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viernes, 21 de agosto de 2015

#hemeroteca #vih | Seropositivos en Indonesia: criminalizados y marginados

Imagen: El País
Seropositivos en Indonesia: criminalizados y marginados.
Políticas locales que restringen acceso a antirretrovirales y el rechazo religioso a los métodos anticonceptivos condenan a los seropositivos al ostracismo.
Ángel L. Martínez Cantera | Planeta Futuro, El País, 2015-08-21
http://elpais.com/elpais/2015/08/20/planeta_futuro/1440086343_921650.html

Las sandalias de Maya aguardan junto a un par de zapatos masculinos a los pies de la escalera del salón de masajes; que no es tal. Las callejuelas se inundan de clientes aquejados de dolores lumbares; que no son tales. En el barrio rojo de Yakarta todo es evidente y nada se manifiesta como lo que es. Más de 1.000 prostitutas, muchas infectadas de VIH, malviven y trabajan en los angostos recodos del centro de la capital de Indonesia. “Yo no sabía nada de ‘esto’ antes. Usaba condones dependiendo de las preferencias de los clientes”, dice Maya sin contar. “Muchos imam [líderes religiosos musulmanes] buscan nuestros servicios, para luego criticarnos durante los sermones en las mezquitas”, apunta esta seropositiva de 42 años calzándose; sus sandalias y su dosis diaria de hipocresía.

Mientras el resto del planeta celebra la reducción de la epidemia del SIDA, Indonesia es el único país del sudeste asiático en el que los niveles de contagio no han disminuido. El cuarto país más poblado del mundo ha sufrido el avance incontrolado del virus en la última década; afectando a casi 700.000 personas; sobre todo prostitutas, drogadictos y miembros de la comunidad LGBTI (gay, lesbiana, bixesual, transexual e intersexual). “Datos recientes sugieren que el crecimiento de la epidemia puede estar ralentizándose. Indicios esperanzadores, aunque es pronto para confirmarlos”, puntualiza David Bridger, asesor político de la Agencia de Naciones Unidas para el SIDA (UNAIDS) en Indonesia. Pese a las previsiones, el actual impacto del virus en el archipiélago asiático es devastador. En Papúa Occidental, por ejemplo, se han detectado 5.000 infecciones de SIDA.

En Papúa y las islas menos desarrolladas del este de Indonesia, la incidencia del virus está condicionada a las pobres infraestructuras y al difícil acceso a servicios básicos. Pero en el caso de las provincias más prósperas, los esfuerzos por reducir la expansión del SIDA se ven mermados por las políticas locales y los prejuicios religiosos del país con mayor población musulmana del mundo. “Gobiernos locales establecen medidas para cerrar lokalisasis [distritos de prostitución]. Esto contradice las políticas nacionales de sanidad pública para la prevención de la transmisión sexual del VIH, basadas en reforzar el acceso de las prostitutas a servicios de salud”, explica el propio Bridger en referencia al cierre del mayor barrio-burdel del sudeste asiático.

Hace un año, las autoridades de Surabaya organizaron una redada en el barrio de Dolly. El cierre del conocido burdel, que concentraba más de 3.000 prostitutas, supuso el desplazamiento interno de muchas infectadas de SIDA y la proliferación de un problema que antes estaba controlado. “La medida se produjo por los recortes en las ayudas y ha propagado el problema a lo largo y ancho de la ciudad. Antes era más fácil dar servicio a los enfermos y ahora no sabemos donde trabajan”, explica Rudhy Wedhasmara, director de ORBIT (Our Rights to Be Independent). Su centenar de trabajadores sociales atiende a muchos de los 20.000 seropositivos y drogadictos de Surabaya, la segunda ciudad más poblada de Indonesia. Rudhy, abogado de minorías desfavorecidas, también responsabiliza al islamismo radical de la discriminación de los colectivos en riesgo de contraer el virus. Grupos religiosos locales han llegado a boicotear lel encuentro Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales e Intersexuales (ILGA), en el que se pretendía coordinar medidas para combatir la expansión del SIDA.

“Muchos reglamentos locales tienen una clara intención moralista, en vez de la orientación de salud pública que se les suponen. Por ejemplo, el ayuntamiento de Bengkulu [en Sumatra] prohibió la venta de preservativos a parejas que no certificasen su matrimonio”, explica Anindita Gabriella, miembro del Centro de Investigación de VIH/SIDA de la Universidad de Atmajaya de Yakarta. Hace pocos meses, este centro se hizo eco de una investigación publicada en la revista médica The Lancet, en la que científicos se mostraban preocupados por la “criminalización [de los grupos en riesgo] y los métodos punitivos de aplicación de la ley [que] espolean la epidemia del VIH”. Los expertos llamaban “al Gobierno de Indonesia a reducir estrategias sancionadoras que son contraproducentes para controlar la epidemia”. Las críticas del centro de investigación indonesio van más allá y mencionan medidas contradictorias que imposibilitan el acceso a métodos para prevenir contagios. Por un lado, el reglamento relativo al VIH promueve la distribución de condones para reducir su transmisión. Mientras que otros estatutos consideran la existencia de profilácticos como evidencias para el cierre de salones de masaje, bares y demás destinos sexuales.

Los drogadictos enfermos de SIDA también sufren las políticas discriminatorias. “El número de heroinómanos en busca de agujas esterilizadas ha pasado de 1.800 a menos de la mitad en sólo cuatro meses, desde que el gobierno organizase redadas en el centro de Yakarta. Pueden estar escondidos. O quizás se hayan pasado a la metadona. Pero ese cambio debe ser voluntario y no por la presión policial”, explica Sabam Maruli, de 42 años. El coordinador de la organización local Karisma, encargada de asistir a seropositivos en las áreas más conflictivas de Yakarta, también cuenta que muchos enfermos han sido rechazados en centros de salud de la capital.

Zunita Mutalib, de 52 años y médico responsable de los tratamientos con antirretrovirales (ATR) en la clínica del distrito de Senen, en Yakarta, explica el papel del fanatismo: “El gobierno intenta cambiar la situación pero las infecciones aumentan por la presión religiosa. Antes teníamos condones en todas las unidades de este Puskesmas [ambulatorio en el idioma local bahasa], pero las quejas de la comunidad musulmana redujeron su distribución a servicios especiales como el mío”. La unidad de la doctora Zunita ofrece tratamiento diario a 120 pacientes, seropositivos y drogadictos, y ella tiene claras las medidas necesarias para reducir la epidemia: “Los condones y las nuevas jeringuillas previenen la expansión del VIH, aunque la Unidad Nacional de Narcóticos esté en contra de la distribución de agujas esterilizadas. La religión en este país frena nuestros esfuerzos contra el SIDA”, concluye mientras se ajusta el hiyab (velo que cubre cabeza y torso de las mujeres musulmanas en Indonesia).

El limitado acceso a jeringuillas esterilizadas para drogadictos es factor directo en el aumento de las infecciones. Tauguh Hastanto, de 32 años, empezó a inyectarse heroína a los 14 y recibe tratamiento antirretroviral desde que contrajese la enfermedad hace cinco años. “Empecé a compartir agujas cuando estuve en la cárcel. Allí la situación es muy hipócrita porque es fácil conseguir heroína pero los guardias castigan a los presos que piden jeringuillas nuevas. Las autoridades no quieren admitir que existe tráfico dentro de prisión…”, cuenta quien pasó varios periodos entre rejas. Tauguh lleva más 2 años limpio pero desempleado porque muchos jefes obligan a los trabajadores a hacer público su estatus, despidiendo a los seropositivos.

Proteger la privacidad de los enfermos
Consciente de la discriminación que sufren los colectivos en riesgo, la Coalición Indonesia contra el SIDA (IAC) creó una aplicación móvil gratuita para facilitar el acceso a unidades de prevención y tratamiento del SIDA, al tiempo que preserva la identidad de los usuarios. Basta con seleccionar el área en la que el paciente se encuentra para que el servicio informe de las clínicas cercanas en las que se ofrecen test de VIH y asistencia relacionada. La aplicación fue diseñada por el director de la organización, y también seropositivo, Aditya Wardhana en 2013, y ya cuenta con más de 7.000 usuarios e información de 3.000 clínicas con actualizaciones contínuas del Ministerio de Salud en una web. “Indonesia está muy por debajo del resto de países de la región en cuanto a políticas de prevención. Existe un decreto nacional que prohíbe la cobertura sanitaria completa de drogadictos y enfermos de SIDA aunque una ley del Ministerio de Salud estipule lo contrario”, explica Arie Rahadi, consejero de investigación de la coalición. No sólo las leyes del gobierno son contradictorias, sino también sus informaciones. El pasado febrero, la Asociación de Planificación Familiar de Indonesia (PKBI, en sus siglas locales) tuvo que desmentir públicamente al Ministro de Industria, quien dijo que el VIH se contagiaba a través de la ropa.

Desinformación y discriminación condenan a los enfermos de SIDA al ostracismo. “La comunidad musulmana expulsó a mi familia de nuestro barrio cuando conocieron mi estado. Ahora mis padres ni me hablan”, cuenta Akke Sartika, de 33 años. Hace mucho que Akke dejó de compartir jeringuillas y cama con diferentes personas para costearse las dosis. Pero el estigma del VIH le ha perseguido en los cinco últimos empleos de los que fue despedida por su enfermedad. Ahora trabaja para una organización que ayuda a otros seropositivos a salir de la marginación: “Antes no sabía que era ilegal despedir por esos motivos. Pero es mejor trabajar aquí. Entre los míos. Este es nuestro último refugio”.

domingo, 7 de junio de 2015

#hemeroteca #vih #kenia | Un lugar llamado "hogar" para los huérfanos del sida en Kenia

Imagen: El Diario
Un lugar llamado "hogar" para los huérfanos del sida en Kenia
Alicia Alamillos, EFE | El Diario, 2015-06-07
http://www.eldiario.es/sociedad/lugar-llamado-hogar-huerfanos-Kenia_0_396160698.html

Un lugar donde refugiarse, donde todos saben quién eres y qué necesitas: medicinas, comida y una familia. Eso es lo que el orfanato Nyumbani intenta ofrecer a más de cien huérfanos seropositivos, desde entre dos y veinticinco años.

En 1982, el padre Angelo d'Agostino fundó la que sería la primera "casa" (en suajili, "nyumbani" significa hogar) para tres niños huérfanos, abandonados y enfermos del sida. Ahora ya son 129 niños.

En Kenia, dos millones y medio de los niños menores de 15 años son huérfanos; y cerca de un millón y medio lo son a causa del sida, según datos del Programa Nacional keniano sobre el Sida y el Control de las Enfermedades de Transmisión Sexual (NASCOP, en inglés).

Cerca de una de cada diez mujeres embarazadas en Kenia está infectada con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), y una de cada tres muertes infantiles es debido al sida.

Pese a estos datos, la situación en Kenia ha mejorado exponencialmente: las nuevas infecciones del VIH han caído un 15 % en los últimos cinco años, y de las 170.000 muertes por sida en 2002 se ha bajado a las 58.000 en 2013, según datos del Programa de Naciones Unidas para la Lucha contra el Sida (UNAIDS) .

Aunque Kenia se ha comprometido a eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH para 2015, el contagio de madres a sus bebés se ha mantenido estable en el 14% durante los últimos tres años. Y si la madre muere, muchos niños son abandonados por la propia familia.

El 70 % de los niños en Nyumbani tiene algún familiar, pero "no quieren saber nada de ellos", o no pueden permitirse cuidarlos.

Es el caso de Paul, un joven delgadísimo y con señales de una malnutrición infantil que le marcará para toda la vida y que llegó a Nyumbani hace "tanto tiempo", que ni se acuerda.

Su madre había muerto y su padre no quería saber nada de él, así que su abuela lo dejó al cuidado de esta asociación, que se mantiene a base de donaciones internacionales.

El orfanato Nyumbani es uno de los pocos que acoge exclusivamente a huérfanos con la enfermedad activada y les ofrece "comida, medicinas y un ambiente de aceptación total", según explica a Efe Protus Lumiti, director de la casa en Nairobi.

En Kenia, los niños que nacen "positivos" se enfrentan a un estigma difícil de superar y que viene de lejos. En una sociedad como la keniana, altamente puritana, tener el sida se veía como fruto de una conducta inmoral, un tabú relacionado con la sexualidad.

Ese estigma lo sufrían incluso los niños. Lumiti cuenta que, hasta 2003, los niños del orfanato no eran aceptados en escuelas públicas porque "infectarían a otros".

Actualmente, los niños no son obligados a revelar su condición a sus compañeros. "Es difícil mantener a los amigos si se lo dices", cuenta Paul. "No saben muy bien qué es lo que tienes".

Ellos mismos al principio desconocen su condición, no saben muy bien "qué tienen". Desde chiquitos empiezan a hacerse preguntas: "¿Por qué tomo medicinas?, ¿Por qué estoy aquí?, ¿Qué significa el VIH?".

Los médicos, profesores, "madres" y "tíos" (profesionales que viven con ellos en las casas de "Nyumbani" y que son su familia) les dan la información en pequeñas dosis.

Les enseñan sobre higiene, el cuidado que tienen que tener y el riesgo que existe de poder infectar a otras personas.

En la adolescencia comienza la parte más dura, aseguran, ya que empiezan a tener pareja y a plantearse formar una familia. Ese es el momento en el que se les explica las precauciones que tienen que tomar si tienen sexo o quieren tener un bebé.

Una chica que vive en el orfanato cuenta a Efe que su novio la dejó cuando él insistió en tener relaciones sexuales y ella se negó.

En la parte de atrás de Nyumbani, junto a un pequeño huerto que da unos generosos tomates (y deliciosos, se enorgullece Paul), está el cementerio. Unas cuantas cruces cuidando a los niños que murieron.

"Ahora, con medicinas y los avances médicos, ya no tenemos apenas muertes. Pero los más mayores sí que tienen algún amigo aquí", explica Lumiti.

Pero Paul, al menos, saldrá adelante: "No me avergüenzo de lo que soy. He aprendido a apreciarme, a hacerme fuerte y hacer algo con mi vida, no aislarme de los demás por esta condición con la que me ha tocado vivir", afirma.