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viernes, 7 de junio de 2019

#hemeroteca #gais #testimonios | El drama de ser gay, negro y refugiado

Imagen: El Periódico / Jean Claude
El drama de ser gay, negro y refugiado.
Esta es la historia de Jean Claude, un congoleño de 23 años que fue expulsado por su familia por ser homosexual, y encarcelado y violado por la policía de su país. Ahora malvive en Samos.
Adrià Rocha Cutiller | El Periódico, 2019-06-07
https://www.elperiodico.com/es/mas-periodico/20190607/el-drama-de-ser-gay-negro-y-refugiado-7489304

Habían recorrido los primeros 50 metros de mar cuando el traficante dejó el mando de la lancha y, después de desearles buena suerte a todos, saltó al mar para volver nadando a Turquía. Le entregó las riendas del motor a un camerunés que aseguró que él había pilotado antes, pero Jean Claude sabía que no era cierto, porque le conocía: su compañero manejaba motos; ni idea de conducir una lancha de goma hinchable. Nunca antes lo había hecho.

A Jean Claude, un refugiado llegado de la República Democrática del Congo, los traficantes le colocaron al lado del piloto camerunés, y le dieron la responsabilidad de guiar el barco y a su conductor hacia esas luces que refulgían al fondo. Eso de ahí, le dijeron los traficantes, es Grecia. Si iban recto llegarían.

«Yo les enviaba nuestra localización por Whatsapp y ellos me iban diciendo: ‘Vais bien. Id un poco hacia la derecha. No vayáis por ahí, que el agua en esa zona está más movida’. Me dijeron que sabría que habíamos cruzado al otro lado de la frontera cuando perdiese la señal del teléfono. Pero que no dijese nada a los demás, porque todo el mundo empezaría a gritar y celebrar y podríamos acabar volcando», explica Jean Claude ahora, seis meses después de que eso ocurriese: consiguió cruzar a finales de noviembre del año pasado.

La persecución
Pero, las cosas acabaron complicándose: en un momento, el migrante congoleño se giró y vio, a sus espaldas, un barco de la guardia costera turca que les perseguía. Pensó que todo había terminado: que esa noche la pasaría en un calabozo en Turquía.

Habló con los traficantes, que le recomendaron que le pidiese al conductor –que celebraba su bautismo marítimo– acelerar todo lo que la lancha y sus escasos conocimientos le permitiesen. Lo hizo. Las olas lanzaban el vehículo hacia todos lados. Los tripulantes volaban encima. La luz a lo lejos cada vez refulgía menos. Acabaron cruzando la frontera: su teléfono perdió la señal y el barco que les perseguía paró. Habían llegado a Grecia. Era cerca de la una de la madrugada.

«Entonces vino un barco de la policía griega a rescatarnos. Cuando nos cogieron, todos pensábamos que habíamos llegado al paraíso. Sentí que estaba en un sueño. Estaba soñando. Pero al llegar vimos el campo de refugiados de Samos y cómo vivía la gente allí», explica ahora Jean Claude, y asegura que notó, ya desde el principio, que no eran ni serían nunca bienvenidos. «Recuerdo que en la primera noche uno de los hombres de nuestra lancha pidió algo de agua a un policía griego. Estábamos destrozados tras el viaje. El policía le contestó: ‘No hay. ¿Quieres agua? Vete ahí a buscarla. Ahí la tienes’», cuenta el joven que le espetó el guardia mientras le señalaba el mar. «Esa fue la forma de recibirnos».

Echado de casa
Jean Claude, en realidad, no se llama Jean Claude. Él mismo, dudando, reconociendo que le gusta la sonoridad del nombre, lo ha elegido: tiene miedo de que se le reconozca. De sufrir las consecuencias de hablar demasiado. No sería algo nuevo: ya le ha ocurrido.

Tiene 23 años y hace dos que salió del armario ante su familia. No es muy buena idea en el Congo: su padre le dijo que era una bruja y que su presencia allí solo traería maleficios y malos espíritus. Le desheredó y le expulsó de casa.

Es algo muy común en el país africano. «Ser gay significa estar excluido de la sociedad –dijo, en una entrevista hace unos meses, el periodista y activista gay congoleño Patou Izai, que lleva adelante una radio en la capital del país, Kinshasha—. Esto significa que muy pocos LGBTI se abren respecto a su sexualidad. Tienen demasiado a perder».

Orientación estigmatizada
Aunque el matrimonio entre personas del mismo sexo, en la República Democrática del Congo, es ilegal, las relaciones entre ellas sí están permitidas: la homosexualidad no está penada por ley. Pero eso no significa que no esté estigmatizada. A los homosexuales se los excluye del mercado de trabajo y muchos acaban viéndose obligados a ejercer la prostitución, actividad en la que, por supuesto, no reciben ningún tipo de seguridad ni protección social por parte del Estado: muchos acaban siendo procesados y encausados por violar las leyes de moral pública.

Huir de África
Jean Claude, después de ser expulsado de casa, se fue a vivir con algunos amigos, también homosexuales. Decidieron armar algunas protestas, hablar de sus problemas, intentar llegar a la gente: que los demás les entendiesen. Les salió mal. «La policía nos detuvo y nos llevó a un campo militar. Éramos unos 20. Nos pegaban a diario. Nos cogían uno por uno y nos daban una paliza y nos violaban con palos. Nos decían que éramos animales. Que no merecíamos vivir. Algunos, después de llevárselos, nunca volvieron», explica el joven congoleño. Las palabras, mientras habla, quedan suspendidas en el aire por unos segundos cada una. Jean Claude corta las frases a medias, no las finaliza, añade sonidos ininteligibles, resopla constantemente. Estuvo allí encerrado un mes entero, en junio del 2018: en esos días, dentro de esos barrotes, entre paliza y paliza, perdió a su novio.

Tan pronto como pudo salir de la cárcel, Jean Claude se hizo con un pasaporte falso, un visado de estudiante y un billete de avión para Estambul, donde conocía a otros congoleños de su comunidad que también habían huido de la persecución contra el colectivo LGBTI y que prometieron acogerle. Estuvo allí tres meses: «Recuerdo que llegué en agosto y encontré trabajo en una fábrica de falsificaciones de ropa y bolsos de marca. Cobraba 200 euros al mes trabajando de ocho de la mañana a ocho de la noche. Era horrible. Nos maltrataban. Nos pagaban una miseria para luego vender los productos que elaborábamos por 100 euros en París o Roma».

En manos de traficantes
El pasado noviembre decidió que no podía más: hizo una llamada y, luego, la historia que ya conocemos: la playa, la lancha de goma, el mar desbocado de madrugada, el conductor camerunés inexperto, las luces en el horizonte negro, la señal de teléfono. Grecia.

Pero antes tuvo que pasar por las manos de los traficantes, los que, explica, compinchados con la policía turca, les robaron todo a todos y forzaron a las mujeres jóvenes y bonitas a dormir con ellos a cambio de abaratarles el trayecto. «Lo vi con mis propios ojos, porque hablo inglés. Los traficantes me usaban como traductor», explica Jean Claude.

Ahora, desde su llegada, el congoleño vive en una tienda de campaña en el infame campo de refugiados de Samos, donde se hacinan 3.000 personas sin apenas agua, comida ni instalaciones sanitarias. Y Jean Claude se tendrá que pasar dos años más encerrado allí, esperando a que Grecia tramite su petición de asilo. Tiene su entrevista programada para el 26 de abril del 2021. «Vivo en una tienda con otros dos compañeros gais, y en el campo todo el mundo nos insulta y se ríe de nosotros. Nos dicen que somos demonios. Y la policía griega, cuando vamos a denunciarlo, pasa de nosotros. Samos es una cárcel. Si hubiese sabido que tendría que malvivir así, me habría quedado en Turquía».

«Si encontrase un trabajo me quedaría en Grecia –asegura–. No busco problemas ni nunca he hecho nada para ser tratado así. Estoy cansado… Ser gay en África es un problema. Ser gay en Turquía es un problema. Ser gay en Grecia es un problema. No sé…».

martes, 23 de enero de 2018

#hemeroteca #memoria | Lumumba, la rumba y la culpa

Imagen: El País / Inauguración en Bruselas de la plaza itinerante dedicada a Patrice Lumumba
Lumumba, la rumba y la culpa.
Bruselas abre la revisión de su pasado colonial con conciertos de música congoleña y la renovación de su museo africano.
Fernando San Basilio | El País, 2018-01-23
https://elpais.com/cultura/2018/01/23/actualidad/1516689097_207770.html

"Es hora de descolonizar Bélgica", dice Mireille-Thseusi Robert, y luego dibuja un semicírculo con la barbilla y su mirada se pierde en la bóveda acristalada de la Galería Ravenstein. Es obvio que está satisfecha con la frase. Bélgica no es una colonia, pero lo que quiere decir Mireille -presidenta de Bamko, colectivo antirracista belga integrado por descendientes de africanos- es que el país debe revisar la relación con su pasado colonial y la manera en que este pervive en el espacio público. Mireille se aclara la garganta, se levanta y se acerca al micrófono para dar por inaugurada la plaza itinerante Lumumba. La plaza es ficticia, es un símbolo que hoy cristaliza en forma de estatua. Patrice Lumumba, primer ministro del primer Gobierno democrático congolés tras la independencia, asesinado en 1961 presumiblemente por agentes occidentales, probablemente belgas, no tiene plaza fija en Bruselas.

-Vamos a parar unos minutos.

La megafonía no funciona, o funciona demasiado. Las palabras de Mireille reverberan. Después, salta la alarma de una tienda de aparatos para sordos. Las Galerías Ravenstein son unas galerías comerciales construidas en los años cincuenta donde hay sitio para tiendas, bares, oficinas y plazas itinerantes. A Mireille le gustaría que Lumumba tuviera plaza, pero sobre todo le gustaría que los monumentos en los que se recuerda a Leopoldo II -el segundo rey de los belgas y el hombre que lo empezó todo- incluyeran placas en las que se explicaran los efectos devastadores de la empresa colonizadora. Pero la descolonización de Bélgica no se hará en un día. Por ejemplo, hace cinco años que el Museo Real del África Central -es decir, del Congo- cerró sus puertas. Se reabrirá en octubre, renovado por fuera y, sobre todo, ‘por dentro’. “Es un asunto importante y complicado”, dicen en el museo.

La alarma de la tienda de aparatos para sordos se calla, Mireille sigue hablando y, finalmente, se descubre la estatua. Es Lumumba. Es Lumumba a tamaño casi natural y está leyendo el discurso en la ceremonia de independencia. Levemente inclinado hacia adelante, sostiene unos papeles y habla con suave determinación y sus palabras hacen que el rey Balduino se mueva como si la sisa de su traje de gala le estuviera martirizando. Al principio nadie se acerca, después se pierde el miedo reverencial a la obra nueva y la gente se aproxima y se hace fotos. Uno de ellos es Philip Buyck. A Philip Buyck, blanco y belga, le gustaría que Lumumba, además de una plaza, tuviera una biblioteca. Mejor dicho, le gustaría que la biblioteca privada que lleva el nombre de Lumumba y que el propio Philip gestiona, fuera una biblioteca pública y ocupara un solar en el barrio de Matongé. “¿Por qué no?”, dice Philip, y se guarda el móvil en la cazadora y sale disparado hacia la acera de enfrente, al Bozar, el sitio donde ocurre todo y donde, en unos minutos, un combo formado por más de veinte músicos de rumba congoleña ofrecerá un concierto en recuerdo de Lumumba.

La sala está llena, hay gente de pie en los pasillos. Hay blancos y negros. Mujeres con tocado, hombres con abrigo largo de paño y sombrero. Son canciones escritas en los años sesenta, alusivas a Lumumba y a la independencia congoleña, muchas de ellas grabadas por Franco y L’Ok Jazz. Encima del escenario hay algunos artistas que estuvieron allí, en los años de Franco, como Lokombe y Armando Muamba.

Entre canción y canción se dan las gracias muchas veces a mucha gente y a algunas instituciones. Se proyecta un vídeo breve -¡bravo!- donde se destaca el interés de Lumumba por la rumba congoleña. Sale mucha gente a saludar. Un joven larguirucho y trajeado, representante de la televisión pública congoleña, que guarda un cierto parecido -¿lo cultiva?- con el mismísimo Lumumba, tropieza consigo mismo y sus gafas caen al suelo. Se ha creado un momento bello y trascendente. Después, Faya Tess canta ‘Les inmortals’ y, como quiera que un rato antes se ha guardado un minuto de silencio en memoria de los congoleños que han muerto ese mismo día -manifestaciones contra el presidente Kabila-, el aire se llena de niebla y todo se muere lentamente. Pero no.

-‘Independance, cha-cha!!!’

Todo se mueve. Después del concierto, el guitarrista Beniko Popolipo se eleva sobre sus hombros y se desplaza a una sala contigua en la que, acompañado de otros músicos, hace lo mismo que antes, pero con resultados diferentes. La fiesta es el mensaje. La gente está de pie y se venden cervezas a un precio razonable para estar en un palacio de bellas artes, y platos de comida congoleña. Los músicos suenan, pero no se oyen -los músicos necesitan oírse, los escritores necesitan leerse-, y les piden cuentas a los técnicos de sonido. Hay grupos de amigos, hay matrimonios de cierta edad y hay parejas mixtas (mixtas no quiere decir chico y chica, sino persona blanca y persona negra). Hay una niña con trenzas que llora y todo el mundo baila. Baila Philip, baila Mireille, baila la madre de la niña que llora con la niña en brazos y, de pronto, la niña deja de llorar y se duerme. Baila Lumumba.

Leopoldo II y el busto perdido y hallado en un parque
Al otro lado del río y entre los árboles, o sea, en el parque Duden, en la comuna de Forest, había un busto del rey Leopoldo II y ahora solo está la peana, que ha sido corregida y aumentada por medio de un grafiti: “Texto explicativo sobre los Horrores del Estado Libre del Congo = Necesario”. Y la nave va: el burgomaestre comprende el fondo pero no la forma y habla de “talibanes”, los guardabosques encuentran el busto en un matorral del propio parque y se hacen fotos. Las autoridades aseguran que el busto volverá a su sitio en un par de meses.

viernes, 1 de diciembre de 2017

#hemeroteca #vih | Mírame bien, hermano: tengo VIH

Imagen: El País
Mírame bien, hermano: tengo VIH.
Dos populares artistas de la escena musical congoleña participan en un videoclip para superar el tabú del VIH y motivar a los jóvenes para hacerse la prueba.
El País, 2017-12-01
https://elpais.com/elpais/2017/11/29/planeta_futuro/1511957339_413286.html

"Me contagié de niño y pensé que mi vida había acabado: No conocía los antirretrovirales, pero luego empecé a usarlos y ahora espero vivir mucho tiempo". Estas pueden parecer las palabras muy graves y muy serias de una chica o un chico portador de VIH. No es para tomarlas de otra manera, teniendo en cuenta que más de 36 millones de personas en el mundo conviven con la enfermedad y que un millón falleció de sida en 2016. Pero esta historia no se cuenta, se canta y se baila, y suena entremezclada con notas musicales que transmiten alegría, frescura y juventud. También se ve, se ve en los movimientos ondulantes de jóvenes danzarines en escenarios coloristas: telas africanas de colores, muros cubiertos de grafitis y espacios abiertos de las calles de Kinshasha, la capital de la República Democrática del Congo (RDC). ¿Qué es esto? Es ‘Zwa nga bien’, que en idioma lingala significa ‘Mírame bien’, y es un nuevo alegato contra la estigmatización que conlleva esta enfermedad.

En RDC la prevalencia es baja si se compara con otros países africanos: Alrededor de 370.000 personas viven con VIH, según Onusida. No obstante, el acceso a pruebas y tratamiento antirretroviral sigue sin alcanzar a la mayoría de los pacientes. Solo 170.000 tienen acceso. Existe otro dato que ofrece una idea del rechazo a la enfermedad: según la misma organización, un 49.2% de los participantes en una encuesta sobre la percepción del virus contestaron ‘no’ a la pregunta de si le comprarían verduras a un tendero si supieran que este es seropositivo. Y frente a este rechazo, tan solo el 20% de los jóvenes entre 15 y 24 años asegura poseer conocimientos suficientes para prevenir el contagio.

En este contexto ha surgido ‘Zwa Nga Bien’, una campaña promovida la asociación juvenil Jeunesse Espoir y por Médicos Sin Fronteras, que ofrece atención médica y psicosocial integral para personas con VIH. Esta se sustantiva en un videoclip grabado por dos populares músicos de la escena congoleña: Lexxus Legal y Sista Becky, con la idea de superar el tabú y motivar positivamente a los jóvenes a hacerse la prueba. La pieza musical supone un llamamiento directo para cambiar percepciones erróneas sobre quienes padecen VIH. La letra fue escrita por los propios Lexxus Legal y Sista Becky mientras escuchaba los testimonios de los activistas de Jeunesse Espoire, quienes también aparecen en el video. Su mensaje es una llamada fuerte e inspiradora para luchar contra la desinformación, los prejuicios, el aislamiento y la indiferencia social hacia el VIH y las personas que viven con el virus.

La campaña dispone de más material informativo que entre el 15 de noviembre y el 15 de diciembre se compartirá con las etiquetas #Zwa_Nga_Bien y #NoAlaEstigmatisation en diversas plataformas digitales, incluida una línea directa de Whatsapp que permite a los interesados hacer preguntas de manera anónima y discreta. También se transmitirá en Kinshasa y Goma a través de los medios tradicionales (radios, televisores, medios impresos), e incluirá un concierto el próximo 2 de diciembre de 2017 en la comuna de Bumbu, en Kinshasa.

jueves, 30 de marzo de 2017

#hemeroteca #violenciasexual | Promesas rotas para los niños de Bangui víctimas de abusos por las fuerzas de paz

Imagen: El Diario
Promesas rotas para los niños de Bangui víctimas de abusos por las fuerzas de paz.
Los jóvenes que denunciaron abusos sexuales a manos de soldados todavía viven en las calles de la República Centroafricana, a pesar de las promesas de que se los protegería.
Inna Lazareva | El Diario, 2017-03-30
http://www.eldiario.es/theguardian/Promesas-ninos-Bangui-abusados-fuerzas_0_627837233.html

En 2015 salió a la luz que fuerzas de paz internacionales habían cometido abusos sexuales sobre niños de la República Centroafricana. Como resultado de las denuncias tuvo que dimitir el funcionario de la ONU Anders Kompass, responsable de la filtración que expuso el fracaso de la ONU para responder a los abusos.

Ahora la investigación ha revelado que algunas de las víctimas no tienen hogar, no van a la escuela y tienen que sobrevivir en las calles, a pesar de que la ONU dijo que los protegería.

David, un adolescente de 17 años que duerme a la intemperie cerca del aeropuerto de Bangui, dijo a los periodistas suecos del programa televisivo de investigación Uppdrag Granskning ('Misión: Investigar') que se tenía que valer por sí mismo como podía. Otros jóvenes contaron historias similares.

“No he recibido ninguna ayuda", dijo David, que fue interrogado por los funcionarios que investigaban las denuncias de abusos llevados a cabo por las fuerzas de paz francesas Sangaris, que luego fueron publicadas por the Guardian.

Las fuerzas Sangaris no formaban parte de la misión de paz de la ONU en la República Centroafricana, pero desde entonces han salido a la luz otros casos de abusos sexuales y explotación llevados a cabo por fuerzas de paz de la ONU de países como República Democrática del Congo, Benín y otros.

“No nos ayuda nadie. Estamos intentando salir adelante solos: lavamos ropa, vamos a por agua, lavamos coches. Así sobrevivimos desde entonces", explica David.

Junior, de 16 años, también denunció haber sido abusado sexualmente por soldados. Quiere formarse para ser mecánico pero vive en la calle y no va a la escuela: “Nos gustaría tener alguna ayuda para poder estudiar", afirma.

En 2015, cuando el escándalo salió a la luz, el presidente francés François Hollande se comprometió a “no tener compasión” hacia los soldados franceses que fueran declarados culpables de abusos en la República Centroafricana. La ONU dijo que realizaría sus máximos esfuerzos para proteger y ayudar a las víctimas.

Pero en diciembre se supo que los tres jueces franceses que habían investigado las denuncias no iban a procesar a los soldados. La decisión final la tiene el fiscal de París, pero fuentes judiciales aseguran que lo más probable es que los casos se archiven.

David dice que las víctimas ya no esperan que nadie cumpla con lo que les prometieron: “Pensábamos que las autoridades de la República Centroafricana harían algo. Pero hasta ahora, nada. Por eso ya no seguimos el caso. No sé nada. No tengo idea de cómo va la investigación".

Nueve niñas embarazadas
De los 80 casos de abusos supuestamente cometidos por las fuerzas de paz internacionales en la República Centroafricana entre 2014 y 2016, la mitad involucra a niños. Nueve niñas quedaron embarazadas.

En enero de 2015 un soldado de Minusca ( Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana) dejó embarazada a Martha, que entonces tenía 14 años y estaba viviendo en un campo para desplazados en Bambari.

Después de que su padre fuera asesinado por una banda armada y su madre sufriera un colapso nervioso, Martha conoció al soldado congolés, que tenía más de 30 años. El soldado le daba comida y dinero, y le prometió que se casaría con ella. Pero mientras estaba embarazada, Martha descubrió que era seropositiva. Cuando la ONU supo del caso enviaron al soldado de regreso a su país, y Martha quedó sola a cargo de su hijo.

“Él dijo que me ayudaría, que me mantendría a mí y a mi madre que estaba en el hospital", relata Martha. Ahora, en lugar de ir a la escuela, Martha se pasa el día lavando, cocinando y cuidando al bebé. “Echo mucho de menos la escuela”, dice. “De verdad quería volver a estudiar este año".

Cuando la entrevistó la televisión sueca en enero, Martha aseguró que la ONU le había dado 10.000 francos CFA (unos 15 euros), una bolsa de arroz, un poco de azúcar y leche.

Unicef, que tenía a su cargo supervisar las ayudas a los niños agredidos por las fuerzas de paz, dijo que no estaba al tanto de que los jóvenes no estaban recibiendo ayuda.

Más de 200 niños registrados en el programa de ayuda de Unicef han declarado haber sido víctimas de abuso sexual a manos de las fuerzas de paz.

“La información que tengo es que hay una revisión semanal con los socios, y mi equipo sale a las calles para asegurarse de que aquellos que están registrados en el programa de protección estén recibiendo ayuda", explica Aboubacry Tall, representante de Unicef en la República Centroafricana. “Puede que se nos esté escapando algo”, matiza.

Después de que los periodistas dieran a conocer la situación de Martha, personal de ONU se acercó a darle ayuda.

Un informe de la ONU publicado este mes afirma que los casos de explotación sexual y abusos a cargo de tropas y personal civil en las misiones de la ONU han aumentado en un 46%. Se registraron 145 casos en 2016, cuando en 2015 fueron 99. La gran mayoría de los casos sucedió en la República Centroafricana.

A principios de este mes, el secretario general de la ONU, António Guterres, anunció una serie de medidas propuestas para luchar contra los abusos llevados a cabo por las fuerzas de paz de la ONU de diferentes nacionalidades, que han sido denunciados en varios países. Sus propuestas incluyen retener los salarios de los soldados si los gobiernos no llevan adelante investigaciones apropiadas de las denuncias contra las tropas, depositando ese dinero en un fondo fiduciario para las víctimas.

Guterres también propuso la designación de un defensor de los derechos de las víctimas para las cuatro misiones de la ONU más afectadas por episodios de abuso sexual (la República Centroafricana, la RD Congo, Haití y Sudán del Sur).

Este año se pedirá a la Asamblea General de la ONU que apoye estas medidas.

Los nombres de los niños fueron modificados para su protección.
Inna Lazareva trabajó como investigadora de ‘Misión: Investigar’.

jueves, 7 de abril de 2016

#hemeroteca #fotografia #mujeres | “Las mujeres son víctimas en todas partes del mundo”

Imagen: El País / Fotografía de Patricia Willocq
“Las mujeres son víctimas en todas partes del mundo”.
La fotógrafa Patricia Willocq retrata a las estigmatizadas víctimas de violaciones y los hijos nacidos de ellas en República Democrática del Congo para destacar su fortaleza y dignidad.
Vanessa Anaya | Planeta Futuro, El País, 2016-04-07
http://elpais.com/elpais/2016/04/05/planeta_futuro/1459869996_279743.html

El trabajo de la fotógrafa Patricia Willocq, que nació y creció en República Democrática del Congo (RDC), es conocido principalmente por la serie 'White Ebony' (2013) en la que retrata el albinismo en su país natal desde una perspectiva poco habitual: la cotidianidad, la dignidad y sobre todo, la tolerancia. Este particular enfoque constante en su obra, y en particular en su trabajo sobre el albinismo, ha hecho que el proyecto fuese premiado como 'Mejor fotografía del año' por Unicef y haya sido exhibido y difundido en varios países del mundo. Quizá también ha sido el que la ha puesto en escena. Para Willoqc, la fotografía da sentido a su vida, y afirma: “Con mis imágenes puedo ayudar a cambiar la percepción sobre algunas cuestiones que me importan. Y eso me hace sentir mejor”.

Tras viajar por varios países del mundo y de vuelta al Congo, en su trabajo ‘Look at me, I am beautiful’ (ganadora del Premio Alfred Fried como mejor fotografía sobre la paz), Willoqc se introduce de lleno en la realidad de las mujeres que han sido víctimas de violaciones durante la guerra y la de sus hijos e hijas, nacidas de esas agresiones y socialmente estigmatizadas. El reportaje realiza un viaje a través de los momentos más importantes de la vida de una de estas niñas, Esther, y la puesta en escena de la serie fotográfica la protagonizan mujeres de varias edades que representan esas etapas. En este trabajo Willoqc quiere mostrar a mujeres supervivientes, valientes que quieren seguir adelante con su vida. Así lo cuenta.

Pregunta. Las mujeres y los niños están muy presentes en tu trabajo, ¿cuáles son los problemas principales que crees que es importante visibilizar en RDC?

Respuesta. Siempre he estado muy sensibilizada sobre la condición de las mujeres y los niños en el mundo, como futuro de nuestra sociedad que son. Cuando las mujeres están sanas, son respetadas y se las cuida, sus hijos son criados con amor y respeto. Esos niños crecen siendo adultos equilibrados que contribuyen positivamente en nuestra sociedad. Desafortunadamente, en RDC y otros muchos países en desarrollo donde la pobreza y la guerra son dominantes, las mujeres y los niños son las primeras víctimas de las injusticias. Creo que es importante hablar sobre ello, no solo allí, sino en todas partes.

P. Desde tu experiencia, ¿cuáles cree que son los problemas comunes que sufren las mujeres en los diferentes países en los que ha trabajado?

R. El rasgo principal es que las mujeres son víctimas en todas partes del mundo. Víctimas de violencia de género, de acoso verbal y sexual, de trata, de mutilación genital, de acoso sexual en el trabajo, de ataques con ácido, etcétera. No es para nada un problema relacionado con RDC o África. Y por este motivo es por el que me gustaría continuar con el proyecto en otro lugar del mundo.

P. En ‘Look at me, I am beautiful’ tratas sobre el estigma que acompaña a las mujeres para toda su vida, pero desde un punto de vista positivo y esperanzador. ¿Por qué decidió trabajar en este tema y desde esa visión?

R. ¿A alguien le gustaría ser fotografiada sufriendo en un hospital? ¿O tras ser golpeada por su pareja? ¿O cuando se sientes triste, miserable, sola o sufriendo? No lo creo. Como tú y yo, ¡esas mujeres supervivientes de violencia sexual quieren que el mundo las vea fuertes y guapas! No había otra manera de fotografiarlas.

Creo que puedes crear conciencia sobre temas terribles como la violencia sexual con una comunicación visual positiva y creo que es mucho más efectivo. La imagen de Esther cogiendo en brazos a su bebé, rodeada de militares ha llamado lo atención de todo el mundo. Y eso me permitió hablar sobre una cuestión terrible que pasó al Este de RDC.

P. ¿Cómo contactó con las mujeres y cómo les propuso el reportaje?

R. En realidad hice este proyecto con una amiga llamada Mamie Kabongolo. Durante años ella ha estado involucrada en esa cuestión y a través de su trabajo en la Fundación Gerler Family, apoyaba el trabajo de una ONG llamada Hold RDC. Esta organización trabaja con mujeres víctimas de violencia sexual para ayudarles a reintegrarse en la sociedad a través de diversos programas. Me habló de ellas y decidimos hacer un proyecto para apoyarlas, siendo la primera parte un foto reportaje. Viajamos de Kinshasa a Goma con una maquilladora (Igo Mpiana) y su estilista (Samantha Nsele). Nos sentamos con las chicas de Hold RDC, les explicamos que estábamos intentando conseguir y buscamos voluntarias para el proyecto. La mayoría de las chicas querían serlo por el aspecto positivo del proyecto.

P. ¿Cómo fue la producción del trabajo y qué cosas le sorprendieron más de las mujeres? ¿Eran todas de la misma comunidad?

R. Antes de llegar a Goma, esperaba ver a mujeres afligidas. Lo que más me sorprendió fue que nos recibieron con sonrisas y felicidad. Esas mujeres han pasado por una situación difícil, pero todas ellas están muy contentas de estar vivas. Tienen hijos que quieren. Cantan. Bailan. Están intentando conseguir un trabajo y colocar lo que les pasó en el pasado y mirar hacia el futuro. Las mujeres eran de distintas áreas del Este del Congo y la producción fue una de las cosas más increíbles que he hecho en mi vida, por la motivación de las mujeres pero también por la de los hombres, que parecían interesados por el hecho de que queríamos mostrar una imagen positiva de ellos.

P. Interesante cómo los hombres en las fotos siempre rodean a Esther “para protegerla y apoyarla”, tal y como explica en su web… Pero, ¿por qué hombres?

R. Cuando estaba en Goma, un par de hombres me dijeron: “¿Sabes que debido a la guerra y las violaciones cometidas por los militares a nuestras mujeres, ahora incluso en Kinshasa algunas personas tienen miedo de venir a Goma? Piensan que todavía está la guerra aquí y que todos los hombres son violadores”.

Después de explicarles el proyecto, vinieron cada día a ayudarnos. Cada día, teníamos a cien personas viniendo a la escena queriendo ayudar. Lo más difícil era gestionar a todo el mundo. Cuando terminamos la producción, proyectamos las fotos y todos decían: “Mira, esto es lo que deberíamos ser”. Lo mejor fue una mujer del pueblo que vino un día y me dijo: “¿Sabes? Desde hace dos semanas, mi marido me lleva al bus cada día. Gracias por enseñarles cómo tratarnos”. La verdad es que nunca les dijimos qué hacer. Sólo lo hacían porque se veían a ellos mismos en un rol protector hacia las mujeres. Y para mi, eso ya era una victoria.

P. ¿Cómo son las relaciones de esas mujeres y sus hijos con sus comunidades? ¿Están estigmatizadas?

R. Sí, mucho. De hecho, una vez que son violadas son fácilmente rechazadas y ellas mismas piensan que tiene que ser así. Recuerdo a una de las mujeres, que cuando se vio al espejo maquillada y peinada dijo alegre: “¡Oh! ¡Mírame! Ahora quizá un hombre aceptará casarse conmigo”. Le explicamos que no tenía nada que ver con cómo era físicamente, sino con cómo se sentía.

P. Una de las cosas que llama la atención sobre su trabajo es su punto de vista positivo, como podemos ver en los reportajes. ¿Por qué es importante mostrar esta visión?

R. Creo que cuando se refiere a África, a los medios les encanta aprovechar imágenes de miseria y sufrimiento, porque vende más. Yo prefiero la imagen del vaso medio lleno, y no medio vacío. Prefiero mostrar esperanza más que desesperanza y por último, prefiero centrarme en la dignidad más que en la miseria.

martes, 29 de marzo de 2016

#hemeroteca #violenciasexual | Lorena Aguirre: “El Congo es uno de los cinco peores países del mundo para nacer mujer”

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Lorena Aguirre
Lorena Aguirre · Directora de la ONG Coopera en el Congo: “El Congo es uno de los cinco peores países del mundo para nacer mujer”.
“Las mujeres congoleñas son maravillosas; nunca he conocido otras como ellas”, dice esta psicóloga volcada en la salud de niñas de menos 12 años agredidas sexualmente.
Nekane Lauzirika | Noticias de Gipuzkoa, 2016-03-29
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/03/29/mundo/el-congo-es-uno-de-los-cinco-peores-paises-del-mundo-para-nacer-mujer

La RD del Congo fue definida como el peor lugar del mundo para ser mujer. El este del país sigue inmerso en un conflicto no resuelto, afectado por intereses políticos pero también económicos, que produce cada día más víctimas. El pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Lorena Aguirre, directora de Coopera Congo y del Programa de Atención a Niñas y Mujeres Víctimas de la Violencia Sexual en Kivu Sur, RD Congo, explicó en Bilbao la situación en la que se hallan muchas en esa zona del país africano, violadas y vejadas sistemáticamente. Aguirre disertó sobre el programa dirigido a niñas menores de doce años víctimas de violencia social que desde la ONG llevan a cabo en colaboración con el doctor Mukwege, Monusco y F. Aid, con el apoyo financiero del Colegio de Abogados de Bizkaia, el Ayuntamiento de Bilbao y la Agencia Vasca de Cooperación.

La ONG Coopera llegó a la República Democrática del Congo en 2006 para trabajar en un proyecto de conservación ambiental.
-Sí. Para desarrollar un programa de rehabilitación comunitaria. La piedra angular del proyecto era proteger a los chimpancés y demás especies de monos que teníamos allí. Los primeros años los dediqué a la protección de la naturaleza.

¿Y qué pasó para que cambiaran la orientación de sus proyectos?
-Pues que éramos la única ONG internacional en Kivu Sur que estábamos en la zona rural y convivíamos con la comunidad, por lo que nos empezaron a venir todas las niñas violadas de menos de doce años; niñas de uno, dos o tres añitos. Desde entonces me he volcado en la salud mental tanto con los niños soldados como con las menores víctimas de violencia sexual. En la ONG somos 65 personas colaborando y estamos especializados en programas de apoyo a niñas menores de doce años que han sido víctimas de violencia sexual.

Para la OMS, el Congo es uno de los cinco países peores para nacer mujer.
-El motivo principal es que llevan 20 años de conflicto armado. Hay una inseguridad tremenda, sobre todo en las zonas rurales que es donde más ataques se producen por parte de hombres armados. Pueden ser rebeldes o varones que con un arma atacan los hogares. La gente vive en casas de adobe o de planchas de madera, por lo que es fácil irrumpir en ellas para robar y violar a las mujeres, madres, niñas de todas las edades.

Las violaciones no solo se producen por la guerra, también son esclavas sexuales.
-Son temas diferentes. Los grupos rebeldes entran en los poblados y se llevan a las mujeres para que sean las esclavas sexuales de los soldados en los cuarteles. Tenemos un programa con 50 niños y niñas soldados, porque las esclavas sexuales también son soldados; les hacen ir al frente, matar y robar. Hay muchas categorías de burradas que se hacen a las mujeres y muchas no van al hospital para no ser estigmatizadas.

¿El Congo es un país maldito por su enorme riqueza natural?
-Se sabe que la guerra del Congo se debe a los recursos naturales que tiene. Hablamos de tungsteno, uranio, estaño, el coltán, diamantes; tienen de todo. Por desgracia el mapa de la riqueza natural del mundo coincide con el mapa de las guerras.

Naciones Unidas habla de supersticiones mágicas como “excusa” para violentar a las niñas.
-Lo que se vive ahora en el Congo es el ‘fenómeno Kavumu’ que es un pueblo donde por primera vez empezaron las agresiones sexuales a niñas debidas a supersticiones mágicas. Los hombres creen que la sangre de las niñas vírgenes les hace inmunes a las balas, les quita el VIH... Les puede dar trabajo, sacarles de la pobreza, lo llaman el diamante rojo. Cuanto más pequeñas sean las niñas más se aseguran de que sean vírgenes.

¿El fenómeno se ha extendido?
-Sí. Se ha generalizado por todo el Congo. Las niñas son llevadas al hospital de la zona donde han sido violadas, pero como se quedan tan dañadas o no tienen capacidad para hacerse cargo de las cirugías necesarias, entonces las transfieren al hospital de Panzi donde las atiende el ginecólogo Denis Mukwege y su equipo.

La intervención de Coopera está muy localizada en Kivu Sur.
-La estrategia es permanecer en un sitio muchos años y hacer un cambio a todos los niveles. Por eso llevamos diez años trabajando a siete kilómetros de Kavumu. Nos volcamos desde el primer día que nos pidieron ayuda, porque es una bestialidad lo que ocurre ahí con las niñas.

¿Cómo es el programa que ofrecen?
-Es un paquete de servicios que empieza desde que la niña es llevada al hospital de Panzi, donde tendrá que estar acompañada de 3 a 4 meses. Si la madre gana en el campo un dólar para dar de comer a los diez hijos, lo que hacemos es ofrecérselo para que se quede con la niña en el hospital y toda la familia que deja en el campo siga comiendo. Luego, cuando la niña sale en el hospital entra en el programa de seguimiento médico con nosotros; la niña y toda la familia durante un año.

Y también ayuda psicológica.
-Sí. Este programa es el más importante de todos; la recuperación emocional de la niña es vital para que se pueda curar psicológicamente, físicamente; formamos agentes de apoyo psicológico. Les enseño los principios básicos de la psicología, de la psicoterapia y luego hemos diseñado una terapia de grupo muy estructurada que funciona increíblemente bien.

¿Y cuando la niña está curada?
- Hacemos que entren en grupos de educación ambiental con otros niños donde se socializan y toman el cariño por la naturaleza y se convierten en embajadores del medio ambiente; les ayuda mucho a estar centradas.

Aun así, la mayoría de los casos quedan impunes.
- Nuestra ONG ofrece asimismo apoyo jurídico gratuito para que las familias hagan las denuncias. Pero hay que decir también que en el Congo cada vez hay más personas que trabajan contra la impunidad en estos casos.

jueves, 14 de mayo de 2015

#hemeroteca #cine #mujeres | El ginecólogo que salva a las mujeres

Imagen: El País
El ginecólogo que salva a las mujeres
Un documental muestra el trabajo del médico y activista congoleño Denis Mukwege, que atiende en su hospital a quienes han sido víctimas de violaciones y torturas.
Vanessa Anaya | Planeta Futuro, El País, 2015-05-14
http://elpais.com/elpais/2015/05/14/planeta_futuro/1431621716_967138.html

El doctor Denis Mukwege, ginecólogo, activista y Premio Sájarov 2014, aceptó la propuesta de que la senegalesa Angèle Diabang hiciese un documental sobre el trabajo que se lleva a cabo en el hospital Panzi fundado por él mismo en 1999 en Bukavu, capital de Kivu Sur, en República Democrática del Congo (RDC). Aceptó complacido, “contento de que fuese una africana quien hiciese una película sobre ese tema”, explica Angèle Diabang, directora del documental “Congo, un médecin pour sauver les femmes” (“Congo, un médico para salvar a las mujeres”), presentado en la duodécima edición del Festival de Cine Africano de Córdoba, que acaba de celebrarse en la ciudad andaluza.

La idea de tratar la cuestión de la violencia sexual que sufren las mujeres en a República Democrática del Congo a través de un documental vino cuando Diabang leyó un artículo del diario francés Le Monde en 2012 que le permitió comprender mejor qué estaba ocurriendo en ese país y qué trabajo estaba llevando a cabo el doctor Mukwege.

La larguísima guerra del Congo que “transforma el cuerpo de las mujeres en un campo de batalla”, según las propias palabras de Mukwege y en el que la violencia sexual es un arma de guerra, es el escenario donde transita esta dura realidad. Una realidad en la que unas 400.000 mujeres son violadas de forma brutal cada año, según "American Journal of Public Health". Ante esta realidad, Diabang decidió que era importante rodar un documental que no profundizase tanto en las causas políticas de esta guerra eterna, sino que estuviese centrado en las mujeres que la están viviendo y en las terribles consecuencias que tiene para ellas. “Hay tanto de lo que hablar que podría haber hecho un largometraje, pero hemos decidido enfocarnos en el tema, no he querido entrar en temas políticos”, explica.

“Congo, un médecin pour sauver les femmes” da la palabra a Mukwege, fundador del hospital de Panzi en 1999, creado con el fin de que las mujeres de la comunidad pudieran tener partos seguros. Tras observar que la mayoría de las pacientes acudían por violación y, en consecuencia, con graves problemas físicos y ginecológicos, decidió abrir un servicio especializado y advertir a las organizaciones internacionales de lo que estaba pasando. El documental cede también la palabra a las mujeres, que hablan de sus durísimas experiencias, de cómo sacan fuerza para superar su realidad, del dolor físico, pero también el emocional por ser rechazadas por sus propias familias, amigos, vecinos, etc. “Las mujeres al ser violadas están deshonradas y por eso las repudian. Es una forma de rechazar el dolor en general, pero a la vez es el momento en el que las mujeres necesitan mas soporte. Por eso es importante sensibilizar a la población congoleña (a los vecinos, amigos, familia, etc) sobre la importancia de apoyarlas. El deshonor es abandonar a la mujer”, afirma Diabang.

Esta realidad hizo también más complicado el rodaje de un documental que gira alrededor de estos desgarradores relatos: “El entorno era difícil, se ha destruido el tejido social y las mujeres han vivido un verdadero drama”, afirma la directora. Y por ello, la relación de confianza con las mujeres se fue construyendo poco a poco: “No encendíamos la cámara nada más llegar, así podíamos hablar tranquilamente con ellas e iban tomando cada vez más confianza con nosotras”, relata.

Hacer un documental sobre esta cuestión sin caer en el sensacionalismo no es fácil. La directora menciona este aspecto como otra de las dificultades artísticas a la hora de enfrentar el proceso de creación del documental: “Hemos querido quedarnos en la distancia de ese sufrimiento. Por ejemplo, cuando alguien lloraba, en lugar de poner el zoom como habitualmente se hace, nosotras nos alejábamos. Yo respeto ese dolor... es ya suficientemente difícil. Más que el drama me interesa retratar su fuerza y cómo ellas participan en la mejora del Congo”.

El documental, ha sido aplaudido por el doctor, por el equipo del hospital y por las propias mujeres: “[A Mukwege] le ha gustado mucho, sobre todo porque tenemos una misma visión de un África fuerte, digna y sin complejos. Además, la encargada de comunicación del hospital también me comentaba que era la primera vez que alguien mostraba las imágenes, incluso a las propias mujeres, que estaban muy emocionadas de ver el documental”, cuenta Diabang.

Quizá esa África fuerte queda visibilizada en el trasfondo del documental, en los logros del hospital y en el espíritu de superación de las mujeres. Desde que se creó, el equipo del hospital ha atendido quirúrgicamente a unas 40.000 pacientes, se ha creado un centro de formación para integrar a aquellas que están en riesgo de exclusión, en el que aprenden a defender sus derechos y a recuperar las ganas de vivir, entre otras muchas cosas. "Lo que me emociona del doctor Mukwege, es que, además de repararlas físicamente, él sabe irradiar a las mujeres, darles un lugar, una cierta autoestima... Es un médico que tiene un verdadero amor por sus pacientes, que no trata con lástima, sino que las escucha y respeta. Si han conseguido sobrevivir a tal trauma y vislumbran un futuro, es que pueden hacerlo todo. Denis Mukwege es un feminista que no duda en poner por delante a las mujeres, especialmente en el organigrama del hospital, donde son más del 65%. Para mí también, la mujer es la esperanza de África”, relata la directora.

La mujer africana, protagonista de la obra de Angèle Diabang
Nacida en Dakar y formada en Senegal, Francia y Alemania, Angèle Diabang es la directora de películas como “Mon beau sourire”, “Sénégalaises et Islam” y “Yandé Codou, la griotte de Senghor”, entre otras. A pesar de que “no es por militancia”, como afirma ella misma, la realidad de la mujer africana está presente en la gran mayoría de sus películas. Su próximo proyecto “Une si longue lettre”, una adaptación de la novela de Mariama Bâ al cine, trata la cuestión de la poligamia desde la mirada femenina.

También es la precursora de Karoninka, la productora creada en 2006, que ha producido 12 películas de países como Mali, Togo, Cabo Verde, Congo y Senegal y goza de un creciente reconocimiento a través de varios festivales y premios. Es una muestra de que “África se mueve” y un reflejo de la situación esperanzadora que está viviendo Senegal en relación al cine y que Diabang defiende: “Diría que la situación en Senegal es prometedora, sobre todo a través del la creación del FOPICA, un fondo de promoción de la industria cinematográfica y audiovisual. Es todo un ejemplo en África y muy alentador”.

*Wiriko es una asociación cultural que tiene como objetivo la difusión de las manifestaciones artísticas y las culturales africanas contemporáneas. Desarrolla actividades de divulgación a través de un magacín on line y de formación mediante un Aula Virtual.

Y TAMBIÉN…
Denis Mukwege repara mujeres rotas
Ángeles Jurado | Planeta Futuro, 2013-10-31

http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/10/denis-mukwege.html