigación.

Abundan los ejemplos escabrosos. Un cura violó a una niña de siete años cuando fue a visitarla al hospital después de que la operaran de amígdalas. Otro dio a un chico una bebida que hizo que no se acordara de qué había pasado la noche anterior cuando fue violado analmente. Un sacerdote obligó a un chico de nueve años a practicarle sexo oral para luego decirle que le limpiaba la boca con agua bendita. También hubo un religioso que acabó dimitiendo tras años de acusaciones pero eso no impidió que la iglesia le hiciera una carta de recomendación para su siguiente empleo: en el complejo Walt Disney World.

Los investigadores policiales que testificaron ante el gran jurado describieron un patrón de prácticas en las iglesias de Pensilvania. Una suerte de “manual para ocultar la verdad” consistente de siete principios. Utilizar eufemismos para describir los abusos sexuales en los documentos de la diócesis, por ejemplo en vez de hablar de “violación” mejor usar “contacto inapropiado”. Si se inicia una investigación que la lleven a cabo personas sin experiencia, como otros clérigos. En busca de credibilidad, enviar a curas a “evaluar” cómo están los depredadores sexuales en los centros psiquiátricos religiosos donde han sido trasladados y a recabar solo la versión del acusado.

Si la diócesis determina que el escándalo es de tal calado que debe echar al cura abusador, evitar explicar el por qué: mejor definirlo como una “baja médica” o “fatiga nerviosa”. Sin embargo, si la comunidad descubre los abusos, la mejor solución es trasladar a ese sacerdote a otra iglesia, donde nadie sabrá que es un pedófilo. Aunque sea conocido que un religioso ha abusado de menores, mejor mantenerle el sueldo y las ayudas para su vivienda. Y finalmente, siempre es mejor no avisar a la policía de nada.

Por ejemplo, en la diócesis de Erie el obispo descubrió en 1986 que un reverendo había masturbado a un adolescente varias veces en la anterior década con el pretexto de enseñar a la víctima sobre cómo descubrir posibles signos de cáncer. Cuando el padre de uno de los niños abusados se quejó, la respuesta que recibió fue pedirle “discreción” y que evitara buscar nueva información porque sería “dañino e innecesario”. “Es obvio en este momento que no está pendiente o se está considerando ninguna acción legal”, escribió Glen Whitman, jefe de la oficina de personal religioso de la diócesis.

En Harrisburg, un cura abusó de cinco hermanas y recolectó muestras de su orina y sangre menstrual. La iglesia no actuó pese a las denuncias de la familia hasta que años después el religioso confesó cuando la policía lo investigaba.

Y en Pittsburgh, la diócesis desestimó las quejas de abuso a un chico de 15 años porque el menor había “buscado” al sacerdote y le “sedujo” para iniciar una relación. El cura acabó siendo detenido pero, en su evaluación interna, la iglesia destacó que, aunque había admitido haber llevado a cabo actividades “sadomasoquistas” con varios niños, esas eran “suaves”. También en esa ciudad existió una red de curas que se coordinaban entre ellos para utilizar “látigos, violencia y sadismo al violar a sus víctimas”, según detalla el informe.

Los investigadores se quejan de no haber recibido documentación reciente. Aún así, las pesquisas sugieren que, pese a las reformas prometidas por la cúpula eclesiástica estadounidense desde el escándalo de abusos descubierto en Boston en 2002, los patrones de encubrimiento no han desaparecido del todo. Y, según el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, “se alargan en algunos casos hasta el Vaticano”. Por ejemplo, la diócesis de Allentown recibió en 2009 una queja de abusos sexuales cometidos en los años ochenta por parte de un sacerdote, que había tocado los genitales de un chico de 13 años. La diócesis le pidió explicaciones al cura, que por entonces ya estaba retirado, y él alegó que fue accidental. Como resultado, en diciembre de 2014, el obispo de Allentown comunicó al Vaticano que no expulsaría al cura del sacerdocio. El religioso murió al año siguiente.

Connivencia de la Fiscalía
La investigación revela que no solo la cúpula eclesiástica trató de encubrir abusos sino que otros miraron hacia otro lado, evidenciando el enorme poder social de la Iglesia. En 1962 el pastor Ernest Paone fue descubierto en Pittsburgh abusando sexualmente de niños y usando armas con ellos. La diócesis lo acabó trasladando a otra ubicación. Y en 1964 el que era entonces el fiscal del distrito, Robert Masters, mandó una carta a la diócesis en la que informó que cancelaba su investigación a Paone “para prevenir publicidad desfavorable” para la iglesia. En 2017 Masters testificó ante el gran jurado que investigaba los abusos de clérigos en Pensilvania. Alegó que actuó de ese modo por “respeto” al obispado y porque deseaba su apoyo para su carrera política.

martes, 13 de febrero de 2018

#hemeroreca #sexo #gais | El Mercado de las Yeguas, la fiesta sexual más salvaje de Berlín

Imagen: El País / Mercado de las Yeguas
El Mercado de las Yeguas, la fiesta sexual más salvaje de Berlín.
En Berlín se celebra cada año una fiesta gay en la que unos hombres adoptan un papel sexual sumiso, y otros, dominante.
Luisgé Martín | El País, 2018-02-13
https://elpais.com/elpais/2018/02/08/eps/1518100938_079944.html

El Mercado de las Yeguas es una fiesta gay que comenzó a celebrarse hace varios años en Berlín y que se ha extendido a otras cuatro ciudades alemanas y a Ámsterdam. En ella sólo se admite a hombres, que deben decidir antes de entrar si desean desempeñar el papel de yeguas o el de sementales. Los primeros, las yeguas, acuden antes al club en el que se realiza la fiesta, y allí, ayudados por los “mozos de caballeriza”, se desnudan completamente y se colocan una capucha que les cubre los ojos. Cuando se abren las puertas del local para los sementales, todas las yeguas están ya desnudas y a merced de los deseos de éstos. Pueden usarlas sexualmente como deseen: con las yeguas que han elegido la capucha de color blanco deben respetar las reglas del sexo seguro; con las que, por el contrario, han elegido el color rojo, los sementales tienen libertad para actuar como prefieran. Los “mozos de caballeriza”, repartidos por todo el local, son los encargados de vigilar ese cumplimiento y de retirar del “mercado” a las yeguas que deseen abandonarlo.

A las fiestas de Berlín, que se ­celebran en el club Kit-Kat, acuden aproximadamente 200 personas, repartidas con bastante equilibrio entre sementales y yeguas. Hay sobre todo dos grandes espacios, amueblados con gruesos colchones de cuero negro, en los que los sementales montan a las yeguas, enmarañados unos y otros en figuras corporales interminables. Pero también en la barra del local o en las zonas más calmadas puede ­verse a una yegua arrodillada ante el semental, complaciéndole, mientras éste charla con otro o bebe una copa.

El Mercado de las Yeguas —dicen sus organizadores— no se rinde ante ningún moralismo. Es una exaltación del erotismo masculino homosexual que no renuncia a lo primario, a lo instintivo, a lo atávico. Sus leyes son, dulcificadamente, las del sadomasoquismo: poseer o ser poseído, dominar o someterse, imponer la propia voluntad o anularla completamente. Los ­asistentes tienen una media de edad alta, en torno a los 40 años, pero la tipología es diversa: desde cuerpos desastrados y fofos hasta jóvenes musculados.

Camilo F., un colombiano de 33 años que vive en Berlín, acude siempre a las fiestas del Kit-Kat y a las que se celebran en Leipzig, a una hora de viaje desde la capital. En 2017, según se anuncia rigurosamente en la página web del Mercado de las Yeguas (FickstutenMarkt), se habrán celebrado 15 sesiones entre las dos ciudades. “A veces me gusta ser yegua y a veces semental, no tengo un rol estricto”, dice Camilo. “En Leipzig, donde no me conoce nadie, suelo ser yegua, y en Berlín prefiero ser semental porque me encuentro con algunos amigos. Supongo que esa división tiene que ver con un análisis todavía machista de la sociedad, donde es más respetable ser el que domina. Pero las sensaciones son igual de poderosas en uno y otro caso, y no me avergüenzo de ninguna de ellas. Me siento completamente vivo en esas fiestas”.

Camilo asegura que en cada sesión del Mercado suele tener una media de 10 parejas sexuales, aunque cuando se desempeña como yegua, cegado por la capucha, no puede asegurar cuántas de ellas han sido distintas. “Sé perfectamente que en los días de Leipzig tengo relaciones con hombres por los que, en una situación normal, sentiría casi repulsión. Pero justamente eso es lo que hace este juego sexual fascinante: la transgresión de todas las convenciones del deseo, la aceptación de valores primitivos”.

Josep Maria Miró escribió una pieza de microteatro que arranca de este escenario y enfrenta a un hijo-yegua con su madre cuando ésta descubre su secreto. La obra se ha representado con éxito en Miami o en Venezuela, desde donde Eduardo Fermín, su director, habla con entusiasmo de la sordidez y oscuridad del texto. “Vi a muchos espectadores llorar y hablé con personas que salían asombradas porque desconocían que esos lugares existen. No hacían juicios de valor, sólo sentían compasión por los personajes”.

Durante la embriaguez de la fiesta, sin embargo, la compasión parece un sentimiento inoportuno: convienen más la euforia y la ­lujuria.

lunes, 5 de febrero de 2018

#hemeroteca #terminologia | Buscan añadir la letra K al acrónimo LGBTIQ+

Imagen: Desastre
Buscan añadir la letra K al acrónimo LGBTIQ+
Desastre, 2018-02-05

http://desastre.mx/internacional/buscan-anadir-la-letra-k-al-acronimo-lgbtiq/

La multiplicidad de identidades y los cambios sociales y culturales han llevado a que cada vez más personas exijan que sus maneras de identificación sean reconocidas, por ello es común que en los últimos años observemos una gran cantidad de variantes del acrónimo LGBTIQ+.

Recientemente, Gay Uk, una revista británica con contenido dirigido a las personas de la diversidad sexual y de género, reportó la inquietud de diversos grupos en los que se debate la inclusión de la letra K en referencia al término 'kink', una palabra anglosajona utilizada para referirse a personas que tiene prácticas sexuales inusuales o no normativas.

Este tipo de sexualidad incluye los denominados fetiches y guarda relación con prácticas sadomasoquistas y otras “poco convencionales”.

El acrónimo LGBT ha sumado letras desde la década de los 90. Esto surge a partir de la necesidad de alejarse de la limitada idea de “comunidad gay” y de la exclusión de otras identidades y sexualidades.

Debido a la suma de las luchas de diversas identidades, el acrónimo de la diversidad sexual y de género, según reportó la publicación, podría quedar de la siguiente manera: LGBTQQICAPF2K+. Cada una de las letras representa: lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, queer, 'questioning' (cuestionador), intersexual, curioso, asexual, agénero, aliado, pansexual, polisexual, amigos y familia, dos espíritus, kink y más.

Claire Heuchan, una feminista radical, bloggera y autora del libro “Sister Outsider” comentó: “Las personas con problemas (refiriéndose a aquellas que se definen como kink) no pueden pertenecer al acrónimo LGBT pues ellas no se enfrentan a ninguna discriminación estructural o sistémica como resultado de sus inclinaciones sexuales”.

Y añadió: “Si el acrónimo del arcoíris abarca a todos, pierde significado. Pues significaría que provee a todos un refugio siendo que fue diseñado en primera instancia para proteger a personas marginadas”.

“Llámenme anticuada, pero no creo que los fetiches pertenezcan al mismo acrónimo donde se representan sexualidades e identidades”, dijo Sarah Preston en una discusión iniciada en Quora, una red social en la que los usuarios hacen preguntas y otros responden a ellas.

Así mismo, usuarios de Twitter comentaron que la adición de la letra “K” en el acrónimo LGBT+ resulta “completamente ridículo”.

Con información de Washington Times y Quora. Imagen tomada de Advocate.

miércoles, 12 de abril de 2017

#hemeroteca #cofradias | Cofradías de la Pasión, entre el culto, la cultura y el espectáculo turístico

Imagen: El País / 'Picaos' en San Vicente de la Sonsierra, La Rioja
Cofradías de la Pasión, entre el culto, la cultura y el espectáculo turístico.
Un nuevo libro se suma a la vasta obra sobre los penitentes y las procesiones.
Juan G. Bedoya | El País, 2017-04-12
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/12/actualidad/1491988470_364672.html

Fascinados por la terrible pasión y muerte en la cruz de Jesús de Nazaret, los exégetas católicos adjudican poderes de conversión a la escenificación de las últimas 12 horas de vida del fundador cristiano. ¿Cuántos latigazos?, ¿con qué tipo de látigo?, ¿hasta qué grado de ensañamiento? Miles de libros, cientos de películas y documentales e incontables pintores y escultores, entre ellos los más grandes, se han recreado en esa biografía, por lo demás imposible de datar.

“Dios ha muerto y ha sido crucificado por mí”, gritaba desaforado el dominico Girolamo Savonarola, atormentando la vida espiritual de la culta Florencia en el siglo XV. Dominó la ciudad durante 16 años, hasta que sus enemigos lograron ahorcarlo y quemarlo en una hoguera, en 1498, con dos de sus hermanos de predicación. Tras aquella pesadilla se vuelve a extender la polémica y sangrienta tradición de los flagelantes —que había nacido en el siglo XIII en Perugia— y, más tarde, la organización de cofradías como las conocemos en la actualidad, multitudinarias. Hay cientos de miles de cofrades en España.

Son incontables los estudios sobre este fenómeno religioso. Francisco Galtier Martí, catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza, firma el último: ‘Cofrades camino del cielo, vistos a través de sus imágenes: desde los orígenes hasta el Concilio de Trento’ (Prensas de la Universidad de Zaragoza / Alma Mater Museum).

Este mundo ha atravesado todo tipo de conflictos, desde la práctica desaparición de las cofradías de flagelantes (cofradías de sangre se las conoció) hasta sus estructuras actuales, no exentas de polémica. “Las procesiones no son un espectáculo”, proclamaron la semana pasada las Juntas de Cofradías y Hermandades de España. El hermano mayor de las Cofradías Fusionadas de Málaga, Eduardo Rosell, pedía “respeto a las imágenes porque en ellas se hace catequesis de la pasión, muerte y resurrección de Jesús”, informa Europa Press.

¿Existe ese respeto entre la multitud atraída por las procesiones? Devotos aparte, que se cuentan por centenares de miles, abundan quienes las ven como un espectáculo. En cambio, Ana Pérez, presidenta de la Junta de Cofradías de Toledo —20 cofradías y 5.000 cofrades—, sostiene que su gente cada vez tiene más respeto hacia los pasos de Semana Santa y que, dentro de las propias hermandades, aumenta el respeto de las normas, “como por ejemplo, no llevar deportivas o no ir masticando chicle”.

Tan absurdo es negar a las procesiones la devoción popular que entrañan como ocultar el debate que suscitan en una sociedad cada día más laica. Un ejemplo es la concesión de indultos a presos que el Gobierno otorga cada Semana Santa a petición de algunas cofradías. Este año han salido a la calle siete condenados, y no fueron ocho porque la Cofradía de Jesús El Rico de Málaga no cumplió los requerimientos del Ministerio de Justicia. ¿De dónde les viene ese privilegio? En en 1759, la peste azotó Málaga y los presos de la ciudad fueron los únicos que se atrevieron a sacar en procesión al Nazareno. Regresaron voluntariamente a las celdas al terminar y a semejante prodigio correspondió la peste cesando al cabo de pocos días, y también el rey Carlos III indultando a un preso elegido por la cofradía.

Los nombres de las hermandades sugieren las intenciones: pasión, dolor, sangre, sacrificios sin fin, rituales inconfesables… El libro del profesor Galtier Martí ilustra gran parte de esas historias, con estampas de elevado valor que hablan de fascinación por el dolor, de ceremoniales eróticos, de pasiones auténticamente religiosas, de masoquismo... La tradición de los flagelantes, émulos de la pasión de Cristo, se extinguió hace siglos entre largas discusiones de sabios y teólogos que aconsejaron al papa Clemente VI emitir una bula de prohibición por “disciplina eclesiástica”.

La execración papal tuvo que ver también con el sexo. El profesor Galtier cita al respecto un estudio del teólogo belga Patrick Vandermeersch (Brujas, 1946), publicado en España con el título 'Carne de Pasión' (Trotta). Ahí desvela los motivos de aquella prohibición, los argumentos de los que se oponían y los casos que dieron aire a la polémica, como aquel que provocó la ira de los detractores, porque “los azotes se propinan en las nalgas”.

También estudia Vandermeersch uno de los pocos casos de supervivencia de disciplinantes, en el pueblo riojano de San Vicente de la Sonsierra, de apenas 1.000 habitantes. En este ritual, que se celebra cuatro veces al año —Jueves y Viernes Santo, 3 de mayo y 14 de septiembre si caen en domingo—, algunos hombres, con el rostro cubierto con capirotes blancos, vistiendo una túnica que deja la espalda al descubierto, con cadenas en los tobillos, se flagelan en un largo viacrucis, entre cientos de personas que procesionan. Son los picaos, unos misteriosos penitentes (ocultan su identidad) que se golpean la espalda hasta magullarla. Mientras se azotan, los acompañantes, con la cara descubierta, vigilan a cada disciplinante, invitándole a la calma si da muestras de entrar en trance, o animándole cuando sus fuerzas flaquean.

Vandermeersch estudió durante 10 años el caso de los picaos y abunda en las razones de excitación sexual que movieron antaño a muchos flagelantes, entre otros el famoso —y equívoco— rey de Francia Enrique III, último de los Valois, y su secta de favoritos.

Cambiar las misas para ver el fútbol
Siglos atrás —y en España, hasta hace apenas 50 años—, la jerarquía católica imponía a las autoridades civiles que ningún espectáculo mundano distrajese a los fieles de las obligaciones que tenían para con su Iglesia, en especial los domingos y demás fiestas de guardar. La Semana Santa llegaba a exacerbar las exigencias: no podían abrir las salas de fiesta y tampoco sonar la que entonces se conocía como música ligera, aparcada sin distingos en favor de la clásica, por más que fuera mundana.

Este año, en cambio, las jerarquías del catolicismo compiten a todas horas con el mejor fútbol (eso se supone) y algunos sacerdotes rurales están cambiando los horarios de sus misas a petición de una feligresía más interesada en Leo Messi y en Cristiano Ronaldo que en cómo Cristo subió en domingo, muy temerariamente, hacia Jerusalén montando salerosamente un pollino.

viernes, 25 de marzo de 2016

#hemeroteca #disidenciasexual | Josecarlo Henríquez y lanzamiento de #SoyPuto: “Semana santa está llena de ofertas, clientes que quieren la tortura sagrada para los cristianos”

Imagen: El Desconcierto / Josecarlo Henríquez
Josecarlo Henríquez y lanzamiento de #SoyPuto: “Semana santa está llena de ofertas, clientes que quieren la tortura sagrada para los cristianos”.
El escritor, prostituto y activista adelanta a eldesconcierto.cl algunas cosas inéditas de su próximo libro #SoyPuto: una crítica a Lemebel, un episodio entero dedicado a hacer pebre la concepción actual de la familia y una experiencia sexual con un parlamentario. “Para mí una fantasía constante es follar con el poder, cobrarle al poder por sexo, ser la puta del poder. Siempre me ha parecido interesante”, asegura.
Pablo Álvarez Y. | El Desconcierto, 2016-03-25

http://www.eldesconcierto.cl/pais-desconcertado/2016/03/25/josecarlo-henriquez-y-lanzamiento-de-soyputo-semana-santa-esta-llena-de-ofertas-clientes-que-quieren-la-tortura-sagrada-para-los-cristianos/

“Desde que salí en la tele he perdido a toda mi clientela de elite”, confiesa Josecarlo Henríquez, escritor, prostituto y activista del Colectivo Universitario de Disidencia Sexual. A pesar de esto, las historias quedan.

Su clientela ha tenido a gente tanto de izquierda como de derecha, a padres de familia y a madres pedófilas, a personas que quieren sexo y a otros clientes burgueses que solo quieren compartir grandes cantidades de cocaína y conversar. “Por ejemplo, esta semana santa es semana de ofertas. Tengo muchos clientes sadomasoquistas que quieren la tortura tan sagrada para los cristianos”, asegura.

Todas las memorias, las interpretaciones y sus definiciones políticas como activista son lo que buscará presentar en el libro #SoyPuto, cuyo lanzamiento será el martes 12 de abril en el Centro Arte Alameda, a las 19:00 hrs. Un evento que, al igual que el resto de sus publicaciones en redes sociales, se ha llenado de denuncias y han intentado ser silenciado. “A pesar de esto, tengo hartos amigos, hartos amantes, hartos clientes que se encargan de ayudarme”

¿Qué vendrá a retratar el libro?
-Es un engendro, sin género definido, porque tiene en realidad de todo. Se divide en tres partes: relatos porno, que es como la cochiná, la historia viscosa; otra parte muy antifamilia, lo dañino de la familia, su rol de la mujer y los niños, cómo son despolitizados y no se les permite una emancipación sexual en un entorno en que el padre es siempre el que va a tener el poder sexual porque es el que se tira a la esposa y a los hijos; y otra parte más teórica, de disidencia sexual, que pienso que es antagónica a la diversidad sexual, la mezcla entre ambas la genera gente ridícula.

Partamos por la primera parte, ¿qué relatos inéditos vienen ahí?
-Hay una anécdota que yo tuve con un diputado, que es un diputado famoso. Igual el libro no anda delatando nombres y apelllidos, sino anécdotas. Ahora, si tú querís fantasear -porque también el libro invita a eso- fantasea con el diputado que tú quieras que esté en ese cuento. Era un diputado de izquierda, un padre de familia, que disfrutaba puños en su ano.

¿Cómo llegó a ti?
-Como llegan todos, a través de internet. Lo identifiqué altiro porque es famoso, y la experiencia estuvo bien, es que era un tipo simpático. Ahora, toda esa gente dejó de llamarme por mis entrevistas. Está paranoica porque sabe que hacen weas que no quieren que la gente se entere, no es posible que le paguen a un puto, no es posible, no es real.

¿Tenías fantasías desde antes con parlamentarios?
-Para mí una fantasía constante es follar con el poder. Cobrarle al poder por sexo, ser la puta del poder. Siempre me ha parecido una fantasía interesante.

¿Qué de especial tiene la gente poderosa?

-De partida está la clase. Yo no soy ni siquiera un puto caro, soy un puto barato en Santiago de Chile. Tampoco un puto regalado, pero sí barato. La diferencia que tienen es que como todo burgués, tiene tanto tiempo para el ocio, para hacer lo que quieran y viajar por el mundo, que no sé si son entretenidos a la hora de follar pero sí a mí me dejaban impactados en las cosas que querían, cómo lo querían y toda la plata que podían gastar.Nunca moralmente porque no soy una persona moral.

¿Y la gente sin poder?
-La clientela popular está bajo ese manto de vida precarizada de gente que tiene que trabajar, pagar deudas, que apenas tiene el tiempo para imaginarse una sexualidad. Cuando se la imaginan se la imaginan de forma reprimida y culposa, porque somos cristianos aunque no creamos en Dios. La culpa de la familia, la heterosexualidad y la pobreza hace que nuestra sexualidad sea muy fome.

Sobre esa segunda parte, ¿cuál es tu concepción de familia?
-Mi concepción es la de esa familia heterosexual, esa familia que castiga, disciplina y hace del sujeto un ciudadano obediente. También la familia que tortura, principalmente a través del hombre, que es el verdugo y violador de mujeres e hijos. La familia es un nido de fascismos.

Otro Lemebel

En la parte de disidencia, ¿qué otras cosas inéditas se vienen en el libro?
-Una opinión con la que quiero distanciarme de Pedro Lemebel. Por ahí me han dicho “ooh el nuevo Lemebel, se reencarnó”. Pero no. Lo admiro mucho en el papel, es maravilloso, pero yo soy activista de la disidencia sexual y Lemebel fue un anti disidencia sexual, y eso significó muchas cosas. Actos injustos que él provocó para que otros no pudiesen concretar cosas que estaban armando. Actos injustos como por ejemplo que él, que es un sujeto que no está de acuerdo con la dictadura ni la censura, se encargara de censurar. Parece que nadie habla de Lemebel cuando hace cosas malas.

¿Puedes adelantar algo?
-Todo lo que te he dicho y nada más. Mucha gente que ama a Lemebel me va a odiar, pero también quiero dejar en claro que esto no es tampoco “odiemos a Lemebel”. Uno tiene que aprender también a ser críticos, dejemos de creer en las vacas sagradas. Él mismo dijo: “A nuestros propios ídolos tenemos que romper”. Él mismo hablaba de faltarnos el respeto, de no tener vacas sagradas.

A más de alguno te vas a echar encima.
-Es que también hay que separar, yo te estoy hablando de Lemebel político, persona, activista, que no le interesaba colaborar con activismos jóvenes a no ser que esos jovencitos le lamieran los pies. Pero cuando había una postura un poco más crítica no, Lemebel te vetaba de la faz de la tierra. Irá en la parte “Disidencia”, que se titula así.

No soy una persona moralista

¿ Cuándo empezaste la exploración por la sexualidad?
-Mi sexualidad la empecé a explorar en mi casa. Éramos una familia hermética, evangélica pentecostal. Mi vida hasta los 16-17 años de basó en ese encierro tortuoso, un centro de tortura, evangélico. Nunca dormí solo, siempre tuve un cuarto compartido con mis hermanos al lado del cuarto de mis papás, con una delgadísima pared. Entonces con unos padres calientes, jóvenes, que follaban siempre, estái condicionado a que tu sexualidad a temprana edad explote. Yo empecé a experimentar mi sexualidad con mis hermanos, tocándonos, jugando entre nosotros, haciendo tríos. Ya después invitando a vecinitos de nuestra edad.

¿Tu mamá se dio cuenta en algún momento?
-Yo creo que los papás se dan cuenta de todo. Pasa que hay cosas que nos producen tanta culpa que mejor que no exista. A mis papás siempre los molestaron con que tenían un hijo muy femenino. Por eso nos vinimos a Santiago también, escapando de ese cahuín de pueblo chico infierno grande que era Penco. Llegamos acá y no solo el hijo era muy femenino sino que además parece que nos anda espiando, juega con las muñecas, se viste de mujer con su hermana. Mi papá me torturtaba por verme vestido con la ropa de mi hermana. No me castigaba, me torturaba. Sabía cómo pegarme.

En otras entrevistas contabas el tema de los padres que te vestían con uniformes de los hijos.
-Es un cliché la huea del escolar en Chile, pero es un cliché delicioso, yo igual paso por fuera de los colegios y me derrito. Ahora, no me interesa que se crea que lo que yo hago es para que los abusadores de menores no abusen de sus hijos escolares, eso es una estupidez. Una persona que quiere abusar va a abusar, no va a pagar por sexo a alguien que se vista de escolar. Lo que yo hago simplemente es una especie de trueque de morbo, una hermosa y satánica coincidencia. El viejo que a mi me está pagando para que yo sea su hijo, está cumpliéndome a mí la fantasía de ser el hijo de un viejo que te da plata pa que te quedís callado antes de que la mamá se entere.

No haces un juicio moral del tema.
-No soy una persona moralista que ande con juicios de valor. Yo estoy cumpliendo mi fantasía, que de niño nunca pude lograr. Tanto un padre burgués como uno obrero va a tener esa fantasía. La gran diferencia es que el burgués la va a poder concretar más fácilmente, hay que subirle el sueldo a los obreros para que puedan concretarla ellos también.

¿La relación padre - hijo es tu mayor fantasía?
-Lo que pasa es que Chile es muy fome, repetitivo, monótono. No te voy a poder contar las 50 sombras de Grey con historias maravillosas, aunque en realidad ese libro es una fomedad. Pasan cosas interesantes, pero con la cantidad de tipos y tipas que yo me he acostado en este tiempo yo debería estar contando historias aberrantes. Pero Chile es un país un poco raro, fome para follar, la gente es muy obediente y pudorosa. Tengo que yo insistir en experimentar, pero están temblando. De ahí me dicen: “No no sabís que métemela no más”.

jueves, 17 de marzo de 2016

#hemeroteca #libros #homosexualidad | La íntima relación entre James Dean y Marlon Brando

Imagen: El País / Marlon Brando y James Dean, 1954
La íntima relación entre James Dean y Marlon Brando.
Una nueva biografía del actor de 'Rebelde sin causa' asegura que los dos ídolos del cine fueron pareja.
El País, 2016-03-17
http://elpais.com/elpais/2016/03/17/estilo/1458220588_847772.html

Las biografías no autorizadas suelen estar plagadas de polémicas revelaciones. La última que ha escandalizado al mundo del entretenimiento es la del actor estadounidense James Dean. El libro ‘James Dean: Tomorrow Never Come’, escrito por Darwin Porter y Danforth Prince, asegura que el intérprete fue esclavo sexual del legendario histrión Marlon Brando y que también mantuvo relaciones sexuales con Walt Disney.

La publicación cuenta que Brando conoció al intérprete de ‘Rebelde sin causa’ (1955) cuando este fue a verlo mientras él impartía una conferencia en Nueva York. Según los autores de esta nueva biografía Brando le contó a sus amigos en más de alguna ocasión que la mirada de Dean lo hizo “arder”. Sin embargo, no fue hasta el final de la presentación que ambos actores tuvieron un momento para charlar, oportunidad que aprovechó Dean para confesarle su amor y admiración y que el actor de ‘El padrino’ respondió con un beso.

El libro, escrito por dos veteranos periodistas del corazón que conocieron a ambas estrellas de Hollywood, cuenta con entrevistas de algunos de los amigos de los actores, incluido el compositor Alec Wilder. “Definitivamente eran una pareja. Se podría decir que la 'fidelidad sexual' no formaba parte de sus vocabularios”, recuerda Wilder, quien añade que fue el mismo Dean quien le contó del ‘affair’.

Pero las polémicas revelaciones no solo hablan de la relación homosexual entre los dos ídolos del celuloide, también añade detalles acerca de su vida sexual. Según el escritor Stanley Haggart, amigo de Dean, a ambos les gustaba practicar juegos sadomasoquistas. Supuestamente el protagonista de ‘Apocalypse Now’ disfrutaba apagando cigarrillos sobre el cuerpo de Jimmy. El escritor asegura que mientras a Brando le gustaba atormentar a su joven pareja, a quien veía solo como un juguete sexual, Dean estaba completamente enamorado. “Creo que Brando estaba usando sádicamente a Jimmy, que lo seguía a todas partes con la lengua fuera”, explica.

A pesar de que en su momento se especuló sobre la posible relación de estos dos actores de la década dorada de Hollywood, el intérprete de Vito Corleone siempre lo negó. De acuerdo con Daily Mail, en el libro también se afirma que Dean mantuvo relaciones íntimas con Walt Disney, que aunque nunca se logró confirmar, muchos aseguran que era homosexual.

DOCUMENTACIÓ
Marlon Brando y James Dean: masoquismo y cigarrillos.
Un nuevo libro sobre el actor de 'Rebelde sin causa' va más allá del mito del 'cenicero humano' y habla de la relación secreta con Brando. Hay mucho más. Según Darwin Porter y Danforth Prince, autores de este nuevo libro, Dean hizo un trío con George Cukor y Walt Disney.
José Luis Romo | El Mundo, 2016-03-17
http://www.elmundo.es/loc/2016/03/17/56e9914be2704e3e058b4580.html 
Masoquismo, cinturones y cigarrillos: la pasión entre Marlon Brando y James Dean.
Una nueva biografía del protagonista de 'Rebelde sin causa' explora la historia del amor sadomasoquista entre ambos actores.
Vanitatis, 2016-03-17
http://www.vanitatis.elconfidencial.com/celebrities/2016-03-17/masoquismo-cinturones-y-cigarrillos-la-pasion-entre-marlon-brando-y-james-dean_1170028/

viernes, 3 de enero de 2014

#hemeroteca #cine #homoerotismo | El homoerotismo de 'El sirviente'

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'El sirviente'
El homoerotismo de 'El sirviente'.
‘El sirviente’ supuso un abierto desafío a la legislación británica sobre la homosexualidad y una refinada obra de arte sobre la lucha de clases, el homoerotismo y vampirización.
Eduardo Nabal | Cáscara Amarga, 2014-01-03
http://www.cascaraamarga.es/cultura/cine/7414-el-homoerotismo-de-el-sirviente.html

Se cumplen cincuenta años de la realización de una de las películas más perturbadoras de la década de los sesenta: ‘El sirviente’, de Joseph Losey que, tras su azaroso periplo estadounidense, se consolidó como autor con mayúsculas con películas como ‘El criminal’, ‘El sirviente’ o ‘El mensajero’, que además supusieron la consagración de Dirk Bogarde como uno de los más enigmáticos, bellos y versátiles actores de la historia del cine moderno.

Losey se apartó del cine policiaco en el que comenzó y del cine comprometido políticamente en favor de explorar un universo propio, difícil, turbulento, marcado por la escritura teatral de Harold Pinter y por el nuevo cine inglés de los sesenta.

Joseph Losey, huido de la caza de brujas de Hollywood, trazó algunas de las relaciones entre varones más ambivalentes y subyugantes del cine de la época, como en ‘El sirviente’ o ‘Rey y patria’. Comprometido con nuevos valores sociales, Losey puso en imágenes de denso blanco y negro y elaboradas composiciones visuales la historia de ‘El sirviente’, una suplantación, una vampirización lenta e implacable, la caída progresiva de un sistema de castas y también la relación sadomasoquista entre dos hombres jóvenes pero de diferente procedencia y destino.

Bogarde, sobre cuya sexualidad siempre se ha especulado, trabajó con los grandes maestros del cine de los sesenta, setenta y ochenta en películas que rompieron tabúes diversos y ha sido un actor que ha sabido combinar el humor con la elegancia, el misterio con la ironía, la belleza con la inteligencia. Fue catapultado a la fama por Losey, interpretando al seductor y temible Barret en ‘El sirviente’, seduciendo y dominando a un aristocrático Tony, interpretado por James Fox, y librando su particular batalla semiótica y socioeconómica en el interior de una mansión típicamente inglesa. Una relación amo-criado ya desfasada en su momento y que es también un ejercicio sublimado de sadomasoquismo y coqueteo con el humor negro.

Losey supo dotar de un extraño homoerotismo a la historia, irónica y cruel, del principio del fin de una clase privilegiada absorta en glorias imperiales y costumbres caducas. Una jugada magistral que repitió con aceptables resultados pero sin la misma fuerza narrativa en ‘Accidente’ y ‘Una inglesa romántica’.

miércoles, 6 de julio de 2011

#hemeroteca #libros #sadomasoquismo | Historia de 'Historia de O'

Imagen: El Mundo
Historia de 'Historia de O'
Un ensayo indaga en la escritura de la gran novela sadomasoquista del siglo XX
El Mundo, 2011-07-06
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/05/cultura/1309876212.html

¿'Historia de O'? Pregunten, pregunten a sus abuelas por 'Historia de O', ya verán.

Muy en resumen: 'Historia de O' es una novela publicada en 1954 y firmada con el seudónimo de Pauline Réage que tuvo un éxito colosal en su época y que narraba el descubrimiento del sadomasoquismo por parte de una chica de París. Una chica muy sentimental y muy enamorada de su amante (casado), que conste.

Hubo escándalo, hubo un amago de llevar a juicio a sus editores, hubo rumores de todo tipo sobre la identidad real de la autora ('Tiene que ser un hombre para escribir burradas así'), hubo un premio prestigioso, el Prix des Deux Magots, hubo ventas millonarias, hubo una película (pregunten, pregunten a sus padres), hubo un libro-entrevista con la misteriosa autora (en 1975) y, por fin, en 1994, hubo una confesión. Una anciana llamada Anne Desclos anunció, tres años antes de morir, que ella fue la autora de 'Historia de O' y que el relato, ejem, sí que tenía algo que ver con su vida.

Ahora, Carmela Ciuraru, una periodista estadounidense, ha reescrito la historia de 'Historia de O' en un capítulo de su libro 'Nom de plume: a (secret) history of pseudonyms' y la revista Guernica ha difundido su contenido. El texto, en realidad, es una síntesis de datos conocidos por los 'O-lólogos', pero, ¿cómo resistirse al hallazgo?.

Novela en clave
Cosas que merece la pena saber de 'Historia de O'. Primero: que la obra es una novela en clave en la que cada personaje tiene un remite en la vida real. El amante de O, por ejemplo, era Jean Paulhan, director de la Nouvelle Revue Française, miembro de la Academia Francesa y, en efecto, amante casado de la autora. O, en cambio, no es exactamente Anne Desclos, sino Odile, una amiga de la autora, más joven y guapa, enamorada de Albert Camus. Odile, de cuya inicial procede el nombre de O, estuvo encantada cuando se vio retratada entre grilletes. Lo de O, por cierto, no tiene nada que ver con la forma de la vagina ni con los grilletes que se usan en la novela.

Segundo: que 'Historia de O' es una obra bastante seria, escrita por una lectora formidable. Ciuraru aprecia que, a pesar de que el tema se presta mucho a la tontería, 'Historia...' tiene una prosa contenida y casi minimalista. Y, al mismo tiempo, algo lúdico e irresistible. En realidad, el libro nació como un juego, como un cuento que Desclos (que ya no se sentía "joven ni guapa") escribió para divertir, excitar y mantener a su lado a su amante. Pero cuando éste (o sea, Paulhan) la leyó, pensó que el asunto merecía convertirse en libro.

Tercero: que la edición de 'Historia de O' tiene su miga. Paulhan, tenía influencia pero no era editor, así que buscó sello para el manuscrito de su amante. Al final, lo encontró en el despacho de Jean-Jacques Pauvert, un muchacho ambicioso de 27 años que acababa de publicar las obras completas de Sade y que, cuando leyó la propuesta de Paulhan, se dispuso "a revolucionar el mundo". No fue para tanto. Las ventas de 'Historia de O' sólo crecieron poco a poco pero, por desgracia, el texto no despertó tanta curiosidad como la identidad de su autora. En realidad, según explica Ciurau, sólo en 1969, un ensayo de Susan Sontag reparó en el valor literario y sociológico de la obra.

Y cuarto: hablemos de la autora. Después del éxito de su obra, Desclos llevó una vida exitosa y formal: trabajó en Gallimard, tradujo a Evelyn Waugh, a TS Elliot, a Fitzgerald, ganó una legión de honor, vistió todos los días de su vida adulta con la ropa más austera posible (y sin maquillaje)... Como se dice en estos casos, nadie lo hubiera pensado. Luego, en la intimidad, confesaba que le gustaban las mujeres casi más que los hombres y decía que no le hubiera parecido tan mal eso de prostituirse. Esas cosas que se dicen con tres copas de vino.