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miércoles, 30 de diciembre de 2015

#hemeroteca #diversidad #educacion | Profesorado, sistema educativo y acoso escolar: ¿Dónde estamos y qué está fallando?

Imagen: 20 Minutos / Concentración en recuerdo de Alan, Madrid, 2015-12-27
Profesorado, sistema educativo y acoso escolar: ¿Dónde estamos y qué está fallando?.
El contexto actual para enfrentar el acoso escolar es bastante preocupante: el profesorado está sobrecargado de trabajo y falta formación, especialmente sobre educación sexual y temas de género. Dejemos de problematizar, de una vez por todas, a la gente diferente: alumnado, profesorado y familias. Eduquemos en la libertad, en la igualdad y en el respeto a esas diferencias.
Gracia Trujillo - Mónica Redondo | El Diario, 2015-12-30
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Profesorado-sistema-educativo-escolar-fallando_6_468313170.html

Gracia Trujillo es Doctora en Sociología y profesora de la Facultad de Educación de la UCLM. Mónica Redondo es profesora de Matemáticas en el IES San Isidro de Madrid.

Volvemos de la concentración por la muerte de Alan, un chico trans de 17 años que no soportó el acoso escolar y se suicidó hace unos días en Barcelona. Con una mezcla de indignación y tristeza, comentamos algunas ideas y reflexiones que compartimos desde hace bastante tiempo como profesoras y activistas. La primera es que hablamos poco de acoso escolar, hablamos menos del papel del profesorado en estas situaciones, y todavía menos del papel del profesorado no heterosexual.

El acoso puede darse, y se da, al alumnado "diferente", y esto puede ser por muchos posibles "motivos": ser trans, marica, bollera (o parecerlo), ser gordx, demasiado grande o demasiado pequeñx, cuatro ojos, ser diversx funcional, ser leídx como "débil" por alguna razón… Muchxs podemos recordar tristemente insultos o situaciones que no eran agradables en el patio del colegio, a la salida del instituto, en clase... Por eso cuando decíamos en la concentración, y en las redes, #YoTambiénSoyAlan, sabemos que este hastag es algo más que una expresión solidaria: es una realidad que nos remueve recuerdos de nuestra infancia y adolescencia, y nos obliga a pensar, todavía más, sobre nuestro papel hoy como docentes.

El context o actual es bastante preocupante: el profesorado está sobrecargado de trabajo, falta formación, especialmente sobre educación sexual y temas de género(s) y sexualidad(es). En el caso de Madrid no hay cursos desde hace bastantes años, y en otras comunidades, como la manchega, la situación no difiere mucho. Estas cuestiones se acaban trabajando por parte de los profesorxs, en el mejor de los casos, de manera voluntarista y autodidacta. Falta también, como sabemos, reconocimiento social a la labor del profesorado, y faltan apoyos y recursos en la escuela pública, algo que se ha agravado mucho en estos años de austericidio.

Los contenidos transversales y la Educación para la Ciudadanía han desaparecido con la LOMCE. Sí estaban en la anterior ley, la LOE, y su presencia en el currículum escolar nos "blindaba" de alguna manera para poder hablar de estas cuestiones en nuestras clases. La omnipresencia de la asignatura de Religión, el ataque a la asignatura de Filosofía, junto al ninguneo de asignaturas como la Música y la Educación Plástica y Visual suponen mermar de manera drástica las posibilidades de la escuela pública como lugar de debate y reflexión, como motor de pensamiento crítico. Pero al Ministerio de Educación y a su último fichaje, J.A.Marina, parecen importarles más la "productividad" del profesorado y la promoción de valores religiosos, militares y de competitividad empresarial en las aulas. Así, se nos invita a "producir" alumnado competitivo y "emprendedor".

Por otra parte, lo que no se suele considerar en los análisis sobre acoso escolar es que el propio profesorado LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales), que podría jugar un papel de primer orden a la hora de enfrentar el acoso escolar, también es vulnerable al acoso por parte de compañerxs, del alumnado, de las familias... Tenemos una verdadera espada de Damocles encima de nosotrxs, y más en el contexto de precariedad laboral en el que estamos: tratar estos temas en el aula nos expone a varias vulnerabilidades, la laboral entre otras. Esto dificulta el poder actuar explícitamente en apoyo de nuestro alumnado LGTBI. Muchxs prefieren no intervenir, tienen miedo de mojarse demasiado, son temas complicados y quizá es mejor no entrar. El profesorado LGTBI, en general, actuaría más si no tuviera las manos tan atadas.

Y si lxs profesorxs no heterosexuales tenemos difícil intervenir, el resto se encuentra bastante perdido, sobre todo por la falta de formación que comentábamos anteriormente, y muchas veces no ve siquiera la necesidad de dicha intervención. Pero la educación sexual, el hablar de identidades de género y sexuales, de familias de muchos tipos, de actitudes lesbohomotránsfobas y un largo etcétera no son cuestiones, obviamente, que sólo atañen al profesorado y alumnado no heterosexual. No es necesario formar parte de la comunidad LGTBI para trabajar estos temas en el aula y en los centros, para prevenir situaciones de violencia y detectar posibles acosos; la responsabilidad es de todxs. Lo que sí es necesario, de nuevo, es concienciar, apoyar y formar en estos temas a todo el profesorado. Se necesita más formación, y más empatía.

El alumnado diferente es vulnerable, y entre ellxs, especialmente, lxs menores trans. No obstante, parte del acoso que se produce no es sólo al alumnado rarx, no heterosexual. Muchas veces el acoso es contra chavales que tienen pluma , lo que puede ser indicativo de una opción sexual distinta a la hetero, o no. Simplemente, el salirse de las expectativas de género (que un chico quiera bailar o una chica jugar al fútbol, por ejemplo) puede suponer el principio de un acoso.

El denominado "grupo de iguales", en un momento de reafirmación adolescente de sus identidades de género y sexuales, puede ser terrorífico frente al diferente, a la que no encaja, o al que cuestiona la rigidez del binarismo chica- chico, masculino- femenino. Por eso es tan importante que enseñemos y trabajemos las cuestiones de género y coeducación junto con las relativas a las sexualidades, y cuanto antes mejor (desde Educación Infantil en adelante). Y aquí es fundamental incorporar la interseccionalidad: la clase social, la etnia, la diversidad funcional, la edad… etc., que no son cuestiones ajenas a las de género y sexualidad. Estamos todxs atravesadxs por ellas.

Necesitamos enfrentar todas estas cuestiones de manera urgente. Hay que dejar de pensar la Educación en clave competición-producción neoliberal, con centros de élite frente a centros gueto-problemáticos, y fomentar el aprendizaje colaborativo, el pensamiento crítico y sensible y el respeto a las diferencias. Todxs somos diferentes, y es maravilloso que así sea. Dejemos de problematizar, de una vez por todas, a la gente diferente: alumnado, profesorado y familias. Eduquemos en la libertad, en la igualdad y en el respeto a esas diferencias. Este es uno de los retos, y para ello necesitamos la implicación de toda la comunidad educativa y de toda la sociedad. Hagámoslo por Alan y por todxs sus compañerxs.

Nota: Utilizamos la X a lo largo del texto como forma de cuestionar el binarismo sexual y las categorías hombre- mujer, femenino- masculino; muchas personas no se sienten incluidas, o son críticas con ellas, y sobre esto, entre otras cosas, trata el artículo.

jueves, 26 de marzo de 2015

#hemeroteca #transmaricabollo | Topología transmaricabollo


Imagen: Pikara
Topología transmaricabollo
Las transmaricabollos ni existimos ni sobrevivimos como puntos aislados, nuestras comunidades se forman por medio de procesos de identificación, agrupamiento y acumulación. Hablar de la realidad de la comunidad transmaricabollo es hablar de sociología, urbanismo, antropología, política y hasta de matemáticas.
Mónica Redondo Vergara · Matemática y activista de la Asamblea Transmaricabollo de Sol | Pikara, 2015-03-26
http://www.pikaramagazine.com/2015/03/topologia-transmaricabollo/

Definición de ‘punto de acumulación’: Referente a un conjunto de puntos, es aquel que (perteneciendo o no perteneciendo al conjunto en cuestión) cumple que cualquier entorno de él tiene algún punto perteneciente al conjunto y distinto de él.

La interdisciplinariedad se impone. Voy a hablar de matemáticas, sí, pero también de sociología, de urbanismo, de antropología y de política transmaricabollo. Se trata aquí de reconocer, de analizar cómo opera una de las estrategias colectivas clave para nuestra supervivencia.

Las transmaricabollos ni existimos ni sobrevivimos como puntos aislados, nuestras comunidades se forman por medio de procesos de identificación, agrupamiento y acumulación. Nacemos de madres y/o padres que son en la mayoría de las ocasiones heterosexuales, a nosotrxs mismxs nos hacen creer que lo somos hasta que a edades no siempre muy tempranas nos damos cuenta de que algo falla, de que estamos “mal condicionadxs”, de que no somos patitxs ni falta que nos hace, y mucho menos fexs. Es el proceso de salida del armario bollero, marica, el de descubrir que no eres cisexual, el de la transición trans. Y aparejado a ese proceso de toma de conciencia, de tránsito identitario, de construcción del “orgullo”, está el de encontrar a gente como nosotrxs, raritxs.

Es clave distinguir aquí lo que nos diferencia de otras comunidades como, por ejemplo, la comunidad negra. Normalmente, si naces negrx al menos unx de tus madres/padres es también negrx y si te echan de casa no será por ser negrx. En nuestro caso no es así, somos hijxs de una matriz heterosexual (Judith Butler dixit) y por tanto nuestro primer espacio de confrontación es la propia familia.

En la familia, en el trabajo, en el aula, en los colectivos de todo tipo es crucial encontrar alguna que otra transmaricabollo con la que resistir la norma heterosexual. Si te quedas sola: o te anulan mediante el bullying homofóbico en el colegio o instituto, el mobbing en el curro y/o agresiones de todo tipo en otros espacios; o te anulas a ti misma permaneciendo en el armario o aceptando el papel de osa de peluche o juguete exótico de algún/a hetero y de paso tragando y asumiendo la hegemonía cultural heterosexual y todo lo que ello conlleva.

Las transmaricabollos necesitamos puntos de acumulación: los lugares de ambiente, los barrios transmaricabollos, los colectivos queer, los LGTBQ, y los feministas, las banderas del arcoiris en las manifestaciones, la música disco y todas sus herederas desde los setenta hasta hoy, los sitios de cruising, la transmaricabollo des-armariada y visible en la facultad o en el curro, los equipos deportivos de mujeres, el bar gay-friendly… Son puntos que funcionan como atractores (otro concepto matemático relacionado con el anterior) para nuestra colectividad.

La periferia y lo rural es siempre más difícil para nosotrxs, por eso tendemos a buscar vivienda y alojamiento en los centros de las ciudades, ciudades cuanto más grandes mejor. Así es como empezamos a generar posibilidades de subsistencia, de tener una vida digna de ser vivida como transmaricabollos.

Orgullo y periferias
Las revueltas de Stonewall en 1969 fueron el detonante de la revolución mundial transmaricabollo. Las bolleras, travestis, trans y maricas que se aglutinaban en el barrio céntrico de Nueva York, Greenwich Village, alrededor del club Stonewall Inn, estallaron aquel 28 de Junio hartas del acoso policial. El punto de acumulación clave para su supervivencia era ese y tuvieron muy claro que debían defenderlo. Los denominados “barrios gays” como el Soho londinense, el Castro de San Francisco, el Gaixample en Barcelona, Chueca y Lavapiés en Madrid han sido y aún hoy son espacios necesarios. Funcionan como puntos de acumulación transmaricabollo que, pese a haber sufrido un triste proceso de fagocitación por parte del capitalismo, han cumplido y siguen cumpliendo una función liberadora para nuestras comunidades. Estos barrios proliferaron en los centros urbanos transformándose y pasando por fases muy similares. De barrio degradado a barrio liberado y, de ahí, a barrio gentrificado.

Paralelamente, las manifestaciones del Orgullo, que conmemoran la revuelta de Stonewall, han pasado de la reivindicación política a la cabalgata desideologizada y a la “venta” de la liberación a través del consumo. Esto ha restado fuerza a la comunidad, sin duda, pero por motivos muy diferentes de los que molestan al puritanismo moralizante que asoma a veces en nuestra propia comunidad y en ciertos discursos de la izquierda. Discursos que en algunos casos llevan al extremo la crítica a la fiesta comercial para acabar concluyendo que toda frivolización es perversa y despolitizante en sí misma. Obviando con ello el efecto liberador necesario que la fiesta y la frivolidad tiene para gran parte de nuestra comunidad. Y pasando por alto los usos estratégicos de la frivolidad que pueden darse y se dan en las acciones políticas queer. Por otra parte, la idea de que la comunidad gay es una comunidad adinerada, frívola e individualista, unida a la de la supuesta existencia de un lobby gay, encajan a la perfección en el discurso homófobo general.

El debate sobre el traslado tanto de la fiesta como de la cabalgata-manifestación del Orgullo a puntos periféricos de la ciudad está servido. En Madrid y en otras ciudades se han creado manifestaciones alternativas al llamado Orgullo “oficial” con el propósito de recuperar el carácter político y crítico del orgullo. Crítico con los procesos de reapropiación del mismo por parte del empresariado y del capital, crítico con la aceptación de nuestra comunidad exclusivamente como comunidad de consumo y no como comunidad ciudadana y crítico con la desideologización impuesta por el estruendo de las carrozas comerciales. Pero este debate fundamental y esa crítica necesaria a la estupidización de nuestra comunidad no debe hacernos perder de vista la importancia de mantener esos puntos de acumulación.

Transformarlos para recuperarlos sí, pero quienes sueñan con eliminarlos de los centros de las ciudades olvidan el coste que tendría para la comunidad transmaricabollo. Si están ahí es por algo, el centro es más accesible y visible, una referencia para las transmaricabollos inmigrantes urbanas, las de la periferia y las de otras comunidades geográficas, y en él podemos crear alianzas con otras comunidades sociales denostadas y vilipendiadas: putas, chaperos, migrantes, etc. Acumularnos nos empodera. Cuando los puntos de acumulación alcanzan un determinado tamaño se multiplican y crean alrededor de sí nuevos puntos de acumulación, generando así una red de conexiones que expande exponencialmente las posibilidades de libertad para nuestras comunidades. E inversamente, si un punto de acumulación desaparece o disminuye, el resto de puntos cercanos se resiente y tiende también a la desaparición.

Cuando en 2011 desalojamos la acampada del 15M llegamos a barajar la posibilidad, aparentemente lógica, de descentralizar la Asamblea Transmaricabollo de Sol y distribuirnos por las asambleas de barrios. Pero enseguida nos dimos cuenta del absurdo, desagregarnos siendo tan pocas nos llevaría a disolvernos. Nuestra asamblea tenía, y tiene, carácter transversal en un sentido político y geográfico al mismo tiempo. Ya somos una asamblea de barrio, del barrio transmaricabollo. Y nuestra característica topológica nos exige mantenernos como punto de acumulación.

Alguna pensará con curiosidad en el paréntesis de la definición. Efectivamente, no es necesario que el propio punto alrededor del cual se acumula el resto pertenezca al conjunto. O dicho de otro modo, el punto en cuestión no es lo más importante, es lo que ocurre a su alrededor, en su entorno, lo que nos sirve. De ahí que para muchas bolleras salir de marcha al legendario ‘Medea’ no tuviera nada que ver, como insistían en pensar algunas, con la calidad de la música que ahí pinchaban, ni siquiera con lo borde o no que su staff fuera con nosotras. Tenía más que ver con la necesidad de acumularnos, de empoderarnos, de sentirnos rodeadas, al menos un día a la semana, por un montón de bollos como nosotras. Los locales de ambiente llevados amablemente por gente de nuestra propia comunidad han sido y aún son hoy muy escasos. El propio Stonewall Inn estaba regentado por la mafia neoyorquina. Las transmaricabollos guerreras del 69 no se enfrentaron a la policía porque allí pusieran buena música o porque las copas fueran de mejor calidad, probablemente eran puro garrafón, como las del Medea. Y aún así sabían, como nosotras sabíamos, que ese era nuestro sitio. El punto de acumulación nos interesa por su efecto aglutinador, no porque en sí sea especial o muy cool.

¿Somos lobby?
Cuando el fascismo de hoy desentierra los prejuicios de los años 30 hacia los judíos (comunidad esta que, según la propaganda antisemita, acumulaba demasiado poder a través de sus lobbies económicos-políticos-intelectuales con intenciones perversas de dominación mundial) y nos los adjudica a nosotrxs sin ningún pudor, tenemos que estar preparadas para dar una respuesta.

Y claro que hay transmaricabollos ricas, algunas en importantes puestos de decisión; transmaricaintelectuales, e incluso un montón de bollos políticas profesionales; pero también hay trans y chaperas malviviendo en las calles, bolleras en las colas del paro y maricones repartiendo flyers a tres euros la hora. Hay transmaricabollos en todas partes y de todas clases; su dispersión, política o geográfica, sólo beneficia a quienes las explotan, a quienes preferirían no tener que verlas, a quienes viven a su costa y, en definitiva, a quienes las desprecian.

El miedo a la acumulación de las minorías, a que estas se organicen, a sus lenguajes y culturas desconocidos, a la gran invasión-conspiración, está presente en los argumentos fascistas más recurrentes. Las analogías que se hacen con lo más temido del mundo animal: proliferación-plaga de insectos, epidemias y contagios de enfermedades, son claves en sus argumentarios. Se habla de “efecto llamada”, de “contagio homosexual”, de “invasiones de inmigrantes”, de “solución final”.

La zona central de la campana de Gauss (de la gráfica de la función de distribución estadística normal) mira de reojo a los laterales. Lxs “normales” frente a lxs “otros”. Basta cambiar de variable: sexo, género, raza, clase, etc. para comprender lo absurdo y ridículo de esas miradas narcisistas, ignorantes y cobardes.

Sin embargo, nos miren como nos miren y pese a quien pese, nosotras vamos a seguir acumulándonos, creando redes y empoderándonos.