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miércoles, 22 de agosto de 2018

#hemeroteca #identidades #cultura | ¿Aduaneros de la tradición cultural?

Imagen: El País / Fotograma del videoclip 'Pienso en tu mirá' de Rosalía
¿Aduaneros de la tradición cultural?
¿Cuándo el uso de un referente cultural pasa de ser un homenaje o el eslabón más reciente de una tradición y se convierte en un flagrante robo?
Héctor Fouce | ctxt, 2018-08-22
http://ctxt.es/es/20180822/Firmas/21285/Hector-Fouce-Rosalia-identidad-cultural-arte-musica-regionalismo-tradicion.htm

Podría haber sido Rosalía o cualquier otra. La controversia en torno al apropiacionismo estaba agazapada esperando a estallar, igual que lo ha hecho antes en los países anglófonos. Simplemente se necesitaba buscar una manera de ajustar las categorías identitarias usadas en otras culturas (latino, negro, pakistaní, indígena) y alguien halló, de forma brillante, que los gitanos son sin duda nuestra minoría cultural más reprimida, la trinchera desde la que construir un discurso identitario basado en la pureza y la clausura.

Más allá del caso Rosalía, estamos ante un debate profundo que conecta la cultura popular con las cuestiones de gestión de la esfera pública, de ese espacio común que una sociedad construye y desde donde se genera el sentido común.

La cultura es un bien público; tanto que hasta algunos bienes culturales han sido aupados, tras un ímprobo trabajo de instituciones y agentes culturales, a la categoría de patrimonio inmaterial de la humanidad. Pero esta afirmación puede ser banal si no se especifica qué quiere decir ser de todos. En el caso del flamenco, ¿estamos todos autorizados a aprender los palos e incorporarlos a nuestra creación musical? ¿Tiene más derecho un gitano de Cádiz que uno de Lugo? ¿Más derecho uno de Jaén que uno de Leganés? ¿Y más uno de Burgos que un japonés? ¿Cuándo el uso de un referente cultural pasa de ser un homenaje o el eslabón más reciente de una tradición y se convierte en un flagrante robo?

La tradición es una invención, como explicó Hobsbawm, y la pureza cultural una excepción a la regla, como explicó Margareth Kartomi en el caso de las culturas musicales. Toda cultura es el resultado de un proceso de cambio generado a través del contacto con otras culturas. Evidentemente, esos cambios no son accidentales, sino que vienen moldeados por las diferentes posiciones de poder de cada cultura y de los grupos sociales que las vehiculan. Pero eso parece más una cuestión de análisis cultural que de práctica creativa. En un contexto de aldea global digital como el que vivimos, ¿cómo mantener las fronteras de los fenómenos culturales? ¿Quién se va a erigir en el aduanero que regula quién puede y quién no usar este palo, este género, este instrumento o esta imagen? ¿De dónde van a salir las regulaciones, apelando a que legitimidad?

Cuando un gitano de Jerez decide fusionar su música con los sonidos urbanos de Nueva York y le sale un rap aflamanecado, o mezclar lo suyo con el reguetón, ¿está también en pleno proceso de apropiacionismo? ¿Es apropiación cuando los flamencos incorporan el cajón llegado desde Perú? ¿O en este caso usamos un término más elegante como “fusión” y deberíamos reverenciar el genio creativo de Paco de Lucía por percibir la apertura sonora que este instrumento daba a su flamenco, un arte mestizo por naturaleza?

Esos debates ya han eclosionado en otros países y no parecen haber mejorado la salud cultural en ninguno. La escritora Lionel Shriver reivindicó el derecho de los creadores a escribir desde el punto de vista de otros diferentes y abrió un interesante debate. Para Shriver, la ficción consiste precisamente en imaginar desde posiciones que no son necesariamente las de la autora, y por eso es especialmente necesaria, porque nos permite ponernos en la piel de otro. Pero si solos los negros pueden escribir desde ese punto de vista, o las mujeres, o los indígenas, ¿en que difiere eso de la censura? Este es mi territorio, estas son mis reglas, sólo yo puedo penetrar en él, sólo yo puedo darle forma expresiva.

Es cierto que las clases ‘educadas’ (masculinas, blancas y occidentales) han recorrido el globo en el último siglo incorporando a sus creaciones elementos de culturas que previamente habían demonizado y dominado. Los blancos de EE.UU. se enamoraron del blues y lo pervirtieron en rock and roll. Fue Elvis Presley quien se hizo rico y famoso con ‘Hound Dog’ y no su intérprete original Big Mama Thorton. Más recientemente, es Moby quien alcanza la fama después de ‘samplear’ viejos discos de olvidados ‘bluesmen’ que han resultado no ser ni tan viejos ni tan olvidados. Sin duda estaba en mejor condición que muchos otros para producir esos discos, del mismo modo que se acusa a Rosalía de estar mejor situada para crear ese sonido aflamencado desde su posición de clase media en la cosmopolita Barcelona que lo estaría un gitano de Jerez. ¿Qué debería hacer Rosalía cuando una idea ronde en su cabeza? ¿Olvidarse de ella a la espera de que, antes o después, las condiciones cambien y el gitano de Jerez pueda lanzar su disco en condiciones que igualen a las suyas?

Una extensa línea de trabajo del análisis cultural ha venido denunciando como las políticas de propiedad intelectual cada vez generan más dificultades para usar otros textos culturales para la creación y la educación. El dominio público parecía la salvaguarda de la cultura, el lugar donde nutrirse de cara a seguir generando cultura. Sabemos que cada creación se basa en las precedentes en distinto grado. Y resulta ahora que no solo tenemos que andar con cuidado frente a los guardianes del ‘copyright’, sino que en el dominio público aparecen unos guardianes de la tradición que nos dicen esto no se toca porque no es tuyo. ¿Dónde está la diferencia con la censura que prohíbe tocar ciertos temas por motivos religiosos o políticos?

La idea de que ciertas identidades tiene la llave de un patrimonio cultural determinado suena imposible en un mundo global y en una cultura digital. Asumir que las relaciones entre culturas son relaciones de poder en las que unos grupos tienen más capacidades que otros es una cosa. Pretender que este argumento implique un cierre de fronteras y una política de aduanas con los fenómenos culturales es otra. Rosalía se ha convertido, supongo que a su pesar, en la primera línea de una batalla que liga lo cultural con lo político: se trata de definir quiénes somos nosotros y qué tenemos en común, de decidir si somos un reino de taifas fragmentado en pequeñas identidades que reclaman la soberanía sobre diminutos terrenos culturales, o si somos capaces de imaginarnos como un nosotros diverso, cosmopolita, un sujeto democrático que, como el que cantó Walt Whitman, es amplio y contiene multitudes. En la cultura, y en la política, la decisión es sobre si cada uno quiere simplemente administrar su casa de puertas adentro o si entre todos generamos calles, avenidas, barrios, espacios en los que transitar libremente, asumiendo nuestras desigualdades, asumiendo cuando toque nuestra posición privilegiada, y convirtiéndolos no en fuente de vergüenza sino en espacio de experiencia para evitar repetir viejos errores y crear un común igualitario, abierto y diverso.

Y TAMBIÉN…
Por qué el nuevo vídeo de Rosalía es un manual contra los celos.

'Cuando pienso en tu mirá' es un retrato, a veces obvio a veces implícito, del control machista.
Isabel Valdés | El País, 2018-07-24
https://elpais.com/elpais/2018/07/24/mujeres/1532409466_150025.html

lunes, 20 de agosto de 2018

#hemeroteca #identidades #musica | Canadá: «Rosalía ha desacralizado los símbolos, que es lo contrario de apropiárselos».

Imagen: Jot Down / Parte del equipo de la productora CANADA
Canadá: «Rosalía ha desacralizado los símbolos, que es lo contrario de apropiárselos».
Álvaro Corazón Rural | Jot Down, 2018-08-20

https://www.jotdown.es/2018/08/canada-rosalia-ha-desacralizado-los-simbolos-que-es-lo-contrario-de-apropiarselos/

Para todo el que haya visto el vídeo de Rosalía de «Malamente» va a ser difícil olvidar las imágenes del toreo con motos o el nazareno skater descalzo en una tabla con clavos en la lija. Ese es el objetivo de la productora CANADA, trabajar el impacto de la imagen. Tanto ha sido así que su último clip ha generado una polémica importante en las redes sociales y medios digitales por la iconografía empleada. Se ha acusado a la artista de apropiación cultural y a los autores del vídeo de glorificar la tauromaquia y exhibir símbolos castizos que no serían del gusto de una nueva izquierda. Pero la controversia es diminuta al lado del currículum de esta productora, que es una marca de prestigio dentro y fuera de España y en su división musical, Canadá Editorial, afrontan el reto de ser la discográfica de artistas que se suponía que no necesitaban discográfica. Hablamos con Alba Barneda, Nicolás Méndez, Lope Serrano, Alba Blasi y Borja Rosal.

¿Cómo se elaboró el clip de Rosalía?

Nicolás Méndez: Cuando escuchamos la canción vimos que iba a ser bastante pelotazo, por esa razón nos metimos. Vimos que iba a funcionar y ser un éxito. Lo que no esperaba era la controversia. Ella venía con un imaginario muy marcado y definido. El disco está muy pensado en ese sentido, gira alrededor de un mismo tema, está basado en una novela que trata sobre el mal querer, como se llama el disco. El amor enfermo, el que hace daño y mata. Ella bebe del flamenco, es lo que ha estudiado, la novela viene de ahí y por eso está contextualizada en ese entorno. Ella quería hacer una cosa española y con referentes españoles. Lo que hicimos fue buscar imágenes alrededor de los conceptos de la sumisión y el amor dañino e intentar contextualizarlas dentro de esta imaginería española. Las imágenes del toreo vienen de eso, nos parecía una descripción muy gráfica de una relación muy intensa, es pura metáfora. Porque el torero tiene una relación muy profunda con el toro, en esa dirección solamente, pero cuando oyes a toreros hablar se refieren al toro con respeto y amor al animal, es lo que más quieren del mundo, los crían y tal, pero luego se meten en un ruedo y lo matan o el toro los mata a ellos. Hay sangre por medio. Todo esto es perfecto para describir una relación dañina. Pero todo esto Rosalía ya lo tenía en la cabeza, nos mandó un documento con imágenes. Nos habló de Cristina García Rodero, de Bigas Luna. Hay una foto clásica de un encierro en la que se ve al toro por detrás. La gente, delante de él, está subida a rejas y parece que se está agarrando a sus cuernos. Con esa imagen hice la del toro mecánico que en el clip mete a Rosalía en el camión. Esa foto me la pasó ella; Rosalía nos entregó fotos de Cristina García Rodero para que hiciéramos el clip.

Pero todo tiene un toque moderno.

NM: La idea era quitarle lo folclórico.

Lope Serrano: Desacralizarlo. Rosalía ha desacralizado los símbolos, que es lo contrario de apropiárselos. Es una visita al mito totalmente honesta. La haces desde tu posición en el siglo XXI, pero no reproduces el cliché; tomas lo que entiendes.

NM: El nazareno también está ahí por eso, pido perdón a los nazarenos, pero me parece que su relación con Dios es un poco tóxica. Amas a Dios, un amor muy hondo y verdadero, que al mismo tiempo te lleva a hacerte sangre. Inicialmente, cuando pensaba cómo hacer el vídeo, vi el ritual de los empalados de la Vera, en Extremadura. Una procesión que se prohibió en el siglo XVII. La gente salía con un palo atado con una cuerda que le atravesaba de lado a lado por detrás de la nuca. Van con corona de pinchos, descalzos. Salían a la calle así, pero al prohibirse la gente siguió haciéndolo por su cuenta, por penitencia, por agradecimiento, cada uno con sus razones, y siguen saliendo desde su casa a partir de las doce de la noche de manera anónima, con la cara tapada y con cadenas haciendo ruido para avisar a otros posibles penitentes con los que se puedan encontrar… Va mucha gente a ver cómo hacen un vía crucis por todas las cruces del pueblo. Intentamos ir a rodar cómo se vestía uno, con su familia, con los chavales. Lo que hacía Cristina García Rodero, ir a buscar fiestas tradicionales a los pueblos. Nos fuimos por allí un poco a lo ‘Callejeros viajeros’ (risas) porque salen de manera anónima y es muy difícil dar con ellos. Al final encontramos uno, nos citó de madrugada, y resulta que cuando iba a salir se puso a llover. No pudo salir, porque con el agua la soga se dilata y es peligroso. Y nos volvimos sin nada. Cero metros rodados.

Todo ha salido de la artista.

LS: Cuando el artista tiene una voz es más fácil darle imágenes. Tienes que crearlas y pensarlas, ese es el arte, pero si te guía el artista esas imágenes serán mejores y más precisas. En este caso, ella tenía una voz clara.

¿Cómo habéis llevado la polémica que se ha desencadenado?

LS: La gente puede decir lo que quiera, pero lo del apropiacionismo me parece una crítica perezosa, impaciente, que necesita estigmatizar de manera muy rápida y tiene que ver con la facilidad que hay ahora para poner nuestra opinión en internet. El apropiacionismo no es lo que ha pasado en este vídeo.

Se ha dicho que el flamenco pertenece a una minoría oprimida y ella, que no es gitana ni andaluza, lo ha utilizado para triunfar.


NM: La identidad es un asunto muy importante que la gente se toma muy a pecho. Ahora, meter una canción o un videoclip en este debate como si esto fuera la causa o provocase este tipo de confusiones me parece algo de otro planeta.

LS: Parece que la identidad es algo que solo puede ser genuino e inmutable. A no ser que hayas nacido en el lugar donde tiene origen esa expresión, no puedes interpretarla. Si te mezclas con otras identidades parece que esté mal…

NM: Parece que oprime esa identidad, que humilla. Pero si un colectivo tiene problemas de minusvaloraciones o lo que sea será por otras cuestiones, no porque haya un videoclip. Toda mezcla yo creo que es positiva. No me quiero meter mucho en este asunto porque habrá cosas que no entiendo, pero hacer sociología con un videoclip diciéndole a un artista lo que puede o no puede hacer, lo que debe o no debe hacer, creo que es un camino muy peligroso. Si hay un problema de identidad debe debatirse en otros foros y otros sitios, no a raíz de un videoclip, que es un hecho artístico.

LS: También hay que ver si el artista es frívolo o no. ¿Es frívola Katy Perry cuando se disfraza de animadora?

NM: ¿Pero no puedes hacerlo de manera frívola?

LS: Sí, pero entonces eres frívolo, que no está mal. Marilyn Monroe era frívola y era maravillosa. Igual que Jerry Lewis, que era un genio. Ahora, que no puedas vestirte con distintos ropajes… ¿Por qué no? Eso nunca puede estar mal.

NM: También, si ofende, es que hay un problema que está ahí de alguna manera.

LS: Pero a mí no me parece que Rosalía sea frívola. Lo ama. Ama lo que hace.

Alba Barneda: Lo trata con respeto.

NM: Lo tiene dentro por las razones que sea, porque lo ha estudiado, porque ha vivido allí cinco años, porque ha leído mucho o porque lo ha visto en YouTube, pero lo tiene dentro. ¿Pero por qué puedo sacar una 'cheerleader' en un clip y no pasa nada?

Porque esto rige con las culturas minoritarias, ocurre cuando la cultura predominante toma algo de la pequeña y oprimida para fines poco nobles.


NM: Pues hablemos del capitalismo entonces, que se apropia de todo. ¿Tienes talento? Ven, que lo vendo. De eso se trata. En esa rueda estamos metidos.

LS: Lo importante es si el artista lo siente o no lo siente. Si es ‘tastaolletes’, como se dice en catalán, alguien que cada día quiere ser otra persona distinta y no te interesa por frívolo o insustancial. O a lo mejor te encanta porque admiras cómo pasa de, por ejemplo, Ziggy Stardust a otra movida. Pero si ves que el artista lo siente ¿qué hay de robo en eso? Si es todo honestidad.

Lo curioso es que la política oficial del franquismo hacia el flamenco era la de restringirlo a la expresión musical de una minoría étnica, hubo un antes y un después tras la guerra. Y ahora esa postura, en 2018, es la de la izquierda pata negra.


NM: Además eso, es triste que este moralismo, este trato tan condescendiente y paternalista con el artista venga de la izquierda «tolerante» explicándole al artista lo que está haciendo sin darse cuenta.

En eldiario_es decía Dina Bousselham que la idea de España que transmitía el vídeo pertenecía a la narrativa del franquismo.


LS: Hay una España que queremos y se supone que todo ha de obedecer a esa España que queremos. Pues bueno, no sé, tío. A lo mejor es que idealizas tanto la España que quieres que después te das de bruces con la realidad, donde todo es más versátil, más ecléctico y mutable.

NM: Pero hacer sociología a ese nivel ¡con un videoclip! Ni siquiera con una película de Saura o…

LS: Lo cierto es que tampoco es que estemos indignados. Estamos flipando, pero muy contentos.

Lo de la apropiación en sí es una apropiación también, porque es una idea gestada en Estados Unidos que importarla no siempre tiene sentido.

LS: De un sentimiento de culpa nace una voluntad de reparación igual de intensa que esa culpa.

AB: Es que Estados Unidos tiene su realidad y trasladar esos conceptos aquí, que hay otra realidad distinta… Pero esta no es la primera vez, en otros proyectos también nos han pasado cosas relacionadas con la apropiación cultural. En un vídeo tuvimos que cambiar los peinados en posproducción para evitar problemas de apropiación cultural en Estados Unidos, porque se iba a emitir allí también. Yo alucinaba, fue hace unos años y no había oído hablar todavía de eso, pero allí ya estaban muy sensibles. No obstante, no creo que el fenómeno se pueda enfocar de la misma manera en Estados Unidos y en Europa.

En vuestra página de Facebook había gente quejándose de que habíais glorificado la tauromaquia.

NM: Es no saber mirar las cosas. La obra puede ser mejor o peor, pero es lo que es. Las imágenes están en función de una narrativa, no de una apología. También sale un atropello. ¿Eso quiere decir que estemos glorificando la inseguridad vial?

AB: Imagina que la Dirección General de Tráfico nos hubiera dicho algo (risas).

LS: Poner un desierto no quiere decir que quieras quemar un bosque.

En vuestro clip de Scissor Sisters salía un tipo cortando leña, igual estáis en contra de los árboles.


LS: ¡Amamos la deforestación!

NM: Cuando algo funciona siempre hay alguien a quien le ofende. Si a uno le gusta, siempre hay alguien que se significa frente al otro diciendo que lo odia.

LS: España de todos modos es un país de mucha tertulia, de mucho debate, de hablarlo y criticarlo todo. Lo quiero ver así.

NM: En internet el discurso que no responde a la verdad, el más ruidoso, es el que más se propaga. Es como lo que dice Eduardo Inda, que pone mierda y la gente la repite y la repite. Es más fácil hacer propaganda de lo que no existe que hacer algo bien y venderlo. Requiere menos esfuerzo.

Para un anuncio de ropa de Stella McCartney también habéis recurrido al flamenco.


AB: Lo dirigió Manson, que es el que hizo «De plata» con Rosalía en Los Ángeles, un vídeo que también tuvo bastante ruido. Aquí hizo este pequeño ‘fashion film’ con Stella McCartney Kids y encontró a esta niña que es una maravilla. Habíamos visto vídeos de ella en YouTube y era increíble. Y, efectivamente, también hubo una aproximación al imaginario del flamenco, ya que el proyecto nos llegó de la mano de la plataforma multidisciplinar A Flamenco Catharsis.

En España no hay una gran tradición de videoclips.

NM: El mercado español no es muy amplio. En la televisión pasa lo mismo y con los libros igual. Si vas a vender una serie o un libro intentan que agrade al máximo número de personas, porque si vas solo a un sector es tan pequeño que no es rentable.

LS: En Estados Unidos dan premios en los Grammy a categorías como música country y cristiana. Cuanto más rica es una sociedad, más específica puede ser la cultura. Aquí la industria cultural, la moda y la música florecieron en los ochenta, pero de una manera muy raquítica.

Sin embargo, ahora el videoclip está en auge, antes estaba restringido a programas minoritarios y DVD.

AB: Ahora mismo, y se ha visto en el caso de Rosalía, el vídeo es muy importante, fundamental. Estamos en una cultura visual. La gente consume imágenes aparte de música. La plataforma más usada para escuchar música es YouTube.

NM: Es que ahora haces un videoclip y lo ve todo el mundo. Antes no los veía ni dios.

LS: Ni nosotros.

NM: Los veían cuatro gatos, entre nosotros. Ahora un chaval de veinte años hace un clip y lo ven miles.

AB: Lo que ha cambiado es que las productoras se interesan por los clips. Antes éramos solo nosotros, pero ahora están invirtiendo todas y han dado más valor a sus directores. Han visto que hacer clips no es tirar el dinero, sino todo lo contrario. Ahora hay muchos directores españoles haciendo vídeos para gente de fuera, algo impensable antes.

NM: No pensamos ni que nos fuera a ocurrir a nosotros. Hicimos el del Guincho y de ahí surgió el primer internacional, que fue el de Scissors Sisters, que fue el que nos situó.

Muchos de vuestros clips tienen un toque erótico.

LS: Intento que el erotismo sea una manifestación tan natural como otras cosas que me gustan.

NM: De la misma manera que retratas un árbol de forma bonita, puedes hacer lo mismo con el cuerpo de un chico o una chica.

LS: Que no tienen por qué ser los genitales, el erotismo puede estar en un hombro. También la sexualidad puede ser oscura, con miedo… Como todo.

No sé si habrá habido muchos ‘cunninlingus’ en la historia del clip como en el que le hicisteis a Tame Impala.


NM: Queríamos establecer una relación de dependencia, de amor, entre un chico y una chica. Nos preguntábamos cómo hacer que ese chico estuviese desde el principio colgadísimo con ella.

LS: Era más narrativa, mostrar lo enganchado que estaba a ella.

NM: Acaba el ‘cunninlingus’ diciéndole «I love you». Podrían decirse eso mientras brindan con champán, pero preferimos que fuese después de comerle el coño.

Y en el de Beck la caballera que rescata al príncipe, por fin un cambio de roles.

NM: Pues eso estaba puesto al revés. Lo escribí yo y lo cambió Beck. Fue la única corrección que dio cuando recibió la propuesta, que fuese una chica el caballero en lugar de un chico.

Lo más genial de ese vídeo hay que atribuírselo a él entonces.

NM: (Risas) Quedó buenísimo. Yo partía de una foto de una tía de los años cincuenta megaborracha en una fiesta, en un club alemán, pero cuando él propuso cambiarlo vi que era mucho mejor.

¿Qué metodología tenéis para crear un vídeo?

LS: Funciona de muchas maneras, la canción tiene que calar, tiene que meterse dentro de ti. Intentar que la canción dé una respuesta visual en ti, es un poco sinestésico; una respuesta inconsciente a lo que estás escuchando, que no es una receta para el éxito, pero es un punto de partida. Otras veces solo ves imágenes, que es un poco alienante porque no es lo mismo ver imágenes en un libro que en la pantalla. Y después a veces utilizas ideas de otros proyectos o entornos que te gustan. El proceso de creación es algo bastante incontrolable en términos de escritura. No es nunca igual. En Tame Impala había una letra de alguien que estaba jodido porque le había dejado la novia y aparecía por ahí un tal Trevor que nadie sabía bien quién era. Decías: «Esto tiene pinta de triángulo interesante, oye ¿y si Trevor es un gorila?». Y así fuimos…

La referencia yo la entendí más por el hombre lobo de ‘Teenwolf’.

NM: Sí, pero hay una película de Nagisa Oshima del 86 en la que Charlotte Rampling se enamora de un gorila. ‘Max, mon amour’. Una señora burguesa que vive en París con su marido en una casa de la hostia, el marido les pilla follando, la de Dios…

LS: Lo bueno del videoclip es que te deja usar la imaginería de una manera muy sugerente. Haces que a la pelota le salgan pelos, que el campo de baloncesto venga de un vómito de sangre. Como no estás sometido a una narrativa, puedes hacerlo.

NM: En un clip tienes que estar pendiente de que la gente no lo cierre a los treinta segundos, pero no está tan sujeto a las normas clásicas de la narrativa. Hay que generar expectativas, usar armas narrativas para que el espectador se quede hasta el final, pero son solo tres minutos con lo que es relativamente más sencillo que en géneros más largos y exigentes.

LS: No es tanto prosa como poesía.

Los guiños a clásicos del cine son frecuentes.

NM: En Scissors Sisters había mucha buñuelada. De él tomamos hasta el tono de ‘El fantasma de la libertad’, ‘La vía láctea’, ‘Belle de jour’… Ese tono irreverente y un sentido del humor con el que siempre nos hemos sentido muy identificados. Buñuel para mí es lo máximo.

LS: Era un tío que desacralizaba, pero con un gran respeto a la liturgia y a la iconografía. Odiaba a los curas, pero respetaba la religión como fenómeno.

NM: Era un bromista nato, y en ‘Mi último suspiro’ cuenta que su última broma fue, en su lecho de muerte, con toda su familia reunida, pedir un cura.

LS: Era un burgués, pero no era hipócrita. No soportaba la autoridad ignorante de aquellos curas brutos, amaba la libertad, pero no podía renegar tampoco de sus raíces. Su mamá le pagó todo hasta que empezó a hacer películas. Más allá de todo esto y del respeto que le tenemos, empezó a hacer cine mudo con una fuerza visual y metafórica descomunal. Y eso son videoclips. Son lenguajes colindantes.

NM: Es algo que tiene más que ver con la poesía que con la prosa. Y en España hay pocos directores que no vengan de la escritura. Saura es uno de los pocos que venía de la imagen.

LS: Trueba una vez me dijo que para él el cine era un género literario más. Hay mucho director de cine español, como Gutiérrez Aragón, García Sánchez o Mario Camús que llegaban a la imagen a través de la idea.

NM: Scissors Sisters estaba lleno de imágenes de Buñuel, pero en el vídeo de Rosalía, cuando está en el camión, es Peter O´Toole subido al tren en ‘Lawrence de Arabia’.

LS: O Nicolas Cage en ‘Corazón Salvaje’.

NM: Esa era la imagen que yo tenía, que son las que te quedan porque te han seducido cuando las has visto. Con Godard nos pasó lo mismo, cuando lo vimos con veinte años nos alucinaba.

LS: Era un tío del que los directores de fotografía decían que sabía más que ellos. Tenía algo que conmovía, era una persona encerrada en sí misma, con problemas de relaciones, era muy emocional e intelectual y todo le salía muy bonito; muy bonito en los sesenta, claro. Era como alguien encerrado en una sensibilidad y con una necesidad constante de manifestarse, durante doce años hizo una película o dos al año. Me fascina.

¿Cómo empezó Canadá?

LS: Éramos tres amigos, como la película de Chevy Chase. Nico, Luis Cerveró, que dejó CANADA en 2013, y yo éramos muy amigos, trabajábamos como realizadores. Compartíamos una sensibilidad, videotecas, DVD, vivíamos juntos, salíamos de fiesta y eso, éramos muy amigos. Sobre todo compartíamos la infelicidad que produce el trabajo al ser humano, así que decidimos unirnos para, bajo un nombre común, trabajar por nuestra cuenta. Para crear todo esto necesitábamos a alguien para ponerlo en marcha y ahí nos fuimos a buscar a Alba. Era 2007. Todavía guardo el ticket de El Corte Inglés de la primera reunión. Salía el nombre del camarero: Jorge Pérez.

NM: A mí me tocó venirme desde Madrid. El nombre de CANADA tiene un origen formal: tres sílabas con la misma vocal y distinta consonante, como nosotros, que éramos tres directores con sensibilidades similares pero con un elemento diferenciador. Y también porque Canadá es un país que nos parecía representativo de la cultura con la que nos sentíamos identificados. Es un país muy extenso, con zonas inexploradas y salvajes pero al mismo tiempo muy civilizado. Es americano, pero también tiene cultura europea, francesa. Un país con pocos enemigos, es amable. Y es sonoro.

LS: Cogimos este almacén, que llevaba abandonado desde los ochenta, y lo convertimos en nuestra oficina.

NM: Lo rehicimos entero.

Teníais una estructura de cooperativa o colectivo.

NM: Fundamentalmente lo que queríamos era trabajar con los clientes sin pasar por las agencias y… jamás lo conseguimos (risas). En ningún proyecto.

AB: Pensábamos que con internet sería posible. Con Mango, por ejemplo, que no va con agencias, hicimos cosillas. Pensábamos que habría un filón en las empresas que no van con agencias, pero no lo hubo. Era cuando internet era gratis, ahora no, ahora hay que pagar para estar en internet.

NM: No conseguimos hacer prácticamente nada y tuvimos que vivir de hacer anuncios con agencias. Seguíamos trabajando con el nombre de CANADA dentro de otras productoras. El dinero que ganábamos lo invertíamos en la empresa.

LS: En madalenas.

NM: Hacíamos buenas guerras de madalenas, porque como ahora vienen envueltas en plástico, no se desmigajan. Así estuvimos dos años, como una especie de estudio de un director que era CANADA, produciendo material deficitario hasta que logramos que lo que hacíamos se viera fuera y se amplió nuestro mercado.

¿Eso fue por el videoclip de El Guincho?

AB: Ese fue el punto de inflexión

NM: Lo vio poca gente, pero en todas partes.

LS: Fue como, hostia… ¡Estamos en el mundo!

AB: Hacíamos clips de cuatro mil o cinco mil euros y de repente con Scissors Sisters fue un cero más. Ahí entró Óscar Romagosa, productor ejecutivo y pasamos a ser una productora. Aquí ha sido a la inversa, de un director ha salido una productora y no de una productora un director, como es habitual.

Le dijisteis que no a Madonna.

AB: Nos lo pidieron de un domingo para un lunes

LS: No es que le dijéramos que no a Madonna, es que no podíamos. Fue imposibilidad. Estuvimos los tres en tres ordenadores distintos a ver qué se nos ocurría y no se nos ocurrió nada.

AB: Los proyectos megagordos son así, te lo piden para el día siguiente y rodar en una semana. Es para decirles: «Venga, tío».

NM: El otro día mandaron una canción de The Carters, el proyecto de Beyoncé y Jay Z, que era para rodar en seis días en París. Nosotros tardamos normalmente dos meses en preparar un clip. Lo intentamos, enviamos una propuesta a ver si decían que sí, pero nos respondieron: «They don’t likeit» y se acabó. Para que hagamos un clip se tienen que dar muchas circunstancias. Puede que acabemos de grabar uno, que haya llevado dos meses, y no podamos hacer otro porque es un gasto, es una inversión para la productora. Puede llamar no sé quién, quien sea, que nosotros no nos metemos en otro fregado. Llegan canciones todos los días. Un día enviaron los Rolling Stones, también pidiendo una propuesta de un día para otro, y nosotros estábamos en Los Ángeles. Paul McCartney lo ha hecho dos veces. De Beyoncé han llegado varias. Encima con presupuestos de cien mil dólares, que son ridículos.

LS: Cien mil dólares se los gasta Beyoncé en pasta de dientes.

NM: Para una producción que mueve a sesenta personas calcula solo en sueldos lo que puede ser. Ellos juegan también a que a ti te interesa, porque hacerle un vídeo a Beyoncé te da una visibilidad que… Luego sí que es verdad que se aumentan los presupuestos, pero el de Madonna que hizo Megaforce, que son unos franceses muy buenos, nos contaron que empezó con doscientos mil y acabó en setecientos de los que trescientos mil se fueron en peluquería de ella. Con peluquería me refiero a sus tres asistentes, la ropa y tal. Pero pueden permitírselo, Tame Impala vinieron con treinta mil euros y luego nosotros ponemos mucho más, porque un clip no cuesta eso, evidentemente.

En el de Phoenix había horror vacui, los músicos hacían de todo y pasa todo lo posible. ¿Qué pudo costar eso?


LS: No sé si es realista decirlo. Una cosa es lo que cuesta y la otra lo que vale. La cifra que te podamos dar no representa tampoco lo que vale. Siempre llega pasta, pero tú pones más.

AB: Hacer un clip es nuestra publicidad en el fondo, luego vienen clientes a buscar eso que hemos hecho en el vídeo musical.

MN: Si sale bien, te da para un año trabajando.

Pero de dónde salió la idea de hacer… todo.

MN: La canción iba sobre ser lo más ‘cool’ posible, por eso hacen tantas cosas.

Siempre ponéis algo ‘vintage’ en vuestros vídeos, desde los muebles en el clip de She&Him, las patillas del primer tipo que sale en el de Scissor Sisters…

LS: Lo que ocurre es que lo antiguo permanece: si ves un mueble de los años veinte, ahora te parecerá de los años veinte, pero entonces era del presente. El presente pasa desapercibido en el presente. Dentro de veinte años lo que pasaba en 2018 será totalmente 2018, pero ahora no lo ves. Ahora solo detectas lo que puedes etiquetar como de los ochenta o como setentero. Lo antiguo está connotado y lo contemporáneo todavía no.

En el de Vogue, sale ahí un Volvo antiguo también.

NM: También ocurre que, por ejemplo, cuando fui a comprarme un coche, me encantaba un Honda que resultó ser del 96. Y si ves el de ahora es que es horrible. Son también los gustos que tienes.

LS: También había cosas feas antes, pero sobrevivieron las bonitas. Selección natural que nos afecta a todos.

Vuestro sello discográfico tiene cuatro mil seguidores en YouTube, el canal de Vimeo de la productora tiene 144 000 ¿Por qué mantenéis la discográfica?

LS: No la montamos para hacer dinero, sino para hacer discos. Dos objetivos opuestos. Tanto que ya no hacemos discos, pero llevamos a los artistas que nacieron al amparo de la marca. Tenemos una pulsión un poco fetichista y nos gustaba la idea de sacar vinilos más que cedés. Para mí, por poner una metáfora un poco cursi, el sello es un pulmón. Al no ser una idea para forrarte, es un entorno que es bueno dentro de una empresa. Hay que trabajar para que no haya pérdidas, su contexto es la supervivencia, pero son más libres, la gente joven se acerca, se hacen fiestas. Es una vía de salida y de contacto con la juventud, que es fundamental para nosotros. Y no lo hacemos porque creamos que nos va a dar ‘followers’ entre los jóvenes, sino porque nosotros empezamos con esto siendo jóvenes y nos pasábamos la vida en los bares.

AB: Nuestra conexión con la música era evidente, hacíamos videoclips, por eso quisimos involucrarnos más. Porque haces un vídeo y al final termina siendo un link. Curramos mogollón y solo queda una url. Tener el objeto lo veíamos como algo bonito. Canadá Editorial es como otro mundo. La gente de la música se sorprende al descubrir que luego también hacemos anuncios y viceversa.

Montáis las famosas fiestas Marabú.

NM: Empezaron en la sala Marabú, por eso tienen ese nombre. La discográfica la llevan Borja Rosal, Alba Blasi y Juan Cervantes, les pedimos que intentaran sacar provecho a la infraestructura que teníamos. Su trabajo diario era intentar vender discos, lidiar con grupos, organizar los conciertos y como era difícil ganar un sueldo decente así, organizamos también las fiestas.

AB: La primera fiesta se llamó Nueva Época porque se hizo en la sala Nueva Época. También queríamos rescatar sitios por los que no habíamos salido, pero siempre habían estado ahí. Salas de rollo latino o donde iba gente mayor a bailar, pero que eran muy chulas. Queríamos recuperarlas.

NM: Al final, el sello es más que nada la oficina de ‘management’ de los artistas.

¿Cómo pudisteis fichar a Bad Gyal?


Borja Rosal: En el Marabú dio uno de sus primeros conciertos y ahí nos conocimos. Ella no necesitaba un sello exactamente, sino una plataforma de desarrollo.

AB: Muchos medios querían contactar con ella y no sabían cómo, y como yo llevo prensa de otros artistas y conozco a los periodistas, me llamaban a mí. Le empecé a pasar entrevistas a Bad Gyal y ahí surgió la relación. Fue todo muy natural y al final los artistas siempre necesitan a la prensa.

Se ha dicho que era una estrella que no necesitaba discográfica, que estaba cambiando el sentido de la industria porque con YouTube le bastaba.

FC: Al final lo que se ha construido es una oficina que hace de sello, le llevamos el ‘management’.

AB: A la palabra discográfica le tienen pánico. Rechazo. Siempre ha estado esa idea de que las discográficas les sacaban el dinero y esta generación se dio cuenta de que por ellos mismos podían llegar lejos autoeditándose. Pero cuando tienen repercusión, un artista necesita una estructura. Otros artistas no, siguen tirando solo de YouTube. Pero ella sola no puede con todo lo de derechos digitales, ‘royalties’, etc…

FC: Esta generación de música urbana que está llegando al ‘mainstream’ ahora, cuando hablan de no estar en una discográfica, a lo que se refieren es a no estar en una multinacional.

AB: Aparte, ahora a ella le viene mejor hacer un ‘story’ en su Instagram, que lo ven de golpe setenta mil personas, que dar una entrevista en la radio. Por otro lado, a una artista que ha llegado tan lejos ella sola no vas a llegar y a decirle: «Ahora te vamos a cambiar el estilismo». Nos limitamos a seguir su línea, amplificar sus ideas, etc… Ella gusta y tiene muy claro lo que le gusta y lo que no.

Al modelo de negocio de la discográfica que crea un producto se le ven las grietas.

FC: En parte sí.

AB: En el ámbito ‘mainstream’ ya verás ahora que ha triunfado Rosalía como saldrán de repente dos Rosalías más en Universal o Sony. El mercado ha funcionado así, buscando hacer artistas que se parezcan a los que triunfan en lugar de localizar talento y desarrollarlo.

De los vídeos de C. Tangana y Bad Gyal que hay colgados en vuestras redes me llama la atención que se les vea fumar y beber alcohol de esa manera, incluso hablan de drogas y salen ahí bolsas y rayas de cocaína, como eso de «no tengo tiempo para gramear» de C. Tangana, o en «Candela» de ella.

AB: Candela lo hizo Manson. Estaba Red Bull detrás, se llevaron a Bad Gyal a Jamaica para hacer unas ‘master class’ con un coreógrafo jamaicano. Nos contrataron para grabar un documental, pero aprovechamos para sacar también un clip. El de C. Tangana también es de Manson. A veces nos ha pasado que si hay una marca nos ponen unas condiciones. Pero las marcas que van a buscar a alguien como C. Tangana no son El Corte Inglés.

NM: Cuando hicimos el vídeo de Beck pusimos a una chica fumando y el representante de Capitol Records vino y nos dijo: «Esto Beck no lo querrá». Pero lo metimos y entró.

LS: Nosotros hacemos lo que el artista hace. Si él fuma y bebe y sus letras van de eso, pues eso sacamos.

AB: C. Tangana hace lo que le da la gana y tiene a todo el mundo acercándose a él. Solo ha cambiado que en el «Antes de morirme» hablaban de follar y tal, cosas que no pueden salir en ‘Los 40 principales’. Luego «Mala mujer» es igual de gamberro, con su rol y tal, pero no dice follar y en ‘Los 40’ está. Son censuras absurdas, tampoco puedes enseñar un pezón en Facebook. Mucha gente acusa a C. Tangana de haberse vendido al ‘mainstream’, pero sigue haciendo vídeos atrevidos. Yo creo que hace lo que quiere y ahora todas las marcas se quieren acercar a ellos.

A la hora de estar en contacto con la gente de veinte o veinticinco años, que decís que os da frescura. ¿Hacéis ‘scouting’ por YouTube?


NM: Intentamos estar al loro de lo que hacen los jóvenes e intentamos que entre sangre fresca en CANADA.

AB: Los equipos de producción jóvenes pueden tener poca experiencia, pero tienen una energía que hace que las cosas se hagan de otra manera. Por eso seguimos intentando estar conectados con las nuevas generaciones y traer a gente que acaba de terminar sus estudios.

El noventa por ciento de realizadores que contratáis no tienen pasado en otras productoras.

NM: Casi siempre buscamos gente joven que no tenga carrera.

AB: Nos gusta coger gente con su personalidad, pero que le falte todavía, y que crezca aquí con nosotros.

En TV3 se parodió vuestra modernidad, se considera que pertenecéis a un mundo ‘hipster’, pero ¿qué es lo ‘hipster’?

LS: Tengo la sensación de que lo ‘hipster’ es una palabra que utiliza alguien desde una perspectiva un poco provinciana cuando encuentra algo que no es capaz de entender. Ve algo joven, moderno, retro o lo que sea y lo llama ‘hipster’ y se queda tan tranquilo. Es algo con una connotación despectiva, cargado de desprecio.

NM: Me parece curioso, porque estamos al día de las cosas que suceden, pero nuestras referencias son clásicos. Cuando hablábamos de los vídeos de Rosalía, hablábamos de Saura, de su ‘Carmen’, de Bigas Luna…

LS: Parece también que el ‘hipster’ es un apropiacionista (risas) de lo retro, el que va a la biblioteca, toma un libro de algo antiguo y se pone barba porque pensaba que se iba así en los setenta. Si ese es el hipsterismo, nosotros no somos así. Somos contemporáneos a nuestra propia vida, de niños los ochenta, y luego los noventa, que tenías referencias culturales pero no te preocupabas de qué época era cada una.

Tenéis una oficina en Londres. ¿Qué diferencias hay allí comparado con España en este negocio?

LS: Estar en la capital de mundo que inventó el capitalismo y luego España, que se resistió de alguna manera… (risas) En términos generales, para empezar, las agencias de Londres son más arriesgadas. Tienen un diálogo menos jerarquizado y menos hermético con la gente que contratan, con los realizadores y las productoras. Es un diálogo más al mismo nivel. Porque no consideran que tengan que hablar contigo en un idioma distinto, te dicen lo que quieren, generalmente buenas ideas, y tú trabajas siguiendo esa senda. Hay más naturalidad.

NM: Vienen a buscar algo diferenciador, sea lo que sea. Eso no pasa tanto en España. En la industria de la publicidad en España, que es de lo que nosotros vivimos, lo que impera es el miedo y el conservadurismo. Aquí todo el mundo trabaja en una especie de mini pánico porque piensa que le van a echar.

LS: Y el miedo al de arriba se convierte en menosprecio al de abajo.

AB: Nosotros que trabajamos con directores jóvenes, nos cuesta a veces venderlos porque no tienen anuncios en su currículum. Igual han hecho videoclips y cortos, es un tío que sabe, pero no lo quieren para un anuncio porque no ha hecho anuncios. O si quieres hacer un anuncio de coches, te dicen que es que nunca ha hecho coches. Pero algún día tendrá que hacer el primero ¿no?

NM: Aquí no nos los coge nadie, los mandamos a Londres, allí sí ven que son buenos, los contratan, hacen tres anuncios y entonces sí que los quieren en España. De hecho, es que aquí nunca se fijaban en los videoclips que teníamos, lo veían como cosas raras. Sin embargo, en Londres en lo que se fijan es en eso. Allí no querían saber nada de nuestros anuncios.

AB: Un director que en España lleva tres años intentando meter algo, que tienes tú que gastarte dinero en su trabajo, de repente va a Londres, le cogen y le dan un presupuesto razonable.

NM: Porque se arriesgan, si ven que tiene un elemento diferenciador le cogen para dejarle hacer.

LS: Pero tampoco es jauja.

NM: Sí, pero son conscientes del riesgo que implica. Si quieres hacer algo bueno, siempre tiene que estar en el límite de que sea una mierda.

LS: Son más cosmopolitas, si ven algo fuera que pueda enriquecer la cultura británica, lo toman. Eso sí que es buen apropiacionismo. Integra la diferencia y el talento. España es más homogénea y más pacata.

NM: Al final, el miedo se traduce en que no te dejan trabajar. Están encima de ti, hay falta de confianza. Los que te dejan trabajar, que en España también te los encuentras, son después los que más éxito tienen.

LS: Luego, en lo malo, en el mundo anglosajón son demasiado simpáticos y un poco falsos. Todo es ‘amazing, amazing’ y luego resulta que lo que tienen delante es una pared pintada.

La magia hoy día está en la sala de posproducción, es una frase vuestra.

LS: Antes si a Buster Keaton se le caía una casa encima tenía que estar ahí, atento al hueco de la ventana, para que se le cayese, porque se le caía en sentido literal. Eso ahora lo haces en la mesa de posproducción. Antes el cine se llamaba cine de atracciones, cogían y te electrocutaban un elefante y se grababa, o se hundía un barco. Luego esa ilusión, que era verdadera, se falsificó. Pero sigue habiendo de todo, Zemeckis rodó una película entera con un fondo verde y luego la hizo en posproducción. Wes Anderson, sin embargo, prefiere poner todo delante de la cámara.

Lo relacionabais con las redes sociales, donde nos damos posproducción a nosotros mismos.

LS: Bueno, lo que la gente hace ahora en las redes sociales ya se hacía antes. La gente se maquillaba para parecer más guapa, hombres incluidos, en el siglo XVIII. Lo que pasa es que ahora el salón donde se juega a las cartas en ‘Barry Lyndon’ es todo. Es tu cuarto, es tu casa, es todo, todo, todo. Pero la vanidad que criticamos hoy en día es la misma de hace siglos. Los seres humanos son muy parecidos, cambian las condiciones, que también cambian al ser humano, pero no me atrevería a decir que antes éramos menos presuntuosos y más elegantes y ahora menos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

#hemeroteca #identidades #musica | Querida Rosalía, disculpe las molestias

Imagen: ctxt / Rosalía en 'Malamente'
Querida Rosalía, disculpe las molestias.
Algo se mueve en la juventud andaluza. De las letras de los Carnavales al auge de cuentas de humor andalucistas en redes se percibe un movimiento de reclamación y dignificación de la identidad cultural de Andalucía.
Jesús Jurado | ctxt, 2018-08-01
http://ctxt.es/es/20180801/Firmas/21067/Rosalia-andalucismo-cultura-Jesus-Jurado.htm

Como están los ánimos caldeados con este tema, querría comenzar haciendo dos puntualizaciones. La primera, que sin llegar a ser fan, sigo con agrado el trabajo de Rosalía desde que publicó ‘Los ángeles’ en 2016. La segunda, que todo lo que viene a continuación es más una intuición que una certeza; un intento de comprender el surgimiento de esta polémica más que una toma de posición ante la misma. Una forma, en fin, de sacar algo en claro de esta y otras discusiones, tan acaloradas como efímeras, que vemos con frecuencia en las redes sociales.

Suele situarse el origen de la polémica en este hilo de Noelia Cortés, publicado en los últimos días de 2017, poco después de la aparición del single 'Aunque es de noche' en el que Rosalía versionaba a Enrique Morente. El debate sobre el antigitanismo y la apropiación cultural saltó pronto de Twitter a prensa, con artículos como éste de Víctor Lenore, para después apagarse durante algunos meses y volver con más fuerza aún en mayo de 2018 con la publicación de 'Malamente' y en estos días con la llegada de 'Pienso en tu mirá'.

Como aficionado a Rosalía esta polémica me suscitaba y suscita sentimientos contradictorios. Por un lado reconocía la razón de quienes denuncian la invisibilización de artistas gitanas y andaluzas y la arrogancia de algunos críticos que se lanzaron alegremente a hacer odiosas comparaciones que Rosalía no necesita; por otro me rechinaba profundamente censurar a una artista que en sus primeros trabajos había sido capaz de recuperar y actualizar con éxito canciones olvidadas para el gran público, y que ahora proponía, con audacia, nuevas formas de fusión que podían tener un potencial inmenso a la hora de mantener al flamenco como un arte vivo y de vanguardia. Pero, ante todo, la polémica me suscitó una gran pregunta: ¿por qué surge en ese momento y no antes, por qué contra Rosalía y no contra cualquier otro músico de todos cuantos han empleado, con mayor o menor fortuna, elementos flamencos en sus producciones?

Vamos primero con el momento en que surge esta polémica. Quienes sean adictos a Twitter recordarán que la de Rosalía no fue la única polémica en enero de 2018. Fue inmediatamente seguida de otra mucha mayor sobre el uso del acento andaluz en 'La Peste', la superproducción histórica de Movistar+, que llevó a tuitear hasta a la presidenta andaluza, Susana Díaz. De igual modo recordarán que a mediados del pasado mayo no sólo discutimos sobre ‘Malamente’ sino también sobre la carta de Kichi a Monedero en la que el alcalde gaditano explicaba al profesor, entre otras cosas, que a los andaluces “nos molesta como una ardentía que imiten nuestro acento, que toqueteen nuestro arte con descuido, con malaje”. El último episodio, del mes de julio, coincidió también con otro menor aunque acalorado debate sobre Al Ándalus y la Edad Media andaluza. ¿Tienen algo que ver? ¿Son meras coincidencias temporales o expresan una corriente de fondo, un cierto estado de las cosas? Mi intuición, después de debatir largo y tendido con varios amigos por mejores medios que el intercambio de tweets, es que están íntimamente ligadas y son síntomas de un mismo fenómeno: la emergencia, todavía incipiente y difusa, de un nuevo andalucismo.

El 65,5% de los andaluces considera que en la esfera pública “se sigue utilizando el acento andaluz de forma ridícula, como si fuera inferior”, según el Barómetro Audiovisual de Andalucía; 23 puntos porcentuales más que hace diez años. Entre estudiantes, la cifra se eleva al 76%. Puede que sea efecto de una década de crisis que se ha vivido en Andalucía de forma más intensa y duradera que en el resto del Estado, puede que sea reflejo del conflicto catalán, puede que sea simplemente un agotamiento de la cultura de la transición en su declinación andaluza, puede que sea todo esto a la vez. Pero lo cierto es que algo se mueve en la juventud andaluza. De las letras de los Carnavales al auge de cuentas de humor andalucistas en redes sociales, de los monólogos de Manu Sánchez al rap de Gata Cattana, se percibe en los últimos años un cierto movimiento de reclamación y dignificación de la identidad cultural andaluza.

Un movimiento que se esfuerza en resignificar en clave moderna, progresista y feminista elementos culturales largamente asociados a una cultura conservadora y casposa y que reivindica, disputando el relato histórico oficial, las fuentes gitanas, árabes o africanas de la cultura andaluza. En este sentido entronca fuertemente con los propósitos del andalucismo cultural de los setenta y ochenta, los años del éxito del flamenco protesta y el rock andaluz. Si, en palabras de Antonio Manuel, “entonces ser andaluz era ser moderno, una declaración de principios frente al tardofranquismo”, hoy ser andaluz quiere significar otra cosa que participar en el programa de Juan y Medio.

Si este es el contexto que puede ayudar a comprender por qué la polémica nace ahora y no hace unos años, queda responder a la segunda cuestión. ¿Por qué contra Rosalía? Sin duda la introducción de nazarenos y toreros en el videoclip de ‘Malamente’ levantó algunas ampollas entre quienes están cansados de verse siempre reflejados en los mismos estereotipos. Pero imagino, llevando la hipótesis algo más lejos, que el problema es más profundo. Si este nuevo andalucismo reivindica las producciones culturales que actualicen en clave feminista y moderna la identidad andaluza; entonces el éxito de Rosalía es, en cierto modo, una ofensa y un obstáculo a sus propósitos. Una ofensa porque, sin cuestionar su mérito, el éxito de Rosalía es también fruto de las ventajas comparativas derivadas de producir desde una metrópoli global como Barcelona y no desde una localidad andaluza. Y un obstáculo porque el origen catalán y el discurso cosmopolita de Rosalía desligan esta nueva ola de fusión flamenca de una identidad netamente andaluza, desactivando en cierta medida su potencial político.

Sostengo que estamos, sí, ante una disputa política. Muchos se preguntan, con razón, qué sentido tiene hablar de apropiación cultural cuando todos los estilos musicales en boga son hijos del mestizaje más promiscuo. Pues bien, discutimos sobre apropiación cultural cuando se construye un sujeto colectivo que reivindica determinados elementos culturales como propios. O podemos plantearlo a la inversa: sólo es posible construir una identidad colectiva reclamando la propiedad sobre determinados elementos culturales, y esa es una operación que sólo se puede realizar denunciando su apropiación por parte de un otro. Que no se me malinterprete: esto no quiere decir que yo defienda un flamenco sólo, por y para andaluces, entre otras cosas porque es, desde 2010, patrimonio inmaterial de la Humanidad. Lo que intento hacer comprender es la importancia o, si se prefiere, la inevitabilidad de que surjan denuncias de apropiación cultural cuando hay un proceso de construcción nacional/popular en marcha, aunque sólo sea como manifestación de una disputa hegemónica, de una batalla cultural por definir qué define a quién. Pero cuidado, si asumimos este debate como síntoma de una disputa política de fondo, conviene no perder de vista el riesgo real de tomar el síntoma por la verdadera dolencia; de caer en una suerte de esencialismo identitario que, lejos de contribuir a la construcción de una Andalucía abierta y progresista, acabe estrechándola más y más en pos de una pureza imposible.

Como decía el cartero de Neruda, “la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”. Y hoy las andaluzas y andaluces necesitamos con urgencia reapropiarnos de la poesía, la música, el cine y la cultura para (re)constituirnos como una comunidad con voz propia y superar la brecha que nos condena a tener vidas más breves y más duras que las de nuestros vecinos del norte. Querida Rosalía, disculpe las molestias, pero nos estamos levantando.

Jesús Jurado es politólogo. Andaluz en el exilio madrileño.

lunes, 30 de julio de 2018

#hemeroteca #identidades | Rosalía y la idea de España

Imagen: El Diario / Rosalía en 'Pienso en tu mirá'
Rosalía y la idea de España.
El problema no es Rosalía sino la narrativa que Rosalía retrata en su videoclip. Lo de Rosalía no es apropiación, sino expropiación.
Dina Bousselham · Secretaria de Comunicación de Podemos en la Comunidad de Madrid | El Diario, 2018-07-30
https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Rosalia-idea-Espana_6_798330177.html

En la actualidad, sin embargo, casi todo el mundo está siendo explotado y expropiado simultáneamente. (...) Si los que sufren de ello pueden entender que la expropiación y la explotación son dos elementos analíticamente distintos, pero prácticamente aunados en un solo sistema capitalista, podrían concluir que comparten un mismo enemigo y que deberían unir sus fuerzas. – Nancy Fraser

“Pues eso, que hablen de mí, aunque sea mal”. Andrea Levy decía esto en un artículo hace un par de días en defensa de Rosalía. No me quiero extender en la polémica en torno a la cuestión de la reapropiación o no cultural, pero si quiero apuntalar un par de elementos que nos ayuden a reflexionar:

Rosalía es una cantante catalana que acaba de sacar un nuevo tema titulado “Malamente”. En el videoclip se pretende recrear un ambiente choni, cani, un rollo gitano cool valiéndose de una simbología que ahonda en los tópicos de lo que es “ser andaluz”, “ser gitano”, “ser choni”, “ser trapero”, “ser religioso” o “ser torero”.

El problema, como han venido diciendo algunos, no es que una catalana diga “illo” o vaya en chándal. La periferia de Barcelona es un nido de catalanes-andaluces, chonis, gitanos, clase obrera en su mayoría, que escuchan por cierto flamenco, trap, rap y a Beyoncé.

El problema no es Rosalía sino la narrativa que Rosalía retrata en su videoclip. Una narrativa construida precisamente por los “padres” políticos e intelectuales de Andrea Levy y que ha consistido durante muchos años en invisibilizar, perseguir, marginar y expropiar todo aquello que no encaja en la “identidad española”. Una identidad que se enorgullece del Cid Campeador, de los Reyes Católicos y a la que le da asco “lo gitano”, “lo exótico”, y sobre todo, “lo pobre”, al que por cierto se le asocia con lo cutre.

Lo que mola es ver a alguien en chándal tocando palmas al grito de malamente. Lo que es cutre es verlo en tu barrio, o en tu ciudad. Ya lo explicaba Owen Jones, en su libro ‘Chavs, la demonización de la clase obrera’. Los jóvenes que se pasan el día en el polígono, aquellos que ni trabajan ni estudian, ni tienen nada, aquellos que se ven abocados a la droga, a un futuro incierto, aquellos que viven en la Cañada Real, a los que nadie les preocupa que no tengan tarjeta sanitaria. Los nadie que diría Galeano, y a los que la derecha -y lamentablemente- cierta parte de la izquierda les trata con una superioridad moral. Esos no aparecerán en ningún videoclip. No vaya a ser que estropeen la estética de una industria cultural que sólo busca ganar pasta.

Lo de Rosalía no es apropiación, sino expropiación.

Lo que en el fondo está en debate es precisamente la idea de España. ¿Qué es España? ¿Qué España -como proyecto- queremos construir? ¿La que defiende Andrea Levy? La mía desde luego no. España se ha construido durante siglos y siglos sobre una identidad que ha operado como un rodillo frente a la otredad. El colonialismo ha sido el mejor instrumento para ello. Durante el franquismo, funcionó esa misma simbología para reforzar el mito nacional. Toros, la pureza del “español”, la superstición, el desprecio y la exotización de todo aquello que no encaja en ese proyecto (véase, lo gitano) y un largo etcétera.

Recordemos que con Franco el caló fue fuertemente perseguido, y se definió como “un idioma de vagos, maleantes y delincuentes, expidiendo a partir de 1943 una orden expresa de la Guardia Civil para perseguir y despiojar a los gitanos”. Pero la mística gitana le molaba. Al igual que el flamenco. Al igual que para Macron hoy el inmigrante que rescato a un niño en París trepando un edificio empezó siendo considerado un “sale noir” y cuando salvó al niño era francés.

Esos símbolos tenían como objetivo asociarlo a la unidad de la patria, por eso hoy no podemos obviar de una manera naif el papel que juegan esos símbolos en la sociedad y en esa construcción histórica de la idea de España. Gitanos, árabes, negros, afrodescendientes, latinos forman parte de nuestra identidad española: una identidad plural. Sobran las miradas desde el desprecio, la ridiculización y la invisibilización, y falta normalizar una identidad que en la calle es diversa, y que tiene en común un elemento que lo vertebra todo: la cuestión de clase; la desigualdad.

El problema es que mientras escuchamos a Rosalía, la extrema derecha está repartiendo comida sólo a españoles (ahí no entramos ni moras, ni gitanos, ni negros…). Mientras al otro lado en las 3.000 viviendas de Sevilla hay familias que no consiguen poner la mesa. En el fondo este artículo que no pretende golpear a Rosalía sino la narrativa que hay detrás, señala lo peligroso que puede resultar caer en la trampa de aplaudir esos tópicos sin entender lo que suponen como arma contra el “otro”.

Urgen debates donde hablemos de una España capaz de entender esto. Una España capaz de ofrecer un proyecto de país emancipador y que le hable no sólo a los universitarios de clase media, sino también a esos chonis, canis, traperos, gitanos entre tantos otros.

Ser iguales cuando la desigualdad nos perjudica y ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza. Para eso no sólo habrá que ganar elecciones, sino también transformar la sociedad, para que se deje de atribuir elementos negativos a quienes formamos parte de España. Peleemos para que deje de resultar ‘cool’ (y exótico) ver eso en videoclips y para que se deje de demonizar a los de abajo.

Y TAMBIÉN…
¿Por qué Rosalía va a ser la próxima súper estrella del pop?

Su nuevo sencillo 'Pienso en tu mirá' sumó un millón de reproducciones en 24 horas en YouTube.
Javier Marmisa | Tentaciones, El País, 2018-08-02
https://elpais.com/elpais/2018/07/26/tentaciones/1532631522_826799.html
'Malamente' es la nueva 'Macarena': la América de Trump se rinde a Rosalía.
Las dos primeras canciones de su nuevo álbum, 'El mal querer', suman alrededor de 20 millones de reproducciones en Spotify y YouTube. El 'New York Times' la corea. No escuchaba un 'hit' español de este calibre en EEUU desde Los del Río y Las Ketchup.
Javier Íñiguez de Onzoño | El Español, 2018-08-02
https://www.elespanol.com/cultura/musica/20180802/malamente-nueva-macarena-america-trump-rinde-rosalia/327218028_0.html
Cataluña quiere ser España y Rosalía te lo demuestra (sin complejos).
Esta catalana de 25 años ha estallado en un 2018 convulso, en un país acomplejado con sus símbolos identitarios -de la bandera al himno-, en una península que no termina de cicatrizar su Guerra Civil.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2018-08-02
https://www.elespanol.com/cultura/musica/20180802/cataluna-quiere-espana-rosalia-demuestra-sin-complejos/326968431_0.html
¿Quién teme a Rosalía?
La estética y las canciones de la cantante han encendido la mecha de la polémica en torno a la apropiación cultural. La respuesta de Rosalía es ejemplar.
Andrea Levy | Vanity Fair, 2018-07-24
https://www.revistavanityfair.es/la-revista/articulos/andrea-levy-rosalia/32389
Los celos son violencia: el nuevo vídeo de Rosalía destruye el amor romántico.
En 'Pienso en tu mirá', la artista canta a los celos, y en el vídeo los neutraliza y los derriba. Aquí diez símbolos de la lucha contra las pasiones tóxicas: del 'Varón Dandy' al camión ardiendo.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2018-07-24
https://www.elespanol.com/cultura/musica/20180724/celos-violencia-nuevo-video-rosalia-destruye-romantico/324968397_0.html
Así se modernizan siete tópicos (viejos y nuevos) españoles.
En menos de tres minutos, la cantante Rosalía transforma en 'cool' símbolos que muchos consideran rancios. Su nuevo videoclip, 'Malamente', ya es el último fenómeno de las redes en España.
Icon, El País, 2018-06-01
https://elpais.com/elpais/2018/05/30/icon/1527691092_555624.html
Los gitanos atacan a Rosalía: "Usa nuestros símbolos como pestañas postizas".
Capotes, nazarenos, vírgenes tatuadas... la comunidad gitana se ha indignado por la utilización "vacía" de elementos calés y de léxico andaluz en el último vídeo de Rosalía. Hablamos con una activista y un experto en Estudios gitanos.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2018-05-31
https://www.elespanol.com/cultura/musica/20180531/gitanos-atacan-rosalia-usa-simbolos-pestanas-postizas/311468865_0.html
¿Rosalía antigitana? Arrecia el debate sobre el presente y futuro del flamenco.
La disputa a propósito de la niña mimada de la prensa musical española crece y se convierte en una enmienda a a la totalidad del estatus del cante jondo actual.
Víctor Lenore | El Confidencial, 2018-01-15
https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-01-15/flamenco-rosalia-debate-cante-siglo-xxi_1504553/
¿Y si la cara del flamenco actual fuese Alba Molina?
Jenesaispop, 2018-01-04

http://jenesaispop.com/2018/01/04/316948/la-cara-del-flamenco-actual-fuese-alba-molina/
¿Es justa la acusación de “antigitanismo” hacia Rosalía?.
Raúl Guillén| Jenesaispo, 2017-12-28

http://jenesaispop.com/2017/12/28/316709/justas-las-acusaciones-antigitanismo-apropiacionismo-hacia-rosalia/

martes, 24 de julio de 2018

#hemeroteca #identidades #musica | ¿Quién teme a Rosalía?

Imagen: El País / Fotograma de 'Malamente' con Rosalía
¿Quién teme a Rosalía?
La estética y las canciones de la cantante han encendido la mecha de la polémica en torno a la apropiación cultural. La respuesta de Rosalía es ejemplar.
Andrea Levy | Vanity Fair, 2018-07-24
https://www.revistavanityfair.es/la-revista/articulos/andrea-levy-rosalia/32389

Ojeando hace un tiempo una revista me encontré con una fotografía de Dalí en la que posa delante de la cámara con gesto reflexivo y una langosta encima de la cabeza. Decidí recortar la página y enmarcarla. En momentos de polémicas la miro de reojo y me digo: “Pues eso, que hablen de mí, aunque sea mal”.

Hoy en día hay que ofenderse para demostrar personalidad. El costumbrismo patrio ya no es la rajada detrás del visillo: ahora se lleva indignarse ante todos, agitar la crítica a golpe de tuit. Ser tolerante se ha convertido en algo melifluo, muy de principios de siglo. Dime qué te hace ponerte más verde de ira que Hulk y te diré quién eres.

Un colectivo que suele gritar muy fuerte es el de los puristas antiapropiación cultural. Estos andan revueltos últimamente con la cantante catalana Rosalía, que, según ellos, no puede dárselas de cantaora porque para el flamenco hay que tener pureza de raza y vestir acorde a los cánones estéticos. Ella se defendía así en una entrevista reciente: “Hay gente que se cree que son propietarios y administradores de la cultura, da igual cuál. Que la cultura es suya, y la cultura no tiene propietario, es de todos.”

¡Amén! Y es que en el videoclip de su hit 'Malamente', ha polemizado sobre los límites al respeto de la tradición gitana. En él se mezclan el toreo, la Semana Santa y palmas al mal querer con estética #YosoylaJuani, motos, ‘tunning’ y ‘trap’. El debate identitario está servido con todos los prejuicios. Rosalía ha pulverizado el cliché con una puesta en escena innovadora y con él ha revuelto las entrañas del flamenco.

Esto la convierte en la cantaora que una nueva generación necesitaba. La de una España capaz de valorar tanto su vasto patrimonio cultural como para desempolvar sus tópicos y actualizarlos para abrirlos a nuevos públicos. Por ello, nada que temer. Al contrario: agradecer que se mantenga más vivo que nunca y sonando con fuerza en circuitos donde antes no hubiera tenido espacio, como el Festival Sónar. ¡Qué hablen de ti, Rosalía! 

jueves, 31 de mayo de 2018

#hemeroteca #culturas | Los gitanos atacan a Rosalía: "Usa nuestros símbolos como pestañas postizas"

Imagen: El Español / Rosalía
Los gitanos atacan a Rosalía: "Usa nuestros símbolos como pestañas postizas".
Capotes, nazarenos, vírgenes tatuadas... la comunidad gitana se ha indignado por la utilización "vacía" de elementos calés y de léxico andaluz en el último vídeo de Rosalía. Hablamos con una activista y un experto en Estudios gitanos.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2018-05-31
https://www.elespanol.com/cultura/musica/20180531/gitanos-atacan-rosalia-usa-simbolos-pestanas-postizas/311468865_0.html

La nueva canción de Rosalía, ‘Malamente’, va a traer cola: ha indignado a ciertos sectores de la comunidad gitana -y de la andaluza- por incluir símbolos propios del imaginario calé, en un ejercicio que los ofendidos califican de “apropiación cultural”. Expresiones sureñas impostadas por una “paya catalana” -como “illo”-, palmas, oros, escuelas taurinas, centros florales y hasta un nazareno apoyado en un skate con pinchos -como quien hace una promesa en Semana Santa-. Las críticas se basan en que la artista usa elementos estéticos de un pueblo oprimido desde una posición de privilegio, sin haberlos interiorizado, sin respetar su raíz. La activista gitana Noelia Cortés cree que Rosalía “usa a los gitanos como algo cool que incorporar a su disfraz, pero no le importamos socialmente hablando”.

“Cuando sientes cariño y respeto hacia una cultura ajena se nota: eso se traduce en nutrirse y compartir. Es bonito, de ahí manan cosas únicas, pero no es lo que está haciendo ella. Rosalía coge rasgos culturales ajenos, que son la resistencia de pueblos desfavorecidos históricamente, y los usa como quien se pone unas pestañas postizas”, relata Cortés. “Desde su privilegio racial y económico puede vestirse de barrio bajo y de marginalidad sin sufrir lo que sufre la gente que sí vive esas cosas. Habría que plantearse por qué ahora en 'Malamente' nombra a Undebel y se santigua, si es el Dios de los gitanos y a nosotros lleva tiempo ignorándonos o bloqueándolos al señalarle lo que no hace bien con nuestro pueblo”.

Recuerda Noelia Cortés que hay quien actúa “de corazón”, como Paco de Lucía, pero que éste no es el caso. Cree que el hecho de que Rosalía utilice postales taurinas o religiosas significa que es “una persona que pretende transmitir una cultura que no ha vivido, por eso cae en estos topicazos”: “La espiritualidad andaluza tiene que estar continuamente justificándose, porque a ojos de la gente somos unos catetos por canalizar nuestra esperanza en este tipo de símbolos. Pero en ella parece que representan pureza y revolución”. En cuanto al lenguaje, el “illo” le suena “impostadísimo, no lo ha dicho en su vida", y de su “malamente” se ríe: “A nosotras y nuestras madres nos lo han corregido fuera de aquí, para que hablásemos ‘bien’. Todo es una estética vacía que para mí no contiene homenaje, sabiendo que ni se molesta en escuchar a la gente que es lo que ella imita”.

¿Gitanismo o antigitanismo?
El historiador Rafael Buhigas -especializado en Estudios gitanos- no cree que lo que está haciendo Rosalía sea “apropiación cultural”, sino “expropiación”: “Recuerdo la frase de un historiador urbano que decía: ‘El espacio no se apropia, sino que se domina’. Esto quiere decir que la apropiación permite que el sujeto, en este caso, los gitanos, sigan siendo gitanos. Pero con la expropiación quitas algo más: eliminas al sujeto”, explica. La simbología y el léxico utilizado por la artista podría parecer “gitanismo”, pero, paradójicamente, raya en el “antigitanismo”.

“El antigitanismo cada vez es más sofisticado. Hay que tener en cuenta que el ‘gitanismo’ es una construcción que no han hecho los propios gitanos, sino que se ha hecho desde fuera, desde el poder dominante. Ha habido una persecución por parte de las autoridades coloniales de cada época. Lo que está haciendo Rosalía, expropiar al gitano, es algo que inauguró Miguel de Cervantes: estableció una distinción entre el gitano bueno y el gitano malo”, subraya. “El malo es el que no se adecúa al sistema. Y el bueno, como decía Carlos III, es aquel que deja de ser gitano. Aquel que se da a las artes… o que hace, entre comillas, lo que está bien visto”.

Recuerda el experto que, tras el impacto del neoliberalismo, “incluso al gitano bueno se le desdeña”: “Lola Flores ya pasó. Ahora sólo tenemos a payos asumiendo el papel del gitano como protagonistas, como en una obra de teatro. Eso es lo que hace Rosalía”. Capotes, camiones, vírgenes tatuadas en el costado… Buhigas sostiene que la artista “se ha creado un entramado simbólico muy curioso”, y se explica: “Se agarra a varios símbolos que utilizó el franquismo para la construcción del mito nacional, del mito romántico”.

Lo que Franco amaba (y lo que perseguía)
Ahí el toreo -“se representa como elemento casi natural del gitano, pero era una salida ociosa a las duras jornadas en el campo, y menos del 10% consiguió profesionalizarse”-, la superstición -“fue un arma de resistencia para subsistir económicamente en una sociedad que impedía la inclusión laboral del gitano”- y el idioma o la jerga. “Igual que a los traperos en general, a Rosalía le parece muy original usar palabras del caló, como Undebel. Pero dudo que sepa lo que es el dolor de no entenderte con tus mayores y perder un rasgo distintivo como es la lengua. Además de exotizar la jerga y encaminarla en el sentido que le quiso dar el poder dominante: ser una forma de entenderse entre delincuentes y paganos”.

“El caló se ha perseguido a lo largo de toda la historia. En el franquismo se definió como un idioma de vagos, maleantes y delincuentes; y en 1943 se expide una orden expresa: la Guardia Civil se encarga de perseguir a los gitanos en todos los aspectos cotidianos de su vida. Ahí ya había pocos que hablasen caló”. Sostiene que “Undebel” ni siquiera es un préstamo del caló al castellano, como “chaval”, “mola” o “currar”: “Ha tenido que buscar ‘Undebel’ en un diccionario calé. Es buscado, impostado. Para no pretender apropiarse...”, resopla.

Pero, si el caló fue perseguido por la dictadura, y la tauromaquia, el flamenco y el catolicismo fueron ensalzados por Franco como símbolos patrios, ¿qué connotación política tiene el producto de Rosalía? ¿Es franquista o es antifranquista? “Es paradójico lo que señalas, pero está bien visto, porque es justo lo que ha pasado en la sociedad española. Pese a perseguir y marginar al gitano, se utilizan sin pudor elementos de su vida cotidiana. Así, mediante el sincretismo y la mezcla, se intentan romper las líneas de sangre y la pureza para acabar con ese otro al que se detesta”.

El sesgo racista: por qué Rosalía sí y Alba Molina no
Rafael Buhigas alude a que, a pesar de que él escucha a Rosalía y la valora como artista, “su producto no es transgresor”: “Esto lleva haciéndose siglos, pero lo han hecho personas sin privilegios y entonces no era válido para la sociedad. Da igual que utilice los símbolos del toro y la Semana Santa para criticarlos o para ensalzarlos: al elegirlos, los está perpetuando. Sigue reproduciendo el mito romántico de España. Además, si estás en contra de los toros no pagas a una escuela taurina para que te dejen rodar el vídeo allí. ¿Por qué no se ha ido a la Escuela Amor de Dios, que es el mayor templo del flamenco y está en Antón Martín? Pues porque está llena de gitanos”.

Buhigas cree que la razón por la que Rosalía triunfa y otras cantantes como Alba Molina no acaban de cuajar en la industria es por una cuestión de etnofobia. “Pasa en el trap. Los chavales lo hacen como si fuesen negros del Bronx, pero en España no hay Bronx. Hay 3.000 viviendas y Cañada Real. Y allí hay gitanos, y quinquis, y gente cañí. Pero si un gitano se pone a hacer trap, se le insulta. La sociedad sólo lo acepta si lo hace gente como la del círculo de Rosalía”. Trascender artísticamente como gitano es complicado, apunta. “C. Tangana dice de Rosalía, por ejemplo, que es la nueva Lola Flores. Y no. Lola Flores pasó al imaginario popular por cosas como el ‘si me queréi, irse’, porque la gente se reía de ella, no por sus canciones”. Señala el caso de C. Tangana: “Él ahora ha hecho dembow, pero se ha ido a la República Dominicana y le ha producido gente dominicana. Hay una diferencia. Es otro respeto”.

Paco de Lucía y Lorca: el respeto
Qué se puede esperar, dice, de un país en el que se celebran Congresos de Flamencología y no invitan a ningún gitano. “Ojo a cuando Rosalía dice ‘sin ser gitana, tengo compás’. Es una forma de decir: no necesito ser ‘eso’ para tener ‘este algo’. Ahora hay mucha gente que pregunta: ¿y Lorca qué, y Paco de Lucía, qué, ellos no se apropiaban? Bueno, es que ellos vivieron entre gitanos, dedicaron su vida a los gitanos y fueron acogidos como gitanos de leche. Manifestaron el respeto necesario, que no es el de una paya que coge rasgos estéticos para hacer su promoción”. Y observa: “Ella no ha trabajado con gitanos ni en su vídeo sale ninguna persona gitana bailando. No me creo que no la encuentre, en un país donde hay un millón de gitanos”.

Es una propuesta “conservadora” que reproduce “tópicos”: “Intenta sofisticar el lumpen, empoderarlo. Pero sólo el 10% de la población gitana española vive en situación marginal y coincide con lugares donde hay maximización de la homofobia o el machismo. Pero el 90% no está en esos sitios y reproduce las dinámicas de la era industrial. Está perjudicando a los gitanos por eso: saca a la palestra las mismas ideas rancias de siempre”.