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miércoles, 27 de febrero de 2019

#hemeroteca #trans | Quinceañeras

Imagen: El Diario / Lía García
Quinceañeras.
La semana pasada fui a una fiesta de quince años, aunque la cumpleañera los hubiera cumplido hace tiempo. Quizá porque a Lía García –artista, performer y activista trans– le hubiera encantado poder celebrarlo a sus quince reales en su natal México. Por entonces aún no había transitado. Por eso ahora su fiesta en Madrid tenía tanto de desquite, de revancha, de reparación.
Gabriela Wiener | El Diario, 2019-02-27
https://www.eldiario.es/zonacritica/Quinceaneras_6_872522780.html

La semana pasada pasaron algunas cosas, por ejemplo estuve comiendo en el puesto de comida de mi amiga K. Primero me habló, mientras me ponía una tierna y tibia empanada de carne, de ese chico del que estaba enamorada. Un tipo que en meses no se había dado cuenta de que ella era una mujer trans y que al descubrirlo había comenzado a comportarse raro, por ejemplo ahora solo se veían en su casa, ya no salían más, ni quería verla con sus amigos. De repente se ensombreció y cambió de tema. Me enseñó entonces el grafiti que le había dibujado un artista en una de las paredes de su puesto, en el que además de un montón de referencias folklóricas de su país había dibujado, a pedido de ella, a sus dos abuelos en medio de todo, a partir de una fotografía en la que los dos viejitos posaban al lado del mar, donde K había chapoteado en su niñez y había soñado con ser una sirena. Sonrió mirándolos.

También la semana pasada, una de las escritoras y activistas trans más lúcidas del movimiento feminista de este país, Alana Portero, había hablado de su abuela en Twitter, que "nunca supo que aquel preadolescente demasiado sensible y un poco raro que la buscaba tanto, era su nieta". Después del Eventazo, en el que Alana participó como una de las voceras del bloque de lesbianas del 8M, le llovieron los palos de siempre. En un mensaje le dijeron que debería haber un día de las mujeres trans separado del 8M, y mejor si coincidía con el aniversario de alguna muerta, "ya que siempre están diciendo que a las mujeres trans las matan y seguro tienen para elegir". Salvajadas de todos los días. Hubo también quien dijo que en el bloque bollero dejaban subir hombres. Alana tuvo que irse pronto del Eventazo porque tenía que cuidar a sus padres que están muy enfermos. Son dependientes y los cuida día y noche.

La semana pasada, decía, pasaron cosas realmente importantes. Fui a una fiesta de quince años, aunque la cumpleañera los hubiera cumplido hace tiempo. Quizá porque a Lía García –artista, performer y activista trans– le hubiera encantado poder celebrarlo a sus quince reales en su natal México, pero por entonces aún no había transitado, es que ahora su fiesta en Madrid tenía tanto de desquite, de revancha, de reparación. La decoración era la de una quinceañera, con globos rosas y estrellitas, y el vestido de Lía el de una princesa. En muchos países de Latinoamérica, esa celebración popular, de fondo patriarcal supone para quien cumple años un rito de paso, de niña a mujer, para comenzar a acatar lo que la sociedad tiene preparado para ella.

Después de bailar ‘Tiempo de Vals’ con los chambelanes, Lía sentó a su tía, una señora que había llegado especialmente de México para el ágape, en una silla en el centro de todxs. Se dedicó largos minutos a darle besos y abrazos, se sentó en sus piernas como una niña, se dejó mecer y arropar, diciéndole lo mucho que le agradecía que la quisiera como es, antes de ser la novia sirena, la performer, antes de que le dieran visa como migrante, antes de que le dieran un dni de mujer. Una voz en off iba contando que una de las cosas que más le duele de estar lejos de su tierra es no poder expresar toda su afectividad natural, abrazar, tocar a la gente porque aquí son muy fríos.

Lía dijo que estaba ahí para hacer de nuestras heridas perlas brillantes, como las que lloran las sirenas, y fue echando sobre la cabeza de cada una, un puñado de ellas. Pidió que llamáramos a nuestras muertas y ancestras con velas encendidas. Muchas dijeron, como mi amiga K, como Alana, el nombre de sus abuelas, de sus tías, de sus madres, invocaron toda esa corriente de feminidad, de vulnerabilidad y de resistencia que nos precedía y que en ese momento ella encarnaba, que nos guiaba a las otras en el camino contrario al odio, al rechazo, a las fobias, que hoy brotan de los lugares más inesperados, y nos fundíamos en comunión con esa esencia. Antes de partir la tarta de color rosa, muchas de las migrantes que estaban invitadas a la fiesta lloraban pensando en que lo que estaba pasando también era para ellxs una fiesta extemporánea pero que llegaba justo a tiempo.

Lía resignificaba la fiesta de la niña-mujer arquetípica proponiéndonos otro tipo de tránsito para su cuerpo surgido de los márgenes y los deshechos, como suele decir, hacia un lugar de sanación a través de un encuentro íntimo y afectivo que por un instante suspende el horror de la violencia transfóbica que le anula y niega el derecho a ser. No se estaba transformando para padecer el ser mujer, como las niñas quinceañeras, sino para celebrarlo con todas nosotras. Muchas quisiéramos ser ese tipo de quinceañera.

miércoles, 9 de mayo de 2018

#hemeroteca #ablacion | Nice Nailantei, la guerrera masái que quiere acabar con la mutilación genital femenina en Kenia

Imagen: El Diario / Nice Nailantei
Nice Nailantei, la guerrera masái que quiere acabar con la mutilación genital femenina en Kenia.
Nice Nailantei Leng’ete es la embajadora contra la mutilación genital de Amref Health Africa, ONG galardonada con el Princesa de Asturias de Cooperación 2018. Huyó dos veces de su ceremonia de mutilación genital y hoy es una destacada líder que ha salvado a unas 15.000 niñas de esta práctica. La revista ‘Time’ acaba de incluirla en su lista de las cien personas más influyentes del año.
Maribel Hernández | El Diario, 2018-05-09
https://www.eldiario.es/desalambre/kenia-mutilacion_genital_femenina-ablacion_0_769224276.html

Escapar era la única manera de convertirse en "la mujer de sus sueños". Nice lo hizo dos veces. A la misma hora. En torno a las cuatro de la madrugada. Después de la ducha con agua fría que precede al ritual a modo de anestesia. Escondida en el mismo árbol. La primera vez, con su hermana. La segunda, sola. "Sabía que si luchaba por mí, tal vez algún día podría hacer por otras chicas de mi comunidad lo que no pude hacer por mi hermana", cuenta a eldiario.es.

Aquella primera vez tenía ocho años. Hoy Nice Nailantei Leng’ete es una joven masái de 27 que no se imagina en ningún otro empleo que no sea el que realiza para Amref Health Africa, la ONG galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2018. Trabaja como promotora de unos ritos de paso alternativos, con comunidades masái y samburu de Kenia y Tanzania. En ellos no hay "corte", se bendicen libros.

En los últimos siete años, estiman que han salvado a unas 15.000 niñas de la mutilación genital femenina. Lejos de ser consideradas una vergüenza y deshonra para sus familias -estigma que Nice sufrió durante años- ahora son respetadas, prosiguen con sus estudios y no contraen matrimonio a edades tan tempranas. Ser la impulsora de este "movimiento", como ella lo denomina, la ha llevado a aparecer recientemente en el listado de las 100 personas más influyentes de 2018 de la revista 'Time'. El camino ha sido largo.

"Si lloras durante el 'corte' nadie se casará contigo"
Las Naciones Unidas calculan que alrededor de 200 millones de mujeres en todo el mundo han sido mutiladas genitalmente, una práctica que persiste en al menos 27 países africanos, pese a ser ilegal en muchos de ellos. El último en sumarse a esta tendencia ha sido Liberia, que anunció el pasado mes de enero su prohibición, aunque solo durante un año. Gambia y Nigeria ilegalizaron la práctica en 2015.

La mutilación genital femenina está prohibida en Kenia por ley desde 2011. Según la última encuesta nacional demográfica y sanitaria, su prevalencia es del 21% en mujeres de 15 a 49 años y del 11% entre los 11 y 15 años. No obstante, se trata de una tradición arraigada entre la población masái, donde el porcentaje de mujeres que la han sufrido supera el 70%.

En su aldea natal, Noomayianat, el rito de paso o ‘emuatare’ marca la transición de la infancia a la edad adulta: la extirpación del clítoris las convierte en "mujeres". Antes de su propia ceremonia, concebida como una celebración, las niñas asisten durante un tiempo como espectadoras en una especie de entrenamiento para "ver cómo las otras niñas son fuertes". Desde pequeñas se les inocula la idea de que no deben llorar. Por supuesto, tampoco desobedecer.

Nice lo estuvo viendo durante un año. "Quieren prepararte. No puedes llorar, ni siquiera debes moverte, tienes que ser fuerte. Si lloras durante el 'corte' entonces ningún hombre se casará contigo porque eres una cobarde", explica.

A ella, este entrenamiento le sirvió para entender lo que no quería. "Antes de mi ceremonia había visto morir a una chica por culpa de la circuncisión, recuerdo que sangraba mucho. La mayoría de las chicas de mi edad ya no volvían a la escuela, se casaban, por eso decidí dar ese paso y luchar".

La primera huida fue junto a su hermana mayor. Eran huérfanas y su tío había preparado el rito –son celebraciones muy costosas- para ellas y sus tres primas. Se escondieron en lo alto de una acacia durante más de dos horas. Cuando bajaron, caminaron 17 kilómetros hasta la casa de una tía materna.

"Nos dijo que estábamos creando problemas, que vendrían y nos pegarían a nosotras y a ella. Nos quedamos allí una semana. Mi tío llegó con un grupo de hombres, nos golpearon y amenazaron, que si no accedíamos a ser circuncidadas moriríamos, que traeríamos la vergüenza a toda la comunidad. Después de eso mi hermana me dijo que no podíamos estar siempre huyendo", relata.

La segunda vez escapó sola. Su hermana le prometió que no la delataría. A ella la mutilaron. Abandonó la escuela y a la edad de 12 años se casó con un hombre mayor. Tiene tres hijos. Nice lo escuchó todo desde el árbol. En esa ocasión, decidió ir a casa de su abuelo. Lloró. Era demasiado joven, quería estudiar. Le juró que se marcharía y jamás regresaría, que acabaría convertida en una niña de la calle. La mediación de su abuelo ante su tío fue determinante, la autoridad de los ancianos es incuestionable en las comunidades masái.

Y así, año tras año, consiguió ir posponiendo el momento y continuar en la escuela. Acabó el instituto y fue a la universidad. Nice cumplió su deseo, el precio fueron la soledad, las burlas y el rechazo: "Era un mal ejemplo".

Hasta que Amref Health África llegó a Noomayianat. Buscaban a una chica que supiera leer y escribir para participar en un programa de capacitación. A los ancianos no les quedó más remedio que elegirla. "No era la mejor opción, porque había desobedecido, pero era la única".

"Cuando los guerreros vieron que era mujer, se fueron"
Tras la experiencia, formada en temas de salud sexual y reproductiva, comenzó a trazar su plan para acabar con esta práctica entre los suyos. En él había una pieza esencial: los hombres. "En mi comunidad son los hombres quienes toman las decisiones así que por mucho que demos información a las mujeres y a las niñas necesitamos que ellos se involucren en nuestro trabajo", reconoce.

Decidió comenzar por los ‘morans’, los jóvenes guerreros masái, a quienes se les permite la poligamia. "Ellos son los futuros maridos, quienes te dirán que no puedes casarte por no estar circuncidada, por no considerarte una mujer". Tardaron dos años en consentir hablar con ella. "En mi primera reunión eran 14 y cuando vieron que yo era una mujer se levantaron y se fueron. Solo quedaron dos. Pero nunca me rendí", recuerda la activista.

Con el tiempo y la complicidad de algunos jóvenes pudo llegar a los ancianos, formar a hombres que hablaran con otros hombres y organizar debates abiertos, también con mujeres, en los que discutir cuestiones sobre desarrollo comunitario, VIH, educación sexual y poco a poco ir introduciendo el tema de la mutilación genital, el matrimonio forzado o los embarazos en adolescentes. Nice logró convencerles de que mutilar a las niñas no es bueno para el desarrollo, que es mejor educarlas.

Una vez comprendido el problema, sería más fácil encontrar solución. "Las soluciones tienen que venir desde la comunidad. Cuando les das la información y lo entienden, buscan las alternativas. Los ritos de paso alternativos surgieron desde la comunidad", comenta.

La alternativa: de extirpar el clítoris a los libros
El problema no es la ceremonia, sino la mutilación y las consecuencias de este acto sobre la salud y la vida de las mujeres. "Queremos conservar nuestra cultura, no estamos diciendo que todo sea malo", matiza. Los ritos de paso alternativos celebran la cultura y la identidad masái. "La fiesta es la misma, la comida, la cerveza tradicional, la gente baila, canta, llevamos los trajes rojos típicos, tan solo reemplazamos el corte por educación", explica.

"Durante tres días, reunimos a las niñas y las capacitamos en temas de salud, educación, derechos sexuales y reproductivos y después de este proceso tenemos la ceremonia. Se bendicen libros y reciben la bendición de los ancianos. Pero en el buen sentido, no para ir a cuidar a un marido o hijos sino para convertirse en personas importantes, en la persona que quieran llegar a ser", resalta con orgullo.

La activista reconoce que "no es fácil 100%". "Todavía hay chicas que escapan de sus familias y acuden a nosotras, tenemos la presión de otros hombres… Eso significa que aún hay mucho por hacer". En este sentido, Nice sueña con disponer algún día de un refugio donde poder acoger a las niñas que huyen.

"También quiero abrir una escuela para chicas y para empoderar a las mujeres, un lugar donde puedan recibir formación en actividades productivas que generen ingresos", proyecta. Por el momento, ya está trabajando en una academia para líderes. Cada año tiene previsto capacitar a 50 niñas de las distintas comunidades con las que trabaja para que se conviertan en modelos a seguir. "Necesitamos voces jóvenes, yo no puedo seguir siendo el modelo en los próximos 40 ó 50 años".

Veinte años después de la huida que hizo de ella un mal ejemplo para otras niñas, Nice Nailantei recorre el mundo como embajadora de la lucha contra la mutilación genital femenina. Los ancianos de su comunidad han reconocido su fortaleza otorgándole un ‘esiere’, el bastón negro que simboliza liderazgo entre los masái. Es la primera mujer en tenerlo. "Tenemos que celebrar las pequeñas victorias, apreciar los logros, por pequeños que sean. Así podremos hacer grandes cosas".

domingo, 11 de febrero de 2018

#hemeroteca #menstruacion | El delito nepalí de la menstruación

Imagen: El Diario / Chicas nepalís confeccionan compresas reutilizables en talleres
El delito nepalí de la menstruación.
Nepal ha decidido prohibir el 'chhaupadi', la tradición que segrega a las mujeres cuando tienen la regla, pero acabar con la tradición es una batalla que va más allá de las leyes. Tener la regla en zonas rurales del centro y el oeste de Nepal es sinónimo de ser obligadas a dormir en cobertizos donde corren muchos riesgos. "Sé que sucede cuando no se sigue el 'chhaupadi': si alguna mujer me toca cuando tiene la regla, vomito sangre", dice el chamán de una zona rural de Nepal.
Zigor Aldama | El Diario, 2018-02-11
https://www.eldiario.es/desalambre/delito-nepali-menstruacion_0_738426905.html

Ganga Kunwar todavía siente un escalofrío cada vez que recuerda la primera vez que tuvo la regla. No porque sintiese miedo ante el hecho biológico en sí, sino porque sabía que, por primera vez en casi 12 años, la iban a echar de casa.

"Ya me habían avisado mis padres de que tendría que respetar la tradición hinduista del 'chhaupadi' -que obliga a la segregación de las mujeres durante su menstruación- y que me recluirían en el 'goth' -como se llama a la pequeña chabola en la que son separadas de la familia-. Hacía frío y sentí terror ante la obligación de quedarme sola en ese cobertizo que no tenía ni puerta, así que me subí a un árbol y estuve encaramada a él durante cuatro días", recuerda ahora, con 30 años.

Del árbol la bajó su madre, que no le dio mayor importancia al asunto. "Pensó que tenía miedo y que era una chiquillada sin importancia", comenta Kunwar. Pero los habitantes de Payal, un pequeño poblado del distrito nepalés de Accham, se lo tomaron muy en serio. Creyeron que no había cumplido con la tradición y comenzaron a achacarle todos los males que sucedían.

"Si alguien se ponía enfermo, decían que la culpa era mía por no haberme quedado en el 'goth'. Si un tigre mataba al ganado, también", cuenta Kunwar.

"La primera vez que tuve la regla, me intentaron violar"
A su lado se ha reunido un grupo de mujeres que quieren compartir sus experiencias sobre el 'chhaupadi'. "La primera vez que tuve la regla, como el 'goth' estaba muy lejos de nuestra casa, un grupo de chicos me intentó violar. Si no hubiese sido por un hombre que me salvó, lo habrían logrado", afirma Basanti Bohara.

"A mí me tocó en invierno. Estaba en la montaña y hacía muchísimo frío. Así que tuve que encender una fogata que apagué cuando el humo apenas me dejaba respirar", añade Ganga Pariyar. El pasado día 8, una mujer de 21 años murió por inhalación de humo cuando estaba segregada.

En la aldea de Payal saben bien lo que eso supone. En 2012, dos jóvenes fallecieron en sus respectivos 'goth' y un grupo de mujeres -en el que se encuentran Kunwar, Bohara, y Pariyar- se rebeló contra el 'chhaupadi'.

"Decidimos destruir todos los 'goth' que había para que los hombres no nos pudiesen echar de casa", comenta Bohara. Pero el remedio terminó siendo peor que la enfermedad. Muchas familias, temerosas de que saltarse la tradición trajese mala suerte, una creencia alentada por los chamanes, decidieron continuar expulsando a las mujeres durante la menstruación. A falta de un cobertizo en el que resguardarse, estas se veían obligadas a dormir al aire libre.

La lucha por la erradicación del 'chhaupadi'
Fue entonces cuando diferentes organizaciones no gubernamentales actuaron. "Abrimos un diálogo con las autoridades locales para convencerles de que había que abolir esta práctica, que no solo va contra la Constitución y los Derechos Humanos, sino que pone en peligro la salud e incluso la vida de las mujeres", explica Lachhindra Maharjan, trabajador local de Save The Children.

Es una de las ONG que trabajan en Nepal para lograr la erradicación del 'chhaupadi', una práctica que incluye un amplio abanico de prohibiciones durante la menstruación: las mujeres no pueden tocar ni a los hombres ni alimentos o animales domésticos, y tampoco pueden acudir a rezar a los templos.

La estrategia surtió efecto en Payal y ahora el pueblo está orgulloso de haber logrado la etiqueta 'chhaupadi free' –libre de chhaupadi–. No obstante, un recorrido por sus callejuelas embarradas demuestra que todavía es fácil encontrar chamizos para la segregación de las mujeres.

Tres meses de cárcel por echar a una mujer con la regla
Algunas reconocen que la tradición es más fuerte que la ley, aunque muchas han encontrado una forma intermedia para cumplir ambas: separarse de la familia recluyéndose en una habitación vacía de la vivienda, que únicamente se utiliza para este propósito. "Es algo que también se hace en ciudades, incluso en la capital, Katmandú", reconoce Maharjan.

Los diputados nepalíes que actualmente debaten cómo articular la prohibición del 'chhaupadi', aprobada el año pasado y cuya entrada en vigor está prevista para el mes de agosto, tendrán que decidir, entre otras cosas, si esa alternativa es legal.

De momento, ya han anunciado que obligar a una mujer a ser segregada será castigado con hasta tres meses de cárcel y una multa de 3.000 rupias (25 euros). Se lleva así al Código Penal el dictamen del Tribunal Supremo, que ya en 2005 consideró ilegal esta tradición y exigió al Gobierno que iniciase los trámites para su prohibición.

"Es mejor que se muera en el 'goth' que tenerla en casa"
A pesar de todo, Namsara Thakulla continuará exigiendo a su nieta, Gita Thakulla, que se recluya en el 'goth' cuando tenga la regla. "Es mejor que muera allí que tenerla con el resto de la familia en casa", sentencia esta mujer de 65 años que se gana la vida adivinando el futuro en otra remota localidad de Accham.

"Si alguien muere durante el 'chhaupadi' es porque estaba destinada a ello. Pero no podemos enfurecer a los dioses, porque el resultado será mucho peor", afirma sin rubor alguno.

A unos 50 kilómetros, en Banyagadi Jaygath, el chamán Prem Bahadur Khadka promulga algo similar. "No estoy de acuerdo con la destrucción de los 'goth' a la que obligan algunos gobernantes. Yo soy partidario del 'chhaupadi' y sé que sucede cuando no se sigue: si alguna mujer me toca cuando tiene la regla, vomito sangre."

"Por eso, siempre que me preguntan, yo aconsejo que saquen a las mujeres fuera de casa para evitar tragedias", señala este hombre de 82 años que asegura haber sido poseído por un espíritu que le dio sus actuales poderes sanadores cuando tenía 25 años.

Puede parecer una broma, pero en el pueblo todos le toman muy en serio.

Curiosamente, su hijo es el responsable de acabar con el 'chhaupadi' en la zona. Rajendra Bahadur Khadka es el gobernador de esta municipalidad rural, un nuevo término administrativo que engloba diferentes aldeas. "Yo no soy mi padre", aclara cuando se incide en esta coincidencia. "El 'chhaupadi' ha sido abolido en su forma más cruel en un 90%, y creo que es una práctica que se debe regular", afirma, demostrando que no está en contra de la segregación de las mujeres. "Sacarlas fuera de la casa no es aceptable, pero separarlas en una habitación destinada a ello, sí".

Es lo que Khadka hace con su esposa. Cuando menstrúa, él no la toca ni come lo que ella cocina. "Estoy haciendo todo lo posible por cambiar mi mentalidad, pero este es un país hinduista con tradiciones muy arraigadas. Nuestro plan ahora es destruir los 'goth' para que en dos años no quede ninguno y abolir el 'chhaupadi' en la próxima década", explica el político.

Claro que, cuando dice abolir él se refiere a transformar la práctica en una versión más moderna y aceptable a los ojos del mundo. "Las cosas llevan su tiempo. Nepal será un país mucho mejor cuando nosotros y nuestros padres muramos", sentencia.

viernes, 19 de enero de 2018

#hemeroteca #ablacion | “Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”

Imagen: El País
“Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”
En Tanzania se practica la ablación con el pretexto de que el clítoris seguirá creciendo y matará al marido, para evitar supuestas enfermedades y por motivos económicos.
Flavia Olivia Farraces | Planeta Futuro, El País, 2018-01-19
https://elpais.com/elpais/2018/01/08/planeta_futuro/1515424791_575314.html

“Un día mis padres me dijeron: 'Te vamos a mutilar para que puedas conseguir un marido”, cuenta Janeth Ropi, de 12 años. La joven tanzana no dijo nada, pero lloró sin pausa durante todo el día. Tanto que sus padres se asustaron y creyeron que huiría. Por eso encomendaron a uno de sus cuatro hermanos varones que hiciese de centinela. Poco tiempo después llegó la 'ngariba' (mutiladora en suajili). Intentó escapar, pero su hermano y otros hombres del pueblo la atraparon. Su padre la golpeó con un cable eléctrico. Y la mutiladora se llevó para siempre su clítoris.

Janeth lo cuenta mirando hacia el suelo, musitando las palabras y esquivando los detalles dolorosos. Todo está aún muy reciente para esta joven masai. Ocurrió en noviembre de 2016. La encerraron en una habitación durante un mes mientras se recuperaba con otras dos chicas que también habían sido mutiladas. El dolor le impedía levantarse, hasta el punto de que una persona tenía que cogerla en brazos y llevarla hasta el aseo para hacer sus necesidades. Hoy todavía siente molestias cuando camina rápido. En Tanzania, la mutilación genital afecta al 15% de las mujeres, según Unicef, por lo que está considerado un país de baja prevalencia y uno de los que más ha avanzado en la lucha contra esta peligrosa práctica que puede provocar la muerte y deja una indeleble huella psicológica. Pero en la región septentrional de Manyara, de donde procede Janeth, rural y mayoritariamente poblada por la etnia masai, el porcentaje asciende al 50,8%, según las estadísticas gubernamentales del Tanzanian Demographic Health Survey.

Janeth prosigue. Días después, llegó un hombre de unos 30 años con una dote de dinero y vacas para escoger esposa entre las tres convalecientes. Cuando ella terminó de recuperarse, todavía no había elegido a ninguna. La joven juguetea con el collar, sin despegar la vista del suelo. Recuerda que ya había regresado a su hogar tras la ablación. Su casa no tenía puerta, tan solo una pila vertical de cestas tapando la entrada, que el hombre apartó fácilmente cuando se introdujo en ella por la noche. “Después de violarme, le llevó las vacas a mi madre”, explica. Ella es una de las 40 jóvenes que acoge la ONG Nafgem en el norte de Tanzania. Todas han sufrido la mutilación o escaparon de ella y permanecen con la organización hasta que sea seguro regresar con sus familias.

Una práctica secreta
El coordinador de Nafgem, Francis Selasini, explica que la ablación se sigue practicando “discretamente”, a pesar de que está prohibida por ley desde 1998. A veces como parte del bautizo o de la comunión, incluso en recién nacidas, y otras en niñas más mayores como forma de prepararlas para un matrimonio temprano. “Hay mucha ignorancia sobre sus consecuencias: cuando una niña muere desangrada tras ser mutilada, las familias no conectan ambos eventos. Creen que se trata de mal fario y se han dado casos de padres que se deshacen de los cuerpos de sus hijas abandonándolos entre los arbustos para que los coman las hienas”, apunta.

Los argumentos para mutilar a una joven son muy variados. Desde que sea aceptada socialmente hasta preservar su castidad o la creencia de que puede prevenir una infección llamada lawa-lawa que, en realidad, puede ser evitada con una mayor higiene. Otras veces, el motivo puede ser tan pragmático como la necesidad de reunir una dote para uno de los hijos, como le ocurrió a Leah Mollel, de 24 años. Sus padres le presentaron a su futuro marido, un hombre de 45 años que había ofrecido 500.000 chelines tanzanos (casi 190 euros) y diez vacas para desposarla. Su familia quería usar esa dote para que el hermano de Leah pudiera, a su vez, encontrar una esposa. Pero la razón de fondo es controlar la sexualidad de las mujeres, socavar su placer.

En algunos lugares sobreviven incluso creencias tan exóticas como que si el clítoris no se secciona, seguirá creciendo y matará al marido durante el acto sexual. La explicación que dieron sus padres a Nagalal Territho, de 22 años, es que así no se convertiría en una prostituta. La noche anterior a que eso ocurriera decidió adueñarse de su destino y huyó. Tenía miedo porque había visto morir a una amiga suya por ese motivo. “Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”, sentencia Nagalal.

En Tanzania, las mujeres son, con frecuencia, una moneda de cambio, un medio para conseguir dinero o ganado. Pero la resuelta y enérgica Nagalal tenía muy claro que quería estudiar y hoy se prepara para ser diseñadora de moda. La lucha contra la ablación de Nafgem no acaba cuando protegen a las víctimas, sino que también implica educar a los perpetradores: las familias, los líderes de la comunidad y las mutiladoras. La psicóloga de Nafgem, Beatha Lyamuya, explica que, tras ser sometidas a la mutilación, las niñas pierden la confianza en sus progenitores y el vínculo no siempre es fácil de reparar. “Al principio los padres no comprenden que hayan hecho algo mal, pero cuando hablamos con ellos la mayoría termina disculpándose con sus hijas”, señala. Solo cuando se comprometen a no mutilarlas y a dejar que estudien, pueden volver a convivir con ellas.

El retorno de las jóvenes a sus comunidades no es sencillo. La mayoría no ve con buenos ojos a quien ha osado desafiar el ‘status quo’. “Algunos les echan la culpa de lo que ha pasado y les dicen que nadie querrá casarse con ellas”, apunta Lyamuya. Pero sus familias no se atreven a imponerles de nuevo su voluntad, porque tienen miedo de que les denuncien ante las autoridades si lo hacen. Para evitar que, como Nagalal y Leah, las jóvenes puedan huir de la mutilación, la intervención se practica cada vez más temprano, incluso a recién nacidas.

La pequeña Evaline Kaipai, de siete años, tuvo suerte de que su hermana Ruti, de 25, la ayudara a huir. Ahora Evaline está interna en un colegio, donde estudia y juega como le corresponde por su edad. Su padre nunca la llevó a la escuela porque decidió era mejor que ayudara a su madre en el hogar. Para llegar hasta el centro hay que subir por la falda del Kilimanjaro, atravesando frondosos bananos, aguacateros y cafetales. Un rincón poco accesible donde está a salvo de los que quisieron robarle la infancia.

Mutiladora, un oficio prestigioso
En Tanzania, la mutilación no se produce en un entorno clínico, como ocurre en países como Egipto, sino que corre a cargo de mujeres que, paradójicamente, también ejercen como parteras. Martha Daudi, de 66 años, es consciente ahora de los riesgos. Hace 12 años que decidió enterrar la cuchilla. Esta mujer voluminosa, sonriente y vivaracha aprendió observando a otras mutiladoras y reconoce que lo hacía por el “prestigio” del que disfrutan estas practicantes. “La gente se quedaba admirada al ver a una joven tan valiente como para practicar la mutilación”, rememora. Se ganaba muy bien la vida, explica, cobrando 30.000 chelines (poco más de 11 euros) por cada intervención. “No he pedido perdón a las jóvenes que mutilé, pero me gustaría”, reconoce.

Ahora sus ingresos proceden de los cuencos, pendientes y pulseras, entre otras piezas de artesanía que fabrica con coloridas cuentas en un taller de Nafgem en Likramuni, a 60 kilómetros al sur de la ciudad de Moshi. Las pulseras son comercializadas en España por la ONG Mundo Cooperante, que apoya la labor de Nafgem en Tanzania. De esta forma, las mujeres encuentran incentivos económicos para dejar esta perniciosa práctica. Ana Lemri wa Miaka, de 83 años, ensarta cuentas con agilidad junto a Martha. También fue mutiladora, pero no añora su antigua vida. “A las chicas no se les permitía quejarse, se les decía que tenían que ser fuertes”, recuerda. Cuando Nafgem le explicó que su actividad podría costarle el ingreso en prisión o incluso aumentar sus posibilidades de contraer el sida al estar en contacto con sangre, decidió dejarlo.

La temporada alta de la mutilación tiene lugar durante las vacaciones de verano o de diciembre, cuando las jóvenes regresan de los colegios donde están internas y hay tiempo suficiente para organizar los preparativos. Los días previos a la mutilación suelen tener un aire de bullicio ajetreado, por lo que las jóvenes deben estar atentas para zafarse. La impunidad para mutilar a una joven en Tanzania cuesta 300.000 chelines (112 euros). Esa es la cantidad para eludir la pena de entre cinco y 15 años de cárcel que prevé la legislación para quienes mutilen o permitan que se mutile a una joven, lo que incluye no solo a las perpetradoras, sino también a las familias. Pero la norma solo se aplica a las menores de edad, dejando desprotegidas a las mujeres adultas, que también sufren esta práctica.

La amputación del clítoris es el doloroso rito de pasaje hacia la madurez. La señal de que la mujer está lista para casarse. Por eso mutilación y matrimonio infantil se dan la mano. El jefe masai de Likramuni, Salome Mollel, de 87 años, admite que como líder de la tribu, solía casar a niñas de ocho con hombres en la veintena, y a las de 12 años con varones de hasta 60. En la cultura masai, los hombres pueden tener varias mujeres, por lo que estas crías podían convertirse en segundas, terceras o cuartas esposas. “La niña tenía que cumplir con sus deberes de esposa le gustase o no. Y si se resistía a consumar el matrimonio, el marido tenía la potestad de violarla”, reconoce Mollel.

La violación dentro del matrimonio sigue siendo legal en Tanzania. Al igual que el matrimonio infantil, a partir de los 14 años con permiso de un juez o de los 15 años con consentimiento de los padres. Aunque la Corte Suprema de Tanzania anuló en julio de 2016 los artículos que permitían el matrimonio infantil, la legislación todavía no ha sido modificada. Una vez casadas, los abusos eran constantes. El marido podía humillar, ridiculizar o golpear a su joven esposa como si fuese de su propiedad. Y si la mataba, “las familias de ambos se reunían y los parientes del marido entregaban 49 vacas a los de la mujer y la deuda quedaba saldada”, detalla Mollel. Pero cada vez más mujeres se niegan a que su valor se mida en vacas.

sábado, 9 de diciembre de 2017

#hemeroteca #fiestas | El origen de la Navidad: una lucha entre lo religioso y lo pagano

Imagen: El País / Iluminación 'navideña' en Donostia
El origen de la Navidad: una lucha entre lo religioso y lo pagano.
Es una fiesta religiosa en la que los cristianos celebran el nacimiento de Jesús. Aunque, si se investiga un poco más, su origen se pierde en la antigüedad.
Guillermo Altares | El País, 2017-12-09
https://politica.elpais.com/politica/2017/12/08/sepa_usted/1512736033_713696.html

La Navidad se ha convertido en una fiesta en la que se mezclan las tradiciones de muchos orígenes con el consumismo desatado que, pese al auge del comercio electrónico, sigue atascando las ciudades. Las luces, los árboles, las compras, los mercadillos y las cenas de empresa tal vez no dejan ver el bosque: la Navidad es una fiesta religiosa, en la que los cristianos celebran el nacimiento de Jesús. Aunque, si se investiga un poco más, su origen se pierde en la antigüedad, en las primeras y remotas creencias humanas a las que a lo largo de los siglos se han ido incorporando nuevas tradiciones. La Navidad ha sido desde el Imperio romano una lucha entre elementos religiosos y paganos, entre lo festivo y lo litúrgico, que se prolonga hasta nuestros centros comerciales.

¿Por qué celebramos la Navidad en diciembre?
El solsticio de invierno es la noche más larga del año y, a la vez, el momento en el que los días comienzan de nuevo a crecer, una victoria simbólica del sol sobre la oscuridad. Tiene lugar entre el 21 y el 22 de diciembre y se celebra desde tiempos inmemoriales. El historiador Richard Cohen relata en su libro ‘Persiguiendo el Sol. La historia épica del astro que nos da la vida’ (Turner) que “prácticamente todas las culturas tienen una forma de celebrar ese momento”. “El aparente poder sobrenatural para gobernar las estaciones que se manifiesta en los solsticios ha inspirado todo tipo de reacciones: ritos de la fertilidad, festivales relacionados con el fuego, ofrendas a los dioses”, sostiene Cohen. En esa misma época del año, a mediados de diciembre, se celebraban en la antigua Roma las Saturnales, una fiesta en la que se ofrecían regalos, pero también se intercambiaban los papeles sociales, una mezcla entre nuestra Navidad y el Carnaval.

¿Qué ocurrió el 25 de diciembre?
“La Navidad fue fijada el 25 de diciembre por el emperador Constantino, porque en esa fecha se celebraba la gran fiesta solar en Roma”, explica Ramón Teja, catedrático emérito de Historia Antigua en la Universidad de Cantabria, especialista en historia del cristianismo y presidente de honor de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones. Así el emperador que convirtió el cristianismo en la religión del Imperio romano, que gobernó entre 306 y 337, identificaba de alguna manera su figura con la divinidad aprovechando el antiguo Festival del Nacimiento del Sol Invicto. “Fue una fusión del culto solar con el culto cristiano”, prosigue Teja.

¿Entonces no nació Jesús en Navidad?
No existe ninguna información sobre la fecha de nacimiento de Jesús. La inmensa mayoría de los expertos sostienen que fue una figura histórica, pero, al igual que sí se conservan datos sobre su muerte —que fue crucificado por Roma en Jerusalén durante la pascua judía—, su nacimiento es un profundo misterio. “El único dato histórico es que reinaba todavía Herodes I, por lo que el cálculo del año cero estaba equivocado, habría que adelantar cuatro o cinco años”, explica Ramón Teja, ya que Herodes el Grande murió en el año 4 antes de nuestra era.

El periodista de El País Juan Arias, uno de los grandes conocedores de la figura de Cristo y profundo divulgador de la historia cristiana a través de libros como ‘Jesús. Ese gran desconocido’, escribió: “La leyenda del nacimiento de Jesús es silenciada por dos de los cuatro evangelios canónicos: el de Marcos, considerado el más antiguo, y el de Juan. Ellos inician el relato de la vida de Jesús cuando era ya adulto”. La revista ‘National Geographic’ ha publicado en su número de diciembre un amplio reportaje sobre las certezas arqueológicas en torno a Jesús, firmado por Kristin Romey y fotografiado por Simon Norfolk, que se pronuncia en el mismo sentido. “La Iglesia de la natividad en Belén es el templo cristiano más antiguo todavía en uso, pero no todos los expertos creen que Jesús de Nazaret naciese en Belén. La arqueología guarda silencio sobre el asunto”, escribe Romey. El relato del pesebre y de los pastores aparece en Lucas; los Reyes Magos, la masacre de los inocentes y la fuga a Egipto, en Mateo. “Es una interpretación teológica a posteriori”, explica Ramón Teja. “Se trata de una forma de indicar que desciende de la tribu del rey David, que procedía de Belén”, agrega.

¿Y cuál es el papel de los Reyes Magos en esta historia?
El relato de la visita de los magos con sus regalos —un momento conocido como la Epifanía— sólo aparece en el Evangelio de Mateo. La inmensa mayoría de los historiadores considera que Gaspar, Melchor y Baltasar tienen una función muy importante en la tradición cristiana porque, como explica Teja, “los reyes que vienen a visitarle son paganos, no judíos, y son los primeros que le reconocen como un descendiente de la estirpe de David, como rey y como dios”. De hecho los cristianos de Oriente siguen conmemorando la Navidad el 6 o el 7 de enero. Tiene que ver con las diferencias entre calendario juliano y el gregoriano, pero también con el hecho de que en Oriente se mantuvo durante siglos la Epifanía como el momento clave de esta fiesta. Su asociación con regalos es mucho más tardía y comienza a finales del XIX, aunque su presencia en nuestra cultura es enorme: la primera obra teatral castellana de la que existe constancia es el ‘Auto de los Reyes Magos’, del siglo XII. En otros países también se celebra: en Italia, por ejemplo, el 6 de enero viene una bruja buena, la Befana —palabra que procede de Epifanía—.

¿Cómo cuadra Papá Noel en todo esto?
El viaje de Papá Noel o Santa Claus hasta nuestra Navidad es largo y tortuoso. Los más radicales entre los protestantes, los puritanos, prohibieron la Navidad porque consideraban, tal vez con cierta razón, que era una fiesta que se estaba paganizando. Además, el protestantismo defendía la iconoclastia, estaba en contra de la representación de figuras sagradas, lo que no cuadraba mucho con las tradiciones navideñas. El Parlamento británico prohibió las Navidades en 1644 y no fueron restauradas hasta 1660.

Los puritanos fueron los primeros colonos de América del Norte y se llevaron aquellas costumbres: en Boston también prohibieron las fiestas entre 1659 y 1681. Pero, poco a poco, la Navidad fue renaciendo en el Nuevo Mundo, aunque decidieron buscar su propio camino para diferenciarlas de las fiestas católicas. Así se acordaron de un viejo santo, San Nicolás. “Santa Claus es una figura muy cristiana”, explica Diarmaid N.J. MacCulloch, profesor de Historia de la Iglesia en el Saint Cross College de Oxford. “El nombre es una traducción holandesa de San Nicolás. Otra cosa es que realmente existiese: era un santo de Mira, en lo que es hoy Turquía, y su leyenda incluía la historia de que resucitó a tres niños asesinados, de ahí su conexión con la infancia”. La importancia cultural que Estados Unidos ha ido adquiriendo en nuestras sociedades hizo el resto: Papá Noel comenzó a colonizar las fiestas durante el siglo XX. El gran antropólogo francés Claude Levi Strauss escribió un pequeño ensayo sobre este proceso, ‘El suplicio de Papá Noel’. Según su teoría, la clave no estaba en el prestigio de EE UU, sino en “la función práctica de los ritos de iniciación”, en este caso, enseñar que las buenas acciones tienen recompensas, regalos a cambio de portarse bien.

¿El árbol de Navidad es también una invención de Estados Unidos?
El abeto de Navidad también realizó un viaje extraño desde Europa hasta Estados Unidos y vuelta, pero no es en absoluto una invención americana. Al revés, como Santa Claus, es una exportación. En este caso, como ocurre con los solsticios, el culto a los árboles se pierde en las profundidades de nuestras tradiciones culturales y religiosas. Sin embargo, como explica el profesor MacCulloch, “el árbol de Navidad es una tradición más cristiana de lo que piensa la gente”. “Todas las religiones utilizan a los árboles como símbolos y es un elemento esencial en la historia del Génesis. Los primeros árboles de Navidad decorados que conocemos son de Alemania en el siglo XVI, en la época de la Reforma. El propio Martín Lutero alentó esta costumbre”, prosigue el profesor de Oxford. De nuevo, una tradición relacionada con el protestantismo –el árbol de Navidad evita las representaciones de figuras sagradas– cruza el Atlántico y vuelve convertida en un símbolo universal. En España convive pacíficamente con la representación máxima de nuestra Navidad: los belenes.

¿Cuándo comenzamos a montar belenes?
El primer belén aparece en una leyenda: en la noche del 24 de diciembre de 1223, san Francisco de Asís organiza en una cueva del pueblo de Greccio un belén viviente y la figura del niño acaba por convertirse en el verdadero Jesús. Este milagro fue plasmado por Giotto a finales del siglo XIII en uno de los frescos más famosos de la historia del arte, que puede contemplarse en la Basílica Mayor en Asís.

Para el relato de la historia de los belenes hemos recurrido a la erudición de Antonio Basanta, vicepresidente y patrono de la Fundación Sánchez Ruipérez, pero, sobre todo, dueño, junto a su esposa, Teresa Martín, de una de las mayores colecciones del mundo, una parte de la cuál puede verse estos días en la Casa del Lector del Matadero de Madrid. La colección Basanta-Martín se compone de 25.000 piezas, 4.000 conjuntos de belenes, todos realizados por artesanos en activo. “Es un fenómeno universal, indisociable de la cultura española”, explica Basanta, que acaba de publicar el ensayo ‘Leer contra la nada’. “Para organizar su belén, San Francisco tiene que pedir una dispensa papal, porque Roma los había prohibido en el siglo XIII ya que a través de los pastores se colaban elementos paganos. Eso quiere decir que es un fenómeno que ya existía antes”, explica Basanta.

El belén más antiguo de España se encuentra expuesto en una capilla de la Iglesia de La Sang de Palma de Mallorca y es de 1480, obra de los hermanos Alamanno. Desde Murcia hasta Nápoles, pasando por Barcelona o por la plaza Mayor de Madrid, los belenes ocupan un espacio enorme en nuestro imaginario colectivo. En las calles del casco histórico de Nápoles pueden comprarse figuras de Berlusconi o Maradona, santificadas en cierta medida a través de su conversión en barro, y en los mercados de Cataluña los famosos caganer —que, explica Basanta, provienen de la Edad Media y simbolizan el abono de la tierra— se encarnan en los personajes de la temporada. Este año, inevitablemente, se han agotado los Puigdemont y Josep Lluís Trapero. De nuevo, lo celestial y lo terrenal se funden en unas fiestas que resumen una parte importante del camino largo e inagotable de la relación humana con lo divino. Y nos hemos dejado fuera a Scrooge y los fantasmas de la navidades presentes, pasadas y futuras, y las luces, y ‘Qué bello es vivir’ y ‘Love actually’…

viernes, 27 de octubre de 2017

#hemeroteca #homosexualidad #adolescencia | Disney hace historia con su primer personaje gay

Imagen: El País / Protagonistas de 'Andi Mack'
Disney hace historia con su primer personaje gay.
La serie infantil ‘Andi Mack’ trata el tema de la homosexualidad.
Irene Crespo | El País, 2017-10-27
https://elpais.com/elpais/2017/10/26/gente/1509036036_329011.html

En cine, televisión y literatura las historias que tratan sobre el paso de la infancia y la juventud a la edad adulta son tan frecuentes que se ha diferenciado un género con nombre propio: el ‘coming-of-age’. Literalmente, algo así, como el paso de edad. De ‘Harry Potter’ a ‘El Rey León’ pasando por ‘Grease’ y sus cumbres como ‘Boyhood’ o ‘Quédate conmigo’ son algunos de los ejemplos en gran pantalla. Entre las series también ha sido, y cada vez lo es más, un argumento muy frecuente (véase ahora 'Stranger Things') y, en concreto, en un canal como Disney Channel, cuya audiencia principal está entre los nueve y los 16 años, las tramas alrededor de la idea de crecer y de autodescubrirse se ven aún más.

'Andi Mack' es una de esas series, de las más recientes, que habla del paso de edad en el canal de Disney: protagonizada por una niña de 13 años, Andi, que intenta pasar la adolescencia sin traumas apoyada por sus tres mejores amigos, dos chicos, Cyrus y Joshua, y una chica, Buffy. Hasta aquí y hasta ahora todo normal y muy visto, pero la gran novedad presentada este jueves por la cadena llegará el viernes en el estreno de la segunda temporada cuando uno de los amigos, Cyrus, descubra sus sentimientos románticos hacia otro chico. Aunque no será el primer personaje gay de la cadena, sí es la primera vez que retratan el descubrimiento de la identidad sexual en una serie infantil y hablarán de cómo el protagonista realizará ese viaje.

“’Andi Mack’ es una historia de preadolescentes descubriendo quiénes son”, ha explicado Disney Channel. “El creador Terri Minsky, el reparto y todo el equipo tiene mucho cuidado en asegurarse que es apropiado para todas las audiencias y que manda un mensaje potente de inclusión y respeto por la humanidad”.

Para introducir la historia y hacerlo de la manera más adecuada, los creadores hablaron con distintas asociaciones LGBTQ, como GLAAD, la alianza de gays y lesbianas contra la difamación que vigila los mensajes sobre el colectivo en los medios americanos y promueve la igualdad. “'Andi Mack' está reflejando las vidas y las experiencias vividas de muchos jóvenes LGBTQ alrededor del país”, dijo tras la presentación Sarah Kate Ellis, presidenta y CEO de GLAAD. “La televisión refleja la vida del mundo real y hoy eso incluye jóvenes LGBTQ que merecen ver sus vidas representadas en sus series favoritas”.

Estrenada en EE UU el pasado mes de marzo, ‘Andi Mack’ fue un éxito instantáneo entre su público objetivo (niñas de una edad media de 10 años) y número uno de su franja horaria entre niños de seis a 14 años, además de mantenerse entre los primeros puestos en las plataformas de ‘video on demand’ del canal. Por lo que los colectivos LGBTQ valoran aún más este paso histórico con ese potencial de alcanzar a una gran audiencia especialmente sensible.

“Declararse gay requiere un acto de autorreflexión honesto, una gran valentía y un lugar seguro con al menos una persona de confianza”, dijo también Jaime Grant, director de PFLAG, la organización LGBTQ más grande de EE UU, también contactada por los creadores como asesores. “Y el equipo de ‘Andi Mack’ ha capturado este momento de revelación con cuidado y autenticidad. Será recordado como un gran momento para algunos, y enseñará mucho a otros”.

sábado, 1 de julio de 2017

#hemeroteca #cine #homosexualidad | Negro y homosexual, tabú en Sudáfrica

Imagen: El País / Fotograma de 'The Wound', con Nakhane Touré en primer plano
Negro y homosexual, tabú en Sudáfrica.
‘The Wound’, que ilustra amores gais y el rito de la circuncisión dentro de la tribu Xhosa, gana el Cinema Jove de Valencia.
Gregorio Belinchón | El País, 2017-07-01
https://cultura.elpais.com/cultura/2017/07/01/actualidad/1498934009_388439.html

"Estaba interesado en explorar lo que ocurre cuando un grupo de hombres se reúne y se organiza fuera de la sociedad y de los códigos de la vida cotidiana", contaba hace una semana en Valencia el director sudafricano John Trengove, cuyo primer largo, ‘The Wound’, ganó anoche el certamen Cinema Jove. Y sí, su película habla de esa confraternización, pero va más allá, mucho más allá, para ilustrar una relación homosexual y el rito de la circuncisión, ‘ukwaluka’, dos de los tabúes más grandes que existen en la sociedad negra sudafricana, en concreto en la tribu Xhosa. Como confirmaba Trengove, “representarlo de la manera en que lo hacemos es polémico; sabíamos desde el principio que podría provocar reacciones fuertes de parte de los tradicionalistas”.

Hasta ahora no se había mostrado la circuncisión en la gran pantalla, un rito secreto rodeado de gran silencio —y con muertes por falta de higiene o hemorragias— que en los xhosa marca el final de la adolescencia y el inicio de la madurez, como el mismo Nelson Mandela, perteneciente a esta tribu, recordaba en su biografía ‘Un largo camino hacia la libertad’: “Recuerdo caminar más recto aquel día, más alto, más firme”. El protagonista, Xolani (encarnado por Nakhane Touré, conocido artista y roquero xhosa, además de activista gay), es un cuidador-guía de los chavales que tras ser circuncidados pasan unos días con él en el campo. Este evento anual le sirve para reencontrarse sexualmente con su amigo de la infancia, Vija, que vive casado en Johannesburgo. Una especie de ‘Brokeback Mountain’ que deviene en ‘Moonlight’ cuando aparece un joven chaval en el rito, al que su padre acusa de blando y del que Xolani descubre su homosexualidad oculta. El tercer vértice del triángulo tensará la situación hasta un estallido de violencia.

Trengove, blanco, recurrió al novelista xhosa Thando Mgqolozana, que ya había publicado una novela sobre el ritual, para coescribir con precisión el guion. “Recurrimos a actores xhosa, incluso a no profesionales, para darle verosimilitud a la historia. Algunos de los protagonistas fueron amenazados de muerte”, asegura el cineasta, candidato al Emmy internacional por la miniserie ‘Hopeville’.

lunes, 13 de febrero de 2017

#hemeroteca #titosdepaso | Las fiestas latinas de 15 años arrasan en España

Imagen: El País / Alejandra Zapata
Las fiestas latinas de 15 años arrasan en España.
Inmigrantes de segunda generación mantienen viva la celebración con más purpurina de América.
Patricia Gosálvez | El País, 2017-02-13
http://politica.elpais.com/politica/2017/02/07/actualidad/1486485272_700545.html

El vestido –un jolgorio azul y malva de tul, pedrería y satén– ocupa todo el suelo disponible en la pequeña habitación. Metros de tela tornasolada se pliegan entre la cama poblada de peluches y la mesa donde se amontona el maquillaje. Alejandra Zapata está en esa frágil edad en la que los ositos conviven con el rímel. Hoy es su fiesta de quince años, el rito de paso de niña a mujer fundamental en la cultura popular latina. Se celebra a golpe de lentejuela y purpurina desde México hasta Argentina, de Bolivia a Ecuador. Pero Aleja vive en Getafe, una ciudad del cinturón industrial de Madrid. Sus padres (ella en paro, él encargado de un pub) llegaron de Colombia hace 18 años. La quinceañera nació en España, aunque habla con el deje paisa de quien acaba de aterrizar. Celebrar sus quince como en la tierra que solo ha conocido de visita es “un sueño”, dice, colocándose la tiara. Hay que irse, acaba de llegar la limusina blanca. En una nave de un polígono cercano –las paredes recién pintadas de fucsia– esperan un centenar de invitados.

Muchos españoles oyeron hablar por primera vez de las fiestas latinas de quinceañera el pasado noviembre cuando al cumpleaños de Rubí, una adolescente de San Luis Potosí (México), acudieron 30.000 personas tras hacerse viral un vídeo del padre invitando a todo el que lo viese. Sin embargo, cada fin de semana, en el extrarradio de ciudades de toda España, las comunidades latinas también las celebran, aunque casi nadie fuera de ellas lo sepa. Tanto es así que en los últimos años han surgido empresas que se dedican exclusivamente a montar fiestas de quince para inmigrantes con toda la pompa de una boda, cientos de invitados y presupuestos de miles de euros.

La nave donde aparca la desubicada limusina de los Zapata está rodeada de desguaces. Un almacén de azulejos, una fábrica de tacómetros. Calles mal asfaltadas y completa oscuridad. Tras una anodina puerta de hojalata corrugada, un montón de trastos y dos chicas congeladas que fuman vestidas de gala. Otra puerta metálica y detrás, un mundo paralelo de luz, color y sacarosa con un punto desangelado. Un trono envuelto en tul, flores de plástico, dos tartas (una gigante de mentira, otra deliciosa, de verdad), globos, la maqueta de un castillo, palomitas de maíz. En una esquina, la señora Luz, ecuatoriana, tiene un carrito de bebé lleno de dulces latinos –‘chupeticos’, Frunas, caramelos de leche miel–, en la otra, el dj pincha bachata, cumbia, ‘reggaetón’. Del centenar de invitados (mitad adolescentes, mitad adultos), solo hay media docena de españoles. Como Luis, tío de la niña, que va en vaqueros. “Es todo un poco excesivo, pero hay que respetar”, dice. La fiesta tiene sus hitos: el vals, los discursos... La madre pinta los labios de la niña de rojo, el padre le quita las chanclas para calzarle unas sandalias de tacón plateadas. Sin embargo, lo importante de la fiesta no parece tanto el arcaico rito de iniciación (padres y adolescentes afirman que con 15 las niñas siguen siendo niñas), ni los roles de género tan marcados. Lo que aquí se celebra es el apego a la comunidad.

En el centro de la nave hay un arco decorado con flores. “Todo rito de paso tiene un umbral”, explica Luisa Sánchez Rivas, sociolingüista especializada en “liminalidad”. El “palabro” (sobre el que se celebran hasta congresos) define la fase intermedia del rito de paso: la transición de un estado a otro. Viene del latín “limen”, umbral, y es el concepto de moda para describir la identidad en tránsito de las culturas híbridas nacidas de los movimientos migratorios. Porque en esta fiesta hay dos umbrales. Por un lado, está el arco de flores, que la niña atraviesa para convertirse simbólicamente en mujer; pero por otro está el umbral abstracto de la identidad cultural en el que viven los inmigrantes de segunda generación. "Son españoles y no lo son", explica la sociolingüista, "identitariamente habitan un lugar intermedio entre el país de origen de sus padres y el país de destino donde ellos se han criado”.

Para el intruso, lo más chocante no es lo que pasa, sino que esté pasando aquí, a espaldas de la ciudad. Esta alegría, este exceso, esta autenticidad, cada fin de semana, a un cuarto de hora de la Gran Vía. En la oscuridad del polígono se conjuran Medellín, La Paz, San Luis Potosí, para crías que han nacido en Getafe, en Usera, en Vallecas pero hablan, bailan y se sienten tanto de allí como de acá.

Imagen: El País / El novio y amigos de Alejandra
Los amigos de Aleja hoy son damas y caballeros de su corte de honor. Ellas, uniformadas de blanco con vestidos cortos y largas melenas. Ellos, de negro, con corbatas rosas y tupés perfectos coronando sus “degradados”, un peinado cuidadosamente afeitado de menos, en la nuca, a más, en la coronilla (“un look chulo, bien ‘bacano’”, aseguran). Todos son hijos de inmigrantes y muchos, como Aleja, conservan el habla de donde no nacieron. Juliana, 25 años, hermana mayor de la quinceañera, llegó a España de adolescente y sin embargo no tiene la mitad de acento. "Yo enseguida me junté con españoles", dice, "ellas tienen un círculo muy cerrado, ¡hasta se visten como en Colombia!".

"Antes la prioridad era integrarse, pero entre los chicanos de EE UU, los magrebís franceses y demás culturas híbridas ahora la tendencia es a integrarse en lo laboral y en lo educativo, pero a cerrarse en lo social y lo familiar", explica la sociolingüista. “Es normal que los españoles no seamos partícipes de estas fiestas", continúa, "porque para los inmigrantes es la manera de preservarlas, de proteger su identidad”.

En un callejón de Vallecas, en el obrero sur madrileño, la dueña de Eventos Principesa, Rose Ballesta coincide a su manera con la sociolingüista: “Los quince son una fiesta más importante para los padres que para las niñas, algunas pasan, pero ellos no quieren que olviden de dónde vienen”. Desde su tienda, que parece el camerino soñado por Barbie, esta mallorquina de 28 años organiza dos o tres quinceañeras a la semana. Abrió hace cuatro años y no para. Se ha mudado a un local más grande y está acondicionando un salón de eventos, la única pata del negocio que le falta. Ha montado fiestas en Valencia, Bilbao, Salamanca o Canarias. Lo que más vende, el "pack todo incluido”, arranca en 1.850 euros, con alquiler de vestido, limusina, decoración (del evento y de la niña, con maquillaje y peluquería) y el trabajo de una decena de personas entre costureras, dj, fotógrafo, maestro de ceremonias, coreógrafo. A partir de ahí, los extras que uno quiera: mariachis, vestidos para la corte de honor, catering… Hace unos meses una niña llegó a su fiesta en helicóptero. “De media las familias se gastan entre 3.000 y 4.000 euros”, explica Rose, que se define como una “wedding planner low cost”. “La mayoría de mis clientes son de clase humilde, vamos, que tienen que ahorrar para poder darle a la niña la fiesta más pomposa que se puedan permitir”,

Horas antes de la limusina y la ‘bulla’, la familia Zapata ha celebrado una misa con un joven cura colombiano. Bernardo y Dadiana, padres de Aleja, rezuman orgullo en la iglesia: “Es muy buena niña, muy tranquila, honesta y estudiosa, nada grosera, las niñas españolas son más liberales, fuman más, salen... acá la juventud está muy ‘revolcosa’, hay mucho vicio, pero ella va bien encarrilada”. Tras el sermón –sobre los peligros del alcohol, la droga, los novios y la secularización de la vida en España, "no todo es pasarla ‘chévere’", dice–, Aleja posa para el fotógrafo del evento con su vaporoso vestido pre-fiesta (en total se cambiará tres veces). A la misa normal que sigue (con cura español mayor) van llegando abuelos getafeños. Sin terminar de entender, miran curiosos a esa adolescente feliz que posturea con tacones y brazos en jarras ante el altar. Muy mayor para hacer la comunión, muy joven para ser una novia, dice. En cuanto a nacionalidades, de todo. Dominicanos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos, incluso una chica española. "A alguna le hace gracia el rollo princesa, pero no es lo mismo, no se lo toman tan en serio".