Mostrando entradas con la etiqueta Rowling. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rowling. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | Bien lejos de JK Rowling

La Vanguardia / La (sin nombre) Rowling //

Bien lejos de JK Rowling.

El quidditch reniega de la autora y se llamará quadball.
Begoña Corzo Suárez | La Vanguardia, 2022-07-23
https://www.lavanguardia.com/gente/20220723/8426893/lejos-jk-rowling.html 

El quidditch, el deporte aéreo inventado por JK Rowling en los libros de ‘Harry Potter’, gustó tanto en su adaptación al cine que dio lugar a un deporte real (con la salvedad, obviamente, de que se juega sin escobas voladoras ni pelotas mágicas). Sin embargo, las principales agrupaciones de quidditch repartidas por todo el mundo se han puesto de acuerdo para cambiar de nombre y distanciarse de la franquicia y de su creadora. A partir de ahora, los atletas se montarán en escobas para jugar al quadball.

Las distintas asociaciones han anunciado que toman esta medida para alejarse de los comentarios “tránsfobos” de la autora. Aunque detrás de esta decisión sin duda tiene mucho peso que no poseen los derechos sobre el nombre quidditch, marca registrada propiedad de los estudios Warner Bros, que posee los derechos sobre las adaptaciones cinematográficas de ‘Harry Potter’.

La autora ha sido tachada varias veces de feminista radical y tránsfoba
JK Rowling acostumbra a publicar sus reflexiones en Twitter sobre los derechos de las mujeres y niñas. En uno de los últimos explica: “Creo que las mujeres son susceptibles de ciertos daños y tienen necesidades específicas y que el feminismo es necesario para asegurar y proteger nuestros derechos”. La autora ha sido tachada varias veces de feminista radical y tránsfoba por defender que el sexo biológico de las personas es real y “no una ilusión”.

En el 2020 recibió duros ataques por un tuit en el que hablaba de mujer y menstruación: “Opinión: Creando un mundo poscovid-19 más igualitario para la gente que menstrúa” e ironizó con que “esa gente que menstrúa” “solía tener un nombre”, en alusión a la mujer. Esta publicación indignó a grupos que consideran esa perspectiva discriminatoria.

La liga oficial del hasta ahora conocido como quidditch recordó en un comunicado que la escritora “fue objeto de un creciente escrutinio por su postura antitrans en los últimos años”, y cree que el cambio de nombre servirá para “crear oportunidades para el crecimiento, la exposición y las asociaciones con distintos patrocinadores”.

Desde su nacimiento en el mundo real, el ahora quadball tiene una norma conocida como la regla del género o del “máximo cuatro”, por lo que entre los siete jugadores (tres cazadores, dos golpeadores, un guardián y un buscador) con los que comienza un partido, siempre debe haber paridad. El máximo, cuatro jugadores de un mismo género. En apoyo a la comunidad LGTBI, el género de cada jugador es con el que esa persona se identifique.

Mientras que la US Quidditch ya ha cambiado su nombre con efecto inmediato a US Quadball (en su perfil, además, aparece la bandera del colectivo trans, rosa, azul y blanca), la Major League Quidditch esperará hasta después de su torneo más importante, que se celebrará este agosto.

jueves, 21 de julio de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | J.K Rowling, de ser la primera escritora multimillonaria de la historia a odiada por tránsfoba

La Vanguardia / Rowling, terfa //

J.K Rowling, de ser la primera escritora multimillonaria de la historia a odiada por tránsfoba.

El último libro de la colección de J.K. Rowling se estrenó hace hoy 15 años. La saga se ha convertido en una de las más rentables de la historia.
Marta Menéndez | El Independiente, 2022-07-21
https://www.elindependiente.com/tendencias/cultura/2022/07/21/j-k-rowling-de-ser-la-primera-escritora-multimillonaria-de-la-historia-a-odiada-por-transfobia/ 

Se inspiró en la barra del bar The Elephant House con un café con leche infinito y Jessica en brazos, aunque la idea se le había ocurrido tres años antes, cuando viajaba en tren de Manchester a Londres. Las páginas en blanco eran su único refugio después de las palizas, y la magia, los Dementores, y aquel niño joven aprendiz de gafas redondas en Hogwarts, su terapia. «De repente, la idea de Harry apareció en mi imaginación, simplemente. No puedo decir por qué, o qué la desencadenó, pero vi la idea de Harry y de la escuela de magos muy claramente. De pronto, tuve la idea básica de un niño que no sabía quién era, que no sabía que era mago hasta que recibió una invitación para asistir a una escuela de magia. No he estado nunca tan entusiasmada con una idea».

Joanne Rowling (Reino Unido, 1965), más conocida como J.K Rowling, nació en Yate, en Reino Unido. Ya desde niña escribió historias que solía contarle a su hermana menor, y fue su fascinación por la autobiografía de Jessica Mitford lo que la impulsó a estudiar una doble titulación en filología francesa y clásica en la Universidad de Exeter. Muy pronto se trasladó a Oporto para trabajar como maestra de inglés, donde conoció a Jorge Arantes, un periodista portugués con quien, pese a sus numerosas infidelidad, agresiones y alcoholismo se casó en julio de 1993 y tuvo una hija, Jessica. Su historia de amor fue tan efímera como tormentosa. Tanto, que Rowling sufrió de depresión clínica y llegó a plantearse el suicidio. «Si no lo dije antes no es porque me avergüence, sino porque recordar es traumático. Las cicatrices de la violencia no desaparecen, no importa cuán amada seas, ni cuánto dinero hayas hecho», señaló la británica.

En noviembre de 1993 la escritora huyó a Edimburgo y allí, sin empleo y viviendo de los subsidios que le otorgaba el Estado, Joanne completó su primera novela, ‘Harry Potter y la piedra filosofal’, que se publicaría cuatro años más tarde por Bloomsbury, una pequeña editorial británica de Londres, después de ser enviado y rechazado por otras doce. Rowling tuvo que esconder su verdadero nombre antes de publicarla porque la editorial temió que los lectores tuvieran reticencia a comprar libros escritos por una mujer. Así, la escritora y productora de cine empezó a utilizar dos iniciales, y no su nombre de pila. «Mi editor, el que publicó ‘Harry Potter’, me dijo ‘Creemos que este libro es para chicos y chicas’, así que dijeron ‘¿Podemos usar tus iniciales?’ Básicamente, estaban intentando esconder mi género».

Pocos meses después de la publicación del primer libro de la saga que dio vida al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, la empresa editora de libros estadounidense Scholastic Press, compró los derechos de la novela para Estados Unidos, por una suma superior a los 14,5 millones de pesetas, una cifra muy importante para un libro infantil que reafirmó su éxito y dio lugar a un fenómeno literario que la prensa denominó «pottermanía» y que vino seguido de ‘Harry Potter y la cámara secreta’, ‘Harry Potter y el prisionero de Azkaban’, ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’, ‘Harry Potter y la Orden del Fénix’, ‘Harry Potter y el misterio del príncipe’ y ‘Harry Potter y las reliquias de la Muerte’, que salió a la venta tal día como hoy en 2007.

La historia de Harry Potter se convirtió en la serie de libros más vendida de todos los tiempos, con 500 millones de copias vendidas y traducida a más de 76 idiomas. Pero además, las últimas cuatro novelas han marcaron un hito como los libros que más rápido se vendieron en la historia; y la última fue el ‘bestseller’ instantáneo que superó a todos los anteriores: solo en los Estados Unidos, vendió once millones de copias en menos de 24 horas. Asimismo, producidas por el estudio estadounidense Warner Bros, que se asoció con la productora de David Heyman, de todos los libros de la saga se ha hecho una película, a excepción del último libro, cuya adaptación cinematográfica ocupó dos películas distintas; y, no solo con eso, la historia del mago saltó al teatro en 2016 como una «octava historia» que relata la parte que no se ha contado sobre la vida de Harry y la historia de sus padres, Lily y James. «Es muy emocionante explorar el mundo de Harry de una manera nueva, a través del teatro. Las diferentes colaboraciones en esta historia son estimulantes para todos nosotros y estamos ansiosos al estreno», comentó la autora.

En 2008, J.K Rowling se convirtió en la primera mujer en entrar en el club de los milmillonarios de ‘Forbes’, donde permaneció hasta 2014, cuando la revista apuntó que la escritora había gastado su fortuna en «actos de filantropía y en pagar rigurosamente los impuestos de su país».

Después de Harry Potter la escritora escribió ‘Una vacante imprevista’, una novela de humor negro que tuvo su adaptación en la pequeña pantalla gracias a HBO; ‘El gusano de seda’, ‘El oficio del mal’ y ‘Lethal White’, de temática policíaca.

Las redes la acusan de transfóbica
La escritora británica está en el ojo del huracán desde 2019 debido a sus opiniones sobre los derechos de las personas transgénero, y casi ha pasado de ser alabada por los seguidores de la saga del niño mago, a odiada por los mismos.

J.K Rowling dejó en Twitter unas controvertidas declaraciones sobre las personas trans, específicamente sobre las mujeres transgénero, diciendo que, esencialmente, «no eran mujeres» y se posicionó a favor de Maya Forstater, consultora del ‘think tank’ Centre for Global Development, que había perdido su empleo debido a sus tuits transfóbicos. «Cuando abres las puertas de los lavabos y los vestuarios a cualquier hombre que cree o siente ser una mujer (...) le estás abriendo la puerta a cualquier hombre que quiera entrar», afirmó.

Sus opiniones en los últimos años han sido tan polémicas que han provocado un tsunami de críticas hacia su persona, incluyendo a varias estrellas de la saga cinematográfica de Harry Potter como Daniel Radcliffe o Emma Watson. «Las personas trans son quienes dicen ser y merecen vivir sus vidas sin ser cuestionadas constantemente».

Y TAMBIÉN…
J.K. Rowling acusada de transfobia en Twitter por comentario sobre menstruación.

La escritora ha sido tildada de “feminista radical que excluye a los trans” por defender que el sexo biológico de las personas es real y “no una ilusión”.
EFE | La Vanguardia, 2020-06-07
https://www.lavanguardia.com/gente/20200607/481654614948/jk-rowling-transfobia-twitter-menstruacion.html
>
Escuela británica retira el nombre de J.K. Rowling, acusada de transfobia.

Un colegio británico decidió retirar el nombre de J.K. Rowling de uno de sus edificios y rebautizarlo debido a las controvertidas opiniones de la autora de la célebre saga de Harry Potter sobre cuestiones de transexualidad, que le valieron acusaciones de transfobia.
AFP | Destino Panamá, 2022-01-05
https://destinopanama.com.pa/2022/01/05/escuela-britanica-retira-el-nombre-de-j-k-rowling-acusada-de-transfobia/

martes, 17 de mayo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf #ideologiadeodio | Un colegio humilla públicamente a una alumna durante meses por cuestionar la teoría queer

Libertad Digital / Una imagen ajena a la noticia //

Un colegio humilla públicamente a una alumna durante meses por cuestionar la teoría queer.

Una de las profesoras del centro ha alertado de "la similitud de la ideología trans con el fundamentalismo religioso".
Libertad Digital, 2022-05-17
https://www.libertaddigital.com/internacional/estados-unidos/2022-05-17/un-colegio-humilla-publicamente-a-una-alumna-durante-meses-por-cuestionar-la-teoria-queer-6897676/ 

Un colegio privado del Reino Unido ha humillado durante meses a una alumna por asegurar que existe una "realidad biológica" que determina qué es ser un hombre y qué es ser una mujer. La joven ha sido castigada como "una hereje" por cuestionar la teoría queer, y durante meses ha sufrido acoso y agresiones por parte de sus compañeras, con la connivencia del centro escolar, que llegó incluso a ponerla "en cuarentena".

La historia que recoge The Times cuenta cómo el centro escolar organizó una charla sobre transfobia destinada a los alumnos de segundo ciclo. Durante la sesión, una de las alumnas, de 18 años, cuestionó las afirmaciones.

"El lenguaje que estaba usando implicaba que la teoría queer tenía prioridad sobre la realidad biológica a la hora de definir a las mujeres", señaló la alumna a The Times. "Cuando cuestioné eso, ella dijo que no era un problema de semántica y añadió que las personas trans no tienen derechos humanos básicos en este país. Después hablé con ella y le dije que lo sentía si había parecido grosera".

Cuando la joven regresó al aula, unas 60 chicas la rodearon. Comenzaron a gritar, la insultaron y la escupieron. Ella escapó, prácticamente en estado de shock, incapaz de respirar con normalidad.

Los profesores, cuenta The Times, inicialmente la apoyaron, pero cuando salió a relucir la palabra ‘transfobia’ en las acusaciones, la cosa cambió. Se disculparon con las agresoras por no haber sabido mantener un "espacio seguro" en el centro. También amenazaron a la alumna díscola con obligarla a estudiar en la biblioteca si volvía a mencionar el tema.

La joven se quedó completamente sola y siguió sufriendo acoso por parte de sus compañeras, que también siguieron acusándola de transfobia. La situación se volvió tan insoportable que finalmente abandonó la escuela en diciembre y desde entonces, estudia desde casa.

Ella asegura que nunca ha dicho nada en contra de los trans. Sin embargo, algunos profesores no la creyeron porque otros alumnos comenzaron a hacer acusaciones conjuntas. "Me hicieron pensar que estaba loca", ha explicado la alumna. "De lo contrario, ¿cómo podría la gente volverse contra mí tan amargamente?"

Fundamentalismo transgénero
Una de las profesoras del propio centro aseguró tras aquel episodio que "la similitud de la ideología transgénero con el fundamentalismo religioso me alertó del peligro de lo que ha estado pasando en nuestras escuelas en los últimos años", afirmó la maestra en la web Transgender Trend.

"Atacaron a una chica de 18 años que había tenido la audacia de cuestionar esa teoría. Aunque probablemente ella fue algo ingenua al no darse cuenta de que esto es una ideología con la que simplemente no se puede estar en desacuerdo", señaló la profesora. "Es bastante escalofriante presenciar de primera mano cómo opera y crece esta ideología".

Destacó que tras la charla, términos como ‘transfóbico’ comenzaron a utilizarse con frecuencia en la escuela. "Me alertó sobre el hecho deprimente de que las niñas estaban de acuerdo en que la joven que acababa de salir corriendo en estado de pánico era a sus ojos una hereje que merecía arder en la hoguera.

La profesora también ha recordado el caso de la autora de Harry Potter, J. K. Rowling, que en junio de 2020 fue acusada de transfobia por cuestionar la expresión "personas menstruantes". Automáticamente, las redes se le echaron encima y la acusaron de "feminista radical transexcluyente", o TERF, según la terminología imperante. A día de hoy, sigue condenada y su presencia en actos publicitarios se ha limitado al mínimo.

lunes, 16 de mayo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf #ideologiadeodio | J.K. Rowling se burla de los activistas trans que boicotearon evento feminista

Quién / Incidentes en Mánchester //
J.K. Rowling se burla de los activistas trans que boicotearon evento feminista.

La autora no comprende cómo unas personas encapuchadas, que impidieron a un grupo de feministas hablar de los derechos de las mujeres, pueden considerar que se encuentran en el lado correcto.
Bang Showbiz | Quién, 2022-05-16
https://www.quien.com/espectaculos/2022/05/16/j-k-rowling-se-burla-de-los-activistas-trans-que-boicotearon-evento-feminista 

La autora de 'Harry Potter' ha reaccionado en las redes sociales al altercado que se produjo este domingo en Mánchester cuando unos activistas trans impidieron que se celebrara una charla acerca de los derechos de la mujer frente a la estatura de Emmeline Pankhurst, una de las principales figuras del movimiento sufragista, en la plaza St. Peter's Square.

El evento había sido organizado por la organización Standing For Women para "reclamar" un espacio para las voces femeninas en la ciudad, pero al final acabó dando pie a un enfrentamiento entre los dos grupos. J.K. Rowling se ha burlado de los miembros del movimiento Manchester Trans Rise Up, que se pusieron máscaras y rodearon la estatua para bloquear el acceso a ella, asegurando que se han marcado un gol en puerta propia y que solo están perjudicando su propia causa.

"Nunca esperé que el lado correcto de la historia incluiría a tanta gente con máscaras intimidando y agrediendo a mujeres, ¿verdad?", ha añadido en Twitter.

Esta red social ha sido la plataforma que la autora ha utilizado en los últimos años para dejar clara su postura acerca de la inclusión de las mujeres trans en el movimiento feminista, reivindicando el sexo biológico como la única manera de determinar el género de una persona. También ha criticado en términos muy duros las legislaciones que permiten a una persona cambiar su género a nivel legal sin someterse a una cirugía de reasignación o sin seguir una terapia hormonal.

martes, 26 de abril de 2022

#hemeroteca #lesbianismo | J. K. Rowling, acusada de aprovechar el Día de la Visibilidad Lésbica para "generar odio dentro del colectivo"

20 Minutos / 'Allison Bailey marches for LGB rights in San Francisco in 1991' //

J. K. Rowling, acusada de aprovechar el Día de la Visibilidad Lésbica para "generar odio dentro del colectivo".

La escritora puso en valor la labor de una activista que lucha por los derechos LGB, pero no por los trans.
20 Minutos, 2022-04-26
https://www.20minutos.es/noticia/4991204/0/j-k-rowling-acusada-de-aprovechar-el-dia-de-la-visibilidad-lesbica-para-generar-odio-dentro-del-colectivo/ 

Este martes es el Día de la Visibilidad Lésbica, que se celebra cada 26 de abril en diversas partes del mundo como método para exigir igualdad de derechos para las lesbianas. Pero en Reino Unido, desde 2020 se ha instaurado la Semana de la Visibilidad Lésbica, fomentada por la revista ‘Diva Magazine’.

Linda Riley, editora de la revista y fundadora de los Premios Europeos y Británicos a la Diversidad, fue quien dirigió esta iniciativa, que se celebra este año del 25 de abril al 1 de mayo y que, según su página web, tiene como objetivo tanto visibilizar a las lesbianas como "mostrar la solidaridad con todas las mujeres LGTBI y las personas no binarias de la comunidad".

Sin embargo, esta semana, la creadora de esta fecha tan señalada en Reino Unido se enfrentó a J. K. Rowling, acusada en numerosas ocasiones de tránsfoba, en Twitter por uno de sus tuits sobre su iniciativa.

"La Semana de la Visibilidad Lésbica comienza hoy en el Reino Unido. Un buen momento para resaltar la resiliencia y el coraje de mi inspiradora amiga Allison Bailey", escribió la autora de 'Harry Potter' este lunes junto a una imagen de Bailey en el Orgullo 1991 en San Francisco.

Esta abogada, que recientemente ha demandado a la ONG LGBTI Stonewall por supuesta discriminación, es una figura polémica dentro del colectivo por sus posturas sobre las personas trans. De hecho, ella se describe como una "activista de la igualdad racial y los derechos de lesbianas, gays y bisexuales" y, por ello, en la fotografía ilustra una marcha por los derechos LGB, eliminando la T [trans] de las siglas.

Que J. K. Rowling pusiera en valor la figura de esta controvertida activista con motivo de la visibilización lésbica le ha generado muchas críticas de usuarios que consideraban que tenía una doble intención. Pero una de las que le ha respondido ha sido la propia Linda Riley.

"No creé la Semana de la Visibilidad Lésbica para que personas como J. K. Rowling pudieran usarlo como un vehículo para despertar más odio dentro de nuestra comunidad. Este es un ejemplo perfecto de cómo no ser un aliado", criticó la creadora de la iniciativa.

Tras este intercambio de tuits, la escritora británica se ha ido por la tangente y ha intentado insinuar que la editora es racista. "Aparentemente, despierta odio publicar fotos de lesbianas negras marchando por sus derechos", ha tuiteado Rowling.

"Así que aquí hay una foto de Alex Drummond, blanca, barbuda y lesbiana aprobada por Stonewall", ha añadido adjuntando una foto y una entrevista a esta psicoterapeuta transgénero, lo cual deja entrever una crítica hacia la asociación benéfica Stonewall y parece que muestra su desacuerdo con que Drummond sea considerada una mujer.

jueves, 31 de marzo de 2022

#hemeroteca #trans #transfobia | Shon Faye: “La transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas”

Efeminista / Shon Faye //

Shon Faye: “La transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas”.

María G. de Montis | Efeminista, 2022-03-31

https://efeminista.com/shon-faye-transfobia-misoginia/ 

Lapidario, accesible y esclarecedor: el primer libro de la escritora, periodista y activista por los derechos humanos Shon Faye, ‘Trans: un alegato por un mundo más justo y más libre’, es un ensayo sobre la realidad discriminatoria a la que se enfrentan las personas trans en Reino Unido. El libro anima a todo el mundo a luchar por revocar esa problemática, ya que, según asegura la inglesa (Bristol, 1988) en una entrevista con Efeminista, también las mujeres verían «mejorar su situación», porque «la transfobia y la misoginia están íntimamente conectadas».

«Si miras alrededor, comprobarás que las opresiones contra los derechos de la mujer se parecen mucho a las que sufren las personas trans: nuestros problemas están hermanados», explica Faye. «Nuestra lucha es por conseguir la autonomía de nuestros cuerpos, la libertad contra la violencia y la discriminación».

El libro, que acaba de llegar a España de la mano de Blackie Books con traducción de Rosa María García, analiza entre otros puntos las políticas cosméticas que «lejos de ayudar, penalizan a las minorías» y el papel que han jugado los medios de comunicación en la deformación y diseminación de odio hacia el colectivo trans. Un «problema social» al que Faye, periodista graduada en Derecho, quiere «dar la vuelta, porque la realidad es que la gente trans siempre tiene algo que ofrecer a la sociedad».

Pregunta.- ¿Cómo ha sido escribir este libro?


Respuesta.- El proceso fue un poco catártico, me permitió hacer un trabajo de pedagogía y corregir mucha desinformación sobre las personas trans. Pero al mismo tiempo tuve que lidiar con muchas dificultades y con el trauma colectivo; muchas de las personas a las que entrevisté habían sufrido mucho, así que el proceso de escritura no fue el más sencillo que he tenido.

He estado trabajando en este libro mucho tiempo: me lo encargaron en 2019, aunque la mayor parte fue escrito durante el confinamiento de marzo y abril de 2020. Lo hice gracias a que nos encerraron en casa, pero fue una manera de concentrarme en mi propia salud mental durante ese encierro.

Pero el confinamiento también me ayudó a generar argumentos más radicales en el libro, porque creo que muchas de las políticas que vimos alrededor del mundo en respuesta a la pandemia eran inimaginables antes. Los gobiernos pagando a los trabajadores porque no podían trabajar, por ejemplo: eso era algo que hace cinco años no habríamos imaginado.

P.- El ensayo ha vendido más de 30.000 ejemplares en Reino Unido y se está traduciendo a varios idiomas, ¿cómo afronta esta promoción internacional?

R.- Yo ya tenía un cierto nivel de relevancia en los medios británicos antes de escribir el libro, porque soy periodista freelance y tengo un podcast ('Call Me Mother', en el que entrevista a miembros del colectivo LGBTIQ). Hay mucho odio hacia la gente trans, especialmente hacia las mujeres trans con peso en medios y redes sociales, así que me he acostumbrado a un cierto nivel de abuso y hostilidad en línea.

El libro ha ayudado a equilibrar todos esos mensajes negativos porque ahora también me llegan muchísimos comentarios agradables. De alguna manera, lo ha hecho todo más llevadero, más fácil.

P.- Comienza su libro asegurando que la mejora de las condiciones y la consecución de derechos para las personas trans mejorará la vida de todo el mundo. ¿Cómo?


R.- Bueno, lo digo por dos razones: la primera, porque es cierto. La segunda, porque la gente está habituada, especialmente en Reino Unido, a escuchar en los medios cómo la gente trans ha infringido alguna cosa o les ha quitado algo. Eso es un problema social al que quería darle la vuelta, porque la realidad es que la gente trans siempre tiene algo que ofrecer a la sociedad.

El problema es que mucha gente trans vive en los márgenes de la sociedad, y cualquier sociedad debería ser juzgada por cómo trata a sus miembros más desfavorecidos. Si empiezas a mirar a la gente más marginada y a mejorar sus condiciones, desde el acceso a un hogar hasta mejores ingresos o acciones contra la violencia de género, también mejorarás las condiciones de la gente que tiene más privilegios. Hay un montón de grupos minoritarios a los que se ayudaría tomando medidas para las personas trans.

P.- En el libro también habla de las sonadas declaraciones que la autora de ‘Harry Potter’, J K Rowling, ha hecho sobre el colectivo trans. Recoge un texto que la escritora subió a su web en el que se mostraba «enormemente preocupada por las consecuencias del activismo trans de hoy en día».

R.- Sí, su postura me entristece porque nuestra opresión viene del mismo sitio. Cuando leí esos comentarios me enfadé, pero no puedes vivir así todos los comentarios transexcluyentes que te encuentras. Y en el fondo, como te digo, no culpo a J K Rowling, sino que me entristece, porque las opresiones basadas en el género que sufrimos todas las mujeres, incluidas las mujeres trans, vienen de hombres.

Creo que su ira está mal dirigida: no debe ir hacia las mujeres trans, sino hacia los gobiernos, por ejemplo, por no proteger a las mujeres. Es más fácil culpar a una minoría, y para eso se necesita cortar todos los puntos que las mujeres trans tenemos con otras mujeres, como la misoginia, la violencia por el género, las opresiones de género, la discriminación laboral... tenemos mucho más en común que diferencias.

Así que sí, me produce pena, porque el dolor debería ser un punto de unión, no de división.

R.- He leído reseñas en las que se dice que este libro está cargado de ira. ¿Lo percibe usted así?

R.- No, no lo creo, pero las mujeres trans tendemos a ser estereotipadas como enfadadas. Para mucha gente, el mero hecho de que opine ya es una especie de muestra de enfado. Pero, en general, creo que este libro es muy calmado, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de hostilidad a la que nos enfrentamos a diario la gente trans.

Podría haber sido un texto mucho más iracundo, pero adopté un tono más calmado porque quería que la gente conectase con el contenido del libro, no con la emoción.

P.- ¿Por qué optó por el ensayo para escribir este libro?

Bueno, parece que las memorias son la única forma de que las mujeres, en particular las mujeres trans, formen parte de la literatura, con detalles muy íntimos sobre su cuerpo, vidas, historias y traumas. Es interesante que los hombres cisgénero no hayan tenido que hacer eso nunca, ¿no?

Cada vez más, las mujeres cisgénero pueden escribir textos políticos en un tono más académico, y yo quería que las mujeres transgénero también tuviesen ese precedente. Así que traté de alejar mi emoción de las entrevistas, incluso aunque las experiencias de las personas trans que hablaron conmigo me afectaban mucho.

De todas formas, no quería compartir mi historia con el mundo entero y no creo que tenga que hacerlo para generar un discurso político. Además, yo solo tengo un tipo de experiencia trans y, comparada con la de otras personas en Reino Unido, ha sido relativamente privilegiada: he sido publicada, ahora tengo un libro que se lee en varios países y una plataforma en medios, soy blanca y de clase media… así que no soy particularmente representativa de la gente trans más vulnerable. Quería usar esta plataforma para amplificar las experiencias de gente trans que normalmente no aparece en los medios.

P.- En el libro habla de una violencia estatal contra las personas trans. ¿Cómo se manifiesta?

R.- Cada vez más organizaciones LGTBI hacen campaña a favor de este colectivo, pero el aparato del estado ha sido muy hostil con la gente trans a lo largo de la Historia. No ha sido hasta finales del siglo pasado que, de repente, se ha transformado en una especie de aliado. Y yo quería argumentar que no lo es, que no es el caso.

No hay más que mirar a la policía, al sistema judicial, a las fronteras o la inmigración. Quizás si eres una persona trans blanca, con documentación y ciudadanía, puedes vivir relativamente cómodo con el apoyo del estado, pero no es el caso para la mayoría de gente trans. Hay muchísimos refugiados y demandantes de asilo trans, muchos prisioneros, muchos trabajadores sexuales o gente trans con problemas mentales o adicciones. Y el estado no interviene ni nos protege, porque muchas veces el estado es una fuente de esa violencia y hostilidad.

Un ejemplo es la legislación sobre crímenes de odio en Reino Unido. Hemos tratado de combatir la violencia transfóbica con esa tipificación, pero el problema es que, para cuando se denuncia, el daño ya está infligido. Y una gran parte de esa violencia está perpetrada por gente joven, lo que es claramente un fallo de educación. ¿Cómo estamos educando a la gente joven en la diferencia, sobre la gente trans, sobre los distintos géneros? Creo que el mundo iría mejor si, en vez de investir en castigos, invirtiéramos en prevención.

P.- De hecho, los datos indican que después del confinamiento han aumentado los discursos y crímenes tránsfobos, homófobos y machistas.

R.- Sí, parece que algunas personas se han radicalizado. Justo hace unos días atacaron a un amigo en el metro. Siempre he sabido que por ser trans, me exponía a una inseguridad, a unos problemas, al menos en el momento en el que alguien me identifica como tal. Pero ahora estoy bastante nerviosa, si te digo la verdad. Y me estresa no solo que ni los medios ni el gobierno ni el sistema educativo estén combatiendo esto, sino que lo estén empeorando.

La gente ve la televisión y lee periódicos y ve hostilidad contra grupos minoritarios. Y ahí están, todos sus prejuicios validados, ¡está bien tenerlos, según eso! Así que se sienten legitimados para odiar en público, lanzar proclamas tránsfobas o incluso atacar. Creo que eso hace que mi libro sea todavía más urgente.

lunes, 20 de julio de 2020

#hemeroteca #trans #transfobia #terf | La palabra 'mujer' está ya ocupada


La palabra 'mujer' está ya ocupada.

Debbie Hayton · Mujer trans y profesora de secundaria en Reino Unido | Público, 2020-07-20

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/35016/la-palabra-mujer-esta-ya-ocupada/ 

"'Personas menstruantes'. Estoy segura de que solía haber un nombre para estas personas". Con estas palabras, JK Rowling se lanzó al que probablemente es el debate más febril de la sociedad contemporánea. Ni siquiera la covid-19 ha servido para atemperar el furor en torno al debate sobre los derechos de las personas transgénero. Conforme dos visiones del mundo colisionaban, algunas verdades fundamentales que generaciones anteriores consideraban indiscutibles han empezado a ponerse en duda. ¿Qué es una mujer? ¿Qué es un hombre? ¿Cómo podemos diferenciarlos?

Por un lado, existe la creencia en la identidad de género, un sentimiento en nuestras mentes que impulsa nuestra naturaleza y define nuestro verdadero género: somos el género que creemos que somos. Pero la creadora de Harry Potter expresó la opinión contraria. Según Rowling ella es una mujer no por psicología, sino por biología y sus frustraciones salieron a la superficie cuando su sexo se vio reducido a "persona que menstrúa".

Cien años después de que las mujeres consiguieran el derecho al voto en muchos países, Rowling se ha inmerso en una campaña que las sufragistas no podían haber imaginado – una batalla por retener el propio nombre de 'mujer'. La respuesta fue previsible y brutal. Conforme los actores que sus libros hicieron famosos hacían cola para distanciarse de ella, Rowling se convirtió en el objetivo de una campaña emocional que tiene el sello distintivo de una caza de brujas moderna.

Las mujeres que han defendido abiertamente que la palabra mujer les pertenece a ellas, y solo a ellas, han tenido que hacer frente a una oposición ruidosa y en ocasiones violenta. Las airadas protestas que soportó la feminista canadiense Meghan Murphy tras dar una charla en la biblioteca pública de Seattle a principios de febrero, fue seguida de una ruidosa protesta a las puertas del encuentro organizado por el grupo Woman's Place UK en Brighton el pasado otoño. Las mujeres fueron atacadas y otras perdieron sus empleos.

La furia se desata porque cuando las mujeres se definen por su biología, las mujeres trans quedan excluidas de la feminidad. Para las mujeres trans, desesperadas por ser validadas como auténticas mujeres, esto supone un rechazo existencial.

Aunque sería tentador mirar hacia otro lado, para mi esto es algo personal. Soy una mujer trans, así que es mi identidad – supuestamente - la que está siendo negada. Sin embargo, también soy una profesora de ciencias de secundaria y sé reconocer el pensamiento mágico cuando lo veo. Las mujeres trans son hombres – yo ciertamente lo soy, ya que soy padre de tres hijos- mientras que las mujeres son mujeres. Las personas hombres no son personas mujeres, y por lo tanto las mujeres trans no son mujeres. Sean cuales sean las emociones que rodean este debate, JK Rowling tiene razón.

Cuando hice mi transición ocho años atrás, la posición de Rowling no habría resultado especialmente polémica. Los transexuales –como se nos conocía entonces- cambiábamos nuestros cuerpos para parecernos al sexo opuesto y reintegrarnos en la sociedad haciendo el menor ruido posible. Incluso quienes ocupábamos cargos públicos entendíamos que no era un factor decisivo. ¿Por qué tendría que serlo? Profesoras y profesores hacemos en mismo trabajo, y mi transición no influía en las leyes del movimiento de Newton, ni sobre ningún otro tema sobre los que imparto docencia. Pero me apoyaba en las relaciones de confianza con las personas de mi entorno.

Al mismo tiempo otros hombres se encontraban cómodos presentándose a sí mismos de forma feminizada, pero sin cambiar sus cuerpos. Sin embargo nadie pensaba que los travestis –como eran conocidos estos hombres no transformados- fuesen mujeres. Incluyendo los propios travestis.

¿Qué ha cambiado? ¿Cómo estos dos grupos –un pequeño número de transexuales y un número más amplio de travestis- se convirtieron en un movimiento transgénero capaz de cuestionar el uso del sexo biológico para dividir a la sociedad?

Entre los líderes políticos que querían ser vistos como progresistas, o no les importaba, y una ciudadanía a la que se mantuvo en gran medida en la oscuridad, se han ido promulgando leyes y se han cambiado políticas siguiendo las indicaciones de activistas trangénero a los que esto sí importaba mucho.

A medida que género y sexo se han ido fundiendo, la identidad de género ha desplazado silenciosamente al sexo en políticas y leyes. Hemos podido elegir efectivamente no sólo nuestro género sino también nuestro sexo legal, con consecuencias devastadoras para los derechos de las mujeres. Como dijo Kiri Tunks, fundadora del grupo Woman's Place UK: "Si no puedes definir qué es una mujer, ¿cómo puedes defender los derechos de las mujeres?"

Los temores de las mujeres tienen, pues una base real. Los límites dejan de tener sentido si los hombres pueden entrar en refugios de mujeres, salas de hospitales, vestuarios e incluso cárceles. Sería muy ingenuo esperar que los hombres no hicieran eso, ¿verdad? La mayoría no lo hará, pero los que lo intentarán son precisamente los hombres por los que las mujeres se preocupan y las consecuencias pueden ser graves. En el Reino Unido, un violador llamado Karen White fue puesto en una prisión para mujeres en donde cometió otras agresiones sexuales.

No son sólo los espacios físicos los que están en riesgo. Cualquier espacio establecido para promover a las mujeres está en riesgo. Por ejemplo, la lista del Financial Times (FT) sobre las 100 mujeres más prominentes en los negocios incluía a Pips Bunce, un hombre que a veces utiliza un vestido para trabajar. A pesar de que aplaudo el coraje que se necesita para hacer eso, lamento el negativo impacto que esto tuvo sobre la mujer que quedó fuera de la lista.

En el deporte, las mujeres trans ya no necesitan cirugía para competir contra las mujeres. Se han impuesto límites a los niveles de testosterona, pero los hombres aún conservan una ventaja competitiva debido a la densidad ósea, la capacidad cardíaca y la fibra muscular. Al igual que Alemania Oriental dopó a sus atletas femeninas en los años 1970 y 1980, los regímenes modernos que se preocupan más por las medallas que por los atletas, estarán tentados a intervenir en la endocrinología de su talento emergente. Sólo que esta vez serán los hombres jóvenes los que estén en riesgo. El récord mundial actual de 200 metros para mujeres, establecido por Florence Griffith-Joyner en 1988, es batido por niños de 16 años. El deporte femenino pende de un hilo.

Nada de esto me ayuda a mí ni a otras personas transgénero que intentamos seguir adelante con nuestras vidas. Necesitamos leyes para protegernos contra el acoso y la discriminación. También necesitamos un acceso rápido a los servicios de salud mental y, cuando corresponda, a clínicas especializadas en cuestiones de género.

Pero en lugar de poner la mira en estos derechos, los activistas de los derechos transgénero exigen ser aceptados como parte del sexo opuesto, y en todas las esferas. Poniendo mucho más énfasis en sus derechos que en el autoreconocimiento, han exasperado a un número cada vez mayor de mujeres que ven en peligro sus propios derechos. Muchas mujeres han decidido que hasta aquí hemos llegado, y no puedo decir que las culpe por ello.

Dejando a un lado la verdad de que no podemos cambiar el sexo, la aceptación nunca puede ser impuesta; se gana por la forma en que vivimos nuestras vidas y nos relacionamos con los demás. Pero estos activistas parecen estar de espaldas a la realidad. En su búsqueda de la "validación" de los demás, no sólo necesitan que la sociedad cante el mantra: "Las mujeres trans son mujeres (y los hombres trans son hombres)", sino que también necesitan que todos también lo crean. Esto ha ido más allá del control del lenguaje para instalarse en el control de los pensamientos. Cuando las mujeres se oponen se encuentran con la violencia, como ha experimentado JK Rowling.

Pero esa ira no ha logrado nada. A medida que las tensiones se han incrementado, la confianza se ha evaporado, y esto es desastroso para las mujeres trans. Sin el apoyo y la confianza por parte de las mujeres somos vulnerables. Las amenazas hacia nosotras no provienen de las mujeres. Cuando las mujeres trans (una pequeña minoría en la sociedad) son atacadas, los perpetradores en su inmensa mayoría son hombres.

Como mujeres trans tenemos mucho trabajo por hacer para restablecer el equilibrio. En primer lugar tenemos que ser honestas. Somos hombres y, por lo tanto no somos lo mismo que mujeres. En segundo lugar, aunque necesitamos encontrar la validación, debemos buscarla no tanto en otras personas sino en nosotras mismas. Si no nos aceptamos, ¿cómo podemos esperar que otras personas lo hagan? Entonces podremos mirar hacia afuera pero de una manera diferente y, con énfasis en la empatía en lugar de las expectativas, reconocer que la palabra mujer ya está ocupada.

lunes, 13 de julio de 2020

#hemeroteca #trans #transfobia #terf | Contra el borrado de las mujeres

AmecoPress / Acción 'Contra el Borrado de Mujeres' //

Contra el borrado de las mujeres.

La preocupación de que la desigualdad por razón de sexo se vuelva imposible de combatir desde el derecho no es una preocupación fóbica. Con leyes de autoidentificación que reconozcan que cualquiera puede ser una mujer se oculta la realidad de las mujeres, se pierde la operatividad de las leyes de igualdad entre mujeres y hombres.
Ángeles Álvarez | El Diario, 2020-07-13
https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/borrado-mujeres_129_6102064.html 

Este fin de semana nos despertamos estupefactas con un artículo de la Directora del Instituto de la Mujer del Gobierno de España que señalaba la existencia de un “feminismo contrario a los derechos de las personas trans”. Esa aseveración que, por supuesto, es falsa, se enmarca en las estrategias de silenciamiento de opiniones, reflexiones y debates que, en todo el mundo, están poniendo en cuestión la existencia del “sexo” como una categoría biológica y jurídica.

La afirmación de Gimeno viene a embarrar porque el feminismo no está cuestionando derechos de las personas transexuales, lo que pretende es un debate social que permita conocer las consecuencias de imponer algunas normas basadas en las teorías queer que implican el BORRADO DE LAS MUJERES.

Ni una sola feminista que yo conozca es contraria a la igualdad de derechos. Ese exceso verbal de la señora Gimeno solo busca protegerse preventivamente de quienes ponen en evidencia a una izquierda que se ha enfangado en los postulados posmodernos de las identidades, para confrontar con el feminismo político.

El debate pivota sobre la oposición del feminismo a varios Proyectos de Ley que introducen la negación del sexo como categoría jurídica y el intento de sustituirlo jurídica y administrativamente por una categoría cultural cambiante a la que llamamos “género”.

Para poner pie a tierra, tenemos que explicar y mostrar de manera concreta las realidades que ya conocemos tras la implantación en otros países de leyes que sustituyen, jurídica y administrativamente, el sexo de las personas eliminando la referencia biológica para sustentarlo en el “género” como algo identitario.

La categoría jurídica del “sexo” es un apunte registral de la genitalidad de los seres humanos al nacer. Se observa, es constable, describible e inapelable (incluida la intersexualidad). El sexo es una realidad que no atenta contra ningún derecho. Es el género, cuando construye la jerarquía sexual, lo que atenta contra los derechos de las mujeres.

Lo que se pretende acallar, a base de insultos, acosos y descréditos públicos, es la voz de las personas que están mostrando algunas de las consecuencias sociales que comporta dar categoría legal a un esencialismo de género que conlleve el negacionismo del sexo biológico.

Quien se acerque a la disputa a través de las redes sociales puede caer en el desconcierto y le costará comprender en qué se basan las indiscriminadas acusaciones de transfobia, a diestro y siniestro, hasta tal punto que llegan a consideran “transfóbico” explicar a las niñas que cuando llegan a la pubertad menstrúan.

¿Cómo es posible que esa afirmación sea motivo de controversia social? ¿Quién percibe las evidencias como amenazas? ¿Qué está pasando para que el feminismo se haya puesto en posición de alerta, a nivel global, ante el negacionismo queer que pretende incluso redefinir los paradigmas básicos de la ciencia?

¿Contra qué nuevo dogma establecido ha atentado Joanne Rowling, autora de la saga ‘Harry Potter’, para ser objeto de insultos, acoso, persecución y boicots disciplinarios? ¿Cuántos conocen el texto que supuestamente destila tanta “transfobia”?

¡Pues vamos a verlo! Los insultos, amenazas, llamadas al boicot e intentos de censurar a la obra de Joanne Rowling surgen tras haber publicado en su cuenta de Twitter un mensaje de apoyo a Maya Forstater una experta en fiscalidad que fue despedida del Centro para el Desarrollo Global por defender en su red social que el concepto “sexo” describe “un hecho biológico, no un sentimiento o una identidad”.

Las tres líneas de su tuit que la han llevado hasta la picota del odio tribal son las siguientes:

“Vístete como quieras. Llámate como quieras. Duerme con cualquier adulto que te consienta. Vive tu mejor vida en paz y seguridad. ¿Pero obligar a las mujeres a abandonar sus trabajos por afirmar que el sexo es real?”

Quienes han atacado este pronunciamiento a favor de la tolerancia buscan arrastrar a la sociedad a un reproche colectivo, irracional y estigmatizante contra quienes sostengan que el sexo es una categoría biológica constatable que no pone en peligro los derechos de nadie.

El sexo no define comportamiento, roles o aspectos. Es el “género”, como constructo cultural, el que interviene para determinar cuáles serán los roles que desempeñarán unos y otras y es el género el que opera para definir lo masculino o femenino. Lo hace construyendo estereotipos (sexistas) que remarquen bien las diferencias. No olvidemos que el sexismo incluso comercializa una estética que busca remarcar hasta la exageración las diferencias biológicas secundarias.

No es el sexo, es el sistema de “género” lo que crea la jerarquía sexual y socializa con dos repertorios separados para, de manera ilegítima, naturalizar que las mujeres del mundo tengan menos acceso a la educación, la salud o la representación y dificultar, o prohibir, su presencia en cualquier aspecto de la vida, cultural, deportiva, científica, etc.

Por tanto, lo que combate el feminismo es al sistema de género y se pregunta: ¿cómo es posible que se pretenda su reconocimiento legal como identidad?, ¿qué consecuencias prácticas tendría?, ¿tiene la sociedad española derecho a exigir un debate público, pausado y profundo que permita conocer las consecuencias prácticas de eliminar el sexo como categoría jurídica para ser reemplazado por un concepto que representa la jerarquía y opresión que combate el feminismo?, ¿por qué ha surgido este debate de manera repentina y virulenta?

Si el caso de Joanne Rowling hubiese sido su primera toma de contacto con estas nuevas inquisiciones, debe saber que la cosa viene de lejos. La conocida en los círculos feministas como la ‘inqueersición’ ya había conseguido censurar y suspender, la representación de los ‘Monólogos de la Vagina’, icónica obra teatral de Eve Ensler basada en las mujeres y su relación con el sexo, la violación, la menstruación, la mutilación o la masturbación. ¿Por qué había que impedir la representación? Lo que alegan los promotores de la censura es que es una obra “que excluye a las mujeres que no tienen vagina”. A las personas transexuales que yo conozco esto les resulta tan marciano como a mí y no se sienten representadas en esas reivindicaciones ni en esos discursos.

El debate que algunos tratan de opacar a toda costa se centra en la oposición del feminismo a las propuestas legislativas que pretenden regular el subjetivismo y el esencialismo de género que coloca a lo queer en el mismo discurso que defiende la extrema derecha.

El debate ha irrumpido en la agenda política gracias a un movimiento feminista internacionalista que tomó conciencia de que no estábamos ante debates especulativos, sino ante Proposiciones de Ley y normativas que afectan gravemente a las mujeres y que en general estaban pasando desapercibidas en el debate público.

Valga de ejemplo práctico la decisión del COI que, tras ceder a intensas presiones aderezadas de falsas y atemorizantes acusaciones de transfobia, estableció en 2015 una normativa que autoriza la participación en las categorías deportivas femeninas de personas transgénero y varones autoidentificados como mujeres.

Existen diferencias anatómicas que producen una ventaja deportiva para los varones. Por eso hay categorías deportivas femeninas. El Ministerio de Defensa en su manual Conceptos y métodos para el entrenamiento físico indica que “las féminas entrenadas solo puedan alcanzar valores aproximados al 60% – 70% del nivel de fuerza del varón entrenado en las mismas condiciones” y cualquier médico puede certificar que reducir la testosterona no es suficiente para equiparar las condiciones en las competiciones ya que son ciertas las observaciones de Martina Navratilova sobre que "un hombre acumula, desde la infancia, mayor densidad muscular y ósea y un mayor número de glóbulos rojos que transportan oxígeno".

A pesar de las quejas de las mujeres deportistas, el número de varones (autoidentificados como mujeres) que compiten profesionalmente va en aumento y su presencia en los pódiums es ya una seria amenaza para el deporte femenino.
  • Rachel McKinnon: batió el récord en sprint de 200 m, en la categoría femenina de 35 a 39 años. Al día siguiente ganó el Campeonato del Mundo de Ciclismo en Pista y en octubre de 2019 batió el récord de la contrarreloj.
  • Michelle Dumaresq: ganó el título nacional en Columbia Británica en 2006.
  • Hannah Mouncey: con 1,90 metros de altura y 100 kilos de peso, compite en la selección femenina de Australia.
  • Laurel Hubbard ganó el oro femenino en el campeonato internacional de Australia y en el Open de Melbourne. En 2019 ganó dos medallas de oro en los Juegos del Pacífico.
  • Cece Telfer: ganó el título nacional de Estados Unidos en 400 m vallas en 2019.
  • Maxine Blythin: Nombrada Jugadora del Año de las Mujeres de Kent en 2019.
Estos y otras decenas de casos han puesto en alerta a la coalición internacional de organizaciones de mujeres atletas que relaman al COI la suspensión de la política de autoidentificación de género en las competiciones deportivas.

Despreciar las diferencias entre los sexos en aras de una mal entendida inclusividad avoca a que las federaciones deportivas permitan ventajas injustas que desalientan el deporte femenino y que borraran las marcas deportivas, propias de las mujeres.

El generismo queer también dinamita las políticas de paridad entre los sexos.

El neosexismo que promueven estas teorías ha llevado a finiquitar la histórica conquista de Eleanor Roosevelt y la League of Women Voters que obligaba a que las candidaturas del Partido Demócrata estuviesen compuestas por personas de los dos sexos. Los Demócratas estadounidenses acaban de asumir las tesis del generismo queer presentadas por Emilia Decaudin, –primera trans-género del Comité Demócrata del Estado de Nueva York– y han fulminado el requisito de “equilibrio” entre los sexos, para sustituirlo por la representación de “géneros diferentes o no binarios”. El pasado 1 de julio de 2020, los Demócratas eligieron representantes aplicando ese criterio y el resultado ha sido que ninguna mujer representara a los Demócratas de NY.

También en México (2018) hubo de intervenir el Instituto Estatal Electoral y el de Participación Ciudadana del Estado de Oaxaca ante un evidente fraude en el registro de candidaturas que debían cumplir con la ley de paridad por sexo.

En Oaxaca, donde convive una ley para la paridad con la de autoidentificación del género, se permitió que 19 varones pertenecientes a cuatro partidos políticos diferentes se autoproclamasen mujeres sin otro requisito que manifestar de puño y letra su voluntad de ser registradas como tal. Esto fue denunciado por la comunidad muxe y puso en entredicho una norma que no da seguridad jurídica al concepto de “identidad sentida” ya que el sexo se puede certificar, pero el sentimiento no.

Pero volviendo con Emilia Decaudin. La resolución a través de la que consiguió acabar con la representación paritaria entre los sexos también incluye una cláusula para reemplazar todos los pronombres que permiten la identificación del sexo, como “él” o “ella”. Esta es otra característica de la doctrina queer que figura ya en todo tipo de guías y recomendaciones. Es el conocido como lenguaje inclusivo, que se contrapone al lenguaje no sexista y que propone la generalización del neutro que invisibiliza la existencia de la realidad sexuada. Cuando esto ocurre se borran las especificidades de las mujeres y la desigualdad que padecen, ya que como bien indica Raquel Rosario Sánchez, “elles” oprimen a “elles” invisibiliza a quien oprime y a quien es oprimida.

Pero el neolenguaje de las propuestas del generismo queer pretende cambios de mayor calado. En 2017 se registró la Proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales. Una ley con la que todas y todos esperábamos tener instrumentos contra la discriminación pero que también se dejó infiltrar por lo queer hasta tal extremo que en sus disposiciones finales proponía la modificación del Artículo 139 del Código Civil para sustituir la palabra “mujer” por “progenitor que figure como gestante” y eliminaba del mismo artículo la palabra “maternidad”.

No era una ocurrencia. El neolenguaje es una pieza angular de lo queer. Precisa modificar conceptualmente incluso las evidencias científicas. Y lo está haciendo. Lewis Carroll en 'Alicia a través del espejo', hace mantener a Humpty-Dumpty y Alicia la siguiente conversación:

–Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty-Dumpty con un tono burlón– significa precisamente lo que yo decido que signifique: ni más ni menos.
–El problema es –dijo Alicia– si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
–No. –dijo Humpty-Dumpty– El problema de verdad es quién manda aquí. Eso es todo.

Esta conversación reafirma el pensamiento Orwelliano de que “la palabra es el único vehículo de pensamiento del ser humano que, si se consigue influir y modificarlo a placer, puede guiar la conciencia de las personas, sus intereses y motivaciones”.

El generismo queer está inmerso hasta el cuello en esa estrategia y recurre a litigios estratégicos para ganar posiciones que aboquen a lo que el feminismo ya denomina “leyes de borrado de las mujeres”.

En Reino Unido el periodista Freddy McConnell, un transmasculino que retuvo sus órganos reproductores femeninos y dio a luz a un niño, demandó al Hospital que certificó su parto por registrarle como la “madre” del bebé. McConnell ha perdido en el Tribunal Superior la demanda y también la Corte de Apelaciones (abril de 2020) le recordó que en el derecho consuetudinario inglés quien da a luz debe ser descrito como madre en el certificado de nacimiento.

¿Y qué pasa con las estadísticas desagregadas por sexo?
La desaparición del concepto “sexo” como categoría jurídica implica la desaparición de “sexo” como categoría estadística y dificultará o imposibilitará tener datos desagregados que permitan medir la desigualdad. Sin datos desagregados por sexo, es casi imposible identificar las desigualdades reales y potenciales. En esta borrachera del todo vale, algunas Universidades están avalando y extendiendo la utilización sinonímica de “género” y “sexo” lo que a efectos estadísticos supone la inutilización del indicador estadístico que permite medir la desigualdad entre mujeres y hombres. En estadística, los indicadores han de ser reales y medibles. El sexo cumple el requisito, el género, no.

Distintas organizaciones nos alertan de que también se está produciendo una ficción estadística, cuando en los boletines sobre criminalidad se registra como mujeres a personas transgénero con genitalidad masculina que cometen delitos sexuales (o de otro tipo). Diferentes organizaciones de la sociedad civil trabajan en Reino Unido y EEUU para documentar los casos y medir su impacto como falsedad estadística.

Usar las leyes de transexualidad para introducir lo queer

España tiene una ley que permite rectificar la mención registral del sexo a personas mayores de edad que cumplan con dos requisitos:

1. Que exista diagnóstico de disforia de género (la OMS ha sustituido este concepto por el muy sexista “incongruencia de género”).
2. Que la persona haya sido tratada médicamente durante al menos dos años para acomodar sus características físicas a las correspondientes al sexo reclamado (no es exigible cirugía).

La acreditación de estas dos condiciones debe realizarse mediante informe de médico o psicólogo clínico que ha de certificar a su vez dos aspectos clave:

1. La estabilidad y persistencia de esta “disonancia de género”.
2. La ausencia de trastornos de personalidad que pudieran influir en la existencia de la disonancia.

La profesora de la Universidad de Granada Tasia Aránguez ha analizado la evolución de las propuestas legislativas en esta materia y ha definido tres fases que llevan al borrado de las mujeres en la legislación, la estadística y los espacios o actividades donde es necesario considerar las desventajas de las mujeres.

Fase 1: El reconocimiento en las leyes de la noción de “identidad de género”. Es decir, el reconocimiento del género como una identidad humana.
Fase 2: La autoidentificación del sexo a través del reconocimiento de la “libre determinación de la identidad sexual”.
Fase 3: El desaparición de la categoría legal “sexo”. Es el objetivo del generismo queer que considera al binarismo de sexo como un “constructo opresor”.

Según esta categorización, la ley española estaría en la Fase 1 y las reformas registradas en anteriores legislaturas y que han ido decayendo como consecuencia de las frecuentes convocatorias electorales, propondrían pasar a la Fase 2 lo que implica eliminar los requisitos citados que incluye la ley en vigor. Se trataría de eliminar las condiciones de diagnóstico, así como dejar “a demanda” los tratamientos hormonales o el apoyo psicológico.

Al eliminar los requisitos, (estos u otros), se elimina por defecto la necesidad de certificación pública para la modificación registral del sexo y de este modo, se da el paso a la conocida como “autoidentificación de género” un eufemismo que esconde que lo que se pasa a autoidentificar es el apunte registral del sexo.

No es ciencia ficción. México debate en las próximas semanas un texto legislativo que permite el borrado del apunte registral de la partida de nacimiento. Argentina en la avanzadilla del absurdo queer pretende “proteger a toda persona contra la asignación sexual compulsiva” y ya está registrada en la cámara de Diputados una proposición de ley cuyo primer artículo reclama “eliminar la categoría de ‘sexo’ de cualquier documento público o privado” y Holanda anunció que suprimirá la inscripción del sexo en los documentos de identidad a partir de 2024/2025.

Las personas que hayan llegado a este punto podrán comprobar que este es un debate que trasciende al de la transexualidad y que parece pertinente que el feminismo reclame conocer cuáles son las consecuencias de la sustitución jurídica del sexo como hecho concreto y verificable por algo subjetivo e imposible de comprobar.

La preocupación de que la desigualdad por razón de sexo se vuelva imposible de combatir desde el derecho no es una preocupación fóbica. Con leyes de autoidentificación que reconozcan que cualquiera puede ser una mujer se oculta la realidad de las mujeres, se pierde la operatividad de las leyes de igualdad entre mujeres y hombres y se llega exactamente a donde quiere Vox: negar las diferencias que reclaman atenciones diferenciadas. El ejemplo del deporte es suficientemente explicativo.

Rosa María Magda nos recuerda que la teoría feminista acepta que el sexo es lo biológico y el género lo cultural y combate por tanto lo segundo y remata: “lo queer va a invertir esa relación al pretender mostrar que el sexo es también un constructo cultural, elegible, transformable y teatralizable”.

La cuestión es que lo queer nos dice que la identidad se construye a gusto de cada uno a través de “la preformatividad” despreciando la evidencia de que “nuestra identidad es el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que nos caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la vida vivida”, como bien indica Marcela Lagarde.

Una última cuestión (de momento) ¿Por qué la ministra de Igualdad del Reino Unido ha abierto una investigación?

El gobierno británico ha iniciado una investigación para entender las razones del aumento hasta de un 4.500% de niñas que fueron derivadas por médicos a lo que se conoce como “tratamiento de género”.

Los primeros datos indican que son fundamentalmente niñas quienes están siendo derivadas a las “clínicas de género”. Representan el 72% del total y el número de casos pasó de 40 anuales a 1.086 en menos de 8 años. El intenso debate social en Reino Unido ha implicado a toda la sociedad y recientemente se ha paralizado la tramitación de su Proyecto Ley de Reconocimiento de Género, lo que supone que mantienen la necesidad de certificación ya que tienen una ley similar a la española.

También el Consejo de Ética Médica de Suecia (SMER) está pidiendo precaución en el tratamiento médico en jóvenes con “disforia de género repentina”, ya que estadísticamente es atípico que sean las mujeres púberes quienes representan el 82% de los casos.

Desde la Unidad de Transexualidad e Identidad de Género del Hospital de Málaga reclaman prudencia y nos recuerdan que con el desarrollo y la pubertad, los problemas de identidad sexual desaparecen siendo solo el 15% de quien inicia esos procesos los que derivan en casos de transexualidad. Este tema reclama por si solo un extenso artículo, pero es preciso que no olvidemos que somos las mujeres quienes en la niñez y la pubertad manifestamos más rechazo a las limitaciones de los roles de género y también quienes vivimos transformaciones fisiológicas importantes que muchas veces son vividas con desconcierto.

No deberíamos confundir a las/os menores en edades críticas inundándoles con discursos que pretendan que la disconformidad con el género cursa con la disconformidad con el sexo. Disconformes con el género, incómodas en los roles de género estamos la mayoría de las mujeres y eso no implica incomodidad con nuestro sexo.

No ayuda mucho el recalcitrante sexismo de una OMS que acepta como signo y síntoma predictor de la disforia de género, para el caso de las chicas, la “resistencia a vestir ropa femenina y preferencia a usar la masculina” (sic) y en el de los chicos “un fuerte rechazo a los juguetes, juegos, actividades típicamente masculinos, así como una marcada evitación de los juegos violentos” (sic).

Hay muchas otras preguntas que hacerse, por ejemplo: con esos indicadores claramente sexistas, ¿de verdad vamos a poner al profesorado, (como indican diferentes protocolos de atención educativa), a efectuar según esos parámetros “la posible detección temprana de aquellas personas en educación infantil que puedan estar incursas en un proceso de manifestación de su identidad de género”?

Muchos profesoras/es feministas están alertando sobre la incursión en el sistema educativo de quienes pretenden catalogar los comportamientos no normativos de niños y niñas como sintomáticos de transexualidad o transgenerismo. Como decía la magnífica viñeta de Feminista Ilustrada, una niña jugando al fútbol no predice ni lesbianismo ni transexualidad, es solo una niña jugando al fútbol. Cuando manifestar lo evidente conlleva linchamientos y señalamientos públicos al más puro estilo batasuno algo no va bien, sobre todo si hay un silencio regodeante por parte de la Direccion General de Diversidad Sexual y LGTBI ante los ataques a parte del colectivo. Quienes como institución callan ponen manifiesto que manejan lo que a todos nos representa como si fuese un círculo de amiguetes.

El sexismo se combate, no se refuerza. La diversidad sexual y la transexualidad se respetan, no se fomentan (ni se dejan de fomentar). Oponerse a la eliminación del sexo como categoría jurídica no tiene su origen en ninguna fobia, sino en un sentido de la realidad que comparte el feminismo junto a una mayoría social que aún tiene pie en tierra y no dobla la rodilla seducido por el neoliberalismo posmoderno.

Un periodismo que censura estas reflexiones o desequilibra la presencia de unos u otros argumentos y permite que algunas/os redactores impongan el silencio o hagan residual una información de interés para la sociedad, no es periodismo.

Las reformas que se están proponiendo son de un calado social que obliga a los medios de comunicación a intermediar facilitando a la sociedad su derecho a ser informada sobre los impactos de las reformas que afectarán a sus vidas.

Un periodismo que se autocensura, que actúa de parte o cede miedosamente a las presiones de lo políticamente correcto, no es periodismo. Cuando las acusaciones de transfobia a las feministas pasan a significar ¡cállate!, quizás haya llegado el momento de que la prensa deje de enfocar como anecdótico el discurso amenazador que promueve la censura queer y se pregunte, honestamente, el porqué de los linchamientos a personas con trayectorias de un compromiso inapelable con los Derechos Humanos y la igualdad.

Chimamanda Adichie también está en el elenco de hostigadas. Las palabras de la autora del best seller 'Todos deberíamos ser feministas' son las palabras del feminismo:

“La Diversidad no significa división. Porque podemos estar en contra de la violencia que sufren las mujeres trans mientras somos conscientes de las diferencias. Porque deberíamos ser capaces de ver las diferencias mientras nos apoyamos. Porque no tenemos que insistir, en nombre de la complicidad, que todo es lo mismo. Porque el riesgo que corremos es el de reducir el género a algo único y esencialista”.

Si se busca silenciar la reflexión y negar los debates y la palabra a quien demuestra que algunas propuestas dañan a las mujeres, a las personas transexuales, a gais y lesbianas, actúa temeraria e irresponsablemente. El feminismo se ha ganado el derecho a ser escuchado y el Ministerio de Igualdad no puede hacer oídos sordos.

Ángeles Álvarez.
Ex diputada socialista. Activista feminista.

lunes, 15 de junio de 2020

#hemeroteca #trans #transfobia #terf | El debate sobre los derechos de las personas trans divide al movimiento feminista


El debate sobre los derechos de las personas trans divide al movimiento feminista.

Personalidades y especialistas del mundo de la política, el pensamiento, la literatura o el activismo feminista y LGTBI protagonizan una enconada controversia que tiene como trasfondo la mera definición de qué es 'ser mujer'.
Marisa Kohan | Público, 2020-06-15
https://www.publico.es/sociedad/debate-derechos-personas-trans-divide.html

Un reciente tuit de ONU Mujeres (posteriormente eliminado) que hablaba sobre "personas menstruantes" para referirse a la necesidad de acabar con los estigmas y tabúes sobre la regla ha provocado la respuesta airada de feministas de distintas partes del mundo, que acusan a la institución de borrar a las mujeres y de haberse entregado a los preceptos de la teoría ‘queer’.

Poco después, J.K. Rowling, autora de la saga ‘Harry Potter’, publicó una serie de mensajes en redes sociales y un manifiesto en los que denunciaba que "si el concepto de sexo no es real, la realidad vivida por las mujeres a nivel mundial se borra". Sus argumentos fueron rebatidos en las propias redes y en artículos en los que la acusaron y acusan de ser una feminista radical transfóbica (TERF, por sus siglas en inglés). Hasta siete de los protagonistas de sus películas expresaron su rechazo a las palabras de la autora. El actor Daniel Radcliffe, quien encarna en el cine al popular personaje de Rowling, escribió que "las mujeres transgénero son mujeres. Cualquier declaración en sentido contrario borra su identidad y dignidad".

El debate también está siendo intenso en España. El pasado miércoles empezó a circular por las redes sociales y los grupos de Whatssap un documento interno del PSOE que se oponía a la inclusión de la "autodeterminación sexual" en las leyes, afirmando que "si se niega el sexo, se niega la desigualdad que se mide y se construye en base a este hecho biológico". La jueza y ahora delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, afirmaba por su lado en una entrevista a ‘Cuarto Poder’ que "incluir a las mujeres y menores trans no borra o desdibuja a las mujeres" y que ciertos mensajes emitidos por algunas feministas se acercan a postulados defendidos por organizaciones de extrema derecha como Hazte Oír.

Palabras gruesas de uno y otro lado que buena parte de la ciudadanía no alcanza a comprender debido no solo a la proliferación de términos (TERF, CIS, etc.), sino también a la profundidad y trascendencia que tiene este debate en términos sociales, culturales, jurídicos y en materia de derechos humanos. En el fondo, se debate sobre si las personas transgénero deben o no someterse a algún tipo de tratamiento hormonal o quirúrgico para ser consideradas oficialmente como mujeres, o si es suficiente con que expresen que "se sienten mujer". Esto sería aplicable también a las personas nacidas con sexo biológico de mujer pero que se sienten hombres.

¿Por qué genera tanta polémica un debate que parecía superado desde que, ya en 2007, el PSOE sacó adelante una ley por la cual una persona transgénero no necesita someterse a procedimientos quirúrgicos para poder regularizar su identidad de acuerdo con el género con el que se identifica? Para empezar, porque nunca estuvo superado. La legislación exige que para realizar el cambio registral, la persona haya sido diagnosticada con disforia de género por un psiquiatra y que haya recibido tratamiento hormonal durante dos años para acomodar sus características físicas a las del sexo sentido.

Esto va en contra de lo que reivindica la comunidad trans, pero también organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o Amnistía Internacional: que se deje de medicalizar y tutelar a este colectivo. De la misma forma que la homosexualidad dejó de ser considerada una 'enfermedad mental' por la OMS hace apenas 30 años.

Un sector del feminismo siempre ha visto con inquietud la plena equiparación de las personas nacidas con sexo biológico masculino pero que se sienten mujer, con las mujeres nacidas con este sexo biológico. ¿Por qué? Por temor a que ello desdibuje el propio concepto de lo que es ser mujer y esto tenga consecuencias importantes a la hora de aprobar e implementar leyes y políticas destinadas a combatir la desigualdad de género.

Este temor queda claramente reflejado en el documento distribuido por algunos afiliados del PSOE: "Si basta con que un hombre exprese en un momento determinado que se siente mujer, sin ninguna otra consideración: ¿Cómo afecta [esto] a la recopilación de estadísticas fundamentales para conocer los problemas (desigualdad laboral y salarial, feminización de la pobreza, violencia machista, etc.) y para determinar las políticas públicas para su abordaje? ¿Cómo afecta a la ley de violencia de género? ¿Podría un hombre maltratador señalar que se siente mujer y por tanto no poder ser juzgado por este delito?...".

El debate hunde sus raíces, además, en dos conceptos que para el feminismo radical (llamado así porque va a la raíz del problema) han sido siempre claves y diferenciados, y que ahora se ponen en cuestión: el sexo y el género. Si el sexo es una condición biológica (haber nacido con órganos genitales femeninos o masculinos), el género, tal como lo entendieron y divulgaron las feministas radicales de mediados de los 70, es una construcción social que asigna a cada sexo un rol, unos estereotipos que han servido como base para la opresión histórica de las mujeres. De ahí que las feministas radicales se declaren como abolicionistas del género.

Los defensores de los derechos de las personas transgénero, por el contrario, no entienden la identidad de género como una opresión, sino como la definición de su propio ser: esa identidad de género es el sexo sentido, aquel que define quién eres, al margen del sexo biológico con el que hayas nacido.

¿Por qué ahora?
El debate sobre la identidad de género no es nuevo para el feminismo, pero se ha vuelto especialmente agrio en los últimos meses debido a la aprobación o propuesta de varias leyes en distintos países que abren la puerta a la autodeterminación de género (es decir, a que no se necesite más que la voluntad de la persona para ser reconocida por su ‘género sentido’).

En España, diversas proposiciones y anteproyectos de leyes que decayeron con la anterior legislatura y que deben iniciar su trámite ahora, contemplan esa ‘autodeterminación de género’ en su articulado. Son leyes que están bajo el ala del Ministerio de Igualdad, dirigido por Unidas Podemos. Un partido que tiene una concepción distinta a la del PSOE y a la de un amplio sector del feminismo radical en torno, precisamente, a la identidad de género. Leyes como la de Igualdad LGTBI y la denominada Ley Trans son dos claros ejemplos. Pero también otras, como la Ley sobre la Libertad Sexual, cuya tramitación aprobó el Consejo de Ministros el pasado 8 de marzo y que quedó paralizada por la pandemia de la covid-19. Una norma que, entre otros asuntos, debe servir para poner en marcha la largamente esperada reforma del Código Penal en materia de delitos sexuales.

Precisamente al calor de la tramitación de esta última norma se creó un grupo de feministas radicales que, bajo al denominación de Alianza contra el Borrado de las Mujeres (ACBM), presentó hace unos días una serie de alegaciones al Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual. Entre ellas, advierten de que la propuesta omite a las mujeres prostituidas, ignora la lucha contra la pornografía y "promueve en la legislación la confusión intencionada entre sexo y género". Según la alianza, esta confusión está determinada por la inclusión en su articulado de una "ficción jurídica" como son términos "identidad de género" y "expresión de género" que exigen que sean eliminados del texto porque "socavan la protección activa de las mujeres". Entre las alegaciones denuncian que el texto que salió del Consejo de Ministros va en contra de la ley contra la violencia de género y de la de Igualdad. Para esta alianza, la ley supone un "retroceso de años" y se acerca a "postulados similares a los de la extrema derecha, cuando niegan aquella forma de violencia que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres".

Por su parte, el activista LGTBI y director del Observatorio LGTB de Valencia, Toño Abad, advertía en un hilo de Twitter de que "alguien debería aclarar si cuando atendemos a una mujer trans víctima de su pareja hombre, tiene derecho a ser considerada una víctima de violencia de género; o cuando se desarticula una red de explotación sexual de mujeres, las mujeres trans tienen derecho a los recursos de rescate disponibles".

Abad incide en se debería explicar que estas mujeres "también son víctimas del patriarcado, del machismo más brutales" y que "no vale con negarlas y decir que ponen en peligro su propia existencia".

El debate se ha vuelto complicado. La mera mención por parte de alguna feminista sobre la necesidad de proteger los derechos adquiridos por las mujeres o las dudas sobre el hecho de que los derechos de la población trans podrían invisibilizar años de lucha de las mujeres, acaba con la descalificación sistemática de dichas feministas bajo las siglas "TERF" o directamente llamándolas "tránsfobas". TERF es un acrónimo que en inglés se refiere a ‘Trans-Exclusionary Radical Feminist’ (feminista radical trans-excluyente) y que está a la orden del día en las redes sociales como un insulto que impide cualquier posible debate.

Mientras, la defensa de los derechos de las personas transgénero acaba habitualmente con la acusación hacia quienes los esgrimen de ser un caballo de Troya en el feminismo y de querer imponer la teoría ‘queer’, que cuestiona la construcción del sexo como un sistema binario hombre-mujer.

El enfrentamiento ha llegado a tal punto que la Fundación Pedro Zerolo se ha visto en la necesidad de emitir un comunicado recordando que tiene como fines fundacionales "la defensa del feminismo y la lucha permanente por la dignidad y derechos de las personas LGTBI, dos movimientos de emancipación personal que deben continuar trabajando al unísono". La Fundación pide "respeto y un diálogo sincero" ante el "alarmante aumento de ideas y políticas que pretenden cuestionar conquistas básicas y fundamentales de la sociedad española, tales como la lucha contra la violencia de género, las políticas de igualdad efectiva entre mujeres y hombres, las políticas de acción positiva, de la identidad y la autonomía de la voluntad de las personas desde su propia autodeterminación".

El comunicado apela a la necesidad de no promover enfrentamientos "superficiales e innecesarios, porque el enemigo está en quienes niegan o cuestionan los avances y el camino común recorrido en defensa de los derechos y libertades de todas las mujeres y de las personas LGTBI+". Un mensaje que refleja fielmente el espíritu que caracterizó la trayectoria del político feminista y defensor de los derechos LGTBI y que contrasta notablemente con el visceral debate al que asistimos en estos días.