Mostrando entradas con la etiqueta Pilar Aguilar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pilar Aguilar. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de enero de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | Nace el partido 'Feministas al Congreso', que pretende aunar a quienes se sienten huérfanas de representación política

Público / Presentación de FAC //

Nace el partido 'Feministas al Congreso', que pretende aunar a quienes se sienten huérfanas de representación política.

Denuncian que "el que se ha denominado como el Gobierno más progresista de la historia ha abandonado la agenda feminista y ha priorizado otras políticas que perjudican a la mitad de la población, que somos las mujeres".
Marisa Kohan | Público, 2022-01-18
https://www.publico.es/sociedad/nace-partido-feministas-congreso-vocacion-defender-derechos-mujeres-nace-partido-feministas-congreso-pretende-aunar-quienes-sienten-huerfanas-representacion-politica.html 

Este martes en Madrid se ha presentado un nuevo partido que afirma que ve la luz con vocación nacional y que su intención es pelear por conseguir entrar en el Congreso de los Diputados en las próximas elecciones generales. Se trata del recién formado partido Feministas al Congreso, que nace, afirman, como reacción a la inacción del Gobierno progresista en temas claves para las mujeres y el feminismo y por la "necesidad de que de una vez por todas las feministas tengan voz propia" en la principal cámara de representación.

"Creemos que lo que se ha denominado como el Gobierno más progresista de la historia ha abandonado la agenda feminista y ha priorizado otras políticas que perjudican a la mitad de la población, que somos las mujeres", arrancó Pilar Aguilar, investigadora y crítica audiovisual y presidenta de la nueva formación, en la rueda de prensa para presentar a este nuevo partido político este martes en Madrid.

En la presentación, que tuvo lugar en el Ateneo de Madrid, estuvo presente la junta directiva de Feministas al Congreso (FAC), formada, además, por Fátima Arranz, profesora de sociología de la Universidad Complutense de Madrid que ocupa el cargo de vicepresidenta; Puri Liétor, psicóloga sanitaria que fue miembro de Unidad Podemos y será la secretaria general; Juana Gallego, experta en comunicación y feminismo que desempeña el cargo de vicesecretaria general primera y Sandra Moreno, abogada que ocupa el cargo de vicesecretaria general segunda.

Entre las principales prioridades de nuevo partido figuran la abolición de la prostitución, el rechazo a lo que consideran la redefinición de la naturaleza humana, encarnada en la ley por los derechos trans planteada por el Gobierno de coalición, y que afirman "redefine lo que ser mujer y hombre, basándose en teorías acientíficas y en postulados ideológicos".

Su programa también combatirá "la instrumentalización y adulteración del feminismo para dar cobijo a ideologías que perjudican a las mujeres, y promover prácticas que nos agreden, deshumanizan y comercializan". Entre dichas prácticas incluyen la explotación sexual y reproductiva que suponen los vientres de alquiler, la pornografía y la publicidad sexista. También proponen luchar contra la feminización de la pobreza y las políticas públicas que desmantelan los derechos de mujeres y niñas.

En marzo del año pasado un grupo de un centenar de activistas feministas de diversos partidos de izquierdas lanzaron un manifiesto por el cual llamaban a la formación del nuevo partido. Desde entonces, afirman haber recibido más de 2.000 solicitudes de ​afiliación que en estos momentos están tramitando.

Abandonadas por la izquierda
La junta directiva del nuevo partido ha afirmado que las formaciones llamadas de izquierdas han abandonado al feminismo y ante las acusaciones de que la nueva formación podría suponer un división en el seno del progresismo, Aguilar afirma que "es la izquierda la que nos divide, la que ningunea al 50% de la población". "¡Cómo tienen la cara de llamarse izquierda!", ha exclamado y ha acusado al actual Gobierno de no haber tomado ni una sola medida en dos años de legislatura para avanzar en las demandas de las mujeres.

Precisamente la lucha contra la ley trans y de derechos LGTBI, afirman, ha sido lo que ha espoleado a un grupo de mujeres a entrar en la política activa y formar el nuevo partido.

"La ley trans ha motivado que nos organicemos como partido, definitivamente", afirma su presidenta. "Si se desmantela la categoría mujer, las mujeres quedaremos sin protección". El sujeto político del feminismo del que habla Podemos, afirman, "impulsa leyes de borrado. Hasta el término mujer nos lo quieren eliminar de las leyes. Por eso queremos llegar al Congreso para defender los derechos de las mujeres y de toda la sociedad".

"Hacía mucho tiempo que no nos enfrentábamos a un cuestionamiento tan profundo de lo que somos y representamos las mujeres en la sociedad, así como a una involución que relega los problemas más cruciales que nos afectan casi a la irrelevancia", afirma FAC en su programa. Por eso, afirman que "es imprescindible recuperar el objetivo de las políticas de igualdad, entendidas como protección de los derechos de las mujeres y las niñas, reconocidos formalmente en las leyes vigentes".

Desde FAC invitan a cualquier mujer que quiera afiliarse al partido lo haga, pero advierten: no permitiremos la doble militancia".

domingo, 22 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #politica | Feminismo y partidos políticos

Imagen: Tercera Información / izquierda Unido en un 8M de Madrid
Feminismo y partidos políticos.
Pilar Aguilar Carrasco · Analista y crítica de cine | Público, 2020-03-22
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/30585/feminismo-y-partidos-politicos/

El movimiento feminista siempre ha buscado alianzas, apoyos y colaboración con partidos políticos y asociaciones progresistas y de izquierdas. Pero esas relaciones también siempre han sido tensas y conflictivas, como ilustra, por ejemplo, el debate sobre el voto femenino en 1930.

No puedo pararme a analizar aquel episodio porque quiero centrarme en la actualidad, pero sí evocaré someramente uno ocurrido en los últimos años del franquismo.

Durante el primer lustro de los 70, grupos de mujeres, afiliadas o no a partidos políticos (aún ilegales) empezaron a organizarse en torno a sus reivindicaciones específicas.

El 6, 7 y 8 de diciembre de 1975 se convocaron en Madrid las Primeras jornadas estatales de asociaciones de mujeres. Tema: "La liberación de la Mujer".

El encuentro -ilegal, por supuesto- congregó a unas quinientas mujeres procedentes de Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga, Valencia, Alicante, Valladolid, etc. Está claro que, hablando en puridad, tal número de personas no puede reunirse en clandestinidad. Obligatoriamente las autoridades franquistas estaban al tanto, pero, después de más de una docena de años de durísima lucha antifascista que, pese a la represión, fue en crescendo, el Régimen ya no era capaz de controlar los movimientos y las dinámicas promovidas por las fuerzas democráticas y progresistas. Ya no tenía suficientes agentes, ni guardias civiles, ni brigadas político-sociales, ni jueces, ni cárceles. Lo subrayo para evidenciar, una vez más, que no nos regalaron la democracia, sino que la pelamos ruda y fuertemente. El franquismo inició la transición porque no les quedaba más alternativa que esa o la de lanzar otra vez al ejército, como en el 36.

Hecho este inciso, vuelvo a tema.

¿De dónde provenían las mujeres que acudieron a aquella convocatoria? Algunas, de asociaciones creadas por los partidos de izquierdas: MDM (PCE) y ADM (PTE), por ejemplo, otras, de grupos feministas sin adscripción política.

Entre las primeras y las segundas -y desde el primer hasta el último momento de las jornadas- se produjeron encontronazos en torno a prioridades de la agenda, enfoque de los problemas, propuestas para avanzar, etc., etc.

Tres momentos álgidos escenificaron ese desencuentro:

1. Las posiciones en torno a algunas ponencias como «Mujer y Familia» y «Mujer y Barrios». Las unas insistían en discutir sobre sexualidad, anticonceptivos, aborto, divorcio... Las otras acusaban a las primeras de burguesas y querían centrarse en carestía de la vida, falta de equipamientos sociales, etc. Es más, estas últimas ni siquiera admitían el término ‘feminismo’.

2. El dictador murió dos semanas antes de estas jornadas (convocadas con mucha antelación). Y hete aquí que las fuerzas democráticas llamaron a manifestarse para pedir la amnistía en fechas que coincidían con el encuentro. Las asociaciones de mujeres dependientes de los partidos propusieron interrumpir los debates para sumarse a esas movilizaciones. Las no afiliadas a partidos se opinían alegando que la fecha de las jornadas había sido fijada con anterioridad, que organizarlas había supuesto un gran esfuerzo, que era fundamental discutir nuestras propias problemáticas... exigían, pues, que se cumpliera el programa y la agenda previstas.
 
Un tercer grupo proponía que, caso de ir a la manifestación, habría que hacerlo con la petición de amnistía específica para "los actos considerados delictivos por una legislación que discrimina a la mujer, como adulterio, aborto, anticonceptivos, prostitución, homosexualidad, etc.". Pero esta propuesta, que tan razonable y moderada nos parece hoy, quedaba a años luz de la reclamada por los partidos, solo interesados por delitos "políticos" (y los partidos no consideraban, ni por asomo, que lo personal fuera político).

3. A la hora de crear comisiones para preparar el siguiente encuentro, los choques alcanzaron el paroxismo: unas decían que las discriminaciones que sufrían las mujeres sólo se resolverían en democracia y que, por lo tanto, la prioridad era acabar con el Régimen. Tal objetivo debía, pues, condicionar, articular y centrar la lucha de las mujeres. Otras denunciaban el profundo machismo que anidaba en los partidos y sostenían que las mujeres constituían una clase social, la más explotada, y, en consecuencia, debían crear su propio partido y militar solo en él.

Una tercera vía –llamada línea de Barcelona- aunaba las dos tendencias y sostenía que, en efecto, las mujeres no podrían liberarse sin que se produjera un cambio de estructuras políticas, sociales y económicas (aún soñábamos con derribar el capitalismo), pero que tales cambios, por sí solos, no conllevarían nuestra liberación. Contar con un fuerte movimiento feminista autónomo e independiente era imprescindible y única garantía de que las fuerzas de izquierda incorporaran las reivindicaciones específicas de las mujeres a la lucha común.

Acabadas aquellas turbulentas jornadas, los desencuentros (englobados bajo el apelativo de "la doble militancia") perduraron y originaron múltiples debates, a veces, muy enconados.

Con el tiempo, se fueron apaciguando, pero, porque como bien sabemos, en el transcurso de los años 80, los partidos políticos que habían luchado contra la dictadura se debilitaron (como le ocurrió al PCE) o desaparecieron (como el PTE). Y todos los movimientos sociales perdieron empuje.

En el feminismo solo quedaron aquellas mujeres (pertenecieran a un partido político o no, que más bien no) que lo consideraban eje esencial de su modo de estar en el mundo, de analizar la realidad y de querer transformarla.

Aclaro que yo no acudí a aquellas históricas jornadas. Para empezar, porque estaba en el exilio del que solo pude volver con la amnistía del 76. Pero, si hubiese estado en España, probablemente tampoco hubiera asistido porque mis energías se centraban en la militancia política (marxista-leninista-maoísta, nada menos). Es decir, que yo, como muchas otras, pese a soportar cotidianamente el machismo (también dentro de mi partido) no tenía un análisis coherente sobre ello.

Creo, sin embargo, que aquella militancia me lleva, por una parte, a no sentir hostilidad alguna hacia las feministas afiliadas a partidos y, por otra, a comprender algunos mecanismos psicológicos que acompañan esa condición: una cierta ofuscación, una perpetua pugna competitiva, una resistencia a la crítica hacia la propia organización, un hipercriticismo respecto a otras y, por supuesto, una tendencia al oportunismo.

Cabe preguntarse sobre cómo se manifiestan hoy los conflictos y alianzas entre movimiento feminista y partidos políticos ya que seguimos necesitándonos mutuamente.

En efecto, dado que las feministas no contemplan la posibilidad de convertir el movimiento en organización y dado que poquísimas militan en algún partido feminista, precisamos de los partidos para que nuestras reivindicaciones lleguen al Parlamento y se plasmen en leyes. Los necesitamos como logística de apoyo y como creadores de estructuras a todos los niveles, por ejemplo, el municipal.

Los partidos, por su parte, también necesitan ganarse al movimiento feminista. Y más ahora, cuando este muestra su capacidad movilizadora.

Pero, aunque las organizaciones de izquierdas -debido a su pensamiento progresista, teñido en mayor o menor grado de igualitarismo- son muchísimo más proclives a escuchar las reivindicaciones de las mujeres, también rebosan de ideología patriarcal, vienen de una tradición misógina y sus dirigentes son varones (ser hombre no imposibilita apoyar las reivindicaciones de las mujeres, pero dificulta comprenderlas y asumirlas).

Y ahí andan, bailando en la cuerda floja del cinismo. Sin oponerse ni rechazar las propuestas y demandas del feminismo, pero sin considerarlas esenciales ni priorizarlas decididamente.

Así, por ejemplo, resulta pasmosa su complacencia ante la prostitución. Unidas Podemos se justifica diciendo que no sabe lo que quiere el movimiento feminista... Tal argumento, si no resultara siniestro, daría risa. Si lo aplicara a otros asuntos, Unidas Podemos carecería de programa ¿sabe acaso qué quiere la población ante el independentismo catalán, la emigración, la renta básica, etc., etc.?

La posición del PSOE es más astuta, pero me atrevería a asegurar que igualmente desvergonzada: dicen condenar la prostitución, pero no están dispuestos ni siquiera a elaborar una ley eficaz contra la trata. Pasmoso ¿verdad?

Porque, incluso sin hacer un estudio sociológico detallado, solo con echar una somera ojeada a polígonos, parques, puticlubs y rotondas, es fácil deducir que esas personas son carne de cañón. Si un tráfico semejante de seres humanos no se hiciera con mujeres, los tendría puestos en pie. No soportarían unas prácticas de sometimiento y humillación similares si se aplicaran a otro colectivo.

En fin, no es posible desgranar aquí todas las incongruencias, medias verdades o cobardías que las organizaciones de izquierdas practican con el feminismo. Y eso, a pesar de que muchas –o bastantes- de sus afiliadas son feministas.

Pero hoy, el feminismo, entre otras dificultades, también se encuentra con una pugna entre partidos que puede resumirse en: "Y el vuestro más". Nos preocupa porque frena nuestro avance.

Por eso, las feministas sin partido hemos de interpelar a las que sí lo tienen, sin hostilidad, pero con contundencia. Pedirles que, en vez de concentrar energías en denostar a los otros, se esfuercen por exigirle al suyo. Que promuevan alianzas feministas intrapartido e incluso alianzas entre feministas de diversos partidos para obligarlos a posicionarse en algunos aspectos básicos en los que todas las feministas podemos estar de acuerdo, tales como: Ministerio exclusivo para las mujeres (y no, ello no obliga a desproteger a ningún colectivo), suficientemente dotado de fondos, personal y poder. Batería de leyes de primera necesidad: remodelación de la ley de violencia, decretos que concreten la de Igualdad, reformas laborales que combatan la doble explotación de las mujeres, medidas de protección para colectivos especialmente fragilizados (mujeres con discapacidad, cuidadoras, desahuciadas, emigrantes, madres...), ley abolicionista, etc.

Hay un inmenso campo para el entendimiento y el trabajo común...

Y, por supuesto, las feministas con y sin "doble militancia", necesitamos apertura mental para continuar polemizando entre nosotras, porque sí, hay asuntos en los que seguimos sin estar de acuerdo. No se trata de negarlo, si no de afrontarlo y debatirlo.

jueves, 20 de febrero de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia | Nuevas tácticas de ataque contra el feminismo

Imagen: Tribuna Feminista
Nuevas tácticas de ataque contra el feminismo.
Pilar Aguilar | Tribuna Feminista, 2020-02-20
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/nuevas-tacticas-de-ataque-contra-el-feminismo/

Mientras pudieron, nos ignoraron…

Su táctica durante años fue la de: “Hagamos como que no existen”.

Pero llegó un momento en el que ya no pudieron seguir haciéndose los longuis.

Entonces emprendieron nuevas maniobras: Los cafres, los machistas primitivos de siempre, los que aún no están en la “modernidad”, redoblaron insultos: “Feminazis” “Mal folladas”, “Feas”, “Machorras”, etc.

Cuando las cabezas menos brutas de las huestes patriarcales se percataron de que esas agresiones groseras y cargadas de odio, a la postre, no nos hacían gran daño, empezaron a elaborar otros planes más sofisticados.

Iniciaron, pues, una serie de maniobras diversificadas, aunque todas con el mismo objetivo: pudrir al feminismo desde dentro, inyectándole todo tipo de bacterias, virus, gérmenes nocivos, etc.

El protozoo tóxico más suave (y no específico contra el feminismo pues sistemáticamente se practica con todos los movimientos sociales) consiste en “comercializarlo” y banalizarlo. O sea, vender slogans sin gran contenido que desvirtúen los realmente subversivos.

En la misma línea, pero yendo más lejos, están quienes se dicen partidarios del feminismo, pero del “bueno”, o sea, “el de antes”. Resumen: no se oponen a que estudiemos ni a que votemos y, si me apuráis –en un rasgo de liberalidad que nunca sabremos agradecer bastante- ni siquiera se encabritan porque “vayamos a los toros con minifalda”. O sea, Bertín Osborne ya no canta lo mismo que Manolo Escobar... Ni Pablo Casado se opone a que su niña le dé pataditas a un balón, siempre que se las dé con un toque femenino y siempre que la nena respete jerarquías y, si el hermanito exige el balón, ella, en vez de tirárselo a la cabeza, se lo entregue inmediatamente, reconociéndolo como legítimo usuario de tal viril juguete...

En esencia, esta maniobra es la que la reacción siempre practica: oponerse a cualquier avance en derechos, pero, cuando ya no pueden seguir resistiéndose porque la sociedad y las leyes les han pasado por encima, entonces claman: “¡Quietos, paraos! (en masculino, por supuesto, aunque nos lo digan a nosotras). Lo que hemos conseguido (porque inmediatamente y con total descaro se apropian de lo conseguido) era justo. Pero, exigir más es un desmelene, una locura, un exceso”.

O sea, aquello que dijo Marx: los reaccionarios admiten que hubo historia, pero aseguran que ya no la hay.

Pero, esta táctica, aunque les da algún resultado, no consigue minar el fondo de nuestra lucha porque nosotras seguimos blandiendo la lista de demandas, esas que van desde “Y mi calle pa cuando” hasta “Ni una menos”.

Han de recurrir, pues, a otros patógenos mucho más peligrosos: adulterar nuestros objetivos, sustituir nuestras demandas por otras.

Estas sibilinas tácticas se diversifican esencialmente en dos variantes:

1. Vendernos como reclamaciones nuestras lo que siempre han sido privilegios masculinos. Es la que emplean con la prostitución. Quieren hacérnosla tragar A) apelando a la libertad de las mujeres para prostituirse. Como si no viésemos el margen de “libertad” que tienen quienes lo hacen... B) alegando que, ante todo, piensan en el bienestar de las prostitutas (se cuidan, por supuesto, muy mucho de explicar las demandas concretas que exigen, claro).

2. Determinar que, en el feminismo, no solo cabemos todas, sino que también caben todos y todes. Es más: que los fines y las urgencias del movimiento ya no consisten en pedir nuestra igualdad en todos los terrenos, ni rechazar la doble jornada, ni protestar contra el ninguneo sistemático al que se nos somete, ni rebelarnos porque el cuidado de los demás recaiga en nosotras ni porque los trabajos feminizados sean subtrabajos basados en la explotación salvaje, ni por la escasez de ayudas y de leyes que nos protejan en aquello que necesitamos ser especialmente atendidas: maternidad, enfermedades ligadas a nuestro sexo, etc. etc. No, de eso nada. Se trata de apelar a nuestro corazón femenino (convenientemente engordado desde que nacemos) para que aceptemos que el bienestar ajeno es lo que importa y, por eso, hemos de acoger en nuestro seno materno a quien lo pida. Así, surgen enfebrecidos clubs de fans de colectivos maltratados (aunque sus demandas poco tengan que ver con las nuestras). Y vemos a chicas indiferentes ante los problemas de sus madres (cuidadoras a diestro y siniestro), de sus amigas (que sufren una presión constante para que complazcan a los chicos en todo lo que ellos reclamen) pero profundamente afectadas por los índices de prostitución de las personas trans (los de las nigerianas prostituidas no tienen glamour).

Estas tácticas son extremadamente peligrosas. Temibles, diría yo. Capaces, por ejemplo, de convertir el conato de estructuras de igualdad que haya en un pueblo en estructuras de “diversidad” con el aplauso entusiasta de chicas que, para mayor inri, se consideran feministas pero que no caen en el pequeño detalle de que el feminismo existe para luchar por las mujeres (lo que no impide, por supuesto, que otros movimientos luchen por lo que tengan a bien luchar y que el feminismo los apoye).

Y, por eso, tenemos que insistir incansablemente en esto: el 8M es el día de los derechos de las mujeres.

jueves, 13 de febrero de 2020

#hemeroteca #transfobia #feminismo | Sintiéndolo mucho

Imagen: El Diario / Beatriz Gimeno
Sintiéndolo mucho.
Pilar Aguilar | Tribuna Feminista, 2020-02-13
https://tribunafeminista.elplural.com/2020/02/sintiendolo-mucho/

Leí la entrevista a Beatriz Gimeno publicada el día 6 en eldiario.es y me apena constatar que no comparto algunos de sus planteamientos.

Me apena porque valoro enormemente, tanto el trabajo que hizo en pro de los derechos de gais y lesbianas, como sus posicionamientos abolicionistas.

Pero no puedo por menos que interpelarla (bueno, lo de interpelarla es metafórico porque no sé si me leerá) para disentir de ciertas afirmaciones. Me siento obligada porque sus palabras tienen relevancia, máxime considerando el cargo que ocupa.

El titular destaca: «Que un colectivo vulnerable como el trans exija derechos no pone en peligro los de las mujeres».

Depende de los derechos que exija ¿no? Por supuesto que un colectivo puede poner en peligro los derechos de otras personas. Es de Perogrullo.

No dudo que algunas y algunos trans sean vulnerables. Pero ¿es vulnerable Paul Preciado? ¿las Wachowski? ¿Bibi Andersen? ¿lo es una trans con trabajo estable y dignamente remunerado (yo conozco a un par de profesores de universidad)? ¿más vulnerable que una emigrante, una refugiada, una gitana, una pobre, una obesa, una discapacitada, una que padece alguna enfermedad crónica mal diagnosticada, otra con marido maltratador o con ancianos o imposibilitados a su cargo? ¿más que todas esas mujeres que las mafias de la prostitución explotan salvajemente? ¿más que las que crían solas y con un sueldo miserable a sus hijos?

Aunque no entraré en análisis detallado -no es mi objetivo aquí y ahora- rechazo la generalización de que las personas trans sean un colectivo muy machacado y vulnerable. Depende cuáles.

En cualquier caso, nos oponemos al proyecto de ley presentando en la Cortes porque pedimos que ayudas y prestaciones se destinen a quienes realmente las necesiten (incluidas las personas trans, pero no por serlo).

Y decimos que nos parece totalmente descabellado que baste con una autodeclaración para cambiar de documentalmente de «sexo». ¿Por qué no se puede pedir una evaluación médica y psicológica? ¿Es más humillante que las evaluaciones médicas y psicológicas que constantemente se les requieren a otras muchas personas de los más diversos colectivos por los más diversos motivos?

Beatriz acusa al feminismo de esencialismo, pero creo que –más allá de que las comprendamos- el esencialismo es de quienes consideran esencial para su vida cambiarse de género.

Lejos de pensarlo como esencia, el feminismo señala que el género es una construcción –básica eso sí- del patriarcado que se nos impone a todos los humanos en función de nuestros genitales, con el agravante (muy agravante, sí) de que, para las mujeres, va unido a una sumisión radical (radical de raíz).

No digo que se prohíba a quien lo desee cambiar de género. Digo que eso no debe poner en peligro los derechos de las mujeres. Y digo que el objetivo del feminismo no es conseguir que cada cual elija el género que quiera o pedir que los géneros se multipliquen ad infinitum sino acabar con la construcción genérica. Y, desde luego, si algún movimiento ha luchado radicalmente contra el género, ese es el feminismo porque, cada vez que las mujeres conquistan un derecho, lo están resquebrajando.

Para acabar, me sorprende (incluso me enfada) este comentario de Beatriz: “no entiendo tampoco el objetivo de ponerlo en el centro del debate ahora, cuando estamos en un momento en el que la extrema derecha del mundo realmente sí es un peligro y hasta el punto de que parece que se intentan romper muchos consensos básicos que se habían conseguido y que habían hecho del feminismo en este país la vanguardia”.

No es el feminismo quien ha puesto ahora esta problemática en el centro del debate. Son esos proyectos de ley que, so pretexto de defender al colectivo trans, perjudican a las mujeres. Es ese afán por acaparar, difuminar, adulterar la agenda feminista y sustituirla por otra que no es la nuestra.

¿Casualidad que pase ahora? No, claro que no. El feminismo es actualmente un movimiento muy vivo y potente. Frente a eso se observan dos maniobras:
  1. Querer aprovecharlo, como hacen, por ejemplo, las marcas comerciales, e intentan hacer colectivos que, si no es subiéndose a ese carro, no tendrían visibilidad.
  2. No soy muy de teorías conspiratorias, pero, francamente, resulta muy ingenuo no darse cuenta de que tratan de desviar nuestra atención y la de la sociedad de los problemas que realmente padecemos las mujeres.
No, el feminismo no está en el origen de este” boom” trans. El feminismo ha reaccionado ante él porque tiene que defenderse.

Considero que Beatriz es feminista, sin duda alguna, y no quiero ser agresiva ni desagradable, pero me he tomado la molestia de verificar: la entrevista (incluyendo preguntas y respuestas) tiene 1608 palabras. De ellas, 584, o sea, más de un tercio, están dedicadas al tema trans.

Resulta, pues, que Beatriz dedica dos tercios de la entrevista a evocar los problemas de 24 millones de mujeres y un tercio a los de las personas trans que, según ella misma afirma, son el 0,1% de la población...

No vale alegar que la periodista preguntaba. Beatriz no es una mindungui, puede negociar temas y, si la entrevistadora se empecina, puede señalarle que ella no es la directora del Instituto Trans sino del Instituto de la Mujer.

Pilar Aguilar. Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París.

miércoles, 6 de marzo de 2019

#libros #prostitucion #abolicionismo | Debate prostitución : 18 voces abolicionistas


Debate prostitución : 18 voces abolicionistas / Pilar Aguilar Carrasco (coord.).
Mérida, Badajoz : La Moderna, 2019 [03-06].
234 p.
ISBN 9788494990823 / 18 €

/ ES / ENS / REC
/ Abolicionismo / Explotación sexual / Feminismo / Prostitución / Trata de personas

«La prostitución no se debate, se combate», suele decirse. Pero ¿qué mejor forma de combatirla que hacerlo con argumentos? ¿Cómo, si no, conseguiremos romper con los tópicos y las ideas heredadas que todas llevamos dentro?

Allí donde se ha regulado la prostitución, ha aumentado la trata de mujeres y niñas (sí, niñas: según datos de la ONU, tres millones de niñas de entre 5 y 14 años son incorporadas cada año al mercado del sexo). Un sistema que se ceba con las más vulnerables: se calcula que alrededor del 90% de las prostitutas son migrantes pobres. Pero no olvidemos que los consumidores de este mercado son, en su mayoría, hombres: según el CIS, un tercio de los españoles se ha ido «de putas» alguna vez. Y es que la prostitución tiene menos que ver con la libertad de las mujeres para alquilar su cuerpo que con la voluntad de los hombres de pagar por dominarlas.

Este libro no es un tratado académico. Es una herramienta de combate para abolir la prostitución que incluye las respuestas de juristas, médicas, psicólogas, profesoras de universidad, políticas, periodistas… Y exprostitutas. Porque nuestras armas son los argumentos; nuestra fuerza, los derechos humanos y nuestra meta, la igualdad.

jueves, 3 de agosto de 2017

#hemeroteca #gestacionsubrogada | Oltra ataca de nuevo. Algo huele mal…

Imagen: ctxt / Viñeta de J.R. Mora, 2017-06-28
Oltra ataca de nuevo. Algo huele mal…
Pilar Aguilar | Tribuna Feminista, 2017-08-03
http://www.tribunafeminista.org/2017/08/oltra-ataca-de-nuevo-algo-huele-mal/

Leyendo las declaraciones de Mónica Oltra (diario Levante del 03.08.2017) sobre “maternidad de sustitución” (linda metáfora), empiezo a pensar dos cosas muy feas:

1 – Que Oltra politiquea. O sea, practica ese deporte siempre tan odioso y particularmente execrable en boca de quienes detentan cargos de responsabilidad: enredar con palabrerío para que parezca que dice una cosa cuando en realidad está diciendo otra.

Comienza con un canto poético a la vida que “se comparte, se disfruta, se padece, se ríe o se llora. La vida siempre se da y a veces, algunos se creen con derecho a quitarla. Pero, definitivamente, la vida no se subroga”.

¡Oh, qué bonito! ¿y quién no estaría de acuerdo? ¿quién?

Acto seguido pasa a los ejemplos. Mejor dicho, pasa ‘al ejemplo’, ese que siempre se saca a colación para defender los vientres de alquiler: hermana que quiere gestar para su hermana (variante: mejor amiga para su mejor amiga). Yo no conozco ningún caso, pero, dado que todo el mundo los cita, debe haber cientos de miles de hermanas y mejores amigas estériles cuyas hermanas y mejores amigas están deseando gestar para ellas.

Oltra apela inmediatamente al registro emocional. Dice: “¿Debemos impedirlo? Su hermana será la madre. Ella la tía. Su hermana cumpliría su deseo de maternidad. Ella su deseo de ayudar a su hermana”.

¿A qué dan ganas de sacar el pañuelo y ponerse a llorar de emoción? Parece una peli americana de las de sobremesa siestera: imaginamos -con fondo musical apropiado, por supuesto- a la madre y a la tía (sea quien sea cada cual), al padre (¿?), a los abuelos (a ellos sí les da igual quien haya parido, son los abuelos) en torno a ese bebé, mirándolo ilusionados, risueños, conmovidos…

Y yo pregunto ¿para qué necesitan una ley? Basta con declarar como padre de la criatura al marido (o pareja) de su hermana/amiga del alma. Y que delegue la guardia y custodia. Y ya.

¿Que tu hermana infértil no tiene pareja pero anhela dejar sus genes sobre la tierra? ¡Vaya, por dios! La cosa se complica… Pues nada, te embarazas, pares y le das el hijo. Vale, legalmente será tuyo pero ¿y qué? ¿te vas a poner tiquismiquis por un papel?

Y compara Oltra dar un riñón y dar un bebé (¡toma castaña la jurista!). O sea, dar un trozo de ti es como dar una persona. Olvida que el bebé, jurídicamente hablando, no es tu pertenencia. Es persona y sujeto de derechos. Mira tú qué pena más grande que la ley no permita regalar niños

Y sigue impertérrita: He conocido mujeres que se sintieron tan bien durante el embarazo que dicen que les encantaría tener otro embarazo si no fuera porque no quieren tener más hijos y su proyecto de maternidad está cerrado.

Como los seres humanos somos tan variados, no me atrevo a afirmar que no haya mujeres que se embarazarían, parirían y regalarían los bebés no por dinero, ni siquiera por altruismo si no por placer, por puro egoísmo, vaya. Me pregunto, sin embargo, cuántas son, qué dato estadístico maneja la Consejera (dado su cargo, no hablará así, al buen tuntún, digo yo).

Y sigue Oltra con una afirmación totalmente incongruente porque corta de raíz todo el debate sobre los vientre de alquiler: “partamos de la base de que la maternidad y paternidad en el siglo XXI tiene más que ver con la voluntad de serlo y menos con un hecho biológico, hecho que además, a diferencia de hace unos siglos, ahora podemos controlar y determinar”. ¡Bravo! Yo también pienso que tienen más que ver con la voluntad de serlo y menos con un hecho biológico. En consecuencia ¿para qué quieren vientres de alquiler? Que adopten y punto.

La inefable Oltra (a estas alturas no me queda más remedio que llamarla inefable), ignorando el aserto que ella misma acaba de hacer, sigue con su argumentario fantástico / novelesco / especulativo. Empieza con un hipotético “Si…” e imagina un mundo donde las mujeres -esas que disfrutan estando embarazadas- acuden a una entidad pública para ser seleccionadas y evaluadas. Esas mujeres han de tener posibles económicos para vivir desahogadamente sin trabajar o han de tener trabajos estupendos cuyos jefes no ponen pega alguna cuando sus empleadas se quedan embarazadas. La misma entidad pública evalúa también a la persona o personas receptoras (¡receptoras, ojo!) para comprobar que existe esterilidad o infertilidad, que son idóneas y que tienen un nivel socio-económico adecuado, etc. Y, por supuesto, la embarazada tiene derecho a abortar. Todo este delirio tan “realista”-donde solo faltan los unicornios- no me lo invento yo, lo dice textualmente Mónica Oltra.

Aunque donde se ve realmente lo que esconden parrafadas tan idílicas y tan adornadas es cuando Oltra empieza a hablar de “indemnización”. ¿Pero no quedamos en que esas mujeres lo hacían por el placer de sentirse embarazadas o por el amor hacia su hermana? ¿Encima de lo bien que se lo pasan gestando o amando hay que indemnizarlas?

Claro que, rápidamente, Oltra obvia tan espinoso asunto y vuelve a los “buenos sentimientos”. ¿Sabéis cuál es la finalidad de todo esto? ‘Acabar con la explotación de mujeres en el resto del mundo’ (con el paro que hay en España, para qué irnos por ahí a explotar extranjeras… añado yo).

Y ¿cuál creéis que es el argumentazo final, el broche de oro, el que no puede faltar? Pues sí, lo habéis adivinado: ¡la libertad de las mujeres para decidir sobre sí mismas! Esa sacrosanta libertad a la que se apela indefectiblemente para defender la prostitución y los vientres de alquiler. A saber: nuestra libertad para disponer que otros dispongan de nuestro cuerpo…

¿Principios éticos superiores? ¿derechos humanos? Pero ¡qué decís! La libertad de comprar y vender y punto.

Y acaba Oltra en una apoteosis de palabrería poético-sentimental-retórico-sórica: ‘La vida se da. Siempre. Créanme, que de esto las mujeres sabemos un rato.’

¿Ganas de vomitar? Os comprendo…

Esta mezcla de oportunismo y falta de rigor es la que me lleva a pensar la segunda cosa fea sobre Oltra:

2 – Que se hizo nombrar ‘Consejera de Igualdad y Política Inclusiva de la Comunidad Valenciana’ para dinamitar desde dentro. O sea, como si alguien que negara el cambio climático se hiciera nombrar Consejer@ de medio ambiente.

Porque no estamos ante una mindunguis que larga lo que le parece en un programa barato de TV. No. Estamos ante la ‘Consejera de Igualdad y Política Inclusiva’. De ella no se espera eso de “sé que a algunas les encanta estar embarazadas” o “sé de otras que querrían gestar para su hermana”. Se esperan argumentos políticos y fundamentos sociales. Se esperan datos. Que diga, por ejemplo, qué porcentaje de las mujeres que gestan para otros lo hace para su hermana o por el gusto de estar embarazada.

O se espera un comentario sobre el bajísimo índice de natalidad que hay en España. Que no se debe a que las mujeres en edad fértil no “quieran dar esa cosa tan bonita que es la vida y de la que nosotras sabemos un rato” sino a que las condiciones para gestar y criar una criatura son extremadamente difíciles.

¡Ay, Oltra, qué dolor! Sí, qué dolor para tanta gente que confió en ti. Todos los servicios sociales de la Generalitat Valenciana relacionados con las mujeres están privatizados. L@s trabajadores de esos servicios en precariedad alarmante (hasta el defensor del Pueblo Valenciano en su último estudio recomienda mejorar las condiciones del personal). Y tú cada vez que hablas es para demostrar que no te tomas la molestia de preparar los dossiers, ni de escuchar a las asociaciones feministas de tu Comunidad.

Pilar Aguilar. Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París.

viernes, 16 de junio de 2017

#hemeroteca #heteropatriarcado | ¿Follarse al enemigo?

'Lead and the Swan', pintura atribuida a Francois Boucher
¿Follarse al enemigo?.
Andrea Momoito, 2017-06-16
https://andreamomoitio.wordpress.com/2017/06/16/follarse-al-enemigo/

Estos días están moviéndose mucho por redes sociales un artículo de Pilar Aguilar, en la revista Tribuna Feminista, que ha titulado ¿Dulcificar el patriarcado llamándolo “heteropatriarcado”?, en el que la compañera critica el uso del término heteropatriarcado porque, a su entender, con su uso se “ignoran, se diluyen y difuminan las demás caras del avasallamiento salvaje que el patriarcado practica sobre las mujeres”.

Alude en su argumentario a que las opresiones que sufrimos mujeres y niñas en todo el mundo van mucho más allá, que no se dan “solo en el sexual y no solo obligándonos a ser heterosexuales”. Esto es innegable, pero para mí hay dos argumentos que me enfrentan directamente al planteamiento de Aguilar. Por un lado, el feminismo tiene que saber adaptarse a cada uno de los contextos. Las comunicadoras feministas sabemos bien que no siempre es útil hablar ni siquiera de ‘patriarcado’ porque un requisito indispensable para la comunicación es saber adaptar el mensaje a las personas receptoras. El pensamiento feminista, igual que cualquier ideología con la que queramos influir en el pensamiento de la sociedad, tiene que saber adaptarse a los distintos contextos en su lenguaje. Claro que no podemos predicar con Butler. Esto, sin embargo, no puede ser la razón por la que el feminismo siga obviando cómo la heterosexualidad influye directamente en las violencias que sufrimos las mujeres. Vaya, que una cosa es que no siempre sea útil hablar de heteropatriarcado y otra, muy distinta, no reconocer que es un término más preciso y completo.

En segundo lugar, y este es para mí el principal argumento: hablamos de heteropatriarcado porque la heterosexualidad es la principal herramienta del sistema patriarcal para perpetuarse. Escuece, claro, porque implica asumir que quizá tengamos que señalar a los hombres de nuestro entorno como los culpables de las violencias que sufrimos, pero el heteropatriarcado se encarniza en mi padre, en mi hermano y en todos vuestros maridos. Ellos son el engranaje, el mecanismo. Pueden serlo, además, porque les queremos.

Si no hemos conseguido derrocar el patriarcado aún es porque se sustenta en los vínculos más íntimos. Es una estructura social, obvio, pero sus pilares se asientan en casa. Si sólo se tratase de desigualdades a nivel político, económico y social, estaríamos más cerca de derrocarlo. Si sigue tan instalado en nuestras vidas es porque esa desigualdad nace y brota en nuestra vida más personal. Estamos jodidas, muy jodidas, porque los que nos matan, agreden, ignoran, invisibilizan… son los hombres de nuestro entorno más cercano. Algunas, os folláis al enemigo. Las desigualdades salariales siguen siendo el pan de cada día porque, bajo la premisa de heterosexualidad, el sueldo de las mujeres sigue siendo el sueldo secundario. Seguimos sin estar en la primera línea política y empresarial porque, bajo la lógica heterosexual, no se nos educa para escalar sino para formar familias; miles de mujeres siguen siendo víctimas de la ablación para preservar una pureza que culturalmente se les quiere entregar a ellos; el debate de la gestación subrogada está sobre la mesa porque uno de los principales mandatos del patriarcado, que se encarniza especialmente en la heterosexualidad, sigue siendo formar una familia. La autonomía de las mujeres y nuestra liberación es incompatible con la heterosexualidad. Sólo cuando seamos completamente independientes de los hombres a nivel emocional dejarán de matarnos y no me refiero a lograr una autonomía individual sino como clase. El prefijo ‘hetero’ del patriarcado no sólo evidencia esto sino que hace palpable que la heterosexualidad es una de las principales razones por la que el sistema patriarcal sigue indemne. Indemne porque hay un carcelero en cada casa, un carcelero para cada mujer. Me resulta increíble que desde el movimiento feminista en el que hemos hablado tanto de que lo que no se nombra no existe ahora se niegue la importancia de matizar en cada concepto, de señalar no sólo lo sistémico sino también las herramientas que lo sustentan. Hablar de heteropatriarcado nos señala la estructura y la herramienta. Pérez Reverte, claro, no estaría de acuerdo.

Es un concepto, además, poliédrico, que facilita también que se pueda hablar de las violencias que sufrimos las que no nos relacionamos sexoafectivamente con hombres. Violencias que también están mediadas por la lógica heterosexual. La lesbofobia es tan bestia porque las lesbianas nos hemos atrevido a cuestionar la herramienta con la que el patriarcado nos pretendía someter. Poner en cuestión que es importante hablar de ‘heteropatriarcado’ demuestra que cierto sector del feminismo sigue sin reconocer las aportaciones lésbicas al mismo y el valor subversivo y político de no follarse al enemigo y, sobre todo, de llevar el pensamiento feminista a todos los ámbitos de nuestras vidas sin matices, desde la más pura rabia y radicalidad.

Maricas, bolleras y trans, desde diferentes puntos de vista y en momentos históricos distintos, hemos cuestionado nuestras identidades y deseos para seguir complejizando el pensamiento feminista. Hemos asumido que nuestra forma de follar y la manera en la que somos leídas socialmente responden a una cuestión que trasciende la mera orientación sexual. Es hora, compañeras heterosexuales, que vosotras hagáis lo mismo. La heterosexualidad es también un régimen político.

jueves, 8 de junio de 2017

#hemeroteca #patriarcado | ¿Dulcificar el patriarcado llamándolo “heteropatriarcado”?

Imagen: Tribuna Feminista
¿Dulcificar el patriarcado llamándolo “heteropatriarcado”?.
Pilar Aguilar | Tribuna Feminista, 2017-06-08
http://www.tribunafeminista.org/2017/06/dulcificar-el-patriarcado-llamandolo-heteropatriarcado/

Cada vez que oigo “heteropatriarcado” doy un bote.

A ver: llamando al patriarcado así se destaca una faceta de la dominación patriarcal pero, inevitablemente, se restringe su significado, se invisibilizan sus otras opresiones, se ignoran, se diluyen y difuminan las demás caras del avasallamiento salvaje que el patriarcado practica sobre las mujeres.

El patriarcado es el sistema de opresión global que ejercen los hombres (en su conjunto aunque individualmente las realidades sean variadas) sobre las mujeres (en su conjunto también).

El axioma central del patriarcado es el principio de la inferioridad de las mujeres y su consiguiente sometimiento.

Supone:

La construcción de una rígida estructura bipolar que nos mete, en función de nuestro sexo y nada más nacer, en uno de los dos corsés genéricos: hombres/mujeres. Ese es el primer punto.

El segundo –y más grave- la desigualdad jerárquica: la inferioridad y la sumisión de un género (el femenino) al otro (el masculino). Esta desigualdad agresiva trabaja en dos niveles: 1. El sometimiento ideológico (un adoctrinamiento que infiltra todas las facetas de la vida) y 2. La imposición violenta (leyes, estructuras sociales y costumbres).

Conviene recordar –aún a riesgo de resultar plasta- el ‘abc’ de esta dominación.
  • La ideología patriarcal se nos predica masivamente por tierra mar y aire a fin de que la asumamos y le demos nuestra conformidad. Impregna todo: costumbres, tradiciones, normas y hábitos sociales y familiares, relatos, historia, cultura, arte, ropa, doctrinas, religiones, prejuicios, símbolos, etc., etc. Se nos presenta como “natural” y nos induce a amoldarnos a ella.
  • Y, por supuesto, se aplica mediante leyes de todo tipo. Incluso en occidente, donde legalmente somos iguales, los varones siguen detentado el poder político, siguen legislando por nosotras y aplicando -o no, según les convenga- las leyes que ellos promulgan. Pensemos, por ejemplo en la “aplicación” (ya sabéis por qué lo pongo entre comillas) de la ley de igualdad. Y sabéis lo que ocurre con la ley que sanciona las violencias contra nosotras. Es decir: las mujeres, a pesar de nuestros avances –avances que hemos conquistado luchando- estamos, siempre y en todos los campos, en situación de sometimiento y fragilidad.
  • La primera y más cruel de las barbaries es que el patriarcado asesina a las mujeres. Esos desalmados no matan a su padre, ni a sus hermanos, ni a sus vecinos, ni a sus colegas, ni a los que se encuentran por la calle: matan mujeres por ser mujeres.
  • El patriarcado nos cosifica construyendo nuestro cuerpo y nuestro imaginario en función del deseo masculino heterosexual. Aplica, además, una doble moral. Practica sin rubor alguno el sexismo en el lenguaje y el humor degradante hacia nosotras.
  • Nos prostituye y mercantiliza considerando nuestros cuerpos meros receptáculos para sus genitales o para sus hijos.
  • Invisibiliza el valor de las mujeres, no reconoce nuestros méritos y nos impide de mil maneras (más o menos sutiles) el acceso a los puestos de responsabilidad, prestigio y autoridad que se merecen. Así, ya en el 82, egresaron tantas licenciadas como licenciados y, desde hace ya bastantes años, egresan más y con expedientes más brillantes ¿dónde están luego? ¿Por qué sigue habiendo más catedráticos que catedráticas, muchos más directores de cadenas de TV, de periódicos, de museos, de instituciones de todo tipo?
  • Nos responsabiliza del mantenimiento y cuidado del hogar, de los hijos, de los ancianos… O sea, nos impone una enorme cantidad de trabajo suplementario no remunerado.
  • Nos reserva los puestos más bajos, peor pagados y a tiempo parcial. La brecha salarial es vergonzosa. Y, en consecuencia, la media de nuestras pensiones también es menor.
  • Tanto la violencia masculina explícita, como las costumbres limitan nuestra autonomía personal en el ámbito social y nuestra la participación en el espacio público. Y, por ejemplo, ningún gobierno –por más que la Constitución diga que no se puede discriminar por razón de sexo- impone a las distintas religiones un trato igualitario hacia las mujeres.
Como el objeto de este artículo no es el análisis del patriarcado, dejo aquí la enumeración de sus horrores. Tampoco entro en ejemplificarlos (si alguien desea informarse con datos, puede hacerlo fácilmente por internet y si lo único que desea es seguir en sus trece, sobran fundamentos).

Además, este artículo no va dirigido a quienes no saben qué es el patriarcado. Interpela a aquellas personas que se consideran feministas pero hablan de “heteropatriarcado”. Y les pregunto: ¿por qué minusvalorar al patriarcado dejándolo en “hétero”?, ¿qué significa esa adjetivación? ¿Que la violencia contra las mujeres no está extendida a todos los ámbitos sino solo al sexual? ¿Que ningunearnos en los trabajos tiene poca importancia? ¿Que cargar sobre nosotras el cuidado de los ancianos o de los enfermos no es injusto? ¿Que cocinar y limpiar para todos no es indignante? ¿Que el hecho de que ganemos menos es peccata minuta? ¿Que lo importante y crucial del entramado patriarcal reside en que nos obliga a todas a ser heterosexuales? ¿Que las lesbianas no sufren el patriarcado? ¿Que, por el contrario, no lo sufren las que de por sí se sienten eróticamente atraídas por los hombres? ¿Qué los varones gays no pueden ejercerlo?

A ver, recordemos que patriarcado es un sistema de dominación que crea una rígida estructura de opresión del género femenino y un predominio del género masculino. Se ejerce en todos los ámbitos. No solo en el sexual y no solo obligándonos a ser heterosexuales.

El patriarcado es mucho más extenso, cruel y tremendo. Los 120 millones (120.000.000) de mujeres vivas que han sufrido ablación han sido radicalmente amputadas de satisfacción sexual de cualquier tipo: homo, hétero o auto. Nada, cero. El horror.

Y muchas mujeres que sienten atracción por los hombres también se morirán sin saber que existe el orgasmo. No habrán sido mutiladas de forma tan radical e inhumana, pero serán penetradas como, cuando y por donde ellos quieran. Van a ser tocadas y manoseadas en función, no de su placer, sino del placer ajeno. Ese es el mundo en el que vivimos.

Recapacitemos: cada poco aparecen noticias escalofriantes de agresiones que pueden calificarse de sexuales pero ¿qué buscan?, ¿placer sexual o placer de violentar y maltratar mujeres? Así, hace tres días, en Plasencia. Esos tipos que fuerzan a golpes a una chica que andaba por la calle a entrar en un coche. La vejan, la humillan, la lesionan, la aterrorizan («La violamos con condón, la matamos y la metemos en el maletero») ¿Alguien cree que persiguen satisfacción sexual?, ¿que practican estas barbaries porque son muy hétero-lo-que-sea? No. Son tipos criados en el patriarcado, educados, pues, para amarse y respetarse unos a otros y para despreciar y odiar a las mujeres.

Vuelvo a preguntaros, amigas ¿qué significa ese “hetero” que le colgáis al patriarcado?, ¿que hay otras formas de patriarcado?; y, si las hay, ¿son mejores o peores?, ¿y dónde están esas otras formas?, ¿significa acaso que los hombres que no follan con mujeres sino entre ellos están mal vistos y oprimidos? Pues sí, pero, ¿significa que el patriarcado nos oprime por igual a hombres y a mujeres? Pues no. Un homosexual sigue siendo un hombre, es decir, sigue ocupando un lugar de privilegio.

La prueba: antes un homosexual que una mujer. Antes sus derechos que los nuestros.

Y así ha sido a lo largo de la historia. Pensemos en Grecia. Me permito simplificar y ridiculizar: ellos venga a filosofar en banquetes y a competir en juegos olímpicos pero las mujeres sometidas y encerradas en los gineceos. Ellos exaltando el amor homosexual (entre hombres, claro) pero usándonos como “vasijas” (Aristóteles) para gestar sus herederos.

Y actualmente: en Malta la homosexualidad es legal desde 1973. Y desde 2014 se permiten uniones civiles entre personas del mismo sexo. Pero el aborto sigue estando estrictamente prohibido.

Y en España, los mismos que reclaman que una niña pueda tener pene se quedan mucho más fríos e indiferentes cuando una niña con vulva es violada y embarazada y la ley no le permite abortar sin el permiso de su padre, padre que quizá sea su violador.

En Irlanda no se puede abortar en ningún supuesto pero van a tener un primer ministro gay. Y, para colmo, ese señor gay declara ¡que él está en contra del aborto!

¿Heteropatriarcado?, ¡qué más querríamos nosotras que estar ya en esa fase, esa donde el único problema fuera la heteronormatividad…!

Amigas feministas: ¿podemos pasar de puntillas sobre lo que de verdad significa el patriarcado?;  ¿podemos olvidar el dolor, el sometimiento, la humillación, el ninguneo, las agresiones que acompañan a tantas mujeres en todos los órdenes de sus vidas?

Si el patriarcado necesitara una adjetivación, la única que de verdad le convendría sería “violentopatriarcado” porque es la única que lo describe en su globalidad: un sistema de violencias múltiples contra nuestro género.

Y por eso os pido que no minusvaloréis al patriarcado, no restrinjáis su opresión, no lo embellezcáis adjetivando y parcializando su alcance.

Pilar Aguilar es analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París.