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martes, 7 de noviembre de 2023

#hemeroteca #lgtbi #pinkwhasing | A nuestros maricas les pegamos nosotros

El Salto / Dana Internacional en 2016 //

A nuestros maricas les pegamos nosotros

Dana Internacional, la artista más querida de Israel, ha afirmado recientemente que quien no condene a Hamás, está en contra de la comunidad LGBTI
Christo Casas | El Salto, 2023-11-07
https://www.elsaltodiario.com/lgtbifobia/maricas-les-pegamos-nosotros

Israel ha necesitado sacar la artillería pesada. Y no hablo de armamento, sino de Dana Internacional, probablemente su artista más conocida y querida, que ha afirmado en una reciente entrevista que “quien no condena a Hamas, está en contra de la comunidad LGBTI”. Un ejemplo más de los muchos con los que Tel Aviv explica al mundo su existencia como una misión divina: la primera línea en defensa de las personas queer y los valores occidentales ante la barbarie musulmana. Sin embargo, yo no puedo evitar preguntarme ¿cuántos maricones y bolleras se encontraban entre las 10.000 víctimas de los bombardeos en Gaza? ¿Cuántas personas trans y bisexuales podrán escapar por el paso de Rafah? ¿Cuántos futuros queer han sido segados por el ejército israelí?

La instrumentalización de las personas LGBTI por parte del Estado de Israel no es nueva, sino que forma parte de una planeada estrategia para ganar una guerra distinta a la de las armas: la de la opinión pública. Décadas lavando su imagen a base de carrozas del Orgullo, turismo gay y galas de Eurovisión en un supuesto oasis marica en medio del infierno lgbtifóbico. El objetivo es convencernos de que erradicar a un pueblo entero está justificado porque nos están defendiendo a nosotras, las maricas europeas, de una masa inhumana y homogéneamente lgbtifóbica de animales. Pero, si ningún colectivo LGBTI ha pedido jamás la prisión o la pena de muerte por lgbtifobia ¿por qué íbamos a considerar el genocidio un castigo proporcional? ¿Por qué íbamos a pasar por alto la solidaridad con las víctimas LGBTI de los bombardeos?

Mientras tanto, de este lado del Mediterráneo, la extrema derecha toma nota del exitoso pinkwashing israelí y busca el preciado voto rosa amenazándonos con la invasión musulmana. Le Pen o Weidel se arrogan la defensa de las maricas francesas y alemanas frente a los malvados inmigrantes, del mismo modo que Abascal quiere convencernos de que la solución a las violencias que sufrimos es expulsar extranjeros. Es curioso el giro que ha dado la narrativa sobre las personas queer en Europa: si antes toda perversión provenía del extranjero, de un más allá exótico y pasional que no podía reprimir sus instintos sexuales, ahora es la lgbtifobia la que viene de fuera. Lo que no ha cambiado es la finalidad del discurso: levantar fronteras aún más altas en Occidente y perpetuar su dominio sobre un sur global que se describe como retrasado en valores y derechos.

Poco importa que esta apropiación de las luchas y colectivos LGBTI entre en obvia contradicción con los valores de los ministros ultraortodoxos de Israel o de las políticas anti-LGBTI que despliega Vox allá donde toca poder. Tanto Netanyahu como Abascal, Le Pen o Weidel parecen haber encontrado ya la manera de resolver su conflicto interno: a nuestras bolleras, a nuestras trans, a nuestras bi o a nuestras maricas no les pegan los putos moros. A nuestras maricas les pegamos nosotros.

Christo Casas. Es periodista y antropólogo. Actualmente coordina su trabajo en comunicación institucional con la literatura y la divulgación sobre cuestiones LGBTI con perspectiva de clase e interseccionalidad.

viernes, 16 de abril de 2021

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia #politica | Mercaderes en el templo

Imagen: El Salto / El propio Ramon captó a IDA en Chueca

Mercaderes en el templo.

El pasado lunes, a la hora de la siesta, Isabel Díaz Ayuso paseó por las calles del barrio de Chueca en busca del “voto rosa” sin demasiados inconvenientes, algo que en su día habría sido impensable.
Ramón Martínez | El Salto, 2021-04-16
https://www.elsaltodiario.com/mirada-rosa/mercaderes-templo-ayuso-pp-chueca 

Las ideas y los espacios han tenido siempre una relación complicada. Se confunden, se superponen, se toman unos como representantes de otras y más de una vez aquellas parecen quedar asociadas a unas localizaciones muy precisas. Además, ideas y espacios suelen servir como símbolo donde reconocer un determinado grupo de personas. En la ciudad de Madrid, por ejemplo, Vallecas es la izquierda, la izquierda son —¿fueron?— las personas más humildes, obreros y obreras, y todas ellas, además, se supone que son quienes viven en Vallecas.

Lo mismo sucede con el barrio de Chueca: es el espacio que se asocia a lesbianas, gais, bisexuales y trans, a sus intereses y a las ideas que los defienden. Chueca es ese lugar, aunque a estas alturas sea dudoso que la asociación siga funcionando como lo hizo años atrás. Pero, aunque el vínculo se establezca en ocasiones de forma errónea y acabe caducando con el paso del tiempo, ideas, espacios y personas se relacionan de esa forma tan compleja porque esos códigos, esas asociaciones cómodas, son útiles para nuestra comprensión del mundo. Y lo son más que nunca durante una campaña electoral.

El pasado lunes, a la hora de la siesta, Isabel Díaz Ayuso paseó por las calles del barrio de Chueca. Sucede en todos los procesos electorales: la asociación entre una zona y quienes se supone que más la transitan también sirve a los partidos políticos para ir allí a buscar su apoyo. Quien desee aquello que una vez se llamó el “voto rosa” debe peregrinar hasta el barrio, hacerse una bonita foto frente a la parada del metro, charlar con viandantes y visitar algunos comercios. Debe sonreír en todo momento, parecer increíblemente tolerante y tratar de que apenas se perciba la extraña sensación de no saber a ciencia cierta qué está haciendo allí. Hemos visto una y otra vez a los partidos progresistas participar en estas particulares romerías. También vimos a Ciudadanos, cuando se esforzaba más en aparentar una ideología progresista. Y ahora los populares han querido sumarse a la procesión.

No es la primera incursión de los populares en una zona que tradicionalmente se ha relacionado con el colectivo LGTB: ya en 2003 Ana Botella visitó la sede de COGAM antes de ser elegida concelaja en el ayuntamiento de Madrid. Pero la artífice del símil de las peras y las manzanas no pudo hacerse la foto tolerante de su campaña con la tranquilidad esperada: un grupo de personas, capitaneado por Mili Hernández, se presentó ante las puertas del colectivo con carteles que denunciaban la hipocresía de la candidata.

Han pasado muchos años y este pasado lunes Ayuso ha dado su paseo sin demasiados inconvenientes. Algunas voces preguntaron por la Sanidad Pública, otras la llamaron hipócrita y solo en un local, la librería Berkana donde sigue trabajando Mili, se pudo ver un cartel que reclamaba un claro “No al blanqueamiento de la LGTBfobia del PP”. El resto fueron algunas pocas fotos y una indiferencia general.

Las asociaciones entre personas, espacios e ideas ya no son como fueron en otro tiempo. Tampoco lo son las asociaciones que trabajan por nuestros derechos. Cada vez es más evidente que Chueca ha cambiado, que las personas que en su día nos reconocíamos en ese espacio ahora somos diferentes —mayores— y que nuevas personas con nuestras mismas características buscan otros lugares con los que identificarse. Además, al mismo tiempo que se debilitaba ese hilo que asocia personas, espacios e ideas, también nuestras propias reivindicaciones fueron desdibujándose. Las asociaciones que las formulaban fueron perdiendo discurso, fuerza, creatividad y, sobre todo, gente.

En su día habría sido impensable que alguien que pacta sus políticas con la ultraderecha y que no tiene reparos en plantear la posibilidad de la censura parental a la sensibilización contra el odio en las aulas paseara con tanta tranquilidad por el que era nuestro barrio. En su día el espacio, las personas que lo componían y las ideas que defendían y las defendían estaban fuertemente vinculadas. No era suficiente que la candidata en cuestión afirmara, como hizo Ayuso, que «a mí me da igual cómo configure cada uno su vida en su cama», porque ese mensaje se reconocía como un eslogan vacío de contenido, cuando no veladamente intolerante. Pero ahora sí. Ahora cualquier mensaje facilón parece convencer a mucha, a demasiada gente.

Parece que de aquella Chueca comprometida —más o menos real, más o menos soñada—, ya solo queda Berkana, rodeada de tiendas de zapatos, terrazas y alguna que otra travesti que no piensa dos veces antes de hacerse una foto y reírle a Ayuso sus “chuminadas”.

A finales de junio, el movimiento de lesbianas, gais, trans y bisexuales de Madrid celebra la marcha del Orgullo. Una cita que sirvió para conquistar derechos a partir de los 90 pero que ha sido despojada de su carácter reivindicativo en favor de un cóctel de ruido y desfase.

Y el gran problema es que, aunque durante un momento algunos gritos y carteles hayan empañado un poco la tan deseada foto de la candidata, no podemos obviar que hemos perdido un espacio. Antes de conseguir garantías de libertad en cualquier lugar, para esa nueva generación que busca otros barrios, quizá sus propios barrios, como Vallecas; es posible que nos hayamos quedado sin ningún espacio que podamos reconocer como propio.

En las redes decimos que es necesario expulsar a los mercaderes del templo, pero quizá no queramos ser conscientes de que aquella santa zona es cada vez menos sagrada o, peor aún, que en realidad siempre fue propiedad de esos mercaderes y que la idea de que nos pertenecía no fue nunca nada más que un sueño.

domingo, 10 de noviembre de 2002

#hemeroteca #politica | La homosexualidad entra en política

La homosexualidad entra en política
Los partidos se abren a las demandas de 'gays' y lesbianas para captar votos de un colectivo cada vez más influyente
Soledad Alcaide | El País, 2002-11-10
http://elpais.com/diario/2002/11/10/espana/1036882813_850215.html

'La homosexualidad ya es política', afirma Jordi Petit, ex secretario general de ILGA, la organización internacional de gays y lesbianas, y ahora secretario de honor de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya. Y lo sostiene en la misma semana en que en la prensa se ha debatido si abrir la posibilidad de que en las casas cuartel de la Guardia Civil convivan parejas homosexuales fue maniobra electoral o de oportunidad política por parte del Gobierno. En una semana en la que PSOE e IU han vuelto a presentar en el Congreso dos proposiciones de ley para cambiar el Código Civil, de forma que se permita el matrimonio a las parejas del mismo sexo. Y en la que el viernes el Gobierno ha mostrado su rotunda oposición a la adopción y al matrimonio entre homosexuales, reflejada en una respuesta a una pregunta parlamentaria. A favor o en contra de sus derechos, el hecho es que la homosexualidad ha entrado en el debate político.

'Creo que éste es nuestro momento. Y tenemos que aprovecharlo'. El momento que menciona Pedro Zerolo, presidente de la Federación Estatal de Gays y Lesbianas, es el que llevan esperando desde el inicio de la democracia los cuatro millones de homosexuales que esa organización estima que hay en España: que sus reivindicaciones, encabezadas por la equiparación del matrimonio, se acepten socialmente hasta el punto de que en un futuro próximo lleguen a estar en los textos legales. Y, mientras ocurre, empiezan a sentirse objeto de las miradas de los partidos políticos, que parecen acabar de descubrir que ese 10% de la población también acude a las urnas.

'Los políticos se están fijando en nosotros', sostiene Mili Hernández, dueña de la librería Berkana, en el barrio madrileño de Chueca, el primero manifiestamente homosexual de España. 'No es que antes no lo hicieran, pero pensaban que éramos una minoría'. Ese cambio ha sido el resultado de 25 años de lucha -no hay que olvidar que todavía en 1975 se juzgaba a las personas por homosexualidad; 152 personas pasaron ese año por los Tribunales de Orden Público de Madrid, según el libro “La sociedad gay”-, pero , como han señalado todas las personas consultadas para este reportaje, ha sido sobre todo la manifestación del pasado 29 de junio, la segunda convocatoria más numerosa que se ha celebrado en la capital (con una asistencia, según los organizadores, de medio millón de personas), la que ha dado la prueba de fuerza del colectivo de gays, lesbianas y transexuales. Desde ese día se han convertido en rostros y, por tanto, en votos.

A eso se añade que el escenario político ha cambiado en los últimos meses: con encuestas que muestran la igualdad entre PP y PSOE, el reforzamiento del líder socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, tras el debate de Presupuestos, y unas elecciones a la vuelta de la esquina. El acercamiento ha consistido en guiños electorales de algunas personalidades políticas, más que en compromisos concretos. Como cuando el candidato del PP a la alcaldía de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, aseguró en una emisora de radio que una pareja del mismo sexo es una familia y que por lo tanto no se le puede negar el derecho de adopción, siempre que haya informes científicos favorables.

'Que los partidos integren en sus programas las reivindicaciones de homosexuales y lesbianas es un elemento de normalización que supone que recibamos un trato de ciudadanos. Ojalá hagan electoralismo con ello', añade Jordi Petit.

Pero la idea de captar el denominado “voto rosa” no es nueva ni específica de España. De hecho, el electorado homosexual -junto con el voto femenino y el de color- fue decisivo en la primera elección de Bill Clinton como presidente de Estados Unidos. Por eso, las asociaciones de gays y lesbianas españolas están apuntando ya que su voto unido puede ser determinante en muchos casos. Como en Madrid, donde calculan que viven unos 400.000 homosexuales. Sólo con la mitad de esos votos se decidió la alcaldía de la capital en las últimas elecciones municipales, en las que José María Álvarez del Manzano, por el PP, venció al socialista Fernando Morán. Y ahora los candidatos que se enfrentan, Ruiz Gallardón y Trinidad Jiménez, deberán arañar hasta la última posibilidad.

'No sé si haremos una campaña por el voto rosa, pero en el congreso que la federación celebrará a primeros de diciembre se hablará de ello. Es una de las propuestas de la ponencia política', asegura Beatriz Gimeno, la secretaria general de la federación. Aunque también hay bastantes opiniones en contra del voto rosa como voto organizado.

'Acercarnos a los políticos porque nos nombran en época de elecciones es ser gilipollas', dice Carlos Alberto Biendicho, militante del PP y presidente de la Plataforma Popular Gay (PPG), quien opina que el interés político hacia los homosexuales es la manera de captar todo un arco político que se define progresista, aunque no comparta su orientación sexual. 'Ahora, lo políticamente correcto es estar con los homosexuales, y mañana con los de Sintel o con las mujeres maltratadas. Somos otro grupo de transacción'.

'Los gays no sólo votan pensando en su condición y en si van a tener o no el matrimonio. Hay superconservadores, progres e incluso los hay que pasan... son ciudadanos como los demás', asegura Miguel Ángel Sánchez, de la Fundación Triángulo.

'Yo no creo en el voto rosa', señala también la diputada Marisa Castro, de Izquierda Unida, el único partido que ha llevado las reivindicaciones homosexuales en todos sus programas. 'Porque también si se unieran todos los pobres, los ricos tendrían que echar a correr. Pero no es de recibo que en pleno siglo XXI se cuestionen determinados derechos'.

Ésa es la batalla de los homosexuales, sea cual sea su tendencia política. Como lo asegura Carla Antonelli, de Transexualia, la asociación que representa a los transexuales españoles, que se sienten muy abandonados por los políticos: 'Nuestras reivindicaciones no son una cuestión de ideas políticas, sino de derechos humanos. Hasta ahora las hemos ido ganando a golpe de sentencia y según el criterio de cada juez'.

Muchos opinan que el partido del Gobierno debería fijarse en otras agrupaciones de centro-derecha de Europa. 'En Holanda, por ejemplo, los partidos discrepan en otras cuestiones, pero jamás en cuanto a los derechos sociales', dice Sánchez.

'Es una cuestión de tiempo', sostiene Javier Gómez, militante del PP y miembro de la directiva de la federación de gays y lesbianas. 'Siempre habrá gente que no quiera avanzar, por ideas religiosas o por cerrazón, pero ahí están las encuestas, que hablan de una mayoría de españoles que acepta el matrimonio entre homosexuales. En mi partido hay una parte que se opone, para qué lo vamos a negar, pero la sociedad está ya claramente por delante'.