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lunes, 13 de abril de 2020

#hemeroteca #saludpublica #trabajosexual #trans | Los apuros de las prostitutas

Imagen: El Comercio / ilustración de Higinia Garay
Los apuros de las prostitutas.
Sobreviven gracias a la solidaridad entre compañeras, la ayuda de vecinos e iniciativas surgidas para paliar su parón por la pandemia.
Solange Vázquez | El Comercio, 2020-04-13
https://www.elcomercio.es/vivir/apuros-prostitutas-20200408151448-ntrc.html

Myriam Amaya, una veterana de la prostitución ya sexagenaria, cuenta cómo las pasó canutas con Franco, conoció «comisarías, cárceles y palos» y fue de las primeras transexuales en «dar la cara, llevar una bandera y participar en la manifestación del 76». Y añade que nunca se le pasó por la cabeza que, «cuarenta y pico años» después de todo aquello, las trabajadoras sexuales se iban a ver como se están viendo en las últimas semanas: viviendo de la buena voluntad de la gente –«de la caridad, vaya»– y calculando cuánto tiempo pueden sostenerse económicamente sin vender su cuerpo debido a la cuarentena. Vivir para ver.

Myriam, una gitana que tuvo la suerte de que su familia la aceptó, porque «su mentalidad era del siglo XXV», lleva a diario bolsas de comida y productos básicos a pisos de Zaragoza donde hay prostitutas que, al dejar de trabajar, no tienen ni para llenar el plato. Pocas son las que disponen de ahorros: algunas envían todo lo que ganan a sus familias y otras, simplemente, no ganan más que para sobrevivir. «A la gente le hablas de prostitución y piensan en algo de lujo, en que vivimos como reinas. Eso simplemente es mentira, pasa solo en las películas», dice con la sabiduría de quien ha pasado décadas en el gremio. Otro mito que echa al traste: «Se piensa que la prostitución es dinero fácil y abundante. Y ni una cosa ni otra. Irte con borrachos o con algunos... no es nada sencillo y encima ganas para ir tirando nada más. ¿Es dinero rápido? Eso sí, no lo discuto, pero fácil no».

Por eso esta cuarentena ha dejado a las personas que ejercen la prostitución sin ningún recurso económico y Myriam, que ya casi no ejerce –«solo mantengo algún 'amigo' de los de antes, que ya no estoy para competir con niñas de 20 años»–, se ha volcado en ayudar a las trabajadoras sexuales que las están pasado canutas. Lo hace como agente social y mediadora de la asociación SOMOS, de la Federación de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGBT), que la ha formado y aprovecha su conocimiento de esos ambientes. Y va recogiendo comida y fondos por su barrio, San Pablo, conocido popularmente como El Gancho. «Nos ayudan SOMOS y los vecinos de aquí de toda la vida, que me conocen. En el mercado te regalan un pollo, otro te da 20 euros, otro 70... todo va al bote para comprar cosas. Aunque no va a durar mucho, me temo. Aun así, tengo claro que la gente humilde está preocupándose más de nosotras que las administraciones».

En Zaragoza se da la circunstancia de que, además de las personas que ejercen la prostitución allí de manera habitual, hay un amplio grupo de 'itinerantes' que se han quedado 'colgadas' con la cuarentena en esta «ciudad de paso». Son las que 'hacen plazas', como se dice en el argot del gremio. «Se han quedado 'atrapadas' y sin ingresos. Algunas no tienen ni saldo en el móvil. Y las que peor lo pasan son las que están en situación irregular y las trans, que sufren transfobia en su propio gremio. También lo tienen muy crudo los chicos que trabajan en la prostitución: sobre muchos de ellos está el estigma del VIH y necesitan tratamiento. Y no pueden regresar a su ciudad de origen por el confinamiento. Pasó aquí el otro día: un chico quiso coger un tren para ir a tratarse y la Policía no le dejó», explica Juan Diego Ramos, presidente de SOMOS LGTB, que atiende ahora mismo a cerca de una treintena de profesionales del sexo, un tercio de ellos varones. Asisten tanto a los de Zaragoza como a los 'nómadas' atrapados allí, pero el dinero se les va acabando, por eso han puesto en marcha una campaña para recaudar más y poder atender las necesidades básicas de estas personas mientras dure la cuarentena. «Es ahora cuando tenemos que darlo todo. Normalmente trabajamos con este colectivo en temas de salud sexual, pero ahora mismo se trata de darles de comer». Ramos espera que esta iniciativa solidaria de SOMOS se extienda a otros puntos de la geografía española donde existe el mismo problema. «Ya nos han llamado de Burgos, Canarias, Barcelona...», enumera.

«No te la vas a jugar»
Se podría pensar que, ante la necesidad acuciante, habrá trabajadoras del sexo que opten por seguir con su actividad, ¿no? Según las propias profesionales, esto no está ocurriendo. Sigue existiendo cierta demanda de servicios, porque no hay pandemia que pare a todos los puteros, pero quienes viven de su cuerpo lo tienen muy claro: «Hay que cuidarlo y por 20, 30 o 40 euros de un servicio no te la vas a jugar».

Lo dice Fabiana Hernández, una mexicana de «treinta y tantos» que vino a España hace cuatro años porque creía que aquí, en Europa, su existencia sería menos complicada. Pero pronto vio que sin papeles no tenía derecho a tratamientos ni le convalidaban los estudios de Periodismo y Estética... un desastre. Aunque cuida ancianos y trabaja en limpieza, ha tenido que completar sus ingresos mediante la prostitución. «Quiero dejarlo, porque sé que no siempre voy a ser solicitada. Ahora mismo estoy tirando de ahorros y de recados que hago a personas mayores. De interna y para cuidar niños no me quieren porque soy trans», afirma.

Pero ahora mismo su guerra es otra: ayudar a sus compañeras que no tienen ni para hacer una mínima compra. Han creado una red solidaria que ya da cobertura a más de treinta personas e intentan buscar dinero hasta debajo de las piedras para ayudar. Y a cara descubierta. «Yo ya no me ando escondiendo. No tengo nada que perder».

«Salvo por el estigma que recae sobre las trabajadoras sexuales, su situación es muy parecida a la de las mujeres del servicio doméstico, las cuidadoras de personas mayores... –contextualiza la activista Cristina Garaizábal, confundadora del histórico Colectivo Hetaira–. Es decir, aquellos trabajos mal regulados o no regulados, ocupados mayoritariamente por mujeres que son las que más van a sufrir las consecuencias sociales y económicas de esta crisis»

Demanda e iniciativas
SOMOS. Desde esta asociación LGTB de Zaragoza recogen fondos para las personas trans y chicos que ejercen la prostitución. Ellos mismos se encargan de gestionar los fondos, hacer las compras y repartirlas en los domicilios mediante su red de colaboradoras, formadas para ello y muchas veces veteranas del colectivo. Contacto: somos@felgtb.org
Sexy Box. Es una iniciativa de que recoge donaciones para ayudar a «personas trans, disidentes sexuales, género no conforme, queer, trabajador@s sexuales, racializadas, migrantes y refugiadas en Madrid». Contacto: diosadeuropa@gmail.com
APRAMP. A las trabajadoras sexuales víctimas de trata las ayuda esta asociación, que también recibe donaciones. Contacto: apramp.org

Víctimas de redes: «Si enferman serán material desechable»
Las redes de ayuda y la hermandad que ha surgido en el colectivo no llegan al estrato más castigado de la prostitución: el de las mujeres que no trabajan por su cuenta y que están bajo el dominio de un proxeneta, bien en clubes o en pisos. En plena pandemia sigue habiendo demanda y los chulos quieren que ellas sigan pagando su 'deuda' (habitación, comida, billetes desde sus países de origen...), que suele llevarse el 50% de lo que facturan. «Están ahora en situación de invisibilidad y extrema vulnerabilidad», asevera Rocío Nieto, presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida. «Van a contagiarse y ni siquiera sabrán lo que tienen. Y entonces se convertirán en material desechable», lamenta. Muchas veces ni siquiera disponen de acceso al sistema sanitario o lo evitan por desconocimiento y miedo a que les pidan papeles.

Antes de decretarse el estado de alarma, lo habitual era que los lugares donde son explotadas fuesen itinerantes para impedir que estableciesen contacto con personas que pudiesen ayudarlas. Muchas no saben ni en qué ciudad están. Ahora, «a las entidades que trabajamos con ellas nos cuesta encontrarlas». Según estimaciones del Ministerio del Interior, en España hay unas 12.000 víctimas de trata, aunque creen que la cifra real es muy superior. Estos números le suenan muy abultados a Myriam Amaya. «La mayoría ejercemos libremente, aunque quizá puede haber un 10% que no. Pero les digo yo a las autoridades: hijos de la Gran Bretaña, si sabéis que hay 12.000 explotadas, ¿por qué no detenéis a los culpables?», manifiesta esta veterana del colectivo.

viernes, 29 de noviembre de 2019

#hemeroteca #vih | "Me dieron seis meses de vida": más de tres décadas con VIH, entre los avances médicos y el síndrome del superviviente

Imagen: Periódico Aragón / Myriam Amaya
"Me dieron seis meses de vida": más de tres décadas con VIH, entre los avances médicos y el síndrome del superviviente.
Hasta 1996 un diagnóstico de VIH suponía prácticamente "una sentencia de muerte": "Tenía 26 años y me resigné a morir", explica Kike Poveda. Quienes llevan más de 30 años viviendo con VIH han experimentado los avances biomédicos mientras sufren y ven cómo se perpetúa el estigma. Algunos se enfrentan al síndrome del superviviente: "Tienen unas afecciones y unas características especiales que hoy en día no se están planteando ni cuidando desde los servicios sanitarios".
David Noriega | El Diario, 2019-11-29
https://www.eldiario.es/sociedad/anos-VIH-dieron-meses-vida_0_968353830.html

Corría el año 1986 cuando Kike Poveda recibió su "sentencia de muerte". Fue diagnosticado de VIH y los médicos le dieron solo seis meses de vida. "Tenía 26 años y me resigné a morir", recuerda más de tres décadas después. Ha experimentado lo que muchos expertos consideran un éxito biomédico, que ha conseguido que el virus de inmunodeficiencia humana se convierta en una infección crónica, pero también un fracaso social. A día de hoy, el 28% de los ciudadanos no se encuentra cómodo trabajando con una persona seropositiva.

Carmen también fue diagnosticada en 1986. "En el Gregorio Marañón nos abrían las puertas como si fuéramos infectados. Por suerte, dimos con un médico que acababa de llegar de EEUU y me explicó que no era lo mismo ser seropositivo que tener el sida. Tal vez he sido muy inconsciente, pero no lo viví con esa cosa de que me iba a morir", explica. Pero aclara: "Al principio fue muy duro, porque lo conté como quien tiene un resfriado y al día siguiente me quedé sin amigos". "Había mucha falta de información", señala Myriam Amaya, que fue diagnosticada a principios de los años 90.

Myriam decidió hacerse las pruebas cuando diagnosticaron a varias de sus amigas. Es una mujer transexual y siempre había ejercido el activismo, por lo que ya tenía información sobre el tema. "Me dijeron que la carga viral era muy poquita y me tranquilizaron". La detección temprana es un factor muy importante a la hora de evitar nuevas transmisiones y tratar el virus. "Yo no quería hacerme las pruebas porque sabía que iba a dar positivo: todo lo que había leído me indicaba que era un candidato perfecto", dice Kike. "Lo del sida lo había oído por la tele, fue cuando murió Rock Hudson y, al estar en los grupos de riesgo, te puedes imaginar que te ha tocado", añade Carmen.

La primera referencia al VIH aparece en la prensa estadounidense en 1981 y habla de un "raro cáncer visto en 41 homosexuales". En 1983, Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi descubren el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el sida. En 1986 los ensayos con zidovudina (AZT) mostraron las primeras evidencias sobre la posibilidad de obtener un tratamiento y, aunque no era eficaz para curar la enfermedad sí se consideró que era posible aumentar la esperanza de vida de las personas con VIH. No obstante, como explica la presidenta de Apoyo Positivo, Reyes Velayos, "la AZT se daba al final y tenía tantos efectos secundarios que era igual tomarla que no tomarla".

"Empecé el tratamiento en 1989, con la AZT que era lo único que había", recuerda Carmen. "Ese medicamento tiene muy mala fama, porque dicen que murió mucha gente. Yo no estuve mucho con él porque enseguida empezaron a salir otros", explica. "Yo no lo tomé, no quería", contrapone Kike.

A principios de los años 90 se producen una serie de avances farmacológicos y se introduce la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA), que a mediados de esa década consigue que la infección se cronifique. De hecho, 1995 supone un punto de inflexión: es el año que más muertes por VIH o sida se registran en España, 5.857. Desde entonces, la cifra ha sido siempre descendente.

"En los años 80 y hasta el año 1996 un diagnóstico de VIH era prácticamente una sentencia de muerte", coincide el coordinador del grupo de VIH de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB), Juan Diego Ramos. "Cuando se crearon entidades como Gais Positius en Barcelona, en 1994, funcionaban como espacios de duelo", indica. "Pero a partir de 1996 todo empezó a mejorar". "Estuve esperando la muerte hasta 1996", dice Kike. "Entonces fui normalizando mi vida y comencé a tomar la TARGA. Al principio era una medicación muy fuerte, con 16 pastillas diarias".

"Eran muchas pastillas, ni me acuerdo", coincide Miryam, "y te encontrabas con una debilidad tremenda, malestar en el estómago, todo el tiempo en el lavabo. Era terrible, pero era eso o dejarlo en manos del señor". Con el paso de los años la medicación ha ido reduciendo toxicidad y mejorando la adherencia y hoy basta con una o dos pastillas diarias. Carmen reconoce que no está "muy puesta en temas de medicación", pero hace hincapié en que "por las medicinas hay que dar gracias a la vida continuamente. Llevo 33 años de vida regalados".

Carmen recuerda un momento que vivió como una encrucijada: cuando se quedó embarazada. "Tenía la típica edad en la que lo tienes o ya no lo tienes. Me estuvieron hablando de los niños con sida y decidí que no me arriesgaba. Me parecía muy fuerte y aborté. Luego tuve una pareja que quería que tuviéramos niños, hablamos con los médicos y ya te daban la seguridad de que el niño iba a nacer bien, pero ya no pudo ser", explica. Ya en 2009, la detección precoz y la medicación de las mujeres con VIH reducía la transmisión vertical, de madres a hijos, por debajo del 1%, según el Plan Nacional sobre el Sida.

En 2008, la Comisión Federal del VIH/Sida de Suiza emitió un comunicado en el que afirmaba que las personas en terapia antirretroviral, con carga indetectable, no son sexualmente infecciosas. A partir de ahí, se realizaron una serie de estudios, conocidos como Partner, que en los últimos años han ido mostrando ciertas evidencias científicas: desde la indetectabilidad hasta la eficacia de la Prep, la pastilla que previene la transmisión por VIH que acaba de introducirse en la cartera básica de servicios sanitarios en España.

"En 2017, el CDC (Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU) dijo públicamente que las personas con carga viral indetectable no transmiten el virus. Hasta ese momento había mucha evidencia científica, pero cuando lo decíamos siempre había alguien que nos lo recriminaba", indica Velayos. Desde 2010 en España se ofrece tratamiento antirretroviral en cuanto se realiza el diagnóstico, lo que permite reducir la carga viral a indetectable. Hasta entonces, solo se hacía cuando el recuento de células CD4 se encontraba por debajo de 400.

"Es una alegría (la indetectabilidad), claro, estás más tranquila, pero las precauciones se tienen que seguir teniendo", señala Miryam. "Según ha ido avanzando la ciencia es una alegría, pero no solo por mí, también por las demás personas, para informar, aconsejar y que no pase lo que nos pasó en nuestra época", indica.

El síndrome del superviviente
"Hemos pasado el duelo de ver morir a nuestros amigos, personas a las que echaban de sus casas, a las que no dejaban entrar en locales gais o que no les daban trabajo, con problemas emocionales, cognitivos, psicológicos y otros problemas asociados", lamenta Kike. Es el síndrome del superviviente. "Tienen unas afecciones y unas características especiales que hoy en día no se están planteando ni cuidando desde los servicios sanitarios, como la categorización para los grados de minusvalía, que deberían estar mejor especificados, porque tienen muchas enfermedades asociadas y un gran deterioro personal. Son personas que lo han pasado muy mal, han luchado mucho y son los grandes olvidados. Es una asignatura pendiente darle su lugar a estas personas", reclama Ramos. La FELGTB organiza este viernes una jornada con algunos de estos supervivientes, entre los que se encuentran Kike y Miryam.

Carmen, Myriam y Kike pertenecen a la primera generación que envejecerá con VIH. También Mario, que fue diagnosticado en 2005, cuando la noticia "había dejado de ser una sentencia de muerte, pero todavía pesaba mucho el miedo, el estigma y la vergüenza". Ahora tiene 54 y se plantea: "dentro de cinco o 10 años, ¿qué pasará?". Antes o ahora, y pese a los avances, el diagnóstico sigue suponiendo un impacto. "Es como chocar contra una pared", reconoce. "La gente se sigue traumatizando mucho", explica Carmen, "luego nos ven a los que llevamos tantos años y se tranquilizan". "Cuando te dan el diagnóstico y eres la persona estigmatizada, te ves desde el lado del estigmatizador que eras antes", indica Poveda.

Y es que los prejuicios permanecen más de 30 años después. "Ha avanzado más la ciencia que la sociedad", lamentan los entrevistados. Kike, ahora jubilado, tuvo que falsificar un informe médico para acceder a una oposición de celador en los años noventa. Pero aún hoy un cirujano con VIH no puede realizar cirugías, ni un conductor puede tener una licencia de taxi en Madrid. El Gobierno eliminó el veto en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas en 2018.

La información en estos casos es fundamental. "El mensaje que se tiene que dar a la gente es el del Gobierno, no el de las ONG", sostiene Poveda. Ua encuesta publicada por la International Association of Providers of AIDS Care (IAPAC) en 2018 muestra que en España el 28% de los entrevistados no se encuentran cómodos trabajando con personas con VIH, el 51% piensa que aunque esté controlado pueden transmitirlo y el 46%, que no deberían desempeñar profesiones sanitarias. Solo el 35% considera que pueden desempeñar cualquier trabajo.

lunes, 18 de febrero de 2019

#hemeroteca #libros #trans | Las mujeres transexuales: represaliadas durante el franquismo y nunca reparadas

Imagen: Cadena SER / Ptotagonistas de 'La doble transición'
Las mujeres transexuales: represaliadas durante el franquismo y nunca reparadas.
El libro 'La doble transición', de Raúl Solís, recoge el testimonio de ocho revolucionarias que fueron perseguidas, vejadas y encarceladas durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Hoy siguen luchando por la plena igualdad de derechos.
Maricruz Barroso | Cadena SER, 2019-02-18
https://cadenaser.com/emisora/2019/02/18/radio_sevilla/1550501285_593271.html

Silvia Reyes tiene 68 años. A los diecisiete consiguió una beca para estudiar medicina, pero nunca pudo empezar la carrera: "Los profesores dijeron que no podía depilarme las cejas y que me tenía que vestir de hombre para ir a la universidad. Y yo me negué completamente.

Determinada a no renunciar a su identidad pese a los malos tratos físicos y psicológicos a los que la sometía su familia, Silvia escapó de su casa en Canarias y se instaló en Barcelona. Y no encontraba trabajo. "Me daban negativas. Me pedían que me cortase el pelo, que me quitase las tetas. Así sí me darían empleo, disfrazada de hombre. Y no tuve más remedio que dedicarme a la prostitución. Para sobrevivir".

Y después de aquello, Silvia sufrió detenciones, vejaciones y hasta un encarcelamiento. La Ley de Peligrosidad Social de 1970 establecía para los homosexuales penas que iban desde multas hasta penas de cinco años de internamiento en cárceles o centros psiquiátricos para la 'rehabilitación' de los individuos. Esta ley no se derogó por completo hasta 1995. Las mujeres transexuales la sufrieron con mayor brutalidad porque no escondían su identidad.

Esta misma suerte corrió Miriam Amaya. Ella es gitana y aunque su familia nunca le dio de lado, sufrió la represión de toda una sociedad. "Peor que los palos o que la prisión era lo que psicológicamente sentías. Porque la primera palabra que te decían era maricón, degenerado, qué asco... vas en contra de la naturaleza... Son palabras que se te quedan dentro, y eso te dura años". Miriam reconoce que el apoyo de su familia fue determinante en su decisión de no rendirse y seguir luchando por sus derechos.

En su libro 'La Doble Transición', el periodista Raúl Solís recoge las historias de Miriam y Silvia, además de las de otras seis mujeres transexuales que se levantaron contra la represión de la sociedad española durante el franquismo y hasta bien entrada la democracia. Y que siguen peleando por la plena igualdad. Aún hoy. las mujeres transexuales necesitan un informe médico para cambiar el sexo en su DNI. Y mayoritariamente siguen viviendo en exclusión.

"Esto lo está permitiendo este estado con personas que han conquistado la democracia y que se merecen una reparación. Pero el estado se ha desentendido de ellas", lamenta el periodista.

"Las suyas han sido vidas muy duras, de desgarro, de apartheid laboral y abandono familiar. Pero también han sido vidas muy divertidas, inteligentes, muy irreverentes, muy de hermanamiento entre ellas... y se han burlado del franquismo. Habrá gente que quiera resucitar al tito Paco, pero Franco está muerto y ellas son la prueba de que no ha vencido", sentencia Solís.

jueves, 27 de diciembre de 2018

#hemeroteca #homofobia #memoria | Myriam Amaya: «Aún hay mucha hipocresía»

Imagen: El Periódico de Aragón / Myriam Amaya
«Aún hay mucha hipocresía».
El colectivo LGTBI en Aragón recuerda el «miedo» de unos años en los que sus relaciones se movían entre la clandestinidad y el activismo social.
D. CH. | El Periódico de Aragón, 2018-12-27
https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/temadia/aun-hay-mucha-hipocresia_1332800.html

El colectivo LGTBI en Aragón durante los años ochenta se movía entre la clandestinidad y el asociacionismo. La derogación de la ley de peligrosidad social en el 1978 no supuso un cambio radical para unas personas que se habían acostumbrado al miedo, lo furtivo y lo velado, pero al amparo de las primeras manifestaciones celebradas en Barcelona y los vientos de apertura pudieron ir recomponiendo lo que el franquismo destrozó.

Una de las aragonesas que vivió en sus propias carnes este cambio social fue Myriam Amaya. Como persona transexual tuvo que abandonar a su familia durante su juventud para instalarse en Barcelona, el único lugar del Estado en el que podía vivir con relativa tranquilidad. Pero eran tiempos duros. «Lo normal era acabar en el calabozo durante unas noches, allí más que los golpes lo que dolía era el trato vejatorio», recuerda.

Como artista acostumbraba a frecuentar locales nocturnos, en los que las redadas eras habituales. Como era menor de edad las penas a las que la condenaron nunca fueron demasiado elevadas. «En los calabozos ya teníamos una ficha específica en la que nunca usaban nuestro nombre femenino», lamenta.

Amaya estuvo presente en la primera manifestación LGTBI de la ciudad. Cuando acudía a Zaragoza encontraba una capital «escondida» en la que era difícil reconocerse entre iguales, y eso que ella vivía en el barrio del Gancho, en el que la tolerancia era superior al de otras zonas de la ciudad. «Nos teníamos que buscar en garitos como el Ébano o Los siete enanitos», recuerda de aquellos grises años ochenta.

En la actualidad destaca la apertura generalizada, pero denuncia que todavía queda «mucha hipocresía», algo que ha sufrido toda su vida por su condición de transexual a la hora de buscar trabajos de cara al público. «Hace falta avanzar mucho en derechos laborales», indica.

Una de las personas que se movió en los primeros movimientos asociativos de Aragón fue el periodista y activista, Luis Granell. «Antes de la derogación de la conocida como ley de vagos y maleantes el colectivo LGTBI se movía en la clandestinidad, pues la gente no se atrevía a dar ningún paso, siempre se iba con miedo», explica.

Granell estuvo presente cuando la asociación Lesbianas y Gais de Aragón (LYGA) dio sus primeros pasos. «Los bares de ambiente tenían siempre las puertas cerradas, si no conocías a alguien que te acompañara era imposible entrar», señala. Por eso, las agrupaciones que se atrevieron a convocar las primeras concentraciones fueron tan bien recibidas.

Un lugar de encuentro de la comunidad gay de Zaragoza era la barra del bar Las Vegas, en pleno centro. El lenguaje de las miradas era fundamental para intercambiar experiencias. «A pesar de que la situación se estaba normalizando los miedos y los incidentes eran muy habituales, costó mucho cambiar el ambiente que se respiraba», explica.

Doble vida
La doble vida, los encuentros en urinarios, la sordidez de los parques y el inevitable sobresalto (si no iba a más) de una pareja de la Guardia Civil reclamando la documentación. «En 1978 se revocó la ley, pero la condena social se mantuvo durante mucho más tiempo, era algo demencial», narra. Solo hasta que muchos años después a las puertas de la asociación no acudió un joven arropado por sus padres para pedir asesoramiento, no consideró que se había superado esta etapa. «Fue algo muy esperanzador», recuerda.

Entre las lesbianas la situación fue menos traumática, ya que su habitual invisibilidad sirvió para que la norma franquista de peligrosidad social no les prestara tanta atención. «Dos mujeres que vivían juntas o que iban de la mano por la calle no levantaban sospechas», puntualizan.

Las experiencias en la materia también son menos traumáticas en ciudades de menor tamaño, a pesar de la falta de masa social necesaria para formar asociaciones. «Yo no tuve muchos problemas», indica el escritor Ánchel Conte, que en los tiempos de la derogación de la ley vivía en Huesca con su pareja. «Todo el mundo intuía nuestra relación, pero pasó desapercibido», destaca. Sin embargo, algunos de sus conocidos sí que se tuvieron que enfrentar a redadas si se atrevían a romper la «absoluta clandestinidad» a la que estaban obligados.

Cuarenta años después la sociedad ha avanzado. «Aún tenemos que seguir luchando, pues no queremos volver a estar en un gueto», dice Amaya.

domingo, 29 de octubre de 2017

#hemeroteca #transfobia | Myriam Amaya: «Trabajar cara al público es inviable»

Imagen: Periódico Aragón / Myriam Amaya
Myriam Amaya: «Trabajar cara al público es inviable».
S. A. | El Periódico de Aragón, 2017-10-29

https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/trabajar-cara-publico-es-inviable_1238340.html

«Pagamos nuestros impuestos como ciudadanos, cumplimos con nuestros deberes pero, ¿dónde están nuestros derechos?». La zaragozana Myriam Amaya Lorente se pregunta por qué el Gobierno, cuya responsabilidad es velar por el bien de todos los ciudadanos que representa, no promueve iniciativas para que los transexuales tengan más facilidades para encontrar un trabajo y no se sientan discriminados en su día a día.

«Con 14 años me fui a vivir a Logroño y allí estudié Dibujo Lineal en la universidad aunque lo que más me apasiona en la vida es el arte y la cocina», explicó Myriam. Y así fue. Esta zaragozana ha trabajado, a lo largo de su trayectoria profesional, en numerosos restaurantes en Tarragona y en Zaragoza «siempre y cuando no se me pudiera ver desde fuera». «Una vez, fui a una entrevista de trabajo para cocinar en un restaurante y, como esta se podía ver desde fuera, me dijeron que ya habían contratado a alguien cuando era imposible que hubieran podido encontrar a una persona tan rápido», recordó.

Myriam es presidenta de la asociación cultural Babylon’s, integrada por 14 personas, que organiza y representa numerosos espectáculos en la capital aragonesa. «Hacemos todo tipo de actuaciones musicales y, por ejemplo, en las fiestas de El Gancho somos muy conocidas, la gente nos ha acogido bien», indicó.

Esta artista está inmersa en el mundo del espectáculo desde hace 30 años, desde que ella tenía 18, aunque esta organización fue creada en el 2006.

«No poder encontrar trabajo me ha obligado, en numerosas ocasiones, a dedicarme al trabajo sexual porque, si no, no podía comer. Eso no se puede admitir», confesó, y añadió que «una cosa es que te dediques a este mundo porque quieres y otra porque no tienes otra salida y es muy duro», lamentó. Sin embargo, Myriam siempre ha tenido ese espíritu de superación y también ha contado, a lo largo de toda su vida, con el apoyo de su familia y de sus amistades.

«A pesar de todo, me habría gustado tener un trabajo normal, con sus horarios establecidos, con sus días de vacaciones y, eso, en contadas ocasiones lo he podido tener», afirmó.

«El problema es que en España y en casi toda Europa, queremos ser muy modernos mientras no me toque a mí», alegó. La diversidad de género y de identidades sexuales están «más admitidas ahora que hace 30 años, pero todavía queda mucho por hacer y, lo primero, concienciar a la gente de que lo que importa en un trabajo es la capacidad para llevarlo a cabo», defendió.

jueves, 18 de febrero de 2010

#hemeroteca #transexualidad | Miriam Amaya: "Una transexual debe respetarse a sí misma"

Imagen: El Salto (2018) / Mitiam Amaya
Miriam Amaya: "Una transexual debe respetarse a sí misma".
Nació en una cuadra, "porque a mi madre le cogió cuidando las yeguas", y en el seno de una familia gitana. En cuanto tuvo uso de razón, se puso tacones y se pintó la cara.
Alfonso Hernández | El Periódico de Aragón, 2010-02-18
https://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/miriam-amaya-una-transexual-debe-respetarse-si-misma_560483.html

Directa como una flecha que indica y no hiere, que sigue la dirección que le marcó desde la cuna su sexualidad de mujer pese a nacer en el cuerpo de un hombre y en el seno de una familia gitana que la aceptó tal como era desde su primer llanto ("tienen sus leyes, pero también mucha permisividad y cabeza", aclara para los navegantes étnicos), Miriam Amaya ha recorrido sus 50 años de vida dentro del propio huracán que forman sus vientos de libertad. Arrolladora y arrasada, ave fénix con poderosas alas de indomable y sensible ser humano, se declara "sobre todo luchadora" y se considera "una transexual feliz. Me levanto por las mañanas, me miro al espejo y me río de mí misma... Siempre voy sonriendo, aunque mi procesión, lo bueno y lo malo de mi pasado y de mi presente, la llevo por dentro", comenta dominando la palabra con fluidez. Su alegría y sus cicatrices las expone como voluntaria y licenciada en resistencia en el Centro Alba, donde realiza actuaciones, ofrece charlas sobre sus experiencias y cotillea "a la hora del café".

Su madre la trajo al mundo en una cuadra de Logroño "porque estaba cuidando las yeguas en ese momento", y en cuanto tuvo uso de razón femenina se puso tacones y se pintó la cara cuando Franco aún limpiaba la calle a porrazos y poblaba las comisarías de todo aquello que le estropeara el cuadro de cacería. Con 13 años, mientras estudiaba, comenzó a hormonarse en Barcelona, "una ciudad cosmopolita, abierta al mar y con una mentalidad moderna ya por entonces donde te sentías cómoda pese a las dificultades. Podías conseguir las hormonas sin problemas, sin receta médica", explica. Reivindicando el derecho a su sexualidad, primero corrió perseguida por los grises y después se encaró con ellos. "Te metían un rato en la cárcel, te insultaban, te daban tres o cuatro palos y a la calle", cuenta Miriam, orgullosa al recordar que entre esos episodios de lucha y transición "fui Miss Travesti Barcelona durante varias ediciones seguidas".

Alta y morena, "un auténtico monumento que llamaba la atención por mis ojos achinados", actuó junto a Sara Montiel, participó en espectáculos en Roma y París, se relacionó con Almodóvar y otras fieras de la movida madrileña y vivó muy bien de su cuerpo. "Sí, practiqué la prostitución y ahora, pero más selectivo y con menos asiduidad, lo sigo haciendo aunque ya no por lujo, sino para pagar alguna letra e ir más desahogada", explica con la naturalidad que corresponde a alguien que no admite más la hipocresía sexual ni más fronteras morales que las de sus valores, fijados con firmeza a "la sensibilidad y el respeto por los demás".

Un mal diagnóstico la dejó sin vista en su ojo derecho y sin el cartel artístico de los buenos tiempos. Por su propio pie, "por moda" y por una depresión entró en el infierno de la droga. "Un día me miré al espejo y me vi con 50 kilos. No puede ser me dije, y pasé la abstinencia y el mono con mi familia hasta recuperarme". Todas sus compañeras transexuales de cocaína y heroína, "excepto Loli que no consume", han muerto. Fiel por convicción, tuvo un novio "guapo, alto, rubio y alemán, y otro que falleció de un infarto. Ahora no contemplo el amor. Si viene...". Mujer de alma entera, cuenta que la vida le ha tratado "medio bien y medio mal", y matiza que la transexual "debe respetarse a sí misma para que el resto la respeten". Con ustedes, Miriam Amaya.