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lunes, 28 de junio de 2021

#hemeroteca #trans #testimonios | Vidas trans: "Solo vivir como soy podía salvarme"

Imagen: El Diario / Víctor Viruta //

Vidas trans: "Solo vivir como soy podía salvarme".

De los 80 años de Kim a los 9 de Elsa: cuatro personas trans de distintas edades que han peleado por sus derechos hablan de sus procesos y de lo que significa que la autodeterminación de género esté recogida en la norma que el Gobierno aprueba este martes.
Ana Requena Aguilar / Marta Borraz | El Diario, 2021-06-28
https://www.eldiario.es/sociedad/vidas-trans-vivir-podia-salvarme_1_8083900.html 

Son Kim, Víctor, Elsa y Patrick. Sus edades, procedencias y circunstancias vitales son distintas pero tienen un punto en común que ha condicionado sus vidas: las cuatro son personas trans y han tenido que pasar por procesos dolorosos que no les desean a nadie más. En ese camino han vivido, según el caso, pruebas psicológicas, hormonación obligatoria para cambiar su nombre y sexo legal, operaciones y, sobre todo, cuestionamiento, mucho cuestionamiento.

España da hoy un paso que cambia esa historia. El Gobierno aprueba este martes la "Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI", que, entre otras, reconoce la autodeterminación de género: las personas podrán cambiar de sexo legal sin presentar informes médicos ni psicológicos, como se exige actualmente, y solo con una solicitud en el Registro Civil que tendrán que ratificar tres meses después.

Kim

La despatologización de la transexualidad y el derecho a decidir sobre la propia identidad no son reivindicaciones nuevas. Lo atestigua Kim Pérez, una histórica activista trans que este año ha cumplido 80 años y que relata un duro camino de decisiones difíciles, miedos y juicios ajenos. "Nací en el año 41, te puedes figurar que cuando yo tenía 19 vivía en el caos. Acudí a un psiquiatra, que era lo único que había. Yo podía estar media hora hablando y al final me quedaba ansiosa de que él me respondiera. Yo necesitaba una explicación, necesitaba palabras, y en lugar de eso me encontraba sistemáticamente: 'pues se va a tomar esta pastilla o esta otra, duérmase usted y ya podrá asumirlo'. No había nada más, yo estaba sola en el mundo frente a eso".

Cuando cumplió 50, Kim tomó una decisión: "Me dije a mí misma: solo la realidad puede salvarme, solo vivir de esta manera como soy puede salvarme, aunque el mundo se hunda, aunque pierda el trabajo, mis condiciones de vida, el poder ayudar a mi madre... Y eso me equilibró". La activista, profesora de Ética en la educación secundaria durante décadas, apoyó a Carla Antonelli en su huelga de hambre para exigir la Ley de Identidad Sexual que finalmente se aprobó en 2007.

"La ley salió, con defectos, pero lo importante era que saliera y ya habría tiempo de corregir cosas. Hemos tardado 13 años", dice respecto a la norma que se aprueba este martes, sobre la que critica algunos matices. Pérez cree que hubiera sido deseable que se estableciera un acompañamiento psicológico para las personas trans que lo desearan. "En la ley de 2007, los psicólogos eran considerados jueces, acababan teniendo derecho a decidir según su visión de las personas con las que se encontraban. Y si con arreglo a sus criterios esa persona no podía cambiar de sexo pues no podía hacerlo y con eso no podíamos estar de acuerdo. Ahora a mí me parece que hubiera sido conveniente que los psicólogos no fuera jueces pero sí acompañantes y que la decisión última fuera, por supuesto, de la persona", explica.

La activista ha sido testigo del daño que estos peregrinajes médicos y psicológicos han tenido en muchas personas. "Si alguien se encontraba con un profesional en la Seguridad Social que le negaba el cambio y esa persona no tenía medios para acudir a la privada se veía sin forma de salir adelante. Te veías atada a la decisión de terceras personas, con sus criterios y sus estereotipos".

Patrick

Patrick consiguió el DNI que ahora luce con orgullo, con su nombre y sexo legal cambiado, diez días antes de cumplir los 18, pero le llevó cinco años de pelea ante los jueces. Su madre, Natalia Aventín, decidió llevar su caso hasta el Tribunal Supremo y logró la sentencia del Constitucional que dictaminó ya en 2019 que la exclusión de los menores de la ley de 2007, la que permite la rectificación registral, es inconstitucional. Siempre dice que con su hijo se dio cuenta de lo que es "ser un ciudadano de segunda", porque ver reconocida su identidad le supuso una batalla que le ha hecho ser, como a todas las familias de menores trans, afirma, "activista por necesidad".

A Patrick "no le ha supuesto ningún problema ser quién es" porque ya desde pequeño, tanto en el ámbito educativo como en la familia y su entorno "era respetado", cuenta su madre. Pero la ley impedía que a pesar de que con 13 años ya en su pueblo, Benasque (Huesca), le conocía así todo el mundo, su DNI lo reflejara: "Les puede hacer la vida imposible en muchos ámbitos de su vida, desde ir a buscar un paquete en Correos a sacarse la tarjeta para cualquier transporte o incluso en la biblioteca", cuenta Natalia, que explica que ellos tuvieron "suerte" al poder cambiar la tarjeta sanitaria o encontrarse con un entorno escolar favorable. "Era una cuestión arbitraria, si nos hubiéramos encontrado con personas que hubieran querido ponerle problemas, podrían haberlo hecho con la ley en la mano".

Por eso, tras su pelea, lamenta que la legislación LGTBI que aprueba este martes el Consejo de Ministros haya renunciado a incluir a los menores de 12 años y que los que tienen entre 12 y 14 deban requerir autorización judicial para modificar su sexo legal: "Nosotros sabemos lo que es tener que estar delante de un juez y es una situación violenta, no hay ningún motivo para hacer pasar a los menores por eso", critica Natalia. Cree que la norma "no es un avance de derechos significativo" para los niños y niñas e incluso "un retroceso" con respecto a la sentencia del Constitucional, que dictaminó que los menores "con suficiente madurez" y "en situación estable de transexualidad" debían poder cambiarlo.

En su caso, su gran periplo fue encontrar información y recursos. "Había un gran desconocimiento, no sabíamos qué hacer ni a quién recurrir y con la pubertad empezó a preocuparnos, pero no lográbamos que nadie nos ayudara". Patrick comenzó entonces "a sentir cierta incomodidad con su cuerpo", dejó de acudir a las competiciones deportivas y empezó a no querer ir al colegio. Pudo acceder a los bloqueadores hormonales al inicio de su desarrollo "por insistencia mía" y gracias a una amiga de la familia que logró una cita en un hospital de Barcelona, aunque por la vía privada. "Era más fácil que nos dieran ansiolíticos que bloqueadores hormonales", dice Natalia, consciente de la controversia que generan este tipo de tratamientos: "Nos ofrecían otros fármacos e intervenciones psiquiátricas y no había el mismo cuestionamiento. Yo no me lo podía explicar".

La ley también ha renunciado finalmente a homogeneizar los tratamientos hormonales para menores de edad a través de la cartera básica de servicios. Esto implica que seguirán sujetos a la regulación por parte de las comunidades, aunque ya la inmensa mayoría los ofrecen. "Yo sé que mi hijo se medicaba debido a la presión social, la misma que hace que nos depilemos o nos pongamos a dieta, y pueden ser decisiones tempranas, pero les permite seguir con su vida. No es una decisión que tomes de un día para otro, es que te planteas que tu hijo está sufriendo. Para nosotros, siempre con mucha información y conocimiento, eso era lo importante".

Víctor

Víctor Gil, conocido por su nombre artístico 'Viruta', intenta estos meses "sobrevivir al 2020" tras la sequía de conciertos y eventos en los que trabajar debido a las restricciones por la pandemia. Cantautor y actor, tardó entre tres y cuatro años en lograr el informe de disforia de género y acreditar dos años de hormonación a los que a día de hoy aún obliga la ley para modificar su DNI, condiciones que prevé eliminar la Ley Trans. "Lo que implicó fue tener que pasar por consultas psicológicas con preguntas arcaicas en las que tenías que mentir para encajar en el cajón, porque si no era fácil que te descartaran. Eran preguntas tan tremendas como que si te gusta el fútbol, las flores, cantar... Había que encajar en un molde muy estrecho", lamenta.

Entonces, hace diez años –hoy va a cumplir 44–, la identidades de género no binarias "no se nombraban", por lo que no fue algo que Víctor se planteara, pero hoy se reconoce como tal. Con la nueva legislación, estas personas podrán modificar su nombre y sexo legal sin necesidad de modificar su cuerpo ni medicarse si no lo desean, sin embargo, la norma no contempla el reconocimiento de las identidades no binarias. "En mi caso fue todo un periplo documental y burocrático, de tocar muchas puertas y gracias a que conocía gente que acabó recomendándome una psicóloga que me podía hacer el informe, pero quienes no tienen esas facilidades lo tienen mucho más difícil", reconoce Víctor.

El cantante explica que despatologizar la identidad de las personas trans y eliminar los requisitos médicos "implica dejar de considerarnos enfermos, como en su día ocurrió con la homosexualidad", pero además remarca "la inutilidad" de los medios "de prueba" como el informe psicológico: "No es posible decidir sobre la identidad de otras personas y sobre su forma de estar en el mundo. ¿Cómo va alguien, un médico, un psiquiatra, a saber si de verdad alguien está convencido de ser una persona trans? Es imposible".

Elsa

A Elsa la conocimos en 2019, cuando con ocho años se subió al estrado de la Asamblea de Extremadura durante el cuarto pleno escolar contra el bullying por la LGTBIfobia. "Soy una chica transexual, vivo en Arroyo de San Serván [Badajoz] y en los cuatro últimos años he vivido un camino muy importante: el camino a mi felicidad", decía la niña en una intervención que estremeció a los asistentes. Hoy, su madre, Anabel Pastor, recuerda los "años muy duros" que pasaron hasta conseguir cambiar el nombre y el sexo legal de su hija.

"No se nos hacía mucho caso porque nuestra hija era muy pequeña. Escuchábamos las típicas de frases de '¿y si se está equivocando?'. Hemos tenido que aguantar mucha transfobia en médicos, muchas negaciones en juzgados, nos han obligado a aportar pruebas de psiquiatras, cuando mi hija no está enferma", explicar Pastor, que se alegra de que, desde hoy, las personas trans "no tengan que pasar" por esas pruebas ni "luchar porque un juez o una jueza les crea".

En su caso, la jueza les llamó periódicamente durante dos años y no admitía el cambio de sexo para Elsa. "Finalmente aceptó lo que le decía, que hablara directamente con la niña, que ella sabía perfectamente quién es y que fuera ella quien le explicara que no era una niña y que no tenía derecho a llamarse Elsa. Con seis años entró sola a su despacho, creo que estuvo media hora o 45 minutos dentro. Cuando salió, la jueza nos dijo que no había opción a un no, que Elsa era una niña de los pies a la cabeza y que sabía muy bien quién era".

No obstante, Anabel lamenta las limitaciones de edad que contiene la norma. "Hasta que no te toca cerca no lo entiendes del todo. No es fácil, la primera que no lo entendía era yo, pero hay que informarse más, se dicen auténticas barbaridades", apunta. La madre de Elsa explica, por ejemplo, que a día de hoy su hija no se hormona y que será ella la que en el futuro decida si hacerlo o no. Como madre ella intenta, prosigue, que su hija acepte su cuerpo y se quiera tal cual es, y que hay "comentarios que son muy fuertes de escuchar cuando tienes una hija en esa situación y cuando tu hijos odian su cuerpo". Anabel Pastor tiene claro que esto "va más allá de unos genitales". "Va de quiénes son, y ellos son quienes saben quiénes son".

jueves, 25 de enero de 2018

#hemeroteca #transexualidad | Un aspirante deja estupefacto al jurado de Got Talent: «No soy hombre ni mujer, soy marciano»

Imagen: Got Talent / Viruta
Un aspirante deja estupefacto al jurado de Got Talent: «No soy hombre ni mujer, soy marciano».
Ninguno de los miembros del jurado daba un duro por él cuando se subió al escenario, pero pronto cambiaron de opinión.
ABC, 2018-01-25
http://www.abc.es/play/television/noticias/abci-aspirante-deja-estupefacto-jurado-talent-no-hombre-mujer-marciano-201801250104_noticia.html

El nuevo ‘talent show’ de Telecinco, Got Talent, volvió este miércoles a las pantallas para dar cancha a los talentos desconocidos de decenas de españoles. Más allá de las habilidades demostradas por los aspirantes, el programa ha venido marcada hasta ahora por las riñas entre Risto Mejide y los otros tres miembros del jurado: Jorge Javier Vázquez, Eva Hache y Edurne. Hasta tal punto han llegado los desencuentros entre ellos que Jorge Javier aseguró en su blog que un rifirrafe con el polémico Mejide les había llevado a romper su amistad.

Lo cierto es que Jorge Javier parece no tener criterio artístico y sólo sabe decir que sí a todo el que se le pone delante, como un coladero. Por su parte, Risto tiene un riguroso criterio y una fuerte concepción moral de su trabajo que le impiden valorar positivamente las actuaciones ridículas que le encantan a Jorge Javier.

No obstante, no todo son discrepancias entre los dos compañeros, pues siempre aparecen artistas brillantes que son capaces de suscitar el acuerdo entre dos polos en apariencia irreconciliables. Ese fue el caso de Viruta, un excéntrico personaje que, como él mismo aseguró, había ido a «dar la nota».

Vestido de marciano, todo de verde y con una máscara del mismo color, el cuerpo lleno de tatuajes y una guitarra cubierta de pegatinas se plantó el Viruta en el escenario. Todo indicaba a que se trataba de uno más de los cientos de frikis que buscan su minuto de gloria en la pequeña pantalla. Su discurso de presentación fue en la misma línea: «Yo no soy ni hombre ni mujer, soy de Marte, una persona de Marte», explicó ante un público estupefacto, «y me reivindico marciano porque así es como nos sentimos muchas veces las personas transexuales. Como personas de otro planeta».

Justo antes de empezar a cantar, el artista quiso quitarse la máscara y mostrar su rostro, sobre el que se puso unas orejas de conejo. La canción, anunció el Viruta, estaba dedicada a todas las personas discriminadas por su orientación sexual. Los jurados ya se preparaban para otro ridículo número. Pero en cuanto empezó a cantar todos se quedaron boquiabiertos. Su voz era refinada, muy semejante a la de Ismael Serrano, como recordó luego Risto; la letra era original y el concursante manejaba la guitarra a la perfección.

Antes de que hubiese terminado la función, buena parte del público ya se había puesto en pie para jalear la canción de Viruta. El comentario más inteligente, como suele ser habitual, vino de parte de Risto: «La ropa no te favorece, pero cuando has empezado a cantar creo que lo he entendido», dijo el crítico, «lo que has hecho es jugar con nuestros prejuicios. Cuando llegaste, nuestros prejuicios nos hicieron pensar que eras un friki más, pero no es así».

A pesar de ello, y aunque alabó el talento del concursante, no quiso darle el pase a la siguiente fase. Los restantes miembros del jurado sí que quisieron darle una segunda opotunidad al joven, por lo que el Biruta seguirá sorprendiendo con sus actuaciones las próximas semanas.

Y TAMBIÉN…
‘Got Talent’ arrasa con el marciano. ‘Viruta’ que rompe los esquemas a Risto.

Víctor acabó con los prejuicios del jurado y se llevó el pase a la siguiente fase.
Voz Libre, 2018-01-25
https://vozlibre.com/medios/got-talent-marciano-risto-viruta-10314/

lunes, 7 de marzo de 2016

#hemeroteca #visibilidad | Madrid: Cantando la diversidad a 85 voces

Imagen: El País / Voces LGTB de Madrid
Cantando la diversidad a 85 voces.
La asociación Voces LGTB busca representar la diversidad sexual y afectiva de las personas en un coral inclusivo.
Natasha R. Silva | El País, 2016-03-07
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/03/03/madrid/1457019197_014161.html

En septiembre del año pasado, cinco amigos se encontraron en un restaurante de Chueca después de un verano sin verse. Una intensa conversación sobre su deseo de "hacer algo con música" les condujo a la idea de montar un coro. La primera sugerencia fue una coral de hombres gais. “Pero ya hay un montón y un grupo solo de hombres es como un funeral”, observó uno de ellos. “Que sea con lesbianas también entonces. Y con personas transexuales, que son las que más están sufriendo la discriminación”. Parecía un reto difícil, pero, dos semanas después, nacía Voces LGTB de Madrid. Desde el inicio, el objetivo fue representar la diversidad sexual y afectiva de las personas en un coral inclusivo. “Madrid es una ciudad que acoge y el coro nace aquí para dar abrigo a los que sienten y aman libremente”, declara Álvaro Alcina, el presidente de la asociación.

Los fundadores dejan claro que Voces LGTB no solo canta por la diversidad, sino que también la muestra. Por eso, cuando Alcina intenta perfilar el tipo de personas que constituyen el coro de 85 voces, la lista se extiende bastante: “Un italiano, un venezolano, una mujer trans, un matrimonio hetero que quiere educar a sus hijos en la diversidad, un cartero, una teleoperadora, una madre con un chico bisexual, un cristiano, un ateo, varios adolescentes trans, una persona queer, un heterosexual, un bisexual, un homosexual, un gaditano, un gallego…”, bromeó el presidente de la asociación durante la primera presentación oficial del coro, que tiene la intención de reunir un total de 100 cantantes.

El proceso de selección de los integrantes fue simple. Los fundadores hicieron una campaña por la ciudad para convocar personas interesadas al casting. Además de hacer una prueba de voz y oído y pasar por una pequeña entrevista, los candidatos deberían presentarse a la audición en la que tenían que cantar 'Peras y Manzanas', una composición de Viruta, un cantautor transexual FTM. El tema, que hace una referencia clara a una de las frases más célebres de la exalcaldesa de Madrid, Ana Botella, se autodefine como una canción de amor queer. Esa misma letra fue entonada por el coro durante su primera presentación. “Bendita la diferencia que nos balancea”, los miembros cantaban, emocionados.

Los participantes afirman que la emoción se da por la experiencia que el coro les está proporcionando. Luz Lozano, una jardinera de 42 años, cuenta que se enteró de la existencia del grupo por uno de los carteles de la campaña. Ella explica que hay mucha cohesión para el poco tiempo que el coro lleva junto, y que se ha construido un equipo en el que todos pueden enseñar y aprender. Además, para Lozano se trata de una oportunidad de "poner un granito de arena" en la lucha de mostrar al mundo la diversidad de las personas y la suya como lesbiana. “Si no tienes visibilidad, parece que no existes. Muchas veces las personas temen o no respetan lo que no se conoce”, observa.

Para Lorenzo Martínez, de 40 años, es el contacto con personas tan distintas que hace estar en el coro algo tan gratificante. “Para mí fue una sorpresa ver personas heterosexuales, de hecho. Me dieron una visión muy diferente de porque estaban allí, y era porque querían enseñar a sus hijos de que el mundo debe ser así”, afirma. Flavio Monje, un arquitecto de 46 años, también se alegra de poder ver un ambiente en el que todos estén representados. “A parte, creo que el repertorio que se está eligiendo está potenciando eso”, opina.

La dirección musical está a cargo de Gonzalo Baz. El director, que se define como un “heterosexual canónico”, cuenta que ensayar todos los sábados con el coro es uno de los momentos más especiales de su semana y que está aprendiendo muchísimo en el nivel humano y artístico. A parte, ese trabajo le permite experimentar más. “Con ellos puedo meter en el repertorio canciones que no son habituales del coro, que suelen ser muy tradicionales”, comenta, acordándose que puede aventurarse con temas de David Bowie y los Rolling Stones.

Las ideas trabajadas por aquellos cinco amigos en un restaurante de Chueca están reflejadas en cada aspecto del coro. Voces LGTB de Madrid se define como "una asociación sin ánimo de lucro, de carácter laico y sin adscripción política concreta". Sin embargo, José Antonio Prieto, uno de los cinco fundadores, ofrece una definición más simple: "En realidad, lo que queremos contar es que hay muchas formas de amar y que todas están en igualdad".

viernes, 20 de noviembre de 2015

#hemeroteca #transexualidad | ¿Tiene privilegios un cantautor trans?

Imagen: El País
¿Tiene privilegios un cantautor trans?
El cantautor trans Viruta FTM presenta estos días el resultado de su exitoso crowdfunding “Sin tetas no hay para disco”, Pasión Mutante: 10 canciones de diversos géneros musicales: sin etiquetas, justo como él.
Vega Pérez-Chirinos Churruca | El País, 2015-11-20
http://elpais.com/elpais/2015/11/19/tentaciones/1447950376_564073.html

Caitlyn Jenner es nombrada Mujer del Año; un reconocimiento inaudito y tremendamente positivo de que hay mujeres que lo son independientemente de su sexo genital o del género que les asignan al nacer. Lamentablemente, el premio ha sido ensombrecido por la torpeza de su discurso al decir que lo más difícil de ser mujer es elegir qué ponerse, algo ante lo que Rose McGowan ha saltado: “Deberías saber que nosotras hemos tenido una experiencia muy distinta a la tuya, como hombre de privilegio que has sido (...). Ser mujer lleva consigo un gran bagaje: el peso de la desigualdad histórica de género.” ¿El resultado? Acusaciones de transfobia. ¿Son los privilegios de McGowan como mujer cis superiores a los de Caitlyn Jenner como mujer trans?

La transexualidad parece muy distinta cuando se cuenta a la inversa (de mujer a hombre) y desde una situación socioeconómica muy diferente. “Cuando pasas a ser un sujeto leído como hombre, aunque no desprendas agresividad, por tu actitud o por tus características físicas, notas de pronto que cuando caminas detrás de una muchacha por la noche ella aprieta el paso, que estás siendo visto como un agresor; o, al contrario, que te asignan un papel de defensor cuando caminas con varias chicas que, de hecho, son más altas que tú”, dice Viruta FTM, cantautor trans (female-to-male, de hombre a mujer). “Es una oportunidad muy curiosa vivir parte de tu vida como un sujeto de género y parte como otro; detectas muchas cosas que te habrían resultado inadvertidas”.

Quizá por eso Viruta cuenta con una canción sobre Privilegios masculinos. El abandonar el qué ponerse es también uno de ellos. “Abandonas ese sistema de cuidados eternos femenino: te permites el lujo de descuidarte físicamente. También es cierto que ser ‘niño’ es muy aburrido, no puedes usar colores. Pero los privilegios masculinos molan mucho: con la misma broma con la que antes eras una loca bollera de mierda ahora la gente se ríe que no veas. El miedo permanente a esa violación o agresión sexual con el que vivimos todas desaparece. Pero es que además hay en ciertos entornos más sensibilizados incluso un cuidado especial porque eres trans, es como que la gente intenta demostrarte más consideración, y eso parece que te legitima hasta para ser gilipollas”. Mira, McGowan, por aquí sugieren que igual tu comentario no era tránsfobo.

Seguramente Caitlyn Jenner se lo tomase de otra manera si se encontrara, como ha sido el caso de Viruta, “pobre de solemnidad: sin trabajo, ni paro, ni nada” y buscando la forma de conseguir el dinero necesario para operarse el pecho, “como intentan casi todas las personas con esta trayectoria, y digo casi. La modificación corporal, normalmente la buscas, pero hay gente que no; y, sin embargo, te obligan, tienes que pasar por las fases que te marcan. El proceso relativo a la transexualidad (regulado a partir de 1997) está muy pautado, legal y médicamente, y diseñado de arriba abajo, sin contar con la gente trans; tan pautado que yo fui disidente de ahí y me tuve que buscar las castañas por mi lado. A los chicos trans nos buscan un hombre hegemónico al que acercarnos, y evalúan cuánto nos acercamos a él por medio de tests; un hombre “real” que es el típico macho alfa”. ¿Qué pasa si un chico trans no quiere ser un macho alfa? Pues que sale del sistema que “protege” y “respeta” la transexualidad, pero sólo una vivencia transexual en concreto, y que es el requerido para, por ejemplo, cambiar de nombre legalmente. “El periodo que comprende entre que empiezas a tener cambios corporales y una imagen corporal más masculina hasta que tu documentación tiene nombre de chico, es el momento más complicado para encontrar curro, por ejemplo”.

¿La alternativa? En el caso de Viruta, la música. “Yo quería conseguir dinero para las dos cosas: no podía grabar el disco y operarme las tetas, con los sueldos de los trabajos de machaca que tenía. Las plataformas de crowdfunding no te permiten usarlas para eso, pero siempre lo he dejado claro.” Su proyecto en Verkami se llamaba “Sin tetas no hay para disco”, y consiguió su objetivo, aunque estos eran quizá poco realistas. “Leí que casi todos los crowdfundings tienen muchos problemas a la hora de la ejecución porque están diseñados sobre una servilleta de bar: ‘bueno, más o menos supongo que esto costará tanto…’. Una economista feminista bastante conocida, me dijo al alcanzar el objetivo ‘Vaya, cómo me alegro, espero que te llegue, suerte’. Yo me quedé muy sorprendido, pero ella sabía ya que me iba a pillar los dedos. El dinero ha dado para lo que ha dado: para grabar, que era lo primero. Esto no podía convertirse en un ‘opérate las tetas y corre’. Ahora no me dedico nada más que a esto, y toca presentar el disco, y girar con él, y esperar que de ahí vaya saliendo pasta para la operación”.

Las redes sociales son fundamentales para los músicos, dicen. En el caso de Viruta, eran ellos, sus “montones de followers que a veces no sé ni cómo gestionar” (se define un poco tecnófobo, aunque reconoce que los “micromundos” que se construyen en las redes están ayudando mucho a las generaciones más jóvenes, y habla de YouTube como su gran facilitador), los que demandaban su material. Algo que valora especialmente “porque al final son mis cositas, es política, pero es personal, también, claro, y hace mucha ilusión esa acogida”. Esa mezcla de lo personal y lo político que ya presentaba Carol Hanisch (o sus editores, depende de cómo se mire), que ha formado parte del espíritu de su crowdfunding y sigue presente en el disco. “Llegará el momento en que me pueda operar, y, quién sabe, haré un reality”, bromea.

El disco es, como él, inclasificable (“A mí la palabra normal me parece casi un insulto”, dice). Diez canciones en las que ha ido jugando con los géneros, desde la bossa nova hasta el country pasando por el hip hop. Se lee en su web: “de todos los tiempos. Para todos los gustos. Porque si no te gusta una, igual te gusta otra. O si no, a tu abuela. A mí, las pasiones musicales, me han ido cambiando. ¿Acaso tú no tienes la pasión mutante?”. Quizá porque en su casa, donde su padre tenía problemas de oído, se escuchaba poca música, y la fue recogiendo de aquí y de allá; quizá precisamente por su posicionamiento a caballo entre las etiquetas. “Lo primero que me preguntaron en el estudio fue a qué sonaba Viruta, y pensé ‘la hemos cagado’”. Sin embargo, está muy contento con el sonido final. “Es la primera vez que me han dado ganas de oír una cosa que haya hecho yo, y eso me parece una muy buena señal”.

jueves, 16 de julio de 2015

#hemeroteca #transexualidad | Viruta: "Desde que me identifican con un hombre noto que tengo más privilegios"

Imagen: Diagonal / Viruta FTM
Viruta: "Desde que me identifican con un hombre noto que tengo más privilegios"
Se define como un "cantautor transexual y precario que hace música transfeminista y rebelde". Pero Viruta FTM es mucho más que eso y en sus conciertos es capaz de llevarte de la risa a la reflexión en pocos segundos.
Izaskun Sánchez Aroca | Diagonal Periódico, 2015-07-16
https://www.diagonalperiodico.net/culturas/27356-trans-musica-viruta-genero.html

"Consumimos aire, sueños, identidad, relación, alma".
Testo Yonki (2008). Beto Preciado.

Si tecleamos desde España en cualquier buscador de internet FTM, lo más probable es que lo primero que aparezca sea la Federación de Tenis de Madrid. Si elegimos la opción vídeos, la cosa cambia. Decenas de ventanas con la palabra “transgender”, “timeline” o “testosterone” se despliegan ante nosotras. FTM o “Female to Male” -de mujer a hombre-, es un código que se usa para identificar a la gente que está en transición y es también la coletilla que acompaña a un cantautor que lleva años rodando por Madrid acompañado de su guitarra, Viruta FTM. “Es algo horrorosamente binario pero sirve para que las personas que transitamos, los chicos trans, podamos encontrarnos”, explica.

Viruta se mueve por Madrid en una diminuta bici roja plegable, “es perfecta y es lo único que me dejan meter en el metro a cualquier hora”. Sabe que tiene aspecto de chaval, “bajito y sonriente” a pesar de los tatuajes. El último que se ha hecho dice "born this way"-nacido de esta manera-y va acompañado de un símbolo transfeminista. Viruta, que en otro tiempo se llamó Virginia, comenzó dando conciertos para sus amigas en pequeñas salas de Madrid, “era como una cantautora bollera y tierna”, cuenta. Desde entonces ha llovido mucho.

¿Por qué Viruta?
Viruta lo conservo desde hace muchos años. La versión real es que me colocaron este mochuelo mis amigas con esa cosa tan machista y universal de que cuando te enrollas con mucha gente en un breve espacio de tiempo te llaman puta, directamente. Mi nombre registrado era Virginia, así que juntaron el Virgina con el puta y me empezaron a llamar Viruta. Empecé a enrollarme a diestro y siniestro, con chicos, chicas y todo lo que se moviera por la misma razón por al que empecé a ponerme mórbidamente gordo entre los 20 y los 25. Me convertí en una versión bajita de lesbiana “butch”. Se supone que todas las lesbianas de los sueños o las pesadillas de la gente eran más o menos como yo, pero la realidad era que en ese momento había un repunte de bollo “lipstick”, se podía ser femenina y gustarle a las mujeres. Hubo un bombardeo en los medios en el que las lesbianas de pronto aparecían, pero tenían que aparecer normalizadas y yo ya tenía la mosca detrás de la oreja con todo el proceso de normalización. Tenía escaso interés en mi cuerpo. Sabía que mi cuerpo y mi manera de funcionar por el mundo no eran las que quería y entonces comía sin fin, sin ningún problema, y me enrollaba con gente todo el tiempo. Sin embargo, en vez de estar rayado, como mucha gente trans que lo que hace es intentar mutilarse o encerrarse y no dejar que nadie le toque hasta que no transicione, pues yo lo hice al revés, dejé que todo el mundo me manoseara sin ningún problema ni ninguna carga, pero el cartelito me lo colgaron. Lo de puta es algo con lo que siempre me ha gustado jugar, siempre me ha interesado mucho todo lo que rodea al mundo de la prostitución y el trabajo sexual, toda la construcción social que se organiza en torno al estigma de puta. Me quedé con Viruta porque me parecía adecuado apropiarme del insulto.

Lo de reapropiarse de las etiquetas, lo de resignificar es algo que haces mucho. Tus primeras canciones son versiones de temas más famosos y comerciales, pero poco a poco vas jugando con otras melodías y otras letras, compones himnos contra el amor romántico como “Peras y Manzanas” o “I'm slut”, de la Marcha de las Putas de Ecuador, un “timeline” también sobre tu transición.
Mis últimos dos o tres años han sido la locura. Antes, al estar en otro contexto, hacía canciones distintas. Creo que somos presas de los que estamos viviendo y nunca he podido evitar hacer canciones desde las emociones. Pero han cambiado un montón porque ahora estoy atravesado por mucha información que antes no tenía y mis canciones se han vuelto cada vez más feministas y más integristas. Lo de sufrir por amor romántico o a lo “Pantoja” lo tenía incorporado, y aún tengo un regustito cuando oigo una canción de amor rotundo y me gusta. Ha habido muchos años de construcción para tener una deconstrucción repentina.

¿"Con tetas no hay ParaDisko”? ¿Lanzas un crowdfunding para quitarte el pecho y sacar un disco?

Estuvimos pensando mucho tiempo el nombre. Este año tengo dos necesidades urgentes. Lo de quitarme las tetas como persona transexual podría haber sido secundario, pero ya me he hartado. Me he hartado de no poder respirar, de no poder ir a la piscina, de no poder llevar una vida normal en el mundo normal, ese del que tantas pestes echo. Yo quiero seguir luchando porque la gente quiera sus cuerpos y yo querer el mío, pero tengo la sensación de que no voy a vivir para ver esos cambios de mentalidad en la sociedad que van a permitir que la gente camine con la expresión de género que le de la gana acompañando al cuerpo que tiene.

¿Realmente crees que esos cambios llegarán en algún momento?
Creo que sí. Los estoy viendo llegar. Poco a poco la gente joven se está lanzando a expresarse. En los '90 ser la lesbiana de tu barrio, aunque fuera una ciudad grande como Madrid, era significativo, había mucho “bullying”. Ahora parece que ya está mucho más presente en la sociedad. Sin embargo, la cuestión trans aún está congelada, es algo muy denostado y criticado, y aunque hay mucha lucha entre manos, no creo que me vaya a permitir la vida pasear por ahí sin dar el cante. Yo me meto en el metro y la gente no se da cuenta de que soy un muchacho trans, pero sigue habiendo un montón de parcelas de mi vida en las que no puedo funcionar de manera cotidiana. No puedo salir a tirar la basura sin ponerme una faja o salir a la terraza a tender la ropa porque los vecinos de enfrente me echan fotos si ven algo raro en mi cuerpo. Tengo la sensación de que quedan muchos veranos, que me acerco a los cuarenta años y me apetece hacer otras cosas. Si tuviera 18 años estaría el triple de empoderado y podría ahorrarme la vehemencia con la que defiendo una operación de cirugía plástica, porque hasta yo tengo al sensación de que es una operación de cirugía. Tengo un duelo interno, porque estoy haciendo mucha lucha a favor de la diversidad de los cuerpos y amar nuestros cuerpos y en el fondo siento que estoy traicionándome a mí mismo. Igual hay gente que opina que con la nariz que tiene no va a poder funcionar el resto de su vida, que le frena para las relaciones sociales y que todo el mundo se mete con su nariz. Lo mismo puede pasar con cualquier parte del cuerpo. Pero ya me he lanzado a la piscina porque sé que me va a mejorar la vida y que me va a ayudar a estar mejor por el mundo.

¿Y el disco?
El disco me hace falta y no me hace falta, pero más allá de eso, tengo la sensación de que hay mucha gente que quiere oír mi música. Yo de pequeño no soñaba con ser cantante, pero sí con ser un señor, o algo así. Mucho más que ahora, que no sueño con ser un señor, sino quedarme en una expresión de género media. Lo que pasa es la gente te tiene que encasillar en una cosa u otra, así que algo habrá que parecer. Desde luego prefiero parecer un señor que una señora, que me queda muy mal, pero yo en mi activismo, en mi entorno de comodidad, prefiero estar en ese limbo extraño. Haciendo música tengo la sensación de que hay muchas cosas que a la gente le han servido para algo, hay madres de niños trans que me dicen que les he ayudado en la transición.

Es cierto que te expones mucho en tus conciertos y en tus canciones y eso no es algo tan habitual. Incluso en los vídeos visibilizas tu transición.
Es que paradójicamente, aunque no me gusta generalizar, lo que se busca desde el colectivo trans es la invisibilidad, la normalización de los individuos o individuas trans, el hecho de que no hayas nacido con unos “ítems” de mujer o de hombre y puedas pasar por el mundo sin que la gente detecte que has nacido con las partes del cuerpo que corresponden al otro género. Yo no es que busque lo contrario si no es por un objetivo dentro del activismo. Pasar inadvertido por el mundo me viene bien para que la gente no me acose, no me insulte, no me diga cosas. Pero también me resulta útil que la gente se dé cuenta de que soy trans para que encuentren otros referentes porque a mí es lo único que me ha servido para transitara mí en mi vida. Yo en los 90 intentaba decírselo a mis parejas, pero mientras, hacía una especie de performance de lesbiana o algo así, porque me gustaban las mujeres y entonces me tocaba ser lesbiana porque yo tenía tetas. No sabía que había ninguna otra posibilidad, porque la transexualidad era lo que estaba asociado a la prostitución, a La Veneno, Bibi Andersen y poco más. La idea de hombre trans ni siquiera existía y hasta que las redes no se metieron en la cuestión y empiezas a descubrir transiciones de otras personas, otros lugares del mundo donde hay gente que decide cambiar su expresión de género, no te planteas que tú puedes hacerlo. Es necesario siempre que haya referentes y pensar que no eres la única persona que está pasando por eso.

¿Y qué referentes encuentras tú?
En los 90 no hay nada, sobre todo encuentro a partir de 2005 casi todo en YouTube. Hubo gente que empezó a contar sus penas y su situación, a querer cambiar y, sobre todo, a hacer una especie de “timeline” en el que mostraban su cambios. Se empezaban a hormonar y contaban mes por mes cómo cambiaban y lo que se iban encontrando, haciendo una especie de tutoriales. Es algo dual porque hay una parte de vanidad, porque te empiezas a mirar en el espejo mucho más que durante el resto de tu vida porque te vas pareciendo más a aquello que querías conseguir, pero también tienes ganas de que el resto lo vea, por si puedes ayudar a alguien.

La reflexión puede sonar viejuna, pero es cierto que en este sentido internet ha hecho mucho, ¿no?
El YouTube a mí me ha cambiado la vida, igual que a muchísima gente. El transitar es algo que aún a día de hoy no se entiende, sigue resultando muy impactante que la gente decida cambiar una obligación tan importantísima como es mantener tu expresión de género hasta que te mueras. La ventana del YouTube permite que la gente que está haciendo cosas en su intimidad las saque fuera. Yo al principio era super tecnófobo. Nunca había pensado en hacer cosas en internet, pero todo fue de la mano del feminismo. Había tenido militancia feminista de joven, de puño en alto y mani 8 de marzo, pero muy tibia a los 20 años. De ahí me metí en el momento LGTB más “mainstream” de Chueca, dejé de lado la lucha feminista pero en Chueca tampoco encajé. Así que al volver a Lavapiés y meterme en temas de contenido me di cuenta de que mi lugar estaba aquí, con gente que tuviera más diversidad de expresiones de género. Como persona trans en el colectivo LGTB creo que no se encaja. Se encaja muchísimo mejor en cualquier submundo de gente que no se plantee tanto las cuestiones éticas y estéticas como en el mundo LGTB “mainstream”, que está todo muy observado. Igual que las unidades de género, que son muy criticadas por los colectivos trans, porque te obligan a una transexualidad muy hegemónica en la que si eres un hombre trans eres muy hombre con sus camisas de cuadros, su fútbol y cosas así, en el entorno LGTB “mainstream” también es así, tienes que encajar con una cosas, una música y vestirte de una manera concreta.

Has hablado de las Unidades de Género ¿Cómo es la transición por la sanidad pública?
Es todo complicado, hay una posibilidad de intervenirse por la Seguridad Social pero tienes que entrar por el ojo de la aguja. Yo estoy vetado en la UTIG (Unidad de Transtornos de Identidad de Género de la Comunidad de Madrid), que es horrible, porque estuvimos en un congreso de transexualidad, donde por cierto no había gente trans e hicimos preguntas incómodas tipo "¿Ustedes saben que les he mentido en los test y que cuando nos preguntan si somos heteros o nos gusta el fútbol mentimos y decimos que sí?". Después me dijeron que mi solicitud podría demorarse años y años.

¿Y el cambio de nombre a nivel legal?
Dentro de la sanidad pública hay un protocolo, pero también hay una alternativa para la gente que no tiene tarjeta sanitaria. Está Médicos del Mundo y la posibilidad de acceder a un psicólogo o psiquiatra privado, eso sí pagándolo, y necesitas dos informes, uno de un endocrino, alguien que te haya estado siguiendo durante dos años, porque te tienes que estar hormonando durante dos años para cambiarte el nombre, necesitan una prueba de que en tu paso futuro por la "vida real" vas a ser leído como un hombre. Y mientras, vas asistiendo a terapia para que confirmen tu cambio. Te hacen test y distintas preguntas en las consultas, un historial completo de tu vida personal, de tu vida sexual, y sobre cómo te has comportado con tus parejas. Si determinan que hay algo en tu vida que no les cuadra, el informe puede ser vetado y no te dejan cambiarte el nombre, es muy perverso. Así que intentas responder siempre lo que crees que quieren oír. Y estás supeditado a lo normativo y conservador. Una de las preguntas más clásicas es "¿cómo sabes que no eres una mujer lesbiana?" Alguien con 17 o 18 años les imponen una masculinidad que ellos no tenían y eso es lo que da miedo, les devuelven a su casa hechos una mierda porque no les gusta el fútbol.

¿Cuánto llevas hormonándote? ¿Has notado muchos cambios?
Llevo dos años y medio y las hormonas me han cambiado la vida. Me hubiera podido mantener igual el resto de mi vida, sin operarme, si la parte protésica de esconder las tetas no fuera tan incómoda para vivir, pero tener una faja en medio el pecho te impide vivir y respirar, genera lesiones con los años. Lo de la hormonación lo he notado en la voz, que me ha bajado un par de escalas y eso ha sido muy complicado. No hay más chicos trans que canten porque es muy difícil. Yo lo que hago ahora es jugar porque cuando te cambia la voz te quedas en menos de una escala. Es un cambio de voz artificial y adulta que se produce porque las cuerdas vocales crecen y al crecer, la garganta se estrecha. La hormonación también hace que te crezcan músculos y puede que la mala leche, pero no te implanta una violencia que no resida en ti. También he notado que ha cambiado mi manera de socializarme, porque la gente ha dejado de leerme como una lesbiana camionera y verme como un muchacho y ser más invisible, porque los muchachos son más invisibles. Y si eres bajito, como yo, eres medio hombre para muchas cosas. Las mujeres hetero genéricas del mundo, tampoco reparan en ti porque eres bajito. Los muchachos gays sí me miran más.

¿Y desde que eres leído como hombre sientes que tienes privilegios masculinos, que te tratan de manera diferente?
Por supuesto que sí, tienes privilegios en un millón de cosas. Las primeras, las más sutiles, ser más escuchado, todo eso que llaman micro machismos, que en realidad son machismos tal cual, desde que te pongan a ti la caña y a tu compañera la fanta hasta el tema de la ocupación en el espacio público, no tener miedo por la noche en la calle o que una misma broma caiga de manera diferente según de qué boca salga. Lo esperabas porque lo sabes desde siempre, y ocurre. Te das cuenta de que exactamente con la misma circunstancia y viviendo la vida en tu mismo envase, solo porque la cáscara ha cambiado, la cosa funciona de manera diferente.

¿”El género binario es uno de nuestros mayores problemas”? Al menos eso decías en una entrevista de Pikara Magazine.
Es el primero de nuestros problemas porque eso nos da una carga vital, una mochila de quehaceres. Desde que existen las ecografías que pueden definir en teoría qué es lo que te cuelga entre las piernas, hay una educación en género, incluso a través de la tripa. Se habla de lo bonita que va a ser la niña o de que el niño va a ser futbolista. Hay una necesidad imperiosa de poner etiquetas. Todo en la vida nos llega en forma de binario, hasta que no nos desviemos de todo eso, el mundo no va a cambiar, aunque los grupos de gente joven ya están cambiando. Hay niños y niñas hegemónicos que no se conforman con ser un macho “macho” o una hembra “periputi”. Hay mucha gente “transgender” o “gender fucker”, gente que no quiere ser él o ella, o que se nombra como "elle". Como los góticos de mi juventud, que era lo más andrógino que me encontraba en mi época. Muchachos que se maquillaban, dulces, femeninos... ahora pasa mucho con la gente joven en el mundo del cómic y se empieza a deshacer el género desde la cultura japonesa, porque tienen una manera más andrógina de sentir la vida. Son sujeto de “bullying” a saco, porque en el cole tienes que ser una “barbie” malibú o el garrulo que da collejas a los demás. Es un patio de instituto que viene de Estados Unidos, pero es el mismo que veíamos en la peli de “Grease” en los 80 en la que los “nerds” se ponen en un banco y los “quarterbacks” en otro. Eso está en todas partes pero la gente joven lo está intentando disolver poco a poco.

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Viruta y el mundo grande

Viruta FTM es el autor de ‘Peras y manzanas’, esa canción de amor feminista que nos tiene a todas enamoradas. Ya le entrevistamos hace años pero, entonces, su nombre de pila era Virginia; ahora es Víctor. En esta ocasión nos habla de su transición de género, de sus sueños y del proyecto #NoTetasNoDisco
Andrea Momoito | Pikara Magazine, 2015-07-03
http://www.pikaramagazine.com/2015/07/viruta-y-el-mundo-grande/