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viernes, 15 de marzo de 2019

#hemeroteca #sexo #sextech | Los robots sexuales ya están aquí, ¿debe haber leyes que los regulen?

Imagen: El País / 'Sexbots' o robots sexuales
Los robots sexuales ya están aquí, ¿debe haber leyes que los regulen?
El autor considera que los 'sexbots' plantean problemas de ética y privacidad como, por ejemplo, en el caso de los robots con forma de niño.
Francis X. Shen | El País, 2019-03-15
https://elpais.com/tecnologia/2019/02/14/actualidad/1550144811_560964.html

Los robots ya están aquí. ¿Les siguen de cerca los robots sexuales?

Según afirman desde el 'Informe Drudge' hasta 'The New York Times', los robots sexuales, o sexbots, se están convirtiendo rápidamente en parte del tema de conversación nacional sobre el futuro del sexo y de las relaciones. Detrás de los titulares hay varias empresas que desarrollan actualmente robots diseñados para proporcionar compañía y placer sexual a los seres humanos, y ya hay algunos en el mercado.

A diferencia de los juguetes y de las muñecas sexuales, que por lo general se venden en tiendas discretas y se esconden en armarios, los sexbots pueden llegar a ser algo corriente. Un estudio de 2017 indicaba que casi la mitad de los estadounidenses piensan que tener sexo con robots se convertirá en una práctica habitual dentro de 50 años.

Como experto en inteligencia artificial, neurociencia y derecho, me interesan las cuestiones legales y políticas que plantean los robots sexuales. ¿Cómo nos aseguramos de que son seguros? ¿Cómo afectará la intimidad con un robot sexual al cerebro humano? ¿Sería ético el sexo con un robot con aspecto de niño? Y, por cierto, ¿qué es exactamente un robot sexual?

La definición de “robot sexual”

No existe una definición universalmente aceptada de “robot sexual”. Puede que esto no parezca importante, pero en realidad supone un grave problema para plantear cualquier propuesta de regularlos o de prohibirlos.

La principal dificultad es cómo distinguir un robot sexual de un “robot sensual”. ¿El hecho de que un robot sea atractivo para un ser humano y le pueda proporcionar satisfacción sexual lo convierte en un “robot sexual”?

Resulta tentador definirlos como juguetes sexuales centrándose en su uso principal, como hace la legislación. En Alabama, el único estado de EE UU que todavía prohíbe totalmente la venta de juguetes sexuales, el Gobierno se centra en los aparatos “principalmente para la estimulación de los órganos genitales humanos”.

El problema que suscita la aplicación de esta definición a los robots sexuales es que estos últimos cada vez proporcionan mucho más que sexo. Estos robots no son solo muñecas con un microchips sino que usarán algoritmos que aprenden ellos mismos para despertar emociones en su pareja.

Tomemos el ejemplo del robot Mark 1, que se parece a la actriz Scarlett Johansson. A menudo se le considera un robot sexual, pero cuando entrevisté a su creador, Ricky Ma Tsz Hang, me aclaró rápidamente que Mark 1 no está hecho para ser un robot sexual. El objetivo de estos robots será ayudar en todo tipo de tareas, desde preparar la comida de un niño hasta proporcionar compañía a un pariente anciano.

Naturalmente, los seres humanos pueden manejarse bien tanto en el contexto sexual como en el no sexual. Pero, ¿qué pasaría si un robot pudiese hacer lo mismo? ¿Cómo conceptualizamos y dirigimos a un robot que puede pasar del modo “jugar con niños” durante el día al modo “jugar con adultos” por la noche?

Cuestiones legales espinosas
En el caso 'Lawrence contra Texas' de 2003, que marcó un hito, el Tribunal Supremo anuló la ley sobre la sodomía de Texas y estableció lo que algunos expertos han descrito como un derecho a la privacidad sexual.

Actualmente existen divergencias entre los tribunales sobre cómo debería aplicarse el caso Lawrence a las restricciones estatales sobre la venta de juguetes sexuales. Hasta ahora, la prohibición de Alabama se mantiene, pero sospecho que al final se anularán todas las prohibiciones sobre los juguetes sexuales. De ser así, parece poco probable que los estados puedan restringir totalmente las ventas de robots sexuales en general.

Sin embargo, podría ser diferente en el caso de las prohibiciones sobre los robots sexuales con aspecto de niño.

No se sabe a ciencia cierta si ya hay alguien en EE UU que tenga un robot sexual con aspecto de niño. Pero la mera posibilidad de que existan robots sexuales con aspecto de niño ya ha dado lugar a un proyecto de ley bipartidista del Congreso de EE UU, la Ley para Restringir los Robots Electrónicos Pedófilos Explotadores y Realistas, o CREEPER por sus siglas en inglés. La ley se presentó en 2007 y se aprobó por unanimidad seis meses después.

Los políticos estatales seguirán sin duda el ejemplo, y es probable que veamos muchos intentos de prohibir los robots sexuales con aspecto de niño. Pero no está claro si estas prohibiciones superarán las dudas constitucionales que plantean.

Por una parte, el Tribunal Supremo ha mantenido que las prohibiciones sobre la pornografía infantil no violan la Primera Enmienda porque el Estado tiene un interés apremiante en restringir los efectos de la pornografía infantil en los niños representados. Sin embargo, el Tribunal Supremo también ha mantenido que la Ley para la Prevención de la Pornografía Infantil de 1996 era demasiado general en su intento de prohibir la “pornografía infantil que no muestra a un niño real”.

Los robots sexuales con aspecto de niño son robots, no humanos. Al igual que la pornografía infantil virtual, el desarrollo de un robot sexual con aspecto de niño no requiere ninguna interactuación con ningún niño. No obstante, también podría sostenerse que los robots sexuales con aspecto de niño tendrían unos graves efectos perjudiciales que obligan al Estado a actuar.

¿Seguros y fiables?
Los robots sexuales quizás se vuelvan sensibles algún día, pero por ahora, son productos.

Y una cuestión que prácticamente se ha pasado por alto es cómo la Comisión sobre la Seguridad de los Productos de Consumo debería regular los peligros asociados a los robots sexuales. Los productos sexuales actuales no están debidamente regulados, y esto es preocupante teniendo en cuenta que los robots sexuales pueden hacer daño a sus usuarios de muchas maneras.

Por ejemplo, existe peligro incluso en una escena aparentemente inocente en la que un robot sexual y un ser humano se cogen de la mano y se besan. ¿Qué pasaría si los labios de los robots sexuales estuviesen fabricados con pintura con plomo o alguna otra toxina? ¿Y qué pasaría si el robot, que tiene la misma fuerza que cinco humanos, aplastase por accidente el dedo del humano en un arrebato de pasión?

Y no se trata solo del daño físico, sino también de la seguridad. Por ejemplo, al igual que una pareja humana aprende recordando qué palabras son tranquilizadoras y qué tipo de caricia resulta reconfortante, también es probable que un robot sexual almacene y procese una enorme cantidad de información íntima. ¿Qué regulaciones existen para garantizar que estos datos sigan siendo privados? ¿Hasta qué punto será el robot sexual vulnerable al pirateo informático? ¿Podría el Estado utilizar los robots sexuales como aparatos de vigilancia para los delincuentes sexuales?

Los 'sexbots' en la ciudad

La decisión de los Gobiernos de regular los robots sexuales y la manera en que lo harán dependerán de lo que aprendamos – o de lo que supongamos – sobre los efectos de estos robots en las personas y la sociedad.

En 2018, el Ayuntamiento de Houston salió en todos los titulares al aprobar una ordenanza para prohibir la entrada en funcionamiento del que habría sido el primer “burdel” de robots de EE UU. En una de las reuniones comunitarias, uno de los asistentes advertía: “Un negocio como este destruiría los hogares, las familias y las economías de nuestros vecinos y causaría un gran revuelo comunitario en la ciudad”.

Pero estas predicciones alarmantes son pura conjetura. Hoy en día, no existen pruebas de cómo afectaría a las personas o a la sociedad la introducción de robots sexuales.

Por ejemplo, ¿habría más o menos probabilidades de que un hombre que utilizase un robot sexual con aspecto de niño hiciese daño a un niño humano real? ¿Sustituirían los robots a los seres humanos en las relaciones o mejorarían las relaciones como lo pueden hacer los juguetes sexuales? ¿Llenarían los robots sexuales un vacío para aquellos que están solos y no tienen pareja? Y del mismo modo que los pilotos utilizan simuladores de vuelo virtuales antes de pilotar un avión de verdad, ¿podrían las personas vírgenes utilizar robots sexuales para practicar el sexo de manera segura antes de probar el sexo real?

Dicho de otra manera, hay muchas más preguntas sin respuesta sobre los robots sexuales que robots sexuales reales. Aunque resulta difícil realizar estudios empíricos hasta que los robots sexuales estén más extendidos, la regulación con conocimiento de causa exige que los científicos analicen urgentemente estos temas. De lo contrario, puede haber decisiones regulatorias reaccionarias basadas en suposiciones y en el temor a los supuestos más catastróficos.

Un mundo feliz
Una cuestión que me fascina es la manera en que el tabú de turno sobre los robots sexuales crece y decrece conforme pasa el tiempo.

Hubo una época, no muy lejana, en la que los humanos atraídos por el mismo sexo se avergonzaban de hacerlo público. Hoy en día, la sociedad también tiene sentimientos encontrados con respecto a la ética de la sexualidad digital, una expresión que se emplea para describir varias relaciones íntimas entre los seres humanos y la tecnología. ¿Llegará un momento, no muy lejano, en que los humanos atraídos por los robots anunciarán de buena gana su relación con una máquina?

Nadie sabe la respuesta a esta pregunta. Pero lo que yo sí sé es que los robots sexuales seguramente estarán el mercado estadounidense dentro de poco, y es importante prepararse para esa realidad. El imaginar leyes que regulen los robots sexuales ya no es una hipótesis de un profesor de derecho o ciencia ficción.

Es un desafío del mundo real al que la sociedad está a punto de enfrentarse por primera vez, y espero que la ley no se equivoque.

Francis X. Shen es profesor asociado de Derecho en la Universidad de Minnesota.


Este artículo está republicado de The Conversation. Aquí puede leer el artículooriginal

#hemeroteca #sexo #sextech | Sexo con androides y otras réplicas humanas

Imagen: El País
Sexo con androides y otras réplicas humanas.
Fabricar a tu amante perfecto.
Celia Blanco · Mordiscos y tacones | El País, 2019-03-15
https://elpais.com/elpais/2019/03/14/mordiscos_y_tacones/1552559940_998205.html

El sexo con androides está más cerca de lo que crees.

En 2050, si llego, cumpliré setenta y ocho años. Seré una señora mayor, imagino que con el pelo blanco y un montón de arrugas. No tengo ni idea de si viviré en pareja, con el carácter que tengo no descartemos melodramas, pero lo que sí sé es que a esa edad, de uno u otro modo, me gustará tener sexo. Decidiendo todo, obvio. Pero, conociéndome, seguro que quiero tener sexo. La descarga de endorfinas no me las ahorro por nada del mundo, así que, aunque esté más sola que la una querré sexo. Sexo bueno. A esa edad habré llegado después de, espero, experimentar en la cama todo cuanto me haya dado la gana. En número de amantes, coreografía y lugares, tres de las bases de cualquier fantasía sexual que se precie. Si ya tengo ‘amantes de mano’ favoritos (Lucas, te amo), es normal que, para entonces, sea capaz de diseñar a mi amante perfecto.

Que yo conozca, hubo un caballero que llegó a fabricarse a sus amantes. Sergi Santos, doctor en nanotecnología por la universidad de Leeds (Reino Unido), ingeniero en electrónica por la UPB y experto en computación, encontró en las muñecas hiperrealistas asiáticas el cuerpo que quería y le inoculó un cerebro artificial. Fue un experimento científico; él lo que quería era fabricar a la amante perfecta pero dotándola de consciencia. La muñeca, desde ese instante, fue bautizada como Samantha, cuyo nombre significa "la que escucha" y es el nombre de la voz que enamora a Joaquin Phoenix en Her, de Spike Jonze. Quería que interactuara y que, como él mismo dijo que la muñeca "sintiera que se la estaban metiendo".

Como es un cerebrito, nunca mejor dicho, lo hizo. Su hito es más científico que otra cosa, pero el hecho de que aquellas muñecas fueran sexuales lo puso en el mapa. Todos querían conocer al científico capaz de fabricar androides sexuales y saber más del sexo que del desarrollo del algoritmo, lo que a él terminó cansándole. También dejó de trabajar en estos androides por el alto coste del producto final (5.000 €), lo que dificultó la comercialización de sus chicas. "Hasta que no se puedan hacer a nivel industrial no trae a cuenta hacerlas. Solo unos pocos pueden pagarlas. Si Real Doll se mantiene con sus muñecas hiperrealistas es porque la empresa no tiene más de diez empleados."

Las Real Doll son, ahora mismo, las muñecas hiperrealistas más comercializadas, pero estas no están dotadas de inteligencia artificial como Samantha. Las primeras pueden conseguirse a partir de 1.300 euros, si no se hacen a la carta, Samantha o cualquiera de las que fabricaba el ingeniero barcelonés superan los 5.0000 euros. En la actualidad, Sergi Santos prosigue sus investigaciones sobre consciencia e inteligencia artificial y ha publicado un libro al respecto escrito junto a Matteo Chiesa y Marissa Kissaminati.

El sexo con robots será muy diferente para hombres que para mujeres. Por motivos evidentes, no es lo mismo necesitar dónde meter que intentar que te la metan. Eso sin contar con que el coito no es lo que más placer suele reportar por mucho que nos encante que nos empotren. Si repasamos los mejores juguetes actuales, los succionadores de clítoris son lo mejor del mercado para suplir la ausencia de una buena lengua. Los actuales muñecos sexuales, también de Real Dolls, carecen de inteligencia artificial y, lástima, no practican sexo oral. Esto habrá que mirarlo, señores fabricantes. Lo del movimiento pélvico también es complicado, los muñecos lo único que hacen es penetrar. Un inmenso dildo con forma de maromo; casi prefiero mis utensilios de mano.

He dicho el año 2050 al principio de este artículo porque es la fecha que ya han adelantado otros como el momento en el que tendremos lo que llaman ‘sextech’. Luis García Berlanga y Rafael Azcona ya admitieron con Tamaño natural hasta qué punto podíamos enamorarnos de un ser inanimado. Puesto que parece probable que metamos androides en nuestra cama, a ver cómo llevan los sobrinos, hijos y nietos que podamos ser la abuela que presente en familia al C-3PO que nos lo coma de vicio...

martes, 13 de noviembre de 2018

#hemeroteca #sexo | ‘Sextech’: en 2050 el sexo entre personas y robots superará al de los humanos

Imagen: El País / Alicia Vikander y Sonoya Mizuna en 'Ex machina'
‘Sextech’: en 2050 el sexo entre personas y robots superará al de los humanos.
La alta tecnología aplicada al sexo nos permitirá, en muy poco tiempo, experimentar casi cualquier práctica sexual que exista, aunque no suceda en nuestro cuerpo.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2018-11-13
https://smoda.elpais.com/placeres/sextech-sexo-personas-robots/

“A partir de 2025, muchos de los hogares más ricos del mundo contarán con un robot sexual. En 2035, la mayoría tendrá un juguete sexual con el que interactuará en realidad virtual y en 2050, el sexo entre personas y robots superará a las relaciones entre humanos”. Así de contundente se mostraba el físico, matemático y futurólogo Ian Pearson en un informe sobre el futuro del sexo que elaboró para Bondara, una marca inglesa de tiendas eróticas online.

Desafortunadamente, la tecnología no parece haber cambiado nuestra vida laboral tan profundamente como había prometido. Sí, manejamos unos sofisticados aparatos (ordenadores) y podemos hablar con cualquiera al otro lado del mundo, pero seguimos atados a un escritorio, a un edificio y a jornadas maratonianas cuando la utopía y la ciencia ficción auguraban una civilización del ocio para el siglo XXI.

Nuestra vida sexual, sin embargo, sí parece vislumbrar futuros alucinantes y los robots son solo la punta del iceberg. “El uso de humanoides para las relaciones sexuales ha creado mucha controversia”, señala Ian Pearson a ‘S Moda’, “sin embargo, no es ni mucho menos lo más inquietante. Aunque también es cierto que las relaciones con ellos se volverán cada vez más complicadas, a medida que éstos se sofistiquen y desarrollen algo similar a las emociones”.

Lo que ya se conoce como ‘sextech’ (alta tecnología aplicada al sexo), trabaja sin descanso para proporcionarnos, en un futuro muy próximo, la posibilidad de acceder a un extenso menú de prácticas sexuales, en las que el cuerpo ya no será un límite. Como Pearson apunta, “la gente podrá hacerse un replicante, exactamente igual, y tener (literalmente) sexo consigo mismo. La realidad virtual nos permitirá tener relaciones a distancia y sentir besos, caricias y contactos, gracias a sensores conectados a pantallas táctiles que envían mensajes al cerebro. Será fácil materializar la fantasía que cualquiera imagine, o fabricar la réplica de alguien que ya haya muerto. Es ya factible suspender, temporalmente, la consciencia para percibir sensaciones de otros cuerpos. Por ejemplo, si se quiere experimentar el cambio de sexo. O podemos intercambiar cuerpos, tener relaciones íntimas y que cada uno sienta lo que siente el otro. La gente podrá experimentar tener otro sexo, otra edad. Y estas múltiples posibilidades traerán problemas morales y legales (nada impide a un pedófilo tener un niño robot para el sexo); porque la tecnología avanza mucho más rápido que la sociedad, la política o las leyes”.

Siguiendo con esta película de ciencia ficción en la que la imaginación no tiene límites, Pearson apunta también la “posibilidad de crear nuevos tipos de sexo, nuevos genitales. ¿Por qué no inventar más sexos, en vez de quedarnos solo con dos? Podemos crear 20 nuevos géneros. Fabricar genitales y dotarlos de sensibilidad erótica y capacidad de llegar al clímax.

Se podrán tener orgasmos con estimulación electrónica, activando las áreas del cerebro que se encienden durante el sexo. Tan solo hace falta un implante, muchos robots lo tienen, y cada vez que se presione un botón se generará un orgasmo de 15 a 17 segundos de duración”.

En este momento, Ian trabaja en lo que se llama ‘active skin’ o ‘electronic skin’, una invención suya de 2001, que permite grabar sensaciones para recrearlas después. “Por ejemplo, si tienes buen sexo con un excelente amante, puedes grabarlo y luego recrear esa sesión cuando él esté lejos, hablando por teléfono. O tener una relación con alguna celebrity, grabarla y luego venderla por Amazon para que otro la disfrute. Esta habilidad de registrar, guardar y luego recrear sensaciones permitirá abrir bibliotecas con experiencias de todo tipo, perpetradas por toda clase de gente, a las que cualquiera podrá acceder”, afirma este experto.

La pregunta es, ¿podremos asimilar todos estos cambios?

La posibilidad de acceder a un menú casi ilimitado de experiencias con, prácticamente, cualquier miembro de la humanidad o de la comunidad humanoide, genera un cierto vértigo. Especialmente, cuando el motivo por el que más personas acuden a la consulta de un sexólogo es la falta de deseo. No tenemos apetito y el futuro nos invita amablemente a una bacanal con cientos de platos que debemos, al menos, probar (so pena de convertirnos en unos cursis o unos casposos). La expresión ‘hacer el amor’ pronto caerá en desuso porque el amor o el sexo ya vendrá hecho, como cualquier plato precocinado. Tan solo habrá que accionar el dispositivo, ponerse los sensores y experimentar sensaciones de muchos decibelios.

“No soy psicólogo ni un experto en la mente humana”, comenta Pearson, “pero no es difícil imaginar que habrá muchas personas que no puedan asimilar todos estos cambios, que se vuelvan adictas o que tengan problemas de identidad de género, al existir todas estas posibilidades. Surgirán nuevas patologías sexuales y existe el riesgo de que la hostilidad entre los dos sexos (hombres y mujeres) se acentúe”, señala Ian.

En el bando de los positivistas, los que ven la botella medio llena, figuran numerosas empresas que ven en el sextech un negocio con mucho potencial. Bryony Cole es CEO en Future of Sex, una plataforma creada en 2016 que engloba las nuevas tendencias en sexualidad que nos traerá la alta tecnología y las canaliza hacia el gran público o los diferentes mercados a través de charlas, eventos, investigación o formación. “Más que de cibersex nosotros hablamos de sextech; es decir, cualquier tecnología diseñada para mejorar la sexualidad”, apunta Cole a ‘S Moda’. “El sextech abarca un ámbito más amplio y su mercado está valorado en 30 mil millones de dólares. Su aportación tendrá un gran impacto en ciertas poblaciones como los mayores o las personas con discapacidades, que generalmente tienen un limitado acceso a la salud, al bienestar sexual y a productos y servicios íntimos. Lo que supone también una gran oportunidad para los inversores. En el futuro yo veo el sextech mejorando la sexualidad de la gente y la educación sexual de los jóvenes. La realidad virtual puede ser una excelente arma para la terapia sexual y la moderna tecnología una forma efectiva de atajar y reducir las agresiones sexuales”.

Si la revolución sexual de los años 70 supuso desligar el sexo de la reproducción (gracias a la píldora anticonceptiva) y del amor (sexo casual); la alta tecnología nos promete, a través de sensores, humanoides y realidad virtual, proporcionarnos el mejor sexo posible, fisiológicamente hablando. “Los robots y los modernos mecanismos tendrán acceso directo a las áreas erógenas del cerebro. Algo imposible, incluso para el amante más experto”, asegura Ian Pearson.

Pero el futuro también lo conforman los avances científicos en materia sexual y fisiológica. Y si, a día de hoy todavía no parece que acabemos de entender del todo cómo funciona nuestro organismo, nos queda aún mucho por descubrir en el misterioso y apasionante campo de la sexualidad humana. Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, “las investigaciones, se centran ahora en la parte orgánica de la sexualidad femenina; y eso se debe a que se han incorporado a la sexología médicos y no solo psicólogos, como era más habitual antes. ¿Qué neurotransmisores intervienen en la satisfacción o el deseo?, nos seguimos preguntando. Se sigue investigando, desde el punto de vista anatómico y fisiológico, el punto G y el clítoris, cuyo funcionamiento entraña todavía grandes lagunas y el complejo uretro-clitoridiano-vaginal. Curiosamente, la investigación está centrada ahora en el cuerpo y no tanto en el cerebro, como el cibersex”.

¿Es el fin del sexo la consecución del placer (el orgasmo), o el camino que hay que recorrer para llegar hasta él? “Yo en el futuro veo que habrá dos corrientes”, apunta Molero, “los que se vuelquen en estas nuevas tecnologías, que crearán sus adicciones, y los que vuelvan a una sexualidad más analógica, más natural. El sexo está ligado a tres elementos: placer, reproducción y comunicación erótica. Y es muy probable que ese placer aséptico, que podamos tener gracias a los nuevos mecanismos no nos sea suficiente. No nos sacie, porque nos falta el contacto con otro. ¿Dónde queda la conquista, el juego, la incertidumbre, la motivación personal, la aventura (con sus éxitos y fracasos) o la seducción cuando uno tiene un dispositivo que puede apretar y que le proporciona un orgasmo instantáneo?”.