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viernes, 22 de septiembre de 2017

#hemeroteca #bisexualidad | Bisexualidad: historia de un borrado

Imagen: El Diario
Bisexualidad: historia de un borrado.
De la invisibilidad a las acusaciones de promiscuidad o inmadurez.
Natàlia Wuwei Climent | El Diario, 2017-09-22
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Bisexualidad-historia-borrado_6_689491058.html

La bisexualidad (como también el resto de plurisexualidades, orientaciones donde existe una atracción hacia más de un género) es normalmente borrada y estereotipada. El borrado o erradicación se caracteriza por la negación de la existencia de estas orientaciones, tanto de forma explícita diciendo que no existimos como de forma simbólica a través del lenguaje con expresiones que nos invisibilizan (como por ejemplo llamando a las relaciones ‘relación heterosexual’ o ‘relación lésbica’ sin tener en cuenta las orientaciones de las personas que forman parte de la relación). Otra forma de borrarnos es con expresiones como ‘todas somos bisexuales’, que niegan de forma indirecta la experiencia diferenciada a la de la monosexualidad (la heterosexualidad o la homosexualidad). Pero eso no es todo, ya que socialmente también somos consideradas promiscuas, que nunca sabemos lo que queremos y que por tanto siempre dudamos, y que somos inmaduras (entre muchos otros estereotipos).

La primera vez que apareció la palabra ‘bisexual’ no fue para referirse a una orientación sexual, sino que apareció a mitad de s. XIX, antes de que aparecieran los conceptos de heterosexualidad y homosexualidad, y se definió por primera vez en el contexto de la biología para referirse a organismos hermafroditas u organismos que en un desarrollo temprano su ‘sexo’ era indiferenciado y que más adelante al desarrollarse se diferenciaría entre lo que llamaban ‘macho’ o ‘hembra’. Durante la misma época, y paralelamente a la aparición de este concepto, se empezó a creer que el hermafroditismo era un estado primitivo de las especies, anterior a la diferenciación sexual, y que por lo tanto era menos ‘evolucionado’, con toda la carga socialmente negativa con la que se ha estado usando desde entonces conceptos como ‘primitivo’ o ‘menos evolucionado’, siempre señalando como máxima evolución la cultura occidental, el capitalismo y todo lo relacionado con las personas con privilegios en las estructuras de poder como el patriarcado, el racismo o el clasismo.

En este contexto, la bisexualidad, entendida como hermafroditismo o indiferenciación sexual, se consideró una fase inmadura del desarrollo humano y se relacionó con niños, personas no blancas (a las que llamaban de ‘razas primitivas’, ya que también se relacionó a las personas no blancas con el primitivismo y lo ‘no evolucionado’), la conducta animal y lo que no es del todo humano (teniendo como lo que es totalmente humano la cultura occidental, evidentemente, a través de una visión totalmente colonialista).

En esa época las prácticas sexuales (y por extensión las románticas o de ‘pareja’) entre personas asignadas con el mismo género eran penalizadas en muchos países occidentales europeos, y también moralmente y socialmente castigadas. Eran llamadas prácticas ‘contra natura’. A finales de s. XIX empezaron las primeras teorías sobre la homosexualidad que intentaron ‘naturalizar’ estas prácticas, verlas como algo que no se escogía sino que eran innatas, para que dejaran de ser castigadas. El problema es que aunque se ‘naturalicen’, al ser algo que realmente no es aceptado socialmente, no están exentas de querer ser corregidas, y por tanto, se tratará de hacerlas entrar en la enfermedad para que se las someta a ‘tratamiento’.

La teoría que más resonó fue la de la ‘inversión sexual’, que partía de la idea de que la atracción tenía que ser siempre entre personas de los dos géneros asignados opuestos. Por tanto, cuando te sentías atraída por una persona del mismo género asignado quería decir que tu psique, tu mente, era del género opuesto al que se te asignaba. En esta teoría de la inversión sexual las personas que se sentían atraídas por lo dos eran personas que tenían psicológicamente los dos géneros, y se las llamaba ‘hermafroditas psicosexuales’. En este caso, la psique ‘femenina’ se sentiría atraída por los hombres y la ‘masculina’ por las mujeres.

Pero esa supuesta atracción hacia los dos géneros se trató como algo que molestaba en las investigaciones que se hacían y lo visibilizaban como si fuera algo más bien irreal. En algunos estudios se pueden observar expresiones como que este tipo de personas creábamos ‘duda e incertidumbre’ para finalmente decir que en realidad no existíamos y que se trataba de personas ‘totalmente invertidas’. Debido a la molestia de que pueda existir algo que pueda ensuciar y no dejar clara la diferencia entre lo que querían hacer entender que era lo ‘correcto’ (la heterosexualidad) y lo que tendría que ser incorrecto (la homosexualidad), las personas que no caíamos en ninguno de los dos estados creábamos incertidumbre y duda, o molestábamos en sus datos, y se intentará a partir de ese momento negar nuestra existencia. Podemos ver aquí uno de los estereotipos de los que hablaba al principio: que las personas que nos sentimos atraídas hacia más de un género somos personas que dudamos y que no sabemos lo que queremos.

Otra cosa que peligraba aceptando la bisexualidad como una opción válida era la monogamia. Uno de los motivos de crear los dos roles de género como totalmente diferentes y complementarios era (a parte de crear la jerarquía hombre/mujer) la de perpetuar la idea de que el género de la otra persona era lo importante en la atracción y lo que te complementaba; una vez encontrada una persona de esas características ya no necesitabas nada más para completarte. La atracción hacia más de un género implicaría la ‘necesidad’ de más de una persona para completarse y eso haría que la monogamia no se perpetuase. Este es uno de los motivos por los que siempre se ha relacionado la bisexualidad y otras plurisexualidades con prácticas poco monógamas e hipersexuales.

Más adelante empezó a usarse también la palabra bisexual para referirse a la orientación y Freud cogió la conceptualización que ya se había hecho con la bisexualidad como indiferenciación sexual o hermafroditismo y lo copió para hablar de la atracción o, como llamaba él, la ‘elección del objeto’, a lo que antes llamaban hermafroditismo psicosexual. Según Freud todas las personas nacemos sin una distinción entre objetos sexuales (bisexuales) y cuando crecemos acabamos escogiendo un objeto. De las dos opciones una era la aceptada (si elegías como objeto el género que te hacía ‘heterosexual’) y la otra la no aceptada (si elegías tu mismo género). Para Freud, la naturaleza humana es bisexual, pero no obstante es imposible practicarla para una persona humana moderna ya que el ‘progreso humano’ (la evolución hacia la cultura occidental) hace que se tenga que escoger una monosexualidad. Por tanto, la atracción hacia más de un género se relacionó también (como se hizo con el hermafroditismo) con los niños, la inmadurez, con las personas no blancas, etc. De ahí viene nuestro estereotipo de que somos personas inmaduras, como también la relación que se hace a menudo entre la bisexualidad y las personas no blancas (a quienes también se ha hipersexualizado a través de la estructura racista y colonialista).

A partir de aquí el único binario considerado ‘real’ será el monosexual heterosexual/homosexual. Los famosos posteriores estudios de Kinsey con su famosa escala de Kinsey como conclusión, reforzaron también este binario ya que construye la bisexualidad a través de la combinación de los dos ‘polos’ que define en los extremos: la homosexualidad y la heterosexualidad ‘puras’. Y, a la vez, refuerza la idea de que ‘todas somos bisexuales, pero en realidad no somos bisexuales’ ya que casi todas las personas monosexuales se acaban encontrando en un punto intermedio (porque no existe tal ‘pureza’).

Supuestamente las plurisexuales tendríamos que estar contentas de que se nos diga que ‘todas somos bisexuales’ (o pansexuales), pensando que así se visibilizan de alguna forma nuestras orientaciones. El problema es que esto se utiliza como técnica de dominación desde el privilegio monosexual para decirnos una y otra vez ‘no os quejéis tanto, en realidad todas somos bisexuales, pero ya sabemos que al final siempre acabas escogiendo un lado; y cuando crezcas y madures lo entenderás’.

jueves, 6 de julio de 2017

#hemeroteca #bisexualidad | La bisexualidad también es política

La bisexualidad también es política.
Las personas bisexuales llevamos un siglo escuchando cosas como que las mujeres bisexuales existimos gracias a la objetificación sexual que hace el hombre heterosexual sobre nosotras.
Natàlia Wuwei Climent - Kuirfeminista, activista crítica bisexual/plurisexual | El Diario, 2017-07-06
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/bisexualidad-politica_6_662193807.html

Hace poco salió el típico estudio que decía que las mujeres bisexuales existimos gracias a la objetificación sexual que hace el hombre heterosexual sobre las mujeres 'bisexualizadas'. Esta es una forma de borrar nuestra propia orientación y sexualidad. Pero esto no es nuevo. Las personas bisexuales llevamos un siglo escuchando cosas como esta, o cosas como que los hombres bisexuales en realidad son gays que no se han atrevido a salir 'del todo' del armario.

Este 'del todo' es una metáfora que nos da una imagen de lo que significa socialmente la bisexualidad: mitad heterosexualidad y mitad homosexualidad. Esta lectura, de mitad y mitad, es la consecuencia del borrado de nuestra orientación sexual: la bisexualidad no existe, por eso es la suma de dos estados que sí que existen (uno bueno y otro malo). Y borrando la bisexualidad, detrás borramos muchas más orientaciones plurisexuales (como la pansexualidad, la polisexualidad, la skoliosexualidad, entre otras).

La pregunta es: ¿existe una opresión hacia las plurisexualidades, esas orientaciones donde existe una atracción hacia más de un género? ¿O solamente recibimos discriminación en forma de homofobia cuando mostramos nuestra 'mitad' homosexual? Tener que escribir esta pregunta, para mí, resulta doloroso, aunque yo misma sepa que la hago a modo de introducción. Pero sé que aún muchas creen que no existe esta opresión que afecta a plurisexuales y que solemos inventárnosla, igual que nos inventamos nuestra orientación sexual. Los días que solemos inventarnos esta opresión, solemos llamarla monosexismo, que es la opresión que sufrimos por el hecho de sentirnos atraídas por más de un género.

Una de las formas que tiene el patriarcado de marcar una línea clara entre el 'hombre' (el privilegiado) y la 'mujer' –y evidentemente erradicar la posibilidad de la existencia de otros géneros– es construir como única buena opción la heterosexualidad y haciendo que la única posible alternativa sea la homosexualidad ('lo contrario'), colocándola en una posición jerárquicamente inferior a la heterosexualidad. El heterosexismo nos dice lo que claramente es 'correcto', 'aceptable' y 'sano': la heterosexualidad. El heterosexismo es una herramienta patriarcal con un gran poder, que nos marcará cuáles son los hombres 'de verdad' que tendrán acceso a las mujeres, y cuáles quedarán descartados y fuera de esta posibilidad. Aquellos que queden fuera se les pondrá en una posición discriminable y no aceptable. Y estos dos estados, el heterosexual y el homosexual, tienen que estar muy bien separados, que no se mezclen, que no se puedan tocar o ensuciar, para poder seguir manteniendo las jerarquías (hombre / mujer, hetero / homo) claramente.

¿Y cuál es el problema de las plurisexualidades? Que puedan contaminar, ensuciar, esa frontera, esa separación. Por esta razón el patriarcado necesita generar una estructura como el monosexismo, que se basa fuertemente en la negación de la existencia de la bisexualidad y de otras plurisexualidades, para que estas jerarquías y separaciones se mantengan.

Por lo tanto, las plurisexualidades son negadas constantemente, y a la vez se crean estereotipos alrededor de ellas que, no nos engañemos, son consecuencia del mismo borrado. Por ejemplo, las personas bisexuales somos siempre leídas como inestables, que no existimos, o que somos infecciosas, traidoras, excesivas, infieles… ¿por qué? Se nos ve como hipersexuales y promiscuas porque, como socialmente solo existen la heterosexualidad y la homosexualidad, se nos ve como la suma de ellas (por tanto, como el doble de sexuales); se nos ve como infieles y traidores porque, como solo se interpretan de nosotras dos estados, se nos ve saltando y cambiando todo el rato de un lado a otro; para el sistema somos infecciosas porque nos 'movemos' entre los dos únicos mundos que deberían poder existir y los ensuciamos y mezclamos; estamos confundidas, somos inestables y estamos en una fase porque no sabemos escoger entre los dos únicos estados reconocidos.

Nuestra existencia y opresión no se muestra ya que no se acepta nuestra existencia fuera de una combinación de los dos únicos estados que el patriarcado define como estables: el bueno (la heterosexualidad) y el malo (la homosexualidad).

Por un lado, aceptar socialmente la existencia de las plurisexualidades hace que la existencia de la heterosexualidad sea muy difícil (o imposible) de demostrar: ¿cómo puedes demostrar que existe la heterosexualidad si cualquier práctica que sea vista desde fuera como 'heterosexual' no tendría por qué implicar ser heterosexual sino bisexual o alguna otra plurisexualidad? De esta forma, poniendo en cuestión la existencia de la heterosexualidad, se pone en entredicho el privilegio que tiene la heterosexualidad y, por tanto, defender su privilegio pasa por tener que negar la existencia de las plurisexualidades.

Por otro lado, a las personas plurisexuales se nos ve como personas que podemos escoger el género de la persona con la que tenemos una relación sexual y/o romántica, y que por tanto también podemos 'escoger' nuestra orientación sexual. Esto pondría en entredicho la excusa de que las personas homosexuales solo se las puede aceptar porque han nacido así y no lo pueden cambiar (o sea, que no lo pueden escoger). Esta forma de 'tolerar' las prácticas 'homosexuales' es altamente homófoba, ya que quiere decir que solo es aceptable por no poder cambiarse, y que si se pudiera cambiar o escoger no sería aceptable, ya que tendría que escogerse la heterosexualidad. Aceptar la posibilidad de elección tendría que obligarnos a aceptar y respetar cualquier orientación, opción o práctica por el simple hecho de existir y no porque no se puede cambiar.

El hecho de que se nos diga que somos inestables o que estamos en una fase, como si de un estigma o de algo negativo se tratara, encierra en sí mismo un rechazo social hacia los cambios, la fluidez, a la elección, que nos convierte en personas insensibles cuando establecemos relaciones con las demás personas (no queremos hacernos más atentas a la posibilidad de que las demás quieran y puedan cambiar, por ejemplo, y con nuestra forma de tratarlas les 'obligamos' a permanecer encerradas en cajas estáticas).

El sistema nos 'estabiliza', nos 'encierra' en cajas, nos 'estanca' para que seamos personas productivas para el capitalismo, y no nos permite tener en cuenta los constantes cambios, voluntades y deseos de los demás. Por tanto, el monosexismo es también el enemigo del cambio y fortalece la insensibilidad relacional.

No pretendo parecer una 'buena bisexual', aquella que no está confundida, que sabe siempre lo que quiere, que no puede ser promiscua si quiere, o que, si no, tiene que parecer una buena lesbiana o heterosexual. Mi bisexualidad es una herramienta política contra el patriarcado, contra la jerarquía y la demanda constante de una estabilidad impuesta para mantener estas jerarquías. Mi bisexualidad es una herramienta de infección, contra el miedo a que lo que tiene que estar separado para poder ejercer opresión se mezcle. Es una herramienta en favor de las fases, y de la sensibilidad constante hacia las personas que nos rodean y con las que nos vinculamos. Es también una herramienta en favor de la elección, de poder escoger.

Mi bisexualidad es una herramienta en favor del cambio, contra el orden establecido, en favor de la multiplicidad, de lo híbrido y contra la idea de 'pureza'. Es una herramienta de la 'no suposición', que nos permite acceder de una forma más sensible a nuestros deseos y a los de los demás.

lunes, 15 de mayo de 2017

#hemeroteca #heterosexismo | Natural vs cultural, machismo y orientación sexual

Imagen: El Diario
Natural vs cultural, machismo y orientación sexual.
El binario natural / cultural se utiliza mucho para reforzar estructuras, y es un juego muy peligroso.
Natàlia Wuwei Climent - Kuirfeminista, activista crítica bisexual / plurisexual | El Diario, 2017-05-15
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Natural-cultural-machismo-orientacion-sexual_6_643995620.html

A menudo en discusiones sobre feminismos (u otros tipos de activismo donde estoy implicada) por redes sociales utilizamos sin darnos cuenta expresiones que caen en el ‘primitivismo de los comportamientos machistas’ o en ‘la naturalización de la no heterosexualidad’. Por ejemplo, ¿cuántas veces habré leído cosas como ‘estos machistas son unos cavernícolas’ o bien ‘ser homosexual no se puede escoger, por favor aceptadme’? Aunque entiendo de dónde sale la necesidad de utilizar expresiones como éstas, tenemos que ir con cuidado y entender qué estamos reproduciendo utilizándolas.

Por ejemplo, el hecho de llamar ‘primitivos’ a los hombres machistas hace que se naturalicen sus comportamientos, olvidándonos de que la estructura patriarcal y su propia violencia tienen un gran componente cultural y construido; haciendo esto, incluso, damos excusa para que se siga reproduciendo, ya que ‘al ser natural’ socialmente se verá como algo difícil de evitar.

Por otro lado, la necesidad de enfatizar el componente natural y de ‘no posible elección’ de la homosexualidad para que se la contemple como aceptable, implica y está suponiendo que si fuese escogida no sería aceptable y, por tanto, sigue reproduciendo la idea de que hay algo malo en la homosexualidad. Más allá de saber si realmente la orientación sexual es o no escogida, tenemos que dejar de reproducir la idea de que es malo no ser heterosexual, y esta es una idea estructural y cultural.

Existe la costumbre en nuestra cultura occidental de separar todo lo que es natural de todo lo que es cultural, creando un binario ‘natural / cultural’ que se utiliza para reforzar estructuras de poder, como el machismo o el heterosexismo (como los ejemplos comentados anteriormente) y otras.

Desde nuestro punto de vista occidental, lo natural es visto y usado como una cosa que no puede cambiar, como lo inmutable, y que solo se puede cambiar a través de nuestra fuerza de conquista, de dominación. Por lo tanto, la naturaleza se verá como algo que no se escoge, pero sí vista a forzarse a través de la técnica y a poderse ‘corregir’. Es cierto que sabemos que la naturaleza cambia, pero según nuestra forma de verlo, sus cambios son consecuencia de leyes inamovibles. Además, parte de esta forma de intuir la naturaleza tampoco proviene de una idea puramente ‘científica’, sino más bien de la idea social general que hay detrás desde un punto de vista estructural.

Por otro lado, la cultura es vista como algo que puede cambiar, pero donde la elección es importante. Eres tú quien escoge comportarse de una forma o comportarse de otra, y someterte a las normas culturales tiene un peso en cuanto a la elección: tienes que escoger, y tienes que escoger bien. El verte como alguien que puede (libremente) escoger es visto como una cosa negativa, porque lo cultural no te dice que puedes escoger lo que quieras, sino que tienes que escoger lo correcto.

Otro binario que se utiliza, equivalente a natural / cultural, es el de primitivo / evolucionado. Lo primitivo es visto como ligado a la naturaleza que no está dominado por la cultura y, por tanto, no sometido al proceso obligatorio de la ‘buena’ elección. Lo evolucionado será visto como una naturaleza culturizada, superior y avanzada, dominada, donde se ha ejercido un poder de elección moral.

Hace falta decir que no es esta exactamente la idea con la que la ciencia en algunas especialidades utiliza las ideas de ‘primitivo’ y ‘evolucionado’; aun así, en muchas teorías científicas esta idea se puede ver de forma indirecta en sus textos, especialmente a finales de s. XIX y principios de s. XX, donde estos términos empezaban a utilizarse más, y que han creado imaginarios que ahora aún perduran (imaginarios racistas, homófobos, bífobos, machistas, capacitistas, etc.).

Durante el proceso de colonización y racialización se utilizaron los discursos científicos para colocar a las razas no blancas en una posición ‘más primitiva’ y ‘menos evolucionada’ y por tanto también menos ‘culturizadas’ y más cercanas a la ‘naturaleza’. Junto con la racialización, otros colectivos como eran el de las mujeres, las personas con enfermedades mentales o las criaturas, eran leídas y vistas también bajo ese prisma. Con la orientación sexual pasó una cosa curiosa: se situó a la homosexualidad en el paradigma de la enfermedad como un caso de ‘degeneración’ en la evolución humana y a la bisexualidad como un caso de ‘primitivismo’ y por tanto o inexistente, o bien relacionada con personas de color, criaturas o personas con enfermedades mentales.

El binario natural / cultural se utiliza mucho para reforzar estructuras, y es un juego muy peligroso. Si utilizas la naturaleza para excusar un comportamiento, o sea considerar una cosa como ‘natural’ para hablar de un comportamiento, pueden pasar dos cosas: si lo que quieres excusar es considerado socialmente negativo automáticamente lo pasarás por el molde de la corrección (esto es lo que ha pasado, por ejemplo con la homosexualidad, que se vio hasta no hace mucho tiempo como una enfermedad a curar); pero si es una cosa socialmente aceptada, automáticamente la naturalizarás y la reforzarás (esto es lo que pasa con los comportamientos machistas). Solo lo que esté aceptado culturalmente como correcto saldrá bien parado de una posible ‘naturalización’.

La pregunta es: ¿por qué lo cultural no es natural si existimos culturalmente en la naturaleza? La diferenciación natural / cultural proviene de la visión occidental (e históricamente burguesa) del individuo separado de su entorno y que ve lo que le rodea como externo a él, poniéndose siempre en una posición jerárquicamente superior. Esta forma de ver el mundo, divide entre lo ‘propio’ (cultural) y todo lo que es ‘externo’ (natural y a dominar). Por este motivo también se ha colocado la cultura occidental como más evolucionada que el resto: una visión racista y colonialista que ve al resto de ‘culturas’ como más ‘primitivas’ y más cercanas a la ‘naturaleza’ y la otredad.

Toda producción cultural es natural y la naturaleza no es inmutable, es plástica. Naturaleza y cultura interaccionan entre ellas, se transforman, cambian. Naturaleza y cultura se relacionan dentro de ellas mismas.