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sábado, 9 de marzo de 2019

#hemeroteca #trans #activismo | Carla Antonelli: 'Libertad se escribe con mayúsculas y tiene voz de mujer'

Imagen: El Día / Carla Antonelli
Carla Antonelli · Diputada del PSOE en la Asamblea de Madrid: 'Libertad se escribe con mayúsculas y tiene voz de mujer'.
Sergio Lojendio | El Día, 2019-03-09
https://eldia.es/sociedad/2019-03-09/32--Libertad-escribe-mayusculas-tiene-voz-mujer.htm

La vida de Carla Antonelli (Güímar, Tenerife, 1959) ha estado teñida de un arcoiris de colores y, ciertamente, ha sido de todo menos un camino de rosas.

La tinerfeña es diputada autonómica por el PSOE en la Asamblea de Madrid y su decisiva labor como activista por los derechos de las personas transexuales, con una participación destacada en la aprobación de diferentes leyes por la igualdad, está ampliamente reconocida y considerada en todos los ámbitos políticos y sociales. Bueno, en casi todos.

Pero no siempre fue así. Carla aún recuerda y lleva muy adentro los años duros de la Transición, su juventud traumatizada y reprimida, los cotilleos e insultos de la gente en aquel pueblo del sur de Tenerife que la vio nacer, de donde tuvo que salir poniendo tierra de por medio porque el ambiente era "irrespirable".

Pasado el tiempo, nada menos que 33 años después, regresó a su pueblo para recibir el premio de iniciativas turísticas de Güímar y, posteriormente, fue la pregonera de San Pedro, "pese al disgusto de algún cura", momento que para Carla representó un "exorcismo", desterrar los "demonios familiares".

Atrás, pero siempre vivos en la memoria y el corazón, quedan aquellos años oscuros, grises, donde tuvo que ganarse la vida como bailarina en la sala Britania, las brutales palizas de la Policía y el miedo cerval a la "secreta", la sombra amenazante de los calabozos en la Dirección General de Seguridad, víctima de aquella franquista y represiva ley de vagos y maleantes.

"Ya estaréis contentos maricones, ya tenéis democracia", recuerda que le espetó un policía en aquel verano de 1977, cuando tras cuarenta años de dictadura se abrieron por fin las urnas.

"Al final aprendes a sobrevivir, aprendes a que sistemáticamente te conviertes en una persona resiliente, capaz de transformar lo negativo en positivo. Si no, ¿de qué íbamos a estar aquí? Nos hubiéramos quedado por el camino, como desgraciadamente le ocurrió a tantísimas personas transexuales y homosexuales víctimas de la oscuridad, de las drogas, de la marginalidad; víctimas de los suicidios, de la incomprensión, del desarraigo familiar y del rechazo social".

Desde su particular memoria histórica, su experiencia personal, ¿considera que la sociedad española en su conjunto se encuentra ante una encrucijada vital para la defensa de sus libertades individuales y sus derechos?

Sin ánimo de parecer catastrofista, digo sí, y lo repito. Y no solo por lo que ahora está sucediendo en nuestro país, sino porque estimo que se trata de una tormenta perfecta en contra de los derechos a nivel global. Asistimos, sin duda, a un periodo de evidente involución. Las situaciones que se han conjuntado y alineado, como es el caso de la crisis económica, los recortes sociales, las altas tasas de paro representan un caldo de cultivo ideal para estos movimientos regresivos. Hay cuestiones que son cíclicas en la historia de la Humanidad y debemos recordar cómo se originaron los grandes conflictos.

En el escenario español ha irrumpido una formación política como Vox. ¿Cree que representa una amenaza cierta para la supervivencia de los derechos conquistados?

Se te plantea la duda de si contestar o no a estos grupos ultraradicales, que enarbolan a boca llena la bandera de la ultraderecha y que, de una manera descarada, quieren montarse una campaña de marketing a costa de provocaciones. Pero, al mismo tiempo, reflexionas y el cuerpo te pide unas respuesta contundente frente a determinadas situaciones, véase su veto en el Senado a una declaración contra la LGTBIfobia en los deportes; también en Andalucía, cuando piden los nombres de las personas que trabajan en violencia de género o esa guagua con la imagen de Hitler que pretende caricaturizar las leyes contra la violencia machista. En todo esto hay un ánimo de provocación porque lo que buscan es darse publicidad. Y todos vienen a ser hijos de una misma madre.

¿Hay que alzarse y levantar la voz, poner el grito en el cielo, tanto en las instituciones como también en la calle?

Es que no hemos llegado hasta aquí para retroceder. No vamos a involucionar, ni tampoco vamos a renunciar a unos derechos adquiridos, porque nadie nos ha regalado nada. Han sido décadas y décadas de luchas y sufrimientos para al final, después de haber alcanzado una serie de derechos civiles, tener que desistir ante quienes llegan decididos a llevarnos por delante. Y no me cabe la menor duda de que si tuvieran acceso al poder, no les temblaría el pulso. Estoy convencida de que destruirían conquistas como las leyes de violencia de género, el matrimonio igualitario, las acciones LGTBI... Y ahí está ese vídeo que se hizo viral con el líder de la ultraderecha haciendo de Dj en la Sala Barceló con la Marcha Real como tema principal. Esa es la campaña que ellos, y me niego a darle publicidad a su nombre, buscan que aparezca en las redes, en la que no paran de demonizar las enseñas con la hoz y el martillo, también las banderas LGTBI , rodeados de un clamor y de abucheos. Eso provoca verdadero pánico.

Esa propuesta de una sociedad donde podamos caber todas las personas pasa por legislar, aplicar las leyes y mantener encendido el aliento de la lucha, ¿no?

Sostengo que debemos mantener todo lo que hemos conseguido, sin dar un solo paso atrás. Y, por supuesto, aplicar las leyes que están en vigor que, en el caso de la Comunidad de Madrid, se concretan en dos en materia LGTBI: la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad social y la Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia. Pero, sobre todo, hacerlas cumplir, porque la realidad dice los contenidos que el 50% de estas dos normativas no se está implementado tal y como está redactado el articulado. Y, luego, evidentemente, continuar mirando al frente y trabajando. Estaba muy encima de la reforma de la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, que representó un hito, pero la disolución de las Cortes, la dejó en la gaveta. Pero nos volveremos a levantar porque, insisto, no hemos llegado hasta aquí para ahora renunciar a nada y mucho menos para que nos arrebaten derechos que tanta lucha y esfuerzo nos ha supuesto conquistar.

¿Esta sociedad debe volver la mirada hacia la tolerancia, la complicidad, la solidaridad...?

No me gusta hablar de tolerancia, sino de respeto, porque esto de que te toleren... En los años setenta, a lo mejor les daba hasta las gracias, pero ya hemos avanzado hacia una sociedad del respeto y de espacios de convivencia, donde las diferencias deben enriquecernos y no ser elementos de distanciamiento y donde todos y todas debemos caber, no solo de unas pocas personas, a imagen y semejanza de lo que refleja el espejo cuando nos levantamos cada mañana. Eso tiene un nombre muy feo.

Y la libertad, ¿suena a voz de mujer?

Bueno, pues como tantas y tantas cosas. Hasta llega a decirse que Dios es mujer. En definitiva, acoge todo aquello que representa creación. La libertad, al final, es una de las motivaciones más fuertes del ser humano, un deseo fundamental de las personas. Y, además, sostengo que la palabra libertad siempre debe escribirse con mayúsculas y sí, ciertamente, tiene voz de mujer.

viernes, 8 de marzo de 2019

#hemeroteca #mujeres | Coumba Sow: “La revolución de la agricultura en África está liderada por mujeres”

Imagen: El País / Coumba Sow
“La revolución de la agricultura en África está liderada por mujeres”.
Coumba Sow asumió con 35 años el cargo de responsable para África de la oficina del director general de la FAO. Ahora lidera el departamento para la resiliencia en la zona occidental del continente.
Ángeles Lucas | Planeta Futuro, El País, 2019-03-08
https://elpais.com/elpais/2019/03/05/planeta_futuro/1551800847_458579.html

Para definirse empieza por sus ancestros. Tiene dos antepasados con sus nombres en las calles de la isla de Saint Louis, en Senegal; uno por parte de madre en el sur y otro por parte de padre en el norte. Al entrar en su ciudad natal es como si los dos la abrazaran a cada lado. "Otros fueron Ahmet Ba, el mayor imam en la ciudad, y Assane Diop Pathé quien luchó por los derechos sociales. Fueron muy revolucionarios", recuerda Coumba Sow, coordinadora de la oficina para la resiliencia en África Occidental y el Sahel de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Acude orgullosa a la recién estrenada sede de Dakar con un deslumbrante vestido azul añil tradicional de su villa. "Así nos vestimos allí, con el corte de la falda por encima de la cintura, como las antiguas mestizas, las signares", refiere simpática sobre las mujeres mulatas que consiguieron poder y posición social durante la colonización francesa. "Saint Louis ha sido siempre una ciudad de mujeres maravillosas", declara antes de mencionar a la autora Aminata Sow Fall o la griot (narradora de historias) Coumba Fall Leonie.

Ella empezó a los 35 años como responsable para África en la oficina del director general de la FAO y estuvo casi un lustro viajando por el mundo, asistiendo a reuniones de alto nivel, asesorando en decisiones clave, conociendo a los mayores gobernadores de su continente. "Nunca he tenido ningún problema para progresar. Si eres competente, nadie nunca te podrá decir que eres una mujer joven con este trabajo. Si eres capaz de hacerlo, nadie te dirá nada. Te dará la responsabilidad, y otras mujeres podrán hacer lo mismo", considera Sow en su nuevo despacho, aún vacío, con todo empaquetado en cajas que apenas llevan dos días allí. Después detalla: "quizás cuesta más que te escuchen por joven que por mujer. Cuando entras en una habitación donde se celebra una reunión, si hay una mujer mayor, la gente le escucha".

Ella ya estaba acostumbrada a moverse entre hombres cuando estudió Agricultura en Francia entre una mayoría masculina. Y fue gracias a un hombre por quien siguió vinculada al campo: su padre. "Él me hizo amar la agricultura. Era ingeniero agrónomo y, aunque falleció cuando tenía 10 años, pude visitar con él muchas regiones de Senegal. Me enseñó de plantas, de suelos, de huertos... Teníamos un jardín en la casa con frutas, y amaba las rosas", rememora con cariño. "No fue una sorpresa que yo decidiera dedicarme a aquello". Y recuerda de seguido como también su madre le regaló un libro de la FAO que encontraría por la casa de alguna misión de su padre. "Yo vivía en Saint Louis, que es la ciudad de la belleza y donde puedes encontrar casi de todo, pero si lo comparaba con otros lugares que visitaba, sabía que tenía que hacer algo por mejorarlos", dice mientras une sus manos.

Y ha encontrado en las mujeres africanas a las mejores aliadas para conseguir el objetivo de su padre. "Ellas son muy resilientes y están cambiando la cara de la agricultura en África. Producen, venden, cocinan. Y son las mayores productoras de arroz en Saint Louis. Estoy viendo que la revolución agrícola está liderada por mujeres. Hay más poseyendo las tierras y asegurándolas", defiende. "Solo hay que darles oportunidades. Si son pobres o no están bien formadas es difícil que entren en el debate, pero ellas encuentran sus propias soluciones aunque no tengan presencia. Lo bueno es que eso está cambiando. No debemos esperar a que otros lo hagan por nosotras o nos llamen", concluye. Para estas mujeres inició en 2018 el proyecto Un millón de depósitos para el Sahel, inspirado en el programa brasileño 'Hambre cero' para proporcionar agua para consumo y producción agrícola a miles de personas.

viernes, 16 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Bodas homosexuales como resistencia a Bolsonaro

Imagen: El País / Luanna y Deise
Bodas homosexuales como resistencia a Bolsonaro.
Las uniones civiles entre la comunidad LGTBI se disparan ante la llegada al poder del ultraderechista.
Tom C. Avendaño | El País, 2018-11-16
https://elpais.com/internacional/2018/11/14/america/1542216213_918450.html

El plan siempre fue comprarse el piso primero y casarse después, con una gran recepción de final de cuento de hadas, pero entonces Jair Bolsonaro ganó las elecciones. Luanna Bulhões, de 30 años, profesora en una escuela pública de São Paulo, tuvo un pequeño ataque de pánico al oír, el domingo electoral del 28 de octubre, que la extrema derecha gobernaría Brasil. No paraba de pensar en el coche que, dos días antes, se había desviado de su camino y subido a la acera por la que corría su novia, en São Miguel, en el desprotegido sur de São Paulo.

“Ella lo esquivó de milagro: la quería atropellar, estaba claro, o asustarla, al menos”, cuenta ahora Luanna con el ceño fruncido de indignación, entre un pelo afro y gafas de pasta. A su lado, la novia, Deise Oliveira, estudiante universitaria de 23 años, murmura con voz grave y tímida: “Iba con camisa de cuadros y pantalón corto ancho, muy de estereotipo de lesbiana”. Y se resigna: “Cuanto más estereotipo, más estigma. Más violencia”.

Para ellas, las dos cosas, el ataque y las elecciones, están íntimamente relacionados. Creen que tanto el nuevo Gobierno como sus muchos seguidores en las calles van a poner a prueba la frágil seguridad de la comunidad LGTBI en Brasil, así que quieren protegerse. Han decidido que se casan. Ni piso, ni gran recepción. A su modo de ver, es esto o a lo mejor no habría final feliz de cuento de hadas.

“No tenemos dinero ahorrado: lo que tenemos es una boda montada a matacaballo”, se lamenta Luanna, sentada en la notaría civil número 34 de São Paulo, la más popular para tramitar uniones homosexuales en una ciudad que es, a efectos prácticos, la capital gay de Brasil. Y no está sola. A estas oficinas no paran de llegar parejas en busca de una boda in extremis, siguiendo el mismo razonamiento. “La demanda se ha disparado”, alerta el director de la oficina, el notario Adolpho Bastos da Cunha. Han pasado de casar a seis parejas en agosto a 11 en octubre y 12 están en la agenda para diciembre. Y esperan más.

Algo parecido ocurre en los despachos de otros 120 notarios de São Paulo, que inscribieron el año pasado 2.835 de las 5.816 bodas que hubo en Brasil entre personas del mismo sexo. Aquella cifra supuso un aumento del 25% con respecto a 2016. Ahora, la subida se prevé mucho mayor.

En parte es una respuesta a la amenaza política que la comunidad LGBTI percibe ante la presidencia de Bolsonaro, homófobo declarado, y la actuación de un Congreso más evangélico que nunca (91 diputados de 513). El Tribunal Supremo brasileño declaró constitucional la unión homosexual en 2011 a raíz de una demanda. Dos años después, el Consejo Nacional de Justicia se basó en aquel fallo para obligar a las notarías del país a celebrar los matrimonios gais.

El Congreso, sin embargo, no ha aprobado ninguna ley que proteja ese derecho, y la comunidad LGBTI teme que con el nuevo escenario político se produzca un retroceso. “Retirar un derecho como el del matrimonio es imposible en un Estado de derecho”, tranquiliza Mario Solimene, uno de los pocos abogados de Brasil especializado en uniones homoafectivas. “Aunque muchos se están poniendo en lo peor”.

Hostilidad cotidiana
Estas bodas son, sobre todo, un gesto político. Las agresiones y amenazas físicas, como la de aquel coche que casi arrolla a Deise, se han multiplicado desde las elecciones. Las muertes violentas entre la comunidad LGBTI ya se habían disparado un 30% en 2017, con 445 homicidios al año. Un récord para el país.

Pero ahora se suma una nueva hostilidad cotidiana. El País ha preguntado a docenas de personas LGBTI, en asociaciones y foros. Sus testimonios dibujan un país cada vez más hostil con la homosexualidad. Está Priscila, una travesti asesinada a puñaladas al grito de “Bolsonaro presidente” en el centro de São Paulo el 16 de octubre. Y una lesbiana, que prefiere no ser citada, que recibió un puñetazo en el metro días después. Varios entrevistados contaron haber sido amenazados de muerte con frases del estilo de “los maricones van a morir con Bolsonaro” en la calle o en redes sociales para hombres gais.

“Estamos notando un recrudecimiento en la relación entre la comunidad y el resto de la sociedad”, alerta Claudio Nascimento, coordinador de la ONG Grupo Arcoíris. “Y es fruto del discurso de odio del presidente electo. Se ha entendido una autorización para discriminar”. Casarse supone una unión, entre sí, y con las instituciones. Una forma de resistencia.

Luanna y Deise van a celebrar su boda sin la familia de esta última: son evangélicos y no aceptan que ella sea lesbiana, y mucho menos que se case. “Eso los que saben de la boda”, añade. El auge de los evangélicos en la política brasileña es solo uno de los elementos que ha elevado la tensión entre el colectivo y la sociedad.

Pero no están solas. El traje, por ejemplo, se lo diseña gratis una modista transexual. La tarta, las fotos, también ha sido regalos de desconocidos: los más de 600 profesionales que han observado a través de las redes sociales el furor que existe por las bodas homosexuales y han respondido ofreciéndose a trabajar gratis en las ceremonias.

lunes, 12 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Resiliencia LGTBI

Imagen: El País / Orgullo LGTBI en Barcelona
Resiliencia LGTBI.
La ofensiva ultraconservadora contra los derechos de homosexuales y transexuales es un retroceso democrático que debe ser combatido por toda la sociedad.
El País, 2018-11-12
https://elpais.com/elpais/2018/11/09/opinion/1541793365_521181.html

Tras décadas de avances en el reconocimiento social y la protección legal de sus derechos, la comunidad LGTBI tiene ahora motivos para preocuparse por la regresión que se está produciendo en países tan importantes como Brasil, Estados Unidos, Rusia o Turquía, alentada por sus máximos dirigentes. Fruto de la lucha de los colectivos LGTBI, más de 30 países reconocen, por ejemplo, el derecho de los transexuales a decidir su identidad y poder inscribirse en el registro civil de acuerdo con el género sentido. Pero en Estados Unidos, donde se estima que hay 1,4 millones de transexuales, Donald Trump ha empezado a revertir las medidas adoptadas por Barack Obama en favor de este colectivo. Ha prohibido, por ejemplo, salvo casos muy excepcionales, que puedan servir en las Fuerzas Armadas y en el Departamento de Salud; pretende aprobar antes de fin de año un cambio legal por el que los transexuales solo podrán inscribirse con el género que corresponde a los genitales con los que nacieron. Y eso se considerará inmutable.

Muy grave es también el clima de homofobia que se ha desatado en Brasil tras el triunfo de Jair Bolsonaro, quien a lo largo de su vida ha hecho declaraciones tan desafortunadas como afirmar que preferiría un hijo muerto a un hijo homosexual. Los ataques de sus seguidores han arreciado durante la campaña. El clima alentado por el discurso homófobo del nuevo presidente se ha convertido en un peligro para la integridad de quienes son vistos por sus seguidores como enfermos o perturbados. En la misma línea reaccionaria se inscriben las normas dictadas por Putin para limitar la libertad de expresión del colectivo gay en aras de que los jóvenes “no se contaminen” con “la ideología y la propaganda homosexual”. Con el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan, Turquía ha ido incluso más allá al considerar que la homosexualidad y la transexualidad son contrarias a los valores tradicionales y una amenaza para la salud pública, lo que ha llevado a la alcaldía de Ankara a prohibir cualquier acto público de la comunidad LGTBI.

Todo ello forma parte de una ofensiva de las fuerzas ultraconservadoras contra lo que denominan “ideologías de género”, en las que incluyen el feminismo. Debemos confiar en la resiliencia de la comunidad LGTBI, que se ha fortalecido en su tenaz lucha por la conquista de sus derechos civiles, pero sería un error considerar que este es un asunto que atañe únicamente a quienes pertenecen a estos colectivos. Un retroceso en los derechos civiles de cualquier minoría es un retroceso en los derechos de toda la sociedad. Precisamente porque afecta a uno de los valores centrales de la democracia, la libertad, todos debemos implicarnos en la defensa de los avances conquistados, y eso exige el firme rechazo de cualquier expresión que aliente la homofobia y la transfobia.

viernes, 29 de diciembre de 2017

#hemeroteca #testimonios #feminismo | La resiliencia

Imagen: El País / Mujeres supervivientes de la violencia machista en Colombia
La resiliencia.
Me gustaría explicarle que, por fin, en 2017, el mundo es feminista. Y que espero que ya no tenga que volver a sentir esa profunda soledad.
Ana Marcos | El País, 2017-12-29
https://elpais.com/elpais/2017/12/27/gente/1514410583_905503.html

Cuando llegué a Colombia empecé a escuchar una palabra que hasta ese momento leía y usaba poco: resiliencia. Pregunté por qué se repetía tanto. Qué sucedía en Colombia para que no sonara a manual de autoayuda. Aquí va la historia de una valiente mujer colombiana: la mejor respuesta que he encontrado a tantos interrogantes.

Conocí a Olga Lucía Iglesias en un hotel en Tumaco, una de las ciudades más pobres de Colombia. Me dijo que para contarme su historia nos teníamos que sentar en un lugar tranquilo, sin mirar el reloj. Al lado de una piscina, en mitad de la noche, comenzamos a charlar.

Olga Lucía no conoce otra forma de vida que la guerra. Su marido fue asesinado por la guerrilla. Cuando huyó en busca de sustento, fue raptada y violada por 10 paramilitares a la salida del trabajo. Volvió a escapar, se enamoró, tuvo un tercer hijo y su segunda pareja la maltrató. Otra vez a desaparecer.

El día que conversamos, Olga Lucía se había convertido en una lideresa en su nueva ciudad de acogida. Ayudaba a otras mujeres a buscar ayuda psicológica y legal, la que durante tiempo ella se negó a pedir. Le aconsejaron que en estos casos siempre es mejor el silencio.

Al terminar, le di las gracias por contarme su historia. “Gracias a ti, que me escuches me da dignidad”, me respondió.

Ahora que se acaba el año me he acordado de Olga Lucía. Me gustaría explicarle que, por fin, en 2017, el mundo es feminista. Y que espero que ya no tenga que volver a sentir esa profunda soledad.