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viernes, 18 de mayo de 2018

#hemeroteca #lgtbifobia | Madrid se tiñe de negro contra la LGTBIfobia: “No son suicidios, son asesinatos”

Imagen: Cuarto POder / Homenaje a Thalía en Madrid, 2018-05-17
Madrid se tiñe de negro contra la LGTBIfobia: “No son suicidios, son asesinatos”.
Sara Montero | Cuarto Poder, 2018-05-18
https://www.cuartopoder.es/derechos-sociales/2018/05/18/90687/

Ni lentejuelas, ni tacones, ni siquiera colores. Este jueves, una marea negra ha recorrido Madrid, desde la plaza de la Villa a la de Pedro Zerolo, para protestar contra la LGTBIfobia. Por los suicidios de adolescentes, por las agresiones, por el miedo. Cientos de personas han salido a decir que están hartas bajo el lema “Contra sus violencias, rabia y disidencia”.

Las asociaciones convocantes habían pedido a los asistentes que vistieran de oscuro, camuflándose con la noche que acechaba al cielo al comienzo de la manifestación. En el día contra la LGTBIfobia había poco que celebrar. “Existen cuestiones que nos atraviesan. Hay personas que se suicidan por la presión social y no se está haciendo nada para eliminar el odio que lo provoca”, explica Daniel, miembro de la asociación Erre Que Te Erre. Durante el último año se han registrado más de 300 agresiones LGTBIfóbicas en la Comunidad de Madrid, mientras el Gobierno autonómico sigue sin desarrollar por completo la ley trans, aprobada hace casi dos años. Por ello, Daniel habla también de “transfobia institucional”, que se trasmite desde la política a “los registros civiles y la sanidad pública”.

Los manifestantes han exigido más visibilidad, pero libre de estereotipos y miradas plumofóbicas. “Queremos más rectores que sean maricones” y “más decanas, que sean lesbianas”, coreaban sobre esos espacios aún sin conquistar. Este es, sin duda, el año ‘trans’, un objetivo que se ha respirado en eslóganes que se han gritado durante la caminata: “¿Donde están las trans en el mundo laboral?”, se preguntaba esta “resistencia”.

Como ejemplo de la impunidad con la que la LGTBIfobia sigue campando a sus anchas, resaltan la última campaña de Hazte Oír, cuyas ideas el colectivo aún se esfuerza en combatir. “Mujeres con vulva, mujeres con vagina, hay muchas más mujeres de las que te imaginas”. La Conferencia Episcopal tampoco se ha librado de las críticas.

El enemigo a combatir: el miedo
Si hay algo que explique esta manifestación es ese recelo que se cuela en la rutina de estas personas y que les hace mucho más difícil el día a día. El temor, una sensación que Mauricio, un manifestante, describe a la perfección: “Yo vivo fuera de Madrid y siento miedo al volver a casa o al ir de la mano con un chico. Cuando viene alguien detrás, miras con desconfianza”, argumenta. Ellos tampoco se sienten seguros, a pesar de reconocer que sus compañeras lesbianas o transexuales se enfrentan a situaciones similares o peores.

Aunque la violencia sea la punta de la pirámide, hay muchas situaciones en las que sus cuerpos y su sexualidad se usan como reclamo. Ellas están hartas de protagonizar las fantasías sexuales de la industria del porno, pensadas desde el cisheteropatriarcado. “No estamos para entretener a heteros”, decía una de las pancartas.También ha habido palabras contra la bifobia, más invisibilizada que la homofobia o la transfobia. “No es curiosidad, es bisexualidad”, gritaban contra el estereotipo de promiscuidad y frivolidad en el que se suele encerrar a estas personas a través de bromas o comentarios. Más desconocida aún es la realidad de las personas no binarias. “¡Viva la lucha de las maribibolleras!”.

Nada ha parado a esta marea negra. Ni siquiera las gotas que la ha interrumpido a la altura de Sol. “No está lloviendo, Madrid se está corriendo”, bromeaban, despertando alguna sonrisa entre los vecinos y turistas que miraban con curiosidad. Este riachuelo de indignación ha hecho otra parada al pasar por la comisaría de la calle Montera, al grito de “Dame con la porra hasta que me corra”.

Críticas al Orgullo capitalista
También ha habido una crítica fuerte a la mercantilización del Orgullo Gay. “Es una fiesta para reivindicar, no para que ganen dinero determinados negocios y discotecas”, explica Daniel. Es un sentimiento compartido a juzgar por algunas arengas: “Se defiende, el orgullo no se vende”.

Finalmente, la manifestación ha acabado en la plaza Pedro Zerolo, donde se ha producido uno de los momentos más emotivos. Se ha guardado un minuto de silencio por Thalía, la adolescente trans que se suicidó hace unos días en Móstoles. Las luces de los móviles han roto la oscuridad de toda la marcha. Minutos antes se había leído un manifiesto, en el que se recordaba “a esas compañeras que no resistieron” y también a esas personas ” a las que miedo a exponerse les impide salir hoy”. También han criticado la instrumentación que ha hecho el Estado de Israel de su causa, que ha usado para hacer un “lavado de cara” a la violencia que ejerce contra el pueblo palestino.

Durante el discurso, han puesto sobre la mesa las reivindicaciones pendientes: “Nuestros suicidios son sus asesinatos. Nuestra existencia pone el peligro del cisheteropatriarcado”. Este año, no quieren una fiesta rosa y plagada de purpurina, sino un “Orgullo disidente y combativo”.

viernes, 23 de febrero de 2018

#hemeroteca #mariconeo | “Hasta luego, Maricarmen”

Ilustración de Belial Naranjo Martín
“Hasta luego, Maricarmen”
Cuando nos llaman ‘maricas’, no nos están llamando ‘homosexuales’ sino ‘no hombres’. El insulto nace de la interacción entre la misoginia y esa máquina de normalización que es el “convertirse en un hombre”.
Asier Santamari(c)a | Pikara Magazine, 2018-02-23
http://www.pikaramagazine.com/2018/02/hasta-luego-maricarmen/

Suelo aclarar que soy marica, ante todo, porque me lo han llamado de niño. Durante muchos años, constantemente y en todas partes, pero sobre todo en la infancia y adolescencia. Somos subproductos. Deshechos. Sois vosotros quienes nos bautizáis. En un primer momento lo viví como una condena. En el patio del colegio había niños, niñas y un marica. No entendía por qué, pero todo el mundo parecía ser capaz de detectarme. Ya fuera en el enésimo campamento de verano, en las clases de inglés, en el pueblo o el hotel de la playa. Yo era “el marica”. Aunque cambiase la obra, yo acababa siempre encasillado en el mismo papel. Como un mal actor. O uno que personifica un rol demasiado bien.

Sentí que había llegado la confirmación cuando, por primera vez, me masturbé pensando en otro hombre. Tras esa paja, lloré durante varias horas. En efecto, soy marica. ¿Profecía (auto)cumplida? El insulto se había tornado en carne. El insulto, imprimado en mí también de formas más inocuas, como cuando familiares y amigas me respondían “Yo siempre lo supe” a mi confesión preadolescente. Solo que no me decía marica, sino “gay”, y así lo hice durante mucho tiempo.

Después de mis muchos desencantos con el mundillo homosexual, acabé por naufragar en el submundo transmaricabollo. Aquí he aprendido a matar a ese gay heteroimpuesto para abrazar al maricón que, al parecer, siempre había sido. Pero si bien la homosexualidad es un concepto sencillo, “marica” aún se me escapa. Y miradme, aquí estoy, escribiendo sobre Identidades Maricas y sin saber definir la propia palabra. Sin embargo, creo tener claro a qué categoría se adscribe la palabra “Marica”, al menos para mí.

Marica es mi identidad de género. Vayamos de nuevo al principio.

No creo haber sido socializado como “chico”. No correctamente, al menos. Cuando estaba rodeado de ellos, me sentía raro, y ellos también. En esta sociedad ordenada en torno a la genitalidad, yo era un elemento disfuncional. Porque la genitalidad, llamada ahora “sexo”, se vincula a unas actitudes, a un funcionar, llamado “género”. Y en mí, esa continuidad estaba más rota que en los demás. Todo elemento disfuncional es disruptivo. Genera tensiones. Así como lo hace toda norma.

Creo sinceramente que mis compañeros de clase de 8 años no me estaban llamando homosexual cuando me llamaban marica. A esas edades, el concepto de “orientación sexual” aún no está siquiera asentado en el léxico de les niñes. Es imposible que, a los ocho años, esos niños me estuvieran imaginando follando con hombres. Tampoco me vale que marica sea un “insulto genérico que ha perdido su significado inicial”. Marica es el insulto último. El peor. Porque, ¿sabéis que nos están llamando cuando nos llaman maricas?

Nos están llamando No-hombres.

El espacio de privilegio se constituye a base de delimitar las otredades. Es decir, ser blanca no significa nada en sí mismo. Ser blanca es no ser asiática, no ser romaní, no ser latina. No ser negra. De ahí que nos llamemos blancas. Porque delimitamos la otredad y nos separamos lo máximo de ella para ejercer nuestro privilegio. Somos rosadas, anaranjadas, morenas. Pero nos decimos blancas para decirnos No-Negras.

Como maricón os digo que el proceso de socialización de los niños es una gran máquina de producción de futuros hombres. Un goteo constante de juegos competitivos con ganador y perdedor. Una revisión constante sobre qué prendas y qué colores son aptos y no aptos. El niño va matándose para convertirse en un hombre. Dejando cosas tras de sí que envidia y añora. No es casualidad que tantos machirulos aprovechen los limbos sociales como carnaval o despedidas de soltero para ponerse el vestido más entallado y las tetas falsas más desproporcionadas que encuentre. Convertirse en hombre es aprender a performar hombre, y para ello hay que delimitar y evitar todo lo que no es.

En ese juego de “convertirse en hombre”, los maricones somos un recordatorio constante de ese proceso de hombrificación. Somos los que bailamos, los que cantamos, los que lloramos, los que dejamos libres nuestro cuerpo para comunicarnos más ricamente. Los que peinamos, maquillamos, acariciamos o hablamos de sentimientos. Toda esa diferencia genera tensiones en esa máquina de normalización que es el sí de los niños. Por todo eso, creo que cuando a los 8 años me empezaron a llamar marica, me estaban llamando No-Hombre. Porque era importante para ellos enmarcarme en una otredad. Sacarme de ese lugar de privilegio como castigo a mi rebeldía. Una rebeldía que quizás ellos no se atreviesen a ejercer.

Y ese proceso no acaba nunca. No son solo niños de 8 años los que llaman Marica a otros, ya sea para enmarcarlos como otredad o para reconducirlos a la masculinidad hegemónica de la que ellos también son partícipes. Todos lo hacen. Ya sea para delimitar la otredad (“Ese es marica”) o para reforzar ese proceso colectivo de hombrificación cuando otros hombres tienen conductas que no les son propias (“No seas maricón”). ¿Queréis un ejemplo histórico?

En la España de los años veinte, el nombre de mujer más habitual era Maricarmen. Desproporcionadamente habitual. En algún momento de genialidad dentro de ese proceso de normativización, algún hombre le diría a otro “No seas No-Hombre” de una forma muy acorde a los tiempos. Le diría no seas mujer. No seas Maricarmen.

No seas Maricarmen.

No seas Marica.

Sí, queridas amigas. De ahí venimos las mariconas. De vosotras. De mi abuela Maricarmen. De mi tía y madrina, Maricarmen. De ahí vengo yo, la Santamari(c)a. De la interacción entre la misoginia y esa máquina de normalización que es el “convertirse en un hombre”. Y por eso he decidido abrazar esa palabra. Porque para delimitarme en la otredad “no-hombre”, me están insultando con “mujer”. Con Maricarmen. Con mi tía o mi abuela, a las que adoro y admiro.

Lo que antes era el gran insulto es ahora un gran recordatorio de que la lucha marica es una lucha profundamente adscrita a la lucha feminista. Porque empoderarnos como maricas es empoderarnos en nuestra feminidad. Es aunar nuestras otredades “no-hombre” y nuestras fronteras para cercar a esos machunos desde la periferia y decirles con absoluto convencimiento que somos muchas. Que estamos juntas y que vamos a seguir tocándonos, peinándonos, maquillándonos, bailando, llorando, gesticulando y hablando de sentimientos. Y que lo vamos a hacer porque, aunque no lo crean, eso nos vuelve infinitamente más fuertes que ellos.

Hasta luego y gracias, Maricarmen.

viernes, 24 de febrero de 2017

#hemeroteca #activismo #lgtbi | La sopa de letras LGTB (e I, Q, TTT, A, P, +, etc)

Imagen: Crida LGBTI / Manifestación antitransfobia en Barcelona, 2017-03-03
La sopa de letras LGTB (e I, Q, TTT, A, P, +, etc).
La palabra LGTB es un paraguas bajo el que se juntan varios colectivos en lucha por la liberación e igualdad sexual y de género (las lesbianas, los gays, los transexuales y los bisexuales). Antes se llamaban homosexuales (en general), o gays, o lesbianas, etcétera, pero poco a poco este término fue ganando terreno para sorpresa de algunos propios y muchos extraños.
Sergio C. Fanjul | Tribus Ocultas, Atresmedia, 2017-02-24
http://cultura.atresmedia.com/artes/sopa-letras-lgtb-ttt-etc_2017022358afed370cf2fa92de4b6dd5.html

La palabra LGTB ahora se ha normalizado, aunque ha costado lo suyo: periodistas, políticos y ciudadanos en general tardaron en adaptarse y muchos todavía no se aclaran. Lo más interesante es que la palabra sigue evolucionando, mutando, incluyendo nuevas letras y signos (la I, la Q, la A, la P, más T's, o el símbolo +), cambios que pueden seguir despistando al profano en la materia y que también dan una idea de la florida diversidad que pulula por el mundo. "Yo lo suelo llamar, en broma, la sopa de letras", dice el sociólogo especialista en cuestiones de género Lucas Platero, que prepara el libro Barbarismos Queer y otras esdrújulas, junto con María Rosón y Esther Ortega,"es una palabra donde también se escenifican las tensiones y alianzas que hay entre los diferentes colectivos".

El término LGTB y sus primeros derivados surgieron durante los años 90 en Estados Unidos y se fueron difundiendo a nivel internacional. "Un buen ejemplo de la evolución del acrónimo en relación con las luchas por él representadas lo encontramos en la evolución del activismo de corte más o menos institucional en el estado Español", explica Pablo Pérez Navarro, investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, y miembro del proyecto Intimate sobre ciudadanía y derechos LGTBQ.

Así transcurrieron las cosas, según el investigador: En 1985 se forma COGAM, cuyas siglas se correspondían entonces simplemente con las de Colectivo Gay de Madrid (aunque ahora se denominen un colectivo LGTB, en su nombre, fruto de la época, solo aparece lo gay). En 1992 le toca el turno a la Federación Estatal de Gays y Lesbianas (FEGL) en la que ya se refleja la existencia de diferentes grupos de gays y de lesbianas en una lucha común. Años después se introduce la T, en representación de las personas trans, y más tarde la B de bisexuales, ya en el año 2006, resultando el acrónimo actual, FELGTB.

"Cada una de estas variaciones refleja un momento histórico y resulta de la lucha de los diferentes colectivos no solo por coordinar sus luchas entre sí sino, sobre todo, por vencer las resistencias de gays primero, y gays y lesbianas después, y así sucesivamente, a compartir espacio político en pie de igualdad con diferentes colectivos", dice Pérez Navarro. En este sentido ha habido bailes de letras dentro de la propia palabra: por ejemplo, de la original GLTB, se colocó la L primero para dar más visibilidad a las lesbianas. Fuera de España, sobre todo en países de habla inglesa, es más común que la B vaya antes de la T: LGBT.

La palabra crece
"A partir de ahí surgen nuevos términos como la LGTBfobia, en sustitución de homofobia, el Orgullo Gay pasa a ser Orgullo LGTB, y se van añadiendo nuevas letras según surgen nuevas inquietudes: la I de intersexual, la Q de queer, etc. Poner el signo + es una forma de incluir a todo lo que queda fuera o está por venir", relata Jesús Grande, presidente del COGAM, quien también denuncia que todavía existe un notorio desconocimiento del término en ámbitos políticos o medios de comunicación. Eso sí, recientemente la Comunidad de Madrid se declaró, con los votos de todos los partidos y a iniciativa de Ciudadanos, como la primera región europea LGTBI friendly (nótese que incluye la I), lo que supondrá mayor apoyo institucional para el World Pride 2017 así como la puesta en marcha de campañas contra la LGTBIfobia.

La palabra, además, ayuda a una mayor conciencia de comunidad entre estos colectivos. "Es un camino en doble dirección: el autodefinirnos de manera inclusiva ha hecho que las diferentes identidades estén más a gusto, se sientan más representadas, haya más asertividad. Es un camino de ida y vuelta", dice Jesús Generelo, presidente de FELGTB.

Además de la I para los intersexuales (personas que no encajan en las definiciones tradicionales sexo y pueden presentar caracteres de ambos), o la Q para los queer, también se han planteado variantes como tres T's (TTT, para transexual, transgénero y travesti), aunque este es un tema complejo porque pone de relieve que en la "sopa de letras" se mezclan lo que son orientaciones sexuales con identidades de género, que no es lo mismo. "Aún así, nos une el hecho de ser diferentes de una norma sexual que nos hace susceptibles de cargar con un estigma", opina Generelo, "hay muchas cosas que nos unen, aunque sean conceptos diferentes y vivencias diferentes". Uniendo parte de lo anterior podría resultar LGTBIQ+, que se utiliza en determinados ámbitos. Pero eso no es todo.

Otras letras que se han propuesto para entrar en la palabra son la A de personas pertenecientes al espectro asexual o la P de poliamor. En la página web del Asexual Community España (ACEs) se dan debates sobre las razones por las que este colectivo debería o no ser parte del LGTB: aunque reconocen sus diferencias y su heterogeneidad también valoran la conveniencia de la reivindicación conjunta. Desde el colectivo Golfxs con principios, centrado en las relaciones poliamorosas, no convencionales y sus alrededores, habla el sexólogo Miguel Vagalume: "La propuesta que ha habido de unir las relaciones a esas siglas ha partido, en un principio de la organización Pink Therapy (en Reino Unido) proponiendo GSD (gender and sexual diversity), lo que incluiría todas las sexualidades, incluyendo el BDSM, poliamor, anarquía relacional, etc., aunque eso se ha ido complicando después, añadiendo de nuevo iniciales para indicar más matices". Por ejemplo: Géneros, Sexualidades y Romanticismos Diversos e Intersexo (GSRDI). Este término incluiría LGTB y sus derivadas además de a las relaciones no convencionales y al espectro asexual.

Queers y transmaricabollos

El término queer (que podría traducirse por "raro" y que se utilizaba de forma despectiva) también surge en los Estados Unidos en los 90 y resuena con fuerza dentro del plano académico dentro de la llamada Teoría Queer. "Al apropiarse de este término, el activismo queer se distanciaba tanto de la norma heterosexual como del activismo LGTB dominante. De ahí que queer señale, al menos en principio, una posición hiperpolitizada en las políticas del género y la sexualidad, antes que un conjunto de identidades concreto", explica Pérez Navarro. En el caben todas aquellas personas que no se sienten identificadas con otras denominaciones, o dentro de algunas como "género no binario, neutro o fluido, pansexuales, travestis, o en tránsito entre diferentes identidades", según el investigador.

"Se han intentado otras palabras para denominar al conjunto de estos colectivos, como maricatransbollo o transmaricabollo, pero no tuvieron tanto éxito", explica Platero. De hecho, al calor del 15M surgió en Madrid una Asamblea Transmaricabollo de Sol, todavía en activo usando este neologismo de corte irónico y provocador, mucho más implicado en cuestiones políticas más amplias. La manifestación y actividades del Orgullo Crítico, coincidentes con las celebraciones del Orgullo LGTB en Madrid, son una buena muestra de la acción de estos colectivos de postura más crítica y combativa.

Frente al activismo LGTB, "tanto lo queer como lo transmaribibollo o lo transmaricabollo suelen señalar una diversidad interna y de coaliciones que abarcan temas como la normalización del trabajo sexual, la lucha antifascista, contra las políticas de austeridad, por la apertura de fronteras y un amplio etcétera donde al autodenominado activismo LGTB, en general, ni se le ve ni se le espera", concluye Pérez Navarro.

miércoles, 24 de junio de 2015

#textos #transmarikabollo | Cuerpos y anticuerpos


CUERPOS Y ANTICUERPOS
Julen Zabala, 2015-06-24

Gorputza eta Sexualitatea Bizitzen | Donostiako Emakumeen Etxea

Antes de nada agradeceros esta oportunidad para participar en la mesa redonda “Gorputza eta sexualitatea bizitzen”. Quiero compartir con todas vosotras estas reflexiones sobre el activismo actual, en el marco de las dinámicas de colectivos como Medeak y EHGAM o la Transmarikabollo Koordinadora, con el único propósito de suscitar el debate y la participación de todas vosotras. Deciros que he titulado mi intervención de este modo: “Cuerpos y anticuerpos”.

Cuando estaba intentando ordenar unas cuantas ideas, no he podido obviar dos temas de plena actualidad y que me permitan, de alguna manera, plantear un discurso más o menos coherente y mantener, al menos, vuestro interés y atención.

Por un lado se acaban de celebrar unas elecciones municipales, forales y autonómicas: podemos constatar un aire nuevo que recorre de norte a sur y de este a oeste la península. Y su mayor interés reside en que nos presenta un panorama bastante desconocido, basado, fundamentalmente, en alianzas y pactos: asistimos a unos tiempos llenos de promiscuidad, tríos y hasta orgías de diferentes rangos políticos.

La primera cuestión que me planteo es si esta promiscuidad, inédita en la mayor parte de los casos, dará sus frutos. Ya lo veremos y tendremos tiempo para obtener conclusiones. Pero desde el inicio hemos visto unas imágenes nuevas, diferentes, que al menos nos pueden dar cierta ilusión.

Sin duda alguna, Manuela Carmena nos está dando en Madrid alguna de esas imágenes inéditas hasta ahora: es impagable la caricia tierna de esta señora a Gallardón, ni más ni menos, ante una Botella desencajada, la misma de las peras y las manzanas. Con una sola imagen hemos pasado del “cuidado con la política” a la “política de los cuidados”, a la que Manuela hizo alusión en su discurso de investidura. ¡Toma ya!

Un aire nuevo, como digo, recorre la nueva política. Podemos apuntar algunos signos del cambio para estas fechas de celebración del 28-J, Día para la Liberación Sexual: se volverá a colocar la bandera arcoíris en el Ayuntamiento de Madrid, algo que no se hace desde 1995; ya ondea esta bandera, desde la pasada semana, en el Ayuntamiento de Cartagena; y lo hará los próximos días por primera vez en su historia en Córdoba y en Valladolid, gracias a las nuevas y promiscuas mayorías políticas.

Ada Colau, por su parte, crea en Barcelona la concejalía de Ciclo de la Vida, Feminismos y LGTBI, algo que no puede dejar de asombrarnos, pues, además de visibilizarnos, convierte la "igualdad" en "feminismos". ¡Toma ya!. Ayuntamientos como Ripollet y Mérida también crean concejalías o áreas específicas sobre derechos y políticas LGTBI. También hemos conocido que en todas las poblaciones extremeñas con gobiernos socialistas se van a pintar pasos de cebra con los colores arcoíris. Y más visibilidad: ni uno, ni dos, sino tres son los concejales gais de Compromís en el Ayuntamiento de Valencia.

Más cambios en menos de una semana. El despacho del nuevo alcalde de Cádiz, José María González “Kichi”, está presidido por el regidor anarquista de la Primera República. Y cómo olvidar el acto, lleno de simbolismo, del alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro, de homenajear a la científica María Wonenburger: “donde tenía que estar” aseguró. Tanto él como el resto de los regidores de las mareas gallegas (de Compostela y Ferrol) muestran auténtico laicismo y no acuden a la ofrenda de las ciudades del Antiguo Reino de Galicia, casposa “devoción” al Santísimo Señor Sacramentado.

Desde luego, algo está cambiando, y no solo son gestos. También se está abriendo un debate para cambiar el modelo de Orgullo para próximas ediciones. Pero también se abordan otras cuestiones más importantes: las primeras medidas de Manuela y Ada se centran en paliar la malnutrición infantil durante este verano y hacer frente a los desahucios. Frente a estas acciones sociales podemos poner el ejemplo del asunto tratado en el primer pleno del Ayuntamiento de Bailén, en Jaén, convocado con carácter urgente: nombrar “alcaldesa perpetua” a la patrona del municipio, la Virgen de Zocueca. Sobra decir que el gobierno municipal está en manos del PP y una agrupación de “independientes”. Sin más palabras.

Hasta aquí una serie de ejemplos desde la promiscuidad. Puede que no nos parezcan grandes cosas. Pero sabemos lo que nos costó que en Donostia se izara la bandera multicolor o los triángulos rosa y negro en la balconada del edificio consistorial, tras múltiples excusas socialistas. Podemos recordar también el sectarismo con el que se nos ha tratado a las transmarikabollos en las ruedas de prensa con ocasión del 28-J en el mismo Ayuntamiento.

Vayamos a una segunda reflexión. Frente a esta promiscuidad, ¿qué ocurre en nuestro ámbito más cercano? Pues que, en este lugar en el que la mayoría es, sin ninguna duda, de izquierdas, los pactos son de cuarto oscuro, de políticas de infidelidades y cuernos y vuelven a gobernarnos meapilas y quienes persiguen cruising y “alardean” con ordenanzas sobre ocupación y uso del espacio público.

La sensación es más bien amarga, pues quienes pudieron iniciar unas verdaderas políticas para la diversidad sexual no lo han hecho: sin visibilidad, apagando incluso la iluminación del Kursaal arcoíris; sin afrontar políticas contra la lgtbifobia en la ciudad, en la educación, en el ámbito laboral, en la atención social, por poner solo algún ejemplo. ¿Nos parece suficiente incrementar la dotación económica de los premios de la regata femenina de La Kontxa? ¿Hablamos del Alarde de Hondarribia y de sus consecuencias políticas? ¿No hubiera sido decisivo abordar las necesidades de las bollos y las maricas más viejas, creando, tal vez, un centro de día, siguiendo el ejemplo de la Fundación 26 de Diciembre en Madrid? ¿Por qué no se ha sustituido el voto de la ciudad a la Virgen del Coro por un homenaje a Teresa de Escoriaza, periodista donostiarra que dio por radio el primer discurso feminista allá por 1924?

Lo mínimo que podemos pedir a quienes se consideran nuestras aliadas son verdaderas políticas para la diversidad sexual. Pero, además, me parece que estas políticas para la diversidad sexual se nos quedan ya muy cortas y que, desde la perspectiva transmarikabollo, nuestra “biodiversidad sexual” exige una nueva “biopolítica”. Y ahí os dejo este nuevo concepto, “biodiversidad sexual”, que ojalá abra nuevas líneas de reflexión y debate.

Hasta ahora hemos visto algunos apuntes sobre las elecciones y sus resultados, pero ahora quiero abordar una tercera (y última) reflexión. Estos días también se ha desarrollado un intenso debate sobre la vacunación infantil, a raíz del lamentable caso de difteria en Olot, algo que no se daba ya desde hace 28 años. Igual os parece que hasta el momento no he hablado mucho del tema de este ciclo sobre “Cuerpo y Sexualidad”. Pero este asunto de las vacunas me ha llevado a relacionar nuestro activismo, desde esa idea de la “biodiversidad sexual” con los “anticuerpos”.

En ocasiones hemos tratado la homofobia y, por extensión, la lgtbifobia en todas sus formas, como auténtica enfermedad: de ahí nuestro mensaje “vacúnate contra la homofobia”. Los “anticuerpos” se encuentran en la sangre u otros fluidos corporales y son empleados por el sistema inmunitario para identificar y neutralizar elementos extraños tales como bacterias, virus o parásitos. Las vacunas son un preparado de antígenos que una vez dentro del organismo provoca la producción de anticuerpos y con ello una respuesta de defensa ante microorganismos patógenos.

He aquí una de las claves para afrontar las agresiones que sufrimos. Me parece que el activismo transmarikabollo debe desarrollar múltiples vacunas sociales frente al heterosexismo y el machismo que nos rodea. Debemos considerar su violencia, sus agresiones, incluso su discurso, como verdaderos elementos extraños y organismos patógenos. Debemos desarrollar un plan de inmunización de nuestros cuerpos y también de nuestras vivencias, de nuestra “biodiversidad”.

Y podemos extraer otra lección de la vacunación. Las vacunas son múltiples, dependiendo de los organismos patógenos a combatir. Me parece que aquí tenemos otra de las claves. Poner una bandera arcoíris en un Ayuntamiento como el de nuestra ciudad durante este fin de semana igual ya no crea ningún “anticuerpo” social, porque nuestra comunidad ya es inmune a este hecho. Pero esta misma bandera que, por primera vez, se ha colocado en Cartagena o se va a colocar en Córdoba o Valladolid sí es una primera dosis de vacunación social.

Cada ámbito social necesita sus propios anticuerpos. Me parece que ésta es una gran lección que debemos asumir. Hay que desarrollar “anticuerpos”, aquí y allá, en todas partes, pero no podemos pretender que sea de la misma forma ni con los mismos ritmos. Pongamos algunos ejemplos.

Empecemos por lo más cercano: nuestros cuerpos transmarikabollos identifican e intentan neutralizar elementos extraños tales como el Orgullo mercantilizado, el dinero rosa que aflora con iniciativas como la de Ayuntamiento y comerciantes de Bilbo o la entrada de 20€ para acceder al Pride de Sitges, pero no estoy seguro de que hayan identificado de la misma forma la iniciativa “Escapadas LGTB – Festival de Cine” de hace dos años, presentada en rueda de prensa nada más y nada menos que por el mismo concejal Josu Ruiz, "versátil" donde los haya, pues lo mismo defiende el turismo gay que renueva votos al Coro.

Vayamos un poco más allá: tal vez a estos cuerpos estereotipados de la celebración del Orgullo gay en Tel Aviv todavía no podamos considerarlos como cuerpos patógenos, teniendo en cuenta el contexto en el que se celebran, un Oriente Próximo asediado.

Y lo mismo parece que sucede con los desfiles festivos de lugares como Murcia, donde la imagen del “anticuerpo” es absolutamente extraordinaria.

Extraordinario también es el debate que se ha abierto en Marruecos estos últimos días y del que debemos aprender cómo generar “anticuerpos”. La coincidencia de varios hechos ha abierto un debate sin precedentes pero no podemos considerarlo como positivo. Algunas acciones, como la de Femen, ha desarrollado la enfermedad y las consecuencias han sido más terribles para la propia comunidad gay local, que intenta generar anticuerpos adecuados a su realidad social frente al artículo 489.

No deberíamos olvidar nuestro pasado, nuestra propia lucha, nuestra forma de generar anticuerpos: empezamos con una tímida campaña frente a la despenalización de la homosexualidad, avanzamos combatiendo el escándalo público, seguimos con la legalización del movimiento, aprendimos a compartir nuestra desesperación en los tiempos oscuros del sida, nos hicimos más fuertes luchando contra cualquier discriminación, abordamos los derechos y la igualdad legal y continuamos en el combate por la igualdad real y la erradicación de la lgtbifobia y todavía nos queda defender la diferencia y un largo etcétera.

No, no parece, pues, muy adecuado pretender crear anticuerpos enseñando, en un lugar medio sagrado (el del “héroe de la descolonización”, como dicen Brigitte Vasallo y Gerard Casas) y en un ambiente totalmente hostil, unas tetas “con un lema de inspiración estadounidense”. Se alimenta así, de forma contraproducente, “una amenaza ligada a las potencias coloniales”. ¿Olvidamos dónde estamos y cuáles son las consecuencias de otras tetas, las que se mostraron en la capilla complutense? Descolonicemos, también, el feminismo y el activismo transmarikabollo y apoyemos para que el activismo de cada lugar consiga con sus medios y ritmos avances significativos, como acaban de conseguir las mujeres marroquíes la ampliación de los supuestos para abortar.

Se trata, en definitiva, de crear los anticuerpos adecuados en tiempo y lugar. Podríamos hablar de muchísimos cuerpos y de cómo los organismos patógenos intentan controlarlos de mil maneras. Aquí batallamos contra la talla 38, que es la que nos aprieta el chocho.

Y contra la indumentaria femenina que marque las curvas para deleite del heteromacho: tallas ajustadas en baloncesto, faldas en bádminton, bikini para el balonmano playa o aquel impresentable maillot “transparente” del equipo colombiano de ciclismo. Y, sin embargo, allá, en Irán por ejemplo, es el hiyad el que “mantiene vivo el amor por el deporte de las mujeres”: “el velo es parte de su cuerpo”.

Por cierto, habría que abrir un capítulo solo para el maltrato y burla al deporte femenino. ¿Nos parece peor jugar con el velo como las iraníes o que el club campeón de la Liga femenina cobre aquí un premio de 1.352,28€? Así daban la bienvenida a Primera división al equipo de chicas del Oiartzun en Marca: “Botas de fútbol: 80 euros; cintas del pelo: 10 euros; sueldo de las futbolistas: 0 euros; entrada al campo: 3 euros. Subir a Primera división: no tiene precio.” Y ya lo dijo un tal Felice Belloli, responsable del fútbol femenino italiano: “Basta ya de dar dinero a cuatro lesbianas”. En fin, dejemos para otra ocasión la verificación de sexo, la última humillación para las futbolistas.

Y si aquí batallamos contra la talla 38 y la indumentaria sexista, también defendemos el derecho a utilizar el transporte público con velo integral en Gasteiz. Pero allá, en la tiranía del Estado Islámico por ejemplo, las mujeres nos dan una lección de anticuerpos despojándose de burkas y niqabs al alcanzar territorio kurdo y mostrar coloristas vestimentas que, por cierto, siguen tapando todo su cuerpo. Cuerpos y anticuerpos. Como si no fueran anticuerpos los que desarrollan las mujeres de Argelia y Túnez que lanzan en las redes sociales la campaña “mi dignidad no está en el largo de mi falda”.

Como si no fueran anticuerpos los que desarrollan las iraníes que desafían a la policía de la moral, que en 2014, según cuentan, multó, llamó la atención y arrestó hasta 3 millones y medio de mujeres. Eso, que te presentas allí y enseñas tus tetas colonizadoras y occidentales. Occidentales también los cortes de pelo para ellos en Irán, a los que se les prohíbe los peinados satánicos, la depilación de cejas masculina y los tratamientos de bronceado. Más anticuerpos.

Acabo ya, pues la lista de vacunas a desarrollar sería interminable y, además, cualquier antídoto debe ser transversal y responder al “movimiento de las intersecciones”: gais gitanos, lesbianas obesas, trans afroamericanas, migrantes seropositivas, prostitutas viejas, mariliendres sordas…

Testimonios como el de la exmodelo Patricia Soley Beltrán, que asegura que lo que da lustre al glamour es la existencia de la pobreza. Y ante la pregunta: “¿Hay un modelo de consumo ideal o está por inventar?”, responde: “A mí me gusta mucho el modelo de los años 60 del siglo XX. Una sociedad concienciada que luchaba contra guerras estúpidas y un modelo de industria con propuestas pero sin imposiciones. Se podía elegir. Ese sería un buen modelo a seguir.”

Testimonios tan vivos como el de Fátima Djarra Sani que nos dice que, como su madre, cuida la tradición, pero solo aquella que lo merece: “La ablación, no. Si no nos levantamos las mujeres africanas en la lucha contra la mutilación, nadie lo va a hacer por nosotras."

Abramos nuestra mirada, porque el mundo está lleno de testimonios increíbles que han sabido desarrollar anticuerpos para sobrevivir, como Sisa Abu Daooh, una egipcia que decidió vestir como hombre tras la muerte de su marido y por la necesidad de mantener a su hija Hoda: debía escapar de las restricciones contra el empleo de las mujeres en una cultura patriarcal y ha trabajado en la construcción, otros trabajos manuales y, finalmente, entre los lustradores de zapatos de Luxor. Después de cuatro décadas decidió dar a conocer su secreto, ante las persecuciones gubernamentales contra las expresiones poco convencionales de género y sexualidad. Sin embargo lo que empezó como una manera de sobrevivir a la pobreza se ha convertido en su forma de vivir preferida y no tiene intención de cambiar. Su hija, Hoda, ha dicho: “No es sólo mi madre. Es mi madre, mi padre, todo en mi vida.”

Ahora vais y le contáis -ahora vamos y le contamos- a Sisa Abu Daooh lo que es la performatividad drag-king, la teoría queer, lo que es el activismo transmarikabollo y lo que son los anticuerpos. ¡Ea!