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jueves, 20 de agosto de 2020

#hemeroteca #testimonios | Violette Leduc, una escritora descarnada que rasga las entrañas

Imagen: The Objective / Violette Leduc
Violette Leduc, una escritora descarnada que rasga las entrañas.

Saioa Camarzana | The Objective, 2020-08-20

https://theobjective.com/further/violette-leduc-la-bastarda-escritora-descarnada-rasga-las-entranas 

“Me iré como he llegado: intacta y cargada con los defectos que me han torturado. Hubiera querido nacer estatua y soy babosa en mi propio estercolero”. Con estas palabras nos recibe Violette Leduc en ‘La bastarda’, una autobiografía seca y sin tapujos que quedó finalista del Premio Goncourt en 1964 y que Capitán Swing recupera con prólogo de Simone de Beauvoir. La suya es una pluma herida y que hiere, aturdida y que aturde y, sobre todo, que no deja indiferente. Leduc ha sido una de esas escritoras olvidadas y es preciso recuperar pues ya en su tiempo, a pesar de la censura, se granjeó la admiración de escritores como Albert Camus o Jean-Paul Sartre.

La censura francesa de los años 50 consideró que las primeras páginas de su novela ‘Ravages’ eran un escándalo. En ellas se recreaba en la pasión lésbica de dos jóvenes, un tema tabú que chocó con los ideales de la época. No obstante, varias de esas páginas las recuperó años más tarde para dar forma otra novela y ahora las podemos leer al completo en ‘La bastarda’, una obra confesional que no escatima en detalles sexuales y aborda temas como el aborto, la homosexualidad o los encuentros íntimos.

La escritora tuvo una vida complicada: era la hija de un burgués que no quiso aceptar su paternidad, confiesa que no sintió el cariño de su madre (“mi madre nunca me dio la mano”, confiesa en estas páginas) y vivía atormentada por su apariencia física. Tanto que escribió: “mi fealdad me aislará hasta la muerte”. Sin embargo, todo ese dolor lo volcó en novelas, siempre de tintes autobiográficos, con una pluma intelectual que nos deja frases bien meditadas. No obstante, no todas sus obras han sido traducidas al castellano de modo que esta se convierte en la ocasión perfecta para acercarnos a Leduc y a su historia.

Sus relaciones personales
“Dices que a veces te odio. El amor tiene innumerables nombres”, escribe. La relación con su progenitora fue un tanto tormentosa y conservada en la pobreza y en la enfermedad. Todo eso afectó a su personalidad y, sobre todo, a la relación que establecía con los hombres. Entre algunas idas y venidas la joven Leduc acabó estudiando en un internado en el que tuvo un escarceo con otra alumna. “Yo la acariciaba, prefiriendo el fracaso a los preparativos. Hacer el amor en la boca me bastaba: tenía miedo y pedía auxilio con mis muñecas”, escribe sobre su relación con Isabelle. No obstante, cuando Isabelle abandona la localidad en la que viven su intercambio de cartas fue más bien escaso.

Poco después Violette tuvo un romance con Hermine, su profesora de piano. Estas fueron sorprendidas, la profesora despedida y Leduc expulsada del colegio por “malos hábitos”. Su madre no fue a buscarla sino que hizo que la joven viajara a París. Esta relación, con sus más y sus menos, con su convivencia en varios apartamentos, duró años. A pesar de los lamentos por su aspecto físico Leduc acumuló otros amantes, como Gabriel o Maurice Sachs, de los que nos habla a lo largo de las casi 500 páginas de confesión.

“Violette Leduc no quiere agradar, no agrada y hasta aterroriza», escribe Simone de Beauvoir en el prólogo de ‘La bastarda’. Como decíamos, su vida no fue precisamente asfaltado y a través de este relato “desciende a lo más secreto de sí misma y se explica con una sinceridad intrépida como si no hubiera nadie para escucharla”, reconoce la autora de ‘El segundo sexo’. Y si bien su madre la moldeó para conservar un sentimiento de culpa (por nacer, por costar dinero, por ser mujer) fue su abuela quien le proporcionó el cariño necesario convirtiéndose, en más de una ocasión, en su salvavidas.

Uno de los golpes que Leduc se llevó fue cuando en 1920 su madre se casó con un hombre (con el que tuvo un hijo), algo que la escritora vivió como una traición. Desde ese momento decidió refugiarse en el “narcisismo, el egocentrismo y la soledad”, comenta la filósofa. Aunque de adolescente no sintió curiosidad por los libros (su madre tampoco) en cierto punto comenzó a interesarse por ellos. Esto hizo que entre 1928 y 1932 consiguiera trabajar en la editorial Plon y más tarde como telefonista para un empresario de cine al que proponía guiones. El azar quiso que tres años más tarde Maurice Sachs apareciera en su vida. Este tuvo un papel crucial en su devenir pues fue quien la alentó a dejar por escrito los recuerdos de su infancia. De aquel consejo surgió ‘L’Asphyxie’, novela que publicó Albert Camus en la editorial Gallimard.

“Inmediatamente comprendió que la creación literaria podría servirle de salvación”, recuerda Simone de Beauvoir en el prólogo que nos acerca a Leduc al tiempo que nos insta a leer a esta autora olvidada. Su estilo directo chocaba con los ideales de la época y en 1955 Leduc se vio obligada a borrar algunas escenas lésbicas de ‘Ravages’, en la que también habla de su matrimonio con Gabriel en 1939 y sus comienzos, sus éxtasis, sus dramas y también su separación y su falso intento de suicidio, como recuerda en las páginas de ‘La bastarda’. Sin embargo, aquella novela pasó desapercibida en Francia y Leduc, presa de la locura, ingresó en una clínica en 1956. Fue durante su recuperación cuando empezó a pensar en ‘La Bastarda’, cuya publicación en 1964 se convirtió en un éxito de ventas.

No obstante, Leduc era obstinada y aunque tuvo que transcurrir algo más de una década en 1966 reunió las páginas censuradas de ‘Ravages’ y las convirtió en una nueva novela a la que tituló ‘Thérèse et Isabelle’ (tan solo dos años después fue llevada al cine por Radley Metzger).

Durante sus últimos años gozó del favor del público y, sin embargo, tras su muerte en 1972 cayó en el olvido. Y aunque Leduc creyera que “envejecer es perder lo que se ha tenido”, es posible que estemos ante la recuperación de una escritora olvidada. Pero nadie mejor que Simone de Beauvoir para dar un consejo: “Quisiera haber convencido al lector de entrar en ella: encontrará mucho más de lo que le he prometido”.

lunes, 8 de junio de 2020

#hemeroteca #testimonios | Bastarda, fea y extrema: buscando a Violette Leduc, la escritora olvidada

Imagen: El Confidencial / Violette Leduc

Bastarda, fea y extrema: buscando a Violette Leduc, la escritora olvidada.

Capitán Swing edita en español la obra cumbre de esta escritora francesa, radical e irreverente, olvidada a pesar de haber conseguido el aplauso de Beauvoir, Camus o Sartre.
Marta Medina | El Confidencial, 2020-06-08
https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-06-08/violette-leduc-la-bastarda-capitan-swing_2620627/ 

"Mi fealdad me aislará hasta la muerte", se lamenta Violette Leduc en su segunda novela, 'L'Affamée', escrita en 1948. "Hubiera querido nacer estatua y soy babosa en mi propio estercolero", prosigue en 'La bastarda', su obra más afamada, por la que ganó el premio Goncourt en 1964 y que ahora reedita en castellano Capitán Swing, como una labor de memoria de una escritora incómoda que, a pesar de haber sido ensalzada y reconocida por Albert Camus, Simone de Beuvoir, Maurice Sachs, Jean Genet y hasta Sartre se perdió en el desierto del ostracismo desde su muerte en 1972 hasta que el cineasta Martin Provost la recuperó en 2013 en su película 'Violette'. Leduc no escribe: vomita. En cada una de sus líneas queda plasmada la rabia, el desprecio por sí misma, la desesperanza.

"Se dice que ya no existen autores desconocidos: poco menos que cualquiera podría hacerse editar", escribió Beauvoir en el prólogo original. "Pero, justamente, la mediocridad abunda y la buena semilla se ahoga bajo la cizaña. El éxito depende, en la mayor parte de los casos, de un golpe de suerte. La mala suerte, a su vez, tiene sus razones. Violette Leduc no quiere agradar, no agrada y hasta aterroriza". Ella fue a quien le entregó el manuscrito de 'La asfixia' en 1945 y, en gran parte su descubridora.

Beauvoir hoy se sorprendería, sin duda, del panorama editorial. Y Leduc, probablemente, lo hubiese intentado dinamitar todavía con más énfasis. La mayor parte de la obra de Leduc es autobiográfica. Pero 'La bastarda' lo es más. Porque ahonda en las raíces de su personalidad y su pluma extremas, nacidas, precisamente, de su condición de bastarda en Arrás, una pequeña ciudad al norte de Francia, en 1907. La escritora entremezcla el relato de su familia y su infancia con el proceso de escritura, con duras sentencias y autoflagelaciones, con lo que crea una sensación de presente continuo, de borbotón de ideas, de un intento desesperado de tomar aire. Por un lado, siente que nunca ha sido amada. Por otro, considera difícil poder amar. Cuando una la lee, uno piensa en la capacidad de ordenar y desordenar ideas al mismo tiempo. "Tengo miedo de morir y me desgarra estar en el mundo", comienza 'La bastarda'. Y esa sensación de vivir en la perpetua contradicción impregna la prosa de Leduc.

La historia de Violette comienza mucho antes de su nacimiento. Empieza con el matrimonio de su abuela Fidéline, su verdadero referente materno: la relación de Leduc con su madre es tormentosa y determinará las que la escritora tenga a lo largo de su vida. Después, el relato de las visicitudes de una familia que sufre tanto de pobreza como de enfermedad. Trabajos mal pagados, estancias con las monjas, tisis y embarazos fuera del matrimonio en una sociedad extremadamente conservadora. "Es en tu vientre donde vivo la vergüenza de antaño, tus pesares. Dices que a veces te odio. El amor tiene innumerables nombres", le dedica a su madre Bérthe. Ella, joven, se había quedado embarazada de un joven de la alta burguesía de la ciudad cercana de Valenciennes y él se había negado ya no solo a reconocer, sino tan solo a conocer a la niña.

La bastarda. Así se define. La bastarda, la losa que pesa desde el nacimiento. Desde el apellido. Leduc nació temiendo al sexo masculino, porque su madre solo contaba 'historias de terror' sobre ellos. Todas las mañanas me ofrecía un terrible regalo: el de la desconfianza y la sospecha. Todos los hombres eran unos canallas; ningún hombre tenía corazón. Me miraba con tanta intensidad durante su exposición que me preguntaba a mí misma si yo era o no un hombre. No había ninguno que compensara a los demás. Abusar de una: he ahí su finalidad. Yo tenía que comprender y no olvidarlo nunca. Unos cerdos, todos unos cerdos". Cuenta Leduc que vivió en permanente temor al mañana. Que hasta la forma de alimentarse tenía que ver con las carencias de su madre y los miedos que esta le había inoculado. "Morir de hambre es lo más difícil del mundo", escribe.

En la obra de Leduc también está muy presente su sexualidad. Tanto que tuvieron que censurar varios pasajes explícitos de 'Ravages', su novela de 1955, por subidos de tono. Era demasiado obscena y precisa. Había que suprimir el erotismo y mantener la afectividad. Descripciones de penes. De abortos. Y, sobre todo, escenas lésbicas altamente inapropiadas para la época. Aquel rechazo lo tomó como una afrenta personal. Sentía, que tras aquello, no volvería a escribir. Sin embargo, a su muerte en 1972, había publicado una decena de libros. Y otro más se publicaría después de su muerte.

En 'La bastarda', la autora desvela sus primeros amores, mayoritariamente con mujeres, entre los que se encuentra Hermine, un amor que le costó la expulsión del colegio en 1926 por "malos hábitos", como dicen en los periódicos. "Hay seres que son nuestro mayor riesgo: Hermine era ya mi riego y mi dureza", describe Leduc uno de los primeros encuentros con la maestra.

Leduc es la marginalidad hecha persona. Bastarda, pobre y fea, amante de mujeres y de hombres homosexuales y proabortista. Pero también parte de ese paisaje del París nocturno donde se puede encontrar azarosamente con Robert Bresson, "la sombra, de tamaño mediano, que venía todos los días con su abrigo de paño beis"; la montadora Denise Batcheff, "morena, bajita, elegante, femenina, impecable" y, sobre todo, el hombre que le cambió la vida y la empujó a publicar: el escritor Maurice Sachs. Leduc lo describe como un hombre con boca de mujer, una barbilla como la bolsa de un campesino de Brueghel, llena y dadivosa, un hombre risueño y agudo, pero también inalcanzable.

Las conversaciones sobre arte y literatura, entrelazadas con encuentros en las tascas parisinas, borracheras, casas de moda, hoteles y bohemia. Y también soledad. Y luego, la vuelta al campo. La sensación perpetua de fracaso. "Siempre seré una exiliada. Envejecer es perder lo que se ha tenido. Yo no he tenido nada. Fracasé en lo esencial: mis amores, mis estudios. Amar la luz. Tenía 16 años y preferí el resplandor de la vela sobre un libro. Tengo 37 y prefiero el sol sobre un acantilado de tiza". Poco a poco, Leduc vuelve al catálogo y al imaginario colectivo. Su malditismo, siempre atractivo, su 'punkismo' vigente y su proximidad a Beauvoir, Sartre y compañía la rescatan, casi medio siglo después, del ostracismo de los insumisos.

lunes, 16 de marzo de 2020

#libros #testimonios #bisexualidad | La bastarda

La bastarda / Violette Leduc ; traducción de María Helena Santillán.

Madrid : Capitán Swing, 2020 [03-16].
512 p.
Finalista del Premio Goncourt de 1964.

/ ES / FR* / BIO / Libros / Bisexualidad / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412135473 / 23,00 €

[.es] «Mi caso no es único: tengo miedo de morir y me desgarra estar en el mundo. No he trabajado, no he estudiado. He llorado, he gritado. Las lágrimas y los lamentos me han llevado mucho tiempo. La tortura del tiempo perdido en cuanto reflexiono en ello. No puedo pensar mucho tiempo, pero puedo complacerme ante una hoja de lechuga marchita ante la cual no tengo más que penas para rumiar. El pasado no alimenta. Me iré como he llegado: intacta y cargada con los defectos que me han torturado. Hubiera querido nacer estatua, y soy una babosa en mi propio estercolero. Las virtudes, las cualidades, el valor, la meditación, la cultura. De brazos cruzados, me he destrozado ante esas palabras».

Un autorretrato obsesivo y revelador de una mujer notable humillada por las circunstancias de su nacimiento y por su apariencia física. ‘La bastarda’ relata la larga búsqueda de Violette Leduc de su propia identidad a través de una serie de agonizantes y apasionados amores con hombres y mujeres. Cuando se publicó por primera vez, ‘La bastarda’ logró que se comparara a Leduc con Jean Genet por la descripción franca de sus escapadas sexuales y su comportamiento inmoral. Una obra confesional que contiene retratos de varios autores y autoras franceses famosos, que hacen de este libro mucho más que una memoria centelleante. El brillante estilo de Leduc y su delicada atención al lenguaje transforman esta autobiografía en una verdadera obra de arte. La calidad de sus escritos fue reivindicada por otras destacadas figuras como Simone de Beauvoir, Albert Camus o Jean-Paul Sartre.

👤 Violette Leduc (1907-1972) pasó la mayor parte de su niñez con baja autoestima, exacerbada por la hostilidad y falta de protección de su madre. Su educación se vio interrumpida por la Primera Guerra Mundial. Finalizada esta, Leduc regresó a la escuela, en el Collège de Douai, donde experimentó una relación lésbica con una compañera de curso y una instructora de música, que fue despedida al conocerse el incidente. En 1926, se mudó a París y se matriculó en el Lycée Racine. Ese mismo año no aprobó el examen de ingreso y comenzó a trabajar como operadora telefónica y secretaria en la editorial Plon. En 1942 conoció a Maurice Sachs y Simone de Beauvoir, quienes la animaron a escribir su primera novela, ‘L’Asphyxie’, que fue publicada por Albert Camus en Gallimard y elogiada por Jean-Paul Sartre, Jean Cocteau y Jean Genet. En 1955, Leduc fue obligada a eliminar parte de su novela ‘Ravages’ debido a los pasajes sexualmente explícitos que describían escenas de lesbianismo. Los fragmentos censurados fueron finalmente publicados como una novela, ‘Thérèse e Isabelle’, en 1966. Otra de sus novelas, ‘Le taxi’, causó controversia debido a la descripción de un incesto entre hermano y hermana. Su obra más conocida, las memorias ‘La bastarda’ (1964), se convirtió rápidamente en un ‘best seller’. Leduc escribió otros muchos libros, entre ellos ‘La folie en tête’, la segunda parte de su autobiografía literaria. Desarrolló cáncer de mama y falleció con sesenta y cinco años.