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martes, 6 de noviembre de 2018

#hemeroteca #homofobia | Una ciudad de Tanzania crea una unidad especial de policía para identificar y castigar a homosexuales

Imagen: The Guardian / Geofrey Mashala, activista LGTB en Tanzania
Una ciudad de Tanzania crea una unidad especial de policía para identificar y castigar a homosexuales.
Centenares de homosexuales en Dar es Salam se han visto obligados a esconderse: "Están haciendo redadas en casas. Es algo horrible". En 2016, Tanzania prohibió a las ONG distribuir lubricante gratis a los gais como parte de los esfuerzos por controlar el sida.
Jason Burke | El Diario, 2018-11-06
https://www.eldiario.es/theguardian/Tanzania-especial-identificar-castigar-homosexuales_0_832917611.html

Centenares de activistas LGTBI en Tanzania se han visto obligados a esconderse tras el anuncio de la creación de una fuerza especial para identificar y castigar a los homosexuales en Dar es Salam.

Paul Makonda, jefe administrativo de la ciudad, ha anunciado la creación de un equipo de policías y oficiales contra los homosexuales. En un contexto de intensificación de la campaña de discriminación contra la comunidad LGTBI, sus miembros pueden enfrentarse a largas penas de prisión.

En una entrevista subida a Youtube, Makonda pidió a los ciudadanos que denunciasen a los gais e informó en una rueda de prensa que ya había recibido más de 5.700 mensajes de la gente, incluidos más de 100 nombres.

"Están haciendo redadas en casas. Es algo horrible y solo va a empeorar. Mucha gente está saliendo de la ciudad. Están huyendo. Están yendo contra los activistas alegando que promovemos la homosexualidad. Nos tenemos que esconder", cuenta un activista LGTBI que prefiere mantenerse en el anonimato.

Otro activista de la ciudad describe la atmósfera como "temporada de caza de gays" e informa que se están publicando listas de nombres en las redes sociales para "sacar del armario" a gente. "Te puedes imaginar lo que eso está haciendo a la gente y a las familias", añade.

El Ministerio de Exteriores de Tanzania ha señalado que la campaña de Makonda representa solo su visión y no la posición oficial del Gobierno. Sin embargo, las autoridades han apoyado en varias ocasiones medidas homófobas desde que John Magufuli llegó a la presidencia en 2015 con un programa contra la corrupción.

Grupos activistas han acusado a Tanzania de seguir un "camino peligroso". El país también se enfrenta a críticas por supuestos abusos de derechos humanos.

Joan Nyanyuki, director regional para África Oriental, el Cuerno de África y la región de los Grandes Lagos de Amnistía Internacional, afirma: "La idea de la unidad especial sirve para incitar el odio entre la población. La comunidad LGTBI en Tanzania ya sufre discriminación, amenazas y ataques sin declaraciones llenas de odio como estas".

Michelle Bachelet, la comisaria de derechos humanos de la ONU, ha señalado que teme que "una caza de brujas se podría interpretar como una licencia para poder ejercer violencia, intimidación, acoso y discriminación a aquellos percibidos como LGTBI".

En 2016, Tanzania prohibió a las ONG distribuir lubricante gratis a los gais como parte de los esfuerzos por controlar el sida, aunque algunos expertos sanitarios advirtieron que cerrar tales programas podrían poner a más población en riesgo de infección.

En una redada el año pasado, al menos 12 hombres fueron arrestados en una reunión en un hotel en Dar es Salam. Las autoridades alegaron que era un encuentro para fomentar las relaciones entre personas del mismo sexo.

La homosexualidad sigue siendo un tabú en buena parte de África y los homosexuales sufren discriminación o persecución. Además, a menudo los grupos de derechos humanos se muestran reticentes a hablar en público en defensa de los derechos de los homosexuales.

Una condena por tener "conocimiento carnal con cualquier persona contra el orden natural" puede traducirse en 30 años de cárcel en Tanzania.

Dos líderes de la oposición fueron condenados a cinco meses de prisión en febrero por insultar al presidente Magufuli y un líder de la oposición fue acusado el viernes pasado de sedición y de incitar al odio días después de la muerte de varias personas en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y pastores en su distrito, en la parte occidental de país. Las autoridades han rechazado esta acusación.

Zitto Kabwe, un crítico habitual del Gobierno, señaló el domingo durante una rueda de prensa que al menos 100 personas han muerto durante los enfrentamientos en Kigoma de mediados de octubre. Fue detenido tres días después y posteriormente, el viernes, acusado en los tribunales y puesto en libertad bajo una fianza de 10 millones de chelines (3.900 euros), según informó su partido Alianza por el Cambio y la Transparencia.

El comandante de policía de Kigoma, Martin Ottieno, informó a Reuters que dos pastores y dos policías habían muerto durante una operación para impedir a los pastores seguir guardando ilegalmente a su ganado en un terreno de propiedad del Gobierno.
Y TAMBIÉN…
US warns its citizens in Tanzania over anti-gay crackdown.
Americans advised to ‘remove or protect’ social media images.
Reuters | The Guardian, 2018-11-04
https://www.theguardian.com/world/2018/nov/04/us-warns-citizens-tanzania-anti-gay-crackdown 
Thousands ‘living in fear’ after Tanzania calls on public to report gay people.
Dar es Salaam regional commissioner says special team will swiftly ‘get their hands on’ those named.
Rebecca Ratcliffe | The Guardian, 2018-11-01
https://www.theguardian.com/global-development/2018/nov/01/thousands-living-in-fear-after-tanzania-calls-on-public-to-report-gay-people 

#hemeroteca #homofobia | Temor en Tanzania ante la “caza de brujas” de la comunidad LGTB

Imagen: La Vanguardia / Activistas de LGBT Voice en Tanzania
Temor en Tanzania ante la “caza de brujas” de la comunidad LGTB.
El gobernador de la principal ciudad del país ha anunciado la persecución y arresto de las personas homosexuales.
La Vanguardia, 2018-11-06
https://www.lavanguardia.com/internacional/20181106/452779401195/caza-de-brujas-tanzania-lgtb-persecucion-homosexualidad.html

La persecución contra la homosexualidad en Tanzania ha desatado el pánico en Dar es Salaam, la ciudad más poblada del país, ante la posibilidad de que en los próximos días se produzcan redadas masivas.

El pasado lunes 29 de octubre el gobernador de Dar es Salaam, Paul Makonda, informó que ha creado un equipo formado por una decena de personas con el objetivo de investigar e identificar a personas de la comunidad LGTB.

Makonda fue todavía más lejos e instó a la población a delatar a sus vecinos, lo que ha contribuido a crear un clima de presión y persecución sobre toda la comunidad. Según el gobernador, la población ya ha enviado a la policía los nombres de más de 200 presuntos homosexuales.

Amnistía Internacional ha denunciado hoy que diez hombres fueron detenidos el pasado fin de semana en la turística isla tanzana de Zanzíbar bajo sospecha de ser homosexuales.

Algunas personas LGBT dijeron que se habían escondido después de la declaración de Makonda la semana pasada: algunas se habían quedado en sus casas durante el día por temor a ser señaladas por sus vecinos, mientras que otras se habían ido a buscar refugio en otro lugar.

El Gobierno central se ha desvinculado de las declaraciones hechas por Makonda, asegurando que no son las del gobierno. Pero tampoco ha criticado las palabras del gobernador ni ha ofrecido protección a la comunidad de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales.

En Tanzania, las leyes prohíben mantener relaciones con personas del mismo sexo y se pena con hasta 30 años de cárcel. La ley rara vez se aplica, pero los activistas dicen que la homofobia y los ataques y arrestos a minorías sexuales han aumentado desde la elección del presidente John Magufuli en 2015.

Reacción internacional
Desde Amnistía Internacional no han tardado a reaccionar al respeto. Su responsable en África, Joan Nyanyuki, ha denunciado que “el gobierno tiene el deber de proteger a todo el mundo en Tanzania y valorar sus derechos humanos sin discriminación”. “Debe tomarse esta obligación muy en serio”, ha dicho.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, alertó que esta situación “podría derivar en una caza de brujas e interpretarse como una licencia para perpetrar violencia, intimidación, acoso y discriminación contra personas que puedan ser percibidas como LGTB”.

Además, la expresidenta chilena ha emplazado a las autoridades de Tanzania a respetar los derechos humanos bajo cualquier circunstancia y a perseguir cualquier mensaje de odio y discriminación. También ha dicho que los líderes políticos y religiosos deberían trabajar para combatir los prejuicios por razones de orientación sexual e identidad de género.

viernes, 19 de enero de 2018

#hemeroteca #ablacion | “Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”

Imagen: El País
“Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”
En Tanzania se practica la ablación con el pretexto de que el clítoris seguirá creciendo y matará al marido, para evitar supuestas enfermedades y por motivos económicos.
Flavia Olivia Farraces | Planeta Futuro, El País, 2018-01-19
https://elpais.com/elpais/2018/01/08/planeta_futuro/1515424791_575314.html

“Un día mis padres me dijeron: 'Te vamos a mutilar para que puedas conseguir un marido”, cuenta Janeth Ropi, de 12 años. La joven tanzana no dijo nada, pero lloró sin pausa durante todo el día. Tanto que sus padres se asustaron y creyeron que huiría. Por eso encomendaron a uno de sus cuatro hermanos varones que hiciese de centinela. Poco tiempo después llegó la 'ngariba' (mutiladora en suajili). Intentó escapar, pero su hermano y otros hombres del pueblo la atraparon. Su padre la golpeó con un cable eléctrico. Y la mutiladora se llevó para siempre su clítoris.

Janeth lo cuenta mirando hacia el suelo, musitando las palabras y esquivando los detalles dolorosos. Todo está aún muy reciente para esta joven masai. Ocurrió en noviembre de 2016. La encerraron en una habitación durante un mes mientras se recuperaba con otras dos chicas que también habían sido mutiladas. El dolor le impedía levantarse, hasta el punto de que una persona tenía que cogerla en brazos y llevarla hasta el aseo para hacer sus necesidades. Hoy todavía siente molestias cuando camina rápido. En Tanzania, la mutilación genital afecta al 15% de las mujeres, según Unicef, por lo que está considerado un país de baja prevalencia y uno de los que más ha avanzado en la lucha contra esta peligrosa práctica que puede provocar la muerte y deja una indeleble huella psicológica. Pero en la región septentrional de Manyara, de donde procede Janeth, rural y mayoritariamente poblada por la etnia masai, el porcentaje asciende al 50,8%, según las estadísticas gubernamentales del Tanzanian Demographic Health Survey.

Janeth prosigue. Días después, llegó un hombre de unos 30 años con una dote de dinero y vacas para escoger esposa entre las tres convalecientes. Cuando ella terminó de recuperarse, todavía no había elegido a ninguna. La joven juguetea con el collar, sin despegar la vista del suelo. Recuerda que ya había regresado a su hogar tras la ablación. Su casa no tenía puerta, tan solo una pila vertical de cestas tapando la entrada, que el hombre apartó fácilmente cuando se introdujo en ella por la noche. “Después de violarme, le llevó las vacas a mi madre”, explica. Ella es una de las 40 jóvenes que acoge la ONG Nafgem en el norte de Tanzania. Todas han sufrido la mutilación o escaparon de ella y permanecen con la organización hasta que sea seguro regresar con sus familias.

Una práctica secreta
El coordinador de Nafgem, Francis Selasini, explica que la ablación se sigue practicando “discretamente”, a pesar de que está prohibida por ley desde 1998. A veces como parte del bautizo o de la comunión, incluso en recién nacidas, y otras en niñas más mayores como forma de prepararlas para un matrimonio temprano. “Hay mucha ignorancia sobre sus consecuencias: cuando una niña muere desangrada tras ser mutilada, las familias no conectan ambos eventos. Creen que se trata de mal fario y se han dado casos de padres que se deshacen de los cuerpos de sus hijas abandonándolos entre los arbustos para que los coman las hienas”, apunta.

Los argumentos para mutilar a una joven son muy variados. Desde que sea aceptada socialmente hasta preservar su castidad o la creencia de que puede prevenir una infección llamada lawa-lawa que, en realidad, puede ser evitada con una mayor higiene. Otras veces, el motivo puede ser tan pragmático como la necesidad de reunir una dote para uno de los hijos, como le ocurrió a Leah Mollel, de 24 años. Sus padres le presentaron a su futuro marido, un hombre de 45 años que había ofrecido 500.000 chelines tanzanos (casi 190 euros) y diez vacas para desposarla. Su familia quería usar esa dote para que el hermano de Leah pudiera, a su vez, encontrar una esposa. Pero la razón de fondo es controlar la sexualidad de las mujeres, socavar su placer.

En algunos lugares sobreviven incluso creencias tan exóticas como que si el clítoris no se secciona, seguirá creciendo y matará al marido durante el acto sexual. La explicación que dieron sus padres a Nagalal Territho, de 22 años, es que así no se convertiría en una prostituta. La noche anterior a que eso ocurriera decidió adueñarse de su destino y huyó. Tenía miedo porque había visto morir a una amiga suya por ese motivo. “Mis padres querían mutilarme y casarme porque necesitaban una vaca”, sentencia Nagalal.

En Tanzania, las mujeres son, con frecuencia, una moneda de cambio, un medio para conseguir dinero o ganado. Pero la resuelta y enérgica Nagalal tenía muy claro que quería estudiar y hoy se prepara para ser diseñadora de moda. La lucha contra la ablación de Nafgem no acaba cuando protegen a las víctimas, sino que también implica educar a los perpetradores: las familias, los líderes de la comunidad y las mutiladoras. La psicóloga de Nafgem, Beatha Lyamuya, explica que, tras ser sometidas a la mutilación, las niñas pierden la confianza en sus progenitores y el vínculo no siempre es fácil de reparar. “Al principio los padres no comprenden que hayan hecho algo mal, pero cuando hablamos con ellos la mayoría termina disculpándose con sus hijas”, señala. Solo cuando se comprometen a no mutilarlas y a dejar que estudien, pueden volver a convivir con ellas.

El retorno de las jóvenes a sus comunidades no es sencillo. La mayoría no ve con buenos ojos a quien ha osado desafiar el ‘status quo’. “Algunos les echan la culpa de lo que ha pasado y les dicen que nadie querrá casarse con ellas”, apunta Lyamuya. Pero sus familias no se atreven a imponerles de nuevo su voluntad, porque tienen miedo de que les denuncien ante las autoridades si lo hacen. Para evitar que, como Nagalal y Leah, las jóvenes puedan huir de la mutilación, la intervención se practica cada vez más temprano, incluso a recién nacidas.

La pequeña Evaline Kaipai, de siete años, tuvo suerte de que su hermana Ruti, de 25, la ayudara a huir. Ahora Evaline está interna en un colegio, donde estudia y juega como le corresponde por su edad. Su padre nunca la llevó a la escuela porque decidió era mejor que ayudara a su madre en el hogar. Para llegar hasta el centro hay que subir por la falda del Kilimanjaro, atravesando frondosos bananos, aguacateros y cafetales. Un rincón poco accesible donde está a salvo de los que quisieron robarle la infancia.

Mutiladora, un oficio prestigioso
En Tanzania, la mutilación no se produce en un entorno clínico, como ocurre en países como Egipto, sino que corre a cargo de mujeres que, paradójicamente, también ejercen como parteras. Martha Daudi, de 66 años, es consciente ahora de los riesgos. Hace 12 años que decidió enterrar la cuchilla. Esta mujer voluminosa, sonriente y vivaracha aprendió observando a otras mutiladoras y reconoce que lo hacía por el “prestigio” del que disfrutan estas practicantes. “La gente se quedaba admirada al ver a una joven tan valiente como para practicar la mutilación”, rememora. Se ganaba muy bien la vida, explica, cobrando 30.000 chelines (poco más de 11 euros) por cada intervención. “No he pedido perdón a las jóvenes que mutilé, pero me gustaría”, reconoce.

Ahora sus ingresos proceden de los cuencos, pendientes y pulseras, entre otras piezas de artesanía que fabrica con coloridas cuentas en un taller de Nafgem en Likramuni, a 60 kilómetros al sur de la ciudad de Moshi. Las pulseras son comercializadas en España por la ONG Mundo Cooperante, que apoya la labor de Nafgem en Tanzania. De esta forma, las mujeres encuentran incentivos económicos para dejar esta perniciosa práctica. Ana Lemri wa Miaka, de 83 años, ensarta cuentas con agilidad junto a Martha. También fue mutiladora, pero no añora su antigua vida. “A las chicas no se les permitía quejarse, se les decía que tenían que ser fuertes”, recuerda. Cuando Nafgem le explicó que su actividad podría costarle el ingreso en prisión o incluso aumentar sus posibilidades de contraer el sida al estar en contacto con sangre, decidió dejarlo.

La temporada alta de la mutilación tiene lugar durante las vacaciones de verano o de diciembre, cuando las jóvenes regresan de los colegios donde están internas y hay tiempo suficiente para organizar los preparativos. Los días previos a la mutilación suelen tener un aire de bullicio ajetreado, por lo que las jóvenes deben estar atentas para zafarse. La impunidad para mutilar a una joven en Tanzania cuesta 300.000 chelines (112 euros). Esa es la cantidad para eludir la pena de entre cinco y 15 años de cárcel que prevé la legislación para quienes mutilen o permitan que se mutile a una joven, lo que incluye no solo a las perpetradoras, sino también a las familias. Pero la norma solo se aplica a las menores de edad, dejando desprotegidas a las mujeres adultas, que también sufren esta práctica.

La amputación del clítoris es el doloroso rito de pasaje hacia la madurez. La señal de que la mujer está lista para casarse. Por eso mutilación y matrimonio infantil se dan la mano. El jefe masai de Likramuni, Salome Mollel, de 87 años, admite que como líder de la tribu, solía casar a niñas de ocho con hombres en la veintena, y a las de 12 años con varones de hasta 60. En la cultura masai, los hombres pueden tener varias mujeres, por lo que estas crías podían convertirse en segundas, terceras o cuartas esposas. “La niña tenía que cumplir con sus deberes de esposa le gustase o no. Y si se resistía a consumar el matrimonio, el marido tenía la potestad de violarla”, reconoce Mollel.

La violación dentro del matrimonio sigue siendo legal en Tanzania. Al igual que el matrimonio infantil, a partir de los 14 años con permiso de un juez o de los 15 años con consentimiento de los padres. Aunque la Corte Suprema de Tanzania anuló en julio de 2016 los artículos que permitían el matrimonio infantil, la legislación todavía no ha sido modificada. Una vez casadas, los abusos eran constantes. El marido podía humillar, ridiculizar o golpear a su joven esposa como si fuese de su propiedad. Y si la mataba, “las familias de ambos se reunían y los parientes del marido entregaban 49 vacas a los de la mujer y la deuda quedaba saldada”, detalla Mollel. Pero cada vez más mujeres se niegan a que su valor se mida en vacas.

viernes, 25 de noviembre de 2016

#hemeroteca #homofobia | Lo que Zanzíbar sabía de Mercury y no quiso aceptar

Lo que Zanzíbar sabía de Mercury y no quiso aceptar.
Stone town, la ciudad que vio nacer al músico, no ha sabido convertirse en un lugar de peregrinaje para los fans ya que sus excentricidades y su evidente homosexualidad se contrarrestan con los valores de la tradición africana.
Carolina Valdehíta | El Mundo, 2016-11-25
http://www.elmundo.es/cultura/2016/11/25/58386e6fe2704e002b8b45d3.html

De Freddie Mercury, lo sabemos casi todo, que su nombre real era Farrok Bulsara y que adoraba los gatos. La revista Time Asia le nombró en 2006 como uno de los hombres asiáticos más influyentes de los últimos 60 años y dos años después, Rolling Stone le situaba en el número 18 entre los cien mejores cantantes. También, conocemos que se enamoró de una mujer, Mary Austin, a quien escribió el tema ‘Love of my life’ y a quien nombró como principal heredera de su patrimonio. Y tanto Mary como nosotros sabemos que, a pesar de que ella fue la mujer de su vida, también lo fue para muchos hombres.

Freddie Mercury mantuvo su enfermedad hasta final con absoluto secretismo. Por miedo o por negacionismo, quizá. Y no fue así hasta que la muerte comenzó a entrar en su habitación y decidió hacer público su estado de salud. El sida fue para él, como para gran parte de inadaptados, la sentencia de los ochenta. Lo que no todos saben, es que el músico nació y vivió los primeros años de su existencia en la isla de Unguja, la más importante de Zanzíbar, en Tanzania. Y de haber permanecido allí, el Freddie Mercury que conocemos jamás hubiera existido.

Por aquel entonces, el Sultanato de Zanzibar vivía en plena dominación británica y después de una larga guerra, ya se comenzaban a vislumbrar los primeros pasos hacia un estado que no convencía a todos. Farrokh, -Freddie-, nació en 1946 en el seno de una familia parsi y bajo la nacionalidad británica. Durante los siguientes dieciséis años, el pequeño de los Bulsara vivió a caballo entre Zanzíbar y Bombay, dónde realizaba sus estudios. La última vez que la isla vio a su hijo pródigo fue en 1962, poco antes de que se proclamase la Unión de la República de Tanzania, que se agrupó, bajo la supervisión de Gran Bretaña en 1964, a Tanzania y los Imperios de Tanganika y de Zanzibar.

Varios años después, ya convertido en estrella mundial, sus compatriotas quisieron sacar provecho del éxito del cantante a pesar de que la ciudad de Stone Town, la ciudad donde vivió la familia Bulsara, no estaba preparada. El Imperio de Zanzibar fue colonizado por árabes de distintas nacionalidades siguiendo como religión oficial el Islam, aunque sus padres se regían por el zoroastrismo, una religión que ni de lejos es amable con la homosexualidad. Esa presión impidió que Freddie aceptara abiertamente su sexualidad, aunque de puertas para dentro y en las letras de sus canciones, las declaraciones se hacían a gritos.

En Zanzíbar sólo hay dos enclaves que explotan la procedencia del artista. La que antaño fue su casa, ahora solo se puede ver la insignia ‘Mercury House’ coronando la puerta y varias fotos desgastadas por el paso del tiempo en una vitrina. Un fracaso absoluto como parada de peregrinaje. Otro de los lugares que ha sabido captar un pedazo de su esencia ha sido el ‘Mercury’, un bonito local de copas al borde del mar, y de lo más parecido a un oasis para los nostálgicos. Y no sólo por la carta de cócteles, sino por las variopintas fotografías que se exhiben en sus paredes. Escasas y colocadas con calzador, en verdad.

Mientras se bebe una cerveza bajo el lúgubre tintineo de las velas sobre las mesas, la oscuridad y el secretismo sacan a la luz los tabús que aún hoy existen hacia la figura del genio con bigotes que tocaba el piano sin camiseta, se pintaba los ojos, labios y uñas y, quien que de vez en cuando, se vestía como una mujer. Aunque Zanzíbar acepte que las turistas se paseen en ‘shorts’ y camisetas de tirantes y que dos hombres caminen juntos intercambiándose miradas de deseo, estos siguen siendo valores que la tradición musulmana y la ley africana aparta, evitando los occidentalismos que huyen de los valores tradicionales. Y es precisamente su hijo pródigo quien representa todo eso.

En Zanzíbar los actos homosexuales masculinos se penalizan con penas de cárcel, incluso en algunos casos hasta con cadena perpetua. Lo mismo sucede en casi la totalidad de países africanos, que aún conservan las leyes que dejaron los colonos antes de abandonar el continente durante la década de los sesenta. Las únicas excepciones son las de Mozambique, que despenalizó la homosexualidad el año pasado, y Sudáfrica, donde está permitido el matrimonio igualitario. Pero en general, África, sigue sin estar preparada para aceptar con los brazos abiertos la homosexualidad.

"Bismillah!" reza Mercury en su magistral tema ‘Bohemiam Rapsody’. Una expresión árabe que significa ‘¡en el nombre de Alá!’. Pues bien, “Bismillah!” debió de ser el grito de sorpresa cuando sus primeras ‘performances’ llegaban a los escasos televisores de Stone Town. Transgresor, bisexual y víctima del VIH. Su enfermedad letal es quizá lo único que le acercaba a sus orígenes africanos, donde el virus se expandía con la misma efervescencia que entre las tribus más ‘underground’ del mundo occidentalizado. La dicotomía entre Zanzibar, Mercury y el colectivo homosexual es evidente. Si los comerciantes de la isla quieren hacer dinero aprovechándose de las remesas de turismo, han de superar los mismos tabúes que habrían encorsetado a Freddie, cuando éste era Farrokh. La leyenda se merece más que la venta ambulante de CDs pirata con carcasas difuminadas por las gotas de lluvia. Zanzibar necesita reconocer que parió al autor de la mejor canción pop de todos los tiempos, y aceptar lo que Mercury enseñó al mundo mientras ellos se tapaban los ojos.

Y TAMBIÉN…
25 años de la muerte de Freddie Mercury: el desconcertante genio al que la música liberó.

Estaba "trastornado, lastimado y permanentemente en busca de atención". El cantante, enfermo desde 1980, no reconoció hasta 1991 su enfermedad. "Su pesadilla era encontrarse el dormitorio vacío".
Uli Hesse | El Mundo, 2016-11-24
http://www.elmundo.es/cultura/2016/11/24/5836982f268e3ef4508b4612.html