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martes, 17 de enero de 2017

#hemeroteca #heterocuriosidad | ‘Bud sex’: hombres con relaciones homosexuales que reivindican ser heteros

Imagen: El País / Fotograma de 'Brokeback mountain'
‘Bud sex’: hombres con relaciones homosexuales que reivindican ser heteros.
Hombres con prácticas hetero y homosexuales rechazan la etiqueta bisexual. ¿Por qué el miedo a ser estigmatizados?.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2017-01-17
http://smoda.elpais.com/placeres/bud-sex-mantener-relaciones-homosexuales-reivindicar-hetero/

Hombres heterosexuales con relaciones homosexuales que reivindican su condición de heteros. No se trata de un trabalenguas y si lo piensan detenidamente tampoco es algo nuevo, sino tan antiguo como la humanidad. Presos que, debido a su imposibilidad de estar con mujeres, practican el sexo con compañeros de celda porque ‘son muy machos’, como reflejaba la excelente novela ‘Hombres sin mujer’, del cubano-gallego Carlos Montenegro. Militares y hasta sacerdotes, que no dudan luego en exhibir desde el púlpito su nada escondida homofobia.

Recientemente, este fenómeno ha vuelto a salir a la luz a raíz del trabajo de investigación que ha llevado a cabo un sociólogo de la Universidad de Oregón, Tony Silva, entre un grupo de hombres blancos que viven en un medio rural, todos los componentes del estudio pertenecían a las áreas de Missouri, Illinois, Oregon, Washington o Idaho– lugares conocidos por su ideología conservadora–; que se definen como heterosexuales –muchos están casados y con hijos– y que, sin embargo, tienen sexo con sus compañeros, aunque no se identifiquen para nada con alguno de los protagonistas de ‘Brokeback Mountain’ (2006).

La intención de Silva, como comenta a S Moda, era estudiar el fenómeno y “relacionarlo con los múltiples factores que afectan a la identidad sexual como la cultura, el contexto social, el lugar, el momento histórico y las interpretaciones personales. De hecho, las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy en día –heteros, gays, lesbianas, bisexuales, etc.–, no han existido hasta mediados-finales del siglo XIX y la forma de entenderlas no es la misma en todo el mundo. Pero no solo eso, además, y como se ha visto en el estudio, personas con la misma cultura pueden tener prácticas sexuales similares pero interpretarlas de formas distintas, dependiendo del concepto que tengan de su propia sexualidad”.

Para Silva el término ‘Bud sex’ (‘bud’ significa algo así como colega, compañero) se aplicaría a “aquellas relaciones que sus participantes interpretan como ‘ayudar’ a un amigo -en la que está exento el factor romántico-, entre hombres blancos y heterosexuales o, escondidamente, bisexuales. Encuentros secretos y sin asociación ninguna con ideas como feminidad u homosexualidad. A través de una interpretación compleja, los participantes tienen sexo con hombres, algo generalmente no compatible con la heterosexualidad o el tradicional concepto de masculinidad”.

Imagino ya lo que muchos estarán pensando. Ok, hombres bisexuales que no quieren reconocer esta condición, pero la cosa no es tan simple o puede tener diversas interpretaciones. En el 2015, Jane Ward, profesora de Género y Estudios sobre la Sexualidad de la Universidad de California, publicó un libro titulado Not Gay: Sex between straight white men (‘No gay: Sexo entre hombres blancos heterosexuales’) en el que exploraba varias subculturas en las que se da lo que se podría llamar ‘sexo hetero-homosexual’. Y no hablamos solo de militares o presidiarios sino desde ‘hell angels’ hasta vecinos de barrios respetables y conservadores. Ward busca en su libro alguna explicación al fenómeno que no sean las muchas, y de Perogrullo, que se han dado a lo largo de la historia. La más estrambótica y una de las que menciona en su obra es una por parte de un sociólogo de los años 60, que argumentaba que los flirteos homosexuales de muchos maridos se debían a que puesto que la Iglesia Católica prohibía usar condones y muchos matrimonios no querían tener más hijos, él se veía obligado a buscar sexo con otros hombres en los baños públicos. Otra típica argumentación es la de esgrimir que no es sexo en realidad sino ‘juegos’ o que la sexualidad entre hombres es más fácil, práctica y está desprovista de sentimentalismo y, por lo tanto, de problemas.

Según cuenta Jane Ward a S Moda, “los hombres heterosexuales de raza blanca, es decir, los que tienen el poder, tienen mucho que perder si reconocen sus deseos hacia el otro sexo, porque la masculinidad ha estado muy específicamente definida durante mucho tiempo y porque ha sido el único y estrecho camino para ser un hombre de verdad. La atracción hacia otros varones se ha percibido como algo femenino, que resta autenticidad y poder al hombre, aunque esta regla no funciona con las mujeres, que pueden besar o tocar a otras sin ningún estigma y sin que se traspasen las fronteras, más flexibles, de la normatividad sobre lo femenino”. Algo que confirma Silva que subraya que “la razón por la que hay más mujeres abiertas a probar relaciones con el mismo género es por la heteronormatividad, que afecta de forma distinta a los dos sexos; ya que la heterosexualidad en el varón está más firmemente atada a las diferentes formas de masculinidad”.

De hecho, como comenta Ward en su libro, algunos de estos hombres heteros con prácticas homosexuales, muestran incluso un cierto rechazo a los comportamientos gays que, en algunos casos, rayan la homofobia. En su investigación muestra algunos anuncios publicados por miembros de este grupo en la sección de contactos de los periódicos norteamericanos en los que se repiten las expresiones “solo hombres masculinos”, “porno estrictamente hetero” o “sin entrar en prácticas gays”. Ideología que el detective Torrente sentenció en aquella frase ya mítica: “¿Nos hacemos unas pajillas?, ¡pero sin nada de mariconadas, ehhh!”.

Lo que se consideran o no prácticas gays entra dentro de una visión muy flexible y personal del término; ya que, como comenta Tony Silva, “la mayoría de los hombres que entrevisté para mi estudio estaban casados y mantenían sus prácticas homosexuales en secreto; excepto uno que tenía una relación abierta con su pareja. Algunos asociaban el concepto de ‘penetración’ con ideas de feminidad u homosexualidad, pero otros no. Penetrar o ser penetrado podía también marcar una diferencia para algunos pero no para todos y algunos diferenciaban entre la penetración anal u oral; pero ninguno cuestionaba su masculinidad o heterosexualidad en términos de ser penetrado o no. Su interpretación del sexo era la llave para identificarse como hetero y masculino, no sus prácticas”.

¿Con miedo a salirse de las etiquetas establecidas?
Es muy probable que las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy día, sean algo en peligro de extinción, como indica la ideología ‘queer’ o el hecho de que los ‘millennials’ no necesiten, tanto como sus padres, etiquetarse o encajar en un apartado de preferencias u orientaciones eróticas; o puedan llevar a cabo prácticas homosexuales sin hacerse demasiadas preguntas. Pero, ¿responde la conducta de estos hombres a esta filosofía? Según comentaba Ward en una entrevista al New York Magazine, “en los últimos quince años ha habido mucho interés y comentarios en EEUU sobre la sexualidad más fluida y la heteroflexibilidad, pero siempre se han centrado en las mujeres o en los hombres de comunidades negras o latinas. Sin embargo, nadie se pregunta nada sobre está nueva manera de entender la masculinidad entre hombres blancos y heteros. O, como mucho, la justifican diciendo que no es sexo en realidad. Uno puede pensar que éstos hombres tal vez pertenezcan a la subcultura ‘queer’, en la que entonces los calificativos de ‘homo’ o ‘hetero’ sobran, pero no creo que sea esa la razón. No quieren entrar en ese mundo, por eso su homosexualidad es utilizada al servicio de la heteronormatividad. Por eso he escrito mi libro, porque creo que es tiempo de analizar estas conductas con más detalle”.

Según Iván Rotella, sexólogo, director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), “ninguno de nosotros somos 100% heterosexuales u homosexuales, y hay hombres y mujeres que exploran su parcela de atracción hacia el mismo sexo cuando ya son adultos, están casados y tienen una vida diseñada. Entonces puede ser un conflicto, especialmente si descubren que estas nuevas prácticas les gustan más que las anteriores. Pero el deseo es más amplio que los conceptos que han tratado de acotarlo y lo que hay que tender es a romper los encasillamientos y tener relaciones con personas, independientemente del sexo. Eso es a lo que se tenderá en el futuro y yo creo que vivimos una época en la que se está formando un nuevo paradigma, donde los conceptos tradicionales empiezan a entrar en crisis. A nivel práctico, uno puede aceptar lo que siente o le apetece y tratar de llegar a acuerdos, en caso de que se esté inmerso en una relación, o si no es posible cerrar un capítulo en su vida. Puede también negarlo y seguir con su vida normal. En ambos casos habrá conflicto, porque negarse a si mismo lleva también implícito un alto precio a pagar”.

La mayoría de los hombres que entrevistó Silva, experimentaron cambios en sus atracciones sexuales después de décadas de matrimonio. “Algunos reconocen que empezaron a tener sexo con sus amigos cuando éste se volvió complicado o inexistente con sus mujeres”, comenta éste sociólogo, “o cuando empezaron a tener problemas de erección. Necesitamos más estudios sobre la sexualidad masculina, ya que, como vemos, la naturaleza de ésta puede cambiar a lo largo de la vida”.

miércoles, 26 de agosto de 2015

#hemeroteca #heterocuriosidad | Por qué hombres ‘hetero’ tienen sexo con otros hombres

Imagen: El País
Por qué hombres ‘hetero’ tienen sexo con otros hombres
No les llame gais, llámelos heterosexuales flexibles. Están tan seguros de su identidad que no les importa de vez en cuando experimentar cosas diferentes
Miguel Ángel Bargueño | El País, 2015-08-26
http://elpais.com/elpais/2015/08/24/buenavida/1440425476_656178.html

Sí, ha leído bien: hombres que tienen sexo con otros hombres y no son homosexuales. Resulta más habitual de lo que algunos puedan pensar. La cosa es bien simple: un hombre heterosexual conoce a otro (en un bar, a través de una red social de contactos, da igual cómo) y deciden darse un revolcón. Es más, lo encuentran satisfactorio. Después, cada uno sigue con su vida perfectamente hetero, sin que el encuentro les haga dudar de su orientación. ¿Qué mueve a algunos varones a estas prácticas? Y, ¿por qué es incorrecto catalogarlos como gais?

En nuestros días, la aceptación de la diversidad sexual es mucho mayor que en el pasado. “A medida que hay una mayor tolerancia todos salimos un poquito de nuestros armarios”, sostiene Joan Vílchez, psicólogo clínico, psicoterapeuta y sexólogo. “Hombres que no acaban de sentirse muy satisfechos pueden tener la ocasión de tener relaciones con otras mujeres, con un hombre o probar ciertas prácticas que en otros tiempos estaban más censuradas”. Para Juan Macías, psicólogo especializado en terapias sexuales y de pareja, “conceptos como heteroflexible o heterocurioso están permitiendo a los hombres explorar su sexualidad sin necesidad de cuestionar su identidad como heterosexuales”. Por otro lado, Internet facilita el contacto, que puede ser virtual o físico.

A los especialistas les parece lo más natural del mundo, parten de la premisa de que una cosa es la orientación sexual de un individuo y otra las prácticas que este lleve a cabo. “La orientación sexual”, explica Macías, “está construida socialmente, son categorías rígidas y excluyentes, con implicaciones que afectan a la identidad individual y social”. Forzosamente, uno debe encajar en alguna de estas tres clasificaciones: heterosexual, homosexual o bisexual. En cambio, “la práctica sexual es más flexible y más libre, es un concepto descriptivo. Se abre un espacio tremendamente sano en el que la exploración del deseo se libera de la identificación con una orientación sexual”,explica Macías.

Es tan natural que viene de lejos. Que un hombre emparejado con una mujer tuviera un amante no era inusual en la antigua Roma. Por no hablar de las que se montaban en las bacanales. Y jóvenes de todas las épocas han recurrido a pasatiempos de difusa carga sexual. “En la adolescencia es bastante común que haya juegos de cierta genitalización: a ver quién mea más lejos, a ver quién la tiene más grande, hay tocamientos…”, indica Joan Vílchez. “No dejan de ser incursiones homosexuales, pero todavía predomina el modelo heterosexual y se realizan desde la transgresión propia de la juventud”, señala el psicólogo.

Un nuevo modelo: SMSM
En 2006, un estudio sobre la discordancia entre comportamiento sexual e identidad sexual realizado por investigadores de la Universidad de Nueva York (EE UU), halló que 131 hombres de los 2.898 analizados admitían tener relaciones con hombres pese a definirse como heterosexuales. En opinión de los expertos, representaban a un 3,5% de la población. Desde hace años, los médicos emplean las siglas HSH para referirse al conjunto de hombres (heteros o gais) que tienen sexo con hombres. Pero, recientemente, ha aflorado otro acrónimo más preciso para definir a este grupo: SMSM (“straight men who have sex with other men”, hombres hetero que tienen sexo con otros hombres). Portales web como Straightguise.com están consagrados a abordar el tema.

El pasado julio se publicó en EE UU el libro “Not gay: sex between white straight men” (“No gay: sexo entre hombres blancos heterosexuales”), en el que la profesora Jane Ward, de la Universidad de California, se hacía este planteamiento: una chica hetero puede besar a otra chica, puede gustarle hacerlo y aun así se la sigue considerando hetero; incluso su novio puede animarla. Pero, ¿pueden los chicos experimentar esa fluidez sexual? ¿O besar a otro chico significa que son gais? La autora cree que estamos ante un nuevo modelo de heterosexualidad que no se define como lo opuesto o la ausencia de homosexualidad. “La educación de los hombres ha sido bastante homofóbica. Se les ha hecho creer que es antinatural tener esos impulsos hacia otros hombres”, explica Joan Vílchez.

Probando, probando
Las motivaciones, como es lógico, son múltiples. El perfil más extendido es el del explorador sexual: aquel a quien le gusta probar cosas nuevas. “Experimentar una relación homo le resulta novedoso, y aunque le gustase no podríamos decir que es homosexual, sino que le gusta esa práctica”, dice el doctor Pedro Villegas, médico de familia y sexólogo. El psicólogo Joan Vílchez comparte esa idea. “Está muy de moda la bisexualidad, y en realidad todos somos bisexuales: si cierras los ojos te costaría identificar quién te está acariciando, si es un hombre o una mujer. No hay un hombre que sea cien por cien homosexual ni cien por cien heterosexual”, sentencia.

Otra de las causas es cierto desencanto con las mujeres, frecuente después de algunas rupturas matrimoniales. Joan Vílchez lo explica: “Cuando una pareja heterosexual está en crisis es habitual que algunos hombres sientan que no se entienden con las mujeres, que son incapaces de llevarse bien con ellas y es como que miran para otro lado. Se produce una especie de regresión, se vuelve a un estadio anterior en el que con los hombres se sentían bien juntos, como en la adolescencia. En muchos casos es una necesidad afectiva que sexual real”.

De hecho, para este especialista, a veces estas relaciones eróticas esconden una necesidad de afecto que el hombre no está acostumbrado a expresar: “En los hombres hay mucha tendencia a genitalizar. Entre la cabeza y los genitales tenemos el corazón, que representa los sentimientos, y las tripas, que simbolizan los comportamientos más viscerales y las emociones más intensas, y es como si los hombres hubiéramos aprendido a hacer un baipás: pasamos de la cabeza directamente a los genitales sin acabar de vivir las emociones. A las mujeres, por tanta represión de su sexualidad y miedo al embarazo, les ocurre lo contrario: les cuesta mucho genitalizar. Para un hombre a veces es más fácil hacer eso que descargar emociones más sutiles o decirle a otro hombre: ‘Es que me siento inseguro, tengo miedo, me siento débil, no sé lo que quiero”.

El impulso narcisista
Entre los hombres heteros que se acuestan con hombres también hay muchos narcisistas. “Es aquel a quien le gusta que se fijen en él. Se da mucho en los gimnasios: le agrada despertar admiración y no le importa que provenga de hombres o mujeres”, apunta Eugenio López, psicólogo y sexólogo. Otros simplemente tienen ganas de ligar y acuden a garitos gais de sexo duro porque piensan que allí les resultará más fácil.

Hay hombres heterosexuales que se enrollan con hombres porque les gusta; otros, porque no les queda más remedio: pensemos en aquellos privados del contacto con mujeres durante largas temporadas (¿eran gais los protagonistas de Brokeback Mountain?) “El ser humano se rige por sus pensamientos”, razona Eugenio López. “Y si cree que está perdiendo su sexualidad por la falta de una mujer, puede reafirmarla con otro hombre. Suelen empezar con un simple roce”.

Si no hay conflicto, no hay problema
Algunos de estos nuevos heterosexuales han podido sentir este tipo de impulsos en el pasado y no se han atrevido a dar el paso. “Luego llegan circunstancias de la vida que se lo ponen ahí en bandeja y deciden vivirlo, pero eso les genera un conflicto porque por una parte les proporciona placer pero por otra amenaza un poco su estatus y su imagen: ‘¿Soy o no soy?’, se preguntan”, comenta Joan Vílchez. También pueden sentirse confundidos aquellos que llegan al SMSM por la carencia de una figura paterna positiva en su infancia: “A veces, para reforzar su masculinidad, se integran en actividades ‘de hombres’ (fútbol, gimnasio) o tienen contactos sexuales con otros hombres, aunque lo que buscan es sobre todo comprensión y cariño”, agrega Vílchez. Los psicólogos están de acuerdo en que su intervención sobra, siempre que estas experiencias no provoquen un conflicto en el sujeto. “Si a él no le está fastidiando, ahí no hay nada que tratar”, concluye Pedro Villegas.

viernes, 31 de julio de 2015

#books #straight | Not Gay : Sex between Straight White Men


Not Gay : Sex between Straight White Men / Jane Ward
Nueva York : NYU Press, 2015 [07]
240 p.
ISBN 9781479825172

/ EN / ENS
/ Estereotipos / Heterocuriosidad / Heterosexualidad / HsH / Identidades / Masculinidad / Sexualidad / SMSM / Sociología

A straight white girl can kiss a girl, like it, and still call herself straight—her boyfriend may even encourage her. But can straight white guys experience the same easy sexual fluidity, or would kissing a guy just mean that they are really gay? “Not Gay” thrusts deep into a world where straight guy-on-guy action is not a myth but a reality: there’s fraternity and military hazing rituals, where new recruits are made to grab each other’s penises and stick fingers up their fellow members’ anuses; online personal ads, where straight men seek other straight men to masturbate with; and, last but not least, the long and clandestine history of straight men frequenting public restrooms for sexual encounters with other men. For Jane Ward, these sexual practices reveal a unique social space where straight white men can—and do—have sex with other straight white men; in fact, she argues, to do so reaffirms rather than challenges their gender and racial identity.

Ward illustrates that sex between straight white men allows them to leverage whiteness and masculinity to authenticate their heterosexuality in the context of sex with men. By understanding their same-sex sexual practice as meaningless, accidental, or even necessary, straight white men can perform homosexual contact in heterosexual ways. These sex acts are not slippages into a queer way of being or expressions of a desired but unarticulated gay identity. Instead, Ward argues, they reveal the fluidity and complexity that characterizes all human sexual desire. In the end, Ward’s analysis offers a new way to think about heterosexuality—not as the opposite or absence of homosexuality, but as its own unique mode of engaging in homosexual sex, a mode characterized by pretense, dis-identification and racial and heterosexual privilege. Daring, insightful, and brimming with wit, “Not Gay” is a fascinating new take on the complexities of heterosexuality in the modern era.

Jane Ward is Associate Professor of Women's Studies at the University of California, Riverside. She is the author of “Respectably Queer” (2008).

DOCUMENTACIÓN
Por qué hombres ‘hetero’ tienen sexo con otros hombres
No les llame gais, llámelos heterosexuales flexibles. Están tan seguros de su identidad que no les importa de vez en cuando experimentar cosas diferentes
Miguel Ángel Bargueño | El País, 2015-08-26
http://elpais.com/elpais/2015/08/24/buenavida/1440425476_656178.html