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jueves, 26 de agosto de 2021

#hemeroteca #trans #xaternidad | Pol Galofre: “Mi identidad ahora mismo se define por ser padre trans”

Imagen: Ara / Pol Galofre, padre trans //

Pol Galofre: “Mi identidad ahora mismo se define por ser padre trans”.

¿Cómo vive un hombre trans los cambios físicos vinculados con el embarazo y el postparto?
Laura Serra | Ara, 2021-08-26
https://es.ara.cat/misc/pol-galofre-identidad-ahora-define-padre-trans_1_4096534.html

El embarazo de Pol Galofre (Barcelona, 1987) fue noticia: era un hombre trans que decidía gestar y hacer pública su paternidad. Pero quien ha pasado un embarazo sabe que, con el parto, la historia solo ha hecho que empezar. ¿Cómo vive un hombre trans los cambios físicos? ¿Qué relación tiene con un cuerpo al que se le hinchan los pechos y tiene desequilibrios hormonales? "Uf, ha sido un viaje. Tuve que dejar la testosterona para quedarme embarazado. Enseguida ya veía que mi cuerpo empezaba a cambiar y me inquietaba porque no sabes cuánto tiempo tardarás. Te cambia la forma de la cara, la distribución de la grasa en el cuerpo y los pelos: yo tenía pelo por todas partes y solo me queda el de la cara, por suerte. Cuando me quedé embarazado, toda la inquietud desapareció. Estaba superfeliz. Ahora, el postparto es otra pantalla".

Las hormonas del puerperio se sumaron a los habituales problemas con la lactancia –materna, se nos escapa alguna vez–. Esto hizo que tuviera que tomarse hormonas para estimular la producción de leche y se multiplicaron los cambios corporales. Él, sin embargo, llegaba aquí después de años de aprendizajes: "Los pechos los he odiado. Me hice una reducción con 18 años que me reconcilió mucho con ellos, pero usé muchos años camisetas compresoras. No me quería hacer una mastectomía, porque no quería pasar más por el quirófano y quería tener criaturas y lactar. Pensé: gestiónalo. El entorno feminista lo posibilitaba. Y he ido encontrando estrategias hasta llegar a un punto que me la repampinfla si el señor que me atiende en el súper no entiende que tenga tetas y barba". Ahora puede dar el pecho en la calle, pero intenta evitar situaciones incómodas. No va solo a la playa y no va a la piscina. Y no todo lo tiene resuelto. "Mi tema es con la gordura. Y obviamente que está vinculado al género, porque dejar de hormonarme quiere decir engordar. Ha sido muy duro", explica.

Tener una criatura también ha hecho que se replantee el rol de padre. "Con la identidad hombre nunca me he sentido muy cómodo y ahora se suma el concepto padre, que tiene un peso muy grande que yo rechazo. Soy el cuidador principal y no hago nada de lo que se supone que hace un padre y muchas cosas de las que se supone que hace una madre, pero no me siento materno".

Para no reproducir roles y estructuras patriarcales, con su pareja han decidido no marcar el género a la criatura: "Estamos criándole con todo el abanico de posibilidades que existe. No le decimos a nadie qué genitales tiene. La gente cortocircuita, porque nos relacionamos dependiendo del género. Cuando veo que le tratan diferente en función de cómo va vestide hace que me reafirme en la crianza no binaria. La criatura decidirá qué camino quiere elegir, si niño, niña, niñe o el que quiera". Cree que así "no tendrá ni la imposición de la feminidad o la masculinidad obligatorias con todo lo que implican y tendrá lo mejor de todas partes: las curas, la asertividad..." También usan el lenguaje no binario aunque "los filólogos se suban por las paredes": "No puedes pedir a una persona no binaria que hable en masculino porque es neutro. No funciona", dice. Como se ha encontrado con dificultades por el hecho de ser padre trans y compartir inquietudes, ha pensado en crear un espacio de crianza ‘queer’ para hacer comunidad y que los niños no se sientan "bichos raros".

lunes, 24 de febrero de 2020

#hemeroteca #transfobia #lgtbifobia | La izquierda claudicante. Más allá de la expulsión del partido feminista

Imagen: Público / Cómo le duele a Daniel Bernabé la historia de Nico
La izquierda claudicante. Más allá de la expulsión del partido feminista.
Daniel Bernabé | Público, 2020-02-24

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/29614/la-izquierda-claudicante-mas-alla-de-la-expulsion-del-partido-feminista/

El sábado 22 de febrero se conoció la expulsión del Partido Feminista de la coalición Izquierda Unida por "mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU", tras aprobarlo su asamblea por el 85% de los votos, fundamentalmente por la oposición pública del partido de Lidia Falcón a la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género.

Legalmente, en cuanto a los estatutos internos de la coalición, la decisión parece impecable, ya que una organización vinculada a IU debe acatar los acuerdos internos y las posiciones aprobadas en los órganos de IU. Realmente, dentro de la coalición, hay un dilatado historial en el que las sucesivas direcciones han transformado acuerdos que no eran de su interés en papel mojado. Una de las premisas con las que Alberto Garzón, actual coordinador federal de IU y ministro de Consumo, llegó a jefatura de su organización fue que la anterior dirección no había aplicado los acuerdos refundación aprobados en la IX Asamblea Federal en 2008. La legalidad puede ser martillo de herejes en manos de quien la empuña.

El Partido Feminista es una organización política que data de 1981 cuya vinculación a Izquierda Unida se produjo en 2015, momento en que Cayo Lara era coordinador pero Garzón ya se perfilaba para encabezar la siguiente dirección. Sus perspectivas ideológicas no han variado desde el momento de la firma del acuerdo, sí la de la coalición de izquierdas que eliminó su área de la mujer en 2018 y ha ido aceptando, de forma solapada, la tendencia de preponderar el género sobre el sexo y la autodeterminación individualista del mismo.

La decisión de IU ha provocado durante el fin de semana una cascada de reacciones enfrentadas en redes sociales con una fuerte división dentro del movimiento feminista y en general en el ecosistema digital de izquierda. La Plataforma Trans ha manifestado su satisfacción por la expulsión y en palabras de su presidenta, Mar Cambrollé, se han felicitado por el "ejercicio de limpieza higiénica". Una expresión al menos cuestionable y de resonancias ultras en boca de alguien que, tras ser candidata en los anteriores comicios autonómicos por Adelante Andalucía y no obtener su escaño, opinó que "el transexual ha sufrido un 'apartheid'. Con Vox no será peor", tras los buenos resultados del partido de extrema derecha. Parece que la dureza expresiva siempre tiene objetivos prioritarios.

El Partido Feminista es una pequeña organización cuya líder, Falcón, no ha sido precisamente diplomática en sus artículos y comunicados acerca del debate que se está produciendo en el movimiento feminista sobre cuál es el sujeto político de esta ideología. Aunque la espita se ha abierto este fin de semana con la expulsión, este es sólo el inicio formal de las hostilidades, que ya se han manifestado en las asambleas feministas de la preparación del 8M de este año y de las anteriores citas. La regulación de la prostitución fue en este caso el objeto de conflicto ya que un par de activistas leyeron un manifiesto que afirmaba que "la revuelta será puteril o no será".

Probablemente para el gran público y los medios generalistas esta sea la primera noticia de tales divergencias en la izquierda. Lo cierto es que dentro del feminismo en especial, probablemente por ser uno de los movimientos más masivos en los últimos tiempos, existe una auténtica guerra civil cuyas disputas se han hecho sentir en los temas ya citados, la prostitución como una actividad económica más y la desaparición del concepto de mujer como sujeto único del feminismo, así como en el apoyo al vestir rigorista islámico como un ejemplo de empoderamiento y la llamada eufemísticamente gestación subrogada. Temas que no coinciden ni con la tradición ideológica de la izquierda ni con los postulados feministas y sí con la abundante literatura fabricada en los departamentos de género de las universidades norteamericanas.

No es casual que anglicismos como queer, que considera el género como una expresión cultural individual y elegible, o terf, un acrónimo que se utiliza como adjetivo punitivo contra las feministas que siguen considerando a la mujer el sujeto del feminismo, hayan salido a relucir de nuevo en las redes estos días. No es tampoco casual que en anteriores convocatorias del 8M hubiera manifiestos que citaran a una pléyade de colectivos en virtud de la diversidad, palabra fetiche en todo este embrollo, pero que olvidaran intencionadamente a la mujer, protagonista de este día de lucha del que ya se borró convenientemente el apellido de "trabajadora" para negar su inspiración de clase.

¿Cuál es el punto central del debate? Precisamente uno que inspira y recoge la propuesta de ley que Unidas Podemos presentó en marzo de 2018, la postergación del sexo masculino y femenino, especialmente este último, privilegiando una lectura del concepto de género basada no en las lecturas del feminismo clásico, sino en la teoría queer. Así el género pasaría de ser una construcción social que determinaría al sexo, con un fuerte componente machista, ya que atribuiría a las mujeres características negativas que el capitalismo aprovechó para facilitar su explotación económica, a una elección que los individuos realizarían libremente y que incluso podría ser cambiante por periodos y no se limitaría a la expresión cultural en sociedad del hombre o la mujer, sino a decenas de géneros que, como productos, el consumidor elegiría según sus apetencias.

No parece casual que muchas feministas tachen a esta teoría de misógina, al negar la realidad material de la mujer, hembra de la especie humana, y de neoliberal al transformar una construcción cultural impuesta socialmente en una mercancía que se ‘performa’. Así en el mejor de los casos la mujer pasa a ser un colectivo más de la diversidad y en el peor una incomodidad lingüística, que bajo la excusa de la transfobia, se hace desaparecer sustituyéndola por apelativos tan ocurrentes como "progenitor gestante" o "persona con vagina". Y esto, en un país donde la violencia machista es una lacra, debería ponernos en alerta de las consecuencias de estos experimentos llevados de los ensayos a las leyes sin una reflexión en profundidad.

Algunas expresiones utilizadas en redes por feministas contrarias a lo queer, como la de "hombres con falda" para referirse a los transexuales no parecen las más adecuadas, como tampoco lo son las constantes amenazas, en algunos casos de muerte, que estas feministas reciben por parte de autodenomidados ‘activistes’ trans. Los constantes ataques a estas feministas comparándolas con grupos ultracatólicos como HazteOír tienen como único objetivo su escarnio público, algo que estos grupos de radicales queer parecen dominar con gran soltura al manejarse en redes sociales bastante mejor que algunas líderes feministas de mayor edad, cuya lucha política en muchos casos se remonta al final del franquismo. Resulta cuando menos desconcertante que la izquierda abrace a los primeros y repudie a las segundas.

La propia propuesta de Ley de Unidas Podemos tiene aspectos que al menos deberían ser discutibles, más allá de confiar en dogmatismos posmodernos que a menudo no pasan de ser artillería publicitaria para engrandecer a exitosas conferenciantes. Asuntos como la autodeterminación de género implican, como recoge la propuesta de ley, que menores de 16 años que sean considerados intelectual y emocionalmente capaces puedan cambiar de sexo sin impedimentos, algo que a todas luces suena, al menos, como una abstracción difícil de mesurar. Así mismo la ley tendría consecuencias en las partidas presupuestarias destinadas a las políticas en favor de la igualdad de la mujer, que se basarían en unas estadísticas tan cambiantes como los deseos de los hombres que decidieran ser mujeres autoafirmándose como tal. Asuntos como el sistema penitenciario dividido en sexos o las competiciones deportivas quedarían de igual manera alterados significativamente.

Las personas transexuales tienen deficiencias en cuanto a sus derechos civiles, sufren agresiones por su condición y son sin duda un colectivo con graves problemas en el ámbito laboral. El Estado ha dado decisivos pasos adelante al incluir en la seguridad social los programas de reasignación de sexo, las facilidades para cambiar el nombre en documentos oficiales o ha invertido cuantiosas subvenciones a iniciativas de integración y asociaciones afines. Ninguna feminista se ha pronunciado en contra de estas medidas. Sí de que bajo el paraguas del avance de los derechos civiles LGTB se cuelen contradicciones que afecten sustancialmente a la mujer como sujeto político. Todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos y obligaciones, ese es un principio demócrata que la izquierda debe apoyar, no por contra reducir a la mujer, algo más de la mitad de la población, a una identidad que compita en el mercado de la diversidad utilizando las monedas de los privilegios y las opresiones.

Los vientres de alquiler, la compra de mujeres en países pobres para que gesten como probetas humanas a niños que posteriormente les serán sustraídos tras un pago, es una de las consecuencias más indeseables de reducir a la mujer en una simple identidad. Son habituales las fotos de hombres posando con los críos, recién paridos de sus madres, vestidos de parturientas simulando ser ellos mismos el xadre, neologismo para no ofender tampoco su posible género alterno. Cuando algo tan concreto como ser una mujer se transforma en una abstracción cultural al gusto del consumidor, el mercado capitalista no duda en crear un nicho comercial más.

Efectivamente la ultraderecha está jugando sus cartas para aparecer como los únicos garantes de las familias, algo que parece no importarles tanto cuando se sitúan al lado de los recortes neoliberales al Estado del Bienestar. Lo extraño es que la izquierda ha asumido que su papel no es fomentar la igualdad, sino inmiscuirse en el inasible reino de la diferencia, precisamente lo que Margaret Thatcher proponía como modelo cultural para su restauración neoconservadora. Hace casi un par de años cuando publiqué mi libro ‘La trampa de la diversidad’ intenté advertir desde la prudencia y el respeto sobre las contradicciones que el progresismo se iba a encontrar en este camino. Recibí duros ataques personales y una indescriptible campaña de desprestigio. Hoy les toca a las feministas que han osado contravenir las modas ideológicas imperantes. La excusa siempre es la misma, llamar progreso a lo que no es más que individualismo, negocio y claudicación.

miércoles, 16 de enero de 2019

#hemeroteca #disidenciasexual #diversidadfamiliar | Desobediencia

Imagen: El Diario / Protesta feminista en Sevilla, 2019-01-15
Desobediencia.
El otro día nos dimos cuenta de algo. Alguien mencionó los oscuros tiempos que corren por culpas de los innombrables. Y empezamos a pensar en lo que podría ocurrir si esta alianza, si este contubernio reaccionario llegara al poder. Que nos dejen sin ley del aborto. Que nos dejen sin ley de violencia de género. Que nos expulsen. Que nos devuelvan a la casa, al armario, a la iglesia, al agua, a la guerra, a nuestro maltratador, a la muerte.
Gabriela Wiener | El Diario, 2019-01-16
https://www.eldiario.es/zonacritica/Desobediencia_6_857824242.html

Llevamos unos meses reuniéndonos en torno a un grupo de madres y padres heterodisidentes. Eso quiere decir pomposamente que criamos lejos de los modelos familiares heteronormativos y, dicho en fácil, que somos una panda de madres lesbianas, padres trans y alguna polifamilia. En nuestro pequeño grupo de trabajo hay un hombre trans al que su propio padre le ayudó a colocarse su primer binder y que ahora es papá de una bebé que chupa la teta de su madre durante las sesiones. Hay parejas de lesbianas casadas con todas las de la ley y madres de familia. Hay una familia monoparental de madre lesbiana y sus dos hijes. Hay madres de niños y niñas, pero también de adolescentes que se identifican ya como género fluido o agéneros.

Hay una madre a la que el otro día en el parque, mientras su hijo barría las hojas con su nuevo set de limpieza, un señor le soltó: “mírala a ella, barre que barre, toda una ama de casa”. Hay una madre lesbiana indignada porque no para de recibir comunicaciones del colegio de sus hijos en las que convocan a la asamblea a “la sra. madre y al sr. padre de familia”. Hay otra a la que el pelo largo de su hije ha llevado a creer a todas las señoras del bus que se trata de una niña o solo porque lleva una mochila lila. Hay una madre lesbiana a la que un familiar le dijo: “madre solo hay una”, refiriéndose a su pareja, la que parió al bebé, y pasándose por el forro su maternidad. Hay tres mapadres a los que no quisieron dejar entrar juntos a ver la ecografía de su bebé.

Algunos dirán vaya pijadas a las que te dedicas. Algunos no valorarán la importancia de ir desmontando el chiringuito tradicional, de denunciar sus prácticas discriminatorias y desiguales, de procurar impregnar de feminismo, diversidad, de cuidados, de nuevos vínculos la convivencia. Algunos no valorarán que haya gente pensando cómo hacer para tomar las Ampas de los colegios, los consultorios pediátricos, los parques, la secciones niños/niñas, rosa/azul de las tiendas de ropa; la sección de barbies y la de pistolas de las jugueterías; los libros del príncipe y la princesa… para combatir la exclusión, los estereotipos y roles de género, para nombrar lo que no se nombra hasta ahora porque se reprime su expresión, porque se censura su identidad, se persigue su orientación; para contar que estamos criando, educando, queriéndonos de otra manera, y que nos gustaría que eso se reflejara algún día en el mundo en el que se mueve nuestra prole.

Pero sí, aunque haya quienes no lo entiendan, estamos en ello, bueno, estábamos en ello, sintiendo digamos que trabajamos para seguir construyendo, pero situadas, partiendo desde cierta ganancia que proviene de haber ido dando la lucha, de haber conquistado ciertos derechos, aunque aún falte mucho por conseguir. Ni comparar la realidad española con las atrocidades que todavía ocurren, sin ir muy lejos, en mi propio país, donde no hay matrimonio igualitario, ni ley de identidad de género, donde hasta ahora grupos de poder religioso pretenden intervenir en políticas públicas. Llámales pijadas a lo que nosotros llamamos resistencia o desobediencia, el hecho es que estamos en ello.

Pero el otro día nos dimos cuenta de algo. Alguien mencionó los oscuros tiempos que corren por culpas de los innombrables. Y empezamos a pensar en lo que podría ocurrir si esta alianza, si este contubernio reaccionario llegara al poder. Y no, lo peor que se nos ocurrió no fue: devolvernos al armario de donde preferirían no habernos visto salir. Dos de nosotras dijeron que tenían miedo de que les quitaran a sus hijos. Yo era la primera vez que lo pensaba pero si lo meditas un momento no es tan descabellado. Y entonces, por un momento sentimos miedo. Alguna contó que sus padres pensaban votarlos. Haber llegado hasta aquí y que todo se vuelva a poner en duda, incluso lo esencial, que tu familia vote por eso, que tengamos que dejar de ocuparnos de estas “pijadas” para empezar de cero, de abajo, de dentro.

Que nos dejen sin ley del aborto. Que nos dejen sin ley de violencia de género. Que nos expulsen. Que nos devuelvan a la casa, al armario, a la iglesia, al agua, a la guerra, a nuestro maltratador, a la muerte. Sí, podríamos habernos quedado quietas o temblando en casa con la posibilidad de dar tantos pasos hacia atrás en igualdad y diversidad, pero hemos salido el martes en todas las ciudades españolas; no, no lo ha hecho ningún partido, ni de centro, ni de izquierda, ningún otro colectivo, asociación, sindicato, hemos sido nosotras, ha sido el feminismo el que acaba de plantarle cara una vez más a la fantasmada de los ultras y seguirá haciéndolo. Pero no olvidemos que nuestra peor pesadilla, que nos quiten a nuestros hijitos, es lo que ya le hacen a muchas madres migrantes en Melilla. Lo peor que nos podría pasar es lo que ya le pasa a muchas. Hagámoslo todas.

domingo, 8 de abril de 2018

#hemeroteca #lgtbi #activismo | Raúl es Futuro: persona no binaria, gitana, judía y próximo xadre

Imagen: 20 Minutos / Raúl Baratas (i) y su pareja
Raúl es Futuro: persona no binaria, gitana, judía y próximo xadre.
Juan Andrés Teno | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-04-08

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/04/08/raul-es-el-futuro-persona-no-binaria-gitana-judia-y-proximo-xadre/

Una ola de diversidad está agitando los últimos años la sociedad española, ese mar de espuma arcoíris que nunca permanece quieto está también alterando los ritmos sincopados del movimiento LGTBI, al que le faltan letras mayúsculas para reflejar los que algunas personas jóvenes intentan transmitir.

Raúl Baratas tiene 25 años, se define como una persona no binaria, de raíces gitanas, de fe judía, transfeminista, activista y futuro ‘xadre’.

Nace en el madrileño barrio de San Blas, en una familia gitana enraizada en la izquierda reivindicativa, ‘desde que tenía 2 años iba a las manifestaciones con mi madre’. Su abuela, a la que profesa admiración, llegó al bario al principio de la década de los sesenta, en los inicios de la construcción de esta nueva imagen de capital de España y que se convertiría en el mayor enclave obrero de la ciudad. Para Raúl es importante su barrio, es un hábitat natural al que no quiere ni puede renunciar. Migrante económico durante un par años en Europa, al volver a San Blas supo ‘que estaba en mi casa. Es como un pueblo, la gente me conoce por mi hombre, por mi familia’. Enarbola con orgullo infinito su entorno, se muestra feliz de vivir en el mismo piso de 50 metros cuadrados por el que transitaron sus padres o sus abuelos. Porque su familia es su segundo y más importante referente ‘es el apoyo, la fuerza. Mi familia es mi ejemplo a seguir, lo es todo, por eso he vuelto a Madrid y a San Blas’.

Conocerlo, en la explosión irreverente de su juventud, es saber que no necesita solazarse en la diversidad del centro de Madrid, en las chuecas concomitantes, para izar la bandera multicolor de diversidad.

Tras ser expulsade de una entidad LGTB con 16 años por su militancia política, tras ser despedide de su trabajo por su orientación sexual, funda, un quinquenio atrás, Magdalenas Diversas. ‘Magdalenas’ es una entidad de barrio, como elle, en una zona ‘con mucha población gitana, migrantes, personas evangélicas, donde están aumentando las agresiones, las discriminaciones en las aulas’. Defensore por esencia personal del no binarismo, reconoce la dicotomía en la actualmente se mueve San Blas ‘que ahora un chaval de 16 años vaya maquillado, hay personas que lo llevan muy bien, pero la gente con mentalidad más cerrada tiene miedo y eso se refleja en agresiones y amenazas’.

Raúl intuye su disconformidad desde muy pequeño ‘me decía que no era un hombre, pensaba que podría ser una mujer, pero tampoco me identificaba como tal’. Con el paso del tiempo ‘mi capacidad evolutiva y de raciocino me ha llevado a destruir el binarismo y roles de género’. Y por ello, al pronunciarse ante el resto del mundo, esgrime con una seguridad no exenta de ternura que es una persona no binaria.

Su descubrimiento personal y su familia siguen girando como una espiral. Con 17 años fue su abuela quien lo sacó del armario. Aquella mujer le espetó un día: “¿estarás llevando a casa muchas chicas o muchos chicos?, que la policía no es tonta”, una sencilla frase que “para mí fue una ruptura de mente”. Es la misma mujer que le cede su casa de barrio obrero para que pueda vivir con independencia antes de alcanzar la mayoría de edad. Raúl se dijo entonces que si una señora de 86 años le brindaba esa oportunidad de vida ‘no toleraría de ahí en adelante que nadie con menos edad que ella tuviera conmigo actitudes heteropatriarcales’.

Su familia, católica, lo educa dentro de los amplios márgenes del laicismo ‘para que nosotros decidiésemos cuando fuéramos mayores’. Raúl elige el judaísmo masorti y lo hace por convencimiento y arrastrado conscientemente en el bucle de sus orígenes, de los que tanto presume: ‘mi abuelo materno era judío y yo decidí volver a mis raíces’. Pero aclara que esta rama del judaísmo defiende la diversidad, aprueba el matrimonio igualitario y posibilita a las mujeres acceder al rabinato. Para elle la fe debe adaptarse a la vida de los creyentes, del mismo modo que elle no consiente doblegarse a unas normas obsoletas que confunden diversidad con lo grotesco.

En este tránsito de búsqueda de lo personal llega al feminismo que ‘para este país es una necesidad’, reivindicando en su memoria la figura cercenada y masacrada de las mujeres republicanas, reviviendo lo aprendido de su abuela y su madre, que no dejaba de repetirle: ‘no tenéis que depender de nadie’. Y del feminismo transita hasta el transfeminismo por que no concibe que una mujer feminista afirme que ‘una mujer trans no es una mujer o que las personas binarias no existimos, que la identidad de género es solo una idea’.

Y el final de la definición de Raúl es comenzar de nuevo, circular persistentemente en el universo creado con su familia y su barrio, porque tiene la firme determinación de ser padre antes de cumplir los 30 años. Aunque no es exactamente ser padre lo que pretende conseguir, si no ‘xadre’, término con el que quiere determinar hacia sus semejantes la fluidez de género en la que habita. Y lo quiere hacer con su pareja, un hombre de raza negra con quien termina de cerrar el axioma cierto de la riqueza de la diversidad. Raul será el ‘xadre’; su marido, el padre.

‘Ser xadre es compartir, pero también es un esfuerzo porque habrá una vida dependiendo de mí, es el mayor gesto altruista que puedes hacer, es la máxima expresión de amor.’ Y quiere acceder a la paternidad a través de la gestación subrogada: ‘yo también quiero tener el derecho de tener un hijo biológico, mío o de mi marido’. Y quiere también ser padre a través de la adopción. Quiere ser en un continuo absoluto y ya está siendo futuro, aún sin saberlo, desde el minúsculo piso que comparte con su pareja.

Raúl, exponente de un activismo LGTBI periférico, reclama a las grandes entidades de la ciudad que miren hacia los barrios más alejados, que el ‘Orgullo Oficial’ intensifique su activismo y que el ‘Orgullo Crítico’ se valide solo si utiliza la cautela como herramienta. Estas peticiones, que emanan de su cuerpo menudo mientras cruza bromas con su marido, las hace con un tremendo respeto hacia personas, organizaciones y entidades que se disputan, en un cruce de pancartas sin sentido, el centralismo de la acción LGTBI por una igualdad real que está tardando demasiado en llegar.

En sus palabras y en su tono, aún fluyendo constantemente, Raúl refleja una madurez que raramente se alcanza en personas que su edad, esa madurez que se basa en el respeto, la educación y la tradición bien asimilada. Quizá muchos deberían congelar por unos minutos sus agendas preñadas de compromiso real y escuchar a un ‘chique’ que puede mostrarles algo sobre el compromiso de las raíces, el heredado tras dos generaciones de lucha obrera, el de quien teniendo a su alcance las luminarias del impresionante centro de Madrid, prefiere las calles su ‘pueblo’.

Juan Andrés Teno es periodista y activista LGTBI especializado en Diversidad Familiar.