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jueves, 31 de marzo de 2022

#hemeroteca #trans #transfobia | Shon Faye: “La transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas”

Efeminista / Shon Faye //

Shon Faye: “La transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas”.

María G. de Montis | Efeminista, 2022-03-31

https://efeminista.com/shon-faye-transfobia-misoginia/ 

Lapidario, accesible y esclarecedor: el primer libro de la escritora, periodista y activista por los derechos humanos Shon Faye, ‘Trans: un alegato por un mundo más justo y más libre’, es un ensayo sobre la realidad discriminatoria a la que se enfrentan las personas trans en Reino Unido. El libro anima a todo el mundo a luchar por revocar esa problemática, ya que, según asegura la inglesa (Bristol, 1988) en una entrevista con Efeminista, también las mujeres verían «mejorar su situación», porque «la transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas».

«Si miras alrededor, comprobarás que las opresiones contra los derechos de la mujer se parecen mucho a las que sufren las personas trans: nuestros problemas están hermanados», explica Faye. «Nuestra lucha es por conseguir la autonomía de nuestros cuerpos, la libertad contra la violencia y la discriminación».

El libro, que acaba de llegar a España de la mano de Blackie Books con traducción de Rosa María García, analiza entre otros puntos las políticas cosméticas que «lejos de ayudar, penalizan a las minorías» y el papel que han jugado los medios de comunicación en la deformación y diseminación de odio hacia el colectivo trans. Un «problema social» al que Faye, periodista graduada en Derecho, quiere «dar la vuelta, porque la realidad es que la gente trans siempre tiene algo que ofrecer a la sociedad».

Pregunta.- ¿Cómo ha sido escribir este libro?


Respuesta.- El proceso fue un poco catártico, me permitió hacer un trabajo de pedagogía y corregir mucha desinformación sobre las personas trans. Pero al mismo tiempo tuve que lidiar con muchas dificultades y con el trauma colectivo; muchas de las personas a las que entrevisté habían sufrido mucho, así que el proceso de escritura no fue el más sencillo que he tenido.

He estado trabajando en este libro mucho tiempo: me lo encargaron en 2019, aunque la mayor parte fue escrito durante el confinamiento de marzo y abril de 2020. Lo hice gracias a que nos encerraron en casa, pero fue una manera de concentrarme en mi propia salud mental durante ese encierro.

Pero el confinamiento también me ayudó a generar argumentos más radicales en el libro, porque creo que muchas de las políticas que vimos alrededor del mundo en respuesta a la pandemia eran inimaginables antes. Los gobiernos pagando a los trabajadores porque no podían trabajar, por ejemplo: eso era algo que hace cinco años no habríamos imaginado.

P.- El ensayo ha vendido más de 30.000 ejemplares en Reino Unido y se está traduciendo a varios idiomas, ¿cómo afronta esta promoción internacional?

R.- Yo ya tenía un cierto nivel de relevancia en los medios británicos antes de escribir el libro, porque soy periodista freelance y tengo un podcast ('Call Me Mother', en el que entrevista a miembros del colectivo LGBTIQ). Hay mucho odio hacia la gente trans, especialmente hacia las mujeres trans con peso en medios y redes sociales, así que me he acostumbrado a un cierto nivel de abuso y hostilidad en línea.

El libro ha ayudado a equilibrar todos esos mensajes negativos porque ahora también me llegan muchísimos comentarios agradables. De alguna manera, lo ha hecho todo más llevadero, más fácil.

P.- Comienza su libro asegurando que la mejora de las condiciones y la consecución de derechos para las personas trans mejorará la vida de todo el mundo. ¿Cómo?


R.- Bueno, lo digo por dos razones: la primera, porque es cierto. La segunda, porque la gente está habituada, especialmente en Reino Unido, a escuchar en los medios cómo la gente trans ha infringido alguna cosa o les ha quitado algo. Eso es un problema social al que quería darle la vuelta, porque la realidad es que la gente trans siempre tiene algo que ofrecer a la sociedad.

El problema es que mucha gente trans vive en los márgenes de la sociedad, y cualquier sociedad debería ser juzgada por cómo trata a sus miembros más desfavorecidos. Si empiezas a mirar a la gente más marginada y a mejorar sus condiciones, desde el acceso a un hogar hasta mejores ingresos o acciones contra la violencia de género, también mejorarás las condiciones de la gente que tiene más privilegios. Hay un montón de grupos minoritarios a los que se ayudaría tomando medidas para las personas trans.

P.- En el libro también habla de las sonadas declaraciones que la autora de ‘Harry Potter’, J K Rowling, ha hecho sobre el colectivo trans. Recoge un texto que la escritora subió a su web en el que se mostraba «enormemente preocupada por las consecuencias del activismo trans de hoy en día».

R.- Sí, su postura me entristece porque nuestra opresión viene del mismo sitio. Cuando leí esos comentarios me enfadé, pero no puedes vivir así todos los comentarios transexcluyentes que te encuentras. Y en el fondo, como te digo, no culpo a J K Rowling, sino que me entristece, porque las opresiones basadas en el género que sufrimos todas las mujeres, incluidas las mujeres trans, vienen de hombres.

Creo que su ira está mal dirigida: no debe ir hacia las mujeres trans, sino hacia los gobiernos, por ejemplo, por no proteger a las mujeres. Es más fácil culpar a una minoría, y para eso se necesita cortar todos los puntos que las mujeres trans tenemos con otras mujeres, como la misoginia, la violencia por el género, las opresiones de género, la discriminación laboral... tenemos mucho más en común que diferencias.

Así que sí, me produce pena, porque el dolor debería ser un punto de unión, no de división.

R.- He leído reseñas en las que se dice que este libro está cargado de ira. ¿Lo percibe usted así?

R.- No, no lo creo, pero las mujeres trans tendemos a ser estereotipadas como enfadadas. Para mucha gente, el mero hecho de que opine ya es una especie de muestra de enfado. Pero, en general, creo que este libro es muy calmado, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de hostilidad a la que nos enfrentamos a diario la gente trans.

Podría haber sido un texto mucho más iracundo, pero adopté un tono más calmado porque quería que la gente conectase con el contenido del libro, no con la emoción.

P.- ¿Por qué optó por el ensayo para escribir este libro?

Bueno, parece que las memorias son la única forma de que las mujeres, en particular las mujeres trans, formen parte de la literatura, con detalles muy íntimos sobre su cuerpo, vidas, historias y traumas. Es interesante que los hombres cisgénero no hayan tenido que hacer eso nunca, ¿no?

Cada vez más, las mujeres cisgénero pueden escribir textos políticos en un tono más académico, y yo quería que las mujeres transgénero también tuviesen ese precedente. Así que traté de alejar mi emoción de las entrevistas, incluso aunque las experiencias de las personas trans que hablaron conmigo me afectaban mucho.

De todas formas, no quería compartir mi historia con el mundo entero y no creo que tenga que hacerlo para generar un discurso político. Además, yo solo tengo un tipo de experiencia trans y, comparada con la de otras personas en Reino Unido, ha sido relativamente privilegiada: he sido publicada, ahora tengo un libro que se lee en varios países y una plataforma en medios, soy blanca y de clase media… así que no soy particularmente representativa de la gente trans más vulnerable. Quería usar esta plataforma para amplificar las experiencias de gente trans que normalmente no aparece en los medios.

P.- En el libro habla de una violencia estatal contra las personas trans. ¿Cómo se manifiesta?

R.- Cada vez más organizaciones LGTBI hacen campaña a favor de este colectivo, pero el aparato del estado ha sido muy hostil con la gente trans a lo largo de la Historia. No ha sido hasta finales del siglo pasado que, de repente, se ha transformado en una especie de aliado. Y yo quería argumentar que no lo es, que no es el caso.

No hay más que mirar a la policía, al sistema judicial, a las fronteras o la inmigración. Quizás si eres una persona trans blanca, con documentación y ciudadanía, puedes vivir relativamente cómodo con el apoyo del estado, pero no es el caso para la mayoría de gente trans. Hay muchísimos refugiados y demandantes de asilo trans, muchos prisioneros, muchos trabajadores sexuales o gente trans con problemas mentales o adicciones. Y el estado no interviene ni nos protege, porque muchas veces el estado es una fuente de esa violencia y hostilidad.

Un ejemplo es la legislación sobre crímenes de odio en Reino Unido. Hemos tratado de combatir la violencia transfóbica con esa tipificación, pero el problema es que, para cuando se denuncia, el daño ya está infligido. Y una gran parte de esa violencia está perpetrada por gente joven, lo que es claramente un fallo de educación. ¿Cómo estamos educando a la gente joven en la diferencia, sobre la gente trans, sobre los distintos géneros? Creo que el mundo iría mejor si, en vez de investir en castigos, invirtiéramos en prevención.

P.- De hecho, los datos indican que después del confinamiento han aumentado los discursos y crímenes tránsfobos, homófobos y machistas.

R.- Sí, parece que algunas personas se han radicalizado. Justo hace unos días atacaron a un amigo en el metro. Siempre he sabido que por ser trans, me exponía a una inseguridad, a unos problemas, al menos en el momento en el que alguien me identifica como tal. Pero ahora estoy bastante nerviosa, si te digo la verdad. Y me estresa no solo que ni los medios ni el gobierno ni el sistema educativo estén combatiendo esto, sino que lo estén empeorando.

La gente ve la televisión y lee periódicos y ve hostilidad contra grupos minoritarios. Y ahí están, todos sus prejuicios validados, ¡está bien tenerlos, según eso! Así que se sienten legitimados para odiar en público, lanzar proclamas tránsfobas o incluso atacar. Creo que eso hace que mi libro sea todavía más urgente.

miércoles, 2 de marzo de 2022

#hemeroteca #trans | Shon Faye: “‘Lo trans’ se discute en habitaciones llenas donde no hay una sola persona trans”

El Salto / Shon Faye //

Shon Faye: “‘Lo trans’ se discute en habitaciones llenas donde no hay una sola persona trans”.

De la mano de la esperanza y la imaginación radical, la escritora Shon Faye hace un llamamiento a luchar contra la desazón capitalista que “vive de robarnos la fe de perseguir un mundo donde la felicidad sea colectiva”.
Luis Miguel Barcenilla | El Salto, 2022-03-02
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/entrevista-shon-faye-escritora-trans 

Somos más tránsfobos de lo que jamás admitiremos y tenemos un problema porque no sabemos ver que, precisamente, lo tenemos. Según los datos del British Social Attitudes, el 82% de las personas encuestadas dice no tener “en absoluto” prejuicios hacia las personas trans. Sin embargo, solo el 41% está “totalmente de acuerdo” en que deberían dar clase a menores y otro raquítico 43% que deberían poder ser policías. Es decir, educación y autoridad. No dejaríamos la enseñanza de nuestras hijas en manos de una persona trans —lo que influye en perpetuar la transfobia en los patios—. Tampoco veríamos con buenos ojos que una persona trans tuviera el poder de impedir agresiones contra el colectivo LGTBQ+ —lo que probablemente afecta en el número de agresiones que no se evitan, donde el agresor a veces es, también, policía—.

Shon Faye (Bristol, 1988) estudió Derecho, pero salió corriendo hacia la escritura. El activismo es la otra parte de su vida, desempeñándose con fuerza en favor de los derechos LGTBQ+ en organizaciones como Stonewall o en artículos para ‘The Guardian’, ‘The Independent’ o ‘Vice’. Tiene un ‘podcast’, claro, ‘Call Me Mother’, donde entrevista a “pioneros del colectivo”. ‘Trans’ es su primer libro. Un alegato por un mundo más justo y más libre, según la tapa dura de la edición de Blackie Books que aún huele a recién salida de imprenta. En su libro, su primer libro, escribe sobre el “debate de besugos” en el que está inmersa Gran Bretaña —que, con agua de por medio, se parece mucho al debate español—, usa su altavoz para amplificar las palabras de otras y exige políticas menos estéticas y más redistributivas. “La liberación de las personas trans mejoraría las vidas de todo el mundo en nuestra sociedad”, escribe Faye interpelándonos a todos. Ya ha vendido 30.000 copias en su país.

Empecemos por el final. En la primera línea del último capítulo dices lo siguiente: “No puede haber liberación trans bajo el capitalismo”. ¿De dónde sacas las fuerzas para pensar en un futuro alternativo, distinto, mejor?

Como soy una persona de izquierdas, por defecto tengo que tener un cierto grado de imaginación radical y en el fondo, igual que yo quiero imaginar un futuro alternativo para las personas trans, quiero imaginar un futuro alternativo al que vivimos para todos. Ahora nos encontramos en un momento de la historia en el que se ve amenazada la continuidad de la especie sobre el planeta. Así como me gustaría imaginar un futuro libre, por así decirlo, del género, me gustaría pensar en un futuro en el que, para empezar, podamos seguir viviendo. Es algo, como digo en el libro, que nos afecta a todos. Como la crisis climática. Es una forma de pensar en seguir existiendo. Las personas trans también.

Tu ensayo son más de 300 páginas de esperanza. Aunque se nos claven esas experiencias que recoges y esos datos sobre sinhogarismo, desempleo y violencias. También las luchas colectivas por los derechos sociales, donde las mujeres trans, racializadas, trabajadoras, han estado en primera línea. ¿La lucha trans es lucha de clases?
Las personas trans forman parte de la clase trabajadora, de la fuerza de trabajo. En el caso en el que nos encontramos, en un capitalismo tardío, eso se traduce en que experimentemos peores condiciones de trabajo, peores salarios y por tanto, peores condiciones de vida en general. De hecho, en muchos casos somos parte de la clase trabajadora que se ve empujada hacia economías criminales [no reguladas] como el trabajo sexual. Ser trans se une a la clase, el género o la raza. El capitalismo recurre a las personas marginadas para seguir alimentando la maquinaria, para seguir ocupando ciertos puestos de trabajo.

En Gran Bretaña, según las estimaciones, las personas trans alcanzan menos del 1%, pero constituyen el 4% de las trabajadoras sexuales. En tu ensayo dices que para las personas trans prostitutas, ejercer les otorga una familia, una fuente de apoyo, aprendizaje en salud... ¿El abolicionismo es una postura fácil y simplista?
Si estoy en contra del abolicionismo del trabajo sexual no es porque considere que es un trabajo inherentemente digno, o bueno, de hecho las personas trans tienen muchísimas más probabilidades de sufrir violencia ejerciendo trabajo sexual. Y desde luego, muchas trabajadoras sexuales no disfrutan de ese trabajo. No tienen que gustarles su trabajo para que merezcan protección y garantías en él. Lo interesante de todo esto es que el trabajo sexual, que por naturaleza está marginalizado, brinde a las personas trans está posibilidad de establecer conexiones y construir comunidades al margen de otras estructuras del mercado laboral. No quisiera que parezca que digo que el trabajo sexual es inherentemente bueno, pero sí evidenciar cómo incluso, a pesar de verse relegadas a los márgenes de la sociedad, las personas consiguen sobrevivir y construir unas estructuras alternativas relacionales para salir adelante.

Donde no llegan las instituciones, llega la solidaridad entre iguales. Mundos paralelos.

Sí, pero de ninguna manera estoy romantizando el trabajo sexual. Sé que, como persona trans, tengo una serie de características que hace que se me acepte mejor en la sociedad tradicional. Quisiera recalcar que cuando uno se ve relegado a los márgenes se ve más libre para plantear las formas de relacionarse, como es el caso de los cuidados. Esto se da entre personas que se han visto excluidas de la estructura patriarcal que es la familia nuclear.

En España, recientemente, se aprobó [sic] la denominada ‘ley trans’. A la aprobación le precedió un ambiente violento, lleno de insultos y amenazas en redes sociales por parte, en su mayoría, de feministas cis transexcluyentes. ¿Por qué se siente amenazada una parte del feminismo con la visibilidad de las personas trans?
La situación en Reino Unido fue análoga, hasta cierto punto, a la de España. Se estaba intentando sacar adelante un proyecto de ley para facilitar la vida de las personas trans y, básicamente, despatologizar el proceso de transición. Por desgracia, en Reino Unido no se aprobó. Lo que sí sucedió es que, una ley que pretendía dejar de considerar a las personas trans como enfermos mentales, suscitó un debate muy abstracto sobre lo que era el género con argumentos desquiciados. Igual que con el debate del matrimonio homosexual, espero que una vez aprobada la ley en España, se cierre el debate. En lo que respecta al feminismo, las mujeres que llegan a él lo hacen con cierto dolor. Hay un cierto trauma por la experiencia patriarcal. Es normal que dentro del feminismo haya ira y que esa ira se destine a la diana que no toca, a un objetivo incorrecto. El feminismo transexcluyente es muy esencialista y cualquiera que intente cruzar esa brecha entre sexos, hombres y mujeres, es sospechoso o amenazante. Las mujeres trans somos una sospecha para este sector del feminismo.

Una de las máximas en la profesión del periodismo es la búsqueda del cambio social. O eso creo. Las libertades individuales, para los periodistas, son intocables. Esa ambición ningún periodista de oficio la niega. Sin embargo, como narras, la asociación Trans Media Watch señaló que, cuando se trata de personas trans, los periodistas se erigen como policía moral.
No quiero ofenderte como periodista, yo también he estado ahí [ríe], pero sí recuerdo estar en estos ambientes donde básicamente todos los periodistas son similares, se parecen bastante. Los medios de comunicación se apropian de esa idea de objetividad, de verlo todo desde la distancia, de querer averiguar una verdad... pero no se dan cuenta de que quienes forman parte de los medios tienen un trasfondo cultural, económico, racial o de clase muy parecido. Lo que acaba pasando es que se pierde de vista a todas aquellas personas que no tienen acceso a estas plataformas, a estos altavoces. Dentro de los medios de comunicación hay poquísima gente trans, mucho menos en posiciones de responsabilidad. Son otros los que marcan los términos del debate. ‘Lo trans’ se discute en habitaciones llenas de gente donde no hay una sola persona trans. Cuando no hay presencia de personas trans, los medios permiten hablar de una forma cada vez más deshumanizadora.

“No somos una ‘cuestión’ que haya que debatir”, escribes. También que se habla más de los problemas que otras tienen con vosotras —quién entra en los baños públicos o cómo se usa un santísimo idioma— que de vuestros problemas —acoso, invisibilización, desempleo, pobreza, exclusión—.
Eso es lo que he intentado exponer en el libro: contar de qué hablamos realmente cuando hablamos de las personas trans y por qué. Pasar de lo que las personas cis creen que es lo que denominan “cuestión trans” , que no es más que la cristalización de sus miedos y ansiedades alrededor de ‘lo trans’. Dar la vuelta a esto y hablar de lo que realmente atraviesa a las personas trans.

¿Quién impone el marco?
Hay un intento deliberado de enmarcar el debate en estos términos. Los medios de comunicación propiedad de Ruper Murdoch, que son muy de derechas y están muy a favor del gobierno de Boris Johnson, llevan años trabajando este pánico antitrans: somos uno de los grupos que se usa como chivo expiatorio para distraer. Hemos tenido el Brexit, una desastrosa gestión de la pandemia y estamos sufriendo duras medidas de austeridad económica, es deliberado este intento de distraer la atención de la gente. Por otro lado, cuando alguien dice una barbaridad y se lo hacen notar —“oye, esto no es tolerable”— se lo toma como un ataque personal —“¡una turba me está atacando!”—. Una simple llamada de atención que se da la vuelta.

¿Puedes explicar esa sensación de desamor que sentiste cuando empezaste la transición médica?

Así lo formula de forma precisa Andrea Long Chu, escritora trans. Es curioso porque justo antes de ponerme con este libro tuve un desamor, una ruptura con alguien que me importaba mucho y tuve que disculparme con todas mis amigas porque cuando venían a hablarme de sus desamores, a llorarme, yo creía que lo entendía. Pero ahora sé que hasta entonces solo había tenido relaciones sentimentales con gente que tampoco me importaba tanto. Rompía y lo superaba rápidamente. Tuve que decirles que ahora sí lo entendía, que no sabía que esto podía doler tantísimo. Me parece una forma bonita de expresarlo porque este desamor que causa la disforia de género es tal, muchas veces, porque te imaginabas un futuro que ahora está hecho cenizas, porque echas de menos, es una especie de duelo. Una vez que entiendes esto empiezas a dar pasos hacia la transición para reconstruir tu futuro. Es una sensación universal, sí, pero no creo que sea necesario que todo el mundo lo entienda. Yo no tengo la experiencia de perder a un progenitor y eso no me impide empatizar y apoyar a amigas mías que sí lo han perdido. Sin saber exactamente qué se siente.

Si existiera una lista de prioridades en políticas trans, escribes, la reforma de la atención sanitaria y su impacto en la vida cotidiana ocuparían uno de los primeros puestos precisamente por ello, por el efecto inmediato en la mejora de la experiencia vital. Lo mismo con las escuelas. Según una investigación de la organización LGTBQ+ Stonewall, el 64% de los menores trans británicos declararon haber sufrido acoso escolar por ser trans o por su “orientación sexual percibida”. ¿Qué está pasando en los patios de los colegios?
En los colegios hay mucha homofobia y mucha transfobia, pero no viene directamente o solo en casa. La aprende en el mundo adulto. Cada vez más niñes salen del ‘armario trans’ antes y se encuentran con un mundo que no está preparado, con una comunidad educativa que no está preparada, con maestros que se criaron en un mundo abiertamente tránsfobo y que no saben cómo hablar del tema o cómo parar los pies al acoso. Lo que pasa, y me imagino que en España de la misma forma, es que los gobiernos no han priorizado la educación LGTBQ+. Hay que insistir en lo inaceptable del acoso. Si se corta de raíz siendo pequeños, no alcanzarán los niveles de transfobia que hay en el mundo adulto.

Volviendo al principio y para acabar: ¿hay esperanza?
Cualquier política progresista se alimenta de la esperanza de un futuro mejor. Caer en la desesperación o el nihilismo no nos lleva a nada. El sistema capitalista vive de robarnos la alegría y la fe de perseguir un mundo donde la felicidad sea colectiva. No pretendo ocultar, dicho esto, que la situación es grave. Algunos días me quita el sueño y otros me cuesta levantarme por la mañana. Por eso, por ejemplo, ya no estoy en algunas redes sociales. No tener ese torrente constante de todo lo malo del mundo generándome ansiedad en Twitter ayuda bastante. También me ayuda pensar en otros movimientos sociales del pasado, con su visión de una imaginación radical sobre el futuro, y en todo lo lejos que han llegado. Creo que la esperanza es el motor que nos impulsa, pero no hemos de mirar hacia otro lado ni ocultar la gravedad de la situación de la época en la que vivimos.

martes, 1 de marzo de 2022

#hemeroteca #trans #transfobia | Shon Faye: ''La transfobia es fascista"

Cadena SER / Shon Faye //

Shon Faye: ''La transfobia es fascista".

La escritora inglesa publica 'Trans. Un alegato por un mundo más justo y más libre' donde explica cómo la educación y la sanidad públicas sirven para mejorar las vidas de las personas trans.
Pepa Blanes | Cadena SER, 2022-03-01
https://cadenaser.com/2022/03/01/shon-faye-la-transfobia-es-fascista/ 

Su ensayo 'Trans' ha vendido más de 30.000 copias en Inglaterra en pocos meses, aborda con claridad y didactismo los temas más delicados y polémicos en torno a las personas trans. Con 33 años se ha convertido en escritora y activista que acaba de aterrizar en España de la mano de Blackie books. Para Shon Faye lo importante es mostrar que mejorar la vida del colectivo es mejorar la sociedad en su conjunto y que las luchas de la gente trans son luchas materiales y económicas. Con un alto porcentaje de paro, con falta de acceso a la sanidad y los servicios sociales, ser trans, señala la autora, no es un capricho identitario, sino una cuestión mucho más compleja que deja ver las grietas del sistema capitalista y patriarcal.

En su libro dice que quiere centrarse en los problemas que atañen al colectivo trans en realidad, y son problemas como la vivienda, el trabajo, la precariedad, de los que nunca se habla cuando se menciona a las mujeres y a los hombres trans, ¿por qué?
Creo que uno de los problemas a los que me he enfrentado en UK, es que la conversación sobre las personas trans se centran solo en lo identitario, en qué significa el género, qué significa ser mujer y ser hombre. Creo que eso por sí solo deshumaniza a las personas trans y verlas en un imaginario diferente que no necesita las necesidades materiales y normalmente no tiene a las personas en le propia discusión. Me interesaba mostrar que hay muchas desventajas materiales para las personas trans, el trabajo, los servicios... y que tienen que hacer frente a ello en una sociedad muy hostil.

Eso rompe un pongo una crítica que desde sectores de la izquierda, al menos en España, se hace a lo trans o a lo LGTBIQ, que es que la identidad quita tiempo de la lucha material, ¿usted qué les diría a estos señores?
La gente suele enmarcar dentro de la izquierda también en la derecha, a las minorías como políticas cool. Pero eso no es así, tienen desventajas políticas. No tienen trabajo, no tienen lugar para vivir en muchos sitios o sufren discriminación. O sanidad. Todas las demandas sobre las mujeres o lo LGTB, parece Las demandas políticas de las personas trans son políticas de las que nos beneficiamos todos en la sociedad.

Dice que la transfobia es el nuevo fascismo, ¿de qué manera?
Transfobia es como el fascismo porque cuando piensas en los grupos fascistas en la extrema derecha desde Estados Unidos, Hungría o Rumania, se preocupan sus papeles como personas de familia conservadora y ahí no entran las personas trans.

¿Sale barato hacer bromas o insultar a las personas tans, más que a otro colectivo?
No creo que las personas trans sean las únicas que son insultadas. También están los gitanos o los musulmanes e inmigrantes que reciben muchos insultos incluso en los medios de comunicación. No sé qué pasa en España, pero creo que la razón por la que sale barato el insulto a las personas trans en Inglaterra o Estados Unidos es porque los medios de comunicación llevan años haciéndolo durante décadas ese tipo de discursos. Hay una ridiculización de las personas trans y eso da licencia a la gente a hacerlo. Creo que la cuestión del género pone incomoda a mucha gente, que ve amenazado el orden social con la ruptura del binarismo.

Al inicio del ensayo menciona la serie Veneno y el cine de Almodóvar como ejemplos que le han ayudado, ¿hasta qué punto es importante que haya relatos audiovisuales diversos?
Como mujer trans, en un nivel personal, es importante, porque yo he crecido en un mundo que representa a las mujeres trans en la cultura popular de manera muy sesgada. De manera silenciosa, fea, a veces peligrosa y eso te hace un daño psicológico enorme cuando creces. Las personas trans creemos en una cultura que lance mensajes positivos también, que hable de las motivaciones, de cómo somos, que hablen de nuestra humanidad, de que tenemos más cosas en común que diferencias con los demás.

¿Duelen más las críticas a lo trans cuando vienen del movimiento feminista?
Creo que es muy específico cuando esas críticas vienen del movimiento feminista, en particular para las mujeres trans. La mayoría de las personas trans son feministas y reconocemos que la presión social sobre mujeres y trans es similar y debemos luchar juntos. También hemos experimentado machismo nosotras. ES necesario que luchamos juntas contra el patriarcado, contra la extrema derecha, contra la desigualdad. Es una pérdida de engría, en realidad, me pone triste porque creo que tenemos más cosas en común que diferencias. Quizá muchas esperábamos que el feminismo fuera un lugar seguro, y no con esa lucha feroz entre mujeres. Eso sí, nosotras seguimos explicando que estamos más juntas de lo que parece.

La primera frase del libro es: "La liberación de las personas trans mejoraría las vidas de todo el mundo en nuestra sociedad". ¿Por qué cuesta tanto explicar esto?
Porque el capitalismo nos imprime una mentalidad muy esquemática y nos hace no confiar en los otros y en los derechos de otros. Algunos creen que los movimientos identitarios pueden ser una amenaza y hay que mantenerse lejos, porque piensan que te pueden quitar tus beneficios. Cuando en realidad los beneficios solo se los queda el sistema.

Hay un aspecto interesante en el de los hombres trans, ¿por qué tienen menos visibilidad?
Creo que los hombres trans tienen menos visibilidad porque las mujeres son más fáciles de mercantilizar. Pueden salir en portadas de revistas, ser modelos, hay algo de fascinación en ver la transición de mujeres que no está en ver la de los hombres. En su caso es mucho más difíciles sexualizarlos. Así que de alguna manera se vuelven invisibles, es un tipo también de transfobia, porque no están representados y mucha gente hace como si no existiesen. De las mujeres trans se dice que son peligrosas a veces, pero en el caso de los hombres se les infantiliza y hasta se les quita su sexualidad. Quería hablar de ellos en el libro porque tenemos muchas pruebas de que su experiencia también viene asociada a episodios de violencia, de discriminación en los servicios públicos, ya que no pueden estar seguros ni un espacio con mujeres ni con hombres. La transfobia adquiere una forma distinta en su caso.

Menciona también el caso de los niños trans, quizá uno de los que más polémica genera, pero también hay cierta esperanza en su ensayo, ¿creo que las nuevas generaciones lo van a tener algo más fácil?
Bueno, puede que sí, pero fíjate lo que ha pasado en Texas, donde van a quitar a los niños a las familias que les permitan hacer una transición. Eso me da mucho miedo. Es un ejemplo de que los niños trans son los más vulnerables. Al final no tienen voz. Cuando yo crecí nadie hablaba de personas trans. Yo no sabía lo que era, pensaba que sería gay, estaba muy confundida. Ahora la gente joven lo sabe antes, pero creo que hay otros riesgos, el acoso, el rechazo familiar... No creo que sea fácil para nadie, pero para algunos niños puede ser más fácil ahora que antes. También es verdad que se pueden ver reflejados en la cultura popular y eso ayuda. Ahí está el ejemplo de la serie ‘Euforia’.

martes, 22 de febrero de 2022

#hemeroteca #trans #transfobia | Shon Faye: "La transfobia es un pensamiento fascista"

El Periódico / Shon Faye //

Shon Faye: "La transfobia es un pensamiento fascista".

La autora de 'Trans. Un alegato por un mundo más justo y más libre' (Blackie Books) aboga por la solidaridad entre minorías y clama contra el rechazo por parte de ciertas corrientes feministas.
Beatriz Pérez | El Periódico, 2022-02-22
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20220222/entrevista-shon-faye-trans-transfobia-fascismo-13274864 

¿Qué significa ser trans en una sociedad transfóbica? Esta es una de las muchas preguntas que aborda la activista y escritora Shon Faye (Bristol, 1988) en su ensayo 'Trans. Un alegato por un mundo más justo y más libre' (Blackie Books). A lo largo de casi 400 páginas, la autora analiza las vidas de las personas trans y acaba ofreciendo un manifiesto por la justicia y la solidaridad entre todas las minorías sociales. Faye ha trabajado en Amnistía Internacional y colaborado con medios como 'The Guardian', 'The Independent' y 'Vice', y es la creadora del podcast 'Call me mother'.

¿Por qué, como dice usted, "la liberación de las personas trans mejoraría las vidas de todo el mundo en nuestra sociedad"?
Porque las cosas que mejorarían la vida de las personas trans -uno de los grupos más marginados y vulnerables socialmente, aunque no el único- mejorarían también la vida de la sociedad en general. Hablo del acceso a la vivienda, de una ausencia de violencia, del derecho a una autonomía corporal, del acceso a los sistemas sanitarios. En el fondo, el sistema de género no solo perjudica a las personas trans, sino a las mujeres en general, a las personas LGTBI e incluso a los hombres que se ven obligados a reprimir un montón de cosas.

Usted insiste en que no quiere caer en lugares comunes. Por ejemplo, prefiere no entrar en el debate de si es justo o no que las mujeres trans compitan contra mujeres cisgénero (mujeres cuya identidad de género concuerda con el sexo asignado al nacer). ¿Es este debate, ahora tan en boca de todos, una pérdida de tiempo de verdad?
El deporte de élite y cómo encajan las personas trans en él es un tema que afecta a un número ínfimo de personas. Yo preferí centrar el debate en los problemas reales que afectan a las personas trans, que en casi su totalidad nunca participarán en el deporte de élite. Y por eso hablo mucho del trabajo sexual, porque la industria sexual es uno de los mayores empleadores de las personas trans. Un número inmenso de personas trans pasan por esta industria en algún momento [casi el 50% de las personas trans han ejercido en algún momento la prostitución, según el estudio 'Transexualidad en España: Análisis de la realidad social y factores psicosociales asociados', realizado por la Universidad de Málaga en 2012]. Los medios, que en su mayor parte están compuestos por personas cisgénero, hablan solo de sus neurosis y miedos como los cuartos de baño, los vestuarios y los deportes de élite. Yo quería centrarme en los problemas que de verdad afectan a la comunidad trans, como la vivienda, el trabajo, el bienestar, la precariedad.

Dice que la pobreza y el sinhogarismo son dos cuestiones trans. ¿De qué manera?
Las personas trans se ven afectadas de una forma desproporcionada por la pobreza y el sinhogarismo [sufren hasta el doble de desempleo que la población general, según el informe 'A broken bargain of transgender workers', de 2014]. Una cosa que está pasando ahora es que las personas trans salen del armario a una edad cada vez más temprana, algo que por un lado es bueno pero que por otro significa que, al ser a menudo rechazadas por sus familias y comunidades, se quedan en la calle antes. Y el sinhogarismo es algo que se puede enquistar en la vida de una persona si empieza a edades muy tempranas. A mí me gusta mucho volver al movimiento LGTBI de Nueva York, en los 70, con las revueltas de Stonewall y el trabajo de Marsha P. Johnson y Sylvia Ribera. Las dos eran personas que se salían de los estándares de género y pusieron mucho el foco en acoger a todas estas personas que se quedaban en los márgenes. Ahí las comunidades LGTBI empezaron a trabajar para dar hogar a estas personas, a cuidarse entre ellas. Al final la vivienda es un tema muy importante dentro de la problemática trans, pero se toca muy poco porque quien ocupa las posiciones de poder dentro los medios o las organizaciones LGTBI suele ser gente como yo, privilegiada, de clase media; gente que no percibe esta precariedad.

¿Por qué es un error hablar de cuerpos equivocados al referirse a personas trans?
Me parece una metáfora muy torticera. Entiendo que es una forma de explicar la disforia de género [la ansiedad que sienten las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer] a gente que nunca la ha sentido. Sin embargo, no me parece una metáfora válida. Primero, porque yo no creo en esto de un cerebro de mujer en un cuerpo de hombre. Segundo, porque es algo mucho más complejo. Sí que entiendo que [la disforia] es algo que afecta a las personas trans, una emoción muy potente que nos hace sufrir mucho, y por eso en el libro utilizo la idea de desamor, de que te rompen el corazón. Como cuando terminas una relación sentimental y esa persona se va pero se queda ese luto por esa vida que imaginabas que tendrías y que ves que se esfuma ante tus ojos. Creo que esto se acerca más a describir lo que es la disforia de género: esa sensación de que hay una vida que podrías estar viviendo pero que de algún modo te es imposible vivir. Y pienso que, si tenemos a tantas personas trans expresando este sufrimiento, a lo mejor hay que creerlas sin tener que entender exactamente qué están sintiendo y apoyarlas sin la necesidad de que todo nos quede clarísimo.

¿Por qué la lucha de las personas trans es también una lucha de clases?
Cuando yo trabajaba como periodista lo hacía para medios de izquierdas donde muchas veces te encontrabas a gente que decía que el tema trans no era política social, sino políticas identitarias, individualistas. Y aquí lo que yo intento hacer es defender que las personas trans, en tanto que trabajadoras en su gran mayoría precarizadas dentro de este sistema, forman parte de cualquier tipo de demanda o reivindicación socialista o de mejora de la sociedad. Hasta que no entendamos que la liberación de las personas trans -que siempre han necesitado de la izquierda y han estado presentes en sus manifestaciones y reivindicaciones- está englobada en una liberación de la clase trabajadora en general, no saldremos de ahí.

Por eso dice también que no puede haber liberación trans bajo el paraguas del capitalismo.
Evidentemente, de la misma manera que creo que tampoco las mujeres pueden ser verdaderamente libres bajo el paraguas del capitalismo, porque es un sistema que explota a muchos para el beneficio de muy pocos. Vivimos en un sistema totalmente insostenible, que está destrozando el planeta, mientras unos pocos, una élite minúscula, amasa una riqueza cada vez más obscena. Dicho esto, que crea que no habrá una liberación total bajo el capitalismo no significa que no crea que podemos hacer muchísimas cosas ahora por mejorar las condiciones de vida de las personas trans y de mucha más gente en general. Por ejemplo, en forma de vivienda pública, de asistencia legal, de sistemas de salud.

Sorprende que exista transfobia dentro del movimiento feminista y LGTBI. ¿A qué se debe?
La verdad es que es muy injusto y triste que, desde la izquierda, las personas trans suframos este rechazo. Es esperable que venga de la derecha, pero encontrárnoslo en nuestro propio lado y desde el mismo feminismo es muy descorazonador. Deberían ser las mismas personas que se consideran izquierdistas las que planten cara a esta transfobia. Y esto en el fondo es lo que intento hacer en el libro: dar a las personas cisgénero información para plantar cara a la transfobia. Nosotras, las personas trans, ya estamos agotadas, les toca a las personas cis hacer este trabajo. Es muy importante tener en cuenta que el pensamiento tránsfobo es un pensamiento esencialmente fascista.

¿Qué le parece la ley trans de España?
En el Reino Unido pasamos por algo similar con una propuesta de ley que básicamente pretendía despatologizar a las personas trans y que tuvieran derecho a autodeterminar su sexo sin un proceso médico. Desgraciadamente en Reino Unido la ley no se aprobó como en España. Por lo que tengo entendido, en España esta propuesta de ley, antes de ser aprobada, suscitó todo un debate en el que mucha gente se vio legitimada a dar rienda suelta a opiniones llenas de prejuicios. Y, sin embargo, la idea de desligar la transición del proceso médico [la ley trans española permite que una persona puede cambiar su nombre y sexo en el DNI solo con su voluntad, sin necesidad de informes médicos y años de hormonación] es algo muy positivo porque viene de una época en que se consideraba que las personas trans eran enfermas mentales. Yo espero que, ahora que en España la ley ha sido aprobada, este debate muera, una vez que se vea que ninguna de las predicciones agoreras se cumple. Además, creo que esta ley o este tipo de iniciativas abren el debate de por qué debe el Estado asignarnos un sexo y por qué este debe estar reflejado en nuestra documentación personal. ¿Por qué nuestro sexo biológico no es algo que hablemos solamente con nuestro médico? En nuestra documentación no se establece una raza legal o un color de pelo legal.

Pese al aumento de la homofobia y la transfobia, estamos en un momento de que hay más representación LGTBI que nunca. ¿No es paradójico?
Ambas cosas van de la mano. Una mayor visibilidad es algo positivo, pero por otro lado conlleva un aumento de represalias, como una respuesta reaccionaria a ese aumento de visibilidad, que quiere reprimirla y devolverla al armario. Creo que es algo un poco inevitable. Ahora hay muchas marcas que se aprovechan del tirón LGTBI y utilizan a muchas personas del colectivo en sus campañas, y creo que si aúpas y fomentas esa visibilidad tienes que asumir la responsabilidad de proteger a esas personas de las represalias que pueden sufrir.

Preocupa que en países como Francia, por ejemplo, parte del movimiento LGTBI apoye a políticos como Le Pen.
Es importante recordar que pertenecer a una minoría no te exime de alinearte con el poder hegemónico, ya que eso te da un estatus y una protección que no tendrías de lo contrario. Por desgracia ser miembro del colectivo LGTBI no te exime de determinadas tendencias políticas, es algo que vimos en Francia con Le Pen, en Estados Unidos o Reino Unido. Por eso hablo tanto en el libro de temas como la inmigración, porque es importante recordar que muchas veces las personas que forman parte de plataformas que luchan por los derechos LGTBI suelen ser gente blanca, de clase media, privilegiada. No tengo una respuesta sobre qué hacer con esto. Solo puedo decir que hay que mantener una conversación sobre esto para seguir avanzando porque tu identidad sexual no siempre va a estar alineada con tu ideología política. Ser homosexual o trans es solo una faceta de tu identidad que se ve atravesada por otras muchas cosas, como la clase o la raza, y quizás en este sentido pese más el hecho de ser blanco, con papeles y de clase media que cualquier otra cosa.

miércoles, 19 de enero de 2022

#libros #trans | Trans : un alegato por un mundo más justo y más libre

Trans : un alegato por un mundo más justo y más libre / Shon Faye ; traducción de Rosa María García.

Barcelona : Blackie Books, 2022 [01-19]
384 p.

/ ES / EN* / Libros / ENS / Activismo / Derechos / Trans / Transexualidad
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418733475 / 22,90 €

[.es] ¿Por qué todo el mundo habla de lo trans? Podría extrañarnos de entrada ese interés sospechosamente repentino por la liberación de una minoría. Y sin embargo el debate, partidista e ignorante, sobre riesgos y supuestos anecdóticos, predomina en los medios. Un debate y una polémica que a menudo pasan por alto el sufrimiento y la dignidad de sus protagonistas. Este libro es el texto definitivo para entender el debate, pero sobre todo para empezar a escuchar a las personas. También es la historia de una lucha que debería ser de todxs. Por todxs y por todo. Que va más allá de la escena en el vestuario deportivo o en el baño de un bar. Que tiene que ver con la vivienda, la sanidad, el trabajo, el amor, la vida. Que tiene que ver con el mundo en el que queremos vivir. La aprobación [sic] de la Ley Trans desató en España una polémica de alto voltaje muy similar a la de otros países. Leer a Shon Faye, referente absoluto de estos temas en Gran Bretaña, nos enseña no solo que el tema es global, sino que urge entenderlo para que nadie más sufra sus consecuencias.