Mostrando entradas con la etiqueta Transmisoginia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transmisoginia. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de julio de 2019

#hemeroteca #feminismo #trans | Falsos debates

Imagen: El Salto
Falsos debates.
Los debates hacen crecer, pero los nuevos. Los que suponen colocar en tela de juicio la validez de otras no son tales: eso siempre será supremacismo.
Alana Portero | El Salto, 2019-07-26
https://www.elsaltodiario.com/opinion/falsos-debates

Siento que al escribir este texto estoy alimentando una situación injusta que hace muchos años debería haber quedado zanjada. Supongo que en la era de Bannon lo reaccionario inevitablemente se reinventa y vuelve, entiendo que las posiciones transexcluyentes no son una excepción y aquí estamos, explicando obviedades una y otra vez hasta que sea necesario.

Con motivo de las ponencias englobadas dentro de la Escuela Feminista Rosario Acuña de este año, un par de artículos en medios generales y un movimiento sísmico en redes, volvemos al falso debate de si las mujeres trans tenemos cabida dentro de los feminismos, o si estos deben ocuparse de nosotras.

La tendencia de los últimos años consiste en utilizar las teorías queer como una especie de veneno vertido en los oídos de las feministas, a través del cual, lo que nos hace mujeres se convierte en una perversión frívola que aligera la importancia del sujeto femenino y feminista y lo convierte en un disfraz, una broma o un subterfugio para “colarse” en espacios feministas y transformarlos en un coto de caza. Las grandes teóricas de lo queer, cuya aportación es valiosísima incluso para refutarla, merecerían que al menos quien pretenda hacerles frente teórico las hubiera leído, aunque sea de refilón.

Cuando desde medios o a título personal llaman al “debate”, aún no me ha quedado claro qué es lo que se quiere debatir: ¿El sujeto del feminismo? ¿La relación entre teorías queer y feminismos? ¿La superación de las olas? Si es así, es tan fácil cómo proponerlo tal cual, yo misma participaría encantada en tales discusiones teóricas y las consideraría necesarias para construir feminismo, ampliarlo, llevarlo más lejos, actualizarlo, hacerlo mejor.

El problema es que, escuchando horas y horas de las ponencias de la Escuela Feminista Rosario Acuña, leyendo los artículos de Amelia Valcárcel y Alicia Díaz, aparte de algunas alusiones vaguísimas a la posmodernidad —como si pudiéramos viajar en el tiempo y escribir fuera de ella— y remitirse a lo queer sin el rigor exigible a quien está cobrando por exponer un tema, solo he encontrado el mismo lenguaje transexcluyente que lleva existiendo desde los setenta, el mismo encono con el que Germaine Greer atizaba ya a principios de los ochenta, un odio encarnado, mal defendido y burlón. Un lenguaje cuya única intención es refinarse constantemente para hacer daño seguido de una luz de gas de manual de maltratador. Siempre lo mismo. Las mujeres trans detectamos enseguida, corrijo, yo, como mujer trans, detecto enseguida esta intención maliciosa porque proviene del mismo lugar que mi propia transmisoginia interiorizada. No hay nada que estas personas vayan a decirme que no me haya dicho yo antes, en los años de la oscuridad, el dolor, el autodesprecio y el armario.

Mi voluntad personal siempre es el debate. Cuando el objeto y sujeto del mismo es nuestra existencia, nuestra legitimidad, nuestro derecho a vivir sin tutelas, nuestra libertad y nuestro posicionamiento político como mujeres, no hay posibilidad de discusión, no se puede cuestionar la existencia y los derechos de otro ser humano.

Los feminismos, en plural, ya no son feudos de poder que exijan tributo alguno a la señora de turno, por mucho que la academia y lo institucional lo pretendan. Eso quedó atrás desde que las subalternas —trans, racializadas, putas, discas— encontramos el modo de tejer redes de afectos, entendimiento, comunicación y conocimiento. Las mujeres siempre iremos por delante de ese feminismo en singular que pretende ser único y extender cartas de legitimidad a otras. Muy por delante.

Los debates hacen crecer, pero los nuevos, nunca los pasos atrás, nunca los superados, nunca los que suponen colocar en tela de juicio la existencia, la identidad y la validez de otras.

Esto siempre será supremacismo y no hay debate que valga.

jueves, 11 de julio de 2019

#hemeroteca #trans #feminismo | Homenaje a las activistas trans que han inspirado mi feminismo

Nicole Santamaría, por Susanna Martín
Homenaje a las activistas trans que han inspirado mi feminismo.
Con este artículo me sumo a la campaña #HastaElCoñodeTransfobia, en respuesta a un congreso feminista celebrado en Gijón con dinero y respaldo institucional en el que se ha vertido discurso del odio transmisógino. No me voy a enredar en el perverso debate sobre si las mujeres trans son o no sujetos del feminismo. Prefiero visibilizar a las compañeras trans con las que he crecido como activista.
June Fernández | +Pikara, El Diario, 2019-07-11
https://www.eldiario.es/pikara/maestras-feministas_6_919418071.html

Cuando una ha desarrollado su conciencia, su pensamiento y su práctica feminista rodeada de mujeres trans, todo cuestionamiento sobre su participación en el movimiento feminista no solo resulta absurda e incomprensible sino muy dolorosa e injusta. Porque para mí no se trata de un debate teórico y abstracto sino de un ejercicio de exclusión y violencia al que le pongo nombres, apellidos y rostros; los de compañeras cuya trayectoria política y vital feminista admiro.

Algunos debates son un ejercicio de violencia en sí mismo por parte de quienes se otorgan a sí mismas el monopolio sobre una lucha social y el derecho a reconocer o no a "las otras" como sujetos políticos. Alertó Brigitte Vasallo ante la polémica feminista en torno a la prohibición del mal llamado burkini que "una buena parte de los feminismos se han enmarañado en alimentar la serpiente con debates fuera de lugar en vez de articularse con las compañeras agredidas". Yo no voy a caer en ese error. Prefiero centrarme en poner algunos nombres, apellidos y rostros a lo que La CISterna Transfemmenista condensó en un artículo en Pikara Magazine:

Las mujeres trans no podemos ser incluidas en un movimiento que ya nos pertenece de raíz. Nuestra identidad nos hace partícipes del movimiento, somos mujeres. No somos la otredad que tiene que ser incluida y encajada en un discurso hegemónico.

Las transmisóginas emplean varias estrategias de despiste para intentar negar la existencia de las compañeras trans que participan en el movimiento feminista. Una es afirmar que la lucha feminista y la LGTBI son independientes, y que por tanto el lugar de las mujeres trans es el activismo LGTBI y no el feminista. Esto es, por un lado, absurdo, porque la lucha LGTBI es precisamente la de las personas disidentes sexuales y de género ante las violencias patriarcales que vivimos por no encajar o desobedecer las normas de la heterosexualidad y el binarismo obligatorios. Pero además es una trampa porque lo que subyace es que niegan a las mujeres trans su condición de mujeres, que es por la que participan en el movimiento feminista. Ocurre otro tanto cuando las lesbianas transexcluyentes niegan la participación de las mujeres trans: están negando a las mujeres trans lesbianas su condición de lesbianas. Y otra tercera trampa es poner el foco en la teoría queer, obviando que las mujeres trans son tan diversas ideológicamente como las cis: las hay queer y las hay marxistas, radicales, anarquistas, de la igualdad, poscoloniales, y un etcétera tan largo como en el caso de las feministas cis.

Por cierto, ahora que he dicho 'cis', prefijo opuesto a 'trans' para designar a quienes nos sentimos razonablemente conformes con el sexo que se nos asignó al nacer, añado que si a las feministas transexcluyentes les enfada tanto ("no vamos a consentir que nos llamen cis", exclaman con aspavientos) es porque ellas se autoproclaman LAS MUJERES con mayúsculas, y desde esa posición se sienten con capacidad de decidir quién entra y quién no en su club.

En fin, al final me estoy enredando. Voy al grano; estas son algunas de mis compañeras y maestras feministas:

1. Laura Bugalho: 'Referente feminista' se queda corto teniendo en cuenta que esta activista gallega es sindicalista, independentista, está comprometida con los derechos de las personas LGTBI y de las personas migradas. Bugalho ha sido una de tantas activistas antirracistas criminalizadas por apoyar a personas migradas sin papeles, cuando denunció a una trama mafiosa que vendía tarjetas de residencia falsas y terminó siendo ella la condenada por falsedad documental. Ocurrió en 2009 y el calvario judicial duró hasta 2016. En esos años, estuvo respaldada por una campaña de solidaridad apoyada por el movimiento feminista. Bugalho participó, junto con Kim Pérez, en los Encuentros Feministas Estatales en Córdoba del año 2000, precisamente con una ponencia titulada "¿Mujer o trans? La inserción de las transexuales en el movimiento feminista".


2. Aitzole Araneta: Fue junto con Bugalho la primera activista trans feminista que conocí, en unas jornadas maravillosas sobre diversidad sexual en Bilbao en 2010. Araneta es técnica de igualdad y sexóloga, y este año se presentó como candidata a la Alcaldía de Donostia por Podemos. Leyendo a Aitzole me formé en transfeminismo, en despatologización de la transexualidad y en su comprensión desde el punto de vista de la sexología (que difiere mucho, por cierto, de la teoría queer).


3. Juanita Urbina: Es una de las primeras amigas que hice en Nicaragua. Juanita trabaja en el Programa Feminista La Corriente, una de las organizaciones más potentes e incómodas para el poder de Daniel Ortega. Juanita tiene claro que la lucha feminista y la LGTBI son una porque comparten la defensa del derecho a una vida libre de violencia, el derecho a decidir sobre tu cuerpo, tu sexualidad, tu identidad. Le dediqué un capítulo en mi libro ‘10 ingobernables’ cuando volvía a nombrarse como Juan Carlos, a llevar pelo corto, barbita y ropa masculina, como estrategia de supervivencia ante la violencia transmisógina. Algunas feministas decidieron que ya no había sitio para ella en el feminismo haciendo la lectura simplista de que volvía a ser varón, con los consecuentes privilegios, y algunas mujeres trans la juzgaron como traidora de su género. Gracias a la teoría queer, Juanita sigue defendiendo que la masculinidad no es su identidad sino su refugio temporal mientras expresar su género sentido deje de ponerla en peligro.


4. La Dámaso Jussete Vargas. La conocí también en La Corriente, en su caso como alumna de unos talleres de comunicación feminista que estuve impartiendo. La Dámaso no necesita cambiar su cuerpo para sentirse y afirmarse como mujer pero, lo que fue más nuevo para mí, tampoco necesita cambiar su nombre. Dice que el feminismo le ayudó a vivir su identidad de una forma libre y relajada, y también a reflexionar que "si podemos vivir nuestro género desde otros cuerpos y el hecho de ser mujeres no se prueba con la vagina, no había mucha necesidad de que mi nombre fuera otro".

5. Nicole Santamaría: A esta salvadoreña intersex y trans la conocí en un maravillo encuentro en Suchitoto organizado por la Colectiva Feminista, en el que participó como tallerista. Es otra de 'mis' ‘10 ingobernables’ y conoce la violencia machista y la violencia sexual desde pequeña. Está especialmente sensibilizada con el transfeminicidio. Varias compañeras de activismo fueron asesinadas, con saña y sin investigaciones de oficio para esclarecer sus muertes. Ella se exilió después de recibir varias amenazas y ataques. Aunque tenía motivos para pedir que respetase su anonimato poniéndole un nombre ficticio, decidió salir con su nombre y apellido porque pesó más en ella el deseo de que, si algo le ocurre, haya constancia de su existencia y de su lucha. "Contar mi historia es una forma de honrar mi vida".

6. Zuriñe Baztan: Como Laura Bugalho, Baztan es activista sin apellidos porque se ha volcado en (ya sea de forma sucesiva o simultánea) el movimiento antimilitarista, en el ecologista y en el de acogida a las personas refugiadas; de hecho, hace un par de años se fue a vivir a Grecia para echar una mano en la crisis del refugio. La conocí en Súkubo, lugar de encuentro transfeminista en Gasteiz. En aquel momento era una de las caras visibles del movimiento contra el ‘fracking’ en Araba. Dice Andrea Momoitio sobre ella que "reivindica su papel como mujer trans, lesbiana y machorra; su apariencia más masculina, su voz rota, sus andares, sus botas de monte, su estar en el mundo como mujer sin reproducir los estereotipos de género más tradicionales". Por ella, y por tantas otras de las citadas, me parece absurda la acusación recurrente de que las mujeres trans perpetúan el modelo de feminidad hegemónico. Algunas calzan tacones y otras botas de monte, igualito que las mujeres cis.


7. Irina Layevska: Irina no se considera transexual, sino mujer. Para ella la transexualidad es un proceso que inició en 2001, cuando se asumió como mujer, y que ya culminó. Esta comunista mexicana se unió siendo muy joven y desde su silla de ruedas a la revolución nicaragüense y después al movimiento de solidaridad con Cuba. Convive con la esclerosis múltiple y defiende el derecho a decidir sobre su vida, sobre su cuerpo y sobre su muerte. En la entrevista que le hice, da una clave para contestar a las TERF que hablan de las mujeres trans como pertenecientes a una "casta sexual privilegiada": "Cuando asumí mi feminidad me di cuenta de que ser hombre me ubicaba en un estatus social privilegiado; después de pasar mi proceso y viví en carne propia las agresiones machistas, pude vivir la lucha feminista con mayor congruencia".


8. Alicia Ramos: Las letras de esta cantautora canaria afincada en Madrid no tienen desperdicio, tanto las más contestatarias como las más soñadoras, ingeniosas o surrealistas. Es integrante de la plataforma Arte Muhé, un proyecto artístico multidisciplinar creado por mujeres para visibilizarse juntas. Cito sus contundentes palabras en una entrevista en Pikara: "Es importante que la gente tenga muy claro que ser transexual no es en ningún caso, en ningún contexto, en ninguna circunstancia y bajo ningún concepto una ventaja, de ninguna manera. Al menos no en esta cultura. Qué sé yo, igual en Samoa Occidental sí, no lo sé. Pero aquí no. Nunca. Ayuda ser guapa, joven, cis, tener un lunar guay en algún sitio divertido ¡e incluso cantar bien! Pero ser trans* no".


Podría citar a tantas otras a las que sigo sin haber convivido con ellas (Juana Ramos, Alana Portero, Claudia Ancapán...) o a las que ya no están (Lohana Berkins, Diana Sacayán, Marsha P. Johnson, Sylvia Riviera...).

A veces, mi lado ingenuo piensa que quienes niegan que las mujeres trans sean sujeto del feminismo, quienes hablan de ellas como hombres disfrazados, quienes afirman que tienen privilegios por "haber nacido con un sexo masculino", quienes las acusan de perpetuar la feminidad hegemónica o quienes incluso las tratan como violadoras potenciales lo hacen por ignorancia, por no haber tenido referentes como los que os acabo de presentar. Me temo que en el caso de las conferenciantes de la Escuela Feminista Rosario Acuña, no es ignorancia sino odio, soberbia y desprecio. Por eso este artículo no va dirigido a ellas.

miércoles, 10 de julio de 2019

#hemeroteca #transfobia #politica | La Federación Plataforma Trans propone a todos los partidos políticos un Pacto Social y Político contra la Transfobia

Imagen: Tercera Información / ATA-Sylvia Rivera
La Federación Plataforma Trans propone a todos los partidos políticos un Pacto Social y Político contra la Transfobia.
En el día de hoy la Federación Plataforma Trans, ha enviado a todos los partidos políticos un documento que propone ser un pacto social y político contra la transfobia.
Tercera Información, 2019-07-10
https://www.tercerainformacion.es/articulo/actualidad/2019/07/10/la-federacion-plataforma-trans-propone-a-todos-los-partidos-politicos-un-pacto-social-y-politico-contra-la-transfobia

La falta de una normativa que proteja contra el delito de odio a las personas trans, el vacío legal que impera en las redes sociales, la violencia de estos discursos, penetra en foros de pensamiento, instituciones o estructuras de poder que a priori deberían apostar por el progreso. Sin embargo, con total impunidad, se propagan mensajes cargados con una alta violencia y hostigamiento hacia las personas trans, con más virulencia hacia las mujeres trans, que pueden ir desde negar derechos ya reconocidos por leyes autonómicas como es el derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género, o peor aún y más grave, a comparar transexualidad con pederastia, proxenetismos o una actitud proclive al sujeto violador. Ello no solo supone un trato vejatorio, si no que estigmatiza y demoniza a todo un colectivo con unos índices elevados de vulnerabilidad y exclusión social.

Es lamentable comprobar cuando está en auge las posiciones de la ultraderecha, de Vox, de Hazte Oír o del Foro de la Familia en contra de los avances sociales y civiles de las personas trans, sectores supuestamente “progresistas” propagan esta misma violencia, ocupando espacios de debate, como las recientes Jornadas Feministas Rosario de Acuña, celebradas la pasada semana en Gijón y financiadas por el Ayuntamiento de esta ciudad o el militante de IU, Alejandro Sánchez Moreno, que a través de la red social twitter, difundió la imagen de una mujer trans desnuda para mofarse de ella, así mismo es famoso en dicha red social por difundir mensajes transmisóginos.

“Es responsabilidad de las instituciones, organizaciones civiles, políticas y sindicales, velar por el cumplimiento de la igualdad y proteger de la discriminación a todas las personas y grupos humanos vulnerables, por ello es necesario este pacto social y político contra la transfobia, para decir alto al odio y a la violencia que se ejerce contra la población trans y en especial contra las mujeres trans”, declara Mar Cambrollé, presidenta de la Plataforma Trans.

“El odio y la violencia han de ser desterrados de una sociedad cada vez más plural y respetuosa con la diversidad. Por ello, de nuevo aprovechamos para recordar al nuevo gobierno, que sin duda será progresista, el compromiso que tienen con las personas más vulnerables como son las personas trans y de la necesidad de una Ley Trans Estatal, específica que repare, reconozca derechos y nos blinde contra la discriminación y el odio”. Concluye, Cambrollé.

Texto propuesta: Pacto Social y Político contra la Transfobia

La no discriminación de las personas trans ha sido objeto de interés jurídico en el Derecho Internacional, destacando la redacción en el año 2006 de los Principios de Yogyakarta, sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género, presentados ante las Naciones Unidas en 2007 por la Comisión Internacional de Juristas y el Servicio Internacional para los Derechos Humanos. En el Principio Tercero de dicho documento se indica que la orientación sexual o la identidad sexual y/o de género que cada persona defina para sí, es esencial para su personalidad y constituye uno de los aspectos fundamentales de su autodeterminación, su dignidad y su libertad, instando a los Estados a que adopten todas las medidas legislativas, administrativas y de cualquier otra índole que sean necesarias para respetar plenamente y reconocer legalmente el derecho de cada persona a la identidad sexual y/o de género que ella defina para sí.

En la década de los sesentas la medicina señaló que el sexo era el conjunto de características que incluían el sexo cromosómico, el sexo hormonal, el sexo genital, las características sexuales secundarias y el sexo psicológico. Más tarde la categoría de sexo psicológico sería cambiada por la de identidad sexual y/o de género.

Sin embargo es importante señalar que si el sexo psicológico, definido como el sentido de pertenencia que cada persona tiene a un sexo en particular, si se consideró como un nivel de los componentes del sexo fue porque en las primeras décadas del siglo XX la llegada a los consultorios de personas intersexuales y de personas que más tarde se les calificó como transexuales generó que los médicos constataran la existencia de una dimensión sexual al nivel de lo psíquico que se presentaba como irreductible a cualquier otro nivel de las características que comprendían el sexo.

En 2002, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en Sentencias de la Gran Sala de 11 de julio de 2002, en los casos Christine Goodwin contra el Reino Unido e I. contra el Reino Unido–, estableció: la definición del sexo-género de una persona va mucho más allá de la apreciación visual de sus órganos genitales externos en el momento del nacimiento y no es un concepto puramente biológico, sino, sobre todo, psicosocial.

En la persona imperan las características psicológicas que configuran su forma de ser y se ha de otorgar soberanía a la voluntad humana sobre cualquier otra consideración física. La libre autodeterminación de la identidad sexual y/o de género de cada persona ha de ser afirmada como un derecho humano fundamental.

En el Estado Español desde el 15 de marzo de 2007, está vigente la Ley 3/2007 reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, texto en virtud de la cual las personas transexuales pueden proceder al cambio de nombre y sexo registral. Una Ley que después de más de 12 años en vigor, ha quedado obsoleta, no cumple con las recomendaciones que en distintas resoluciones se han emitido desde la Asamblea del Consejo de Europa, y que el 10 de marzo de 2016, el Pleno de la Sala de lo Civil, del Tribunal Supremo, planteó una cuestión de inconstitucionalidad para que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre si es acorde con la Carta Magna que los menores de edad trans no puedan cambiar su nombre y su sexo en el registro civil.

Con posterioridad a la Ley 3/2007 y ante el escenario jurídico de las personas trans en el Estado Español las comunidades autónomas aprobaron leyes, bien específicas sobre el derecho a la identidad de género y la no discriminación de personas trans o bien de carácter general donde se ha brindado protección jurídica a todo el colectivo LGBTI, en concreto estas han sido las comunidades: Navarra, País Vasco, Galicia, Cataluña, Canarias, Andalucía, Extremadura, Murcia, Islas Baleares, Madrid, Valencia y Aragón recientemente. Debemos destacar cuatro textos que se distancian de los compromisos normativos tradicionales, invasivos, binaristas y contrarios a la autodeterminación de la identidad sexual, estos son: la Ley 2/2014, de 8 de julio, integral para lo no discriminación por motivos de identidad de género y reconocimiento de los derechos de las personas transexuales en Andalucía, la Ley 2/2016, de 29 de marzo, de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad de Madrid, la Ley 8/2017, de 7 de abril, integral del reconocimiento del derecho a la identidad y a la expresión de género en la Comunitat Valenciana y la Ley 4/2018, de 19 de abril, de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad Autónoma de Aragón: textos legales que proponen la configuración jurídico-político de un sujeto trans plural que no se sirve de prescripciones médicas para que le sean reconocido derechos. Desde estas comunidades autónomas podemos hablar de un derecho positivo donde el sujeto de derecho trans se mueve desde la despatologización, ejerce su derecho a la autodeterminación personal sobre el cuerpo y expresa libremente su identidad sexual y expresión de género.

Diferentes estudios, tanto de carácter estatal como de otros países, ponen de manifiesto el alto grado de violencia, hostigamiento y acoso sistemático, que se ejerce contra las personas trans, lo que se traduce en una alarmante estadística de intentos de suicidios y en la consumación de los mismos por parte de menores y adolescentes trans.

Destacando también, según el Observatorio de Personas Trans Asesinadas, 2017, revelaba 2.343 asesinatos de mujeres trans en 69 países en el mundo, entre enero de 2008 y diciembre de 2016.

La falta de una normativa que proteja contra el delito de odio a las personas trans, el vacío legal que impera en las redes sociales, la indecencia de estos discursos, penetra en foros de pensamiento, instituciones o estructuras de poder que a priori deberían apostar por el progreso. Sin embargo, con total impunidad, se propagan discursos cargados con una alta violencia y hostigamiento hacia las personas trans, con más virulencia hacia las mujeres trans, que pueden ir desde negar derechos ya reconocidos por leyes autonómicas como es el derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género, o peor aún y más grave, a comparar transexualidad con pederastia, proxenetismos o una actitud proclive al sujeto violador. Ello no solo supone un trato vejatorio, si no que estigmatiza y demoniza a todo un colectivo con unos índices elevados de vulnerabilidad y exclusión social.

Es responsabilidad de las instituciones, organizaciones civiles, políticas y sindicales, velar por el cumplimiento de la igualdad y proteger de la discriminación a todas las personas y grupos humanos vulnerables, por ello es necesario este pacto social y político contra la transfobia, para decir alto al odio y a la violencia que se ejerce contra la población trans y en especial contra las mujeres trans.

Las asociaciones civiles, organizaciones políticas y sindicales que subscriben este pacto social y político contra la transfobia, se:

COMPROMETEN:

1º.- Reprobar todos los discursos de odio y transfobia, escritos o hablados por miembros de nuestras organizaciones. Entendiendo que negar la identidad sexual de las personas trans, así como asociar a estas, conductas delictivas o asociales, dudar de sus capacidades mentales por el hecho de ser trans, así como vejaciones o mofas, constituyen un acto de transfobia materializado en discursos de odio.

2º.- Si la persona que ejerce un acto de transfobia es un cargo público u orgánico, será cesado del mismo una vez comprobada la veracidad de los hechos.

3º.- Si la persona que comete el acto de transfobia es militante o miembro, una vez comprobada la veracidad de los hechos, será cesado como miembro de la organización.

#hemeroteca #transfobia | Bromitas de puro y carajillo

Imagen: Pikara / Alicia Miyares, Rosa María Rodríguez Magda, Amelia Valcárcel y Anna Prats
Bromitas de puro y carajillo.
Feministas ligadas al PSOE están canalizando el discurso de odio transmisógino con respaldo institucional y dinero público. Emplean estrategias de manipulación y chascarrillos ofensivos similares a los de la extrema derecha para crear enemigas ficticias con las que mantener su nicho de poder e intentar frenar la emancipación de las proletarias.
Teresa Bambú y Rebelión Feminista | Pikara, 2019-07-10
https://www.pikaramagazine.com/2019/07/transmisoginia-feminismo/

El colectivo trans ha empezado a empoderarse y a conseguir representación, pero a cada avance social le sucede siempre una reacción. En este caso viene representada en las que ondean la bandera de la mal llamada Cuarta Ola, representantes de un feminismo institucional cuyos hilos mueve el PSOE sin ningún tipo de decoro. La Escuela Feminista Rosario de Acuña celebrada la semana pasada en Gijón ha sido un buen ejemplo de lo expuesto: una mesa integrada casi totalmente por militantes y cargos de este partido. No me extenderé en esta columna en desglosar punto por punto las faltas de rigor académico de estas jornadas, ya que la misma cantinela de siempre ya la he explicado y resumido en trabajos en este y otros portales. Ahora lo preciso es denunciar el odio transmisógino en nuestras filas, y exigir una rendición de cuentas a quienes, vendiéndose como frente de vanguardia, ahora solamente representan palos en las ruedas para el movimiento con su discurso biologicista calcado al “los niños tienen pene y las niñas vagina” de HazteOír.

No se explica que personas con la formación en Filosofía de Amelia Valcárcel o de su discípula Alicia Miyares carguen contra un colectivo especialmente proletarizado y marginalizado como lo son las mujeres trans. A lo largo de sus intervenciones, plantean la transexualidad como una moda, ya que subyace su idea de que realmente se tratan de hombres con vestido a quienes califican constantemente de “tíos” o de “actores del género”.

Tampoco se explica que catedráticas mencionen la teoría queer no para hacer crítica constructiva, sino para verter mentiras acerca de esta como que, en palabras de Miyares, “vindica sexualidades extremas como algo pertinente como la pedofilia”, para posteriormente plantear a las personas trans como un producto de esta teoría. La asociación de la pedofilia con el colectivo LGTB para estigmatizarnos es algo que cualquiera con un mínimo de memoria histórica es capaz de señalar con repugnancia y que va mucho más allá de un error de interpretación de una simple teoría o una diferencia de opinión, pero en este gallinero primaba sobre cualquier principio democrático el vómito de odio y de chistes ofensivos acerca de “penes femeninos”, “sexadores de pollos” o “mujeres sin vagina”.

Esta tergiversación de los estudios sobre identidad sexual se hace palpable también en la intervención de Ángeles Álvarez, exdiputada del PSOE, que confunde con mala fe la transexualidad con la inconformidad de género o le da a dicha identidad “un significado vivencial y optativo” en base a una interpretación perversa de los diversos proyectos de ley de identidad de género en la que ignora deliberadamente qué dice la evidencia científica al respecto. Pero lo más sangrante resultó su justificación del bloqueo a la Ley Trans Estatal, impulsada por Podemos de la que en tanto que portavoz de la Comisión de Igualdad del Congreso ella misma fue artífice. Ante este proyecto de ley que proponía reformas que son cuestión de vida o muerte para el colectivo trans, ya había alegado frivolidades como “no podemos estar cambiando cada cinco minutos la identidad”. Y en el espectáculo bochornoso de la semana pasada volvió a banalizar con necedades como “cuidado, pueden darse casos de que haya hombres que se cambien el género para entrar en listas de paridad”, todas ellas aliñadas con el mismo tipo de bromitas de puro y carajillo.

Hace un año muchas pensarían que lo TERF [siglas en inglés de feminismo radical transexcluyente] se limitaba a las redes sociales. Pero en estas ponencias pagadas con dinero público y con el beneplácito de las instituciones se ha asistido al traslado del odio vertido en Twitter a las diapositivas, en las que Anna Prats, una de las mayores divulgadoras de la transmisoginia en la red, exponía a través de capturas a sus víctimas como trofeos de caza, y continuaba con la difamación y el ciclo de violencia ante los aplausos extasiados y los chascarrillos groseros de un público de filofascistas con ínfulas de revolucionarias. Todo para ya de vuelta a las redes poder victimizarse ante la posible denuncia por delitos de odio, apelando al miedo a hablar, creyéndose una antisistema cuando realmente ha ocupado ese púlpito bajo el ala del poder del partido de los GAL, la OTAN y el artículo 155.

El PSOE ha logrado fagocitar a la Academia y al movimiento feminista, y ha para ello alentado la transfobia en un contexto histórico en el que el fascismo ha repuntado, con exactamente el mismo mensaje biologicista y con las mismas técnicas de manipulación mediática y de los aportes académicos que aplica la extrema derecha. Sin darnos cuenta, este partido al que parece encantarle jugar con fuego con tal de instrumentalizar y controlar los movimientos sociales ha potenciado que cale el discurso fascista en nuestras filas. El verdadero caballo de Troya son precisamente quienes buscan enemigas ficticias para echar tierra por encima de las verdaderas demandas del movimiento feminista: la emancipación de las racializadas, de las discapacitadas, de las sáficas, de las trans. En definitiva, la emancipación de las proletarias, no de aquellas que han atravesado el techo de cristal y buscan mantener su nicho de poder ni de las que venderían hasta a su madre para conseguirlo. Canalizar el discurso de odio no ha sido sino la estrategia para dividir el movimiento feminista y vaciarlo de espíritu crítico hacia las instituciones burguesas y en particular, hacia las cuestiones de género en las que el PSOE se ha mostrado ineficaz, como la falta de dotación de recursos para la aplicación efectiva de la Ley Integral de Violencia de Género. Todo esto sin perjuicio de abanderarse como feministas con fines electoralistas.

No nos excedemos al tachar de ingenuas a aquellas personas que creían que este fenómeno se circunscribía a las redes sociales y a la crueldad que permite el anonimato, pero al fin y al cabo, tras esos perfiles hay personas con su ideología y, sobre todo, con sus conflictos de interés y su ansia de poder. Y por esto mismo tampoco nos excedemos si llamamos colaboracionistas a todas aquellas que callaron y miraron para otro lado, sabiendo perfectamente a quién estaban difundiendo, con quién estaban colaborando, a quiénes se estaban absteniendo de fiscalizar. Sea miedo, indiferencia, interés arribista o silenciosa aprobación, sólo esperamos que pese sobre su conciencia el resto de sus vidas. Las que verdaderamente vamos contra el sistema patriarcal y capitalista lo tenemos claro: estamos #HastaElCoñoDeTransfobia.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

#hemeroteca #transfobia #feminismo | No podéis incluir a las mujeres trans en el feminismo

Imagen: Pikara / CIS-TERS
No podéis incluir a las mujeres trans en el feminismo.
Los avisos de contenido sensible de este texto son: transmisoginia, mención de genitales, ablación de clítoris, mutilación genital, violencia médica a personas neurodiscapacitadas y trans, violencia obstétrica, esterilización trans, discursos terf, vinculación mujer trans – señor pederasta y racismo.
La CISterna Transfemmenista | Pikara, 2018-11-07
http://www.pikaramagazine.com/2018/11/comunicacion-transinclusiva/

El feminismo, como concepto, engloba un conjunto de movimientos que, a partir de distintas bases teóricas y prácticas, luchan por la liberación de todas las mujeres (y personas cuyo género está en el espectro femenino y, por tanto, están afectadas por la misoginia) de las estructuras de opresión a las que estamos sometidas por nuestro género. Un género que, como bien sabéis, está atravesado en mayor o menor medida por muchísimos factores más que crean experiencias diversas y complejas: colonización, raza, clase, discapacidad, orientación sexual... La experiencia como mujer de una mujer negra de Senegal no será la misma que la de una mujer blanca, o nicaragüense, o trans, o autista. Una mujer cis euroblanca difícilmente experimentará el miedo a la ablación de clítoris, una mujer cis de Egipto nunca vivirá con la presión asfixiante institucional y social por mutilarse el pene que sufrimos las mujeres trans, una mujer trans nunca experimentará la violencia obstétrica en el embarazo, a una mujer trans que no sea susceptible de ser diagnosticada con trastorno de identidad múltiple no le negarán nunca el acceso a hormonas por ser neurodiversa. No hay violencias patriarcales que nos hagan más o menos mujer. Todas somos mujeres, y todas sufrimos misoginia, aunque sea de forma diversa. El patriarcado, maldito sea, tiene para todas.

Sin embargo, como estaréis hartas de ver, los discursos que más calan y más se expanden entre una población ávida de feminismo son aquéllos que representan sólo a ciertas mujeres. ¿Quién no ha leído nunca un artículo de Barbijaputa, o ha escuchado un mitin de Lidia Falcón, o ha visto un tweet de Towanda Rebels? Igual hay quien no sepa quiénes son, pero cualquiera habrá escuchado alguna vez sus mensajes, sea a través de ellas, o a través de otras personas. Porque su discurso es hegemónico, y a su vez, excluyente por naturaleza. Excluyente por no decir violento y misógino, porque agrede a una gran cantidad y diversidad de mujeres.

Hasta aquí no he dicho probablemente nada nuevo, pero creo que es importante contextualizar esto para sostener la afirmación del título. Una afirmación que nace de la propuesta de tema que me hizo llegar Pikara Magazine a la hora de decidir cómo enfocar este artículo. La propuesta -completamente bienintencionada- de esta revista era escribir un artículo sobre “cómo lograr una comunicación feminista transinclusiva”.

Y la respuesta de La CISterna Transfemmenista es: no se puede. No podéis incluir a las mujeres trans en la comunicación feminista.

La razón es sencilla. Las mujeres trans no podemos ser incluidas en un movimiento que ya nos pertenece de raíz. Nuestra identidad nos hace partícipes del movimento, somos mujeres. No somos la otredad que tiene que ser incluida y encajada en un discurso hegemónico. Hay que derribar lo construido y volver a empezar porque el hecho de que no nos consideréis la base de éste es un error fundamental.

No podemos encajar en una comunicación feminista que va con el coño por bandera, con los ovarios como escudo y con el “sexo débil los cojones” como himno. No se puede incluir a las mujeres trans en una comunicación feminista cis, blanca y burguesa que insiste en alcanzar los puestos de poder que tradicionalmente han pertenecido a los hombres blancos. Un feminismo cis, blanco y burgués que pretende, desde ahí, alcanzar una posición de (mayor) privilegio y así, a cambio de mantener el status quo de lo que no les afecta, separarse más de las mujeres que están en una posición más vulnerable que ellas. No se puede incluir a las mujeres trans en un discurso que nace del “a las mujeres nos discriminan por tener coño”, en el que preocupan mucho los métodos anticonceptivos para mujeres cis mientras a las mujeres trans nos están esterilizando sistemáticamente sin que nadie escuche nuestras voces gritar que ya basta.

Por eso invito a quienes quieran lograr una verdadera comunicación feminista que se preocupen menos por la comunicación y más por el fondo de lo que quieren comunicar. El problema no está en la comunicación, está en el imaginario colectivo del concepto “feminismo”. El problema no está en que haya pocas mujeres trans publicando en Pikara Magazine, el problema es que haya todo un sistema cediendo espacio a mujeres como Towanda Rebels, Barbijaputa, Lidia Falcón, y demás. Mujeres que atentan directamente, mediante sus discursos, a la vida de mujeres trans, de trabajadoras sexuales, de mujeres racializadas...

Por supuesto que se pueden hacer cosas para corregir la comunicación feminista y hacerla menos TERF. Están empezando a florecer los casos de grandes medios que prescinden de los servicios de hombres por sus discursos y sus agresiones (de todo tipo) a ciertas mujeres. ¿Os imagináis por un momento que un periódico grande decide prescindir de los servicios de una feminista de renombre por su discurso de odio contra las mujeres trans? ¿Os imagináis por un momento que algún partido político convoca a los medios para anunciar que deciden romper su vínculo con el Partido Feminista Español por las declaraciones de su secretaria general en las que insinúa que las mujeres trans somos “señores pederastas impunes”? ¿Os imagináis espacios de formación universitaria en género y feminismos en que no se actúe con equidistancia y conciliación ante discursos transmisóginos constantes, que desplazan a compañeras trans hasta el aislamiento y el abandono de la formación? ¿Os imagináis que la dirección de la universidad y las compañeras feministas abordaran estas situaciones desde el enfoque de lo que son (agresiones)? ¿Os imagináis que en vez de cuatro ‘tweets’ sueltos de las cuatro feministas cis estupendas, el feminismo se enfrente organizadamente contra todo el acoso transmisógino que recibimos a diario las mujeres trans que hablamos de feminismo?

O una de mis favoritas, ¿os imagináis que el feminismo respondiera en bloque a las mujeres que dicen que tienen miedo a hablar por si las acusan de transmisoginia igual que se responde en bloque cuando un tío dice que ya no se puede ligar sin que los acusen de machismo?

Si no sabéis ligar sin ser acusados de machismo, señores, igual no estáis ligando, sino que estáis agrediendo.

Si no sabéis hacer feminismo sin ser acusadas de transmisóginas, señoras, igual no estáis haciendo feminismo, sino que estáis agrediendo.

Así que mi recomendación para que el feminismo sea un movimiento revolucionario es que, quien lo quiera, se oponga claramente contra todo tipo de violencia estructural a una mujer, que se exija que rectifiquen, que expliquen por qué se han equivocado, que se disculpen clara y públicamente y que reparen daños materiales y simbólicos (tanto emitiendo comunicados, como pagando dinero a las personas afectadas por sus agresiones, cediendo espacios –seguros- a las personas agredidas para explicar lo que ha ocurrido, adaptando a su dañada salud las condiciones necesarias para poder seguir realizando sus cometidos –trabajar desde casa, por ejemplo-…).

Si se quiere hacer de nuestra lucha feminista un movimiento revolucionario, dejémonos de corporativismos y amiguismos, cuidemos a las agredidas y enfrentémonos frontalmente contra todas aquellas personas que quieran hacer de éste una forma de extender el ‘status quo’ para su propio bien.

¿O esto es pedir demasiado compromiso con nuestra propia causa?

miércoles, 17 de octubre de 2018

#hemeroteca #transfobia | Los colectivos de transexuales llevarán a la Fiscalía los “mensajes de odio” del Partido Feminista

Imagen: La Voz del Sur / Lidia Falcón
Los colectivos de transexuales llevarán a la Fiscalía los “mensajes de odio” del Partido Feminista.
La Plataforma Trans recuerda que los discursos de "odio y transmisoginia" se traducen en asesinatos, suicidios y estigma hacia las mujeres trans que en Europa tienen una media de vida de 50 años.
Raúl Solís | La Voz del Sur, 2018-10-17
https://www.lavozdelsur.es/los-colectivos-de-transexuales-llevaran-a-la-fiscalia-los-mensajes-de-odio-del-partido-feminista/

Los mensajes transfóbicos de Partido Feminista en su cuenta de Twitter, donde equiparaba a las mujeres transexuales con “puteros, proxenetas y compradores de niños”, serán puestos en conocimiento de la Fiscalía para que determine si es un delito de odio contra un colectivo vulnerable. De la misma manera, la Plataforma Trans, federación que agrupa a colectivos de todo el Estado, ha dado ya traslado de los diversos tuits publicados por el Partido Feminista al Observatorio Español contra los Delitos de LGTBifobia.

Por otro lado, Plataforma Trans ha exigido en un comunicado a Izquierda Unida, coalición en la que participa el Partido Feminista desde 2015, que proceda a la expulsión de esta formación política fundada en 1975 y presidida por la histórica intelectual Lidia Falcón. Mar Cambrollé, portavoz de la Plataforma Trans, asegura que las manifestaciones transfóbicas por parte del Partido Feminista “no son puntuales, ni aisladas, sino que forman parte de su ideario en lo que respecta a su obsesiva fijación hacia las mujeres trans”.

Cambrollé denuncia los argumentos “propios de la ultraderecha y de un fundamentalismo nacionalcatólico” usados por el Partido Feminista con el objetivo de “expulsar de los espacios feministas a las mujeres trans”.

“No son puntuales”
Asimismo, la Plataforma Trans recuerda que los mensajes transfóbicos del Partido Feminista no son puntuales y alude a un artículo publicado por Lidia Falcón en el Diario Público donde “comparaba a las mujeres trans con pedófilos y proxenetas”, explica Mar Cambrollé en el mismo comunicado al que ha tenido acceso este periódico.

Plataforma Trans recuerda que la vida de las mujeres trans en Europa no supera los 50 años, en Latinoamérica es de 35 años y cada 48 horas es asesinada una mujer transexual en el mundo.

“Son estos discursos de odio y transmisoginia los que se traducen en asesinatos, suicidios, estigma y una conculcación sistemática de derechos a las personas trans”, subraya el colectivo que agrupa a las entidades de personas trans del Estado e impulsora de la Ley Trans Estatal que fue registrada en el Congreso en febrero de 2018 por Unidos Podemos y que está previsto que su tramitación dé comienzo antes de agosto de 2019.

“Los delitos de odio, vengan de donde vengan, han de ser rechazados por toda la sociedad, organizaciones civiles, políticas y sindicales, ya que son contrarios a una sociedad respetuosa, plural, diversa e igualitaria”, concluye el comunicado de la Plataforma Trans.

El Partido Feminista “no ratifica” los tuits transfóbicos
Por otra parte, en otro comunicado, el Partido Feminista ha desautorizado los mensajes transfóbicos que aparecieron en su cuenta de Twitter escritos por una persona que “no estaba autorizada para ello y no consultó con la dirección de la formación política”.

En el texto escrito por Lidia Falcón, presidenta del Partido Feminista, recuerda la “trayectoria de muchos años” en la defensa de todas las personas pertenezcan al colectivo que pertenezcan. “El Partido Feminista y yo misma hemos defendido a homosexuales y transexuales en todos los momentos en que han sido reprimidos”, enfatiza la propia Lidia Falcón. Al mismo tiempo, el Partido Feminista pide a Izquierda Unida que “rectifique” el comunicado donde pedían al Partido Feminista una rectificación los tuits transfóbicos publicados en Twitter.

Cabe recordar que la gran cantidad de ataques transfóbicos salidos desde la cuenta del Partido Feminista, pero no sólo, tuvieron lugar durante la tarde del sábado tras la intervención de la transfeminista Sam Fernández en un acto de Podemos en el que afirmó que el feminismo tiene que “repensar el sujeto”, en referencia a la integración de las personas transexuales en el movimiento feminista.

viernes, 7 de septiembre de 2018

#hemeroteca #trans #interpretacion | Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual

Imagen: Pikara / Elsa Ruiz
Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual.
Los escasos personajes transexuales que se pueden ver en pantalla son interpretados en la mayoría de los casos por actores y actrices cis del género opuesto, hecho que agrava la estereotipación y la exclusión laboral de las personas trans.
Fátima Elidrissi | Pikara, 2018-09-07
http://www.pikaramagazine.com/2018/09/trans-audiovisual/

Los personajes transexuales brillan por su ausencia en el cine y la televisión de todo el mundo, a pesar que, en España, por ejemplo, las personas trans representan el uno por mil de la población. De ahí que su presencia en películas y series todavía genere titulares, tanto por el hecho de existir como por el intérprete que los encarna. Especialmente cuando un actor cisgénero es elegido para meterse en la piel de una mujer trans –como ha ocurrido recientemente con Paco León en la serie de Netflix ‘La casa de las flores’– o una actriz cis hace lo propio con un hombre trans –véase el caso de Scarlett Johansson en ‘Rub and Tug’ y su posterior retirada tras conversar con la comunidad trans y comprender los problemas detrás de su selección. Desde la perpetuación de estereotipos que denigran a las personas trans y niegan su identidad a la exclusión laboral. Porque si los pocos personajes trans del audiovisual recaen en intérpretes cis, parece utópico imaginar que un actor o una actriz trans pueda encarnar a un personaje cis.

Carla Antonelli
, actriz y diputada de la Asamblea de Madrid por el PSOE, explica la cuestión del siguiente modo: “El problema no es de actores o actrices a los que ofrecen un papel. Yo entiendo que para él o ella suponga un reto y no voy a estigmatizar. La falta de concienciación viene de las productoras, los jefes de casting y los directores. Creo que hay cantera suficiente y que no ha habido propósito ninguno de encontrar actores trans para interpretar a personajes trans”. Habla con conocimiento de causa: ella dio vida al primer personaje principal trans de nuestra televisión, Gloria, en ‘El síndrome de Ulises’, cuyas tres temporadas emitió Antena 3 entre 2007 y 2008. “Está muy bien la intención de visibilizar las realidades trans, pero al final no somos protagonistas de nuestra propia visibilización, lo que se convierte en una paradoja. Por muy buena que sea la interpretación, que las ha habido y las habrá, al espectador le quedará en la cabeza que algo falla, que algo no encaja”, añade Antonelli.

En esta línea se expresa también la CISterna Transfemmenista, proyecto para denunciar la transmisoginia en las redes creado por una activista trans, que señala: “Todavía está muy arraigado el concepto de mujer trans = hombre vestido de mujer y ridículamente afeminado, y el de hombre trans = mujer valiente que se corta el pelo y es fuerte”. Y continúa diciendo: “A las mujeres trans nos insultan en masculino, nos llaman maricones, nos pegan por vernos como tíos afeminados que se ponen vestidos. Por mucho que la serie [se refiere a ‘La casa de las flores’] sea una oda a la maravillosidad de las mujeres trans, el espectador seguirá viendo a las mujeres trans como señores vestidos de tía. Y eso es un problema enorme para una comunidad como la trans, que tiene una tasa de suicidio altísima por culpa de este tipo de violencias cotidianas”.

De la misma opinión es Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans y presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía-Sylvia Rivera. “Primero, no dan espacio a las actrices trans y nos siguen situando en ese estereotipo que niega la identidad trans como algo natural. Es vejatorio y niega la autenticidad de las identidades trans porque se sigue haciendo hincapié en el sexo asignado al nacer”, señala. Segundo, el hecho de otorgar un personaje trans a un actor cis niega el acceso a un trabajo a las personas transexuales, cuya presencia en el audiovisual es prácticamente nula. En términos generales, Cambrollé recuerda que la exclusión laboral de las personas trans alcanza el 85% de desempleo, según la Organización Internacional del Trabajo, que por consiguiente lo considera uno de los colectivos más vulnerables. “Y después hay un factor añadido y es que, una vez tienen un trabajo, siguen sufriendo discriminación por parte de compañeros, encargados, jefes, el ‘mobbing’ o acoso laboral”, añade Cambrollé.

Abril Zamora, actriz, guionista y directora de teatro y televisión, es la excepción que confirma la regla. “Yo comencé la transición hace prácticamente un año y empecé a trabajar justo después porque tuve mucha suerte. Pero no es lo que pasa”, señala la intérprete, Luna en el drama carcelario de Fox España Vis a Vis. “Yo creo que me benefició haber trabajado antes como actor, sobre todo porque estaba muy metida en el meollo. Cuando me llamó la directora de casting me dijo que el personaje era una chica con un problema con las drogas y una secuencia, que no tenía nombre y que creía que yo podría hacerlo bien. Y como les gustó mucho la prueba la hicieron crecer”, explica. “Nunca se habló de que fuera trans, aunque era obvio porque lo interpretaba una actriz trans en un proceso muy inicial de la transición. Sin embargo, su trama no se centra en la transexualidad: se puede mencionar en algún momento como un rasgo, pero nunca se incide en eso. Creo que eso es la integración”, asegura. Por desgracia, lo más habitual es todo lo contrario.

“El gran tópico al que se reducen prácticamente todos los personajes trans es que sus arcos argumentales, sus historias, siempre giran alrededor del tránsito, normalmente muy medicalizado y a través de operaciones”, explica Pol Galofre, activista trans y coordinador de la iniciativa Cultura Trans. “Normalmente los personajes trans están puestos en la ficción para sorprender al espectador, explicar el proceso de tránsito médico en concreto o hablar de cosas que giren en torno al hecho de que sea trans. Eso genera personajes unidimensionales cuando las personas trans son personas con historias de amor, problemas laborales, problemas familiares y muchas otras historias”, cuenta mientras desgrana los estereotipos que dominan la representación del colectivo trans en el cine y la televisión.

“Siempre que aparece un personaje trans hay un desnudo integral porque parece que el público tiene la necesidad de saber qué tiene entre las piernas”, señala Galofre. “Otro tópico muy utilizado con las mujeres trans cuando no son visiblemente reconocibles como trans es revelarlo para que el personaje heterosexual que se ha sentido atraído por ella tenga un momento dramático donde vomite y llore porque piensa que se ha enrollado con un hombre. Hace referencia a una transfobia clásica que es negarle la identidad de mujer a las mujeres trans no solo cuando aparecen físicamente, sino que es una broma muy recurrente. Piensan que es un hombre y si se ha sentido atraído hacia él entonces será homosexual”, asegura. Y desde esta perspectiva se introduce otro conflicto habitual: si una persona hetero cis puede amar a una persona trans.

Respecto a los hombres trans, “es muy curioso porque hay muy poca representación en el audiovisual”. Y Galofre profundiza en el tema diciendo: “En la Historia del cine, si analizas los personajes masculinos que han aparecido vistiendo ropa de mujer siempre es para denostarlos, reírse de ellos o decir que son psicópatas. En cambio, cuando son mujeres que se visten de hombre suelen ser relatos de empoderamiento. Esas mujeres nunca llegan a transitar y ese proceso es una manera de liberarse, conseguir el amor o tener una vida más libre. Esto me hace pensar en las formas diferentes que tenemos de entender el travestismo y las presiones de género que aparecen sobre la masculinidad y la feminidad, cómo la feminidad es algo de lo que reírse y en cambio la masculinidad está premiada en todos los aspectos”.

Repasando estos tópicos, Zamora advierte: “Si existiera todo eso en la ficción española me daría con un canto en los dientes. Me parecería un avance que hubiera personajes trans, aunque fuera una prostituta que quiere operarse”. Y este será, precisamente, el debut como actriz de la fotógrafa Freyja Autumn en la película independiente de Isaac Ulam Bronko, una crítica a la sociedad normativa cuya presentación está prevista para 2019. “Yo tengo amigas que se están prostituyendo para poder operarse. Sé que no debería mostrarse solo eso, pero es real. Mi personaje quiere cambiar de vida y hace esto porque lo necesita, no porque le guste”, explica. Sobre su producción fotográfica, un medio de expresión donde trabaja temas sobre identidades trans y se utiliza a sí misma como modelo, Autumn señala: “Encuentro necesario y terapéutico hablar de nosotras”. Y reconoce que todavía se encuentra con rechazo en las redes sociales, por lo que añade: “El hecho de salir a la calle ya es hacer activismo para mí. Porque existo y es visibilizarnos: no solo estoy en la noche, también voy al médico, a trabajar o a comprar. Eso nos ayuda tanto a nosotras como al resto de la gente cis”.

Hablando de narrativa trans y de protagonizar su propio discurso, la cómica y humorista gráfica Elsa Ruiz lo tiene claro: “Yo estoy muy cansada de las historias que se cuentan siempre en los medios. Hay que hablar de las personas oprimidas y los problemas que enfrenta el colectivo para ponerlo de relieve, pero también hay que contar historias bonitas”. Como hace ella en sus monólogos y sus cómics. “Yo siempre digo de broma que estoy teniendo una transición tan bonita que ya le hubiera gustado a España porque mi familia, mis amigos, todo el mundo me apoya mogollón. En la ficción hay muy escasos referentes trans y lo que tenemos que hacer como sociedad es como en ‘Españoles en el mundo’. Ahí no te sacan a alguien que está viviendo en Taiwán en un contenedor de basura: sacan a un tipo que vive en un casoplón como la plaza de toros de Las Ventas y que luego tiene las narices de decir yo vine aquí por amor. Necesitamos los casos de éxito”.

Sobre la elección de actores cis para interpretar a personajes trans, Ruiz es tajante: “No es por ser políticamente correcta, ni por ser buenista, ni por la cuota de paridad, es que el sistema audiovisual no es más que una representación especular de la realidad”. En respuesta al argumento, bastante extendido, de que utilizar un actor cisgénero puede ser lo adecuado si el personaje trans aparece antes de la transición, defiende: “No. Hay una cosa que se llama caracterización y encima le vamos a dar más trabajo a otro sector del audiovisual”. Y pone como ejemplo al Brad Pitt anciano de 'El curioso caso de Benjamin Button'. En este sentido, Zamora añade: “El medio audiovisual es algo más que entretenimiento, es cultura y educa a mucha gente. Si no ves algo no existe”.

Todas las personas consultadas aportan algunas soluciones a la escasa representación de la comunidad trans. Mar Cambrollé defiende las políticas de acción positiva que favorezcan el empleo: “Yo pienso que es importante abordar la situación de las personas trans de una forma integral y transversal. Se ha hecho con otros grupos humanos objeto de exclusión: diversidad funcional, mujeres con maltrato de género o personas de edad avanzada. En todas estas situaciones ha habido políticas activas para favorecer el empleo”.

El resto de fuentes consultadas rechazan en general la aplicación de cupos en el audiovisual aduciendo el rechazo que habitualmente generan. Además, Galofre apunta: “Hay cosas que ya se están haciendo. Primero, los actores y actrices tienen que estar formados. En Barcelona la Sala Beckett tiene un proyecto piloto que se llama Espai DebuT, un proyecto formativo dirigido a personas trans para trabajar interpretación, representación, pensarse y pensar qué historias queremos contar y cómo las queremos contar”.

Agencias de modelos y de actrices y actores dedicadas al colectivo trans –en exclusiva o no– y directorios de profesionales trans, son otras propuestas mencionadas. Además, apuestan por la creación y no huyen de la comedia. “Lo que haría falta, y es un proyecto en el que me encantaría participar, es una serie de humor con personajes trans para visibilizar de una manera divertida y accesible esta realidad”, apunta Ruiz. Zamora señala en este sentido: “A mí me parece fenomenal que se frivolice con la transexualidad en la ficción. Hay que quitar el estigma y la comedia no puede ser un campo minado”.

Para terminar, ninguno rechaza que un actor o una actriz cis interprete un personaje transexual siempre que sea de su mismo género. Como ha ocurrido en la decana ‘Cuéntame cómo pasó’, que en su temporada número 19 introdujo en San Genaro a Angie, una mujer transexual interpretada por la actriz Julia Piera. A diferencia, por ejemplo, de ‘La que se avecina’ y la joven trans Alba Recio, interpretada por el actor Víctor Palmero. Galofre lo explica del siguiente modo: “Si la historia está bien contada y no es para reírse de nadie no tengo ningún problema en que un actor cis lo haga. Me interesa más cómo está explicado el personaje que la identidad del actor. Pero es complicado porque se niega fácilmente la identidad de la persona trans”.

En resumen, la CISterna Transfemmenista concluye: “Las personas trans estamos ganando en visibilización, pero no en normalización. Mientras sigamos haciendo películas sobre personas trans centradas en sus transiciones, en lo mal que lo pasan, en las familias que las abandonan y las rechazan; y estén interpretadas por personas del género contrario, seguirán viéndonos como bichos raros y las personas trans seguiremos sin tener referentes positivos en los que vernos reflejadas. La gran mayoría de contenidos audiovisuales actuales no hacen otra cosa que reproducir y extender estereotipos violentos hacia las personas trans. Basta de gente cis ocupando espacios y explicando nuestras movidas desde su perspectiva dramática, apocalíptica y morbosa. Dejadnos contar nuestras historias y que seamos nosotras quienes lo hagamos en primera persona”.