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miércoles, 20 de julio de 2022

#hemeroteca #lesbofobia | Despiden del trabajo a una de las ganadoras del III Certamen Literario LGTBI por su orientación sexual

Totana.com / Antonia García Sánchez (3i) en la entrega de premios //

Despiden del trabajo a una de las ganadoras del III Certamen Literario LGTBI por su orientación sexual.

La joven ha sido despedida de uno de sus empleos tras conocerse la obtención del premio y no esconder su orientación sexual durante su intervención al recibir el galardón
Totana.com, 2022-07-20
https://www.totana.com/noticias/2022/07/20-despiden-del-trabajo-a-una-de-las-ganadoras-del-certamen-literario-lgtbi.asp 

El Ayuntamiento de Totana denuncia y lamenta profundamente la actitud homófoba que ha sufrido recientemente una de las galardonadas en el III Certamen Literario LGTBI, que organiza la Concejalía de Igualdad, quien ha sido despedida de una de sus ocupaciones tras conocerse la consecución de su premio.

Antonia García Sánchez, vecina de Totana que logró el segundo premio del concurso de microrrelatos con su obra “El origen”, fue despedida hace apenas unos días en uno de los dos trabajos donde realizaba tareas domésticas y cuidado de mayores.

El lamentable hecho tuvo lugar unos días después de que los empleadores vieran a través de los medios de comunicación el acto de entrega de premios del certamen literario, y en el que reconocieron a la escritora que había participado en dicho reconocimiento público. La joven había estado acompañada por su pareja durante el acto de entrega de premios.

El concejal de Igualdad y Derechos del Colectivo LGTBI, Javier Baños, ha manifestado que este acto de homofobia es "lamentable" que tenga lugar en Totana en estos tiempos, porque “supone un hecho degradante, discriminatorio y ofensivo por el simple hecho de la orientación homosexual de una persona, y que ha conducido a la discriminación de Antonia perdiendo uno de sus trabajos”.

martes, 1 de marzo de 2022

#hemeroteca #mujeres #trabajo | La reforma laboral pasa de refilón por los sectores más feminizados (y precarizados)

El Salto / Territorio Doméstico //

La reforma laboral pasa de refilón por los sectores más feminizados (y precarizados).

Las trabajadoras del hogar, las camareras de piso o ‘kellys’, las empleadas de ayuda a domicilio, el sector de los cuidados o de la limpieza, son trabajos mayormente ejercidos por mujeres y estas trabajadoras no ven en el decreto de Yolanda Díaz mejoras en su vida. La temporalidad, la falta de control de cotizaciones, la imposibilidad para entrar en los hogares de los inspectores de trabajo o la salud laboral son muchas de las reivindicaciones que han quedado sin respuesta.
Laura L. Ruiz | El Salto, 2022-03-01
https://www.elsaltodiario.com/reforma-laboral/pasa-refilon-sectores-mas-feminizados-precarizados 

Los sectores más precarizados del país, que coinciden con los más feminizados, han visto cómo la nueva reforma laboral les ha pasado de refilón. Entre las mejoras destaca el fin de los contratos temporales sin justificación, pero tanto limpiadoras, cuidadoras como camareras de piso no confían en que sea suficiente para mejorar su día a día.

“Son muy comunes los contratos laborales eventuales y lo ideal es que cuando sean actividades permanentes pasen a contratos fijos. Pero seguiremos con la misma problemática que otros conflictos: no habrá ningún control, habrá contratadores más reacciones a hacer contratos fijos y, en este momento, se mezcla con la subida del salario mínimo. Por eso decimos que mientras los cuidados no estén dentro del sistema público, va a significar que la precariedad de este sector no se va a acabar, ni con la reforma laboral ni con la subida del Salario Mínimo Interprofesional, porque solo los privilegiados podrán pagar”. Así valoran desde Territorio Doméstico este cambio legislativo, que muy lejos les queda a las trabajadoras del hogar, ya que al no estar en el régimen general de trabajadores están fuera de muchos de los cambios.

Sin embargo, curiosamente, sus reivindicaciones no se alejan tanto de otras empleadas que sí que están bajo el paraguas del Estatuto de los Trabajadores pero que siguen estando discriminadas respecto a sectores más masculinizados. Es el caso de la brecha laboral en el sector de la limpieza. “El 95% de las trabajadoras somos mujeres y son trabajos que se vinculan con el sostenimiento de la vida pero que están invisibilizados”, explica Olaia Bilbao González, delegada sindical de las Trabajadoras de Limpieza en Lucha del sindicato LAB, que denuncia que muchas empleadas cobran menos que sus compañeros en trabajos que requieren desplazamientos, por ejemplo.

Aunque desde LAB reconocen que hay avances en la actual legislación, como la recuperación de la ultraactividad indefinida o los citados contratos temporales, defienden que el despido “casi libre” debería haber acabado. Bilbao González denuncia, además, que dentro de las limpiadoras hay situaciones muy distintas: “No tiene nada que ver trabajar en una empresa de servicios, en una compañía fija que de interna o por horas en el hogar. Para empezar, las limpiadoras del hogar no tienen un régimen autónomo, están en un régimen especial sin regularización de derechos, no tienen reconocida su salud laboral o el desempleo”.

A este respecto, recientemente se ha celebrado la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de la semana pasada que reconocía que era una discriminación relacionada con el género que las trabajadoras del hogar no tuvieran acceso a la prestación por desempleo. “Es un reconocimiento jurídico que nosotras y todas las asociaciones de trabajadoras llevamos años denunciando. Que un tribunal diga que es una discriminación directa a los derechos laborales de un colectivo entero tiene un gran valor. Esperamos que sea una palanca para reconocer la prestación por desempleo en este país”, desea, desde Territorio Doméstico, Natalia. Un derecho que, pese a ser un gran avance, podría llegar solo a dos tercios de las trabajadoras, ya que, según esta organización de empleadas domésticas, hasta un tercio de ellas estarían en la economía sumergidas.

Se trata de un derecho al empleo que, según señalan desde este colectivo, debe verse reforzado con una mayor indemnización en el despido y que ni la reforma laboral ni el régimen especial de las empleadas del hogar contemplan. “En este sector tenemos el desistimiento, un despido mucho más barato y sin prácticamente ninguna causa”, comenta Natalia. “Si las condiciones de despido —continúa— han bajado para todos, para las trabajadoras del hogar son 12 días por año trabajado y pueden ser despedidas de un momento para otro, en el mismo día, sin aviso. Esto para las trabajadoras internas es un gran problema, ya que se quedan sin empleo y sin vivienda en el mismo momento”.

Además del desempleo, las reivindicaciones de las trabajadoras del hogar pasan por ratificar el convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que ayudaría a igualar los derechos de estas trabajadoras con el resto. “Somos las más precarias y te quedas sin nada si te despiden. Con papeles y sin papeles, te quedas desamparada”, explica Carolina García, portavoz de la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Zaragoza, que pese a las ayudas excepcionales que se pusieron en marcha para el sector en pandemia, denuncian que siguen desamparadas.

Pone como ejemplo que el subsidio de las trabajadoras domésticas acabó al poco de los confinamientos, mientras que los ERTE siguen a día de hoy prorrogándose para muchos otros trabajadores. En respuesta, ellas pusieron en marcha una caja de resistencia que estuvo activa hasta el pasado mes de diciembre. Carolina García recuerda que de poco les sirvió en su momento o ahora ser reconocidas como trabajadoras esenciales: “Fue reconocido para que nosotras pudiéramos movernos al trabajo, pero nada más. Hubo incluso multas, por no tener papeles o porque había jefes que no querían firmarles el pase porque era reconocer que trabajaban en esa casa cuando no estaban dadas de alta. Si antes de la pandemia ya estaban encerradas mucho tiempo las internas, con la pandemia se ha asentado la reducción de tiempo libre, ahora es normal incluso que solo den un fin de semana al mes libre como algo normal”.

Desde esta organización aragonesa recuerdan que “además del racismo está el clasismo, porque aunque los empleadores no sean ricos, ellos saben que están en una posición mejor que nosotras, mujeres racializadas migrantes”. “Nosotras —comenta Elena Vidal Martín, trabajadora de ayuda a domicilio y secretaria general del sindicato OSAD— tenemos entre un 70 y un 80% de compañeras migrantes, la mayoría de Latinoamérica. Estas mujeres han tenido una situación laboral muy complicada y sin soporte familiar, por lo que te tienes que buscar la vida. Durante el covid algunas compañeras se tuvieron que unir para pedir un día libre sin retribuir cada semana para ocuparse de los hijos de todas e ir rotando”. “El 95% de las trabajadoras en limpieza son mujeres y son trabajos que se vinculan con el sostenimiento de la vida pero que están invisibilizados”, opina Olaia Bilbao, desde LAB, que considera que “el patriarcado se alía con el capitalismo porque les sale más barato precarizar el trabajo de las mujeres”.

Sin reconocimiento de las enfermedades laborales
Otra de las problemáticas que une a trabajadoras fuera y dentro del régimen general y que la reforma laboral no soluciona es su salud laboral. “La prevención de riesgos laborales es una de nuestras principales reivindicaciones”, explican a El Salto desde Territorio Doméstico. “Es evidente —continúan—la carga de trabajo que tienen, las enfermedades laborales, pero no tienen ningún tipo de protección. Hay una frase dentro del real decreto que dice que los empleadores son los responsables de la salud laboral, pero no hay controles porque la Inspección de Trabajo no puede entrar en el hogar privado”.

Una problemática que se extiende a otras actividades, como la ayuda a domicilio, que pese a tener reconocida la salud laboral en la teoría, en la práctica siguen sin contar con medios que la garanticen. Ningún inspector de trabajo asegura que haya grúas, que los baños estén adaptados o que no carguen con un peso excesivo en los domicilios de particulares. Incluso cuando la lesión se producen, nada les garantiza que se les reconozca como enfermedad profesional. “Cuando tenemos una lesión, se considera que puede ser solo por ser mujeres, no por ser trabajadoras de cuidados”, indica Elena Vidal, quien explica que, por ejemplo, en muchas mutuas se toman una hernia discal como una dolencia común a las mujeres por su biología sin tener en cuenta su trabajo e incluso, afecciones por movimientos repetitivos que sí que están consideradas en muchos empleos, en las mujeres siguen considerándose enfermedades comunes porque se lo han podido hacer limpiando sus propias casas.

“También tenemos un problema con el horario laboral, porque para tener 40 horas tenemos que estar disponibles de siete de la mañana a diez de la noche”, añade Vidal, que explica que no es posible por sus cargas familiares, “lo que nos obliga a estar con jornada parcial y no llegar a los 800 euros mensuales”. “En otros sectores menos feminizados sí que hay turnos, pero nosotras no”, termina. A esto se añade la reivindicación de municipalizar los servicios, explican desde OSAD, ya que a las trabajadoras solo les llega el 50% del dinero que gasta el Ayuntamiento de Madrid en el servicio, por ejemplo. También recuperar los servicios que daban más allá de limpiar, como el acompañamiento o la comida. “No permiten que tengas una confianza con el usuario, cuando lo notan te cambian de casa. Ya no tenemos una continuidad que permite detectar incluso empeoramientos en la salud del usuario”, denuncia.

La subcontratación también es un problema vital para las camareras de piso y el cambio de legislación de la ministra Díaz no ayuda en este sentido. “Esta reforma laboral a nosotras no nos beneficia en nada, nos perjudica más que la anterior, porque, además de seguir sufriendo el prestamismo laboral (cesión ilegal de trabajadoras), tenemos que aguantar que se legitime esa práctica y se imponga oficialmente el convenio de las subcontratas”, comenta Miriam de las Kellys de Barcelona. Entre las reivindicaciones que llevan a las calles también está el reconocimiento de la jubilación anticipada por el “penoso trabajo” que soportan, la protección en caso de embarazo, el blindaje de los convenios de hostelería frente a los multiservicios y más inspectores de trabajo, entre otras.

Cómo organizarse en la precariedad
Unas reivindicaciones que han cosechado éxito a costa de muchos sacrificios para organizarse, ya que a diferencia de otros sectores, las circunstancia de vida de estas mujeres no facilita su lucha. La precariedad, las cargas familiares, el aislamiento —como en el caso de las internas o de falta de implicación de las grandes centrales sindicales— son las barreras más comunes que pudieron verse en las II Jornadas por un feminismo sindicalista de La Laboratoria.

“En términos de organización, no tienen nada que ver. Las trabajadoras de limpieza que trabajamos en una empresa estamos en espacios de encuentro, compartimos experiencias, nos organizamos. Las limpiadoras en el hogar no tienen marco organizativo, están muy aisladas y su lucha está muy individualizada”, explica Olaia Bilbao. Carolina García destaca también la dificultad de muchas de sus compañeras para organizarse cuando están en un ámbito rural o cuando sus horarios son incompatibles con las actividades de organizaciones o sindicatos. También están las preocupaciones: el acoso sexual, las agresiones o la inseguridad jurídica por las leyes de migración. “Ellas —comenta Bilbao en referencia a sus compañeras extranjeras—están aún en una situación de mayor vulnerabilidad al no tener papeles, no tener redes, no tener acceso a la vivienda. Muchas no pueden tener una jornada completa y no tienen respaldo, por lo que se ven obligadas a aceptar peores condiciones y peores trabajos”.

Situaciones como estan han abocado a muchas a crear sus propias organizaciones y sindicatos. “Cuando iniciamos la asociación, no conocíamos sindicatos que estuvieran trabajando el tema de la limpieza o los cuidados”, comenta Carolina García, desde la Asociación de Trabajadoras del Hogar de Zaragoza, que continúa: “Ahora lo hacen, pero no de forma central, porque no somos fuente de financiación porque muchas veces no podemos pagar las cuotas, no tenemos contratos estables, somos muchas migrantes y desconocemos cómo funcionan los sindicatos. Ahora conocemos sindicatos como CNT y CGT y, sobre todo, estamos haciendo red con otras asociaciones similares en otras ciudades”.

“Tiene que ver —opinan desde Territorio Doméstico— con la crisis sindical en general, que está cada vez más alejados de los sectores sobre todo más precarizados. Y luego está que las grandes centrales sindicales no han respondido con la fortaleza que se necesitaba a las reivindicación de trabajadoras; no se han sabido adaptar a las formas organizativas que las trabajadoras de hogar tienen, como el apoyo mutuo; y después porque donde se sienten más a gusto es entre iguales, creando vínculos, con espacios de empoderamiento colectivo”.

Elena Vidal concreta más: “En la Comunidad de Madrid el convenio de ayuda a domicilio fue aprobado por CC OO y UGT con una subida salarial del 0,5%, muy por debajo de la subida del IPC, dejándonos más empobrecidas. Cuando los sindicatos mayoritarios hacen esas cosas, la gente no quiere saber nada de ellos”.

Desde el colectivo de Kellys, ya extendidas por numerosas ciudades del Estado español, hablan de fortalezas a la hora de organizarse entre iguales. “Durante los últimos seis años hemos luchado, en las calles, en las plazas, hemos denunciado y señalado a los hoteles explotadores; hemos hablado con los gobiernos, instituciones para explicar nuestras malas condiciones laborales. Actualmente vivimos en un mundo de injusticias, pero a pesar de ello hemos ganado mucho”, explica Miriam. “Hemos recibido muchos palos y el sistema nos ha expulsado, pero nos ha servido para ser más fuertes e imaginar en qué otro mundo es posible”, comentan, en referencia a proyecto de turismo sostenible también con derechos laborales que ellas mismas están creando desde su propia Central de Reservas. El objetivo, crear “un mundo limpio desde cero donde reine el amor, la belleza”.

lunes, 25 de octubre de 2021

#libros #mujeres #testimonios | Criada : trabajo duro, sueldos bajos y la voluntad de supervivencia de una madre

Criada : trabajo duro, sueldos bajos y la voluntad de supervivencia de una madre / Stephanie Land ; traducción de Mireia Bofill Abelló.

Madrid : Capitán Swing, 2021 [10-25]
336 p.

/ ES / EN* / ENS / Libros / Capitalismo / Estados Unidos / Feminismo / Mujeres – Trabajo / Pobreza / Precariedad / Testimonios / Trabajo doméstico
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412390308 / 20,00 €

[.es] A los veintiocho años, los planes de Stephanie Land de abandonar su ciudad natal para ir a la universidad y ser escritora se vieron truncados cuando una aventura de verano se convirtió en un embarazo inesperado. Para llegar a fin de mes, tuvo que dedicarse a la limpieza. Con un control tenaz de su sueño, trabajaba durante el día y recibía clases ‘online’ por la noche para obtener un título universitario. Mientras, escribió sobre historias reales que no se estaban contando: de estadounidenses mal pagados y con exceso de trabajo; de vivir con cupones para alimentos; de las viviendas proporcionadas por programas del Gobierno, pero que acabaron siendo alojamientos transitorios; de los distantes funcionarios que la llamaban afortunada por recibir ayuda mientras ella no se sentía afortunada en absoluto. ‘Criada’ explora las debilidades de la clase media-alta de Estados Unidos y la realidad de estar a su servicio. Su escritura inquebrantable da voz al «sirviente», que persigue el sueño americano por debajo del umbral de la pobreza. Pero es también un testimonio inspirador de la fuerza, la determinación y el triunfo definitivo del espíritu humano.

DOCUMENTACIÓN
Universo de libros: ‘La sirvienta’, el crudo relato de Stephanie Land que fue llevado a Netflix.

Su libro habla de las malas condiciones a la que las trabajadoras de limpieza se exponen.
El Universo, 2021-10-10
https://www.eluniverso.com/entretenimiento/libros/universo-de-libros-la-sirvienta-el-crudo-relato-de-stephanie-land-que-fue-llevado-a-netflix-nota/
De limpiar inodoros a publicar un libro de memorias que es un éxito en ventas: el duro inicio de Stephanie Land.
Ryan Prior | CNN Español, 2019-02-16

https://cnnespanol.cnn.com/2019/02/16/libros-limpiar-inodoros-a-publicar-memorias-exito-ventas-el-duro-inicio-de-stephanie-land/
Una limpiadora revela todo lo que oculta la gente en sus casas (y ojo con la clase alta).
Stephanie Land lo sabe todo sobre sus clientes, pero ellos ni la conocen de vista. Después de una vida en la pobreza, acaba de publicar un libro en el que documenta su experiencia.
E. Zamorano | ACV, El Confidencial, 2019-01-28
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-01-28/hogar-familia-limpieza-pobreza-trabajo-libro_1780022/

viernes, 25 de junio de 2021

#libros #feminacionalismo | En nombre de los derechos de las mujeres : el auge del feminacionalismo

En nombre de los derechos de las mujeres : el auge del feminacionalismo / Sara R. Farris ; traducción de Elena Fernández-Renau.

Madrid : Traficantes de Sueños, 2021 [06-25].
312 p.
Serie : Mapas.

/ ES / Libros / ENS / Cuidados / Feminacionalismo / Feminismo / Neoliberalismo / Trabajo doméstico
📘 Ed. impresa: ISBN 9788412339857 / 22,00 €
Cita APA-7: Farris, Sara R. (2021). En nombre de los derechos de las mujeres : el auge del feminacionalismo. Traficantes de Sueños.
🔓 Ed. digital: Open Access / Traficantes de Sueños
https://traficantes.net/libros/en-nombre-de-los-derechos-de-las-mujeres 

[.es] Es evidente el uso instrumental que los partidos de extrema derecha y las nuevas formas de nacionalismo hacen de los derechos de las mujeres para agitar sus políticas antiinmigración, pero ¿por qué algunas feministas y la propaganda neoliberal presentan a los hombres musulmanes (y no occidentales) como enemigos peligrosos, mientras que las mujeres musulmanas (y no occidentales) son presentadas como víctimas a salvar e integrar? En este libro, Sara Farris analiza en profundidad la convergencia imperfecta de lo que llama «feminacionalismo» («nacionalismo feminista») a partir de la teoría poscolonial y feminista, de la economía política y de su propio trabajo de campo en Francia, Italia y Holanda. Demuestra que la actualización del archivo colonial (relativo a la «sexualización del racismo» y la «racialización del sexismo») se debe al papel fundamental e imprescindible que realizan las mujeres migrantes en el campo de la reproducción social (los cuidados y el trabajo doméstico), mercantilizado por el neoliberalismo y privatizado por la retirada del Estado del bienestar.

Los discursos nacionalistas y los neoliberales se dirigen entonces no a abominar de estas mujeres, como hacen con sus pares masculinos, cuanto a presionarlas para que se integren, «modernicen» y, sencillamente, se pongan a trabajar. Más paradójico es el papel de las feministas que también creen liberarlas del yugo de sus «culturas patriarcales» animándolas a aceptar, por medio de las leyes de inmigración y del workfare, trabajos mal pagados y poco reconocidos. Farris propone, de este modo, un complejo y completo análisis del papel que juega la construcción del Otro, sea como enemigo o como víctima, en el largo momento neoconservador y neoliberal de nuestras sociedades.

Sara R. Farris es profesora de Ciencias Políticas y Sociología en la Goldsmiths University of London. Su campo de investigación se centra en las construcciones teóricas del racismo y el nacionalismo. Además de numerosos artículos y de este libro, es autora de ‘Max Weber's Theory of Personality’ (2014).

viernes, 1 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #mujeres #cuidados | Trabajadoras mal pagadas, desprotegidas y olvidadas

Imagen: Cadena SER
Trabajadoras mal pagadas, desprotegidas y olvidadas.
Son las Auxiliares de Ayuda a Domicilio, atienden a personas mayores en situación de dependencia y siguen haciéndolo durante esta pandemia. "Sin que nadie nos aplauda, lamenta Yolanda, y salimos ahí todos los días, hacemos un trabajo muy necesario y con menos medios, por no decir con ninguno".
Sonia Ballesteros | Cadena SER, 2020-05-01
https://cadenaser.com/programa/2020/05/01/la_ventana/1588346843_858466.html

Las auxiliares de ayuda domicilio visitan a diario dos, tres y hasta cuatro casas distintas donde atienden a personas mayores, algunos de ellos grandes dependientes y casi todos, por no decir todos, con problemas de salud. Estas mujeres se ocupan de limpiar la vivienda y la higiene personal de estas personas, en estos tiempos de confinamiento se han convertido también para muchos en el único vínculo con el exterior, la única visita que reciben estos mayores. En estas circunstancias, son ellas también las que se encargan de hacerles la compra, ir a la farmacia o controlar que toman la medicación.

Yolanda trabajaba habitualmente hasta en cinco domicilios diferentes, ahora, con los servicios mínimos establecidos por el coronavirus, sólo acude a tres de esas cinco. En los casos en los que las familias se han podido hacer cargo de esos mayores se ha eliminado el servicio, nos explica. Sobre la protección nos cuenta que lo único que la empresa les ha proporcionado son mascarillas quirúrgicas desechables, pero no una para cada domicilio al que acuden, ni siquiera una para cada día, les están dando dos o tres a la semana por lo que, aunque son de un único uso, las están reutilizando y desinfectando cada cual como buenamente puede.

Este colectivo de trabajadoras, la mayoría son mujeres, reclama también que les hagan los tests para saber si se han contagiado o no porque quieren realizar sus tareas con una cierta tranquilidad. Les preocupa no solo su salud y la de sus familiares, algunas conviven con personas de riesgo, también la de las personas a las que atienden. “Somos una bomba biológica”, nos dice Mari Paz, vamos de casa en casa sin cambiarnos de ropa, zapatos o mascarillas, “podemos llevar lo que sea sin saberlo”.

La precariedad de este colectivo no ha llegado con el coronavirus, las Auxiliares de Ayuda a domicilio llevan años reclamando que sea la administración pública quien las contrate. “Hacemos un trabajo, explica Mari Paz, que ofrecen los ayuntamientos a través de los servicios sociales, lo lógico sería que dependiéramos directamente de ellos”. En la actualidad estos servicios están privatizados y las empresas consiguen los contratos tras una puja en la que, por lo general, las que ofrecen un precio más bajo se quedan con el servicio. Hoy, me cuentan tanto Mari Paz como Yolanda, el sueldo por una jornada completa no llega a los mil euros brutos, a esa cantidad hay que descontar los impuestos. Hay compañeras que sólo trabajan a media jornada y con un horario discontinuo de mañana y tarde por lo que no les queda tiempo para completar un salario tan bajo que, pese a tener trabajo, las obliga a ir a buscar alimentos a Cáritas o la Cruz Roja.

martes, 21 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #poblacionvulnerable | Prostitutas, manteros y limpiadoras del hogar: sin trabajo, sin ayudas y sin papeles

Imagen: Madridiario / Manteros en la Gran Vía, Madrid
Prostitutas, manteros y limpiadoras del hogar: sin trabajo, sin ayudas y sin papeles.
Teresa Aísa Gasca | Madridiario, 2020-04-21
https://www.madridiario.es/prostitutas-manteneros-y-limpiadoras-del-hogar-sin-trabajo-sin-ayudas-y-sin-papeles

El presidente Pedro Sánchez ha indicado en varias ocasiones durante este confinamiento que su Gobierno no va a permitir que nadie se quede atrás en esta crisis sanitaria, que mantiene confinada a la población desde hace más de un mes. Con el paso de las semanas, el sube y baja de los ingresos hospitalarios, los fallecimientos, los cierres de miles de empresas en todo el país o la ejecución masiva de ERTEs, entre otras tristes consecuencias, han ido paliándose con planes y medidas diseñadas a la carrera por las autoridades.

Sin embargo, una vez más, estos protocolos han dejado fuera a colectivos precarios y vulnerables, grupos sociales de por sí invisibilizados que el COVID-19 ha dejado expuestos a la enfermedad, la soledad, la explotación laboral, el miedo y en muchos casos, a la indigencia. Manteros, prostitutas, limpiadoras del hogar... trabajadores de la economía sumergida española a quienes, en la mayor parte de los casos, su condición de indocumentados les condena a pedir auxilio de manera silenciosa y aterrada.

En las últimas dos semanas, más de 800 colectivos y organizaciones se han unido bajo el hashtag #RegularizaciónYa para demandar la regularización de las personas migrantes sin papeles y exigir una igualdad de derechos universal en todo el territorio español. Se calcula que más de 600.000 personas en situación administrativa irregular en España se han quedado fuera de los paquetes de medidas aprobadas por el Gobierno de Pedro Sánchez para mitigar el impacto económico y social provocado por el coronavirus.

Desde esta red antirracista denuncian que “la crisis sanitaria, económica, social y de cuidados por el COVID-19 ha puesto en evidencia el agravamiento de las condiciones de vida de las poblaciones en situación de vulnerabilidad -dentro de ellas la población migrante sin papeles-”, al tiempo que desde el inicio del estado de alarma las propuestas del Gobierno no les han tenido en cuenta. Según explican, las nuevas medidas están marcadas por “un carácter instrumentalista y mercantilista de 'regularización selectiva' que insta a incorporar mano de obra en el sector agrario para evitar el posible desabastecimiento de alimentos”. Son, tal y como indican, “políticas insolidarias que no responden a la realidad que viven las personas migrantes y refugiadas”.

“Estamos jodidas”

“Hoy por hoy, estamos muy jodidas”, dice Ninfa a Madridiario, miembro de la Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo (AFEMTRAS). Migrante y prostituta, Ninfa dejó el madrileño polígono Marconi, uno de los principales lugares de trabajo para este colectivo, con el inicio del estado de alarma. “Ahora mismo no hay a quién atender y además nos pueden multar por no estar en casa”, comenta, dejando caer en su discurso que, si por trabajo fuera, muchas de sus compañeras estarían ejerciendo a día de hoy.

“Entre las compañeras del polígono hay algunas regularizadas y con la nacionalidad española, pero hay otras que no tienen papeles y que, al ser indocumentadas y sin estar empadronadas, no pueden acceder a los servicios sociales y a las ayudas del Gobierno ni denunciar las vulneraciones y abusos que se están cometiendo”, explica. Por un lado, cuenta Ninfa, como “trabajar en la calles es exponerte públicamente a la Ley de Extranjería y a la expulsión, muchas mujeres trabajan y viven en habitaciones alquiladas y, con la llegada del confinamiento, se han visto en la calle o acumulando una deuda con el casero que luego no saben cómo van a pagar”.

Mientras algunos caseros han permitido que permanezcan en sus lugares de residencia acumulando la deuda y sin trabajar, a pesar de que entre ellos exista un acuerdo comercial previo, otros directamente han optado por echarles a la calle. “No pueden denunciar los abusos de las personas que les alquilan las habitaciones para trabajar y vivir, pero tampoco pueden estar en la calle porque si las intercepta la Policía pueden abrirle un expediente por ser indocumentadas y expulsarlas más adelante o ingresarlas en un CIE”, narra la de AFEMTRAS. “Muchas de ellas, además, tienen familiares a cargo en sus países de origen o son madres solteras. Sin ayudas, sin trabajo y con deudas, ¿cómo van a comer ellas o los suyos?”, cuenta Ninfa.

Por otro lado, aquellas que cuentan con un lugar de residencia y está reguladas, sin embargo, sufren pensando en qué harán si pierden el contrato de alquiler por no poder pagar: “Nosotras no tenemos avales, no tenemos contratos de trabajo y en ocasiones ni cuenta bancaria. Sin estos requisitos, nadie te alquila un piso en Madrid”, sentencia rotunda.

Ante todo esto, y desde la exclusión a la que están sometidas, son ellas mismas quienes se están auto-organizado para crear una red de ayuda entre compañeras, una medida que se han visto obligadas a tomar ante la “hipocresía” de todas las “instituciones abolicionistas que dicen estar muy a favor de las mujeres prostituidas, pero que no se han preocupado de llevar a las que lo necesitan ni una bolsa de comida”. Según relata, algunas compañeras que han llamado “a los mismos que te dan charlas y condones” para pedir ayuda y “les han mandado a la Iglesia a pedir”. En algunos bancos de alimentos, como indica, piden el padrón municipal, cosa que las mujeres indocumentadas no tienen.

“No somos esclavas”

Otro de los colectivos más perjudicados durante el confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus es el de las trabajadoras del hogar. Edith Espinola, portavoz de Servicio Doméstico Activo (SEDOAC), explica a ‘Madridiario’ que en su gremio las necesidades varían en función de la situación de cada una de las mujeres. Las pautas de internas, externas, regularizadas o sin documentación marcan el devenir de cada una de ellas.

“Yo soy interna y, como estoy sin papeles, no puedo irme de la casa en la que sirvo”, y como ella muchas más: “Llevamos dos meses encerradas sin salir a la calle y muchas están siendo explotadas, porque a las casas han ido a vivir también hijos u otros familiares y el trabajo se multiplica”, dice. A la explotación laboral se suma, además, la “carga emocional de encierro y que no existen los fines de semanas, no se deja de trabajar en ningún momento”, dice Edith.

Por otro lado, aquellas mujeres que están sin papeles y trabajan de manera externa se han quedado sin trabajo con la llegada del aislamiento: “No tienen certificado de circulación y los empleadores no se quieren arriesgar a darles uno, más cuando son mujeres que no están regularizadas y no tienen un contrato de trabajo”, comenta la portavoz, que además añade que muchas compañeras han sido despedidas por teléfono y no han podido reclamar los salarios o días que se les adeudan.

Del mismo modo que señala Ninfa, para Edith el hecho de ser personas indocumentadas agrava aún más la situación: “Una persona inmigrante no puede salir a la calle a comprar o a pedir comida por miedo a la multa o a que se les pida la documentación y al carecer de ella se les detenga o abra un expediente que acabe en una expulsión o la entrada a un CIE. Al mismo tiempo, no pueden trabajar y, por lo tanto, mantenerse a ellos y a sus familias”, reitera.

Así, la de SEDOAC incide en que el Estado tiene “naturalizado” que su estado de bienestar y conciliación de vida “se debe seguir sosteniendo sobre la apropiación de la vida de mujeres del sur global, explotadas y abusadas para brindar servicios, cuidados y recolectar alimentos, siempre en la economía sumergida, sin derechos y explotadas”. “Las asociaciones de trabajadoras del hogar estamos aquí para demandar el fin del trabajo esclavo y la regularización inmediata de las personas migrantes que reduciría su situación de vulnerabilidad”, apunta.

“Para nosotros no es nuevo vivir con miedo”

“Para nosotros, el no poder salir a la calle sin miedo, el no tener libertad de movimiento, no es nada nuevo”, reflexiona Malick, portavoz del Sindicato de Manteros de Madrid. “Las personas sin papeles siempre hemos tenido miedo a ponernos enfermas y a tener que ir a un hospital, y ahora lo único que pasa es que tenemos más miedo porque hay un colapso de todo y necesitamos ayuda”, explica este mantero.

Como los colectivos a los que pertenecen Ninfa y Edith, los manteros tampoco pueden adherirse a las ayudas del Gobierno Central, ni tampoco tienen la posibilidad de acudir a bancos de alimentos para solicitar ayuda porque en la mayor parte de los casos carecen de papeles. Su sustento procede de las ventas que consiguen día a día tras extender sus mantas en el suelo, siempre que las fuerzas de seguridad lo permitan. Ahora, sin poder salir a la calle y sin poder vender, sus ganancias son inexistentes, pero las facturas siguen estando.

“El mayor problema viene del pago de los alquileres y de las facturas de luz, gas o agua”, explica Malick. Luego está la alimentación y también poder “mandar dinero a sus familias en África, ya que muchas personas viven de lo que se les manda desde aquí”. Así, el sindicato ha tenido que abrir “una caja de resistencia” a base de donaciones de personas anónimas y de asociaciones que colaboran con el sindicato para dar ayuda a cada uno de los compañeros que lo requieran, “una especie de renta básica para vivir”, indica Malick.

“Por ahora hemos podido dar una primera partida de 200 euros a 60 manteros, pero ahora mismo estamos un poco desbordaos porque hay mucha gente que nos pide ayuda”, comenta el portavoz, que explica que “la primera idea era la de repartir comida, pero el tema del confinamiento y la presencia de policías en las calles era muy difícil hacerlo sin exponernos a ser detenidos o multados”. Por ello, y tras hacer un “análisis de las necesidades básicas de cada mantener”, el colectivo se ha dado cuenta de que lo más beneficioso es un aporte económico con el que poder “pagar el agua, la luz, el alquiler o la comida”.

La situación de cada uno de ellos, de todos los colectivos mencionados y de muchos otros, va más allá de lo que a día de hoy vive la sociedad en general a causa del confinamiento. La precariedad y vulnerabilidad, la invisiblidad a la que se ven sometidos, se ha multiplicado como el virus lo ha hecho a lo largo de todo este mes. “Nos hemos unido a la campaña de #RegularizaciónYa porque creemos que el de ahora es un momento excepcional que nos condena a la clandestinidad: no nos deja estudiar, no nos deja tener trabajo, no nos deja salir de casa y tenemos que luchar por tener los derechos que se supone que tiene todo el mundo”, dice Malik.

sábado, 14 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #trabajodomestico | Las trabajadoras del hogar denuncian ser las olvidadas en la crisis del coronavirus

Imagen: Público / Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico
Las trabajadoras del hogar denuncian ser las olvidadas en la crisis del coronavirus.
¿Quién protege a las cuidadoras? Si esta pregunta estaba en el aire antes de la crisis del coronavirus, ahora se ha vuelto crítica. Mujeres sin derechos arriesgan su integridad y su trabajo para no perder el empleo.
Marisa Kohan | Público, 2020-03-14
https://www.publico.es/economia/trabajadoras-del-hogar-denuncian-olvidadas.html

Cuando María le dijo a sus empleadores que necesitaba unos días para poder cuidar a su hija de 11 años que desde el pasado miércoles se quedó en casa por el cierre de los colegios, la primera respuesta que recibió por parte su empleadora fue que se iba cuando más la necesitaban. Cuando su marido estaba en cuarentena por haber dado positivo por coronavirus y su hija en casa sin colegio. María (nombre ficticio) no sólo tiene miedo a perder esos días de trabajo, sino a perder el empleo.

Desde diversas asociaciones de trabajadoras del hogar y de los cuidados resaltan que si la situación de este colectivo ya era terrible (especialmente el de las internas que cuidan a adultos mayores), el contexto actual empeora aún más la situación.

"Han empezado a acudir a la asociación empleadas del hogar en régimen de internas cuyos empleadores les ha prohibido salir de sus hogares hasta que se levante la alerta", afirma Carolina Elías, presidenta de la Asociación Servicio Doméstico Activo (Sedoac). "Esto provoca en la población trabajadora, además de ansiedad y angustia, explotación laboral y la imposibilidad de poder hacer su propia conciliación", añade.

Uno de los problemas con las que realizan su trabajo como internas, apuntan desde la asociación, es que las horas de descanso y que se dedican a desconectar y salir, no se están considerando como horas de descanso y mucho menos se pagan como horas extras.

Las organizaciones del sector denuncian que, al menos un 30% de las trabajadoras del hogar y de los cuidados no están dadas de alta y recuerdan que si bien desde 2012 es obligatoria darlas de alta en la Seguridad Social, aún se hace en un sistema especial con un recorte de derechos y cotizaciones que las mantienen en una situación de tremenda precariedad. A diferencia del resto de trabajadores por cuenta ajena, no tienen derecho a seguro de desempleo, ni los mismos criterios de cálculos que el resto de trabajadores para cobrar las pensiones. Tampoco disponen de días propios y las inspecciones de condiciones laborales son inexistentes.

Muchas de ellas trabajan cuidando a personas mayores, como Amalia, que cuida a un matrimonio de avanzada edad. Afirma que ha tomado medidas para extremar la higiene y medidas de protección para no contagiar ni contagiarse. "Me lavo muy seguido las manos, me cambio de ropa al llegar, si uso transporte público intento tocar lo mínimo o usar guantes". Pero lamenta que, como colectivo que cuida a los más vulnerables, no han tenido ningún tipo de comunicado con indicaciones o protocolos, ni tampoco acceso a material básico como guantes, desinfectantes o mascarillas. "Hacemos nuestro trabajo con informaciones que circulan y tomamos las precauciones". Amalia que convive y cuida a sus dos nietas (de 4 y 14 años) afirma que ha "extremado las precauciones al máximo porque si no quién cuida de nosotras y nuestras familias?".

Para Rafaela Pimentel, portavoz de Territorio Doméstico, la situación de estas trabajadoras es dramática. "Ellas tienen miedo a perder su trabajo, por lo que acaban asumiendo tareas más allá de sus responsabilidades y que las pueden poner en riesgo por miedo a perder el empleo. Hay una situación de gran vulnerabilidad porque a ver cómo le dices a tus empleadores que te tienen que cuidar y que te vas a quedar en tu casa para que la persona mayor a la que cuidas no te contagie. No lo van a hacer porque necesitan el trabajo".

Peticiones al Gobierno
"No creo que se vayan a tomar más medidas" afirma Pimentel, en referencia a las que anunció el Gobierno esta semana, puesto que las prestaciones que decretó el Gobierno para las trabajadoras incluidas en el régimen general de la Seguridad Social, no aplican para las empleadas del hogar y de los cuidados.

Por eso, organizaciones como Sedoac reclama al Gobierno que las prestaciones que se han decretado o se decreten para las trabajadoras del régimen general también sean aplicadas a las trabajadoras del hogar y de los cuidados. Que si se establecen restricciones para el uso del transporte público se facilitan medios de desplazamiento gratuitos, puesto que es imposible para este colectivo desplazarse a cuidar en taxi.

Exigen, además, que se vigilen y pongan freno a las prácticas abusivas de las empresas de intermediación laboral y plataformas web, que ofrecen servicios con hasta un 50% de descuentos, que reducen el salario de las cuidadoras.

Por último reclaman que, al igual que el resto de las trabajadoras que cotizan a la seguridad social, puedan solicitar bajas por cuidado de menores y recibir exenciones fiscales como población especialmente afectada por el coronavirus.

Según los datos sobre condiciones de trabajo de la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2018, en nuestro país hay 628.800 empleadores de trabajadoras del hogar, de las cuales 407.587 están afiliadas a la Seguridad Social. Si bien la diferencia en las cifras apunta a que existe un importante número de ellas que no cotizan ninguna de las horas trabajadas, esta cifra es difícil de calcular, puesto que, tal como apuntan desde el sindicato UGT, muchas están contabilizadas varias veces debido a que trabajan por horas o a tiempo parcial en más de un hogar.

sábado, 4 de enero de 2020

#hemeroteca #feminismo | Perdonen las molestias, estamos cambiando el mundo

Imagen: El Salto / Jornadas Feministas en Durango
Perdonen las molestias, estamos cambiando el mundo.
El feminismo se ha ganado a pulso su reconocimiento y su prestigio.
Tere Maldonado | El Salto, 2020-01-04
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/perdonen-las-molestias-estamos-cambiando-el-mundo

Después de las Jornadas Feministas de Euskadi, numerosos medios de comunicación nos están pidiendo a las organizaciones y activistas feministas valoraciones y análisis en forma de entrevistas o artículos. Este hecho pone de relieve, por sí solo, cuánto ha cambiado el mundo. Cuánto hemos cambiado el mundo las feministas.

Cuando nacieron las jornadas, por primera vez en 1977 y por segunda en 1984, nadie nos pedía valoraciones. Claro que en las filas del feminismo siempre hubo periodistas; ellas contribuyeron a crear la narración de lo que el feminismo era y hacía, contaron de forma solvente nuestros logros y nuestras dificultades, dieron cuenta del rechazo que el feminismo siempre suscitó entre los sectores más reaccionarios. Pero lo hacían a contracorriente, en publicaciones militantes muy minoritarias o arriesgándose a una bronca del jefe de redacción correspondiente —nunca se trataba de una jefa—. La prensa mainstream, que era prácticamente la única, tomaba partido claramente en contra de nuestros objetivos e, incluso, de nuestra mera existencia como movimiento organizado. No daba cuenta de las movilizaciones que organizábamos (algunas muy considerables, como las de la lucha por el aborto en el juicio de las 11 de Basauri o la movilización antimilitarista contra la fábrica de armas de Eibar), o lo hacía de forma sesgada, sensacionalista o manifiestamente hostil.

Eso ya no es así. El feminismo ha conseguido cambiar los consensos vigentes sobre muchas cosas. Se ha ganado a pulso un reconocimiento y un prestigio que, si bien es hoy cuestionado por algunos sectores recalcitrantes, no lo es mayoritariamente, o lo es de una forma muy matizada. Nadie puede decir aquello de que la mujer que accede a un puesto de trabajo se lo está quitando a un hombre o que la labor prioritaria de toda mujer es ser madre. Hay quien piensa y dice esas cosas, y otras peores, pero ahora la carga de la prueba está de su lado, no del nuestro. Por eso resulta tan indignante el posicionamiento de PNV y PSOE hace unos días en el Parlamento vasco; su postura contraria a una propuesta de la izquierda que buscaba que se cumpliese la ley y que la Tesorería de la Seguridad Social actualizara las bases de cotización de las empleadas de hogar y de cuidados conforme al salario mínimo interprofesional vigente. Hace tres décadas no habría podido indignarnos siquiera: mencionar los derechos de las empleadas de hogar era sencillamente impensable.

O pensemos en “la moral sexual”. No se discute ya si las relaciones sexuales prematrimoniales son legítimas o no. Pero no porque haya acuerdo al respecto, sino porque la propia expresión “relaciones prematrimoniales” está obsoleta, presupone cosas que ya no pueden presuponerse: que toda persona que mantiene relaciones sexuales se casa antes o después. Por más que haya muchas personas que sigan limitando la sexualidad al matrimonio heterosexual —cosa que es totalmente legítima mientras no pretendan imponérselo al resto— la actividad sexual de la población está tan relacionada hoy con el matrimonio como pueda estarlo con la peluquería o la ingeniería. 

Por eso, podemos afirmar, sin triunfalismos, que la lucha feminista ha sido muy exitosa. Ha hecho posible opciones vitales que antes eran impensables para millones de mujeres. Ha conseguido disputar la definición de lo que está bien y lo qué está mal al catolicismo conservador y retrógrado, hegemónico durante siglos. Exitosamente. Ha creado conceptos que han sacado a la luz lo que estaba oculto: trabajo doméstico, feminización de la pobreza, techo de cristal, acoso sexual... Ha introducido sus prioridades en la agenda de gobiernos y organismos de todo el planeta.

Aún así, el mundo en el que vivimos está muy lejos de ser tan igualitario y justo como pretendemos las feministas. Y sigue siendo ingente la tarea que tenemos por delante. Hacer balance positivo o negativo es cuestión de énfasis, de que pongamos el acento en todo lo que falta por hacer o en lo mucho conseguido, de que nos fijemos en los cambios habidos en la renta, subjetividad, ocupaciones, intereses, reconocimiento de las mujeres o de los hombres: nuestras vidas son muy diferentes a las de nuestras abuelas, pero las de los hombres se parecen todavía demasiado a las de nuestros abuelos. Y, por primera vez en mucho tiempo, a la asunción cosmética de algunos postulados feministas por parte del neoliberalismo, se añade ahora la reacción antifeminista y sin complejos de la ultraderecha. Estamos preparadas para hacer frente a ambas.

sábado, 2 de noviembre de 2019

#hemeroteca #feminismo | Durango, el epicentro del feminismo vasco

Imagen: Deia / V. Jornadas Feministas de Euskal Herria en Durango
Durango, el epicentro del feminismo vasco.
Alrededor de 3.000 mujeres participaron ayer en las V Jornadas Feministas de Euskal Herria, foro que definirá la agenda del movimiento.
Deia, 2019-11-02
https://www.deia.eus/2019/11/02/sociedad/euskadi/durango-el-epicentro-del-feminismo-vasco

Durango se convirtió ayer en el epicentro del feminismo. Más de tres mil mujeres abrieron brecha en las V Jornadas Feministas de Euskal Herria, un encuentro de tres días en el que se debatirá las principales líneas estratégicas que definirán la agenda política del movimiento de los próximos años. Las primeras jornadas se celebraron en Leioa en diciembre de 1977 y desde entonces se han ido organizando jornadas en varios momentos, en 1984 y 1994 en el Campus de la UPV de Leioa, y en 2008 en la Escuela Náutica de Portugalete. Ayer le tocó el turno a Durango, donde se trataron y se abordarán numerosos temas: sexualidad, prostitución, aborto, mujer y medicina, patriarcado, modelo de militancia, distribución del trabajo, violencia sexista, cuerpos e identidades...

Las más madrugadoras comenzaron a inscribirse a las 08.30 de la mañana, sin embargo, la mayoría llegó para el acto de bienvenida. La feria de Landako se quedó pequeña para acoger a las 3.000 almas que arrancaron con ganas la intensa jornada que les quedaba por delante con multitud de talleres, debates y actuaciones. Desde la organización destacaron ayer que “no se ha conseguido una cifra así desde que se celebraron las primeras Jornadas Feministas de Euskal Herria en 1977”. La reclamación de poner las vidas en el centro fue el hilo conductor de las mesas e intervenciones de la mañana.

Tomaron la palabra mujeres de distintos colectivos como Etxalde, Itaia, Bilgune Feminista, Oneka y las Trabajadoras no domesticadas. Cada una hizo aportaciones desde su posición. Etxalde puso el acento en la soberanía alimentaria, haciendo hincapié en la procedencia y la calidad de lo que comemos. “Más allá del rendimiento económico, queremos una agricultura que cuide a la tierra, los animales y las personas”, afirmó Amets Ladislao.

La “falta” de pensiones dignas fue el tema de discusión de Oneka. También explicó las razones de dicho problema Nekane Berriotxoa: “Esto viene por varias razones: por un lado la falta de reconocimiento del trabajo reproductivo y de cuidados; por el trabajo realizado en puestos feminizados y por trabajos hechos fuera de casa sin comentarios”. Josefina Roco, del colectivo de Mujeres no domesticadas, fue más allá afirmando que “para nosotras la situación de las mujeres internas es la esclavitud del siglo XXI que debe desaparecer. Y no olvidemos que los que ahora vienen de Latinoamérica, antes lo hacían desde Extremadura, Andalucía...”. Por ello, insistió en la importancia de revisar quién y cómo están sosteniendo la vida. La participante del colectivo Itaia reclamó la soberanía de las mujeres, fuera de la dependencia de un estado. “No podemos conseguir poder si las mujeres estamos dentro de los aparatos estatales o proponiendo reformas. No creemos que se pueda construir un sistema justo desde ahí, al menos mientras sigue siendo un sistema que tiene como base la explotación”. Y por último, Naia Torrealdai, de EH Bilgune Feminista abogó por repensar la lucha de clases desde una visión poliédrica. “El objetivo es conseguir una lucha unificada desde la interdependencia”, explicó. Por la tarde el debate de la decolonialidad fue protagonista de las actividades.

jueves, 19 de septiembre de 2019

#hemeroteca #mujeres #arquitectura | El Gobierno vasco se mete hasta la cocina para promover la igualdad

La propuesta de Mariel Clayton
El Gobierno vasco se mete hasta la cocina para promover la igualdad.
El borrador del nuevo decreto de construcción propone rediseñar los espacios para mejorar la seguridad de las mujeres y compartir las tareas domésticas.
Pedro Gorospe | El País, 2019-09-19
https://elpais.com/sociedad/2019/09/19/actualidad/1568888889_988554.html

¿Se puede diseñar un edificio de forma deliberada para facilitar la igualdad entre hombres y mujeres, por ejemplo en materia de corresponsabilidad y seguridad? ¿Se pueden establecer normas de habitabilidad con perspectiva de género? El Gobierno vasco no tiene ninguna duda. El Departamento de Vivienda está trabajando en un decreto con las nuevas normas de construcción y de habitabilidad —todavía en fase de borrador— que analiza todos los espacios, tanto de los elementos comunes de los edificios como los de cada vivienda, para facilitar la seguridad y la integración de las tareas domésticas que todavía siguen separadas por sexos. Con este objetivo, se mete, literalmente, hasta en la cocina: entre las medidas que se estudian, está integrar este espacio en el salón, en lugar de en un extremo de la casa, o ampliarlo para que quepan al menos dos personas.

"Se trata de un paso más en el compromiso del Gobierno vasco con la vivienda como un derecho real de todos los ciudadanos y como la base para ahondar en la igualdad", ha declarado a El País el viceconsejero de Vivienda, Pedro Jauregui. El decreto también evitará en Euskadi los pisos colmena, y obligará a una dimensión mínima de 35 metros cuadrados para que una vivienda sea habitable. El esfuerzo inversor 2018-2020 en Euskadi en materia de vivienda de alquiler es de 1.119 millones, 48 millones más de los que el Estado dedicará en esos tres años en su plan para toda España (1.071 millones).

El decreto, que el departamento del socialista Iñaki Arriola quiere tener aprobado para la segunda mitad del próximo año, "no es una injerencia en la vida de nadie", entiende Jauregui, sino que busca que las condiciones de seguridad en el interior de las edificaciones favorezcan a las mujeres, y que los espacios en el interior de cada piso interactúen para facilitar que las tareas que tradicionalmente se asignaban a hombres y mujeres puedan compartirse. "Buscamos que las zonas comunes sean más seguras en el portal, y que en el interior de las viviendas sean, de verdad, comunes por compartidas", ha dicho.

En colaboración con la experta internacional en materia de género en el urbanismo, y profesora de Urbanismo en la Politécnica de Madrid, Inés Sánchez de Madariaga, el Gobierno vasco ha elaborado la nueva normativa —ya la tiene en fase de exposición pública— con las condiciones mínimas que regirán en las viviendas nuevas y en las operaciones de rehabilitación, y que se convertirá, una vez aprobada, en el nuevo estándar de habitabilidad y accesibilidad en Euskadi.

El borrador del decreto distingue entre lo que es el edificio y lo que es la vivienda. En el edificio describe los elementos comunes, que ahora se analizan con perspectiva de género, para mejorar la seguridad. Se obligará desde el proyecto a evitar zonas oscuras en los portales o rellanos en los que pueda esconderse un potencial agresor, se limitarán las esquinas con un determinado ángulo para evitar zonas ciegas, y se darán pautas para iluminar adecuadamente esas zonas, o poner espejos y suplementos de luz si hay dificultades técnicas para cumplir las normas.

"Espacios de verdad comunes"
Pero también se mete en las viviendas. "Hay acciones que son casi de efecto psicológico", describe Jáuregui, en referencia a la posición de la cocina. "Podemos hacer que la cocina se convierta en un espacio común, pero común de verdad, que la cocina se convierta en un espacio de la unidad convivencial, no solo de la mujer". ¿Cómo? Promoviendo que las cocinas, que hasta ahora están en una esquina, estén más integradas en el salón. "Si la cocina está en una esquina de la casa y el salón en la otra, las personas están aisladas. Proponemos que esas dos piezas estén contiguas, que tengan dimensión suficiente como para albergar a dos personas y que además esos dos espacios comunes ocupen la centralidad de la casa", explica. "No es una injerencia en la vida de nadie", responde Jáuregui, "lo que buscamos es que ambos espacios se comuniquen para facilitar que las tareas dejen de ser estancas de cada sexo, y que la propia estructura de la vivienda favorezca que se puedan compartir".

El vasco es el primer Gobierno que va más allá de las normas con perspectiva de igualdad y de género que ya se aplican en algunos de los planeamientos urbanísticos municipales, en busca de itinerarios más seguros y más iluminados, o incluso en el transporte público, con paradas casi a demanda para acercar a las mujeres a sus casas. "Ahora llevamos los criterios que favorecen la igualdad de género a todo el articulado de las nuevas normas de la construcción", explica Jáuregui.

Hay otro criterio que van a aprovechar para actualizar, el de la accesibilidad universal. La norma actual dice que las nuevas obras deberán facilitar la accesibilidad hasta la entrada de la vivienda. Nosotros nos metemos dentro y lo que decimos es que con pequeñas correcciones, en el interior de los pisos, aunque no se garantice la accesibilidad porque la normativa es muy exigente en medidas de puertas o radios de giro, "sí podemos hacer que con pequeñas correcciones sean fácilmente adaptables en el futuro". Van a regular una serie de parámetros que faciliten que con una sencilla intervención en el futuro se pueda atender a personas con diversidad funcional. "Si eso lo hacemos con carácter preventivo, desde el diseño, estamos avanzado y adelantándonos a una realidad que, en una sociedad cada vez más envejecida como la nuestra, va a ser más habitual", ha explicado Jáuregui.

miércoles, 7 de agosto de 2019

#hemeroteca #tratadepersobas #esclavitud | Esclavas nicaragüenses para cuidar ancianos en Logroño

Imagen: El País
Esclavas nicaragüenses para cuidar ancianos en Logroño.
La Guardia Civil desmantela una red que traía mujeres a las que explotaba cuidando a dependientes.
María Sosa Troya | El País, 2019-08-07
https://elpais.com/sociedad/2019/08/07/actualidad/1565171090_785871.html

Mujeres nicaragüenses pobres, jóvenes y sin estudios, la mayoría con hijos a cargo. Un día se les acerca alguien que les promete un trabajo en España. Aceptan y, una vez en su nuevo destino, descubren el engaño. La Guardia Civil ha desmantelado una organización que había obligado a 50 mujeres a trabajar en el cuidado de ancianos, enfermos graves o dependientes, en condiciones de "esclavitud". Siete personas han sido detenidas. Habían ganado más de 750.000 euros a costa de someter a sus víctimas, muchas de las cuales trabajaban como internas y que estaban atemorizadas.

Los agentes detuvieron el pasado 28 de julio a siete personas, cuatro mujeres y tres varones, pertenecientes a la misma familia. Todos proceden de Nicaragua y tienen de 19 a 41 años. Solo dos residían en España de forma legal. Las cabecillas de la trama eran dos hermanas. Comenzaron a actuar en 2016, según un comunicado de la Guardia Civil. Actuaban de forma estructurada, organizada y jerarquizada. Sus bases de operaciones estaban establecidas en Logroño y Alfaro (La Rioja) y en Huesca. En las tres localidades disponían de viviendas.

La red captaba a las mujeres gracias a la colaboración de familiares directos que viven en Nicaragua. Ellos tenían la tarea de identificar a posibles víctimas. Les prometían un trabajo bien pagado en España. Si aceptaban, les compraban un billete de avión y les entregaban 1.000 euros en efectivo para justificar su estancia inicial. Llegaban con un visado de turista que las habilita para permanecer en el país durante 90 días. Una vez en su nuevo destino, les quitaban el pasaporte y el dinero que les habían dado y les comunicaban que tenían una deuda de 6.000 euros que debían saldar en un corto espacio de tiempo.

Pero esta cantidad no paraba de aumentar durante su estancia. Cuando las mujeres descansaban o se quedaban sin trabajo, la red las alojaba en sus viviendas y les cobraban por todos los servicios. En caso de no poder pagarlos, les prestaban dinero a un interés del 20%, lo que hacía que la deuda llegara a cifras astronómicas difíciles de saldar y las ataba aún más a la organización. La explotación era tal, que las cabecillas de la red solicitaban comida y ropa a organizaciones benéficas que ellas a su vez vendían a precios abusivos a las víctimas. Llegaron a exigir entre 20 y 30 euros por un comprimido de paracetamol.

La jefa de la red usurpaba la identidad de las víctimas para poner anuncios en portales de Internet y en redes sociales buscando trabajo como cuidadoras. Cuando cerraba el trato con los demandantes de estos servicios, enviaba a las víctimas. La mayoría trabajaba como internas. A final de mes, los empleadores les pagaban en negro y estas entregaban a la organización el 85% del sueldo como pago por la deuda que habían contraído y se quedaban el resto para tratar de subsistir en España.

El grupo sometía a las víctimas mediante constantes amenazas, intimidación, engaño y coacción, amedrentándolas con advertencias de las consecuencias a las que se enfrentarían sus familiares en Nicaragua, si llegaban a denunciar los hechos. usaban "prácticas mafiosas", según fuentes de la Guardia Civil. Ellas, atemorizadas por la posibilidad de que hicieran daño a sus familias en Nicaragua, guardaban silencio.

Hasta que a los agentes les llegó un aviso el pasado mayo en Alfaro. Entonces comenzaron la investigación que derivó en las detenciones. El primer arresto fue el de una de las cabecillas de la organización, en la terminal T4 del aeropuerto Adolfo Suárez - Madrid Barajas, cuando intentaba introducir en España a tres nuevas víctimas. El resto de las detenciones se llevaron a cabo de forma simultánea en La Rioja y en Huesca. En ambas provincias se practicaron cuatro registros domiciliarios. A todos los detenidos se les considera presuntos autores de los delitos de trata de seres humanos con fines de explotación laboral, pertenencia a grupo criminal y blanqueo de capitales.

La operación, dirigida por el Juzgado de Instrucción número 2 de Calahorra (La Rioja), ha sido desarrollada por la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil en La Rioja, con la colaboración de sus homólogos de Navarra, Huesca y Tres Cantos, así como el Puesto Principal de Calahorra y la Unidad Cinológica Central.

viernes, 31 de mayo de 2019

#hemeroteca #mujeres #trabajo | Cuidados ‘low cost’ a costa de mujeres inmigrantes

Gotzone Olarra y Ana María Palacios
Cuidados ‘low cost’ a costa de mujeres inmigrantes.
Intermón Oxfam evidencia la vulneración de derechos de las trabajadoras de hogar.
Beatriz Sotillo | Deia, 2019-05-31
https://www.deia.eus/2019/05/31/sociedad/euskadi/cuidados-low-cost-a-costa-de-mujeres-inmigrantes

“El envejecimiento de la población, la incorporación mayoritaria de la mujer al mercado laboral y la falta de relevo en las tareas de cuidados dentro del hogar han derivado en la importación de mano de obra barata para cubrir esa necesidad de cuidados”, explicó Gotzone Olarra, coordinadora del informe ‘Al cuidado de la vida’, impulsado por Intermón Oxfam, que analiza la situación de las trabajadoras de hogar y cuidados en Euskadi, poniendo el foco en las mujeres inmigrantes.

Gotzone Olarra y Ana María Palacios -abogada experta en derechos humanos- expusieron ayer que la existencia de unos servicios de cuidados ‘low cost’, sustentados en su mayoría por mujeres migrantes, evidencia situaciones de vulneración de derechos laborales, explotación y precariedad que hay que combatir exigiendo el cumplimiento de los derechos ya reconocidos, la supervisión por parte de los organismos públicos y de cambios legislativos.

El informe ‘Al cuidado de la vida’, que contó con la colaboración de la Diputación de Bizkaia, aborda la situación laboral y personal de las trabajadoras de hogar y cuidados, de las que se estima que hay unas 100.000 en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV), a través de los relatos de mujeres nicaragüenses “que llegan a Euskadi a buscarse la vida, a trabajar, huyendo de la violencia y de la crisis y encuentran que su única salida son los trabajos de cuidados, en muchos casos como internas”, expuso la coordinadora del trabajo. Según Ana María Palacios, las malas condiciones laborales de las mujeres nicaragüenses con las que contactaron para conocer su experiencia migratoria quedaban patentes en las dificultades para encontrar tiempo para las entrevistas. “Muchas internas -señaló Palacios- solo tienen una hora libre, a veces solo los domingos o festivos. Su situación laboral dificultó la realización de las entrevistas”. Sobre las principales preocupaciones de las trabajadoras inmigrantes, Palacios indicó que “varían en función del tiempo que lleven en Euskadi”, pero destacan su situación administrativa, el estado de los familiares -sobre todo, hijos- que dependen de ellas y se han quedado en su país, y “tener siempre trabajo para poder mantenerse y enviar remesas”.

Sin seguridad social
Aunque el informe se centra en los relatos de mujeres nicaragüenses, su situación es extensible a otras muchas trabajadoras de hogar y cuidados que no están dadas de alta en la Seguridad Social, que tienen unos derechos limitados por la legislación y otros “que se incumplen sistemáticamente”, y que, además, asumen unas responsabilidades que no les corresponden. “Cubrir las necesidades de cuidados dentro de las familias no puede pasar por vulnerar los derechos de las mujeres”, afirmó Gotzone Olarra, quien llamó a promover “la contratación ética y responsable” y propuso una serie de tareas a las administraciones para garantizar el cumplimiento de derechos y acabar con la explotación y la precariedad en los hogares.

Por todo ello, Intermón Oxfam pide al Gobierno español que ratifique el Convenio 189 de la OIT y adopte sus disposiciones en la normativa interna, que elimine el régimen laboral de trabajadora interna y les reconozca derechos como la prestación de desempleo o el acceso a la jubilación. Al Gobierno vasco, las diputaciones forales y los órganos municipales, Intermón Oxfam les pide que garanticen la protección de los derechos de las trabajadoras -a través de la inspección de trabajo, de Osalan y con campañas-, que faciliten el empadronamiento y otros mecanismos que permitan acreditar el arraigo y que publiquen información actualizada sobre las prestaciones y servicios vinculados al cuidado.

martes, 5 de marzo de 2019

#hemeroteca #materinidad | Un 57% de las mujeres ha renunciado a trabajos por ser incompatibles con la maternidad

Imagen: Deia / Una manifestación 8M en 2018
Un 57% de las mujeres ha renunciado a trabajos por ser incompatibles con la maternidad.
Un 53% afirma que ser madre le ha impedido crecer profesionalmente.
EFE | Deia, 2019-03-05
https://www.deia.eus/2019/03/05/sociedad/estado/un-57-de-las-mujeres-ha-renunciado-a-trabajos-por-ser-incompatibles-con-la-maternidad-

Un 57% de las mujeres españolas ha tenido que renunciar a algunos trabajos porque eran incompatibles con su maternidad, y un 53% afirma que ser madre le ha impedido crecer profesionalmente.

Estos son algunos de los datos que figuran en el estudio "Maternidad y Trayectoria Profesional", elaborado por la investigadora y decana de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC) Esther Jiménez, y la profesora del IESE Business School Nuria Chinchilla.

Jiménez ha destacado que el 40% de las mujeres no ha podido acceder a un empleo y al 35% no la han promocionado por el hecho de ser madre.

El estudio también señala que los consejos de administración de las empresas de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) tienen solo un 20,3% de mujeres, ha explicado Esther Jiménez, que ha añadido que 15 de estas empresas del mercado continuo no tienen ninguna mujer en su consejo de administración.

Las autoras del estudio han resaltado, además, que las mujeres "hacen una doble jornada laboral" y están "lejos de la corresponsabilidad" con el hombre en las tareas domésticas.

Así, el estudio revela que el 92% de las mujeres que trabaja a jornada completa lava siempre la ropa, frente al 22% de los hombres, y que ocurre lo mismo con la limpieza de la casa (73% contra 28%) o con la plancha (46% contra 10 %).

Esther Jiménez es autora de estudios relacionados con el talento directivo, el liderazgo femenino y la conciliación de trabajo, familia y vida personal, y ha publicado estudios, entre otros, sobre "Mujer y liderazgo" e "Impacto de las pensiones en la mujer. Jubilación y calidad de vida en España".

martes, 19 de febrero de 2019

#libros #conciliacion | La carga mental femenina : o por qué las mujeres continúan al mando del hogar a coste cero

La carga mental femenina : o por qué las mujeres continúan al mando del hogar a coste cero / Samanta Villar, Sara Brun Moreno.
Barcelona : Planeta, 2019 [02-19].
256 p.
ISBN 9788408204848 / 16,90 €

/ ES / ENS
/ Conciliación / Desigualdad de género / Mujeres / Relaciones de pareja / Trabajo doméstico

La lucha por la igualdad empieza en tu casa. «Hace un año, estaba en Málaga grabando un reportaje cuando recibí la peor llamada de mi vida. Mi hijo Damià acababa de entrar en quirófano. Tardé doce horas en poder llegar a Barcelona y tenerlo entre mis brazos. Cuando llegué, ya había tomado la decisión: no quería estar nunca más separada de mis hijos siendo tan pequeños. ¿Un padre hubiera tomado la misma decisión que yo?»

La declaración de Hacienda, la reunión de padres, la lista de la compra, llamar al seguro, la colada… La carga mental es el síndrome de las mujeres que viven abrumadas por el cúmulo de responsabilidades de su vida cotidiana. Porque, mal que nos pese, la lucha por la igualdad en el ámbito profesional no ha ido pareja a un reparto equilibrado de las tareas del hogar. El resultado: mujeres que viven con el doble peso de su vida laboral y familiar.

El libro aborda este problema dándole visibilidad y asumiendo un hecho inequívoco: que la conciliación no existe. Son historias cotidianas las que conforman el libro, protagonizadas por madres desbordadas cuya vida se ha convertido en un juego de equilibrismos imposibles. Porque, como dice Samanta, «hemos asumido como naturales comportamientos y tareas que no lo son, y darles el apellido de carga mental es una manera de reconocer que algo tenemos que cambiar nosotras si queremos sentirnos liberadas».