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sábado, 25 de enero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #memoria | “Caminando con alas”: una ruta LGTBI por la ciudad que vio casarse a Elisa y Marcela

Imagen: El Español / 'Caminando con alas'
“Caminando con alas”: una ruta LGTBI por la ciudad que vio casarse a Elisa y Marcela.
Este paseo histórico por A Coruña es el primer acto del X aniversario de la Asociación ALAS y tiene la iglesia de San Jorge como punto de partida.
Amara Santos | Quincemil, El Español, 2020-01-25
https://www.elespanol.com/quincemil/articulos/actualidad/caminando-con-alas-una-ruta-lgtbi-por-la-ciudad-que-vio-casarse-a-elisa-y-marcela

La coruñesa iglesia de San Jorge, que acogió el enlace entre Elisa y Marcela en 1901, fue el punto de partida de “Caminando con alas”, la ruta histórica LGTBI organizada por la Asociación ALAS con motivo de su décimo cumpleaños. Es la primera vez que realizaban una iniciativa así y según el socio fundador, Oscar Beceito, “el feedback ha sido positivo”, por lo que ya están pensando en repetirla a lo largo de 2020.

El número máximo de plazas era 25 y “se cubrieron casi todas”, formando así un grupo integrado por miembros de la propia asociación y gente ajena afín a su labor. “Este tipo de actividades son importantes porque visitamos y narramos en primera persona muchos lugares emblemáticos para ALAS y para el movimiento LGTBI coruñés”, explica Beceito. Una de esas ubicaciones clave de las que habla es el Fórum porque allí está la sede de ALAS y la ruta también hizo paradas en otros lugares como Campo da Leña, el Claro Boba, la Plaza de la Palloza o la arboleda de las mujeres del parque de San Diego.

Campo da Leña tiene relevancia porque fue el núcleo de diversos eventos del colectivo LGTBI como los certámenes Miss Travesti y Súper Travesti, además de sede del Orgullo durante algunos años. El Claro Boba se ha incluido porque en el local se celebran eventos y aniversarios de la asociación a parte de que “es uno de los pocos locales de la ciudad con un compromiso constante y transversal con la lucha por los derechos de las personas LGTBI”, indica Beceito.

La plaza de la Palloza es todo un símbolo del movimiento de liberación de la mujer en España porque en ella se manifestaron en diciembre de 1854 más de 4.000 trabajadoras de la fábrica de tabacos pidiendo igualdad salarial y mejoras de sus condiciones laborales. A su vez, la arboleda situada en el parque de San Diego es otra de las paradas imperdibles además del broche final de la ruta porque es un símbolo en memoria de las valientes Elisa y Marcela que “está ahí gracias a la lucha conjunta de los colectivos de la ciudad”, aclara el socio fundador de ALAS. Por el camino también se recorren otros lugares como el Paseo Marítimo, la Plaza de Pontevedra, el Obelisco o Los Cantones.

Los planes de futuro de ALAS, que como cuenta su fundador “surgió ante la necesidad de cubrir un espacio vacío de reivindicación del colectivo en la ciudad”, pasan por traer a nuestras calles este 2020 los Encuentros Estatales LGBTI, que tienen intención de replicar junto a miembros de otras asociaciones de España y Portugal.

viernes, 17 de enero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Ruta arcoíris por el Raval

Imagen: El Periódico / Pierrot presenta el espectáculo 'Gaylandia' en 'Barcelona de Noche'
Ruta arcoíris por el Raval.
Esta recorrido guiado sigue el rastro de antiguos cabarets con regusto a Moulin Rouge y rincones míticos de la historia LGTB de Barcelona. Desde El Molino hasta La Paloma.
Abel Lacruz | OnBarcelona, 2020-01-17
https://www.elperiodico.com/es/onbarcelona/visitar/20200117/ruta-lgtb-raval-7801660

Que la noche barcelonesa tiene un gran atractivo para lesbianas, gais, transexuales y bisexuales no es ninguna novedad. Pero ¿sabías que ya en el siglo XIX y durante buena parte del siglo XX el Raval -o el Barrio Chino, como lo llamaban entonces- fue un hervidero del ocio LGTB? Acompañamos a las periodistas Thaïs Morales y Carme Pollina, creadoras de Rutas LGTBarcelona, en uno de sus itinerarios guiados. Los organizan siempre que tienen un grupo superior a 10 personas y aderezan sus explicaciones con algo de cotilleo y mucho humor.

Empezamos en la plaza de la Bella Dorita, una de las míticas vedetes de El Molino. “Este inconfundible cabaret abierto en 1910 -explica Carme- ha tenido diferentes edificios y nombres, siempre con el regusto francés del Moulin Rouge. Allí destacó una vedete lesbiana, Gardenia Pulido, que manejaba su vida y su propio dinero porque no dependía del control de ningún empresario, y fue mentora -y amante- de otras muchas mujeres”.

Imagen: El Periódico / 'Barcelona de noche'
Cine permisivo
Cruzamos el Paral·lel y nos plantamos frente al teatro Arnau, en la plaza de Raquel Meller, 60. Los asistentes giran la cabeza a izquierda y derecha. “Se encuentra tras los andamios -aclara Thaïs Morales-, porque está en ruinas y quién sabe qué será de él”. Durante décadas, además de teatro de variedades “fue cine permisivo, o sea que los gais de la época hacían ‘cruising’ allí aprovechando la oscuridad de la sala”.

En un lateral del Arnau, en el nº 5 de la calle de les Tàpies, se encontraba el Barcelona de Noche, un cabaret fundado en 1936. En los 70, los espectáculos de travestis y transexuales eran la especialidad: Paco España, Bibi Andersen (ahora Bibiana Fernández) o Pavlosvsky pasaron por allí. “También la revista ‘Party’ celebraba en este local la final del concurso ‘Chico Party’, en el que elegían al buenorro del momento”, dice Carme.

Cabarets de los años 20
Nos adentramos en el Raval y enfilamos la calle Cid hasta el número 10, donde hoy día solo vemos un bloque de pisos. La Criolla (después Wu-li-chang) fue quizás el cabaret más famoso entre los años 20 y 30. Uno de sus personajes más destacados fue el abogado anarquista (de día) y travesti (de noche) Flor de Otoño, del cual se hizo una película protagonizada por José Sacristán. La Criolla desapareció en 1938 tras un bombardeo de la aviación italiana. Frente a ella se encontraba Casa Sacristán, otro cabaret donde el transformista Mirko imitaba a Concha Piquer como nadie.

La calle Cid desemboca en la plaza de Jean Genet, justo delante de la Escuela Oficial de Idiomas. El nombre es un homenaje al escritor francés, que vivió en Barcelona de 1932 a 1934 y subsistía gracias al robo y la prostitución. Esa experiencia sirvió como inspiración para escribir ‘Diario del ladrón’ en 1949. Un dato del que toman buena nota dos de los asistentes al ‘tour’, los escritores Ricard Ruiz Garzón y Sebastià Portell, los dos comisarios de la última edición del festival de literatura LGTB #QLit.

A pocos metros se encuentra el nº 9 de la calle de Guàrdia, allí se encontraba Gambrinus. A finales de los 60, este cabaret protagonizó el resurgimiento del transformismo en Barcelona. Allí reinaron Coccinelle, Dolly Van Doll y “Madame Arthur, exayudante de cámara -cuenta Thaïs ante el estupor de los asistentes al ‘tour’- ¡del ministro de gobernación franquista Camilo Alonso!”. Carme y Thaïs definen el Gambrinus en su libro ‘Gent de ploma i marabú’ como “la cantera trans de la Barcelona de los 70”.

Primera manifestación del orgullo
Del Raval salimos a la Rambla y la recorremos de abajo arriba. En 1977 se celebró allí la primera manifestación del orgullo gay, capitaneada entre otros por el pintor naïf Ocaña. Esta mítica arteria barcelonesa, además, contaba con locales tolerantes concurridos por gais y lesbianas como el el Jazz Colón (nº 18), el Teatro Principal (nº 27), el recientemente cerrado Cosmos (nº 34) o el incombustible Cafè de l’Òpera (nº 74).

De nuevo al Raval y, después de pasar por la casa natal de los escritores Terenci y Ana María Moix (Joaquim Costa, 37), llegamos al final del itinerario. Estamos en la puerta de La Paloma (Tigre, 27), donde se celebró el fin de fiesta de la primera manifestación LGTB. Thaïs y Carme se despiden y los asistentes a la ruta aplauden porque las dos periodistas han conseguido con simpatía y humor que, después de dos horas pateando bajo la ocasional lluvia, salga el arcoíris sobre el Raval.

sábado, 8 de diciembre de 2018

#hemeroteca #mujeres #visibilidad | Las mujeres reclaman su lugar en las calles de Londres

Imagen: Público / 'Blue Plaque' que recuerda a Virginia Woolf
Las mujeres reclaman su lugar en las calles de Londres.
Sólo 126 (un 14%) de las 900 placas en edificios de la ciudad recordando a grandes personalidades británicas están dedicadas a mujeres. En toda Gran Bretaña se imponen los hombres. Ahora una campaña quiere reconocer el lugar de las “heroínas femeninas no reconocidas”, pero también en estoy hay quien no está de acuerdo.
Cristina Casero | Público, 2018-12-08
https://www.publico.es/internacional/mujeres-reclaman-lugar-calles-londres.html

Un paseo por la exclusiva zona de St. James, en el centro de Londres, y una placa azul en un edificio nos indica que desde aquí salió Chopin para dar su último concierto. Al este de la ciudad, otra recuerda dónde vivió de niño Jack Cohen, el fundador de los supermercados Tesco y en el 126 de Picadilly Street hay una tercera placa en memoria de Nipper, el perro que sirvió de inspiración para el logo de las tiendas HMV.

Por supuesto, Dickens también tiene la suya en Londres pero si salimos de la ciudad encontraremos más de 50 con su nombre. Otra recuerda el lugar donde Tolkien durmió dos noches. La paloma Mary, que llevaba en su cuello mensajes a Francia durante la segunda Guerra Mundial, tiene la suya en Exeter e incluso hay una en la ciudad de Norwich destacando que The Beatles hicieron cola una vez frente a ese edificio para tomarse unos ‘Fish and Chips’.

Y mientras tanto, la tenista Charlotte Cooper —primera mujer en ganar una medalla olímpica y cinco veces el torneo de Wimbledon—, la espía Gertrude Bell, la bailarina Isadora Duncan o la actriz Judy Garland siguen esperando este reconocimiento.

Ellas son sólo algunas de las centenares de mujeres olvidadas que ahora Patrimonio Inglés quiere recordar. Justo este año, que se cumple un siglo desde que las mujeres accedieron al voto —la sufragista Emmeline Pankurst y sus hijas Christabel y Sylvia por fin han conseguido su placa—, se ha puesto en marcha una campaña pidiendo el apoyo de los ciudadanos porque, como explica Anna Eavis, su directora: "El sistema se basa en nominaciones públicas y por eso necesitamos que ellos nos envíen sus sugerencias".

Desde 1866 las placas azules sirven no sólo para recordar a grandes personalidades, también como guía para recorrer esos lugares de Londres que permanecen tal y como estaban cuando sus laureados vecinos residían allí. Porque una de las condiciones para colocarlas es que el homenajeado lleve al menos 20 años muerto pero también que el edificio se mantenga de tal manera que si él o ella estuviera ahora aquí, lo pudiera reconocer. Como el edificio de Bloomsbury donde vivió Virginia Woolf o la vivienda de Belgravia donde Mozart compuso su primera sinfonía.

"Si la gente quiere conocer nuestra historia de Londres, puede ir y quedarse un minuto fuera y mirar una casa donde sabe que esa persona ha vivido. Creo que eso es maravilloso", dice la actriz Judi Dench, que se ha convertido en la cara de la campaña para promover que se coloquen más placas de mujeres: "Hasta ahora, se ha honrado a algunas mujeres brillantes como Florence Nightingale y Ava Gardner, pero hay muchas, muchas más heroínas femeninas desconocidas que merecen reconocimiento". De ahí su llamamiento a todos los londinenses: "Nomina a las mujeres que admiras, a las que hicieron grandes y notables cosas a lo largo de la historia y a las que no fueron silenciosas. La herencia inglesa necesita tu ayuda".

La primera placa dedicada a una mujer fue a la actriz Sarah Siddons pero para verla tuvieron que pasar diez años desde que se había colocado la primera dedicada a un hombre. Entonces ellos dominaban la vida pública y las mujeres aún no podían votar, ni ejercer muchas profesiones y ni siquiera podían sacarse un título universitario. Pero ahora todo eso ha cambiado y el objetivo es que las placas azules lo reflejen. "El predominio de las placas en los hombres refleja una ceguera histórica tanto del papel que las mujeres han desempeñado en nuestra sociedad como del tipo de roles que se consideran dignos de celebración", considera Eavis.

Porque en los primeros 40 años de vida de las denominadas ‘blue plaques’ sólo se dedicaron cinco a mujeres. Y todavía hubo que esperar más para poder ver las de Ada Lovelace —pionera de la computación—, Rosalind Franklin —científica que ayudó a descubrir el ADN—, o Nancy Astor —la primera mujer que se sentó en el parlamento—. Con el compromiso de poner fin a esta rotunda injusticia han surgido también fundaciones como la Blue Plaque Rebellion, que recogen la historia de mujeres que merecen estar entre las próximas elegidas con el objetivo de que la gente las conozca y pueda nominarlas.

Aunque como en todo, también en esto hay quien está en contra. Es el caso de Mike Read, el exlocutor de radio que ahora ejerce de jefe del Consorcio Británico de Placas, responsable de la supervisión de las que se colocan fuera de Londres. Acusa a Patrimonio Inglés y a su campaña en favor de las placas de mujeres de "populista": "Si bien todos somos iguales, no tiene sentido reescribir la historia para provocar una repentina erupción de placas dedicadas a las mujeres. Esto se equilibrará de forma natural y gradual a medida que un número cada vez mayor de mujeres asuma roles importantes y tenga más oportunidades en todos los sentidos".

Casualidad o no, las últimas placas colocadas en Londres corresponden a mujeres. El pasado día 6 de diciembre se descubrió la dedicada a la botánica Agnes Arber en Primrose Hill. Días antes, otra a Daphne Steele, la primera matrona negra que llegó a Reino Unido desde Guyana en los años 50 como parte del grupo de enfermeras que vinieron del Caribe para crear el NHS, el servicio nacional de salud británico. Y en noviembre se descubrió otra en la casa donde pasó su infancia la actriz Margaret Lockwood, la protagonista de ‘Alarma en el Expreso’, de Alfred Hitchcock; quien, por supuesto, también tiene la suya en la vivienda de South Kensington que fue su residencia entre 1926 y 1939.

Y aunque ahora se produjera una oleada de nominaciones de nombres femeninos, desde Patrimonio Inglés recuerdan que a veces se ven obligados a rechazar algunas de las nominaciones —de media, rechazan tres nombres por cada placa que colocan— porque además de llevar dos décadas muerto y que el edificio se mantenga reconocible, hay que cumplir otros requisitos: que la persona haya hecho una gran y perdurable contribución a la sociedad, que si alguna petición ha sido rechazada anteriormente hayan pasado diez años para volver a considerar ese nombre o que no puede haber más de dos placas por edificio.

Sólo 18 viviendas tienen dos placas, porque incluso en una ciudad tan grande como Londres puede darse el caso de que dos personalidades compartieran edificio o fueran vecinos en el mismo momento o en épocas distintas, como ocurre con Sigmund Freud y Anna Freud, Virginia Woolf y George Bernard Shaw o Jimmy Hendrix y Handel.

Sean de hombres o de mujeres, para no perderse ninguna, en la web de ‘Blue Plaque’ hay un buscador y en su App, un mapa donde poder localizarlas todas.

viernes, 3 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | ¿Dónde están las mujeres?

Imagen; Herstóricas
¿Dónde están las mujeres?
La plataforma Herstóricas visibiliza la historia de las mujeres a través de visitas, paseos y talleres.
Marta Villena | El País, 2017-11-03
https://elpais.com/ccaa/2017/11/01/madrid/1509559514_221420.html

En el Museo del Prado y ante la atenta mirada de su grupo, la guía Marta Casquero narra la historia de Susana, la esposa de un influyente judío en el exilio en Babilonia que, mientras toma un baño, es asaltada por dos ancianos e importantes jueces que pretenden abusar de ella. Tras verse rechazados, los hombres acusan de adulterio a Susana, quien en un primer momento es condenada a morir apedreada. Susana y los Viejos es una de las escenas bíblicas más representadas en el arte pictórico. Uno de estos cuadros que exhibe el museo nacional es del pintor Paolo Veronese, El Veronés, en el que se muestra a una Susana despreocupada ante la actitud de los ancianos. “La interpretación de esta obra normaliza el acoso y culpa a la mujer de estos delitos”, explica Casquero.

Susana y Los Viejos es uno de los 10 cuadros que componen la visita Arte y Violencias Machistas de la plataforma Herstóricas, un proyecto que trata de visibilizar la historia de las mujeres a través de paseos, talleres y recorridos guiados en Madrid y Granada. Detrás de esta iniciativa feminista están Sara López, Mariela Maitane y la propia Casquero, que recuerdan el nacimiento del proyecto hace cinco años: “Herstóricas nació en Londres, donde nos conocimos. Viviendo allí nos dimos cuenta del gran vacío que había sobre la historia de las sufragistas británicas y decidimos montar una visita guiada”. Poco después, y de vuelta en España, continuaron con el proyecto. Casquero y López se ocupan de las actividades de la capital y Maitane de aquellas que se desarrollan en la ciudad andaluza.

Además de analizar la representación de las mujeres en el arte, Herstóricas reivindica más presencia de autoras en espacios públicos. “Dos de nuestras visitas se desarrollan en el Prado donde, desgraciadamente, solo hay cinco cuadros pintados por dos mujeres, Sofonisba Anguissola y Clara Peeters”, apunta Casquero. Y añade: “Es una pena que no haya más expuestas sabiendo que tienen en el depósito muchas más obras pintadas por mujeres”. 'Sexualidades en el Prado' y 'Repasando el Arte' son las otras dos visitas que la plataforma ofrece en Madrid.

“La mayoría de calles y plazas de la ciudad tienen nombres masculinos y nos preguntamos: ¿cómo es posible? ¿Es que nosotras no hemos hecho nada significativo?”, dice Casquero. “La historia se ha contado siempre a través de los hombres; nosotras intentamos dar un giro y contar la historia de ellas”, añade. El nombre de la iniciativa procede de un juego de palabras anglosajón: 'his-tory' (la historia de ellos) y 'hers-tory' (la historia de ellas). 'En Busca de las Madrileñas: Espacios Comunes' y 'Les-Bis en Madrid' son los recorridos que ofrecen por la capital. “Si las mujeres en general estuvieron invisibilizadas, las mujeres lesbianas ni existían” apunta López. Y prosigue: “Con este paseo intentamos visibilizar a aquellas mujeres célebres que en algún momento amaron a otra mujer y repasamos algunos de los hitos históricos del activismo lésbico de la capital”.

Otra de las grandes apuestas de Herstóricas es la educación, por eso ofrecen talleres para todos los públicos entre los que destacan 'La herstórica del mes'. En colaboración con el centro cultural Casino de la Reina, esta actividad gratuita profundiza en la historia de mujeres relevantes que pasaron por la capital. La inscripción a todas las actividades se realiza a través de la página web.

sábado, 5 de diciembre de 2015

#hemeroteca #historia #pr* | Cuando la pr* era legal en Málaga

Cuando la pr* era legal en Málaga.
¿Sabía que los prostíbulos pagaban impuestos en la época de los Reyes Católicos? ¿Y que las rameras se llamaban así porque colgaban de las puertas de sus casas ramas verdes que avisaban de su oficio? Una ruta (re)descubre todos estos secretos de la Málaga Moderna.
Diario Sur, 2015-12-05
http://www.diariosur.es/malaga-capital/201512/03/cuando-prostitucion-legal-malaga-20151202191328.html

Hubo una época en la que la prostitución era legal en Málaga. Sí, ha leído bien. No sólo era una costumbre aceptada y hasta bien vista socialmente, sino que además reportaba periódicamente una cantidad de impuestos a la Corona de España. Más curioso resulta aún que la Corona que se beneficiaba directamente de la actividad de los prostíbulos fuera la de los Reyes Católicos, que contaban hasta con la figura de un putero oficial, es decir, con el encargado de regular el negocio en diferentes ciudades. En el caso de Málaga, el singular título lo ostentaba Alonso Yáñez Fajardo, putero del Reino de Granada por obra y gracia de Isabel y Fernando y cuyo nombramiento oficial se guarda en el Archivo de Málaga.

La historia de las prostitutas, las rameras y los puteros que las regulaban forman parte de una época lejana y casi olvidada en Málaga, pero no por ello menos interesante y digna de ser rescatada del olvido. Así lo hace de nuevo la empresa de Gestión Cultural Cultopía, que desde hace unos años lucha por sacar a la luz la historia oculta de la ciudad. Por ejemplo, ésta que se desarrolla entre el año de la conquista de Málaga por parte de los Reyes Católicos (1489) y principios del siglo XVIII, cuando Felipe V (el primer Borbón) ya empieza a ver con malos ojos que la prostitución fuera una actividad regulada por ley.

Entre ambas fechas, sin embargo, en Málaga se hablaba de putas, rameras, queridas y puteros con la misma naturalidad con la que se conocían donde estaban, puerta por puerta, los principales prostíbulos. Todos ellos dependían precisamente del putero, que se encargaba de alimentar a las prostitutas, pagarles un médico y que tuvieran un lugar adecuado para ejercer. Como en todo, también en estos asuntos había clases y estatus: las crónicas de la época, que ahora saca a la luz el historiador e investigador malagueño Jorge Jiménez, constatan que los prostíbulos más lujosos estaban en el entorno de la plaza de la Constitución, cuyas callejuelas recibían el nombre de la calle de las Doce Revueltas (a la altura del callejón que hoy comunica la plaza de las Flores con la plaza de la Constitución, y que luego recibió el nombre de las Siete Revueltas). La plaza era el centro neurálgico de la ciudad, con el Ayuntamiento y la plaza de toros, y los “buenos negocios” iban a cerrarse, y a celebrarse, a los prostíbulos de la zona.

Allí no entraban las llamadas putas de arrabal -las que ejercían en las afueras de la ciudad, las de la clase más baja-, sino la puta de prostíbulo o incluso la ramera. Estas últimas representaban la parte más alta de en la escala de las trabajadoras del sexo, ya que se hacían con los favores de la alta sociedad, de los que conseguían incluso viviendas e incluso los medios para vivir mantenidas y “protegidas” de por vida. El hecho de que estuvieran al servicio de un hombre no excluía la posibilidad de mantener relaciones con otros. “Dependía del acuerdo al que llegaran”, constata Jiménez. Eso sí: había una condición para las rameras, que consistía en que tenían que colgar de la puerta de sus casas una rama verde para que todo el mundo supiera a qué se dedicaban (de ahí su nombre).

Calle Camas, una zona de referencia
Más allá del entorno de la plaza de la Constitución, y bajando en el 'escalafón' de los prostíbulos, la zona de la calle Camas también era un lugar de referencia en la época; de hecho lo ha seguido siendo hasta hace no tanto. Allí estaban las casas de prostitutas “más normalitas”, en palabras del historiador, que en muchos casos se mezclaban con posadas y fondas de las que hacían uso los viajantes que emprendían el camino de Antequera. El nombre de calle Camas viene, de hecho, de este tipo de negocios que en muchos casos ofrecían, además de cama, servicios de sexo.

El hecho de que el negocio de la prostitución estuviera regulado vía impuestos no implicaba necesariamente buenas condiciones de vida para las mujeres. Salvo en casos excepcionales, como el de las rameras que tenían ya a sus clientes exclusivos o las 'putas viejas ricas' que habían conseguido comprarse una casa después de años de trabajo, las penurias que sufrían estas mujeres también eran conocidas. Los alquileres que debían pagar al putero no eran baratos, tenían que hacer muchos servicios para tener sueldos dignos y, en la mayoría de los casos, lo único que tenían en propiedad eran su ropa. Tampoco la legalidad permitía una excesiva visibilización del negocio, ya que los Reyes Católicos toleraban la regulación de la prostitución siempre que ésta no atentara contra la moral y la salud pública.

La ruta
La ruta de los prostíbulos (legales) de la Málaga de la época incluye lugares no menos curiosos. Es el caso de la primera casa que se abrió en la ciudad para acoger a las prostitutas arrepentidas, es decir, aquellas que querían dejar atrás ese modo de vida y que se entregaban a la religión para “salvar su alma”. El primer hospicio de estas características se encontraba al lado de la Iglesia de San Juan, en la Calle Cinco Bolas, y fue impulsado precisamente por una de las nueras de Alonso Yáñez, el putero oficial de la ciudad. También fueron las arrepentidas durante una época al Convento del Císter, aunque acogerse a esta posibilidad tampoco era fácil. En primer lugar porque era complicado abandonar la prostitución cuando ese modo de vida era el que garantizaba el sustento -sobre todo en caso de mujeres en apuros económicos, viudas jóvenes o mujeres abandonadas- y en segundo lugar porque para acceder a estas casas había lista de espera. Y también requisitos, como por ejemplo ser católica-apostólica-romana, pertenecer al Obispado de Málaga o demostrar que ya se había intentado abandonar el oficio en alguna otra ocasión. Aunque fuera el más antiguo del mundo.