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viernes, 22 de marzo de 2024

#hemeroteca #lgtbifobia | Rusia incluye al movimiento LGTBI en su lista de organizaciones terroristas y extremistas

'All out' protesta contra la medida rusa de considerar lo LGTBI+ como extremismo //

Rusia incluye al movimiento LGTBI en su lista de organizaciones terroristas y extremistas

La medida podría acarrear penas de hasta diez años de prisión por financiar al colectivo
The Objective, 2024-03-22
https://theobjective.com/internacional/2024-03-22/rusia-movimiento-lgtbi-terroristas-extremistas/

Las autoridades de Rusia han incluido este viernes al movimiento LGTBI, que se encuentra prohibido en el país, en su lista de organizaciones terroristas y extremistas, lo que podría implicar la congelación de cuentas bancarias vinculadas al colectivo.

El Servicio Federal de Vigilancia Financiera de Rusia (Rosfinmonitoring) ha tomado esta decisión después de que el Tribunal Supremo de Rusia avalara la petición del Ministerio de Justicia, que instaba a declarar el movimiento LGTBI como extremista.

Asimismo, la corte falló a favor de prohibir el colectivo y reconoció como «extremista» la división estructural de su organización interna. Además, aclaró que existían indicios de que el movimiento incurría en «actividades extremistas, como la incitación a la discordia religiosa y social».

Sin embargo, las autoridades rusas han defendido que esta decisión «no viola el derecho de los ciudadanos a su intimidad y no acarrea consecuencias legales negativas» y han puntualizado que el movimiento carece de documentos estatutarios porque nunca fue «fundado».

En este sentido, han afirmado que se trata de un trámite para completar el proceso de prohibición completa del movimiento, si bien la legislación rusa establece que aquellos que financien organizaciones extremistas y terroristas, independientemente de la cuantía, son susceptibles de ser condenados a penas de hasta diez años de prisión.

Rusia inició su actual escalada represiva contra el colectivo LGTBI en 2013, con una primera ley contra la ‘propaganda gay’ que, bajo la premisa de proteger a los menores, limitaba los mensajes y actividades. La última reforma constitucional incluye también un veto explícito al matrimonio entre personas del mismo sexo.

A finales de 2022, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, firmó una ley que prohíbe la propaganda LGTBI, la pedofilia y la reasignación de género.

jueves, 30 de noviembre de 2023

#hemeroteca #lgtbifobia #ideologiadeodio | Rusia continúa su cruzada contra los gays y prohíbe el movimiento LGTB

Protesta en Londres contra la legislación LGTBIfóbica en Rusia //

Rusia continúa su cruzada contra los gays y prohíbe el movimiento LGTB

La medida prohíbe la propaganda, la publicidad y "generar interés y animar a integrar las filas".
EFE | 20minutos, 2023-11-30
https://www.20minutos.es/noticia/5195330/0/rusia-continua-su-cruzada-contra-los-gays-prohibe-movimiento-lgtb/ 

El Tribunal Supremo de Rusia puso este jueves al borde de la clandestinidad a la comunidad homosexual rusa al prohibir el movimiento LGBT, que a partir de ahora es considerado "extremista", fallo que ha desatado una ola de indignación entre las minorías sexuales.

"Reconocer el movimiento internacional cívico LGBT como una organización extremista y prohibir sus actividades en territorio de Rusia", dictaminó el juez, Oleg Nefédov, al leer el veredicto.

La medida prohíbe tanto la propaganda y la publicidad LGBT, como "el generar interés y animar a integrar las filas" de dicho movimiento.

Activistas homosexuales y juristas replicaron que, según la Constitución, Rusia es un Estado laico y acusan al Kremlin de querer "controlar" las conciencias de los rusos, al tiempo que inculcan "los valores familiares tradicionales, supuestamente incompatibles con las actividades de dicho movimiento".

El presidente ruso, Vladímir Putin, decidido a convertir a su país en una reserva moral frente al relativismo occidental, aseguró recientemente que los homosexuales "también son parte de la sociedad", pero criticó la obsesión con la igualdad de las minorías sexuales.

Fallo sumario
El fallo, que tiene "efecto inmediato", "no afecta al derecho de los ciudadanos a la vida privada", ya que la homosexualidad dejó de ser un delito en este país en 1993. "Recurriremos el fallo no sólo en Rusia. Apelaremos al comité de derechos humanos de la ONU", dijo el exiliado Yuri Kochetkov, uno de los líderes del movimiento homosexual en Rusia, quien matizó que la prohibición no entrará en vigor hasta el 10 de enero.

La vista transcurrió a puerta cerrada y solo contó con la presencia de representantes del Ministerio de Justicia, por lo que sus detractores consideran que es ilegal.

Activistas LGBT, muchos de los cuales se exiliaron tras el comienzo de la guerra en Ucrania, crearon en el último momento la organización Movimiento Internacional Cívico LGBT, que hasta entonces no existía, con el fin de defender los derechos del movimiento, pero no fueron invitados a la sesión.

El demandante presentó pruebas sobre las supuestas "tendencias extremistas" y "la incitación al odio social y religioso" en las actividades de dicho movimiento.

Organizaciones de derechos humanos se dirigieron la víspera al Supremo aduciendo que "es imposible" catalogar como movimiento a las personas que pertenecen a un grupo social. "Esto sería tan absurdo como, por ejemplo, llamar movimiento social a todos los pensionistas o a la gente que pertenece a una particular etnia", apuntaron.

¿Prohibición del arcoíris?
Los activistas temen que el fallo conlleve la prohibición de populares símbolos como el arcoíris y desate una ola de odio y violencia, ya que, según las últimas encuestas, ya son un 62% los rusos que apoyan limitar sus derechos, muchos más que hace diez años.

Además, advierten de que, a partir de ahora, los organizadores de cualquier actividad del movimiento LGBT pueden ser condenados a 10 años de cárcel.

"Comprendemos que este caso es una preparación del terreno para las represiones políticas (...) Es la intimidación de todos aquellos que defienden un punto de vista diferente al estatal, aquellos que son capaces y quieren dedicarse a actividades organizativas que el Estado no puede controlar", dijo Kochetkov.

El activista se mostró convencido de que la actividad de cualquier organización vinculada con la comunidad homosexual será "imposible", por lo que el movimiento tendrá que cambiar radicalmente de estrategia.

Amnistía Internacional advirtió este jueves de que "las consecuencias pueden ser catastróficas", ya que "se corre el riesgo de llegar a una prohibición total de las organizaciones LGBTI", lo que "afectará a innumerables personas". "Al tiempo que amenaza con instigar y legitimar un nivel completamente nuevo de violencia contra las personas LGBTI en toda Rusia", señala.

Espiral sin fin de represión
Hace un año Rusia aprobó una ley que censuraba totalmente la propaganda LGBT, lo que incluye libros y películas; en junio pasado se prohibieron las operaciones quirúrgicas de cambio de sexo, lo que provocó una gran alarma entre la comunidad transexual y también se prohibió la adopción por parte de parejas homosexuales y se anularon matrimonios entre personas del mismo sexo.

La guerra "no tiene lugar sólo en los campos de batalla, sino también en la conciencia de las personas, en sus mentes y en sus almas", proclamó Alexandr Jinstein, polémico diputado oficialista, autor de la ley contra la propaganda homosexual.

Con todo, el viceministro de Justicia, André Luguínov, aseguró este mes ante la ONU que en Rusia no hay discriminación ni persecución de la comunidad homosexual y que la prohibición de sus manifestaciones públicas responde a los valores morales del país.

La reforma constitucional de 2020 introdujo el concepto de que el matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer, después de que Putin asegurara que, mientras sea presidente, en Rusia no habrá matrimonio homosexual.

domingo, 7 de agosto de 2022

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | El arcoiris que no sale en Rusia

El Salto / Apoyo en Hamburgo al activismo LGTBI de Rusia, 2017 //

El arcoiris que no sale en Rusia.

La comunidad LGTBI+ rusa señala la ley contra la propaganda homosexual como la responsable de que sufran persecuciones, insultos y agresiones físicas.
Ibon Herrero | El Salto, 2022-08-07
https://www.elsaltodiario.com/lgtbifobia/el-arcoiris-que-no-sale-en-rusia

Artem Korovin llegó en enero de 2019 a España desde Noguinsk, una pequeña ciudad a 34 km de Moscú que lo vio crecer hasta el día en que cogió aquel avión. Él pertenece a esa lista interminable de personas que deciden abandonar su tierra por ser homosexual.

El detonante que hizo que Artem sufriera discriminación por ser gay, estalló cuando publicó unas fotos con su exnovio mostrando una actitud cariñosa en la red social VK. Desde entonces, su vida cambió por completo: “Mi ciudad es pequeña donde más o menos nos conocemos todos. Recuerdo que salí con este chico y con unos amigos al centro y mientras estábamos sentados en una terraza sentí que nos observaban. Unos skinheads empezaron a insultarnos y a perseguirnos porque me habían reconocido”, rememora el joven migrante.

La historia no acabó ahí, el hostigamiento siguió por redes sociales, hasta el punto en el que todo el colegio supo que era gay. “El hijo de la vecina empezó a acosarme también, me tiraba piedras a la ventana, envueltas en papeles que decían ‘maricón fuera’, dañaba la puerta de mi casa y cuando salía me perseguía con un palo. Sufrí todo tipo de agresiones”, señala. Años después, cuando parecía que la situación se había tranquilizado, comenzó a trabajar como docente en una escuela, hasta que un día los padres de una niña reconocieron a aquel joven de las fotografías. La presión que ejercieron en el centro hizo que el director tuviese que expulsarlo de su puesto de trabajo: “Siempre era muy cuidadoso con mi orientación sexual, nunca les decía nada a los niños”. Entonces, el caos volvió a su vida: los mismos que le habían perseguido en el centro volvieron a hacerlo, pero esta vez en la puerta de su casa. Él y una amiga fueron a comisaría a interponer una demanda: “La respuesta fue que no serviría de nada la denuncia, que no protegían a personas como yo”. Cansado de la persecución y la pasividad de los agentes, abandonó el país: “Si no me protege la policía, entonces, ¡qué hago!”.

Rusia contra el colectivo LGTBI+
La estrategia que adopta el régimen de Putin deja claro que todo lo que provenga de fuera de sus fronteras es un ataque a la nación. “Los valores LGTBI+ se asocian a un pensamiento que encarnan Occidente y Europa, países que han perdido toda ideología cristiana”, apunta Francisco Peña, consultor en derechos humanos.

Desde el gobierno se fomenta un discurso de odio y una legislación que no busca reconocer derechos y que ponen en el centro de la diana a las personas que forman parte del colectivo. Para el régimen son el epicentro de todos los problemas que tiene el país.

Nika Berezina y Olga Khanin no dudan al afirmar que para la administración la homosexualidad y la pedofilia están en el mismo nivel. Ambas huyeron de Rusia al no tener la libertad de mostrar al mundo su orientación sexual. “Cuando yo tenía 15 años y mis padres descubrieron que estaba enamorada de una chica, me mandaron a la psicóloga de la escuela para que me curara, porque entendían que no era normal que a una mujer le gustara otra mujer”, afirma con dureza en su mirada. “Se pensaban que yo consumía drogas y que por esa razón hacía lo que hacía y sentía lo que sentía”, añade.

La LGTB-fobia no es solo algo social, está intrínseca en toda la estructura. Al ser una cuestión sistemática es mucho más complicada de “erradicar”, afirma Gaizka Villar, trabajador social de Aldarte, centro de atención a gais, lesbianas y transexuales. Es por ello que, en 2013, bajo el mandato de Vladimir Putin, se aprobó la Ley para el propósito de proteger a los niños de la información que aboga por la negación de los valores familiares tradicionales, proyecto que se usa, tal y como su nombre lo indica, para evitar cualquier influencia que no atienda a las relaciones clásicas, entendiéndose como la unión entre un hombre y una mujer y que bloquea todo estímulo que provenga de los vínculos entre personas del mismo sexo o del colectivo LGTBI+. Esto hace que cualquier exhibición en la vía pública o en las redes sociales sea motivo de persecución y multa. “Recuerdo que era 2019 cuando, en San Petersburgo, una madre colgó una cortina de arcoíris a su hija en la habitación, las personas asociaron eso con el colectivo y acabaron multando la acción”, concluye Artem Korovin.

La ley rusa a juicio

A Alexey Kiselev, migrado a España por su orientación sexual y su activismo político en Rusia, el Tribunal Europeo de Derechos humanos le dio la razón cuando denunció que había sido multado por manifestarse delante de una biblioteca a favor de la inclusión de las personas del colectivo en la sociedad: “Me detuvieron y me multaron por lo que ellos consideran que es propaganda homosexual a los niños. Este caso, junto a dos compañeros más, lo llevamos a Estrasburgo y acabamos ganando. No podían ni detenernos ni multarnos porque esa ley no es legal”.

El Tribunal de Estrasburgo ha sentenciado que la ley es ilegal y que vulnera los derechos humanos al incitar a la homofobia a la población. La Corte Europea, condenó a Rusia por los efectos discriminatorios que produce la ley, el fallo concluye en que esta norma ataca a “la libertad de expresión” de las personas y no sirve para “proteger la moral”; aspecto que Rusia intenta tener bajo control para que las relaciones no tradicionales “no influyan” en las decisiones de los jóvenes. Es por ello que, tras su aprobación en 2013, según un informe de Human Rights Watch, con la norma vigente se suprime la orientación por parte de los profesionales en salud mental sobre diversidad sexual e identidades de género y que esta supone un abuso, discriminación y vulneración hacia el colectivo. “A nosotros nos compensaron con una cantidad de dinero, pero sigue sin cambiarse la ley”, señala Kiselev. “Prefieren pagar que anularla”, enfatiza.

Aunque en las últimas décadas ha habido una tendencia a que cada vez más estados de las Naciones Unidas, del Consejo de Europa y organizaciones internacionales presionen para que otros países respeten los derechos de las personas LGTBI+, en el caso de la ONU algunas decisiones son recomendaciones y, por lo tanto, no son vinculantes, lo que viene a significar que su cumplimiento no es obligatorio. En 2019 la Unión Europea sancionó a dos líderes de Chechenia por las purgas antigay que se proyectaron en la región. “El derecho internacional tiene ese problema, que funciona más en presionar y enrecomendar, pero se sigue produciendo esa violación en los derechos humanos”, afirma Francisco Peña, jurista especializado en derechos LGTBI+.

El caso de Chechenia

Chechenia es un vórtice en el que la represión hacia integrantes del colectivo LGTBI+ es todavía mayor. Tras el hostigamiento que sufren las personas, existen organizaciones clandestinas que protegen a las víctimas y ofrecen alternativas para que huyan del régimen ruso. Reka Valerik, seudónimo que utiliza para protegerse de la persecución por parte de la comunidad chechena, es un director de cine que filmó el largometraje Silent Voice
sobre la huida del país de un hombre que cobra vida en la película bajo el nombre de Khavaj: “En Chechenia es muy famoso, es un campeón de lucha libre, por esa razón tengo que guardar su anonimato”, confiesa. El protagonista tuvo que migrar cuando su familia supo que era gay.

El proyecto comienza cuando viajó a un albergue de Moscú donde había personas que estaban dispuestas a escapar a Canadá. Allí conoció a un joven de 17 años que tenía el visado preparado. “El adolescente recibía constantes mensajes de su madre diciendo que iba a estar bien, que volviese a Chechenia. Al final acabó obedeciéndola y volvió a casa. Una vez que lo hizo, nunca más supe de él”, recuerda con tristeza.

El consultor en derechos humanos puntualiza las palabras del director cuando afirma que Ramzán Kadýrov, el presidente del territorio, incitó a la población chechena a cometer “crímenes de honor”. “Les decía a las familias que, si tenían algún familiar que fuera homosexual, tomaran las medidas que considerasen oportunas. Les animaban a asesinarlos”, detalla.

El protagonista del largometraje, Khavaj, era deportista de élite y miembro del equipo de lucha del presidente de la república. Cuando su familia descubrió su orientación sexual, el joven tuvo que huir tras sufrir duras represalias. Este motivo le empujó a migrar a Bélgica.

El director de la película afirma que dentro de la Unión Europea hay países que promueven visados humanitarios para que los procesos sean más rápidos: Francia y Bélgica son dos de ellos. “El problema al que se enfrentó Khavaj fue que Bélgica es uno de esos estados que te requiere hablar de lo que te pasa, no vale con una redacción escrita, tienes que ser capaz de verbalizar lo que te sucede”. La condición del migrante fue que padecía de mutismo a causa de los golpes que le propició su hermano. “Ahora ya no está en el país y emocionalmente está mucho mejor. Va retomando poco a poco la voz y, aunque a veces no la controla muy bien, los médicos le han dado un pronóstico positivo”, confiesa.

El realizador audiovisual −que tiene que esconder su rostro a causa de la persecución chechena− también muestra que existen otros países donde no ponen problemas para acceder: “Canadá es uno de esos territorios en los que no te preguntan ni te ponen muchas trabas. Los casos más urgentes, los que sufren más peligro y tienen que salir del país lo antes posible, van sobre todo vía Argentina, porque las personas con nacionalidad rusa no necesitan ningún tipo de visado para acceder al país”, afirma.

Una nueva vida
En el momento en el que los ciudadanos rusos deciden evitar la persecución y velar por la libertad y seguridad de sus vidas comienzan una nueva odisea al pedir asilo en otro país. Nika y Olga lo recuerdan como un proceso no muy agradable cuando se encontraron delante de los agentes a la hora de iniciar el trámite: “Es mucha tensión a la que estás sujeta, te preguntan y tienes que entregar fotos, conversaciones, todo lo que tengas”, apunta Nika. “Todo lo que pueda confirmar que tú allí sufriste discriminación al pertenecer al colectivo”, continúa Olga.

En el caso de Artem, la documentación que mostró para que comenzaran con el procedimiento fue algunas fotografías con su exnovio, unas capturas de texto donde le amenazaban, el testimonio de su amiga cuando los skinheads vinieron a agredirlos: “Al menos para que sepan que mi amiga también vivió la escena”, matiza, y un certificado de un colectivo LGTBI+ en Moscú al que solía acudir. Alexey, por su parte, en 2012 cuando solicitó el asilo, la ley contra la propaganda homosexual daba sus primeros pasos en el territorio y los agentes tenían conocimientos sobre lo que ocurría bajo el mandato de Putin: “Eran conscientes de lo que sucedía y enseñé varios artículos de periódicos y fotos mías detenido”. La imagen de Kiselev, que frecuentaba las manifestaciones a favor de los derechos del colectivo, llegó a manos de la policía rusa, lo que hizo que fueran a buscarlo a su domicilio y que finalmente decidiera migrar por la persecución y las diversas detenciones que sufría.

Durante su estancia en España, Nika y Olga se conocieron en Valencia, lugar en el que residen y comparten sus vidas enamoradas junto a sus dos hijas. Están a la espera de que aprueben su solicitud de asilo y salgan del limbo de la aceptación o de la deportación. Alexey también ha formado una familia y agradece que esté viviendo con normalidad su día a día, esa misma sensación que no sentía en Rusia. Artem, por su parte, se encuentra en Madrid a la espera de obtener la nacionalidad y con una vida más tranquila que la que tenía en su tierra natal: “Ahora vivo con naturalidad, tengo un trabajo fijo y ya no siento esa incertidumbre de lo que pueda pasar”, concluye.

martes, 12 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbifobia #ideologiadeodio | Putin recrudece su caza a los homosexuales: prohibirá cualquier muestra de afecto entre personas LGTBI.

La Razón / Mani contra la política LGTBIfóbica de Putin //

Putin recrudece su caza a los homosexuales: prohibirá cualquier muestra de afecto entre personas LGTBI.

La represión de la comunidad LGTBI alcanzará una nueva escala en Rusia a partir de otoño cuando se aprueben nuevas normas para invisibilizar al colectivo.
Silvia Jiménez | La Razón, 2022-07-12
https://www.larazon.es/internacional/europa/20220712/qbhhe3kv2zcqjg3l27katdp6sa.html

El presidente Vladimir Putin continúa su implacable persecución contra las personas LGBT+ en Rusia. Una comisión de la Cámara Baja del Parlamento de Rusia, la Duma, tiene previsto ampliar la prohibición de la “propaganda” que haga apología de las “relaciones sexuales no tradicionales” a todas las franjas de edad, estando ahora vetada en exclusiva a los menores de edad.

Y es que Rusia califica las relaciones no tradicionales como “perversiones” y se han propuesto acabar con ellas porque, dicen, que es una tarea “extremadamente importante”.

Estas nuevas normas, que entrarían en vigor a partir de otoño, suponen una vuelta de tuerca más a una legislación que ya era antes muy estricta, buscando prohibir la difusión de demostraciones públicas de afecto entre homosexuales y las manifestaciones por cualquier medio de apoyo a sus derechos. Así lo ha adelantado Alexander Jinshtein, jefe del Comité de Política de Información, Tecnología de la Información y Comunicaciones de la Duma, según informa la agencia Interfax haciéndose eco de unas declaraciones en su canal de Telegram.

Los congresistas rusos consideran que la legislación, tal y como está planteada hasta ahora, es insuficiente. El antecedente es la llamada Ley contra la propaganda homosexual, que fue aprobada en 2013 para prohibir que se hablase del colectivo delante de menores, ya sea desde escenas de películas a meras conversaciones. “Solo se aplicaba a niños. Por supuesto, esto no es suficiente”, subrayó Jinshtein.

Hasta ahora solo estaba prohibido difundir este tipo de material entre los menores, con penas por incumplimiento de hasta quince días de reclusión y multas que podían alcanzar el millón de rublos (unos 15.900 euros).

La persecución de este colectivo en Rusia alcanza incluso al estamento religioso. El líder de la Iglesia ortodoxa rusa afirmó hace tan solo unos meses con ocasión de la invasión a Ucrania que la lucha es contra el “lobby gay”. La máxima figura de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el patriarca Kirill, justificaba así la invasión de Rusia a Ucrania porque, según dijo, es “correcto” hacer frente´.

La censura ha alcanzado incluso a Eurovisión, el popular festival de la canción europeo, un fenómeno que moviliza a centenares de millones personas delante de la pantalla, no fue emitido este año por ningún canal ruso. Los comentarios allí han ido desde “Politizado”, “pasarela de homosexuales” o “propaganda occidental”.

viernes, 4 de marzo de 2022

#hemeroteca #homofobia | Vladimir Putin: perfil de un líder que hace de la homofobia un asunto de Estado

Página12 / Vladimir Putin //

Vladimir Putin: perfil de un líder que hace de la homofobia un asunto de Estado.

Desde los centros de detención de gays y lesbianas en Chechenia a las similitudes entre el discurso de Jair Bolsonaro y Vladimir Putin, ¿es la homofobia un elemento a considerar en el conflicto entre Rusia y Ucrania?
Alejandro Modarelli | Página12, 2022-03-04
https://www.pagina12.com.ar/404890-vladimir-putin-perfil-de-un-lider-que-hace-de-la-homofobia-u 

Confieso que me resultó difícil sintetizar en una red social una reflexión sobre los vínculos fundacionales entre Rusia y Ucrania. Sobre la guerra que se disputa en Europa y escenifica la lucha por espacios de influencia entre dos tradiciones imperiales, una de ellas humillada por la OTAN desde los años noventa. No es tarea fácil explicar en tan pocas palabras que es absurdo aplicar categorías del melodrama -buenos y malos- a la situación, al estilo de la vecina de Cristina que le colgó encima la bandera de Ucrania.

Entonces, desde un perfil me respondieron, textual: “Tanto rollo porque considerás a Putin un mataputo, no es necesaria semejante ensalada absurda que tiraste”. Algo así como marica, a tus plumas. Que de la guerra nos ocupamos los hombres”. Es que Twitter funciona como arma eficaz solo si el daño que se busca infringir se resuelve en pocos caracteres. Pero el desarrollo de un argumento precisa a veces cierto espacio. La boludez, en cambio, no duda, puede ser brevísima y confunde la injuria con habilidad retórica.

La homofobia de Putin
Alguien recordará aquella película de 1968 dirigida por John Frankenheimer, ‘El hombre de Kiev’, sobre un chivo expiatorio judío ucraniano acusado de matar a un niño. La réplica del chongo twittero me convirtió en ‘La marica de Kiev’ solo por sostener que el programa de Putin no es, precisamente, reeditar la URSS sino, más bien, recuperar la Gran Rusia de los zares en alianza con la Iglesia Ortodoxa Rusa, al lado de la cual el Vaticano es la jaula de las locas (los ucranianos le salieron al paso en 2018 con la Ortodoxa Ucraniana, igual de paleolítica). Por eso despotrica contra los bolcheviques (léase Lenin) por haber defendido el respeto a la autodeterminación cultural de Ucrania: los pueblos, como los proletarios, deben adherirse a una causa, no imponérsela. En ese error, arguye el hombre fuerte del Kremlin, se originó el gran malentendido que ahora aprovecha la OTAN para arrinconar al oso ruso.

Pero, de un plumazo barrieron con mi pequeño ensayo. Porque, para el imbécil twittero, estaba desacreditado para opinar por mi orientación sexual. Me cabían las generales de la ley. No había sido mi intención original centrarme en la homofobia de Putin. Sin embargo, pensándolo mejor ¿no es uno de los elementos socioculturales a tener en cuenta en este embrollo? ¿No es Putin quien convirtió la homofobia en cuestión de estado al prohibir su referencia en medios de comunicación, pasar por alto a los nabonazis que juegan a contactar gays para golpearlos y silenciar los centros de detención en Chechenia? ¿No es ese repudio a una diferencia una de las bazas que se esgrime en el plan de resurrección de la Gran Santa Rusia y, a la vez, una herramienta de Occidente contra ella mientras calla lo que es común hoy en Arabia Saudita, en Hungría, en la prédica de Bolsonaro?

Rusia: homosexualidad y revolución
En esta guerra emergen ficciones simbólicas mientras acontecen hechos atroces. Sobrevuelan espectros que no cesan de desmentirse, como la supervivencia del comunismo estalinista, difunto desde la disolución del campo soviético. O el nazismo hitleriano, cuyo remedo son bandas esperpénticas que apenas toman de aquel dos o tres consignas y la violencia callejera sobre la divergencia sexual o el extranjero, que ni siquiera es un producto exclusivo ucraniano ni ruso. Como la inconmovilidad de la unipolaridad cuando China es hoy, en realidad, el gran acreedor. Como la Rusia zarista, con la que Putin sueña pero yerra al extremar atributos de los que ese imperio carecía.

Alguna vez Rusia fue muy sexy. Repasando ‘Homosexualidad y revolución’, un libro de 2001 traducido por Mario Iribarren para la editorial Final Abierto, el investigador Dan Healey nos acerca al intenso homoerotismo de los célebres baños de Moscú y San Petersburgo durante el proceso de modernización zarista. La homosexualidad masculina estaba imbuida todavía de esa atmósfera erótica que les llegaba de los confines asiáticos, y prosperaba una agitada subcultura urbana.

Es decir, Putin invoca un pasado glorioso mucho menos hiposexual que él y su guía religioso (el padre Tikhon, según la BBC). Y una reconstrucción de la Madre Rusia que pasa por encima a Lenin y se afinca más cómodo en Stalin.

Ya ve el twittero que en la construcción de las identidades nacionales la homosexualidad siempre constituyó “una cuestión espinosa”. Y que un poder mataputo debe siempre ser denunciado. Querida, hasta la ridiculez que me tiraste por la cabeza puede ser recibida en mi Mesa de Entradas conceptual con el sello de procedente para posibles artículos, como este.

miércoles, 14 de julio de 2021

#hemeroteca #homofobia #derechos | Rusia vuelve a rechazar el matrimonio homosexual

Google Imágenes / Represión LGTBIfóbica en Rusia //

Rusia vuelve a rechazar el matrimonio homosexual.

Putin ignora el dictamen del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que exigió al país respetar los derechos de las personas LGBTI y recomendó proporcionar un marco legal.
EFE | Faro de Vigo, 2021-07-14
https://www.farodevigo.es/mundo/2021/07/14/rusia-vuelve-rechazar-matrimonio-homosexual-55054626.html 

El Kremlin rechazó este miércoles regularizar las uniones de personas del mismo sexo en Rusia tras el dictamen del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), que exigió al país respetar los derechos de las personas LGBTI y recomendó proporcionar un marco legal para estas relaciones.

"No existe necesidad de buscar ninguna forma alternativa de inscripción" de estas uniones, declaró hoy en su rueda de prensa diaria el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, al señalar que el presidente, Vladímir Putin, no reaccionó en modo alguno ante el dictamen del TEDH. El tribunal europeo consideró el martes que Rusia violó el artículo 8 de la Convención Europea de Derechos Humanos sobre el derecho al respeto a la vida privada y familiar, al negar la posibilidad de matrimonio a tres parejas homosexuales rusas, y llamó a buscar alternativas legales para garantizar sus derechos.

Según el representante de la Presidencia rusa, la definición de matrimonio "está formulada de modo absolutamente unívoco en la Constitución", y que esta formulación impide a Rusia cumplir el veredicto del tribunal europeo. Además, según la Constitución rusa, el país no está obligado a acatar los dictámenes de tribunales internacionales que entren en contradicción con las normas nacionales, al marcar la prevalencia del texto constitucional sobre el Derecho Internacional.

Peskov indicó que en el tema de los matrimonios homosexuales, el presidente ruso se orienta de acuerdo con "la posición de la mayoría de los rusos", que apoyaron las enmiendas constitucionales en el plebiscito del 1 de julio de 2020.

Tras el dictamen del TEDH, Amnistía Internacional (AI) exigió a Rusia reconocer los derechos de los matrimonios homosexuales y condenó que el país promueva la homofobia. "Llamamos a las autoridades rusas a poner fin inmediato a todas las formas de discriminación contra las personas LGBTI y tomar todas las medidas para proteger (...) sus derechos humanos, incluyendo el derecho a la familia", declaró la directora de la oficina rusa de AI, Natalia Zviáguina, citada en un comunicado de la ONG.

AI también llamó a derogar la ley rusa "sobre la propaganda de relaciones sexuales no tradicionales" entre menores, considerada una norma homofóbica. "Esta decisión significativa demuestra que la historia condenará al actual Gobierno ruso por apoyar e incentivar la homofobia y por violar los derechos humanos fundamentales de las personas LGBTI", añadió Zviáguina.

Durante la campaña llevada a cabo en Rusia en 2020 para llevar adelante un total de 206 enmiendas constitucionales, una de las cuales definió el matrimonio como la unión exclusiva entre un hombre y una mujer, Putin advirtió que mientras fuese presidente nunca se legalizarían los matrimonios entre personas del mismo sexo. Algo que podría demorar mucho, ya que entre las enmiendas constitucionales se incluyó la posibilidad de que Putin, en el poder desde 2000, pudiera volver a aspirar a otros dos mandatos de seis años en el Kremlin, lo que el permitiría mantenerse en el Kremlin hasta 2036.

viernes, 14 de febrero de 2020

#hemeroteca #homofobia | Putin: "Mientras yo sea presidente, no habrá matrimonio homosexual"

Imagen: DW / Vladímir Putin
Putin: "Mientras yo sea presidente, no habrá matrimonio homosexual".
"No habrá progenitor uno y dos, habrá papá y mamá", dijo al presidir una reunión en la que descartó los matrimonios del mismo sexo.
DW, 2020-02-14
https://www.dw.com/es/putin-mientras-yo-sea-presidente-no-habr%C3%A1-matrimonio-homosexual/a-52376982

El presidente ruso, Vladímir Putin, aseguró hoy que, "mientras sea presidente", en Rusia nunca se legalizarán los matrimonios entre personas del mismo sexo.

"En lo que se refiere al 'progenitor número uno y progenitor número dos', yo ya me pronuncié públicamente y lo digo una vez más: mientras yo sea presidente no habrá progenitor uno y dos, habrá papá y mamá", dijo al presidir una reunión del grupo de trabajo que estudia las enmiendas a la Constitución, según medios locales.

Putin respondió así a la propuesta de la diputada ultraconservadora Olga Batálina de incluir en la Constitución el matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer.

Batálina recordó que hace sólo diez años nadie podría imaginar que las palabras "padre y madre" serían sustituidas por los conceptos "progenitor número uno y progenitor número dos".

"Es una realidad en algunos países. Esto ha despertado el deseo de algunos autores, que han enviado sus enmiendas. Quieren acuñar en la Constitución que la familia es la unión entre un hombre y una mujer", señaló la diputada.

Al respecto, Putin respondió que dicha propuesta es dudosa y aludió a las familias en las que falta uno de los progenitores o los dos.

"¿Y si es una familia incompleta? ¿Entonces qué? Vamos a precisar algunas cuestiones. Matrimonio es una unión entre un hombre y una mujer y la familia es un poco diferente", apuntó.

Moral conservadora e iglesia
Putin, quien desde su ascenso al poder hace 20 años ha apoyado la moral conservadora que promueve la Iglesia Ortodoxa Rusa, siempre se ha manifestado categóricamente en contra de la unión homosexual.

"Los matrimonios homosexuales no producen hijos", aseguró en una ocasión el jefe del Kremlin, que acostumbra a predicar contra el liberalismo "sin género y estéril".

Entre otras medidas, obligó a países como España o Italia a incluir en los convenios de adopción firmados con Rusia la condición de que niños rusos no podrían ser adoptados por parejas homosexuales y solteros.

Aunque la homosexualidad dejó de ser un delito en este país en 1993, Putin promulgó una ley contra la propaganda homosexual -incluidas las marchas de orgullo gay-, con el argumento de que puede representar un daño psicológico y moral para los menores de edad.

Putin, que se separó en 2013 de su esposa Ludmila, con la que estuvo casado durante 30 años y tiene dos hijas en común, debería abandonar el Kremlin en 2024.

domingo, 1 de diciembre de 2019

#hemeroteca #persecucionespoliticas #lgtbifobia | Rusos de Putin : postales de una era de orgullo nacional y poder implacable

Rusos de Putin : postales de una era de orgullo nacional y poder implacable / Hinde Pomeraniec.
Buenos Aires : Ariel, 2019 [12-01].
288 p.
ISBN 9789878318066

/ ES / ENS
/ Crónicas / LGTBIfobia / Persecuciones políticas / Poscomunismo / Represión / Rusia / Vladimir Putin

Después de la caída de la Unión Soviética y la debacle económica con Boris Yeltsin, Vladimir Putin se afianzó como un actor político imprescindible en el panorama ruso, dispuesto a continuar la apertura económica y permitir el enriquecimiento de una corrupta élite empresaria, a condición de que no se interpusiera en su fulgurante ascenso político. También dio rienda suelta al expansionismo, origen de dos de las guerras más sangrientas (y menos conocidas) del último tiempo: Chechenia y el Donbass.

El mundo fue testigo del nacimiento de un nuevo tipo de líder. Antes que Donald Trump, antes que Jair Bolsonaro, Putin inauguró una manera irreverente, soez, casi impropia de manejarse ante la prensa (y el mundo). Desde que Putin ascendió a lo más alto del poder de su país, tuvieron lugar tragedias que pusieron a Rusia en el centro de las noticias de política internacional: el hundimiento del submarino Kursk, las masacres del teatro de Moscú y la escuela de Beslán, los asesinatos de la periodista Anna Politkovskaya y el exespía Aleksandr Litvinenko. Fueron también los años de la disolución del modo de vida comunista y el impactante surgimiento de un puñado de oligarcas rusos, figuras intermedias entre el Estado y las mafias; de la multiplicación de crímenes contra todo aquel dispuesto a expresar su disenso. También, de la criminalización de la diversidad sexual.

‘Rusos de Putin’ es un viaje a las profundidades de un país vasto y complejo, que de la mano de este político carismático recuperó su orgullo nacional. Con el aguzado mirar de una investigadora privada, Hinde Pomeraniec visitó Moscú, San Petersburgo, Londres, buscando las razones detrás del ascenso rutilante de un ignoto espía que se convirtió en el líder que Occidente impugna. Gracias a los oficios de intérpretes, habló con testigos directos, recorrió los lugares y observó cada detalle de la nueva Rusia. El resultado es esta crónica apasionante y desprejuiciada, donde conviven la compasión y el temor, el drama y la farsa en una prosa personalísima. Un libro para entender la convulsionada historia y actualidad de un país del tamaño de un continente.

sábado, 30 de noviembre de 2019

#hemeroteca #homofobia #testimonios | Una ley feroz, represión y prejuicios históricos: cómo es ser gay en la Rusia de Putin

Imagen: Infobae / Activismo LGTBI en San Petersburgo, Rusia
Una ley feroz, represión y prejuicios históricos: cómo es ser gay en la Rusia de Putin.
Adelanto de “Rusos de Putin” (Ariel), un libro de crónicas que busca entender la trama detrás del líder que ejerce hace veinte años un poder implacable. Lo que sigue es un fragmento dedicado a uno de los temas más sensibles: las prohibiciones que afectan las actividades y la vida privada de la comunidad LGTB+.
Hinde Pomeraniec | Infobae, 2019-11-30
https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/11/30/orgullo-y-prejuicio-una-ley-feroz-y-la-amenaza-pederasta-una-mirada-a-la-vida-gay-en-rusia/

Moscú, junio de 2019

“¿Orgullo? Pero ¿orgullo de qué?”

Galina se enfurece y agita las manos en un gesto hacia el cielo mientras me responde. Aunque habla castellano muy bien, se pone nerviosa y es como si le faltaran las palabras. Acabo de preguntarle qué piensa de que el alcalde de Moscú le niegue cada año a la comunidad LGBT+ el permiso para celebrar en la ciudad la Marcha del Orgullo Gay que se festeja en otras ciudades del mundo y rara, como encendida, me contesta otra cosa. Me explica que los rusos no tienen ningún problema con los homosexuales y que en su país cada uno puede hacer en su casa y en su habitación lo que quiera. Que lo único que buscan evitar es que los chicos sean abusados por pedófilos. Me pregunta si para mí es natural que los homosexuales sientan orgullo de serlo. Y si no tengo miedo de que un maestro pervierta a mi hijo. Por último, dice que no entiende por qué se genera tanto escándalo en el mundo alrededor de este tema, cuando en Rusia la homosexualidad no está prohibida y cada uno puede tener la vida privada que quiera. Pero hacer una marcha por este tema y mostrarse orgulloso, ¡por favor!

Me asombra su reacción –Galina es una persona de pensamiento amplio y sofisticado en muchos sentidos– pero lo que más me sorprende es que es la misma respuesta que recibí de un amigo ruso diplomático cuando lo visité en su oficina del Ministerio de Exteriores. Él también, después de mostrarse por única vez perturbado durante nuestra charla, dijo, al borde de la indignación: “¿Qué orgullo? ¿Ahora resulta que es un orgullo ser gay?”.

El diplomático se calmó enseguida y forzó una sonrisa. Buscaba explicarme algo que seguramente yo no “entendía”: la asociación entre homosexualidad y pedofilia. Y, si yo no la entendía, insistió, era porque en Occidente perdimos toda conciencia de los peligros de eso que llamamos “libertad sexual”. “Las mujeres de nuestros diplomáticos en los países nórdicos se vuelven a Rusia con los chicos. No quieren que ellos crezcan ahí ni que vayan allá a la escuela. Es mucha confusión para los niños lo que les explican ya desde el jardín de infantes sobre los géneros. ¡Los géneros! ¡Como si hubiera más de dos! Para nosotros, los rusos, la familia es muy importante. Muy. Pero así como nosotros respetamos lo que piensan los demás, de ninguna manera podemos permitir que otros destruyan lo que pensamos nosotros.”

(...)

Galina y el diplomático son personas de entre 55 y 60 años, restos del estructurado “Homo sovieticus” que sigue sin extinguirse pero que va a hacerlo en cuanto la memoria de lo que fue la URSS desaparezca de las experiencias personales. No es casual que los temas de género y de represión de la homosexualidad sean unas de las grandes preocupaciones de los más jóvenes. Para ellos, que a través de Internet se conectan con pares de todo el mundo y que, además, se comunican con los turistas mucho más que sus padres, y consiguen así tener relatos de primera mano de cómo se vive fuera de Rusia, la Unión Soviética queda casi tan lejos en la memoria como la Segunda Guerra Mundial.

“Le recuerdo que en Rusia ser gay no es un crimen, algo que todavía ocurre en un tercio del mundo”, le respondió Putin a una periodista tiempo atrás cuando lo consultó por estos temas. En efecto, la homosexualidad dejó de estar penada por ley en Rusia en 1993, aunque hasta 1999 fue considerada un “trastorno mental”. Pese a las respuestas que Putin le da a la prensa extranjera cada vez que lo consulta (“En Rusia tratamos a los miembros de la comunidad LGBT+ de forma ecuánime, de modo imparcial”), desde 2013 existe una legislación, conocida como la Ley de Propaganda Homosexual, que con el supuesto propósito de preservar a los niños, limita toda expresión de diversidad sexual en público.

La fuerza que tomó la Iglesia ortodoxa a partir de la llegada de Putin al poder se evidencia también en este tipo de manifestaciones. De hecho, fue también en 2013, es decir, al comienzo del regreso de Putin como presidente, cuando se endurecieron las penas “contra quienes ofendan los sentimientos religiosos”, en lo que fue una clara reacción legislativa a la actuación de las Pussy Riot en la Catedral del Salvador, cuando se presentaron por sorpresa dos semanas antes de las elecciones presidenciales de 2012 y cantaron “Punk Prayer”, una canción en la que suplicaban a la virgen que “expulsase a Putin”. Las activistas feministas habían decidido confrontar al mismo tiempo con la Iglesia y con Putin; hasta que se decidió a indultarlas, intimidaba provocativamente a los periodistas cuando les exigía que, al formular sus preguntas, dijeran el nombre del grupo en ruso. La respuesta era siempre el silencio incómodo: nadie se animaba a decir “vagina”.

“Dejemos que una persona crezca y madure y que después decida quién es. Dejen a los niños en paz.” El presidente Putin insiste en la defensa de la infancia de un supuesto peligro y no pierde la oportunidad de cuestionar a los países occidentales que “han inventado cinco o seis géneros”. La asociación entre pedofilia y homosexualidad no es nueva entre los rusos. La idea prejuiciosa del “contagio” de la homosexualidad es un clásico y la acusación de “pederasta” era una de las más potentes entre las utilizadas para desactivar a disidentes en tiempos soviéticos. Aunque todo el mundo en Rusia sabe que hay actores, políticos y figuras públicas homosexuales, los chistes de mal gusto y estereotipados que hace años ya no se ven ni se escuchan en gran parte del mundo siguen siendo celebrados. El propio Putin llegó a decir durante una entrevista que no iría a una ducha colectiva con un homosexual “para no provocarlo”. Y terminó su “broma” diciendo: “No se olvide de que soy maestro de yudo”.

La polémica Ley de Propaganda prohíbe lo que llama la “promoción de relaciones no tradicionales”, por lo que se levanta una suerte de trama de ficción ante los más pequeños, la de que viven en una sociedad y una cultura enteramente heterosexual. La legislación permite sancionar a quienes difundan información “que pueda herir física o psicológicamente a un menor” a través de la formación de “orientaciones sexuales no tradicionales”, o a quienes presenten como “atractivas las relaciones sexuales no tradicionales”, así como a aquellos que se dediquen a difundir “la idea tergiversada de que las orientaciones sexuales tradicionales y no tradicionales tienen igual valor social” y a quienes “impongan información sobre las relaciones sexuales no tradicionales que provoque el interés por esas relaciones”. Los castigos por transgredir la ley incluyen multas, suspensiones y prisión.

La polémica ley se aprobó en junio de 2013 con cuatrocientos treinta y seis votos de los cuatrocientos cincuenta totales y fue producto de un elaborado trabajo de lobby parlamentario por parte de sectores reaccionarios e influyentes que sembraron el terror asociando la homosexualidad con los cultos satánicos y abonaron toda clase de prejuicios. En los años previos se había ido generando una tormenta perfecta con el tema y muchos medios de prensa populares contribuyeron a la demonización de la diversidad sexual y a la psicosis que ya tenía un nombre: la “amenaza pederasta”. Cuando se promulgó la ley, una encuesta del Centro Levada dio un resultado catastrófico para las libertades individuales. Un 73% de los consultados se manifestó “absolutamente de acuerdo” con la medida.

A partir de esta ley, no sólo se prohibió la adopción por parte de personas del mismo sexo sino también la adopción por parte de personas solteras que provengan de países en los cuales el matrimonio homosexual es legal. Bajo el paraguas de esta ley también se habilitó la posibilidad de quitarles los hijos biológicos a parejas del mismo sexo, incluso a aquellas que hasta el momento de la promulgación de la ley llevaran adelante un modelo de familia sin problemas. La comunidad LGBT+ lo señaló desde un comienzo: se trata de una legislación profundamente represiva que reduce a los homosexuales a ciudadanos de segunda, que atenta contra toda libre expresión del arte y de la cultura, y que, aunque lo niegue, también se inmiscuye en la vida privada de las personas.

A partir de la promulgación de la nueva ley, todo libro que pueda contener algo que vaya contra la norma debe ir enfundado en una bolsa de plástico que impida leer su contenido. Todos los programas de televisión, publicidades, películas, obras de teatro y producciones artísticas deben adecuarse a la ley para no ser sancionados. Las editoriales y los productores se autocensuran: nadie quiere quedar expuesto ni puede darse el lujo de pagar cifras demenciales por transgredir la legislación. Lo más complejo es que en realidad nadie sabe qué puede ser tomado como promoción de la homosexualidad, por lo que la paranoia invade la industria cultural, la comunidad educativa y los vínculos entre los grandes y los chicos, más allá de si existe algún grado de parentesco.

(...)

Tanto la comunidad LGBT+ como los expertos aseguran que la ley legalizó la estigmatización y la homofobia. En los hechos, si ya para el momento de la promulgación de la norma había pequeños grupos ultraviolentos racistas y homófobos que atacaban en las sombras, la ley les dio amparo para que episodios de esta naturaleza proliferaran tanto en las redes sociales, con escraches virtuales, como en la vida real, con agrupaciones que salieron “a la caza” de homosexuales para someterlos a toda clase de violencias, torturas y degradaciones, que además son filmadas y difundidas. Algunos de estos episodios terminaron en muertes. En agosto de 2019, una militante lesbiana fue asesinada en San Petersburgo luego de recibir durante varias semanas amenazas por parte de Pila, uno de estos grupos. En 2017 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos resolvió que la ley viola los derechos de libertad de expresión y no discriminación garantizados en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, y que la norma es perjudicial para niños y niñas.

Según Igor Kotchetkov, de la ONG Red LGBT+ Rusa, cerca del 15% de las personas LGBT+ (alrededor de una de cada seis) son atacadas físicamente cada año debido a su orientación sexual o identidad de género porque se los considera una “amenaza a los valores rusos”. En una entrevista con The Guardian, Kotchetkov señaló además que la gran mayoría de los ataques no son denunciados porque las víctimas no creen que la policía vaya a proteger sus derechos y que, por el contrario, suelen calificar esos ataques como un delito menor.

En el último tiempo, sin embargo, algo podría estar cambiando, al menos en la percepción de las nuevas generaciones. Cuando la ley se promulgó, un sondeo del Centro Levada concluyó que para un 37% de los rusos la homosexualidad era “una enfermedad a tratar” y otro 18% consideraba que debía ser perseguida. Para el 15% de los rusos, ser gay o lesbiana era “resultado de la seducción dentro de la familia, en la calle o en una institución”, mientras que para el 26% era “resultado de una mala crianza o un mal hábito”. En julio de 2019, la misma encuestadora halló en una consulta de la que participaron mil seiscientas veinticinco personas de todo el país que, para el 47% de los rusos, los miembros de la comunidad LGBT+ deben tener los mismos derechos que el resto de las personas. Entre los más jóvenes, la cifra subía de manera considerable.

***

“Afortunadamente hace tiempo que no pasa nada de eso”, dice Nikita, un joven periodista homosexual que conoce la vida de la comunidad LGBT+ en Moscú. “Eso” es la violencia de los grupos homofóbicos. Nikita me cuenta que hasta hace unos años ir a tomar unos tragos a alguno de los clubes gay de la ciudad era una actividad de alto riesgo y no porque la policía pudiera detenerlos sino por los grupos que se dedicaban a atacar con violencia extrema a gais y lesbianas, pero que ahora, al menos en Moscú, parecen están más tranquilos. No puedo evitar pensar en cómo el mal puede relativizarse siempre: si antes los molían a golpes, que ahora algunos los miren mal en la calle o que los agredan de palabra cuando descubren su condición puede incluso ser considerado un progreso.

Ya había tenido la misma sensación un par de noches atrás, cuando Nikita y María, que trabajan para un diario español, me invitaron a ir con ellos al restaurante kosher Jerusalem, ubicado en el quinto piso de la sinagoga de la calle Bolshaya Bronnaya. Los había invitado Oleg, un médico judío de más de 80 años que sobrevivió de niño a una masacre nazi en un pueblo de Ucrania en la que mataron a toda su familia. El lugar tiene una vista única hacia las terrazas y los techos de una zona antigua y hermosa de la ciudad. Haciendo las veces de anfitrión, Oleg pidió sopa de calabaza y dorado a la parrilla con verduras para todos. Cuando, después de brindar, le pregunté si actualmente hay antisemitismo en Rusia, me dijo sin dudarlo que no. Lo hizo a través de un clásico gesto de desdén con la mano y de un argumento, en cierto sentido convincente, que Nikita tradujo para mí: “En 1937 ejecutaron al rabino de este templo aquí mismo. Eso era antisemitismo. Durante el comunismo, aunque yo cumplía todos los requisitos para ser director del hospital en el que trabajaba, no podía acceder al cargo porque era judío. Eso era antisemitismo”.

Carmen es española, vive en Moscú desde hace más de veinticinco años y trabaja como intérprete y traductora. Un gran amigo argentino en común que vivió aquí nos puso en contacto. Luego de varios mensajes por Facebook acordamos vernos y ella propuso pasarme a buscar por la puerta de mi hotel. Apenas asomo la nariz a la calle veo que llueve bastante y, aunque tuve la prudencia de agarrar un paraguas, mi vestuario no es el adecuado para este clima. A Carmen, en cambio se la ve radiante y protegida por sus botas. “Me dijo Ricardo que querías conocer algo de la vida nocturna gay en la ciudad. Si quieres, vamos. A mí también me da curiosidad.”

(...)

Salimos del Kvartira 44 y cruzamos en diagonal al Mayak, uno de los lugares favoritos de la intelligentsia soviética, según me cuenta Carmen, un sitio informal históricamente frecuentado por periodistas, escritores y artistas, y en donde la bebida circula con intensidad como los rumores y la información reservada. Cuando aún estamos ahí sentadas terminando una copa, Carmen toma su celular y pide un taxi –en Moscú, las aplicaciones resuelven absolutamente todo– porque ya es hora de ir a Monoclub, un boliche gay del que escuché hablar por primera vez en mi charla con Nikita.

El viaje dura poco, son apenas unas cuadras hasta llegar a la puerta del local ubicado en el bulevar Pokrovsky, en una zona bastante céntrica. Al igual que en los otros lugares a los que fuimos, se accede por una escalera. Mientras vamos subiendo, nos cruzamos tres veces con chicos jóvenes y amables que nos advierten: “Chicas, saben que están por entrar a un club gay, ¿verdad?”.

La música suena a un volumen lo suficiente alto como para tener que alzar la voz y acercarme a Carmen en una intimidad necesaria si pretendemos conversar y, sobre todo, entender qué está diciendo el otro. El espacio es amplio y moderno, todo parece estar a la vista, incluso la zona de los toilets.

La barra está en el medio; hay cola para pedir los tragos. La gente circula y mira, circula y mira. Hay un clima de excitación alegre; un poco más allá, advierto que hay otro espacio, también grande, en donde se ve mucha gente bailando y escuchando música en vivo. Una drag queen viene desde el salón de baile a la barra. Si la alegría parece estar de este lado, donde se producen a cada rato encuentros entre grandes abrazos y gestos amorosos, ahí donde se baila parece estar la euforia.

Carmen y yo nos ubicamos en una mesa para cuatro al lado de enormes ventanales. Aún no habíamos decidido si seguiríamos con el pinot grigio o si cambiaríamos de bebida cuando aparecieron Andrei y Andrei.

“¿Les molesta si nos sentamos con ustedes?” Quien pregunta es Andrei grande, que nos escuchó hablar en español y nos habla en inglés. Sonríe mucho, parece disfrutar la situación. Andrei chico parece más joven, es más bajo, rubio y claramente más tímido. Andrei grande tiene el cabello oscuro y los pómulos muy marcados. Sus ojos son claros y se le hacen arruguitas cuando sonríe; es muy inquieto. Se sienta por un momento pero se levanta enseguida y vuelve con whisky con Coca-Cola para los cuatro.

Andrei chico parece algo incómodo, pero el grande está entusiasmado y habla por los dos. Ambos nacieron en Jakasia, una de las veintiún repúblicas de la Federación Rusa, en el corazón de la estepa siberiana, nos cuenta. (Cuando más tarde consulte Internet, sabré que Jakasia es uno de los lugares favoritos de Putin para ir de pesca.)

Andrei grande habla mucho; Andrei chico se limita a asentir, a reír chiquito y a comentar cada tanto algo en ruso, algo que por supuesto no consigo entender y que Carmen me traduce. El más grande está viviendo en Moscú hace unos meses, el más pequeño vino de visita por el fin de semana y están contentos de volver a verse, dice el mayor, mientras busca un beso en la boca de su amigo. Hace años que él salió del clóset ante su familia, aunque debió esperar a que murieran sus padres para hablar; no se animó a hacerlo antes. En la familia de Andrei chico, en cambio, aún no saben que es homosexual y, por el modo de vida del lugar en el que vive y por el tipo de sociedad que lo rodea, no parece estar cerca el momento del sinceramiento. Eso lo entristece.

Los chicos siguen acercando tragos un rato más y nos invitan a seguir la charla al aire libre. Ahí nomás, a unos metros de donde estamos, una puerta conduce a una terraza angosta que pega una vuelta y asoma a un pulmón de manzana. Para salir nos exigen dejar los vasos de vidrio y tomar otros de plástico blanco que están sobre un gran estante apoyado contra la pared. Todo está pensado para evitar escándalos y accidentes. Una vez afuera, aunque hay poca luz alcanzo a ver que hay algunas chicas; parecen amigas de los chicos gais y, al menos por su ropa y por el modo en que se comportan entre ellas, no parecen lesbianas.

Esta mañana, durante la caminata subterránea en la combinación del metro vi a una pareja de jóvenes lesbianas. Altas y robustas, vestidas con pantalones y camisas sueltas, el cabello muy corto, cortísimo. Me provocó sorpresa; fue inesperado verlas de la mano. Me dio mucha pena pensar que eran valientes por eso, por animarse a un gesto de cariño que en gran parte del mundo pasa desapercibido pero que en Rusia puede ser tomado como una provocación.

A los dos Andrei les despierta curiosidad saber qué hacemos Carmen y yo ahí, y nos lo preguntan una y otra vez. Hay mesas y sillas en la terraza pasillo. Estamos sentados los cuatro y comenzamos a mostrarnos fotos de nuestras redes sociales, carta de presentación del presente. Andrei grande toma mi celular, se busca en Instagram y, sin decirme nada, nos pone en contacto y me devuelve el teléfono con una sonrisa. Los dos Andrei y Carmen fuman. Por primera vez en muchos años no me molesto con el humo ni con el olor a tabaco. Es raro lo que me pasa porque, en general, desde que dejé el cigarrillo me resulta perturbador estar con gente que fuma. Por un lado, me molesta; por otro, a veces sueño que fumo, que doy una calada honda y contengo el aire para después dejar salir el humo. Me doy cuenta de que es el movimiento de las manos lo que más extraño, esa coreografía sensual de la adicción. Es mi mano derecha sosteniendo el pucho y la izquierda apurando el fuego. Tres de mis dedos hurgando en el paquete para sacar el próximo pucho; el ida y vuelta de la mano a la boca hasta la presión final sobre el cenicero. Y es también la conversación íntima; el pucho encendido con la brasa de otro pucho, las horas estudiando de noche o en charlas con mis amigas, las risas atoradas por la tos del tabaco o las lágrimas humedeciendo el papel del cigarrillo…

Cuando le preguntamos a qué se dedica, Andrei grande bromea con su ocupación. Dice que es arquitecto, luego dice que es decorador, más tarde que trabaja en una fábrica de cohetes y que no puede contarnos mucho: secretos de Estado. Lo dice mientras ríe y le brillan los ojos muy celestes. Su dicción ya no es la misma que hasta hace un rato y me cuesta entender su inglés. Andrei chico es empleado administrativo en una mina de carbón o de diamantes, no logro entender más, no recuerdo más; seguimos tomando whisky con Coca-Cola y, no sé si porque Carmen y yo somos las diferentes en este lugar de “diferentes”, se nos acercan muchos chicos jóvenes todo el tiempo. Todos terminan hablando con mi nueva amiga: ellos de pie, ella en su silla, como una especie de gurú maternal.

En un aparte, Carmen me cuenta que uno de los chicos, que salió de un orfanato hace muy poco, acaba de contarle una historia digna de Dickens: que le dijo que a los 18 años ya nadie se hace cargo de los huérfanos, que los mandan a la calle con lo puesto y ya. Otro le muestra una foto de su nueva conquista: en la imagen se ve a un chico afroestadounidense con una sonrisa preciosa. El que le muestra la foto le cuenta que su madre acaba de morir y que, aunque él tiene un buen sueldo, está preocupado porque tiene que pagar grandes deudas que dejó ella. Esta noche me persigue la literatura rusa y no puedo evitar pensar en las deudas de mi propia madre, las que pagué siempre y las que seguí pagando aún varios meses después de su muerte.

Hay una especie de alegría emocionada en todos esos chicos que hablan y hablan. Hay felicidad y excitación en los Andrei que se toman las manos y se acarician en público, aunque ese “en público” sea uno de los pocos espacios de la ciudad en donde les está permitido hacerlo sin riesgos. Hay algo de la transgresión que me inquieta y me seduce a la vez: me emociona la libertad atrevida de todos ellos burlando por unas horas lo prohibido.

Le pido a Carmen que me convide un cigarrillo: vuelvo a fumar en Moscú después de veinte años de haber dejado de hacerlo.

lunes, 12 de noviembre de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Resiliencia LGTBI

Imagen: El País / Orgullo LGTBI en Barcelona
Resiliencia LGTBI.
La ofensiva ultraconservadora contra los derechos de homosexuales y transexuales es un retroceso democrático que debe ser combatido por toda la sociedad.
El País, 2018-11-12
https://elpais.com/elpais/2018/11/09/opinion/1541793365_521181.html

Tras décadas de avances en el reconocimiento social y la protección legal de sus derechos, la comunidad LGTBI tiene ahora motivos para preocuparse por la regresión que se está produciendo en países tan importantes como Brasil, Estados Unidos, Rusia o Turquía, alentada por sus máximos dirigentes. Fruto de la lucha de los colectivos LGTBI, más de 30 países reconocen, por ejemplo, el derecho de los transexuales a decidir su identidad y poder inscribirse en el registro civil de acuerdo con el género sentido. Pero en Estados Unidos, donde se estima que hay 1,4 millones de transexuales, Donald Trump ha empezado a revertir las medidas adoptadas por Barack Obama en favor de este colectivo. Ha prohibido, por ejemplo, salvo casos muy excepcionales, que puedan servir en las Fuerzas Armadas y en el Departamento de Salud; pretende aprobar antes de fin de año un cambio legal por el que los transexuales solo podrán inscribirse con el género que corresponde a los genitales con los que nacieron. Y eso se considerará inmutable.

Muy grave es también el clima de homofobia que se ha desatado en Brasil tras el triunfo de Jair Bolsonaro, quien a lo largo de su vida ha hecho declaraciones tan desafortunadas como afirmar que preferiría un hijo muerto a un hijo homosexual. Los ataques de sus seguidores han arreciado durante la campaña. El clima alentado por el discurso homófobo del nuevo presidente se ha convertido en un peligro para la integridad de quienes son vistos por sus seguidores como enfermos o perturbados. En la misma línea reaccionaria se inscriben las normas dictadas por Putin para limitar la libertad de expresión del colectivo gay en aras de que los jóvenes “no se contaminen” con “la ideología y la propaganda homosexual”. Con el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan, Turquía ha ido incluso más allá al considerar que la homosexualidad y la transexualidad son contrarias a los valores tradicionales y una amenaza para la salud pública, lo que ha llevado a la alcaldía de Ankara a prohibir cualquier acto público de la comunidad LGTBI.

Todo ello forma parte de una ofensiva de las fuerzas ultraconservadoras contra lo que denominan “ideologías de género”, en las que incluyen el feminismo. Debemos confiar en la resiliencia de la comunidad LGTBI, que se ha fortalecido en su tenaz lucha por la conquista de sus derechos civiles, pero sería un error considerar que este es un asunto que atañe únicamente a quienes pertenecen a estos colectivos. Un retroceso en los derechos civiles de cualquier minoría es un retroceso en los derechos de toda la sociedad. Precisamente porque afecta a uno de los valores centrales de la democracia, la libertad, todos debemos implicarnos en la defensa de los avances conquistados, y eso exige el firme rechazo de cualquier expresión que aliente la homofobia y la transfobia.

viernes, 24 de noviembre de 2017

#hemeroteca #historia | Ferrocarril de la muerte al fin del mundo

Imagen: Jot Down / Tren de suministros para población prisionera deportada a Siberia
Ferrocarril de la muerte al fin del mundo.
Octavio Domosti | Jot Down, 2017-11-24

http://www.jotdown.es/2017/11/ferrocarril-al-fin-del-mundo/

Si hoy en día escuchamos a alguien hablar del «Ferrocarril de la Muerte», en principio pensaríamos en nazis o en una novedosa instalación de un parque de atracciones, aunque si también nos facilitaran el nombre oficial del tramo (Salejard-Igarka) afinaríamos más la localización y, seguramente, hasta aventuraríamos con gran seguridad el momento histórico. En efecto, se trataba de un tramo ferroviario de la URSS en tiempos de Iósif Stalin.

Con el objetivo de unir por tren Moscú con las zonas más alejadas de Siberia y así cohesionar el territorio, construir bases nucleares apocalípticas, extraer materias primas y reducir el número de reclusos, Stalin envió a unos cien mil prisioneros a construir ese tramo en unas condiciones dantescas y aquello se saldó como todos imaginamos. El dictador de formidable mostacho, ya sea porque era un megalómano mesiánico o un psicópata (en general, lo primero implica lo segundo), o porque tenía todos sus ahorros invertidos en funerarias, entre 1949 y 1953 se apuntó otras decenas de miles de muertes a su abultada cuenta particular en la construcción de casi 700 km de los 1300 km del trazado total. En cuanto murió Stalin y se enfrió lo suficiente el cadáver como para no temer que pudiera mandar a nadie más a Siberia, los dirigentes soviéticos pararon en seco la construcción, no solo por motivos humanitarios, sino porque aquello estaba siendo un sinsentido.

En la época veraniega, el armamento de vía se hundía bajo su propio peso en un fangal, sin siquiera pasar material móvil, y la habitual precisión milimétrica que exige el ferrocarril en aquel trazado se tornaba en métrica por los movimientos del suelo tanto en planta como en alzado: la vía quedaba como una cuerda en un bolsillo. Hoy en día aún se puede fotografiar lo que queda de algunos tramos que están desapareciendo lentamente en el terreno como si aquello fuera la digestión de un sarlacc. La causa de este desastre se debía al permafrost que, como su propio nombre indica, es una capa del suelo que está permanentemente congelada. Sobre esta franja se encuentra el suelo propiamente dicho que en el periodo invernal también está congelado al estar en contacto con hielo y nieve y que, cuando llega el tiempo cálido, el deshielo mezcla y forma un barro bastante espeso. Contrariamente a lo que nos indica el sentido común, las cargas que el ferrocarril transmite al terreno no son tan altas como podríamos sospechar: si cada rueda soporta 10 toneladas de carga, el balasto transmite a la plataforma en torno a 1 kilo por centímetro cuadrado (un terreno normal para cimentar se suele considerar que soporta 2 kilos por centímetro cuadrado). Pero es que cuando el suelo prácticamente fluye como el chocolate a la taza, cualquier peso es excesivo: los carriles y traviesas sobre aquel terreno se comportaban como un cuchillo sobre gelatina. En vista de este desastre, tuvieron que pasar unos cuantos años antes de que alguien volviera a plantearse un ferrocarril faraónico sobre el permafrost.

Bovanénkovo
Entre 1958 y 1964, un equipo capitaneado por el geólogo Vadim Bovanenko redactó un estudio de los recursos minerales de la península de Yamal, situada algunos cientos de kilómetros al norte de la infausta Salejard-Igarka y por encima del círculo polar ártico, donde se concluía que en el subsuelo se encontraban bolsas colosales de gas. Hoy en día se estima que los yacimientos de Yamal llegarán a suministrar del orden de trescientos sesenta mil millones de metros cúbicos de gas al año: es un número tan grande que se pondría mejor en contexto con el ‘emoji’ de la bailaora flamenca que con campos de fútbol.

En 1971 se confirmaron las predicciones del estudio y se descubrió uno de estos yacimientos, que se nombró Bovanénkovo como homenaje póstumo al geólogo que había descrito su ubicación. La explotación de estos gigantescos recursos necesitaba en primer lugar de vías de comunicación para acceder e instalarse y ya, con el tiempo, se iría viendo cómo extraerlo, porque se consideraba demasiado caro con la tecnología disponible en aquel momento. Con este fin comenzaron las obras de la línea férrea a mediados de los años ochenta, con más voluntarismo que certeza puesto que no estaba muy claro cómo iban a resolver con éxito lo que les supuso la ruina en el Salejard-Igarka. En ello estaban cuando la historia llamó a la puerta: la URSS se desmoronó y la construcción del ferrocarril, como tantas otras cosas, entró en un periodo convulso hasta que finalmente se paró. Del trayecto Moscú-Bovanénkovo estaban construidos unos 2400 kilómetros, pero faltaban los casi seiscientos kilómetros más complicados, los que estaban más al norte.

La situación cambió con Vladímir Putin en el poder, cuando declaró proyecto estratégico nacional la explotación de los yacimientos de gas en «el fin del mundo», que es lo que significa Yamal en la lengua local. A través de Gazprom, el gigante gasístico estatal-privado ruso, se retomó el asunto englobándolo bajo el bilbaíno nombre de «Megaproyecto Yamal», donde, además de gasoductos, puertos, instalaciones para la extracción y demás parafernalia industrial, también se encontraba la finalización de la vía férrea que lo comunicaría con Moscú con la ejecución del tramo Obskaya-Bovanénkovo-Karskaya, de unos 572 kilómetros de longitud. Este ferrocarril era vital para llevar provisiones, equipos técnicos, materiales de construcción y personal a los distintos yacimientos de la península, por lo que su construcción se priorizó a todos los niveles, siendo el primero de todos el investigador. Que sí, que allí había gas para dar y tomar, pero el terreno natural sobre el que debía circular el ferrocarril seguía siendo uno de los peores posibles, con comportamientos muy variables a lo largo del año, con diferentes acciones del agua tanto sólida como líquida y, aun siempre con un frío atroz, con variaciones de temperatura de en torno a cincuenta grados entre verano e invierno: en definitiva, el sueño de todo ingeniero en una cálida noche sufriendo una digestión muy pesada y con un tipo dándote martillazos en las rodillas.

La solución que dieron los investigadores rusos consiste en un sistema de aislamiento térmico combinando espuma de poliestireno y geotextiles con capas de arena húmeda que a temperatura ambiente rápidamente se congelan y endurecen. Protegiendo además los laterales del terraplén con siembras y geotextil, con incontables drenajes transversales para evitar que las aguas del deshielo queden retenidas por el efecto dique, y con el esfuerzo de unos siete mil quinientos trabajadores en las tremendas condiciones climáticas invernales de Yamal, han conseguido que la plataforma se mantenga en su sitio y con suficiente consistencia durante todo el año.

El puente sobre el Yuribéi
Otro de los grandes hitos ingenieriles de esta línea es el cruce del ferrocarril sobre el río Yuribéi. En la época fría, el río ocupa un canal natural de entre doscientos y trescientos metros y permanece helado, pero con el deshielo de junio y julio, y debido a las grandes planicies de Yamal, el cauce pasa a tener de tres o cuatro kilómetros de anchura, ocupando toda la llanura de inundación.

Los ingenieros diseñaron un puente con una vida útil de cien años, una cifra desorbitada o muy optimista para este entorno. Dado que hay dos cauces típicos (el invernal y el de deshielo), se dieron dos soluciones distintas: el cauce invernal se salva con dos vanos de unos 110 metros de luz cada uno, materializados con clásicas celosías tipo Warren con montantes verticales, mientras que la llanura de inundación veraniega se cruza con 107 tramos de unos 34 metros de luz cada uno también con estructura metálica, hasta completar un total de 3,9 kilómetros de longitud de puente. La mayor parte de la estructura metálica se construyó en taller y se llevó a obra por carreteras heladas en medio de ventiscas de nieve, operación digna de un especial del programa ‘Transportes imposibles’. En esta tipología de vigas metálicas no hay nada extraordinario, aparte de que si en España ya hay que prever condiciones especiales de ejecución por debajo de 4 grados de temperatura, imagínense materializar esta estructura en un lugar en donde el mercurio solo alcanza esa cifra en los días más calurosos del año. Si llega.

Lo más destacable del puente sobre el Yuribéi, el autoproclamado más largo del mundo por encima del círculo polar ártico, es su cimentación en nuestro amigo el permafrost. Unas pilotadoras tremendamente potentes y resistentes para trabajar a tan baja temperatura perforaron el terreno congelado hasta llegar a 40 metros de profundidad en el mismo. Los pilotes de entre 1,2 y 2,4 metros de diámetro quedaban firmemente empotrados y, mediante un procedimiento llamado estabilización térmica, se congelaron conjuntamente con el permafrost formando una estructura monolítica pilotes-terreno natural como si fuera un peine del revés. Después, sobre la cabeza de los pilotes se colocaban los cargaderos en los que finalmente se apoyaron las vigas metálicas antes mencionadas. Por si el proceso no era suficientemente complicado, Gazprom consiguió finalizar la construcción del puente en solo 349 días, si lo prefieren más de diez metros de avance de puente al día, una cifra espectacular, insistimos, en un entorno como la península de Yamal.

Viaje con nosotros
El tramo Obskaya-Bovanénkovo-Karskaya es propiedad de Gazprom y en principio solo es usado por sus trabajadores, aunque es posible hacer una ruta turística en tren desde Moscú. Es raro que alguien pague los más de tres mil euros que cuesta el viaje en el llamado Yamal Polar Express a un lugar donde lo único que podemos hacer los occidentales es extraer gas o morirnos, pero ya saben, hay gente para todo. Lo que no vamos a negar es que el viaje tiene cierto sabor de aventura, sobre todo cuando te enteras de que el tren lleva un vagón de rescate con una enorme grúa de 150 toneladas por si hay un descarrilamiento o un atrapamiento, o de que hay un generador diésel de reserva para que los pasajeros no mueran congelados mientras se solventa alguna posible avería.

El trayecto dura un día (la velocidad está limitada a 40 km/h) y, como se aprecia en el documental ‘Trenes extremos: los trenes de hielo de Siberia’, se hace muy largo porque el paisaje es desolador en invierno, sin árboles ni vegetación, todo cubierto de nieve y hielo. Y no tienes ni la posibilidad de emborracharte porque Gazprom, en un riguroso control de accesos por seguridad, prohíbe subir al tren con bebidas alcohólicas. Lo único que te puede alegrar un poco al mirar por la ventanilla son los renos que pastorean los duros y pacientes nenets, la etnia indígena de Yamal, que solo se han quejado del ferrocarril porque algunos de sus renos se han roto la pata con la vía férrea.

miércoles, 21 de junio de 2017

#hemeroteca #solidaridad | El internacionalismo que nunca fue

Imagen: Nueva Revolución
El internacionalismo que nunca fue.
Eduardo Nabal | Nueva Revolución, 2017-06-21
http://nuevarevolucion.es/chechenia-internacionalismo-nunca-fue/

Son tiempos, más con el World Pride encima, de denunciar el Pinkwashing o lavado rosa de países como Israel que utilizan su supuesta modernidad en cuestiones de género y LGTB para maquillar su discurso racista, colonizador y criminal en Oriente Medio. Igual ocurre con algunas otras políticas occidentales y no solo del gobierno de EEUU. Pero no solo debemos -y debemos hacerlo- señalar la lavadora rosa del capitalismo neocolonial en tiempos de “crisis” sino también cómo, aún hoy, un sector de la izquierda sigue practicando un humanismo trasnochado, ombliguista y jerárquico que nos causa, en el mejor de los casos, altas dosis de estupefacción.

Si para la generación de los ochenta fue la pandemia del SIDA la que le enseñó la triste lección de la pasividad homofóbica de un sector de la izquierda para la del año 2000 lo está siendo sin duda el silencio o las medias voces del internacionalismo ante el genocidio ruso hacia la población LGTB bajo las leyes, decretos y proclamas de Vladimir Putin y sus comisarios políticos. De nuevo estamos solas en esta lucha y hemos tenido que ser nosotros quienes, principalmente, vayamos a las embajadas, renunciemos a acudir o hagamos gestos solidarios hacia las hermanas oprimidas o asesinadas en lugares como Chechenia, con sus campos de la vergüenza y su información censurada o desoída en muchos lugares de solidaridad con otras causas mundiales de importancia.

A estas alturas defender o hacer la vista gorda ante la política ultrarreaccionaria o directamente asesina del señor Putin, como hacen los gobiernos europeos, o guardar un silencio prudente está muy lejos de ser un gesto inocente. Es un gesto bárbaro como la barbarie, que no nos pilla de nuevas, pero vuelve a llenarnos de una tristeza infinita. Algún día contaremos esta historia y también la vergüenza de los que como en los tiempos del Sida, de la represión castrista, de los asesinatos de Stalin, etc. pretendieron no saber nada como para pronunciarse con rotundidad. Algunos luchamos por batallas perdidas de antemano como intentar introducir estudios de cine y género en universidades de provincias por estos lares obteniendo casi la respuesta de “no a la degeneración burguesa”, al estilo (salvando las distancias) de la que obtuvieron algunos disidentes de la revolución rusa o la intelectualidad cubana.

Sus revoluciones siguen necesitando de grandes héroes, mártires cristianos o en su defecto de heroínas en posición de guerra, dentro de ejércitos o revueltas uniformadas que suelen acabar en parlamentos del “cambio”, donde poco se cambia, donde todo se acaba maquillando. Su silenciosa complicidad es la más temible de todas, porque pone en entredicho las mimbres de su cacareada solidaridad con otros pueblos del mundo. De sus silencios está hecha la historia de los opresores.