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martes, 22 de noviembre de 2016

#hemeroteca #libros #literatura | Félix G. Modroño: "En el siglo XVII a las mujeres inteligentes se las consideraba monstruos"

Imagen: Librújula / Félix G. Modroño
"En el siglo XVII a las mujeres inteligentes se las consideraba monstruos".
Félix Modroño ambienta en Venecia la apasionada intriga de "Sombras de agua".
Natalia Noguera | Librújula, 2016-11-22
http://www.librujula.com/actualidad/1688-felix-modrono-ambienta-en-ven4ecia-la-apasionada-intriga-de-sombras-de-agua

En el siglo XVII, a las mujeres inteligentes se las consideraban unos monstruos. Se creía que tenían un cerebro de hombre encerrado en un cuerpo de mujer. Por eso cuando Félix G. Modroño se topó con el personaje de Elena Corner, la primera mujer reconocida con un doctorado universitario, no pudo resistirse a incluirlo en ‘Sombras de agua’ (Algaida), la tercera entrega de las aventuras del Dr. Fernando de Zúñiga. Es un médico salido de la universidad de Salamanca del siglo XVII, con unas dotes deductivas fuera de lo común. Su habilidad para resolver distintos casos de asesinato le dará una fama que llegará hasta la Corte y traspasará fronteras, como veremos en este tercer libro de la saga.

Modroño habla de Zúñiga con cariño, y aunque le ha dotado de un breve pasado en la Inquisición, es un hombre justo y prudente, inteligente, solitario y añorado de su difunta esposa. Sin embargo, sus fuertes convicciones en este tercer libro tendrá que replanteárselas al viajar a Venecia y conocer la manera liberal de ver el mundo de los venecianos. “Venecia era un lugar de rebeldía” explica Modroño. “Hubo años que el carnaval duraba varios meses y los venecianos se colocaban la máscara y la utilizaban en su vida diaria para todo”. Las clases sociales se diluían y los venecianos se dedicaban al amor. “Las mujeres no iban al teatro del brazo de su maridos sino del brazo de sus amantes”.

Explica este escritor de origen vasco afincado en Sevilla que “las distintas formas de amar siempre me han interesado y esa Venecia rica, en la que el amor lo condicionaba todo me ha apasionado. Paseé por sus calles llenas de historia, intentando sustraerme a la horda de turistas que se han apoderado de la Venecia actual, para intentar impregnarme del espíritu de la época. Vi Venecia desde detrás de una máscara”.

Zúñiga saldrá desde el puerto de Valencia, donde Modroño aprovecha para mostrarnos un mercado de esclavos, porque aunque ahora nos suene extraño en esa época en Valencia había esclavitud. De allí parte su protagonista hacia Venecia en misión diplomática. Será en la ciudad de los canales donde tendrá que aguzar sus capacidades de investigador para descubrir qué se esconde detrás de los mensajes anónimos que amenazan con hundir la ciudad. En esas pesquisas contará con la ayuda de Elena Corner, la mujer que ha convocado una reunión de científicos para juntar las mentes más brillantes del momento.

En la serie detectivesca del Dr. Zúñiga, la ambientación y los datos históricos son parte fundamental de la novela, pero tan importante como la histórica es “la documentación emocional”. Aunque declara que “en su vida cotidiana practica una tolerancia extrema” es mucho más contundente en sus libros. Y en estas páginas repletas de intrigas y alta temperatura emocional nos recuerda que "la pasión es la rebelión del ser humano contra la muerte".

martes, 9 de agosto de 2011

argitalpenak | Revivir ante la belleza en "La muerte en Venecia", de Mann

Imagen: El País
Revivir ante la belleza en "La muerte en Venecia", de Mann
Verano recomendado por Mariam
Winston Manrique Saboga | Papeles Perdidos | El País, 2011-08-09

A la perturbadora Venecia del estío descrita por Thomas Mann en La muerte en Venecia querría ir Mariam, una de las lectoras de Papeles perdidos. Lo sugiere por la ciudad, claro, en su belleza decadente cercada por la enfermedad, a principios del siglo XX, y para poder seguir al compositor Gustav Aschenbach que se asombrará ante la ciudad y la belleza del adolescente Tadzio. Un verano de estética y reflexión filosófica ante la contemplación física de una ciudad y de un muchacho, pero que suscita pensamientos en torno a la pérdida de la juventud, es decir de lo bello, del adiós al esplendor terrenal, en aquel momento del propio Aschenbach, de la ciudad y de un tiempo donde el mundo cambiaba, del despertar de atracciones secretas. De aquellos momentos le gustaría ser testiga a Mariam, que escribe: "A mí este año me gustaría ir a Venecia, al hotel Excelsior, y observar de cerca a Aschenbach. No perder detalle". No la hagamos esperar. Vamos con ella y sorprendamos a nuestros sentidos y rescatemos sensibilidades:

"Y entonces volvió a ver el más prodigioso de los desembarcaderos, esa deslumbrante composición de arquitectura fantástica que la República Serenísima ofrecía a las respetuosas miradas de los navegantes; la liviana magnificencia del Palacio Ducal y el Puente de los Suspiros; las columnas de la orilla, rematadas por el León y el Santo; el fastuoso resalto lateral del Templo encantado, con el portal y el gran Reloj en escorzo, y ante semejante visión pensó que llegar a Venecia por tierra, desde la estación, era como entrar en un palacio por la puerta de servicio, y que sólo como él lo estaba haciendo, en barco y desde alta mar, debía llegarse a la más inverosímil de las ciudades. (...)

"Entró en el espacioso hotel por la parte de atrás donde se abría a una terraza con jardín, y atravesando el gran salón y el vestíbulo, llegó a la recepción. Como había anunciado su llegada, lo recibieron con servicial obsequiocidad. (...) Tomó el té en la terraza que miraba al mar, luego bajó y echó a caminar, recorriendo un buen trecho de paseo marítimo en dirección al hotel Excelsior. Al volver, le pareció que ya era hora de cambiarse para la cena. Llegó, sin embargo, algo temprano al salón. Cogió un diario de la mesa, se instaló en un sillón de cuero y observó a la concurrencia, por fortuna muy distinta de la de su primera estancia. (...) El elemento eslavo parecía predominar. Muy cerca de él se oía hablar polaco.

Era un grupo de jóvenes y adolescentes reunidos en torno a una mesita de mimbre, bajo la vigilancia de una institutriz o dama de compañía: tres muchachas de al parecer entre quince y diecisiete años, y un efebo de cabellos largos y unos catorce años. Con asombro observó Aschenbach que el muchacho era bellísimo. El rostro, pálido y graciosamente reservado, la rizosa cabellera color miel que lo enmarcaba, la nariz rectilínea, la boca adorable y una expresión de seriedad divina y deliciosa hacían pensar en la estatuaria griega de la época más noble; y a más de esa purísima perfección en sus formas, poseía un encanto tan único y personal que su observador no creía haber visto nunca algo tan logrado en la naturaleza ni en las artes plásticas (...)
¿Estaría enfermo? Pues la tez de su rostro presentaba una blancura marfileña en contraste con el marco dorado oscuro de sus rizos. ¿O era simplemente un niñito muy mimado, producto de un amor exclusivista y caprichoso? Aschenbach se inclinaba por esto último. Pues casi todas las naturalezas artísticas poseen una innata tendencia, sensual y alevosa a la vez, a consagrar la injusticia creadora de la belleza y a solidarizarse respetuosamente con las preferencias de la esfera aristocrática".

Y así empieza todo, en este comienzo de verano literario de Thomas Mann al que nos invita hoy Mariam. Para que recuerden La muerte en Venecia, o tomen un momento la novela, si la tienen  a mano, y lean las descripciones y reflexiones que hace el escritor alemán sobre la belleza y las diferentes sensaciones e ideas que es capaz de despertar en el individuo; sobre la existencia y su agonía; sobre lo que rodea nuestras vidas.

Fuente
Revivir ante la belleza en La muerte en Venecia, de Mann
Verano recomendado por Mariam
Winston Manrique Saboga | Papeles Perdidos | El País, 2011-08-09

sábado, 30 de noviembre de 1996

#libros #literatura | Amistad profana

Amistad profana / Harold Brodkey ; traducción de Javier Calzada y Francesc Roca
Barcelona : Anagrama, 1996
440 p.
Colección: Panorama de narrativas ; 356
ISBN 9788433908261 [1996-11] / 19,80 €

/ ES / NOV
/ Amor / Homoerotismo / Italia / Literatura / Parejas / Venecia

Venecia es el escenario de una amistad, de un amor, que el libro retrata en tres tiempos. En los años treinta, en la Italia del adolescente fascismo, Niles O´Hara, un chico norteamericano hijo de un escritor expatriado, conoce a un muchacho veneciano, Giangiacomo Gallieni. El estallido de la guerra los separa. En la década de los cuarenta se produce el reencuentro, cuando la familia norteamericana regresa a una Venecia muy distinta de la que dejaron. Niles recupera al amigo de la infancia, que durante la contienda ha descubierto el horror y también la sexualidad, y la amistad se transforma en atracción homoerótica. De nuevo sus sentidos se separan y ya en el presente se reencuentran por última vez cuando Niles, ahora escritor de prestigio, escribe un guión para Giangiacomo, que ha triunfado como actor. Esta hermosa novela, escrita con el concurso de una prosa llena de matices y sugerencias, Brodkey se adentra por última vez en los meandros del deseo, de la siempre difícil búsqueda del amor.

Y TAMBIÉN…
El sida termina con Harold Brodkey, uno de los mitos de la narrativa norteamericana
Juan Cavestany | El País, 1996-01-27

http://elpais.com/diario/1996/01/27/cultura/822697210_850215.html