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miércoles, 14 de enero de 2026

#hemeroteca #lgtbi #franquismo #memoria | La memoria democrática incorpora (al fin) la historia LGTBIQ+

Jorge Martín Pérez, Víctor M. Ramírez y Consuelo García del Cid con Inés Hernand //

La memoria democrática incorpora (al fin) la historia LGTBIQ+

La jornada ‘Orgullosamente libres’ reconoce la resistencia de lesbianas, gais, trans o bisexuales durante la dictadura franquista y reivindica su papel en la democratización de España
Pablo León | El País, 2026-01-14
https://elpais.com/sociedad/lgtb/2026-01-14/la-memoria-democratica-incorpora-al-fin-la-historia-lgtbiq.html

Los derechos LGTBIQ+ no han dejado de avanzar en España desde la muerte del dictador Francisco Franco, hace más de 50 años. Sin embargo, ese camino ha sido complejo. Los primeros pasos se dieron en diciembre de 1978, cuando se despenalizó la homosexualidad, un año después de que se convocara, en Barcelona, la primera manifestación en defensa de los derechos del colectivo. “La Ley de amnistía del 77 no contempló a los presos LGTBI+ y no fue hasta 1995 que se eliminó del Código Penal la persecución de la homosexualidad”, ha recordado el presentador y guionista Paco Tomás este miércoles durante el acto ‘Orgullosamente libres’, una reivindicación de la memoria democrática LGTBI+ impulsada por el ministerio de Igualdad y el comisionado de ‘España en libertad: 50 años’ y celebrada en el Ateneo de Madrid.

“Para las personas LGTBI+ la memoria es muy importante porque se nos ha negado. Durante décadas se ha creado un discurso hegemónico desde el heteropatriarcado en el que las personas LGTBI+ no existíamos”, ha continuado Tomás, que ha presentado el acto con la divulgadora Inés Hernand, y en el que han estado presentes los ministros Ana Redondo (Igualdad) y Ángel Victor Torres (Política territorial y Memoria democrática).

Durante el evento, que ha llenado el salón de actos del Ateneo, se ha recordado a las víctimas del Patronato de protección de la mujer, a las de la Colonia Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, o la represión sufrida en el Pasaje Begoña, en Torremolinos.

El Patronato de la mujer era peor que una cárcel, no teníamos derechos, ni siquiera la libertad para hablar unas con otras. Había un adoctrinamiento religioso constante, maltrato psicológico y explotación laboral”, ha relatado Consuelo García del Cid, quien fue internada en 1975, con 16 años, en un centro adscrito a esta institución, las Adoratrices de Madrid, en la calle del Padre Damián. “Cuando conseguí ser libre, juré a mis compañeras que contaría esta historia. Pero cuando hablaba del Patronato, nadie me creía. Tuve que probar su existencia”, ha dicho la también autora de varios libros sobre la institución, como ‘Las insurrectas del Patronato de Protección a la Mujer’ (Anantes).

Aunque había sido creado con anterioridad, el Patronato fue recuperado por el franquismo en 1941 (la esposa del dictador, Carmen Polo, era su presidenta honorífica). “Era un entramado de centros gestionados por congregaciones religiosas y dependiente del ministerio de Justicia franquista, cuya finalidad era encerrar sin juicio a cientos de adolescentes y mujeres jóvenes que no encajaban en el modelo femenino promovido por el franquismo y que eran consideradas peligrosas”, ha explicado la investigadora.

En esa categoría entraban feministas, lesbianas, madres solteras, huérfanas, mujeres abusadas... “Fue un genocidio lésbico. La institución contaba con dos psiquiátricos, donde llevaban a las mujeres ‘con conducta homosexual’, como decían. Y un centro maternal, en Madrid, donde se robaron cientos de bebés”, ha detallado García del Cid.

Para ella, la Transición olvidó a todas las mujeres recluidas por el Patronato: “Se siguió encerrando a mujeres. Esas chicas no le importábamos a nadie”. La institución perduró hasta 1985, cuando fue disuelto por el Gobierno de Felipe González (PSOE). Y no fue hasta el año pasado, que un Gobierno democrático reclamara el reconocimiento como víctimas del franquismo para todas las mujeres recluidas por esta institución represora.

Además, el pasado junio, la Confederación Española de Religiosos (CONFER) pidió perdón a las víctimas del Patronato en un acto público. “Durante décadas, muchas jóvenes y mujeres adultas fueron internadas en nuestros centros contra de su voluntad. Fueron privadas de libertad, se las hizo creer que su existencia estaba marcada por la culpa o la vergüenza”, expresaron las superioras provinciales de las Oblatas del Santísimo Redentor, las Terciarias Capuchinas de Nazaret y de las Adoratrices. “Eso no fue un perdón para nosotras. Nadie ha sido juzgado por esto”, ha incidido García del Cid.

Lugares de Memoria
Hasta la Ley de Memoria democrática de 2022, que sustituyó a la de Memoria histórica de 2007, no se reconoció a las personas LGTBI+ como víctimas del franquismo. La nueva norma instauró también la creación de Lugares de Memoria y este año se va a inaugurar el de la Colonia agrícola penitenciaria de Tefía, un campo de trabajo, principalmente para hombres homosexuales, en la isla canaria de Fuerteventura que operó entre 1954 y 1966. Allí estuvieron recluidas más de un centenar de personas.

“Los testimonios de los presos describen un régimen disciplinario muy duro, que incluía palizas, hambre, y maltrato, humillación”, ha descrito el investigador Víctor M. Ramírez, que lleva años rastreando los expedientes de Tefía. “Se convirtió en el principal centro de represión de las disidencias sexuales bajo el régimen franquista”.

El Código Penal de 1928, aprobado bajo la dictadura de Primo de Rivera, fue el primero en castigar la homosexualidad en España, al considerarla un delito de escándalo público. Aunque después el Gobierno de la República abolió esa norma, el franquismo desarrolló sus propias estructuras represoras.

La Ley de vagos y maleantes, originaria de 1933, fue enmendada en 1954 para incluir bajo su jurisdicción la homosexualidad. El mismo año que se inauguró la Colonia de Tefía: una de las condenas por homosexualidad era la reclusión en “instituciones especiales, con absoluta separación de los demás”. Este campo de concentración estuvo operando hasta 1966. Después, hubo dos centros de detención para hombres que tenían sexo con hombres: uno en Badajoz (para pasivos) y otro en Huelva (para activos).

‌“Son personas a las que únicamente se las perseguía por su orientación sexual y eran condenados por ello”, ha apuntado el también autor de la investigación ‘El expediente especial de invertidos. La represión de las disidencias sexo-genéricas en Canarias tras su inclusión en la Ley de Vagos y maleantes’. Esa norma fue modificada años después, en 1971, cuando entró en vigor la Ley de peligrosidad social con el foco en castigar “los actos de homosexualidad”.

Al amparo de esta nueva norma, la madrugada del 26 al 27 de junio del 71, una incursión policial aterrorizó el Pasaje Begoña de Torremolinos. Casi una década antes, en 1962, en ese pequeño callejón se había inaugurado el primer local gay de España. Más adelante llegarían más: abrieron hasta medio centenar.

“Cantando y bailando también se defendían derechos”, ha afirmado Jorge Martín Pérez García, presidente de la Asociación Pasaje Begoña. A comienzos de la década de los sesenta, Torremolinos ya era frecuentada por turistas internacionales en busca del sol y playa. La apuesta por el turismo como motor de desarrollo y fuente de divisas llevó al nacionalcatolicismo a mirar para otro lado al ambiente del Pasaje Begoña. Al menos por un tiempo.

En la ‘Gran Redada’ de 1971 fueron detenidas unas 300 personas, muchas de ellas de origen británico y alemán. La noticia apareció en el periódico inglés ‘The Sunday Times’ (‘Turistas retenidos en una redada en bares nocturnos en España’, titulaba al día siguiente de la incursión) o en el semanario germano ‘Der Spiegel’. ‘La Vanguardia’ también habló del asunto y lo describió como un plan gubernamental para “proteger a la población local del ataque de una forma de vida extranjera”.

“Ahí se visibilizaba la diversidad, se daba la opción de existir”, ha incidido Martín. De ahí que el Pasaje Begoña sea considerado cuna de los derechos y libertades LGTBI+ en España y que haya sido también catalogado como Lugar de Memoria.

Además, ha habido una mesa redonda en la que han contado su experiencia los activistas históricos por los derechos del colectivo Jordi Petit; Isabel Franc; y Manolita Chen, una de las primeras mujeres trans en ver reconocida su identidad en sus documentos oficiales e impulsora de la Fundación Manuela Saborido-Manolita Chen, que da apoyo y acogida a personas LGTBIQ+ vulnerables.

“Todos sois unos referentes absolutos, clave en la democratización de España”, ha remarcado la ministra de Igualdad, Ana Redondo, que ha clausurado el acto. Previamente, se ha reconocido con la medalla y la placa de promoción por la igualdad a Petit y al Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGG, el Frente de Liberación Gay de Cataluña), organización que en 1975 comenzó la lucha por los derechos, aunque su actividad llevaba desarrollándose en la clandestinidad desde un lustro antes. “Somos la entidad que siempre ha estado ahí y que nunca ha desfallecido”, han dicho los representantes de FAGG al recoger la placa: “Vamos a combatir el odio y el fascismo, al que no vamos a dejar pasar”. 

jueves, 1 de mayo de 2025

#hemeroteca #lgtbi #literatura | Ismael Lozano, escritor y Premio Arkoiris 2024: «La literatura LGTBI es clave para que el colectivo tenga referentes»

Ismael Lozano, escritor y gerente de la editorial Siete Islas, especializada en literatura LGTBI //

Ismael Lozano, escritor y Premio Arkoiris 2024: «La literatura LGTBI es clave para que el colectivo tenga referentes»

Premio Arkoiris al mejor escritor de Canarias en 2024, Ismael Lozano mostrará en Maspalomas Pride la literatura LGTBI hecha en Canarias. Yumbo acoge este viernes la entrega del Premio de Literatura Diversa.
R. Torres | La Provincia, 2025-05-01
https://www.laprovincia.es/gran-canaria/2025/05/01/ismael-lozano-escritor-premio-arkoiris-116943121.html

P. Maspalomas Pride incluye por primera vez un evento vinculado a la literatura LGBTI y además entrega el Premio Literatura Diversa ¿Qué supone para el evento?

Han tenido presentaciones de libros otros años, pero sí es cierto que es la primera vez que tienen un evento global y vamos a estar presentes desde el primero hasta el último día con presentaciones, firmas de libros y una exposición. Y lo más importante es que Freedom Asociación LGTB se ha hecho patrocinador de los Premios de Literatura Diversa que tenemos a nivel nacional. Hasta ahora hacíamos el fallo del jurado en el Orgullo de Madrid y este año lo haremos aquí. La intención es quedarnos; si bien es cierto que como editorial conejera contar con el orgullo madrileño ha sido fantástico, tener la oportunidad de celebrarlo en nuestro Pride es más interesante. Es un premio que nació en la editorial hace tres años; nos pusimos en contacto con el Orgullo de Madrid y está organizado por ellos, las asociaciones Pasaje Begoña y Muéstrate y nosotros, y está patrocinado por la Revista Shangay y Ritual Hoteles y ahora se suma Freedom.

P. ¿Qué supone para los autores participar en un evento así?


Estarán la persona ganadora del concurso y la finalista, que anunciaremos hoy, y también Quico Marcos, autor de ‘Maricón de libro’, Judith Fernández Bautista, autora de ‘Seis veces tú’ y yo, que presento ‘Playa del Inglés’. Estar presentes nos va a dar muchísima visibilidad; como consumidor de libros echaba en falta un acto en el que se pueda recomendar a la gente literatura LGTBI y encima hecha en Canarias.

P. ¿Se escribe mucha literatura LGTBI en Canarias?


Somos la única editorial canaria especializada en literatura LGTBI y desde que empezamos con el concurso hemos apoyado mucho la literatura del colectivo, era necesario. Además, al tener un concurso nacional en el que uno de los requisitos es que las novelas estén ambientadas en Canarias están saliendo muchas novelas. No somos la comunidad española que más literatura LGTBI escribe, pero se está escribiendo mucha y estamos consiguiendo posicionarnos muy bien. La literatura de la editorial está presente en un montón de librerías de la Península; en Canarias no acostumbramos a valorar lo que hacemos, así que tener esta oportunidad de visibilidad es muy bonito y muy justo.

P. ¿Qué papel juega la literatura en la lucha contra los discursos de odio?


Es fundamental, no solo para luchar contra los discursos de odio, sino para visibilizar y que las personas del colectivo y la gente joven tengan referentes cuando estén leyendo. No creo que la labor que hacemos sea digna de alabar, más bien lo que no tiene sentido es que el resto de literatura omita a esta parte de la sociedad como es el colectivo LGTBI, aunque eso también está cambiando. Necesitamos ocupar nuestro lugar; la literatura debe normalizar y poner en la palestra todos los problemas actuales del colectivo. Yo me he especializado en memoria histórica LGTBI porque descubrí un vacío y con ‘Vagos y maleantes’ conté la historia de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía; es una parte de nuestra historia que no se estudia en los colegios y es necesario para colocar en el lugar que se merecen a las personas que lucharon por nosotros y se llevaron tortas.

P. Usted ha afirmado que en Canarias la lectura de libros de temática LGTBI es obligatoria en las escuelas, no así en otras comunidades.

Y es ridículo. Lo que me parece precioso es que ‘Vagos y maleantes’ sea lectura obligatoria en Canarias y que los profesores tengan las agallas de hablar de que a los homosexuales se les violaba y daban palizas, y que cuenten los hechos tal y como fueron. Sin embargo, en comunidades donde gobiernan determinados partidos donde no lo hacen, pero allí hay librerías luchando para celebrar actos porque pueden quitar banderas y libros, pero no pueden silenciarnos ni borrar a las personas.

P. ¿En qué puede ayudar este tipo de literatura a los jóvenes?

Yo escribo novelas que generen una reflexión porque me gusta que los niños y adolescentes después de leerla se cuestionen cosas, pregunten e investigue. Y no hablo de adoctrinar a nadie, sino de mostrar la realidad tal y como es y que luego cada uno saque sus conclusiones. En la novela ‘Playa del Inglés’ hablo de la realidad de las personas trans y de las personas que tienen que tienen una doble vida por imposición porque es necesario que se sepa que a día de hoy eso sigue pasando. También puede ayudar a que alguien se vea reflejado en la obra y pueda entender lo que le paso. No me voy muy lejos: hace poco en uno de los colegios a los que fui a dar una charla me contaron el caso de un alumno cuyos padres le habían dado una paliza al decirles que era homosexual. Ese niño, al leer literatura LGTBI, sentirá que lo que le pasa no es terrible.

P. Desde ‘Todavía no me he ido’ hasta ‘Playa del Inglés', ¿por qué empezó a escribir literatura LGTBI?

En la presentación de ‘Todavía no me he ido’ me preguntaron si había ambientado la novela en Fuerteventura por la colonia de Tefía y yo no sabía de qué me hablaban, así que empecé a investigar y me di cuenta de que yo que era del colectivo y vivía en Lanzarote no tenía ni idea, así que al ver el vacío que había empecé con ‘Vagos y maleantes’, luego ‘Pasaje Begoña’ y después ‘Odio’, una novela sobre los delitos de odio que escribí a raíz el asesinato de Samuel Luiz porque los momentos que estamos viviendo en la actualidad por desgracia también formará parte de la memoria del colectivo como un capítulo negro por toda la vorágine de odio a la que estamos volviendo. Y ahora saco ‘Playa del Inglés’, una novela en la que homenajeo al sur de Gran Canaria porque es un oasis para todos nosotros.

martes, 26 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #memoria | La exposición ‘Ni vagas ni maleantes’ recupera la memoria de colectivo LGTBI en Canarias en el Love Festival

El Diario / Presentación de 'Ni vagas ni maleantes' en La Palma //

La exposición ‘Ni vagas ni maleantes’ recupera la memoria de colectivo LGTBI en Canarias en el Love Festival.

La muestra se ha inaugurado este martes en la Casa Cabrera de la capital en el marco de la Semana Social del evento.
La Palma Ahora, El Diario, 2022-07-26
https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/sociedad/exposicion-vagas-maleantes-recupera-memoria-colectivo-lgtbi-canarias_1_9201915.html

La exposición ‘Ni vagas ni maleantes’ ha sido inaugurada este martes en la Casa Cabrera de Santa Cruz de La Palma en el marco de la Semana Social del Isla Bonita Love Festival. La muestra está compuesta por obras del artista Diego Flores y el proyecto está financiado por la Dirección General de Diversidad del Gobierno de Canarias.

En el acto inaugural participaron Nieves Hernández y Susana Machín, consejeras del Cabildo de La Palma de Acción Social y de Educación y Sanidad, respectivamente, junto a el artista Diego Flores y Víctor Ramírez, en representación del Gobierno de Canarias.

Nieves Hernández señaló que la muestra “pone en valor lo que ha tenido que recorrer el colectivo LGTBI para alcanzar sus derechos; a pesar de lo que hemos avanzado como sociedad, nos queda rendirle un tributo a todos los que han sufrido”.

Por su parte, Susana Machín, apuntó que la exposición recoge “la memoria histórica y lo que pasó el colectivo LGTBI desde la dictadura hasta la actualidad”. “No se entendería el Movimiento del Orgullo, del LGTBI sin conocer nuestra historia”, subrayó.

Diego Flores dijo que el objetivo es “recuperar la memoria histórica del movimiento LGTBI en Canarias; recuperar la parte más oscura, pero resaltando la batalla del colectivo LGTBI durante el franquismo para conquistar sus derechos”. Recordó que la exposición recuerda la Ley de Vagos y Maleantes del franquismo.

La Dirección General de Diversidad del Gobierno de Canarias, en palabras de Víctor Ramírez, persigue “la recuperación de la memoria que la disidencia de sexo en Canarias que viene jugando desde la Transición”. “Queremos hacer ver a la ciudadanía una situación que ocurrió en Tefía, en Fuerteventura, a cerca de una colonia penitenciaria con algunos homosexuales que estuvieron allí condenados para ser rehabilitados y reintroducidos como ciudadanos ‘honorables’ dentro de la sociedad”. “Hubo maltrato, hambre y trabajo forzado”, remarcó.

sábado, 22 de febrero de 2020

#libros #homosexualidad #memoria #literatura | Vagos y maleantes

Vagos y maleantes / Ismael Lozano Latorre.

Las Palmas de Gran Canaria : Editorial Siete Islas, 2020 [02-22].
400 p.

/ ES / Libros / NOV / Literatura / Amores / Franquismo / Homosexualidad / Homosexualidad y literatura / LVM / Memoria histórica / Tefía
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412122855 / 19,19 €
Cita APA-7: Lozano Latorre, Ismael (2020). Vagos y maleantes. Editorial Siete Islas.

[.es] Un anciano con alzhéimer, una adolescente que se ha escapado de casa, una mujer enamorada, un joven asustado en su primer día de trabajo y una madre angustiada, son algunos de los protagonistas de esta historia, que mezcla presente y pasado, de la mano de Manuel y Lorenzo, dos jóvenes lanzaroteños que se enamoraron en una época en la que su amor estaba prohibido. Miedo, tensión, injusticia. Dos inocentes separados por el franquismo y unidos en la desgracia. Una novela inspirada en uno de los episodios más vergonzosos y olvidados de la reciente historia de España, en la colonia agrícola penitenciaria de Tefía, un campo de concentración fundado en Fuerteventura, en 1954 para proteger a la sociedad de los actos de los homosexuales, bajo el amparo de la Ley de Vagos y Maleantes. Atrévete a leer esta historia sobre la diversidad y porque debemos sentirnos Orgullosos. Atrévete a aprender de los errores del pasado para que no vuelvan a ocurrir. 

DOCUMENTACIÓN
Ismael Lozano: "Lo malo es odiar, amar siempre es bueno".

"Lanzarote tiene un magnetismo especial y cuando lo sientes ya no quieres abandonarla", asegura el escritor.
Almudena Cruz | El Día, 2020-06-21
https://www.eldia.es/cultura/2020/06/21/ismael-lozano-malo-odiar-amar-22387662.html
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Ismael Lozano: "Hasta en los peores escenarios hay espacio para la esperanza".
Hablamos con el escritor sobre una novela muy especial, en la que bucea por las sórdidas cárceles del franquismo donde se confinaba a los homosexuales.
Carlos Resa | Deia, 2020-06-03
https://www.deia.eus/vivir-on/gente/2020/06/03/ismael-lozano-peores-escenarios-hay/1043065.html
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'Vagos y maleantes', la nueva novela de Ismael Lozano que recuerda la represión contra los homosexuales durante el franquismo.

El autor ambienta la narración en una colonia agrícola de Fuerteventura, un campo de concentración en el que sufrieron tortura centenares de personas LGTBI de toda España.
Canarias Ahora, El Diario, 2020-05-14
https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/vagos-ismael-lozano-homosexuales-franquismo_1_5962425.html

domingo, 15 de diciembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo

Imagen: El Diario / Misa en el exterior de la Colonia Afrícola de Tefía
Los mitos y realidades de Tefía, la prisión de vagos y maleantes de Fuerteventura durante el franquismo.
Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2019-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/realidades-Tefia-maleantes-Fuerteventura-franquismo_0_973952604.html

En el año 1953 se crea, con sede en Las Palmas de Gran Canaria, el Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario con el objetivo de juzgar y aplicar las medidas de seguridad previstas en la Ley de Vagos y Maleantes a aquellas personas consideradas peligrosas sociales en virtud de la misma. Esta ley, aprobada en el año 1933, tenía como objetivo rehabilitar a personas cuyas conductas tuvieran inclinaciones delictivas. No obstante, la norma se aplicó con frecuencia como instrumento de represión y control social y político, uso este último que el régimen franquista dio a la ley sin complejos hasta su derogación y su sustitución por la Ley de Peligrosidad Social de 1970. En el año 1954, se creó la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, con el fin de aplicar el oportuno tratamiento de vagos y maleantes, según la propia Orden de constitución. La Colonia estuvo ubicada en las instalaciones, en ese momento abandonadas, del antiguo aeropuerto de Fuerteventura, en el pueblo de Tefía, ubicado en el centro de la isla majorera, a 20 kilómetros de Puerto del Rosario.

Sobre la Colonia Agricola de Tefía se han creado una serie de ideas erróneas, basadas en interpretaciones equivocadas, datos exagerados y alguna invención que, en aras de la verdad histórica, hay que aclarar, hecho que me propongo con este artículo.

Si Tefía se ha hecho conocida ha sido gracias a la difusión que de su existencia realizó el escritor Miguel Ángel Sosa y su novela 'Viaje al centro de la Infamia', en la que narra con escalofriante crudeza las experiencias de algunos presos de ese centro. El libro estuvo inspirado por los testimonios de dos homosexuales, Juan Curbelo y Octavio García, que contaron a Sosa la dura experiencia de haber estado recluidos en la colonia en los años 50 por haber sido considerados peligrosos sociales por su disidencia sexual. Aunque Sosa explicó en su momento, de manera clara, muchos de los errores que ahora intentamos disipar, algunos mitos creados en los últimos años alrededor de la Colonia se han ido reproduciendo de diversa manera en textos periodísticos, obras artísticas e incluso en más de una obra académica. Vamos a intentar desenredar algunos de esos mitos.

Tefía ¿un centro para recluir homosexuales?

Uno de los principales errores que se cometen al hablar de la Colonia de Tefía es considerar que el centro se creó para recluir en él exclusivamente a homosexuales. En Tefía fueron internados no solo homosexuales sino también condenados por otras categorías de las previstas en la Ley de Vagos y Maleantes. Esta conclusión es obvia a partir de varias premisas, la primera es la fecha de la aprobación de la Orden que crea la Colonia Agrícola, 30 de enero de 1954, ya que la homosexualidad no era una categoría de peligrosidad social en ese momento, ya que la reforma de la Ley de Vagos para incluirla como tal fue de 15 de julio de ese mismo año y, por tanto, posteriormente a la creación de la Colonia. Asimismo, la Orden de 30 de enero indica expresamente que se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en Tefía, sin indicar expresamente una categoría específica, mucho menos la de homosexuales en tanto, en esa fecha, ni siquiera existía. Una última prueba que ratifica lo anteriormente dicho es el estudio de los expedientes de vagos y maleantes que hemos analizado y que obran en el Archivo Histórico Provincial Joaquín Blanco de Las Palmas de Gran Canaria. En dichos expedientes encontramos diversas categorías de peligrosos sociales, así como, presos comunes e incluso, según algunos testimonios, presos políticos.

¿Fueron tan duras las condiciones de reclusión como cuentan?

En este punto nos debemos atener a los testimonios de quienes estuvieron presos en la Colonia, Juan Curbelo y Octavio García. La crudeza de sus recuerdos y la vívida memoria que mantenían de su experiencia no nos permite dudar lo más mínimo de su veracidad. Los presos de Tefía estuvieron sometidos a duros trabajos forzados, a un riguroso régimen disciplinario por el que cualquier mínima infracción era objeto de una duras sanciones, entre las que se incluían terribles palizas. Asimismo, la escasa alimentación que se les suministraba les hacía pasar un hambre atroz, hasta el punto de buscar comida en las basuras o, incluso, de prostituirse con algún funcionario a cambio de comida, como cuenta Juan Curbelo. Sin embargo, según expone Octavio Garcia, este duro régimen no se mantuvo durante toda la existencia de la Colonia. Octavio recuerda cómo, tiempo después de finalizar su encierro se encontró con algún otro preso que estuvo en Tefía con posterioridad a él. Así lo exponía:

"Yo cuento lo mío, mi época. Después los chicos cuando nombraron a este director nuevo (...) Don Prudencio, que era buena persona, era humano, Dios lo bendiga (...). Ese señor dicen que abrió el economato, quitó todos los castigos, todos los castigos los quitó. Las comidas, hacían las perolas de comida, el que quería dos platos le daban dos platos, el que quería tres, tres, daba el pan. Lo que era nuestro, de los presos. Ya yo había salido, afortunadamente".

Según Octavio, el cambio del director de la Colonia hizo que la nueva dirección suavizara el régimen disciplinario de manera importante. En todo caso, el tipo de trabajo a los que forzaron a los recluidos, el nivel de maltrato, el hambre y, en general, las duras condiciones del encierro fueron muy específicas del centro majorero y, según los testimonios, no tuvieron tan rígido carácter en el resto de centros de reclusión canarios, sin quitar por ello importancia al hecho de ser condenados simplemente por su homosexualidad.

¿Colonia Agrícola o Campo de Concentración?

En numerosas ocasiones se habla de la Colonia Agrícola como un campo de concentración, a menudo comparándola con los centros de reclusión del nazismo. Si nos atenemos estrictamente al concepto de Campo de Concentración como aquel establecimiento instalación en la que son recluidas personas por pertenecer a un determinado colectivo (grupo étnico, religioso, político, sexual, etc.) y no por haber cometido algún crimen o delito, difícilmente podemos aplicar este concepto a la Colonia Agrícola. En sentido estricto, las colonias agrícolas eran uno de los tipos de instalaciones previstas en la Ley de Vagos y Maleantes de 1933 que, junto con los establecimientos de trabajo y otro tipo de centros, estaban destinadas a la rehabilitación de los peligrosos sociales mediante el aprendizaje de tareas agrícolas, en el primer caso, o de diversos artes y oficios en el segundo, según establecía el Reglamento de la ley. A la confusión también ayuda el hecho de que también desde el régimen franquista fuera usual utilizar la expresión “campo de concentración” al referirse a la instalación de Tefía, tanto en artículos de prensa como en documentos oficiales que constan en los expedientes de vagos y maleantes.

Sin embargo, en la práctica, la colonia de Tefía se convirtió en un auténtico campo de trabajos forzados y la dura experiencia de Octavio García y de Juan Curbelo les llevó a comparar el centro con los campos de concentración nazis. Aquello era un campo de concentración. Ponlo así, contaba Curbelo en una de las entrevistas a la prensa. Asimismo, Octavio confesaba a Miguel Ángel Sosa en sus conversaciones: "He visto hacer de todo, lo más horrendo que te puedas imaginar...: hambre, palos patadas, vejaciones... El mismo trato que recibieron los judios en los campos de concentración... Solo faltaban las cámaras de gas. Solo eso. Sigo sin conseguir quitarme de la cabeza todo aquel horror..."

Sin lugar a dudas, la dureza de las condiciones en que vivieron los presos durante los primeros años de funcionamiento del centro de Fuerteventura soportan de manera clara esa comparación con los campos de concentración del nazismo.

¿Cuántos homosexuales fueron recluidos en Tefía?

En algunos textos se habla de decenas o de cientos de homosexuales los que cumplieron medidas de seguridad en la Colonia Agrícola. Sin embargo, estas cifras son notablemente exageradas. La colonia estuvo abierta entre los años 1953 y 1966. Es difícil de concretar el número exacto de presos que cumplieron medidas de seguridad o condenas en la colonia majorera. Habría que analizar todos y cada uno de los expedientes de vagos y maleantes de ese periodo para determinarlo claramente, cosa que aún no se ha realizado. Por otro lado, las estadísticas de las Memorias de la Dirección General de Prisiones no recogen todos los años el número exacto de reclusos de Tefía, pues en algunas de ellas este dato no aparece.

Pero de las cifras de altas de presos en el centro y de las medias anuales que se recogen en dichas memorias, podemos deducir que, durante los años de funcionamiento, la colonia agrícola acogió entre 300 y 350 presos. Sin embargo, solo 20 de ellos lo fueron por su disidencia sexual, según los expedientes de vagos y maleantes analizados, un número notablemente inferior al resto de reclusos. Obviamente, el número de expedientes abiertos por homosexualidad durante la vigencia de la ley fue superior. Durante la investigación en el Archivo Histórico, se revisaron un total de 1096 expedientes pertenecientes a los legajos comprendidos entre los años 1954 y 1970. De ellos 192 expedientes fueron abiertos en virtud de la presunta homosexualidad del procesado, de los cuales 68 fueron considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a las correspondientes medidas de seguridad y 120 fueron absueltos. En cuatro expedientes no se llegó a la sentencia por diferentes motivos.

Por lo tanto, en Tefía fueron recluidos algo menos del treinta por ciento de los condenados por el juzgado especial del archipiélago canario por su homosexualidad, y un porcentaje mucho menor del total condenado en la colonia agrícola. El resto fue recluido en las prisiones de Tenerife, La Palma y Gran Canaria.

¿Fue la colonia dirigida por un sacerdote?

En sus declaraciones, Octavio García se refiere al director de la colonia como un ex-carmelita descalzo llamado Prudencio de la Casa de Dios, al que atribuye las terribles condiciones durante el tiempo en el que estuvo recluido. Esto ha llevado a considerar que la colonia estuvo dirigida por un sacerdote, hecho del todo incierto. Es posible, si nos atenemos a las declaraciones de Octavio, que efectivamente esta persona fuera un ex-carmelita y, por tanto, en el momento de ejercer las funciones de dirección estuviera fuera del ámbito religioso. Hemos intentado confirmar este dato a través de los archivos de la Orden de los Carmelitas Descalzos en Italia desde donde, mediante correo electrónico, se nos aconsejó que nos pusiéramos en contacto con la Provincia Ibérica, ya que ellos conservan los catálogos con todos los datos de los frailes de la Provincia. Tras remitir sendas solicitudes de información a dicho contacto, a través de la página web y de correo electrónico, nunca recibimos respuesta.

Sin embargo, sí podemos acreditar que Prudencio de la Casa de Dios, antes de incorporarse al cuerpo de funcionarios de prisiones, fue militar de graduación. Así, en el Boletín Oficial del Estado de 24 de junio de 1937 se publica su ascenso a Alférez, destinado en agosto de ese año al Regimiento de Infantería de Toledo. En julio de 1938 es ascendido a Teniente. Tras la guerra civil, en el año 1940, es nombrado con carácter provisional oficial del Cuerpo de Prisiones.

Del análisis de los expedientes de vagos y maleantes podemos deducir que Prudencio de la Casa estuvo destinado en Tefía al menos entre los años 1955 y 1959. En enero de este último año es nombrado administrador de la Central del Puerto de Santa María. Durante su destino en Tefía ocupó los cargos de administrador, entre los años 1955 y 1957 y, a partir de julio de este último año, el de director de la colonia hasta el año 1959. Asimismo, la casualidad hizo que otro Prudencio –Prudencio Lafuente–, fuera director durante los tres primeros años de funcionamiento de dicha instalación - probablemente de febrero de 1954 a julio de 1957–.

Todos estos datos nos vienen a aportar la siguiente información. La primera que Prudencio de la Casa de Dios no era sacerdote cuando realizaba sus funciones en Tefía, sino Oficial de Cuerpo de Prisiones. Y por otro lado, nos pone en duda sobre quién pudo ser el responsable de la dureza del régimen de Tefía durante la reclusión de Octavio García en este centro (entre marzo de 1956 y abril de 1957) y de Juan Curbelo (septiembre de 1955 y mayo de 1958), puesto que durante el encierro del primero, Juan de la Casa fue administrador y sólo durante los últimos diez meses de la reclusión de Curbelo actuó como director.

Nos encontramos aquí, por tanto, con cierta incongruencia entre el relato de los testimonios, específicamente el de Octavio García, que da a entender que durante su reclusión, entre los meses de marzo de 1956 y abril de 1957, la dirección de Tefía estaba en manos de Prudencio de la Casa cuando de los expedientes se infiere que durante ese tiempo el director del centro fue Prudencio Lafuente, y el primero ejercía las funciones de administrador.

Octavio García ofreció su testimonio cuando habían transcurrido más de cincuenta años de los hechos por lo que es posible que hubiera confundido nombres o cargos. De esta manera podemos plantear dos hipótesis, la primera que la personalidad y el poder de Prudencio de la Casa de Dios, aun siendo administrador, fueran lo suficientemente destacables como para imponer tan riguroso sistema en la colonia y marcar tan negativamente el recuerdo de los reclusos. Y la segunda, que quien realmente impuso una disciplina tan severa fuera Prudencio Lafuente, por entonces director, y este régimen fuera suavizado por Prudencio de la Casa al sustituirlo en el año 1957, cuando Octavio ya había sido liberado. El fallecimiento de los testigos hace imposible confirmar alguna de las hipótesis.

¿Condenados sin juicio?

Más allá de su reclusión en Tefía u otra prisión, es habitual, y así lo manifiestan muchas de las personas procesadas, creer que la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes se realizaba sin juicio, es decir, sin la aplicación del procedimiento judicial previsto en la legislación correspondiente. En este sentido hay que anotar que tanto la Ley de 1931, en su Título II, como su Reglamento de desarrollo, regulaban el procedimiento judicial destinado a indagar y hacer constar el estado peligroso de vagos y maleantes, según el artículo 78 de la norma reglamentaria. Durante la tramitación de dicho procedimiento, el encausado tenía legalmente derecho a proponer pruebas en su descargo y a designar Procurador que lo represente y Letrado que lo defienda o pedir al Juez que nombre uno de oficio, según el artículo 13 de la ley.

Del examen de los expedientes del juzgado canario se observa que, efectivamente, los procesos están documentados, incluyendo en ellos tanto las declaraciones que se toman a los inculpados como su firma en las diligencias en las que se les informa de su derecho a designar abogado y procurador. Asimismo se les permitía designar representación procesal y presentar escritos de alegaciones y proponer pruebas documental y testifical en su descargo. Una vez dictada sentencia, era posible interponer el correspondiente recurso ante la Audiencia Provincial. No obstante, el hecho de que no existiera juicio oral, sino que el expediente se tramitara fundamentalmente por escrito, produjo la sensación generalizada de que no se les había realizado juicio alguno.

Por otro lado, encontramos un número notable de procesados que no hicieron uso de tales posibilidades de defensa –elección de abogado o solicitud de uno de oficio, presentación de alegaciones o prueba– y en otros expedientes no se garantizaron plenamente de los derechos procesales. Sin extendernos en exceso, en estos expedientes podemos encontrar que la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 se aplicó en los primeros expedientes de manera retroactiva, a personas que fueron detenidas antes de su entrada en vigor, e incluso antes de que la misma ley estuviera vigente. También existen expedientes en los que no se concedió abogado de oficio a algunos procesados que lo solicitaron.

A todo lo anterior debemos añadir los abusos sexuales y malos tratos en las instalaciones policiales y las torturas con los que, en ocasiones, se intentaba extraer información de los procesados durante su estancia en comisaría o la policía armada. La conjunción de estas circunstancias nos ofrece un panorama en el que, a pesar de la tramitación del procedimiento judicial, de estos es fácil deducir en muchos casos la vulneración de los derechos de los inculpados, una situación de notable inseguridad jurídica y la ausencia del respeto a los más elementales derechos humanos.

Más allá de mitos y exageraciones, la realidad de Tefía nos remite a un momento de extrema represión hacia quienes osaban retar al sistema cis-heterosexista del nacional-catolicismo franquista. La Colonia Agrícola de Tefía se ha convertido en un necesario símbolo de esta represión, un espacio que se debe convertir en lugar de encuentro, reflexión y memoria que permita que generaciones futuras conozcan la historia de una comunidad secularmente marginada y cuyas vidas merecen el adecuado reconocimiento.

Víctor M. Ramírez Pérez es activista LGTB e investigador de la memoria histórica de la comunidad del colectivo en Canarias. Acaba de publicar el libro ‘Peligrosas y revolucionarias. Las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’, editado por Tamaimos.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #franquismo #memoria | Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias

Imagen: Público / Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía en la actualidad
Los campos de concentración que Franco abrió en los 50 para "reformar" al colectivo homosexual en Canarias.
El Auschwitz de Fuerteventura estaba en Tefía. Durante la represión franquista se confinaron en esta colonia agrícola, entre 1955 y 1966, un centenar de presos que sufrieron todo tipo de vejaciones y torturas. Su historia es inédita. Octavio García cuenta el infierno vivido como uno de los últimos supervivientes.
María Serrano Velázquez | Público, 2019-11-29
https://www.publico.es/sociedad/franco-canarias-campos-concentracion-franco-abrio-50-reformar-colectivo-homosexual-canarias.html

En el archivo histórico provincial de Las Palmas queda intacta la sentencia que llevó hasta el “terrorífico” campo de concentración de Tefía (Fuerteventura) a Octavio García Hernández, con tan solo 24 años, el 12 de septiembre de 1955.

Antoni Ruiz, presidente de la asociación Ex-Presos Sociales, recuerda a ‘Público’ sus días en aquel infierno. Lo llamaban Auschwitz por las terribles condiciones de vida que se vivieron en aquel campo de concentración, conocido como colonia penitenciaria y que abrió sus puertas en enero de 1955.

De todas las conversaciones mantenidas con Octavio, Antoni relata cómo hablaba de aquellos días de terror, de incertidumbre, en un campo que no tenía ni muros. “El propio mar hacía de frontera natural para que nunca salieran de allí y así que creyeran que aquel hacinamiento podría durar mucho tiempo”, aclara a Público.

El joven Octavio García, era uno de los supervivientes que se mantenían con vida de aquellos años en el campo de Tefía. Y en su sentencia (aún bajo secreto de sumario) reza “el traslado a la colonia agrícola” por un tiempo indeterminado. El expedientado era acusado de homosexual, lo que caía de lleno en la “causa de peligrosidad 2º de la ley de vagos y maleantes del 4 de agosto de 1933, y que se adicionaba a la establecida por el régimen de Franco del 4 de julio de 1954”.

Ruiz relata cómo por una causa injusta y falsa este joven canario es acusado de pederastia, siendo “obligado a permanecer en un colonia de trabajo forzado”, como Tefía, un tiempo mínimo de un año y un máximo de tres. Entre el centenar de presos que se hacinaba en aquel paraje casi desierto había incluso algunos presos comunes y presos políticos en una etapa ya tardía de la represión.

Un campo de trabajo forzado en medio de un desierto
La Colonia de Tefía sería instalada en unos terrenos de la Legión que habían sido antes aeródromo del Ministerio del Aire durante la guerra civil. Bajo una orden ministerial de 1954, homosexuales y transexuales fueron confinados en los denominados "centros de trabajo" y "colonias agrícolas penitenciarias”. La Colonia Agrícola-Penitenciaria de Tefía, como sería denominada por el régimen, fue establecida sobre terrenos pedregosos e improductivos donde los presos picaban piedra hasta la extenuación, sin descanso y ante la humillación constante por su orientación sexual.

El periodista Fernando Olmeda, autor del libro ‘El látigo y la pluma’ (editorial Oberón) relata a ‘Público’ que la colonia de Tefía surge en un contexto muy concreto con “la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes que incrementa la acción represiva (detenciones, encarcelamientos)”. La creación de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía responde a ese endurecimiento.

“Aquella represión desmedida respondía a coordenadas intrínsecas de la alianza nacional católica del régimen de Franco, que identificó al franquismo: arbitrariedad e impunidad, crueldad gratuita, poder omnímodo sobre la vida de terceros, en este caso los homosexuales”, concluye Olmeda.

El investigador Felipe Gómez narra en su libro ‘El derecho a la memoria’ cómo la razón de aquel hacinamiento del colectivo en Tefía era el encarcelamiento para una posterior reforma. “Hay informes que no han salido a la luz de cómo los detenidos eran obligados a trabajar hasta la extenuación, sin ningún interés por su bienestar, por no mencionar su interés en su reforma y los continuos maltratos por parte de los funcionarios de prisiones”.

El infierno de Octavio: 16 meses interno y sin juicio
El Ministerio fiscal pediría para Octavio García, en su expediente número 79 de 1955 del Juzgado Especial de Vagos y Maleantes, que en aquel campo no se pudiera relacionar con nadie. Que tendría que quedar incomunicado. El fiscal pide explícitamente “absoluta separación de los demás”.

García fue llevado sin previo juicio a la colonia canaria. Aquel expediente, al que ha tenido acceso Público, “le prohibía residir en el lugar o territorio que el tribunal designara y la obligación de declarar el domicilio durante un año” tras su salida del campo.

En su testimonio sobre aquellos días recordaba como los vecinos de la isla los miraban como si fueran “casi terroristas”. Octavio declara que eran tratados como “ganado” y no olvida cuando llegaron escoltados por la Guardia Civil a una especie de espigón. “Nos tenían a pleno sol para ponernos en evidencia. Nos echaban un toldo y en un camión nos llevaron tapados para que no viéramos el camino si queríamos escaparnos”.

Cuando llegaron a Tefía había en el campo de trabajo unos 50 presos. “Vino un funcionario que le llamaban la Viga, un tío altísimo de un metro ochenta, que nos decía que éramos maricones y nos iba a quitar esa enfermedad y eso era una cosa nuestra, innata”, recuerda Octavio.

La rutina era de instrucción militar. “Nos levantaban a las seis de la mañana para hacer la cama; pero en aquel paraje no había cama, había petate a ras del suelo. Se escuchaba el viento por la noche con una manta muy fina y unos uniformes grises con los que nos identificaban los guardias”.

Octavio García estuvo afincado 16 meses en Tefía. “Estar allí tanto tiempo te estropea la mente. Aquello solo era cargar piedras y agua. Hombres de 80 kilos que llegaban a pesar treinta kilos y si te equivocabas en la marcha te daban con una fusta que los funcionarios llevaban en la mano”.

Octavio no olvidaría los días que vivió junto a su compañero más joven, Juan Curbelo Oramas, que estuvo durante tres años picando piedra en la colonia, unido a castigos y muchas palizas.

En su libro 'Redada de violetas. La represión de los homosexuales durante el franquismo', el periodista e historiador Arturo Arnalte relata cómo Curbelo llegó a Fuerteventura con la cabeza rapada. “Lo mandaron a la isla”, ya que antes del boom turístico era un paraje para desterrar y alejar a los que no eran adeptos al régimen.

El director del campo, sacerdote castrense de Vitoria
Los que vivieron en aquellas condiciones recuerdan cómo un sacerdote vasco era quien controlaba la organización y el orden de aquella colonia agrícola. Un sacerdote que, detalla Arnalte, “era capaz de esconder las cartas de los familiares y tener durante más tiempo recluido a los condenados” en su internamiento en Tefía por el juzgado de Vagos y Maleantes.

Octavio rememora que no había agua corriente. “Con agua de pozo estancada nos teníamos que duchar solo un día a la semana”. Tampoco olvida cómo iban andando para ir a misa hasta un pueblo muy cercano donde los vecinos no entendían “si eran delincuentes comunes, ni por qué aquellos jóvenes se encontraban hacinados y encerrados en tales condiciones”.

La colonia duró muchos más años de lo previsto. En 1966 se decreta su cierre, aunque siguieron enviando a los homosexuales a la cárcel. Las conocidas galerías de invertidos se ubicaban en cárceles como la de Huelva o la de Badajoz “gracias a la Ley de Vagos y Maleantes que en 1970 fue sustituida por la de Peligrosidad Social”.

Fernando Olmeda señala que las penalidades sufridas por quienes tuvieron la desgracia de pasar por allí “son suficientemente elocuentes”. La dictadura convirtió “al diferente en peligroso. De aquí que, de maleantes, pasaron a ser peligrosos, y de ahí la aprobación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social años después".

Los violetas, como la prensa y los propios guardias los llamaban despectivamente, guardan una historia silenciada de aquella represión que está llegando hoy a la sociedad, a través de otros formatos, incluso de cómic. Las viñetas de 'El Violeta' escrito por Marina Cochet, Jesús Sepúlveda y Antonio Santos (editorial Drakul) refleja la historia de Bruno Llopis, un joven homosexual que es detenido en plena dictadura y encerrado. Antoni Ruiz señala cómo en sus páginas queda latente la historia de Octavio y sus días en Tefía para “no olvidar ese episodio tan oscuro y reciente de nuestra historia”.

En 2004, el Cabildo de Fuerteventura quiso dar un homenaje a aquellos presos que lograron soportar las vejaciones y torturas de Tefía. Se instaló una placa en memoria de quienes fueron recluidos en la colonia. Cuatro años más tarde, el Gobierno de Canarias celebró en aquel espacio, hoy albergue juvenil, el primer acto constitucional el Día Internacional contra la homofobia para no olvidar a aquellos presos, ni tampoco sus historias.

miércoles, 26 de junio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #memoria | "No éramos nadie", el infierno de homosexuales y trans en Canarias

Imagen: Cadena SER / Marcela
"No éramos nadie", el infierno de homosexuales y trans en Canarias.
El experto en memoria histórica LGTBi en Canarias, Víctor Ramírez, recuerda el infierno que vivieron muchos homosexuales y trans en Tefía. Marcela, histórica activista LGTBI, rememora la represión que vivió en los últimos estertores del Franquismo.
Javi Rodríguez | Cadena SER, 2019-06-26
https://cadenaser.com/emisora/2019/06/26/ser_lanzarote/1561568270_702289.html

Se han cumplido cuarenta años del primer acto público de reivindicación LGTBi celebrado en Gran Canaria. El año pasado se cumplieron cuatro décadas de la primera manifestación del Orgullo en Tenerife, fuertemente contestada. La vida de lesbianas, gais, trans, bisexuales y otras sexualidades diversas no ha sido fácil en las islas. Así lo certifica, por ejemplo, el testimonio de quienes estuvieron en la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía durante el Franquismo. Un campo de trabajo y tortura que inauguró la dictadura en Canarias para aplicar plenas de peligrosidad social a quienes consideraban vagos, maleantes, delincuentes o corruptores de menores. Su único pecado era ser homosexuales, transexuales u otras sexualidades diversas.

Picaron piedras en una cantería, construyeron muros y caminos inútiles con el único objetivo de aplicar sobre ellos una cruel tortura. Padecieron un régimen disciplinario estricto. Recibieron más de una paliza y pasaron hambre. "Comían sopas y potajes llenos de gorgojos", así lo contaron Octavio y Juan, dos presos de la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía y lo recuerda Víctor Ramírez, investigador de la memoria histórica LGTBi en Canarias. "Eran considerados pecadores y enfermos y su enfermedad era contagiosa, por eso se les consideraba peligrosos sociales", explica Víctor.

Según explica Ramírez, la Colonia se creó mediante la Orden del Ministerio de Justicia de 15 de enero de 1954, “se instituye una Colonia Agrícola para el tratamiento de Vagos y Maleantes, en “Tefía”, de la Isla de Fuerteventura” (BOE núm. 30, de 30 de enero de 1954), y los primeros años fueron los más duros para quienes allí estuvieron. Sin embargo, la represión continuó en los últimos estertores del régimen, "detenciones por parte de la policía que acaban en multas, en comisaría, en ocasiones se dieron palizas y abusos sexuales", explica Ramírez.

Marcela es incapaz de recordar la cantidad de veces que fue detenida junto a sus compañeras por "sospechas" en las comisarías de Tenerife. Marcela organizó las primeras marchas del Orgullo que se celebraron en Tenerife y nunca dejó que el miedo venciera la homofobia social e institucional. "Llegaron a hacer redadas y a detener a quince en la bombona de la policía, como ganado, como una pila de cochinos", recuerda Marcela. "Acabábamos 72 horas detenidas en la comisaría por el solo hecho de ser transexual", lamenta.

"Nos llegaron a llamar escoria, el hecho de salir a la calle mirando para todos lados para que no te detuviera la policía era la Ley de las transexuales y muchos homosexuales también", explica Marcela. "No éramos nadie, éramos menos que nadie", lamenta. Marcela transmite su preocupación por el rumbo cada vez más homófobo que han tomado algunos partidos de derechas en España, "por favor, no permitan que nos vuelvan a arruinar la vida, si nos quieren ayudar de verdad, no les voten, porque nos amargaron la vida y lo quieren volver a hacer", pide Marcela, que se emociona al hacer esta petición, recordando todo lo que vivió.

domingo, 16 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #memoria | La represión de los homosexuales durante el franquismo en Fuerteventura salta al cómic

Imagen: El Diario / Viñeta de 'El Violeta'
La represión de los homosexuales durante el franquismo en Fuerteventura salta al cómic.
‘El Violeta’ es la historia gráfica novelada de Bruno, un joven homosexual de 18 años en el infierno que sufrieron los gais en el campo de concentración de Tefía. “En Tefía se comen hasta las cagarrutas, date con un canto en los dientes”, le dijeron a Bruno al ser detenido en el cine clandestino Ruzafa de Valencia en 1955. ‘El Violeta’ es una historia a cuatro manos de los guionistas Juan Sepúlveda y Antonio Mercero, con ilustraciones de Marina Cochet.
Eloy Vera | Canarias Ahora, El Diario, 2018-12-16
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/represion-homosexuales-franquismo-Fuerteventura-salta_0_846565450.html

“Cuidando nuestra memoria histórica conseguiremos que no se repitan los errores del pasado”, asegura Juan Sepúlveda, un guionista valenciano que un día decidió contar en viñetas las vejaciones y maltratos a los que sometían a los homosexuales en el campo de concentración de Tefía. Junto al guionista Antonio Mercero y la ilustradora Marina Cochet acaba de publicar la novela gráfica ‘El Violeta’, en la editorial Drakul. ‘El Violeta’ es la historia de Bruno, un joven homosexual de 18 años, pero también el testimonio del infierno que sufrieron los gais durante el franquismo.

Una noche de 1955 Bruno acude al cine Ruzafa, uno de los lugares clandestinos más importantes de Valencia. Allí cae en una trampa de la policía y le envían a la cárcel por ser homosexual. En prisión le hablan de la Ley de Peligrosidad Social y de Tefía. “En Tefía se comen hasta las cagarrutas. Date con un canto en los dientes…”, le asegura un preso a Bruno después de quejarse por la comida de la cárcel. Tefía es “un campo de concentración para homosexuales en Fuerteventura aunque lo llaman Colonia Penitenciaria Agrícola”, le aclara el compañero.

‘El Violeta’ es la historia de la persecución que sufrieron los homosexuales durante el franquismo y la convivencia de las mujeres que se casaron con ellos. Es un relato de fingir lo que no se es, de amores clandestinos bajo la amenaza del miedo, de represiones y apariencias, pero también un documento gráfico de la suerte que corrían los homosexuales que enviaban a la prisión de Tefía.

Desde 1954 hasta 1966 funcionó la prisión de Tefía. Durante 12 años, el centro encerró a alrededor de un centenar de personas condenadas por la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada durante la Segunda República para castigar a vagabundos, pordioseros, rufianes, proxenetas y a todo aquel que no pudiera demostrar domicilio fijo, empleo o modo de sustento. En 1954 Franco modificó la ley para incluir a los homosexuales por considerarlos un peligro público. Mientras el dictador los privaba de libertad, en la calle la prensa reaccionaria y la policía los insultaba al grito de “violetas”

Sepúlveda explica desde su residencia en Canadá que la novela surgió después de descubrir el horror que había sufrido el colectivo LGTB durante el franquismo. “Me impresionaron mucho los testimonios y el desconocimiento que tenemos los jóvenes de mi generación sobre esta época. Que en los planes de estudio de la LOGSE no se incluyera este apartado me pareció alarmante. Y esto me movió a escribir un guion que pudiera recordar este periodo de nuestra historia”, comenta.

‘El Violeta’ es una historia a cuatro manos junto al guionista de cine y televisión Antonio Mercero. En ella cuentan la vida de Bruno, que tras pasar por la cárcel de Valencia, acaba obligado por su padre a internarse en una academia de policía como remedio para curar su desviación sexual, envuelto en un matrimonio concertado y participando en redadas policiales contra homosexuales. “Decidí colocar al protagonista en el ojo del huracán y qué mejor lugar que el cuerpo de policía. Allí Bruno es testigo y cómplice de la represión ejercida contra los homosexuales. Verá con sus propios ojos las redadas, la hipocresía de los agentes y el sin sentido de la persecución”, explica Sepúlveda.

La novela también es un reflejo de la desigualdad de las leyes. El autor de la novela gráfica señala que su intención era mostrar “la diferente suerte que corrían los homosexuales de clase baja y media”. Bruno consigue esquivar la cárcel gracias a los contactos de su familia y los medios para costearse una defensa. En cambio a su pareja Julián, de clase social inferior, se le aplicará la ley sin piedad y acabará en el campo de concentración de Tefía picando piedra de sol a sol, bajo un sol que no da descanso y sometido a insultos y golpes.

“Julián quería que representase a los homosexuales más valientes. Los que pelean en todas las batallas contra la intolerancia. Quería contar el precio que pagaron todos aquellos que desafiaron al régimen sin importarles las consecuencias. Gracias a ellos, a los que lucharon en primera línea, existen hoy las leyes de igualdad”, sostiene el autor.

Historia silenciada
Durante mucho tiempo Juan leyó libros en busca de información que le acercara al tema de la homosexualidad durante el franquismo; rastreó archivos, memorias penitenciarias y páginas en internet en busca de testimonios que pusieran luz a una historia silenciada. En concreto, se interesó por los testimonios de Juan Curbelo y Octavio García, dos expresos que antes de morir contaron cómo había sido el infierno que vivieron en Tefía.

Sepúlveda recuerda cómo Curbelo y García fueron condenados a uno y tres años de prisión. Tras una exploración médica, para establecer qué tipo de “pederastas” eran, fueron enviados desde la cárcel de Barranco Seco en Las Palmas hasta Fuerteventura. Allí, los desembarcaron en botes y fueron llevados en furgonetas a Tefía.

En la colonia agrícola les esperaban palos, hambre y un sacerdote que informaba a los juzgados si debían pasar allí uno o tres años para cumplir la condena completa. “Esa era la fórmula del régimen para quitar a los homosexuales el vicio y reconvertirlos en heterosexuales”, denuncia el guionista. “Al mismo tiempo, el Ministerio de Justicia hablaba en las Memorias de Instituciones Penitenciarias de los magníficos progresos que se habían conseguido en la colonia. Era un delirio tras otro”, añade.

Durante la entrevista, Sepúlveda explica que su intención siempre fue la de “escribir una historia de ficción, pero quería escribir una historia universal sobre la persecución y todo el sufrimiento que causó la Ley de Peligrosidad Social”. Y aclara “quería escribir una historia tanto para el lector heterosexual como para el homosexual y que al mismo tiempo fuera emocionante y emotiva”.

El autor de ‘El Violeta’ partió de una anécdota que le contó Antonio Ruiz, presidente de Ex Presos Sociales para hacer la novela. Él, al igual que Bruno, fue delatado por una monja y encarcelado con 18 años. Bruno también tiene su germen en ‘Las seis caras de un dado’, el primer libro de relatos que escribió Sepúlveda. En él hablaba de un joven que se hacía pasar por heterosexual y que no conseguía llevar esa farsa muy lejos. “Me pareció muy interesante la historia de los homosexuales que trataron de encajar en la España de Franco. Sobre todo los que se hicieron pasar por heterosexuales. Las vidas paralelas que llevaron y la infelicidad que esta mentira causó en sus familias”, explica.

Marina Cochet es la tercera pata de ‘El Violeta’. Esta ilustradora francesa afincada en España conoció a través de Facebook la oferta de Juan Sepúlveda. El valenciano la eligió para ilustrar su historia y “se lanzaron a la aventura”. Durante dos años estuvo dibujando las historietas que dan vida al cómic.

La imaginación, el surrealismo y el humor que suelen acompañar sus obras se echaron a un lado para conformar unas historietas impregnadas de realismo. ‘El Violeta’ es su primera incursión profesional en la novela gráfica. Marina explica que en ella “me interesaba plasmar los malos sentimientos de los personajes para que el público se metiese en la historia y viviese los sentimientos desde muy de cerca. Se metan en su piel y empaticen”.

“No había visto ninguna novela gráfica que trate este tema en nuestro país y era bastante necesario hablar de ello”, considera. “La sociedad está dormida en estos asuntos y piensa que como es el pasado eso ya se acabó, pero esa gente, que lo ha pasado tan mal y ha sobrevivido, sigue sufriendo”.

“El albergue de Tefía debería ser un museo sobre la memoria histórica del colectivo LGTB”
Juan Sepúlveda visitó hace algún tiempo Tefía en busca de los barracones del Auschwitz de Fuerteventura. Encontró un albergue y un monolito con una placa donde se reconoce la lucha de aquellas personas que fueron perseguidas, encarceladas y torturadas por su orientación sexual. El autor de ‘El Violeta’ cree que “no tiene sentido que sea un albergue”. A su juicio, debería haber un museo, “un espacio de divulgación donde los ciudadanos puedan conocer más sobre las leyes de igualdad y la memoria histórica del colectivo LGTB. No podemos permitir que un antiguo campo de detención sea hoy un albergue y quede olvidado lo que ocurrió allí. Todo lo que se olvida vuelve a ocurrir”.

viernes, 2 de noviembre de 2018

#hemeroteca #memoria #franquismo | Un campo de concentración para aislar a los gais del turismo

Imagen: La Marea / Recuerdo a los represaliados en Tefía, Fuerteventura
Un campo de concentración para aislar a los gais del turismo.
La Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, fue creada para encerrar a los homosexuales.
Eduardo Robaina | Rutas de la Memoria, La Marea, 2018-11-02
https://rutasdelamemoria.lamarea.com/un-campo-de-concentracion-para-aislar-a-los-gays-del-turismo/

Tefía, Fuerteventura (Canarias). Estado de conservación: Las instalaciones están perfectas y la zona está cuidada, debido a que ahora cumple funciones de albergue. Se han construido nuevos edificios alrededor, pero el principal sigue igual. Esta ruta fue realizada en septiembre de 2018.

“Desierto es esta solemne y querida tierra aislada de Fuerteventura”, escribió Miguel de Unamuno durante su destierro a la isla en 1924. Allí lo envió Primo de Rivera por sus continuos ataques a él y al rey. Casi un siglo después, el paisaje que dibujó el escritor a través de sus letras se mantiene inmutable. A medida que se avanza hacia el interior, los campos se vuelven cada vez más áridos, y las paradisíacas playas de arena dorada desaparecen de la vista. El verano, que araña sus últimos días de protagonismo, se hace notar con gran temperatura. La humedad, que no pide permiso, contribuye a que el ambiente sea aún más agobiante. En Fuerteventura las carreteras no abundan. Y llegar a Tefía no entraña gran complicación. Estamos en un modesto pueblo de apenas 200 habitantes situado a 20 kilómetros de la capital, Puerto del Rosario –por entonces Puerto de Cabras–, que acabó siendo el lugar elegido para la llamada Colonia Agrícola Penitenciaria.

Ahora es necesario continuar la carretera que atraviesa el pueblo. Lo primero que puede verse es un Ecomuseo, principal atractivo turístico de la zona. En la parte derecha, continuando la andadura por la FV-207, queda al descubierto un gran tablón de madera: “Albergue de Tefía”, anuncia. La carretera asfaltada desaparece y el camino se vuelve salvaje. A lo lejos, un molino, como tantos de los que pueblan la isla. Tras él, el centro juvenil que adelantaba el cartel. Las puertas están abiertas. Unos cuantos edificios, un gran patio, y un modesto observatorio astronómico completan el lugar. Sobre estos metros cuadrados, cientos de personas fueron recluidas por la dictadura franquista con el fin de “proteger la paz social y la tranquilidad pública”. Ahora es un lugar de encuentro para la diversión. Antes lo era del sufrimiento.

El grueso de personas que fueron encerradas en aquel lugar eran “maricones”, apelativo empleado por los policías y resto de funcionarios. No habían cometido ningún delito. Se castigaba a los que hubiesen realizado “actos de homosexualidad”, tal y como figuraba en la modificación del 17 de julio de 1954 de la Ley de Vagos y Maleantes, aprobada por el dictador Francisco Franco. Tefía se convirtió, así, en el centro al que fue a parar la mayor parte del colectivo LGTBI de las islas.

La idea de su creación llevaba tiempo en mente. El 30 de agosto de 1947, el periódico Falange publicó una entrevista con el entonces director general de prisiones, Francisco Aylagas Alonso, quien afirmó que su visita a Canarias se debía a la búsqueda de unos “magníficos terrenos” en los que establecer “una Colonia Agrícola Penitenciaria Modelo”. No se supo más del proyecto hasta el 17 de julio de 1953, cuando en el mismo medio, el nuevo encargado de prisiones, José María Herreros de Tejada, ya hacía directamente alusión a Fuerteventura, y particularmente a Tefía. Y así fue. Mediante una orden ministerial, el 15 de enero de 1954 se creó la Colonia. El Ministerio del Aire había cedido un aeródromo convertido en cuartel de la Legión tras la guerra civil.

Como atestigua la memoria de instituciones penitenciarias, en su primer año ya había 43 internos y 6 funcionarios. En sus inicios era capaz de albergar a 200 individuos, pero su capacidad fue aumentada hasta los 300, cifra jamás lograda. El objetivo, más que cumplido según afirmaban, resolvía el grave problema “que preocupaba a las autoridades, pues habida cuenta de la importancia del turismo en las islas, se hacía preciso aislar a los nocivos elementos que con sus ademanes hacían desmerecer el magnífico concepto que al arribar a aquellas tierras adquirían tanto los extranjeros como los nacionales en el momento de desembarcar”.

En su construcción colaboraron la Dirección General de Prisiones, autoridades civiles y militares de Las Palmas y el Cabildo de la isla, quien dio todo tipo de facilidades y “costeó materiales y utensilios”, señalan documentos oficiales. Fue un campo de concentración, como destacan los que lo sufrieron; pero no fueron los únicos en usar esa definición. El presidente de la Audiencia Territorial, en unas declaraciones recogidas por el diario del régimen, tampoco dudó en llamarlo así. Otros lo denominaban campo de trabajo. Un término que hacía referencia a la realidad a la que se enfrentaban los presos, obligados a tareas más allá de las relacionadas con la agricultura.

Fueron usados como peones en muchas de las obras que hoy pueden verse; cargaban piedras y agua; o se les obligaba a explotar una cantera de piedra de cal de la zona, como atestiguan periódicos de la época. Las obligaciones también pasaban por practicar la instrucción militar con sesiones de gimnasia.

Muchos presos guardaron silencio. Unos por miedo, otros por vergüenza. El transcurso de la vida se ha ido llevando, sin posibilidad de retorno, todos esos testimonios. Otros, sin embargo, sí decidieron alzar la voz. Octavio García jamás se calló nada de lo que vivió en aquel lugar. Nació en 1931 en Las Palmas de Gran Canaria, y a los 23 ya fue encarcelado. Fue uno de los primeros de Tefía, donde pasó 16 meses. Octavio falleció el pasado agosto. Tenía 87 años y un sinfín de horrorosos recuerdos. En varias de las entrevistas que concedió a lo largo de su vida, relató las palizas que les propiciaba el personal, las humillaciones verbales y físicas. “Te transforma; te quita la mente”, dijo en una de ellas. Su intención al dar la cara siempre era la misma: “Para que la juventud sepa lo que fue la homosexualidad, cómo la reprimían”. Tras casi tres años encerrados volvió a Gran Canaria, a su hogar, del que había sido desterrado por las autoridades isleñas.

Fueron 11 los años que permaneció en funcionamiento la Colonia. Su clausura llegó por orden del Ministerio de Justicia el 21 de julio de 1966 debido al casi inexistente número de reclusos. Quedaban siete personas que fueron derivadas a la prisión de Barranco Seco en Las Palmas de Gran Canaria, hoy usada como Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). Una placa fijada en 2008 por el Cabildo de Fuerteventura reconoce el horror y la injusticia que por esos caminos de tierra y escasa vegetación se perpetuó durante más de una década. Una isla asociada como destino de sol y playa forma parte de la historia que nuestro país no debe olvidar.

#hemeroteca #comic #homofobia #franquismo | El infierno de ser gay durante el franquismo: muerte, soledad y campos de concentración

Imagen: El Confidencial
El infierno de ser gay durante el franquismo: muerte, soledad y campos de concentración.
'El violeta', de Juan Sepúlveda, Antonio Mercero y Marina Cochet, plasma esta cruel época a través de la vida de un joven de 18 años.
Paula Cantó | El Confidencial, 2018-11-02
https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-11-02/el-violeta-novela-grafica-homosexualidad-franquismo_1639403/

Bruno se queja de que hay insectos en su comida, en el comedor de la cárcel de Valencia. “En Tefía se comen hasta las cagarrutas, date con un canto en los dientes”, le responde un preso. Lo llaman “Colonia penitenciaria agrícola” pero Tefía, le explica, es un campo de concentración para homosexuales en Fuerteventura. Se trabaja picando piedra de sol a sol, entre golpes y bajo un sol sin tregua. Es 1955 y los homosexuales son detenidos por la policía, que se ampara en la ley de peligrosidad social. ‘El violeta’ (Drakul), la novela gráfica de Juan Sepúlveda, Antonio Mercero y Marina Cochet, plasma esta cruel época a través de la vida de un joven de 18 años.

Una noche de 1955, Bruno cae en una trampa tendida por la policía en los cines Ruzafa de Valencia. Los agentes le golpean y se lo lleva al grito de “violeta”: su delito es ser homosexual. La de ‘El violeta’ es una historia cruda sobre la persecución de los homosexuales durante el franquismo, sobre fingir lo que no se es, sobre dolor y sufrimiento, sobre el amor y la mentira. Una crónica histórica que se alarga durante años, desde que Bruno es un adolescente miedoso hasta que el peso social cae sobre sus hombros y configura su forma de ser.

Para engendrar su primera novela gráfica, el valenciano Juan Sepúlveda se ha empapado de ensayos, expedientes médicos o policiales y “muchos testimonios de presos durante los últimos cuatro años”, explica a El confidencial. Se remite en concreto al de Octavio García, superviviente del campo de concentración de Tefía que uno de los personajes de ‘El Violeta’ le describía a Bruno. El temido campo de Tefía se creó en 1952 cuando la Dirección General de Instituciones Penitenciarias adquirió unos terrenos que habían pertenecido al primer aeropuerto de Fuerteventura.

En aquella época, comenta Sepúlveda, se crearon estos campos de concentración por la enorme cantidad de condenados bajo la llamada ley de Vagos y Maleantes y la posterior ley de Peligrosidad Social, que establecía desde multas hasta penas de cinco años de cárcel. “Eran más de dos mil al mes”.

"No escuchamos ni una palabra en colegios"
‘El Violeta’ quiere recordar una memoria silenciada. "Los jóvenes de mi generación, y las anteriores y sucesivas, no escuchamos hablar ni una palabra en los planes de estudio de los colegios e institutos”, explica Sepúlveda. Se ha sumergido en esta historia para recordar lo que pasó con el colectivo LGTBI. "Cuánto tuvieron muchos que sufrir, e incluso dejarse la vida, para conseguir los derechos y libertades que tienen hoy en día.”

Pasar a la siguiente página es aumentar el dolor por momentos, tanto para el lector como para el propio autor. “Bruno, el protagonista, trata de encajar en una sociedad donde no hay lugar para los homosexuales”, comenta Sepúlveda sobre el momento que más difícil le fue de relatar. “Me interesaba el síndrome de la rana hervida. Cómo vamos acostumbrándonos a lo malo. La sociedad como maltratadora del homosexual. Pero el caso de Bruno era complejo. Las circunstancias fueron capaces de amilanarlo de joven, pero los años pasan y Bruno se convierte en una bomba de relojería.”

Pero el valenciano repara también en otras vidas rotas que con el tiempo van cicatrizando como pueden. Todas ellas han bebido de historias reales hundidas en el tiempo. Es el caso, por ejemplo, de Maricruz, que se convertirá en la esposa de Bruno. “Es una mujer brillante que es arrastrada a un matrimonio concertado”, describe Sepúlveda. “Cuando descubra la homosexualidad de su marido y la abolición del divorcio empezará su tormento al sentirse atrapada en la relación”. En el sistema educativo franquista, el desarrollo intelectual de la mujer se encontraba limitado. “Las mujeres estaban destinadas al hogar y al cuidado de los hijos”.

El de ‘El Violeta’ es un viaje en el tiempo oscuro y amargo, pero necesario. Una luz hacia lo pasado y una bofetada en la cara. “No te olvides de esto”, parece gritar desde sus páginas asfixiadas. Sepúlveda parte de una anécdota que le contó Antonio Ruiz, presidente de Ex-Presos Sociales: él, como Bruno, también fue delatado por una monja y encarcelado solo con dieciocho años. A partir de ahí, su grito de guerra denuncia “todos los abusos policiales, detenciones, encarcelamientos, alejamientos, humillaciones, vejaciones y un largo etcétera que les ocurrieron a miles de españoles homosexuales.”

‘El Violeta’, cuyos derechos ya han sido adquiridos, está cerca de convertirse en una película. “En enero o febrero, la productora presentará el proyecto en un comité de Televisión Española”, cuenta Sepúlveda. “Creo que el colectivo LGTB merece una película como esta para curar las heridas del franquismo”.

Vuelve a ser 1955. Bruno mira a su compañero de celda, que resume el dolor y la injusticia de la historia y de una realidad que aún resuena: “Estamos aquí por ser como somos”.

jueves, 13 de septiembre de 2018

#libros #comic #homofobia #franquismo | El violeta


El violeta / guión de Juan Sepúlveda y Antonio Mercero ; ilustraciones de Marina Cochet.
Fuenlabrada, Madrid : Drakul, 2018 [09-13].
104 p. : il.
ISBN 9788494589775 / 14,20 €

/ ES / Cómic
/ Franquismo / Historia – Siglo XX / Homofobia / Homosexualidad / LVM / Novela gráfica / Persecuciones políticas / Tefía

Valencia, 1955. Bruno cae en una trampa tendida por la policía en el cine Ruzafa para detener homosexuales amparándose en la ley de peligrosidad social. Su entrada en la cárcel con tan solo 18 años, y la presión de su familia, le obligarán a tomar decisiones que marcarán el resto de su vida.

El violeta es una novela gráfica sobre la persecución que sufrieron los homosexuales durante el franquismo, y la convivencia de las mujeres que se casaron con ellos. Un relato que saca a la luz los campos de concentración para homosexuales que creó el régimen y que históricamente están siendo olvidados. 


Reseña de «El violeta»
Yoanna Rodionova | Katrakak, 2018-10-29

https://katakrak.net/cas/blog/rese-el-violeta-de-juan-sep-lveda-antonio

La historia contada en ‘El Violeta’ nos abre una ventana a la realidad que vivieron los homosexuales durante el franquismo. Bajo el amparo de la Ley de Vagos y Maleantes, el protagonista, un joven sencillo llamado Bruno, es detenido en el cine Ruzafa que hacía, a su vez de trampa para homosexuales. En la cárcel se despliega sobre él un sistema de torturas y violaciones a la sombra de un fantasma mayor: el campo de concentración de Tefía, en Fuerteventura, oficialmente llamado Colonia Agrícola Penitenciaria, donde no había más que piedras y torturas. Más tarde, ya en libertad, las decisiones que tomará estarán marcadas por la asfixia del miedo y el arraigo religioso de una sociedad tradicional. Guiado por el estigma, la evolución del protagonista le conduce a asumir el rol de sus opresores, en ocasiones, con la misma virulencia que ellos. Los personajes que rodean a Bruno atinan al representar los valores de aquella sociedad reprimida y encerrada en la costumbre que, mientras pudo, hizo lo posible por enterrar todo cuanto le era diferente.

El guion y el dibujo de esta novela gráfica se acompasan muy acertadamente y sugieren con sensibilidad el desgarro de una historia que es la historia de muchos: aquellos que han tenido el valor de la memoria y aquellos que huyeron tanto al exilio político como al exilio interior.