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viernes, 11 de abril de 2025

#hemeroteca #gais #parejas | De pareja tradicional a pareja abierta y a la separación temporal: Jonan Wiergo y su novio se dan un descanso

Christian Tomás y Jonan Wiergo //

De pareja tradicional a pareja abierta y a la separación temporal: Jonan Wiergo y su novio se dan un descanso

Aunque su noviazgo comenzó siendo tradicional, pronto decidieron convertirse en 'pareja abierta'
Carlos Pérez Editor | Trendencias, 2025-04-11
https://www.trendencias.com/celebrities/jonan-wiergo-su-novio-se-dan-tiempo-ocho-anos-relacion-motivos

Triste notica para los fans de este dúo poliamoroso. Jonan Wiergo y su hasta ahora pareja, Christian Tomás, han tomado caminos separados. Hace unos cuantos meses, los novios decidieron tomarse un descanso sentimental. Es decir, se han dado un tiempo. Aunque la ruptura no es oficial, la relación se tambalea.

Aunque comenzaron siendo una pareja 'tradicional', no tardaron en abrir la relación. Ambos pactaron tener relaciones con otros hombres mientras mantenían su noviazgo. En algunas entrevistas, Jonan ha explicado que su pareja pudo tener hasta diez novios. Él no tenía tantos, pero también se acostaba con otros.

Este proyecto de 'pareja poliamorosa' les funcionó durante años, pero Javier de Hoyos ha destapado su gran crisis: "Se encuentran atravesando una crisis muy gorda, de hecho me consta que están al borde de la ruptura. Se han dado un tiempo, y eso es algo evidente para sus seguidores ya que llevan tiempo sin ver contenido juntos en las redes sociales, concretamente desde enero", explica en Cuore.

Al parecer, el motivo del distanciamiento no es otro que "el paso de los años". Por ese motivo, han decidido darse un tiempo y meditar lo que desean. "Se siguen queriendo mucho y eso provoca que no quieran ponerle fin. Veremos lo que pasa con el tiempo...", comenta Hoyos.

miércoles, 17 de febrero de 2021

#hemeroteca #gais #poliamor | Tres hombres son reconocidos legalmente como padres del mismo bebé

Alan Mayfield, Jeremy Allen Hodges y Ian jenkins

Tres hombres son reconocidos legalmente como padres del mismo bebé.

Ian Jenkins y sus novios, Alan Mayfield y Jeremy Allen Hodges, se convirtieron en la primera familia poliamorosa de California.
ABC, 2021-02-17
https://www.abc.es/recreo/abci-tres-hombres-reconocidos-legalmente-como-padres-mismo-bebe-202102171222_noticia.html 

El doctor Ian Jenkins, de 45 años, y sus novios, Alan Mayfield y Jeremy Allen Hodges, se convirtieron en la primera familia poliamorosa en California cuando un juez acordó que todos podrían ser nombrados padres de su hija Piper.

Los tres hombres utilizaron embriones donados y vientres de alquiler para dar la bienvenida al mundo a sus dos hijos, Piper y Parker.

El trío hizo historia legal en 2017 cuando un juez permitió que todos estuvieran en el certificado de nacimiento de Piper. Esto se convirtió en un gran hito para las familias poliamorosas de EE. UU.

Ian contó recientemente al medio Huff Post: «Una amiga nos ofreció los embriones que les quedaron de su tratamiento pero que no pudieron usar. Tuvimos la opción de adoptar los embriones y decidimos formar una familia única».

«Prestamos atención al hecho de que nuestros hijos podrían ser percibidos de manera diferente. No queríamos que se convirtieran en blanco de burlas, acoso o abuso en línea». Sin embargo, los padres indican que no ha tenido «ningún rechazo de nadie en nuestra vida profesional y personal».

Ian y Alan llevan juntos diecisiete años y se unieron a Jeremy hace ocho. Para los dos niños, los tres hombres son «papá».

A pesar de que muchas personas aceptaron su configuración doméstica, el mayor desafío llegó antes de que naciera Piper porque las leyes les impedían formar una familia a través de la subrogación.

En declaraciones recientes a The Morning Show, Alan dijo: «El gran desafío para nosotros fuer legal. Al principio no estábamos seguros de que pudiéramos estar los tres en el certificado de nacimiento, así que se convirtió en un proceso judicial. Parecía que no nos lo iban a conceder, así que pedimos hablar en la corte y declaramos nuestro punto de vista y el juez finalmente cambió de opinión y nos otorgó la paternidad legal para nuestra hija antes de que naciera».

«Nuestra cultura está llena de todas estas historias sobre el anhelo y la infidelidad. Es natural que sintamos afecto por más de una persona. Lo exótico es que realmente lo hicimos: hicimos una vida en la que muchas personas piensan como un sueño inalcanzable, pero por lo demás somos gente común. Tenemos las mismas conversaciones sobre qué cenar y qué ver en la televisión», explica Ian.

Ian pronto lanzará un libro sobre la batalla legal de su familia poliamorosa, y tiene una cuenta de Instagram que se llama Three Dads and a Baby donde ofrecen consejos, que incluyen, por ejemplo, qué hacer cuando su hijo prefiere a papá sobre papá o papá.

miércoles, 12 de febrero de 2020

#hemeroteca #lesbianismo | Paula Alcaide: “En las relaciones entre lesbianas a veces se pierde el contacto físico”

Imagen: Pikara / Paula Alcaide
“En las relaciones entre lesbianas a veces se pierde el contacto físico”
Hablamos con Paula Alcaide, psicóloga, de su trabajo terapéutico con mujeres lesbianas: de amor, sexo, celos, maternidad y bollodramas, el fénomeno lésbico que Alcaide ha analizado en profundidad en su primer libro.
Andrea Momoitio | Pikara, 2020-02-12
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/las-relaciones-lesbianas-veces-se-pierde-contacto-fisico/

Paula Alcaide (Barcelona, 1989) ha sido mi terapeuta. Acudí a ella, como tantas otras, porque no sabía cómo gestionar una ruptura. Ella agarró mi mano y ahí fuimos, poquito a poco, saliendo de la tormenta. Dice que le gustaría que su profesión se extinga en algún momento, pero, por ahora, tiene mucho trabajo. El año pasado publicó ‘Cómo superar un bollodrama’ (Egales), su primer libro, que a muchas nos ha servido de salvavidas. Las relaciones entre lesbianas son tan complejas como todas las relaciones, pero hay factores sociales que, a veces, añaden un extra de dificultad a eso del amor. Relacionarse no es tan ideal como nos hace creer la industria cinematográfica, pero formar un equipo con alguien sigue siendo la apuesta vital de muchas personas. Algo tendrá. Encontrar el equilibrio entre tus necesidades y las de la otra, en un contexto de lesbofobia evidente, es un reto que muchas asumimos sin tener el material necesario en la mochila para soportar las inclemencias del clima.

¿Por qué hacía falta un libro como el tuyo, Paula?
Desde 'Más que amigas', de Jennifer Quiles, se han publicado muy pocos libros que hablen del sufrimiento entre mujeres desde la perspectiva más psicológica de los procesos. Lo podríamos catalogar como un libro de autoayuda. Lo planteo como una conversación profunda, un diálogo con las lectoras. Es un libro muy descriptivo, se quedan muchas preguntas abiertas: “¿Qué estoy haciendo?”, “¿Cómo me estoy relacionando con otras mujeres?”, “¿Por qué estoy sufriendo por amor?”. Se llama ‘Cómo superar un bollodrama’ porque es una expresión que se repite mucho en consulta y quería empoderar el concepto.

No hay muchas psicólogas que se dediquen en exclusiva a trabajar con lesbianas.
Muchas psicólogas generalistas, por decirlo de alguna manera, se están perdiendo algunos procesos de las minorías porque no los ponen en el foco. Se pierden algunos puntos, cierto lenguaje, un código en común. Es una especialización que en Estados Unidos e Inglaterra sí tiene más peso. A España lo trajimos sólo hace 10 años. Gabriel J. Martin y yo montamos un grupo LGBTI en el Colegio de Psicología e impartimos una formación online en el Colegio de Madrid. Todavía estamos en las antípodas de construir esa psicología afirmativa LGBTI.

¿Qué es la psicología afirmativa?
Es una corriente que se focaliza en la orientación afectivosexual y en la identidad de género como una fortaleza y no como vulnerabilidad. Es una corriente, un tipo de psicología, centrada en el colectivo LGTBI, que nace como contrapuesta a las terapias de conversión, a las terapias que en el siglo pasado estigmatizaban la diversidad.

¿Nos podría ayudar a superar un bollodrama una psicóloga hetera?
Creo que no. Creo que tiene más potencia si te acompaña alguien que está especializada, que reconoce esa vivencia como personal y la reconoce en sus entornos próximos. Le da una dimensión y una profundidad mucho mayor.

En tu libro hablas mucho de la ‘simbiosis lésbica’. ¿Es una tendencia especialmente común entre lesbianas? ¿No tienden todas las parejas a parecerse?

Desde las premisas del amor romántico, yo creo que estamos empujadas todas a tener esas fusiones o simbiosis bajo la idea de la complementariedad y media naranja. Sí creo que las mujeres hemos sido más instruidas en el amor y menos en la autonomía. Las mujeres, en la consulta, hablan mucho más del amor que los hombres. Si una pareja es compromiso, intimidad y pasión, las mujeres fomentamos mucho la intimidad y el compromiso y a veces perdemos la pasión. Precisamente porque hay mucha intimidad. Falta oxígeno, faltan espacios personales y el deseo se va mermando. No tienes a nadie a quien desear sino alguien pegado a ti.

¿Pasa lo mismo en las relaciones entre dos hombres?
No. No pasa tanto. Tienen mucho más claro cuál es su espacio y cuál es su autonomía. Hay una lectura de género evidente.

¿Qué pasa con el sexo en las relaciones entre lesbianas? ¿Se acaba antes?
No hablaría de relaciones entre lesbianas sino de relaciones lésbicas entendiendo que puede haber una relación entre una mujer lesbiana y una bisexual o dos mujeres bisexuales pueden tener una relación lésbica.

Lo que dicen los estudios es que hay mayor satisfacción sexual al principio de la relación pero, luego, en gran parte la falta de espacios personales, al no echarse de menos, al no tener este puente que cruzar, que dice la sexóloga Esther Perel, puede acabarse. Perel habla del deseo que se construye cuando no tienes a la otra persona, cuando la deseas y te quieres acercar a ella. Eso creo que lo construimos mal entre mujeres. Hablamos mucho más. Hay una hipercomunicación para nada efectiva. Le damos más vueltas en las discusiones a la parte emocional. A veces hay una parte de contacto físico, de cuerpo a cuerpo, que se pierde.

Nos falta analizar otros modelos de relaciones porque nos encontramos con muchas situaciones de monogamia en serie: tienes una relación, funciona, pero cuando se deteriora porque ya parece más tu compañera de piso, normalmente lo que hacemos es sustituir a esa persona por otra. Parece que se entiende el enamoramiento como el único elemento que hace que volvamos a desear.

¿Qué factores, además de esa simbiosis lésbica de la que hablas, pueden provocar que dos mujeres dejen de mantener relaciones sexuales? ¿Nos interesa menos el sexo?
No creo que nos interese menos el sexo, pero sí creo que hay un condicionante social importante. Sobre todo a la hora de ser asertiva en relación al sexo y en eso estamos en desventaja.

Hay muchos factores que influyen: las preocupaciones, estados de ánimo depresivos, ansiedad, estrés crónico, que hace que baje la libido; también las mujeres reconocemos en menor medida cuándo estamos excitadas por una cuestión de fisionomía evidente, excepto en el caso de las mujeres trans que no se han sometido a una cirugía de reasignación genital; y porque a veces estamos mucho en la mente y le prestamos poca atención al cuerpo. Vemos parejas que no es que no tengan ese deseo sino que no están generando espacios para que es deseo fluya desconectándose de las preocupaciones.

¿La falta de sexo afecta menos a las relaciones lésbicas?
No lo sé. Conozco menos las relaciones heteros, pero depende de qué entendamos por afectar.

¿Se puede tener una relación sana con alguien si tú no te sientes bien contigo misma?
Tendríamos que definir qué es una relación sana, tendríamos que debatirlo. Todo el mundo, en algún momento, nos sentimos mal. Para mí lo importante no es sentirte bien o mal sino cuánto dura esa emoción y qué haces a continuación. ¿Te responsabilizas de tu propio bienestar o proyectas hacia fuera para que las otras personas sean tus dianas o tus salvadoras? Todo eso que nos inventamos sin acabar de entender que una pareja es un espejo.

En el libro hablas de los celos como los reyes del bollodrama. Dices que tienen el origen en el miedo a perder a alguien y en el instinto territorial de autoprotección. ¿No es una visión muy naif de una emoción horrible?
Soy partidaria de reconciliarnos con nuestras emociones, también con esas que se consideran malas. Tú puedes estar en pareja y tener manía a tu pareja. Puedes estar en pareja y sentir celos. Puedes sentir muchas cosas. Es una emoción que no podemos negar. Si coges una emoción y la demonizas, estás perdiendo una oportunidad para analizarla, para ponerla encima de la mesa y trabajar individualmente con ella. No digo que en la pareja sea normal tener celos, pero sí que es normal en la condición humana tener ese punto de territorialidad. La pregunta es: “¿Cómo vamos colocar eso?”; “¿Cómo lo vamos a trabajar?”; “ Vale, sí, siento celos, ¿ahora cómo actúo?”

Si los celos los sufren ellos, en el feminismo no lo entendemos tanto.

Todo depende de qué hagas para operativizar esos celos. Puedes sentir celos y que eso te lleve a una conversación superhonesta en la que puedes decir: “Mira, eso me ha hecho sentir vulnerable” o “Esto me ha conectado con aquello que me pasó hace tiempo”. Esos celos, de punto de partida, no tienen una resolución negativa para la propia pareja. Yo creo que el punto está en hacerte cargo de tus propios celos. He sentido celos, sí; igual que sientes rabia si algo te saca de quicio, pero te haces responsable de ello. En un momento determinado, puedes explicárselo a tu pareja, pero sin culpabilizarla. Ese es el problema.

¿Hasta dónde se pueden entender los celos?

¿Entender? Yo diría que la palabra entender... Si los celos nos están apelando, pues como cualquier otra emoción. Has sentido celos, bien, pues como si sientes alegría. Hay que ir al fondo de eso. A veces, por lo políticamente correcto, no acabamos de entrar en el tema. En relaciones poliamorosas, los celos son el mecanismo a partir del cual se empiezan muchas negociaciones y se establecen límites.

¿Hay cierta imposición del poliamor en entornos feministas?
Creo que no. El poliamor plantea alternativas en contra de la doctrina del amor romántico y del emparejamiento en base a mitos como la media naranja y es superpositivo. Ahora bien, sí que creo que tenemos que aterrizar cosas. A nivel teórico hay propuestas que pueden ser muy potentes, que apelan al sentido de la libertad, pero luego en consulta ves como se complican. Es difícil gestionar los afectos tanto en una pareja monógama como en parejas múltiples, en parejas abiertas o permeables. Cuantos más elementos introduces, más importante que te centres en lo que te estás pasando y en cómo puedes ser más asertiva para comunicarlo a una pareja o a varias. Toda esa articulación implica más revisión emocional y hay que hacerlo.

En el libro pones un ejemplo. Tu novia habla mucho con su ex y esto te hace sentir celos. Propones negociar cómo va a ser esa relación. Determinar cuánto vais a hablar, por ejemplo. ¿No es ceder mogollón?
Hay gente que recoloca las relaciones con sus ex, que construyen una nueva etapa y una nueva relación; pero también hay quien no deja ir. Y no es tanto por lo que te aporta sino por nostalgia. A veces mantenemos a gente en nuestra vida porque nos sentimos más coherentes: “Si esta persona ha sido importante, tiene que seguir siéndolo”. Pues a lo mejor sí o, a lo mejor, no.

¿Hay mucha diferencia entre los celos en una pareja hetera o lésbica?
Bueno, hay elementos diferenciales de género, pero la raíz es la misma. Lo que sí que creo que la modulación es distinta.

¿Tenemos más alarmas activadas en las relaciones heterosexuales?
Probablemente. Por eso es importante decir que a partir de un momento no se está hablando de un bollodrama sino de violencia intragénero. Hay puntos ciegos aún en las relaciones entre mujeres. Probablemente toleramos cosas que nos costaría más tolerar en una relación heterosexual.

¿No te da miedo hablar de violencia intragénero y que eso sirva de excusa para poner en cuestión la lectura feminista de la violencia machista?

Sí, claro. Ponerlo encima de la mesa no deslegitima y no puede quitar esa fuerza al movimiento feminista en la reivindicaciones en contra de la violencia de género. Eso sí, yo soy partidaria de, por lo menos, nombrarlo. Eso ayuda a muchas pacientes que, en un momento determinado, necesitan entender la campaña de desprestigio que está haciendo su exnovia tras dejar la relación o cómo está tratando de aislarla. Esos mecanismos de culpa, de control, se tienen que poner sobre la mesa. Yo no lo equiparo, pero hay que hablar del tema.

En tu libro hablas de cómo hay quien genera ciertos triángulos para provocar celos a su parejas.

Sí, hay gente que, desde su propia baja autoestima, intenta que la otra se insegurice. Al final es otro tipo de violencia psicológica.

Las redes sociales han sido una vía muy importante para el ligoteo entre lesbianas. De Chueca.com a Wapa. Nos movemos bien ahí.
Sí, porque somos una comunidad mucho más pequeña. Es difícil que encuentres a una persona que te atraiga, que te guste, que haya ‘filing’, intereses en común... y que justo viva en tu mismo pueblo. En ciudades más grandes no pasa tanto y hay mucha migración interna a ciudades. Las relaciones a distancia o ciber relaciones son complicadas. Siempre recomiendo conocer a la persona lo más pronto posible porque se dan casos de relaciones a distancia en las que ni se ven y acaban con sorpresa.

¿Qué especificidades tienen este tipo de relaciones?

Son relaciones en las que tiene que haber una base de confianza muy grande, en las que es muy importante aprender a gestionar la frustración y negociar mucho: lo relacionado con el dinero, cuándo nos vemos, cómo, dónde, cuánto. Probablemente sean relaciones que duran más tiempo porque, cada cual, mantiene sus espacios personales. La base es una base, a veces, incluso más sana que la de las relaciones que empiezan viéndose todos los días y en las que se genera mucho más rápido esa fusión.

Al margen de la distancia, justo lo contrario: ¿Qué pasa con la endogamia? Acabamos todas en los mismos bares. El ambiente puede ahogar.
La parte positiva es que te permite una socialización en la que hay que trabajar mucho las relaciones. La parte negativa es que tienes que hacer más trabajo relacional. A veces, si estás mal, no te apetece. Da la sensación de tener que exponerte a personas y entornos ante los que no elegirías exponerte.

¿Qué necesidades suelen tener las lesbianas en terapia?

Compañía para el proceso de autoaceptación y para trabajar la lesbofobia interiorizada; crisis personales, de todo tipo. Muchas por rupturas; algunas por búsqueda de modelos alternativos de relación, cómo abrimos la pareja, cómo tenemos una relación poliamorosa; terapia de pareja, sobre todo por falta de deseo o problemas en la convivencia; y también cuestiones relacionadas con la maternidad lésbica.

¿Qué suele pasar con la maternidad lésbica?
La frustración que se genera por no poder quedarse embarazadas, por ejemplo. A veces, la elección: ¿Quién va a ser la madre gestante? También lo relacionado con los miedos vinculados a la LGBTfobia. Vale, vamos a tener una familia, ¿cómo trabajar para no transmitir esos miedos que nos quedan a nosotras?

¿Qué pasa con las relaciones armarizadas?
Yo suelo hablar de disparidad homofóbica, de esos diferentes niveles de lesbofobia y bifobia interiorizada, que hacen que en un momento determinado una se avergüence, se sienta culpable, ansiosa, hipervigilante. Si ocultas la relación, la estás degradando por miedo al estigma social. Se generan dinámicas perversas en la que una parece la amante. Esa ocultación genera mucho dolor y afecta al autoestima.

¿Tú estás a salvo de un bollodrama?

Ni yo ni nadie está a salvo de un bollodrama. Yo creo que con los años aprendes a conocerte más a ti misma, a entenderte más y a intentar ser más respetuosa con la persona que eres, a asumir más tus propias emociones. Entonces hay menos proyección hacia fuera y más entendimiento hacia dentro. Eso siempre consigue que la intensidad, la negativa, vaya disminuyendo.

¿Están idealizadas las relaciones lésbicas? Es habitual escuchar a compañeras feministas heterosexuales diciendo: “¡Me voy a hacer lesbiana!”

Son relaciones más igualitarias normalmente, hay mucha más comunicación. Otra cosa es que sea afectiva. Pero claro, luego está la cara B y ahí hay demasiada intensidad emocional. De todas formas, cuando alguien dice eso, está poniendo encima de la mesa una idea de elección que a mí no me parece tal. Que se lo expliquen a mujeres lesbianas que viven en países donde están condenadas a la pena de muerte o a la cárcel. ¿Desde qué lugar de privilegio se está diciendo eso?

miércoles, 12 de junio de 2019

#hemeroteca #gais #poliamor | Los primeros viudos con pensión del poliamor

Imagen: El Mundo / Alejandro, Alex, Víctor y Manuel
Los primeros viudos con pensión del poliamor.
Eran una pareja gay pero decidieron ampliar "la familia" y ser tres. Se "casaron" y ahora que uno ha muerto los dos viudos han pedido sendas pensiones y un juez les ha dicho sí. La justicia colombiana reconoce así por vez primera el poliamor.
Salud Hernández-Mora | El Mundo, 2019-06-12
https://www.elmundo.es/cronica/2019/06/12/5cff954321efa0e35a8b45fa.html

Es una suerte de poligamia, una unión marital de tres. Durante sus años de convivencia intentaron formalizar su peculiar estado civil. Y sólo la muerte de uno de ellos y la lucha por su pensión lograron lo que siempre soñaron: la trireja que constituyeron Alejandro, Manuel y Álex ya tiene la bendición de los tribunales.

Desde principios de siglo compartieron casa, cama, gastos cotidianos, tristezas y alegrías. Hasta que Álex Zabala, que trabajaba en la empresa de salud (IPS Universitaria), murió de cáncer el 16 de abril de 2014. Sus dos viudos reclamaron la pensión, al igual que hizo la madre del difunto. La aseguradora llevó el caso a los tribunales y los maridos decidieron emprender una batalla legal contra la progenitora para exigir lo que consideraban suyo. No era dinero lo que buscaban, cuentan, puesto que ambos trabajan y era un salario mínimo que dividirían entre dos. «No lo necesitamos pero estábamos hablando de la dignificación de Álex, del reconocimiento de la familia», puntualiza Manuel.

Y esta semana lograron su objetivo. La Sala Sexta de Decisión Laboral del Tribunal Superior de Medellín emitió la sentencia que anhelaban. Confirmó el fallo anterior de la juez del Circuito de Medellín, de mayo de 2017, y ordenó el pago de la pensión a Alejandro Rodríguez, bailarín profesional, y Manuel Bermúdez, periodista y docente universitario, incluyendo el retroactivo por los montos que dejaron de percibir desde que Álex falleció. Lo retroactivo suma unos 6.300 euros y a cada viudo le corresponde una pensión mensual de 110.

«Es una relación poliamorosa que tiene los componentes de permanencia y comunidad. Supone el acoplamiento de una identidad como familia que se sustenta en la búsqueda común de los medios de subsistencia, en la compañía mutua o en el apoyo moral, y en la realización de un proyecto compartido que redunda en el bienestar de cada uno de los integrantes de esa familia y en el logro de su felicidad», reza un aparte del fallo. Porque los jueces no se limitan a citar artículos y acopiar jurisprudencia, también trazan a pinceladas su manera de entender el mundo actual.

«Por más de 7 años compartieron techo, lecho y mesa, presentándose ayuda mutua y una convivencia estable entre los tres, ininterrumpida y hasta el momento de la muerte, asumiendo el reto de vivir en triada, teniendo las mismas obligaciones de la vida en pareja», fallaron los jueces.

Alejandro y Manuel hubiesen querido agregar en la demanda a Víctor Prada, maestro en arte dramático y el último en llegar a sus vidas. Pero sólo se incorporó a la familia 12 meses antes de perder a Álex, periodo insuficiente de convivencia para que la justicia colombiana reconozca una relación de hecho.

Antes del fallo y del cuarteto que terminarían formando, ya eran reconocidos en el mundillo de los activistas LGTB porque a Manuel le encanta disertar sobre su causa y narrar sus experiencias sin tapujos: «Soy una loca gritona», dice a Crónica. Relata con orgullo que fue el primero en Colombia en acudir a una notaría para oficializar la unión con Alejandro, cuando proponer matrimonio homosexual resultaba escandaloso.

Naturales de Medellín, una de las ciudades más tradicionales de Colombia, de familias extensas -Manuel es el menor de 15 y el único gay-, no encontraron eco entre los notarios locales para llevar a cabo sus planes. Les vinieron a decir, firmamos un papelito pero nada de fotos ni shows, un acto cuasi clandestino. Declinaron el ofrecimiento y viajaron a Bogotá donde todo es más abierto. Sellaron un acta simbólica con una reconocida feminista por madrina, la francesa Florence Thomas. «Nos vamos a querer toda la vida», se dijeron aquél 3 de noviembre de 2000. Y cuando eran felices los dos, surgió el tercer amor. «Fue el primer elemento del poliamor», rememora Manuel.

«Cuando empecé con Alejandro era un peladito (chaval) de 18 que apenas terminaba el colegio, mucho más joven que yo. Le dije: yo he vivido todo, pero para vos soy el primer hombre, es injusto que empiece a vivir a mi sombra. Sea libre. Si alguien te mueve el corazón, conversemos sobre el tema», agrega. «Como en el año 2004 conoció a Álex en el coro de la Universidad. Alejandro y yo ya llevábamos cuatro años juntos, habíamos tenido otras aventuras sexuales, pero nada serio».

En esa ocasión, sin embargo, su pareja le confesó que se había enamorado de Álex pero que le seguía queriendo a él. «Fue fundamental que no me dejó de querer. Soy un libertario y tampoco quería repetir el modelo de divorcio caótico de los heterosexuales», explica Manuel. «Me di un tiempo para desprenderme. Pero Álex era encantador, silencioso, y nos enamoramos desde la palabra, un amor de conversación. Y un día cualquiera Álex le dice a Alejandro: yo me quedo también con él porque es lo que uno se sueña para el resto de la vida».

De tres a cuatro
Compraron una cama de matrimonio más grande donde cupieran los tres, se acoplaron a la nueva situación en donde todos eran iguales, ninguno llevaba el mando, y siguieron sus vidas sin ocultar primero la triada y después el cuarteto. Así lo confirmaron testigos en el juicio por la pensión. Varios amigos aseguraron a los jueces que siempre les conocieron viviendo y yendo juntos a todas partes, sin disimular su múltiple unión. «Un día apareció Víctor, que tenía 23, como una aventura de Álex y nos conquistó como familia», recuerda Manuel, el mayor. «Terminó siendo el cuarto de la relación. No fue complicado añadir uno más».

Quizá lo más complejo resultó explicar al mundo, comenzando por sus respectivas familias que no terminaban de digerirlo bien, que lo suyo era una unión tan normal como las demás.

Y fue en la audiencia judicial donde asomó el rechazo que algunos hermanos de Álex sentían por el poliamor. Marlenys Zabala declaró que no reconocía a Manuel, Alejandro y Víctor como compañeros permanentes de su hermano «porque se entiende que unión marital de hecho es de dos personas y no de cuatro». Y Albeiro y Jabeth Zabala agregaron que siempre creyeron que su hermano vivía con unos amigos de la universidad.

Pese a esas y otras críticas que han recibido, Manuel, Alejandro y Víctor están convencidos de que son pasajeras. «Cuando nos conocen, los fantasmas desaparecen», aseguran. «El morbo, el bacanal, se van al suelo. Somos una familia muy bonita».

miércoles, 13 de febrero de 2019

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor"

Imagen: El Diario / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor".
La escritora ha publicado 'Pensamiento monógamo. Terror Poliamoroso': "En nuestros recorridos amorosos a veces hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones. Muchas las tomamos por defecto". "Una de las cosas importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja quedan muy reducidas", señala. "Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar", dice sobre la construcción de relaciones.
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2019-02-13
https://www.eldiario.es/sociedad/Brigitte-Vasallo_0_867563606.html

'Pensamiento monógamo, terror poliamoroso' (editorial La Oveja Roja) es el último libro de la escritora, activista LGTB y feminista Brigitte Vasallo. Su mezcla de reflexión, crítica y propuesta para desmontar "la pirámide de la monogamia" va por la tercera edición y llena las librerías en las que se presenta. Poco antes del 14 de febrero, aterriza en Madrid para criticar los discursos fáciles sobre el amor y politizar el sexo y los afectos. La monogamia es el sistema, pero las alternativas, como el poliamor, no son necesariamente la solución. No, defiende Vasallo, si las lógicas y valores sobre las que se construyen las relaciones siguen siendo las mismas.

"Hay mucho que plantearse y que desmontar: cuánto tiempo le dedicas a tu pareja y cuánto a tus amigas, si antes de irte a vivir con tu pareja te has planteado si te apetece vivir de otra forma, por ejemplo, con tus amigas aunque parezca que eso solo se puede hacer a los veinte. Si hay espacio para irte de viaje con otras amigas, y no solo con tu pareja... Si desmontamos todas estas cosas, luego, que folles con alguien o no acaba teniendo poquísimo peso, pero hay que quitarle ese peso a través de cuestionar todo el entramado", explica. ¿Por qué nos cuesta cuestionar en voz alta los valores sobre los que se construye una pareja, poner sobre la mesa la exclusividad sexual o afectiva, contar incluso que nos va mal en nuestra relación? "Porque nos va la identidad en ello", defiende. Vasallo carga también contra un modelo de poliamor en el que todo es ideal. "En el poliamor también se puede sentir celos, posesión... En poliamor parece que como te has metido ahí, todo vale. Y no".

P. En el libro no solo habla de monogamia como tal, sino de identidad y de pensamiento monógamo, ¿qué son?


R. Analizo de qué manera este sistema amoroso que nos fija una distribución de nuestros afectos y alianzas se traslada a otras facetas de nuestra construcción de comunidad, si es que se traslada, y creo que sí. El pensamiento monógamo consiste en formar grupos, que son grupos también de salvación y protección: hacer una patria o un grupo activista o una pareja no es una frivolidad, sino que vivimos un mundo muy duro en el que necesitamos tener comunidades y las hemos ido montando así.

Montas esa comunidad a la que te agarras como salvación creyendo que ahí no va a haber desigualdades, porque es la promesa que nos hacen, y que esa identidad va a ser superior a todas las demás y va a estar confrontada a todas las demás. El pensamiento monógamo crea esas identidades, jerárquicas, es una entidad supremacista, enfrentada a las demás. Entendemos que si algo nos gusta tiene que ser para casarte para toda la vida, tienes que comprarte todo el 'pack' para siempre. No pensamos en si nos interesa hacer una alianza puntual.

P. Dice que no es solo la construcción de dos personas, sino la construcción de unos valores e ideas que ni siquiera cuestionamos... ¿qué cosas damos por hecho cuando construimos nuestras relaciones en pareja?

R. Para empezar, que tenga que ser en pareja, y cuando digo pareja, forzando la gramática, no me refiero a que sean dos personas, pueden ser tres o cinco. Damos por hecho que la idea es que los amores y deseos tienen que llevar la proyección de pareja entendiendo eso como generar esa identidad conjunta, esa fusión entre dos personas o entre más, incluso. No nos cuestionamos el recorrido de la pareja, la escalada: si nos gustamos y va bien damos por hecho que vamos a hacer pareja, vamos a vivir juntos...

Muchos y muchas en nuestros recorridos amorosos hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones, porque hay muchas que hemos tomado por defecto, como el único camino que se nos ha enseñado que es válido, que nos irá bien, que nos llevará a una estabilidad emocional, aunque estamos viendo constantemente que no necesariamente lleva a eso. Es necesario que visibilicemos el sistema para que precisamente podamos tomar decisiones.

P. Pero esto es difícil de explicar o de entender cuando hay tantas cosas que damos por hecho o que creemos que son naturales: lo que una siente cuando se enamora, el deseo que parece irrefrenable, la sensación de que no podemos tomar decisiones sobre lo que sentimos... ¿Es eso mentira, podemos tomar decisiones sobre nuestros deseos y afectos?, ¿tenemos que entrenarnos para hacerlo?


R. Totalmente, estamos entrenadas por el sistema para tomarlas de una manera concreta. La gente siempre me dice 'yo siento eso' como si el hecho de sentir algo justificara su naturalidad e incontrolabilidad. Yo pongo un ejemplo: imaginemos que caminamos por un cementerio por la noche, la sensación que tenemos es de miedo, aunque no tengamos ninguna experiencia de un muerto que se haya levantado de la tumba para hacerte nada a ti o a alguien. Lo que sentimos también está muy mediado por narrativas o fantasías que tienen un contenido social. Así que claro que sentimos esas cosas pero podemos vivirlas de otras maneras que nos vayan a ser más sanas y más colectivas. Además si el deseo es algo que nos invade y nos lleva, esto relacionado con la cultura de la violación es un discurso problemático.

P. Repensar, entonces, el deseo o cuestionarlo...

R. Creo que una de las razones de que el deseo haya quedado fuera de la toma de decisiones es que ha quedado previamente fuera de los espacios de politización porque tradicionalmente se trabajaba sobre las cuestiones 'importantes' en términos patriarcales, como la economía. Nuestra afectividad es importante y lo atraviesa todo, hay que ponerla de manera política sobre la mesa.

P. Su crítica la hace no solo a la monogamia sino a las alternativas como el poliamor. En su libro alerta de que pueden reproducirse exactamente la misma escalada de ideas y decisiones en relaciones no monógamas. Una de las cosas que plantea para huir de ello, sea cual sea nuestro tipo de relación, es precisamente cómo sería tomar conciencia de nuestras decisiones o decidir pensando en todas las personas de la red afectiva.

R. Sí, una de las cosas que me parecen importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Eso significa construir las formas sociales que nos permitan bajarle el volumen, que no se ponga tanto en juego entorno a la pareja precisamente por la cuestión de las violencias, de la confrontación femenina, por poder hacer redes que sean más amplias... Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja necesariamente quedan muy reducidas.

P. Cada cierto tiempo nos encontramos con estudios científicos que buscan una especie de validación científica sobre la monogamia o respuestas sobre si ya en el pasado nos relacionábamos de esta manera, ¿por qué esta obsesión por buscar respuestas biológicas a esta forma social de relacionarnos?


R. Si te fijas estos estudios científicos tienden ir a reforzar lo hegemónico. No he leído artículos de resonancia que digan que lo normal es el lesbianismo, o que el capitalismo no es natural. Son conclusiones racistas también, porque hay muchos grupos humanos que no tienen relaciones exclusivas, entonces, ¿qué decimos?, ¿que esos grupos son genéticamente diferentes o inferiores? Viene a reforzar la tesis de la antropología que venimos arrastrando, que la familia heterosexual, burguesa, eurocéntrica es lo normal y lo demás son atrasos.

En el momento en que se impuso la monogamia de forma sistémica -porque la monogamia no es una práctica, es un sistema-, es decir, el momento en que otra posibilidad de vida desapareció, fue el momento de la implantación del capitalismo y de la primera expansión colonial y genocida de Europa. Todos estos sistemas van construyéndose juntos. Pensar que la familia nuclear es una forma superior de relación también hace pensar que esta forma cultural que genera esta familia también es superior.

P. Sostiene que la monogamia no es una práctica, sino un sistema, ¿un sistema opresor?


R. Todos los sistemas lo son en tanto que sistemas porque un sistema se define porque no hay otras alternativas, porque todo te lleva ahí necesariamente, así que en tanto que eso ya es opresor. Si luego hacemos recuento de cuántas violencias hay en nombre de esa forma de amor, pues no solamente es opresor, sino que nos genera violencias. Eso no quiere decir que tu pareja sea en concreto una forma de opresión o que alguien me oprima a mí porque tenga una pareja exclusiva. No va de las soluciones individuales a los problemas colectivos, va de que precisamente el sistema no nos deja otra alternativa.

Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, estupendo, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar.

P. Dice que es evidente que la exclusividad sexual no funciona, pero que nos seguimos empeñando en aplicarla. No solo eso, sino que está socialmente sacralizada. ¿Por qué?

R. La exclusividad sexual en la pareja la seguimos practicando porque la necesitamos, porque cuando hemos construido la relación a partir de todos esos parámetros, cuando hemos construido esa identidad conjunta, la exclusividad casi viene dada. A partir e ahí aceptar que esa persona, cuya relación con ella te da un valor personal, social, construye tu identidad, es muy difícil aceptar que vaya con otra persona. En mi opinión para abordar el tema de la exclusividad habría que abordar la forma en la que antes construimos las relaciones. Creo que la exclusividad no la podemos desmontar así como así para no pasarlo mal y no hacerlo pasarlo mal a los demás.

P. ¿Por ejemplo?, ¿qué hay antes de la exclusividad que tendríamos que desmontar?


R. La manera en la que construimos la pareja. Por ejemplo, todas esas sensaciones físicas que atribuimos al 'amor o pasión verdadera', ponerlas sobre la mesa y alejarnos un rato. Y pensar si eso es lo que realmente queremos vivir: ansiedad, falta de concentración, de sueño, no comes o comes demasiado... todo porque te has encontrado a alguien que te gusta y que tú le gustas. ¿Realmente es necesario estar ahí de esa manera o hay otras formas? Pensar en cuánto estamos poniendo de nuestra parte para que eso sea así, cuánto hay de autosugestión, cuántas cosas que no nos gustan en la otra persona dejamos de lado porque queremos seguir enganchadas a esas sensaciones. Ver esas cosas no es quitarle interés o emoción a una relación, es quitarle riesgo. Me preocupa, por ejemplo, por qué no nos vamos de las relaciones cuando llegan las violencias. Tejer redes nos facilitaría la huida, también hablar de las culpas, construir juntas las líneas de fuga. Mucho criticar el amor romántico pero luego cogemos nuestras redes sociales y es pura propaganda del amor romántico. También le estás mandado mensajes a las demás así, de mira el amor romántico es una mierda pero yo he triunfado en ese mandato.

P. Habla de que tendemos a aplicar dos modelos: o la lógica romantizante de las relaciones de pareja o la lógica del sexo casual, ¿hay que deconstruir eso o construir algo en medio?

R. El discurso poliamoroso menos politizado quizá insiste mucho en 'esto es amor, no es solo sexo'. Entiendo de dónde viene pero también es problemático. Porque no vamos a criminalizar el sexo, vamos a ver como el sexo puede ser cuidadoso y a construir las condiciones para que lo sea. Y al mismo tiempo ver cómo desromantizamos los afectos y construimos de otra manera.

P. Metamor es una de los conceptos que cree que puede marcar la diferencia entre un tipo de relaciones y otras, ¿por qué esa es una de las diferencias?, ¿qué significa?

R. El metamor es la palabra poliamorosa que utilizamos para hablar de la o las otras relaciones de una persona que tiene relación contigo. Seríamos metamores, dos personas que están vinculadas ambas a una tercera. Para mí lo que hace que una relación pueda entenderse como monógama o no es cómo es esa relación entre los metamores. Si es una relación de cooperación, en la que todo el mundo quiere el bien común, eso es un cambio de dinámica. Si es una relación de competición por ver quién se lleva un trozo más grande del pastel, es lo mismo de siempre con otro nombre. La cooperación se tiene que dar entre todas.

P. Hay gente que se suele sentir muy atacada con este tipo de entrevistas o artículos en los que se cuestiona la monogamia o el amor romántico. Puedo imaginar algunos de los comentarios cuando se publique esta: "Yo vivo en pareja porque quiero", "no veo por qué me tienen que decir que estoy eligiendo un modelo opresor" o "he comprobado que si quieres de verdad no te apetece follar con otra persona". ¿Qué les diría?

R. Esto no va de quién está más oprimida, va de que todas hacemos lo que podemos. Pero esto sí que va de que hay un sistema que nos rige a todas y que estamos todas dentro de ese sistema. Visibilizar el sistema es útil, no tenemos que tenerle terror. Y si después de haberlo visto, es lo que te va bien, estupendo. Entender lo que nos pasa, lo que vivimos y cómo viene regido no creo que pueda ser nocivo para nadie.

sábado, 9 de febrero de 2019

#hemeroteca #musica #lesbianismo | Tribade: "No nos interesa un feminismo capitalista que busque la igualdad en las cuotas de poder"

Imagen: Público / Bittah, Masiva y Sombra (Tribade) y Dj Big Mark
Tribade: "No nos interesa un feminismo capitalista que busque la igualdad en las cuotas de poder".
Las raperas Bittah, Sombra Alor y Masiva Lulla, junto a Dj Big Mark, estrenan su primer disco: "Las Desheredadas". Hablamos con Tribade sobre la expansión del rap feminista en el panorama español.
María Rubio | Público, 2019-02-09
https://www.publico.es/culturas/musica/tribade-no-interesa-feminismo-capitalista-busque-igualdad-cotas.html

Durante los últimos años, al rap combativo de izquierdas, el de hombres con camisetas reivindicativas, barbas, puños alzados y agresividad festiva en los escenarios, le ha surgida una apuesta que llevaba tiempo latiendo: la feminista. La escena musical se ha abierto más que nunca para mujeres que predican su subversidad con micro y ‘beat’. Este es el caso de Alba Martínez, Elisabet Alonso y Diana Lulla, más conocidas como Bittah, Sombra Alor y Masiva Lulla. Acompañadas por DJ Big Mark (Marc Galán), forman Tribade, y acaban de sacar su primer disco de la mano de la discográfica Propaganda Pel Fet: ‘Las Desheredadas’.

Sus letras suenan en las fiestas del activismo barcelonés rimando la teoría feminista más ácida con acento charnego. Vienen con ganas de generar conflicto y de llenar salas haciéndolo. Hablamos con Tribade sobre su salto de los escenarios de barrio a disputarse ser uno de los grupos revelación de 2019.

P. Ahora estrenáis disco y tenéis programada una gira internacional que llega hasta México y Estados Unidos, pero vosotras salís del feminismo autónomo de la ciudad, de los centros sociales ocupados... ¿Qué queda de eso?

Masiva: Todo.
Bittah: La fuente ideológica de la que bebemos sigue siendo la misma. Podemos estar en otras ciudades, pero nuestro espacio de ocio y de militancia, de relacionarnos, siempre será nuestro barrio, siempre será el feminismo de Barcelona. Vamos a pasar por Berlín, Lisboa, Grecia, México...
Sombra Alor: Si no es por esto, yo no piso todos esos sitios, ¿Sabes? [Ríe]

P. Abandonáis vuestro "guetto" y sacáis la cabeza por escenas más amplias. ¿Cómo ha sido este proceso?

B.: Lo bueno de este proceso es no cambiar ni un ápice de tu línea política.
M.: Ahora existen las circunstancias sociales que nos permiten colarnos por ahí, ganar atención y explicar qué está pasando. Hablamos de una realidad que no está representada. Esto es parte de nuestro éxito.

P. Te refieres a cuestiones relacionadas con el imaginario cultural del feminismo que representáis: las fiestas no mixtas, el “poliamor”...

B.: Es que hay una realidad de chavalas que no están viviendo eso que les vende la cultura ‘mainstream’, que no consumen discotecas donde la entrada está a 15 pavos, que no se sienten reflejadas con esto.
S.: Son realidades muy contemporáneas. A mí el tema de 'La poliamorosa' de Bittah me pareció súper transgresor. Antes de esto, no se había hablado de relaciones no monógamas desde ese lugar... Cantábamos ‘Felices los cuatro’ de Maluma y poco más.

P. También la visibilidad lésbica es algo muy presente en vuestras letras, y en vuestro propio nombre de grupo. Mientras se ponen de moda las uñas de gel, vosotras hacéis un llamado a cortarse las uñas con temas como 'The L Nail'.

B.: Bueno, es algo que vivimos, porque lo somos. La música es un reflejo tanto de nuestra militancia como de nuestra vida. Mediante la música nos acostumbra a llegar mayoritariamente un mensaje heteronormativo, con la mujer como sujeto pasivo. Queremos darle la vuelta a eso. Queremos hablar de otro tipo de deseos, de deseos de personas con sexualidades diversas. Es una apuesta política.

P. Vuestro camino es paralelo al que han vivido las chicas de la IRA en Madrid o Machete en Boca en Valencia. Si una mira al otro lado del charco, el rap feminista ya tiene nombres propios de primera línea: Rebeca Lane, Ana Tijoux, Sara Hebe, Miss Bolivia... El feminismo más ‘punki’ está conquistando la escena del rap?

M.: Sí, algo está pasando. Es que las cosas que decimos y contamos hay mucha gente que las vive. Hay público que está deseando escuchar esto.

P. La IRA, Sara Hebe y vosotras sois tres de los grupos de rap que participasteis del video “Los borbones son unos ladrones” para denunciar los casos de Valtonyc, La Insurgencia y Pablo Hasél, represaliados por sus letras y, en el caso del primero, en el exilio. De los 13 artistas que aparecéis, tan solo hay tres grupos de mujeres.

B.: La verdad es que estamos muy agradecidas de que contaran con nosotras para ese video. En ese momento solo teníamos tres temas y de repente estábamos al lado de gente como Rapsusklein o Frank T.
S.: También hay que decir que cuando llegamos a la grabación nos preguntaron si éramos las bailarinas.
B.: Sí, la verdad es que es una de las pocas experiencias que podemos decir que se nos ha tenido en cuenta.
M.: Son cautos. Sabemos que todo el mundo nos está mirando, pero nadie dice nada.

P. ¿Cautos? ¿Por qué?

M.: Yo creo que les da miedo. Se piensan que vamos a muerte, contra el mundo. Que somos agresivas. Les da miedo ser cuestionados.
S.: Somos el dedo acusador.
B.: Y con Machete y la IRA debe pasar un poco lo mismo. Yo creo que lo que piensan es que es mejor no juntarse demasiado con nosotras porque si me junto con feministas, igual, o me critican los míos o me acusan de algo.
S.: Que se miren cómo se expresan, cómo se mueven. Parece que el tema de la consciencia de clase y la cuestión racial están muy introducidas en el rap, pero la visión de género, nada.

P. Y todo este contexto de represión contra artistas, políticos, líderes sociales... ¿Cómo lo vivís vosotras desde vuestra posición?

M.: Somos las próximas.
S.: ¡Cálla! Toquemos madera.
B.: Está claro que el próximo movimiento que se va a represaliar es el feminista. Tiempo al tiempo.
S.: Y todo este mandato impuesto por la Constitución que no representa a nadie... Que nos dejen decidir. ¿Cómo que decidir tu vida cotidiana, tu sistema económico, es ilegal? Eso no es democracia. Y no puede ser que no haya libertad de expresión, que tengas que exiliarte porque te meten preso.
B.: También hay muchas presas que no tienen la cobertura de los de hoy. Ahora nuestros padres hablan de presos políticos, pero yo llevo años contándole la situación de colegas que pasan por esto.

P. Después de vosotras, ¿vienen más Tribades?

M.: Ya lo estamos viendo. Nos escriben muchas chicas diciendo que las hemos motivado a formar un grupo. Nos pasan links de sus movidas. La gente se identifica con nosotras, tiene otros referentes y se animan.
S.: Además, estamos motivándolas a tener flow, a tener clase. Se están animando a buscar un buen estudio, un buen productor, a entender lo que es un DJ. Eso es increíble.
B.: Y de hecho, ya están aquí. Están gente como Santa Salud, como Elane, las Ninyas del Corro, las Niñas Perdidas, Lil Russia, Clika Pika...

P. Muchas de ellas suben a los escenarios con vosotras cuando actuáis. En esta línea, decís mucho eso de que "Tribade somos todas". ¿A qué os referís?

B.: Pues de que Tribade no existe sin red. Cuando escribimos letras, las pasamos a las colegas para que nos den un retorno. Esto es gracias a ellas.
S.: Es que no nos hemos inventado nada. Ahora estamos intentando hacer un protocolo para salas y festivales e intentar introducir un punto lila.

P. ¿Un protocolo contra agresiones machistas como grupo? ¿En qué consistirá?

B.: Sí. Nos vamos a topar con un montón de salas que tendrán denuncias de agresiones. O chavalas que querrán ver un concierto de Tribade pero que en ese espacio no se sentirán seguras. Llevaremos en el Rider la exigencia de que la sala cuente con protocolo de actuación. Y si no hay punto lila, pondremos a disposición nuestro estante de merchandising para que lo sea.
S.: Es un momento para generar este tipo de cosas. Cualquier sitio de este país es probablemente un lugar donde se haya producido una agresión. Porque vivimos en la cultura de la violación donde se toleran este tipo de cosas.
M.: Nuestra idea es ir a ocupar los espacios y luchar por ellos en vez de no ir. Vamos a probar qué pasa si los ocupamos entre todas.

P. De este tipo de reflexiones también nace La Purga, un tema donde os “confesáis”, os criticáis y buscáis el “perdón” en la “iglesia” del feminismo, tal como mostráis en el videoclip. ¿A qué necesidad responde este tema?

M.: Era un momento en que recibimos muchas acusaciones, tanto de dentro del movimiento como de fuera, que nos tocaban de forma personal... Y necesitábamos soltar, mirarnos hacia dentro y purgarnos antes de seguir con el proceso creativo. La Purga no estaba prevista en el disco y nos acabó quitando medio año. Fue algo muy pensado con mucho trabajo personal.
B.: Obviamente, nadie está diciendo que por hacer una canción y una revisión de nuestros privilegios ya estamos salvadas. Simplemente que, haciendo música, veíamos interesante escribir una canción con la que ponernos verdes y decir, sí, soy feminista pero he tenido relaciones tóxicas, he empatizado con tíos que han cometido agresiones...
M.: La verdad es que pensábamos que levantaríamos más ampollas. La mayoría de gente nos ha dicho que si somos muy valientes, que qué guai...

P. ¿Qué críticas esperabais?

S.: Que se viera como una agresión al feminismo.
B.: Era un canto a la sororidad. De, joder, peña, todas la hemos cagado y la vamos a cagar, pero vamos a decirnos las cosas desde los cuidados. Nos daba miedo que los machis pudieran pillarse a ese discurso y decir, "veis, que ellas mismas lo dicen, que sobreacusáis", cuando es un discurso hecho con un montón de cariño. Si formas parte del grupo, puedes criticar, pero que no venga alguien de fuera a rajarme de mi guetto.
S.: Es un tema para que solo me entiendan las colegas que saben de lo que hablo. Y para que un machi diga, ay, qué guapa la canción, pero que no pille una mierda. [Ríe]

P. Os preguntan mucho por vuestras referentes. En la canción que da nombre al disco, 'Las Desheredadas', hacéis una larga lista de vuestros referentes cotidianos "desheredados" de nombre. De hecho, el único nombre propio que sale es el de Juana Rivas.

B.: Es la línea que llevamos, la de los referentes cotidianos. Obviamente nuestras referencias vienen de cosas más antiguas, de Emma Goldman, de Angela Davis, de Silvia Federicci... Pero en tu día a día, la primera referencia, donde aprendres qué es el empoderamiento, a sostener los cuidados, es tu red: tu madre, tu abuela, tus colegas... Cuando estás chunga, no te viene la Angela Davis a mimarte, vienen tus colegas en el bar.
M.: También hay que tener en cuenta que tú dices Angela Davis y mucha gente no sabe quién es. Pero Juana Rivas ha sido un caso súper mediático.
S.: Y la criminalizaron un montón.
B.: No es una académica, una presentadora, una actriz... Es una mujer luchadora que se ha enfrentado a la justicia patriarcal ella sola. Podría ser cualquier mujer de tu barrio. Es una referente en toda regla.

P. Hablábamos de cómo está entrando de fuerte el feminismo en el rap, aunque si enciendes la radio, también se escuchan algunos discursos feministas como los del 'Pa’ Fuera lo Malo' de Ana Guerra y Aitana, e incluso el disco de Rosalía, 'El Mal Querer'. ¿Qué opináis de esto?

S.: Bueno. Es un paso.
M.: Mejor esto que tener un mensaje misógino. Pero nos parece una posición muy cómoda. Una se puede aprovechar del contexto social pero sin acabar de molestar del todo, porque si molesto, me van a dejar de llamar de algunos lados.
B.: El feminismo en el que nosotras creemos es ese que es radical, que va a la raíz del problema. Hay una mayoría social que está en contra de la violencia contra las mujeres. Hay una mayoría social que está en contra el racismo. Pero cuando señalas al culpable, a la raíz, al sistema que sostiene todo esto, la cosa cambia. Se trata del feminismo como antítesis del capitalismo. A nosotras, un feminismo capitalista que busca que haya igualdad en las cotas de poder no nos interesa. Yo no quiero un feminismo que me permita explotar al resto.

P. Es cierto que no compráis este tipo de discursos, pero también que empezáis a flirtear con el mainstream. Sin ir más lejos, Tribade ha sonado en programas de televisión como First Dates o, incluso, en Operación Triunfo, donde una de las concursantes, Alba Reche, era fan vuestra.

B.: Es la gracia y la trampa de combinar mensaje y musicalidad. Si se catasen de lo que estamos diciendo, realmente... Si se catasen de lo que significa Tribade, de las referentes que estamos mencionando... Se la estamos colando.
S.: ¡Y que la sigan colando! Es interesante. Tú a la gente le hablas de "cis", "trans", "butch", "bollera"... Y se quedan cruzados.
M.: Pero a la vez intentamos utilizar nuestro mensaje, hablar de lo común, de la anécdota. Con un lenguaje fácil para que llegue al máximo de público posible.

P. Hablabais del potencial de usar la música para llegar a más gente. El rap es un género donde el mensaje político es común, pero en cambio, socialmente, el reggaetón está mucho más estigmatizado. Incluso, es uno de los más criticados desde algunos discursos feministas. ¿Por qué lo reivindicáis?

B.: El reggaetón es un ritmo musical. Cuando dicen que el reggaetón es machista… Un bombo y una caja no pueden ser machistas. En todo caso, puede serlo la persona que lo hace. El rap, como el reggeaton puede tener el discurso que tú le metas. Y a ver, en Europa no nos hemos inventado nada de reggaetón feminista. Eso ya estaba hecho. La canción de 'Pa la Cama voy' de la puertoriqueña Ivy Queen es de 2004 y es una canción empoderante, que habla de consentimiento. A la gente le gusta bailar reggaetón. Pues poder estar bailándolo a gusto sin que haya un mensaje que te chirríe, mola.

P. También se os atribuyen algunas influencias del trap, un género con una estética que hace bandera del barrio pero donde a la vez hay un montón de artistas que hablan sobre cuánto dinero tienen. ¿Qué pensáis de esto? ¿Yung Beef o C. Tangana?

M.: Yo me quedo con Yung Beef. [Ríen]
B.: Yo hablaría de la extracción de clase de esta gente. Una de las cosas de la cultura de la clase trabajadora, por ejemplo, con el tema del dinero, mi chirría. Tú no dices cuánto cobras, porque sabes que a lo mejor tú estás bien pero tu vecino, no. Y está feo. Está mal visto hablar de pasta. En estos videoclips hay una fetichización de lo precario cuando en realidad ser precario es una mierda que no le deseas a nadie.
M.: Ellos mismos no son conscientes de cómo repercute el mensaje que están dando. No saben lo que están haciendo.
B.: El C. Tangana no es tonto. Sabe lo que hace. Hasta dice que hay discursos que le interesan mucho, como el feminismo, dice en una entrevista. Pues claro que sí. Controla cuales son las nuevas tendencias, también las ideológicas
S.: Pues si la conclusión de todo lo que ha leído es “le hago plas en el culo”, no lo pillo. Que si vender drogas, armas, mujeres, y cumplir todos sus deseos... No lo entiendo. Pero musicalmente me gustan, me lo gozo. De la parte musical podemos aprender mucho.

P. ¿Hasta dónde quiere llegar Tribade?

S.: Yo quiero poder ir al súper. No quiero que a una tía le dé un síncope porque estoy ahí.
B.: Mientras no nos peguen... [Ríen]
M.: Lo más bonito de lo que nos está pasando es compartirlo, compartir privilegios. Poder pasarle la entrada del Festivern a colegas que no se lo pueden pagar, o invitar a birras a mis colegas en clubs donde la copa está a cuatro pavos porque me han venido a ver.
B.: Hace unos años, cuando había colegas represaliadas, nos llamaban porque estábamos a mano. Ahora saben que si llevan a Tribade a una movida solidaria van a hacer pasta. Ahora podemos ayudar de verdad. Que todo esto que se ha generado de hacer conciertos por aquí, por allá, ahora lo puedo llevar a mi guetto y colaborar de manera directa. Devolver eso, eso que nos han dado, pa vosotras. Hasta ahí queremos llegar.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "Hay que proponer un movimiento terrorista del amor que ponga en riesgo el sistema"

Imagen: Público / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "Hay que proponer un movimiento terrorista del amor que ponga en riesgo el sistema".
La feminista y escritora Brigitte Vasallo publica su nuevo libro ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’, donde analiza el sistema monógamo y cómo la alternativa planteada, el poliamor, puede ser más de lo mismo si solo cambiamos el número de personas involucradas en la ecuación.
Sara Plaza Serna | Público, 2018-11-28
https://www.publico.es/culturas/brigitte-vasallo-hay-proponer-movimiento-terrorista-amor-ponga-riesgo-sistema.html

Brigitte Vasallo es de esas voces tan necesarias como incómodas dentro del feminismo. Clara, directa y crítica con un movimiento que para ella es casa, defiende la necesidad de dinamitar todo lo construido hasta ahora en materia de amor. También en lo que respecta al poliamor o la idea neoliberal que nos han vendido como la alternativa guay y progre a las relaciones monógamas.

Su nuevo libro, ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’ (ed. La oveja roja), analiza este difícil entramado y pone sobre la mesa conceptos como jerarquía relacional, cadáver emocional o amor Disney.

Brigitte nos recibe una mañana lluviosa de domingo para conversar sobre un tema al que no se ha prestado atención por ser eminentemente “femenino”, pero que vertebra nuestro día a día y articula muchas de las violencias machistas que vivimos actualmente: el amor.

P. Una de las principales críticas que se leen en el libro es la concepción neoliberal del poliamor basada en el consumo de cuerpos y relaciones. Parece que nos la han colado.

R. El sistema nos la ha colado por dos lados: a través del amor romántico, identitario, cerrado, confrontacional; pero también en la manera de desmontarlo a través del poliamor porque hay una corriente que es neoliberal.

Realmente lo que ha conseguido el sistema es que las resistencias a algo que hemos detectado que es violencia sean: o quedarte en eso y disimular y hacer ver que eso no es violencia, etc. o irnos a otra cosa que es no sé si peor, pero desde luego no es mejor.

El libro no pretende ir contra las no monogamias en absoluto ni contra la monogamia. Es un libro que intenta poner sobre la mesa en qué se basa cada cosa y qué estructuras están cruzadas, de forma que cuando decidamos tener un tipo de relación u otra lo hagamos de manera consciente y sabiendo qué partes de todo esto contribuyen a la violencia.

P. Habla de los cadáveres emocionales que deja este consumo de relaciones y personas. Nos cuesta mucho salir de ahí, cuidarnos, escucharnos y hablar... por qué es tan difícil.

R. No creo que sea difícil, creo que no nos da la gana. No creo que sea difícil cuidar a tus exparejas sin que eso te lleve a extremos de aceptar violencias. Creo que hay espacios muy sencillitos de cuidados. Solamente hay que comerse un poco el ego y no dejarse llevar por dinámicas del “amor Disney” en las que todo explota.

Las experiencias que yo considero bonitas y que han sido un éxito, hayan durado lo que hayan durado, siempre han sido experiencias fáciles. Lo complicado es lo otro, cuando te metes en la confrontación, te pones a hacer triquiñuelas extrañas para ver cómo ganas terreno a la otra. Todo eso es complicado. Cuando las rupturas se han dado bien hay una sensación de que realmente es muy sencillo hacerlo lo más fácil posible. Una ruptura siempre es dolorosa, pero se puede no añadir sufrimiento.

Sin embargo, en las formas de amor que tenemos actualmente, donde en nuestras vidas emocionales hay muchas parejas, la solución es cargarte tus relaciones anteriores, hacer un campo de minas y un destrozo emocional muy bestia. Es lo que pasa fuera de los ambientes feministas y que lleva en muchos casos a los feminicidios; y con esta idea neoliberal del poliamor estamos en la misma dinámica, lo que pasa es que un poco más disimuladita.

P. Cuenta que estas críticas al poliamor le han costado ataques y vetos en determinados círculos. ¿No estamos preparadas para la autocrítica?

R. La autocrítica está mal llevada siempre. Es muy fácil cuando te critican desde fuera porque entonces es el enemigo externo y lo tienes identificado como tal. Esto forma parte del pensamiento monógamo: los otros te critican, pero para eso son los otros.

Pero cuando desde dentro se intenta hacer una autocrítica siempre es muy mal recibida. Para mí esta crítica es una forma de cuidados. Cuando yo miro con lupa dinámicas feministas es porque para mí el feminismo es casa. A mí no me interesa criticar a los otros. A mí lo que me interesa es que para cuidar los espacios que entendemos como casa hay que poner una mirada crítica, radical, política dentro de ese movimiento.

P. En el libro mantiene que la jerarquía relacional es el eje principal de la monogamia, no la exclusividad. ¿A qué se refiere con esta nueva definición?

R. La monogamia ha estado mal definida. Para mí es un sistema organizador de nuestros afectos y vínculos sociales que sitúa en la cumbre al núcleo reproductor de manera identitaria. Ese núcleo es el más importante a nivel afectivo. Esto es peligroso porque es un núcleo que nos aísla, y cuando se dan violencias (y es fácil que se den por la propia dinámica de construcción de ese núcleo) te has quedado con pocos recursos en el entorno por esa dinámica de aislar, de jerarquizar, de priorizar, etc. Ese núcleo lo que hace es que las amistades, el vecinaje, etc. no se tenga en cuenta en tanto que relaciones.

Cuando queremos romper la monogamia pensamos que es suficiente con tener dos relaciones paralelas, que a menudo son dos relaciones casi monógamas en paralelo. A mí me parece más radical estar pendiente de si tu vecina, que hace varios días que no la ves, está bien, si se ha caído, si está atendida. Eso me parece romper la monogamia, porque de repente quiebras esa jerarquía y la idea de que tu pareja es lo más importante, luego vienen las amigas y la vecina ni siquiera forma parte de tu red cuando necesariamente forma parte de ella, pero no lo queremos ver.

P. ¿Esta jerarquía es la que nos hace competir, la que determina nuestra valía en función de las parejas que tengamos?

R. El coche que tienes define un poco qué lugar social ocupas. Esto, que es algo súper patriarcal, se nos ha colado también en los amores. En función de la pareja que tienes vales más o menos en el mercado y dependiendo de cuántas parejas tienes vales más o menos en el mercado. Al final estamos construyendo un hipermercado de los afectos y, desde luego, este no es el camino si creemos que esto tiene un potencial revolucionario.

P. Habla de esa amiga que viene a recogerte cuando estás mal y la que se queda contigo en casa llorando. ¿Es la amistad un ejemplo de cómo podríamos hacer las cosas mejor en las relaciones sexo afectivas?

R. Sí, pero tenemos el sistema tan sumamente metido que a veces ni siquiera vemos nuestra red. A veces nos sentimos solas porque no hay una pareja o porque hay un proyecto de pareja que se ha roto y, en realidad, es el momento en el que estás más acompañada porque está todo tu entorno pendiente de ti, están preocupados y te están haciendo un acompañamiento muy bonito. Es un núcleo que está ahí a las duras y a las maduras sin hacer esos cálculos tan extraños que el pensamiento monógamo nos ha metido: cuánto tiempo vamos a estar juntos, cuánto cuidado vas a invertir ahí... Cosas que tienen que ver más con el lenguaje bancario que con nuestras vidas.

P. Dice que no pretende buscar atajos ni dar soluciones, pero siempre nos queda esa pregunta de qué podemos hacer, cómo cambiamos nuestra forma de desear y relacionarnos.

R. Igual que no se nos ocurre acabar con el capitalismo de un día para otro porque sabemos que eso no va a pasar y porque los atajos no sirven, con los amores pasa lo mismo. No vamos a encontrar soluciones de un día para otro ni vamos a tomar decisiones personales e individuales que acaben con el sistema, pero sí creo que hay muchas cosas que se pueden hacer en nuestras vidas desde la cotidianeidad. 

La pareja es un refugio porque vivimos en un mundo en el que si te pasa algo y te quedas en casa nadie se va a acordar de ti, quien se acuerda de ti es tu familia sanguínea o tu pareja. Tenemos que desmontar eso, pero tenemos que ir creando las condiciones sociales para que eso se pueda ir desmontando. Lo que están consiguiendo estos movimientos neoliberales es romper las comunidades ya de por sí hiperreducidas. Somos individuos que vamos a nuestra bola y ese es el triunfo último del neoliberalismo. Hay que revertir esas dinámicas desde los gestos pequeños y desde los gestos comunitarios. Hay que construir todas esas redes para poder desmontar todo esto.

P. A las mujeres nos va la vida en ello, además...

R. Literalmente. Uno de los problemas de todo este sistema y de los amores Disney es cuando llega la violencia. El enganche emocional y tóxico es tan rápido que cuando llega la violencia ya no nos podemos ir. Y nos quedamos todas, yo también me quedo atrapada. Seguimos creyendo que a través de los cuidados, del amor, todo se puede y todo se resolverá. Colectivamente tenemos que ponernos las pilas mucho con esto, no solamente educando en temas de maltrato, tenemos que montar una autodefensa feminista que consiste en ver cómo hacemos realmente para poder huir, cuáles son los mecanismos para tener la capacidad emocional para apartarnos cuando llega el momento y para pedir ayuda y dejarnos ayudar, acompañar y proteger por la red afectiva.

P. Hay en el libro un paralelismo entre el concepto de monogamia y el de patria y pone el ejemplo del conflicto catalán.

R. El pensamiento monógamo lo intento sacar de las relaciones sexo afectivas para ver de qué manera condiciona la manera de construir cualquier identidad. La idea de estado-nación está construida bajo este concepto. Son identidades confrontacionales, excluyentes y jerárquicas. Mi bandera es mejor por x motivos.

Lo que ha pasado entre España y Catalunya es la construcción de dos identidades bajo una bandera, como si fueran una pareja: con identidades monolíticas cerradas donde unos son una cosa y los otros la opuesta, directamente confrontados. Pues nosotros construimos la pareja de la misma forma: para llegar a ese núcleo superior, el resto de gente son enemigos o amores desechables y nuestra relación hay que protegerla de una manera identitaria y guerrera.

La suerte, y la desgracia, de ser charnega como yo es que en realidad no tienes lugar. Recibimos charnegofobia en Catalunya y catalanofobia en España, por lo que te das cuenta de cómo va cambiando la identidad que te atribuyen según te vayas moviendo unos kilómetros.

P. Termina el libro con lo que podría considerarse un manifiesto sobre el terror poliamoroso. ¿Qué es exactamente?

R. Va en varias direcciones: una es el terror que tenemos a hablar de esto, el terror que se genera cuando pones la palabra no monogamia o poliamor sobre la mesa. Y es un terror que yo entiendo, sobre todo en el mundo heterosexual donde los hombres están educados en dos líneas contradictorias: por un lado, tienen que ser fieles porque las relaciones exclusivas así nos lo piden, pero por otro tienen que ganar los chupipuntos de ser conquistadores. No sé cómo combinan eso, pero mi visión no va por ahí.

Yo propongo que esto sea un movimiento terrorista, no en el sentido patriarcal de poner bombas por ningún sitio, eso no soluciona nada. Sino que sea un movimiento o una forma de vivir que ponga en riesgo el sistema. Cuando ves que en cualquier periódico de derechas o programa inofensivo pueden hablar de poliamor te das cuenta de que esto no pone en riesgo a nadie. Es una broma casi del sistema. Hay que llevar esto a la raíz: cómo construimos relaciones, cómo hacemos la exclusión, cómo hacemos la confrontación entre mujeres... Esto sí es problemático para el sistema. Las experiencias que van a la raíz son las que no vamos a leer porque ahí sí se pone en riesgo la mirada capitalista, patriarcal, racista, colonial, etc. de construir el mundo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #relacionessociales | Pensamiento monógamo, terror poliamoroso

Pensamiento monógamo, terror poliamoroso / Brigitte Vasallo.
Madrid : La Oveja Roja, 2018 [11-15].
220 p.
ISBN 9788416227242 / 17 €

/ ES / ENS
/ Afectividad / Amores / Identidades / Monogamia / Poliamor / Relaciones amorosas / Relaciones sociales

El pensamiento monógamo, parte estructurante de nuestras relaciones sociales, será aquí analizado en un ensayo que cruza tanto lo académico como la narración encarnada. Este libro es una investigación histórica sobre la centralidad de la monogamia en nuestras construcciones amorosas y sus mecanismos de imposición. Es una conceptualización del pensamiento monógamo y un análisis de su influencia en las formas de organización colectiva, desde la pareja hasta el Estado-nación o los grupos activistas. Y es un narración encarnada de los propios fracasos amorosos, así como un afilado cuestionamiento de un poliamor que no desborda el constructo monógamo y que pone el acento solo en la acumulación. Este ensayo bastardo desmonta nuestras formas de relación desde las bases, en un intento de detener la confrontación para hacernos ingobernables: ni un cadáver emocional más en nuestras vidas, ni privadas, ni colectivas.

domingo, 23 de septiembre de 2018

#hemeroteca #amor | Coral Herrera, investigadora feminista: "El poliamor no es la panacea porque el patriarcado se adapta a todo"

Imagen: El Diario / Coral Herrera
Coral Herrera, investigadora feminista: "El poliamor no es la panacea porque el patriarcado se adapta a todo".
La investigadora feminista Coral Herrera ha publicado ‘Mujeres que ya no sufren por amor’, un libro con el que pretende construir nuevas formas de relacionarnos para liberar "al amor del machismo". "A los hombres les cuesta mucho el amor compañero en las parejas heterosexuales porque están acostumbrados a ganar todas las batallas y se les hace difícil relacionarse en horizontal con nosotras". Apuesta por construir redes de afecto más allá de la pareja: "Es terrible la mitificación que hacemos del amor como la quintaesencia de la felicidad".
Marta Borraz | El Diario, 2018-09-23
https://www.eldiario.es/sociedad/poliamor-panacea-patriarcado-adapta_0_816819022.html

Entre el convencimiento que le provoca el poder transformador del feminismo y la crítica frontal a un sistema "patriarcal y capitalista" que jerarquiza el amor de pareja, lanza sus reflexiones la escritora feminista Coral Herrera. Esta ‘investigadora del amor’ radicada en Costa Rica intenta desentrañar lo que se esconde detrás de un fenómeno al que, asegura, las mujeres "nos hemos vuelto adictas". Creadora de la Escuela del Amor, en la que imparte talleres y coordina una red social, Herrera asegura que "cada vez somos más". Se refiere a las ‘Mujeres que ya no sufren por amor. Transformando el mito romántico’ (Catarata), su nuevo libro.

¿En qué nota que cada vez hay más mujeres que rompen con la alianza entre el amor y el sufrimiento?
Cuando me decidí a hacer una tesis sobre el amor romántico mi director se sorprendió tanto que tuve que replantearme si este tema era de verdad una construcción socio-cultural susceptible de ser analizada. El caso es que cuando la terminé, lo primero que pensé es que no quería que se quedara ahí, así que abrí un blog y empecé a ser activa en redes sociales. Era el año 2007 y con el paso del tiempo fui notando que cada vez más gente se interesaba por el tema, surgieron foros, se escribía más. Ahora cuando doy una conferencia, las salas se llenan. Cada vez somos más las que disociamos el amor y el sufrimiento y es un acto profundamente político y feminista.

¿En qué consiste esa ruptura?
La clave es romper con la idea de que estamos condenadas a sufrir por amor, de que inevitablemente tenemos que pasarlo mal. Es esa noción del aguante, de la entrega eterna, del sacrificio, de la renuncia... Debemos dejarlo atrás, rescatar el amor de pareja y reinventarlo. El patriarcado también está en las tripas y en el corazón, por eso tenemos que ir ahí, a las emociones y sentimientos, para cambiarlo.

¿Cómo se logra?
Para empezar hay que partir de la idea de que amar es un aprendizaje. Aprendemos a amar en el entorno, la escuela, los medios de comunicación... Y lo hacemos según las normas, los tabúes, las creencias y los prejuicios de cada cultura amorosa. Hay que tener muy presente que nuestros sentimientos y emociones no son algo individual que nos pasa a cada una. Por eso debemos trabajar el amor de forma colectiva, porque es un asunto social y no es un tema de que cada cual se apañe como quiera, sino que entre todas debemos construir las herramientas para empezar a querer mejor.

Se trata de liberar al amor del machismo y comunicarnos con amor y respeto, aprender a resolver los conflictos sin violencia y poner en el centro los cuidados. Hay que replantearse esa entrega que se les exige a las mujeres, el sufrimiento como prueba de amor eterno... Al fin y al cabo, cuestionar esa estructura de dominación y sumisión en la que nos movemos para relacionarnos. Hay que desaprender la forma en que amamos.

¿Los mismos elementos se dan también en las parejas no heterosexuales?
Las parejas no heterosexuales también están bajo estas estructuras porque la mayoría de nuestras emociones están construidas desde ahí. Ocurre en todas nuestras parejas, incluso las relaciones más libres y transgresoras reproducen el romanticismo patriarcal.

Cada vez se habla más de formas de amar no monógamas o alternativas, que en muchos casos se venden como fórmulas mágicas...
No hay fórmula mágica. No la hemos encontrado y no la vamos a encontrar. El modelo de relación depende mucho de cada persona, cada una tenemos que encontrar nuestro camino a la hora de construir nuestras relaciones. En este sentido, yo creo que cada cual debe encontrar la fórmula que mejor le encaje, sin poner tantas etiquetas. El poliamor no es la panacea porque el patriarcado se adapta a todo, a cualquier formato. Ningún modelo resuelve por sí mismo los problemas principales. Por eso, el trabajo es desalojar el patriarcado que nos habita a todas.

¿Qué consecuencias tiene esta forma de amar?
La consecuencia es que sufrimos mucho, nos cuesta disfrutar del amor, nos cuesta querer bien. Mitificamos el amor e idealizamos a los demás y luego es difícil que eso encaje con la persona real que tenemos delante. Esta idea nos mete a las mujeres en un círculo de ilusión-decepción constante y mucha gente piensa que es mala suerte y que no ha encontrado su media naranja, pero no es un tema personal si no que la estructura no está bien construida. Nos merecemos relaciones basadas en el disfrute, la ternura, la solidaridad, en el amor compañero. En las parejas heterosexuales a los hombres les cuesta mucho relacionarse como un amor compañero porque están acostumbrados a ganar todas sus batallas, así que se les hace difícil relacionarse en horizontal y tratarnos de igual a igual a las mujeres. Nosotras ya llevamos mucho trabajo hecho, a ellos les queda mucho.

Precisamente el feminismo pretende construir nuevos marcos afectivos a la hora de relacionarnos, pero ¿qué ocurre cuando la teoría no se corresponde con la práctica? ¿Qué hacer con las contradicciones que surgen?
Es difícil llevar la teoría a la práctica y trasladar el feminismo al terreno de lo personal, de lo íntimo y lo emocional. Pero yo creo que un paso muy importante es tomar conciencia. De alguna manera, el ver que tenemos problemas comunes y que a todas nos pasan cosas, nos debe llevar a construir herramientas colectivas que nos permitan construir otro tipo de relaciones. Tenemos muy naturalizada la violencia y el maltrato... No nos damos cuenta cómo tratamos a los niños, a las personas mayores, a nuestras propias familias. Precisamente llevar la teoría feminista a la práctica sería eso, practicar el autocuidado y el cuidado de los demás.

Socialmente suele concebirse el amor de pareja de una forma jerárquica como si fuera el tipo de amor esencial, con el que nos aseguramos el cuidado. ¿Qué consecuencias tiene esto?
Tiene mucho que ver con el patriarcado y el capitalismo. La estructura basada en el clan, en el grupo o en la familia extensa ha ido desapareciendo y la consecuencia de esto es que fundamentalmente nos organizamos en parejas heterosexuales para formar una familia feliz y generar ingresos. Todo a la vez. Lo que promueve es que los hombres carguen con el peso económico y nosotras, además de eso, con el resto. En esencia, es una estructura de explotación que se aprovecha, sobre todo, de las mujeres. Yo creo que tenemos que pensar cómo romper con la sacralidad del dúo porque, de alguna manera, el mito de la monogamia y la exclusividad está construido sobre todo para nosotras.

Es terrible la mitificación que hacemos del amor de pareja como la quintaesencia de la felicidad porque el mundo está lleno de afectos. Seríamos mucho más felices si pudiéramos tener tiempo de construir esas redes horizontales basadas en la solidaridad. El mundo sería otro, desde luego.

¿Por qué nos cuesta tanto construir este tipo de redes?
Además de esta estructura del dúo que le conviene tanto al capitalismo, está la concepción del amor de pareja como si fuera el más puro, eterno y maravilloso. Toda esta jerarquía de afectos va encaminada a que demos menos valor a la amistad y a las redes que nos unen con la comunidad más próxima. Algo que se consigue también promoviendo el clasismo y el racismo que nos hace buscar un enemigo y, de alguna manera, nos hacer querer la media naranja para aislarnos del resto.

Sin duda esto es una estructura capitalista y patriarcal que nos quiere a las mujeres emparejadas y aisladas y nunca unidas porque podría resquebrajarse el sistema.