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viernes, 15 de julio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Inca muestra ‘Orgullosament’ que la Part Forana también celebra la diversidad LGTBI.

Última Hora / Inca celebra 'Orgullosament' la diversidad LGTBI //

Inca muestra ‘Orgullosament’ que la Part Forana también celebra la diversidad LGTBI.

El centro de la ciudad reunió a cientos de personas en una velada con actuaciones y reivindicaciones. Inca recuperó este viernes la versión originaria de Orgullosament Inca con una celebración que llenó el centro de la ciudad.
Juanjo Roig | Última Hora, 2022-07-15
https://www.ultimahora.es/noticias/part-forana/2022/07/15/1758215/inca-muestra-orgullosament-part-forana-tambien-celebra-diversidad-lgtbi.html 

Después de dos años sin poder disfrutar al máximo de la fiesta por culpa de la pandemia, este viernes Inca recuperó la versión originaria de Orgullosament Inca con una celebración que llenó el centro de la ciudad hasta bien entrada la madrugada. Como ya se dijo en la presentación de esta edición, Orgullosament Inca nació con la voluntad de demostrar que la capital del Raiguer es un municipio «abierto, que trabaja por la igualdad y la diversidad», según el alcalde, Virgilio Moreno. En esta sexta edición (en 2020 no se celebró y el año pasado tuvo un formato reducido en el cuartel General Luque), la fiesta regresó a la calle y al centro, con el objetivo de que sea «una celebración integradora, en la que participan muchas familias, niños y niñas, para resaltar también el aspecto pedagógico y educativo del evento», resaltó el regidor de Festes, Antoni Peña.

La salida de una comparsa desde el cuartel General Luque dio este viernes el pistoletazo de salida al Orgullosament Inca. Sobre las nueve, el bus y la comparsa festiva llegaron la plaza del Ajuntament donde arrancó un show de Rafaella Carrá, a cargo de Únic, la asociación LGTBI. Precisamente, el fundador de la entidad y presidente hasta el pasado mes de febrero, Pedro Martínez, fue el encargado de leer el pregón. En su discurso detalló cómo fueron los orígenes de la fiesta y cómo en noviembre del año pasado se logró que varias personas residentes en Inca participaran en la grabación de un anuncio para el Ministerio de Igualdad para reivindicar la diversidad sexual. Entre sus frases más destacadas, Martínez dijo que «gracias a todos estos actos, a mi familia y amigos, soy una persona libre para poder caminar de la mano con la persona que quiero, junto a mi hijo, y ser una familia más».

Apoyo
También advirtió que «desgraciadamente sigue habiendo gente intolerante, por lo que desde aquí quiero dar voz a nuestra amiga Peka Mimosa, que hace unos días sufrió una agresión homófoba en Madrid». Vivian Caoba, Topacio Fresh y Joan Pons (actual presidente de Únic) fueron los encargados de presentar la gala, que siguió con la novedad del primer Carrusel de Drags, que tuvo dos pases con cinco drags cada uno. Ya cerca de las once de la noche siguió la fiesta con la actuación de la cantante Rebeca, musa del universo gay.

Al llegar la medianoche prosiguieron dos actuaciones muy esperadas. Por una parte, Drag Vulcano impulsó la plaza del Ajuntament con una actuación muy intensa y apasionada, mientras que Sofía Cristo, la principal estrella mediática que participó en el Orgullosament Inca marcó el ritmo ya de madrugada. Tito Deluxe y Pep Noguera, de Diabéticas Aceleradas, ofrecieron el fin de fiesta con una sesión de DJ. La sexta edición de Orgullosament Inca arrancó el lunes con una muestra de banderas por el centro de la ciudad. El Teatre Principal ha ofrecido un ciclo de cine con Bibiana Fernández de protagonista, y también se han presentado obras literarias.
Ironía de la Part Forana / Joan Socies
Lo nunca visto. Desde la llegada del primer coche o incluso de la electricidad, en los pueblos de la Part Forana no se había vuelto a ver tal novedad. Seguro que lo ocurrido ayer en Inca marcará un antes y un después para muchas mentes del interior de la Isla. La irrupción de la reivindicación del colectivo sirvió para que muchos pudieran ver la primera lesbiana de cerca. Ahora, dicen que podría llegar internet a la Part Forana. O eso es lo que deben pensar algunos de Ella Global.

domingo, 14 de abril de 2019

#hemeroteca #trans #testimonios | La Veneno: prostituta, icono trans y una muerte sospechosa

Imagen: El País / Pepe navarro y La Veneno en 1997
La Veneno: prostituta, icono trans y una muerte sospechosa.
Una placa en el Parque del Oeste de Madrid recuerda a Cristina Ortiz, fallecida en su casa en 2016. Parte de su familia cree que su muerte no fue un accidente.
Pablo León | El País, 2019-04-14
https://elpais.com/elpais/2019/04/13/gente/1555178391_148094.html

Trans, estrella mediática, prostituta, cantante, maltratada, modelo, presa, luchadora... La Veneno fue mucho, pero sobre todo, un icono y una de las primeras mujeres en visibilizar la realidad del colectivo transexual. “Cristina Ortiz. La Veneno. Valiente mujer transexual visible en los 90”. Desde la semana pasada, una placa instalada por el Ayuntamiento de Madrid homenajea su figura en el madrileño Parque del Oeste. En esa zona verde nació Cristina Ortiz. Ahí, se prostituyó. A la sombra de esos árboles, fue desde donde se lanzó al estrellato televisivo. “En este parque fui feliz”, decía la artista.

Esta mujer, nacida el 19 de marzo de 1964 en el pueblo almeriense de Adra —“Donde la que no es puta, ladra”, como decía La Veneno—, le pusieron el nombre de José Antonio. Su familia la llamaba Joselito; algunos de ellos nunca dejarían de hacerlo, ni siquiera después de su muerte, en noviembre de 2016. “Soy el cuarto de seis hermanos. Lo digo así porque es de cuando era niño y en esa época me sale hablar de mí en masculino; qué le voy a hacer, ya es una costumbre”, cuenta en su autobiografía, 'Digo, ni puta ni santa', escrita junto a la periodista Valeria Vegas y publicada un par de meses antes de que La Veneno muriera.

“La primera vez que me gritaron ‘Joselito el maricón’ tenía cuatro años. Entonces no sufría. Más adelante, sí. Sobre todo cuando me di cuenta de que mis padres no me apoyaban”, relata en ese volumen, donde también detalla las palizas y el desprecio a los que la sometía su madre. “Ella me llamaba maricón y me estuvo pegando hasta los 28 años. A mí la que me crió fue Gracia, la sevillana”, contaba en un programa del corazón. “El libro ha ayudado a mostrar otras facetas de su vida que no salían en la tele; a evidenciar que ella también era una víctima y a reafirmarla como un icono”, explica la periodista Vegas. “A pesar de su éxito mediático, a mediados de los noventa no era un personaje que tuviera aceptación. Tenía muy mala prensa y no querían sacarla en revistas ni periódicos”, continúa.

Después de huir de su familia -y de su pueblo- y trabajar de modelo y camarero en Torremolinos, Cristina se instaló en Madrid e inició su transición a comienzos de los noventa. “Un día, paseando por la calle, vi una mujer espectacular. ‘¿Tú que eres?’, le pregunté. ‘Soy travesti’, me dijo. Yo quiero ser como tú”. Cristina empezó a hormonarse. Pocos meses después, a prostituirse en el Parque del Oeste. Las travestis que ya trabajaban en la zona eran muy territoriales —“Te pegaban y sacaban navajas”— y “a las nuevas las puteaban”. No la dejaban ejercer por lo que Cristina iba a la zona a vender bocatas y cervezas. “No vengas más vendiendo bocatas; mañana vienes ya vestida de mujer”, le dijo un día Norma la Portuguesa al verle sus “tetillas de hormonas”.

Al poco, se convirtió en “la puta que más ganaba: hasta 100.000 pesetas por llevármelos a casa”. En 1996, a Cristina le hicieron una entrevista en el programa nocturno ‘Esta noche cruzamos el Mississipi’ para un reportaje. Pepe Navarro era el presentador y quedó fascinado por ella. España también. “La pepita me palpita, canalla”, decía La Veneno que comenzó a desgranar su vida sin edulcorantes y a crear un compendio de frases, inevitablemente tragicómicas, que se han quedado grabadas en el imaginario colectivo: "¡Digo!"; "¿Pero tú quién eres, pedazo de puta?"; “[Yo] Un juguete roto nada. Un bombón. ¡Qué valor!”.

“Lo hacía con gracia y un toque muy personal. Se ponía a hablar de su vida cotidiana: el sufrimiento que vivió en su pueblo, los maltratos, el sexo con un cliente o sobre sus amigas”, apunta Vegas. Gracias a La Veneno, descubrimos personajes como Sandra, la Camellona, La Walkiria, o Paca la Piraña. También los destrozos que hizo Marisol, la falsa cirujana del Raval: “No te ponía silicona si no aceite de aviones. Inyectaba silicona con una jeringa para caballos”.

La Veneno fue de las primeras caras visibles de la realidad de las prostitutas trans, mostrando un mundo que hasta entonces había permanecido oculto, en la sombra. “No es una activista sino una persona que dejó huella y caló hondo. A su manera, abrió una ventana de visibilidad para el colectivo trans”, agrega Topacio Fresh, que estuvo en el acto de presentación de la placa que homenajea a Cristina Ortiz. “Es la primera vez que se instala [en Madrid y probablemente en España] una placa homenaje a una persona trans”, apunta Rubén López, portavoz de Arcópoli, asociación en defensa del colectivo LGTBIQ, que animó al Consistorio a reivindicar a La Veneno en el Parque del Oeste: “Tenía que ser en ese lugar”, agrega López.

Tras su paso por la tele, la popularidad de La Veneno se disparó. Aparecía en programas, series y alguna película; grabó dos sencillos (‘Veneno pa’ tu piel’ y ‘El rap de La Veneno’); se hizo una gira por España con un ‘show’ cabaretero. Su fama la llevó también a trabajar en Latinoamérica. A pesar del éxito, los nubarrones regresaron a su vida: en 2003 entró en prisión, acusada de estafa por quemar su piso e intentar cobrar el seguro. Pasó tres años en una cárcel de hombres. En esa época las personas trans no podían elegir si cumplir condena en una penitenciaría masculina o femenina (actualmente, sí que existe esa posibilidad, tras el Caso Lastra de 2006). “Ella no tuvo elección”, apunta Vegas, “y la cárcel no le vino bien; le hizo más daño. Cristina venía de un mundo hostil y violento, que no dejaba de repetirle que no encajaba en la sociedad”. A su salida, en 2006, tenía 41 años y pesaba más de 120 kilos. Pero La Veneno no solo era fuerte, siempre fue resiliente.

Después de salir del penal, regresó a las teles y recuperó su tipazo. En 2016 cumplió uno de sus sueños: publicó su autobiografía con su amiga Valeria Vegas, autoeditada y que ya va por su cuarta edición. Presentó el libro en octubre de ese año. Tuvieron que pasar más de 20 años para que se le reconociera que su historia no solo era genuina o interesante sino que también hablaba de la realidad de un colectivo marginado por una sociedad cruel. “Y seguía habiendo prejuicio”, dice Vegas: “Mientras Cicciolina nos parece arte, La Veneno no. Ambas son igual de ‘kitsch’, con historias interesantes en las que rascar y descubrir lo que hay detrás”. La Veneno promocionó su libro en las teles y aseguró que tras la publicación de sus memorias había recibido amenazas de muerte. Fueron sus últimas apariciones mediáticas: un mes después, su pareja la encontró golpeada y amoratada en su casa. Pasó unos días en el hospital de La Paz y el 9 de noviembre murió. Tras dos autopsias, la conclusión fue que se había caído en el baño después de haber consumido ansiolíticos. Su cuerpo fue incinerado y parte de sus cenizas se esparcieron en el Parque del Oeste, como ella quería. Otra parte, su familia se la llevó a Adra, el pueblo que la repudió.

A comienzos de este año, Mari Pepa Ortiz, hermana de Cristina, pidió reabrir el caso. Un nuevo análisis forense había encontrado inconsistencias en las autopsias de la artista. La familia, dividida en dos bandos, no quiere hablar del tema. “No coinciden, para nada, los golpes y moratones de su cuerpo con una caída en la bañera”, explica la diputada socialista Carla Antonelli, “no porque haya sido [la muerte de] una persona trans, se le va a dar carpetazo”.

“[La Veneno] Es la deseada y la repudiada, la que abandonó a su familia para convertirse en prostituta”, escribe Paco Bezerra (Premio Nacional de Literatura Dramática en 2009), "La Veneno es Lilith, Pandora, Helena de Troya, Circe, Dalila... arquetipos de la ‘maldad femenina’ que ha parido la historia desde la aparición de la sociedad patriarcal. [Figuras] que ejercen un sentimiento de rechazo y temor a la vez que provocan seducción. La Veneno nos obliga a enfrentarnos a un conflicto que aún no tenemos resuelto”.

miércoles, 13 de febrero de 2019

#hemeroteca #trans | Topacio Fresh: “Muchas trans han pagado con su salud como para que un partido se apropie de la bandera LGTB“

Imagen: El País / Topacio Fresh
Topacio Fresh: “Muchas trans han pagado con su salud como para que un partido se apropie de la bandera LGTB“.
La galerista inaugura expo, sale en la nueva de Almodóvar y recibe la semana que viene el Premio Mujer y Cultura de la Semana Internacional de la Mujer.
Rubén Romero | SModa, El País, 2019-02-13
https://smoda.elpais.com/moda/actualidad/topacio-fresh-entrevista-trans-bandera-lgtb/

Tras 20 años en Madrid y 10 como galerista, Topacio se ha convertido en una de las vecinas más ilustres de la capital, un icono de la ciudad inseparable de sus amigos Alaska o Pedro Almodóvar. Estos días está algo fastidiadilla (“he tenido un pinzamiento al levantar una caja en una mudanza”). Pero eso no le quita la alegría, porque la lleva de serie, y porque la semana que viene va a recibir el Premio Mujer y Cultura de la Semana Internacional de la Mujer.

El año pasado la Comunidad de Madrid te dio el Premio de Cultura con motivo del Día de la Mujer, esta semana es la Semana Internacional de la Mujer la que te da el galardón. ¿Cómo los valoras?
Espero que la sororidad y el movimiento feminista entre mujeres siente bases en todos los sectores. Que haya mujeres directivas en todos los ámbitos. Y no solo mujeres, sino también minorías, como podemos ser las mujeres trans, trabajando en todos los sectores, que no estén solamente vinculadas a los tópicos.

Personalmente, una cosa que me gusta mucho es que son premios en los que no aparece la palabra trans, son premios por la labor cultural. Eso es de agradecer. Me hubieran dado el premio igual si hubiera sido una mujer cisgénero.

Insistes en tu condición de minoría como mujer trans y migrante. Sin embargo, perteneces a la beautiful people madrileña. ¿Cómo has conseguido integrarte tanto?
Yo vine con muy pocas expectativas. No venía pensando en el éxito, sino en la supervivencia, porque me fui de un país donde sentía que iba a tener pocos medios para desarrollarme. Como mujer trans, la cabeza de los argentinos estaba atrasada para poder darme lugar en la cultura. A mí también me ha sorprendido el convertirme en un personaje requerido. No es que sea una celebridad, pero sí soy requerida. Al principio tienes que forzarlo todo, tienes que intentar que las cosas salgan bien. Yo soy súper optimista. Intento captar la atención pero también hay que tener un poco de contenido, porque sino luego no sirves más que para una foto. Supongo que tiene que ver con la suerte y con las personas de las que te rodeas. Además soy muy simpática y me los gané a pulso.

Desde luego, dotes de sociabilidad tienes. ¡Estás en todos los saraos!
Si hay algo que me sobra es agenda. Aquí en Madrid, a lo largo del tiempo, lo que más acumulas es agenda para eventos. Cada día tienes tres cosas diferentes y tienes que ir vestida de tres maneras diferentes. En Madrid eres prisionera de la agenda. Pero si dejas de ir, te dejan de llamar… Es como un puzzle que has de armar durante toda la vida. Si no vas a la Semana del Arte, si no vas a la Semana de la Moda, si no vas a la Semana de la Gastronomía... ¡Y todas las semanas pasa algo! Yo no sé por qué pero esta semana estaba en el barrio de Usera en el Año Nuevo Chino... Y yo de china tengo poco.

10 años como galerista. ¿En qué ha cambiado el mundo de la cultura?
Lo que ha cambiado no ha sido la cultura, sino los ministros. Han pasado un montón que prometieron mucho e hicieron poco. Yo, particularmente, en José Guirao tengo mucha fe. Lo conozco desde que llegué a España. Creo que sí puede realizar muchas cosas que los otros no han hecho como la Ley de Mecenazgo y el apoyo a los artistas jóvenes.

Supongo que el peor momento de tu carrera de galerista fue cuando unos integristas católicos atacaron tu galería por exhibir fotos que consideraron sacrílegas del artista Bruce LaBruce en 2012... ¿Es la censura un peligro real?
Hay que tener cuidado porque, al mismo tiempo que la sociedad adquiere derechos, del otro lado también se tira por lo opuesto. Hay gente intolerante, que no soporta las libertades y no está a favor de la igualdad. Tenemos que estar alerta y a la defensiva, porque vivimos tiempos difíciles. Cuando veo el resultado de algunas elecciones me alarmo... pero no me asusto. Estoy dispuesta a dar la cara porque siempre lo he hecho en mi vida. Yo no les tengo miedo. No voy a blindar las ventanas de mi galería. Animo a la gente a salir, a decir lo que quiera, a que los artistas tengan libertad de expresión, pero sabiendo lo que se está gestando del otro lado.

El domingo pasado se convocó una manifestación por parte de tres partidos asociados a la etiqueta “conservadora” y me llamó la atención que se vieran banderas LGTB. ¿Cómo las interpretaste?
Yo he visto las banderas, pero no he visto a nadie que me represente. Hay gente que quiere utilizar nuestros símbolos para dar un doble mensaje. No está bien apropiarse de unos símbolos que hemos llevado con tanto orgullo y tanto sufrimiento, como para que ahora los metan en una plataforma política. Muchas han pagado con su cuerpo y con su salud como para que pillen dos o tres banderitas y las pongan de adorno.

Hablabas de elecciones. Recientemente, un partido político ha propuesto eliminar las operaciones de cambio de sexo de la Seguridad Social...
Llevamos años reivindicando que dejen de considerar la transexualidad como una enfermedad. No terminan de quitarlo del todo porque nos consideran disfóricos. Si partimos de esa base, ya tienes la respuesta. Si vas a la Seguridad Social cuando tienes una enfermedad y a mí me consideras una persona disfórica, pues... Luego, la gente tiene que pensar un poco en los demás, tiene que pensar en el dolor ajeno, en el ‘bullying’, en lo mal que lo pasa una persona transexual en su proceso psicológico. ¿Cómo no le vas a prestar atención a una persona que sufre semejante problema? Luego, parece que tú vayas a la Seguridad Social y te operen, y no es así. Operan a muy pocas personas al año y con unas circunstancias determinadas. Casi todas las personas se pagan su operación porque no pueden esperar.

Volvamos a tu faceta como galerista: la exposición que tienes actualmente es de Leo Peralta, y en ella se recrean iconos pop. ¿Cuál es tu gran icono vital?
Yo no soy muy iconoclasta. Soy la mejor amiga de Olvido (Gara, Alaska), que es un icono para la mayoría de los españoles y, sin embargo, para mí no deja de ser mi amiga. Si tuviera que elegir un icono sería una activista, una Marsha P. Johnson, la que tiró la primera piedra en Stonewall (la primera manifestación pro derechos LGTB, sucedida hace 40 años).

Después de Leo viene la exposición de Ignasi Monreal…
A Ignasi lo conozco porque colaboró con David Delfín, que era un hermano para mí. Y luego lo han fichado las mejores marcas del mundo. Me gusta porque quiere hacer algo totalmente diferente a lo que ha hecho hasta ahora, que tiene que ver con pintura hiperrealista. Va a ser un trabajo de bodegones y pintura clásica que llevará por título ‘Plats Bruts’ (platos sucios, en catalán). También vamos a autopublicar un libro con Gorka Postigo sobre infancia y adolescencia trans, basado en la exposición del año pasado.

Uno tiene la impresión de que formáis un grupo muy unido: Olvido, Gorka, Mario Vaquerizo…
Uff... Mario siempre me lía. El otro día me crucé con él por la calle y me dijo que me tenía que llamar para una cosa. Y cuando Mario me dice eso tiemblo, porque no sé decir que no a los amigos y significa darme más trabajo. Que está bien y es sensacional, pero además de cartera de artistas me gustaría que me enviaran también una cartera de clientes.

Hablando de amigos, me han dicho que sales en la nueva película de tu amigo Pedro Almodóvar, 'Dolor y gloria'…
¡Un segundo! Me lo ha dicho Pedro, que estuve cenando con él la semana pasada en casa de Félix Sabroso. Es como ‘Buscando a Wally’, pero en versión ‘Buscando a Topacio’. Me colé en una escena, así que me tienes que descubrir. Se me reconoce por la melena. ‘Dolor y gloria’ va a ser una película dura y fuerte, pero a mí me gusta salir convulsionada de las pelis de Pedro, porque te ayudan a desatar los nudos que tienes dentro.

Eres una mujer de éxito. ¿Qué te queda por cumplir?
Quiero compaginar la galería con la gestión cultural y la creación de una Fundación que tenga que ver con lo que es mi vida: yo soy una mujer migrante y una mujer transexual así que sé qué es lo que nos pasa y qué es lo que necesitamos. Me gustaría crear un organismo para ayudar a resolver este tipo de situaciones.

No sé yo si así se te va a quitar el dolor de espalda...
Ya. Según mi psicólogo, el dolor de espalda tiene que ver con la carga que llevo. También te digo que me encantaría tomarme un año sabático de imagen, de cumplir únicamente con los compromisos laborales. Pero no me lo puedo permitir.

miércoles, 13 de junio de 2018

#hemeroteca #trans | Sin miedo ni reglas: la generación de niños, niñas y niñes trans que cambiará el mundo

Imagen: El País / Furia Trans. Fotografía de Gorka Postigo
Sin miedo ni reglas: la generación de niños, niñas y niñes trans que cambiará el mundo.
El fotógrafo Gorka Postigo y la galerista Topacio Fresh unen sus fuerzas en el proyecto PRESENTE-FUTURO, una nueva realidad de identidades de género tan amplia que el lenguaje que conocíamos se queda antiguo.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2018-06-13
https://elpais.com/elpais/2018/06/13/icon/1528885117_121743.html

Era diciembre de 1975, Topacio Fresh tenía dos años y en su casa materna de Rosario (Argentina) su abuela decidió vestirla para una foto con una camiseta de tiras con florecitas y una especie de tutú. Cuando su madre llegó y vio la escena, supo que iba a haber problemas si su padre se la encontraba así. Topacio no podía estar vestida como una niña porque en aquel momento, por las circunstancias sociales, simplemente no podía ser una niña. “Mi familia no se ponía de acuerdo en que yo con tres años me vistiera de mujer. La que sí estaba de acuerdo eran mi mamá y mi abuela. Bajo ese momento de machismo y de una sociedad tan imperativa con el hombre, cuando mi padre llegaba revolucionaba la casa, a mí me sacaban toda la ropa de mujer y me ponían una camiseta de la selección argentina y me mandaban a jugar con una pelota”.

Todo esto lo recuerda hoy en la entrada de su galería del Barrio de Salamanca en Madrid. Allí, esa imagen congelada en el tiempo, la única de su infancia en la que se siente representada, da la bienvenida a los visitantes junto a otra de June, la sobrina pequeña del fotógrafo Gorka Postigo, tomada durante unas vacaciones en Formentera. Las dos fotos, mano a mano, dan idea de dos infancias completamente diferentes: la feliz y la oscura, la representada y la oculta, la normal y la reprimida. Fue ese choque de dos imágenes publicadas de forma fortuita y coincidente en las respectivas cuentas de Instagram de cada uno hace ya tres años lo que dio pie al proyecto PRESENTE-FUTURO, una exposición que se inaugura mañana y, lejos de quedarse en eso, tiene visos de ser un proyecto creciente que tal vez acabará en un libro.

PRESENTE-FUTURO surgió de esa chispa inicial y se extendió gracias a las redes sociales y las asociaciones de familias de menores transexuales que hay en España, como Chrysallis o Transexualia. Así fueron apareciendo todas las grandes historias que recopila este proyecto. Topacio y Gorka recorren la galería observando cada imagen con orgullo. Están impresas como si fuesen carteles publicitarios y pegadas con cola sobre las paredes. “La idea es presentarlos como estrellas del pop, como referentes, de forma desprejuiciada, sin una mirada pretendidamente problemática ni marginal”, explica Postigo. “Mira a Ariel”, explica señalando la imagen de una niña en un pueblo andaluz el día de su comunión. “Es una niña gitana. Este es el día de su comunión, en Cádiz”. “Ariel ha sufrido una doble discriminación por su etnia y su condición de niña transexual”, añade Topacio. “Sin embargo, sus padres la apoyaron siempre y están encantados. Hay padres para los que prevalece el amor, el cariño y el respeto sobre la carga de la sociedad”.

“Lo que más me ha impresionado es que los que tienen que hacer el tránsito más complicado son los padres”, cuenta Gorka. “A los niños, si realmente les dejan ser lo que son, no les supone ningún problema a una edad tan temprana. Tú los ves en su hábitat, con sus amigos, y son niños. Tú ves todas estas imágenes y ves niños. Nada te llama la atención. La única particularidad, que es algo que sabes por el contexto de la exposición, es que han nacido con una genitalidad que no les corresponde”.

Cuando le pregunto a María José –de 48 años, madre de Amy, de 13, y presidenta de Chrysallis Andalucía–, si ella sintió que tenía que pasar un proceso más duro que el de su hija, lo confirma. “En cierta manera lo sentí así. Yo partía de unos conceptos que se almacenaban en la típica mochila que toda persona suele tener: por un lado, una enorme ignorancia sobre qué es la transexualidad y, por otro lado, conceptos impregnados por los estereotipos que la misma sociedad me había ido inculcando. Tuve que dejar esa carga a un lado y colgarme otra mochila que había que ir rellenando. Lo que más me ayudó fue contactar con otras familias que estaban como yo viviendo esa realidad. Amy sí que lo vivió de una forma más natural. Era lógico. Yo simplemente tuve que escucharla y acompañarla, ofreciéndole mi apoyo por encima de todo con el único fin de verla feliz”.

Durante mis preguntas con María José, me corrige amablemente algunos términos. Por ejemplo, prefiere cambiar los pronombres “los” por el más genérico “quienes”, y el vocablo “niños” por otros tres: “niños, niñas y niñes”. Da la sensación de que la sociedad camina hacia un lugar en el que el lenguaje y sus pronombres que conocíamos se quedan ya antiguos. “¡Niñes!”, señala Topacio. “Hay que tener mucho cuidado con el nuevo diálogo. El diálogo de género, inclusivo, como quieras llamarlo. Muchos de estos jóvenes utilizan los tres géneros: niño, niña y niñe. Muchos de ellos se identifican así. Y muchos padres de esta generación, que no de la mía, llaman niñes a sus hijos. Es parte de la identidad. Se trata de que nadie se sienta excluido. La sociedad aún está aprendiendo. Y es importantísimo hacerlo, porque lo opuesto a este lenguaje es el silencio, las malas palabras, la opresión, las vidas truncadas”.

“En casa usamos la palabra transexual a diario”, señala María José. “Recuerdo momentos tristes cada vez que tocaba dar el tema de la reproducción humana en el colegio. Hoy en día nos sigue entristeciendo que en las aulas no se aborde su realidad, los libros de texto son excluyentes, no reflejan la existencia de las personas trans, ni la de otras realidades minoritarias, nuestras hijas, hijes e hijos son invisibles en el sistema educativo”. Labores como la de María José en la asociación Chrysallis, un grupo cada vez más numeroso de personas implicadas de manera directa con la transexualidad infantil y adolescente en toda España, consiguen revertir esta situación poco a poco. Recuerda con ternura, por ejemplo, el primer día de Amy en el colegio llevando el uniforme que correspondía a su sexo sentido. “Sus compañeros y compañeras le hicieron el pasillo y aplaudieron su entrada”.

Gorka y Topacio recuerdan otros casos señalando las imágenes que lucen en las paredes de la Fresh Gallery. “Este es Álex”, explica él señalando la imagen de un atractivo chico de 19 años, con barba de dos días y un pendiente en la nariz. “Empecé a fotografiarlo en 2015. Es con quien llevo más tiempo trabajando”. Alex conoció a Topacio después de que éste fuese a dar una charla a un instituto de Rivas Vaciamadrid, uno que tiene premios europeos por su educación inclusiva. Él estaba en primera fila para escucharla y ahí comenzaron una amistad por redes sociales.

“Esta otra de aquí es una activista que se tiene un colectivo que se llama Furia Trans. En Instagram se llama Fuck Gender Roles ("A tomar por **** los roles de género") y hace un activismo increíble a sus 17 años”, explica Gorka. Topacio explica: “Ella está a favor del género, es una mujer de género pero no quiere adecuar su cuerpo al de una mujer. No cree necesitar la adecuación genital o física para sentirse una mujer. Su activismo tiene que ver con defender el género desde el cerebro, no desde la representación física”. O sea, para los lectores que puedan sentirse confundidos: esta chica nació con una genitalidad que no coincidía con su identidad de género. Y pese a haber transicionado, no ha considerado necesarios atributos clásicamente femeninos (pechos, una melena larga o faldas) para construir su identidad femenina.

Un caso exactamente contrario al que vemos dos fotos más allá, en la pared contigua, donde nos saluda la imagen de un chico sin camiseta con las cicatrices aún visibles de una mastectomía. “Si este niño pensase igual que la niña de la imagen anterior, no tendría por qué operarse para sentirse mujer”, explica Topacio. “Pero son dos formas distintas de verlo y de sentirlo. Para muchas personas transexuales, las cicatrices también forman parte de nuestra construcción física”. En otra foto, una pareja se abraza, los dos tirados en la hierba. “Son una pareja trans. Se conocieron trabajando en un Primark y los dos han transicionado”.

Terminamos la visita en la última estancia de la galería. Gorka se acerca a una imagen que aún no está pegada a la pared. “Esta niña vino con su padre y me explicó que había hecho el tránsito hacía cinco meses. Es una niña de su edad, muy inquieta y activa, superalegre, pero el padre me enseñó fotos de ella antes del tránsito y era otra persona. Tímida, sin hablar, sin relacionarse con nadie... El mismo día en que empezaron a llamarla por el nombre que ella quería, tanto su familia como sus compañeros de clase la recibieron con un aplauso y una carta de bienvenida. Cambió radicalmente y se convirtió en una niña de su edad”.

“Yo me siento un vehículo de este proyecto”, finaliza Postigo. “Además, he trabajado de una manera muy diferente, sin un equipo grande y aparatoso, sin expectativas de espectacularidad. Aquí no ha habido presión en ese sentido. Lo importante, más que la imagen, era la historia que había detrás. El fin no es la foto, sino contar esas historias. El fin es que sus protagonistas se sientan apoyados y valorados. Que sepan que no están solos”.

jueves, 29 de junio de 2017

#hemeroteca #transexualidad | Reunimos a tres generaciones de la lucha por la normalización trans

Eli, Valeria y Topacio
Reunimos a tres generaciones de la lucha por la normalización trans.
Apenas les separan 30 años, pero sus experiencias vitales han sido muy distintas. Eli, Valeria y Topacio se unen para hablar del colectivo, un objetivo para el que todavía queda mucho.
Leticia García | Tentaciones, El País, 2017-06-29
http://elpais.com/elpais/2017/06/26/tentaciones/1498469609_224490.html

La Organización Mundial de la Salud ya no llama "trastorno" a la transexualidad como hasta hace poco; ahora recibe el término de "disforia". Un eufemismo necesario pero para nada suficiente. La disforia de género sigue entrando en la categoría de enfermedades mentales, lo que supone que las personas que la padecen necesitan el diagnóstico de un psiquiatra para comenzar a cambiar sus cuerpos. Una medida con la que muchas transexuales concuerdan y otras rechazan, aunque todas, obviamente, aceptan: su libertad y su dignidad están en juego.

Estas tres mujeres están acostumbradas a que piensen que si ahora son mujeres es porque están enfermas. No quiere decir que no les duela, pero ya no se rasgan las vestiduras ni se ofenden al hablar abiertamente sobre ello. Se han hecho más fuertes que muchas de las mujeres biológicas. Y eso que les separan la edad y, por supuesto, las vivencias.

Elizabeth tiene 17 años y el privilegio de tener una familia que la apoyó desde el principio. Acaba de ganar un premio de Filosofía gracias a su último ensayo y no ve el momento de mudarse a París para estudiar en la Sorbona. Valeria Vegas está a punto de cumplir los 32, es licenciada en Comunicación Audiovisual (hizo la transición durante sus años universitarios) y es la autora de la biografía de la malograda Cristina Ortiz, La Veneno, y de varios documentales en torno a mujeres transexuales míticas, como el reciente sobre Manolita Chen. Topacio Fresh no necesita presentación; por su galería madrileña pasa lo mejor del arte contemporáneo y la cultura ‘underground’ actuales.

Topacio Fresh: Existe una regulación, que sin embargo no se ha puesto en marcha, que exigiría una cuota de transexuales en las empresas, como la hay de otras personas discapacitadas.

Valeria Vegas: Claro. Si me consideras una enferma, entonces haz realidad esa ley y da trabajo a los transexuales. Lo que no puede ser es que nos encasillen ahí pero luego no podamos disfrutar de los beneficios legales.

¿Creéis que esta especie de discriminación positiva podría funcionar? Una forma de normalizar la situación aunque sea por la peor vía posible.

Eli: Claro, como las leyes de paridad con las mujeres. Luego se aplican como se aplican… Por ejemplo, en Francia cumplen la ley, pero a ellas siempre las sitúan en puestos de poca relevancia.

Valeria: Eli, ¿tú te estás operando?

Eli: No, tomo hormonas. No puedo operarme hasta ver cómo se desarrolla mi cuerpo, hasta dónde crezco.

Topacio: Pero tomas bloqueadores, ¿no?

Eli: Sí, sí, claro.

Topacio: Es una maravilla lo de los bloqueadores [fármacos que inhiben la producción de hormonas sexuales]. La pubertad es crítica para una trans y es genial que exista algo que pare el proceso. Te ahorras muchísimo sufrimiento.

Valeria: En mi época no existían. Y eso que Eli y yo no nos llevamos tantos años.

Topacio: Yo comencé con hormonas clandestinas. Por supuesto, no existía la unidad de género, solo estaban tus amigas, que traían hormonas de Europa. Cuando fui creciendo empecé a ir al endocrino y a seguir un proceso médico, pero al principio fue imposible.

Entre ellas median poco menos de treinta años. Pero resulta fascinante comprobar cómo han cambiado las cosas en solo tres décadas. "Es que nosotras somos nuevas", dice Valeria, "hemos nacido con la ciencia".

Eli: Es cierto que las mujeres trans como tal hemos nacido con el desarrollo de la industria médica, pero siempre hemos existido de alguna forma. Mira, por ejemplo, a Margarida Borrás, la valenciana que se vestía de mujer y fue ejecutada.

Topacio: En mi época, y no hace tanto, éramos locas. Tengo compañeras a las que les daban ‘electroshocks’ para "enderezarlas". En treinta años el cambio ha sido muy brusco.

Pero no quiere decir que ahora sea un camino de rosas, por supuesto. Por desgracia, es extraño encontrar a mujeres transexuales en puestos de poder o con negocios propios. Y, hasta hace muy poco, transexualidad, espectáculo y prostitución iban de la mano. En 1983 se estrenaba una de esas pequeñas joyas de culto que ha dado el cine patrio: ‘Vestida de azul’. El documental de Antonio Jiménez Rico, que exponía la realidad transexual en tiempos de aperturismo político, comienza con la escena de una redada policial mientras algunas de las protagonistas esperan a sus clientes en una esquina. En una sociedad hipócrita, que proclama la diversidad en teoría pero la rechaza en la práctica, ellas solo podían existir en la marginalidad, pagando sus alquileres con el mercadeo de sus cuerpos.

Valeria: Todavía hoy hay gente que cree que yo no puedo tener un trabajo como periodista y una carrera universitaria. Y eso que me operé en mis años de universidad.

Eli: La sociedad te lo pone muy, muy difícil. Ahora por fin hay más referentes; están surgiendo otros relatos con los que te puedes sentir identificados.

Pero esa marginación propició la unión de algún modo, ¿no? Por ejemplo, siempre se ha dicho que las transexuales del Raval eran las protectoras del barrio, las que ayudaban a los vecinos y velaban por la seguridad…

Valeria: Sí, al final de algo endogámico surgió algo positivo.

Eli: Pasaba lo mismo, por ejemplo, en el Nueva York de los 70, donde algunas trans con posibles acogían a las que estaban en riesgo de exclusión.

Valeria: A mí esas vidas son las que más me emocionan. Ellas han pasado por todo. Han sido los conejillos de indias de mil cosas. Que hayan llegado hasta aquí es un milagro.

Topacio: Sobre todo porque el índice de vida de una transexual era de 40 años.

Valeria: Igualmente, esos guetos están destinados a desaparecer, del mismo modo que están desapareciendo ciertos barrios. La prostitución no va a dejar de existir, ni la heterosexual ni la transexual, pero sí esos reductos. Aunque para mí, cuando escucho esas vidas, es como si me hablaras de Santa Clara.

A Valeria se le escapa una lágrima mientras susurra: "Nos podía haber tocado vivir eso. Son mujeres que han acabado ayudando al prójimo porque no le desean a nadie lo que ha vivido. Igual que no le deseo a Eli nada de lo que me ha pasado a mí". "A Eli no le va a pasar nada", responde Topacio.

Todavía seguís viviendo la exclusión, aunque en menor medida…

Eli: Yo, por suerte, no he sufrido bullying duro, pero en mi antiguo colegio había comentarios sobre mis uñas largas y mi pelo. Y eso que no había comenzado la transición. Al final fueron los propios directores los que me invitaron a irme si me sentía rechazada. Ahora voy a un instituto en el que me permitieron cambiar mi nombre, me aceptaron, existe una brigada ‘antibullying’… Y ahora ya no llevo ni las uñas ni el pelo largo.

Valeria: Pero porque ahora estás a gusto contigo misma. Estás tan bien por dentro que no te hace falta.

Eli: Yo no tengo miedo. Lo vivo con alegría. Tener diecisiete años, ser trans y sentir apoyo… Hay que darse cuenta del privilegio que tienes.

Valeria: La familia es el eje de nuestras vidas. Siempre tenemos miedo del apoyo o el rechazo de nuestros familiares.

Eli: Tengo compañeros de mi edad a los que han echado de casa, a otros les acosan en la escuela… El odio puede venir de cualquier parte.

Topacio: Por ejemplo, el día que fui a firmar el contrato de la galería, la mujer de la inmobiliaria, al verme, me dijo algo así como: "¿Podría venir su marido mañana a firmar?". Yo dije que sí y no hice caso. Nosotras hemos aprendido a escondernos o a pasar desapercibidas cuando nos ha hecho falta. La vida nos ha enseñado a ser camaleones.

Valeria: En mi caso también me sentí muy apoyada. Empecé la universidad con un nombre y terminé con otro. Al trabajar en el sector audiovisual te encuentras con gente con la mente más abierta. Bueno, también es cierto que no trabajo de cara al público, aunque muchos hoy en día me verán y pensarán que solo sirvo para el espectáculo. Las de la generación anterior a la mía, o se dedicaban a la prostitución (sin demonizarla, por supuesto) o trabajaban porque tenían enchufe. Solo las más privilegiadas podían, por ejemplo, montar una peluquería.

Eli: Ya pero qué haces ahora, por ejemplo, con el curriculum. Yo, por ejemplo, ¿qué hago? Pones un nombre, luego otro….

¿Y dentro del colectivo LGTBI? ¿También os sentís discriminadas?

Valeria: Yo con ese tema me enciendo.

Topacio: Somos la minoría de la minoría.

Eli: Hay tanta discriminación como dentro de la heterosexualidad.

Valeria: Yo me he encontrado con gente que no sabe diferenciar transexual de travesti o transformista. Pues chico, en lo que a mí respecta, me pareces una persona que no está a la altura. Topacio es más permisiva en ese aspecto.

Topacio: Uy, hasta hace muy poco había discotecas gays en las que no podíamos entrar los transexuales.

Valeria: Luego no pidas derechos por tu condición sexual si la condición sexual de otra persona te resulta risible.

¿Y entre vosotras? ¿Hay unión?

Topacio: Hay varias organizaciones. Hay tres en concreto que lideran el panorama: Chrysallis, Fundación Daniela y Transexualia. Y si vas a una ya te miran mal en la otra.

Eli: Hay un odio increíble entre las asociaciones.

Valeria: Pasa también en las asociaciones lesbigays. Las asociaciones segregan. Ahora, nosotras, a título individual, es distinto. Nos tocan a una y nos movilizamos todas.

Eli: Como hace poco, cuando le dieron una paliza a una chica de Vallecas y fuimos todas a manifestarnos.

Topacio: Yo estoy montando mi propia fundación. Pero sin nada de tecnicismos ni palabras acabadas en "e" ni nada de eso.

Valeria: Es que no es ofensivo decir transexual. Hay mujeres y hombres biológicos y mujeres y hombres transexuales. Si algo se dice con respeto no hace falta acuñar "el término del término del término" y dar mil matices para no enfadar a la gente.

¿Qué creéis que ha ocurrido, en positivo, para que la transexualidad se vaya por fin aceptando?

Valeria: El cine y la televisión. Esos padres que hoy dan ese apoyo a sus hijos han visto ejemplos positivos en los medios. Documentales, actrices trans en las series… Nosotras no somos nada sin los medios de comunicación.

¿Y qué es lo que nos falta?

Topacio: Uy, tengo que escribirte un estatuto. Para empezar, la unidad de género funciona fatal.

Eli: En Madrid, por ejemplo, han aprobado una ley trans para facilitar la transición y la protección, pero es un brindis al sol. Se han colgado la medalla pero no hay un duro de presupuesto para ponerla en práctica.

Topacio: Toda la readecuación del cuerpo hasta llegar a la reasignación genital debería tener un seguimiento clínico. Hormonas, prótesis... El problema es que las citas son muy espaciadas.

Valeria: En Andalucía, una comunidad avanzada en este tema, la lista de espera es de 4 años. Se opera a una mujer al mes.

Topacio: Imagínate todo lo que le puede pasar a una mujer en cuatro años. Tengo una amiga en Madrid que acaba de empezar la transición. Su primera cita fue la semana pasada y la segunda será en noviembre. Acaba de cumplir los 18 y hay que tratarla de manera urgente.

Valeria: Es que el factor desesperación es crucial en nuestros casos.

Eli: Yo fui a la unidad de género pero el seguimiento era demasiado espaciado. ¿Qué seguimiento es ese si tardo cuatro meses en volver?

Valeria: Yo fui a lo privado. El psicosexólogo lo hice en la medicina pública y lo demás en la privada.

Topacio: Porque tenemos la suerte de poder pagarlo. Hay mujeres a las que las han echado de casa y no tienen cómo.

Valeria: Por eso, hay que luchar por las que no pueden ir a la medicina privada.

Eli: Yo fui a la Fundación Daniela y ahora me tratan en el hospital de La Paz.

Valeria: Hemos avanzado mucho igualmente. El caso de Eli lo comparo con el mío y… En mi época era imposible hacer lo que has podido hacer, Eli, y eso que no nos llevamos tantos años.

¿Y qué podríamos aprender nosotros, a nivel social?

Topacio: Lo primero, necesitamos manuales de ética para los medios de comunicación. La gente tiene que usar los términos correctos. Los periódicos dicen: "Se murió un travesti…". Mira, la mataron, y era una mujer transexual, no un travesti. Eso no se respeta.

Valeria: Los medios que han querido ayudar lo han hecho. Por ejemplo, en el documental sobre Manolita Chen se veían recortes de prensa en los que se decía: "Mujer travesti adopta a niña subnormal". Es muy fuerte y muy cruel hablar en esos términos.

Topacio: Ah, y por supuesto, mano dura en las redes sociales. No puede haber esa libertad para que algunos locos comenten "muérete, maricón" con esa ligereza, por favor.

Valeria: ¡Ah! Y se me olvidaba, aunque no es tanto social: la regulación quirúrgica. Tú no sabes lo que nos estafan con las operaciones. Juegan con la necesidad que tenemos y suben los precios muchísimo cada año.