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viernes, 8 de mayo de 2020

#hemeroteca #saludpublica #controlsocial | Perros robóticos patrullan los parques de Singapur para evitar aglomeraciones de personas

Imagen: El Español / Spot en un parque de Singapur
Perros robóticos patrullan los parques de Singapur para evitar aglomeraciones de personas.
Los perros robóticos de Boston Dynamics han encontrado un nuevo trabajo: patrullar los parques de Singapur para recordar el distanciamiento social.
Adrián Taya | El Español, 2020-05-08
https://www.elespanol.com/omicrono/tecnologia/20200508/perros-roboticos-patrullan-parques-singapur-aglomeraciones-personas/488452015_0.html

La ciudad-estado de Singapur ha anunciado el inicio de un programa piloto que usará perros robóticos para controlar cuánta gente visita uno de sus parques, y asegurarse de que mantienen el distanciamiento social.

Los gobiernos de todo el mundo siguen buscando una solución tecnológica para reducir la cantidad de víctimas por el coronavirus y evitar una segunda oleada. Algunas de estas soluciones son más sutiles que otras, y la que han elegido en Singapur es probablemente la más directa de todas.

El gobierno ha decidido aliarse con la famosa startup Boston Dynamics para usar sus perros robóticos Spot durante una prueba que durará dos semanas; la misión de estos robots será evitar las aglomeraciones de personas y fomentar el distanciamiento social.

Perros robóticos patrullan Singapur
Spot es el robot de Boston Dynamics que más éxito comercial ha tenido, aunque eso no es decir mucho por el momento. Al tener cuatro patas y contar con avanzados algoritmos de navegación, es capaz de sobrepasar obstáculos e incluso de abrir puertas.

Aunque deben ser controlados a distancia, estos robots cuentan con algunas funciones semi-autónomas, en el sentido de que pueden tomar la mejor decisión en cada momento sin necesidad de que el operador la tome; por ejemplo, gracias a sus cámaras no se estrellarán contra objetos o personas.

En cierto sentido, eso los hace ideales para que realicen patrullas por el parque Bishan-Ang Mo Kio, reproduciendo mensajes pregrabados en los que se recuerda a los visitantes que deben mantener una distancia de seguridad para evitar el contagio del COVID-19.

Capaz de detectar grupos de personas
Pero esto será algo más que un altavoz con ruedas; gracias a las cámaras incorporadas en el robot, este será capaz de contar la cantidad de personas que hay en el parque y avisar a los controladores si se reúne demasiada gente. El mapa online del parque se actualiza en tiempo real, mostrando las zonas que tienen mayores aglomeraciones de personas.

Ni que decir tiene que eso parece salido del guión de una película distópica, pero los responsables prometen que el robot no es capaz de identificar a las personas que se reúnen en el parque, ni de obtener información personal.

Con la crisis del coronavirus, los ingenieros de Boston Dynamics se han encontrado con la necesidad de buscar una utilidad a estos robots en esta situación, y poco a poco la están encontrando. No hace mucho hablábamos de cómo están siendo usados en un hospital de Boston para contactar con pacientes, y las patrullas de prueba en Singapur es otro ejemplo de lo que es posible, aunque no estuviesen diseñados para esto desde el principio.

miércoles, 18 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica | Coronavirus: Así enfrentaron la epidemia algunas ciudades asiáticas muy pobladas

Imagen: The New York Times / Singapur
Coronavirus: Así enfrentaron la epidemia algunas ciudades asiáticas muy pobladas.
Las estrategias de Singapur, Taiwán y Hong Kong han tenido hasta ahora resultados exitosos. Pero estas tácticas podrían ser imposibles de replicar en Estados Unidos y Europa.
Hannah Beech | The New York Times, 2020-03-18
https://www.nytimes.com/es/2020/03/18/espanol/mundo/coronavirus-cuarentena-hongkong-singapur-china.html

Dos horas. Ese es todo el tiempo que tienen los equipos médicos de Singapur para descubrir los primeros detalles de cómo fue que sus pacientes contrajeron el coronavirus y a qué personas pudieron infectar.

¿Viajaron al extranjero? ¿Tienen algún vínculo con uno de los cinco grupos de contagio identificados en toda la ciudad Estado? ¿Tosieron encima de alguien en la calle? ¿Quiénes son sus amigos y familia, con quiénes se van a tomar un trago y con quiénes comparten sus rezos?

Mientras las naciones de Occidente enfrentan la propagación descontrolada del coronavirus, la estrategia de Singapur, de moverse con rapidez para localizar y realizarles pruebas a casos sospechosos, es un modelo para mantener controlada la epidemia, aunque no aniquila por completo las infecciones.

Con un detallado trabajo detectivesco, los rastreadores gubernamentales de contactos encontraron, entre otros, a un grupo de entusiastas de la música que cantaban juntos y expulsaban gotículas respiratorias, con lo que propagaron el virus a sus familias y luego a un gimnasio y una iglesia, y terminaron por formar la mayor concentración de casos en Singapur.

“Queremos estar uno o dos pasos adelante del virus”, comentó Vernon Lee, director de la división de enfermedades contagiosas del Ministerio de Salud de Singapur. “Si persigues el virus, siempre estarás en desventaja”.

Singapur, junto con Taiwán y Hong Kong, cuenta con estrategias exitosas, al menos hasta el momento, para combatir una pandemia que ha infectado a más de 182.000 personas y ha cobrado la vida de al menos 7300 en todo el mundo. A pesar de haber registrado los primeros casos del virus hace meses, estas tres sociedades asiáticas han detectado apenas un puñado de muertes y relativamente pocos casos, aunque siguen enfrentando riesgos pues la gente que proviene de focos nacientes de infección en Estados Unidos, Europa y cualquier otra parte del mundo transporta el virus.

La intervención temprana es clave, al igual que un rastreo minucioso, cuarentenas obligatorias y un distanciamiento social meticuloso, todo bajo la coordinación de líderes dispuestos a actuar rápido y a ser transparentes.

En Singapur, la información sobre los lugares donde viven, trabajan y juegan los pacientes se divulga rápidamente en línea, y esto permite que los demás se protejan. Los contactos cercanos de los pacientes son sometidos a una cuarentena para limitar la propagación. Esta semana, el gobierno fortaleció aún más sus fronteras para protegerse en contra de una nueva ola de infecciones importadas.

Algunas de estas lecciones llegaron demasiado tarde a Estados Unidos y Europa, donde el contagio se está propagando mientras algunos gobiernos demoran y debaten las medidas.

Además, los sistemas de monitoreo en Singapur, Taiwán y Hong Kong fueron perfeccionados a lo largo de varios años, después de haber tenido fallas para detener otro brote peligroso —el SRAS— hace 17 años. Estados Unidos disolvió su unidad de respuesta pandémica en 2018.

También está la duda de cuán replicable es este modelo de los centros asiáticos más pequeños en los grandes países occidentales donde las personas podrían irritarse por el aprovechamiento de cámaras de circuito cerrado de televisión o de los registros de inmigración para la salud de todo un país. Este tipo de control de enfermedades infringe las libertades individuales, y lugares como Singapur, donde se prohibió la goma de mascar, hay más disposición a aceptar órdenes del gobierno.

“Quizás sea por nuestro contexto asiático, pero nuestra comunidad está un poco preparada para esto”, dijo Lalitha Kurupatham, subdirectora de la división de enfermedades transmisibles en Singapur. “Seguiremos luchando, porque el aislamiento y la cuarentena funcionan”.

Singapur, un país rico y ordenado ha pasado años construyendo un sistema de salud pública que incluye clínicas especiales para epidemias y un sistema de mensajería oficial que insta a las personas a lavarse las manos y a estornudar en un pañuelo durante la temporada de influenza. La Ley de Enfermedades Infeciosas le da a este estado nación una amplia facultad para priorizar el bien común por encima de las precupaciones de privacidad.

“En tiempos de paz planeamos para epidemias como esta”, dijo Kurupatham.

Como la responsable del programa de rastreo de contactos en Singapur, ha estado trabajando 16 horas al día durante dos meses y su descripción de una guerra contra la enfermedad está en función de la vulnerabilidad al contagio. Singapur es un puntito rojo en el mapamundi pero también una isla densamente poblada donde cada vuelo es internacional.

En los primeros días del brote, Singapur fue muy vulnerable debido a una gran población de China continental que llegó durante las festividades del Año Nuevo chino.

Las decenas de casos confirmados en Singapur son el reflejo de la disponibilidad gratuita y generalizada de las pruebas. Muchos fueron casos leves que de otra forma no habrían sido diagnosticados. Sin embargo, Singapur se apresuró para detener la posibilidad de una transmisión desbocada a nivel local.

“Hasta que se supo de Italia, Corea e Irán, Singapur era el peor caso aparte de China”, comentó Linfa Wang, director del programa de enfermedades infecciosas nacientes de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Singapur-Duke. “¿Por qué no nos sentimos así? Porque el gobierno es muy transparente y porque esa cifra significa que somos muy eficaces en el rastreo y aislamiento de cada caso”.

A pesar del pánico que surge en todas partes, la mayoría de los singapurenses no usa cubrebocas en la calle porque el gobierno les ha dicho que no es necesario para su seguridad. La mayoría de las escuelas están abiertas, aunque con almuerzos espaciados entre sí para evitar las grandes multitudes. Hay bastante papel de baño.

Hasta el martes por la noche, Singapur tenía 266 casos confirmados. Tan solo una fracción son misterios, pues no están relacionados con un viaje del extranjero ni con grupos de infección locales previamente identificados, los cuales incluyen iglesias y una cena privada.

Cerca de 115 pacientes han sido dados de alta del hospital. Singapur no ha registrado muertes por el coronavirus.

Cuando los rumores de un misterioso virus respiratorio comenzaron a circular en China a principios de año, Singapur se movió con rapidez. Fue uno de los primeros países en prohibir la entrada a todos los viajeros de China continental, a partir de finales de enero. Los escáneres térmicos medían las temperaturas de todos los que llegaron al país.

En una nación de 5,7 millones de residentes, Singapur desarrolló rápidamente la capacidad de administrar pruebas de coronavirus a más de 2000 personas por día. En el estado de Washington, uno de los lugares más afectados en los Estados Unidos, los laboratorios públicos tienen como objetivo procesar 400 muestras al día.

En Singapur, las pruebas son gratuitas, al igual que el tratamiento médico para todos los residentes. Singapur tiene 140 rastreadores de contactos que hacen esquemas de la historia clínica de cada paciente, junto con la policía y los servicios de seguridad que hacen el trabajo en la calle.

Después de semanas de investigación y con el uso de una nueva prueba de anticuerpos que puede detectar a la gente que se ha recuperado, los funcionarios de salud pudieron relacionar dos aglomeraciones de 33 personas en iglesias con una cena para celebrar el Año Nuevo chino a la que asistieron miembros de ambas congregaciones. La gente que transmitió la enfermedad entre las dos iglesias nunca mostró síntomas graves.

Los contactos cercanos de los pacientes son puestos en cuarentena obligatoria para impedir un mayor contagio. Casi 5000 han sido aislados. Las personas que no cumplan con las órdenes de cuarentena pueden enfrentar cargos penales.

En Singapur, a todos los pacientes con neumonía se les hace la prueba del coronavirus; también a las personas que están de gravedad. Se han identificado casos positivos en el aeropuerto, en clínicas gubernamentales y, con mayor frecuencia, por medio del rastreo de los contactos.

El brote del SRAS en 2003 moldeó el régimen epidémico de Singapur, cuando de 238 casos confirmados murieron 33. Al igual que en Hong Kong, los trabajadores del sector salud fueron algunas de las bajas en Singapur.

En Hong Kong, el inmenso número de muertos que causó el SRAS, casi 300 personas, ha provocado que en esta ocasión los habitantes del territorio semiautónomo chino ejerciten sus músculos vestigiales de prevención de enfermedades, a pesar de que en un inicio las autoridades locales hayan titubeado para determinar si debían cerrar la frontera con China continental. Casi todo el mundo, al parecer, comenzó a usar desinfectante para manos. Los centros comerciales y las oficinas instalaron escáneres térmicos.

“Lo más importante es que la gente de Hong Kong tiene recuerdos profundos del brote del SRAS”, mencionó Kwok Ka-ki, un legislador de Hong Kong que también es doctor. “Todos los ciudadanos hicieron su parte, incluido el uso de cubrebocas, el lavado de manos y la toma de precauciones necesarias, como evitar lugares llenos de gente y reuniones”.

Con el tiempo, el gobierno de Hong Kong tomó medidas equivalentes a la cautela del público. Se restringieron los cruces fronterizos. Los funcionarios públicos recibieron la orden de trabajar desde casa, y esto provocó que las empresas hicieran lo mismo. Cerraron las escuelas en enero, al menos hasta finales de abril.

Taiwán actuó incluso más rápido. Como Hong Kong y Singapur, Taiwán estaba conectado con vuelos directos a Wuhan, la ciudad china donde se cree que se originó el virus. A finales de diciembre, el centro de comando nacional para la salud de Taiwán, el cual se creó después de que el SRAS cobró la vida de 37 personas, comenzó a ordenar exámenes para los pasajeros provenientes de Wuhan, incluso antes de que Pekín admitiera que el coronavirus se estaba propagando entre humanos.

“Como aprendimos nuestra lección con el SRAS, en cuanto comenzó el brote, adoptamos una estrategia interdepartamental”, comentó Joseph Wu, el ministro de Exteriores de Taiwán.

Para fines de enero, Taiwán había suspendido los vuelos desde China, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud aconsejó no hacerlo. El gobierno también acogió el uso de los macrodatos, al integrar su base de datos nacional de seguros de salud con su información sobre inmigración y aduanas para rastrear casos potenciales, señaló Jason Wang, director del Centro de Prevención, Resultados y Políticas de la Universidad de Stanford. Cuando se descubrieron los casos de coronavirus en el crucero Diamond Princess después de una parada en Taiwán, se enviaron mensajes de texto a todos los teléfonos móviles en la isla, con la lista de cada restaurante, sitio turístico y destino que habían visitado los pasajeros del barco durante su tiempo en tierra.

Hasta el martes, Taiwán había registrado 77 casos de coronavirus, aunque sus críticos están preocupados de que las pruebas no tengan una distribución suficiente. Los estudiantes regresaron a clases a finales de febrero.

Con las nuevas oleadas del virus en todo el mundo, los funcionarios de salud pública en los tres lugares se están preparando para una pelea más larga.

El martes, el gobierno de Hong Kong, donde solo se confirmaron 157 casos, anunció una cuarentena obligatoria de 14 días para todos los viajeros del extranjero a partir de esta semana.

Taiwán requerirá la cuarentena para las personas provenientes de una lista de 20 países y tres estados estadounidenses.

La semana pasada, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, advirtió que la cantidad de casos en el país va a aumentar de forma considerable. El martes, Singapur anunció 23 nuevos pacientes con coronavirus, la suma más alta en un solo día, con 17 casos importados.

La ciudad-estado ha restringido aún más sus fronteras. Las llegadas desde el sureste asiático y las regiones de Europa deben someterse a catorce días de cuarentena autoimpuesta.

“El mundo solo es tan bueno como lo sea su eslabón más débil”, comentó Lee, director de la división de enfermedades contagiosas de Singapur. “Las enfermedades no respetan fronteras”.

Chris Horton colaboró con este reportaje desde Taipei, Taiwán y Elaine Yu desde Hong Kong.
Hannah Beech ha sido la jefa del buró del sudeste asiático desde 2017. Antes de unirse al Times, trabajó en la revista Time por veinte años desde Shanghái, Pekín, Bangkok y Hong Kong.

miércoles, 6 de febrero de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia | Los guerreros LGTB del sureste asiático

Imagen: El País / Mamá Yuli
Los guerreros LGTB del sureste asiático.
Indonesia, Malasia y Singapur son los países más homotransfóbicos de la región.
Paloma Almoguera | El País, 2019-02-06
https://elpais.com/sociedad/2018/12/17/actualidad/1545058943_033144.html

‘Mamá Yuli’, como la conocen sus allegados, es el hada madrina de las waria (personas transgénero en bahasa, un idioma indonesio). Madridista hasta la médula y católica devota, su vida está volcada en ayudar a su comunidad: hospeda a media docena en un salón de belleza a las afueras de la capital, Yakarta, y regenta un centro en el que acoge a casi un millar de las más ancianas, desahuciadas por sus familias. Espera ser también la primera waria en doctorarse en Derecho Constitucional de Indonesia. Logros monumentales en un país que las margina social y profesionalmente: “Hasta pagar un saco de arroz supone un problema”, lamenta.

Yulianus Rettoblaut –su nombre completo- se queja de que el Gobierno de Joko Widodo no presta la atención suficiente a la discriminación y violencia de la que son víctimas. El ostracismo que padecen en el país de mayoría musulmana, abocándolas muchas veces a la prostitución para conseguir un sustento, llegó a un punto crítico a comienzos de año. Entonces, el Parlamento empezó a debatir una reforma del Código Penal que en principio incluía la criminalización del sexo entre personas del mismo sexo. Yuli y centenares de colegas y activistas a favor de los derechos del colectivo LGBT se echaron a las calles durante semanas, y de momento el proceso está paralizado. “Los esfuerzos de la sociedad civil dieron algunos frutos. La ley continúa en el cajón”, apunta King Oey, activista de la organización Arus Pelangi.

Indonesia, Malasia, Brunéi y Singapur conforman el bloque más intolerante hacia las personas del colectivo LGBT de la ASEAN (la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, integrada por dichos países más Filipinas, Tailandia, Myanmar, Vietnam, Laos y Camboya). En el caso de Indonesia y Malasia, también de mayoría musulmana, la creciente influencia de grupos islamistas radicales en la política nacional ha sido determinante. Aunque en Indonesia solo la ultraconservadora provincia de Aceh (al norte de la isla de Sumatra) está regida por la ‘sharia’ (ley islámica) y penaliza abiertamente la homosexualidad, el temor a que la criminalización se extienda oficialmente al resto del país aumenta. Más aún ahora, a meses de los comicios de abril.

“Los islamistas aprovechan para impulsar sus agendas antes de las elecciones, cuando saben que los partidos les seguirán el juego en las peticiones que cuentan con apoyo popular, como la marginación de los LGBT. Joko Widodo no puede permitirse que (los islamistas) le tilden de blando”, analiza Oey. La islamización social y política mantiene a las minorías con el aliento contenido. El acoso es incesante: Oey afirma que solo un día, el 30 de septiembre pasado, más de una veintena de homosexuales fueron detenidos en una redada policial en una casa, disfrazada de operación antinarcóticos.

La vecina Malasia no vive un momento mejor. “La situación lleva un tiempo empeorando, pero lo alarmante ahora es la velocidad a la que lo está haciendo”, denuncia desde Kuala Lumpur Thilaga Sulathireh, fundadora de la ONG Justice For Sisters (“Justicia para las Hermanas”). Uno de los mayores exponentes de dicho retroceso ocurrió a comienzos de septiembre en el conservador Estado de Terengganu, al norte del país, donde por primera vez dos mujeres fueron azotadas en público por intentar mantener relaciones sexuales.

Malasia es, junto al sultanato de Brunéi –regido por la ‘sharia’– el país del sureste asiático con el paquete legislativo anti LGBT más censurador y abultado, fruto de su sistema judicial doble: mientras los tribunales islámicos dirimen las cuestiones familiares y religiosas de la población musulmana (más del 60%), las salas civiles tienen potestad sobre todos los ciudadanos. Así, además de leyes islámicas que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo y el travestismo, sigue en vigor la sección 377 en su Código Penal, introducida durante la etapa colonial británica y que castiga el sexo homosexual con hasta 20 años de cárcel, latigazos o multas.

Pero hay también algunos rayos de esperanza. Precisamente la reciente derogación del citado artículo 377 en India ha abierto el debate en algunas excolonias británicas asiáticas que aún lo mantienen en vigor, como Malasia, Singapur y Myanmar. En Malasia, el primer ministro, Mahathir Mohamad, condenó los latigazos de Terengganu, pero subrayó que el país no puede aceptar el matrimonio igualitario. Las esperanzas de cambio están sobre todo depositadas en su designado sucesor, Anwar Ibrahim, condenado por sodomía dos veces, la primera a finales de los noventa a instancias de su entonces enemigo y ahora aliado, Mahathir.

El revulsivo indio también ha tenido eco en Singapur. Un grupo de activistas capitanea la campaña Ready to Repeal (“Listo para Derogarse”) para urgir al Gobierno que anule el 377. Algunas figuras públicas y periódicos oficiales como ‘The Straits Times’, muy controlado por el régimen de la isla como el resto de la prensa local, han dado muestras de apoyo a la revocación. “Es posible que ocurra en el corto o medio plazo, pero es difícil adivinar qué tiene en mente el Gobierno”, señala Leow Yangfa, director de la ONG Oogachaga. Preguntado al respecto el pasado año en una entrevista a la BBC, el primer ministro, Lee Hsien Loong, aseguró de forma inusualmente directa que el país no estaba aún listo para dar ese paso.

Mientras la política sigue su curso, activistas como Mamá Yuli tienen necesidades más perentorias que atender. La abogada, hija de maestros de la remota región de Papúa y precursora de todo tipo de ideas para integrar y dar visibilidad a su colectivo –entre otras un concurso de belleza–, manda un mensaje fulminante: “Mi problema de hoy es sencillo. No tengo ni comida ni medicinas que dar a mis viejas ‘warias’”.

Los países más abiertos del sureste asiático
Aunque no hay ningún país de la ASEAN que reconozca el matrimonio entre personas del mismo sexo, algunos han dado pasos significativos en la ampliación de derechos del colectivo. En 2015, Vietnam eliminó la cláusula de su ley de familia que prohibía a dos personas del mismo sexo casarse, si bien el estado aún no reconoce legalmente estos enlaces. En Filipinas, estas ceremonias no están criminalizadas, pero tampoco se les da el mismo reconocimiento legal que a las heterosexuales. Tanto este país como Tailandia, otro de los más abiertos, han incluido apéndices que prohíben la discriminación al LGBT en ciertas leyes. Camboya, donde la homosexualidad no es ilegal, incorporó en 2017 la inclusión del colectivo al debate político el año pasado. Y aunque Myanmar mantiene el artículo 377 y tiene leyes contra el travestismo en vigor, el pasado febrero dio un salto hacia delante al celebrar el primer festival LGBT con permiso del Gobierno en Rangún.

jueves, 18 de mayo de 2017

#hemeroteca #controlsocial | Singapur veta a extranjeros su Día del Orgullo Gay

Imagen: El País / Pink Dot de Singapur en 2015
Singapur veta a extranjeros su Día del Orgullo Gay.
Aumentan las medidas que ponen cortapisas a la libertad de expresión y reunión en la isla.
Paloma Almoguera | El País, 2017-05-18
http://elpais.com/elpais/2017/05/17/opinion/1495033488_693046.html

Los extranjeros no podrán participar en el Día del Orgullo Gay de Singapur. Así lo anunciaba, “con profundo pesar”, la organización que convoca el llamado “Pink Dot” (“Punto Rosa”) un evento a favor de la comunidad gay, lésbica, bisexual y transgénero (LGBT) que se celebra cada 1 de julio en la isla desde 2009. La cita se ha convertido en la primera víctima visible de las nuevas restricciones contra la libertad de expresión y asamblea que la ciudad-Estado, propensa a regular y controlar hasta el paroxismo, ha puesto recientemente en marcha.

Se trata de una serie de enmiendas a la Ley de Orden Público de 2009 adoptadas el pasado abril. Unos cambios que buscan, sobre todo, restringir la participación extranjera en manifestaciones y dar más poder a la policía para vedarlas. “La posición tradicional del Gobierno ha sido la de impedir que se importen políticas extranjeras en Singapur y que (éstas) interfieran en nuestros asuntos domésticos, especialmente aquellos de naturaleza política o controvertida”, señalaba el ministro de Asuntos Domésticos, K. Shanmugam, al anunciar la reforma.

Antes, por ejemplo, los ciudadanos foráneos o residentes no permanentes (alrededor de un 30% de los 5,5 millones de habitantes de Singapur) podían acudir a este tipo de actos como “observadores” y no como “participantes”. Pero el Parlamento isleño eliminó dicha distinción, considerando que cualquiera que se acerque al encuentro –incluso a una distancia prudente- forma parte de la segunda categoría. Un circunloquio legal con el objetivo final de impedir el acceso a los no singapurenses, so pena de una multa de unos 6.500 euros y hasta seis meses de cárcel.

Para garantizarlo los organizadores han pedido a los ciudadanos que presenten sus carnés de identidad a la llegada. El requisito no solo puede resultar abrumador, ya que en años previos el “Pink Dot” ha llegado a congregar a cerca de 30.000 personas, sino difícil de llevar a la práctica, pues la cita tiene lugar en medio de un parque de la ciudad, en el llamado “Speakers’ Corner” (“Rincón de los Oradores”). Situado en el jardín público Hong Lim, es el único enclave de Singapur en el que está permitido manifestarse, aunque solo si se cumplen las trece páginas de requisitos y condiciones impuestas por ley.

Además de suponer un reto a las manifiestas habilidades organizativas de Singapur, la restricción ha ensombrecido uno de los pocos eventos de los que la isla, aún muy atrás en políticas por los derechos de la comunidad LGBT, podía darse el lujo de presumir. Las relaciones sexuales gais continúan prohibidas por ley en la ciudad-Estado asiática, sin que se prevea que la situación cambie pronto: el primer ministro Lee Hsien Loong, hijo del “padre” de la patria, Lee Kuan Yew, así lo insinuaba en una reciente entrevista a la cadena británica BBC.

Por otro lado, el impacto de las regulaciones en un acto tan popular como el “Pink Dot” (llamado así porque los participantes se enfundan camisetas rosas y se concentran formando un gran punto), ha puesto el foco sobre otros cambios que habían pasado más desapercibidos. Entre otros, la ley modificada da potestad a la policía para rechazar el permiso a un “encuentro público” si éste tiene un “fin político” y atañe o es organizado por ciudadanos o entidades no singapurenses. Ello impidió, por ejemplo, que se llevara a cabo un acto de apoyo al gobernador encarcelado de Yakarta, previsto para el pasado fin de semana en el “Speakers’ Corner”.

Las nuevas restricciones han disparado las alarmas de organizaciones como Human Rigths Watch (HRW) o Amnistía Internacional (AI). “Nuestra preocupación es que las autoridades utilicen sus nuevos poderes para cercenar aún más la libertad de expresión y asamblea pacífica en un país en el que los críticos con el Gobierno y activistas son ya duramente controlados”, afirma Josef Benedict, de AI.