Mostrando entradas con la etiqueta Pabllo Vittar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pabllo Vittar. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de noviembre de 2019

#hemeroteca #dradqueen #musica | Pabllo Vittar, ‘drag queen’, estrella global del pop y activista contra Bolsonaro

Imagen: El País / Pabllo Vittar
Pabllo Vittar, ‘drag queen’, estrella global del pop y activista contra Bolsonaro.
La cantante brasileña, que atesora 570 millones de descargas en Spotify, habla en una entrevista del disco trilingüe que lanza el viernes y de las amenazas a las personas LGTB.
Joana Oliveira / Naiara Galarraga Gortázar | El País, 2019-11-01
https://elpais.com/cultura/2019/10/30/actualidad/1572447809_319517.html

Cuenta la ‘drag queen’ Pabllo Vittar que el único lugar de todo Brasil donde puede caminar sin que la paren por la calle es camino a casa de su tía en Uberlandia, la ciudad donde creció y en la que todavía vive. La cantante ha protagonizado uno de los mayores fenómenos musicales de Brasil en los últimos tiempos. Su fama en su país se sitúa a la altura de figuras como Neymar o Pelé y la revista ‘Time’ la acaba de escoger como una de los 20 líderes de la próxima generación. Lo mismo da que Phabullo Rodrigues da Silva —su nombre real— luzca peluca de melena larga, tacones de vértigo y vestido sugerente, como durante la entrevista con este periódico en las oficinas de Sony en São Paulo, o que vaya con deportivas y el pelo corto, castaño, y las sienes afeitadas. Ambas identidades conviven con naturalidad en una artista que se declara de género fluido, fue candidata a un Grammy Latino, triunfó en el último desfile del Orgullo de Nueva York, se codea con las estrellas globales de pop y no evita los asuntos políticos en el Brasil de Bolsonaro, aunque lo pague con boicots. Vittar cumple este viernes 25 años. Lo celebrará con una gran fiesta de Halloween en São Paulo y el estreno en todas las plataformas de streaming de su tercer disco, titulado ‘111’, por el 1 de noviembre. Y el domingo debutará en España, en la gala de los MTV European Music Awards, en Sevilla.

Su fenomenal historia de éxito nació en las redes sociales, un universo en el que reina, ahora con el respaldo de la multinacional Sony. Las cifras son tan espectaculares como la presencia de sus 1,87 metros de altura: su música, un cóctel de pop electrónico para las masas muy del gusto actual, acumula 570 millones de descargas en Spotify, 1.100 millones de visualizaciones en YouTube, y nueve millones de seguidores en Instagram.

Boicot económico
Todo ese arsenal de influencia global lo pone Vittar en su lucha por la igualdad de derechos en el país que ostenta desde hace años el récord de personas LGTB asesinadas, 420 el año pasado. “Mi música nunca tuvo letras activistas”, explica, “pero solo por el hecho de ser cantadas por una drag ya las convierte en una declaración política”. Lamenta que el año pasado, mientras millones de brasileños bailaban al son de sus pegadizas canciones, saliera elegido en las urnas Jair Bolsonaro, “un presidente racista y homófobo”. Antes de la primera vuelta de los comicios, decidió romper sus contratos con las empresas patrocinadoras que apoyaron en campaña al ultraderechista y ultraconservador.

Y no se calló. “Nunca resultó fácil, siempre fue horrible, pero no son solo las amenazas a la comunidad LGTB, es el genocidio negro [en referencia a los asesinatos de jóvenes negros], el aumento de feminicidios… Son cosas que no esperaba ver todavía en las noticias en 2019”. Esa actitud le ha costado caro: “Sufro boicots en radios, que han dejado de pinchar mis canciones, empresarios que ya no me llaman. Es muy triste”.

Como tantísimos de sus compatriotas, Vittar nunca conoció a su padre. Este abandonó a su madre cuando tenían ya una hija y estaba embarazada de gemelos: la cantante y su melliza. Pabllo Vittar es una diva que (por ahora) no se comporta como tal. No esquiva las preguntas, las responde entre risas o seria, depende del tema, pero siempre con su marcada voz de timbre femenino. Habla sin pudor. No asoma el temor a aventurarse a hablar sobre temas que van más allá de sus canciones, tan común en muchos artistas consagrados. Más celebrada por su puesta en escena que por su calidad vocal (no comparte el tono expansivo que suele caracterizar a las divas del pop), canta sobre amores y desamores y enarbola un discurso en el que anima a sus fans a no rendirse, a no dejarse intimidar, a convertirse en aquello con lo que sueñan. “Yo también he llorado de tristeza, de rabia”, confiesa.

Halagos de Caetano Veloso
Después de probar el éxito internacional, su nuevo disco supone también el debut de su música en otros idiomas. Canta en inglés y español además de portugués. Y, como siempre, el álbum llega lleno de colaboraciones con otros artistas. Lo mismo se une a un rapero como Emicida en una favela de Río de Janeiro que graba un provocador videoclip en Marruecos con su entonces amiga y ahora adversaria, la estrella del pop Anitta. Su colaboración más reciente ha sido con Charli XCX, cantante británica, a la que la crítica saluda como “una máquina de hacer hits”. Vittar deja claro que aunque ha tocado el cielo del éxito en Brasil (ha recibido hasta los parabienes de la leyenda de la música Caetano Veloso), el camino ha sido arduo: “Si estoy aquí es por mis fans, por mi trabajo, por Dios y por los que me ayudaron”. Un miembro de su equipo la describe como muy creyente. Es católica.

Tanto ella como la española Rosalía han coincidido en que les gustaría colaborar, pero ese deseo no se ha materializado hasta ahora: “Lo que nos falta es la música. Soy muy fan de ella y creo que con su regionalidad y mi regionalidad, tendríamos un choque cultural muy interesante”, dice la cantante brasileña. “Rosalía es mi diva”.

También adora RuPaul’s Drag Race, un concurso ‘reality’ estadounidense en el que se compite por ser la próxima superestrella drag. Desea que un día el programa llegue a Brasil. “Aquí hay ‘drags’ muy talentosas. ¡Fíjate en las chicas brasileñas, RuPaul!”, proclama ella, que tiene su propia comunidad organizada de seguidores, los 'vittar lovers'. Desde los ochenta, São Paulo acoge un concurso de ‘drag queens’.

“Uno de mis grandes sueños de niño era grabar un disco para cantar canciones compuestas por mí y, en cada letra, enviar un mensaje, como hizo Britney [Spears] en Blackout [su álbum de 2007]”, dice. La diva pop estadounidense es uno de sus referentes: mientras se apoya en la mesa para posar para la fotógrafa antes de la entrevista, tararea temas de Spears, aunque se define como una beyhive (como fan de Beyoncé que es).

En un país donde un payaso profesional como Tiririca lleva tres legislaturas de diputado, sorprende menos que otro parlamentario, el antiguo actor porno y exaliado de Bolsonaro, Alexander Frota, propusiera a esta famosa artista como ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos en sustitución de Damares Alves, pastora evangélica. A Vittar le parece mala idea: “Creo que [Frota] se equivoca. Quien debería estar ahí es una mujer competente, con ideas y propuestas coherentes que realmente cambien las vidas de las mujeres. ¿Sabes? Mi lugar es la música, maquillándome y con tacones”.

Se confiesa adicta al trabajo, “sin tiempo para afectividades”. Y le gusta descansar en familia del ritmo frenético: “Hay momentos en los que solo quiero quedarme tirada en el sofá con mi madre, comiendo cuscús con huevo”. Pero también disfruta jugando a videojuegos de realidad virtual. Ahora está entusiasmada con uno de terror en el que te defiendes a tiros de payasos que te persiguen para matarte.

Vittar explica que pasó por la androginia, cuenta que le gustaría echarse un novio más alto que ella y detalla cuándo se travistió la primera vez: “El día que cumplí los 18 años, me vestí de momia, con un top de vendas que copié de la portada de una revista de ‘high fashion’”. Para entonces había aparcado el sueño infantil de ser profesora de inglés o médico. Y ya solo quería ser cantante.

Siete años después, y tras consagrarse en su Brasil natal, se prepara para conquistar el resto del mundo.

sábado, 30 de diciembre de 2017

#hemeroteca #transexualidad | Brasil: Cielo e infierno de transexuales en un único país

Imagen: El País / Paula Beatriz Souza
Cielo e infierno de transexuales en un único país.
El colectivo ha sufrido en Brasil el mayor número de asesinatos a pesar de los derechos e hitos culturales logrados.
Tom C. Avendaño | El País, 2017-12-30
https://elpais.com/internacional/2017/12/30/america/1514663564_226952.html

Paula Beatriz Souza, de 42 años, se ha vuelto famosa ahora, tras casi década y media dirigiendo el mismo colegio público en las empobrecidas afueras de São Paulo, el cual, la verdad sea dicha, se ha convertido en sus manos en el mejor de la zona. En marzo, la Consejería de Educación de São Paulo publicó un comunicado homenajeándola por su trabajo en la Escuela Infantil Santa Rosa de Lima desde 2003. El documento subrayaba, sin inocencia alguna, otro detalle: Paula Beatriz es transexual. La primera y única, de hecho, en dirigir un colegio público en el corazón financiero de Brasil y seguramente hasta del país entero (no existe un censo oficial que lo confirme).

Entonces empezaron las invitaciones a la televisión, la radio y las entrevistas a periódicos. “La primera vez que fui a televisión fue una semana que tenía reunión de padres: se formó una fila para felicitarme por contar mi historia en público”, recuerda desde su despacho en la escuela, escondido tras un laberinto de administradores, archivadores, ordenadores de décadas pasadas y paredes desconchadas. Negra, alta como una estatua e inapelablemente seria, Paula Beatriz usa la voz solo para dar información pura y dura, de la emoción se encargan las manos, que puntualizan cada palabra y se cierran entre sí cuando acaba la frase. Pero al recordar aquella reunión, su cara refleja una expresión de orgullo: “No me ven como una transexual, me ven como la directora del colegio”.

La de Paula Beatriz es una historia de éxito y sus relatos, una pacífica victoria contra la homofobia tras otra. Por ejemplo: “A los diez, 11 años, me dieron unas pastillas que tenían que curar mi sexualidad y tenían efectos secundarios. Y recuerdo a mi madre tirándolas a la basura y diciendo, ‘Si me sale maricón, me salió maricón; si me sale travesti, me salió travesti. Pero loco mi hijo no va a salir”, recuerda.

Hubo otra transexual de 42 años que ganó notoriedad en Brasil los mismos días del mes de marzo: Dandara dos Santos, protagonista de un vídeo grabado con un móvil en el Estado de Ceará, al norte; en él, varios hombres la golpean, primero a patadas y luego con una tabla de madera. Cuando ya está cubierta de polvo y sangre, la suben a una carretilla. Según el acta policial, le pegaron dos tiros en la cara y la siguieron golpeando.

Ahora mismo en Brasil hay dos países en colisión: en uno, ser transexual es maravilloso; en el otro, una maldición. Y cuanto más avanza uno, más radical se vuelve el otro. Sigue una serie de titulares de 2017, año de un espectacular boom de avances e hitos culturales para el colectivo. Una sentencia del Tribunal Supremo permite que se cambien el nombre y el género en su documentación sin pasar por cirugía. En octubre, la telenovela de las ocho de la tarde, motor educativo de este país escaso en escuelas, tuvo a un transexual como protagonista y mostró, ante millones de espectadores, la transición de cuerpo de mujer a hombre. El fenómeno pop del año ha sido Pabllo Vittar, la ‘drag queen’ con más seguidores en Instagram en todo el mundo. La noche y las calles se han llenado de personas de todas las edades que le imitan. Hay por primera vez transexuales en la liga de voleibol y representando a escuelas de samba en el Carnaval de Río. La web Transempregos, que ofrece puestos de trabajo al colectivo, tenía 12 empresas en 2014; hoy son 46. “Cuando traemos a una artista drag internacional viene convencida de que está en un oasis”, explica Leonardo Polo, que organiza las fiestas de drag queens más concurridas de São Paulo. Y suspira: “Entonces tenemos que explicarle la realidad”.

Esa realidad es que Brasil es, desde 2015, el país donde más transexuales se asesinan en todo el mundo y aunque el triste honor se deba en parte al enorme tamaño de su territorio y población, lo alarmante es que cada vez se mata más. Según el Grupo Gay da Bahía, en 2016 fueron asesinados 144, un 22% más que en 2015, pero menos que 2017: ya vamos por 183 asesinatos. Récord histórico. Y para los que viven, la discriminación es tan salvaje que, según la Orden de Abogados de Brasil, el 82% abandona los estudios, lo que les marca toda la vida. “La cadena de exclusiones, en la familia, en la escuela, y en el mercado de trabajo al final culmina en que las opciones se reduzcan a la prostitución, al tráfico de drogas o a actuar en casas nocturnas”, lamenta Silvia Cavallere, vicepresidenta de la asociación União Nacional LGBT. En general, el tiempo medio de vida de un transexual brasileño es de 35 años, la mitad que un cishetero.

En otro país habría que viajar para ver polos tan opuestos. En Brasil, contradictorio por naturaleza, no hay ni que cambiar de código postal. A las puertas del Museo de Arte de São Paulo, una de las instituciones más prestigiosas de América Latina, en el centro de la ciudad, está Dannyele Cavalcante, de 27 años, rubia y con unas enormes gafas de pasta. Se fue de su Paraíba natal, al norte, porque allí a una transexual no le daban empleo. Ayudada por un nuevo programa del ayuntamiento, que la formó y la metió en una bolsa de empleo, ahora trabaja en el museo. Preguntada por el futuro, hace algo hasta ahora prohibido para alguien así en este país: ilusionarse. “Cuando acabe mi contrato aquí quiero ser trabajadora social, ayudar a mi colectivo”, sonríe. Ha llegado hasta aquí. Todo es posible.

Unas calles más allá está Anita, de edad y origen parecidos. Ella, sin embargo, ha acabado prostituyéndose. “¿Y qué vas a hacer, si has dejado tu casa, estás en São Paulo y tienes que pagar facturas?”, se defiende. No fue la primera transexual obligada a prostituirse contactada por este diario: Andie no llegó a su cita con el reportero y el fotógrafo porque el día antes, un cliente le había propinado una paliza que la llevó al hospital. Preguntada por el futuro, Anita insiste en que lo que quiere es salir de la calle. Se encoge de hombros y suelta una risita resignada. “Pero ya veremos. Todo está difícil y yo soy trans”.