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jueves, 18 de enero de 2018

#hemeroteca #transexualidad | Lucas Platero: “La transexualidad plantea un reto muy interesante”

Imagen: Tiching / Lucas Platero
Lucas Platero: “La transexualidad plantea un reto muy interesante”.
Tiching, 2018-01-18

http://blog.tiching.com/lucas-platero-la-transexualidad-plantea-reto-interesante/

Doctor en ciencias políticas y sociología, docente en intervención socio-comunitaria y director de estudios trans de la Ed. Bellaterra.

¿Cómo definiría la transexualidad?
Alejarse del sexo asignado en el nacimiento. Hay quien señala una genitalidad o corporalidad determinada con relación al sexo, pero hay personas que no se sienten cómodos con esta clasificación. Para algunas personas sería un tránsito de un sexo a otro, pero otras personas trans lo perciben como un proceso más complejo y diverso.

¿Cuáles son las primeras sensaciones en una niña o niño trans?
El proceso de sociabilización está enfocado a entender que el mundo está dividido entre niños y niñas y, en la medida en que acceden al lenguaje, quedan claramente marcados estos estereotipos de género. Pero hay personas que desde muy jóvenes entienden que no encajan ahí, en ese lugar que les hemos asignado. Este proceso en algunos casos es muy temprano, pero en otros puede llevar toda una vida. Tiene manifestaciones muy diversas como sensaciones corporales, no querer ponerse un tipo de ropa o jugar a determinados juegos. Desde pequeños pueden aparecer las primeras sensaciones y te planteas si el entorno te entenderá y si es mejor mentir o callar para que la gente más cercana te acepte. Una situación muy difícil para una persona muy joven.

¿A qué se enfrenta un niño o niña trans en una escuela?
A las risas y, posiblemente, al pensamiento por parte de familias y profesores de que es una fase pasajera, que no es importante, que tiene como objetivo llamar la atención, o que es el resultado de una actitud rebelde de ir a la contra. Existe una cierta tendencia a negar la realidad. Para un niño o niña la sensación es que, si se porta bien le recompensan, y si desobedece le pueden castigar. Ante esta realidad de falta de apoyo es muy fácil interiorizar sentimientos negativos que pueden derivar, sin el apoyo correcto, en pesadillas, en una mala imagen propia e incluso, en estados depresivos.

¿Con qué herramientas debemos dotar a la infancia trans para que pueda enfrentarse mejor a su realidad?
Lo más importante que tenemos que hacer las personas adultas es escuchar. A veces lo que un niño o una niña quiere es mucho más sencillo de lo que parece, ya que puede aspirar simplemente a no vestirse con determinada ropa, o no participar en algunos juegos o simplemente, le gustaría identificarse con un nombre que no marque tan claramente su identidad. Las personas adultas, y concretamente los padres, cuando se encuentran ante esta situación muchas veces empiezan a pensar en cosas que no tocan en ese momento, como la medicación, la cirugía o llevarlo a un centro de salud mental. Lo que realmente necesitan los niños y las niñas es que se esté a su lado y se les muestre comprensión, escuchar poco a poco sus necesidades e ir dando pasos juntos.

Pero esto no siempre resulta fácil para algunos padres y madres…
Lo importante es acompañar. La transexualidad plantea un reto muy interesante, ya que como adultos nos enfrentamos a una situación que desconocemos, igual que esa niña o niño. Por ello, se abre una bonita oportunidad de aprender conjuntamente. Esto también sucede en otros temas, como las altas capacidades o la diversidad funcional… Los padres e hijos tienen que establecer una relación basada en “vamos a ir viendo”, e ir probando, pero siempre atreviéndose a escuchar sin castigar y sin imponer su autoridad a la fuerza.

Hay que romper muchos prejuicios…
Las personas adultas tenemos prisa por resolver los conflictos, y lo fundamental es tener paciencia e ir actuando. Nos enfrentamos al arraigo de nuestras creencias binarias. De pronto, con este tipo de experiencias tenemos que empezar a reflexionar y darnos cuenta de cosas aparentemente tan sencillas, como que sacar la basura no es una actividad exclusivamente masculina, que el rosa y el azul son simplemente colores, que no deben determinar nada, que una ‘Barbie’ es una muñeca con la que se juega. Las actividades o los juegos son precisamente eso, actividades y juegos y no podemos dramatizar ni pensar que todo lo que hacen los niños y las niñas tiene significado trascendental para el futuro.

¿Cómo podemos ayudar a los niños y las niñas en una clase para que puedan aceptar e integrar a sus compañeros trans?
Lo más importante es que las personas adultas repensemos lo que decimos y lo que hacemos delante de los más pequeños. Si hacemos un drama sobre lo que supone ser distinto, no vamos ayudar a transmitir un mensaje apropiado ni educativo. Sin embargo, y me pongo en la piel de docente, si en clase incorporamos de forma natural que existe la diferencia, podemos hablar tranquilamente de un niño o niña trans, de un gay o de un inmigrante africano. Los docentes tenemos que incorporar una mirada crítica para no dar por bueno el binarismo, en el que todo lo masculino acostumbra a ser lo mejor, y lo femenino tiene connotaciones negativas.

Por tanto, el mejor ejemplo es la naturalidad.
Los libros de texto no hablan de personas migrantes, trans, mujeres… No ponemos ejemplos, sin ser conscientes podemos estar transmitiendo actitudes y acciones racistas, transfóbas, clasismo o sexismo… El profesor o profesora tiene que plantear todas estas cosas con naturalidad, no como algo excepcional. A partir de este ejercicio de cotidianeidad cualquier cosa que pase en el aula será educativa, ya que si un día pones un ejemplo en que salen dos madres o una familia que migra, generas este espacio de aceptación, con lo que ya no resulta necesario abordarlo de una forma especial o extraordinaria.

¿Qué actuaciones son necesarias para una mayor comprensión e integración de niños y niñas trans en las escuelas?
Repensar los espacios, los roles sociales, nuestros hábitos. La escuela debe aprovechar el reto que podemos aportar las personas trans, para replantearnos cómo actuamos. Me refiero a reflexionar sobre un espacio como el cuarto de baño, a normativas sobre ropa como uniforme, gorras, faldas, tatuajes… Los profesores y profesoras debemos dar ejemplo desde lo cotidiano y mostrarnos como somos: gordos, adoptados, trans, con inquietudes… Además, debemos dejar un mensaje muy claro y ser inflexibles: el acoso no se va a permitir y que todas las personas tienen derecho a estar en la escuela para crecer y aprender.

¿Está el sistema educativo actual preparado para tratar convenientemente la diversidad?
Se puede hacer. A veces lo que debemos hacer los profesores es alejarnos un poco de lo que nos marcan los planes educativos por ley. En ocasiones debemos actuar un poco a pesar de la ley. Nadie nos determina que debemos tratar el racismo en el aula, pero muchos lo hacemos. Tampoco tenemos en cuenta que hay alumnos que no tienen recursos para comprar los libros que les pedimos que lean y debemos contemplarlo para poder ofrecer soluciones.

En general, ¿existe sensibilidad por parte de los profesores para tratar casos de transexualidad?
Cada vez más hay más interés por estas vivencias. Cuando publicamos el libro “Trans*exualidades, acompañamiento, factores de salud y recursos educativos” la gente me decía: “no estamos preparados para abordar este tema”, pero yo no lo veo así. Tengo la sensación que hay muchos profesionales interesados en generar situaciones amables para sus alumnos y quieren saber más. Para ello hay que formarse y hay que leer, el trabajo que realizamos con la editorial Bellaterra va en esta línea, generar literatura que pueda ser útil. Percibo que cuando participo en charlas y conferencias sobre este tema hay mucho interés y la sala está llena de docentes que quieren que les demos pistas y herramientas para tratar este asunto de la mejor manera.

Pero en algunos casos todavía es un tema tabú.
Es cierto que todavía en algunos casos puede ser un tema tabú, sobre todo en determinadas escuelas privadas o concertadas, pero lo que yo percibo es que existe mucho interés en conocer y aprender para dar la mejor respuesta posible. Eso no quita para saber de malas prácticas que todavía persisten y sobre las que hay que seguir incidiendo, con la ley en la mano.

¿Conoce algún proyecto educativo especialmente significativo sobre educación en igualdad y derechos del LGBT?
Hay algunos centros educativos que están haciendo esfuerzos en este sentido. Un buen ejemplo es el del Instituto San Isidro de Madrid que está construyendo las bases para convertirse en LGBTfriendly, así es como ellos mismos lo definen. Están desarrollando una excelente labor para acoger a chicos y chicas que se han sentido mal o que han sido rechazados en otros colegios. Asimismo, en el IES Renacimiento donde trabajo estamos impulsando diversas acciones y organizamos regularmente mesas de debate o damos voz a testimonios personales, lo cual resulta muy enriquecedor y fomenta la percepción de aceptación a la que hago referencia en todo momento.

¿En qué aspectos considera que se ha avanzado respecto a tiempos pasados en la aceptación de niños y niñas trans?
Hemos pasado de considerarlo un tema tabú a que empiece a existir material educativo que ayude a entender y hacer cotidiana la existencia de la transexualidad. Hay varias asignaturas curriculares en las que caben claramente estos temas, pero lo más interesante es poder tratarlo de manera transversal en todas las asignaturas, ya sean de matemáticas, física o literatura, ya que en todas ellas se pueden poner sencillos ejemplos que fomenten la aceptación.

jueves, 5 de noviembre de 2015

#hemeroteca #educacion | Marina Subirats: “La escuela sigue transmitiendo una jerarquía de géneros”

Imagen: Tiching / Marina Subirats
Marina Subirats: “La escuela sigue transmitiendo una jerarquía de géneros”.
Tiching, 2015-11-05
http://blog.tiching.com/marina-subirats-la-escuela-sigue-transmitiendo-una-jerarquia-de-generos/

Cada vez oímos más casos de violencia entre parejas de adolescentes. ¿Están aumentando los casos?
No sabemos si realmente la violencia está aumentando, porque los recuentos de violencia anteriores son confusos. Lo que sí detectamos es un cambio preocupante en el imaginario de los roles de los adolescentes. Vemos, por ejemplo, en las encuestas, que aunque el porcentaje sea bajo aumenta el número de adolescentes que no consideran demasiado graves las agresiones de los chicos contra las chicas y que en algunos casos incluso los excusan.

¿Por qué sucede esto?
Las chicas jóvenes están aceptando un rol de mujer sumisa, aceptan el papel de objeto sexual. Principalmente es culpa de la publicidad que saca su imaginario de películas pornográficas que presentan a la mujer dominada, una víctima. Eso es ser sexy, y por lo tanto, aceptada e integrada en la sociedad. De esta forma vemos como repunta un machismo agresivo que se está poniendo de moda.

¿Y antes esto no sucedía?
No, antes educábamos a las jóvenes en la precaución: “los hombres son como son, para que no te pase nada debes recatarte, no dejes que te toquen, no llegues tarde”. Esta actitud, como mucho, llevaba a las adolescentes a querer probar aquello que les prohibían, a romper las imposiciones, pero no se exponían como lo hacen ahora. Superar los límites paternales impuestos era transgresor.

¿Es un problema de la educación de las chicas?
¡No! Yo creo que lo estamos haciendo peor en el caso de los chicos. La educación de las niñas ha cambiado bastante, se acepta que sean deportistas, que sean competitivas, que tengan personalidad. En el caso de los niños, seguimos anclados en modelos anteriores.

¿Qué tipo de modelos?
A los chicos se les sigue exigiendo que sean unos triunfadores, que peleen, que sean agresivos, que quieran ganar por encima de todo. Enseñamos a los chicos a imponerse. Este modelo de género está muy vigente y los niños de hoy lo aceptan porque les enseñamos que esto es una condición de su masculinidad, de su superioridad. Cuando de mayores se encuentran en situaciones en las que la mujer no hace lo que ellos quieren, se imponen, porque es lo que han aprendido.

¿Por qué ha sido posible un cambio en la educación de las niñas y no de los niños?
Por una razón muy sencilla. Los grupos oprimidos son los que están siempre más dispuestos a cambiar, porque ello les supone una mejora de su situación. El grupo que domina suele tener miedo al cambio porque, por lo general, con ello tienden a perder. En el caso masculino, este cambio les comportará una pérdida de poder. Los hombres se resisten porque creen que perderán su situación preeminente y sus ventajas, hay más resistencia al cambio por su parte.

Y la sociedad, ¿ha aceptado el cambio?
La sociedad entendió rápido el cambio por la siguiente razón: en el momento en el que se aprueba el divorcio, la gente entiende que la mujer no puede quedarse en casa dependiendo del sueldo del marido. En cualquier momento la pareja se puede romper y ella quedarse sin forma de supervivencia. Esto hace que el modelo tradicional fuera inviable.

¿Qué papel cree que juega la escuela?
La escuela, por lo general, reproduce aquello que existe. No es consciente de los elementos que pueden ser negativos. Hay escuelas donde las mujeres se han concienciado de la situación y han cambiado un poco. En ellas se ha trabajado mucho la coeducación. Pero no ha existido un cambio impulsado por la Administración, más bien depende de cada centro y su sensibilidad.

Cuando hablamos de coeducación, ¿exactamente de qué hablamos?
La coeducación es una idea que va cambiando a lo largo del tiempo. Partimos hace un siglo cuando las escuelas eran segregadas. Las escuelas de niñas tenían contenidos muy limitados: coser, rezar, cocinar… Para que las mujeres pudieran avanzar en la sociedad necesitábamos que las mujeres, como mínimo, tuvieran las misma cultura que los hombres.

De ahí las escuelas mixtas.
Exacto. Pero el problema es que mucha gente se ha pensado que la coeducación era solo eso, mezclar chicos y chicas.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Antes de nada, debemos reconocer que las escuelas mixtas fueron un paso muy importante, pero que la escuela sigue transmitiendo una jerarquía de géneros.

¿En qué sentido?
Por ejemplo, los libros de texto continúan hablando más de hombres que de mujeres. En la práctica, inferiorizan a las mujeres.

¿Y esto cómo se revierte?
Pues para empezar, hay que cambiar la percepción de que las cosas de mujeres, como el cuidado de las personas (de niños, ancianos, etc.), es una cuestión de género. Hay que universalizar estas actividades.

De todas formas, aunque la escuela trabaje una serie de mensajes en esta clave, cuando los niños y niñas salgan a la calle se encontrarán publicidad sexista. ¿Cómo deben afrontar esta contradicción?
La sociedad no va a cambiar de un día para otro. Pero el colegio tiene una ventaja, y es que los chicos y chicas saben que la escuela es lo normativo, lo correcto, y todo lo que vaya en contra de ese mensaje que viene del colegio debe ponerse en cuarentena. La escuela debe transmitir ese mensaje y explicarles que ese comportamiento prevalece por encima de los otros.

¿Debemos darles herramientas para que sean críticos con los mensajes que contradicen lo que se les enseña en clase?
Sí, debemos enseñarles a detectar los sexismos, los comportamientos aberrantes. De la misma forma que en la escuela te enseñan a comer con cubiertos y luego en la calle vemos gente que come con las manos, en clave de género debemos trabajar igual.

Si pudiera cambiar tres cosas de la educación ¿Cuáles serían?
Para empezar, eliminaría el currículum tal y como existe ahora. Yo haría que el hilo conductor no fuera el aprendizaje de las materias instrumentales, sobre todo en el caso de Primaria. A edades tan tempranas, lo que deberíamos trabajar es el aprendizaje de valores, de hábitos, de actitudes. Debemos enseñar a los alumnos a vivir mejor, comer de forma saludable, relacionarse correctamente con las personas, desarrollarse, ser solidarios… La escuela debería priorizar aprender a vivir más que aprender cosas instrumentales a las que se puede acceder hoy en día de forma fácil.

¿Las asignaturas, tal y como se conciben hoy en día no son útiles?
Lo que es evidente es que hay que aprender a leer, a escribir, hay que saber matemáticas, historia… Pero este aprendizaje debe ser la excusa para desarrollar al individuo, para que aprendan a decir lo que piensan, a argumentar, a racionalizar. El contenido no debe ser el fin en sí mismo.

¿Qué otra cosa cambiaría?
Eliminaría los exámenes, eso seguro, y los libros de texto también. Los niños han de saber que necesitan aprender a escribir para poder explicar lo que han visto en una excursión, y a leer para saber qué es lo que han descubierto los compañeros en otra salida, por ejemplo. Pero les inculcamos que deben estudiar y aprender para pasar pruebas, para aprobar exámenes. Creo que esto es un grave error.

Y, ¿por último?
Efectivamente, cambiaría el tema de los géneros. Creo que la escuela debería transmitir otro tipo de valores. Hay que universalizar e integrar todo lo que se pueda considerar como cultura femenina. Hay que universalizar la empatía, la proximidad, la valoración de la vida. Y hay que fomentar la antiviolencia.