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viernes, 16 de noviembre de 2018

#hemeroteca #abolicionsimo | La culpa es de las abolas

Imagen: El Diario / Marcha contra la trata de personas en Bilbao
La culpa es de las abolas.
No, no somos nosotras las que dividimos a las mujeres en putas y santas; eso lo hace muy bien el patriarcado. El sistema prostitucional se basa hoy en una industria que hace crecer la demanda cada vez más pero que se encuentra con el problema de que necesita cada vez más mujeres para cubrirla. Esta columna es una respuesta a la de Gabriela Wiener, 'Nosotras y las otras'.
Beatriz Gimeno | El Diario, 2018-11-16
https://www.eldiario.es/zonacritica/Prostitucion-feminismo_6_836476346.html

Decía ayer Gabriela Wiener en un artículo-exabrupto que la culpa de todo es de las abolas. Nunca dejará de sorprenderme la ira que se gastan algunas contra nosotras y que jamás vemos aflorar ante la noticia, casi cotidiana, de la policía rescatando a mujeres esclavizadas o ante las filas de puteros abriendo sus braguetas para que una mujer depauperada y con la mirada perdida les chupe la polla en una rotonda. Ni ante los negocios que se cierran en prostíbulos, ni ante los niñatos que acuden en manada a los puticlubs y que luego dejan en las páginas web sus calificaciones sobre las bocas y las vaginas de las "perras", ni ante los políticos que se premian unos a otros con volquetes de putas, por no hablar de los países cuyas mujeres y niñas pobres literalmente no tienen más opción vital que ser prostitutas. Eso nunca genera la misma ira en las regulacionistas que la que generamos las abolicionistas. Es, como poco, extraño.

En su exabrupto, lleno además de inexactitudes, Gabriela Wiener descubre con pasión a la puta; a esa figura fantasmática que recorre la literatura y que tantos y tantos escritores y pensadores han descubierto antes que ella. La puta como esa figura romántica, libre, empoderada, destinada a derribar las barreras de la moral conservadora que todas las feministas denostamos. Esa figura mítica y consoladora (en todos los sentidos) destinada, en realidad, a servir de pantalla para ocultar a las verdaderas putas.

Siempre que alguien descubre a esa puta como epítome de alguna liberación no puedo dejar de sorprenderme de la fuerza propagandística de esa imagen. Siempre que alguien descubre la fuerza transgresora de la prostitución me sorprende su capacidad para ocultar la realidad, que no es otra que el hecho de que desde su origen la prostitución ha estado siempre institucionalizada, regulada, protegida e incentivada por todos los poderes conocidos (Iglesia, Estado y ahora industria global) y que sólo comienza a problematizarse cuando unas mujeres del siglo XIX, las sufragistas, se escandalizan y se rebelan ante las leyes británicas que pretendían obligar a las putas a pasar un humillante examen médico.

Aquellas que seguramente nunca se verían obligadas a someterse a dicho examen sintieron como propia la humillación de esas otras y rompieron así la separación patriarcal y de clase entre ellas y nosotras; estas feministas supieron entonces que para el patriarcado putas somos todas o podemos serlo y comenzó la lucha feminista por la abolición de la prostitución.

No, no somos nosotras las que dividimos a las mujeres en putas y santas; eso lo hace muy bien el patriarcado. Esa es, en realidad, una de las bases del patriarcado y del sistema prostitucional, y somos las feministas las que denunciamos y combatimos esa división. Nunca dejará de sorprenderme que se pueda escribir un artículo-exabrupto sobre prostitución sin mencionar, en realidad, ni la prostitución, ni a los puteros ni a la industria, la segunda mayor del mundo, sino sólo a las abolas.

El hecho de que una megaindustria global haya convertido a las mujeres pobres del planeta en materia prima muy barata, que no necesita costes de transformación y cuya plusvalía es una de de mayores posibles... eso no parece tener nada que ver con la prostitución ni con las políticas que se hacen alrededor de ella, ni con los discursos, ni con nada en realidad, sólo con las abolicionistas.

El hecho de que los gobiernos de los países pobres, incitados por el Banco Mundial y los poderes económicos hayan decidido que utilizar a millones de sus mujeres como materia prima les garantiza una subida de su PIB, eso tampoco merece un comentario... somos las abolas. Y el hecho, como bien explica Rita Segato, de que ante una desigualdad creciente causada por el neoliberalismo y ante los avances feministas cada vez más hombres estén utilizando la prostitución como uno de los espacios que les quedan de refuerzo de una subjetividad fragilizada y de una masculinidad basada en la desigualdad, eso no tiene nada que ver tampoco con la prostitución.

El sistema prostitucional se basa hoy en una industria que hace crecer la demanda cada vez más pero que se encuentra con el problema de que necesita cada vez más mujeres para cubrirla. Para eso necesita fabricar putas. Y lo hace. Lo hace de múltiples maneras, pero sobre todo utilizando su poder económico global para bloquear y desincentivar cualquier posibilidad que implique que las mujeres pobres puedan hacer otras elecciones.

Lo que las abolicionistas defendemos es un derecho que en muchos lugares del mundo ya no existe, y es el derecho a no ser prostituidas, usadas como mercancía, como materia prima al servicio de un sistema económico y patriarcal depredador que funciona, además, con las mismas lógicas y los mismos mecanismos que las industrias extractivistas globales.

No, no queremos putas sin derechos; queremos mujeres con todos los derechos pero combatimos un monstruo que crea falsos sindicatos de prostitutas para legalizarse como industria normalizada y legal. Lo ha hecho en todo el mundo ¿No te lo crees? Pues lee a las prostitutas anti regulación, cuyo discurso no llega a los medios con la misma facilidad que el otro, pero que existe. Se puede estar o no de acuerdo con las abolicionistas pero detrás de nosotras no hay nadie más que nosotras mismas.

¿Quién podría estar interesado en el abolicionismo sino las abolicionistas? La prostitución es una industria millonaria con ramificaciones en muchas otras industrias y negocios; da inmensos beneficios a los países y a muchos sectores económicos relacionados indirectamente con ella; la prostitución tiene millones de "clientes" interesados en que no desaparezca, clientes que pertenecen a todas las clases sociales y a todas las instituciones, que son jueces, policías, curas, políticos, médicos, obreros, taxistas, funcionarios... votantes, en definitiva. Y hombres, muchos de ellos con poder.

Y esa maraña inmensa de dinero e intereses obviamente presiona incentivando hasta el infinito la demanda, comprando voluntades, generando discursos legitimadores, comprando medios de comunicación... En el mejor de los casos esta industria hace lo mismo que haría cualquier industria de este tamaño.

Yo no digo nunca que todas las regulacionistas sean proxenetas, en absoluto; sabemos de sobra que hay regulacionistas a las que sólo mueve el ánimo de mejorar las condiciones de vida de las mujeres en prostitución. Con estas seguimos debatiendo y tenemos muchas cosas en común puesto que todas queremos combatir el patriarcado y mejorar las condiciones de vida de las mujeres en prostitución.

Pero como con Wiener está claro que no se puede debatir le diría que para construir un pensamiento independiente hay que leer a gente que no te da la razón. Le recomiendo a Wiener que lea, no ya a abolicionistas no vaya a salirle un sarpullido, pero sí a algunas activistas de la prostitución con discurso autónomo que explican de manera muy clara por qué las regulaciones estatales, todas, lo que hacen es perjudicarlas y no beneficiarlas. Una cosa es la despenalización (en España ser prostituta no es ilegal; Wiener parece ignorarlo también) y otra la regulación de la actividad como actividad laboral para terceros que, inevitablemente, se hace siempre en beneficio de los empresarios y que empeora, y mucho, las condiciones de la mayoría, especialmente de las más vulnerables. No sólo lo dicen muchas de ellas, sino que ya tenemos experiencias de sobra para comparar.

No, no queremos impedir que las prostitutas se asocien y, de hecho, están asociadas hace mucho tiempo sin problemas y también forman parte de algunas secciones sindicales. Me pregunto por qué Wiener no ha hablado con aquellas prostitutas que están en contra de este llamado sindicato. Es posible que dado el nivel de su ira concentrada contra las abolicionistas, la posibilidad de complejizar su discurso hablando con prostitutas que piensan otras cosas, o con abolicionistas con discursos diferentes a los que ella supone, la sumiría en una perplejidad irresoluble.

Lo que ha ocurrido es que después de muchos años de lucha si hay una ola que recorre el mundo (y para liberarlo) es la del feminismo. Y lo que ha ocurrido también es que esa Ola feminista, que ha puesto el foco no sólo en las consecuencias de la desigualdad sino también en cómo se construye la misma, no podía dejar de ver la prostitución como una de las grandes instituciones generadoras de desigualdad. Y ha estallado. Y el abolicionismo se ha llenado de jóvenes que no están dispuestas a pasar por alto esa estructura que se alza contra nosotras desde hace miles de años para reforzar y reconstruir permanentemente la desigualdad y un sistema de opresión que condena a millones de mujeres a ponerse al servicio de uno de los privilegios masculinos intocados e intocables desde hace miles de años, el de eyacular, cuando a ellos les apetezca, en una mujer. Va a ser que no.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #ts* | La mayor diferencia entre la pr* en España y en el Reino Unido es que para los ingleses está peor visto

Imagen: 20 Minutos
La mayor diferencia entre la pr* en España y en el Reino Unido es que para los ingleses está peor visto.
Vicky y Tom, 20 Minutos, 2018-11-15
https://blogs.20minutos.es/en-espana/2018/11/15/la-mayor-diferencia-entre-la-prostitucion-en-espana-y-en-el-reino-unido-es-que-para-los-ingleses-esta-peor-visto/

La prostitución en España es alegal, igual que en el Reino Unido. De algún modo, ha terminado ocupando un vacío del cual parece difícil salir. Tendemos a pensar que si un acto no es legal, es ilegal, o al revés, pero a veces las cosas no son tan sencillas. No es un delito, pero es una actividad laboral no legalizada. Actualmente, asistimos a un debate que parece infinito entre los que están a favor de legalizarlo o abolirlo, pero se sigue sin llegar a un acuerdo.

El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha declarado recientemente que “la prostitución es ilegal en España”, y la ministra de trabajo Magdalena Valerio lo ha llamado ‘actividad ilegal’, pero no es de todo cierto. No está regulado como en otros países, como Alemania, donde es legal desde 2002, o en Suecia, donde ahora se castiga a los clientes de la prostitución.

En España, como en Reino Unido, hay zonas de las ciudades en las que no es raro encontrarse prostituta en plena calle, incluso tienen fama por ello. En Londres, el Soho, por ejemplo, es conocido precisamente este motivo; Holbeck en Leeds fue la primera zona de prueba de prostitución legal en Reino Unido; o Merseyside en Liverpool. Y Madrid también tiene zonas conocidas por ello: las calles de Montera, Desengaño, de la Ballesta, el triángulo de la prostitución entre Legazpi y Atocha, Casa de Campo, el Polígono Marconi de Villaverde y, por supuesto, los clubes de carretera con sus neones, que yo no soy consciente de que existan como en UK como aquí. También se pueden contratar servicios por internet y cada vez son más los hombres que también la ejercen, siendo más notable la presencia de estos en Chueca y Puerta del Sol, además de por páginas web como Telechapero.

Según el diario Independent, 1 de cada 10 hombres en Reino Unido ha utilizado en algún momento los servicios ofrecidos por la prostitución. En España se estima que acuden un 39% y es el primer país de la UE en consumo de prostitución. El motivo más frecuente por lo cual la gente ‘va de putas’ es, según el mismo medio, por ocio y una mayoría cree que las prostitutas son ‘víctimas’ de alguna manera, ¿cómo es posible que siguen usando sus servicios? Carmen Meneses, antropóloga de la universidad de Comillas, asegura que los hombres que pagan por sexo no asumen las consecuencias reales de sus actos. El síndrome de “no me pasará a mí” que todos tenemos.

La diferencia que veo yo entre nuestros dos países es la visibilidad. En Reino Unido, aparte de ser menos popular, es mucho menos visible, menos aceptado, más visto con malos ojos. En España es algo más abierto, más normal, menos mugriento y sórdido. De hecho hay hasta ‘artículos’ muy accesibles en internet sobre el tema. Por ejemplo: este texto en Coches.net que declara ser un “manual para ir de putas”. Incluso en las series españolas como ‘Aquí no hay quien viva’, el tema sale a menudo como algo perfectamente normal, y la verdad es que en la calle Desengaño, la situación es así: saludas todos los días a las chicas de la calle. En otra serie me suena haber visto una madre comprarle al hijo una puta porque es un chico muy raro y se preocupa que nunca conocerá a una chica.

Los motivos que encuentro por los que se paga por sexo, tras hablarlo con amigos, conocidos, desconocidos y prostitutas, son varios. Algunos me han hablado del ‘pobre amigo’ del grupo, que es el feo o el raro, y que llegó el momento en que decidieron entre todos que era hora de que echara un polvo “porque si no el pobre no va a perder la virginidad nunca”. En este caso fue un regalo, pagaron los demás de la pandilla. Un tal Paco me ha contado la historia de su vida, durante la cual ha pasado mucho tiempo en la compañía de prostitutas simplemente porque le agrada y no lo vio como algo raro ni problemático. Ahora es abuelo y sigue yendo cuando puede. Otro conocido empezó cuando llegó al país y ahora gasta la mayoría de su sueldo en prostitutas. Tiene 18 años. Otros me dicen que simplemente es por conveniencia. Pagan como si fuera una hamburguesa: sabes lo que has pedido y lo que vas a conseguir. Curiosamente, la única persona que me ha dicho que contrataría a una persona por sexo ‘profesional,’ por una experiencia con un experto, fue una mujer.

Por lo que he visto desde mi ventana -tengo esa extraña suerte-, gran parte de la clientela son personas en cierto modo excluidas de la sociedad, y llegan buscando no solamente sexo sino también compañía. El domingo por la mañana por ejemplo, en mi zona, hay bastante movimiento, sobre todo hombres muy mayores.

Los motivos por los cuales la gente vende sexo también son variados. Hay mujeres que llevan más de 25 años trabajando en las calles, todos los días, independientemente del clima. Ya no les queda otra. Algunas prueban en otras países, por ejemplo una me contó que había probado en Suecia, porque pagan mejor, pero después de tan solo dos semanas tuvo que regresar porque el mercado estaba muerto por las leyes. Otras personas lo ven como dinero fácil. Pagan mejor que trabajar en un bar, o limpiar oficinas. Una rumana conocida trabajaba en la prostitución solamente para pagar un préstamo, tuvo su trabajo de día en un restaurante, pero no le daba, entonces de noche salió a la calle. Otras más, ya metidas en el ciclo, son incapaces de salir, y si añadimos a la mezcla que muchos de los pisos que usan ofrecen también droga por unas monedas... se puede uno imaginar el circulo vicioso que ahí se crea. Hay universitarias buscando mejorar sus finanzas, pero se suelen encontrar en las páginas de contratación en vez de en la calle. Por último, y abarcando una multitud de maneras distintas, también existe la trata. Mujeres (normalmente) subyugadas y obligadas a prostituirse.

Los servicios en la calle son increíblemente baratos (desde mi punto de vista), empezando en unos 10 euros por felación, y 20 euros un ‘todoski’ o ‘completo’. Incluso me han dicho que hace años en la zona de la Plaza de la Luna hubo una mujer que masturbaba a sus clientes por unos dos euros. Siempre había cola.

Las páginas web ofrecen un servicio mucho más caro, empezando alrededor a unos 150 euros por hora. Hay docenas. Ofrecen mujeres y hombres e incluso experiencias VIP, personas que hablan varios idiomas, o servicio a domicilio.

La cuestión perece ser que si la mayoría de las mujeres que se encuentran en esta situación lo están por obligación, y la mayoría de la gente lo sabe, ¿por qué permitimos que la situación se perpetúe?

#hemeroteca #trabajosexual | Al debate sobre la prostitución le falta renta básica

Imagen: El Salto / Trabajadoras del sexo en una protesta en Madrid en 2014
Al debate sobre la prostitución le falta renta básica.
En el debate sobre la prostitución estamos desterrando la capacidad de equivocarse y todo son sospechas. Escribimos con miedo a decir cosas que luego no podremos enmendar, de hacer aseveraciones que nos invaliden como feministas, casi como personas.
Sarah Babiker | El Salto, 2018-11-15
https://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/al-debate-sobre-la-prostitucion-le-falta-renta-basica

Tomaba un café en un barcito de mi barrio, una chica dominicana atendía la barra. Iban llegando parroquianos y ella les escuchaba con una sonrisa cálida y neutra. Un señor entró. “¿Qué tal?”, le saludó, y enseguida empezó a contarle sus penas. Tenía un piso cerca de ahí, en uno de esos bloques avejentados, se lo alquilaba a una pareja joven con dos hijos. “Dominicanos también, llevan meses sin pagarme el alquiler y me lloran que si no tienen trabajo, que si está muy difícil... Pero ¿qué quieren que yo le haga?”, dijo el señor apelando a la empatía de la camarera. “Además, ella es así como tú, joven y guapa, y le digo ‘pero con esa carita que tú tienes, con ese cuerpo que dios te ha dado, te vas a Colonia Marconi un par de noches y me saldáis la deuda’”, concluyó risueño.

Esto fue hace más de un año. Por aquella época el barrio estaba lleno de papelitos. En los parabrisas de los coches, desparramados por el suelo, toda una oferta de culos y tetas iba tomando las calles. Chicas nuevas y calientes. Latinas, negras, asiáticas. Dóciles y rebeldes. Complacientes y díscolas. No venían las tarifas pero se prometían precios asequibles para bolsillos obreros. Que ningún hombre se quedase sin su ración de coño exótico.

Un día, saliendo del metro, me crucé con unos chavales. Hablaban de acostarse con chicas, de enrollarse, cosas de adolescentes. Uno empezó a presumir de la felación que le había hecho esa chica tetona del grupo. “¡Porque le pagaste 20 euros, cabrón!”, le vaciló otro. “Bueno, yo quería una mamada y ella una copa, al final todos contentos”.

Últimamente me parece que la ciudad está llena de repartidores. Con sus chaquetas y sus app, sus aguerridas bicis y sus nulos derechos laborales se buscan la vida en las cada vez más grandes afueras de un mercado de trabajo digno. Quienes sobran se tienen que apañar con lo que tienen. Sus piernas que pedalean, sus manos que limpian váteres, sus vaginas que son penetradas. Hace poco tuve una pesadilla, soñé que una puntera aplicación nos permitía ofrecer y recibir sexo por dinero.

Así, si no tenías una habitación para alquilar en Airbnb, piernas fuertes para recorrer la ciudad llevando comida, o no te alcanzaba para alimentar a tus hijas con tu salario de dependienta podías crearte un perfil y elegir a tus clientes. Sería el colmo de la libre elección y la flexibilidad, y en lugar de tratar con oscuros proxenetas, generarías plusvalía para aseados emprendedores con cuentas en paraísos fiscales. La próxima maravilla de la economía colaborativa.

Yo no consigo pensar en la prostitución como una opción desmarcada del contexto neoliberal, no consigo ver en qué sentido es empoderante mercantilizar nuestros cuerpos, no alcanzo a entender qué tiene de moralista denunciar la extrema cosificación de las mujeres que implica, ni qué tiene de aburguesado y blanco desear que nadie tenga que ganarse la vida prostituyéndose. Así que sí: comparto la visión del abolicionismo que considera que la prostitución es un refugio del patriarcado y que en un horizonte feminista nadie debería tener que someterse al deseo masculino por dinero, asumirlo como única forma de supervivencia.

Pero a veces las miradas estructurales tienen sus falencias: se alejan de la realidad concreta y cotidiana de las personas, sus peleas diarias, su supervivencia, lo que ellas perciben como urgente y necesario. Y aquí yo creo que el abolicionismo aporta una panorámica necesaria para marcar horizontes, pero rígida para el camino. Señala tanto la estructura que acaba negando la agencia de los sujetos que en ella habitan y luchan. Es importante conocer lo que es el patriarcado del consentimiento, los mecanismos que estrechan el marco de lo posible hasta el punto de que no hay prácticamente margen para otra cosa que consentir, que barnizan esa única elección posible como deseable. Pero siempre se corre el riesgo de ver las cosas tan claras que acabes pertrechada en una verdad indiscutible.

¿Quieren las abolicionistas putas sin derechos? Yo creo que no. El abolicionismo quiere mujeres con derechos y considera que esto no es compatible —ni individual ni colectivamente— con la prostitución. ¿Pueden las políticas públicas abolicionistas cuando aplican medidas punitivas empeorar la vida de las mujeres que se prostituyen, aun cuando los penalizados sean los clientes?

¿Quieren las regulacionistas acabar con el feminismo de la mano de proxenetas y puteros? Yo creo que no. Que piden derechos y posibilidad de sindicación para las prostitutas porque creen que es lo justo. ¿Puede su defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales contribuir a la normalización de la prostitución como salida individual a la precarización de nuestras existencias, dejar zonas francas al patriarcado?

Puedo errar en lo que pienso, pero reivindico mi derecho a hacer preguntas. Estamos desterrando la capacidad de equivocarse y todo son sospechas. Escribimos con miedo a decir cosas que luego no podremos enmendar, de hacer aseveraciones que nos invaliden como feministas, como anticapitalistas, como periodistas, casi como personas.

Conozco y respeto a feministas abolicionistas. Y si bien ando espantada con la virulencia con la que algunas de ellas están señalando a lo que consideran el otro bando, no puedo pensarlas como personas antiderechos ni comparto que a muchas se las impugne que se centren en una forma de explotación y no en otras. El ataque que se hace a la sindicación no tiene tanto que ver con los derechos de las prostitutas, lo que cuestionan es que los sindicatos sean maniobras del empresariado para legitimar su negocio.

Estoy rodeada de gente más cercana a planteamientos regulacionistas, a quienes escandaliza que se haya denunciado a un sindicato de prostitutas. Puedo discrepar cuando hablan de puritanismo o de que las abolicionistas dividen a las mujeres en buenas o malas. Calentarme si siento que están banalizando la explotación sexual cuando dicen que es lo mismo limpiar váteres que comer pollas, o revolverme cuando entran en una especie de cultura ‘cool’ de la prostitución. Pero no dudo ni por un momento en que ellas son tan feministas como yo.

Y entonces salgo de Twitter, del cruce de acusaciones, de los artículos que polarizan. Salgo de la velocidad y de los miedos de ser etiquetada de una forma u otra, de la tentación de cerrar filas en territorio conocido y sentirme arropada. Vuelvo al bar donde ese señor plantea que una mujer se prostituya para pagarle el alquiler. Me la imagino a ella, agobiada, con sus dos hijos, la cuenta en números rojos, el casero mirándole de arriba abajo, evaluando su valor en el mercado de los cuerpos. Y me vuelvo abolicionista hasta la médula. Pero también pienso en Colonia Marconi, en las mujeres que no han encontrado otra salida, o en quienes defienden que su elección es esa. Y me hago preguntas.

Pienso en el aquí y el ahora, pero también en el largo plazo. En cuánto ganaríamos si todo el esfuerzo que estamos dedicando las feministas a este debate lo dedicásemos a exigir una renta básica universal, para todas nosotras, para que todas tengamos más opciones que elegir si limpiamos un millón de váteres por una miseria o comemos 20 pollas al día contra nuestro deseo. Para que, si decidimos lo segundo, no tengamos que prostituirnos de cualquier manera, en cualquier lugar y a cualquier precio porque nuestra supervivencia depende de ello.

lunes, 12 de noviembre de 2018

#hemeroteca #trabajosexual | 350 firmas, entre ellas las de Coixet y Poniatowska, apoyan el sindicato de prostitutas

Imagen: El País / Sabrina Sánchez, portando el paraguas rojo, y Conxa Borrell, de OTRAS
350 firmas, entre ellas las de Coixet y Poniatowska, apoyan el sindicato de prostitutas.
La Audiencia Nacional revisa este miércoles las demandas contra esta agrupación inscrita "por error" en el Ministerio de Trabajo.
Pilar Álvarez | El País, 2018-11-12
https://elpais.com/sociedad/2018/11/12/actualidad/1542023421_520282.html

La Sala de lo Social de la Audiencia Nacional analizará este miércoles dos demandas relacionadas con el sindicato de prostitutas Otras, una agrupación que el Ministerio de Trabajo inscribió “por error” en el Boletín Oficial del Estado el pasado agosto. Este lunes 350 mujeres, entre las que hay políticas, escritoras o artistas, respaldan el manifiesto No sin nosotras en el que defienden que se retiren las actuaciones contra el sindicato. Reclaman “que no se utilice una pretendida unanimidad del feminismo como aval de ninguna medida legal que pueda afectar a las condiciones materiales de vida de muchas personas que trabajan en este sector –en todas sus variantes: prostitución, bailarinas, actrices, teléfono erótico".

Las dos demandas contra Otras (Organización de Trabajadoras Sexuales) parten de tres organizaciones: la asociación pro Derechos Humanos L’Escola, que actúa contra el Ministerio de Trabajo y otra conjunta de la Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla, contra el sindicato. El Ministerio de Trabajo ha remitido además un escrito a la Fiscalía General del Estado para que también impugne ese registro.

Activistas feministas como Justa Montero, Begoña Zabala o Yayo Herrero; la concejala de Feminismos de Barcelona, Laura Pérez; escritoras y periodistas como Elena Poniatowska, Ángeles Mastreta o la directora de cine Isabel Coixet, entre otras, respaldan que se retire la demanda contra el sindicato. Dos de las firmantes, no obstante, se han descolgado de la iniciativa una vez que se ha hecho pública. Son la escritora Coral Herrera y la diputada de Podemos en el Congreso, Rita Bosaho. Ambas han señalado razones similares: "He firmado probablemente en un momento de actividad máxima y sin la observación requerida un documento regulacionista", dice Bolsaho en su cuenta de Twitter. Y añade: "Me considero abolicionista". Herrera añade en la suya: "He metido la pata hasta el fondo. Llevo unos días de locura total con el viaje a México sin darme cuenta firmé un manifiesto regulacionista. Pero yo soy abolicionista".

En España, la prostitución es una práctica alegal. El Gobierno y gran parte de los colectivos feministas respaldan una postura abolicionista, que supone no considerar en ningún caso esta actividad como un trabajo sino una forma de explotación de la mujer. El gran ejemplo de esta política es la que ejerce Suecia, que persigue y multa a los clientes y no a las mujeres. Ciudades como Sevilla aplican ordenanzas municipales en las que consideran a las prostitutas como víctimas de violencia de género. El Ejecutivo de Pedro Sánchez prometió una legislación propia sobre la trata y la explotación sexual cuyo contenido aún no ha trascendido. Otra forma de abordarla es el modelo regulacionista, presente en Alemania u Holanda. Significa reconocer a las mujeres como trabajadoras, con derecho a paro o Seguridad Social. En España lo defienden, por ejemplo, el Ayuntamiento de Barcelona, gobernado por Ada Colau (Barcelona en Comù).

Para las firmantes del manifiesto “es un error de partida equiparar la trata de personas con fines de explotación sexual no solo con la prostitución decidida sino con toda la diversidad de trabajos sexuales que hoy en día se ejercen legalmente en este sector”. Una de las dificultades para abordar la posible regulación de la prostitución son las cifras.

No existen datos oficiales del número total de mujeres que ejercen la prostitución ni sobre el porcentaje de mujeres víctimas de trata, si bien la Policía Nacional calcula que el 80% de quienes ejercen la prostitución son víctimas de la trata. Según informes del Parlamento Europeo, los cálculos más conservadores hablan de "una de cada siete" personas, aunque añaden que hay fuentes que lo cifran entre el 70% y el 90% de prostitutas forzadas por grupos criminales.

“Contra la trata con fines de explotación sexual no nos cansamos de exigir (y aquí sí somos unánimes): medidas efectivas, una provisión suficiente de recursos humanos y materiales y la formación de los cuerpos y órganos encargados de llevarlas a cabo”, prosiguen las firmantes del manifiesto que reclaman que no se impida “en ningún caso” la organización “libre y autónoma de colectivos de mujeres con el propósito de avanzar en derechos sociales y laborales básicos”.

Las firmantes solicitan, además, que las mujeres que ejercen la prostitución “tengan voz en este debate”. Y añaden: "La clandestinidad solo favorece el estigma y la explotación”. Rechazan que la sindicación favorezca a los proxenetas. Eso es “obviar un principio básico del derecho sindical, esto es, que la autoorganización de los trabajadores y trabajadoras sirve para limitar el poder de la patronal y especialmente a quien pretende aprovecharse y explotar a otros económicamente”.

"El Gobierno no ha hecho nada"
La ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, lo definió de una forma elocuente: "Nos han metido un gol por la escuadra". Cuando trascendió en agosto la inscripción del sindicato OTRAS en el BOE, el ministerio relevó a la directora de Trabajo, Concepción Pascual, que firmaba esa orden. La organización pro derechos humanos L'Escola ha demandado al ministerio y solicitará, entre otros testimonios, el de Concepción Pascual. Su demanda se verá en la Audiencia Nacional este miércoles, junto con la conjunta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres y la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla, que se dirige contra el sindicato OTRAS. "Pedimos la nulidad porque no ha habido un control de legalidad previo", señala Nuria González, de L'Escola, que critica que "el Gobierno no ha hecho nada" para remediarlo. "Trabajo no ha actuado con la diligencia que requiere el tema", comparte Charo Carracedo, de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, que considera que "la prostitución no puede ser en ningún caso una actividad legalizable".

viernes, 2 de noviembre de 2018

#hemeroteca #trabajosexual #leymordaza | Las ordenanzas acorralan y endeudan a las prostitutas

Imagen: El País
Las ordenanzas acorralan y endeudan a las prostitutas.
Un informe concluye que se sanciona más a las mujeres que a los clientes. Algunas de ellas acumulan miles de euros en multas.
Pilar Álvarez | El País, 2018-11-02
https://elpais.com/sociedad/2018/10/31/actualidad/1541012400_893223.html

Son las cuatro de la madrugada en La Rambla. Acaba la noche para tres mujeres africanas. Han juntado 500 o 600 euros entre todas. Es el momento de esconder el dinero en su vagina. Así eluden a los secretas (agentes de paisano) que las persiguen para cumplir la ordenanza de civismo y convivencia en Barcelona. Lo recuerda María, otra prostituta que ejerce en la misma zona. “Les paraban solo por llevar preservativos”. Más de 50 ciudades españolas tienen normativas municipales específicas para perseguir la prostitución. Unas castigan a quien ofrece sexo y al que lo compra, otras solo a los clientes. Nacieron para intentar proteger a las mujeres, contentar a los vecinos o directamente limpiar las calles. Pero el resultado es que atacan sobre todo a las prostitutas y, de ellas, principalmente a las más vulnerables: las víctimas de la trata.

Un informe de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) analiza por primera vez el efecto que han tenido estas normativas aprobadas en algunos casos hace más de una década. El grupo Antígona, un equipo de investigación sobre mujeres y derechos en perspectiva de género de la Autónoma de Barcelona, ha estudiado las normas en nueve ciudades: Barcelona, Madrid, Sevilla, Zaragoza, San Sebastián, Bilbao, La Jonquera, Lleida y Castelldefels. En algunas, como Madrid, no hay normativa municipal pero se multa a través de la Ley de Seguridad Ciudadana (‘ley Mordaza’).

El informe preliminar de 150 páginas, al que ha tenido acceso este periódico, basa su tesis en que ciudades como Barcelona han registrado en una década del doble de sanciones a las mujeres que a los clientes (2.633 frene a 1.188). E incluye 32 entrevistas con prostitutas, organizaciones que trabajan con ellas, políticos, técnicos y policías, con las que también concluyen que a ellas se les castiga más.

En España la prostitución es un fenómeno alegal. El Gobierno del PSOE, que se ha declarado abolicionista, ha prometido una norma contra la trata y la explotación sexual aún por desarrollar. “Supuestamente las ordenanzas son un instrumento contra la trata, pero hemos visto que es a estas mujeres a las que más les complican la vida”, explica Encarna Bodelón, investigadora principal de Antígona. Las multas a las que se enfrentan oscilan, según los casos, entre 100 y 3.000 euros. “Hay mujeres que acumulan 40.000 euros que luego tienen que pagar”, según una de las prostitutas entrevistadas para el informe en Barcelona. “Hay una compañera que en este momento está pagando 1.200 euros mensuales”.

En Lleida hay 10 veces más mujeres multadas hasta 2016 (480) y en La Jonquera, cinco veces más, hasta 632. En Madrid, las organizaciones entrevistadas critican que la persecución se centra en las mujeres, aunque Interior no ofrece datos desagregados de las sanciones por la ley Mordaza que permitan comparar. Sevilla, que persigue a los clientes y considera a las prostitutas como víctimas de violencia de género, ha puesto 230 multas hasta la fecha.

El informe considera que las ordenanzas aumentan la estigmatización de las mujeres, las desplaza del centro de las ciudades al extrarradio, donde están más inseguras. También denuncia que sus voces no son escuchadas a la hora de legislar.

En Sevilla, la prostitución callejera ha desaparecido de zonas céntricas como la Alameda. Se mantiene en la periferia, “donde ya estaba ya antes”, señala Miriam Díaz, delegada de Igualdad y teniente alcalde. El Ayuntamiento hispalense se declara abolicionista, lo que significa que no concibe en ningún caso la prostitución como un trabajo. Es una propuesta similar a la que intenta impulsar en el Ayuntamiento de Madrid el PSOE, de momento sin éxito. “El reto es controlar los pisos”, añade la edil sevillana. En Sevilla las prostitutas se consideran víctimas de violencia de género, como las maltratadas por sus parejas y exparejas, y pueden acceder a recursos previstos como casas de acogida “para una segunda oportunidad”, centros de trabajos sociales y recursos psicológicos.

Las mismas en la calle
Barcelona empezó a multar a clientes y a prostitutas en 2006, aunque dejaron de sancionarlas a ellas a partir de 2015. Con la llegada del equipo de Ada Colau a la alcaldía dieron un nuevo giro que se centra en la atención social a las mujeres, aunque en este caso desde una perspectiva regulacionista o pro derechos que supone que hay prostitutas por elección propia. “La ordenanza se aprobó con la promesa de reducir el número de mujeres en las calles pero siguen siendo unas 350 entre el Raval, la zona marítima y el campo del Barca”, explica Laura Pérez Castaño, concejala de Feminismos y LGTBI de Barcelona.

“Las directivas europeas reclaman no multar a las mujeres en situación de trata, pero son las más sancionadas”, según la edil. Aunque los datos no están disgregados por la dificultad de distinguir una posible víctima mientras se está sancionando, “seguro que son ellas las más castigadas porque necesitan pasar más tiempo fuera para ganar más dinero”. “Queremos derechos para ellas pero no miradas paternalistas, hay que diferenciar claramente los fenómenos”, señala la concejal.

En lo que coinciden el informe y los Ayuntamientos de Sevilla y Barcelona, además de organizaciones que trabajan con víctimas de trata como Apramp, es en reclamar una normativa estatal que buscara soluciones más allá de una ordenanza. Mientras, la pelea sigue en los Ayuntamientos.

Preservativos pinchados y mudanzas por la persecución
Algunas de las prostitutas que entrevistó el grupo Antígona dieron testimonios aterradores sobre la persecución que sufren por las ordenanzas y la ‘Ley Mordaza’. María, de Barcelona, aseguraba que una guardia urbana se hizo “muy famosa” en la ciudad porque “pinchaba los preservativos” a las prostitutas africanas. Asegura que creó una alarma sanitaria y que al final lograron expulsarla de las Ramblas con su protesta. En Madrid, la presión policial tras la aprobación de la ‘ley Mordaza’ empujó a un grupo de mujeres a agruparse en el colectivo Afemtras. Una de ellas es Ninfa. Le multaron con 600 euros cuando ejercía en Alcalá de Henares (Madrid) Igual que a su cliente. Tiene la multa pendiente desde hace cinco años. Nunca la pagó. Pero esta prostituta ecuatoriana, que pide figurar con ese nombre supuesto en conversación con este periódico, acabó saltando de un lugar a otro hasta llegar al polígono madrileño de Villaverde, donde asegura que la policía aún las persigue. “Barrernos de las calles es favorecer a los empresarios de los clubes y pisos de alterne”, explica. “Ahondan en nuestro estigma”, señala Ninfa, que prefiere definirse como “trabajadora del sexo” y forma parte del primer sindicato estatal de prostitutas, aprobado por error este verano y al que el Gobierno busca ahora cómo desactivar.

viernes, 26 de octubre de 2018

#libros #trans | Trans* : una guía rápida y peculiar de la variabilidad de género

Trans* : una guía rápida y peculiar de la variabilidad de género / Jack Halberstam ; traducción de Javier Sáez.
Barcelona [etc.] : Egales, 2018 [10-26].
192 p.
ISBN 9788417319328 / 20 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Disidencia sexual / Género / Identidad de género / Regulacionismo / Trans / Transexualidad / Transgénero / Transgresión

En la última década, las discusiones públicas sobre temas transgénero han aumentado exponencialmente. Sin embargo, con esta mayor visibilidad no solo ha llegado el poder, sino la regulación, tanto a favor como en contra de las personas trans. Lo que una vez fue considerado como un desorden inusual o incluso desafortunado se ha convertido en una articulación aceptada de la encarnación del género, así como un nuevo lugar para el activismo y el reconocimiento político. ¿Qué sucedió en las últimas décadas para impulsar un replanteamiento tan extenso de nuestra comprensión de la encarnación de género? ¿Cómo una identidad estigmatizada llegó a ser tan central para las articulaciones subjetivas en los Estados Unidos y en Europa? ¿Y cómo han respondido las personas a las nuevas definiciones y a la comprensión del sexo y del cuerpo marcado por el género? En ‘Trans*’, Jack Halberstam explora estos cambios recientes en el significado del cuerpo y la representación de género, y explora las posibilidades de un futuro sin género, un género opcional o un género extraño.

Jack Halberstam
es profesor de Estudios de Género y de Inglés en la Universidad de Columbia. Halberstam es autor de seis libros: ‘Skin Shows: Gothic Horror and the Technology of Monsters’ (Duke UP, 1995), ‘Female Masculinity’ (Duke UP, 1998), ‘In A Queer Time and Place’ (NYU Press, 2005), ‘The Queer Art of Failure’ (Duke UP, 2011) and ‘Gaga Feminism: Sex, Gender, and the End of Normal’ (Beacon Press, 2012) y, recientemente, ‘Trans*: A Quick and Quirky Account of Gender Variance’ (University of California Press).