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viernes, 29 de abril de 2022

#hemeroteca #vih #sida | Elizabeth Taylor se coló en secreto en el hospital para visitar a Rock Hudson antes de morir

El País / Elizabeth Taylor y Rock Hudson en 'Gigante' //

Elizabeth Taylor se coló en secreto en el hospital para visitar a Rock Hudson antes de morir.

Los actores se hicieron amigos en 1956 y, después de que él anunciara que tenía sida, ella quiso despedirle y, más tarde, crear una asociación para recaudar fondos contra la enfermedad.
María Porcel | El País, 2022-04-29
https://elpais.com/gente/2022-04-29/elizabeth-taylor-se-colo-en-secreto-en-el-hospital-para-visitar-a-rock-hudson-antes-de-morir.html 

En 1956, la película ‘Gigante’ se convirtió en uno de los éxitos del momento, gracias a sus muchas estrellas, sus siete nominaciones a los Oscar (finalmente ganó uno, el de Mejor director) y un enorme éxito de taquilla que hizo que su recaudación multiplicará casi por siete su presupuesto. La cinta pasó a la historia como la tercera y última en la que se pudo ver a James Dean, que ni siquiera llegó a verla estrenada, puesto que murió en septiembre de 1955, un año antes del estreno.

Sin embargo, ‘Gigante’ también quedó como la película en la que, por primera vez, trabajaron juntos dos monstruos interpretativos; más tarde, ya en 1980, repetirían en la adaptación de ‘El espejo roto’, el relato de Ágatha Christie. Pero fue en aquel 1955 donde se conocieron Elizabeth Taylor y Rock Hudson, y donde ambos trabaron una amistad que duraría otros 30 años. Entonces, Hudson acababa de casarse con Phyllis Gates, la secretaria de su agente. El divorcio llegaría apenas tres años después. Todo era una cortina de humo para tratar de esconder la homosexualidad de Hudson en el pacato Hollywood de mediados de siglo, aunque esta ya era un secreto a voces.

Desde aquel momento Taylor y Hudson se convirtieron en inseparables, acudiendo juntos a actos, bailes, viajes, entregas de premios... Tanto que la actriz decidió colarse en el hospital para poder ver a su amigo en su lecho de muerte, cuando estaba a punto de morir. Un secreto que decidió guardar y que ahora ha revelado su buen amigo Michael Gottlieb, quien fuera el médico de Hudson.

“Recogí a Elizabeth en mi vieja furgoneta y conseguimos colarnos por el muelle de carga de la parte trasera del hospital para poder verle”, ha recordado el doctor Gottlieb en una reciente entrevista publicada en ‘Closer Weekly’ y que recogen medios como el ‘Daily Mail’. Rock Hudson había sido diagnosticado de sida a principios de 1984 en París. Allí vivió durante más de un año probando distintas terapias experimentales en el instituto Pasteur y también ingresado en el American Hospital de la capital francesa, hasta que en julio de 1985, ya muy enfermo, decidió regresar a EE UU. Allí pasó un tiempo en el hospital de la universidad de California, Los Ángeles, y fue entonces cuando reveló su estado de salud. En octubre de ese mismo año moría en su casa angelina. Tenía 59 años y el mundo del espectáculo le lloró de forma incansable. “Le quiero y se ha ido de forma trágica”, dijo entonces Elizabeth Taylor.

Fue en ese tiempo en el hospital cuando Taylor acudió a visitarle. Era una época en la que el sida era una enfermedad llena estigmas, casi desconocida. “Rock era plenamente consciente de las implicaciones que tener sida tenía en aquellos primeros tiempos”, reflexiona hoy Gottlieb. “Estaba tranquilo y con esperanza en lo mejor”, afirma.

El fallecimiento de Hudson trajo una cascada de reacciones desde aquel primer momento, y un interés público por el sida y por investigar contra él. “Después de su muerte, Elizabeth y yo nos hicimos amigos”, cuenta hoy el médico. “Juntos, empezamos la American Foundation for AIDS research”, es decir, la fundación estadounidense para la investigación contra el sida, premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1992 y que se calcula que ha logrado destinar más de 415 millones de dólares (unos 390 millones de euros), según sus propios datos, a la lucha contra esta enfermedad. “Ella tenía acceso a la Casa Blanca y pudo marcar una enorme diferencia”, afirma el médico.

Uno de los biógrafos de Taylor, Mark Griffin, ha afirmado que la muerte de Rock Hudson fue la puntilla para que Taylor reaccionara, pero no la única cuestión. “Elizabeth tuvo dos asistentes homosexuales que murieron de sida cuando estalló toda la cuestión. La enfermedad de Rock cementó su determinación de recaudar fondos para la investigación y el tratamiento”. Taylor murió en febrero de 2011, a los 79 años, y dedicó gran parte de esos 25 años que pasaron después de la muerte de Rock Hudson a la lucha contra el sida.

Unos esfuerzos que, como el resto de su vida, pronto se contarán en un nuevo ‘podcast’ que narrará y coproducirá la cantante Katy Perry, y que contará la vida de la estrella del cine, tal y como se conoció a finales del mes de marzo. Perry afirma que siempre se ha sentido atraída por su figura y ha declarado que siempre ha sentido una correlación, una especie de parentesco con Taylor. La fundación que gestiona el legado de la estrella, House of Taylor, se ha mostrado “orgullosa” de la puesta en marcha del proyecto. En los 10 capítulos de ‘Elizabeth the First’, como se llamará, Perry contará la vida de cine, amores, glamur, fama, escrutinio público y activismo de la diva de la pantalla.

sábado, 6 de noviembre de 2021

#hemeroteca #bisexualidad #testimonios | La condesa amiga de Don Juan Carlos que amó 21 años a Florinda Bolkan y ha adoptado a su compañera por motivos fiscales

El Mundo / Marina Cicogna //

La condesa amiga de Don Juan Carlos que amó 21 años a Florinda Bolkan y ha adoptado a su compañera por motivos fiscales.

Marina Cicogna fue la primera novia de Alfonso de Borbón, pasó 21 años con la actriz Florinda Bolkan y ahora ha adoptado a su acompañante Benedetta por motivos fiscales. Nacida en el palazzo Volpi, nos cuenta su vida.
Luis Fernando Romo | El Mundo, 2021-11-06
https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2021/11/06/61855bf6e4d4d8f70f8b45da.html

Preservar la belleza de un pasado antecopretérito para protegerla de un factible futuro distópico es un deseo soñado que solo puede materializar un alma sensible y renacentista como el de la condesa Marina Cicogna (admiren su libro Imitatio Vitae). Nacer en el Palazzo Volpi en la Via del Quirinal de Roma imprime carácter. O más bien se hereda, ya que su abuelo materno, Giuseppe Volpi, I conde de Misurata, asentó los pilares del festival de cine más antiguo del mundo, la Mostra de Venecia, en 1932.

De pequeña se enamoró de ‘Lo que el viento se llevó’ (1939), producida por David O. Selznick, a quien vio por primera vez en la ciudad eterna. "Él fue quien influyó decisivamente para que me interesara por el cine. Le conocí en Roma porque producía ‘Estación Termini’ (1953), protagonizada por su mujer, Jennifer Jones, y Montgomery Clift. ¡Quien me iba a decir que acabaría como productora!".

Aquellas ilusiones se truncaron con el estallido de la II Guerra Mundial que conllevó una mudanza familiar a Lausana (Suiza), donde Marina (87) hizo amistad con el futuro rey de España. "Juanito me cayó muy bien porque era divertido, atractivo, abierto y muy agradable", confiesa la aristócrata a LOC desde Roma "e intimé con su primo Alfonso, que fue mi primer novio".

Ante la dramática situación que está viviendo el emérito, admite: "No sé lo que ha pasado y no tengo una opinión política, pero ser un mujeriego no ha sido una buena idea. Además, a medida que ha ido cumpliendo años puede que se haya sentido tan aturdido que no se ha centrado en las cosas importantes. Por eso, Felipe VI, que se parece mucho a su madre, está intentando arreglar las cosas".

"Cuando acabó la contienda, la condesa frecuentó los aristocráticos palacios romanos, venecianos y milaneses, esquiaba en Cortina d'Ampezzo y conquistó Hollywood con 17 años. Intimó con Barbara Warner en el Sarah Lawrence College (Nueva York) y la invitó a su mega mansión de Beverly Hills. Su padre era Jack Warner, presidente de los estudios Warner Bros. "Es una de las casas más bonitas de California. Allí conocí a grandes estrellas porque su madre era íntima de Marlene Dietrich". La mansión de 1.200 metros cuadrados la compró Jeff Bezos el año pasado por 165 millones de dólares. Regresó cuando a Roma la bautizaron como Hollywood sobre el Tíber porque las egregias luminarias habían desembarcado para rodar ‘Qvo Vadis’ o ‘Vacaciones en Roma’.

Delon y Warren Beatty

En ese fervor de la Dolce Vita de los paparazzi, Marina Cicogna empezó a fotografiar a esos sueños de celulosa que ante su mirada eran simples mortales (pubicados en el libro ‘Scritti e Scatti’). Entretanto, daba rienda suelta a su corazón. Intensas amistades con Jeanne Moreau, Deborah Kerr, Jackie Kennedy, Stavros Niarchos, Gianni Agnelli, Elizabeth Taylor y Federico Fellin, romances con Alain Delon, o Warren Beatty... y llegó la actriz brasileña Florinda Bolkan, con quien estuvo 21 años. En la actualidad convive con Benedetta, a quien ha adoptado por motivos fiscales.

¿Siente alguna diferencia entre el amor de un hombre y una mujer? "No sabría decirte porque no he vivido lo suficiente con un hombre, pero creo que es más fácil con una mujer. Florinda era divertida, construimos prácticamente nuestras carreras al unísono, pero llegó un punto en el que empezó a ser inestable, conspiraba y eso hacía que las cosas fueran más difíciles. Romper con ella fue tremendamente difícil. Convivir con Benedetta no es fácil, pero es una persona muy estable, protectora y como no tengo mucha familia la persona con la que convives acaba siendo tu familia. Tenerla cerca es muy importante para no ir envejeciendo sola".

Habla con normalidad sobre su bisexualidad. Odia las etiquetas. Se siente libre. Pero hay una cosa que no permite: "No me gusta compartir el baño ni con hombres ni con mujeres. Los americanos han sido muy inteligentes porque en muchas casas el dormitorio principal tiene dos baños y esa es una manera civilizada para vivir".

Fiel a su lema "las cosas suceden de forma natural", a mediados de los 60 se dedicó de lleno al mundo cinematográfico. Produjo ‘Belle de Jour’ (1967) de Luis Buñuel, con la que ganó el León de Oro en el festival de su abuelo. Mostrar el erotismo femenino burgués en la piel de Catherine Deneuve enfundada en exclusivos diseños de Yves Saint Laurent fue un gran riesgo. "Me dijeron que estaba loca, que no iba a encontrar distribución para una película de estas características porque ni el director ni la actriz eran conocidos. Buñuel había hecho filmes maravillosos, pero con 'Belle de Jour' alcanzó la fama internacional". Hablemos de estrellas.

P. ¿Hasta qué punto el concepto tradicional de estrella ha cambiado por las redes sociales?
R. Actualmente hay muchas starlets de las que no conocemos sus nombres y si los sabemos, los olvidamos enseguida. Aparecen y desaparecen cada dos minutos. Ya no hay gente como Audrey Hepburn o Marilyn Monroe, con esa fuerte personalidad, que poseían ese algo indefinible que les hacía únicas. En la actualidad hay intérpretes brillantes, pero no estrellas. Las redes lo han vulgarizado todo.

P. ¿Qué impresión le produjo Montgomery Clift?
R. Cuando fui a su piso de Nueva York estaba vacío, solo había libros y un colchón en el suelo. Era muy joven y aquello me pareció extraño. Probablemente estaba muy influenciado por una mujer horrible llamada Libby Holman (su mentora) que estuvo casada con el hijo del fundador de los cigarrillos Reynolds. Era un chico muy normal y encantador que no estaba interesado en ser una estrella de Hollywood, tan solo en ser un simple ser humano. Así lo demostró en la forma de vivir. No como Marlon Brando, que estuvo en mi casa y sí desprendía aureola de estrella.

P. Quizás vivía atemorizado por ocultar su homosexualidad al igual que le ocurrió a Rock Hudson.
R. Eran muy diferentes. Montgomery Clift estaba más atormentado, mientras que Rock Hudson era un alma bella y libre que no se escondía de nadie y nada le torturaba. Le conocí cuando vino a Venecia de vacaciones con su agente, le presenté a mi amigo Michael Butler, productor de Hair, que estaba recién casado, y desaparecieron... (sonríe). La personalidad de Montgomery Clift se complicó tras el terrible accidente al salir de casa de Elizabeth Taylor que le deformó la cara. Me lo encontré en un restaurante en París y casi no le reconocí.

P. ¿Qué recuerda de Marilyn?
R. La conocí durante el rodaje ‘Cómo casarse con un millonario’ (1953). Se me acercó para preguntarme cómo eran los italianos ya que se había comprometido con Joe DiMaggio. Volvía locas a las actrices, como Lauren Bacall, porque no hacía caso a las indicaciones del director, ella tenía su propio código y preguntaba cómo tenía que poner ciertas partes de su cuerpo para estar hermosa. Algunas escenas se repetían 18 o 20 veces. Aquello destrozó a sus compañeras. Era una forma de inseguridad.

domingo, 1 de diciembre de 2019

#hemeroteca #vih | 10 celebrities que hablaron publicamente de su vida con el VIH

Imagen: El País / Kayden Gray
10 celebrities que hablaron publicamente de su vida con el VIH.
Celebramos el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA recopilando las historias de las caras conocidas que lograron visibilizar la enfermedad.
Carlos Megía | SModa, 2019-12-01
https://smoda.elpais.com/celebrities/confesiones-famosos-tabu-vih/100328354/image/100328363


Jonathan Van Ness - El pasado mes de septiembre, el estilista y uno de los cinco fabulosos presentadores del formato de Netflix ‘Queer Eye’ publicó un libro de memorias (‘Over The Top: A Raw Journey To Self-Love’) en el que revela que es VIH positivo. Lo descubrió a los 25 años, al hacerse un análisis tras desmayarse mientras trabajaba, y se ha decidido a contarlo para combatir las ideas sesgadas sobre la comunidad homosexual propagadas por el actual residente de la Casa Blanca. “Cuando entré en ‘Queer Eye’ fue realmente complicado porque no estaba seguro de querer hacer público mi estado, pero después recapacité porque la administración Trump ha hecho todo lo posible para que la estigmatización de la comunidad LGTBI se extienda a mi alrededor”, declaró en una entrevista con ‘The New York Times’.

Freddie Mercury - El cantante de Queen descubrió que era seropositivo en 1987, pero lo mantuvo en secreto hasta los últimos días de su vida. El 23 de noviembre, 24 horas antes de morir, la agencia publicitaria del cantante, para entonces ya prácticamente moribundo, lanzó a la luz pública un comunicado en el que confesaba su grave estado. Mercury murió a los 45 años, esperando que “todos se unan a mí, a mis médicos y a todos cuantos trabajan por combatir esta terrible enfermedad, para luchar contra ella”.

Magic Johnson
- El mundo de deporte y la sociedad internacional en general asistió conmocionada a la que quizá sea la confesión más controvertida de la lista. El 7 de noviembre de 1991, Magic Johnson, mito del baloncesto y estrella de Los Angeles Lakers, anunció su retiro temporal de las pistas tras conocer en un chequeo médico casual que estaba infectado. Su declaración supuso un fuerte choque social e incluso hubo compañeros que se negaron a jugar contra él, pero fue clave para concienciar sobre el VIH. Desde entonces, y como declaró al diario neoyorquino The Daily News, la educación sobre la enfermedad se convirtió en su principal misión. “No estoy enfadado con nadie. De verdad, no lo estoy. Si acaso estoy decepcionado. Porque tuve que abandonar el deporte por la mentalidad de la gente. Si he aprendido algo en las últimas semanas es que tengo mucho trabajo por delante, tengo que hacer un mayor esfuerzo para educar a la gente sobre el SIDA”.

Conchita Wurst - La ganadora del festival de Eurovision de 2014 anunció, en una publicación de Instagram y cuatro años después de reinar en el certamen, que era portadora del virus. Lo hizo como respuesta al chantaje de una expareja que la amenazó con ofrecer la información a los medios. “Espero dar ánimos y haber dado un paso más en contra de la estigmatización de las personas que se han infectado, ya sea a través de su propio comportamiento o sin culpa propia”, afirmó la cantante de ‘Rise Like a Phoenix’.

Rock Hudson - "No estoy feliz por tener el SIDA, pero si esto puede ayudar a otros, al menos sé que mi propia desgracia tiene un valor positivo", sostenía el actor en unas declaraciones recogidas por El País. El que constituyera el perfecto sueño del galán de Hollywood murió en octubre de 1985 apenas un par de meses después de confesar su condición. Hudson ocultó durante toda su vida tanto su homosexualidad como la enfermedad, pero la repercusión por su fallecimiento ayudó a que personalidades amigas como Elizabeth Taylor impulsaran fundaciones para luchar contra su propagación.

Charlie Sheen - “Estoy aquí para admitir que tengo VIH”. Con esta contundente sentencia comenzó el actor de ‘Dos hombres y medio’, y chico malo oficial de Hollywood, su confesión pública en el programa matutino ‘Today’ de la televisión estadounidense en 2015. Sheen admitió que como celebridad era su responsabilidad ayudar a los contagiados con el virus. Sus exparejas se pronunciaron después con diferentes opiniones: unas alabaron su valentía y otras denunciaron que el intérprete no las había avisado de su estado antes de mantener relaciones sexuales con ellas, como publicó 'The Telegraph'.

Anthony Perkins - El actor conocido por dar vida a Norman Bates, el joven psicópata que regentaba un motel en el clásico de Alfred Hitchcock ‘Psicosis’, mantuvo en secreto su enfermedad hasta los últimos días, desencantado por el trato que Hollywood ofrecía a los enfermos. Antes de fallecer a los 60 años, hizo público un comunicado (recogido en ‘El País’) en el que se despachaba inmisericorde con la hipocresía presente en la meca del cine: “Hay muchos que creen que esta enfermedad es una venganza de Dios, pero yo creo que fue enviada para enseñar a la gente cómo amarse y comprenderse, y para tener compasión por el prójimo. He aprendido más sobre el amor y la comprensión humana entre la gente que me he encontrado durante esta gran aventura en el mundo del SIDA que en el asesino y competitivo mundo en el que he malgastado mi vida".

Arthur Ashe - Este icono imperecedero del deporte, el primer y único tenista negro que ha ganado Wimbledon y que da nombre a la pista central en la que se juega cada año el US Open, confesó en 1992, solo cinco meses después de Magic Johnson, que había contraído el SIDA. Ashe adquirió el virus durante una operación a corazón abierto a causa de una transfusión de sangre contaminada. Murió al año siguiente, no sin antes condenar ante medios como The New York Times las presiones mediáticas que recibió para desvelara su condición. “Estoy enfadado porque se me ha situado en una posición en la que he tenido que mentir para proteger mi privacidad. No he cometido ningún crimen”.

Gareth Thomas - Aunque quizá no te suene del todo, esta leyenda del rugby galés es una de las figuras más importantes de la sociedad británica reciente. Thomas fue el primer rugbier en revelar su homosexualidad y, el pasado septiembre, también su condición de seropositivo. “Quiero compartir mi secreto con vosotros. ¿Por qué? Porque es mi decisión hacerlo, y no los mails que hacen mi vida un infierno, tratando de contarlo antes de que yo lo hiciera, y porque yo creo y confío en vosotros”, sostuvo. Su confesión en Twitter fue celebrada hasta por el mismísimo príncipe Harry en Instagram, que le felicitó por “ayudar a salvar vidas y destrozar el estigma”.

Kayden Gray - La confesión de esta estrella del porno gay ya cuenta con más de 200.000 visualizaciones en Youtube. El vídeo ha recibido todo tipo de halagos por lo honesto y educativo de su alegato, once minutos en los que describe sin temor alguno cómo lo contrajo y alienta a sus seguidores a tener una vida sexual lo más segura posible. Gray también sostiene que la peor parte de vivir con la diagnosis es enfrentarse “al juicio y a la crueldad” de la sociedad.

lunes, 13 de mayo de 2019

#hemeroteca #inmemoriam | El abrazo de Doris Day a un moribundo Rock Hudson que conmovió al mundo

Imagen: ABC / Doris Day y Rock Hudson
El abrazo de Doris Day a un moribundo Rock Hudson que conmovió al mundo.
ABC, 2019-05-13

https://www.abc.es/play/cine/noticias/abci-muere-doris-day-rock-hudson-201905131651_noticia.html

Era la rubia de la meca del cine, la vecina de al lado con la que Hollywood se quería casar. Y aunque Doris Day compartió cartel con algunas de las estrellas masculinas más importantes de Hollywood, como James Stewart, Cary Grant, David Niven o Clark Gable, fue su química con Rock Hudson la que ha pasado a los anales de la historia del cine.

Con el actor, Doris Day coprotagonizó tres comedias románticas, «Pijama para dos», «No me mandes flores» y «Voluntarios», conformando el arquetipo de la pareja perfecta en Hollywood.

Sin embargo, fue años después de haber aparecido juntos en la gran pantalla cuando un nuevo reencuentro hizo saltar las alarmas. Fue el 15 de julio de 1985, cuando Hudson visitó la televisión para promocionar un programa de su amiga Doris Day. El desmejorado aspecto del actor, galán de Hollywood durante los cincuenta y sesenta y protagonista de éxitos de la meca del cine como «Gigantes», preocupó a la audiencia. Siempre robusto en pantalla, apareció mucho más delgado y demacrado. Apenas se sostenía en pie, y le tenían que vestir, duchar y ayudarle caminar. Cuando Doris Day se enteró de su situación, aunque todavía no sabía que había sido diagnosticado con sida, le hizo saber que su prioridad debía ser descansar, que ni se le ocurriese acudir al programa «Los amigos de Doris Day»; lo importante era que se recuperara.

Rock Hudson descolgó el teléfono: «¿Te imaginas que por esta tontería de enfermedad no voy a estar presente en tu programa? Aunque caigan rayos y soplen los tifones más devastadores de la historia, estaré mañana ahí contigo arrastrándome, eso no me preocupa, pero si tú me necesitas, este hombre que ha compartido a tu lado sus mejores momentos profesionales y personales, aparecerá en tu puerta totalmente vestido de blanco... Ah, y no me llames, no cogeré el teléfono». Y así fue.

Doris Day confesó, según recordó en este diario Javier Ansorena, que su buen amigo no podía ni comer. «Cuando nos despedimos, me dio un abrazo enorme y me sujetó un tiempo. Me eché a llorar. Fue la última vez que le vi». Pocos meses después del reencuentro de la pareja que hizo soñar a América, Hudson se desmayó, momento en el que emitió un comunicado anunciando que tenía sida.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homosexualidad | Rock Hudson, una vida de abusos, secretos y ocultismo

Imagen: El País / Rock Hudson
Rock Hudson, una vida de abusos, secretos y ocultismo.
Una nueva biografía del autor titulada 'All That Heaven Allows' ('Solo el cielo lo sabe') desvela detalles truculentos del mítico actor, fallecido en octubre de 1985.
Maite Nieto | El País, 2018-12-05
https://elpais.com/elpais/2018/12/03/gente/1543859220_925660.html

El nombre de Rock Hudson arrastra una estela como la de los cometas. Si se observan desde la Tierra, su característica cola brilla deslumbrante; pero si se analiza científicamente aparece el hielo, el polvo, el gas y las rocas que constituyen estos cuerpos celestes. Algo así fue la vida de quien se ha considerado una de las grandes estrellas del Hollywood dorado. Esplendor por fuera y oscurantismo por dentro.

Rock Hudson vivió como un galán entregado a cultivar el arte de la seducción. Un gigante que medía 1,95 y que con su tamaño y su físico elevaba los suspiros de los espectadores de la época dentro y fuera de la gran pantalla. Realizó su mejor interpretación aparentando durante años una heterosexualidad que no dejó que se fisurara ni ante algunas de sus amistades más íntimas y vivió en la clandestinidad una homosexualidad blindada que solo quedó al descubierto pocos meses antes de que muriera en octubre de 1985 a causa del sida, un año después de habérsele diagnosticado la enfermedad.

Como ocurre con todas las leyendas y él lo fue por partida triple —como intérprete, como icono sexual y después como una de las primeras estrellas que visibilizó el sida— el fin de su vida no significó el ocaso del mito. Con el paso de los años han ido apareciendo detalles sobre su vida y biografías que han ido desvelando aspectos desconocidos de la estrella y de la persona. Ahora llega ‘Rock Hudson. All That Heaven Allows’, la que se ha calificado como la biografía definitiva de Roy Harold Scherer, el hombre que nació en Winnetka (Illinois) y que se ocultó durante sus 59 años de vida bajo el nombre que eligió para su carrera cinematográfica: Rock Hudson.

El libro escrito por Mark Griffin, que se convertirá en película, ofrece —según críticas de medios norteamericanos— una visión equilibrada y reflexiva sobre la vida del actor. El título es homónimo de la película que protagonizó en 1955 junto a Jane Wyman y podría traducirse como 'Solo el cielo lo sabe'. 496 páginas para las que se ha contado con declaraciones de más de cien personas que tuvieron relación con el actor y que desvelan aspectos desconocidos sobre el calvario personal que vivió más allá de sus esfuerzos por ocultar su homosexualidad.

Cuando era un niño vivió el abandono de su padre, la precariedad económica y el carácter manipulador y dominante de una madre que le creó inseguridades que formaron parte de su personalidad durante toda su vida. Lee Garlington, que fue uno de sus amantes y a quien el actor llegó a calificar en sus últimos días como el “amor de su vida”, desveló en 2015 que una de las razones de su ruptura fue precisamente que él “quería una figura paterna” y Hudson “no era lo suficientemente fuerte. Era un gigante amable”.

Durante su infancia el actor también se topó con un padrastro alcohólico que, según afirma el libro, abusó de él. Y después llegó su agente, Henry Wilson, conocido en el mundillo por estar especializado en captar jóvenes guapos a los que intentaba lanzar a la fama con la misma tenacidad con la que pretendía que pasaran por sus sábanas. En una obra anterior titulada ‘Rock Hudson Erotic Fire’, el historiador cinematográfico Darwin Porter desveló que en los comienzos de sus carreras Hudson y Marilyn Monroe tuvieron una aventura y que fue ella quien decidió darla por acabada con el argumento de que ambos “tendrían que mentir sobre algunos sofás” para ascender en su carrera.

Y así fue en ambos casos, con la diferencia de que Hudson se tuvo que prodigar entre ambos sexos y protegerse, como descubre la nueva biografía, de sus amantes masculinos, siempre dispuestos a dar detalles sobre la inclinación homosexual del intérprete a cambio de un puñado de dólares. Para evitarlo estaba precisamente Wilson, que acabó cansado de sobornar a jovencitos lenguaraces y terminó por obligar a Rock Hudson a casarse con su secretaria, Phyllis Gates, quien terminó por divorciarse en 1959, cuatro años después su engañoso matrimonio.

El sida, según la obra de Griffin, aumentó el sufrimiento del actor, no solo por el tremendo deterioro físico que experimentó, sino también por los meses en los que vivió angustiado porque se descubriera su secreto. La puntilla final la dio su último novio, Marc Christian, que denunció a Hudson y su secretario, Mark Miller, por 10 millones de dólares bajo la acusación de haberle puesto en riesgo por ocultarle la enfermedad que padecía el actor. Christian consiguió un acuerdo multimillonario en 1991 y murió en 2009, sin signos de sida, a causa de problemas pulmonares.

martes, 4 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homosexualidad | Los secretos más oscuros de la vida de Rock Hudson, al descubierto

Imagen: ABC / Rock Hudson
Los secretos más oscuros de la vida de Rock Hudson, al descubierto.
Una nueva biografía titulada «All that heaven allows» («Solo el cielo lo sabe») muestra detalles truculentos hasta ahora desconocidos del actor.
ABC, 2018-12-04
https://www.abc.es/estilo/gente/abci-secretos-mas-oscuros-vida-rock-hudson-descubierto-201812041501_noticia.html

El 21 de julio de 1985 Rock Hudson se desplomó en su suite del hotel Ritz, en París. Muy pocos sabían que la estrella del cine tenía sida, una enfermedad que se le había diagnosticado un año antes. Al igual que hizo durante toda su carrera a cerca de su homosexualidad, Hudson guardó en secreto que era portador del VIH. Pocos días después de su desmayo, el actor decidió comunicar a los periodistas que tenía sida.

Hudson murió en su casa algunos meses después, el 2 de octubre de 1985. Durante ese tiempo, recibió visitas de los más cercanos y la publicidad de su enfermedad contribuyó a concienciar a la sociedad sobre el sida. Entre quienes fueron a verlo se encontraba Elizabeth Taylor, que hizo un visita secreta al hospital. «Me gustaría ser recordada por mi lucha contra el SIDA», confesó. Tras la muerte de su amigo por esa enfermedad, la actriz se convertiría en el rostro y la voz de los enfermos de VIH en Estados Unidos. Eran tiempos en los que las «celebrities» de Hollywood huían del asunto. La muerte de Hudson, con quien había protagonizado «Gigante» en 1956, la llevó a impulsar la creación de una fundación para la investigación del SIDA y suprevención.

«Todos fingimos ser heterosexuales»
Símbolo sexual de físico imponente (medía 1,93) y sonrisa encantadora, Hudson arrasó en la taquilla en los años 50 y 60. En el apogeo de su fama, el actor mantuvo una estrecha relación con Lee Garlinton, un corredor de bolsa que intentó hacer carrera en el cine. «Era la mayor estrella de cine en el mundo y había rumores de que era gay. Así que pensé: 'Voy a echarle un ojo'. Me coloqué fuera de su casa en Universal, fingiendo que leía una revista Variety, que probablemente tuviese boca abajo en ese momento. Salió a la calle, y luego volvió la mirada. Eso fue todo», declaró en 2015.

Garlington confesó que le visitaba al salir del trabajo, pasaban la noche juntos y él luego se iba a su casa por la mañana. Nadie podía sospechar que el actor más cotizado del momento mantenía una relación homosexual. «Nadie en su sano juicio iba a hacer eso. Era un suicido profesional. Todos fingimos ser heterosexuales», dijo.

Tras su muerte, Garlington leyó la biografía póstuma de Hudson en la que le calificaba como su «amor verdadero». «Yo rompí a llorar. Dijo que su madre y yo habíamos sido las únicas personas que alguna vez amó. Yo no tenía idea de lo mucho que había significado para él».

Nuevos secretos
Esta semana se ha desvelado una nueva biografía del escritor Mark Griffin titulada «All that heaven allows» («Solo el cielo lo sabe»), en la que se muestran detalles truculentos hasta ahora desconocidos.

La biografía, que pasará a las pantallas de cine, cuenta con declaraciones de más de cien personas que le conocieron y desvelan algunos detalles de su vida más personal, más allá de su homosexualidad. Por ejemplo el hecho de que cuando era tan solo un crío su padre le abandonó y se crió con una madre con un carácter manipulador y un padrastro alcohólico que abusó de él lo que le creó inseguridades para el resto de su vida.

#books #homosexuality #biography | All That Heaven Allows : A Biography of Rock Hudson

All That Heaven Allows : A Biography of Rock Hudson / Mark Griffin.
New York : Harper, 2018 [12-04].
496 p.
ISBN 9780062408853

/ EN / BIO
/ Cine / Estados Unidos / Historia – Siglo XX / Hollywood / Homofobia / Homosexualidad / Interpretación / Rock Hudson / Testimonios / VIH-Sida

The definitive biography of the deeply complex and widely misunderstood matinee idol of Hollywood’s Golden Age.

Devastatingly handsome, broad-shouldered and clean-cut, Rock Hudson was the ultimate movie star. The embodiment of romantic masculinity in American film throughout the ‘50s and ‘60s, Hudson reigned supreme as the king of Hollywood.

As an Oscar-nominated leading man, Hudson won acclaim for his performances in glossy melodramas (‘Magnificent Obsession’), western epics (‘Giant’) and blockbuster bedroom farces (‘Pillow Talk’). In the ‘70s and ‘80s, Hudson successfully transitioned to television; his long-running series ‘McMillan & Wife’ and a recurring role on ‘Dynasty’ introduced him to a whole new generation of fans.

The icon worshipped by moviegoers and beloved by his colleagues appeared to have it all. Yet beneath the suave and commanding star persona, there was an insecure, deeply conflicted, and all too vulnerable human being. Growing up poor in Winnetka, Illinois, Hudson was abandoned by his biological father, abused by an alcoholic stepfather, and controlled by his domineering mother.

Despite seemingly insurmountable obstacles, Hudson was determined to become an actor at all costs. After signing with the powerful but predatory agent Henry Willson, the young hopeful was transformed from a clumsy, tongue-tied truck driver into Universal Studio’s resident Adonis. In a more conservative era, Hudson’s wholesome, straight arrow screen image was at odds with his closeted homosexuality.

As a result of his gay relationships and clandestine affairs, Hudson was continually threatened with public exposure, not only by scandal sheets like ‘Confidential’ but by a number of his own partners. For years, Hudson dodged questions concerning his private life, but in 1985 the public learned that the actor was battling AIDS. The disclosure that such a revered public figure had contracted the illness focused worldwide attention on the epidemic.

Drawing on more than 100 interviews with co-stars, family members and former companions, ‘All That Heaven Allows’ finally delivers a complete and nuanced portrait of one of the most fascinating stars in cinema history.

Author Mark Griffin provides new details concerning Hudson’s troubled relationships with wife Phyllis Gates and boyfriend Marc Christian. And here, for the first time, is an in-depth exploration of Hudson’s classic films, including ‘Written on the Wind, A Farewell to Arms’, and the cult favorite ‘Seconds’. With unprecedented access to private journals, personal correspondence, and production files, Griffin pays homage to the idol whose life and death had a lasting impact on American culture.

sábado, 4 de noviembre de 2017

#hemeroteca #sexo #cine | Una nueva biografía de Rock Hudson revela su aventura amorosa con Marilyn Monroe

Imagen: El País / Marilyn recibe un Globo de Oro de manos de Rock en 1962
Una nueva biografía de Rock Hudson revela su aventura amorosa con Marilyn Monroe.
El libro destapa que los favores sexuales eran moneda común en el Hollywood dorado para conseguir papeles que impulsaran las carreras de los actores.
El País, 2017-11-04
https://elpais.com/elpais/2017/11/03/gente/1509735877_875770.html

Rock Hudson, el que fue el hombre más solicitado de Hollywood en los años 50 y 60, mantuvo una relación amorosa con Marilyn Monroe, según desvela una nueva biografía sobre el actor escrita por el historiador cinematográfico Darwin Porter y titulada ‘Rock Hudson Erotic Fire’. Según Porter, la pareja tuvo una aventura cuando Monroe era una estrella en apuros.

Las pocas citas entre Hudson y Monroe, incluían encuentros en hamburgueserías, y fue la actriz estadounidense quien le auguró al actor que no podrían dejar que lo suyo se convirtiera en algo más serio. Para justificar su decisión Marilyn Monroe argumentó que ambos necesitarían seducir a personas útiles para alcanzar la fama en Hollywood. “Los dos tendremos que mentir sobre algunos sofás”, dijo la actriz refiriéndose a los posibles responsables de castings con los que tendrían que acostarse para llegar a conseguir papeles que permitieran que sus carreras llegaran a lo más alto. No es un secreto que Rock Hudson facilitó sus favores sexuales a Edward Muhl, que entonces era jefe de los estudios Universal. Muchos de sus encuentros ocurrían a mediodía y las secretarias del directivo tenían pleno conocimiento de estos encuentros.

Además de Monroe, Porter habla también de las aventuras que Rock Hudson tuvo con Judy Garland, Elizabeth Taylor, Robert Taylor, Errol Flynn y Tyrone Power, entre algunos de los clasificados como dioses de la pantalla de los años dorados de Hollywood. “Sedujo a todos”, comenta el autor en el libro. Y además de su trabajo actoral, la biografía de Porter apunta a que parte del éxito de Hudson tuvo que ver con que siguió el consejo de Marilyn Monroe y no dudó a la hora de mantener relaciones íntimas con quien pudiera hacerle conseguir su propósito.

En plena explosión de las noticias de acoso en Hollywood, esta biografía refleja que esta manera de funcionar ha sido más habitual en esta industria de lo que el mundo sabía. También que el silencio que ahora se critica, era norma habitual mucho antes de que la opinión pública se haya echado las manos a la cabeza por lo que entienden como una agresión permitida por quienes conocían de estas prácticas y no han hecho nada para evitarlas.

Darwin Porter, es un premiado historiador cinematográfico oriundo de Carolina del Norte, que conoció a Rock Hudson a través de amigos comunes. Entre ellos, el actor George Nader, a quien Hudson dejó su propiedad, quien está revelando otra parte de la vida del famoso intérprete gracias a numerosas anécdotas compartidas. El libro revela las relaciones de Hudson con poderosos del mundo del cine y muestra la vida de un hombre que ocultó su homosexualidad al mundo hasta poco antes de su muerte en 1985 y que vivió como bisexual para conseguir triunfar en el cine.

sábado, 26 de noviembre de 2016

#hemeroteca #vih | Bonaventura Clotet: "Si la gente tuviera buen sexo, la sociedad estaría más equilibrada"

Imagen: El Mundo / Marc y Bonaventura Clotet
Bonaventura Clotet: "Si la gente tuviera buen sexo, la sociedad estaría más equilibrada".
Insisten en la importancia de la educación sexual en las escuelas y denuncian la ignorancia en nuestro país a la hora de tratar el VIH.
Beatriz Miranda | El Mundo, 2016-11-26
http://www.elmundo.es/loc/2016/11/26/583878d7268e3ef5748b4628.html

Los Clotet viven en el AVE. Clotet padre, Bonaventura, vino a Madrid el lunes para asistir a la gala del sida. Es el puntal español en la investigación de la enfermedad. Su hijo Marc, actor (‘La voz dormida’, ‘Amar es para siempre’) le acompaña en su lucha. Por primera vez, conceden juntos una entrevista a un medio y demuestran que sus profesiones, en apariencia antagónicas, convergen más de lo que creemos.

¿Cómo vivieron los primeros casos de sida en España?
Bonaventura Clotet (B.).- Tuve la suerte de conocer al primer paciente diagnosticado en España. Yo era residente en el Vall d'Hebron. En esa época sólo podíamos ayudar a morir con dignidad, dar calidad de vida y no cantidad. Era muy duro. Nos sentíamos impotentes, lo que nos animó a investigar. Creamos un laboratorio gracias a La Caixa y la Generalitat.
Marc Clotet (M.)- Fui consciente desde que nací de la gravedad de la enfermedad, formó parte de mi vida desde el principio.

¿Nunca temieron el contagio?
M.- No, siempre tuvimos información al respecto. No teníamos miedo, pero sabíamos del alcance porque al principio los pacientes de mi padre morían. Crecimos con ganas de lucha. Es algo que le puede pasar a cualquiera.
B.- Quien como médico diga que no ha tenido miedo, miente. Esto es como el ébola u otra enfermedad rápidamente mortal. Los primeros pacientes morían de forma dolorosa. Me he pinchado con agujas cuando no sabíamos nada del virus. Claro que pasas tu momento de miedo, pero el balance compensa. La vida es solidaridad, cooperación y ayuda. Hay que empatizar. Los médicos estamos expuestos constantemente.

Recuerdo el caso de un grupo de padres que sacaron a sus hijos de un colegio donde estudiaba una niña que portaba el virus.
B.- En estos momentos, tú dices en una escuela que tu hijo está en tratamiento contra el virus y ya veremos el pollo que se monta. Sigue habiendo muchos prejuicios y muy poco conocimiento de los riesgos reales. Hay mucha hipocresía. La gente tiene mucho miedo a salir del armario y decir "Yo tengo el sida". Una de las cosas que más ha ayudado en la historia del sida es cuando Rock Hudson dijo que tenía la enfermedad y que era gay. Gracias a eso se empezaron a donar fondos para investigar la enfermedad y se aprobaron medicamentos.

En España en eso vamos con años de retraso. Recuerde el rumor de Bosé y la que se lió.
B.- Sí... ¿Tú te imaginas a un político diciendo que lo tiene?

Pero un actor tampoco.
B.- Tampoco un jugador de fútbol. Imagínate el valor que tendría que alguien del Real Madrid lo dijera. Imposible. Tampoco se diría si fuera por transmisión heterosexual. El fútbol es un deporte machista y homófobo.

¿Le ha hecho firmar alguna vez un paciente célebre un pacto de confidencialidad?
B.- No... En España hay muy buenos centros, pero es una cultura muy distinta a la americana, por ejemplo. Nadie quiere decir si tiene el virus y yo tampoco lo voy a hacer por mi juramento hipocrático. Sólo diré el nombre de alguien que ya ha dicho públicamente que yo soy su médico: Giovanna Valls, hermana del primer ministro francés.

¿Son los famosos realmente útiles para normalizar el sida?
B.- Lo más útil es la educación sexual en las escuelas, transmitir información correcta sobre enfermedades de transmisión sexual. Pero no hay que dar solo una clase espontánea, sino algo continuado durante el curso. El sexo debería ser menos traumático. Hay un porcentaje altísimo de gente joven que no sabe qué es el sida o que lo considera algo 'vintage', o algo residual vinculado a homosexuales o excluidos. Es verdad que el mayor número de casos en España es de varones homosexuales, pero hay de todo y no se puede estigmatizar. Si te vas a África, el 40% de mujeres treintañeras está infectada por vía heterosexual.

Usted y su esposa son médico y farmacéutica. Pero sus dos hijos, Marc y Aina, son actores.
M.- Mucha parte de nuestra pasión artística viene de sus genes. A mi padre le gusta mucho comunicar. Presentar una gala tiene mucho de actor, es una interpretación. Además, él lo hace desde el corazón, para que llegue a la gente y emocione. Además, desde niños nos llevan mucho al teatro.

¿No le aconsejaron que tuviera otros estudios por si le iba mal?
M.- Siempre nos animaron a que hiciéramos lo que nos gustara de verdad, pero sí, yo estudié empresariales y marketing y mi hermana comunicación audiovisual. Fuimos juntos a un casting y la cogieron a ella, que empezó a actuar con 11 años. Yo lo hice a partir de los 17. Desde hace diez tengo claro que quiero dedicarme a esto. Mi hermana, desde antes.
B.- En Cataluña hay mucha tradición por el teatro y mis hijos, desde niños, han tenido mucho acceso a la cultura.

¿Nunca se planteó seguir la profesión familiar?
M.- Sí, en algún momento. Es que soy hijo, nieto y bisnieto de médico. Y he roto la tradición. Soy el primer varón Clotet en cuatro generaciones que ni se llama Bonaventura ni es médico. La medicina era algo tan presente en casa que preferí hacer algo que desconocía. Aposté por algo que cada vez me gusta más.

Hay un agravante horrible contra los enfermos de sida: se trata de un virus que se puede evitar.
B.- Eso es demagógico. Por lo mismo, se le prohibiría el tratamiento contra el cáncer a alguien que fuma. Si todo el mundo tuviera buen sexo, la sociedad estaría más equilibrada. Las personas hipócritas estigmatizan todo lo relacionado con el sexo. Nadie merece una enfermedad. Ni ninguna enfermedad está justificada. Nosotros tenemos que solucionar otras cosas, no entrar en planteamientos morales. ¿Qué pasa entonces con los pacientes contagiados por una transfusión?
M.- En el tercer mundo no tienen medios, no hay preservativos. Allí es un virus como la gripe.

¿Le han tentado mucho para salir fuera de España?
B.- Sí, muchas veces. Viajé para formarme fuera, pero prioricé el beneficio de mi equipo del laboratorio en vez del mío propio. Estoy orgulloso de que hoy venga gente de fuera para aprender de nosotros. La experiencia personal y profesional la adquieres en seis meses, no hace falta más tiempo.

¿Le gustaría interpretar a su padre, Marc?
M.- Me encantaría. Poder vivir profesiones que no son la tuya es un viaje precioso.

¿En qué anda ahora, Marc?
M.- Acabo de rodar en Budapest ‘El jugador de ajedrez’ de Luis Oliveros. Se trata de una historia de amor y de resistencia en periodo de entreguerras.

¿Le gustaría trabajar fuera?
M.- Claro. Hablo inglés, francés... Estoy aprendiendo italiano. Me da igual donde trabajar, lo que me interesa es el proyecto.

¿Cuál es el trabajo de Marc del que está más orgulloso?
B.- Lo que le admiro es la capacidad de arriesgarse a cambiar de rumbo en la vida. Cuando se marchó a hacer teatro a Nueva York sabía que no era fácil, pero se atrevió y se enfrentó a ello con rigor científico. Nunca se ha prestado a hacer cualquier cosa por frivolidad. Es verdad que me gustó ‘La voz dormida’... Trabajar en esto en España es muy difícil, no se arriesga... Es un mundo muy machista, además. Hay ‘lobbys’ y poca comunicación... El cine lo hacen cuatro. Aquí no se cuida la cultura como en otros países. Debería haber más ayuda de los ministerios. La cultura es lo que nos salvará de la mediocridad.

¿La opinión de su padre sobre su trabajo es principal?
M.- No. Las opiniones que me importan son: primero, la de mi hermana. Y segunda, la de mi pareja, que también es actriz [Natalia Sánchez]. Mis padres son críticos, pero me lo compran todo.
B.- Bueno, en casa hay mucha crítica, no te creas. 

En titulares. ¿En qué situación estamos en cuanto al sida?
B.- Queremos demostrar que es curable. Debemos desarrollar estrategias que destruyan dónde se encuentra el virus dormido o escondido, lo que impide que los tratamientos puedan interrumpirse. En pruebas con simios se ha demostrado ya que la enfermedad puede controlarse sin tratamiento. Hay un margen de 5-7 años para que un tratamiento llegue a la calle. También trabajamos en otras cosas: microbioma intestinal para tratar la resistencia ante antibióticos y frenar el envejecimiento, nanotecnología para tratar el cáncer.... Por favor, manden un sms al 28099 con la palabra VACUNA y se donarán íntegros 1.20 euros para la investigación. También se puede donar en ‘borraelsida’.

¿Pero estamos más cerca de una vacuna que cure el virus o que te inmunice ante él?
B.- Estamos más cerca de curarlo que de inmunizarnos ante el virus. Pero trabajamos en ambas.

viernes, 9 de octubre de 2015

#hemeroteca #armarios | El novio de Rock Hudson explica cómo ocultaron su relación

Imagen: Google Imágenes / Rock Hudson y Lee Garlington
El novio de Rock Hudson explica cómo ocultaron su relación.
El que fuera pareja del fallecido actor durante tres años, cuenta que acudían juntos a los estrenos pero con compañía femenina.
El País, 2015-10-09
http://elpais.com/elpais/2015/10/09/estilo/1444405426_144274.html

"Él era un amor y yo lo adoraba", ha dicho Lee Garlington sobre Rock Hudson, con quien mantuvo una relación sentimental de 1962 a 1965. En el treinta aniversario de la muerte del actor, este corredor de Bolsa jubilado recuerda cómo fue su noviazgo y cómo ocultaron su homosexualidad en la década de los sesenta, cuando todavía no estaba aceptado socialmente.

Rock Hudson se refirió a Garlington en su biografía como "mi verdadero amor" y, este año, el hombre que ocupó el corazón de uno de los galanes de Hollywood, ha relatado a los medios parte de su historia de amor. "Le esperé fuera de su caravana en los estudios de Universal Pictures, fingiendo leer Variety (aunque probablemente tenía la revista boca abajo) y cuando salió, me miró un momento y se marchó", recuerda el amante del actor.

Un año más tarde, Garlington recibió una llamada para conocer a Hudson. "Estaba muy nervioso, pero él me ofreció una cerveza y entonces sucedió", dice el antiguo corredor de bolsa, de 77 años. "Pasé con él la noche y me fui a las 6 de la mañana en mi coche con el motor apagado para que los vecinos no me escucharan. Pensábamos que estábamos siendo muy inteligentes", explica.

El examante de Hudson ha contado que acudían juntos a los estrenos de películas, pero con compañía femenina para no levantar sospechas. "Rock nunca me pidió que lo mantuviera en secreto porque yo ya sabía que tenía que ser así". Pero al cabo de un tiempo, una fan irrumpió en la casa del actor y les pilló durmiendo juntos. "Empezamos a ser más cautelosos", cuenta Garlington.

Uno de los recuerdos favoritos de Garlington fue cuando estaban preparándose para acudir a un evento y Hudson le dijo que le tenía que enseñar a afeitarse correctamente. "Me enseñó cómo coger la cuchilla y ponerla en un ángulo que cortaba mucho mejor", afirma el que fuera pareja de la estrella de Hollywood.

Ambos se separaron en 1965. "Uno de los motivos por los que rompimos nuestra relación era porque yo, de alguna manera, necesitaba una figura paternal y él no era lo suficientemente fuerte como para asumirlo", asegura Garlington. Perdieron el contacto a raíz de que el icono de la gran pantalla revelara, en 1985, que sufría sida. "Me sorprendió. El sida estaba matando a todo el mundo en aquella época. Llamé a las personas que lo estaban cuidando, pero me dijeron que estaba tan enfermo que no me iba a reconocer y que lo mejor es que guardara la imagen de cómo era él antes".

Tras su muerte, se publicó la biografía de Rock Hudson y allí descubrió su expareja que el actor había dicho sobre él que era su verdadero amor. "Dijo que su madre y yo éramos las únicas personas a las que había amado alguna vez. No sabía que significara tanto para él", dice Garlington.

viernes, 2 de octubre de 2015

#hemeroteca #inmemoriam | Rock Hudson, el galán de Hollywood de los 50

Rock Hudson, el galán de Hollywood de los 50.
El protagonista de 'Gigante' reveló su enfermedad dos meses antes de morir. El actor falleció hace tres décadas, víctima del sida, a los 59 años.
Quim Casas | El Periódico, 2015-10-02
http://www.elperiodico.com/es/noticias/gente/rock-hudson-galan-hollywood-los-4555968

Rock Hudson no aparece citado en ‘Hollywood Babilonia’, la biblia negra de la meca del cine escrita por Kenneth Anger entre 1975 y 1984. Podría haber sido incluido. Hudson, uno de los grandes galanes del cine estadounidense de los 50, falleció el 2 de octubre de 1985. Hoy se cumplen 30 años y justo es recordarlo por lo que significó, como actor y como icono de la última era clásica de Hollywood, ya que en el momento de su muerte se estuvo más atento a su homosexualidad y a la causa del fallecimiento, el sida.

Hudson copó portadas por haber desvelado su orientación sexual y encubrir que había contraído el sida durante la filmación del culebrón televisivo Dinastía. De haber publicado un año después el segundo volumen de su libro, ‘Anger’, sin duda, se hubiera hecho eco de ello. Cuando su compañera de rodaje, Linda Evans, puso el grito en el cielo porque lo había besado en la boca sin saber de su enfermedad, la prensa amarilla se cebó con el que durante tantos años encandiló al público femenino con su tupé engominado.

Una gran presencia
Eran otros tiempos y todo resultaba confuso en cuanto a la transmisión del virus de la inmunodeficiencia adquirida. Cuando el intérprete declaró tener el sida, dos meses antes de fallecer, se convirtió en un héroe y en uno de tantos rostros famosos castigados por la intolerancia. Hudson acabó como víctima de su propia imagen, pero en los años 50 supo modelar, sobre todo en los filmes que hizo a las órdenes de Douglas Sirk, un tipo de personaje simple y atractivo con el que superó sus límites interpretativos. No fue un gran actor, pero tuvo una gran presencia.

Nacido como Roy Harold Scherer en 1925, debutó en el cine en 1948 con el filme bélico ‘Fighter squadron’ Superado el periodo de aprendizaje, en el que le tocó lidiar con personajes exóticos en wésterns y filmes de aventuras árabes (‘Winchester 73’, ‘El halcón del desierto’, ‘La espada de Damasco’), Hudson se hizo un importante hueco en la productora Universal. Apareció en otras películas del Oeste como ‘Horizontes lejanos’, ‘Horizontes del Oeste’, ‘Historia de un condenado’ y ‘Fiebre de venganza’, hasta que en 1954 Douglas Sirk lo convirtió en protagonista de casi todos sus melodramas.

‘Obsesión’, ‘Orgullo de raza’, ‘Solo el cielo lo sabe’, ‘Himno de batalla’, ‘Escrito sobre el viento’ y ‘Ángeles sin brillo’, rodadas por Sirk entre 1954 y 1957, lo entronizaron como galán de dramas más severos que románticos. Si en el wéstern resultaba un actor poco dúctil, en el melodrama desarrolló sus mejores recursos. La escondida homosexualidad del actor contrastaba con los personajes de galán heterosexual bajo los que siempre latía una pulsión ambigua. Todd Haynes se haría eco de todo ello en ‘Lejos del cielo’ (2002), un filme que hace visible todo lo que Sirk y Hudson sugerían.

Su popularidad aún aumentó más cuando formó pareja con Doris Day en comedias almibaradas pero al mismo tiempo cínicas como ‘Confidencias a medianoche’ o ‘Pijama para dos’, exponentes de las denominadas ‘sex comedys’. Entremedio, protagonizó el gran filme-río de la época, ‘Gigante’ (1956). Siguió muy activo hasta poco antes de su muerte, aunque fue en la televisión, con ‘McMillan y esposa’ (1971-1977), donde recuperó la popularidad perdida.

#hemeroteca #inmemoriam | El hombre que no quiso ser Rock Hudson (pero que terminó siendo)

Imagen: Jot Down / Rock Hudson
El hombre que no quiso ser Rock Hudson (pero que terminó siendo).
Pablo Giraldo | Jot Down, 2015-10-02
http://www.jotdown.es/2015/10/el-hombre-que-no-quiso-ser-rock-hudson-pero-que-termino-siendo/

Primero estaba Paul Newman, siempre. Pregunten a su abuela. Después, quizá James Stewart, por aquello de que su aura paternal empatizaba con el ánimo de la posguerra. Y dado que el magnetismo animal de Marlon Brando era digno de descocadas, el tercero en la lista era él: metro noventa, viril, protector, un atractivo sexual por encima de la media y la ingenuidad de un muchacho de campo. Sí, tenía que ser él. Rock Hudson era lo apropiado para una chica de la época.

Así que figúrense la conmoción de su abuela cuando hace treinta años el mundo supo que el apropiado no solo gustaba de acostarse con hombres, sino que se moría de sida. La muerte de Rock Hudson en octubre de 1985, apenas dos meses después de haber confesado su enfermedad en un atropellado episodio en París —la ciudad a la que los enfermos más pudientes viajaban para tratarse con el experimental HPA-23—, fue determinante a la hora de cambiar la percepción que la sociedad occidental tenía del VIH/sida y el colectivo LGTB. Para millones de personas, Rock Hudson fue el primer paciente con sida del que oyeron hablar. Para millones de personas, Rock Hudson también fue la primera celebridad públicamente homosexual.

En 1985, más de seis mil personas en Estados Unidos murieron a causa de la enfermedad, pero como afectaba a grupos de población de los que, bueno, sencillamente no había que preocuparse demasiado, el problema del cáncer gay, la peste rosa o el GRID (‘Gay-related immune deficiency’), término peyorativo con el que la comunidad científica estudió denominar a la enfermedad antes de decantarse por AIDS, no era tan trascendente. Cabe preguntarse qué habría ocurrido si el paciente Rock Hudson no hubiera saltado a los medios de comunicación y, con él, su vida privada en uno de los primeros casos de ‘outing’ que se recuerdan. Quizá sin aquel inaudito impacto mediático, el devenir de la epidemia no hubiera sido el que fue sino otro mucho más infausto.

Icono gay, a su pesar
Hasta finales de los sesenta, la mayoría de la prensa estadounidense respetaba el acuerdo tácito que mantenía a Rock Hudson en el «armario de cristal», una expresión utilizada para designar a aquellos actores gais que no han hecho pública su condición, pero que es consabida por el gremio. En los setenta, el cine invirtió la tendencia del romanticismo al realismo, dejando de lado el tipo de papel que había convertido a Hudson en un mito durante las dos décadas anteriores. Y para cuando bien entrados los ochenta los medios inauguraron una era en la que el escrutinio de la vida privada daba sus primeros y más feroces pasos, la decadencia física de Rock Hudson fue un tema estrella que quedaría registrado en televisión.

Fue en el verano de 1985. Primero a través de ‘Dinastía’ —el comentado beso con Linda Evans es una de las aportaciones más perversas a la cultura pop— y más tarde en un elegíaco programa de su amiga Doris Day, la cual creía que el actor padecía anorexia. Visto con perspectiva, era justo que aquella última aparición pública de Hudson fuera junto a la actriz con la que forjó su fama de «gran farsante». Con Doris había inaugurado una época dorada de la guerra de sexos o, como se conocía en la profesión a comedias como ‘Confidencias a medianoche’ y ‘Pijama para dos’, del ‘delayed fuck’, por eso de que sus protagonistas no podían tocarse sin pasar antes por el altar.

Que la lucha contra la estigmatización y la serofobia tuviera como icono al actor más armarizado de Hollywood, aquel que durante treinta y seis años se había esforzado en proyectar una imagen de héroe romántico y al que Life y otras revistas de los cincuenta y sesenta vendían como el soltero de oro con «¿Le gustaría ser la esposa de Rock Hudson? Así es como debe tratarlo» y otros titulares, tiene mucho de trágica ironía. Dr. Macho Jekyll & Mr. Homo Hyde acabó siendo el rostro sobre el que pivotó la crisis del sida a mediados de los ochenta, pero todos los beneficios sociales de su exposición pública —porque es indudable que los hubo— provinieron de un lugar en las antípodas del activismo LGTB. Así como había sido el ‘role model’ idóneo, Hudson también resultó ser un involuntario pero poderoso referente gay a su pesar, con un efecto destructor de los estereotipos homosexuales que ni en sus peores pesadillas habría imaginado encarnar.

A Hudson, los disturbios de Stonewall que en 1969 asentaron las bases del activismo LGTB tal y como lo conocemos, le pillaron en la otra punta del país, reafirmando su übermasculinidad junto a John Wayne en el rodaje de ‘Los indestructibles’. Cuando la lucha por los derechos de gais y lesbianas era bastante más arriesgada que participar en una colorida fiesta de banderas arcoíris, el actor se resistía a comprender el sentido de unas manifestaciones donde, según sus palabras, «se marchaba con un tubo de vaselina en la mano». Para él, votante republicano confeso, aquello era un ejercicio de proselitismo homosexual con el que no estaba dispuesto a que se le relacionara.

Hudson fue uno de los últimos actores que desarrollaron su carrera bajo el manto de las ‘majors’ (desde 1949 a 1966), lo cual significaba que el estudio velaba por él en todas las esferas de su vida. Eso incluía un equipo de relaciones públicas que se encargó, entre otras cosas, de empujarle a un matrimonio con la secretaria de su representante a mediados de la década de los cincuenta, justo cuando comenzaba a despuntar. No llegaron al tercer aniversario. Por aquel entonces, ya hacía más de una década que Hudson participaba del clandestino ambiente gay de California, que había descubierto al volver de la guerra y casi al mismo tiempo que en Estados Unidos se publicaba el informe Kinsey que animaba a los psiquiatras a despatologizar la homosexualidad. Prefería los encuentros con hombres que también se habían acostado con mujeres y, a ser posible, rubios, de ojos azules, altos, masculinos y veinteañeros, el tipo de hombre que abarrotaba sus famosas fiestas en torno a la piscina. En posteriores viajes a San Francisco, Hudson aprovecharía para hacer todo lo que no podía permitirse en Hollywood: recorrer los cuartos oscuros y ‘glory holes’ de I Beam, Black & Blue o South Of Market, clubes y saunas gais en la cima de la tolerancia y la desinhibición que, como tantos otros, echaron el cierre por culpa del sida.

En una época en la que si no peleabas por un Tennessee Williams parecías malgastar todo tu talento, Rock Hudson se especializó en personajes alejados de cualquier aspiración intelectual —lo intentó con ‘Adiós a las armas’ tras rechazar ‘Ben-hur’ y ‘Sayonara’, pero el resultado no fue el esperado—, más bien anodinos y que podían catalogarse bajo la fórmula del «galán ejemplar». Un subterfugio que le sirvió para ser recordado ya no como un actor memorable ni de marcada personalidad, pero sí como una gran estrella. Como una traslación del “don’t ask, don’t tell” que practicaba en su vida privada, sus personajes no molestaban ni resultaban incómodos al macarthismo. A lo sumo, representaban una versión vigorosa del americano medio, sin carácter.

En ‘Obsesión’, el melodrama quintaesencial de Douglas Sirk que lo lanzó al estrellato y lo convirtió en uno de los actores más rentables de la Universal, su personaje pasaba de ser un ‘playboy’ de manual a estudiar medicina para… ¡curar la ceguera de Jane Wyman! Corría la década de los cincuenta y no hacía mucho que Wyman acababa de divorciarse de otro actor, un tal Ronald Reagan que había dejado muy claras sus aspiraciones políticas cuando se presentó a la presidencia de la Screen Actors Guild.

Treinta años después de ‘Obsesión’, con Reagan ya instalado en el despacho oval y Hudson agonizando en París, el agente de prensa del actor habría de contactar con la Casa Blanca para que intermediaran ante François Mitterrand en su traslado a un centro de confianza. Debían llevarlo del Hospital Americano de París, en el que desconocían la verdadera afección del actor y donde tenían prohibida la admisión de enfermos de sida, al Hospital Militar de Percy, a las afueras de la ciudad, donde le esperaba su médico de confianza que había estado tratándole en secreto con HPA-23 durante un año. Pero por temor a que les acusaran de favoritismo, Nancy Reagan se negó a colaborar con uno de sus votantes más célebres y al que solía invitar a sus recepciones.

Cuando el 25 de julio de 1985, en medio del caos, no hubo otra salida que la de hacer pública la enfermedad en una improvisada rueda de prensa a las escaleras del hospital, una de las primeras en llamar a París fue su amiga Elizabeth Taylor que, como mariliendre oficial de Hollywood, entendió enseguida que ese gesto acababa de cambiarlo todo. Taylor, que terminaría comprometiendo su fama en la lucha contra el sida, no pudo hablar con el actor, pero pidió que le transmitieran un mensaje: con su declaración, acababa de salvar la vida de millones de personas. «¿Por qué?», preguntó el actor. «No lo entiendo». A diferencia de su compañera en ‘Gigante’, Rock Hudson no llegó a ser del todo consciente del alcance de su revelación, que acaparaba las portadas de todos los diarios.

Para cuando finalmente autorizaron el traslado al Percy, por mediación del Ministerio de Defensa francés, el estado de salud de Hudson era demasiado débil como para soportar el tratamiento que su doctor pensaba administrarle. Ante tal perspectiva, se le ofrecieron dos posibilidades: internarse en Percy tres semanas a la espera de que una posible mejoría permitiera retomar el HPA-23 —solo disponible en Francia— o regresar a Los Ángeles y ser tratado en el UCLA con cuidados paliativos. Como le dijeron que moriría en unos tres días, Hudson prefería hacerlo en su cama y no en la grisácea París. Quedaba otro pequeño obstáculo para acabar con diez días fatídicos: todas las compañías aéreas que cubrían el trayecto a Los Ángeles se negaron a embarcar a un enfermo de sida. Hubo que alquilar un 747 a Air France por la módica cantidad de doscientos cincuenta mil dólares.

Rock Hudson murió el 2 de octubre de 1985, a los cincuenta y nueve años, en su casa de Beverly Hills. Pocas semanas antes, el presidente Reagan había roto por fin el tabú institucional con su primera mención pública a la epidemia, que cínicamente calificó de «prioridad nacional». Aquellas declaraciones, unidas al recorte del presupuesto dedicado a la enfermedad en un 11% —de 95 millones en 1985 a 85,5 en 1986— dan una idea de lo negligente que fue su gestión de la crisis, pero también dejan claro que hubo un antes y un después del sida con Rock Hudson.

El cambio de actitud definitivo de la Casa Blanca con respecto a la epidemia no llegaría hasta 1987, seis años después del registro de los primeros casos de sida en Estados Unidos y dos después de la muerte del actor. Fue en mayo, durante un discurso del presidente en la American Foundation For AIDS Research (AmFAR), a petición de Elizabeth Taylor y después de que hubiera entrado en escena el caso de Ryan White, un paciente con implicaciones morales mucho más convenientes para la puritana administración Reagan. White era un adolescente hemofílico de Indiana que se había contagiado con VIH por —oh, infortunio— una transfusión de sangre. O dicho de otro modo: había que tomar medidas porque el paciente ya no era un marica de vida réproba o un drogadicto aficionado a sustancias intravenosas. Si podía pasarle a White —varón, heterosexual, blanco y cristiano—, es que podía pasarle a cualquiera. Para entonces, las defunciones asociadas al sida ya superaban las cuarenta mil.

#hemeroteca #inmemoriam | La primera cara del VIH

La primera cara del VIH.
Hudson anunció que tenía sida el 25 de julio de 1985. Fue el primer famoso que lo hizo.
Emilio de Benito | El País, 2015-10-02
http://elpais.com/elpais/2015/10/02/estilo/1443795950_158889.html

A nadie le sorprendió que un día como hoy de hace 30 años falleciera Rock Hudson. El actor, que tenía 59 años, había comunicado el 25 de julio de 1985 que tenía sida desde hacía casi un año y que estaba en un hospital de París tratándoselo. Fue el primer famoso que lo dijo, y supuso un revolcón para los estereotipos que ya acompañaban a la infección. O un medio revolcón. No se trataba de alguien marginal, un consumidor de heroína o de otras sustancias (al menos no se le conocía por eso). El actor, un galán de los años cincuenta y sesenta, alto, fuerte, deportista y guapo –aparte de un intérprete aceptable–, era el primer famoso afectado por el sida. O el primero que lo hacía público.

Su salida del armario fue doble. En una época en que regía la regla de las cuatro h –las personas con sida eran heroinómanos, hemofílicos, homosexuales o haitianos–, Hudson solo era lo tercero. De hecho, salió de los dos armarios de golpe: del de la sexualidad y el del sida. Fue una especie de redención pública, un ataque de honestidad a ultranza de quien fue casado por su estudio con una secretaria, en una de tantas bodas tapadera, en los años cincuenta para ocultar su atracción por los hombres.

La sacudida que supuso su declaración fue solo parcial. A Hudson aún le afectaba el estigma, la tercera h, la de homosexual. Hasta 1991, cuando un heterosexual como el baloncestista Magic Johnson declaró que tenía el VIH, no hubo una auténtica conciencia de que el virus no tenía predilección por gais o heteros. El descubrimiento poco después por el mundo occidental de los estragos que el sida estaba causando en África –precisamente por las relaciones heterosexuales– acabó de derribar esos prejuicios.

Pero eso no le quita mérito a Hudson. El actor acababa de terminar su participación en Dinastía, el culebrón que arrasaba en los ochenta. A toro pasado, su cara afilada sería identificada por cualquiera que haya visto a unas cuantas personas con sida como la lipoatrofia, una pérdida de la grasa facial característica de la enfermedad. Con solo 59 años, el actor estaba visiblemente avejentado, lo que no le impidió interpretar, otra vez, a un seductor. Por cierto que su compañera en la serie, la actriz Linda Evans –la sufriente Krystel–, tuvo un ataque de pánico cuando supo que el actor tenía sida: en aquella época no estaban claras las vías de transmisión del virus, y ellos se habían besado en escena.

El impacto del anuncio de Hudson fue múltiple. Aparte del ejemplo de visibilidad, su popularidad impulsó una fuerte movilización alrededor de la enfermedad. Liderados por Elizabeth Taylor, quien se mantuvo con su amigo hasta el final, proliferaron los actos para recaudar fondos, los mensajes preventivos –no, Linda, el VIH no se transmite besando–. Nadie lo ha medido, pero aquella actividad fue crucial para la evolución de la enfermedad, la primera pandemia retransmitida en directo con resultados espectaculares: en poco más de 15 años se pasó de ignorarlo todo al respecto a identificar la causa y tener un tratamiento que permite controlar, que no curar, la infección. A falta de óscares y otros legados (estuvo nominado por Gigante), el novio cinematográfico de Doris Day dejó un legado que ha contribuido a cambiar la vida de muchas personas: el mensaje de que nadie está a salvo del sida. Y de que hace falta mucho dinero para combatir la enfermedad.