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jueves, 16 de mayo de 2019

#hemeroteca #trans #documentales | 'Me llamo Violeta', el documental que retrata la vida de la hija trans de Nacho Vidal

Imagen: El Diario / Fotograma de 'Me llamo Violeta'
'Me llamo Violeta', el documental que retrata la vida de la hija trans de Nacho Vidal.
El reportaje aborda la realidad de las personas trans, que afrontan multitud de obstáculos, el primero de ellos el cambio de nombre en el registro civil. La experiencia de Violeta es un caso de éxito dentro de este colectivo, pero el film también refleja el caso de Alan, un menor que se suicidó víctima de ‘bullying’ escolar. Esta película forma parte de la 22ª edición del DocsBarcelona, el festival de cine documental que hasta el 25 de mayo ofrece una muestra de 41 documentales.
Edgar Sapiña | El Diario, 2019-05-16
https://www.eldiario.es/nidos/Violeta-documental-retrata-Nacho-Vidal_0_899760931.html

Me llamo Violeta. Con esta declaración de intenciones, la hija de la pareja de actores porno Nacho Vidal y Franceska Jaimes manifestó a los seis años su identidad de género, femenina, en contraposición a su sexo, masculino. Antes de aquello, Vidal y Jaimes pensaron que era homosexual, pero no creían posible que fuera transgénero, por puro desconocimiento. Ahora explican su experiencia en ‘Me llamo Violeta’, un documental que se estrenó el pasado 22 de marzo en la 22ª edición del Festival de Málaga y que verá la luz el próximo 28 de junio en cines de toda España.

El documental aborda la realidad de los menores trans en la actualidad, que aún se enfrentan a infinidad de trabas de todo tipo, empezando por las administrativas. Violeta tuvo que esperar tres años para que le cambiaran el nombre en el DNI. "Es incoherente, durante años nos estuvieron negando el nombre y de repente nos lo aceptaron. Esto debería ser un sí o un no. Si es un no y yo quiero que sea un sí ya lucharé por ello", protesta Nacho Vidal, en declaraciones a eldiario_es.

"¿Cómo sé yo que eres un chico o una chica?". Así empieza el reportaje. A pesar que la pregunta parece fácil de responder, genera multitud de respuestas. "No lo sé", "no lo tengo claro", "son mis sentimientos", dicen algunos de los niños y niñas que aspiran a hacer de Violeta en el documental, después de que los servicios jurídicos aconsejaran cambiar el guión del film para que la niña no apareciera de forma reconocible en el documental, a pesar del visto bueno de la familia, para proteger su imagen. "Teníamos claro que no la íbamos pixelar [a Violeta], no íbamos a hacer un tratamiento similar al de un delincuente", asegura David Fernández de Castro, codirector y guionista de la película. "Esto no ocurriría, por ejemplo, con un menor con síndrome de Down", denuncia.

A sus 11 años, Violeta entra en la adolescencia y debe tomar varias decisiones. Una de ellas es la de elegir si tomar bloqueadores de hormonas y evitar así el desarrollo de las características asociadas tradicionalmente al género masculino, como pueden ser el desarrollo de la nuez de Adán, situada en el cuello. Cuando cumpla los 18 años también podrá decidir si someterse a una vaginoplastia, una cirugía de reasignación sexual.

El reportaje hace también un recorrido histórico y relata la primera manifestación homosexual en España, organizada clandestinamente por el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) en 1977 y en la que también participaron las personas trans y travestis, a pesar de las resistencias de una parte del colectivo LGTBI. Es el caso de Silvia, una mujer trans que cuenta en primera persona su participación en aquella manifestación, donde desfiló por las Ramblas de Barcelona al grito de "abajo la ley de peligrosidad". El objetivo de aquella protesta, evidente: suprimir la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social aprobada en 1970 durante el franquismo, que perseguía a "vagos", "rufianes", "proxenetas", a los que practicaran "actos de homosexualidad" o "la prostitución".

"El transgénero se ha retratado siempre de una forma muy oscura, como del submundo, y en este caso hemos querido hacer una película luminosa", señala Marc Parramon, codirector y realizador del documental. El film va dirigido a un público generalista, aunque sus directores esperan que tenga especial incidencia en asociaciones de padres y madres, colegios o centros LGTBI.

La historia de Alan
El caso de Violeta es un caso de éxito, ya que desde un inicio ha contado con el respaldo de su familia y su entorno. Sin embargo, hay otros ejemplos dramáticos, como es el caso de Alan, un menor trans que acabó con su vida en 2015, a los 17 años, víctima del 'bullying' en la escuela. Ambos casos ponen sobre la mesa la complejidad y la diversidad de situaciones dentro de la comunidad trans en España. La madre de Alan, Ester Albert Cusso, aseguró poco después de morir su hijo que su suicidio había sido "un crimen social".

La historia de Alan supuso un antes y un después en la lucha por los derechos de la comunidad trans, recuerda Ester, que ahora es una activista férrea en defensa de la visibilidad del colectivo LGTBI, especialmente de los transgénero. Una de las primeras en defender los derechos de este colectivo fue Carla Antonelli, que también aparece en la película. Con 17 años decidió marcharse de Güimar, su pueblo natal situado en Tenerife, para ser ella. Desde 2011 es la primera y única diputada trans en la Asamblea de Madrid.

"Necesito esto, aunque lo pase mal, aunque me levante sin fuerzas, necesito hacerlo", cuenta en el documental Iván, un joven trans. En su caso, cuenta con el respaldo de sus amigos y de Ester, la madre de Alan. "Con mi madre hablamos poco del tema, solo cuando es necesario, le cuesta más", lamenta Iván.

‘Me llamo Violeta’ se enmarca en la 22ª edición del DocsBarcelona, el festival de cine documental de la capital catalana que hasta el 25 de mayo ofrece una muestra de 41 documentales procedentes de 26 países. El documental, de 76 minutos de duración, está producido por Mediapro y Polar Star Films. Este viernes a las 21h se hará una proyección del film en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y el próximo 19 de mayo a las 16h se hará el segundo pase de la cinta.

martes, 12 de marzo de 2019

#hemeroteca #transexualidad | La película más íntima de Nacho Vidal sobre el cambio de sexo de su hija: "Ojalá no sea transexual"

Imagen: El Español / Fotograma de 'Me llamo Violeta'
La película más íntima de Nacho Vidal sobre el cambio de sexo de su hija: "Ojalá no sea transexual".
El actor porno cuenta en el documental 'Me llamo Violeta' su shock inicial y su proceso de aceptación de la transexualidad de su hija.
Javier Zurro | El Español, 2019-03-12
https://www.elespanol.com/cultura/cine/20190312/pelicula-nacho-vidal-cambio-ojala-no-transexual/382712219_0.html

Violeta tiene 11 años y lleva una vida acomodada y feliz con sus dos padres separados, que se desviven por ella. Ambos son conocidos para los espectadores del cine pornográfico, ya que se tratan de Nacho Vidal y su expareja, Franceska Jaimes. Son el ejemplo ideal de un divorcio amistoso y hablan y luchan juntos para dar lo mejor e Violeta.

Actualmente se encuentran en un gran momento, pero para llegar a él han tenido que luchar. Primero contra sus propios prejuicios, y después contra los de una sociedad que teme las novedades, porque antes de ser Violeta, la hija de Nacho y Franceska fue Nacho. Nació como un niño, pero pronto, a los seis años, comenzó a pedir vestirse como una niña y comportarse como tal. La pareja se tuvo que enfrentar a la posibilidad de que su hijo fuera transexual.

El difícil proceso de aceptación, especialmente de Nacho -Franceska fue la primera que tomó el toro por los cuernos y preguntó a Nacho, si quería ser chico o chica- es el centro del documental ‘Me llamo Violeta’, dirigido por David Fernández de Castro y Marc Parramon. En él se cuenta todo este trayecto y ambos abren su intimidad y la de Violeta, además de acompañarles en una nueva lucha, la de conseguir un DNI que ya diga que su nombre no es Ignacio.

Sorprende la sinceridad de Vidal, al que se ve en vídeos caseros preguntando a su hijo que si quería jugar con Barbies y vestir de rosa, y confesar que esperaba que fuera gay, pero que el tema de la transexualidad le superaba y sacaba sus prejuicios. “Ojalá no sea trans”, se le escucha decir al comienzo del documental debido a la “mala información” que tenía. Para Vidal, acostumbrado al mundo de la pornografía, las mujeres transgénero sólo encontraban su lugar a través del cine para adultos o la prostitución. De hecho, recriminó a su mujer que le enseñara un vídeo sobre el tema a su hijo. “Falta educación, fui un estúpido”, dice Nacho Vidal que ahora se ha convertido en un apoyo fundamental de su hija y su exmujer.

Me llamo Violeta muestra los vídeos de momentos cumbre para esa niña. Como la primera vez que Nacho y Franceska la llevan a comprar ropa de niña. Cogió lo más llamativo, era su forma de reivindicarse a pesar de su corta edad. Cuando las vistió lo primero que hizo fue cantar “Libre soy”, la canción de ‘Frozen’ que se ha convertido en un canto de libertad para las niñas. También se da voz a las maestras de Violeta, que explican el momento en el que tuvieran que explicar a los niños que Nacho sería Violeta. “Cuando me trataban como niño decían que yo era una niña; cuando yo empecé a llevar la ropa de niña se rieron”, dice Violeta en el documental.

La naturalidad de la hija de Nacho Vidal es desarmante, y eso que un fiscal no ha permitido a los directores mostrar su cara de manera explícita por proteger su seguridad, algo que los directores y el propio Vidal creen que es un agravio comparativo ya que hay decenas de trabajos en los que los niños enseñan su rostro. Por ello Violeta sale maquillada, con el pelo tapado o desde ángulos de cámara que evitan que se la reconozca con claridad.

Los directores del documental cuentan a El Español que esa decisión “afectó muchísimo”. “Fue poco antes de empezar a rodar, y de repente no podíamos enseñar la cara de nuestra protagonista, y nos preguntamos si podía funcionar una película sin la cara de la prota. Le dimos muchas vueltas para encontrar una solución visual que fuera bonita y que no consistiera en pixelar su cara, porque si queremos normalizar una situación no podíamos hacer nosotros lo contrario”.

Aunque el personaje central es Violeta y su “historia de tránsito” acompañada de Nacho Vidal y Franceska, los realizadores decidieron que había que acompañarla de otras historias. “El de Violeta es un caso de éxito, y eso no es el 100% de los casos, así que teníamos claro que debía ir acompañada de de otras piezas para dar una idea global. No es posible mostrar toda la complejidad del tema, pero si unas nociones básicas de a lo que se va a enfrentar ella, porque tiene once años, y en un futuro cercano tomará decisiones que no podíamos ilustrar con su caso”, explican.

Ahí está Leyre, una actriz de 20 años que está esperando cita para la vaginoplastia, y que vivió un año en la calle después de ser rechazada por su familia. O los padres de Alan, el adolescente que se suicidó tras sufrir acoso escolar en su instituto, o Iván, que se enfrenta al rechazo en las entrevistas de trabajo cuando ven que su DNI pone sexo femenino aunque él se considere un hombre.

La transexualidad lleva muchos años de lucha, y eso se refleja con la historia de dos de las activistas pioneras en la lucha por los derechos trans: Silvia Reyes, encarcelada bajo la dictadura franquista por “travesti”, y la ex actriz Carla Delgado, que pasó del activismo a la política (es diputada en la Asamblea de Madrid) y que ha contribuido de manera decisiva a la aprobación de leyes que protegen los derechos del colectivo LGBTI.

Todos ellos construyen un mar de vivencias para Violeta, para que siga creciendo con esa valentía y cantando ese “Libre soy” sin que nadie le diga lo que debe ser o cómo debe sentirse. Un ejemplo que ayudó a Nacho Vidal a superar todos sus prejuicios sobre la transexualidad, y que ahora lo hará con muchos espectadores.

sábado, 29 de septiembre de 2018

#hemeroteca #transexualidad | Nacho Vidal: "Al 90% de los hombres le gustan los transexuales y lo esconden"

Imagen: El Español / Nacho Vidal
Nacho Vidal: "Al 90% de los hombres le gustan los transexuales y lo esconden".
"No creo en la educación sexual: no puedes enseñar a nadie a chupar un pene o una vagina." "He estado con más de 3.000 mujeres, pero no he llegado a 6.000."
Lorena G. Maldonado | El Español, 2018-09-29
https://www.elespanol.com/cultura/20180929/nacho-vidal-hombres-gustan-transexuales-esconden/341467102_0.html

Es el actor porno más conocido de España, el hombre más desprejuiciado del terruño. Pero también es padre de familia, enamoradizo militante, cineasta y empresario. Cuenta que cuando alguna mujer le ha presionado en momentos íntimos al grito de "¿pero tú no eres Nacho Vidal?", él ha contestado: "No, soy Ignacio Jordà González, si fuese Nacho Vidal tendrías que pagarme". Vive bifurcado entre la persona y el personaje, pero cada vez pasa más tiempo en el primer estadio.

Sobre todo, en la faceta que dedica a su hija de 11 años, a quien llamaron "Nacho" al nacer, antes de descubrir, como dice su padre, que era "una niña con pene". Ahora recoge su experiencia en 'Mi nombre es Violeta' (Cross Books), una novela firmada por Santi Anaya con la colaboración y el apoyo de la familia. Hablamos con la estrella del cine porno de género, infancia, educación sexual, prostitución, machismo... y amor.

P. Ha sido admirable la reacción que habéis tenido con el caso de vuestra hija Violeta, ojalá muchos más padres actuasen así. El cambio de nombre tan rápido, ahora darle voz a su experiencia a través de este libro… ¿Qué le recomendarías tú a los padres que están en pleno proceso de incomprensión ante un hijo o una hija trans?
R. Bueno, lo primero es que tenemos que dejar de decir que es admirable que un padre sea un padre. Tenemos que dejar de alegrarnos de que un padre sea un padre, porque un padre no debe hacer otra cosa. Yo no concibo lo que estoy haciendo yo de otra manera que no sea de ésta, ¿sabes?, igual que acompaño y apoyo a mi hija, apoyo a mi otro hijo y a mi otra hija de igual manera. No es diferente uno a otro. Un padre es lo que tiene que hacer.

P. Claro, pero desgraciadamente vivimos en un mundo que aún es homófobo y tránsfobo.
R. Ya… ¿sabes qué pasa? Yo creo que la gente que es así es porque no se ha encontrado en la situación en sus propias carnes, en su familia o en sus propios hijos. Una parte de mi familia es del Opus. Ellos aman a mi hija. La aman con locura. Yo tengo muchos amigos que son muy radicales… con ciertas cosas… y matan por mi hija. Cuando tú tienes esta experiencia maravillosa que es tener un hijo o una hija trans y conoces a ese ser, todo ese rollo y esas fobias se te quitan. Si estás en tu casa sentado y tienes una niña maravillosa que te dice “te quiero” y es transexual, te aseguro que esa fobia se te va.

P. ¿A qué edad crees que es conveniente que el adolescente trans comience a hormonarse o incluso a operarse? En el libro se plantea esto último y se trata simplemente como una opción, no como un camino a seguir en absoluto.
R. Para mí está siendo lo más complicado el tema de hormonar o poner bloqueadores a mi niña. Está siendo lo más, lo más difícil de afrontar como padre, porque hoy por hoy ya le podríamos dar hormonas o bloqueadores, y ella quiere, la niña quiere. Pero no por nada, sino porque a los niños todo lo que sean cambios les encanta. A mi hijo, por ejemplo, le van a poner braquets y está feliz por eso, y yo pienso: ¡si tú supieras realmente todo lo que vas a sufrir con los braquets…! Entonces yo es una de las cosas en toda esta historia que pasa con mi hija Violeta que me está costando más. Darle a mi hija hormonas que van a hacer que cambie su estado de ánimo… cuando tiene 11 años… y ella ya es una hija perfecta, maravillosa, feliz, inteligente… eso no es una aspirina, es una pastilla que cambia muchas cosas. Muchísimas.

Y darle bloqueadores va a hacer que no le crezca la nuez, que no le cambie la voz, va a hacer que el pene se quede en micropene y no le crezca más, va a parar su crecimiento hacia arriba y hacia lo ancho… es un bloqueador. Para mí es un poquito como jugar a dios con tu hija. Me está costando bastante el ¿en qué momento, cómo lo hago? Es una lucha interna que tengo con eso. Y la madre también. No es tan fácil.

P. Quizá un poco más adelante, cuando ella misma se sienta segura, o no, de tomar la decisión.
R. Yo he hablado con muchas amigas mías trans sobre el tema. Algunas se han operado, otras no. Mi hija, cuando oye lo de la operación de vaginoplastia, dice “no, no, no”. Mi hija, cuando empezó con el tránsito, tenía 6-7 años. Yo recuerdo hacerle fotos en la bañera con su hermano. El hermano no se tapa el pene. Y ella sí se lo escondía. Cuando estábamos en la calle y tenía ganas de orinar, yo le decía: “Orina ahí en el árbol”. Y ella no quería. “Papá, no, no”. Tenía que llevarla a un baño para que se sentara, porque es una niña. Hoy por hoy mi hija tiene la capacidad de mear en un árbol si se está meando y no se tapa para nada los genitales. Va desnuda por casa y no se esconde de su cuerpo.

Con todo lo que estamos haciendo y pasando con ella, que ella se acepte tal y como es es lo primero. Vamos a ver si la sociedad también está preparada para eso. Yo la acompañaré en todo lo que ella quiere hacer, pero tener que quitarse los genitales… no sé, que cada uno haga lo que quiera, pero… me parece muy fuerte. Me parece algo más hacia fuera que hacia adentro. Hacia afuera de “si me quito el pene, soy una mujer completa y me van a aceptar”, ¿no?

P. De hecho, en el libro es lo que el chico que le gusta le acaba proponiendo, o, más bien, con lo que la acaba chantajeando. Le dice que estará con ella si le promete que se opera.
R. Sí. Yo esta conversación la he tenido con amigas mías transexuales y me han dicho que ellas se operaron porque eso lo veían y se ponían mal y se lo querían quitar. Pero tengo amigas trans que me dicen que son felices con sus penes, que tienen grandes orgasmos con ellos y que no se los van a quitar. Disfrutan con sus penes. Pero en el momento que le das bloqueadores a una niña, estás diciéndole que va a ser pasiva, no va a ser activa. Estás jugando con su sexualidad también, siendo una niña. Es complicado.

P. ¿Cómo crees que tiene que cambiar España en su educación sexual hacia los más jóvenes?
R. Yo creo que tendríamos que cambiar la educación en general, no solamente la educación sexual. La educación sexual tiene que ver… el sexo tiene que ver con la complicidad y el contacto con otra persona, y yo creo que no tienes que enseñarle a nadie a hacer el amor. Pienso así. No sé. Yo no puedo enseñarte a ti a besar. No puedo enseñar a nadie a chupar un pene o una vagina, eso lo hará cada uno como lo sienta. Creo que la educación sexual parte del deseo hacia la otra persona y fluye. No entiendo lo de “oye, pues tienes que coger el pene por aquí”, ¿no? ¿Qué vamos, al colegio ahora a enseñarles a chupar un pene? Creo que sí deberíamos enseñar, pero ya lo estamos haciendo, anticonceptivos. Pero, ¿enseñarles a hacer el amor con un hombre o una mujer? ¿Cómo lo haces, qué les enseñas: posturas? Eso lo descubres tú, con tu cuerpo.

P. Bueno, ahora los chavales descubren antes el porno que el cuerpo de la otra persona. ¿Piensas que pueden reproducir en su vida personal lo que ven en el porno? Luego, claro: hay desajuste entre el porno y la vida.
R. Bueno… hay que educar a la gente y hacerles entender que el porno es un producto y es ficción, y que puedes hacer cosas que has visto en una película porno y hay otras cosas que no. ¡O sí! No creo que el porno tenga que ser el que eduque sexualmente a los chavales, pero sí que creo que educa a muchos de ellos. Y tenemos una responsabilidad muy grande los que trabajamos en la industria para hacer un tipo de porno (no todo), pero sí un tipo de porno que el que quiera ver cosas en concreto, pueda acceder a ellas.

P. Evidentemente no lo podemos controlar, pero, de ser posible, ¿pondrías una edad límite para empezar a acceder al porno?
R. No sé, yo he sido muy precoz.

P. ¿Cómo de precoz?

R. No quiero hablar. Pasapalabra (risas). No sé, para mí el sexo no es nada malo. Para mí un cuerpo desnudo no tiene nada de malo. Hay gente que cuando ve un pene en una fotografía tapa los ojos del niño. ¡Y el niño tiene un pene también! Pero “niño, no mires”. Estás haciéndole entender que es algo malo. Mis hijos no viven en ese rollo. Para ellos un cuerpo es un cuerpo y no hay esa malicia de “no mires”.

P. Es censura, en realidad.
R. Exacto.

P. Otro debate abierto: ¿es el porno machista?
R. No sé. ¿Quieres que te enseñe porno en el que la mujer maltrata al hombre? Te puedo enseñar miles de escenas. En vez de escuchar tanto voz populi y mirar 4 o 5 escenas y decir que el porno es machista y se utiliza a la mujer como un objeto, yo creo que, simplemente por curiosidad, tendrías que entrar en internet y poner “mujer activa con hombre pasivo”. Vas a alucinar con lo que las mujeres les hacéis a los hombres. Y entonces me vas a decir eso qué es: ¿feminista, machista, sexo, fantasía, producto? Lo de que el porno tiene algo que ver con el machismo no lo compro. El porno es un producto. Es un negocio.

Tú buscas lo que quieres, compras y eliges lo que quieres ver. Si quieres ver a una mujer activa con un hombre pasivo, lo tienes. Si quieres ver a una mujer con los pechos grandes, lo tienes. Si tú quieres ver una mujer siendo sumisa con un hombre activo, lo tienes. En porno se producen más de 60.000 películas al año, ¿tú sabes la cantidad de pornografía que hay o que tú tendrías que ver para hacer un pequeño juicio sobre esto? Pero es muy fácil atacar a la pornografía, yo estoy muy acostumbrado a que digan que es machista, o que está controlado por hombres, o que todos los directores son hombres… es mentira. Hay muchísimas mujeres que hacen pornografía. Y son mucho peores que los hombres dirigiendo, son mucho más heavys, son más hardcore. Y no precisamente con los hombres, sino con otras mujeres.

P. ¿Cuál ha sido la experiencia más rara que has vivido con el sexo, ya sea en tu vida personal o en la laboral?

R. ¿Rara?

P. Sorprendente para ti.
R. Uf, tendría que pensar mogollón ahora. Rara, ninguna. Es que para mí el sexo no es raro. No he hecho nada raro… ha sido trabajo, sexo. Bueno, tuve sexo con una enana una vez, que fue diferente. Pero para mí las enanas no son raras. Eso sí, no conozco a mucha gente que haya tenido sexo con una enana. No fue raro, fue curioso. Sí, además era muy guapa.

P. ¿Hay algo que te parezca ‘inmoral’ (aunque sea una palabra muy religiosa que no tiene nada que ver con el porno)? ¿Hay algo que nunca harías?
R. ¡Inmoral…! Dentro de la pornografía profesional, nada. No estamos hablando de cosas… otro tipo de actos… pornografía infantil, con animales, ni nada de eso, ¿no? Todo ese tipo de cosas para mí no tienen nada que ver con pornografía. Tienen que ver con enfermedad mental.

P. He leído que dices que te has acostado con más de 2.000 mujeres. ¿Esto es verdad?
R. No es verdad porque yo nunca he hecho una lista, nunca las he contado. ¿2.000? Mentira. Muchas más.

P. Eres el verdadero Julio Iglesias español.
R. No, no. Julio Iglesias canta, y yo trabajo con mujeres todos los días. Entonces… yo siempre he dicho que no me gusta poner números a las mujeres, porque no son cosas, pero yo diría que más de 3.000, pero no he llegado a 6.000.

P. Y de todas esas veces, ¿cuántas te has enamorado?
R. Cada vez que hago el amor.

P. Eso es un recurso poético, entiendo, ¿no?
R. No sé, me he enamorado mucho… soy muy enamoradizo.

P. ¿Cambia tu manera de entender el amor el trabajar en la industria del sexo? Es como esto que se dice del ginecólogo, que nunca se sabe si le afecta su oficio a la hora de tener relaciones personales.
R. No tiene nada que ver. No sé cómo será para un ginecólogo (risas). Para él la vagina de su mujer nunca será como tocar una vagina en la consulta, creo. Para mí es totalmente diferente. Yo hago “on” cuando trabajo y cuando dejo de trabajar hago “off”, voy a casa y hago el amor con mi pareja. No hay comparación, no es comparable.

P. ¿Has sentido alguna vez presión por ser Nacho Vidal? Por lo que tus parejas sexuales pudiesen esperar de ti.
R. Presión… sí. Alguna vez alguna chica me ha dicho “¿cómo? Tú tienes que follar más, tú eres Nacho Vidal” (risas). Y yo: “Joder… no soy Nacho Vidal, soy Ignacio Jordà. No soy Nacho Vidal, ¿o es que me vas a pagar?”.

P. Las expectativas, qué daño hacen.
R. Sí (risas). Normalmente intento dejar el pabellón bastante alto porque sé que esperan mucho de mí. Sí, esa presión sí existe.

P. ¿Cuánto importa el tamaño?
R. El tamaño importa lo que le importe a ella y lo que le importe a él. Yo tengo muchas amigas que me dicen “el otro día conocí a un tío, a un modelo súper guapo, nos vinimos a casa y tal, le bajé los pantalones, le vi la polla y automáticamente cogí el teléfono y dije: ay, me tengo que ir”. Y eso lo he oído muchísimas veces. Es súper cruel. ¿Tú también has hecho algo así alguna vez? (…) Qué crueldad, tía. Qué malas sois. Pobrecitos. ¿Qué tiene que hacer el chaval? ¿Suicídate, directamente?

P. No, hombre. Seguro que habrá otra persona que lo valore.
R. Ya… también es verdad. Yo lo veo tan cruel cuando me lo dicen. Es que creo que puedes hacer otras cosas con el chico, no sólo penetración.

jueves, 27 de septiembre de 2018

#hemeroteca #transexualidad | Nacho Vidal: “Mi hija no está en un cuerpo equivocado, es una niña con pene”

Imagen: El País / Nacho Vidal
Nacho Vidal: “Mi hija no está en un cuerpo equivocado, es una niña con pene”.
El actor presenta la historia de su hija transexual de 13 años en el libro para preadolescentes ‘Mi nombre es Violeta’. En esta entrevista asegura que el machismo "no tiene nada que ver con el porno" y desconfía del movimimiento LGTBQI.
Begoña Gómez Urzaiz | SModa, El País, 2018-09-27
https://smoda.elpais.com/moda/nacho-vidal-mi-hija-no-esta-en-un-cuerpo-equivocado-es-una-nina-con-pene/

Uno no espera entrevistar a Nacho Vidal en el departamento de literatura infantil de un imperio editorial. Ni acabar hablando de educación, un tema, por cierto, que le apasiona y le enciende. Pero el actor y productor porno, que vende ‘dildos’ hechos a imagen y semejanza de su miembro, no está aquí para hablar de eso, sino de un libro, ‘Mi nombre es Violeta’ (Cross Books) firmado por Santi Anaya y basado en la historia de su propia hija, que hoy también se llama Violeta en el registro civil pero a la que dieron otro nombre cuando nació hace once años con aspecto de niño.

La Violeta de la novela tiene unos 13 años y empieza segundo de la ESO en un colegio nuevo, mientras que Violeta Vidal es algo más pequeña, y sigue en su escuela de toda la vida en Mataró (Barcelona), pero comparten una parte importante de su historia. Para escribirlo, el autor estuvo visitando a la niña durante más de dos años y manteniendo largas conversaciones con ella. Lo que le salió fue un libro de amoríos adolescentes con una protagonista transexual y un mensaje ‘anti-bullying’. La historia completa de Violeta Vidal se conocerá en 2019, cuando se estrene un documental que la familia ha estado rodando durante los últimos tres años.

-¿Por qué os decidisteis a hacer el libro?
-Nosotros vimos un documental cuando mi hija tenía seis años que fue el que le hizo decir: “Yo soy así, esto es lo que me pasa a mí”. Si nosotros no hubiéramos visto el documental, igual ella tendría ahora 11 años y seguiría llamándose Nacho. Fue gracias a eso que investigamos más y dimos el paso. Esta información sirve muchísimo. Tú te vas a comprar un libro a la Fnac, ves “espiritualidad” y te encuentras un montón de estanterías llenas de libros. “Autoayuda”: una sección entera. Ahora, buscas “transexualidad” y nada. No hay información, no hay nadie que se haya mojado. Por eso me encantaría que fuera una lectura recomendada en las escuelas, no solamente porque es una niña transexual. Podría ser un libro sobre una niña con sobrepeso, sobre un niño con gafas de culo de vaso o sobre un niño asiático o negro en un mundo de blancos. Va sobre la diferencia y la empatía, la diversidad y la aceptación, del dolor, del amor…es una ficción que hoy por hoy puede ser una realidad. Cuando lo lees, creas una empatía. Piensas “que mal lo está pasando esta niña por culpa de estos hijos de puta” y luego te das cuenta de que los hijos de puta somos nosotros.

-Hasta que llega ese conflicto, toda la primera mitad del libro es muy feliz, una historia convencional de amor adolescente. ¿Fue una elección consciente?, ¿queríais darle a la Violeta de ficción esa historia tan común?

-A veces tendemos a traumatizar, a dramatizar con este tema. A mí me dicen: “Tu hija lo tiene que pasar muy mal”. Pues no, mi hija es la delegada de clase, la votaron todos, es querida por todo el mundo. Nosotros no tenemos ningún drama en casa. Por eso nosotros nos fuimos de la asociación [Chrysallis]. Yo no estoy muy de acuerdo muchas veces con los grupos LGTBQ. Imponen demasiado las cosas. Yo no puedo imponer a nadie hacer nada. Por ejemplo, el día que yo vi lo del autobús de Hazte Oír monté en cólera. Pero luego me relajé y pensé: tienen todo su derecho. Si tú no quieres educar a tu hijo en la diversidad, yo tengo que respetarlo porque es tu hijo.

-Pero están negando la realidad de tu hija y sus derechos.

-Pero es su vida. A mis hijos no les hace nada. Mi hija vive su vida. Yo siempre le digo: si no te quieren como eres, no vale la pena. Que es una frase que está en la portada del libro. Yo les enseño a mis hijos a que les entre por un oído y les salga por otro. Les digo que no intenten gustar a todo el mundo. Júntate con la gente que te quiera. (Se pregunta a sí mismo) ‘¿Crees que todo el mundo quiere a Nacho Vidal?’ Hay mucha gente que me odia, que me critica. Yo voy con los que me quieren. El otro día estaba viendo como la ministra de Justicia le dijo “maricón” a otro y llenaron todo un programa. ¿Esto qué es?, ¿un patio de colegio? ¿Por qué no hacéis programas de televisión sobre los niños que están muriendo, la gente que pasa hambre, que no tiene donde dormir? ¿Estáis hablando de una señora que le ha dicho maricón a otro? ¡Por favor! Yo vivo en el mundo del no absurdo. Si yo pido respeto hacia mi hija, yo tengo que tener respeto hacia los demás, mientras no le pongan un dedo encima.

-Un dedo o un whatsapp, ¿no? El libro de hecho trata el tema del ciberbullying, que es un problema real que lleva a muchos menores a contemplar el suicidio.

-Tienes que educarlos. Mi hija vino un día diciéndome que una niña le había dicho que no iba a llamarle más Violeta, que le iba a llamar Nacho y estaba súper triste. Yo le dije que era tonta. ¿Si yo te digo a ti “caca de vaca”, tú respondes? Pues si te llaman Nacho igual, no respondas.

-¿Pero entiendes que las asociaciones hacen una labor? Es útil buscar casos similares y luchar por objetivos legales que aun no se han conseguido.
-No me parece bien que te obliguen a hacer algo en lo que no crees. No me gusta imponer a nadie nada. Yo solo me meto en que no deberíamos obligar a nadie a hacer algo que no quiere. Cuando dices “vamos a sacar leyes para que obliguen…”, en ese momento segregas odio. Yo no quiero que tengan odio a mi hija, quiero que tengan empatía.

-Violeta, tu Violeta, os dejó claro que era una niña a los seis años. ¿Cómo fue el proceso con los distintos círculos, el colegio, la familia…?
-En el colegio nos dijeron que ya lo sabían, ella siempre había dicho que es una niña. Siempre tenía su grupo de amiguitas. No hubo ningún tipo de problema, y eso que va a un colegio concertado católico. Luego intentamos cambiarla de colegio, fuimos a un privado. ¿Por qué? Por la educación, era estilo noruego, nos gustaba el modelo, trilingüe. Pero no la quisieron, nos dijeron que no estaban preparados. Yo no puedo obligarles a aceptarla. Les dije: “Ya veo como es tu institución, si llego a meter a mi hija aquí, hubiera sufrido un huevo, gracias por la honestidad”. Podría atacarles, pero nunca he dicho el nombre del colegio ni lo voy a decir, porque tengo ese respeto. Cada uno es libre de hacer lo que quiera.

-¿El resto del entorno reaccionó bien?
-Los otros padres fueron fantásticos. Un niño le dijo que le iba a llamar Nacho, los padres hablaron con él, el niño le hizo una carta pidiéndole disculpas. Se lo volverá a encontrar en otro colegio, en las extraescolares... obviamente. No podemos meterla en una urna de cristal y que nadie la toque. Yo tengo una parte de la familia que es del Opus y no ha habido ningún problema, es una niña que cuando la conoces te enamoras. No ha habido ningún drama, el único fue que mi mujer se sintió muy mal por haberla tenido tanto tiempo vestida de niño y no escuchándola. Era muy afeminado, le gustaba el rosa… pensábamos: “El niño va a ser gay”.

-Insistes en que no ha sido una lucha, nadie ha sufrido.
-Nosotros no hemos tenido ningún tipo de drama. Tienes que ver la parte positiva. Mi hija se levanta y ve por los ojos, se aguanta en sus propias piernas. Siente, canta, toca música, me trae sobresalientes en las notas. Siempre ha sido feliz. Si tienes eso en casa, ¿dónde está el drama? El drama está en tu cabeza. A los niños no puedes darles ‘electroshock’ para que pierdan la mariconada. Yo siempre pregunto: “¿qué pasaría si se diera esto en tu familia?, ¿Qué harías, siendo tú católico, apostólico, romano?, ¿diciendo que esto pasa porque está de moda, que son niños viciosos? ¿Qué repuesta me darían?, ¿qué llevarían al niño al psicólogo, le darían pastillas, lo meterían en un loquero? Me gustaría sentarme con alguien que esté en contra de esto, quiero entender su manera de pensar.

-¿Ha leído Violeta el libro?
-Todavía no, no debe leerlo aún. La vas a sugestionar, deja que le pase a ella. Pero sí que es bonito que lo lean los niños que no son transexuales, yo no creo que sea un libro para niños transexuales.

-¿Os preocupa lo que puede pasar cuando llegue a la pubertad?
-Nadie está preparado, ni los niños ni los padres. Veo a los niños de mis amigos que eran niños maravillosos y ahora sus padres los quieren matar… Nadie está preparado para la adolescencia, ni los padres ni los niños para la adolescencia de los otros niños, porque depende de la educación que hayan recibido en casa. Como padre vives preocupado 24 horas al día. Ella va a tener que solucionar sus propios problemas, lo mejor es estar siempre a su lado y hacerle entender que no es tan importante.

-Para los niños transgénero es un momento crucial. Tú has dicho que no ves necesarios los procesos de reasignación de género.
-Yo he dicho que preferiría que cualquier persona se aceptara tal y como es y no tuviera que llegar al extremo de castrar su pene o su vagina, igual que no debería cortarse un brazo o una pierna. Me gustaría que se aceptara tal y como es. Si no lo acepta, si cree que esa es la solución, le ayudaré. En ese punto creo que estamos bien con Violeta porque cuando era más pequeña siempre se tapaba el pene con las manos y hoy por hoy no se lo tapa. Antes cuando le decías si quería ir al baño decía que no meaba en un árbol, que quería ir a sentarse a un baño. Pero, hoy por hoy, mea en un árbol. Entonces nos estamos dando cuenta de que ella no tiene ningún problema con su pene. Para mi es maravilloso. Ella dice: “No soy una niña en un cuerpo equivocado, soy una niña con pene”.

-¿Dirías que venir del mundo del porno te ha ayudado a tener esta mentalidad?
-Yo he producido mucho porno con transexuales y he hablado mucho con ellas. Tengo muchas amigas transexuales. Conozco el mundo de la transexual que ha tenido que irse de casa muy jovencita, que ha tenido que prostituirse con 15 años para poder vivir y comer, porque la echaron de su casa pegándole una paliza su propio padre. Luego, cuando han ganado dinero, los padres han aparecido y ellas han empezado a mandar cantidades, comprando su amor con dinero. Ellas pasan mucho tiempo encerradas sin salir, esperando al cliente y mientras esperan, se drogan. Es un mundo muy duro y esas historias de vida que yo conocía me hacían tener mucho miedo de que eso le pasara a mi hija. Pero luego existe otro mundo de los transexuales, en el que los niños han sido arropados por su familia, han acabado sus estudios o han emprendido negocios. Están en el Gobierno, son jueces, son abogadas, son mossos d’esquadra. Ese es el mundo en el que nos estamos moviendo nosotros.

-¿Hace falta cambiar ciertas mentalidades dentro del porno?
-¿Cómo?

-Que no esté orientado al placer masculino.
-¿Tú crees eso de verdad?, ¿has visto mucha pornografía para poder decirlo?

-Puedes argumentar que ya ha cambiado...

-La pornografía no es machista, es un producto, es una fantasía. Existen más de 60.000 películas al año y se llevan haciendo ‘nosecuantos’ años. Existen escenas en las que la mujer es la dominante. Solamente se está mirando escenas en las que el hombre es el dominante.(En ese momento, Vidal saca su móvil y nos enseña varias capturas de escenas de porno.) Todo esto que ves aquí son vejaciones y maltratos a hombres de mujeres que le pisotean el pene, le maltratan…

-¿Esta búsqueda ya la tenías hecha? Veo que la tienes guardada en el móvil. -Sí, la llevo siempre aquí porque me da mucha rabia. La pornografía no tiene que cambiar, tiene que cambiar la gente. Cuando tú maltratas a tu hijo en casa, eso es lo que van a repetir, no lo que ven en las películas. Si no, yo veo ‘Scarface’ y me hago narcotraficante. Yo he visto mucha pornografía y nunca he formado parte de una manada.

-¿Te molesta que se relacione la violencia sexual con el consumo de porno?

-Me molesta muchísimo, me ataca personalmente a un trabajo que llevo haciendo 25 años. A mí me puedes llamar machista por abrirle la puerta a una mujer, me puedes llamar machista por esperar a que una mujer se siente, porque es mi educación. Me han educado así. Si voy a cenar contigo, te pagaré la cena. Si eso es ser machista, olé el machismo. Pero en la vida le he puesto la mano encima a una mujer. En el sexo he tenido relaciones como todo el mundo, hay mujeres que me han pedido sexo más duro y otras menos duro, pero nunca he maltratado. En el porno hacemos un producto como cualquier otro. Y hay cosas que no podemos hacer. No podemos escenificar una violación. ¿Cómo me vienen a decir que hacemos manadas? No he visto ninguna violación en el porno, porque ninguna productora te lo va a comprar. Tenemos limitaciones que no hay en el cine convencional. Seguro que has visto ‘Irreversible’, con Monica Bellucci, y nadie dice nada. Ves como decapitan y nadie dice nada. ¿Por qué tanto ataque a la pornografía?, ¿por qué la tratamos de machista?

-Entonces, si tienes que caracterizar el tipo de porno que estás haciendo ahora…
-Yo grabo con una cámara encima de un trípode y hago el amor con una mujer. Ni más ni menos.

-¿Estáis intentando abrir caminos nuevos?
-Está todo inventado. Ahora han hecho el video del festival de cine de Barcelona (se refiere al vídeo del Festival Erótico como entonando un mea culpa). Me parece horrible, como si las manadas fueran culpa nuestra. Yo no tengo la culpa de nada. El que viola, viola porque es un hijo de la gran puta. El que mata a su mujer lo hace porque se le ha ido la olla. No creo que sirva de nada aumentar las penas de cárcel. Al que mata a su mujer ya lo sabe y “le vale verga”, como dicen los mexicanos.

-Volviendo a Violeta, ayer se conoció el caso de un niño transexual llamado Gabriel al que han denegado el cambio de nombre en el registro. A vosotros también os costó.
-Es que exigen nombres ambiguos. ¿Cómo es posible que yo mande esta documentación y un juez me diga que sí y un fiscal que no? Igual la fiscal se levanta mal o ha llegado tarde a dejar a los niños y me lo deniega, pero al año siguiente, mando la misma documentación y me dicen que sí. ¿Esto qué es?, ¿una puerta de una discoteca? Esto no es el libre albedrío. Aquí tiene que haber una ley que diga que sí o que diga que no. Si me lo vas a dar, dámelo, pero no me chulees. He tenido que ir a psicólogos, a psiquiatras, hablar con ‘profes’ del colegio… no tienes que tener el poder de decidir. Mi hija se llama como ella quiere y se llama Violeta.

-¿Cómo reaccionó cuando se lo dijisteis?
-Pues nos dio una lección de vida, una más. La estábamos grabando para el documental cuando se lo dijimos. Pensábamos que se pondría muy contenta pero sólo dijo: “Me parece correcto, me han dado lo que me tenían que dar, no tengo por qué darle las gracias”. Esto es como cuando te devuelve el dinero Hacienda. ¿Por qué te alegras, imbécil, si el dinero ya era tuyo?