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viernes, 15 de marzo de 2024

#hemeroteca #transfobia | El fraude es la ley

Debate 'trans' en 'Y ahora Sonsoles', en Antena 3, el 7 de marzo //

El fraude es la ley

Con la ‘ley trans’ es imposible saber si Juanjo es o no mujer a menos que la Fiscalía o la propia Federación Estatal LGTBI+ tengan algún modo de penetrar en su psique para descubrir de qué sexo se siente
Najat El Hachmi | El País, 2024-03-15

https://elpais.com/opinion/2024-03-15/el-fraude-es-la-ley.html 

En las últimas semanas han aparecido en televisión “mujeres” que nacieron hombres y han decidido cambiar su sexo registral conservando una apariencia típicamente masculina e incluso su nombre de toda la vida. Sorpresa ninguna para quienes leímos la ley trans, que no establece requisitos para transitar administrativamente en aras de la despatologización y porque ya en el preámbulo se nos recuerda que “el derecho al cambio registral de la mención al sexo se basa en el principio de libre desarrollo de la personalidad y constituye igualmente una proyección del derecho fundamental a la intimidad personal”. Así que si Juanjo le dice a Sonsoles Ónega, con toda su barba, que es mujer, ¿quién va a negarle su derecho a la intimidad personal? Pues quien ha salido a denunciar estos casos tildándolos de fraudulentos es la Federación Estatal LGTBI+. Afirman que Juanjo y sus amigos no son “trans” de verdad y que se están burlando de la ley. ¿Cómo lo saben? ¿Cómo y quién decide quién es “trans” de verdad si los exámenes médicos que certificaban la disforia persistente han sido borrados de la ley? ¿Cómo vamos a saber si Juanjo se siente o no mujer si mujer es cualquiera que se sienta mujer?

La federación insta a la Fiscalía a actuar contra estos usurpadores de la condición “trans”, pero ¿cómo? ¿Qué pruebas se pueden aportar para demostrar el fraude? Ninguna, puesto que la ley legisla sobre sentimientos y a menos que reinstauremos el pecado de pensamiento es imposible acceder a las profundidades del alma de Juanjo y sus musculados colegas para saber si son mujeres de verdad o mienten. Cuando en su día surgió esta posible consecuencia de la norma se le preguntó a Joaquim Bosch por el asunto y el magistrado respondió que habría que comprobar que la persona “trans” se comportaba según su nuevo sexo registral. ¿Y eso qué quiere decir? ¿Cómo es comportarse como un hombre o como mujer? ¿Volvemos a los estereotipos según los cuales alguien es femenino si lleva el pelo largo, se expresa con ademanes característicos y se pone vestidos? Pues anda que no habría mujeres en el Vaticano con tanta falda. Y en mi pueblo con tanta chilaba. Con la ley trans es imposible saber si Juanjo es o no mujer a menos que la Fiscalía o la propia federación LGTBI+ tengan algún modo de penetrar en su psique para descubrir de qué sexo se siente. Además de que les podría caer una buena multa por “patologizar” lo que es una identidad y, como nos han repetido tantas veces desde el activismo por los derechos “trans”, solo una persona “trans” sabe que es “trans”.

sábado, 30 de junio de 2018

#hemeroteca #interseccionalidad | La trampa de la interseccionalidad

Imagen: El Periódico / Ilustración de Leonard Beard
La trampa de la interseccionalidad.
Entretenidos en buscar el discurso más contestatario, olvidamos que la gran diferencia que no es otra que la de siempre: la desigualdad.
Najat El Hachmi | El Periódico, 2018-06-30
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20180630/articulo-opinion-najat-el-hachmi-la-trampa-de-la-interseccionalidad-6915943

Últimamente me siento muy blanca, muy heterosexual, incluso un poco hombre. En vez de hija de la inmigración me dicen que soy un sujeto racializado, que no sé exactamente lo que quiere decir pero parece que quienes me hablan lo tienen muy claro. ¿De qué raza soy? No lo sé, me quedé con la idea que me transmitieron mis profesores: que la raza no existe cuando hablamos de seres humanos.

Me cuentan que mi feminidad y mi heterosexualidad son simples construcciones sociales que tengo que desmontar pero a la vez me dejan muy claro que en mi caso no puedo ser feminista sin más, que tengo que buscarme lo que me corresponda por procedencia y defenderlo a muerte. Si voy por este camino me encuentro con que tendría que adscribirme al feminismo islámico y decir que el islam es feminista, el pañuelo, liberador, conformarme con no tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, no casarme con alguien que no sea musulmán, que mi testimonio valga la mitad que el de un hombre, recibir en herencia la mitad que mi hermano varón, relativizar el control sobre el cuerpo y la sexualidad que he vivido desde pequeña y negar el sufrimiento de millones de mujeres sometidas al poder patriarcal de la religión.

Mi religión de procedencia
Yo no tendría que permitirme el lujo de hacerme del club opresor del desteñido feminismo laico, aburrido y sospechosamente occidental, no puedo aspirar a defender los mismos derechos como mujer fuera del marco religioso porque, esto también me lo dicen mucho últimamente, las feministas blancas me han colonizado haciéndome creer que en tanto que mujeres compartimos las mismas reivindicaciones y tengo que hacer lo que sea para sacármelas de encima. También me dejan claro que sus opiniones sobre mi religión de procedencia no son válidas porque son un grupo dominante que me somete.

Defender la religión también tendría que estar entre mis prioridades, no basta con reclamar libertad de culto, tengo que darme cuenta de una vez que la laicidad es una imposición imperialista, que no se puede pretender convertirla en valor universal. Por cierto que también me instan a poner en cuestión estos valores tan repugnantemente etnocéntricos como la igualdad, la libertad...

No puedo hablar de fundamentalismo, es un tema que saca la extrema derecha para justificar su racismo. De hecho no tengo que hablar de racismo, tengo que hablar de islamofobia. En nombre de la lucha contra la islamofobia tengo que negar la existencia de corrientes de extrema derecha de raíz musulmana. Cuestionar la religión es muy antiguo, casi 'vintage' y la separación entre esta y el Estado una obsesión occidental.

La culpable de la exclusión
La ley de extranjería es, por supuesto, la culpable de toda la exclusión que sufren las mujeres migrantes (se dice migrantes, no inmigrantes). El machismo en el que han crecido en origen es secundario comparado con el que impone la sociedad de acogida. Por todo esto, tendría que articular mi lucha en clave interseccional o 'decolonial' o ambas a la vez, establecer nítidamente mi diferencia y convertirla en una bandera para demostrar que la sociedad democrática en la que vivo no lo es tanto como había creído, ingenua de mí.

Escuchando algunos discursos sobre alteridad, discriminación, diversidad, etcétera, me da la impresión de que no hablan de mí. Si la discriminación ha sido tradicionalmente ejercida por poderosos de todo tipo, clasistas, machistas y racistas, ahora parece que sean los propios discriminados los que construyen un espacio de lucha disidente en el que no faltan las expulsiones sumarias y la exclusión sin más. Se define quién pertenece o no al grupo oprimido en cuestión y se deja fuera cualquiera que no comulgue al pie de la letra con todos los principios defendidos, se interpreta como ataque cualquier idea que se aleje de estos y se piden credenciales de pertenencia para deslegitimar los argumentos en contra de las propias tesis.

En el caso de que las críticas vengan de un igual, alguien que cumple los requisitos para formar parte del grupo, la respuesta será expulsarlo sentenciando que sufre autoodio o es un desclasado que ha dado la espalda a los suyos o bien se trata de un 'native informant'. Se descartan así las voces distintas dentro del mismo grupo hasta convertirlo en un espacio cerrado y asfixiante. ¿Quién decide la constitución del grupo minoritario? ¿Quién establece los requisitos necesarios para formar parte de él? Pues los autoproclamados portavoces de las minorías que, a golpe de activismo de clic, arrastran más por el lado de la provocación que por la de la reflexión. Mientras tanto, entretenidos en encontrar el lenguaje más alternativo, el discurso más ferozmente contestatario, nos hemos olvidado de la gran diferencia que no es otra que la de siempre, la desigualdad, la brecha entre ricos y pobres, la exclusión económica.

lunes, 5 de febrero de 2018

#hemeroteca #machismo #testimonios | Najat El Hachmi: "El machismo en el Rif forma parte del sistema y la cotidianidad"

Imagen: El Periódico / Najat El Hachmi
Najat El Hachmi: "El machismo en el Rif forma parte del sistema y la cotidianidad".
La escritora da voz en 'Mare de llet i mel' a las mujeres que como su madre formaron parte de la primera generación de inmigrantes marroquís que llegaron a Catalunya hace 30 años.
Anna Abella | El Periódico, 2018-02-05
http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20180205/entrevista-najat-el-hachmi-mare-llet-mel-6591873

"Son mujeres que no son dueñas de sus vidas ni de sí mismas. Que viven a la espera de que otros decidan por ellas. Que de muy pequeñas, ya con 5 años, llevan a sus hermanos a la espalda y hacen trabajos muy duros en el campo. Y están a merced del destino que les ha tocado, que significa un matrimonio concertado con hombres que apenas conocen". Su vida es un bucle que consiste en trabajar, embarazarse y criar hijos. Así denuncia Najat El Hachmi (Beni Sidel, 1979) la represiva existencia de las mujeres nacidas en el Rif marroquí, su lugar de origen, que sufren un “machismo que forma parte del sistema y la cotidianidad”. Tras ‘L’últim patriarca’ (Premi Ramon Llull 2008) y ‘La filla extranjera’ (Premi Sant Joan 2015), donde abordó las figuras del padre y la hija, cierra ahora un tríptico muy personal con ‘Mare de llet i mel’ (Edicions 62 / en castellano, en Destino), donde da voz a las mujeres de la generación de su madre, que formó parte la primera ola de inmigrantes que llegaron a Catalunya hace 30 años.

El Hachmi, que ahora vive en Barcelona y logró huir de aquel destino, tenía ocho años cuando llegó a Vic con su madre, que en la novela inspira el personaje de Fatima, de quien se remonta a su infancia y juventud en el Rif a la vez que da cuenta de su “soledad” y de la “dureza y coraje” que demostró al seguir los pasos del marido emigrado, ya adulta, casada y con una hija pequeña, hacia un país desconocido, sin conocer la lengua ni a nadie, ni saber leer y escribir.

“La novela me ha ayudado a recuperar mi origen. Ha sido liberador entender que el machismo es universal, que en cada lugar se muestra de forma diferente y que no lo he vivido solo por venir del Rif –señala durante la entrevista la escritora y columnista de El Periódico-. En el Rif todo el sistema vulnera los derechos de las mujeres. Desde niñas se les enseña cuál es su papel y la vida cotidiana construye un tejido de prohibiciones que generan malestar consigo mismas y su sexualidad: te enseñan que como mujer, tu cuerpo es conflictivo y tiene una carga negativa. Lo desconoces todo porque no osas ni tocarlo”.

Culpa ante la agresión sexual
Y ello intensifica otro sentimiento: “La culpa. Si eres agredida es por haberte mostrado de una determinada forma o haber mirado a los ojos a los hombres, que entonces creen que ya te pueden acosar. Crees que la defensa ante posibles agresiones sexuales es taparte, encerrarte en casa, no fiarte nunca de los hombres porque todos son iguales en todas partes y buscarán lo mismo en ti...”.

“Las mujeres son extranjeras desde que nacen”, continúa El Hachmi. Porque en casa del padre “no tienen una habitación propia”, la comparten con hermanas. Y cuando se casan su habitación es la del marido en casa de la familia de este, donde viven además los hermanos de él, las cuñadas, los suegros... “Allí, su vida depende del trato que reciba por parte de todos ellos, a menudo lleno de envidias. Por ello, las que inmigraron a España hallaron por primera vez un lugar que era suyo, que se hicieron suyo, por eso echaron raíces aquí y no quieren volver a su país”.

Para la autora, el sistema machista ayuda a la impunidad. “Una mujer que denuncia injusticias es automáticamente juzgada, calificada de problemática y culpabilizada. Para poner en duda el sistema es fundamental la educación, cultura y que la sociedad tome conciencia”. Aunque a veces, advierte, “la educación, vehiculada por adoctrinamientos religiosos, se ha usado como herramienta para perpetuar los esquemas de discriminación”.

“La conciencia global de feminismo” que se respira ahora la ha ayudado a entender que el machismo no es solo un problema suyo. Comprende que las mujeres como su madre (que aún no sabe que ha escrito la novela basándose en ella) “no pudieran cambiar su realidad porque no podían acceder a la escolarización ni a un trabajo remunerado”. Pero alerta de que ella misma, “tras años de creer en el mito de que aquí el machismo estaba superado porque había igualdad de derechos ves que la igualdad social no se ha logrado”.

Da cuenta también El Hachmi de cómo muchas mujeres veían en los 70 cómo sus maridos emigrados sufrían “el mal de la desmemoria” y se olvidaban de que tenían esposa e hijos en sus pueblos de origen, tardando años en regresar. “Y entonces aquellas mujeres hicieron algo revolucionario: reivindicaron ir con ellos y muchas lo hicieron”, como ocurrió con su madre, con la que se siente “en deuda porque, a pesar de haber huido de ese mundo, gracias a su sufrimiento y sacrificio”, ella tiene la vida que tiene.

Los moros de Franco, de mayoría rifeña
En estas mujeres del Rif reconoce El Hachmi sus orígenes. “Como escritora nací entre las historias que ellas explicaban oralmente y que oí hasta los ocho años”. Se plantea hoy recuperar esos relatos antes de que se olviden porque ahora ya no los cuentan: “solo ven horribles telenovelas turcas dobladas al árabe...”.

En otras historias, las del Rif, -una zona olvidada y castigada históricamente por Hasán II, padre del actual rey, Mohamed VI- también se propone investigar, sobre todo después de saber recientemente que los “moros de Franco”, con las que este aterrorizaba a la población durante la guerra civil, “eran mayoritariamente rifeños”, de la zona de donde viene. “La mayoría fueron con Franco por un saco de harina porque había un hambre tremenda”. Y en la guerra del Rif, añade, “se usaron armas químicas contra el pueblo por resistirse a la invasión colonial”. Pero eso será otra historia.

martes, 30 de enero de 2018

#libros #mujeres #testimonios | Madre de leche y miel

Madre de leche y miel / Najat El Hachmi ; traducción de Rosa Maria Prats.
Barcelona : Destino, 2018 [01-30].
384 p.
Colección: Áncora & Delfín.
ISBN 9788423353378 / 20,50 €

/ ES / NOV
/ Catalunya / Literatura / Marruecos / Mujeres / Población migrante / Población musulmana / Testimonios

‘Madre de leche y miel’ narra en primera persona la historia de una mujer musulmana del Rif, Fátima, que ya adulta, casada y madre, deja atrás a su familia y el pueblo donde ha vivido siempre, y emigra con su hija a Cataluña, donde lucha para tirar adelante. En esta historia se narran las dificultades de esta inmigrante, además del desajuste entre todo lo que ha vivido hasta ahora, y en lo que creía, y este nuevo mundo. También se narra su lucha para tirar adelante y dar un futuro a su hija. Articulada como un relato oral en que Fátima vuelve al cabo de los años de visita a la casa familiar y cuenta a sus siete hermanas todo lo que ha vivido, ‘Madre de leche y miel’ nos ofrece una visión profunda y convincente de la experiencia de la inmigración desde el punto de vista de una mujer musulmana, madre, que vive sola, sin el apoyo de su marido. Y a la vez nos ofrece un fresco completo de lo que supone hoy en día ser mujer en el mundo rural musulmán.

Najat El Hachmi nace en Marruecos, cuando su padre ya había emigrado a Cataluña, y a los ocho años se traslada a vivir a Vic. Es licenciada en filología árabe por la Universidad de Barcelona. Escribe desde los once años, al principio como entretenimiento, pero poco a poco la escritura se fue convirtiendo en una vía para canalizar la inquietud de sentirse de dos sitios a la vez y en una manera de acercar estos dos mundos a los que pertenece. En 2004 publicó el libro ‘Yo también soy catalana’. Asimismo, colabora como tertuliana radiofónica y publica artículos en la prensa escrita. ‘El último patriarca’ recibió el Premio Ramon Llull 2008, el Prix Ulysse a la primera novela 2009 y fue finalista del Prix Méditerranée Étranger 2009; y ha sido traducida a numerosas lenguas, como el inglés, francés, italiano, portugués, turco, rumano y árabe. En 2015 publicó ‘La hija extranjera’.