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miércoles, 30 de junio de 2021

#hemeroteca #lgtbi #memoria | El Pasaje Begoña en la memoria LGTBI+ (parte tercera)

20 Minutos / Sandra Almodódar //
El Pasaje Begoña en la memoria LGTBI+ (parte tercera)

Asociación Pasaje Begoña | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2021-06-30

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/tag/pasaje-begona/ 

*(Con motivo del 50 aniversario de la redada del Pasaje Begoña, en 1 de cada 10 vamos a dedicar varios días a compartir textos sobre su memoria, curiosidades, clientela habitual y devenires. Gracias a Asociación Pasaje Begoña por compartirlo en este espacio.)

Tercera y última parte, en esta ocasión continuamos aproximándonos a algunas de las personas que dejaron huella en el Pasaje Begoña, ya fueran visitantes puntuales, trabajadores, clientes, empresarios o artistas que actuaron en los pequeños locales. Con ellos se encontraron los miles de visitantes y turistas, tanto españoles como extranjeros, llegados de todos los rincones del mundo buscando evadirse de la vida cotidiana y, en muchos casos, expresar su identidad y liberarse de miedos y prejuicios. El Pasaje Begoña formó parte de sus vidas y todos ellos fueron conformando la historia de lo que se definió como una isla de libertad en el contexto de la España puritana marcada por la represión franquista.

Paco Prieto. Este torremolinense sonríe al tiempo que se refiere al Pasaje Begoña como «Sodoma y Gomorra». Desde muy jovencito comenzó a trabajar en la sucursal del Banco Vizcaya que había enfrente del mismo pasadizo en la plaza Costa del Sol y fue testigo de aquellos años. Nos cuenta que en la oficina tenían sus cartillas muchos de los dueños de locales y clientes del Pasaje Begoña. Paco Prieto fue testigo de cómo los bares y las salas de aquel famoso callejón eran locales donde se practicaba el amor entre hombres, entre mujeres o entre hombres y mujeres. «Era un sitio moderno, libre y lleno de vida. Había de todo. No solo era un lugar para gais», recuerda este testigo de excepción de la época dorada del Pasaje Begoña, pero también de su deterioro y abandono posterior.

Pedro Olea (Bilbao, 1938). Director, productor y guionista. Su debut como director de cine fue con la película ‘Días de viejo color’, rodada en 1967 en Torremolinos. En ella participaron, entre otros, Luis Eduardo Aute, Coccinelle y Massiel. Numerosas escenas de esta película fueron grabadas en diferentes locales del Pasaje Begoña. Pedro Olea guarda un fantástico recuerdo de aquel rodaje en Torremolinos y, en especial, de este emblemático callejón.

Pia Beck (La Haya, 1925 – Torremolinos, 2009). Fue una reconocida pianista holandesa de fama internacional, una artista transgresora que reconoció abiertamente su condición de lesbiana. Junto a su pareja, Marga Samsonowski, y sus tres hijos, Pia Beck se instaló en la Costa del Sol en 1965 y abrió su propio club de jazz en el Pasaje Begoña, el famoso The Blue Note, que se convirtió en uno de los locales más selectos del callejón. Como curiosidad hay que indicar que tocaba en un gran piano de cola que a la vez servía de barra de bar. Pia Beck se hizo muy popular en Torremolinos, por donde solía pasearse en su coche descapotable con su familia. Promovió un concierto en Miami para recaudar fondos contra la homofobia y contra las tesis de la artista homófoba estadounidense Anita Bryant. También tuvo un programa de radio y escribió guías de viaje dirigidas especialmente a la población holandesa. De hecho, se convirtió en una gran embajadora de la Costa del Sol en los Países Bajos. Gran parte de su legado se encuentra en el ayuntamiento de La Haya, y uno de los puentes de Ámsterdam lleva su nombre.

Rafael Neville (Málaga, 1926 – Cerdeña, 1996). V Conde de Berlanga de Duero, hijo de Edgar Neville y Ángeles Rubio Argüelles y nieto de Carlota Alessandri, fue uno de los responsables de que las grandes celebridades de la época aterrizaran en la costa malagueña y del impulso de Torremolinos y del Pasaje Begoña como lugar diverso y referente LGTBI. Fue un transgresor con enorme personalidad e ingenio para inventar las cosas más peregrinas. Destaca aquella vez en que disfrazó de mujer a otro personaje de la zona, el Titi, y fue presentándoselo a la gente como miembro de alta alcurnia, según cuenta el conde de Casa Padilla.

Rafael Neville fue una persona entrañable que comunicó generosamente su deseo de vivir y que se definía a sí mismo como el máximo exponente del «mariquita culto»: dominaba varios idiomas, era un buen relaciones públicas y decorador de alta escuela. Recibió el soplo de que el gobernador civil estaba «hasta el gorro» de la proliferación de tantos «maricones» en Torremolinos y estaba dispuesto a tomar medidas contundentes o tirarlos a todos al mar. Cuando escuchó esto, Rafael exclamó: «Pues no vamos a caber ni a un buche». Su vida está plagada de otras anécdotas divertidas, como una que contaba Francisco Lancha: su madre y otros familiares fueron recibidos en audiencia por el Papa en el Vaticano. Su Santidad le preguntó a Rafael Neville por su profesión y él respondió, ante el asombro de su madre, que era ingeniero. Nada más terminar la visita papal, su madre le recriminó por haber mentido y él le respondió: «¿Qué querías que le dijera? ¿Qué soy mariquita en Torremolinos?».

Discrepó de las ideas retrógradas del régimen franquista respecto a la moralidad. Fue el artífice de que la Guardia Civil emitiese varios comunicados desmintiendo que los turistas «melenudos y disidentes sexuales» fueran peligrosos. Tuvo enfrentamientos con numerosos gobernantes, entre ellos la máxima autoridad del régimen franquista en la provincia: el gobernador civil de Málaga, alto representante del Gobierno central con plenos poderes y con el que tuvo un curioso tira y afloja. Tuvo fatales consecuencias el envío por parte de Rafael Neville de una invitación al gobernador en la que le decía: «Yo, Rafael Neville Rubio Argüelles, Conde de Berlanga del Duero y, por la gracia de Dios, maricón, tiene el honor de invitarle a una fiesta en su casa». Era de prever que la máxima autoridad no apareciera en la mencionada fiesta, pero, sin embargo, sí que respondió con la expulsión inmediata de Rafael Neville de la provincia de Málaga. Rafael Neville se vio obligado a abandonar las tierras malagueñas y su querido Torremolinos para refugiarse en Cerdeña (Italia). Allí desarrolló sus conocimientos como urbanista y creó, junto con Paolo Riccardi, el Porto Rafael. A mediados de los años sesenta se trasladó a Gran Canaria, concretamente al municipio de Mogán, donde de nuevo aplicó sus conocimientos esta vez en la construcción del que hoy en día se conoce como Puerto de Mogán. Su peculiar arquitectura y diseño hizo que a esta zona se la conociese como la Venecia de Canarias. Neville murió lejos de su Torremolinos en el año 1996 en Porto Rafael.

Ramón Cadenas
(Sevilla, 1945). Es uno de los testigos de excepción de la época dorada del Pasaje Begoña y de la Gran Redada policial de 1971. Es una de las muchas personas que llegaron a Torremolinos con el deseo de vivir su orientación afectivo-sexual en libertad. Sevillano de nacimiento, se instaló en Torremolinos siendo muy joven, donde llegó de la mano de Brian Epstein (mánager de los Beatles), al que había conocido en la feria de Sevilla. Ramón trabajó como camarero en diferentes locales, actuó como gogó y se relacionó con muchas celebridades del cine, la cultura, el arte y la política. Llegó a ser un referente de la noche en el ambiente de diversidad de este emblemático lugar. Consiguió ser propietario de uno de los locales del Pasaje Begoña, el bar Gogó. Inauguró su negocio unos días antes de la Gran Redada, por lo que solamente permaneció abierto veintiún días. Tras la redada sufrió serias amenazas que le impidieron reanudar su actividad como empresario y se vio obligado a marcharse de Torremolinos durante un tiempo. Cadenas afirma rotundamente que no existía en el mundo un lugar tan maravilloso para el colectivo LGTBI como el Pasaje Begoña de Torremolinos, y sabe de lo que habla, pues tuvo la oportunidad de viajar por muchos países.

Sandra Almodóvar.
Es otra de las personas que vivieron la época de esplendor del Pasaje Begoña y ‘vedette’. Como otros muchos, Sandra Almodóvar llegó a Torremolinos en busca de libertad, esa que le brindaba la posibilidad de ser ella misma sin miedo y de disfrutar de su deseo de ser mujer. Su condición sexual como mujer trans le causó grandes problemas desde su infancia y fue el motivo por el que, finalmente, decidió huir de su Melilla natal para sobrevivir. Sandra fue víctima de muchas redadas, e incluso llegó a estar presa durante seis meses en la cárcel de Badajoz. Después de una temporada viviendo en Madrid, fue descubierta por el director de cine Pedro Almodóvar, para quien trabajó en una de sus películas, ‘La mala educación’, de ahí su apellido artístico. Son famosas sus imitaciones de la gran Sara Montiel. Actualmente es una gran artista que combina el espectáculo de ‘vedette’ y transformismo con su vida cotidiana en Torremolinos, rodeada de gente que la quiere y para quienes siempre tiene un chascarrillo y una sonrisa.

Sara Montiel (Campo de Criptana, 1928 – Madrid, 2013). Fue una actriz de cine, cantante y productora cinematográfica española, considerada el rostro más bello del cine español. Obtuvo también la nacionalidad mexicana en 1951. Su fama se extendió a México, Cuba y Estados Unidos. Después de su aventura americana, de vuelta en España, afianzó su estatus de estrella internacional con las películas El último cuplé y La violetera, que desvelaron su particular estilo como cantante y que fueron formidables éxitos de taquilla. Se convirtió en una actriz de gran éxito comercial, sobre todo en las décadas de 1950 y 1960, y participó en medio centenar de películas. Se retiró de la industria del cine en 1974, pero como figura musical se mantuvo activa hasta el final. Visitó varias veces el Pasaje Begoña cuando ya era una estrella consagrada del cine. Existen numerosos testimonios gráficos que lo demuestran.

Waldo de los Ríos (Buenos Aires, 1934 – Madrid, 1977). El nombre de nacimiento de este pianista, compositor, arreglista y director de orquesta argentino de fama internacional era Osvaldo Nicolás Ferraro. En 1962 se trasladó a España. Es recordado por su recurso de transformar obras muy conocidas de música clásica en música pop. En 1970, De los Ríos ya había llegado a lo más alto en las listas de éxitos de Europa y América con el Himno a la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, que él arregló y dirigió para el cantante Miguel Ríos. Waldo siempre mantuvo oculta su homosexualidad; de hecho, se casó con la actriz y escritora Isabel Pisano. En el verano de 1966 pasó tres meses en Torremolinos, donde dirigió la orquesta del hotel Pez Espada y visitó con frecuencia el Pasaje Begoña.

Wim Kuipers (Ámsterdam, 1941). Está acreditado por el consulado de los Países Bajos como el holandés que lleva más años residiendo en la provincia de Málaga. Descubrió Torremolinos y el conjunto de la Costa del Sol a principios de la década de los sesenta. Fue testigo de excepción de los primeros tiempos del Pasaje Begoña como paradigma del turismo nacional e internacional. Kuipers se formó en el mundo de la hostelería en Holanda y en Suiza, y entre sus primeros destinos profesionales destacó la subdirección del hotel Al-Andalus de Torremolinos. Fue propietario del restaurante Florida, desde el que inició una permanente promoción de Torremolinos y del conjunto de la Costa del Sol a través del envío, durante años, de más de 500 000 tarjetas postales a clientes y amigos de todo el mundo. El restaurante Florida fue el primero de Torremolinos en disponer de una terraza con cubierta acristalada corredera y calefacción. También acogió la primera fuente luminosa conocida en el municipio. Kuipers triunfó también en el sector de las agencias de viajes y, más tarde, en la actividad inmobiliaria a través de su agencia WIMA. Una plaza de la localidad almeriense de El Ejido lleva su nombre. Wim Kuipers fue un asiduo cliente del Pasaje Begoña y recuerda con mucho cariño sus vivencias en este emblemático callejón.

Otras personas que pasaron por los locales del Pasaje Begoña: Addy Ventura y Lita Alba, grandes vedettes de revista española; Alain Delon, actor de cine francés de fama internacional; Ángel Larrinoa, propietario del bar La Sirena y el bar Larri; Antonio Gala, famoso escritor español; Bibiana Montoya, mujer trans y activista española; Camarón de la Isla, famoso cantaor de flamenco y que nos cuentan que actuó en el Pasaje, junto a un cuadro flamenco, al inicio de su carrera; Diego Quiroga, propietario del bar El Refugio; Dúo Dinámico, cantantes y compositores españoles; Familia Rothschild, uno de los más influyentes linajes de banqueros y financieros del mundo; Graham Greene, afamado escritor, guionista y crítico literario británico; Gino Michael Felleman, hijo de Pia Beck y de Marga Samsonovski; Gisia Paradís, famosa actriz española de la década de los sesenta; Harold Norse, escritor estadounidense de la beat generation y conocido defensor de los derechos civiles LGTBI; Juanita la Burra, la Marifé y la Tanque, tres conocidas trans muy asiduas del Pasaje Begoña; Luciana Paluzzi, actriz italiana amiga de Helmut Berger; María Dolores Pradera, cantante española de fama internacional; María Jiménez, famosa cantante española; Marga Samsonowski, mujer de la famosa artista de jazz Pia Beck; Mariquilla, famosa bailaora de la época dorada del Pasaje Begoña; Marujita Díaz, afamada cantante de copla y actriz española; Paco España, actor y popular transformista español; Paul Bowles, afamado escritor, compositor y viajero estadounidense; Pedro Moreno Moreno, conocido como Violeta la Burra, pionero del transformismo en España; Rafael Herrera y Enrique Ollero, conocidos como Herrera y Ollero, un tándem de diseñadores de la alta costura española; Raphael, cantante y actor español de fama internacional; Salomé, cantante española ganadora del Festival de Eurovisión en 1969, etc. La lista sería interminable, pero finalizamos nombrando a Antonio Cañete, Antonio López, Antonio Molina, Diego Carrasco, Juan Antonio Moreno, Juan Martín, Manuel Carrasco, Manuel Cortés, Manuel Ruiz, Mariquilla, Paco Castillo, Paco Parrondo, Serafín García y Tomás Chacopino.

jueves, 7 de mayo de 2020

#libros #testimonios | Desafiando al olvido : Waldo de los Ríos, la biografía

Desafiando al olvido : Waldo de los Ríos, la biografía / Miguel Fernández.
Barcelona : Roca, 2020 [05-07]. 
398 p.
/ ES / BIO / Armarios / Cultura popular / Franquismo / Historia – Siglo XX / Homosexualidad / Memoria sentimental / Música / Transición / Waldo de los Ríos

📘 Ed. impresa: ISBN 9788418014444 / 18.90 €
📝 Cita APA-7: Fernández Miguel (2020). Desafiando al olvido : Ealdo de los Ríos, la biografía. Roca.

[.es] Poco antes de la medianoche del 28 de marzo de 1977, un amigo encontró moribundo al compositor Waldo de los Ríos en el dormitorio de invitados de su casa madrileña. Desde hacía varios meses, De los Ríos atravesaba una mala racha: había adelgazado mucho, bebía, trasnochaba, tomaba constantemente tranquilizantes y se sentía amenazado por unas extrañas llamadas telefónicas de las que no daba muchos detalles. Además, vivía obsesionado con la idea de perder la fortuna que había amasado desde que, ocho años antes, compusiera el ‘Himno a la Alegría’, un disco que alcanzó el éxito en Estados Unidos, Alemania o Canadá. Su peculiar forma de orquestar había servido, además, para lanzar al estrellato a artistas como Raphael, Karina o Mari Trini. Por sus manos, habían pasado muchos de los éxitos de los años sesenta y setenta: desde ‘Cállate niña’, a ‘La Yenka’ pasando por la sintonía de ‘Curro Jiménez’. Aunque era un personaje popular en España, Argentina o Francia, Waldo de los Ríos se sentía solo y triste en aquél duro invierno de 1977, en el que sucesos como los asesinatos de Atocha, la catástrofe aérea de Los Rodeos o los atentados de ETA sobresaltaron a la sociedad española. Junto a la cama en la que fue hallado malherido, la policía encontró una escopeta, varias fotos, dos casetes que reproducían las voces de un hombre y de su madre, y una cámara de vídeo. Pese a las dudas de algunos amigos y familiares, la investigación policial concluyó con celeridad que el músico se había suicidado. Poco después, el cadáver, fue embalsamado y trasladado en un ataúd sellado a Buenos Aires, donde la dictadura argentina le negó cualquier reconocimiento público. Casi medio siglo después, la pregunta sigue sin respuesta: ¿Qué hubo detrás de la muerte de Waldo de los Ríos?

viernes, 10 de abril de 2020

#hemeroteca #memoria #homosexualidad | ¿Por qué se suicidó Waldo de los Ríos?

Imagen: La Vanguardia / Waldo de los Ríos
¿Por qué se suicidó Waldo de los Ríos?
Una biografía recupera al gran compositor de los años 60 y 70, que lanzó a Raphael, Karina o Mari Trini.
Xavi Ayén | La Vanguardia, 2020-04-10
https://www.lavanguardia.com/libros/20200410/48398557379/waldo-de-los-rios-biografia-musica-raphael-jeanette.html

Atención, pregunta: ¿qué tienen en común ‘Por qué te vas’ de Jeanette, el ‘Himno a la alegría’ que cantaba Miguel Ríos, ‘El tamborilero’ de Raphael, ‘La vida sigue igual’ de Julio Iglesias, ‘El baúl de los recuerdos’ de Karina, la melodía del concurso televisivo ‘Un, dos tres’...? Todas ellas son obra del compositor argentino Waldo de los Ríos (1934-1977), que se suicidó de dos tiros de escopeta en su casa de Madrid y que es responsable, aunque no lo sepamos, de varias de las canciones que más se han tarareado durante los años sesenta y setenta.

Multimillonario hecho a sí mismo que se paseaba por la calle en Lamborghini, esposo de la actriz Isabel Pisano, homosexual reprimido, amigo de Fellini, rival musical de Ástor Piazzolla, actuó ante la reina de Inglaterra, Frank Sinatra o Eva Perón y le dijo que no a Stanley Kubrick cuando éste le suplicó en vano que hiciera la banda sonora de ‘La naranja mecánica’. Es obvio que semejante personaje necesitaba una biografía. Y ya la tiene: ‘Desafiando al olvido’ (Roca Editorial) del periodista Miguel Fernández (Granada, 1962), que se ha puesto a la venta en formato electrónico y espera a la primera semana de junio para su aparición en papel en librerías.

Leyendo el libro, uno casi se pregunta más bien: ¿qué es lo que no hizo Waldo de los Ríos? ¿en qué canción conocida no intervino? “Tenía un ego tan fuerte –admite Fernández, en conversación telefónica– que quería estar en todos lados, sufriendo por todo, hiperactivo y obsesivo”.

¿Por qué se suicidó Waldo? “Esa pregunta se la hace todo el mundo. Estaba en plenitud de facultades, era rico y famoso, lo tenía todo... Entre los próximos late un sentimiento de culpa: ¿nadie se dio cuenta del drama? Había perdido cuarenta quilos, dejó de dormir, compraba medicamentos a gogó...”. En su día, se especuló con el asesinato. El autor, que ha leído el sumario judicial, afirma que “la policía franquista cumplió con su tarea: investigó, encontró, hizo hablar a los testigos con todos los métodos y dureza a su alcance y en un plazo rápido llegó a conclusiones y dejó la historia cerrada, aparentemente. Frente a eso, las dudas por la vida noctámbula y las malas compañías”.

¿Cómo distinguir si una canción lleva los arreglos de Waldo o no? Fernández se ríe: “Pues igual que se distingue un coche de lujo de un 600. Waldo trabajaba con orquesta, grabó el ‘Himno a la alegría’ en estudio con más de 120 músicos, actuó ante la reina de Inglaterra con 96 intérpretes más coro. La riqueza musical es enorme. Las canciones de Karina pueden parecer unas letras insustanciales, adolescentes, pero tienen un soporte de violines, cuerdas y metales maravillosos. Karina y Mari Trini grabaron en los 80 y 90 sus viejos temas y ya fue solo con una escasa decena de músicos, un resultado que es una sombra del que habían obtenido con Waldo, quien, además de esa ampulosidad, tenía la idea de la orquesta como algo sublime, él se sentía la reencarnación de Beethoven, y a su idea se consagró la avanzada técnica de Hispavox, que usaba el muro de sonido que hacía servir Phil Spector en EE.UU.”.

Hijo de padre guitarrista y madre cantante (Martha de los Ríos), se casó con la actriz y escritora uruguaya Isabel Pisano, autora de libros como ‘Yo, puta’ o ‘El papiro de Sept’, e intérprete en programas como ‘Los chiripitifláuticos’ o en películas como ‘Casanova’ de Fellini o ‘Bilbao’ de Bigas Luna. Fernández ha hablado largamente con ella y la hizo enfadar al sacarle el tema de la homosexualidad de su marido, “que yo creo que era un rasgo importante de su personalidad”.

Una de sus angustias era arruinarse. “Se mató en marzo –responde Fernández– y tres meses después la serie ‘Curro Jiménez’ se convertía en fenómeno sociológico, con la cabecera musical de Waldo, esa fanfarria con que sale el bandolero por la serranía de Ronda a caballo. Se hubiera vuelto a forrar. Pero sus miedos eran injustificados, nunca tuvo problemas económicos. Ganó muchos millones. Se habla mucho de ‘Macarena’ de Los del Río, pero, en 1970, desde unos estudios musicales en España, se fabrica un disco que fue número 1 en medio mundo, su versión del ‘Himno a la alegría’. Se grabó en español y en inglés, y estuvo en las listas de más vendidos en 65 países, le felicitaron hasta los Beatles. Se vendieron 7 millones de discos, sin mercadotecnia, a pelo, en un plazo récord”. De los Ríos “temía que, con su ritmo de gastos, podía llegar un momento en que quebrara, le entró la angustia de vivir, un miedo a ser feliz, que se le somatizó en esa paranoia a quedarse sin dinero”.

Su fama le acercó al poder. Una vez, lo llamaron al Palacio del Pardo, y Carmen Polo, la esposa del dictador, le reveló: “A Paco le gusta mucho Karina”. El socialista Felipe González, impresionado con la nueva vida que le dio a la Novena de Beethoven, le encargó que renovara también el himno marxista ‘La internacional’; “creo que ya tienen pereza de cantarla tal cual”, opinó el compositor, que se tomó la tarea en serio “dándole vueltas a un disco del grupo Bandiera Rossa que se trajo de Italia” pero no llegó a consumarla. José María Ruiz-Mateos, en su etapa de plenitud empresarial, le encargó un himno para Rumasa, este sí finalizado. Colaboró en varios proyectos –películas, series y programas– de Chicho Ibáñez Serrador.

Se peleó con Joan Manuel Serrat porque “la discográfica Zafiro le impuso a Waldo, aunque con seudónimo porque éste tenía contrato con Hispavox, pero se lo disputaban. Igual que dinamizó a Marisol, esperaron que con Serrat también funcionaría, y grabaron juntos canciones como ‘Tu nombre me sabe a yerba’ o ‘Poco antes de que den las diez’... y, bueno, están muy bien pero Serrat suena como Alberto Cortez, no se sentía cómodo, aunque se quedó con efectos de Waldo como el sonido de las moscas, que parece que revolotean”.

El sueño de De los Ríos era “haber sido director de música clásica, quería ser Manuel de Falla, a quien llegó a conocer, se sentó en su rodilla de niño, pero para vivir tuvo que recurrir a la industria y hacer arreglos pop, eso le cerró la puerta a la clásica. Él se quejaba de que los compositores ‘serios’ ni siquiera le hablaban, o le ninguneaban. Eso, unido a su debilidad espiritual, le llevó a la depresión. Y la intelectualidad lo machacó por lo de versionar –ellos decían ‘destrozar’– a Beethoven, hay un artículo demoledor de Terenci Moix en ‘Destino’ que lo pone a caer de un burro. El único que lo trató bien fue Manuel Vázquez Montalbán, quien reconoce su labor en ‘Crónica sentimental de España’. La ‘movida’ lo consideró antiguo y cutre, la prueba está en la gran cantidad de material que ha quedado inédito”.

Junto a eso, la parte más sórdida, con los vídeos domésticos en que grabó alguna orgía con hombres; o las dos cintas de casete que se puso el día de su muerte, una con la voz de su madre y otra con la de su amante, al que grababa en sus conversaciones telefónicas.

El libro se ocupa de su labor lanzando a nuevos talentos. “Karina tenía una pequeña carrera y se la llevó a Eurovisión y quedaron segundos, Mari Trini había grabado un disco, Raphael venía de Francia (fue una cesión a Hispavox) pero él los catapultaba a la fama, no hay más que escuchar cómo sonaban antes y después de pasar por sus manos”..

martes, 7 de abril de 2020

#hemeroteca #memoria | Waldo de los Ríos, la soledad era eso

Google Imágenes / Waldo de los Ríos
Waldo de los Ríos, la soledad era eso.
Artículo escrito por el autor de 'Desafiando al olvido’, la biografía de Waldo de los Ríos (Roca Editorial).
Miguel Fernández | Huffpost, 2020-04-07
https://www.huffingtonpost.es/entry/waldo-de-los-rios-la-soledad-era-eso_es_5e8b72d5c5b6e1a2e0f81c70

La música llegó a mi casa al atardecer. Quizás era invierno porque recuerdo que para ir a abrir la puerta, mi tía se apartó de la mesa de camilla, en aquellas casas bajas que el franquismo había repartido para socorrer a los damnificados por el terremoto. El caso es que llamaron a la puerta y en minúsculo cuarto de estar se presentó Juan 'el de la luz', el comerciante que vendía electrodomésticos a plazos en el barrio. Sin que yo lo supiera, mi padre le había encargado un tocadiscos Phillips Al transistor. Acabábamos de terminar de pagar las letras de la televisión Iberia, que habíamos comprado un par de años antes.

Lo que apareció al retirar el embalaje, me fascinó. La tapadera y al mismo tiempo altavoz era de color blanco, suave al tacto. En uno de los laterales, el asa, quizás un poco oscura, permitía llevar el tocadiscos a cualquier lugar como si de un maletín se tratara. Perfectamente combinado con el resto de elementos, el brazo y la base estaban terminados en un rojo vivo.

El prodigio había durado sólo unos instantes porque enseguida recordé que no teníamos ningún disco que escuchar en aquella maravilla de la técnica y el progreso. Juan nos miró con benevolencia, abrió la cartera donde guardaba las facturas y el dinero y sacó...

–¡Una placa!–exclamó mi tía, que probablemente no estaba al tanto del cambio en la denominación, mientras daba un paso atrás para que mi prima y yo pudiéramos seguir la demostración de 'El de la luz'.

–Una vez colocadas las seis pilas gordas, se deja el aparato en una superficie plana y firme. Nada de ponerlo sobre la mecedora o la cama, que puede desajustarse y romper la aguja. Lo mejor es que lo escuchéis encima de la mesa, como estamos haciendo ahora. ¿Veis? Como vamos a utilizar un disco pequeño se pone sobre el eje esta piececita redonda y esta palanca la llevamos a donde dice 45. Ahora tiramos del brazo hacia atrás y con mucho cuidado...

La voz de Karina se extendió por toda la casa...

–¡Es el Doctor Zhivago! –reconoció mi madre.

–Bájale la voz, los vecinos... –advirtió mi tía.

Desde aquella tarde de mediados de los sesenta, Karina, Alberto Cortez, Los Ángeles y, ya en las puertas de la adolescencia, Mari Trini, se convirtieron en mi compañía diaria. Junto a ellos, de vez en cuando aparecía en la tele Waldo de los Ríos, un personaje de gafas estrambóticas que dirigía la orquesta.

Como a tantos niños de aquel “baby boom”, Waldo, Rafael Trabucchelli y las grabaciones de Hispavox llenaron de luz y color los días azules de una infancia marcada por la aparición de una clase media capaz de comprar piso, utilitario, lavadora y tocadiscos. El mismo grupo social que, en cierta medida, se sintió huérfano y hasta desorientado a la muerte de Franco, a mediados de los setenta.

Entre la llegada de la tele, en blanco y negro por supuesto, a casa hasta la aparición del color discurre la estancia de Waldo de los Ríos en España. O, lo que es lo mismo, entre 'Escala en HiFi' y su intento de adaptar 'La Internacional' para las elecciones de 1977; entre 'Historias para no dormir' y 'Curro Jiménez'; entre los 25 años de paz y la matanza de Atocha. Así se escribe la historia.

Vistos ahora con distancia, no fueron muchos años, apenas quince, en las que el músico no dejó de buscar ni un sólo día su superación como creador y su libertad personal. A medio camino entre lo uno y lo otro, por su vida se cruza, a principios de 1970, el ‘Himno a la alegría’, ese que ahora se canta de balcón a balcón para desafiar el confinamiento y que, mucho antes de internet y la globalización, consiguió ser un éxito en 65 países.

Mientras medio mundo coreaba, como ahora mismo en la pandemia del Covid-19, la fraternidad universal, esa que había llevado al hombre a la Luna pero también a Vietnam, Waldo cobraba cheques con seis ceros en dólares. Ni la fama, ni el dinero, ni su capacidad creativa pudieron evitar que el compositor se deslizara por una peligrosa pendiente emocional que lo llevaría primero a la muerte y después al olvido.

Muchos años después, cara a cara con mi propio pasado, recordaría la tarde aquella en la que 'Juan el de la luz' me llevó a conocer la música. Decidí contar entonces la existencia atormentada de Waldo de los Ríos, aquél tipo grande y silencioso que en la tele o los discos supo hacernos tan felices.

Fueron, apenas, cuarenta y dos años de soledad. Toda una vida.