Mostrando entradas con la etiqueta Mujeres en el cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mujeres en el cine. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de enero de 2021

#hemeroteca #cine #mujeres | María Castejón: “El ama de casa española nunca ha interesado ni al cine ni al feminismo”

Cuerpos Periféricos / María Castejón
María Castejón: “El ama de casa española nunca ha interesado ni al cine ni al feminismo”.

Eduardo Nabal | Cuerpos periféricos en red, 2021-01-13

https://cuerposperifericosenred.com/2021/01/13/maria-castejon-el-ama-de-casa-espanola-nunca-ha-interesado-ni-al-cine-ni-al-feminismo/

María Castejón Leorza es profesora, historiadora, programadora y crítica de cine. Recientemente ha publicado la obra ensayística ‘Rebeldes y peligrosas de cine’.

Eduardo Nabal.- ‘Rebeldes y peligrosas de cine’ nos muestra, de entrada, dos cosas: tu cinefilia neta y tu compromiso militante con el feminismo ¿Crees que el placer y el peligro han ido de la mano de lo que se siguen considerando grandes clásicos del séptimo arte? O dicho de otra manera ¿Buscas resquicios a los que agarrarte o hay algo en el cine comercial que crees supeditado, desde tiempo muy lejano, a una ideología heteropatriarcal?

María Castejón.- Personajes que podemos definir como rebeldes y peligrosas han existido siempre en el cine. Como crítica y espectadora consumo lo que podemos definir grandes clásicos del cine y el cine más comercial o mainstream. Como espectadora me gusta consumir tanto películas más canónicas como películas muy comerciales. Como crítica y programadora creo que tengo la obligación de ver casi todo. Hay mucha subversión y mucho patriarcado en ambas vertientes. Clásicos como ‘Un hombre tranquilo’, ‘El padrino’ o ‘Casino’ que ocupan un lugar destacadísimo en la Historia del Cine son machistas y profundamente patriarcales y violentos hacia las mujeres, y películas populares como ‘Miss Agente Especial’ son muy rompedoras desde el punto de vista de género.

E.N.– Empiezas mostrando el rostro y la irrupción de las pioneras en géneros considerados “masculinísimos” como el western, el cine de acción, la ciencia-ficción, el cine policiaco… ¿El tiempo ha puesto las cosas en su sitio o siempre ha habido voces insumisas dentro de estas corrientes aparentemente tan varoniles?


M.C.- Voces insumisas, afortunadamente, han existido siempre, En parte creo que existe cierto prejuicio por parte de la crítica fílmica feminista a analizar géneros populares como los que mencionas. Como si solo películas militantes o que ponen a sus personajes femeninos en encrucijadas que tienen que ver con el hecho de que sean mujeres o que sufran algún tipo de violencia fueran los referentes en los que hay que fijarse, los más válidos. Antes de iniciar la investigación que ha supuesto el libro apenas conocía el western. He alucinado mucho al descubrir esos personajes tan potentes en un género tan masculino. Personajes como el de Annie Oakley, la famosa pistolera que existió en realidad, son muy sorprendentes. Películas sobre su vida rodadas en los años 30 del siglo pasado, si bien están cargadas de ideología del amor romántico -en la vida real fue el marido de Oakley el que se mantuvo siempre en un segundo plano- son muy inspiradoras y reivindicativas. No podemos realizar lecturas rígidas o intransigentes de las películas porque si no nos perderíamos las subversiones. En el cine de acción, las adaptaciones cinematográficas de ‘Los Ángeles de Charlie’, que son bastante malas desde el punto de vista cinematográfico, suponen un paso adelante porque vemos a mujeres en roles de acción, mujeres en roles de acción y no a mujeres haciendo cosas de tíos, que es muy diferente. Además, las películas son muy absurdas, muy kitsch, divertidas e incluso paródicas. Creo que del cine de acción vienen grandes transformaciones. No hay más que acordarse de las furibundas reacciones a adaptaciones muy testosterónicas como ‘Mad Max’ o ‘Los Cazafantasmas’. Ver a mujeres protagonistas en roles de acción que históricamente han asumido los hombres es muy significativo. Significa que hemos tocado una tecla delicada. Que nos estamos comiendo nuestra parte del pastel. Ya no nos quedamos solo como espectadoras en nuestros grupúsculos viendo películas románticas o de mujeres en crisis o mujeres que deben empoderarse. Y eso es muy importante.

E.N.- En tu trayecto citas gran cantidad de filmes, pero te detienes en algunos que apuntalan tus tesis sobre la ideología, el género y la gran pantalla. ¿Todo ha surgido sobre la marcha o sabías cuales eran esos filmes decisivos para el avance de la imagen de las mujeres?

M.C.- El libro es la continuación de un comisariado que realicé en el año 2017 para el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Todo el trabajo que hice para el ciclo, el trabajo que he realizado en Píkara Magazine y el trabajo como programadora en mis ciclos de ‘Heroínas de Cine’ me hacen ver mucho cine. Así que es un proceso en el que a partir de ejes principales que me pongo voy encajando películas. En este caso ha sido un proceso muy natural. He escrito muy cómoda porque es de las primeras veces que no me he visto condicionada por el registro académico. No he sentido esa presión y creo que se nota. Lo que sí te digo también, es que se han quedado temas fuera como el de un análisis profundo de las prostitutas en el cine, de las locas, de las pandilleras, de lesbianas, del cine de adolescentes… Hay bastantes más rebeldes y peligrosas.

E.N.- Te atreves sin temor con una década para mí sembrada de incorrección política y despropósitos machistas como son los años ochenta del siglo XX, pergeñaos de ‘family values’ ¿Crees que el clima sociopolítico del momento influye en la representación del género y la diferencia sexual en la pantalla?

M.C.- Los 80 fueron años bastante terroríficos, sí. ‘Atracción fatal’, que tiene un gran peso en el libro, es una reacción patriarcal brutal a la emancipación femenina de la Segunda Ola del movimiento feminista. Las películas, las series, no son un reflejo de la sociedad porque son una interpretación personal de quien se pone detrás de una cámara o de quien escribe una historia. Pero es innegable que estos relatos se nutren de la realidad. Creo que todas las décadas son muy machistas en general. Los 80 también nos dejaron la gran joya que es ‘Dirty Dancing’. La autora, Hadley Freeman, tiene un ensayo maravilloso que se titula precisamente ‘The time of my life’, en la que afirma que los 80 la enseñaron a ser feminista…

E.N.-Uno de los capítulos más evocadores y documentados está dedicado a esa vamp, a la vez mítica y olvidada, que fue Mae West. ¿Qué papel ha jugado la censura en este trayecto hacia la libertad sexual?

M.C.- Mae West le dio un vuelco muy grande a cómo leía el cine. Lo mismo me ocurrió como historiadora cuando me leí el libro ‘Mujeres, raza y clase’, de Ángela Davis. Vi cómo es posible que un personaje femenino construya su sexualidad desde el poder. Mae West fue muy consciente del poder que le daban sus curvas. Se comía el deseo de los hombres, lo masticaba y se lo escupía en su cara. Ese poder sexual no lo había conocido en el cine. Creo que Sharon Stone, en ‘Instinto Básico’, es de las pocas que lo recupera. Además, las películas de West son muy locas y divertidas y tienen una reivindicación de clase social muy potente, y es muy interesante cómo se relaciona con las mujeres, porque lo hace desde unos pactos muy reivindicables. Más allá de sus películas, Mae West fue una persona muy influyente y poderosa. Escribía sus propias historias, controlaba sus películas, salvó a la Paramount de la bancarrota y fue capaz de llegar al dinero. Y esto pocas mujeres lo han conseguido. Su descaro fue tal que tuvo que lidiar con la censura. Ella le dio la vuelta y se benefició. Pero sí que es verdad que en sus últimas películas se ve que la censura influyó. La censura funciona en dos direcciones. Prohíbe, pero al mismo tiempo crea interés. Lo prohibido siempre nos atrae, siempre nos llama. Censurar actitudes sexuales de mujeres conscientes de su sexualidad es muy sintomático de una sociedad judeocristiana que define la sexualidad femenina como peligrosa. Y es verdad. Porque pocas cosas hay tan poderosas como una mujer libre y consciente de su sexualidad. Es curioso, porque en estos últimos tiempos la censura también viene de cierto sector del feminismo que quiere prohibir conciertos, o canciones. Me acuerdo que cuando estrenaron ‘50 sombras de Grey’, un grupo de feministas llamó al boicot… Francamente me parece tan ridículo como peligroso este tipo de acciones que animan a la censura. En este país tenemos una historia demasiado larga con el tema…

E.N.-Hay filmes a los que dedicas capítulos enteros, como es el caso de ‘Carmina’ dirigida por su hijo Paco León ¿puedes explicarnos algo de la evolución de la figura del ‘ama de casa’ en el cine español?


M.C.- Para mí el personaje de Carmina es una diosa. Tiene la capacidad de hablarnos directamente desde su cocina, desde ese espacio doméstico al que han estado condenadas muchísimas mujeres españolas durante décadas para contarnos su verdad. Carmina es un personaje muy excepcional porque es muy brutal en sí misma. Las estrategias que desarrolla para afrontar la vida y la precariedad no las puede desarrollar cualquiera. El ama de casa española no le ha interesado demasiado ni al cine ni al feminismo. El modelo mayoritario ha sido el de madre complaciente y sumisa sin especial relevancia en las tramas. O la madre terrorífica de Furtivos. Hay una gran revolución en la representación de las mujeres españolas con las cineastas de la Transición, Cecilia Bartolomé, Josefina Molina y Pilar Miró, y sus películas ‘Vámonos Bárbara’, ‘Función de noche’ y ‘Gary Cooper que estás en los cielos’. En las tres películas se analizan de forma muy radical y profunda qué significa intentar salirse del modelo de ama de casa española. Creo que es un proceso muy interesante.

E.N.–Y, por último, algún apunte sobre el papel jugado por los críticos de cine en todo esto.

M. C.- La crítica de cine, como otros muchos ámbitos culturales, ha sido un mundo muy patriarcal y masculino. Además no podemos olvidar que el cine en general tiene un punto de vista muy androcéntrico. Hay mucho rechazo por gran parte de esta crítica tradicional a asumir la perspectiva de género en sus lecturas. Es muy curioso cómo lo pueden ver como una amenaza. Hace pocos días emitieron ‘El hombre tranquilo’, de John Ford, y vi en redes como un crítico ridiculizaba una crítica que apuntaba al machismo de la película. A mí ‘El hombre tranquilo’ me parece una obra de arte. Pero si la veo no puedo obviar que John Wayne arrastra a Maureen O’Hara por la campiña irlandesa casi de los pelos durante más de dos minutos. Ese hecho no la invalida como obra de arte, pero sí que hay que visibilizarlo. Se suele decir que ‘El hombre tranquilo’ es un reflejo de la sociedad en la que se rodó en el año 1952 y que verlo de otra manera es ser casi unas histéricas. Será reflejo de cierta sociedad, porque solo tres años antes Simone de Beauvoir había escrito ‘El segundo sexo’ y estaba comenzando la Segunda Ola de los feminismos. La perspectiva de género hay que asumirla en todas las lecturas culturales y unirla al resto de elementos de análisis. Creo que enriquece cuando lo hacemos desde las ciencias sociales. En su día escribí sobre el tema a propósito de El último tango en París. No somos unas caprichosas y unas taradas a las que ahora se les ocurre prohibir películas como ‘Lo que el viento se llevó’ o ‘Blancanieves’. Queremos lecturas críticas y enriquecedoras. De todas maneras es un tema que me produce cada vez más pereza. Tanto la resistencia y los supuestos dignos cabreos de la crítica canónica porque nos ven como una amenaza y nos infravaloran, como las personas que piensan que Cruela de Vil fomenta el maltrato animal. A mí lo que realmente me gusta es seguir viendo películas y seguir buscando rebeldes y peligrosas...

jueves, 19 de noviembre de 2020

#hemeroteca #cine #mujeres | Rebeldes y peligrosas de cine : vaqueras, guerreras, vengadoras, femme fatales y madres

Rebeldes y peligrosas de cine : vaqueras, guerreras, vengadoras, femme fatales y madres / María Castejón Leorza ; prólogo de Jon Sistiaga.

Lengua de Trapo, 2020 [11-19].
234 p.

/ ES / ENS / Libros / Cine / Feminismo en el cine / Mujeres en el cine
📘 Ed. impresa: ISBN 9788483812549 / 18,50 €

«¿En serio que los únicos modelos posibles son los de mujeres cansadas, imperfectas, con estrías? ¿De verdad que no es compatible estar jodida por limpiar la mierda ajena y disfrutar con un personaje como el de Wonder Woman? El cine va de denunciar realidades injustas, pero también de construir imaginarios, de satisfacer deseos, de disfrutar de la fantasía».

Rebeldes y peligrosas son las mujeres que en el cine se alejan de las normas, dinamitan los mandatos de género y encarnan nuevos referentes. Pero romper con lo impuesto siempre tiene un precio. Aquí nos proponemos reflexionar sobre las protagonistas que pueblan las pantallas de cine: mujeres fatales, rebeldes, pistoleras, piratas, aventureras, malas madres y esposas, prostitutas, lesbianas, locas, violentas... Que ahora queramos recuperarlas, visibilizarlas, deconstruirlas y hacer nuevas lecturas de lo que significaron es uno de sus triunfos.

De ‘Rebeldes y peligrosas’. María nos regala un ensayo divertido, documentado, sorprendente, muy militante (...) Su libro se construye con mimo y encanto, como la chistera de una prestidigitadora de la que no sabes muy bien qué va a salir. Lo mismo te saca a las heroínas del ‘western’ y después, en un abracadabra, aparecen las víctimas vengadoras de finales de las décadas pasadas, las Lisbeth Salander o las Najwas Nimris. Puede despiezarte a las míticas Thelma y Louise y, cuando ya estás viajando con ellas en ese cochazo en busca de su libertad, María te ha dado el cambiazo y te encuentras en la cocina de Carmina, la inclasificable madre de Paco León.—Del prólogo de Jon Sistiaga 

DOCUMENTACIÓN
María Castejón reivindica a las 'Rebeldes y peligrosas' del cine.

Jon Sistiaga prologa el ensayo en el que la historiadora navarra analiza y reivindica a las vaqueras, guerreras, vengadoras, 'femme fatales' y madres.
Ana Oliveira Lizarribar | Noticias de Navarra, 2021-01-19
https://www.noticiasdenavarra.com/cultura/2021/01/19/maria-castejon-reivindica-rebeldes-peligrosas/1112737.html 
María Castejón: “El ama de casa española nunca ha interesado ni al cine ni al feminismo”.
Eduardo Nabal | Cuerpos periféricos en red, 2021-01-13
 

martes, 2 de mayo de 2017

#hemeroteca #cine #mujeres | María Castejón: “El matriarcado vasco es un mito, las mujeres no podían heredar ni el caserío”

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / María Castejón
“El matriarcado vasco es un mito, las mujeres no podían heredar ni el caserío”.
María Castejón Leorza, doctora en Historia, explica la representación de género en el cine en un curso en Iruñea.
Araitz Garmendia | Noticias de Gipuzkoa, 2017-05-02
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2017/05/02/ocio-y-cultura/el-matriarcado-vasco-es-un-mito-las-mujeres-no-podian-heredar-ni-el-caserio

A lo largo de la Historia, el cine ha reflejado diferentes modelos de mujer: sexuadas, madres abnegadas, santas, mujeres objeto... ya que el séptimo arte ha sido siempre un vehículo eficaz para trasmitir mensajes patriarcales. Sin embargo, han existido personajes femeninos que han dinamitado los códigos cinematográficos y se han impuesto como heroínas. Este es el tema escogido por la doctora en Historia María Castejón Leorza, que ofrece en Iruñea durante este mes de mayo, en el Civivox del Ensanche, un curso titulado ‘Criaturas cinematográficas. Mujeres rompedoras, desde el cine clásico hasta la actualidad’.

Pero no todos los productos audiovisuales deben tener solamente la misión de educar y poner sobre la mesa las desigualdades, “también pueden y deben servir para la diversión, la evasión y el sueño, a veces vamos al cine para no pensar y pasárnoslo bien”, explica Castejón. Sin embargo, al margen de ese factor de entretenimiento, la historiadora asegura que “tampoco hay un interés por fomentar una conciencia crítica audiovisual, de saber que, por ejemplo, detrás de ‘La bella y la bestia’ hay muchas cosas”.

Castejón, que ha dedicado toda su vida académica a estudiar temas relacionados con las mujeres y el cine, colabora actualmente en la revista ‘Pikara Magazine’ y cuenta con un blog llamado ‘Las princesas también friegan’. En su opinión, “el cine es una profesión tradicionalmente masculina”, y las mujeres que han tenido la oportunidad de trabajar en este espectáculo “lo han hecho, casualmente, en puestos tradicionalmente femeninos, como peluquería o vestuario, es decir, con todas las labores que han ejercido históricamente las mujeres”.

Como ejemplo, establece el número de directoras de fotografía que existen actualmente: “Son muy pocas las que se dedican a esta parcela. En comparación entre hombres y mujeres, directoras hay muchísimas menos, porque ¿qué es dirigir? Es un puesto de poder, y por eso los hombres han tenido más presencia”.

A esto añade los presupuestos que se les otorgan a las mujeres cuando logran este tipo de tareas de responsabilidad: “Este es un dato muy significativo, porque los hombres suelen disponer de mucho más capital. En el séptimo arte, en según qué puestos, las mujeres son todavía una minoría muy minoría”. “Soy de la generación que fue joven en la década de los años 90, y creo que siempre ha existido la idea de que, desde el momento en el que las mujeres habían conseguido el derecho al voto, ya iba a llegar todo lo demás rodado, pero no, la igualdad de oportunidades total es algo muy complejo”, afirma Castejón.

Por ello, la doctora cree que “para los años que las mujeres llevamos teniendo presencia en el ámbito público, que puede ser desde finales de los 70 o comienzos de los 80, todavía no han cambiado tanto las cosas. No porque vayan a pasar 50 años las mujeres van a representar un 60% en estos trabajos, la Historia nos dice que no es así. Tienen que cambiar muchísimo las cosas, factores que son estructurales, y eso es algo mucho más complejo”.

Ante la cámara
Para la historiadora la situación varía un poco en cuanto a la evolución que ha tenido el papel de la mujer ante las cámaras. “Se han diversificado muchísimo los tipos de mujeres que aparecen como personajes en el cine. Por supuesto hay más cine del que conocemos y personajes super rompedores, aunque todavía funciona y se ven personajes de mujer santa, de madre cuidadora, madre que se sacrifica, o incluso la mujer objeto”, explica Castejón.

A este respecto, señala que hay muchas actrices que han roto con esa imagen, como Katherine Hepburn o Barbara Stanwyck, “o incluso Concha Velasco o Carmen Maura en la actualidad”. A este respecto recuerda la película ‘Thelma y Louise’, de la que el pasado año se cumplió el 25 aniversario: “Siguen siendo personajes que tienen mucha fuerza y el tema es muy vigente. Impresiona que después de 25 años sea un argumento tan actual, y continúe como modelo de referencia”.

Cine vasco
A pesar de considerar “el matriarcado vasco como un auténtico mito”, Castejón señala que es un tema que ha quedado recogido en el cine vasco. “Existe el patriarcado, que es un sistema de poder en el que los hombres tienen todo el poder económico y político, pero el matriarcado vasco no, de hecho las mujeres en Euskadi ni siquiera podían heredar el caserío, aunque es cierto que había mujeres con gran carácter”, agrega la historiadora.

En ese sentido Castejón apunta la película ‘Amama’, dirigida por Asier Altuna en 2015, como ejemplo “porque en ella se reivindica el protagonismo de las mujeres y se critica la construcción patriarcal”. “Los filmes ambientados en Euskadi cuentan con paisajes muy determinados, y además pueden rodarse en euskera. Sin embargo, creo que cualquier tema es válido en cualquier lugar, porque las miradas temáticas son universales”, concluye Castejón.

María Castejón
Especialista en cine. Es Doctora en Historia por la Universidad de Salamanca con la Tesis ‘Feminidades y masculinidades en el cine español de la democracia (1975-2000). Rupturas conflictos y resistencias’. Es Licenciada en Humanidades y cuenta con un Doctorado en Historia Contemporánea. Actualmente es escritora y también se dedica a la docencia.

Cine y mujeres. Desde sus comienzos académicos, se decantó por la historia de las mujeres y el séptimo arte, temas a los que se dedica en su blog ‘Las princesas también friegan’.

sábado, 18 de marzo de 2017

#hemeroteca #mujeres #cine | Anna May Wong, la estrella oriental de Hollywood a la que prohibieron besar a blancos

Imagen: El Español / Anna May Wong
Anna May Wong, la estrella oriental de Hollywood a la que prohibieron besar a blancos.
Aunque nacida en Estados Unidos, el código de la época acabó cercenando su carrera al imposibilitarle compartir protagonismo con actores caucásicos.
Miguel Á. Delgado | El Español, 2017-03-18
http://www.elespanol.com/cultura/historia/20170317/201480149_0.html

La industria del cine que desembarcó en Los Ángeles en los primeros años del siglo XX despertó la fascinación de todos los que ya vivían allí. También la de una niña, descendiente de inmigrantes chinos pero nacida en 1905 en la ciudad, que vivía con sus padres junto al negocio familiar, una tintorería, situado fuera de Chinatown. Sus padres no veían con buenos ojos su admiración por los rodajes que empezaban a frecuentar las calles, pero Wong Liu Tsong aprovechó la primera ocasión que se le presentó para aparecer como extra en una película.

Durante un tiempo, fue compatibilizando pequeños papeles con trabajos como modelo, con el nombre de Anna May Wong, y aprovechando que parecía mayor que la edad que realmente tenía. Su familia se opuso, y su padre llegaba incluso a encerrarla bajo llave entre toma y toma, cuando era la única actriz de rasgos asiáticos del rodaje.

A los 17 años abandonó el hogar y se instaló por su cuenta, y el primer (y único de toda su carrera) papel protagonista le llegó con ‘El tributo del mar’, una variante de la historia de ‘Madame Butterfly’ que es recordada, sobre todo, por ser la primera película estrenada en un rudimentario Technicolor.

Belleza exótica y elegante
Sin embargo, la cinta fue suficiente para que la gran estrella Douglas Fairbanks se fijara en ella para incorporarla en un papel secundario en la superproducción ‘El ladrón de Bagdad’ (1924), donde Wong deslumbraba interpretando a una malvada esclava mongola. Su físico, alto y de una exótica y elegante belleza, no pasó desapercibido, y se convirtió en un icono de la moda. Pero los papeles que le seguían llegando la limitaban siempre a los estereotipos de mujer fatal y perversa, o variaciones de Butterfly.

Hastiada, se trasladó a finales de la década a Europa, donde logró, como Josephine Baker, ser mejor aceptada, entabló amistad y complicidad con mujeres destacadas del cine como Leni Riefenstahl o Marlene Dietrich, actuó en el teatro junto a un joven Laurence Olivier y estrenó en Inglaterra la que es probablemente su mejor cinta, ‘Picadilly’ (1929).

Sólo regresó a Estados Unidos cuando un contrato con la Paramount pareció asegurarle los papeles que sabía que verdaderamente merecía. Un papel secundario junto a la Dietrich en el éxito ‘El expreso de Shanghai’ (1932), que coincidió con una campaña de cotilleos que aseguraba que ambas habían tenido un affaire durante el rodaje, pareció indicar que estaba en el buen camino.

Pero cuando aspiró a conseguir el papel principal en la adaptación del ‘best seller’ de Pearl S. Buck ‘The Good Earth’ (1937), una historia ambientada en China y protagonizada por personajes supuestamente chinos, vio cómo éste acabó recayendo en la actriz alemana Luise Rainer. ¿El motivo? Que era inconcebible para la moral de la época que Wong pudiese representar en la pantalla una relación amorosa con el protagonista, encarnado por el actor austriaco Paul Muni.

Simplemente era imposible plantearse una escena romántica o un beso entre una actriz chinoamericana y un actor de rasgos caucásicos, por más que éste interpretara a un oriental. Indignada, la actriz se negó a aceptar un papel secundario, que además era el único personaje negativo de la trama.

Sin papeles importantes
Wong volvió de nuevo a Europa, e incluso visitó China para conocer la tierra de donde había venido su familia. Allí tuvo que lidiar con las críticas de quienes la culpaban del estereotipo que representaba y que las cintas de Hollywood perpetuaban. Tras varias polémicas y un mal inicio del viaje, consiguió la aceptación de la prensa del país. Pero lo cierto es que su carrera cinematográfica, lastrada por esa imposibilidad de acceder a los papeles que por su calidad y magnetismo debería estar llamada a interpretar, no hizo más que languidecer, a pesar de que paralelamente a una serie de cintas de serie "B", representó algunas obras en Broadway.

La última de sus apariciones en la gran pantalla, que eran cada vez más esporádicas, fue en ‘Retrato en negro’ (1960), protagonizada por Lana Turner y Anthony Quinn. En sus últimos años, como tantas viejas glorias, hizo incursiones en la televisión. Murió en 1961, a causa de un ataque al corazón, pero también arrastraba una cirrosis producida por su alcoholismo. Nunca se casó: a pesar de que la prensa de la época le atribuyó varios romances, muchos de ellos con directores como Tod Browning o Marshall Neilan, siempre fue consciente de que una relación con alguien que no fuera de origen asiático sería el fin de las carreras de ambos.

Hoy, un monumento en el Paseo de la Fama la inmortaliza junto a la estrella mexicana Dolores del Río, la afroamericana Dorothy Dandridge y Mae West, como símbolo de todas aquellas que, por diversos motivos, lucharon por romper los estrechos límites marcados para ellas por el mojigato Hollywood de la era dorada.

miércoles, 8 de febrero de 2017

#hemeroteca #mujeres #cine | Solo uno de cada cinco premiados en la historia de los Goya es mujer

Imagen: Google Imágenes / Ana Belén, Goya de Honor 2017
Solo uno de cada cinco premiados en la historia de los Goya es mujer.
Este año Nely Reguera e Isabel Peña son las únicas mujeres en la lista de nominados en las cuatro grandes categorías. Analizamos la escasa presencia de las mujeres a lo largo de las 30 ediciones de los premios.
Artur Galocha / Beatriz Martínez | Tentaciones, El País, 2017-02-08
http://elpais.com/elpais/2017/02/01/tentaciones/1485982875_277379.html

En las 30 ediciones de los premios Goya celebradas hasta ahora, han recibido un galardón 814 hombres y 222 mujeres. Así que de cada 5 premiados solo una es una mujer. Eso en un país donde las mujeres representan casi el 51% de la población. Y en concreto, en esta edición de los Goya, la cosa no pinta mejor: ninguna de las nominadas a mejor película está dirigida por una mujer . A pesar de la notable presencia de mujeres en la producción de las candidatas a mejor película, este año tenemos que irnos a la categoría de directora novel para encontrar a Nely Reguera, que junto con Isabel Peña (coguionista de ‘Que Dios nos perdone’ junto a Rodrigo Sorogoyen) son las únicas dos mujeres que optan a uno de los premios importantes (además de las nominadas a las tres categorías femeninas).

En el momento de analizar las diferentes categorías descubrimos que en las únicas en las que las mujeres llegan a ser el 50% o más (exceptuando las categoráis femeninas) son Vestuario y Maquillaje. Descartando estas dos esferas, la siguiente con mayor porcentaje de mujeres es Dirección de producción, con 10 mujeres galardonadas de los 29 premiados, un 34,5%. Por otro lado, las dos categorías sin presencia de mujeres son Película extranjera (se han contabilizado los directores de cada película) y Fotografía. En el Goya de Honor solo cuatro son mujeres frente a los 26 hombres que completan las 30 ediciones de los Goya.

Sin embargo, a la hora de pasar el test de Bechdel (test creado por Alison Bechdel en 1985 que sirve para medir la presencia femenina en una película) 13 de las 30 películas galardonadas lo pasan, más de las esperadas dados los datos de arriba... Pero también hay que añadir que el hecho de que pasen el test no quiere decir que sean necesariamente feministas, si no que sirve para evaluar la presencia femenina en la película.


sábado, 1 de octubre de 2016

#hemeroteca #cine #mujeres | ‘Maggioratas’. Libido comunista y de andar por casa

Imagen: ctxt / Gina Lollobrigida en 'La ley' (1959)
‘Maggioratas’. Libido comunista y de andar por casa.
Tras la Segunda Guerra Mundial, las actrices italianas permanecieron alejadas del ideal estético de Hollywood y representaron a la vecina, la novia, la esposa.
Dani Bernabé | ctxt – Contexto y Acción, 2016-10-01
http://ctxt.es/es/20160928/Culturas/8721/Maggioratas-cine-italiano-actrices-italianas-neorrealismo-Fellini-PCI-Visconti.htm

‘La gran belleza’ ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 2013, y culminó así un exitoso trayecto donde público y crítica resaltaron el magnetismo de un personaje protagonista, Jep Gambardella, una enorme factura formal y la exploración de recuerdos y traumas en el inicio del ocaso de una vida. Pocas fueron las líneas dedicadas a Sabrina Ferilli, la actriz que dio el contrapunto femenino en la cinta de Sorrentino, más allá de resaltar su evidente atractivo: curvilínea, morena e irresistible.

Ferilli se inscribe dentro de algo más que una tradición cinematográfica. Forma parte de un fenómeno, el de las actrices italianas, casi un culto laico que se contempla sin apellidos, tan sólo como una explosión de femineidad natural que llena la pantalla. Sin embargo, detrás de una aparente inclinación por la belleza hay toda una construcción cultural, influida por acontecimientos históricos, visión de género y necesidades políticas que se ha extendido más de medio siglo hasta llegar a nosotros. Y todo comenzó en una batalla.

En enero de 1944, los aliados preparan el asalto a Roma. Antes deben atravesar la Línea Gustav, una serie de fortificaciones al sur de la capital italiana tras las que se parapetan los nazis esperando detener su avance. El punto elegido para romper las defensas alemanas es Montecassino, una colina que destaca en el abrupto paisaje entre ríos y vegetación. Lo que se piensa una operación de semanas, por la superioridad aérea aliada, acaba resultando una batalla de meses, casi un frente de trincheras, donde los Nazis son derrotados en mayo. Allí murieron unos 70.000 hombres. Del monasterio que coronaba el monte quedó poco más que un grupo de ruinas irreconocibles.

Un año después, Rossellini comienza el rodaje de ‘Roma, ciudad abierta’, situada en las calles de una capital devastada y de un país aún humeante. Es una historia de ocupación, colaboracionismo y resistencia pero, sobre todo, la apertura de un nuevo cine para una nueva época. Tras el periodo fascista, cuyo coqueteo con la vanguardia quedó pronto eclipsado por la zafiedad propagandística y la ligereza cinematográfica, Italia requería de un cine que se reconociera la calle, el conflicto social y la realidad cotidiana. A partir de aquí, la historia se hilvana con los nombres de directores que van desde el neorrealismo de De Sica en ‘Ladrón de bicicletas’ (1948) hasta el simbolismo de Fellini en ‘Ocho y Medio’ (1963). Esto acabó, quizá, en ‘Saló o los 120 días de Sodoma’ (1975), película póstuma de Pasolini, asesinado ese mismo año. Tres décadas en las que el cine italiano brilló con luz propia, mostró un modelo que influyó en el resto de realizadores europeos y rivalizó, al menos en propuesta artística, con la industria norteamericana.

¿Y ellas? A finales de los 40, el nuevo cine italiano buscó en los concursos de ‘misses’ las que serían primero sus actrices y luego sus musas. Los avispados productores aceptaron que el cine que acompañaría a la reconstrucción de posguerra requería de nuevas ideas, pero no podía prescindir de una antigua: la libido masculina. Es el propio De Sica quien, en la película colectiva ‘Sucedió Así’ (1952), crea el neologismo ‘maggiorata’, refiriéndose a su acompañante en pantalla, Gina Lollobrigida. La ‘maggiorata’ es definida como una ‘donna formosa, provocante, con attributi femminili particolarmente svilupatti’, es decir, una mujer hermosa, provocadora y de amplios pechos y caderas. Lollobrigida era una actriz, pero también un sueño inducido, la pareja deseada por el italiano medio, un futuro resplandeciente en un presente difícil.

La mujer de la posguerra era una ciudadana libre, pero se seguía construyendo en torno al hombre: esposa y madre dentro del matrimonio y objeto de lujuria social fuera de él. Sandra Milo podía aparecer como prostituta en ‘El general Della Rovere’ (1959), de Rossellini, pero también aparecer fotografiada en la revista de la juventud comunista italiana ataviada como ama de casa, atendiendo diligentemente la cocina. La joven representaba una fantasía masculina, entre su carácter presuntamente ingenuo y su físico espectacular, pero también una dualidad buscada, la de la atractiva desconocida y la amantísima esposa. La frontera parecía estar en la adquisición a través de la boda.

La ‘maggiorata’ era belleza, lujuria y aspiración, pero también cercanía. Las actrices italianas no representaban lo mismo que la estrella inalcanzable de Hollywood, sino a la vecina, la novia o la esposa. Lucia Borloni, apellidada artísticamente como Bosè, es dependienta de una pastelería en Milán cuando es nombrada ‘miss’ Italia en 1947. De ahí da el salto al cine, e interpreta gran variedad de personajes a lo largo de su carrera; sus inicios, en cambio, quedan cerca del registro popular. Será una campesina en su primer papel protagonista, en ‘No hay paz bajo los olivos’ (1950), o una desempleada en ‘Roma a las 11’ (1952), donde se narra la historia del proceso de selección a un puesto de secretaria que es solicitado por cientos de chicas.

La vida misma

En 1953, Bosè trabaja bajo la dirección de Antonioni en ‘La señora sin camelias’, donde reproduce su propia vida: la de una empleada de un trabajo común que acaba encontrando el éxito artístico. A pesar de que la película muestra el proceloso interior del mundo del cine, el argumento pone en pantalla el sueño de miles de mujeres jóvenes en esos momentos. Las actrices eran modelo de lo posible, del ascenso social, de la oportunidad de huir de una vida predecible y de sustituir al novio por el galán. Pero no sólo.

Las ‘maggioratas’ fueron una de las construcciones culturales más exitosas del cuerpo femenino, hasta el punto de constituirse en el imaginario colectivo mundial como el ideal de belleza mediterránea. Al pensar o tratar de representar a la mujer italiana, el referente era el de las actrices de estas películas. Los directores y productores no tenían capacidad de alterar biológicamente el cuerpo femenino, pero sí, mediante su selección visual, establecer el modelo. La diferencia con otros contextos fue que esa selección se aproximó a la realidad social que pretendía representar. Las mujeres de la pantalla y las mujeres del vecindario no eran tan distantes. Ni los directores requerían estrellas extranjeras, ni los productores se las podían permitir.

En los 70, aparece la primera ‘maggiorata’ extranjera en el cine italiano, la sueca Anita Ekberg. Cuando Fellini la filma junto a Mastroianni en la inolvidable escena de la fontana de Trevi en ‘La dolce vita’ (1960), Ekberg tenía una carrera en Hollywood. Pero es esta película, junto a ‘Boccaccio 70’ (1962) la que le hace pasar de una simple ‘starlette’ a formar parte de la historia del cine. Que Ekberg incluso tomara la nacionalidad italiana puede resultar una anécdota, pero quizá explique la importancia cinematográfica del país transalpino en aquel entonces.

Curiosamente, fueron también las suecas quienes huían del macho ibérico en el cine del desarrollismo español. ¿Tuvo España a sus ‘maggioratas’ particulares? ¿Las folclóricas, quizá? De todas ellas, Sara Montiel pudo haber sido la más aproximada, si no hubiera sido por la pobreza de los papeles a los que tenía acceso en España, la mayoría una amalgama romántica, histórica y musical. Por contra es Emma Penella la que en ‘El Verdugo’ (1963) se columpiaba entre la sublime imaginación de Azcona y Berlanga y el corsé nacional católico, y dio a su personaje el extraño atractivo de una mujer real en un universo limitado y mezquino muy similar al papel que jugaban las ‘maggioratas’.

Las actrices italianas fueron una ilusión de soberanía respecto a Estados Unidos. Podríamos metaforizar que tras el himno, la bandera y la geografía, las caderas de Rosanna Schiaffino o los ojos de Antonella Lualdi eran un sustituto de la identidad nacional. El hecho de disponer de una imagen singular, propia, que les representaba como país no evitó la constante injerencia norteamericana para asegurarse que Italia permaneciera de su lado en la Guerra Fría, pero sí daba la sensación de independencia, o de que al menos Cinecittà importaba tanto como Fiat, Olivetti o Alitalia.

Lejos de Hollywood

Sophia Loren es, en cualquier caso, la actriz más importante de este periodo. Sofia Scicolone creció en Nápoles, hasta donde sus padres emigraron desde Roma. Allí, montaron una taberna donde recalaban militares aliados en plena Campaña de Italia. Apenas quince años después, aquella niña triunfaba en Hollywood rodando al lado de Cary Grant, Frank Sinatra o Anthony Quinn. Si el término ‘maggiorata’ tiene algún sentido se lo da Loren en La Rifa, el fragmento dirigido por De Sica en ‘Boccaccio 70’ (1962), no sólo por su contundente presencia en pantalla, sino por el papel que representa, el de una feriante de barraca de tiro que acaba rifándose ella misma como premio para intentar salir de su desastrosa situación económica.

A pesar de todas sus películas en Hollywood, Loren gana el Oscar a la mejor actriz en ‘Dos mujeres’ (1960) y vuelve a ser nominada por ‘Matrimonio a la italiana’ (1964), ambas también de De Sica y situadas en la Segunda Guerra Mundial. Loren fue el resultado último de la Batalla de Montecassino, el recuerdo de la Italia que fue y la que comenzaba, un epígrafe en sí mismo.

De una forma metafórica, la foto de Sophia Loren en el Soviet Supremo de la URSS, tan imponente como la estatua de Lenin que le guarda las espaldas, adelantó la política del ‘compromesso storico’ con el que el PCI garantizó su autonomía con respecto de Moscú. Fue en la década de los 70 donde las ‘maggioratas’ desaparecieron como construcción en sí misma y, aunque algunas de sus más notables actrices siguieron actuando, la mayoría cayeron en el olvido. El país que las reclamó como una sublimación esperanzada de la escasez de la posguerra contaba ahora con otro tipo de actriz que narrara el desencanto: el que tuvo su punto álgido en el asesinato del dirigente Aldo Moro y la masacre de la estación de Bolonia; ambos perpetrados por Gladio, la operación de la CIA para frenar los movimientos revolucionarios en Europa.

En los 80, las ‘maggioratas’ se convirtieron en una parodia de sí mismas, reclamadas entonces, únicamente, por su físico. No pasaron en casi ningún caso de la comedia erótica de la picaresca. Quizá Ornella Muti fue la única de estas nuevas actrices que hizo de puente entre el fin del gran cine italiano y el de los años 90, con algún destello de brillantez en su filmografía.

En plena era de Berlusconi, la actriz Maria Grazia Cucinotta tomó el relevo a las ‘maggioratas’. Entonces, el neologismo era ya una palabra olvidada o imposible de pronunciar, en una década donde las apariencias del lenguaje empezaron a servir de parapeto a las desigualdades materiales. Fue un español, Bigas Luna, el que estuvo más cerca con su ‘Bambola’ (1996) de rescatar, gracias a Valeria Marini (más que actriz, mujer espectáculo), a la voluptuosidad como obsesión.

Ya en nuestro siglo (al menos el siglo actual), Mónica Bellucci ha sido la referencia de ese determinado tipo de actriz italiana, quizá en un retorno imposible, como un anacronismo deslumbrante en la era del diseño, lo artificial y lo mesurado. En 2011, la revista ‘Vogue Italia’ edita su número especial ‘Belle Vere’, donde el cardado flamígero, lo sinuoso en las formas y el blanco y negro de las fotografías no eran ya más que una desviación cultural, que traía a escena el modelo de mujer descontextualizado; percha, excusa y envoltorio comercial.

La ‘maggiorata’ está felizmente extinguida como construcción cultural en cuanto al propio contenido machista de la misma, siendo un concepto pensado por hombres y al servicio de sus intereses políticos, sus criterios cinematográficos y sus obsesiones personales. Por eso, quizá, ver hoy a Claudia Cardinale sigue sorprendiendo. En ella percibimos la gran belleza de una musa inalcanzable, pero sobre todo intuimos que, detrás de un aspecto hipnótico, se encuentra la verdad de unas mujeres que hicieron del cine algo honrado.

jueves, 17 de marzo de 2016

#hemeroteca #mujeres #cine | La brecha de género en el cine: cada vez más maquilladoras y menos sonidistas

Imagen: El Diario / Fotograma de 'Nadie quiere la noche'
La brecha de género en el cine: cada vez más maquilladoras y menos sonidistas.
Según un informe de CIMA, el porcentaje de hombres y mujeres en puestos que reproducen los roles de género ha crecido desde 2006: ellos se ocupan de la técnica; ellas de la organización y la estética. Los campos con menor presencia femenina son la dirección de fotografía, el sonido, los efectos especiales y la composición musical, según el análisis de 143 largometrajes estrenados en 2015. Sí hay más mujeres en los grupos directivos y artísticos, pero "los presupuestos para sus películas es menor", asegura la vicepresidenta del organismo.
Sofía Pérez Mendoza | El Diario, 2016-03-17
http://www.eldiario.es/cultura/cine/brecha-genero-agudizado-ultima-decada_0_495550839.html

La sexualización del trabajo en el cine se ha agravado en los últimos diez años. Según un informe de la Asociación de Mujeres Cineastas (CIMA), el porcentaje de hombres y mujeres en puestos que reproducen los roles de género ha crecido desde 2006. Hay un 7% más de trabajadoras en vestuario, maquillaje y peluquería (82%) y se ha elevado en 11 puntos el número de empleados en sonido y efectos especiales (92%).

Es la llamada discriminación horizontal. "Esta segregación se explica por la socialización y tiene que ver con lo que elegimos hombres y mujeres por el hecho de serlo. Nuestras decisiones responden sin quererlo a estereotipos: pensamos que elegimos libremente, pero en términos sociológicos vemos que no. No hay ningún gen en los hombres que los haga más hábiles para la técnica y en las mujeres para ser buenas gestoras", explica Fátima Arranz, profesora de sociología en la Universidad Complutense de Madrid.

La otra discriminación de la que habla el informe, la vertical, provoca "techos de cristal" y tiene que ver con las dificultades de acceso al poder. En cine, quien manda es el director y de las 76 películas de ficción analizadas, solo en un 16% tomó el mando una mujer.

Aunque es un porcentaje bajo, los datos revelan un crecimiento de la presencia femenina en los grupos directivo y artístico: del 15,1 al 20% y del 14,7 al 21%, respectivamente. "Hemos avanzado, pero los presupuestos de las películas dirigidas por mujeres es menor, y eso influye en la repercusión y en la difusión. Da la sensación de que las cintas de mujeres son más pequeñas", dice Juana Macías, directora y vicepresidenta de CIMA.

Arte solo apto para ellos
La dirección de fotografía está dentro del grupo artístico y es de las excepciones que desafían a la norma. Solo un 5% de los largos del año pasado eligieron a una mujer para esta responsabilidad. Helher Escribano estudió dirección de fotografía. En su clase había más chicos pero el porcentaje no era tan desequilibrado. Se ha puesto al frente de la composición de planos en varios cortos y ahora está haciendo la foto fija y el making of de la última de Álex de la Iglesia. "El primer día llegué con mi ayudante y todos daban por hecho que él tenía el mando y yo era la segunda", explica.

Resulta llamativa la distribución del trabajo en la animación. Ninguna de las cinco cintas estrenadas en 2015 está dirigida o escrita por mujeres. Ellas sí mantienen un hueco (pequeño) en la dirección de producción (11%). "Las demandas de estos puestos encajan con el rol organizador, previsor, que asume órdenes y resuelve imprevistos", explica el informe.

Los datos hablan de desigualdades muy pronunciadas que serpentean, muchas veces subrepticiamente, por todas partes: en las cenas de colegueo para ver con quien cuento en mi peli, en las reuniones de equipo, en los días de rodaje... "La mayoría de mujeres que estamos en CIMA nos encontramos con problemas comunes. Uno bastante gordo es el de la conciliación, el que quieran contar contigo o no en función de tu disponibilidad. Esto no es un trabajo de ocho a seis", relata Juana Macías.

Faltan voces y referentes
La apropiación del discurso cinematográfico por parte de uno solo de los sexos, dicen las expertas, se traduce en una falta de pluralidad de las voces que cuentan historias. "No solo influye en quienes nos dedicamos a esto, sino en la sociedad completa. El cine -matiza Macías- crea referentes y modelos todo el tiempo". Además, asegura, "se sigue esperando de nosotras, por ser nosotras, que hagamos películas románticas". "Te intentan catalogar, meter en un cajón determinado", remata Fátima Arranz.

La nominación de dos mujeres como mejor directora en la pasada edición de los Goya dio para muchos titulares triunfalistas. Ninguna se llevó el premio, por cierto. "Porcentualmente son más las galardonadas si tenemos en cuenta cuántas trabajan en el cine", matiza la vicepresidenta de CIMA. Pero hay datos que asustan: solo una mujer (Katherine Bigelow) ha sido reconocida como mejor directora en toda la historia de los Oscar. "Nos faltan referentes", añade.

En medio de todo este manojo de datos, todavía queda espacio para alguna buena noticia. Y es que existe un sector donde estamos muy cerca de la equidad: los jurados. Por ejemplo, el grupo que decidió conceder el Premio Nacional de Cinematografía a Fernando Trueba el año pasado estaba formado por cinco mujeres y seis hombres. Los porcentajes de media, según los cálculos de CIMA, se mueven en torno al 60%-40%.

domingo, 28 de septiembre de 2014

#libros #feminismo | La pantalla sexuada


La pantalla sexuada / Bárbara Zecchi
Madrid : Cátedra, 2014
376 p.
Colección: Feminismos
ISBN 9788437633169 [2014-06]
/ ES / ENS
/ Feminismo y cine / Mujeres en el cine

"La pantalla sexuada" se ocupa de cinco temas centrales de la teoría fílmica feminista (espacio, autoría, placer, cuerpo y violencia) con la intención de revelar cuáles son las dinámicas utilizadas en el cine para desapropiar lo femenino. El título de este volumen hace referencia a dicha desapropiación, a una trasnominación producto de varias prácticas (epistemologías, discursos institucionalizados y tecnologías de género) que obstruyen lo femenino desplazándolo a lo masculino, o que, dicho en otras palabras, universalizan lo masculino. Propósito de este libro es denunciar este fenómeno que ha invisibilizado y sigue invisibilizando la presencia femenina en el séptimo arte e historizar el cine desde un enfoque de género, "sexuándolo". 

La pantalla sexuada : ¿realmente feminismo y cine?
Eduardo Nabal | Facebook, 2014-09-28
https://www.facebook.com/eduardo.nabal/posts/10204858986975060:0

Sé que esta reseña va a molestar aunque no es esencialmente negativa. Puede que sea malinterpretada pero leyendo el libro de Barbara Zecchi “La pantalla sexuada” un siente interés por lo que cuenta y como lo hace y, a la vez, una honda decepción. No porque el libro falle, sea malo o mienta sino porque no sorprende y da una imagen del cine español anterior a la irrupción de muchas autoras que cita. Es curioso pero a mi uno de los libros que más cosas me ha enseñado sobre cine ha sido “Epistemología del armario” de Eve Kosofsky Sedgwick- que habla sobre literatura- , una autora imprescindible que murió hace poco de un cáncer prolongado. Si uno no conociera otros ámbitos académicos diría que Zecci es una pionera pero como hace cuando analiza con acierto el filme de Lucrecia Martel, a pesar de sus interesantes aportaciones como la introducción de Pilar Miró o Marta Balletbó Coll, su libro omite que el cine feminista y más aún la teoría del cine feminista ha evolucionado desde Laura Mulvey, Annette Kuhn etc. Muchos/as quedan demasiado fuera de campo. ¿Dónde están Belén Macías, Sevigné, El calentito? Uno piensa, tal vez algo precavido, en que esas ausencias no son casuales del todo. Así, en algunos momentos contrapone, como ya han hecho otros autores y autores, la sinceridad de los “autores” o “autoras” heterosexuales frente a las extravagancias fálicas de Almodóvar u omitiendo referencias a la segunda película de Balletbó Coll (Sevigné) o incluso al giro que autoras como la propia Colazzi, los asesora de la colección, han puesto en cuestión en el excelente “La pasión del significante”, editado por Biblioteca Nueva. Uno puede estar o no de acuerdo con el uso del psicoanálisis o determinadas teorías al hablar sobre cine porque petrifican el discurso. Aunque Zecci argumenta algo mejor que otras autoras su exaltación de un cine didáctico y moralista como el de Zambrano y, en ocasiones, Bollaín (a pesar de la fuerza narrativa de esta última) frente al gusto por la paradoja, la parodia, la fantasía y la subversión del heterosexismo de autores como Almodóvar o, los sencillamente ignorados, Miguel Albadalejo, Ramón Salazar o Agustí Villaronga no avanza mucho en sus herramientas discursivas sobre libros como “Mujer, amor y sexo en el cine español de los noventa” de Pilar Aguilar o los ensayos de gente como Isolina Ballesteros sobre la representación de la mujer en el cine español de nuestros días. Zecchi aborda con valentía los filmes de Pilar Miró o Josefina Molina pero se muestra algo reaccionaria al tratar con un tonillo algo incomodo cuestiones como el lesbianismo, las minorías sexuales, la teoría poscolonial o, sobre todo, el trabajo sexual. Es cierto que estamos ante un libro documentado y necesario, que se mueve con cierta soltura en el campo de los estudios de género y cine, pero que, al obviar algunas cuestiones esencializa otras. Como, en mayor medida, Maria Donapetry considera el cine de Almodóvar o algunos autores latinos poco subversivo analizando más el argumento en sí o las decisiones de los personajes que otras cuestiones más complejas como el fetichismo, la puesta en escena y los nuevos escenarios sociales… que hacen que películas como “Hable con ella” o la omisión de títulos como la “La niña santa”, “Mi querida señorita” o el legado teórico de hispanistas como Paul Julian Smith, Sylvia Molloy incluso autoras del ámbito académico del estado español publicadas en Icaria en su sección Mujeres y culturas. Su gran es sin duda un análisis bastante interesante de algunos trabajos de Pilar Miró pero, en su conjunto el libro, no habla de las mujeres jóvenes, la lesbofobia, el transgenerismo, la feminización de la pobreza… limitándose a añadir algunos títulos nuevos al discurso del feminismo académico y a los postulados más evidentes de la lucha feminista como los derechos sexuales y la violencia desde un punto de vista heterocentrado o las demandas por una mayor autonomía de mujeres madres o capaces de tomar sus propias decisiones. Hay algo de deja vu en el libro de Zecchi a pesar de hablar con cierta soltura de filmes poco reconocidos como “Costa Brava” o algunos trabajos de Pilar Miró. Zecchi se muestra mucho más tímida de lo esperado y su ensayo parece todavía nacer bajo la mirada supervisora de un mundo académico masculinizado capaz de cuestionar sus postulados. Es cierto que todos los que hemos escrito o intentado escribir sobre arte o culturas emergentes revisamos o reconsideramos nuestros postulados. Pero su análisis resulta en ocasiones estimulante y en otras demasiado previsible para ser un libro nuevo con el título “La pantalla sexuada”. Sabemos que sin la teoría feminista sobre el cine no existiría la teoría queer pero animamos a las teóricas o no tan teóricas de hoy en día a renovar parte de ese discurso, en el fondo, desactivado por su falta de improvisación y riesgo.

DOCUMENTACIÓN
Entrevista exclusiva a Barbara Zecchi, con motivo de la pubicación de "la pantalla sexuada"
Eduardo Nabal Aragón | Diario Progresista, 2014-01-06

http://www.diarioprogresista.es/entrevista-exclusiva-a-barbara-zecchi-con-motivo-de-la-pubicacion-de-59379.htm
> TAMBIÉN EN...
La pantalla sexuada: ¿realmente feminismo y cine?
Eduardo Nabal Aragón | Diario Progresista, 2014-09-30
http://www.diarioprogresista.es/la-pantalla-sexuada-realmente-feminismo-y-cine-56561.htm
>
LECTURAS
Bárbara Zecchi: “La historia de las cineastas está muy coja: apenas se cita a Pilar Miró, y a menudo para criticarla”
María Castejón Leorza | Pikara, 2014-07-27
http://www.pikaramagazine.com/2014/07/la-historia-de-las-cineastas-esta-muy-coja-apenas-se-cita-a-pilar-miro-y-a-menudo-para-criticarla/#comments

Y TAMBIÉN…
Gynocine : teoría de género, filmología y praxis cinematográfica / Barbara Zecchi (coord.)
http://millennium.ehu.es/record=b1795034~S1*spi