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lunes, 2 de marzo de 2020

#hemeroteca #transfobia #feminismo | La radicalidad no era esto

Imagen: El Diario / Boti García Rodrigo
La radicalidad no era esto.
A nadie le extraña que Vox exprese transfobia, pero es vergonzoso que en foros feministas se hagan explícitas consignas genitales propias de un bus de Hazte Oír.
Ruth Toledano | El Diario, 2020-03-02
https://www.eldiario.es/zonacritica/radicalidad_6_1001659857.html

Pocas alegrías políticas comparables al nombramiento de Boti García Rodrigo como directora de diversidad sexual y LGTBI. Porque pocas veces lo personal es tan político: ya he olvidado cuántos años hace que conocí a Boti (seguro que se acordará ella, que siempre ha tenido mejor cabeza que yo) como activista, como interlocutora y compañera de lucha, y la admiración por ella, por la fuerza y el tesón que ha concentrado su cuerpo tan menudo, se unió a la simpatía que me produjeron su inteligencia bondadosa y al cariño que fue macerando un humor que siempre me hizo reír. Así que, sí, me alegro porque la conozco personalmente y sé lo bien que nos viene que esté ahí una persona así, y porque sé además que Boti suma a todo ello una extraordinaria experiencia militante en la causa de justicia y de derechos humanos LGTBI que ahora se ha convertido, gracias en gran medida a su trayectoria, en organismo institucional. Aún recuerdo cuando Boti se subía, radical, a una caja de cervezas en la plaza de Chueca para dirigirse, radical, a un público que necesitaba su palabra, su compromiso y su energía. Boti García Rodrigo era nuestra líder porque lo que decía nos mejoraba la vida, nos mejoraba el mundo. Y porque lo decía alto y claro.

Creo que fue Boti la primera persona a la que oí alertarnos sobre el peligro de darnos por satisfechas con la consecución de ciertos derechos. Lo que cuesta tanto tiempo, esfuerzo y sufrimiento puede perderse en un abrir y cerrar de ojos. Era pura lucidez política: sabía que podía suceder lo que ahora sucede, por inconcebible que pareciera entonces, cuando celebrábamos la liberación. La involución, la regresión, el retroceso, el camino recorrido que hay que volver a recorrer. Cuando se publicó aquí el otro día su primera entrevista como directora general, Boti se refirió con preocupación a la homofobia y la transfobia que definen en todo el mundo el discurso de la ultraderecha, representada en el Estado español por Vox. Yo añado, no obstante, que Vox no es más que una escisión ultra del PP, lo que significa, no nos engañemos, que esas son las mismas transfobia y homofobia que han definido históricamente al partido de Casado, que llegó a llevar al Tribunal Constitucional la ley de matrimonio igualitario. De aquellos lodos legionarios estos pines parentales. Y su violencia contra los niños, niñas y adolescentes LGTBI. Y la violencia que alimenta en las calles, en las familias, en los trabajos, en todos los espacios de la sociedad. Sabemos, ella lo ha dicho alto y claro, que Boti luchará contra la discriminación y el odio desde su Dirección como lo hizo antes subida a una caja de cerveza en mitad de una plaza o desde la presidencia de COGAM y de la FELGTB.

Pero si hay algo especialmente reseñable en esa primera entrevista desde su nombramiento que Boti concedió es la contundencia de su defensa de las mujeres trans: "Las mujeres trans son mujeres y no hay más vueltas que darle". Una frase como una bocanada de oxígeno en estas convulsas fechas previas a un 8M en el que el feminismo se ve incapaz, no ya de disimular su fragmentación, sino de acudir a unas formas de disensión respetuosas y dignas. No es para menos, por otra parte, que se pierdan las formas, cuando en el movimiento feminista tratan de hacerse fuertes las corrientes más retrógradas y conservadoras, disimuladas de presunta radicalidad. A nadie extraña que Vox exprese una transfobia que le es consustancial, pero es vergonzoso que en los diversos foros feministas se hagan explícitas consignas genitales propias de un bus de Hazte Oír. Nunca pensé que llegaría a leer comentarios transfóbicos en un numerosísimo grupo en Telegram de mujeres feministas, por ejemplo; ni mucho menos que se hicieran en un tono propio de chascarrillo machirulo. Pero, sí, hay un feminismo así, un feminismo tan transfóbico que ni siquiera se para a pensar si de todas las mujeres entre las que hace la broma genital hay alguna mujer trans.

En este contexto, bochornoso, en el que a mujeres profesionales y muy leídas aún hay que explicarles que una mujer trans es una mujer, que Boti García Rodrigo pare la rueda de la vergüenza ("no hay más vueltas que darle") es socialmente sanador. Sobre todo, porque lo dice, alto y claro, desde la institución, que por primera vez en la historia reconoce y respeta la dignidad humana y los derechos fundamentales de un colectivo maltratado tanto por la ultraderecha como por un feminismo espuria y equívocamente autodenominado radical. La radicalidad no era eso, compañeras. La radicalidad era lucha contra el opresor y combate de sus prejuicios. Parece mentira que haya que recordarlo a estas alturas.

jueves, 15 de agosto de 2019

#hemeroteca #machismo | Plácido Domingo y las normas del pasado

Imagen. El Diario / Patricia Wulf, una de las mujeres que han denunciado a Plácido Domingo
Plácido Domingo y las normas del pasado.
En un entorno de trabajo donde uno es dios y otra es una joven mujer que se busca la vida, las mujeres nos hemos tenido que comer mucha mierda.
Ruth Toledano | El Diario, 2019-08-15
https://www.eldiario.es/zonacritica/Placido-Domingo-normas-pasado_6_931316862.html

"El mundo de la ópera está en shock", repetían en radio y televisión. A mí, sin embargo, la noticia de las denuncias a Plácido Domingo por acoso sexual no me sorprendieron lo más mínimo. No porque yo conozca personalmente al tenor, ni siquiera a alguien que haya podido darme esa clase de información sobre él. Sencillamente porque, como mujer, sé que la inmensa mayoría de las mujeres hemos sufrido, en mayor o menor grado, acosos y abusos.

No digo todas para que no se me echen aún más encima los ‘machinazis’, e incluso esas otras víctimas del patriarcado, las mujeres que dicen "a mí no", obviando las innumerables discriminaciones, los infinitos machismos y micromachismos, la segregación, la exclusión, la minusvaloración –incluso con esa amable condescendencia y ese grimoso paternalismo presuntamente bienintencionado–, de los que todas las mujeres, todas, sin excepción, hemos sido víctimas en algún momento de nuestras vidas por el mero hecho de ser mujeres. Lo cual es también una forma de acoso: vital, social, histórico; y es también una forma de abuso: de autoridad patriarcal, autoadjudicada, impuesta. De ahí al acoso o al abuso sexual hay dos pasos. A veces, no, de acuerdo. Pero, muchas veces, ni dos.

Son nueve las cantantes y bailarinas que han acusado a Plácido Domingo. Con una sola de ellas sería suficiente, pero nueve son lo bastante como para reflejar un ‘modus operandi’, pues nueve son solo las que han dado el paso mediático de la denuncia (con el efecto personal, social y familiar que ello conlleva). Si ha sido ‘modus operandi’, el acoso sexual de Domingo a las mujeres ha sido asiduo y perseverante. Y todo ello en un entorno de trabajo donde él era dios.

En un entorno de trabajo donde uno es dios y otra es una joven mujer que se busca la vida, las mujeres nos hemos tenido que comer mucha mierda. Eso solo lo sabemos nosotras, claro está. Ni el más aliado de los aliados se hace una remota idea de lo que es ser mujer en un mundo dominado por hombres. No es exageración, pues ni siquiera me estoy refiriendo a la violencia extrema, tan abundante también. Es esa gota que no cesa y horada la piedra. Es esa atmósfera permisiva con ellos y asfixiante para nosotras. Es el 'statu quo' de su impunidad, no ya como depredadores sexuales (en un mayor o menor grado que va del pesado al violador, pasando por un donjuán culturalmente apreciado por sus dotes de seducción), sino como hombres que, por el mero hecho de serlo, serán los que mandan en casa, los jefes en el trabajo, los interlocutores válidos en las reuniones, los que ganan más, los más reputados, los líderes, los mitos. Y, en consecuencia, los legitimados para ejercer sobre las mujeres todo ese poder, también en lo relacional, en lo físico, en lo sexual.

Los medios han expresado ese shock porque es duro que se caiga un mito. Plácido Domingo lo es para muchas personas amantes de la ópera, y es además uno de esos mitos nacionales con los que construye y en los que se apoya la identidad patria. Se expresa ‘shock’ porque si cae un hombre que parecía intocable es que pocos hombres se libran. Y así es: pocos hombres se libran. Las mujeres lo sabemos. Las mujeres podemos dar muchos nombres. Nombres y apellidos. De hombres concretos, conocidos, célebres, poderosos. Los otros, los anónimos, son legión.

Y es por eso, porque a todas las mujeres nos han acosado (como ciudadanas de segunda, a todas, y como cuerpos a disposición de un macho más o menos fino, a la inmensa mayoría), por lo que ese shock expresado es una reacción espuria: lo que se está desvelando se sabía, pero se silenciaba, se ocultaba, se interiorizaba, se normalizaba. Lo que ahora produce shock no es sino la sacudida que experimenta la estructura del edificio que las mujeres estamos reconstruyendo para reparar un mundo donde el abuso contra nosotras no sea la norma sino la excepción. "Reconozco que las normas y el estándar de la actualidad son muy diferentes hoy de lo eran en el pasado", ha declarado el propio Domingo. Tiene razón: es la tarea del feminismo.

La sociedad de nuestro tiempo debe entender que no solo es ineludible sino necesario lo que está sucediendo con casos como el de Plácido Domingo y tantos otros hombres (Fernando Francés, poderoso gestor de museos, ha dimitido de su alto cargo de Cultura en Andalucía por, entre otras graves razones, tener un juicio pendiente por agresión a la artista Marina Vargas). Es necesario, por supuesto, para las mujeres que se han atrevido a denunciar, para las nueve que se han enfrentado al mito (como la artista Marina Vargas). Es necesario para aquellas que no pudieron enfrentarlo (no supieron, no quisieron, no era el momento, ni el lugar, ni el tiempo: estaban solas, quedarían más solas). Y lo es para todas. Como lo es para todes y lo será para todos.

No es, como tantos dicen, que el feminismo nos esté volviendo locas (esa sempiterna acusación contra las mujeres que ha sido también herramienta de opresión del machismo patriarcal: la locura como excusa para hacernos luz de gas). Lo que es una locura es lo que escondía la fachada del edificio que estamos reconstruyendo. Torres más altas caerán en esta etapa ineludible del lento y arduo proceso de liberación de las mujeres, pues a los pies de las altas torres corren largos ríos de sumisión e injusticia (...Voy a sentir en mis manos / una inmensa flor de dedos / y el símbolo del anillo. / No lo quiero. / Altas torres. / Largos ríos). Combatir el mito también es, demasiadas veces, combatir el monstruo.

domingo, 19 de agosto de 2018

#hemeroteca #iglesia #pederastia | Pederastia y cosmética católicas

Imagen: El Diario / Jorge Mario Bergoglio
Pederastia y cosmética católicas.
La iglesia católica que expulsó al cura Mantero y al monje Roig, dos de los suyos, por su sinceridad, por no plegarse a su legendaria y oscura doble moral, es la misma iglesia que ha sido durante siglos culpable y cómplice de pederastia.
Ruth Toledano | El Diario, 2018-08-19
https://www.eldiario.es/zonacritica/Pederastia-cosmetica-catolicas_6_805329464.html

"Es un Papa cosmético y populista". Así se refería el cura José Mantero a Francisco Bergoglio. Coherente y ético, Mantero protagonizó en 2002 una de las míticas portadas de salida del armario de la revista Zero, publicación LGTBI que fue indiscutible referente en la transición secular del XX al XXI. Al recibir la triste noticia de que el cura valiente falleció el pasado sábado a los 55 años, viene a la memoria que la Diócesis de la Provincia de Huelva quiso matarlo en vida cuando, al declararse gay, lo apartó de su parroquia en Valverde del Camino. Despreciando las enseñanzas cristianas que predican los jerifaltes católicos, el obispo lo dejó tirado. En la calle. Sin trabajo. Le negó predicamento ante sus feligreses y, por tanto, lo despojó de su honor. El Papa de entonces calló y el de ahora, Francisco, no lo llamó de nuevo, escandalizado por su expulsión. No se escandalizó.

A José Mantero se le consideró el primer cura que salía del armario, aunque lo cierto es que el ex carmelita descalzo Antonio Roig contó sus experiencias homosexuales en la novela ‘Todos los parques no son un paraíso. Memorias de un sacerdote’, que fue finalista del premio Planeta y le acarreó la expulsión de la orden en 1977. En tales fechas, puede decirse que, saliendo del armario, Roig fue un superhéroe de la verdad.

La iglesia católica que expulsó al cura Mantero y al monje Roig, dos de los suyos, por su sinceridad, por no plegarse a su legendaria y oscura doble moral, es la misma iglesia católica que ha sido durante siglos culpable y cómplice de pederastia. Sostenido en el tiempo, el mayor caso de pederastia de la historia de la humanidad. La iglesia católica que prohibió a Mantero oficiar sus ritos y administrar sus sacramentos, la iglesia católica que prohibió a Roig seguir rezando en un convento, es la misma que ha callado de manera sistemática ante un abuso sexual de incalculable magnitud, cuyas consecuencias en las vidas de las víctimas alcanzan dimensiones inextricables, como sus absurdos misterios. En las sacristías, en los internados, en los confesionarios, en los gimnasios, en aquellas salitas no había, sin embargo, misterio alguno.

A lo largo de la historia del catolicismo ha sido un secreto ‘urbi et orbi’ que los curas violaban a niños y niñas. El poder institucional de la Iglesia Católica, impuesto a las familias, a las comunidades, a las sociedades, a base de pánico inquisitorial y miseria económica y cultural, ejerció de losa sobre esa verdad. Siempre lo supo el Vaticano (¡cómo no, si eran ellos!), pero al menos desde los sesenta ya tuvo pruebas irrefutables de que los curas eran el infierno en sus tierras de los Estados Unidos, de Australia, de Irlanda, de Alemania o de Chile. Y no hizo nada. Y cuando el escándalo estalló por fin en los medios de comunicación y llegó a los juzgados, tampoco hizo nada.

El Papa expulsa ahora a dos cardenales que le asesoraban en su reforma de la Curia, George Pell y Francisco Javier Errázuriz. Lo ha hecho porque están implicados en esos abusos sexuales pedófilos. Pero echar a esos dos entre miles resulta a día de hoy una medida poco más que cosmética y populista, como el fallecido Mantero consideraba que era Bergoglio. Dos entre miles. De nada sirve sino de maquillaje.

Porque la iglesia católica que ha estado y está infestada de curas violadores y abusadores de niños y niñas es la misma que ha silenciado esa violencia. La misma iglesia católica que ha estado al lado de los peores sátrapas, de las dictaduras militares, de los caciques locales, de las fortunas millonarias. La misma iglesia católica que ha impulsado guerras y ha arrasado pueblos, que ha delatado a contrarios y utilizado los peores métodos de tortura. La misma iglesia católica que ha quemado a personas libres en hogueras reales y figuradas. La misma iglesia católica que ha bendecido a jóvenes para ser lanzados vivos al mar desde un avión. La misma iglesia católica que ha expoliado un patrimonio incalculable. La misma iglesia católica de los privilegios fiscales. La misma iglesia católica que consiente en anular matrimonios a cambio de dinero. La misma iglesia católica que se sube a los púlpitos y a los micrófonos a decir a las mujeres que abortar es un crimen.

El papa Francisco ha tenido un gesto mínimo, apartar a dos de entre miles, y que además da qué pensar: si solo en su círculo asesor estaban esos dos, cabe imaginar cuántos más hay, integrados en todas las esferas de la iglesia. En realidad, lo sabe todo el mundo: que son ellos y que están ahí. En las aulas, en las excursiones, en los despachos. Y que si no han sido desenmascarados antes es porque su violencia pederasta forma parte de una violencia sistémica que es homófoba, cisheteropatriarcal e hipócrita. La misma violencia con la que expulsaron de su parroquia al pacífico cura Mantero solo por ser honesto.

domingo, 8 de julio de 2018

#hemeroteca #feminismo #violencia | Un feminismo que defiende la violencia

Imagen: El Diario / Protesta antiespecista en Iruñea
Un feminismo que defiende la violencia.
Defender a unas víctimas y olvidar a otras no es propio de un movimiento justo como el de la liberación de las mujeres.
Ruth Toledano | El Diario, 2018-07-08
https://www.eldiario.es/zonacritica/feminismo-defiende-violencia_6_790630945.html

“Así como tiene que llegar a las más pobres, si el feminismo no es transversal al animalismo, no es feminismo. Ya son cuarenta años de los 70 para acá, ya es hora de que el feminismo baje hasta las mujeres más necesitadas y se dirija directamente a todos los animales. Si no, ¿para qué?”. Lo dice una mujer que lleva décadas de activismo feminista en México: la dramaturga Jesusa Rodríguez, ahora también senadora de la República mexicana con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Sus palabras ilustran estos días de confusión que tienen de fondo la ciudad de Pamplona, donde se están perpetrando los primeros sanfermines tras la sentencia a la Manada y la puesta en libertad provisional de sus miembros. Ante esta coyuntura se han expresado diversos colectivos feministas del Estado español.

En redes se hizo viral una campaña para que este año durante el txupinazo (pistoletazo de salida de la celebración de la violencia: los sanfermines son un evento eminentemente taurino y, por tanto, violento) las mujeres fueran de luto, vistiendo camisetas negras en lugar del tradicional atuendo blanco. El pañuelo rojo al cuello sería morado, el color del feminismo. Sería una manera de hacer visible la indignación por esa sentencia y esa libertad. Una propuesta que difundieron numerosos colectivos y personas feministas, pero que rechazaron las organizaciones feministas de Pamplona. Estoy de acuerdo con ellas aunque no por las mismas razones. Las mías son muy simples: creo que el luto no es completo, que incluso es falaz, si no se refiere a todas las víctimas de la violencia de los sanfermines. La mujeres violadas y los toros asesinados. Defender a unas víctimas y olvidar a otras no es propio de un movimiento justo como el de la liberación de las mujeres. Menos aún promover la violencia contra esas otras, que es lo que hicieron las organizaciones feministas de Pamplona cuando rechazaron la propuesta de las camisetas negras: pidieron a las mujeres que “no abandonen las fiestas de San Fermín”. O lo que es lo mismo: el pánico, la tortura y la muerte de los toros.

"Queremos estar divirtiéndonos y siendo libres”, afirmó en rueda de prensa la portavoz de las asociación Andrea-Lunes Lilas. Habló en nombre de unas feministas que no solo obvian que hay otras víctimas en esas “fiestas”, sino que basan su diversión y su libertad en el tormento y cautiverio de aquellas. Es posible que reaccionando en contra de la iniciativa de las camisetas negras ese feminismo de Pamplona marcara las distancias con otro feminismo: el de las personas que cada año, desde hace ya unos cuantos, manifiestan en sanfermines su repulsa por todas las violencias en un acto público para el que este año han vestido camisetas negras. Un feminismo liberador que no defiende otras violencias. Un feminismo antiespecista.

Teresa Saez Barrao, una de las feministas que fundó Andrea-Lunes Lilas, ha luchado muy duro por la memoria de Nagore Laffage, asesinada en sanfermines hace diez años, y contra el terrorismo machista. “Los machirulos deben abstenerse de venir a sanfermines”, ha declarado. Una contradicción en los términos. Pues no habrá sanfermines sin machirulos mientras se trate de un festejo taurino: machirulo por definición. Con o sin mujeres violadas y asesinadas, los sanfermines son violentos, pues en violencia contra otros se basa esa cita. En la Estafeta y en el coso. Y de la sangre inocente ahí derramada puede brotar, desgraciadamente ha brotado, otra sangre inocente. Porque violencia llama a violencia. Justo hace ahora dos años, cuando supimos de la existencia de la víctima de esa Manada que no merece tal nombre, escribí un artículo aquí al que ahora me remito: Tetas, sangre e historia patológica. Pido especialmente a las feministas de Pamplona que lo lean.

Incluso si de esa historia patológica de los sanfermines se lograra erradicar la violencia contra las mujeres, un feminismo justo y liberador nunca deberá ignorar a otras víctimas, y mucho menos fomentar su discriminación. Un feminismo que no se haya quedado, como mínimo, en los 70. Y eso que para entonces ya existía Angela Davis: "Existe una conexión entre la forma en que tratamos a los animales y la forma en que tratamos a las personas que están abajo en la escala jerárquica".

domingo, 10 de diciembre de 2017

#hemeroteca #bisexualidad | La bisexualidad de una alcaldesa

Imagen: El Diario / Ada Colau
La bisexualidad de una alcaldesa.
A Colau se la ataca por todo, incluido lo mejor. Hay muchos que no le perdonan que haya llegado a alcaldesa de Barcelona.
Ruth Toledano | El Diario, 2017-12-10
http://www.eldiario.es/zonacritica/bisexualidad-alcaldesa_6_717138285.html

Ada Colau verbalizó en la tele su bisexualidad y ha habido una avalancha de reacciones. Tal avalancha demuestra que, en una sociedad como la nuestra, la diversidad sexual no está normalizada. De ahí la importancia de que lo hiciera. Lo dijo, además, con la misma naturalidad que si hubiera dicho que tuvo un novio en Cuenca. Y esa naturalidad es más importante aún: fue la representación de lo que viven muchas personas en esta sociedad que, sin embargo, reacciona a ello como si hubiera dicho que tuvo una novia extraterrestre.

Ha habido medios que se han referido a sus declaraciones con el término “confesión”, como si fuera algo que Colau hubiera tenido oculto, a pesar de que ella misma ha comentado que su novia estaba, como es lógico, perfectamente integrada en su familia, y que todo su entorno lo supo siempre y lo vivió con naturalidad. La misma naturalidad con la que lo ha contado cuando se ha presentado la ocasión. Hacerlo así supone precisamente desmontar la estructura de homofobia y machismo que considera confesión lo que no es sino visibilidad de lo que no debe estar oculto.

Por supuesto, no han faltado quienes han acusado a Colau de oportunismo electoralista por verbalizar su bisexualidad. Es una acusación manipuladora, dado que lo mismo podría decirse de cualquier cosa que haga o diga cualquier candidato en periodo de campaña o cualquier político, como ella, que apoye a una candidatura. Con la diferencia de que, incluso aceptando que puedan ser electoralistas, hay gestos y gestos: algunos no sirven para nada y otros sirven para mucho. El de Colau sirve para mucho: empodera, da fuerza, seguridad y apoyo a muchas personas, acaso muy jóvenes, que son víctimas de esa homofobia machista. Por tanto, es muy de agradecer, en cualquier caso, que una política aproveche la campaña electoral de su formación para lanzar mensajes de tanta importancia social. Una importancia que es política, por más que haya voces interesadas que insistan en que lo de la novia italiana de Colau pertenece a su vida privada. No: como ya nos dijera el feminismo, lo personal, máxime cuando está sometido a opresión y discriminación, es político.

La verbalización de Colau sobre los intentos de violación sufridos y, ahora, sobre su bisexualidad adquiere una profunda dimensión política. De esa verbalización emana la visión de una sociedad más libre y justa, es decir, más avanzada. Una visión que, inevitablemente, marca las políticas de la que fue activista y es alcaldesa de Barcelona. Una visión que entiende que todo proceso político actual ha de ser necesariamente feminista e igualitarista.

Pero es que a Colau hay muchos que no le perdonan que haya llegado a alcaldesa de Barcelona, precisamente por ser la activista a la que conocimos echando un mítico rapapolvo en el Congreso de los Diputados a bancos y patronal (el poder de los desahucios), por ser una alcaldesa explícitamente feminista. Recordemos al concejal del PP Óscar Bermán, quien se atrevió a escupir que "en una sociedad seria y sana, Ada Colau estaría limpiando suelos y no de alcaldesa de Barcelona". Recordemos los ofensivos términos en los que ha sido calificada por periodistas ultracipotudos como Carlos Herrera, Salvador Sostres o Arcadi Espada (por cierto, fundador y apoyo mediático de Ciudadanos).

Tampoco ha faltado quien ha hecho broma fácil con la “ambigüedad” de Colau, relacionando su bisexualidad (que no tiene nada de ambiguo: te atraen las mujeres y te atraen los hombres) con sus posiciones durante los últimos capítulos de procés. Porque eso tampoco se le perdona. La alcaldesa de Barcelona, que siempre ha dicho que no es independentista, ha tenido el papel más difícil en estos meses: seguir gobernando para todos los ciudadanos, independentistas o no, y recibiendo la presión de unos y otros para que hiciese algo que no debía: decantarse. Al tiempo, ha tenido que seguir trabajando con socios políticos como el PSC, hasta que el apoyo del PSOE a la aplicación del 155 lo hizo inviable. A pesar de condenar con contundencia la brutalidad policial del 1-O, la han acusado de equidistancia, tergiversando la ecuanimidad que exige su cargo y que ella ha logrado, a veces a duras penas, mantener. En otros mandatarios esa responsabilidad se habría considerado altura política. En ella se ha tachado de poltronismo.

A Colau, en fin, se la ataca por todo, incluido lo mejor. Ha dicho que está “radicalmente en contra de la DUI, pero también del abuso de la prisión preventiva, que no queremos ni para independentistas ni para nadie”, pero de nada sirve que demuestre la sensatez que tantos piden, se ve que con la boca pequeña. Ahora también la atacan por haber tenido la naturalidad de verbalizar lo que somos muchas: bisexual. Naturalidad que en esta sociedad homófoba y machista aún hay, lamentablemente, que calificar también de valentía.

domingo, 4 de junio de 2017

#hemeroteca #laicismo | Comulgar con ruedas de molino

Imagen: El Diario / Pablo Iglesias y José María González 'Kichi'
Comulgar con ruedas de molino.
Pablo Iglesias podría haber dicho que no comprendía la decisión de Kichi y no hubiera pasado nada.
Ruth Toledano | El Diario, 2017-06-04
http://www.eldiario.es/zonacritica/Comulgar-ruedas-molino_6_650994911.html

Parto de la base de que Pablo Iglesias está sometido a una presión mediática difícil de sobrellevar, que ha sido criticado sin argumentos políticos y hasta la extenuación, que estar en el punto de mira permanente es tener todas las papeletas para que cualquier metedura de pata no solo se vea, sino que se sobredimensione. Pero no hay nada políticamente más sugerente que decir la verdad, aunque te saque del discurso preconcebido y precisamente por ello. Y no hay nada más constructivo, y que al final vaya a ser más admirado, que el ejercicio de la autocrítica, pues denota humildad, generosidad con esa verdad que se busca, libertad por encima de lo que presuntamente conviene y tantas veces no es así. Es el caso de Kichi y la medalla a la Virgen del Rosario. Y de él pueden extraerse conclusiones que van más allá de la anécdota.

Pablo Iglesias ha salido al paso de las críticas que ha recibido Kichi, alcalde de Cádiz, por conceder la Medalla de Oro a esa Virgen que es patrona de la ciudad. Son críticas razonables, pues se sustentan en los principios laicos que defiende Podemos. Los críticos de ahora se remiten además a los reproches que en su día recibió el ex ministro de Interior Jorge Fernández Díaz, por condecorar a dos Vírgenes: la Santísima Virgen de los Dolores de Archidona (Málaga), con la Cruz de Plata de la Guardia Civil, y Nuestra Señora María Santísima del Amor, con la Medalla de Oro al Mérito Policial. Crítico fue entonces, con razón, Pablo Iglesias.

Reconozco que pueda haber motivos que se me escapan en la decisión de Kichi, alguien a quien considero razonable, y que si yo hubiera hablado con él es posible que pudiera llegar a comprender, incluso sin compartir su decisión, algo de carácter local que quede fuera de mi alcance. Pero aún así las declaraciones de Pablo Iglesias no están a la altura que considero debe mantener Podemos: una cosa es respetar ciertas tradiciones, que sí, y otra es condecorar Vírgenes, que no.

Imagino que Kichi se vio en un aprieto porque 6.000 firmas de sus conciudadanos pedían esa medalla para la del Rosario. Pero, honesto y fiel a su estilo, debiera haber hecho público un comunicado en el que explicara por qué una formación política que defiende el laicismo no puede hacer algo así, ni siquiera si él mismo se sintiera emocionalmente cercano a tal figura. Eso sería haber ido con la verdad por delante, y creo que habría sido apreciado. Del mismo modo, Pablo Iglesias podría haber dicho que no comprendía tal decisión y no hubiera pasado nada, mucho menos la polémica generada. Habría ido con la verdad por delante y se habría apreciado también.

Sin embargo, dijo que "los urbanitas de izquierdas" tenemos que aprender a respetar las "tradiciones tan arraigadas en el pueblo". Para empezar, ¿los de Cádiz no son "urbanitas"? Eso suena un tanto centralista, pues viene a decir que Cádiz es un pueblo y no una ciudad, como lo es por ejemplo Madrid, donde vive Pablo Iglesias. Para seguir, recordar que hay tradiciones indeseables y que, por tanto, las políticas de cambio real deben erradicarlas, por muy arraigadas que estén.

De hecho, el mismo Kichi se mantuvo firme recientemente en el cumplimiento de la ordenanza municipal de protección animal, una postura evolucionada y justa que debiera recibir un gran aplauso: en virtud de esa ordenanza, la Hermandad del Rocío no podrá participar en la Procesión Magna Mariana del próximo 24 de junio si se empeña en que los mulos sigan tirando del carro, es decir, cargando con el paso ("Bendito Simpecado entronizado en su Carreta de plata", según la Hermandad), arrastrando un peso que los daña físicamente y en medio de una multitud que les provoca un gran estrés. Se trata de una tradición arraigada, pero Kichi ha dicho basta: "Cádiz es ciudad amiga de los animales y eso no es un eslogan".

Daría más confianza que Pablo Iglesias se hubiera inhibido en el asunto de la medalla. Y que de ser preguntado (acribillado a preguntas, seguramente) hubiera dicho la verdad: "No estoy de acuerdo". Es mejor que las medias mentiras del tipo "Kichi lo ha manejado de una manera muy laica". O podría haber dicho, simplemente: "No lo entiendo". Porque no pasa nada por no tener respuesta para todo, al contrario, te hace más humano. Y habría sido muy positivo que, de paso, hubiera resaltado la firmeza, la coherencia y el buen hacer del alcalde Kichi en su defensa de los animales en Cádiz.

Cometen un error los políticos que aparcan las ideas porque quieren contentar a más personas, susceptibles de ser votantes. No hay más que ver al PSOE. Los principios éticos deben estar por encima de las expectativas de voto. Por una razón básica de honestidad y porque en el pecado va la penitencia: el día que Pablo Iglesias no podó la hoja de la tauromaquia de aquel árbol que representaba a España en El Hormiguero (árbol del que, por cierto, sí podó el de la Iglesia de las vírgenes) puede que ganara el alivio de unos cuantos, pero perdió la confianza (y el voto) de muchos más: ciudadanos que no pueden concebir un cambio que consienta en que esa tortura sea legal. En todo caso, no se trata de una cuestión cuantitativa, que pueda medirse en términos de mayoría o minoría social, y así ha de entenderlo una política ética: simplemente, no se puede torturar animales y, mucho menos, elevarlo a la categoría de fiesta nacional.

Como no se puede comulgar con ruedas de molino. Mucho menos si eres laico. Es mejor la autocrítica.

domingo, 7 de mayo de 2017

#hemeroteca #antidiscriminacion | Las lesbianas de la película son de verdad

Imagen: El Diario / Presentación de proposición de Ley de Igualdad LGTBI
Las lesbianas de la película son de verdad.
Yo, como ciudadana, pero además como bisexual, digo que me pongo en la piel de Jimena y de Shaza, que su historia me ha emocionado especialmente, me ha llevado de la indignación a la admiración, del pánico al alivio.
Ruth Toledano | El Diario, 2017-05-07
http://www.eldiario.es/zonacritica/lesbianas-pelicula-verdad_6_641195877.html

La historia de Jimena y Shaza tiene babeando a redacciones y platós. Aunque sean lesbianas. Y está muy bien: bienvenida la visibilidad. Pero veamos. La historia de Jimena y Shaza hace las mieles de periodistas y audiencias porque puede escribirse con todos los ingredientes de un culebrón posmoderno o de una serie de Netflix. Aunque sean lesbianas. Ellas son jóvenes, guapas, multiculturales. Se enamoran con Tinder y Whatsapp. Se mueven en escenarios míticos: Londres, Dubai, Tiflis. Son perseguidas por un padre musulmán que las intercepta en aeropuertos exóticos. Las detienen en Turquía por sospechosas de terrorismo. Y, seguramente, por lesbianas. Consiguen llegar, sanas y salvas, a Barcelona. Los medios se derriten de morbo. Bienvenido sea, y nuestras heroínas lo merecen: su periplo se resume pronto pero es una historia de terror. Veamos.

La historia de Jimena y Shaza es una historia de terror porque visibiliza el rechazo que aún sufren las mujeres lesbianas. Pero no debemos olvidar que no es un rechazo que se produzca solo en Egipto o en Dubai: el pasado 26 de abril se celebraba el Día de la Visibilidad Lésbica y la FELGTB lanzaba un lema: 'Por la Visibilidad de las Mujeres Lesbianas en el Mundo'. Cuando hay lema, hay necesidad. "Actualmente todavía existen muchas barreras discriminatorias que impiden a las lesbianas dar un paso tan importante en su vida como es salir del armario", ha explicado Charo Alises, portavoz de FELGTB, que ha venido reclamando la aprobación urgente de la Ley de Igualdad LGTBI, mediante la que construir una sociedad libre de discriminación y donde las mujeres lesbianas puedan ser visibles. La pasada semana la FELGTB presentaba por fin en el Congreso de los Diputados (de la mano de Unidos Podemos – En Comú Podem – En Marea) su Proposición de Ley: ‘Proyecto de ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales’. La igualdad social y la no discriminación social de las lesbianas se estaba pidiendo en Madrid, no en El Cairo ni en Estambul.

Se pide visibilidad porque falta. Si bien la ley de matrimonio igualitario de 2005 supuso un paso histórico de gigante para la normalización de la homosexualidad en el Estado español, es probable que delante y detrás de esas cámaras que se han enamorado estos días de Jimena y de Shaza, de esos teclados que se han embelesado relatando su gesta, de esos micrófonos que las han perseguido con arrobo, de esos despachos que han decidido dar el resto mediático por esta pareja de fábula, haya mujeres lesbianas que ocultan la realidad de su vida: periodistas, realizadoras, sonidistas, directivas, presentadoras, tertulianas. Lesbianas. Hemos visto horas y horas de seguimiento a Jimena y a Shaza y nadie, en ningún momento, ha dicho: "Yo, como ciudadana, pero además como lesbiana, me siento especialmente apelada por la historia de estas dos mujeres". Yo, como ciudadana, pero además como bisexual, digo que me pongo en la piel de Jimena y de Shaza, que su historia me ha emocionado especialmente, me ha llevado de la indignación a la admiración, del pánico al alivio.

"Queremos que esto sirva para luchar por los derechos LGTB y los derechos humanos, en especial en los países árabes", dicen las protagonistas de una pesadilla que muchos medios han calificado de "aventura". Si ser mujer en las sociedades musulmanas sigue acarreando discriminación y represión, ser lesbiana puede costarte la vida. Así que, cambia mucho las cosas el hecho de que, siendo mujer y lesbiana, en España puedas casarte. Así lo han anunciado Jimena y Shaza. Debemos, pues, reconocer la importancia de los derechos conseguidos, preservarlos frente a los peligros que les acechan (como el aumento de las agresiones homófobas en España o el avance del fascismo en Europa: Marine Le Pen ha anunciado que derogará el matrimonio igualitario si llega a presidir el gobierno de la República). Y, con la fuerza que otorga nuestra experiencia liberadora, solidarizarnos con las personas que, en otros contextos, sufren no solo discriminación sino acoso, persecución y una violencia que es política.

No podemos obviar el hecho de que las mujeres que huyen de esos contextos y buscan refugio en nuestro país pueden haberse visto obligadas a hacerlo por el mero hecho de ser lesbianas. Porque el mero hecho de ser lesbianas puede costarles su libertad, su integridad física y hasta su vida. Shaza, que no tiene permiso de residencia en España, debe considerarse una refugiada que huye del odio homófobo, y como tal debe ser protegida aquí. Pero también esas otras lesbianas menos guapas, menos ricas, menos atractivas para los medios, menos morbosas. Esas mujeres lesbianas musulmanas que solicitan refugio, pero también esas mujeres lesbianas musulmanas, migrantes de segunda generación. Viven dentro de dos armarios: el de la islamofobia en la sociedad española y el de la homofobia en sus dos contextos, español y musulmán.

No solo hemos de dar la bienvenida a la valiente lesbiana Jimena Rico, sino que debemos dar refugio a la aún más valiente lesbiana Shaza Ismail. Pero no porque sean personajes perfectos para una película con todos los ingredientes de la actualidad, sino porque son las protagonistas reales de unas vidas que están en juego por el ejercicio de su libertad y de su amor. Como mujeres y como lesbianas.

domingo, 5 de febrero de 2017

#hemeroteca #discriminaciones | Señor juez, Lennon tiene dos mamás

Imagen: El Diario / Brenda y María José
Señor juez, Lennon tiene dos mamás.
Por decisión unilateral del Registro Civil de Denia, Lennon fue inscrito solo a nombre de una de sus mamás: Brenda, la madre gestante. El mismo procedimiento que si Brenda fuera una madre soltera. Lennon, en consecuencia, tiene un libro de familia distinto al de sus hermanos.
Ruth Toledano | El Diario, 2017-02-05
http://www.eldiario.es/zonacritica/Senor-Juez-Lennon-mamas_6_609349079.html

Este lunes 6 de febrero la familia de Lennon entregará ante la Dirección General de los Registros y del Notariado, dependiente del Ministerio de Justicia, más de 100.000 firmas de apoyo recabadas a través de la plataforma Change. El pequeño Lennon nació en Denia hace seis meses. Todos los bebés que nacieron el mismo fin de semana que él salieron del Hospital de la Marina ya inscritos en el Registro Civil, a través de un nuevo servicio telemático implantado por dicho Ministerio. Lennon no. La razón por la que ha sido discriminado es que Lennon tiene dos mamás. Cuando trataban de inscribir a Lennon a nombre de ambas, la pantalla del ordenador del hospital detenía el proceso de solicitud y respondía: “Caso de Exclusión no especificado”. Un recién nacido y su familia estaban siendo excluidos del sistema social por la propia Administración.

Por decisión unilateral del Registro Civil de Denia, Lennon fue inscrito solo a nombre de una de sus mamás: Brenda, la madre gestante. El mismo procedimiento que si Brenda fuera una madre soltera. Lennon, en consecuencia, tiene un libro de familia distinto al de sus hermanos. A día de hoy, además, el bebé no dispone ni de DNI ni de pasaporte porque no tiene la nacionalidad española, ya que Brenda es irlandesa. Documentos que, por otra parte, no recogerían la verdad de su vida: que es hijo de Brenda y de María José. La decisión del Registro Civil de Denia se basa en que las madres no han presentado un papel que certifique que el niño fue gestado a través de técnicas de reproducción asistida, un atentado contra su intimidad.

El matrimonio de Brenda y María José, casadas desde 2007 y que tienen dos hijos más, también ha sido, pues, discriminado frente a los matrimonios heterosexuales, a quienes nadie les exige ningún papel ni prueba de ADN que certifique la paternidad biológica. Ni siquiera se les pide ese certificado que demuestre que la esposa se ha sometido a técnicas de reproducción asistida en el caso de que el marido sea infértil y no sea el padre biológico de la criatura. Se presupone la paternidad de los hombres que acuden a registrar a sus hijos. Es decir, al matrimonio de Brenda y María José no se les están aplicando las mismas presunciones de filiación matrimonial que a los matrimonios heterosexuales. Y esto sucede más de 10 años después de la aprobación en España del matrimonio igualitario.

“Tiene cojones la cosa”, dice María José en su blog. Y lo dice con toda la literalidad, pues la discriminación que están ejerciendo el Ministerio de Justicia y el Registro Civil de Denia es de naturaleza machista: anteponen la protección de los presuntos derechos de un padre biológico que supuestamente podría hacer su aparición en el futuro frente a la realidad de una familia formada por un matrimonio entre dos mujeres y sus tres hijos. Y todo en base a un papel que evite una hipotética demanda por paternidad, algo que no se contempla con las parejas heterosexuales. Parejas que para tener hijos ni siquiera están obligadas a casarse, como sí lo están las parejas homosexuales.

Como señala Charo Alises, abogada y coordinadora del servicio jurídico de la Federación estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), están siendo además violados los derechos de un menor, desprotegido por la Administración española y discriminado frente a sus hermanos mayores. Hoy por hoy, la única alternativa para que María José tenga potestad sobre Lennon es hacerse su tutora legal y solicitar su adopción. Un dolorosa injusticia para una madre. Tan doloroso e injusto como que, si Brenda falleciera, en términos legales Lennon se quedaría sin familia y podría incluso ser reclamado desde Irlanda.

Por detrás de todos estos procesos kafkianos late una discriminación administrativa contra el colectivo LGTBI, una resistencia a aceptar los nuevos modelos de identidad, relación y familia. Ante esta realidad, que condena a la vulnerabilidad a muchas personas, a sus familias y, por tanto, también a muchos menores, la FELGTB ha identificado cuáles son las carencias legislativas que aún persisten y ha presentado ante el Defensor del Pueblo una propuesta de Ley de Igualdad LGTBI y de No Discriminación, cuya aprobación consideran un paso necesario y definitivo para la igualdad real. La propuesta recoge los derechos de las parejas del mismo sexo y de sus hijos, con independencia de cómo se haya establecido su filiación. También reclama que las administraciones públicas y la documentación administrativa reconozcan la diversidad familiar y las relaciones afectivas LGTBI. Son medidas que habrían de plasmarse en el ámbito laboral, sanitario, familiar, educativo o de la administración de la justicia. Ahora son las formaciones políticas las que tienen que recoger y defender la propuesta en el Congreso y el Senado.

"Pensaba que los derechos en España estaban más garantizados de lo que lo están", declara María José. La mala noticia es que tiene razón. La buena, que gracias a la conciencia y el tesón de personas como ella se pueden cambiar las cosas obsoletas y construir un mundo más justo y, por tanto, más feliz.

domingo, 1 de mayo de 2016

#hemeroteca #lgtbifobia | Maricones de mierda

Imagen: El Diario / Concentración en Madrid, 2016-04-30
Maricones de mierda.
Eso es lo que les gritan mientras les dan golpes, puñetazos, patadas. Maricones de mierda. Los acosan, los persiguen, los rodean, los empujan contra la pared, los derriban al suelo. ¿Dónde? ¿En Siria, en Iraq, en Arabia Saudí, en Irán? No. En Madrid.
Ruth Toledano | El Diario, 2016-05-01
http://www.eldiario.es/zonacritica/Maricones-mierda_6_511358870.html

Eso es lo que les gritan mientras les dan golpes, puñetazos, patadas. Maricones de mierda. Los acosan, los persiguen, los rodean, los empujan contra la pared, los derriban al suelo. ¿Dónde? ¿En Siria, en Iraq, en Arabia Saudí, en Irán? No. En Madrid. Desde que empezó el año, sucede cada dos días: 64 agresiones homófobas en 2016. Que sepamos: muchas de ellas quedan sin contabilizar porque las víctimas no las denuncian. El Observatorio Madrileño contra la Homofobia, creado por la asociación Arcópoli, alerta de que solo 12 de ellas han acabado en denuncias ante la policía.

Pero, ¿por qué no denuncian las víctimas? Porque con los insultos y los golpes les entra el miedo en el cuerpo. Algunos de los ataques son grabados con móviles por los agresores, cuyas amenazas se convierten en una mordaza para los agredidos. No denunciarán y, probablemente, no volverán a ejercer los derechos por los que son atacados: la libertad de dar un beso a otra persona libre, la libertad de ir por la calle de la mano de quien quieras. Sí, parece que hablamos de Irán, de Iraq, de la Siria del ISIS. Pero no. Hablamos de Madrid.

Los colectivos LGTBI se han vuelto a echar a la calle para exigir una mayor implicación política frente a estos delitos de odio, pues los homófobos suponen más del 30% de esa clase de delitos. Piden contundencia al Ayuntamiento, instando a la corporación de Manuela Carmena a poner en marcha la oficina contra los delitos de odio que fue aprobada hace un año en el pleno municipal; piden que la Comunidad de Madrid apruebe la Ley de Protección contra la Discriminación por la Diversidad Sexual y de Género.

En las últimas décadas, el movimiento LGTBI había convertido Madrid en una buena parte de su cuartel general. Gais, lesbianas y transexuales venían al barrio de Chueca a respirar desde unas provincias y unos pueblos en los que su vida se asfixiaba en el armario del disimulo y la represión. Frente al desprecio y al rechazo de sus entornos, en ese barrio que salió de la depresión gracias a la alegría multicolor de la liberación podían ser quienes eran y amar a quien amaban. Chueca se convirtió en un referente mundial de libertad. Una libertad que se extendió como se extiende la conciencia, y se fue derramando alrededor, como un buen caldo en el que fermentar el futuro: en los últimos años, ya no solo en Chueca sino en todo el centro de Madrid, cada vez más parejas del mismo sexo, más ciudadanos y ciudadanas, han ejercido sus derechos básicos (a la libre circulación, por ejemplo) con normalidad. Y nos hemos sentido muy orgullosas de que una ciudad de política pepera fuera hogar de libertades.

¿Qué ha pasado entonces para que estemos asistiendo a una violencia que ya no tenía cabida en Madrid? ¿Cómo es posible esta regresión? No parece casualidad, no parece extraño que surjan estas manifestaciones homófobas en una Europa que hace tal gala de xenofobia y crueldad con las personas que llegan clamando por un refugio. Muchas de ellas huyen precisamente de lugares donde su integridad física y su propia vida corren serio riesgo por el hecho de ser personas LGTBI. La ola de ultraderechismo, neofascismo y neonazismo que, como reacción a su llegada, recorre el continente es contagiosa como una peste. Permanecer en la indiferencia ante esta realidad o dejar que sea demasiado tarde juega en nuestra contra. El fascismo siempre ha actuado de forma semejante: se cuece en crisis económicas que frustran a la población, se transforma en crisis sociales y se acabando cebando en falsos enemigos. Que siempre son los mismos: los extranjeros, los demócratas, los libres, los homosexuales.

En esta preocupante situación, arrecian y arreciarán los delitos de odio. Si bien en la reforma del artículo 510 del Código Penal se incluyó como agravante la motivación homófoba o tránsfoba, urge ir más allá y, como mecanismo de prevención, combatir además el propio discurso del odio: detectarlo y perseguirlo, también en las redes sociales, e incorporar esa prevención en planes que eduquen en la diversidad y vigilen, entre los adolescentes, en los medios de comunicación o en internet, conductas discriminatorias.

Este es el sentido de la proposición no de ley presentada por los socialistas a través de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, que exige una ley integral contra los delitos de odio. Todos los grupos la han apoyado. Menos el PP.

Debemos actuar con urgencia frente a lo que está sucediendo. Las agresiones homófobas son repugnantes en sí mismas y, además, un indicio de lo frágiles que pueden llegar a ser los derechos conquistados si no estamos alerta y siempre en disposición de seguir defendiéndolos. En una sociedad libre, democrática y decente, todos y todas debemos ser esos maricones de mierda.

domingo, 27 de marzo de 2016

#hemeroteca #transfobia | El odio subvencionado

Imagen: El País
El odio subvencionado.
Ruth Toledano | El Diario, 2016-03-27
http://www.eldiario.es/zonacritica/odio-subvencionado_6_499110094.html

Los obispos de Getafe y Alcalá de Henares han hecho público un libelo –que han dado en llamar carta- como respuesta a la aprobación de la Ley de Transexualidad de la Comunidad de Madrid. Una carta panfleto que atenta contra los sentimientos de cualquiera que los tenga; incluidos los católicos a los que dicen dirigirse. Como bien ha recordado Carla Antonelli, diputada y activista transexual, la epístola bomba (que ella llama Pastoral de la Transfobia) no solo “destila odio, destila desprecio social e instiga a la discriminación”, sino que se aleja de la propia doctrina de Cristo. El amor, la compasión, todo eso tan extraño a estos obispos: Juan Antonio Reig Pla, Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo, y José Rico Ravés.

Hay que leer ese papel usado por los obispos para comprender el alcance de su merde. No tiene desperdicio aunque todo en él es desperdicio, valga la paradoja. Empiezan diciendo que reciben la Ley de Transexualidad “con profundo dolor”. Los obispos solo nos producirían risa en su sobreactuación de drama queens si no fuera porque la Ley viene a tratar de proteger, entre otros y otras, a esos niños y a esas adolescentes que tantas veces caen en la depresión y se quitan la vida por no poder ser quiénes son. Dice el trío de los horrores que la Ley es injusta, cuando en realidad viene a reparar, con la Justicia debida, la injusticia sufrida por las personas transexuales.

En un totum revolutum que sonroja, los obispos se remiten a Cicerón, a la razón (que no puede ser otra que la suya), a la dignidad (que ellos mismos violentan) y a la ley natural, de la que excluyen, porque les sale de las glándulas, a las personas transexuales, cuya defensa, concluyen, “se funda en una comprensión equivocada del ser humano”. Desde ahí, se despeñan por un pozo de sinsentidos en cuyo fondo encontramos “la unión substancial cuerpo-espíritu”, el “dualismo antropológico” versus “la antropología adecuada”, el “monismo de carácter materialista”, la “concupiscencia”… Y, en fin, obscenidades: “la procreación como fruto de la colaboración con Dios en el acto conyugal propio del matrimonio”. Merece el asco zambullirse con neopreno en semejante fosa séptica argumental porque da para mucho más de lo que se puede reseñar aquí.

Hay quienes consideran que los obispos deben estar en todo su derecho a decir lo que les venga en gana. Llevan parte de razón: en democracia, cualquier ciudadano debe gozar del derecho a la libertad de expresión, incluso si el ejercicio de esa libertad puede ofender a otros. La línea roja de ese derecho comienza cuando esos ciudadanos utilizan una tribuna subvencionada por el Estado para fomentar el odio y la discriminación hacia un colectivo, máxime si ese colectivo ha sido históricamente maltratado. Es el caso de los ciudadanos obispos contra el colectivo transexual.

Si los tres guardianes de las pestilentes esencias de “la civilización cristiana u occidental” y de la “ecología humana” (aquí habría que meter unas risas enlatadas) fueran tres tipos sin alzacuellos que se hubieran manifestado en la calle con un cartel pinchado en un palo que dijera las cosas que dice su misiva, no habrían pasado de parecernos tres chiflados. Estarían en su derecho de evacuar consignas basura, pero no serían más que tres regaderas. Bastante amaneradas, por cierto. Pero no: los del burka a cara descubierta son tres representantes de una institución que, a pesar de que estamos en un Estado aconfesional, recibe dinero público, con el que, entre otras cosas, escupir una carta así: propia del integrismo religioso que tanto reprochan a los de los otros burka.

Si estos personajes no estuvieran legitimados por el, ese sí injusto, statu quo de un sistema político que ha sido incapaz de revocar el concordato entre el Estado español y la Santa Sede, solo habría que vigilar que sus oscuros propósitos no fueran un peligro para las personas transexuales que cayeran en su sectaria área de influencia, sobre todo las más jóvenes y vulnerables. Puesto que no es así, y el concordato otorga a la iglesia católica unos privilegios que proceden de la fiscalidad común, lo mínimo que debemos exigir es respeto a la ciudadanía y a la ley que emana de su consenso. Una ciudadanía entre la que hay personas transexuales, que, además, están siendo víctimas de un aumento de ataques y agresiones, contra los que los tres de la sotana no han escrito ninguna carta. Más aún: la carta que han publicado es caldo de cultivo para esa violencia porque fomenta el odio. Un odio que es delito. Un odio subvencionado.

¿Dónde esta la carta del trío del alzacuellos contra quienes agreden a esos transexuales y homosexuales que dicen respetar? ¿Dónde está su carta contra los inumerables abusos a menores de sus colegas? ¿Dónde está su carta contra el acuerdo europeo de desproteger a los refugiados que huyen del otro burka? ¿Dónde está su carta contra los desahucios que dejan a las familias a la intemperie? ¿Dónde está su carta contra la pobreza energética que congela a pensionistas? ¿Dónde está su carta contra la situación de los miles y miles de niños españoles en riesgo de exclusión social (uno de cada tres)?

Fariseos.

domingo, 8 de noviembre de 2015

#hemeroteca #violenciamachista | Machinazis

Imagen: Público / 7N, Madrid, 2015-11-07
Machinazis.
Ruth Toledano | El Diario, 2015-11-08
http://www.eldiario.es/zonacritica/Machinazis_6_450114996.html

Los titulares sobre la multitudinaria marcha violeta del 7N acabaron recogiendo lo que el feminismo viene años denunciando: las violencias machistas, que se expresan desde constantes micromachismos hasta el asesinato de las mujeres, es “una cuestión de Estado”. Que haya 1.378 víctimas mortales desde 1995 solo puede calificarse de terrorismo y, como tal, las instituciones deben intervenir con urgencia para, de una vez por todas, garantizar la seguridad de las mujeres. Solo en 2015, 70 mujeres han sido asesinadas por hombres en España; 37 el pasado verano. Los asesinos de mujeres han acabado también con la vida de 8 menores; eran sus parejas, sus padres o las parejas de sus madres. Asesinos que matan mujeres y que matan menores: una extrema manifestación de la desigualdad por razón de género y una intolerable violación de derechos humanos.

En un paso al frente sin precedentes recientes, el movimiento feminista español ha instado a todos los estamentos sociales y políticos a combatir esa desigualdad y esa violación de nuestros derechos. Se exige a las autoridades la aplicación del Convenio de Estambul, que España ratificó, y la reforma de la Ley de Medidas de Protección Contra la Violencia de Género, aprobada en 2004. No implementar el Convenio de Estambul para prevenir la violencia, proteger a las víctimas y emprender acciones judiciales contra los agresores, así como no invertir todos los recursos necesarios para sensibilizar a la sociedad (especialmente a los hombres y a los jóvenes) en la necesidad de romper con una cultura de tolerancia, convierte al Estado en responsable último de las agresiones de toda naturaleza que sufren las mujeres por el hecho de serlo.

La llamada Ley Integral supuso un paso imprescindible en la lucha frente a las violencias machistas pero, a día de hoy, se ha demostrado insuficiente. Solo en lo que a las denuncias respecta, la mayoría de las interpuestas en los Juzgados de Violencia son archivadas por presunta falta de pruebas, lo que ha conllevado un preocupante descenso de esas denuncias, de las órdenes de protección y de las condenas: un 50% menos que en 2006. Para minimizar, infravalorar, ignorar o, en última instancia, justificar la violencia contra las mujeres, el sistema heteropatriarcal ha extendido la falacia de las denuncias falsas, escamoteando los datos de la Fiscalía General del Estado que demuestran que las denuncias falsas apenas alcanzan un insignificante 0,07% del total de las presentadas. Urge una revisión de la actuación de los Juzgados de Violencia, de la formación de los profesionales del sistema judicial y de la reparación vital de las víctimas que el sistema ha desprotegido. El propio CEDAW (Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer) de Naciones Unidas ha alertado sobre la desprotección judicial en España de las mujeres víctimas de violencia machista.

En España siguen siendo asesinadas mujeres y menores. Y sigue sin proporcionarse a las víctimas supervivientes y a sus hijos e hijas la recuperación vital, económica y social a la que tienen derecho. Sigue sin incluirse una política preventiva de las violencias machistas en los programas educativos. Los medios de comunicación no acaban de esforzarse por erradicar el sexismo. Pero, mientras, el machismo español maneja datos falsos (como los de las denuncias falsas) y se llena la boca con un término con el que desprestigiar a las mujeres que luchan contra esa discriminación y esas violencias: feminazis.

Todas las activistas, periodistas y mujeres concienciadas que han dado voz a la urgencia de priorizar la lucha contra el feminicidio y contra todo machismo (por micromachismo que sea), hemos sido víctimas, además, de ese vergonzoso calificativo. Incluir la alusión al régimen nazi para referirse a las mujeres (y los hombres) comprometidas con la igualdad, la justicia y la vida, es otra forma de agresión. Busca el desprestigio desde la confusión y la falacia. Que las feministas y los nazis no tienen nada que ver es una perogrullada que no merecería atención si no fuera porque el término se ha puesto demasiado de moda (no hay más que leer los comentarios a los artículos feministas de este mismo medio) y porque, en realidad, esconde todo lo contrario: machinazismo. Es decir, machismo a secas pero además a conciencia.

El machismo mata, no el feminismo. Y no es que los machinazis sean necesariamente asesinos o maltratadores explícitos, pero sí son negacionistas. Desacreditando a las voces que denuncian las violencias machistas, los machinazis legitiman esas violencias, las disculpan, se burlan de ellas, de quienes pelean contra ellas y de quienes trabajan para erradicarlas. Llamándonos feminazis restan importancia al objeto de nuestras denuncias y violentan nuevamente a sus víctimas: otra forma de negar la verdad de una realidad que es barbarie. Tras la moda intencional de llamarnos feminazis, tras las agresiones verbales de los machinazis, hay muchas mujeres muertas, punta del iceberg de un afán hegemónico y una discriminación sexista que afecta a la vida de todas las mujeres y a la convivencia de toda la sociedad.

Lo que debe suceder después del 7N, y no solo el próximo 25 de noviembre, Día Internacional Contra la Violencia hacia las Mujeres, es que los gobiernos, las instituciones públicas, las entidades privadas y todos las personas que formamos esta sociedad nos decidamos a responder cada día a esta violencia: cumpliendo las leyes, educando en la prevención y la igualdad, y dando atención jurídica, social y psicológica a las víctimas desde la gestión pública de los recursos. Pero también desenmascarando el sexismo en sus infinitas manifestaciones. Y no tolerando más que se insulte al movimiento feminista, que se falte al respeto a las víctimas, que se haga apología del terrorismo machista. Como se han acostumbrado a hacer los machinazis.