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lunes, 8 de enero de 2024

#hemeroteca #trans | Alex Saint, actriz: “Me he querido morir ya varias veces. ‘Si esto es mi vida, no la quiero’. Luego pasan cosas maravillosas”

El País / Alex Saint //

Alex Saint, actriz: “Me he querido morir ya varias veces. ‘Si esto es mi vida, no la quiero’. Luego pasan cosas maravillosas”

La maquilladora de estrellas como Aitana, Ester Expósito o Dulceida se defiende ahora como intérprete en ‘Vestidas de azul’, de Atresmedia, donde los Javis la apadrinan como actriz a tener en cuenta
Tom C. Avendaño | El País, 2024-01-08
https://elpais.com/television/2024-01-08/alex-saint-si-a-ti-no-te-quiere-nadie-no-hay-amor-propio-posible.html 

Nunca pretendió ser maquilladora, nunca pretendió ser actriz y nunca pretendió ser estrella. Esto último lo pone en duda, con la voz, un poco tímida, un poco humilde, que le sale cuando se le hace hablar de su éxito. Pero Alex Saint (Orihuela, 33 años), que dejó su pueblo de 80.000 habitantes para probar con la fotografía de moda con todo lo que eso conlleva, que tardó años en iniciar su transición a mujer con todo lo que eso conlleva, tiene éxito. En 2019, su nombre empezó a sonar por su talento como maquilladora. Hoy, muchos de los rostros más vistos de España —el fenómeno pop Aitana; la ‘überinfluencer’ Dulceida; Ester Expósito, actriz de Élite y una de las españolas más conocidas en Instagram; o Pedro Almodóvar en la portada de ICON— usan y jalean sus servicios. Y eso es solo parte de la historia.

Ahora, Saint es una de las apuestas de los Javis en la nueva serie 'Vestidas de azul' (Atresplayer Premium), esta vez como actriz. El proyecto retoma la historia de ‘Veneno’ (2020), donde Saint tenía un papel pequeño como amiga de la protagonista, Valeria Vegas (Lola Rodríguez). Ese personaje se amplía ahora a lo largo de varios capítulos, con una trama propia, dura y optimista, muy en el espíritu del proyecto: homenajear las historias trans del pasado y ampliar las voces trans del presente. No ha sido fácil, ni siquiera indoloro, llegar hasta aquí pero ahora, Saint atraviesa un momento podemos llamar envidiable sin miedo a gafarlo. “He tenido suerte”, aduce como si nada, sentándose en una cafetería de la calle Barquillo.

Pregunta. A ver, suerte y buena mano.
Respuesta. Tengo el síndrome de la impostora muy dentro. Pero sí, supongo que tendré algo que gusta. Es difícil encajar que una maquilladora ahora haga una serie. Y nunca pretendí ser maquilladora.

P. ¿Qué pasó ahí?
R. Fui a Barcelona a estudiar fotografía de moda. Entonces no me gustaba cómo maquillaba nadie. Y, como soy muy controladora y perfeccionista, dije: ‘Si lo hago yo lo voy a hacer mejor’. Con el tiempo he descubierto que se trabaja mejor en equipo pero en aquella época tenía una idea muy clara de lo que quería fotografiar. Siempre chicas rubias, por cierto.

P. Como usted.
R. Intentaba verme a mí a través de la foto. Aún no había iniciado mi transición. Conocí a [la modelo] Jessica Goicoechea, ese prototipo de tía rubia megapoderosa, la mujer empoderada y fuerte que yo quería ver en las demás y en mí. Le empecé a hacer fotos y terminé siendo su mánager, su maquilladora, su estilista, todo. A partir de ahí, me llamó Dulceida para que la maquillase en los Goya, y de golpe era más maquilladora que otra cosa. En ese momento el maquillaje que yo hacía no era el típico que se hacía aquí en España.

P. ¿Cómo se hace en España?
R. Aquí las actrices siempre van muy naturales. Yo empecé a hacer ese maquillaje americano, muy elaborado pero que por los colores aparenta ser natural. Tras Dulceida, tuve un bum entre el mundo ‘influencer’. Me llamó Ester Expósito, me llamó Aitana.

P. Usted pasó a tener un nombre propio.
R. Los fans de Aitana me piden fotos, me reconocen. Gente que puede no haber conocido una persona trans en su vida ahora sabe que hay una y que maquilla a Aitana. Eso normaliza. Es mi manera de hacer activismo.

P. ¿Su transición cómo afectó este viaje?
R. La empecé bastante mayor, con 25 casi 26. Como tanta gente de nuestro colectivo, no he tenido la infancia o adolescencia que hubiera querido. Tampoco fueron malas, pero muchas de las locuras que se supone que tocan en esa época no las he vivido. Después de mi transición, que casi la sitúo a los 30, empecé a salir, conocer gente, a divertirme. Me hacía falta la euforia... Lo que pasa es que luego ya todos sabemos que después los picos llegan los valles.

P. Hizo el maquillaje de Jedet para la prueba de Veneno y los Javis le animaron a hacer su propio casting. Salió de ahí con el papel de Sacha, la amiga de la protagonista. ¿Qué tal su síndrome de la impostora ahí?
R. Es muy difícil estar mal con los Javis. Te sacan lo que ellos quieren, lo que ven en ti. Lo que pasa es que yo ahí estaba muy insegura. Era mi primera vez delante de una cámara y estaba rodando con ellos. Yo, que hacía nada estaba en Barcelona, en mi casa, con una depresión de caballo.

P. ¿Una depresión de continuidad o puntual?
R. Tengo tendencia a deprimirme. Creo que en parte es por genética y en parte las vivencias desde pequeña. Ahora se habla mucho de salud mental y de todo esto, pero yo crecí como todos, sin saber qué era ni la ansiedad, ni la terapia, ¿sabes? En mi pueblo ir al psicólogo era como... Me acuerdo ahora de una de mis mejores amigas, su madre murió cuando era pequeña, y a ella la llevaban al psicólogo y era una cosa rarísima.

P. Su personaje en ‘Vestidas de azul’ es precisamente todo salud mental. Sacha se enfrenta al calvario del passing, el ansiar una apariencia totalmente cis y no sentir que se consigue nunca. Que siempre queda un rasgo delator, una operación por delante. Que nunca es suficiente. ¿Qué le pareció cuando le presentaron la trama?
R. Mi trama la he creado yo prácticamente, no es algo que se me presentara. Los Javis me conocen y me propusieron contar esta parte de mí, la salud mental, la disforia. He tenido muchos problemas con eso. Hice la transición muy mayor y hay veces que me vi en esas. ¿Ahora dónde encajo? ¿Dónde me voy a mover, dónde voy a ligar? ¿Dónde me van a querer? ¿Dónde me van a querer en general? Es en el fondo la cuestión de cómo vas a encajar en el mundo siendo una mujer trans.

P. “Dónde me van a querer”. Ahí está todo, ¿no?
R. Para mí la vida es eso. El trabajo que tenemos, las cosas que queremos conseguir, es porque queremos sentirnos aceptados, pertenecer a algo, y eso conlleva que los demás nos quieran. Cuando hablan de amor propio pues bueno. Sin el de los demás tampoco hay amor propio posible. Si tú sientes que el entorno en el que te mueves es hostil, te genera una vida infeliz.

P. En la serie, y también en su vida, esa infelicidad se traslada al plano físico.
R. Es muy común castigarse físicamente cuando nos pasan cosas feas por dentro. Sacha todo lo achaca a que no es lo suficientemente cis, o que los demás no la van a percibir como la mujer que ella siente que es. Se compara con su novia, que es cis, y siente miedo de que la deje porque no es lo suficientemente mujer. Esa inseguridad al final destruye todo lo que tienes alrededor. Las relaciones con tus amigas, con tu pareja, el trabajo. Entras en un bucle, es algo muy oscuro. Yo he sobrevivido gracias a eso. A mis amigas, y a mi madre, y a mi familia.

P. A eso que ha sobrevivido, ¿cómo lo definiría?
R. A querer morirme. Literalmente. O sea, yo, muchas veces, bueno, no sé si…

P. ¿Paramos y se lo piensa?
R. No quiero pensármelo tampoco, la verdad. Es lo que yo he sentido. Me he querido morir varias veces ya a lo largo de mi vida, porque he concluido: ‘Si esto es lo que la vida me ofrece, no lo quiero. No quiero estar sufriendo’.

P. ¿Sufría por el rechazo externo o interno?
R. Llegó un momento en el que ya no sabía. Si todo el rato te están diciendo que qué asco, lo que llega a tu cabeza es eso. Que qué asco. Que nunca vas a tener una vida normal, que no eres querible, que no eres lo suficientemente deseable. A nadie le interesa tu dolor. Nadie te comprende. Los demás son cis y tú eres trans.

P. Y eso, dice, que envenena hasta a sus amigos.
R. Cuando hablo con mis amigas de las cosas que me han pasado con los chicos cis heteros, siempre aparece siempre alguna amiga cis que quiere empatizar contigo, pero te dice: ‘Ya es que esto a mí no me parece para tanto...’. Es que es exactamente no lo mismo para ti que para mí.

P. Alguien te quiere ayudar, y tú tienes que decirle: ‘Es que hay una barrerita’.
R. Incluso cuando la gente te quiere ayudar es difícil. Al final solo te va a entender otra hermana, ¿sabes? Otro hermano, otre hermane. Todo ese dolor, ¿qué haces con él? ¿Qué haces con él?

P. Una carrera como maquilladora, se ve. O una serie.
R. He sufrido mucho por este tema pero la oportunidad de hacer una serie, de estar haciendo esta entrevista, cosas que ayudan, que contribuyen, le da un sentido a ese dolor. Imagina que alguien se siente identificado con esto y lo lee en el periódico, que dice: “Joder, esta mujer trans está en la contraportada de El País contando cosas que resuenan en mí”.

P. Usted no está en la contraportada de El País por ser una persona trans. Está aquí por ser una maquilladora de primer nivel y actriz en una de las series del mes.
R. Me alivia que se enfoque así. Cuando empecé mi transición, le decía mi psicóloga: ‘¿Pero mi vida se va a reducir ahora a hablar de esto?’. En mi vida personal, el que yo sea trans ya no está tan, tan presente. En mi trabajo... Es algo que parece que llevas como en la frente. La mujer trans. En fin, tengo interiorizado que el tema, por ahora... está ahí, está ahí. Es el momento de hablar de esto y de que lo hagamos nosotras.

P. Porque las historias trans de la vida real no siempre son tan trágicas como dicen los estereotipos.
R. Es lo que quería mostrar con Sacha. El camino a encontrarte como persona, algo que se traslada no solo a una persona trans sino a cualquiera. Todos nos divorciamos, envejecemos, nos mudamos, tenemos pérdidas, todos tenemos duelos que afrontar. Y lo que sale al otro lado siempre me ha parecido mejor. Como te decía, yo me he visto diciendo: ‘De aquí no salgo, se ha terminado’. Ser un poco kamikaze y pensar: ‘’Pos’ venga, me quedo en la fiesta un rato a ver qué sale, si total ya está todo perdido, pero...’.

P. Pero pensando que cualquier día coge el abrigo y se va.
R. Y luego pasan cosas maravillosas.

P. ¿Qué aspecto tienen esas cosas maravillosas?
R. Estoy descubriendo que la felicidad es estar tranquila. He buscado la felicidad en muchos sitios, en muchas personas, en muchas aventuras, y resulta que todo es rodearte de un grupo de gente que propicie tu tranquilidad, tener una pareja que te cuide, y un proyecto de vida a largo plazo y con valores. No estoy viendo a casi nadie, me cuesta mucho socializar últimamente, y la rutina de ir a eventos o a fiestas ahora no me apetece. Tengo una vida bastante aburrida que aprecio un montón.

P. ¿La maquilladora se ha hartado de las máscaras?
R. Me he hartado de dar explicaciones, de ir a sitios que no me apetece ir, de hablar con gente que no me interesa y de estar en situaciones que veo absurdas. Me apetece estar más con mi perra, viendo una peli, con mis tres amigos que ya me entienden. La madurez a todo el mundo le lleva ahí.

sábado, 9 de julio de 2022

#hemeroteca #trans #testimonios | Roberta Marrero: “Algunas personas no podemos permitirnos el lujo de no poner el cuerpo”

Roberta Marrero: “Algunas personas no podemos permitirnos el lujo de no poner el cuerpo”
La artista firma un poemario que da vueltas sobre la identidad, la depresión o la violencia contra las mujeres trans. Ella lo llama “poesía sucia”.
Patricia Reguero Ríos | El Salto, 2022-07-09
https://www.elsaltodiario.com/culturas/roberta-marrero-poes%C3%ADa-todo-era-ser-fuego-chulos-travestis-trans 

Roberta Marrero //
Cuerpos trans incorruptos, reliquias de neovaginas o de tetas de silicona, vidas (trans)gredidas y cristos (trans)figurados son algunas de la imágenes que el poemario ‘Todo era por ser fuego’ (Continta me tienes, 2022) arroja a la cara. Roberta Marrero (Canarias, 1972) firma este poemario que da vueltas sobre la identidad, la depresión o la violencia contra las mujeres trans. Ella reivindica que en sus poemas hay también deseo, alegría o amor, y es verdad, aunque tras la lectura lo que permanezca sea el dolor de las heridas.

En 2015 publicó su primer libro, ‘Dictadores’, donde convierte los rostros del totalitarismo en collages pop. En 2016 vio la luz la novela gráfica ‘El bebé verde’, un repaso a su infancia que empieza con una criatura que advierte: “No nací hombre ni mujer, nací bebé”. En 2018 publicó ‘We can be heroes’, donde recoge aportaciones a la cultura de referentes LGTBIQ+. Ha utilizado la música, las artes visuales y la escritura. La apuesta de su última obra es por la poesía. “Poesía sucia”, en sus palabras.

P. En tu poema ‘Canarias marica’ hay una imagen en la que Ivana la peluquera y otras mujeres trans atraviesan unas plataneras a hombros de sus chulos. Es una imagen que lleva fácilmente a otra de la novela ‘Las malas’, de Camila Sosa, que arranca con una manada de travestis avanzando por un parque de Buenos Aires. ¿Las comparaciones son odiosas?
Esa imagen es real, eso es lo que nos contaba Ivana, la peluquera: es real o ella la contó como que lo era. Sí, las comparaciones son odiosas, pero es normal que cualquier escritora trans que salga ahora sea comparada con Camila Sosa, porque ella es la Shakespeare de las trans. Tiene el [premio] Sor Juana Inés de la Cruz y es muy famosa a nivel mundial. Pero este poema es del 2016, antes de que salieran ‘Las malas’. No pasaría nada si me hubiese animado a escribir sobre lo trans después de leerla, pero es un tema que uso desde hace años.

P. Esa imagen misma tiene reminiscencias religiosas, parece que esos chulos fueran costaleros. Y hay muchos más poemas de tu libro que recurren a esta imaginería. ¿Por qué acudir a una religión que limita a las mujeres, más aún a las mujeres trans?
Cuando escribo, lo hago de una manera bastante inconsciente. No pienso demasiado en lo que estoy haciendo ni en lo que estoy escribiendo. Siempre digo que lo que hago es escritura automática, que es cuando a una médium se le mete un espíritu por dentro y escribe en un papel lo que el espíritu le dicta. Tuve educación católica y, aunque no soy practicante, sigo siendo católica porque nunca apostaté. El rito católico está dentro de mi imaginería visual y de mi cultura sentimental. A mí el rito, independientemente de lo que signifique la Iglesia Católica, me parece un rito bello. Me parece un rito que tiene algo de pagano: los mártires, la cosa escatológica, la sangre, las tetas de Santa Águeda, San Sebastián, el erotismo. Es decir, la imaginería católica tiene muchas visiones y muchas lecturas. Tampoco soy la primera persona que utiliza este recurso. Por ejemplo, Jean Genet ya lo hacía en ‘Nuestra Señora de las Flores’. ¿Por qué no reapropiarnos de algo que se supone que nos niega?

No es algo tan extraño. El documental ‘¡Dolores, guapa!’, que se estrenó en cine hace un par de meses, habla sobre la relación entre el colectivo LGTB y la Semana Santa Sevillana. Hay muchas más cosas que unen al colectivo LGTB con la religión católica que cosas que lo separan, porque una cosa es lo que la Iglesia pueda decir de nosotras y de nosotros, y otra lo que los curas hacen en las pequeñas parroquias. Por ejemplo, estuve hace poco haciendo una residencia en el Museo TEA de Tenerife y cerca hay una iglesia a la que van las mujeres trans que hacen la calle por la zona. Van vestidas de mantilla y hacen misa en latín. Yo no llego a esos extremos, no creo en ningún dios, pero sí que me parece que la imaginería católica forma parte de mi acervo cultural y lo uso igual que uso una película de Disney de los años 30.

P. Hay un poema en el que dices que quieres una foto de tu primera comunión vestida de princesa, pero utilizas para la portada de tu libro tu foto de comunión vestida de niño...
No lo pensé mucho. Cuando digo esto, parece que soy tonta y que nunca pienso en nada, pero es que prefiero trabajar por impulso. Es como el uso de la de la imaginería católica: si lo haces aposta pensando que a alguien le pueda escandalizar, se nota que es un pegote. Cuando lo haces de una manera espontánea y natural, queda bonito. La imagen vestida de primera comunión me parecía una imagen potente para la portada de un libro, sobre todo porque, si no sabes que soy yo, ves un niño vestida de primera comunión con el subtítulo “poemas de chulos, trans y travestis”. Me parece que refleja bastante bien toda esa imaginería religiosa que se se usa dentro. Es bastante ‘camp’, porque es una imagen de estudio con ese fondo de falso cielo detrás. Me parece incluso hasta una imagen un poco satánica, porque yo no solo soy admiradora de la imaginería católica, sino que también soy admiradora de lo oculto. Entonces, como fan de Aleister Crowley o de Kenneth Anger, usar esa imagen antes de que se pierda la inocencia y convertirte en esa adulta tan compleja que mama de dos mundos crea algo también de ‘dandy’. Obviamente es una decisión que ahora llamaríamos política. Es quitar el hierro a que las personas trans usemos las fotos de antes, las fotos de cuando éramos pequeñas.

P. En el relato sobre lo trans suele haber un pasado al que parece que no se quiere hacer referencia —por ejemplo, se habla del nombre anterior como ‘deadname’— y sin embargo tú lo pones en primer plano. ¿Es una reconciliación con la infancia?
Nunca he estado muy peleada con eso. Sobre todo porque empecé a tomar hormonas muy joven, con 18 años y no tengo muchas fotos de antes. No es una reconciliación, es más... ¿una reivindicación? No sé. Me parece una imagen que es hermosa.

P. Hoy el concepto más extendido y que se entiende como respetuoso es “personas trans”. Cuando se habla de lo trans, sin embargo, tú reivindicas un término que es “travesti”. ¿Por qué?
Eso sí que es influencia de Camila Sosa Villada, es influencia de ‘El archivo de la memoria trans argentina’, es influencia de Pedro Lemebel, es influencia de estas corrientes trans que nos llegan de Latinoamérica, que a mí me parecen las más potentes que hay ahora mismo, en las que se usan ambos términos como hago yo en el poemario: se usa el término trans y se usa el término travesti. Me parece que si lo usamos nosotras y las personas que pertenecen a nuestro círculo la palabra adquiere otro significado completamente distinto. Es decir, igual que usamos “maricón” o “bollera”, que han sido siempre insultos, pero cuando lo decimos nosotras los significamos de otra manera, me parece que con la palabra “travesti” pasa lo mismo. Además, utilizo “las” travestis, porque la gente heterocís siempre dicen “los” travestis... Están muy empeñados en llamarnos en masculino. No entiendo por qué. Decir “las travestis” tienen esa cosa de reivindicación del insulto, de reivindicación de un pasado bastante reciente. En realidad, el término “trans” en España parece que lo llevamos usando toda la vida, pero cuando Sonia Rescalvo fue asesinada en el 91 —hay un poema dedicado a ella— todos los medios de comunicación decían “travesti”. Ningún medio de comunicación decía “mujer trans”. Hay un poema, que es el poema ‘Navaja’, en el que se explica.

P. Ahí dices que es una palabra más pictórica...
Sí, es más pictórica también. Ahora que lo pienso, es una cierta reacción a todo este feminismo transexcluyente en el que parece que la palabra mujer es sacrosanta, intocable. Parece que hay que pasar por el término mujer de puntillas. Entonces, a lo mejor también es una manera de poner una cierta distancia en la que nosotras manejemos un término y nos diferenciamos. Me van a decir que soy una TERF por decir esto, ya ves todo lo que le dijeron a la Jedet [la actriz de ‘Veneno’ fue acusada de ser transexcluyente por decir que “las mujeres y las mujeres trans no son lo mismo”]. Somos mujeres y hombres, pero “travesti” es un término que está bien.

P. En los últimos años hemos visto una creciente violencia en redes contra las personas trans. ¿Llega hasta ti esa violencia?
No es nada nuevo. Las personas trans, sobre todo las que tenemos más edad, hemos estado expuestas a violencias desde muy jóvenes. Es decir, yo nací en el 72 y en el 82 tenía diez años. Hay toda esta mitología de que España en los 80 era un sitio muy progre, muy moderno. Te digo yo que no. A lo mejor lo era en Madrid o en Barcelona, en cuatro sitios, pero España en general era un sitio bastante oscuro. A nivel de calle y de día las cosas han empezado a cambiar, como en el 2000 y pico. Desde entonces puedes ir más tranquila porque está mal visto que alguien te insulte por la calle. De todos modos, yo no tengo Twitter y toda esta violencia a mí no me llega porque no la quiero leer, no me apetece hablar de TERFs, me apetece hablar de tías chulas y de mujeres guays. Creo que se nos ha ido de las manos, no solamente con las personas trans. Mira lo que pasó con Verónica Forqué. Que la gente piensa que decir que Verónica Forqué se pudo llegar a suicidar por la presión que sufría en redes es una exageración, pero si eres una persona que está deprimida y abres un portátil y te encuentras setenta mil millones de mensajes diciendo que eres lo peor, eso tiene una influencia en ti. Creo que se nos ha ido de las manos en general y que el ‘bullying’, que antes era una cosa que pertenecía al patio del colegio se ha extendido a la edad adulta y a las redes.

P. ¿Las que se llaman feministas radicales son ‘bullies’ sueltas por las redes?
A ver si tú lo que haces todo el día es estar metiéndote con personas que ni conoces por razones totalmente subjetivas... eso es ejercer violencia.

P. Vamos a volver a tu poemario. El prologuista, Víctor Mora, dice que tu voz es la herida. ¿Eso es lo que haces? ¿Escribes desde la herida?
Supongo que escribo desde un montón de sitios. El libro anterior, que fue ‘We can be heroes’, es del 2018 y este es del 2022. En esos cuatro años tuve una depresión clínica y pasó una pandemia mundial. Mientras escribía esos poemas estaban dando coletazos todavía esas dos cosas tan tremendas. De hecho, hay un poema que habla de la depresión que se llama ‘La casa’. Hablo desde la herida, hablo desde el deseo, también hablo desde la falta del deseo, hablo desde la complejidad del deseo, hablo desde la identidad, hablo desde qué significa ser mujer, hablo desde qué significa ser trans, hablo desde el sitio de alguien que insultan por la calle, hablo desde la alegría en algunos casos. Hablo desde muchos sitios y uno de los sitios es la herida. Además, el poemario se abre con varias citas, entre ellas una de Alejandra Pizarnik que dice algo así como que todos estamos heridos.

P. Uno de los dolores que hay en este poemario es el dolor por las mujeres trans asesinadas. Lo mencionas varias veces y además hay un poema a Sonia Rescalvo, una mujer asesinada por la agresión de un grupo de neonazis en Barcelona en 1991. ¿Falta hacer memoria de las mujeres trans?
Sí que falta. Ayer justamente me terminé un libro sobre arte y VIH de Andrea Galaxina y decía que el colectivo de las mujeres trans en Estados Unidos es uno de los más castigados por el VIH, pero que su representación en el mundo del arte en Estados Unidos es muy poca —el ensayo está bastante basada en el arte que se hizo en Estados Unidos durante la pandemia del sida—. Pero, claro, las mujeres trans no tenían los recursos que tenían por ejemplo, los hombres gays cis blancos para poder contar sus historias, porque estaban en la más absoluta otredad. Estaban en otro sitio en el que lo único que podían hacer era intentar sobrevivir. Toda esa memoria está perdida.

Hay un afán ahora, como por ejemplo por parte del ‘Archivo de la memoria trans argentina’, de recuperar esa memoria, en este caso de las mujeres trans durante la dictadura política y antes de la dictadura política. Siempre hemos tenido voz, pero nunca hemos tenido un altavoz. El altavoz que se nos ha puesto delante a las mujeres trans es absolutamente reciente. ‘El bebé verde’ que escribí en el 2015 está publicado más en la fecha en la que se empieza a poner a más mujeres trans en los medios de comunicación contando nuestras historias en primera persona. Además, date cuenta que ahí es cuando las TERF han explotado, porque cuando estábamos calladas y en la penumbra de la sociedad no molestábamos a nadie. Es bastante representativo que toda esta violencia en redes haya empezado cuando hemos empezado a tener más visibilidad. Me hace mucha gracia cuando dicen que las trans estamos intentando borrar mujeres, es decir, ¡nosotras no tenemos el poder de borrar absolutamente a nadie! Es como si los norteamericanos blancos le dijeran a los latinoamericanos que quieren borrarles porque están contando sus historias.No hemos sido totalmente excluidas porque siempre ha habido personas que han contado sus historias a lo largo. Es decir, Christine Jorgensen, que fue una trans norteamericana, fue muy famosa en los años 50. O Lili Elbe, que es la mujer trans en la que se inspiraron para hacer ‘La chica danesa’, escribió sus memorias en los años 30. Pero siempre eran cosas muy puntuales.

P. A lo largo de tu carrera artística has usado la música, el arte visual, el cómic... ¿Que es lo que te permite hacer un poemario?
Creo que ya hacía tiempo que estaba usando lo poético en mi obra. En el libro del año 2018, ‘We can be heroes’, hay un montón de dibujos que están llenos de palabras. Hay un dibujo de Marsha P. Johnson que está totalmente manuscrito alrededor. Cogí ese dibujo, transcribí lo que estaba manuscrito a un papel y vi que era un poema, que es el primer poema que abre ‘Todo era por ser fuego’. Entonces me di cuenta de que ya estaba escribiendo poesía de manera inconsciente. La poesía me parece interesante porque te permite decir cosas muy complejas en un espacio bastante corto. Si yo fuera a hablar en un libro de todo lo que hablo en ‘Todo era por el fuego’ —de la represión, de la familia, del público, de la niñez, de la identidad, del deseo— sin usar lenguaje poético, escribiría un libro de 3.000 páginas. Sin embargo, usando el lenguaje poético puedes hablar de eso en pocas páginas.

P. ¿Cómo llega a convertirse el libro?
Tenía varios poemas ya escritos y pensé que me gustaría publicarlos, pero sabía que no los iba a publicar con mi editorial anterior, con Lunberg, porque está especializada en libros ilustrados y yo no quería que hubiera ningún tipo de ilustración. Tampoco creo que los temas que trato y el lenguaje que uso en el poemario sean los más indicados para ese lugar. Este libro es más callejero, el más arrabalero que los libros anteriores, más sucio. Se habla de semen, de chulos. Se lo propuse yo a las chicas de Continta y ellas, que eran fans de mi trabajo, me dijeron que sí en enseguida.

P. ¿Tu poesía es arrabalera y sucia?
Por lo menos es lo que a mi me gustaría pensar. Luego también hay poemas que son más deudores de la poesía de Baudeleire, por ejemplo, y son menos arrabaleros. Pero todos estos poemas en los que se hace alusiones a las canciones populares, que no pop, de Rocío Jurado, de Mocedades, las referencias a Pedro Lemebel, el lenguaje callejero de los chulos, de las travestis, de las navajas a mí me parece bastante más callejero que los libros anteriores. Piensa, además, que la última palabra del libro, que pertenece al epílogo de Celeste es “semen”. Este es un libro que se cierra con la palabra semen.

P. Tus libros están plagado de referentes. En este poemario está Rigoberta Bandini y La Jurado, Lemebel o Jean Genet, por citar solo algunos. ¿Es este libro un glosario de tus referentes?
Yo soy una enferma de la cultura, llevo consumiendo cultura desde que tengo 14 años, incluso antes, porque cuando era muy pequeña leía cómics de superhéroes y de superheroínas, y eso también es cultura. Estoy todo el rato leyendo, descubriendo cosas. Si escribiese otro poemario ahora, habría otras referentes completamente distintas. Son todas las que están, pero no están todas las que son.

P. Dices en uno de tus poemas que te queda cuerpo que poner cuerpo. ¿Dónde quieres poner el cuerpo ahora?
Honestamente, en mi cama con un libro.

P. ¿Deshonestamente?
La verdad es que yo estoy un poco cansada de poner el cuerpo. Tengo 50 años, llevo cinco décadas poniendo el cuerpo. Yo puse el cuerpo desde muy pequeña, porque antes de que yo supiera lo que me pasaba ya parece que lo sabían todos los niños a mi alrededor y estaba el insulto constante todo el rato. Llega un momento en que te cansas. Lo que pasa que para algunas personas no poner el cuerpo es un lujo que no nos podemos permitir. A mí me encantaría no poner el cuerpo, ser invisible y pasar totalmente desapercibida por lo menos cuando quiero. Pero para las personas trans no es tan fácil. Es verdad que con la edad tengo más ‘passing’ que el que tenía cuando era más joven y cuando ya quieres tener mucho ‘passing’ te pones una mascarilla y ya no te mira absolutamente nadie.

P. Cuanto más ‘passing’ tienes, menos cuerpo hay que poner...
El cuerpo cuanto más difícil es de leer para los que te rodean, más lo pones. Es eso. Es decir, los cuerpos que no entran dentro de lo que se supone que es la norma, los cuerpos negros, los cuerpos gordos, los cuerpos disca, los cuerpos trans. Todos esos cuerpos, y muchos otros más, se ponen aunque no quieras, porque la gente te lee de una manera incómoda. Son cuerpos que pueden causar cierta incomodidad a tu alrededor. Entonces, aunque tú no lo quieras poner, lo tienes que poner. Si escribes poesía y eres trans, cuando estás en una entrevista ya estás poniendo el cuerpo.

P. ¿Es absurdo por mi parte pensar que por ser una mujer trans tienes que tener una opinión sobre la ley trans que el 28 de junio fue vista en segunda vuelta por el Consejo de Ministros y ahora se tramitará en el Congreso?
Honestamente, y voy a pecar de mala trans, como yo me amparé en la ley 3/2007 y tengo mi DNI cambiado y todo… No le he prestado demasiada atención. Soy muy mala trans y muy mala compañera. No tengo ninguna opinión al respecto porque no la he seguido mucho más allá de las cosas de las que te enteras, aunque no quieras. Sí que tengo una opinión sobre las leyes en general y es que las leyes están muy bien, pero las leyes nos amparan hasta cierto punto. Obviamente es mucho más fácil y mucho más sano tener un DNI con tu nombre y con tu identidad, pero eso no significa que inmediatamente vaya a acabar la transfobia en la sociedad, exista la ley que exista. Yo creo que la transfobia en este caso, tiene unos mecanismos que están muy arraigados socialmente. No va a ser tan fácil borrar esos mecanismos. Cuando dices esto, parece que soy una persona negativa. No soy una persona negativa. Soy una persona trans que vive su realidad todos los días.

#hemeroteca #trans #testimonios | Roberta Marrero: “Algunas personas no podemos permitirnos el lujo de no poner el cuerpo”

El Salto / Roberta Marrero //
Roberta Marrero: “Algunas personas no podemos permitirnos el lujo de no poner el cuerpo”.

La artista firma un poemario que da vueltas sobre la identidad, la depresión o la violencia contra las mujeres trans. Ella lo llama “poesía sucia”.
Patricia Reguero Ríos | El Salto, 2022-07-09
https://www.elsaltodiario.com/culturas/roberta-marrero-poes%C3%ADa-todo-era-ser-fuego-chulos-travestis-trans 

Cuerpos trans incorruptos, reliquias de neovaginas o de tetas de silicona, vidas (trans)gredidas y cristos (trans)figurados son algunas de la imágenes que el poemario ‘Todo era por ser fuego’ (Continta me tienes, 2022) arroja a la cara. Roberta Marrero (Canarias, 1972) firma este poemario que da vueltas sobre la identidad, la depresión o la violencia contra las mujeres trans. Ella reivindica que en sus poemas hay también deseo, alegría o amor, y es verdad, aunque tras la lectura lo que permanezca sea el dolor de las heridas.

En 2015 publicó su primer libro, ‘Dictadores’, donde convierte los rostros del totalitarismo en collages pop. En 2016 vio la luz la novela gráfica ‘El bebé verde’, un repaso a su infancia que empieza con una criatura que advierte: “No nací hombre ni mujer, nací bebé”. En 2018 publicó ‘We can be heroes’, donde recoge aportaciones a la cultura de referentes LGTBIQ+. Ha utilizado la música, las artes visuales y la escritura. La apuesta de su última obra es por la poesía. “Poesía sucia”, en sus palabras.

P. En tu poema ‘Canarias marica’ hay una imagen en la que Ivana la peluquera y otras mujeres trans atraviesan unas plataneras a hombros de sus chulos. Es una imagen que lleva fácilmente a otra de la novela 'Las malas' de Camila Sosa, que arranca con una manada de travestis avanzando por un parque de Buenos Aires. ¿Las comparaciones son odiosas?
Esa imagen es real, eso es lo que nos contaba Ivana, la peluquera: es real o ella la contó como que lo era. Sí, las comparaciones son odiosas, pero es normal que cualquier escritora trans que salga ahora sea comparada con Camila Sosa, porque ella es la Shakespeare de las trans. Tiene el [premio] Sor Juana Inés de la Cruz y es muy famosa a nivel mundial. Pero este poema es del 2016, antes de que salieran. No pasaría nada si me hubiese animado a escribir sobre lo trans después de leerla, pero es un tema que uso desde hace años.

P. Esa imagen misma tiene reminiscencias religiosas, parece que esos chulos fueran costaleros. Y hay muchos más poemas de tu libro que recurren a esta imaginería. ¿Por qué acudir a una religión que limita a las mujeres, más aún a las mujeres trans?
Cuando escribo, lo hago de una manera bastante inconsciente. No pienso demasiado en lo que estoy haciendo ni en lo que estoy escribiendo. Siempre digo que lo que hago es escritura automática, que es cuando a una médium se le mete un espíritu por dentro y escribe en un papel lo que el espíritu le dicta. Tuve educación católica y, aunque no soy practicante, sigo siendo católica porque nunca apostaté. El rito católico está dentro de mi imaginería visual y de mi cultura sentimental. A mí el rito, independientemente de lo que signifique la Iglesia Católica, me parece un rito bello. Me parece un rito que tiene algo de pagano: los mártires, la cosa escatológica, la sangre, las tetas de Santa Águeda, San Sebastián, el erotismo. Es decir, la imaginería católica tiene muchas visiones y muchas lecturas. Tampoco soy la primera persona que utiliza este recurso. Por ejemplo, Jean Genet ya lo hacía en ‘Nuestra Señora de las Flores’. ¿Por qué no reapropiarnos de algo que se supone que nos niega?

No es algo tan extraño. El documental ‘¡Dolores, guapa!’, que se estrenó en cine hace un par de meses, habla sobre la relación entre el colectivo LGTB y la Semana Santa Sevillana. Hay muchas más cosas que unen al colectivo LGTB con la religión católica que cosas que lo separan, porque una cosa es lo que la Iglesia pueda decir de nosotras y de nosotros, y otra lo que los curas hacen en las pequeñas parroquias. Por ejemplo, estuve hace poco haciendo una residencia en el Museo TEA de Tenerife y cerca hay una iglesia a la que van las mujeres trans que hacen la calle por la zona. Van vestidas de mantilla y hacen misa en latín. Yo no llego a esos extremos, no creo en ningún dios, pero sí que me parece que la imaginería católica forma parte de mi acervo cultural y lo uso igual que uso una película de Disney de los años 30.

P. Hay un poema en el que dices que quieres una foto de tu primera comunión vestida de princesa, pero utilizas para la portada de tu libro tu foto de comunión vestida de niño...
No lo pensé mucho. Cuando digo esto, parece que soy tonta y que nunca pienso en nada, pero es que prefiero trabajar por impulso. Es como el uso de la de la imaginería católica: si lo haces aposta pensando que a alguien le pueda escandalizar, se nota que es un pegote. Cuando lo haces de una manera espontánea y natural, queda bonito. La imagen vestida de primera comunión me parecía una imagen potente para la portada de un libro, sobre todo porque, si no sabes que soy yo, ves un niño vestida de primera comunión con el subtítulo “poemas de chulos, trans y travestis”. Me parece que refleja bastante bien toda esa imaginería religiosa que se se usa dentro. Es bastante ‘camp’, porque es una imagen de estudio con ese fondo de falso cielo detrás. Me parece incluso hasta una imagen un poco satánica, porque yo no solo soy admiradora de la imaginería católica, sino que también soy admiradora de lo oculto. Entonces, como fan de Aleister Crowley o de Kenneth Anger, usar esa imagen antes de que se pierda la inocencia y convertirte en esa adulta tan compleja que mama de dos mundos crea algo también de ‘dandy’. Obviamente es una decisión que ahora llamaríamos política. Es quitar el hierro a que las personas trans usemos las fotos de antes, las fotos de cuando éramos pequeñas.

P. En el relato sobre lo trans suele haber un pasado al que parece que no se quiere hacer referencia —por ejemplo, se habla del nombre anterior como ‘deadname’— y sin embargo tú lo pones en primer plano. ¿Es una reconciliación con la infancia?
Nunca he estado muy peleada con eso. Sobre todo porque empecé a tomar hormonas muy joven, con 18 años y no tengo muchas fotos de antes. No es una reconciliación, es más... ¿una reivindicación? No sé. Me parece una imagen que es hermosa.

P. Hoy el concepto más extendido y que se entiende como respetuoso es “personas trans”. Cuando se habla de lo trans, sin embargo, tú reivindicas un término que es “travesti”. ¿Por qué?
Eso sí que es influencia de Camila Sosa Villada, es influencia de ‘El archivo de la memoria trans argentina’, es influencia de Pedro Lemebel, es influencia de estas corrientes trans que nos llegan de Latinoamérica, que a mí me parecen las más potentes que hay ahora mismo, en las que se usan ambos términos como hago yo en el poemario: se usa el término trans y se usa el término travesti. Me parece que si lo usamos nosotras y las personas que pertenecen a nuestro círculo la palabra adquiere otro significado completamente distinto. Es decir, igual que usamos “maricón” o “bollera”, que han sido siempre insultos, pero cuando lo decimos nosotras los significamos de otra manera, me parece que con la palabra “travesti” pasa lo mismo. Además, utilizo “las” travestis, porque la gente heterocís siempre dicen “los” travestis... Están muy empeñados en llamarnos en masculino. No entiendo por qué. Decir “las travestis” tienen esa cosa de reivindicación del insulto, de reivindicación de un pasado bastante reciente. En realidad, el término “trans” en España parece que lo llevamos usando toda la vida, pero cuando Sonia Rescalvo fue asesinada en el 91 —hay un poema dedicado a ella— todos los medios de comunicación decían “travesti”. Ningún medio de comunicación decía “mujer trans”. Hay un poema, que es el poema ‘Navaja’, en el que se explica.

P. Ahí dices que es una palabra más pictórica...
Sí, es más pictórica también. Ahora que lo pienso, es una cierta reacción a todo este feminismo transexcluyente en el que parece que la palabra mujer es sacrosanta, intocable. Parece que hay que pasar por el término mujer de puntillas. Entonces, a lo mejor también es una manera de poner una cierta distancia en la que nosotras manejemos un término y nos diferenciamos. Me van a decir que soy una TERF por decir esto, ya ves todo lo que le dijeron a la Jedet [la actriz de ‘Veneno’ fue acusada de ser transexcluyente por decir que “las mujeres y las mujeres trans no son lo mismo”]. Somos mujeres y hombres, pero “travesti” es un término que está bien.

P. En los últimos años hemos visto una creciente violencia en redes contra las personas trans. ¿Llega hasta ti esa violencia?
No es nada nuevo. Las personas trans, sobre todo las que tenemos más edad, hemos estado expuestas a violencias desde muy jóvenes. Es decir, yo nací en el 72 y en el 82 tenía diez años. Hay toda esta mitología de que España en los 80 era un sitio muy progre, muy moderno. Te digo yo que no. A lo mejor lo era en Madrid o en Barcelona, en cuatro sitios, pero España en general era un sitio bastante oscuro. A nivel de calle y de día las cosas han empezado a cambiar, como en el 2000 y pico. Desde entonces puedes ir más tranquila porque está mal visto que alguien te insulte por la calle. De todos modos, yo no tengo Twitter y toda esta violencia a mí no me llega porque no la quiero leer, no me apetece hablar de TERFs, me apetece hablar de tías chulas y de mujeres guays. Creo que se nos ha ido de las manos, no solamente con las personas trans. Mira lo que pasó con Verónica Forqué. Que la gente piensa que decir que Verónica Forqué se pudo llegar a suicidar por la presión que sufría en redes es una exageración, pero si eres una persona que está deprimida y abres un portátil y te encuentras setenta mil millones de mensajes diciendo que eres lo peor, eso tiene una influencia en ti. Creo que se nos ha ido de las manos en general y que el ‘bullying’, que antes era una cosa que pertenecía al patio del colegio se ha extendido a la edad adulta y a las redes.

P. ¿Las que se llaman feministas radicales son ‘bullies’ sueltas por las redes?
A ver si tú lo que haces todo el día es estar metiéndote con personas que ni conoces por razones totalmente subjetivas... eso es ejercer violencia.

P. Vamos a volver a tu poemario. El prologuista, Víctor Mora, dice que tu voz es la herida. ¿Eso es lo que haces? ¿Escribes desde la herida?
Supongo que escribo desde un montón de sitios. El libro anterior, que fue ‘We can be heroes’, es del 2018 y este es del 2022. En esos cuatro años tuve una depresión clínica y pasó una pandemia mundial. Mientras escribía esos poemas estaban dando coletazos todavía esas dos cosas tan tremendas. De hecho, hay un poema que habla de la depresión que se llama ‘La casa’. Hablo desde la herida, hablo desde el deseo, también hablo desde la falta del deseo, hablo desde la complejidad del deseo, hablo desde la identidad, hablo desde qué significa ser mujer, hablo desde qué significa ser trans, hablo desde el sitio de alguien que insultan por la calle, hablo desde la alegría en algunos casos. Hablo desde muchos sitios y uno de los sitios es la herida. Además, el poemario se abre con varias citas, entre ellas una de Alejandra Pizarnik que dice algo así como que todos estamos heridos.

P. Uno de los dolores que hay en este poemario es el dolor por las mujeres trans asesinadas. Lo mencionas varias veces y además hay un poema Sonia Rescalvo, una mujer asesinada por la agresión de un grupo de neonazis en Barcelona en 1991. ¿Falta hacer memoria de las mujeres trans?
Sí que falta. Ayer justamente me terminé un libro sobre arte y VIH de Andrea Galaxina y decía que el colectivo de las mujeres trans en Estados Unidos es uno de los más castigados por el VIH, pero que su representación en el mundo del arte en Estados Unidos es muy poca —el ensayo está bastante basada en el arte que se hizo en Estados Unidos durante la pandemia del sida—. Pero, claro, las mujeres trans no tenían los recursos que tenían por ejemplo, los hombres gays cis blancos para poder contar sus historias, porque estaban en la más absoluta otredad. Estaban en otro sitio en el que lo único que podían hacer era intentar sobrevivir. Toda esa memoria está perdida.

Hay un afán ahora, como por ejemplo por parte del ‘Archivo de la memoria trans argentina’, de recuperar esa memoria, en este caso de las mujeres trans durante la dictadura política y antes de la dictadura política. Siempre hemos tenido voz, pero nunca hemos tenido un altavoz. El altavoz que se nos ha puesto delante a las mujeres trans es absolutamente reciente. ‘El bebé verde’ que escribí en el 2015 está publicado más en la fecha en la que se empieza a poner a más mujeres trans en los medios de comunicación contando nuestras historias en primera persona. Además, date cuenta que ahí es cuando las TERF han explotado, porque cuando estábamos calladas y en la penumbra de la sociedad no molestábamos a nadie. Es bastante representativo que toda esta violencia en redes haya empezado cuando hemos empezado a tener más visibilidad. Me hace mucha gracia cuando dicen que las trans estamos intentando borrar mujeres, es decir, ¡nosotras no tenemos el poder de borrar absolutamente a nadie! Es como si los norteamericanos blancos le dijeran a los latinoamericanos que quieren borrarles porque están contando sus historias. No hemos sido totalmente excluidas porque siempre ha habido personas que han contado sus historias a lo largo. Es decir, Christine Jorgensen, que fue una trans norteamericana, fue muy famosa en los años 50. O Lili Elbe, que es la mujer trans en la que se inspiraron para hacer ‘La chica danesa’, escribió sus memorias en los años 30. Pero siempre eran cosas muy puntuales.

P. A lo largo de tu carrera artística has usado la música, el arte visual, el cómic… ¿Que es lo que te permite hacer un poemario?
Creo que ya hacía tiempo que estaba usando lo poético en mi obra. En el libro del año 2018, ‘We can be heroes’, hay un montón de dibujos que están llenos de palabras. Hay un dibujo de Marsha P. Johnson que está totalmente manuscrito alrededor. Cogí ese dibujo, transcribí lo que estaba manuscrito a un papel y vi que era un poema, que es el primer poema que abre ‘Todo era por ser fuego’. Entonces me di cuenta de que ya estaba escribiendo poesía de manera inconsciente. La poesía me parece interesante porque te permite decir cosas muy complejas en un espacio bastante corto. Si yo fuera a hablar en un libro de todo lo que hablo en ‘Todo era por el fuego’ —de la represión, de la familia, del público, de la niñez, de la identidad, del deseo— sin usar lenguaje poético, escribiría un libro de 3.000 páginas. Sin embargo, usando el lenguaje poético puedes hablar de eso en pocas páginas.

P. ¿Cómo llega a convertirse el libro?
Tenía varios poemas ya escritos y pensé que me gustaría publicarlos, pero sabía que no los iba a publicar con mi editorial anterior, con Lunberg, porque está especializada en libros ilustrados y yo no quería que hubiera ningún tipo de ilustración. Tampoco creo que los temas que trato y el lenguaje que uso en el poemario sean los más indicados para ese lugar. Este libro es más callejero, el más arrabalero que los libros anteriores, más sucio. Se habla de semen, de chulos. Se lo propuse yo a las chicas de Continta y ellas, que eran fans de mi trabajo, me dijeron que sí enseguida.

P. ¿Tu poesía es arrabalera y sucia?
Por lo menos es lo que a mi me gustaría pensar. Luego también hay poemas que son más deudores de la poesía de Baudeleire, por ejemplo, y son menos arrabaleros. Pero todos estos poemas en los que se hace alusiones a las canciones populares, que no pop, de Rocío Jurado, de Mocedades, las referencias a Pedro Lemebel, el lenguaje callejero de los chulos, de las travestis, de las navajas a mí me parece bastante más callejero que los libros anteriores. Piensa, además, que la última palabra del libro, que pertenece al epílogo de Celeste es “semen”. Este es un libro que se cierra con la palabra semen.

P. Tus libros están plagado de referentes. En este poemario está Rigoberta Bandini y La Jurado, Lemebel o Jean Genet, por citar solo algunos. ¿Es este libro un glosario de tus referentes?
Yo soy una enferma de la cultura, llevo consumiendo cultura desde que tengo 14 años, incluso antes, porque cuando era muy pequeña leía cómics de superhéroes y de superheroínas, y eso también es cultura. Estoy todo el rato leyendo, descubriendo cosas. Si escribiese otro poemario ahora, habría otras referentes completamente distintas. Son todas las que están, pero no están todas las que son.

P. Dices en uno de tus poemas que te queda cuerpo que poner cuerpo. ¿Dónde quieres poner el cuerpo ahora?
Honestamente, en mi cama con un libro.

P. ¿Deshonestamente?
La verdad es que yo estoy un poco cansada de poner el cuerpo. Tengo 50 años, llevo cinco décadas poniendo el cuerpo. Yo puse el cuerpo desde muy pequeña, porque antes de que yo supiera lo que me pasaba ya parece que lo sabían todos los niños a mi alrededor y estaba el insulto constante todo el rato. Llega un momento en que te cansas. Lo que pasa que para algunas personas no poner el cuerpo es un lujo que no nos podemos permitir. A mí me encantaría no poner el cuerpo, ser invisible y pasar totalmente desapercibida por lo menos cuando quiero. Pero para las personas trans no es tan fácil. Es verdad que con la edad tengo más ‘passing’ que el que tenía cuando era más joven y cuando ya quieres tener mucho passing te pones una mascarilla y ya no te mira absolutamente nadie.

P. Cuanto más ‘passing’ tienes, menos cuerpo hay que poner...
El cuerpo cuanto más difícil es de leer para los que te rodean, más lo pones. Es eso. Es decir, los cuerpos que no entran dentro de lo que se supone que es la norma, los cuerpos negros, los cuerpos gordos, los cuerpos disca, los cuerpos trans. Todos esos cuerpos, y muchos otros más, se ponen aunque no quieras, porque la gente te lee de una manera incómoda. Son cuerpos que pueden causar cierta incomodidad a tu alrededor. Entonces, aunque tú no lo quieras poner, lo tienes que poner. Si escribes poesía y eres trans, cuando estás en una entrevista ya estás poniendo el cuerpo.

P. ¿Es absurdo por mi parte pensar que por ser una mujer trans tienes que tener una opinión sobre la ley trans que el 28 de junio fue vista en segunda vuelta por el Consejo de Ministros y ahora se tramitará en el Congreso?
Honestamente, y voy a pecar de mala trans, como yo me amparé en la ley 3/2007 y tengo mi DNI cambiado y todo... No le he prestado demasiada atención. Soy muy mala trans y muy mala compañera. No tengo ninguna opinión al respecto porque no la he seguido mucho más allá de las cosas de las que te enteras, aunque no quieras. Sí que tengo una opinión sobre las leyes en general y es que las leyes están muy bien, pero las leyes nos amparan hasta cierto punto. Obviamente es mucho más fácil y mucho más sano tener un DNI con tu nombre y con tu identidad, pero eso no significa que inmediatamente vaya a acabar la transfobia en la sociedad, exista la ley que exista. Yo creo que la transfobia en este caso, tiene unos mecanismos que están muy arraigados socialmente. No va a ser tan fácil borrar esos mecanismos. Cuando dices esto, parece que soy una persona negativa. No soy una persona negativa. Soy una persona trans que vive su realidad todos los días.

lunes, 20 de julio de 2020

#hemeroteca #trans #transfobia #terf | La palabra 'mujer' está ya ocupada


La palabra 'mujer' está ya ocupada.

Debbie Hayton · Mujer trans y profesora de secundaria en Reino Unido | Público, 2020-07-20

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/35016/la-palabra-mujer-esta-ya-ocupada/ 

"'Personas menstruantes'. Estoy segura de que solía haber un nombre para estas personas". Con estas palabras, JK Rowling se lanzó al que probablemente es el debate más febril de la sociedad contemporánea. Ni siquiera la covid-19 ha servido para atemperar el furor en torno al debate sobre los derechos de las personas transgénero. Conforme dos visiones del mundo colisionaban, algunas verdades fundamentales que generaciones anteriores consideraban indiscutibles han empezado a ponerse en duda. ¿Qué es una mujer? ¿Qué es un hombre? ¿Cómo podemos diferenciarlos?

Por un lado, existe la creencia en la identidad de género, un sentimiento en nuestras mentes que impulsa nuestra naturaleza y define nuestro verdadero género: somos el género que creemos que somos. Pero la creadora de Harry Potter expresó la opinión contraria. Según Rowling ella es una mujer no por psicología, sino por biología y sus frustraciones salieron a la superficie cuando su sexo se vio reducido a "persona que menstrúa".

Cien años después de que las mujeres consiguieran el derecho al voto en muchos países, Rowling se ha inmerso en una campaña que las sufragistas no podían haber imaginado – una batalla por retener el propio nombre de 'mujer'. La respuesta fue previsible y brutal. Conforme los actores que sus libros hicieron famosos hacían cola para distanciarse de ella, Rowling se convirtió en el objetivo de una campaña emocional que tiene el sello distintivo de una caza de brujas moderna.

Las mujeres que han defendido abiertamente que la palabra mujer les pertenece a ellas, y solo a ellas, han tenido que hacer frente a una oposición ruidosa y en ocasiones violenta. Las airadas protestas que soportó la feminista canadiense Meghan Murphy tras dar una charla en la biblioteca pública de Seattle a principios de febrero, fue seguida de una ruidosa protesta a las puertas del encuentro organizado por el grupo Woman's Place UK en Brighton el pasado otoño. Las mujeres fueron atacadas y otras perdieron sus empleos.

La furia se desata porque cuando las mujeres se definen por su biología, las mujeres trans quedan excluidas de la feminidad. Para las mujeres trans, desesperadas por ser validadas como auténticas mujeres, esto supone un rechazo existencial.

Aunque sería tentador mirar hacia otro lado, para mi esto es algo personal. Soy una mujer trans, así que es mi identidad – supuestamente - la que está siendo negada. Sin embargo, también soy una profesora de ciencias de secundaria y sé reconocer el pensamiento mágico cuando lo veo. Las mujeres trans son hombres – yo ciertamente lo soy, ya que soy padre de tres hijos- mientras que las mujeres son mujeres. Las personas hombres no son personas mujeres, y por lo tanto las mujeres trans no son mujeres. Sean cuales sean las emociones que rodean este debate, JK Rowling tiene razón.

Cuando hice mi transición ocho años atrás, la posición de Rowling no habría resultado especialmente polémica. Los transexuales –como se nos conocía entonces- cambiábamos nuestros cuerpos para parecernos al sexo opuesto y reintegrarnos en la sociedad haciendo el menor ruido posible. Incluso quienes ocupábamos cargos públicos entendíamos que no era un factor decisivo. ¿Por qué tendría que serlo? Profesoras y profesores hacemos en mismo trabajo, y mi transición no influía en las leyes del movimiento de Newton, ni sobre ningún otro tema sobre los que imparto docencia. Pero me apoyaba en las relaciones de confianza con las personas de mi entorno.

Al mismo tiempo otros hombres se encontraban cómodos presentándose a sí mismos de forma feminizada, pero sin cambiar sus cuerpos. Sin embargo nadie pensaba que los travestis –como eran conocidos estos hombres no transformados- fuesen mujeres. Incluyendo los propios travestis.

¿Qué ha cambiado? ¿Cómo estos dos grupos –un pequeño número de transexuales y un número más amplio de travestis- se convirtieron en un movimiento transgénero capaz de cuestionar el uso del sexo biológico para dividir a la sociedad?

Entre los líderes políticos que querían ser vistos como progresistas, o no les importaba, y una ciudadanía a la que se mantuvo en gran medida en la oscuridad, se han ido promulgando leyes y se han cambiado políticas siguiendo las indicaciones de activistas trangénero a los que esto sí importaba mucho.

A medida que género y sexo se han ido fundiendo, la identidad de género ha desplazado silenciosamente al sexo en políticas y leyes. Hemos podido elegir efectivamente no sólo nuestro género sino también nuestro sexo legal, con consecuencias devastadoras para los derechos de las mujeres. Como dijo Kiri Tunks, fundadora del grupo Woman's Place UK: "Si no puedes definir qué es una mujer, ¿cómo puedes defender los derechos de las mujeres?"

Los temores de las mujeres tienen, pues una base real. Los límites dejan de tener sentido si los hombres pueden entrar en refugios de mujeres, salas de hospitales, vestuarios e incluso cárceles. Sería muy ingenuo esperar que los hombres no hicieran eso, ¿verdad? La mayoría no lo hará, pero los que lo intentarán son precisamente los hombres por los que las mujeres se preocupan y las consecuencias pueden ser graves. En el Reino Unido, un violador llamado Karen White fue puesto en una prisión para mujeres en donde cometió otras agresiones sexuales.

No son sólo los espacios físicos los que están en riesgo. Cualquier espacio establecido para promover a las mujeres está en riesgo. Por ejemplo, la lista del Financial Times (FT) sobre las 100 mujeres más prominentes en los negocios incluía a Pips Bunce, un hombre que a veces utiliza un vestido para trabajar. A pesar de que aplaudo el coraje que se necesita para hacer eso, lamento el negativo impacto que esto tuvo sobre la mujer que quedó fuera de la lista.

En el deporte, las mujeres trans ya no necesitan cirugía para competir contra las mujeres. Se han impuesto límites a los niveles de testosterona, pero los hombres aún conservan una ventaja competitiva debido a la densidad ósea, la capacidad cardíaca y la fibra muscular. Al igual que Alemania Oriental dopó a sus atletas femeninas en los años 1970 y 1980, los regímenes modernos que se preocupan más por las medallas que por los atletas, estarán tentados a intervenir en la endocrinología de su talento emergente. Sólo que esta vez serán los hombres jóvenes los que estén en riesgo. El récord mundial actual de 200 metros para mujeres, establecido por Florence Griffith-Joyner en 1988, es batido por niños de 16 años. El deporte femenino pende de un hilo.

Nada de esto me ayuda a mí ni a otras personas transgénero que intentamos seguir adelante con nuestras vidas. Necesitamos leyes para protegernos contra el acoso y la discriminación. También necesitamos un acceso rápido a los servicios de salud mental y, cuando corresponda, a clínicas especializadas en cuestiones de género.

Pero en lugar de poner la mira en estos derechos, los activistas de los derechos transgénero exigen ser aceptados como parte del sexo opuesto, y en todas las esferas. Poniendo mucho más énfasis en sus derechos que en el autoreconocimiento, han exasperado a un número cada vez mayor de mujeres que ven en peligro sus propios derechos. Muchas mujeres han decidido que hasta aquí hemos llegado, y no puedo decir que las culpe por ello.

Dejando a un lado la verdad de que no podemos cambiar el sexo, la aceptación nunca puede ser impuesta; se gana por la forma en que vivimos nuestras vidas y nos relacionamos con los demás. Pero estos activistas parecen estar de espaldas a la realidad. En su búsqueda de la "validación" de los demás, no sólo necesitan que la sociedad cante el mantra: "Las mujeres trans son mujeres (y los hombres trans son hombres)", sino que también necesitan que todos también lo crean. Esto ha ido más allá del control del lenguaje para instalarse en el control de los pensamientos. Cuando las mujeres se oponen se encuentran con la violencia, como ha experimentado JK Rowling.

Pero esa ira no ha logrado nada. A medida que las tensiones se han incrementado, la confianza se ha evaporado, y esto es desastroso para las mujeres trans. Sin el apoyo y la confianza por parte de las mujeres somos vulnerables. Las amenazas hacia nosotras no provienen de las mujeres. Cuando las mujeres trans (una pequeña minoría en la sociedad) son atacadas, los perpetradores en su inmensa mayoría son hombres.

Como mujeres trans tenemos mucho trabajo por hacer para restablecer el equilibrio. En primer lugar tenemos que ser honestas. Somos hombres y, por lo tanto no somos lo mismo que mujeres. En segundo lugar, aunque necesitamos encontrar la validación, debemos buscarla no tanto en otras personas sino en nosotras mismas. Si no nos aceptamos, ¿cómo podemos esperar que otras personas lo hagan? Entonces podremos mirar hacia afuera pero de una manera diferente y, con énfasis en la empatía en lugar de las expectativas, reconocer que la palabra mujer ya está ocupada.

lunes, 20 de enero de 2020

#hemeroteca #trans #testimonios | La historia de la intelectual ‘trans’ española de 19 años que alterna la Sorbona con ‘First dates’

Imagen: El País / Elizabeth Duval
La historia de la intelectual ‘trans’ española de 19 años que alterna la Sorbona con ‘First dates’.
La media de lectura en España es de nueve libros anuales. Elizabeth Duval llega a los 80. Posmarxista y transgénero, esta joven estudia en París, edita su primer libro estos días y considera que la intelectualidad y los 'realities' son compatibles.
Eva Blanco Medina | ICON, El País, 2020-01-20
https://elpais.com/elpais/2020/01/07/icon/1578405262_913088.html

Aún es potencia, pero está a punto de convertirse en acto. Son varias las pistas que Elizabeth Duval ha ido dando de su talento –una obra de teatro por aquí; unos poemas y unos relatos por allá–, pero marzo de 2020 marcará su debut literario oficial con la publicación de 'Reina' (Caballo de Troya), una novela de autoficción en la que la madrileña, de 19 años, narra los inicios de su nueva etapa en París. Allí, en la Sorbona, cursa un doble grado en Filosofía y Filología Francesa. Pero, ¿cómo puede ser relevante la experiencia vital de alguien que, por su insultante corta edad, apenas ha comenzado a vivir?

Resulta que Duval, lesbiana, ‘trans’, activista, ‘performer’ y otras 200 cosas más, es un alma precoz. A los 10 años se metía en la piel de personajes mucho mayores que ella en foros digitales. A los 14, ya se había interesado por los estudios de género a través de Judith Butler y por la filosofía política de autores como Rousseau y Marx. Precisamente a esa edad comienza su transición médica y se cambia a un nuevo instituto, donde, sin contar con un dominio fluido del idioma, se matricula en la sección lingüística de francés en el último trimestre de tercero de la ESO. Termina el Bachibac, el programa en el que se funden el Bachiller y el Baccalauréat (la Selectividad francesa), con un expediente brillante. Sin embargo, Duval está muy lejos de abrazar el academicismo ortodoxo. Su loco perfil de Twitter y su reciente participación en el programa de citas de Cuatro, 'First dates', dan buena cuenta de ello.

¿Empezamos por Hegel o por Carlos Sobera?

No son incompatibles.

¿Qué te motivó a asistir al popular programa de citas?
Hay una división entre alta y baja cultura respecto a los medios que no tiene sentido. Si se asume que un artista o escritor, alguien que forma parte de la escena cultural, entra en la sociedad del espectáculo, se tiene que asumir del todo. Es la misma figura pública la que va a una entrevista con Ernesto Castro y habla de filosofía francesa contemporánea y cuestiones de teoría ‘queer’, que la que va a ‘First dates’ a hacer una performance de autopromoción o que la que da una conferencia en Oviedo sobre chalecos amarillos y articulaciones discursivas del posmarxismo con influencia lacaniana. Todo entra dentro de los mecanismos de construcción de un personaje público que tiene que manifestarse de muchas maneras. Sería muy tonto, dado que existen medios como los ‘realities’, no aprovecharlos. Son los medios de mayor calado dentro de las masas. Además, se hace así de ácido sulfúrico desde dentro, ya que se introduce un elemento que desentona con el programa en su núcleo y consigue desestabilizarlo un poco.

¿No ibas entonces a enamorarte?
No, no iba a enamorarme. No hubo segunda cita.

¿Y qué tal se portaron los troles?
Me entrevistaron en ‘El intermedio’ con 14 años; fui portada de ‘Tentaciones’ con 16 o 17. Estoy acostumbrada a los medios y a todos los mecanismos de reacción que generan. No solo entré a ver qué decían los troles en Twitter sobre mi participación en ‘First dates’, sino que le pedí a un amigo que me mandase capturas de qué se estaba diciendo en ForoCoches. Llega un punto en el que te resulta hasta divertido; conoces esos mecanismos desde tan joven que te da casi igual el troleo. No puedes tener la piel fina dentro de esa escena. Sobre todo si eres mujer, trans y lesbiana.

Hablemos de eso: mujer, joven, lesbiana, 'trans', activista, escritora, ‘performer’, proyecto de filósofa... ¿Cuántas etiquetas caben en ti y qué relación tienes con ellas?
Es muy complejo. No se pueden aunar todas en una y tampoco tengo interés en hacerlo. Igual que la obra artística siempre es superior al individuo que la crea, ese individuo es superior a las categorías a las que pueda pertenecer. Por comprender lo que es ser ‘trans’, mujer, lesbiana, artista o activista, no vas a comprender cómo todo eso construye tanto mi persona como mi personaje público. Yo asumo muchas de esas etiquetas de una forma sutil, pero también me gusta dificultar la tarea de quien me quiera categorizar. Escribiendo teatro, ensayo, poesía, narrativa, haciendo activismo y ‘performances’ audiovisuales, creo que es complicado definirme sin caer en una sopa de etiquetas que no tiene ningún sentido.

Hasta hace muy poco hacías uso de otra etiqueta muy curiosa en tu biografía de Twitter, la de “joven promesa de las letras europeas”. ¿En qué te basas?
Fue la manera en la que otra ‘tuitera’ se refirió a mí una vez y me hizo gracia, así que lo incorporé de una forma posirónica. Además, el mero hecho de anunciarte como promesa ya construye en la gente la imagen de que realmente lo eres. Genera un interés, una expectativa. Vivimos en una sociedad capitalista y toda la cuestión de la industria cultural también es ‘marketing’, y este tipo de descripciones vende mucho mejor.

¿Cuál es tu relación con esa red social? ¿Qué es lo mejor y lo peor que te has encontrado?
Lo peor es el ‘troleo’ cuando se escuda en el anonimato. Puede llegar a ser bastante brutal. Lo mejor son las conexiones personales y las relaciones con gente muy interesante con la que posteriormente he entablado una amistad duradera. Se aprende mucho. En mi casa no se ha leído, no se ha ido al cine o al teatro; yo no he sido heredera de un capital cultural. Si no hubiera sido por la democratización que implica Internet y las redes sociales, no habría podido construirme tal y como soy. Accedí a Internet con nueve años.

¿Cómo descubres entonces que hay vida más allá?
Una de mis incursiones iniciales fue en foros que me llevaron a una primera construcción de personaje. Me hice pasar por una persona que tenía bastantes años más que yo y una trayectoria muy diferente de la mía. Lo hice para que me tomaran en serio. Eso supuso una maduración muy rápida.

¿Dónde está puesto el foco del debate trans en la España actual?

Al poner el foco en la adolescencia se publicitan cuerpos que entran mucho mejor dentro del sistema, que gracias a haber comenzado la transición desde muy jóvenes pueden alcanzar ese ‘passing’ [el proceso de adaptación estética al género real] casi completo y, con ello, pueden asimilarse. No tienen ni por qué visibilizar su condición ‘trans’. En este contexto, hay toda una serie de mujeres ‘trans’ mayores que se ven empujadas a ejercer la prostitución y se encuentran en situaciones de enorme precariedad, que se dejan de lado. Es mucho más fácil, dentro de la nueva narrativa que se ha construido, dar más espacio a los menores ‘trans’ porque además queda más estético. Entra en el marco de lo que es fácilmente asimilable por el sistema.

¿Y dónde te sitúas tú en este escenario?
Ahora mismo, no tengo interés en hacer reclamas por mí, por mi situación personal sobre lo trans. Tengo acceso a un tratamiento médico, tengo el DNI cambiado, vivo en París sin mayor preocupación en relación a la cuestión trans. He sufrido mucha más lesbofobia que transfobia, pero me parece importante seguir abordando el tema porque hay gente en circunstancias mucho más precarias que las mías, por las cuales yo tengo la posibilidad de hablar.

¿Has sufrido realmente más discriminación por lesbiana que por trans?
Sí, me ha pasado en Madrid, muchas veces, el estar besándome por la calle con otra mujer y recibir gritos. Y, en París, cosas no tan estruendosas, pero sí una hipersexualización brutal. Un hombre pasa a nuestro lado de noche y se queda medio parado mirándonos y puede hasta hacer algún comentario de que le está agradando el espectáculo. Como si ser mujer y estar con otra mujer por la calle se convirtiese en un espectáculo para la visión heterosexual de la realidad. Para ser el blanco de la lesbofobia no tienes que estar haciendo nada más que existir con otra persona. Me ha sucedido muchísimas veces.

¿Cómo te defines políticamente?
En la praxis me defino como feminista, de izquierdas y posmarxista.

¿Y qué significa ser posmarxista en un sistema capitalista?
Para mí, ser de izquierdas no tiene solamente una dimensión de lucha contra las desigualdades sociales, sino que también tiene una dimensión económica y de la importancia y el rol que tiene que tener el Estado dentro de una mayor o menor intervención. Yo defiendo una izquierda mucho más intervencionista y donde se le concede mayor soberanía al Estado.

¿Cuántos libros lees al año?
Este año he leído unos 80. Tengo cuenta de Goodreads y voy haciendo la lista.

¿Y todavía te queda tiempo para ver ‘First dates’?
No lo veo mucho. En realidad no soy muy fan del programa. Pero me vi toda la última edición de ‘Operación Triunfo’. Y me gustaría tener más tiempo para poder hacer un análisis cinematográfico serio de los códigos audiovisuales de ‘Sálvame’. Me parece que tienen un valor artístico muy fuerte. Hay elementos que parecen sacados de la película de David Lynch 'Mulholland Drive'.

martes, 6 de agosto de 2019

#hemeroteca #trans | Valentina Sampaio, la primera modelo trans de Victoria's Secret: "Es un gran triunfo para todas nosotras"

Imagen: Público / Valentina Sampaio
Valentina Sampaio, la primera modelo trans de Victoria's Secret: "Es un gran triunfo para todas nosotras".
Hija de una profesora y un pescador, Sampaio nació y creció en Aquiraz, una pequeña ciudad costera en el nordeste de Brasil, donde, según asegura la modelo nunca sufrió ningún prejuicio. Situación que cambió cuando llegó a la gran ciudad, a la facultad y a sus primeros trabajos.
Alba Santandreu · EFE | Público, 2019-08-06
https://www.publico.es/internacional/valentina-sampaio-primera-modelo-trans.html

La brasileña Valentina Sampaio creció en una aldea de pescadores del estado brasileño de Ceará y hoy, a sus 22 años, "rompe barreras" en el mundo de la moda al ser la primera modelo trans de Victoria's Secret: "Es una gran victoria para todas nosotras".

Su presencia en el catálogo de Pink, la firma juvenil de la empresa estadounidense de lencería, es un paso más en su lucha por la diversidad, según cuenta en una entrevista telefónica.

"Estoy levantando la bandera de la diversidad", afirma la joven, quien estos días cumple una frenética agenda de trabajo en su país natal.

Hija de una profesora y un pescador, Valentina Sampaio nació y creció en Aquiraz, una pequeña ciudad costera de la región metropolitana de Fortaleza, en el nordeste de Brasil, donde tuvo una vida tranquila, siempre respaldada por sus vecinos y amigos.

"En mi ciudad nunca sufrí prejuicios, me sentía muy bien, todo el mundo se conocía. Sufrí prejuicios cuando fui a vivir a una ciudad grande, en la facultad, en mis primeros trabajos... Fue cuando salí de mi ciudad", recuerda.

La "femme fatal" brasileña nació niño y a los 13 años empezó a ser llamada Valentina. Siempre tuvo muy claro quién era y hacia dónde quería ir.

Soñaba con ser estilista, se fue adentrando en el mundo de la fotografía de moda y a los 18 años dio un gran salto en su carrera al ser consagrada embajadora de L'Oreal París, marca con la que, recuerda, "realizó una campaña muy linda y con mucha repercusión".

La modelo hizo historia en 2017, cuando fue portada de la prestigiosa revista de moda francesa Vogue París, considerada una de las publicaciones de referencia en el mundo de la moda, un sector en el que, según dice, "hay más libertad para la diversidad" que en otras áreas.

Su nuevo trabajo con Victoria's Secret vuelve ahora a marcar un antes y un después en la moda y llega tras las polémicas palabras del director de marketing de la firma de lencería, Ed Razek, sobre la inclusión de género en sus desfiles.

Al ser cuestionado hace algunos meses por las razones por las que no contrataba modelos de tallas grandes o trans, Rezek afirmó: "¿Y por qué no? Porque el show es una fantasía".

Sampaio fue la encargada de realizar el anuncio como nueva imagen de Pink y lo hizo a través de sus redes sociales, donde publicó una imagen en albornoz, realizada en los bastidores de una sesión de fotos, y con la leyenda "Backstage click @vspink".

"Es una conquista, un avance para nosotras trans. Es una puerta más abierta y me siento muy honrada", explica Sampaio, quien asegura haber recibido numerosas muestras de cariño.

Siempre entre aeropuertos, la brasileña vive actualmente en Nueva York, una de las mecas de la moda a nivel mundial, y sueña "con poder trabajar cada vez más, "en un mundo más justo, en el que todo el mundo tenga las mismas oportunidades". "Es un mensaje de optimismo, de respeto y de amor por el próximo", destaca.

lunes, 5 de agosto de 2019

#hemeroteca #trans | Valentina Sampaio, la primera modelo transexual en fichar por Victoria's Secret.

Imagen: Público / Valentina Sampaio
Valentina Sampaio, la primera modelo transexual en fichar por Victoria's Secret.
Fue la propia modelo de 22 años quien el pasado 1 de agosto confirmó el fichaje a través de su cuenta de Instragram.
Público, 2019-08-05
https://www.publico.es/sociedad/valentina-sampaio-primera-modelo-transexual-fichar-victoria-s-secret.html

La modelo brasileña Valentina Sampaio será la primera mujer transexual en desfilar para la marca de lencería Victoria's Secret. Fue la propia modelo de 22 años quien el pasado 1 de agosto confirmó el fichaje a través de su cuenta de Instagram.

Sampaio compartió en al red social una fotografía que, según dice, es un trascámaras de una sesión de fotos para la marca Pink de la conocida firma. Una publicación que ya suma más de 45.100 'me gusta' y cientos de comentarios que celebran la decisión de la marca de apoyar la diversidad y la inclusión entre sus famosos 'ángeles'.

Un debate que la firma ya abrió en 2018 cuando dieron a conocer que desde la marca no trabajarían con modelos de tallas plus ni transgénero porque, aseguraban, Victoria's Secret "no comercializa a todo el mundo". Unas declaraciones por las que tiempo después se vieron obligados a pedir disculpas.

lunes, 8 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #identidades | “Love is love”: ¿Y si las reivindicaciones LGTB no tuviesen nada que ver con el amor?

Imagen: El País
“Love is love”: ¿Y si las reivindicaciones LGTB no tuviesen nada que ver con el amor?
Legitimar el amor y su forma establecida, la pareja, plantea numerosos problemas dentro de un colectivo tan diverso que también incluye a personas trans y queer. No se trata de amar, sino de ser.
Nacho M. Segarra | SModa, El País, 2019-07-08
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/love-is-love-y-si-las-reivindicaciones-lgtb-no-tuviesen-nada-que-ver-con-el-amor/

El Orgullo pasado, Madrid se llenaba de miles de gais solteros y guapos –los más visibles– que venían, como cada año, a celebrar, reivindicar y disfrutar de las fiestas patronales LGTB y el ayuntamiento los recibía con brazos abiertos con una campaña que decía: “ames a quien ames, Madrid te quiere”. Mientras tanto, en las calles paralelas a la Gran Vía, los ataques homófobos habían aumentado, tal y como denuncian algunas asociaciones como Arcópolis, y la derecha, a las puertas del gobierno municipal, estaba a punto de sustituir la diversidad por el diesel y de demostrar su deseo de mandar las celebraciones al exilio.

Este año, y en un concierto que justo se celebraba el 28 de junio, ese pedazo de diva que es Rosalía, voz de su generación, cogió el micrófono para decir a su público: “¡¡Hoy se celebra el día del Amor libre!!”, volviendo loco al personal pero por las razones equivocadas: el 28 de junio se celebra el nacimiento del movimiento de liberación LGTB pero no la libertad para querer. Sin embargo, este desliz lingüístico tenía algo de verdad: el amor, ese ‘popper’ de los sentimientos, estaba inundando con un “hedor insoportable” –que diría un político de Vox– las reivindicaciones del colectivo LGTBQIA hasta convertirse en uno de sus principales temas. Pero empecemos por el principio, ¿de dónde viene esta ola de amor?

Lo nuestro, cari, es histórico
Las palabras que utilizamos para hablar de las distintas expresiones de sexualidad no son fijas, sino que cambian con el tiempo. La ‘sodomía’, por ejemplo, hacía referencia al pecado; la ‘homosexualidad’, con origen médico, ha estado durante muchas décadas vinculada a la enfermedad, y ‘ser gay’ se asociaba a una identidad reivindicativa que surgió precisamente de la primera revuelta que se celebra en el Orgullo, la de Stonewall, en 1969. Esas mismas palabras cambian a lo largo del tiempo, por ejemplo, en 1970 declararse ‘gay’ tenía unas implicaciones políticas determinadas, como ser un hombre homosexual implicado en la liberación LGTB pero, cincuenta años más tarde, está más cerca de denominar a un estereotipo: un homosexual blanco, consumista y cada vez más, un hombre que ‘VIVE EL AMOR’. Si la homosexualidad entró en época contemporánea y para el gran público con una definición muy concreta lanzada por Oscar Wilde desde el juicio de 1895, como “el amor que no se atreve a decir su nombre”, ¿qué ha pasado para que ahora las empresas de telefonía, los fabricantes de snacks calóricos e incluso el pollero de tu mercado con una pegatina colocada sobre la vitrina de los contramuslos te animen a gritar tu amor a los cuatro vientos?

Respuesta corta: ha pasado el S.XX. Respuesta un poco menos corta: el S.XX y la normalización de la lucha LGTB y quizás, un poco, vale, el éxito de ‘Call me by your name’. En la década de 1980 vivimos la crisis del SIDA –un tema, el del VIH, por cierto, cada vez más ausente del Orgullo–, y pese a que la enfermedad creó una cierta retórica del amor, la lucha se hizo desde la rabia y la diferencia. El colectivo LGTBQ se radicalizó en los años más oscuros para, según nos informa Miguel Caballero, activista VIH, “a partir de la década de 1990 y una vez que se consiguieron los primeros tratamientos, que eran muy agresivos, se empezó a reclamar otros derechos civiles, como el matrimonio homosexual, cuya ausencia se había dejado notar. El matrimonio, ojo, significó adquirir unos derechos civiles básicos como que la ley reconozca tu unión con quien compartes tu vida, ya sea para pedir días libres en el curro porque tu novio está en el hospital, como para que la cerda de su madre que lo echó de casa por marica no se quede ahora con todas sus pertenencias e incluso impida a la pareja ir al funeral, pero fue, desde luego un cambio perspectiva, algunos dicen que más burguesa, pero para mí, muchos de los aspectos del matrimonio son radicales: ¿cómo vas a cuidar a tu pareja si no tienes derecho a los días que te corresponden?”.

¿Normales?: el amor nos iguala
La consecución del matrimonio y la lucha que la precedió creó un nuevo discurso, que la estudiosa Lisa Duggan calificó como ‘homonormatividad’ que es descrita como la intención política de representar el estilo de vida LGTBQ como esencialmente normal, para acceder a instituciones como la privacidad, el mercado o incluso el patriotismo. Ese tipo de discurso se tradujo en la televisión, la prensa o la ficción de finales de 1990 en una serie de representaciones conocidas como “Gais en…”: “Gais en el ejército”, “Gais en la familia”, “Gais en la escuela”… y su última representación: “Gais en el Amor”, es decir, la sentimentalización de la diferencia sexual. Mírenlos, se comportan de manera normal, incluso en el amor. No son pervertidos. AMAN, ‘LOVE WINS’. Debajo de esa abrumadora presencia construida sobre la respetabilidad, para el escritor y activista Victor Mora, se escondía una estrategia de “control de la población según parámetros normalizados de género (masculino y femenino) y de relación (monógama, familiar, institucional)”.

Para Lucas Platero, investigador Juan de la cierva en la UAB, reducir la lucha al eslogan de “un anuncio de colonia extranjera no es un medio demasiado eficaz para resolver problemas cotidianos de las personas LGTB. ¿Ayuda a rebajar la discriminación laboral, acoso escolar o el señalamiento?”. A este respecto, el comunicador Jesuchristopher, nos explica que la referencia al amor: “nos perjudica porque reduce nuestra discriminación a una cuestión de afectos, cuando de forma individual también somos oprimidas por nuestra pluma o nuestro passing (para la gente trans). El discurso ‘Love is Love’, por ejemplo, invisibiliza la opresión del chico agredido en McDonalds por ir vestido como quiere. ¿Dónde estaba ahí el amor? ¿Acaso no sería más conveniente para él ‘Clothes Are Clothes’? ¿Dónde entra el amor cuando hablamos del mayor índice de paro entre personas trans? ¿No sería más conveniente ‘Jobs are Jobs’?”. A este respecto Lucas Platero, afirma que el colectivo LGTB parece que está triunfando en las políticas del reconocimiento, las simbólicas, como demuestra el éxito mediático del Orgullo, pero faltan las de distribución, que “son acciones que tendrían que dirigirse a compensar una discriminación estructural y de raíz histórica, que se ceba con las personas LGTB en situaciones más vulnerables, como son las personas LGTB racializadas, obreras, mayores y peques, con diversidad funcional, migradas, y otras que solemos olvidar en un lánguido etcétera”

En un interesante artículo de Alva Gotby titulado El amor no nos salvará explica que en el contexto del Orgullo “el eslogan sugiere que el amor gay es igual que el amor hetero. Desde esa perspectiva, se anima a la comunidad hetero a aceptar a las parejas gais, que son parecidas a ellas mismas. Después de todo, ¿Quién puede negarle a alguien el derecho a amar?”. Poca gente está dispuesta a negar un sentimiento que parece muy básico pero muchas son las personas LGTBQ que se quedan fuera del paraguas del amor, paraMaria LaMuy, que trabaja de ‘Visual Designer’ pero que dice ser, en realidad, una marimacho precaria, afirma que el discurso “es domesticador, fácil y sentimentalizador, muy en la línea del ‘maricón amable’. Es un discurso que pone en riesgo a quien no encaja en la norma”. Junto a ello, y tal y como afirma Alva Gotby, después de décadas de que el feminismo hablara del matrimonio y el hogar como un lugar de explotación y violencia, el ideal doméstico gay y lésbico del Amor, despolitiza ese ámbito: “El amor es una zona puramente personal y privada donde lo político no tiene cabida”. Dicho de otro modo: ¿Quién friega los platos? ¿El/la que friega los platos es el que menos salario tiene?

Junto a ello, legitimar el amor y su forma establecida, la pareja, plantea numerosos problemas dentro de un colectivo tan diverso. Jesuchristopher afirma que no se identifica con ese discurso “porque soy maricón cuando amo, sí, pero también cuando follo sin amar, cuando busco trabajo y por mi pluma me rechazan, cuando voy al médico y se da por sentado mi supuesto riesgo a contraer más ETSs o VIH”. Del mismo modo, Adriana Delgado, que se identifica como mujer bi, nos explica que siente “atracción por las mujeres pese a que no me he enamorado de ninguna todavía y pienso que eso no me hace menos bisexual porque sí he tenido experiencias con ellas. No encajo en ese ‘Love is Love’”.

Call me by your name, pero call me, por favor
Las historias de amor, desde luego, son una parte muy importante de la historia de la cultura no heterosexual, desde época clásica con Patroclo y Aquiles hasta la última película de Netflix con ‘Elisa y Marcela’ de Isabel Coixet. La representación de parejas gais o lesbianas desde finales de 1990 significó un cambio de representación de las historias de violencia y autodestrucción que habían marcado los relatos anteriores. A pesar de ello, para Alberto Mira, ensayista y profesor en la Universidad de Oxford Brookes, el problema es que “el amor es de todos y está en todas partes. Ese es el problema. Desaparece nuestra especificidad en un mar de generalidades sentimentales. El amor es tema de cada uno. Los derechos son temas públicos”. El profesor Mira explica que el triunfo de una película como ‘Call me by your name’ explica muy bien todo ese discurso del ‘Love is Love’, al ser una historia “únicamente sentimental, donde los derechos o la identidad pasan a segundo plano. Es una película de adultos dentro del armario y chavales evanescentes”.

Hablar de amor en lugar de identidad es un cambio de discurso importante. Muchas de las personas que forman parte del colectivo LGTBQ han recorrido parte de su historia en la soledad de la adolescencia y el gran acto de afirmación identitaria –salir del armario–, que por cierto, es algo que se hace a lo largo de toda la vida, en trabajos nuevos o frente a nuevos amigos, suele ser un acto solitario. Andrea Galaxina recuerda que su adolescencia no fue traumática pero que fue consciente de la falta de referentes positivos sentirse empoderada y “para construirme como bollera, y no paraba de preguntarme a quién debería parecerme o no. Para mí eso sí que fue una lucha y sobre todo el tener que evitar a toda costa que se me pudiese identificar con alguno de los referentes LGTBQIA que tenía cerca (que eran la marimacho del pueblo, fulanito el maricón, etc.) y sobre los que se había construido un relato horrible que para mí los convertía en modelos completamente negativos, mientras que a su vez los modelos que sí que estaban legitimados (Jesús Vázquez, que será maricón pero no se le nota y es decente) no me representaban en absoluto. Este debate poco tenía que ver con el amor”.

Añadamos un último aspecto al debate: los difíciles tiempos que vivimos. Con el auge de la extrema derecha y su intoxicación mediática, el tema del Orgullo se ha convertido en una nueva batalla cultural. En redes sociales aparecen confusas imágenes de bacanales públicas que resucitan la idea de la perversión y contaminación homosexual, ¿podría la formalidad del amor contradecirla? Frente a ese debate, Alberto Mira explica: “Lo nuestro no va de amor. Va de odio. Va de los que nos odian. Va de homofobia. Va de derechos. Va de plantearnos qué significa el deseo no normativo y de que asumamos de que no siempre va a ser asimilable. Va de problematizar no sólo lo que ‘somos’ sino también lo que ‘son’ ellos”. Estas palabras nos llevan a una pregunta esencial: ¿es el amor lo contrario del odio o lo es la rabia?