Mostrando entradas con la etiqueta UDC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UDC. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de febrero de 2020

#hemeroteca #trans #transfobia | El limbo burocrático de la realidad 'trans'

Imagen: La Opinión Coruña / Chicos trans
El limbo burocrático de la realidad 'trans'.
Un grupo de jóvenes 'trans' aportan sus testimonios sobre las trabas administrativas a las que se enfrentan en su día a día para realizar trámites.
Marta Otero | La Opinión Coruña, 2020-02-22
https://www.laopinioncoruna.es/coruna/2020/02/23/limbo-burocratico-realidad-trans/1479874.html

Tom Martínez estudia Filología en la Universidade da Coruña, aunque en la documentación académica todavía no lo hace con ese nombre. Pese a que el reglamento de la UDC recoge su derecho a que el nombre con el que se identifica, su nombre, sea el utilizado por la comunidad universitaria aun sin disponer de su DNI con los datos cambiados, este es un trámite que a Tom se le resiste, como muchos otros. Porque Tom es un chico ‘trans’, y, como muchos de sus compañeros de colectivo y lucha, se ha acostumbrado a que cada pequeño paso se convierta, para ellos, en un salto de longitud.

André López lo tuvo más fácil en su facultad, la de Educación: "Me pusieron todas las facilidades, no tuve que alegar ni presentar nada. A Tom se le dijo, primero, que dependía de la buena voluntad de cada profesor, y luego, que presentase una petición por escrito". Tratos diferentes que evidencian que, pese a la existencia de ciertos protocolos, rara es la vez que estos se aplican de forma uniforme. André, como Tom, como muchos otros chicos y chicas ‘trans’, han normalizado el hecho de que no sepan cómo tratarles en la mayoría de instituciones. Son excepcionales las ocasiones en las que el profesional que les atiende en el hospital, en el psicólogo o en el registro conoce el procedimiento que se debe seguir con ellos.

"Me he encontrado gente que no sabe qué hacer conmigo en todos los ámbitos. La desinformación es total, si pides ayuda no sabes por dónde empezar, te mandan al sitio equivocado. Cuando eres más joven, estás muy asustado, no entiendes nada", añade Adrien Osorio, que trabaja, "por suerte", como diseñador gráfico. Otra ‘rara avis’ en un colectivo que sufre un 85% de paro.

No es un dato casual si se tiene en cuenta situaciones como la ocurrida a Patrick Dopico, animador sociocultural, cuando acudió a la oficina de empleo con un DNI en el que constaban unos datos que chocaban frontalmente con su apariencia. "Cuando el trabajador miró mi DNI me dijo una frase que me quedó grabada: '¡Cómo os pueden hacer esta putada, teniendo esto así!'. Fue bastante comprensivo", recuerda el propio Patrick, que reconoce que las situaciones en las que la persona encargada de atender la solicitud muestra empatía son las mínimas.

La mayoría de veces se topan con la desprotección que produce la ausencia de información reinante, pero, en otras ocasiones, la discriminación es una piedra insalvable en el camino. En un proceso en el que es imprescindible superar cada escalón, son miles las trabas impuestas por profesionales aparentemente cualificados con los que se van cruzando en sus respectivas transiciones.

"Cuando le dije a mi psicóloga que quería acceder a hormonas me dijo que estaba mal de la cabeza, que nadie me iba a querer, que iba a ser una chica con mucho pelo", relata Marco André Comesaña. No fue la única vez que sintió que en el ámbito médico no se le trataba como era debido. "Cuando fui al endocrino, sin pedirme permiso ni informarme, me dijo que me tumbase en la camilla y me miró debajo del vaquero y de la camiseta", explica.

Las preguntas incómodas e innecesarias, las situaciones violentas y las continuas intromisiones en la intimidad son parte de un proceso que parece no terminar nunca y que tiene como su efecto más leve el minar, cada vez más, la moral de un colectivo que solo busca vivir en paz con sus identidades. "Encontrarte con estas situaciones te echa para atrás. Es la segunda vez que intento entrar en hormonas, la primera desistí. Es como si fuese un bicho raro y me lo estuviesen diciendo", argumenta Tom Martínez, para quien la despatologización del colectivo es prioritaria. "Hay muchas personas ‘trans’ con problemas psicológicos, una cosa no invalida la otra. La cuestión es, ¿qué se hace mal para que seamos tantos?", se pregunta.

Un panorama árido, en el que el hecho de toparse con un profesional a la altura supone, casi siempre, el mejor de los oasis. "Hay gente muy buena, como nuestra endocrina, Belén Ruano, o nuestro psicólogo, Gonzalo. Te da tranquilidad, pero dependes de la buena fe del que te toque. Cuando aparece un profesional cualificado, las listas de espera se colapsan", señala André López. La incertidumbre con respecto al futuro es, a día de hoy, su única certeza. Son el terreno de experimentación, una realidad tan reciente en el debate público como antigua en el mundo. "No existe investigación para nuestros tratamientos. No sabemos cómo nos van a afectar a la larga las hormonas, porque no hay registro de personas que hayan estado tanto tiempo con ellas" , revela Tom Martínez.

Todos ellos personifican un reclamo tan añejo como apremiante, el de que la sociedad les cuide, les entienda, les trate con respecto y, sobre todo, que reconozca su existencia. "Todo lo que sabemos es por las personas ‘trans’ visibles en redes sociales, a ellas hay que darles las gracias", concluye André López.

lunes, 16 de septiembre de 2019

#hemeroteca #abolicionismo | Prohibido debatir

Imagen: ctxt / Un 'salón' de Henri de Toulouse-Lautrec
Prohibido debatir.
Una cosa es desear un mundo sin prostitución y otra muy distinta es querer impedir que mujeres prostitutas hablen en la universidad. Hace falta haber olvidado muchas cosas fundamentales para demostrar semejante grado de intolerancia.
Clara Serra | ctxt, 2019-09-16
https://ctxt.es/es/20190911/Firmas/28259/Clara-Serra-debate-universidad-A-Coru%C3%B1a-prostitucion-libertad-de-expresi%C3%B3n.htm

“No estoy de acuerdo con lo que dice,
pero defenderé con mi vida su derecho a decirlo” - Voltaire

Este verano ha habido debate con la problemática cancelación del concierto de C Tangana o la actuación en el Festival BioRitme del grupo SFDK, y muchas feministas hemos dicho que ese es un camino sin salida, que el feminismo debe ser coherente y radical en la defensa de la libertad de expresión. Desde el cambio del Código Penal y la aprobación de la Ley Mordaza en 2015, la libertad de información y de opinión ha sufrido un grave retroceso en nuestro país y eso nos sitúa a todas y a todos ante la responsabilidad de trabajar por defender y ensanchar esas libertades. El feminismo tiene mucho que decir en todo esto, empezando por el fondo de la cuestión.

Si tuviera que explicarles a mis alumnos y alumnas de Filosofía por qué la libertad de expresión es irrenunciable, les diría que su razón de ser, como la de muchas otras instituciones o principios del Estado de derecho, es renunciar a una visión autosuficiente y todopoderosa –que tiene mucho de masculina y que la teoría feminista se ha encargado de criticar–. Si es irrenunciable la presunción de inocencia, la división de poderes o la libertad de expresión es porque quienes defendemos todas esas cosas hemos asumido algo: los seres humanos somos imperfectos y falibles. Tan cierto es que vamos buscando verdades y justicias como que nunca podemos decir que ya las hemos encontrado. En nuestras sociedades dotamos de reconocimiento y autoridad a determinados expertos, como son los profesores catedráticos, los tribunales de oposición, los parlamentos, los gobiernos o los tribunales. Pero por mucho que les demos herramientas para saber o juzgar ciertas cosas y por mucho que reconozcamos la legitimidad de todas esas autoridades, aun así no hay manera segura y definitiva de asegurar que no se puedan equivocar y, por tanto, que nosotros, la sociedad que juzga o conoce a través de ellas, no nos podamos equivocar.

Por eso, porque no creemos que ningún poder sea todopoderoso, dividimos el poder. Por si no tuviera la razón un gobierno, dejamos que un parlamento lo pueda desautorizar. Por si no tuviera razón un parlamento, habilitamos mecanismos para que un tribunal pueda enmendar sus decisiones. Por si no tuviera razón un magistrado juzgando un delito, presumimos siempre la inocencia y se lo ponemos más difícil al que acusa que al que es acusado. Por si acaso los parlamentos no deliberaran bien, los gobiernos no acertaran o las sentencias no fueran justas, establecemos la libertad de prensa o el derecho de manifestación. E incluso, por si acaso un pueblo entero se equivocara –porque asumimos que incluso eso puede pasar–, protegemos la posibilidad de decir cosas que vayan a contracorriente. No solo la libertad de decir cosas contrarias a lo que dice un rey, un presidente o un papa, también protegemos la libertad de decir cosas contrarias a lo que piensa un pueblo, cosas que pueden no gustar a la mayoría pero que deben poder decirse en periódicos, canciones, películas, ensayos o novelas. Por todo eso, porque nos hemos comprometido a pensarnos imperfectos y falibles, defendemos la libertad de expresión, que es, cuando nos la tomamos en serio, no solo la libertad de los “buenos” de expresarse contra los “malos y poderosos” (¡qué fácil!), sino el compromiso de defender justamente a los otros, defender el derecho de hablar de aquellos con los que estamos en desacuerdo.

Es por esta misma razón que está en el fondo de la cuestión, porque pensamos que nadie nunca debería creerse en posesión de una verdad definitiva, por lo que discutimos y debatimos en público: explicamos nuestras posturas y nos exponemos a que nos quiten la razón. La calidad democrática de un país se mide, entre otras cosas, por el apego que la gente tenga a las instituciones del Estado de derecho y, muy particularmente, por lo impregnado que esté el espacio público de una amplia cultura del debate. De nuevo, el feminismo tiene mucho que decir en esto. En este ciclo político hemos hablado mucho de la feminización de la política y de qué podría significar desmasculinizar los parlamentos y las instituciones, pero me parece igual de necesario preguntarnos qué sería una cultura del debate libre de la egocéntrica convicción de que uno lo sabe todo, de la testosterónica necesidad de negar al otro o de la autoritaria lógica del conmigo o contra mí. Solo si creemos que no tenemos toda la razón –quizás es más fácil si no nos va la hombría y la masculinidad en ello–, podemos reconocer que existen las opiniones contrarias, podemos admitir la complejidad de un debate aunque ya hayamos tomado partido en él, podemos entender el sentido de las preguntas de otros y podemos, incluso, ponernos en su lugar para rastrear la lógica en algunas de sus razones. Desmasculinizar el debate es admitir que podríamos aprender con él, que podríamos movernos de lugar, que alguien podría convencernos de algo que antes no pensábamos. Estar dispuestas a cambiar de opinión, que para algunos es vivido como derrota y como humillación, es, sin embargo, una muestra de fortaleza y el feminismo tiene mucho que aportar en la defensa del debate sin miedo. Porque hay, en el fondo, miedo y cobardía en la necesidad de negar al otro la existencia y en el vivir su discrepancia como una amenaza. Hay fortaleza y modestia en la posibilidad de concebir que alguien podría venir a convencerte de algo que antes no pensabas. Y no es una defensa del relativismo; creer en una idea y querer defenderla a capa y espada no solo es legítimo, es la renuncia a la indiferencia y al cinismo, pero solo exponiéndonos a que otros la discutan y la rebatan elegimos, al mismo tiempo, vacunarnos contra el totalitarismo.

El feminismo tiene dos escenarios principales en los que ser ejemplo en cuanto a su cultura del debate, el primero es el debate con los adversarios, en el cual –y como contraejemplo a la política del plasma o la soberbia de ciertos líderes– puede demostrar la capacidad de discutir al machismo y a la reacción con argumentos y razones y no con censuras. El segundo es el escenario de los debates internos, en el cual está en juego una potencia y una riqueza que siempre ha acompañado al feminismo. A diferencia de otros movimientos, el movimiento feminista tiene la virtud y la fortaleza de no ser una escuela, de no tener una ortodoxia, de no nacer de un libro originario; de ser, en definitiva, una gran conversación entre épocas y corrientes. Si el feminismo no tiene en su historia excomuniones o exilios forzosos en Siberia es porque desde siempre en su interior ha coexistido la pluralidad, porque hemos sido capaces de considerar compañeras a aquellas con las que mantenemos abiertos discusiones y debates, porque hemos reconocido como feministas a mujeres con las que tenemos no solo acuerdos sino también diferencias y disensos.

En el seno del feminismo existe desde hace mucho un gran debate sobre la prostitución y hay, para muchas de nosotras, motivos para estar preocupadas con la manera de abordarlo por parte de algunas compañeras. Hace pocos días, las redes sociales fueron escenario de la polémica que ha levantado el hecho de que la Universidad de A Coruña vaya a ser sede de una jornada a la que asistirán prostitutas para, entre otras cosas, hablar en primera persona acerca de las situaciones que viven día a día, por ejemplo la violencia a la que están expuestas. Para asombro de muchas de nosotras, cierto sector del abolicionismo salió a criticar, no ya la postura que presumiblemente defenderán en esa jornada algunas de sus participantes –cosa contra la cual están en todo su derecho de aportar argumentos–, sino la existencia misma de la jornada que, bajo su punto, de vista no debe realizarse en una universidad pública. En este caso, como en otros, estos sectores del feminismo abolicionista han vuelto a defender tres posiciones que son francamente problemáticas para cualquier persona comprometida con el debate y la libertad de expresión.

La primera es la negación del debate mismo. “No hay debate” es una sorprendente posición de un dogmatismo apabullante. Como si por negarlo fuera a dejar de existir. En nuestro país y en el resto del mundo, el feminismo cuenta con corrientes que defienden el reconocimiento de derechos laborales para las prostitutas y cuenta también con otros sectores que se reivindican abolicionistas. Cuando referentes actuales del feminismo como Nancy Fraser, Judith Butler, Ángela Davis o Marta Lamas defienden una postura pro derechos hay que tener una actitud muy soberbia para creerse capaz de retirar a todas ellas su legitimidad o su carnet y negar la existencia de sus posiciones. ¿Quieren también que la Universidad impida hablar a Judith Butler o Nancy Fraser si vienen a hablar sobre la prostitución como invitadas a un congreso? ¿O acaso la prohibición sería solo para las prostitutas que trabajan en la calle y no para las académicas?

“Esto es indiscutible” es la otra manera de cancelar el debate, por ejemplo bajo el extraño pretexto de que implica derechos humanos fundamentales. Los implica, sin duda, y por eso es más necesario aún debatir sobre ello, porque no queremos equivocarnos en un asunto así de importante. Creer en la libertad de expresión implica defender que las cosas son debatibles, incluso cuando son un consenso o han sido asumidas por la mayoría. Implica también, y mucho antes, no negar los disensos existentes.

La segunda posición hartamente preocupante del abolicionismo más totalitario es la demonización del contrario, en este caso la contraria, que en vez de ser una compañera con la que se asume un desacuerdo, debe ser siempre una enviada de los proxenetas, una colaboradora de las mafias o, como se ha dicho en el caso de este debate en Galicia, alguien que pretende captar a las estudiantes y que “viene a por nuestras hijas”. ¿De verdad hay tanta incapacidad para concebir una posición diferente que hace falta demonizar así a las compañeras que piensan diferente o construir permanentes teorías de la conspiración? ¿Hasta ese punto resulta inasumible el disenso? Y, por otra parte, ¿va a seguir el abolicionismo contribuyendo a la histórica y patriarcal estigmatización de las prostitutas –con las que tiene todo el derecho del mundo a estar en desacuerdo– negandoles su capacidad para hablar en una Universidad?

La tercera actitud de este abolicionismo sectario es el uso de la presión como mecanismo de censura. Lo que se busca no es, como sería legítimo, incorporarse a la discusión o pedir la realización de otras jornadas con posiciones distintas, lo que se defiende es que esas mujeres no puedan hablar. No hay mucho disimulo en los argumentos: se sostiene sin medias tintas que sus opiniones no deben tener espacio para ser expresadas. Y esto es grave no ya para la posibilidad de pensar colectivamente mejor sobre la prostitución, ni siquiera solo para el feminismo. Es grave para todos y todas aquellas que creemos que la libertad de opinión y de expresión es un bien que debemos defender. Las universidades deben ser espacios de debate abierto, donde se pueda expresar cualquier opinión si se argumenta y donde se recojan los asuntos en disputa que interesan a nuestra sociedad. Este es, sin duda, uno de ellos y es una buena noticia para el feminismo que lo que está siendo debatido en un movimiento cada vez más relevante para el conjunto de la sociedad sea recogido por nuestras universidades públicas. Si dejar hablar a las mujeres protagonistas es “promoción de la prostitución”, cualquier cosa puede ser censurada con ese argumento.

Es sorprendente que algunas de estas posturas sectarias sean defendidas por cargos públicos del Partido Socialista, algunas de las cuales son parlamentarias. Quizás hace falta recordar que quienes somos diputadas estamos comprometidas con un sistema parlamentario que, por ejemplo, nos obliga a dejar expresarse nada menos que a Vox, nos obliga a escuchar sus argumentos y nos obliga a aceptar unas reglas del juego por las cuales ellos pueden rebatir nuestras ideas. Los parlamentos, como los juicios con garantías o la división de poderes, son dispositivos inventados para no caer en el megalómano y masculino delirio dogmático de creer que ya tenemos la razón. Las universidades, su libertad de cátedra, su compromiso con la pluralidad y con la búsqueda de la verdad en común, también.

Una cosa es desear un mundo sin prostitución, otra distinta estar en contra de garantizar derechos a las mujeres que la ejercen y otra muy distinta es poner el grito en el cielo porque mujeres prostitutas hablen de sus condiciones de trabajo y vida en la universidad. Hace falta haber olvidado muchas cosas fundamentales para demostrar semejante grado de intolerancia. Muchas feministas apoyamos la realización de esas jornadas, esperamos que todas las feministas abolicionistas comprometidas con el debate lo defiendan también y pensamos que si gana la censura sería una mala noticia para todos. Lo sería para todas las feministas que consideramos que tenemos compañeras al otro lado de este debate y que tenemos mucho que hablar con ellas. Y, sin duda, lo sería para todas y todos aquellos que pensamos que el único antídoto contra el totalitarismo es pensar que quizás no tenemos la verdad y la razón, que los debates nunca deben estar prohibidos y creemos firme y radicalmente en la cabida de todas las opiniones en la Universidad y en la libertad de expresión.

viernes, 13 de septiembre de 2019

#hemeroteca #abolicionismo | El veto a las putas, una historia de dogmatismo y cobardía

Imagen: El Confidencial / Manifestación de trabajadoras sexuales en Barcelona
El veto a las putas, una historia de dogmatismo y cobardía.
La Universidad de La Coruña ha vetado unas Jornadas sobre Trabajo Sexual donde tenían previsto participar varias trabajadoras sexuales tras la presión del feminismo abolicionista.
Loola Pérez | El Confidencial, 2019-09-13
https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2019-09-13/universidad-de-la-coruna-prostitucion-veto_2225059/

Hay, ciertamente, una virulenta ofensiva contra la libertad de expresión en el nombre del feminismo. Quizá esto no lo entierre, pero como movimiento social sí socava su coherencia, cuestiona su compromiso con los colectivos más vulnerables y pone en peligro su credibilidad. El último episodio tiene como escenario la Universidad de La Coruña y como protagonistas unas Jornadas sobre Trabajo Sexual donde tenían previsto participar varias trabajadoras sexuales y algunos investigadores sociales.

Desde que se conocieron las jornadas, el sector abolicionista del feminismo, que viene a ser ahora como una renovada Santa Inquisición, pero con bandera violeta; no ha dejado de presionar a la universidad y en especial, al rector, para que suspendiera el acto. Los argumentos para la censura de las jornadas se han centrado en una ristra de barbaridades, aderezadas con su correspondiente dosis de pánico moral y su tendencia a la difamación. Entre todos ellos, por su desmesura e histrionismo, destaco el que presentaba las jornadas, sin ningún tipo de indicio, prueba o pudor, como una estrategia del ‘lobby proxeneta’ para captar a jóvenes ‘prostitutas’ y educar a ‘nuevos puteros’.

No podemos pasar por alto que este énfasis en la inocencia del alumnado universitario no es más que una estrategia para alimentar el imaginario social sobre la figura de la trabajadora sexual. Es la forma que tienen las abolicionistas de insistir en la falsa idea de que una puta es sumamente ingenua y no puede ser una persona adulta, independiente, responsable de sus decisiones y sexualmente autónoma.

Obviamente, aunque parezca cada vez más difícil dada la tendencia al sensacionalismo y al dogmatismo, esto no quiere decir que no existan herramientas teóricas o buenos argumentos desde el feminismo a favor de la abolición del trabajo sexual. Sin embargo, lo ocurrido a propósito de estas jornadas parece más propio de posicionamientos ultraconservadores, puritanos y sectarios que de un feminismo que respeta las elecciones de las mujeres, por más que estas se encuentren fuera de la norma o de los propios valores personales sobre cuerpo y sexualidad. Simplificar el fenómeno de la prostitución como “esclavitud moderna”, coacción o engaño, catalogar a la trabajadora sexual como una víctima per se o incluso acusar a la propia universidad de fomentar el proxenetismo no es solo pasarse de la raya, es la muestra de una absoluta incoherencia ideológica.

La prostitución (y las trabajadoras sexuales) han pasado de lidiar con la tradicional crítica de los sectores religiosos y conservadores, que consideraban su conducta un pecado y un peligro social, a hacer frente a una crítica supuestamente progresista desde sectores de la izquierda y feministas que las cataloga, según interese, o bien como víctimas, o bien como siervas del patriarcado. Por supuesto, este discurso, lejos de mejorar las condiciones de las trabajadoras sexuales, velar por sus derechos o asegurar su protección frente a los abusos o riesgos para la salud, lo que provoca es una mayor estigmatización y exclusión. Se les niega no solo la condición de trabajadoras sino también la posibilidad de ser visibles e interlocutoras, demostrando así que no están traumatizadas, no son inadaptadas o no se identifican con la condición de ‘víctima’, ‘explotada’ o ‘violada por dinero’.

Clandestinidad
En este contexto de absoluta desvalorización, se las condena a la clandestinidad y a condiciones de mayor vulnerabilidad. Además, cuando la trabajadora sexual es migrante, el peso de la discriminación y la visión victimista de la misma se multiplica. Estas estrategias que giran en torno a la infantilización y la criminalización no son casuales o anecdóticas sino ampliamente deliberadas y compartidas en las políticas de protección. Responden a la pretensión de mantener a las trabajadoras sexuales asustadas, en silencio y arrinconadas en espacios marginales, ya sean sociales, académicos o incluso dentro del propio movimiento feminista.

No hay que descuidar tampoco el rol que ha jugado la Universidad de La Coruña. Aunque en un principio se mantuvo firme con la decisión de realizar las Jornadas de Trabajo Sexual, finalmente ha cedido a las presiones. La justificación ha sido francamente cuestionable dado que se excusaba en que ‘el fuerte rechazo, el acoso y la crueldad’ que habían ocurrido en los días previos hacía imposible garantizar las condiciones de seguridad del debate. Aun cabiendo la posibilidad de que el comunicado no incurra en la mala fe, deberíamos preguntarnos muy seriamente sobre sus implicaciones en un país democrático. Si un espacio académico no puede asegurar el debate civilizado de ideas ni salvaguardar la armonía social en sus instalaciones, ¿dónde se va a poder discutir de forma segura? ¿Constituye esto una limitación de la libertad de expresión? Rotundamente sí.

La Universidad de La Coruña parece enfrentar el sectarismo del feminismo abolicionista con una excusa cobarde, ridícula y poco convincente. Con ello no solo ha puesto en evidencia lo lejos que está de asegurar un estándar de civilidad en sus espacios sino también su parcialidad al bloquear aquellas líneas de debate que según el feminismo abolicionista son supuestamente amenazadoras para la sociedad y la comunidad universitaria. El camino que ha tomado la institución resulta ciertamente aterrador: el veto de la puta genera una incómoda incertidumbre con respecto a la civilidad, la convivencia social, el respeto a los derechos humanos y la difusión del conocimiento.

Más allá de que el evento universitario pueda justificarse como un ejercicio amparado en la libertad de expresión y la autonomía de la universidad, dado que la prostitución es un debate abierto no solo en el movimiento feminista sino también en nuestra sociedad, las jornadas eran merecedoras de atención por otro tipo de razones. Abordar las realidades del trabajo sexual no es solo hablar de prostitución, de sus condiciones laborales, de cómo les afecta la legislación migratoria, de las consecuencias de la Ley Mordaza o la penalización de los clientes. Las ciencias sociales, con su correspondiente rigor y metodologías, nos permiten conocer otras opciones que caen bajo el mismo paraguas del trabajo sexual, pero que posiblemente son menos conocidas para el público en general.

Imposición
Es el caso de la asistencia sexual para personas con diversidad funcional, quienes lejos de ser ángeles sin sexo son sujetos que reclaman el derecho al propio cuerpo y la sexualidad. Hay quien desea y necesita el apoyo de una persona profesional para explorar su cuerpo, masturbarse, cambiar de posición, utilizar un juguete sexual o tener un orgasmo. Conocer el trabajo de la -o del- asistente sexual es una forma de evitar la confusión con respecto a lo que hacen y cómo lo hacen, pues su trabajo no consiste en mantener sexo con la persona con diversidad funcional sino en facilitar la masturbación o la relación con otra persona.

En todo caso, no se puede pasar por alto que la suspensión de las jornadas por parte de la institución académica, participa de la imposición del discurso dominante y la agenda marcada por el feminismo abolicionista. Sobre este episodio sumamente reaccionario se construyen discursos y políticas públicas que afectan a los derechos humanos de las trabajadoras sexuales y que suplantan sus intereses, demandas, vivencias y cuestionamientos propios sobre cómo se organiza la industria del sexo. La cuestión se ha tornado cada vez más preocupante porque está liderada por personas bien posicionadas y con gran influencia social: académicas, representantes públicos y colectivos o entidades de carácter feminista muy afines a los partidos políticos.

Para concluir, desde una visión de derechos humanos y desde mi compromiso feminista por no limitar la libertad de expresión, quiero incidir en la idea de que la prostitución contada por las putas no puede convertirse de nuevo en un tabú, en un tema sucio, en una realidad conflictiva. Es importante señalar que lo que estamos presenciando no es exclusivamente una batalla por el conocimiento y la verdad, hay una lucha por el poder de la palabra y una vuelta a la erotofobia. Las peticiones de censura por parte del feminismo abolicionista obedecen a la imposición de un único punto de vista, un único relato, una única opción sobre la manera en la que las mujeres deben vivir la sexualidad, la relación con su cuerpo o simplemente, sobrevivir. Pero asimismo responden a la persecución de una serie de valores y conductas sexuales. Existe una deliberada maniobra política para convertir el trabajo sexual, ya sea la prostitución, la pornografía o incluso la asistencia sexual, en focos de ansiedades sociales.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

#hemeroteca #abolicionismo | Por el derecho a debatir en la Universidad y en todas partes

Imagen: ctxt / 'Libertad de expresión', viñeta de Malagón
Por el derecho a debatir en la Universidad y en todas partes.
88 profesoras, catedráticas e investigadoras del ámbito académico nacional e internacional comprometidas con la libertad de expresión firman este manifiesto.
Ctxt, 2019-09-11
https://ctxt.es/es/20190911/Firmas/28261/prostitucion-libertad-expresion-abolicionismo-manifiesto.htm

La Universidade da Coruña acogerá próximamente unas “Jornadas sobre trabajo sexual”, unos actos donde hablarán prostitutas, miembros de ONG, sindicatos y profesoras universitarias. Sin embargo, algunas voces han iniciado una campaña mediática y en redes sociales de presión sobre la universidad pidiendo su cancelación.

Creemos que estas jornadas y otras parecidas deberían realizarse en la universidad entendiendo que ésta debe ser un espacio abierto a recoger debates que se están produciendo en la sociedad y en el movimiento feminista. La Universidad ha sido históricamente un sitio donde se han dado luchas centrales por la libertad de expresión y todavía hoy debe ser un bastión que permita discutir en condiciones cuestiones que pueden resultar polémicas pero sobre las que no hay un consenso social asentado y sobre las que, por tanto, es imprescindible la producción de conocimiento.

La prostitución es un tema de investigación en ciencias sociales que ya tiene una larga tradición, de hecho, la propia Facultad de Sociología de la Universidade da Coruña lleva más de veinte años produciendo conocimiento sobre la cuestión y varias docentes han publicado artículos y participado en investigaciones científicas de reconocido prestigio sobre esta temática sobre la que no hay acuerdo tampoco en el propio ámbito universitario.

Como tampoco hay acuerdo entre las que nos consideramos feministas y en el propio movimiento feminista donde hay diversidad de opiniones sobre la prostitución y sobre cómo encararla desde las instituciones. Así se ha puesto de manifiesto públicamente con motivo de las ordenanzas municipales, con la prohibición de la sindicación de trabajadoras sexuales, con motivo de una manifestación en la ciudad de Barcelona. Acallar un debate y cerrarlo en falso nunca puede ser una buena idea, más bien deberíamos reconocer su importancia y generar más lugares de encuentro donde poder contribuir a construir una opinión pública informada con suficiente conocimiento para avanzar en consensuar posturas.

Denunciamos que este tipo de prohibiciones acaban por imponer una falsa polarización donde parece que solo son posibles dos posturas (abolicionista o proderechos), cuando el propio sentido de lo que significa una y otra posición no están cerrados, sino que bajo estas etiquetas se esconde una pluralidad de posiciones y propuestas. Una pluralidad que solo es posible desplegar en debates sosegados donde se pueda abordar la cuestión con toda la complejidad que requiere. No se debe simplificar ni obligar a posicionarse de uno u otro lado. Las que firmamos este manifiesto también tenemos opiniones diversas sobre la cuestión.

Desde esta pluralidad queremos reivindicar la pluralidad en el feminismo y denunciamos el intento de prohibir a las prostitutas hablar de sus condiciones de vida y de sus propuestas a través de sus experiencias personales. Precisamente, en la pluralidad de sus discursos y posiciones se percibe la complejidad del debate y las posiciones posibles. Es intolerable que la autoridad se ponga del lado de las que hablan en nombre de otras y se acallen voces plurales para imponer un único punto de vista.

Por tanto, cancelar estas jornadas como se está pidiendo desde algunos sectores supondría una grave vulneración del derecho a la libertad de expresión en el ámbito universitario, haría peligrar la libertad de cátedra y de investigación consagradas en la Constitución e iría en grave perjuicio de los derechos conquistados en un lugar de especial importancia social para la producción de conocimiento como es la Universidad. Así como sentaría un grave precedente para otros ataques que puedan venir en el futuro. Todo en ello en un momento de especial amenaza a la libertad de expresión en toda Europa, debido a la ola reaccionaria impulsada por la emergencia de la extrema derecha.

#hemeroteca #abolicionismo | La Universidad de A Coruña suspende unas jornadas sobre trabajo sexual después de las críticas

Imagen: El Diario
La Universidad de A Coruña suspende unas jornadas sobre trabajo sexual después de las críticas.
El centro mantiene que la universidad debe ser un espacio "de libre circulación de ideas, foro natural para el debate, libre de censuras y prohibiciones" pero asegura no se reúnen las condiciones necesarias para celebrar las jornadas. Este miércoles, decenas de docentes y feministas han suscrito un manifiesto para defender el derecho a debatir en la universidad y a producir conocimiento sobre asuntos sobre los que no hay consenso en la sociedad ni en el feminismo.
El Diario, 2019-09-11
https://www.eldiario.es/sociedad/Universidad-Coruna-suspende-jornadas-criticas_0_941056797.html

La Universidad de A Coruña ha suspendido unas jornadas sobre trabajo sexual que se iban a celebrar la próxima semana. Lo hace después de las fuertes críticas de colectivos feministas, aunque, según asegura la Universidad en un comunicado, la cancelación se debe a que no se reúnen las condiciones necesarias para su celebración. Defiende, sin embargo, que la universidad es un espacio "de libre circulación de ideas, foro natural para el debate, libre de censuras y prohibiciones".

También este miércoles se ha hecho público un manifiesto en el que decenas de profesoras y profesores de universidad y de otros profesionales, muchas ligadas al feminismo, defienden el derecho a debatir en la universidad "y en todas partes". Las críticas de algunos colectivos y activistas subrayaban que se trataba de una promoción de la prostitución y señalaban el uso de dinero público.

En las jornadas iban a participar profesoras de sociología y antropología, prostitutas y exprostitutas, y activistas de la organización OTRAS (cuyos estatutos como sindicato anuló la Audiencia Nacional). Varias organizaciones y expertas salieron al paso de la polémica defendiendo la necesidad de que "la voz de las trabajadoras sexuales" sea escuchada y de que se aborden los problemas que las atañen. "Se nos ha acusado, por ejemplo, de promover la prostitución cuando lo que pretendemos es describir y analizar la realidad según nuestras experiencias vitales y trabajos de investigación empírica", decían en un comunicado.

El manifiesto lanzado este miércoles y suscrito por decenas de docentes y feministas subraya que este tipo de jornadas deben celebrarse en la universidad porque se trata de un "espacio abierto" a recoger debates que se están produciendo en la sociedad y en el propio feminismo y porque la producción de conocimiento es imprescindible en cuestiones sobre las que todavía no hay consenso social asentado.

"La prostitución es un tema de investigación en ciencias sociales que ya tiene una larga tradición, de hecho, la propia Facultad de Sociología de la Universidade da Coruña lleva más de veinte años produciendo conocimiento sobre la cuestión y varias docentes han publicado artículos y participado en investigaciones científicas de reconocido prestigio sobre esta temática sobre la que no hay acuerdo tampoco en el propio ámbito universitario. Como tampoco hay acuerdo entre las que nos consideramos feministas y en el propio movimiento feminista donde hay diversidad de opiniones sobre la prostitución y sobre cómo encararla desde las instituciones", reza el manifiesto.

#hemeroteca #abolicionismo | La universidad de la prostitución

Imagen: Telecinco
La universidad de la prostitución.
Lidia Falcón | Público, 2019-09-11
https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2019/09/11/la-universidad-de-la-prostitucion/

La Universidad de La Coruña pretendía organizar un congreso para explicar, difundir, justificar y defender la prostitución. Por los títulos de las ponencias y la personalidad de las autoras, este congreso es una exaltación de lo que llaman “trabajo sexual”. Con la posmodernidad se pervirtieron los principios políticos y sociales y los valores humanos, y con, naturalmente, el lenguaje.

Lo que había sido en el transcurso de los siglos prostitución se ha convertido en trabajo del sexo. Creíamos, por propia experiencia y arduo estudio que el sexo que nos distingue a los hombres de las mujeres, es fuente de placer pero nunca de trabajo. La relación sexual que ha de ser libre, voluntaria y gratuita convertida en el negocio que las mafias internacionales han convertido en el horror moderno de la esclavitud de mujeres y niñas y niños. La ONU definió hace tiempo que la prostitución no puede ser considerada un trabajo porque carece de la dignidad de este.

El trabajo está definido desde Aristóteles como aquella actividad humana que produce riqueza con el esfuerzo humano. Los trabajos han sido muchos a lo largo de la historia de la Humanidad, como también nos contó Hesíodo en su magistral obra Los Trabajos y los Días donde el poeta canta las excelencias del trabajo como único medio de superación de las dificultades de la vida humana.

Los trabajos han sido y son múltiples en la historia de la evolución humana y siempre empleados en construir sociedad, alimentar a los seres vivos, inventar nuevos adelantos, elaborar doctrinas que hagan avanzar las civilizaciones. El trabajo, desde el más humilde hasta el que requiera más preparación, es digno porque representa el esfuerzo de la persona en crear riqueza y bienestar. Ya imagino que mis opositoras saldrán gritando que las prostitutas crean riqueza y bienestar. Riqueza es evidente, la prostitución es el negocio más lucrativo del mundo después del tráfico de armas y hace inmensamente ricos a los proxenetas, los chulos y las madames. Y bienestar para todos ellos que deben vivir en el mejor de los mundos posibles. Pero poca riqueza y poco bienestar para las mujeres prostituidas.

El trabajo tiene una condición sine qua non: el trabajador no puede ser humillado en todo su ser. Su cuerpo es intocable por el empleador, de lo contrario es un esclavo, sometido a maltrato y trato vejatorio, y eso lo prohíbe la Declaración de Derechos Humanos de Naciones Unidas desde 1948, en que 49 naciones, supervivientes de la II Guerra Mundial, firmaron las condiciones en que debían desarrollarse todas las personas, independientemente de su sexo, clase, raza o condición, a las que hay que respetar como seres dignos de atención y cuidado. Hoy, que reclamamos respeto para los animales y la Naturaleza entera, tenemos a los y las representantes de la esclavitud más humillante de las mujeres defendiendo la prostitución como un “trabajo sexual”.

Las voceras de eso que llaman sindicato OTRAS, que se manifiestan agresivas y desafiantes, utilizando el lenguaje más soez que imaginarse pueda –como les corresponde- defienden su protagonismo y libertad en la defensa de la prostitución como un trabajo libremente escogido y satisfactorio, para lo cual tienen que insultarnos desgarradamente a las que pretendemos que se elimine para siempre semejante negocio y explotación machista. La ordalía del Patriarcado.

Escuchar y leer los manifiestos de esas mujeres reclamando la autonomía y libertad para prostituirse, como si se tratara de la regulación de una actividad laboral, resulta insultante para la inteligencia. En este siglo XXI hemos de ver retroceder la lucha feminista ocho siglos, cuando en el XIII Santo Tomás de Aquino declaró que la prostitución era necesaria para calmar los apetitos sexuales del hombre más potentes que los de la mujer y que debía existir como las cloacas de las ciudades esconden la suciedad. Más tarde, en los siglos posteriores, la prostitución estuvo siempre regulada, para satisfacción de sacerdotes y magnates o desahogo de trabajadores cansados. Todos hombres, naturalmente, porque la prostitución es la institución que con más crueldad demuestra la organización del Patriarcado: los cuerpos de las mujeres al servicio de la sexualidad masculina. Por ello el feminismo y el humanismo de muchos hombres llegaron para denunciar semejante horror consentido por las sociedades llamadas civilizadas.

La prostitución es una explotación, la más grave de todas porque afecta a lo más íntimo del ser humano que es la sexualidad. Reduce a las mujeres a la categoría de objetos sexuales para disfrute de los hombres. De hombres que disfrutan con tal clase de dominio.

Se afirma también que las mujeres “contratan” con total libertad. Lo cierto es que todas las prostitutas son víctimas de violencia, violaciones, maltrato psíquico, desprecios y humillaciones. Ninguna de las mujeres que se encuentran sometidas a esa explotación sexual la han escogido voluntaria y libremente como se pretende, ni se encuentran satisfechas con semejante esclavitud. Todas son utilizadas por uno o varios chulos, todas son expoliadas por el proxeneta y todas son maltratadas por los clientes y por los macarras. Y la drogadicción y el alcoholismo, las enfermedades de todo tipo y las alteraciones mentales son la condición natural de ellas.

Hablamos de la libertad del pobre, cuando no hay nada que esclavice más que la pobreza. El 99% de las prostitutas, como nos enseñan todas las estadísticas mundiales, son pobres. ¿Qué libertad es la que poseen mujeres que no tienen ninguna fuente de ingresos, que no pueden mantener a los hijos o que han sido ya violadas por los hombres de su entorno desde la infancia o que son maltratadas y apaleadas por el padre, novio, marido, amante, que tantas veces son los chulos que las explotan? Han sido vejadas en su dignidad de persona y no se consideran por tanto iguales a las otras más afortunadas. Y nuestra sociedad, cuando legalice la prostitución, seguirá sin considerarlas dignas de compararse con las mujeres decentes.

Si la prostitución se regula como un trabajo más entrará en las listas del INEM, y cualquier mujer en situación de paro que requiera un empleo puede encontrarse ante la oferta de ir a parar a un burdel o perder la ayuda de la Seguridad Social. Mientras la imagen social de la mujer desciende a los estratos más ínfimos. Si por ser mujer puedes ser prostituida con el beneplácito de legisladores y jueces, sindicatos y asociaciones, todas entraremos en la misma categoría despreciable: la de ser mujer.

Ese estigma que se ceba en la que está en las garras de los prostituidores, de que tanto hablan las regulacionistas, es el que les imponen éstos a las mujeres que consideran buenas para ser prostituidas. Porque ninguno de los padres ni maridos ni hermanos ni hijos desea que sus hijas, su esposa, su hermana o su madre se dedique a la prostitución. Como tampoco ninguna de las mujeres que se consideran decentes tiene semejante horizonte entre sus expectativas. Todos ellos y todas ellas, se consideran a sí mismas diferentes a las “otras”, aquellas que sí pueden, y a lo mejor deben, dedicarse a la prostitución.

La violencia y el machismo están presentes en todos los aspectos de la vida de las mujeres prostituidas. Si un sector de hombres maltrata habitualmente a su compañera de vida y varias decenas las asesinan cada año, ¿qué trato pueden esperar las prostitutas?

Esta es la tan cacareada libertad de las mujeres prostituidas.

La legalización no resolverá ninguno de estos problemas. La campaña de la legalización ha sido promovida por las mafias de la prostitución. Esas mafias lo que pretenden es que las legislaciones de los países desarrollados, en los otros son ellos los que imponen las leyes, no les persigan. No enfrentar más el riesgo de que sus esbirros sean encausados y a veces encarcelados, y ahorrarse el dinero que ahora les suponen las mordidas y los sobornos. No crean que los impuestos les saldrán más caros, porque ahora pagan más para tener impunidad en hoteles, clubs, cafeterías, pubs, etc. Lo que pretenden los proxenetas es la total impunidad. Ni denuncias, ni investigaciones, ni molestias de los vecinos ni admoniciones moralistas de las feministas. Traficar con mujeres- tantas menores de edad-, esclavizarlas en los puticlubs, ganar mil por uno, apalearlas si se resisten, y seguir siendo tratados como honrados empresarios de “alterne”.

España se está convirtiendo en otro parque temático sexual europeo, con el tráfico de 500.000 esclavas sexuales que entran cada día en la Unión Europea a través de nuestro país, y tres millones de hombres que acuden a ellas diariamente. Cuando nuestros gobernantes no se plantean acabar con esa repugnante explotación sino legalizarla, se están haciendo cómplices de ese tráfico.

Y ahora la Universidad, la institución más culta, más elevada, se supone que el imperio de las humanidades, de la ciencia, de la investigación, le quería ceder su sagrado ámbito a las representantes de esa infame industria para que expongan, con total libertad, no faltaría más, los espúreos argumentos con los que pretenden influir en el ánimo de los legisladores para que la prostitución se legalice como en Alemania y en Holanda, que se han convertido en los países prostituidores Europa. En poco tiempo tendremos a las mujeres exhibidas como mercancía tras ventanales en las plazas más concurridas de las ciudades, como pueden verse en Ámsterdam, donde, por cierto, están planteándose abolirla ante el cúmulo de agresiones que sufren y el poco número de las que realmente están legalizadas. Igualmente en Alemania y Australia y Nueva Zelanda que se han convertido en los países protectores de la mafia de la prostitución.

¿Y en España será igual? ¿este es el país que queremos?


Y TAMBIÉN…
Polémica en la Universidad de La Coruña: debate o promoción de la prostitución en una charla sobre "trabajo sexual".
Rocío Martín Cañas | Telecinco, 2019-09-09

https://www.telecinco.es/informativos/sociedad/polemica-universidad-coruna-debate-prostitucion_18_2816370131.html

viernes, 6 de septiembre de 2019

#hemeroteca #abolicionismo | Rosa Cobo: "La Universidad es un mercado potencial extraordinario para clientes y prostitutas"

Imagen: El Diario / Rosa Cobo Bedía
"La Universidad es un mercado potencial extraordinario para clientes y prostitutas".
Una profesora de la Universidade da Coruña, critica las polémicas jornadas sobre "trabajo sexual" que se celebrarán en el centro: "Lo que me preocupa es que el subtexto de estas jornadas es normalizar, naturalizar y legitimar la prostitución".
Marta Nebot | Público, 2019-09-06
https://www.publico.es/sociedad/prostitucion-universidad-mercado-potencial-extraordinario-clientes-prostitutas.html

La facultad de Sociología de la Universidade da Coruña organiza el 19 y 20 de septiembre, en su salón de actos, un encuentro a favor de la prostitución bajo el título ‘Jornadas sobre el trabajo sexual’ presuntamente financiado por una exalumna del año pasado, M. S. C, que trabaja como prostituta.

Entre los ponentes de las jornadas se encuentran seis prostitutas y un prostituto. El resto de los ponentes también están a favor de esta actividad. La inscripción para acudir a este encuentro es libre y gratuita.

El anuncio de este evento y sus detalles ha generado un gran revuelo en redes sociales. Con el hashtag #UniversidadSinProstitucion, las protestas en contra ya son ‘Trending Topic’.

Rosa Cobo, feminista, escritora y profesora de Sociología del Género en dicha facultad, cree que estas jornadas son una reacción al movimiento abolicionista que ha ido creciendo en este campus y no ha dudado en denunciarlo. Ella misma dirige la revista ‘Atlánticas’, que publicó recientemente un monográfico abolicionista, y organizó varios encuentros también a favor de la prohibición de esta actividad. Cobo, está involucrada en la lucha contra la prostitución desde que en 2017 publicó el libro ‘La prostitución en el corazón del capitalismo’, fruto de una investigación de más de cinco años por pisos, clubes y polígonos.

En conversación con ‘Público’ nos confiesa: “Lo que me preocupa es que el subtexto de estas jornadas es normalizar, naturalizar y legitimar la prostitución; ese es su objetivo claro [...] y la Universidad es un mercado potencial extraordinario para clientes y prostitutas”. “Los clubes, los pisos, los polígonos necesitan diferentes tipos de mujeres y aquí hay de todo”, explica.

Para esta profesora comprometida, que se confiesa asustada por el revuelo organizado con su protesta, no está en cuestión “la buena fe” de los profesores involucrados en la organización de estas ‘Jornadas sobre trabajo sexual’, aunque está de acuerdo en que la facultad debería aclarar quién lo financia realmente. El precio de este encuentro, solo en viajes, oscila entre 8.000 y 10.000 euros.

sábado, 8 de octubre de 2016

#hemeroteca #vestimenta | ¿Son discriminatorios los uniformes?

Imagen: El Diario
¿Son discriminatorios los uniformes?.
El curriculum oculto de género muestra que niños y niñas reciben mandatos socializadores diferentes, que suelen ser una prolongación de lo que viven en sus entornos familiares.
Rosa Cobo Bedia - Profesora titular de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña | El Diario, 2016-10-08
http://www.eldiario.es/zonacritica/discriminatorios-uniformes_6_567353265.html

Los uniformes son un elemento de diferenciación entre los colegios públicos y los privados. Llevar uniforme en nuestro país tiene connotaciones de clase y de estatus, pues pone de manifiesto la pertenencia a un colegio privado o concertado. El uniforme es la marca de lo no público.

Sin embargo, el uniforme también tiene connotaciones de género, pues se asigna falda a las niñas y pantalón a los chicos, de la misma forma que el calzado suele ser distinto para unos y para otras. Los uniformes no son unisex, son sexuados, y en sí mismos constituyen un elemento fundamental de lo que la pedagogía crítico-feminista denomina curriculum oculto de género. En efecto, esta categoría se ha acuñado para identificar aquellos valores sexistas que recibe el alumnado junto a los contenidos teóricos y que resultan invisibles para la mayoría del profesorado y para la sociedad en general. El curriculum oculto de género muestra que niños y niñas reciben mandatos socializadores diferentes, que suelen ser una prolongación de lo que viven en sus entornos familiares y que se refuerzan con los mensajes que reciben a través de series de TV, publicidad, juegos de ordenador o juguetes, entre otras instancias socializadoras.

Niños y niñas reciben permanentemente mandatos de género que les conducen a formas distintas de estar en el mundo. Los niños son socializados en la actividad, mientras que las niñas reciben mandatos socializadores dirigidos a la no actividad. Se da por sentado, por ejemplo, que los niños son mejores en las matemáticas y las niñas en asignaturas de letras. Este prejuicio tan anclado en el sistema educativo tiene su parte de responsabilidad en que los estudios universitarios de ciencias ‘duras’ estén masculinizados y los de ciencias ‘blandas’ estén feminizados.

También el uso del espacio en los patios de los colegios es un buen exponente de una socialización sexuada. El centro es para los chicos, donde juegan al fútbol o a otros deportes ocupando casi todo el espacio. Por el contrario, los márgenes del patio son para las chicas, condenadas a convertirse en espectadoras de los juegos de sus compañeros. Y estos ejemplos son una pequeña parte de los efectos que sobre unos y otras tiene la socialización de género.

Pues bien, las faldas de los uniformes tienen como efecto que las niñas no puedan moverse con la misma libertad y comodidad que sus compañeros. Sus movimientos están más restringidos, como lo están la mayoría de las vidas de las mujeres. La restricción a los movimientos que impone el uniforme de las niñas en realidad es una metáfora de la vida que las sociedades patriarcales asigna a las mujeres.

Por eso, precisamente, desde el feminismo se propone la coeducación como la práctica educativa idónea para desactivar los mandatos de género. En efecto, la pedagogía crítico-feminista parte del supuesto de que la escuela es utilizada por los sectores dominantes como una herramienta al servicio de la reproducción de las relaciones sociales, pero también puede y debe ser un medio para interrumpirlas y crear nuevas relaciones que no estén marcadas por desigualdades ni refuercen desventajas sociales.

La escuela es uno de los ámbitos privilegiados en los que se pueden aplicar políticas de intervención y de prevención. Es necesario que el alumnado en su totalidad reciba el mandato social de que hay que poner en cuestión y rechazar las relaciones sociales y personales que apuntalan o refuerzan la desigualdad y la violencia. Por eso es necesaria una asignatura obligatoria de educación para la igualdad. Y por ello mismo también es necesario que el profesorado sea formado en feminismo.

Una teoría de la educación crítica que desconoce la coeducación, que minimiza el análisis del currículo oculto de género y que niega las prácticas de intervención coeducativas, es una teoría ciega a la desigualdad de género. Y las teorías pedagógicas que practican la ceguera con ciertas estructuras de poder y desigualdad refuerzan la hegemonía patriarcal.

Por eso es necesario que la escuela se articule en torno a la idea de la igualdad de género y asuma que la igualdad civiliza las relaciones humanas. Una escuela que no conceptualiza la desigualdad entre los niños y las niñas, o los y las adolescentes, no formará a nuestra sociedad en valores de justicia y libertad y, por ello, perderá legitimidad. Ha llegado la hora de que la escuela, la familia y la sociedad entera comprendan que una sociedad sin desigualdad de género es una sociedad mejor.

Y TAMBIÉN…
Una veintena de asociaciones se une contra la falda obligatoria en el uniforme del colegio.

Reclaman una prenda única que no limite el juego de las niñas en los centros escolares. La sentencia del Tribunal Supremo que condenó la obligatoriedad de la falda en el trabajo no tiene efecto en los centros escolares.
José Precedo / Sofía Pérez Mendoza | El Diario, 2016-10-04
http://www.eldiario.es/sociedad/obligatoria-uniforme-femenino-discriminacion-trabajo_0_563094393.html

miércoles, 30 de septiembre de 2015

#recursoselectronicos #tfg #lesbianismo #deportes | La sexualidad de las jóvenes en el deporte : ¿deportistas y/o lesbianas?


La sexualidad de las jóvenes en el deporte [Recurso electrónico] : ¿deportistas y/o lesbianas? / Helena López Gómez ; María del Carmen Lamela Viera, dir.
Trabajo Fin de Grado Facultad de Sociología, Universidade da Coruña. Septiembre 2015.

/ ES / TFG / RE / Open Access
/ Deportes / Estereotipos / Feminidad / Homosexualidad / Juventud / Lesbianismo / Mujeres / Sociología / Testimonios / Visibilidad
TEXTO COMPLETO | RUC – UDC
http://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/16112

Esta investigación analiza la posible relación entre homosexualidad y deporte femenino. Para eso contó con los testimonios de mujeres homosexuales y heterosexuales vinculadas al deporte y con las opiniones de personas anónimas. En un grupo focal, siete mujeres vertieron sus opiniones posteriormente examinadas de manera concienzuda a lo largo del trabajo. A esto se une la recopilación y el examen de comentarios en un foro de usuarios desconocidos de internet acerca de la temática principal del estudio. Tras observar ambas fuentes llega a una conclusión conjunta y global.