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lunes, 27 de mayo de 2019

#hemeroteca #pornografia | El porno del futuro se llama “porno ético” y viene de Berlín

Imagen: El País / Sex School Hub
El porno del futuro se llama “porno ético” y viene de Berlín.
‘Lick and Listen', 'Pop Corn' y 'Sex school’: un recorrido underground por la escena porno berlinesa de la mano de una de sus creadoras.
Marta García | SModa, El País, 2019-05-27
https://smoda.elpais.com/belleza/porno-etico-berlin/

En Berlín se mastican techno y sexo cada noche. El 80% de los clubs en la capital de la electrónica son ‘sex positives’ y, desde 2006, además de peregrinar a la Berghain (la catedral del techno de la ciudad), muchos lo hacen también al mayor festival porno de Europa: el Porn Film Festival, que en 2018 atrajo a 9.000 visitantes (un 50% de ellos extranjeros).

Allí, el creciente éxito de la pornografía alternativa es una consecuencia más de la capacidad de reinvención y del espíritu de libertad que siguen rompiendo muros en una ciudad cosmopolita y abierta, en la que la vida es todavía asequible, y donde se potencian las ayudas creativas y sociales. Por ejemplo, en este ámbito, el gobierno del SPD (Partido Socialista Demócrata de Alemania), encabezado por el alcalde Michael Müller, incluyó el pasado junio en su agenda una medida sin precedentes en Europa: destinar parte del presupuesto dedicado al cine berlinés a apoyar también el porno ético. A corto plazo promoverán las producciones locales y, a largo, pretenden incluirlas dentro de la parrilla televisiva. Los socialdemócratas siguen así el ejemplo de Suecia, pionera en impulsar la educación sexual a través de la industria del cine para adultos.

En España estamos a la cola de esta “porno revolución” que se articula sobre una base de regulación, normalización y educación. Los jóvenes se acercan cada vez antes al porno –es entre los nueve y los catorce años cuando ven los primeros vídeos en plataformas de ‘streaming’– según datos por facilitados por el gigante online Pornhub, que registra cada día la visita de 81 millones de personas en busca de más o menos minutos de placer. Y según todos los estudios relacionados, es evidente que este contenido audiovisual influye en la sexualidad de los adolescentes y condiciona después la calidad de sus relaciones durante su vida adulta.

De eso puede hablar (y mucho) mi entrevistada, Miss Lemon, que acaba de sentarse en el bar en el que nos hemos dado cita a la orilla del emblemático puente Oberbaum, en el barrio turco de Kreuzberg. Son las cuatro de la tarde y una ola de calor pegajoso y húmedo nos baja las pulsaciones al nivel del asfalto. Llega con un vaporoso vestido rojo, cruzado en la espalda por finas tiras de ‘strass’, que deja al descubierto un escote sugerente y estudiado. Después de diez años en la ciudad, ella es de las pocas españolas que forma parte del núcleo duro de la escena porno berlinesa.

P. ¿Qué se cuece en Berlín y por qué todo el mundo habla de porno feminista y ético?

R. Berlín es en este momento el epicentro europeo del porno ético, que es la antítesis al porno ‘mainstream’. Los que lo hacemos buscamos que los perfomers rueden en ‘safe spaces’, donde se cumplan las medidas de seguridad e higiene necesarias, que se sientan cómodos y exista una atracción real entre ellos. Trabajamos sobre un guión pero aquí nadie te dice cuándo cortar, nadie les dice cómo hacerlo, lo que se enseña es sexo real. Nos movemos en una escena ‘free gender’, queer, bi y trans. El porno feminista es porno hecho por y para mujeres donde se abole el papel dominante del hombre blanco que cosifica a la mujer y en el que predomina una visión misógina, así que todo está dentro del mismo cajón.

P. Me cuentan que tu incursión en la escena porno empezó con una performance en la que te exprimías limones en los pezones, siguiendo la estela de directoras como Natalia LL (Lach-Lachowicz) en los 60?

R. Las frutas siempre han tenido una dimensión muy erótica para mí. Estudié Bellas Artes y desde el año 2005 ya me rondaba por la cabeza hacer vídeo arte con frutas pero nadie quería participar, así que acabé haciéndolo yo aquí en Berlín y funcionó. Después llegó mi debut en el porno hace dos años, cuando organicé el Valencia Sex Festival, ahí conocí a gente de la industria del porno ético de Barcelona como Irina Vega, María Rayo o Erika Lust, con la que actualmente colaboro como ‘producer’. Hace un año he podido hacer mi sueño realidad y materializar mi idea de porno con frutas de la mano de la directora Poppy Sánchez. En la peli ‘Devour’ donde actúo con Parker Max.

P. ¿Fue esta peli tu bautismo como actriz X? ¿Cómo se pasa de estar detrás de las cámaras a dar el salto a la pantalla?

R. No, mi primer ‘solo’ llegó un poco por casualidad, mi ex novio es director de cine porno y estábamos en Suecia en unos talleres en los que los alumnos aprendían a redactar un guión que luego ponían en práctica. Necesitaban a una performer y yo, que siempre he sido muy exhibicionista, pensé: -“¿por qué no?”. Me quise poner a prueba para saber si me iba a sentir bien delante de las cámaras y, al principio, confieso, estaba muy nerviosa, pero me encantó llevarme a experimentar y ver cómo reaccionaba.

P. No solo de pelis vive el porno en Berlín, por lo que veo la industria aquí da para mucho más.

R. Sí, la escena es muy amplia. Yo no me considero una actriz porno, actúo cuando el proyecto me encanta, pero sí una educadora sexual. Ahora estoy produciendo ‘Sex School’ (que estará online en junio), una serie de 12 episodios en los que trabajadores del sexo, ya sean prostitutas, dominos o performers nos cuentan su experiencia con fines educativos: hay que entender el sexo fuera de lo que es únicamente genital para poder disfrutar del cuerpo de una manera diferente. En total está previsto que sean seis capítulos. En el primero ‘Consentimiento’, en el que profesionales nos hablan de cómo hacer un trío desde la parte de la emoción, la comunicación y la higiene para después poner en práctica lo que explican.

P. ¿Cómo os financiáis?

R. Ha sido un inversor privado el que ha puesto el dinero y al que le hemos vendido el proyecto, por eso lo hemos grabado poco a poco, queremos ver cómo funciona. La idea es colgar los vídeos en una plataforma de pago, pero si desde el gobierno empiezan a apoyar el porno podrían emitirse en televisión, de hecho una tele alemana está interesada en el proyecto. Lo interesante es que el SPD está a favor del porno educativo, quiere romper con el ‘mainstream’ y empiezan a apostar por esta dimensión ética.

P. Parece que la llegada de las ayudas públicas podría hacer mucho más factible la producción y por tanto la normalización. ¿Qué proyectos barajáis a corto plazo?

R. Exacto. Hace unos meses hemos estrenado ‘Music In’, en la que he participado y que hemos hecho entre colegas. Todo empezó cuando un amigo me dijo que quería hacer una performance con el cuerpo de su novia, colocando micros, entonces yo le propuse llevarla al porno, le dije que yo podía ser la performer y Poppy Sánchez la directora. Después me reuní con Erika Lust, le encantó la idea y son ellos los que la han producido desde Barcelona. En la peli yo me convierto en un objeto e interviene también Parker Max, hacemos BDSM, body marking y masturbación. Mi amigo, el que tuvo la idea, va modificando todos los sonidos que salen de mi cuerpo. Ahora, y también en colaboración con Erika, estamos produciendo desde aquí tres pelis más que pronto estarán listas.

P. ¿Son estas pelis las que proyectáis en tus sesiones ‘Lick & Listen’? Los que han estado comentan que han sido todo un éxito, también entre el público más ‘mainstream’.

R. ‘Lick&Listen’ es una parte del proyecto ‘Fecunda Lab ‘que acoge también las sesiones ‘Porn Corn’, lo hemos llevado a cabo aquí y en Barcelona y ha tenido una gran acogida. En las primeras sesiones proyectamos pelis de la escena porno berlinesa, mudas y con música en directo, en ‘Pop Corn’ la filmografía de un director seguida de un coloquio con él. Lo que queremos es la normalización, que se rompan los tabúes y la estigmatización que todavía existe con el porno y con los que nos dedicamos a esto.

P. ¿Sigue habiendo tabúes aquí? Mi experiencia en esta ciudad es que lleváis muchos pasos por delante del resto de Europa, pensar en un club de sexo, como el Kit Kat, donde por 15 euros cualquiera que lleve un outfit adecuado puede entrar me parece el futuro.

R. El Kit Kat es uno de esos lugares en los que sientes libertad y respeto pero sigue habiendo gente que nos considera raros a los que nos dedicamos al porno. Yo tengo amigos en España que me dicen “es que tú no eres normal”. Afortunadamente aquí hay muchísimos talleres en los que gente de la escena compartimos experiencias. Son convivencias de uno o dos días donde nos reunimos para “jugar” pero también para abordar el sexo desde una perspectiva emocional. Hay talleres de traumas, de ‘flogging’, orgías...

P. ¿Puede participar cualquiera en estos talleres o son exclusivos para profesionales del porno?

R. Básicamente los que acuden son personas que se dedican al porno pero están abiertos a todo el que quiera venir. El objetivo es aprender y buscar nexos en común. Uno de los festis más famosos aquí es el Explore B, que se celebra en Barcelona, Berlín y Copenhague. El año pasado estuve en Suecia en otro que cambió mi perspectiva del BDSM que para algunos es una práctica oscura y perversa, pero en realidad todo depende de cómo te lo plantees, al final es un guía dándote un viaje con el que tú te vas a disfrutar... Eso sí, cada uno tiene que descubrir donde están sus límites y aprender a decir no.

P. ¿A qué te refieres con decir no?

R. Muchas veces la gente se cree que viendo porno va a aprender a follar y esto no es así, la gente aprende fetiches y aprende filias. Conozco a gente que por no saber decir no a tiempo les han metido palizas increíbles.

P. La delgada línea que separa el dolor del placer…

R. Si alguien no tiene la confianza con su ‘partner’, lo que para uno puede ser maravilloso se puede convertir para otro en un infierno. Si algo he aprendido gracias al porno es a conocerme en profundidad, a saber lo que quiero, a aceptar lo que me gusta y a quién pedírselo. Acabo de llegar de Valencia y mañana me apetece que alguien me latigue.

P. ¿Te ha costado explicarle a tu familia a qué te dedicas ahora?

R. Mi familia está al tanto de lo que les voy contando, les hablo de los talleres de bondage, de algunas cosas que hago pero de una manera muy light, no están preparados para entender todo porque son de otra generación, han vivido el sexo con otra mentalidad.

Miss Lemon se despide, se va a buscar a uno de sus ‘partners’ para pasar un fin de semana de ‘prácticas y auto conocimiento’. Me invita a volver de visita a Berlín y a apuntarme en otra de sus iniciativas, las ‘play parties’ que ella misma quiere organizar, a medio camino entre los talleres de los que me habla y el Kit Kat. Con un calor evanescente me termino mi bebida y me quedo pensando en el limbo entre realidad y ficción, en si en un futuro será posible utilizar el nombre de mi entrevistada, en vez de su seudónimo. En cómo las ideas que nos han inculcado acaban creando una identidad, para muchos todavía estereotipada y obsoleta que les genera dudas, rechazo y que por supuesto se puede dejar atrás (igual que ella dejó su antiguo trabajo para enfocar su vida hacia el porno). Pienso en la importancia de que desaparezcan de una vez la cosificación de la mujer y la discriminación racial en el “cine para adultos” y en la absoluta necesidad que todos tenemos de vivir una sexualidad plena, aceptando lo que nos gusta y queremos, sin ser juzgados, como una fase más de crecimiento personal, valoración, evolución: en resumen, de amor propio.

viernes, 17 de noviembre de 2017

#hemeroteca #pornofeminista | Amarna Miller vino a hablar de porno ético a mi pueblo y esto fue lo que pasó

Imagen: El Páis / Amarna Miller
Amarna Miller vino a hablar de porno ético a mi pueblo y esto fue lo que pasó.
La actriz participó en unas jornadas de Igualdad y Prevención de la Violencia de Género.
Anxo F. Couceiro | Tentaciones, El País, 2017-11-17
https://elpais.com/elpais/2017/11/17/tentaciones/1510913581_896808.html

Este jueves, la socialista Beatriz Talegón publicó en Twitter el siguiente texto sobre el caso de La Manada. “Si nos violan es porque lo íbamos buscado, porque nos va la marcha. Porque estos se matan a porno de mierda y terminan creyéndose que las mujeres somos eso (…)”. Luego concluyó citando a la actriz porno, activista y youtuber Amarna Miller: “Plantéatelo”, le dijo. “Esa mierda en su cabeza tiene mucho que ver con lo que vendes”. La aludida contestó de la siguiente manera: "Hoy doy una charla explicando porqué el porno no puede usarse como educador sexual. A lo mejor hacen falta más de estas ¿No @Beatriz Talegon?".

La charla a la que se refiere la dio en mi pueblo. Tras la ciberbronca, Miller popularizó el hashtag #LaCulpaDeTodoLaTieneAmarnaMiller, satirizando el cuestionable gusto con el que la habían responsabilizado a ella, y a su mensaje, de una violación múltiple. Dejemos ahora que salte el tocadiscos con un climático 'scratcheo' y hagamos flashback a unos días atrás.

Cuando me enteré de que el Concello de Ames, población gallega de 30.000 habitantes que vio explotar mi adolescencia, iba a acoger una charla de Amarna Miller sobre porno ético y feminismo en el marco de unas jornadas de Igualdad y Prevención de la Violencia de Género, entrecerré los ojos con ademán inquisitivo. No por el contenido de la conferencia, sino porque mis recuerdos de infancia en Ames, aquellos años de supervivencia en el Instituto de Bertamiráns, a donde llegué con once años peinado como un tímido Calimero y procedente de Ferrol, se correspondían en mi memoria con la actitud de Dustin Hoffman en 'Perros de paja'. Yo era el niño sensible de ciudad en medio de una jungla de depredadores asilvestrados, que me recibían golpeando territorialmente su pechera como gorilas de lomo plateado.

El anuncio de la charla provocó la reacción airada de un partido de la corporación municipal nacido de una escisión del PP. En un comunicado emitido días antes del evento, Pacto x Ames decía que el cine porno representaba “el patriarcado capitalista más rancio” y que Miller, “desde su posición de privilegios y su trayectoria, no ha buscado más que dividir al movimiento feminista, siendo una persona con opiniones políticas pseudotransgresoras y con continuas apariciones públicas en las que expresa su manera de ver y sentir un feminismo muy alejado de la realidad diaria de la mayoría de las personas”. Más allá del asombro que produce escuchar hablar de “patriarcado capitalista” a un partido fundado por tránsfugas del PP (cuyo programa electoral de 2015 dedicaba dos párrafos a la Igualdad), la reacción aguijoneó mi curiosidad. ¿Qué es Ames hoy? ¿Un núcleo poblacional dormitorio de Santiago, una mezcolanza rururbana de tradición y modernidad?

Voy a los bares, voy a los paisanos del café con gotas, a las señoras que manosean medias y mandilones en el mercadillo de los sábados. Les pregunto qué opinan de que el Ayuntamiento trate estos temas. La mayoría responde con indiferencia y un miedo cerval a mi grabadora. Otros se indignan, pero no tanto por el contenido de la conferencia (tratada varias veces de “porcallada”) como por ver desatendidos sus asuntos vecinales. “Hay dinero para eso y no para [rellene aquí su desaguisado favorito]” El escrutinio me cuesta varios slides de fotos sobre baches y socavones en los móviles de algunos parroquianos, que quieren ver el dinero de sus impuestos ahí y no en otro sitio. La sensación es que si en vez de preguntarles por Amarna Miller les hubiese preguntado por las licencias de taxi me habrían hablado igual de sus socavones. Solo una señora me dice, feliz, “cada un que faga o que lle pete”.

El jueves voy a las jornadas, que se producen en la casa de la cultura de Milladoiro. La concejala responsable del área que las convoca, Luisa Feijóo, atribuye la polémica a la desinformación. “Si sigues la trayectoria de Amarna ves que, vale, es actriz porno, no lo vamos a negar, pero su discurso se basa en cuestionar algunos de los valores de este cine. Nos interesa escuchar una voz desde dentro que cuestione sus estereotipos”. Mayte Arufe, directora del Centro de Información a la Mujer de Ames, atribuye la controversia a “un tema político”.

En el descanso de media mañana, pillo a Amarna por un pasillo y le hago unas preguntas. Me atiende amable, empujando un entusiasmo que se sobrepone al catarro que desliza su voz, con la locuacidad cafeínica de quien parece dibujar en el aire, gestual, cada una de las palabras que pronuncia (aunque más tarde, de refilón, creo verla beber un té).

¿Cuánto tiempo llevas dando estas charlas? ¿Suelen ser en pueblos como éste?

Llevaré tres o cuatro años, no lo tengo muy claro. Voy más a ciudades grandes, pero también las he dado en espacios pequeñitos.

¿Notas la diferencia?

Sí, y me gusta, porque hay otros paradigmas que se rompen. Cuando los ambientes son más recogidos, con menos personas, siento que en el turno de preguntas, que es la parte más interesante, todo se hace más desinhibido. Se crea un diálogo muy enriquecedor.

En los sitios más locales, ¿notas que se cuestionen más prejuicios?

Sí, pero por los dos lados. Cuando las personas adquieren por primera vez un punto de vista sobre el cual no habían reflexionado, es más probable que cale. La gente en Madrid me ha escuchado hablar trescientas mil veces. En sitios como aquí me conocen menos, lo que sirve como un percutor para que el discurso cale más hondo.

(Es curiosa, su sintaxis. Elige siempre estructuras alambicadas, formalismos más propios de la página que de la lengua, como el pronombre relativo “cual” en vez de “que”.) Respecto a la polémica que la acompaña allá por dónde va, le pregunto si le suelen llover más palos de la España facha o del feminismo abolicionista y contrario a la pornografía.

"Me dan por los dos lados, la verdad —sonríe, resignada—. Ahora mismo encarno una rama, la corriente pro-sex, que sigue siendo muy menospreciada por otros sectores del feminismo. Siento que a veces la premisa de la tolerancia y la sororidad no se corresponde con la realidad que a mí me toca vivir. Creo que estoy intentando abrirme camino por un terreno complicado, pero para mí es importante que la gente entienda que los trabajadores y las trabajadoras sexuales somos empleados y necesitamos derechos".

Queda poco para que se reanuden las jornadas. La despido viéndola brincar hacia los últimos canapés del pasillo (creo que ha fijado su atención en una palmera). Su conferencia sigue la misma línea de nuestra conversación: una crítica didáctica de la precariedad en el porno que trata, al mismo tiempo, de normalizar el espíritu de un trabajo estigmatizado por prejuicios que vienen de todos los flancos, tanto izquierda como derecha. Su intervención es una apología entusiasta del porno ético que se remite a Tristan Taormino como referente intelectual y que reivindica la necesidad de una educación sexual inclusiva que no delegue en la pornografía la responsabilidad de enseñar el sexo a los adolescentes. “Estamos hablando de ficción. Es como si alguien se pone ‘The Fast and The Furious’ para aprender a conducir”, dice.

No sé si Miller es la charlatana que predican algunos o la clarividente que defienden otros, pero me simpatiza. Creo que ella surte la misma fascinación de un futbolista que lee. Las estrellas del porno, por lo general, nos han acostumbrado a un perfil embrutecido, a lo Nacho Vidal o Cicciolina, mientras que Miller vendría a ser la Jorge Valdano de esta regla de tres. Me cae bien, no sé. Es inteligente y una representante genuina de su generación. Sus detractores, la mayoría de ellos morlocks online, la tachan de pesada, de cansina, cuando ellos lo son mil veces más con su troleo pringoso.

El turno de preguntas lo abre Marta Capeáns, presidenta del Colegio de Trabajadores Sociales de Galicia, para felicitarla por “haber decepcionado a muchos que no se esperaban un discurso tan técnico” y por haber convocado a tanta prensa para un evento como éste. "Hay por lo menos cuatro fotógrafos. O cinco. ¿Tú sabes lo que es eso? Es muchísimo. He sacado una foto del momento en que empezabas a hablar y te he etiquetado en Twitter".

Chequeo la cuenta de esta presidenta Capeáns y veo que no mentía. Escribe (traduzco del gallego): “Señores periodistos y los que no lo son pero están. Qué gusto da veros en un acto del 25N sobre Mujer y Violencia de Género. (…) #PuedenMásDosTetas #Heteropatriarcado”

Luego un señor toma la palabra para cuestionar si tanta noticia sobre acoso sexual en Hollywood (mientras dice esto, no recuerdo ninguna referencia de Miller al tema durante su exposición) no puede devenir en cazas de brujas. Esta invocación algo extemporánea de Woody Allen es recibida con resoplidos y murmuros notallmenescos por la platea. Al final, una chica de 16 años agradece en su turno el trabajo como activista de la actriz, que encuentra inspirador para las chicas de su edad (aquí alude al ambiente opresivo de su instituto, lo que me permite exclamar un interior “ajá” de satisfacción).

Me voy de allí un poco cabizbajo, con las manos embolsilladas y ciertas ganas de encontrar alguna piedra en el camino que se deje despejar con una patadita infantil. No me quito de la cabeza el tono sardónico de Marta Capeáns, admirada ante la masificación de periodistas que revoloteaban (revoloteábamos) sobre Miller, casi como moscardones patriarcales en busca del click viral. ¿Habría ido a cubrir el evento de no ser por Amarna? “Asistí a unas jornadas sobre violencia de género en mi pueblo y esto fue lo que pasó”. ¿Habrías clicado tú? Fui allí buscando ajustar cuentas con mi pasado y acabé haciéndolo con mi presente; queriendo diseccionar los prejuicios que manchaban mi infancia para terminar cuestionándome los que cercan mi profesión. Porque Amarna Miller —caiga bien, caiga mal— no tiene la culpa, pero la tecla nunca es inocente.