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jueves, 5 de abril de 2018

#hemeroteca #ambiente #lesbianismo | Luces de ambiente y demonios

Imagen: Google Imágenes / Súkubo, Gasteiz
Luces de ambiente y demonios.
Andrea Momoitio · Periodista remasterizada y coordinadora de @pikaramagazine | Público, 2018-04-05

http://blogs.publico.es/otrasmiradas/13155/luces-de-ambiente-y-demonios/

Allí la mayoría de los edificios, construidos con ladrillos de caravista, no tienen más de dos o tres alturas. No sé si existe una arquitectura portuaria, pero seguro que se parecería mucho a las construcciones de este barrio nocturno y céntrico de Tesalónica, a cuatro o cinco calles del mar. Preguntamos, al bajarnos del taxi, por el único bar lésbico del que nos han hablado. Nos indican sin dificultad. Entro buscando alguna señal que me indique que he llegado al sitio que buscaba. A la izquierda, tres mujeres tocan música griega en directo. Sobre la barra, algunas bailan ante la mirada sonriente de la camarera. Observo tranquila el sitio con la sensación de haber llegado a casa aunque mi casa esté a 2961 kilómetros de allí. Sentirse a salvo es una sensación maravillosa, una mezcla de paz y felicidad, que para las lesbianas no es del todo habitual fuera de la cama. Las mujeres que están sentadas a nuestro lado beben algo que parece champán. Nosotras pedimos tres mojitos y nos sacan una tapa de aceitunas, zanahoria y pepino. Esa noche, solo recibimos una hostia: la de la cuenta. El bar se llama ‘Alma libre’.

La primera vez que estuve en Berlín también busqué algún alma libre para cobijarme. Hice lo mismo en Praga, en Caracas, en Logroño, Barcelona, Málaga y Madrid, en Sofía y en Bucarest. Tengo dos citas ineludibles en cualquier ciudad que visito: un supermercado y un bar de ambiente, lo que se conoce popularmente como bares de bolleras, maricas, trans y personas desviadas de cualquier tipo. Necesito saber qué comen en cada lugar y dónde puedo estar tranquila. El ambiente es solo y todo eso: un espacio de seguridad. “Yo no entiendo por qué tenéis que ir a bares de lesbianas”, me dijo un día una amiga. Claro, es heterosexual. Por eso, ni entendía entonces ni entiende ahora qué significan esos espacios. El ambiente no es sólo un espacio físico sino un lugar emocional. Olga Viñuales, autora de la primera tesis doctoral de temática exclusivamente lésbica que se ha defendido en una universidad española, lo explica así en ‘Identidades lésbicas’: “El contacto con los similares no sólo legitima lo que se es, sino que también produce una reedificación e idealización del hecho ‘lesbiano’ que, empezando a recuperar o reivindicar la historia de la homosexualidad femenina en el pasado, acaba por explicar y construir la identidad presente”. Vaya, que necesitamos espacios para construir nuestra propia memoria, identificar las formas de violencia que aún sufrimos, sentirnos protegidas, orgullosas, libres, ligar y crear esa comunidad, esa cultura lésbica que tradicionalmente se nos ha negado. “Todo intento de construir una historia lesbiana, sea sociológica o histórica, conlleva enfrentarse a la erradicación de las lesbianas que se ha hecho mediante silencios, falsas representaciones y prejuicios, lo que presenta obstáculos importantes para una investigación y escritura histórica. ¿Cómo se puede reconstruir una historia a partir de la evidencia de que va a ser parcial, está ausente, oculta, negada, manipulada, trivializada y por tanto suprimida?”, se preguntaba Laura Cottingham en su imprescindible ‘Notes on lesbian’ ya en 1996.

El año pasado entrevisté a Mertxe, una figura imprescindible en el activismo de Euskal Herria, aunque a ella seguramente no le haga ninguna gracia esta definición, y me contaba entonces que los primeros bares de ambiente de Bilbao estaban en Las Cortes, la zona que ahora es conocida por ser un lugar habitual para ejercer la prostitución, pero en la que históricamente han habitado rufianes de todo tipo. La Raulito, por ejemplo, tenía allí su bar de varietés, en el que los espectáculos de travestis se podían confundir con los espectáculos que daba la policía con sus redadas. Es una calle pequeña, paralela a San Francisco, la que da nombre al típico barrio céntrico, lugar de residencia de personas migrantes que están siendo desplazadas de su entorno por barbas bien peinadas y cervezas artesanas. Luego, cuando esta zona de Bilbao dejó de interesar a programas como ‘Callejeros’ y empezó a interesar a las instituciones públicas, el ambiente se desplazó al Casco Viejo. Más tarde, la llegada del turismo, el Bilbo Pride, el espejismo de la igualdad y otros factores sociopolíticos han hecho que estos espacios vayan desapareciendo casi por completo de mi ciudad. Las visitas bolleras me preguntan dónde pueden salir en Bilbao y yo sólo puedo contestar un triste: “No lo sé”. Eso sí, con gusto indico cómo llegar a Súkubo si lo que me preguntaban es por algún sitio en Vitoria-Gasteiz. Hasta ahora, claro. “La última que apague las luces y la música”, piden en el cartel que anuncia su fiesta de despedida. Una persiana más que se cierra, un espacio menos de libertad, un rincón menos de resistencia. A partir de ahora, Súkubo formará parte de nuestra caja de recuerdos y nos acompañará a todas las que hemos crecido, de una manera u otra, en este espacio. Una lonja a pie de calle, que arreglaron entre todas las personas que pusieron en marcha el proyecto, soñada para albergar dentro el pensamiento feminista, para presentar libros y revistas, para dar conciertos y comidas, para debatir, para beber cervezas y chupitos, para hacer pancartas, tejer redes, establecer vínculos y salir de allí con una cantidad ingente de sonrisas acumuladas para seguir resistiendo. Dice la leyenda que súcubo era un demonio, pero para leyenda el hummus de Sejo que comí la última vez que estuve allí. No os preocupéis por las luces, compañeras, porque es imposible que se apague lo que habéis prendido en Gasteiz. Gracias por estos años de calor y casa.

Y TAMBIÉN…
Súkubo, el espacio transfeminista de Gasteiz, cierra sus puertas.

El espacio, que abrió sus puertas en 2012, cierra tras más de 50 actividades. “Nos despedimos, pero seguimos estando en las calles”, afirman las componentes.
Halabedi, 2018-03-17
http://halabedi.eus/2018/03/17/sukubo-el-espacio-transfeminista-de-gasteiz-cierra-sus-puertas/

martes, 27 de febrero de 2018

#hemeroteca #lesbianismo | Lesbianas, tierras y tomates

Imagen: El Diario
Lesbianas, tierras y tomates.
¿Es la sensación de arraigo un privilegio? ¿Qué personas pueden disfrutar de él y quiénes no tienen lugar al que volver? 'Encajar' es un verbo muy difícil de conjugar para quienes rompen con las expectativas sociales: las lesbianas, por ejemplo.
Andrea Momoitio | +Pikara, El Diario, 2018-02-27
http://www.eldiario.es/pikara/Lesbianas-tierras-tomates_6_744785526.html

Quiero la libertad de tallar y cincelar mi propia cara,
de endurecer el sangrado con cenizas,
de forjar a los propios dioses de mis entrañas”
Gloria Anzaldúa

 
Puedo caminar por allí con los ojos cerrados y no perderme, pero, en el fondo, no sé dónde estoy. La iglesia es ahora de otro color. Mi colegio, más alto. La tienda de gominolas de Moni está cerrada y han borrado todas las pintadas irreverentes que hicimos en el parque. Reconozco el tejido de los árboles, pero apenas conozco ya a ninguna de las personas con las que me encuentro por la calle. Podría describir con exactitud el camino de mi casa al ambulatorio y, a la vez, me siento ajena a las calles empinadas e insípidas de ese pueblo. He aprendido a vivir con la sensación de no tener raíces, de no sentir bajo mis pies tierra, de no poder plantarme en ningún sitio. Es una sensación de nada; de no tener pasado, ni lugar al que volver. Da mucho miedo asumir que no sé trasplantarme, que voy de un tiesto a otro, pero en ninguno enraízo porque mis raíces son tan débiles como algunos recuerdos. Da miedo a asumir que me he equivocado mucho, que salirte del tiesto implica correr el riesgo de no volver a florecer en ningún lugar. Al menos, no con la fuerza con la que se agarran a la tierra las plantas que nadie ha arrancado nunca. Esa sensación de pertenencia fiel a un lugar, sin embargo, sólo pueden tenerla quienes encuentran en esa maceta todo lo que necesitan. No es mi caso, ni mi casa.

Escucho con atención a las personas de mi entorno que hablan con fervor de su tierra y sus palabras me provocan una emoción encontrada entre la envidia y la rabia. Me invade cierta culpa por no haber puesto más empeño en esa tarea, para mí demasiado ardua, de encajar. “Podías haberlo intentado más, Andrea”, pienso cada dos por tres. Lo pienso y me castigo, en un bucle de culpa y coraje por no haber cumplido con el plan déspota que se había establecido para mí. Durante mucho tiempo celebré ser la nota discordante de mi entorno, la protestona, esa para la que nunca llueve a su gusto, la que no está conforme con nada y siempre tiene algo que decir, celebré la diferencia y me creí más importante que el resto por no tener nada que ver con lo que veía a mi alrededor. Entre mis sueños de grandeza, el ego, las ansias de libertad y las resistencias a lo establecido para mí huí de mi entorno como huyen los gatos del agua y mi novia de la piscina. Pero ahora, escucho con atención a las que hablan con fervor de su tierra, de su infancia, de sus raíces y me lamento, pero ¿quién puede arraigarse? ¿A quién le corresponde el privilegio de tener un lugar al que volver? A las que no decepcionan. Situarse en ese lugar de decepción es doloroso. Maldigo todas las consignas que nos animan a rupturas, que luego nadie sabe acompañar. Maldigo todos los sueños de rebeldía, que luego se convierten en pesadillas para muchas si nadie te ayuda a buscar lugares de calma. Repaso entonces, a todo correr, las frases subrayadas de ‘Identidades lésbicas’, de Olga Viñuales, y encuentro, una vez más, un poco de paz en sus palabras: “Las conjeturas sobre la identidad sexual son dolorosas porque ponen en cuestión un sistema de valores en el que las implicadas han sido educadas. No saber qué está sucediendo, junto a la creciente conciencia de saberse fuera de la norma, hace que algunas mujeres se formulen todo tipo de preguntas”, pero a esas preguntas, y a muchas más, dan respuestas mujeres fortísimas como Gloria Anzaldúa, que lo tiene claro y construye con sus palabras un hogar para las apátridas emocionales: “Yo no traicioné a mi gente, sino ellos a mí. De modo que sí, aunque el ‘hogar’ permea cada tendón y cada cartílago de mi cuerpo, a mí también me da miedo ir a casa”.

Pero vale ya de culpas. Si yo me fui y ahora siento que no tengo a dónde volver es, en parte, porque crecí escuchando que fulanita era “tortillera” con un tono despectivo e hiriente y me hice mayor sufriendo las sonrisas de complicidad cuando mi abuelo contaba que de joven se divertían tirando piedras a los maricones; si me fui es porque no encontraba la forma de encajar en el mapa cuadrado de las calles empinadas de mi pueblo mi manera de entender el mundo; si me fui, quizá sin pelear demasiado mi pertenencia, es porque antes de decidirlo tuve que mentir mucho para soportar tanto miedo. Resulta difícil sentarte delante de gente a la que quieres, con la que has crecido y conocido el mundo, para decirles que ese novio del pueblo del que llevas tiempo hablando no sólo no es tu novio sino que es esa chica con la que te han visto tanto últimamente y que ya no aparece por allí porque te ha dejado por SMS y tienes el corazón roto en mil pedazos. Pero nadie te abraza. No es fácil volver a esa casa en el que O., compañera de clase desde que éramos unas crías, decide no volver a cogerte el teléfono solo porque le dices que tú eres una de esas bolleras de mierda que ella no soporta. Es difícil florecer en una tierra que está envenenada para ti, pero más difícil es aún curarte esa culpa de bollera de mierda, de contestona, de mentirosa, desapegada y desaboría. Pero la culpa y las heridas se curan, sí. ¿Cómo? Aprendiendo a florecer en otro lugar sin perder de vista el camino que te lleva hasta allí. Igual que los tomates culeros. Así llama Eneko a los que crecen en algunas riberas de los ríos a partir a las semillas que generosamente enviamos hasta allí previo paso por nuestros váteres y ensaladeras; rojos y gordos, libres después de haber estado en la mismísima mierda.

miércoles, 30 de abril de 2003

#libros #sociologia | Sexualidades : diversidad y control social

Sexualidades : diversidad y control social / Oscar Guasch, Olga Viñuales (eds.)
Barcelona : Bellaterra, 2003
420 p.
Colección: SGU - Serie General Universitaria ; 22
ISBN 9788472902121 [2003-04] / 20 €

/ ES / ENS / REC
/ Control social / Diversidad sexual / Identidad sexual / Sexualidad / Sociología
Biblioteca UPV/EHU
https://millennium.ehu.es/record=b1415607~S1*spi

Este libro reformula la sexualidad en perspectiva sociocultural. Define la sexualidad como una estrategia de control social, y describe la heterosexualidad como un estilo de vida. También teoriza la diversidad sexual y defiende la pertinencia de fomentarla, al tiempo que crítica las reaccionarias (y caducas) perspectivas biologicistas sobre la sexualidad. Así mismo, cuestiona los discursos expertos y reivindica la legitimidad de los saberes populares y cotidianos sobre la sexualidad. Incluye tanto estudios teóricos como investigaciones sobre trabajo y consumo sexual, sobre homosexualidades y disidencias sexuales y sobre representaciones y modelos de gestión del cuerpo. Es un trabajo que rinde homenaje a la tradición europea continental de pensamiento social sobre sexualidad desarrollada por autores cómo Jean Louis Flandrin, Philippe Ariès, Michael Pollak, Simone de Beauvoire, Mario Mieli, Alberto Cardín, Guy Hocquengem, Michel Foucault, y Andrè Bèjin, entre otros. El objetivo de este libro es mostrar que las personas no somos ratas de laboratorio. En tanto que seres sociales y simbólicos, los seres humanos somos más que mamíferos. Y es que quizás la naturaleza sugiera, pero finalmente son la cultura y la estructura social quienes deciden qué hacer, de qué forma, cuándo, dónde y con quién.

SUMARIO | Dialnet
http://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=3934

domingo, 30 de abril de 2000

#libros #lesbianismo | Identidades lésbicas : discursos y prácticas

Identidades lésbicas : discursos y prácticas / Olga Viñuales ; prólogo de Oscar Guasch Andreu
Barcelona : Bellaterra, 2000 [04] / 2ª ed. 2006 [06]
198 p.
Colección: SGU – Serie General Universitaria ; 4
ISBN 9788472901384 / 15 €

/ ES / ENS / Tesis
/ CGL / Feminismo / Identidad colectiva / Identidad sexual / Lesbianas / Lesbianismo / Lesbofobia
Biblioteca UPV/EHU
http://millennium.ehu.es/record=b1323233~S1*spi

Identidades lésbicas es la primera tesis doctoral de temática exclusivamente lésbica que se ha defendido en una universidad española. Este trabajo de investigación obtuvo en 1999 un excelente “cum laudem” por unanimidad del tribunal compuesto por Dolors Comas, Joan Frigolè, Oscar Guasch, José Antonio Nieto y Xavier Roigè. Amparándose en un riguroso trabajo de campo, la autora muestra cómo se produce el proceso de adscripción a una categoría todavía hoy denostada socialmente, y analiza la relación que se puede establecer entre identidad y amistad, e identidad y parentesco, así como la formación de nuevos modelos de familia. Realizada desde una perspectiva antropológica, esta investigación supuso un trabajo de siete años, de los cuales dos estuvieron dedicados a la observación participante en la Coordinadora Gay/Lesbiana de Barcelona.

La invisibilidad y la negación son, sin duda, las dos formas de discriminación más sibilinas que la sociedad es capaz de producir. Este trabajo tiene una clara aspiración de carácter reivindicativo a favor de la identidad lésbica. Más de dos años de trabajo de campo, de convivencia, de lucha común y de reflexión acerca de la diversidad, la problemática y las preocupaciones comunes del mundo lésbico, han servido a la autora para crear un trabajo vivo, nacido de la experiencia participativa, de la involucración afectiva. De esta manera las participantes -como gusta llamar la autora a las mujeres que han colaborado en esta experiencia- realmente hablan, no informan; conversan y participan. Estos son los principales valores que el lector apreciará en este libro: la honestidad de un testimonio activo en la descripción y la interpretación de las inquietudes de un colectivo del cual, de alguna manera y durante un tiempo, la autora ha formado parte.

TESIS
Identidades lésbicas : modelos e ideas que las fundamentan / Olga Viñuales Sarasa ; director Joan Bestard Camps
Tesis Universidad de Barcelona, Departamento de Antropología Cultural e Historia de América y África. Fecha de defensa: 1999-05-10

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DOCUMENTACIÓN
Identidades lésbicas
Marian Moreno Llaneza | Femiteca, 2006-06-20

http://www.femiteca.com/spip.php?article39
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WIKIPEDIA | Olga Viñuales

http://es.wikipedia.org/wiki/Olga_Vi%C3%B1uales