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sábado, 16 de marzo de 2024

#hemeroteca #memoria | Una placa azul y 250 pesetas: el perverso homenaje a los jóvenes que iban al "matadero" de la guerra de África

Placa en el cementerio del pueblo soriano de Almajano //

Una placa azul y 250 pesetas: el perverso homenaje a los jóvenes que iban al "matadero" de la guerra de África

El historiador Josemi Lorenzo recopila en Soria una veintena de letreros mortuorios a soldados procedentes de familias con pocos recursos y que fallecieron “heroicamente” o “gloriosamente” en Marruecos hace un siglo en el que fue el primer proyecto memorialístico de ámbito provincial en el país
José María Sadia | El Diario, 2024-03-16
https://www.eldiario.es/sociedad/placa-azul-250-pesetas-perverso-homenaje-jovenes-iban-matadero-guerra-africa_1_10997796.html

En el año 2007, en paralelo a un proyecto cultural desarrollado en Soria, el investigador Josemi Lorenzo comenzó a localizar, en lugares nobles de algunas iglesias, arrumbadas en algún lugar del templo o recolocadas en las tumbas de algunos cementerios de la provincia, una serie de viejas placas de color azul. En todas ellas, figuraba un texto similar: el nombre de un soldado fallecido, su función en el ejército español, una fecha (la de la muerte) y un texto así: “Muerto gloriosamente por la patria en la campaña de África”. Un pequeño homenaje que, de ser aislado, puntual, no revestiría mayor interés. Al cabo de los años, la búsqueda ha conseguido recopilar 21 de estos carteles mortuorios, aunque en la prensa local de la época —que publicaba las noticias del impopular conflicto bélico con Marruecos con la información que llegaba a cuentagotas— hace referencia acerca de un centenar. Algunas podrían estar en manos de familiares; otras han caído directamente en el olvido, desaparecidas para siempre.

Pero ¿por qué en Soria y no en otros lugares? ¿Qué elemento diferenciaba a esta provincia, despoblada y maltratada durante siglos? La respuesta tiene fecha: el 23 de agosto de 1921 llegó incluso a la prensa madrileña la noticia de la creación de la Junta Patriótica Provincial de Soria. Fue este organismo —y no el Estado— el que en la olvidada Soria de Machado, Bécquer y Gaya Nuño decidió impulsar una serie de placas que acompañaran los escasos cuerpos repatriados que regresaban del “matadero” —con este sustantivo se refiere el historiador Josemi Lorenzo a la citada campaña de África— del valle del Rif marroquí.

Aquel verano de 1921 se produciría la mayor derrota de un ejército colonial europeo: la retirada del Ejército español del campamento de Annual hacia posiciones más favorables le costaría la vida a cerca de 8.000 soldados españoles (hay cifras que señalan a más de 11.500), a manos de los guerrilleros del valle marroquí comandados por Abd-el-Krim. En agosto, cuando se crea el órgano soriano, la prensa española ya habla del “Desastre de Annual”.

¿Cuál fue el papel del Estado en esta tragedia? Bajo el reinado de Alfonso XIII, el Gobierno se limitó a entregar a las familias una cantidad económica por el “arrojo” del soldado muerto, una cuantía estándar de unas 250 pesetas. Según ha recabado Josemi Lorenzo, en aquel periodo no hubo una política de memoria de las guerras de África ante la impopularidad de las consecuencias del conflicto con Marruecos. Y eso es lo que hace relevante esta iniciativa. “Las placas sorianas fueron, por lo tanto, una excepción”, asegura Lorenzo.

En un lugar destacado de la iglesia
Los carteles mortuorios comenzaron a fabricarse en enero de 1922 —por encargo a una casa de Madrid, donde previsiblemente todas se produjeron a través de una misma plancha metálica— y las primeras se colocaron hacia julio. En paralelo, en los distintos pueblos sorianos se celebraron misas en sufragio por los malogrados soldados, haciendo coincidir la ceremonia con el aniversario del deceso. Las placas se colocaban en lugares nobles, visibles, del templo, en sus muros o en el arco triunfal. Aquel humilde gesto se convertiría prácticamente en algo único. “Hasta donde conozco, se trata del primer proyecto memorialístico de ámbito provincial que se hace en España; el resto fueron acciones de tipo aislado”, detalla el investigador, que ha alimentado esta búsqueda los últimos tres lustros. “No es el homenaje a un soldado conocido como en otros casos, sino a unos jóvenes que fueron a morir (y a matar) en penosas condiciones, tan lejos de sus casas”, reza en uno de los apartados de la investigación.

Quizá, junto a la creación de la Junta Patriótica, sí que haya otra razón para la creación de las placas, un pequeño homenaje a una tierra doble (o triplemente) golpeada a lo largo de la historia. Soria siempre fue un territorio eminentemente rural, donde trabajaban multitud de jóvenes, con escasos recursos económicos; distintos, en todo caso, a los habitantes de las urbes. El caso es que —y en esto incide el estudio— en proporción con las ciudades, fueron muchos más los quintos sorianos quienes emprendieron aquel fatídico viaje sin retorno.

Explica Lorenzo que, en la época y aunque oficialmente no se reconocía tal posibilidad, “la gente intentaba redimirse del combate pagando en especie; si en el sorteo te tocaba una bola con un número bajo, ya sabías que tendrías que acudir a luchar a África”. También existía la posibilidad de encontrar a otra persona que quisiera desempeñar el mortal papel.

Todos tenían en mente la imagen del joven apesadumbrado que se trasladaba a Marruecos a dar la batalla en unas condiciones extremas de falta de recursos, que meses más tarde regresaría en una caja (en el mejor de los casos, pues no todos lo hacían). “Lo que la guerra suponía para las familias sorianas era dejar que, al hijo, en plenas facultades, lo mandaran a Marruecos para volver muerto o lisiado: eso era la Guerra de África”, añade Josemi Lorenzo.

El miedo y la despoblación
Así que, sabiendo que los jóvenes rurales, con escasos recursos económicos eran presa fácil del reclutamiento africano, muchos recurrieron al exilio. Un elemento más de éxodo y despoblación para una provincia cuyos moradores habían comenzado a hacer las maletas siglos atrás. Entretanto, quienes no podían escurrir el bulto y debían “ir a morir” a Marruecos tenían a su favor los pomposos mensajes de los poderes del momento. “Los inflamados discursos sobre la patria procedían, curiosamente, de los sacerdotes en las iglesias y de los mandamases del ejército, es decir, aquellos que nunca acudirían al frente y en el caso de los militares, harían lo posible, pagando, para que sus hijos tampoco lo hicieran”, relata el historiador.

De aquellas más que posiblemente inútiles muertes de bisoños soldados, sin preparación bélica ninguna, agua ni víveres, ha sobrevivido hasta nuestros días esta colección de placas que ahora entran en un estudio sistemático, al que se incorporarán, seguro, nuevos hallazgos. Cuenta Josemi Lorenzo que algunas continúan, intactas, en los lugares de templos sorianos (sobre todo, en el norte y en el este de la provincia), otras se encontraban prácticamente tiradas en alguna estancia o almacén y han sido recuperadas, y, finalmente, algunas recolocadas en las tumbas de los desafortunados militares, por mediación de sus familias. Sin embargo, y por desgracia, la mayoría han debido de acabar en un limbo, desaparecidas, como también lo han hecho los últimos herederos de aquellas identidades tristemente inmortalizadas sobre latón.

Las placas obligan al recuerdo de “una España empobrecida; para los patrioteros herida en su orgullo desde la pérdida de las últimas colonias en 1898, con una larguísima Guerra de África, en pie desde 1859, animalizando al adversario, al moro, mientras quienes nunca se iban a exponer enviaban ánimos a los soldados”, reflexiona Josemi Lorenzo. Pero, quizá, para vislumbrar hasta qué punto aquella España se traicionaba a sí misma, habría que recurrir a una triste anécdota que habla de forma patética de un Estado. Cuando el líder de los rebeldes rifeños, Abd-el-Krim, pidió un rescate de cuatro millones de pesetas por la liberación de los últimos 326 prisioneros con vida, tras el Desastre de Annual en 1921, al monarca Alfonso XIII no se le ocurrió otra cosa que lanzar una sentencia —según se le atribuye— que quedaría para los anales... de la vergüenza: “¡Pues sí que está cara la carne de gallina!”.

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El Rif, la Tierra del Olvido: 100 años de la Guerra y la República del Rif

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Rafael Lara y Sandra Reyes (Área Solidaridad Internacional de APDHA) | El Diario, 2021-07-20
https://www.eldiario.es/andalucia/el-blog-de-apdha/rif-tierra-olvido-100-anos-guerra-republica-rif_132_8152258.html

sábado, 2 de abril de 2016

#hemeroteca #memoria | Reparan un monumento a víctimas del franquismo: "No van a ocultar lo que ocurrió"

Imagen: El Diario / Monolito en recuerdo de Valentín Llorente y Antonio Cabrero
Reparan un monumento a víctimas del franquismo: "No van a ocultar lo que ocurrió".
Este sábado han repuesto la placa, arrancada por desconocidos, de un monumento que recuerda a un alcalde y un maestro fusilados en Soria por los franquistas. "Lo único que han conseguido estos vándalos es reactivarnos", afirma el nieto del alcalde asesinado Antonio Cabrero.
Carlos Hernández | El Diario, 2016-04-02
http://www.eldiario.es/sociedad/intolerancia-acaba-vara-libertad_0_501150224.html

El alcalde socialista del municipio navarro de Pitillas se emocionaba al recibir el bastón de mando del Ayuntamiento y escuchar como algunos vecinos le dedicaban una improvisada, sencilla pero emotiva jota: "La vara de la libertad, la lleva quien la merece; la lleva Antonio Cabrero y en sus manos resplandece". Era el mes de abril de 1936 y los pitilleses confiaban en que su nuevo regidor acabara con las desigualdades y devolviera a los campesinos las tierras acaparadas por los grandes terratenientes de la zona.

Antonio Cabrero no tuvo tiempo de hacerlo porque su mandato apenas duró tres meses. Cuando llegaron las primeras noticias de la sublevación militar franquista, se negó a huir por las razones que le explicó a su esposa Juliana y a sus cuatro hijos: "No hemos hecho nada a nadie. El pueblo nos ha elegido y nuestro deber es mantenernos en las responsabilidades que el pueblo nos ha otorgado y que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir".

48 horas después, el 20 de julio, un grupo de golpistas llegados desde Olite asaltó la villa y le arrebató el bastón de mando. La vara de la libertad. Viendo en riesgo su vida, el depuesto alcalde logró escapar y ocultarse en la cercana sierra de Alcarama durante más de 40 días. El 3 de septiembre fue capturado y fusilado junto a Valentín Llorente, un maestro que impartía clases a los niños de las localidades de Igea y Fitero.

A punto de cumplirse el 80 aniversario de este doble asesinato, varias docenas de personas han caminado este sábado durante horas para llegar al lugar del crimen. En pleno monte, entre abruptos barrancos y a medio camino de las aldeas sorianas de Sárnago y Fuentebella, se alza un humilde monolito. En él son visibles las huellas que dejaron unos vándalos al arrancar la placa que recordaba a Antonio y a Valentín. "Es evidente que no fue un acto casual o improvisado –afirma Iván Aparicio de la Asociación 'Recuerdo y Dignidad' de Soria–. Tuvieron que transportar hasta aquí unas herramientas específicas para poder quitar los anclajes".

No es una novedad que se produzcan ataques contra los escasos lugares en los que se homenajea a víctimas del franquismo. Sin embargo en este caso el ultraje está cargado de simbolismo: "Mi abuelo Antonio era el alcalde elegido democráticamente –afirma Ander Cabrero–. El otro asesinado, Valentín, era maestro de escuela y músico. Un alcalde y un maestro simbolizan a la perfección lo que fue la represión franquista. Una represión que se cebó especialmente con los representantes del pueblo y con los profesores cuyo único delito había sido el de intentar educar a los chavales".

Ander, mientras contempla el hueco rectangular donde se encontraba la placa, sigue sin comprender las razones que movieron a los vándalos: "Nosotros siempre hemos investigado la historia de mi abuelo desde el respeto. Yo escuchaba a mi abuela contar cómo se había quedado sin marido; y a mi padre explicar que nunca supieron lo que había sido de él. Eso me empujó a continuar su labor, a seguir investigando el tema. Lamentablemente, tras varios intentos fallidos, tuvimos que renunciar a encontrar la fosa en que les enterraron. Fue entonces cuando decidimos erigir el monolito. Tenemos derecho a recordarles, a evitar que se sigan ocultando crímenes como este. Hacer lo que ha hecho esta gente produce tristeza; no sé si es solo por fastidiar, si son ultraderechistas o qué; lo que sí sé, es que demuestran tener muy poca cultura".

Pocos minutos después de la llegada del grupo, la nueva placa queda sólidamente instalada en su emplazamiento original. Los asistentes guardan silencio mientras ondean algunas ikurriñas y banderas republicanas. Ander siente que quienes ultrajaron este memorial dedicado a dos hombres buenos han logrado lo contrario de lo que pretendían.

"Lo único que han conseguido es reactivarnos. Empezamos en 2009 con nuestra investigación y nuestro blog: 'La vara de la libertad'. En julio de 2010 colocamos el monolito en su honor y tres años después se publicó una novela relatando su historia. Desde ese momento, en 2013, habíamos estado prácticamente parados porque lo más importante ya estaba hecho. Ahora estos vándalos nos han reactivado. Quienes arrancaron la placa tienen que saber que no van a lograr ocultar lo que ocurrió en estos barrancos hace 80 años. Ahí quedará para siempre la novela, nuestro blog y también tienen que saber que tantas veces quiten la placa, tantas veces volveremos hasta aquí para reponerla", explica.

Tras el breve acto, los asistentes reponen fuerzas y brindan por Antonio y Valentín. Cristina y Maite, la pareja de Ander, se dirigen al barranco alejándose del grupo. Sus voces rompen el silencio de estas montañas entonando las primeras estrofas de una jota: "La vara de la libertad, la lleva quien la merece…".

jueves, 15 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujres #vidarural | Edelia García: «Las mujeres mantenemos los pueblos con sacrificio y realismo»

Imagen: El Norte de Castilla / Edelia García
Edelia García: «Las mujeres mantenemos los pueblos con sacrificio y realismo».
A falta de servicios básicos en el medio rural, la soriana escoge el carnet de conducir como la base para que cualquier mujer en el medio rural sea independiente.
Isabel G. Villarroel | El Norte de Castilla, 2015-10-15
http://www.elnortedecastilla.es/soria/201510/15/regina-castro-siempre-vivido-20151014221910.html

Edelia García vive en casa al lado de la torre de iglesia románica perfectamente conservada de Villasayas (Soria). El municipio perteneciente a la Comarca de Arcos de Jalón, a 54 kilómetros de la capital, tiene 30 habitantes y presenta una media de 1,3 habitantes por kilómetro cuadrado. La zona está profundamente despoblada. Con auténtica amabilidad Edelia nos invita a entrar en su casa, que tiene repleta de cuadros pintados por ella misma.

«Es que las mujeres del pueblo y de los alrededores nos juntamos aquí y nos pagamos un profesor para aprender a pintar, nos hace ver la vida de otra manera». Edelia es muy optimista, ojos grandes, no le falta la sonrisa en la cara y su piel oculta que tenga 55 años. Está casada, tiene tres hijos, «la mayor está trabajando en Madrid, la mediana estuvo en Guadalajara y cuando se le acabó el contrato se fue a Inglaterra a estudiar inglés pero ha tenido que volver al pueblo porque no encuentra trabajo, y el pequeño va en transporte escolar a Almazán al instituto».

En la actualidad el 60 por ciento de las mujeres rurales son calificadas de analfabetas funcionales. La falta de formación, unida al hecho de desenvolverse en un medio dirigido particularmente por hombres y lento en la absorción de los cambios sociales, sigue condicionando a las mujeres a desempeñar un papel de subordinación con respecto a los hombres. Sin embargo Edelia es valiente, comprensiva, reflexiva, se ha criado en el mundo rural y es titular de una explotación agrícola, percibe lo que ocurre en los pueblos y con simpleza explica sus vivencias. Reconoce que «generalmente se identifica a la mujer rural con una mujer de familia, tradicional, conservadora, centrada en las labores del hogar y de la huerta o de la explotación agraria que lleva su marido». Saca el genio cuando alguien habla de que una mujer es agricultura cuando su marido ya es agricultor; «yo quería ser autónoma y he conseguido ser agricultura a título principal, pero no ha sido nada fácil, he tenido mis contenciosos porque no es lo mismo colaboradora que titular de tu explotación, yo quiero una pensión y ser libre». Cerca del 40 por ciento de las mujeres en Castilla y León son ayudantes o colaboradoras en las explotaciones familiares agrarias. En términos generales, al tiempo dedicado a las labores del hogar, cuidado de los hijos y de personas mayores, realización de comidas y gestión económicas, hay que sumar el empleado en colaborar en las tareas agroganaderas.

Es cierto que existen ayudas a la creación de explotaciones agrícolas para jóvenes agricultores y agricultoras, y ayudas a la inversión para quienes mejoran la rentabilidad de su empresa. En la práctica, sin embargo, esas ayudas se atribuyen poco a las mujeres. «A mí no me han dado nunca nada, todo lo contrario, solo me he encontrado dificultades». Su marido, al que no le gusta la vida rural, también trabaja en el campo «pero cada uno desempeñamos nuestro trabajo y nos entendemos muy bien, hay días que no nos vemos en toda la jornada porque hacemos las labores en diferentes pueblos, pero en casa nos repartimos las tareas. Bien es cierto que mis hijas me han ayudado mucho en casa, han sido unas verdaderas madrazas con el pequeño que se lleva muchos años con ellas». Muchas mujeres de Villasayas, Barahona o pueblos colindantes empezaron a ejercer la agricultura a la vez que Edelia «pero tiraron la toalla porque a los 50 únicamente eran colaboradoras, a 10 años de jubilarse no iban a tener pensión».

En los años 50 en Villasayas había dos sastres, una carnicería, un estanco, un médico y era una villa viva. Hoy solo queda el teleclub, un consultorio médico que recibe al doctor una vez a la semana, y un centro que utilizan como punto para aprender a manejar Internet. Al preguntar a Edelia cómo es un día cotidiano en su vida, responde: «yo no voy a tomar cafés o ver escaparates como se hace en las ciudades pero ahora en los pueblos tenemos la vida organizada, no era como antes, igual que la vida ha evolucionado en la capital también lo ha hecho en el pueblo, buscamos nuestras cosas para hacer aquí, para crecer y alimentar nuestras inquietudes». A las mujeres del pueblo y de otros puntos de la comarca les gusta pintar, así que hacen cursos de pintura, «yo tengo hasta mi blog donde expongo mis cuadros y una vez al año traemos a un invitado importante».

Solo una compañía de teléfono tiene cobertura en Villasayas e Internet no va muy bien la mayor parte de los días, pero «lo realmente básico en el medio rural a estas alturas es el carnet de conducir, más que cualquier otro servicio, con carnet somos libres e independientes».

A la cara de optimismo de Edelia le sigue una arruga más seria y habla de que «alimentamos los pueblos con ilusión, es la base de la supervivencia de los municipios, ilusión, creatividad, imaginación y el permiso de conducir; pero a mí me da pena ver llegar el mes de septiembre y octubre, es la peor época, termina el bullicio de los veraneantes y llega el frío y los días cortos, abres la puerta de casa y solo ves volar cardos por el suelo, no hay nadie en la calle».

Lo que Edelia ve en el trabajo de las administraciones por combatir la despoblación es que «ha podido hacer mucho más de lo que hacen, lo primero es pisar los pueblos, no vienen a los pueblos, no conocen la situación real. Deben facilitar el asentamiento de matrimonios y de familias que apuestan por el futuro del campo». En Villasayas ya no hay ganadería y la hubo en todo su esplendor, tampoco hay regadío, solamente queda el cultivo de secano. «Sin embargo se han casado dos parejas que se han hecho aquí casa en el pueblo y han apostado por la vida aquí, se han montado sus empresas, una es una pequeña industria de setas; las dos parejas están teniendo niños, así que ya son cinco los chavales que corren por este pueblo». Reconoce Edelia que a estos matrimonios nadie les ha facilitado la apuesta que han hecho por el pueblo. Propiciar la mejora de las infraestructuras de los núcleos rurales, desde las carreteras a los servicios sanitarios y educativos es más que fundamental, como lo es mantener la red de centros rurales de enseñanza para los hijos de estas mujeres rurales o la concesión de becas y ayudas al estudio.

El papel de la mujer en el medio rural ha comenzado un proceso de reformulación tanto en el plano económico como en el ideológico, y en la transmisión de valores, la cuestión es si la cabalgante despoblación permitirá completar el proceso.