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martes, 17 de marzo de 2020

#hemeroetca #saludpublica | Oriol Mitjà: “La epidemia de coronavirus era evitable”

Imagen: El País / Oriol Mitjà
“La epidemia de coronavirus era evitable”.
El infectólogo Oriol Mitjà, que lidera un ensayo para cortar la transmisión del microorganismo, reclama responsabilidades por “la falta de previsión” en la gestión de la crisis.
Jessica Mouzo | El País, 2020-03-17
https://elpais.com/espana/catalunya/2020-03-16/la-epidemia-de-coronavirus-era-evitable.html

Aún no ha cumplido los 40 y Oriol Mitjà, infectólogo e investigador de la Fundación Lucha contra el Sida, ya ha lidiado con más de un enemigo invisible al ojo humano. Virus y bacterias son lo suyo. El médico (Arenys de Munt, 1980) ha encontrado en un viejo antibiótico la cura para el pian, una dolencia tropical que genera malformaciones óseas y úlceras que desfiguran el rostro. También mantiene abierto un frente contra la bacteria de la sífilis, prima hermana de la que causa el pian. Y ahora, por si fuera poco, se ha echado a las espaldas el liderazgo, junto a Bonaventura Clotet, de un estudio en Cataluña para cortar la cadena de transmisión del coronavirus administrando un antiviral a los casos positivos y otro antimicrobiano a sus contactos cercanos.

Mitjà, que lleva semanas estudiando el avance de la pandemia y advirtiendo del elevado riesgo de transmisión, se ha convertido en el azote, no solo de virus y bacterias, sino también de los gestores sanitarios que han pilotado la crisis del coronavirus. En Twitter ha pedido la dimisión del comité de emergencia español. El médico atiende a El País desde su centro de operaciones, en las instalaciones del hospital Germans Trias i Pujol. Todo, por supuesto, vía móvil y Skype, para reducir el contacto al mínimo -solo unas fotografías- y predicar con el ejemplo. Las medidas de aislamiento social reducen los contagios, insiste.

Pregunta. ¿Esta crisis sanitaria era evitable?
Respuesta. Sí. Ha habido falta de anticipación e incapacidad para hacer previsiones y predicciones epidemiológicas de una epidemia evitable. El no evitarla ha conllevado unas consecuencias en la salud pública y esa, en términos médicos, es la definición de negligencia.

P. Usted lleva semanas advirtiendo de que el riesgo de transmisión del coronavirus era mayor del que decían las autoridades. ¿Qué veía en sus modelos matemáticos?
R. La transmisión de una infección depende de tres factores: el número de contactos que una persona tiene, la capacidad del patógeno para transmitirse y la capacidad de infección. Usando estos parámetros nos dimos cuenta enseguida de que un solo caso en una localidad podía sembrar una epidemia y la llegada de tres casos era un riesgo de hasta el 60% de que hubiera un brote a nivel local. Cuando hay 20 o 30 casos, ya es imparable y hay que hacer estrategias de control más agresivas.

Siempre nos dijeron que era imposible que llegaran casos importados. Cuando llegaron, dijeron que no habría casos autóctonos. Y cuando fueron autóctonos, dijeron que se podían parar las cadenas de transmisión con herramientas de salud pública muy débiles, como el aislamiento de casos y contactos. Al final, la epidemia creció.

P. ¿Qué ha fallado? ¿Ha sido miedo, exceso de confianza, tal vez?
R. No estoy seguro. Parece que, desde el momento inicial, no hemos tenido la capacidad de hacer unos análisis epidemiológicos detallados para comprender cuál era la situación. Nos hemos basado en el número de casos que había en el día a día en lugar de predecir qué es lo que podía suceder en el futuro. Ese mensaje de calma ha sido perjudicial para hacer una planificación adecuada. Si tomas las decisiones en base al número de casos que ves aquel día, esos casos se infectaron hace ya una semana y significa que en ese momento ya estás mucho peor. Y para poder sobreponerte a una epidemia de estas características necesitas ir por delante de la epidemia. Parece que siempre hayamos ido a rastras, por detrás.

P. ¿Qué se tendría que haber hecho?
R. Hay distintas estrategias. Diferentes países han tomado medidas distintas, pero todas contundentes. China hizo un confinamiento masivo, pero Corea del Sur lo que hizo fue hacer centenares de miles de pruebas para detectar los casos muy pronto.

Aquí ha habido tres errores: primero, una incapacidad para hacer previsiones; segundo, un error de la comunicación, que ha sido opaca y ha perjudicado a los gestores y planificadores sanitarios para poderse preparar y tomar decisiones antes de que llegara la crisis y no durante; y tercero, las dudas a la hora de tomar decisiones críticas, hay que ser taxativos y ejecutar los planes sin perder tiempo en reuniones y dubitaciones.

P. ¿Las medidas actuales son suficientes o están siendo negligentes?
R. En los últimos tres días se han comenzado a tomar medidas, pero la situación es grave porque hemos dejado que la epidemia avanzara demasiado. Nos encontramos en un situación en la que hay falta de material médico, desbordamiento de los hospitales, un crecimiento incesante en el número de casos porque el confinamiento no está siendo efectivo y un movimiento de poblaciones infectadas que están saliendo de zonas altamente epidémicas hacia otras regiones de España, como es el caso de Madrid y viajeros que fueron a Galicia y la costa de Valencia. Por eso ahora las medidas que se requieren son más agresivas y serán insuficientes las que se han tomado hasta hoy.

P. ¿Qué más se puede hacer?
R. Me asusta que el metro de Madrid y Barcelona estuviera lleno para ir a trabajar. Hay que parar todo el transporte público. No puede ser que haya transporte intraurbano y entre ciudades, porque incrementa el riesgo de propagación de la epidemia en diferentes regiones. Hay que parar todo el trabajo, aunque sea un esfuerzo económico, merece la pena hacer el sacrificio ahora para no prolongar la agonía.

Si hacemos las cosas bien, en dos semanas, podríamos reducir la transmisión significativamente. China logró reducir en ese tiempo la tasa de reproductibilidad básica un 55%.

P. ¿Y luego, qué?
R. Una vez hayan pasado las dos semanas, ese pico epidémico, y nos aseguremos de que los hospitales han tomado un poco de oxígeno y vuelve a haber camas libres, se puede volver a abrir el país pero tomando medidas de precaución. Se puede hacer un plan de sostenibilidad, con capacidad para identificar rápido los brotes y potenciar el uso de pruebas diagnósticas por si hay algún rebrote y detectarlo pronto.

P. ¿Alguien tiene que asumir responsabilidades por esta crisis?
R. Sí. Es necesario que haya un recambio en las personas que están dirigiendo esta crisis y un nuevo plan de acción, en el que nadie tenga miedo a actuar o a ejecutar acciones. El país está en la UCI y el médico que lo trata ha cometido errores. Es mejor cambiar de médico mientras estamos a tiempo y no lamentarse cuando no haya solución.

P. ¿El coronavirus ha venido para quedarse?
R. Sí. En la primera oleada es más grave porque nos coge poco preparados, no tenemos mecanismos para responder ante él y afecta a mayor número de población porque no hemos desarrollado inmunidad. Tampoco hemos tenido capacidad de desarrollar herramientas para combatirlo, como fármacos o vacunas.

Esperamos que, cuando llegue el verano, haya una bajada de los niveles de incidencia y en el invierno que viene ya estaremos preparados porque tendremos protocolos, conoceremos el virus y tendremos herramientas para combatirlo.

viernes, 6 de diciembre de 2019

#hemeroteca #sifilis | Reciclar antibióticos para acabar con la sífilis

Imagen: El País / Oriol Mitjà
Reciclar antibióticos para acabar con la sífilis.
El médico Oriol Mitjà, reconocido por haber encontrado una cura para el pian, investiga nuevos fármacos contra una infección de transmisión sexual que ha multiplicado por siete los casos desde el año 2000.
Jessica Mouzo Quintáns | El País, 2019-12-06
https://elpais.com/elpais/2019/11/30/ciencia/1575129049_989399.html

A vista de microscopio, la bacteria ‘Treponema pallidum’ es como una especie de espagueti. En el argot científico, se conocen como espiroquetas. "Se mueven rotando sobre su propio eje, como un sacacorchos. Por eso nadan tan rápido por los tejidos", explica el investigador Oriol Mitjà. El médico, especialista en enfermedades infecciosas, conoce bien a estos ‘espaguetis’. Mitjà lleva una década estudiando la ‘Treponema pallidum pertenue’, causante del pian, una dolencia tropical que genera malformaciones óseas y úlceras cutáneas que desfiguran el rostro. Desde una pequeña isla de Papúa Nueva Guinea, el investigador encontró en la azitromicina, un viejo conocido de las farmacias, una cura para esta enfermedad, que aspira a ser erradicada en los próximos años. Pero el clan de las ‘Treponema pallidum’ va más allá del pian y Mitjà ya se ha marcado un nuevo objetivo: la ‘Treponema pallidum pallidum’, una prima hermana de la ‘pertenue’ y la bacteria que causa la sífilis. El médico ha empezado un estudio para buscar, entre los antibióticos conocidos, nuevos fármacos contra esta infección de transmisión sexual (ITS).

El plan de Mitjà va en la línea de lo que ya hizo con el pian: reciclar medicamentos existentes para probar si funcionan en esta patología. De la mano del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y la Fundación Lucha contra el Sida, una entidad impulsada por La Caixa, Mitjà ha conseguido una ayuda de 1,5 millones de euros en una prestigiosa convocatoria del Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés) para poner en marcha su plan: probar la eficacia de otras moléculas de antibióticos ya existentes para combatir la enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año se producen unos 6,3 millones de nuevas infecciones por sífilis. La enfermedad se inicia con una pequeña úlcera indolora en los genitales, continúa con erupciones cutáneas en otras partes del cuerpo y malestar general y alcanza, en los casos más graves, a los órganos internos, pudiendo provocar demencia, problemas de coordinación o ceguera. En concreto, en España, los casos de sífilis se han multiplicado por siete desde el año 2000 y ronda los 5.000 nuevos diagnósticos cada año, según el último informe del Centro Nacional de Epidemiología. "Cada vez hay más casos. Ya es una epidemia", zanja Mitjà.

En los países occidentales, esta ITS se detecta en estadios primarios y, con un antibiótico como la penicilina, se suele curar. Sin embargo, en un contexto más global, la evolución de la sífilis es más compleja. "Cuando no se detecta en estadios tempranos, se produce una sífilis más complicada que tiene un impacto a nivel global. Es la neurosífilis, que se parece a un infarto cerebral. En China, por ejemplo hay muchos casos, y ves a gente joven con parálisis en el cuerpo, con síntomas que estamos acostumbrados a ver en gente mayor que sufre un ictus", explica el investigador. En Latinoamérica también hay muchos casos de bebés con sífilis congénita, transmitida por las madres infectadas que no han sido tratadas de forma temprana. Según la OMS, en 2016, murieron más de 200 000 fetos o recién nacidos por esta causa. "Hay 18 países de Latinoamérica donde hay muchos casos de sífilis congénita. Incluso se quedaron sin penicilina y muchas mujeres no pudieron tratarse", relata Mitjà.

El tratamiento para la sífilis —una penicilina inyectable— es el mismo desde hace décadas, lamenta el experto, y los intentos de buscar nuevas herramientas para combatir la infección han sido, hasta la fecha, infructuosos. La situación de epidemia actual y el riesgo de desabastecimiento, no obstante, ha precipitado que la comunidad científica vuelva a poner el foco sobre esta enfermedad para buscar otras alternativas terapéuticas.

Epidemia y herramienta
"Tenemos la necesidad de usar nuevas fórmulas para frenar la cadena de transmisión. Por primera vez tenemos la epidemia, pero también la herramienta", explica Mitjà. Se refiere el médico a una especie de tupper cilíndrico donde se ha podido cultivar la bacteria. "Es una bacteria muy caprichosa y solo crece en unas condiciones muy específicas", matiza. Junto a investigadores de Washington, Mitjà y su equipo en Barcelona han logrado dar con "la receta exacta" para cultivar el microorganismo y probar, en él, otras moléculas de antibióticos. "Hay 200 moléculas con propiedades antibacterianas y quizás pueden servir dos o tres", apunta.

Por lo pronto, Mitjà ya ha comenzado con los estudios preliminares para encontrar esas "dos o tres" moléculas potenciales para combatir la sífilis. Han analizado y revisado todo el genoma de la bacteria, sus mecanismos de actuación y también las propiedades de los antibacterianos disponibles. En seis meses, comenzará el ensayo en pacientes reclutados en Barcelona. "En todo este proceso vamos a generar mucho conocimiento porque vamos a poder definir la actividad de las moléculas contra la sífilis", señala el investigador. El estudio seguirá a los pacientes durante dos años y, a finales de 2022, tendrán los resultados.

Mitjà, que vive a caballo entre Papua Nueva Guinea y Barcelona, no olvida el pian. De hecho, asegura, los nuevos tratamientos que resulten para la sífilis también se pueden probar en la enfermedad tropical, dadas las similitudes de las bacterias que provocan sendas dolencias.

El pian y la sífilis, primos hermanos
La bacteria que provoca la sífilis funciona como su prima, la del pian. Ambas tienen la capacidad de diseminarse por el organismo en apenas tres horas y sus lugares predilectos son la piel, el cerebro y otros órganos.

El microorganismo que provoca la enfermedad tropical solo vive en lugares húmedos y cálidos, como los trópicos. Se instala en la piel de los chavales y por eso se transmite entre los niños, porque basta el contacto piel con piel para infectarse. La bacteria de la sífilis, en cambio, no resiste en la piel en los países occidentales y busca otras zonas cálidas, como los genitales. Por eso la transmisión se produce entre adultos.