Mostrando entradas con la etiqueta PX#. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PX#. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de noviembre de 2018

#hemeroteca #abolicionismo | Nosotras, las abolicionistas

Imagen: Público
Nosotras, las abolicionistas.
Ana Bernal-Triviño · Periodista | Público, 2018-11-16
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/16626/nosotras-las-abolicionistas/

Siempre que acudo a una conferencia, me presento así: "soy periodista feminista radical abolicionista". Las cosas claras. A partir de entonces explico lo que yo defiendo, una comunicación abolicionista que esté comprometida desde la raíz con los derechos humanos de todas las mujeres.

Cuando me presento así lo digo sin miedo, a pesar de que durante un tiempo lo callaba por el qué dirán. Yo no nací abolicionista. Me hicieron abolicionista las mujeres prostituidas. Quizás lo que cuentan es tan duro, tan vomitivo, tan sangrante, que por eso no se escuchan. En los medios, sus testimonios no dan tanta audiencia ni clicks en comparación con el que casi siempre tiene espacio, el discurso de la prostitución como algo "empoderante" y "libre". Escuchar a una mujer prostituida denunciar que ha sido penetrada 20 veces en el día, obligada a tragar semen, que han defecado encima de ella o la estrangulaban mientras la violaban y le daban bofetadas... eso hace cambiar de canal. ¿Y por que hacen eso con ellas? Porque el putero paga y quien paga exige de ellas todo hasta reventarlas si es preciso. Es la mayor forma de violencia sexual y la más normalizada de todas.

A menudo, se nos dice a las abolicionistas: "¡no escucháis a las putas!" No hay nada más falso que eso, porque si a algo hemos estado acostumbradas ha sido a escuchar el discurso de "soy prostituta porque quiero". Quien lanza esa pregunta sabe que manipula desde el principio porque justo las mujeres prostituidas NO hablan. Son esclavas, están amenazadas, están atrapadas psicológicamente en el laberinto del miedo y la sumisión. Solo hablan cuando logran salir de la red y han sido respaldadas y apoyadas por redes de atención y protección. Así que dar voz solo a una parte de las prostitutas no es real, es ocultar y desinformar.

Casualmente yo devolvería la pregunta y les diría si ellas han escuchado a una mujer prostituida y víctima de trata porque entonces dudo, y mucho, el apoyo a un regulacionismo que las ataría de por vida y blanquearía su esclavitud. Pero demos un paso más allá. ¿Por qué en lugar de decirnos si hablamos con las prostitutas no cambiamos el foco de una vez? ¿Por qué nunca se dice que hablen los puteros y los proxenetas? Venga, que nos cuenten ellos mismos su concepto de mujer, qué piensan de nosotras, qué piensan hacer con las prostitutas, a qué se creen que tienen derecho, cómo explotan lo que ellos llaman "carne fresca". Si estamos comprometidas con todas las mujeres, que nos expliquen ellos por qué la mayoría de las mujeres prostituidas son emigrantes, de Nigeria principalmente, o mujeres trans. Ellas se merecen otra realidad más que nadie y o las sacamos del pozo entre todas o puteros y proxenetas las dejarán ahí, expuestas a la explotación y al peligro de ser asesinadas.

Yo crecí en la televisión con los argumentos del regulacionismo y, al principio, me tragué el cuento. Lo vendieron en los medios como lo moderno, lo normal, lo liberal. Cómo olvidar aquellos debates de 'Moros y Cristianos' y otros múltiples programas, cuando en verdad los propios proxenetas amenazaban a las familias de esas prostitutas si no acudían a los platós, obligadas a decir que "lo hacían porque querían".

Luego, imposible olvidar esa izquierda que ve capitalismo en todo menos en el cuerpo de la mujer. Esa izquierda que no deja mercantilizar la sanidad ni la educación, pero sí que nuestros cuerpos sean "medio de producción", la única "profesión" del mundo que lo tendría. La única izquierda que no sospecha que un patrón apoye a un sindicato de trabajadoras. La única izquierda que sabe que ese sindicato legitima como patrón a los proxenetas y el proxenetismo es delito. ¿Un poco raro, no? Yo fui engañada. Por los medios, por la sociedad, por el Estado que estigmatizaba a las putas pero no hacía ni una campaña contra los puteros y los proxenetas.

Se me vino el mundo encima cuando empecé a conocer la verdad ocultada y la tremenda red de cómplices. Esa sobre la que no hay cifras oficiales porque a las propias mafias no les conviene registrar a su cantidad de esclavas para la explotación sexual. Las esclavas a las que violan en la frontera de Melilla antes de asegurarse que cruzan la frontera para que la "carne llegue fresca" a los puticlubs. Las refugiadas a las que violan en videos para la industria pornográfica. No hay puta para tanto putero.

Así que leí, leí mucho. Necesitaba referentes más allá del regulacionismo. Busqué y ahí estaban esperándome, todas, para hablarme. Ahí estaba toda la historia del feminismo. A veces pienso que todas seríamos abolicionistas si no nos hubieran robado nuestra propia historia. También pienso que, quizás, por eso, nos la han ocultado. Para que todo se mantuviera igual que pretende el patriarcado. Si nos enseñaran historia feminista desde la escuela, si hubiésemos tenido como referentes a todas aquellas mujeres que desde el inicio del feminismo denunciaban una institución patriarcal como la prostitución, no estaríamos defendiendo la abolición en pleno siglo XXI porque estaría asumida en una sociedad democrática.

Yo, tan admiradora de la República, comprobé que se declaró abolicionista y que aquellas compañeras de Mujeres Libres combatían el mensaje de la prostitución en voz alta, señalando la raíz y el aumento de desigualdad que provocaría su regularización. Y me convencí de que nos robaron la historia y que tenemos que recoger el testigo de aquellas mujeres que allanaron el camino para continuar su trabajo, que el franquismo sepultó.

Así empecé a quitarme ese estigma que el regulacionismo difunde. Cuando hemos callado porque íbamos a parecer las "castas", las "puritanas", que no éramos las "modernas". En cambio, no hay nada más moderno que defender cada día los derechos humanos y hacer lo contrario de lo que desea el patriarcado. Y no hay nada más antiguo que replicar la misma defensa que puteros y proxenetas. Y porque no hay nada transgresor en prostituir el concepto de "libertad", porque esta solo existe cuando se parte de condiciones totales de igualdad.

Leer la historia feminista también hace despojarte de esas falsas ideas de puritanismo porque, si realmente sabemos de placer y de sexualidad, se lo debemos a las feministas radicales que, sin tapujos, reclamaban una vida sexual lejos de violencias y nos descubrieron una anatomía que había sido ignorada y ocultada. No hay nadie más sexual que las propias feministas. Han estado hablando toda la vida de ello. Otra cosa es que no hayan querido escucharlas. De la misma manera que todas las feministas hemos luchado para que la violencia de género se reconozca como tal, tenemos que conseguir que la prostitución se considere violencia sexual y ayudar a identificarla a quienes aún no lo ven.

Quede aquí este manifiesto como una reivindicación. Sabemos de dónde venimos, y por eso el estigma ya no está sobre las abolicionistas. El estigma debe estar en el patriarcado, en los prostituyentes, en los puteros, en los proxenetas. Quede aquí este manifiesto, que firmo, como el punto de partida, para que todas digamos en alto, cada vez más, que la abolición (que no prohibición) es la única alternativa para dar una salida digna y justa a las mujeres y para cambiar la mentalidad de los hombres, si es que queremos una educación igualitaria en el futuro.

El feminismo abolicionista es el único que tiene su propio discurso. Discurso que jamás coincide, en ninguna palabra, con el patriarcado. Por eso el abolicionismo es revolucionario. La batalla no está contra las prostitutas, jamás. La batalla está en el lenguaje y en las ideas. Porque ese día nos alejará a todas de ser consideradas cuerpos para ser consideradas personas. Porque ese día habremos llegado tarde para las mujeres prostituidas, asesinadas o suicidadas, pero habremos llegado a tiempo para las nuevas generaciones de mujeres. Ese día gritaremos que nosotras, las abolicionistas, lo hemos conseguido. Y ese día seremos todas libres.

domingo, 4 de marzo de 2018

#hemeroteca #pr* | Amelia Tiganus: “La sociedad asume un discurso px*: como las mujeres quieren, hay que dejarles ser pr*”

Imagen: Deia / Amelia Tiganus
Amelia Tiganus · Activista de Feminicidio_net: “La sociedad asume un discurso px*: como las mujeres quieren, hay que dejarles ser pr*”.
Amelia Tiganus es una activista feminista que trabaja en favor de los derechos humanos, después de haber conocido en su propia piel lo que es ser explotada sexualmente y lo que es ser víctima de trata.
Harri Fernández | Deia, 2018-03-04
http://www.deia.com/2018/03/04/sociedad/euskadi/la-sociedad-asume-un-discurso-proxeneta-como-las-mujeres-quieren-hay-que-dejarles-ser-prostitutas

La vida de Amelia Tiganus no ha sido para nada fácil. Nació en Galati, Rumania, y desde muy joven sufrió abusos y después fue explotada sexualmente durante cinco años en el Estado español. Ahora vive en Gipuzkoa y es una activista feminista que lucha por los derechos humanos de las mujeres. Actualmente, es secretaria y coordinadora de formación ‘online’ de Feminicidio_net.

- ¿Le resulta duro rememorar su historia tanto en sus talleres como en entrevistas como esta?
- Me genera bienestar. Siento que estoy sanando a través del relato. Encontré la respuesta cuando oí a un terapeuta decir que hay varias maneras por las cuales la gente responde al trauma y ponía el ejemplo de los campos de concentración nazis. Tras ser liberados, algunos se suicidaron, otros se callaron y otros tuvieron que hablar para poder sobrevivir. Además, creo que estoy aportando cosas y documentando lo que la industria del sexo no quiere que se sepa.

- ¿Qué es para usted la prostitución?
- La prostitución es ese lugar en el neoliberalismo en el que la violencia sexual queda justificada por el intercambio de dinero. Es ahí donde la mayoría de los hombres tienen acceso a ejercer esa violencia sexual. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos violaciones en grupo pero tenemos que saber que hay un lugar en concreto donde se llevan a cabo esas prácticas, donde se entrenan para ejercerlas con todas nosotras.

- A usted también la violaron.
- Antes de ese momento ya había sufrido el desamor de mis padres. Nunca me ha faltado alimento, ni he pasado frío, pero me sentía desprotegida. Yo era una buena estudiante y como niña que era quería demostrar que me merecía ese amor. Con trece años todo eso cambió cuando cinco chicos jóvenes me violaron. Pero eso no fue lo peor; apenas recuerdo nada de aquello.

- ¿Y qué fue lo peor?
- La sociedad me marginó y me señaló como puta. Los adultos que debían haber tomado partido a mi favor se encargaron de culpabilizarme.

- ¿Y después?
- Las violaciones se volvieron sistemáticas. Abandoné los estudios por toda la presión que sufría. Tenía dos opciones: suicidarme o aceptar el papel que me habían impuesto. Es decir, dejar de resistirme. Además, me convencieron de que mi mejor destino era ser prostituta.

- ¿Cuánto tiempo vivió esa situación?

- Desde los trece hasta los 17 y medio. Uno de esos hombres me dijo que si quería me presentaba a otro que me iba a ayudar a salir del país. Me vendió a un proxeneta por 300 euros. Acepté porque me creí todo lo que me habían dicho: que si era lista en un par de años podía tener una casa, un coche y una vida tranquila.

- ¿Viajó inmediatamente?
- Me tuvieron recluida seis meses en Rumania, en un piso en el que me enseñaban cómo ser una buena profesional. Por allí pasaban un montón de hombres... Se entiende de qué iba el tema. Nos recalcaban que teníamos que ser listas y usar nuestras armas de mujer, lo que hoy el día el neoliberalismo llama el capital erótico.

- ¿Usted daba su consentimiento para todo ello?
- Era un consentimiento limitado. Hay que tener cuidado cuando se habla de esto. Parece que si consientes, lo que te ocurre es tu responsabilidad y nadie va más allá de ello. En aquella situación pensaba que ni siquiera tenía derecho a quejarme. Pensaba que toda esa situación la había buscado yo, porque era lo que me habían dicho toda la vida. La sociedad tiene asumido ese discurso proxeneta: como las mujeres quieren, hay que dejarlas.

- No obstante, hay mujeres y prostitutas que abogan por la regularización. Un ejemplo es María Riot.

- Yo lucho por los derechos humanos de las mujeres. Otras luchan por su pan. Hay una diferencia muy grande entre defender algo global y algo personal. Lo que yo no entiendo es cómo se pone en el centro del debate la libre elección, cuando no tenemos acceso a ella. Cómo podemos poner como eje la legalización de algo tan destructivo y no ponemos en el centro el proxenetismo, la masculinidad tóxica… Que haya mujeres que a nivel personal e individual hayan elegido ser prostitutas no significa que deba ser regulado. Me parece bien que lo hagan como algo privado, pero regularlo significa que tiene que ser un trabajo para todas nosotras. Ha habido una lucha constante por la liberación de las mujeres. Hemos podido estudiar, tener una carrera, emanciparnos… Y ahora qué vamos a dejar a nuestras hijas, ¿el derecho a ser prostitutas?

- ¿Qué sintió cuando llegó a España?
- Cumplidos los 18 viajé a Alicante. Cuando llegué al primer prostíbulo lo pasé bastante mal porque no se parecía en nada a lo que me habían contado. Nadie me explicó que cada dos minutos debía salir a competir con otras para convencer a un hombre de que yo era la mejor pieza a comprar.

- ¿Tenía una deuda adquirida con el proxeneta?

- Sí, la pagué a las tres semanas. Decían que adquirí una deuda de 3.000 euros por los seis meses en los que estuve en aquel piso en Rumania, por el viaje y el pasaporte. El trato era que a partir de ese momento las ganancias se repartían al 50% entre el proxeneta y yo. Cuando llegó ese momento me percaté de que de mi mitad me quitaban una gran parte por el alojamiento en el prostíbulo, la comida, la ropa, los perfumes, el alcohol, la cocaína que me hacían tomar... Veía que me estaban desplumando.

- ¿No intentó irse?
- Me escapé un día, cuando un policía avisó al proxeneta que esa noche iba a haber redada. Esa noche todas teníamos pasaporte y las que tenían apariencia de ser menores de edad, no estaban. Pedí a varios puteros que me llevaran a otro sitio. La mayoría se negaron, pero uno accedió a llevarme a otro prostíbulo. En aquel entonces seguía engañada y pensaba que aún podía conseguir todo lo que me habían prometido.

- Pero no fue así.
- No. Estuve cinco años y pasé por más de 40 prostíbulos. Y la dinámica de todos ellos para quitarnos el dinero era la misma: nos empujaban a engancharnos al alcohol y la cocaína, porque se suponía que así ganaríamos más dinero. Cambiábamos de campo de concentración, como yo los llamo, cada 21 días.

- Se quedó atrapada por el sistema.

- Es una experiencia concentracionaria, que te anula. Hay quien te pregunta: “¿Por qué no salías?” La puerta estaba abierta pero, ¿adónde íbamos a ir? No participábamos en el tejido social. Tampoco teníamos fuerzas después de trabajar doce horas sometidas, a disposición del putero y del proxeneta.

- ¿Y acudir a la Policía?
- Vengo de un país donde la Policía es muy corrupta, ya he contado cómo me escapé del primer prostíbulo, también había policías puteros... No era la salida que más confianza me daba.

- ¿Se sentía atrapada?
- En los casos más brutales existen cadenas físicas, pero también las hay psicológicas, que atan y son más difíciles de detectar y de romper.

- La soledad sería absoluta.

- La activista Sonia Sánchez dice que la soledad de la puta es estremecedora. Sobre todo te encuentras sola cuando quieres contar cosas que nadie quiere escuchar.

- ¿Ha sentido también soledad por parte del Estado?

- Sí, vivimos en un Estado proxeneta, que se lucra del dinero que se genera de la prostitución y la trata. En el año 2014, Jorge Fernández Díaz dijo que la prostitución generaba al día cinco millones de euros y a partir de ese año ese dinero se incluye en el cálculo del PIB. Ese dinero es fruto del sufrimiento, de la tortura y de la devaluación de las putas. Podríamos añadir que en este Estado no hay una ley integral contra la trata.

- ¿Usted era consciente de que había sido víctima de trata?
- Lo hice muchos años después, cuando empecé a formarme en feminismo y descubrí el protocolo de Palermo, donde se especifica en qué condiciones se da la trata. Con cumplir una sola de ellas, ya se es víctima. Me quedé muy impactada por aquello. Ha sido necesario que yo me forme en algo específico para descubrirlo. Después de esos cursos también desarrollé lo que yo llamo el proceso de fabricación de la puta.

- ¿Cómo se construye una puta?
- Me puse a pensar qué ha pasado en mi vida para que yo quiera dejar de estudiar y para que dentro de un contexto determinado acepte, de cierta manera, prostituirme. ¿Cómo ha ocurrido esto? La puta se fabrica quebrando a una mujer, rompiéndola, deshumanizándola… Estoy en contacto con otras mujeres que han salido de la prostitución o están en ello y me doy cuenta de que todo es parecido.

- ¿Cuántas prostitutas puede haber en el Estado víctimas de trata?

- Se manejan muchas cifras y fuentes. Yo creo que la inmensa mayoría. Rondará el 90% como afirman varias asociaciones. Pero es muy difícil de detectar una víctima de trata aunque la tengas delante.

- ¿Cómo consiguió salir de la prostitución?
-No aguantaba más. Estaba muy agresiva y eso me traía mala fama. Comencé a acumular deuda con el prostíbulo. Pedí a un putero que me llevase a su casa para encontrar trabajo, lo hice a los tres días en un restaurante de un municipio de Tolosaldea, a pocos kilómetros de mi último prostíbulo. Estuve diez años y medio en ese trabajo.

- ¿Cómo se reconstruye una vida después de vivir lo que ha vivido?
- Empecé a trabajar un domingo de camarera. Y muchos de los puteros venían a hacer el hamaiketako o a tomar el vermouth con sus familias. Ellos cuchicheaban cuando me veían. Después conocí a mi pareja, con la que llevo nueve años. Y cuando mejor estaba, cuando tenía todo lo que había soñado, caí en depresión. Solo pensaba en suicidarme, pensaba que no me merecía todo eso. Me habían dicho tantas veces que no valía nada...

- ¿No recibió atención?
- Fui al psiquiatra, y me dieron pastillas. Me recordaba mucho a cuando me daban alcohol y cocaína en el prostíbulo para no sentir y para no pensar. No tenía ganas de suicidarme, pero tampoco de nada más. Como soy muy inquieta empecé a leer compulsivamente, hasta que descubrí el feminismo y cuando descubrí la existencia del patriarcado lo entendí todo. Vi que lo que me había ocurrido no era algo personal, sino parte de un gran entramado. Dejé de sentir esa vergüenza y me quité el estigma.

- Y empezó a contar su historia.
- Ha habido gente que me ha dejado de saludar y que no me ha podido volver a mirar a los ojos. Entiendo que no es algo personal, entiendo que puedo ser incómoda. Porque saco una realidad que está muy cerca de nosotros. También ha habido muchos que me han apoyado.

- ¿Existe un perfil del putero?
- No hay un perfil porque lo único que tienen en común es que son hombres que se piensan que las mujeres hemos nacido para satisfacer sus deseos. E, incluso, los que van porque necesitan afecto anteponen sus problemas a la situación de la otra persona. Pueden coger ese dinero e ir a terapia. Entran desde jóvenes atractivos con dinero, deportistas, informáticos, a adultos casados o solteros, mayores, empresarios, sindicalistas, jueces… El prostíbulo es donde los hombres dejan a un lado todas las diferencias. No obstante, cada vez hay más consumo de chicos jóvenes y las prácticas que llevan a cabo son muy violentas porque a su vez son consumidores de pornografía dura desde edades más tempranas.

- En un estudio de Feminicidio_net se afirma que el número de prostitutas asesinadas desde 2010 hasta la actualidad son 40.
- La gran mayoría son asesinadas por puteros. La brutalidad que sufren en muchos casos es desmesurada. No es algo individual, es matar para la fratría. Piensan que las prostitutas son lo peor y que deben ser castigadas. Destruir a una mujer así es un acto simbólico y ni siquiera están reconocidos como asesinatos machistas.

- ¿Que no se reconozcan las muertes de las prostitutas como asesinatos machistas entra dentro de la idea del Estado proxeneta?
- Sí, son mujeres desechables, de usar y tirar. Hablamos de asesinadas, pero no perdamos de vista las desaparecidas. Si teniendo un cuerpo nada importa, ¿a quién le va a importar una puta desaparecida? Hay que exigirle al Estado que haga su papel y que ponga a disposición de todas las mujeres todo lo necesario. Y si no tiene capacidad que lo reconozca, que no diga que lucha por la igualdad y que diga que va a legalizar el trabajo sexual. Eso es cruel, no nos lo merecemos.
  • Las claves
  • “Creo que las prostitutas víctimas de trata rondan el 90% del total, tal y como afirman varias fuentes y organizaciones”
  • “No hay un perfil del putero. Solo tienen en común que piensan que las mujeres hemos nacido para satisfacer sus deseos”
  • “Existe lo que llamo un proceso de fabricación de la puta, se consigue quebrando a la mujer, rompiéndola y deshumanizándola”
  • “Los jóvenes cada vez consumen más prostitución y de una manera más violenta, debido al consumo de la pornografía dura”

sábado, 5 de diciembre de 2015

#hemeroteca #historia #pr* | Cuando la pr* era legal en Málaga

Cuando la pr* era legal en Málaga.
¿Sabía que los prostíbulos pagaban impuestos en la época de los Reyes Católicos? ¿Y que las rameras se llamaban así porque colgaban de las puertas de sus casas ramas verdes que avisaban de su oficio? Una ruta (re)descubre todos estos secretos de la Málaga Moderna.
Diario Sur, 2015-12-05
http://www.diariosur.es/malaga-capital/201512/03/cuando-prostitucion-legal-malaga-20151202191328.html

Hubo una época en la que la prostitución era legal en Málaga. Sí, ha leído bien. No sólo era una costumbre aceptada y hasta bien vista socialmente, sino que además reportaba periódicamente una cantidad de impuestos a la Corona de España. Más curioso resulta aún que la Corona que se beneficiaba directamente de la actividad de los prostíbulos fuera la de los Reyes Católicos, que contaban hasta con la figura de un putero oficial, es decir, con el encargado de regular el negocio en diferentes ciudades. En el caso de Málaga, el singular título lo ostentaba Alonso Yáñez Fajardo, putero del Reino de Granada por obra y gracia de Isabel y Fernando y cuyo nombramiento oficial se guarda en el Archivo de Málaga.

La historia de las prostitutas, las rameras y los puteros que las regulaban forman parte de una época lejana y casi olvidada en Málaga, pero no por ello menos interesante y digna de ser rescatada del olvido. Así lo hace de nuevo la empresa de Gestión Cultural Cultopía, que desde hace unos años lucha por sacar a la luz la historia oculta de la ciudad. Por ejemplo, ésta que se desarrolla entre el año de la conquista de Málaga por parte de los Reyes Católicos (1489) y principios del siglo XVIII, cuando Felipe V (el primer Borbón) ya empieza a ver con malos ojos que la prostitución fuera una actividad regulada por ley.

Entre ambas fechas, sin embargo, en Málaga se hablaba de putas, rameras, queridas y puteros con la misma naturalidad con la que se conocían donde estaban, puerta por puerta, los principales prostíbulos. Todos ellos dependían precisamente del putero, que se encargaba de alimentar a las prostitutas, pagarles un médico y que tuvieran un lugar adecuado para ejercer. Como en todo, también en estos asuntos había clases y estatus: las crónicas de la época, que ahora saca a la luz el historiador e investigador malagueño Jorge Jiménez, constatan que los prostíbulos más lujosos estaban en el entorno de la plaza de la Constitución, cuyas callejuelas recibían el nombre de la calle de las Doce Revueltas (a la altura del callejón que hoy comunica la plaza de las Flores con la plaza de la Constitución, y que luego recibió el nombre de las Siete Revueltas). La plaza era el centro neurálgico de la ciudad, con el Ayuntamiento y la plaza de toros, y los “buenos negocios” iban a cerrarse, y a celebrarse, a los prostíbulos de la zona.

Allí no entraban las llamadas putas de arrabal -las que ejercían en las afueras de la ciudad, las de la clase más baja-, sino la puta de prostíbulo o incluso la ramera. Estas últimas representaban la parte más alta de en la escala de las trabajadoras del sexo, ya que se hacían con los favores de la alta sociedad, de los que conseguían incluso viviendas e incluso los medios para vivir mantenidas y “protegidas” de por vida. El hecho de que estuvieran al servicio de un hombre no excluía la posibilidad de mantener relaciones con otros. “Dependía del acuerdo al que llegaran”, constata Jiménez. Eso sí: había una condición para las rameras, que consistía en que tenían que colgar de la puerta de sus casas una rama verde para que todo el mundo supiera a qué se dedicaban (de ahí su nombre).

Calle Camas, una zona de referencia
Más allá del entorno de la plaza de la Constitución, y bajando en el 'escalafón' de los prostíbulos, la zona de la calle Camas también era un lugar de referencia en la época; de hecho lo ha seguido siendo hasta hace no tanto. Allí estaban las casas de prostitutas “más normalitas”, en palabras del historiador, que en muchos casos se mezclaban con posadas y fondas de las que hacían uso los viajantes que emprendían el camino de Antequera. El nombre de calle Camas viene, de hecho, de este tipo de negocios que en muchos casos ofrecían, además de cama, servicios de sexo.

El hecho de que el negocio de la prostitución estuviera regulado vía impuestos no implicaba necesariamente buenas condiciones de vida para las mujeres. Salvo en casos excepcionales, como el de las rameras que tenían ya a sus clientes exclusivos o las 'putas viejas ricas' que habían conseguido comprarse una casa después de años de trabajo, las penurias que sufrían estas mujeres también eran conocidas. Los alquileres que debían pagar al putero no eran baratos, tenían que hacer muchos servicios para tener sueldos dignos y, en la mayoría de los casos, lo único que tenían en propiedad eran su ropa. Tampoco la legalidad permitía una excesiva visibilización del negocio, ya que los Reyes Católicos toleraban la regulación de la prostitución siempre que ésta no atentara contra la moral y la salud pública.

La ruta
La ruta de los prostíbulos (legales) de la Málaga de la época incluye lugares no menos curiosos. Es el caso de la primera casa que se abrió en la ciudad para acoger a las prostitutas arrepentidas, es decir, aquellas que querían dejar atrás ese modo de vida y que se entregaban a la religión para “salvar su alma”. El primer hospicio de estas características se encontraba al lado de la Iglesia de San Juan, en la Calle Cinco Bolas, y fue impulsado precisamente por una de las nueras de Alonso Yáñez, el putero oficial de la ciudad. También fueron las arrepentidas durante una época al Convento del Císter, aunque acogerse a esta posibilidad tampoco era fácil. En primer lugar porque era complicado abandonar la prostitución cuando ese modo de vida era el que garantizaba el sustento -sobre todo en caso de mujeres en apuros económicos, viudas jóvenes o mujeres abandonadas- y en segundo lugar porque para acceder a estas casas había lista de espera. Y también requisitos, como por ejemplo ser católica-apostólica-romana, pertenecer al Obispado de Málaga o demostrar que ya se había intentado abandonar el oficio en alguna otra ocasión. Aunque fuera el más antiguo del mundo.