Mostrando entradas con la etiqueta Montgomery Clift. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montgomery Clift. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de julio de 2022

#hemeroteca #gais #testimonios | Montgomery Clift: el gay que Hollywood ocultó y el rostro que desfiguró un coche

El Confidencial / Montgomery Clift //

Montgomery Clift: el gay que Hollywood ocultó y el rostro que desfiguró un coche.

Se cumple más de medio siglo de la muerte de la estrella más torturada del Hollywood clásico. Recordamos algunos de sus romances y el conflicto que vivió con su condición de homosexual.
José Madrid | Vanitatis, El Confidencial, 2022-07-23
https://www.vanitatis.elconfidencial.com/celebrities/2021-07-23/montgomery-clift-aniversario-gay-hollywood-accidente-rostro_2793875/ 

Si Hollywood (y él mismo) hubiese permitido a Montgomery Clift ser él mismo, su (breve) vida habría sido diferente. El joven que cambió para siempre el estereotipo del añejo galán con sus grandes ojos verdes y una melancolía y vulnerabilidad nunca vistas en la gran pantalla fue un alma atormentada. Monty, como lo llamaban sus amigos, se pasó media vida de psiquiatra en psiquiatra, atrapado en adicciones que intoxicaron algunos de los rodajes en los que participó. Y si no, que le pregunten al John Huston de 'Vidas rebeldes', una de sus últimas películas. El director vio cómo la producción casi se va al garete por culpa de las tribulaciones de Clift y de Marilyn Monroe, otro titán de la industria cinematográfica que también estuvo marcado por la desgracia.

Los orígenes de su angustia estaban, como en un mal sueño freudiano, en su propia infancia. Nacido en una familia pudiente venida a menos, sus padres nunca apoyaron su decisión de convertirse en actor. Su madre, Ethel Fogg, había sido una niña adoptada y estaba más ocupada en lograr que una familia rica la reconociese como hija que en el bienestar de su propia prole. El desapego familiar hizo que el pequeño Monty se refugiase en la interpretación. La pasión por vivir otras vidas le hizo debutar muy joven en los escenarios de Broadway. A finales de los 40, 'Los ángeles perdidos' y, sobre todo, 'Río Rojo', en la que se midió de igual a igual a un John Wayne que estaba en las antípodas de lo que él representaba, fueron su carta de presentación en el cine.

Tras encarnar al ambiguo don juan de 'La heredera', llegaron otros éxitos como 'Un lugar en el sol', junto a su amiga Elizabeth Taylor; 'Yo confieso', a las órdenes de Hitchcock, o la multipremiada 'De aquí a la eternidad'. De 'Un lugar en el sol' se dijo que nunca se habían visto dos rostros más bellos juntos en una pantalla. Y razón no faltaba a aquellos que elogiaron la belleza pura y juvenil de Taylor y Clift. Sin embargo, Hollywood miraba con recelo al joven, al que se veía como un bicho raro, un perro verde en una industria que trataba con mano dura a aquellos que se desviaban de la senda marcada. Monty no iba a fiestas por más que lo invitasen, apenas tenía amigos en la meca del cine y no cuidaba demasiado su aspecto. Para colmo, no se le conocía novia alguna, lo cual originó una catarata de rumores sobre sus inclinaciones sexuales. Él confesaba que le encantaban las mujeres pero que prefería estar "solo" cuando a algún periodista intrépido se le ocurría preguntarle por su vida amorosa.

Consagrado ya como uno de los grandes emblemas del Hollywood del Actor's Studio, el de los Brando o los Dean que desplazaron a los Cooper o a los Gable, a mediados de los 50 Clift sufrió un accidente de tráfico que cambiaría para siempre su vida, su carrera y su rostro perfecto. Corría el año 1956 y el actor rodaba, de nuevo junto a Elizabeth Taylor, 'El árbol de la vida'. La película era una especie de intento fallido de repetir el éxito de 'Lo que el viento se llevó' mediante un dramón sureño de gran presupuesto. A la salida de una fiesta de la casa de Taylor, su coche se empotró contra un poste telefónico. La propia actriz salió de su casa para auxiliar a su amigo y lo salvó de morir ahogado cuando le extrajo dos dientes de la garganta. Milagrosamente, Monty salvó su vida, pero su rostro efébico no corrió la misma suerte. Completamente desfigurado, el joven tuvo que someterse a una cirugía que le cambió la cara por completo. Tras la convalecencia, Clift volvió al plató de 'El árbol de la vida'. Cuentan que, cuando la película se estrenó, una de las diversiones de los espectadores más crueles consistía en adivinar en qué secuencias aparecía el viejo rostro del actor y en cuáles el nuevo.

Excesos, alcohol y psiquiatras
Tras el accidente, Montgomery Clift vivió una lenta autodestrucción en forma de alcohol y adicción a los analgésicos. La época de 'De aquí a la eternidad', con la que incluso logró una nominación al Oscar y en cuyo rodaje forjó una gran amistad con Frank Sinatra, quedaba ya lejos pese a que solo habían pasado cinco años. Sus continuos conflictos internos, su inseguridad frente a la cámara y la incapacidad para vencer sus adicciones colmaron la paciencia de Joseph Leo Mankiewicz durante el rodaje de 'De repente, el último verano'. Genio y figura hasta el final, se dice que Katharine Hepburn, coprotagonista en aquella adaptación de la obra de Tennessee Williams, se sintió tan ofendida por el trato que el director dispensó a Clift que acabó escupiéndole en la cara una vez finalizó el rodaje.

Aunque nadie sabía nada de sus pasiones fuera de la gran pantalla, biografías posteriores han revelado que Monty mantuvo relaciones con el coreógrafo Jerome Robbins o con el actor Roddy McDowall. Este último incluso intentó quitarse la vida cuando Clift lo dejó por otro. Pese a todo, el verdadero compañero del actor en aquellos años fue el alcohol, que puso en peligro muchos de sus trabajos.

En plena decadencia, cuesta abajo y sin frenos, protagonizó la mencionada 'Vidas rebeldes' en 1961. Marcada por la desgracia, aquella también fue la última película de Clark Gable y Marilyn Monroe. A Monty todavía le quedaban varias producciones por vivir. Por ejemplo, 'Freud', en cuyo plató se hicieron patentes sus excesos y sus dificultades para memorizar las líneas de diálogo. Los responsables de los estudios Universal, hartos de su comportamiento, le acabaron demandando por no atenerse a las reglas de la producción.

El 23 de julio de 1966, la vida loca acabó pasándole factura. La mañana de aquel día, el actor apareció muerto en su piso de Nueva York. Tenía 45 años y la autopsia oficial dictaminó que había fallecido de una "oclusión de la arteria coronaria". Si de Bogart se dijo en su día que había muerto "de cáncer y de un millón de whiskys", en el caso de Montgomery quedó claro que también la adicción, unida al tormento y el miedo, acabó con su vida. Una década antes de morir, ya era un cadáver prematuro. En años posteriores, la publicación de varios libros dejó claro que, pese a que el Hollywood de la época no era muy permisivo con la homosexualidad, fue él mismo el que nunca terminó de aceptar quién era. Icono gay pese a ese conflicto interno, para Elizabeth Taylor, Monty también fue "el mejor amigo" que tuvo "hasta el día de su muerte". Sin embargo, la mejor definición de sus últimos años de vida la dio uno de sus profesores del Actor's Studio cuando declaró que el de Montgomery Clift fue "el suicidio más largo de la historia".

sábado, 6 de noviembre de 2021

#hemeroteca #bisexualidad #testimonios | La condesa amiga de Don Juan Carlos que amó 21 años a Florinda Bolkan y ha adoptado a su compañera por motivos fiscales

El Mundo / Marina Cicogna //

La condesa amiga de Don Juan Carlos que amó 21 años a Florinda Bolkan y ha adoptado a su compañera por motivos fiscales.

Marina Cicogna fue la primera novia de Alfonso de Borbón, pasó 21 años con la actriz Florinda Bolkan y ahora ha adoptado a su acompañante Benedetta por motivos fiscales. Nacida en el palazzo Volpi, nos cuenta su vida.
Luis Fernando Romo | El Mundo, 2021-11-06
https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2021/11/06/61855bf6e4d4d8f70f8b45da.html

Preservar la belleza de un pasado antecopretérito para protegerla de un factible futuro distópico es un deseo soñado que solo puede materializar un alma sensible y renacentista como el de la condesa Marina Cicogna (admiren su libro Imitatio Vitae). Nacer en el Palazzo Volpi en la Via del Quirinal de Roma imprime carácter. O más bien se hereda, ya que su abuelo materno, Giuseppe Volpi, I conde de Misurata, asentó los pilares del festival de cine más antiguo del mundo, la Mostra de Venecia, en 1932.

De pequeña se enamoró de ‘Lo que el viento se llevó’ (1939), producida por David O. Selznick, a quien vio por primera vez en la ciudad eterna. "Él fue quien influyó decisivamente para que me interesara por el cine. Le conocí en Roma porque producía ‘Estación Termini’ (1953), protagonizada por su mujer, Jennifer Jones, y Montgomery Clift. ¡Quien me iba a decir que acabaría como productora!".

Aquellas ilusiones se truncaron con el estallido de la II Guerra Mundial que conllevó una mudanza familiar a Lausana (Suiza), donde Marina (87) hizo amistad con el futuro rey de España. "Juanito me cayó muy bien porque era divertido, atractivo, abierto y muy agradable", confiesa la aristócrata a LOC desde Roma "e intimé con su primo Alfonso, que fue mi primer novio".

Ante la dramática situación que está viviendo el emérito, admite: "No sé lo que ha pasado y no tengo una opinión política, pero ser un mujeriego no ha sido una buena idea. Además, a medida que ha ido cumpliendo años puede que se haya sentido tan aturdido que no se ha centrado en las cosas importantes. Por eso, Felipe VI, que se parece mucho a su madre, está intentando arreglar las cosas".

"Cuando acabó la contienda, la condesa frecuentó los aristocráticos palacios romanos, venecianos y milaneses, esquiaba en Cortina d'Ampezzo y conquistó Hollywood con 17 años. Intimó con Barbara Warner en el Sarah Lawrence College (Nueva York) y la invitó a su mega mansión de Beverly Hills. Su padre era Jack Warner, presidente de los estudios Warner Bros. "Es una de las casas más bonitas de California. Allí conocí a grandes estrellas porque su madre era íntima de Marlene Dietrich". La mansión de 1.200 metros cuadrados la compró Jeff Bezos el año pasado por 165 millones de dólares. Regresó cuando a Roma la bautizaron como Hollywood sobre el Tíber porque las egregias luminarias habían desembarcado para rodar ‘Qvo Vadis’ o ‘Vacaciones en Roma’.

Delon y Warren Beatty

En ese fervor de la Dolce Vita de los paparazzi, Marina Cicogna empezó a fotografiar a esos sueños de celulosa que ante su mirada eran simples mortales (pubicados en el libro ‘Scritti e Scatti’). Entretanto, daba rienda suelta a su corazón. Intensas amistades con Jeanne Moreau, Deborah Kerr, Jackie Kennedy, Stavros Niarchos, Gianni Agnelli, Elizabeth Taylor y Federico Fellin, romances con Alain Delon, o Warren Beatty... y llegó la actriz brasileña Florinda Bolkan, con quien estuvo 21 años. En la actualidad convive con Benedetta, a quien ha adoptado por motivos fiscales.

¿Siente alguna diferencia entre el amor de un hombre y una mujer? "No sabría decirte porque no he vivido lo suficiente con un hombre, pero creo que es más fácil con una mujer. Florinda era divertida, construimos prácticamente nuestras carreras al unísono, pero llegó un punto en el que empezó a ser inestable, conspiraba y eso hacía que las cosas fueran más difíciles. Romper con ella fue tremendamente difícil. Convivir con Benedetta no es fácil, pero es una persona muy estable, protectora y como no tengo mucha familia la persona con la que convives acaba siendo tu familia. Tenerla cerca es muy importante para no ir envejeciendo sola".

Habla con normalidad sobre su bisexualidad. Odia las etiquetas. Se siente libre. Pero hay una cosa que no permite: "No me gusta compartir el baño ni con hombres ni con mujeres. Los americanos han sido muy inteligentes porque en muchas casas el dormitorio principal tiene dos baños y esa es una manera civilizada para vivir".

Fiel a su lema "las cosas suceden de forma natural", a mediados de los 60 se dedicó de lleno al mundo cinematográfico. Produjo ‘Belle de Jour’ (1967) de Luis Buñuel, con la que ganó el León de Oro en el festival de su abuelo. Mostrar el erotismo femenino burgués en la piel de Catherine Deneuve enfundada en exclusivos diseños de Yves Saint Laurent fue un gran riesgo. "Me dijeron que estaba loca, que no iba a encontrar distribución para una película de estas características porque ni el director ni la actriz eran conocidos. Buñuel había hecho filmes maravillosos, pero con 'Belle de Jour' alcanzó la fama internacional". Hablemos de estrellas.

P. ¿Hasta qué punto el concepto tradicional de estrella ha cambiado por las redes sociales?
R. Actualmente hay muchas starlets de las que no conocemos sus nombres y si los sabemos, los olvidamos enseguida. Aparecen y desaparecen cada dos minutos. Ya no hay gente como Audrey Hepburn o Marilyn Monroe, con esa fuerte personalidad, que poseían ese algo indefinible que les hacía únicas. En la actualidad hay intérpretes brillantes, pero no estrellas. Las redes lo han vulgarizado todo.

P. ¿Qué impresión le produjo Montgomery Clift?
R. Cuando fui a su piso de Nueva York estaba vacío, solo había libros y un colchón en el suelo. Era muy joven y aquello me pareció extraño. Probablemente estaba muy influenciado por una mujer horrible llamada Libby Holman (su mentora) que estuvo casada con el hijo del fundador de los cigarrillos Reynolds. Era un chico muy normal y encantador que no estaba interesado en ser una estrella de Hollywood, tan solo en ser un simple ser humano. Así lo demostró en la forma de vivir. No como Marlon Brando, que estuvo en mi casa y sí desprendía aureola de estrella.

P. Quizás vivía atemorizado por ocultar su homosexualidad al igual que le ocurrió a Rock Hudson.
R. Eran muy diferentes. Montgomery Clift estaba más atormentado, mientras que Rock Hudson era un alma bella y libre que no se escondía de nadie y nada le torturaba. Le conocí cuando vino a Venecia de vacaciones con su agente, le presenté a mi amigo Michael Butler, productor de Hair, que estaba recién casado, y desaparecieron... (sonríe). La personalidad de Montgomery Clift se complicó tras el terrible accidente al salir de casa de Elizabeth Taylor que le deformó la cara. Me lo encontré en un restaurante en París y casi no le reconocí.

P. ¿Qué recuerda de Marilyn?
R. La conocí durante el rodaje ‘Cómo casarse con un millonario’ (1953). Se me acercó para preguntarme cómo eran los italianos ya que se había comprometido con Joe DiMaggio. Volvía locas a las actrices, como Lauren Bacall, porque no hacía caso a las indicaciones del director, ella tenía su propio código y preguntaba cómo tenía que poner ciertas partes de su cuerpo para estar hermosa. Algunas escenas se repetían 18 o 20 veces. Aquello destrozó a sus compañeras. Era una forma de inseguridad.