Mostrando entradas con la etiqueta Monogamia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monogamia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de febrero de 2019

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor"

Imagen: El Diario / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "La monogamia no es una práctica, es un sistema opresor".
La escritora ha publicado 'Pensamiento monógamo. Terror Poliamoroso': "En nuestros recorridos amorosos a veces hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones. Muchas las tomamos por defecto". "Una de las cosas importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja quedan muy reducidas", señala. "Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar", dice sobre la construcción de relaciones.
Ana Requena Aguilar | El Diario, 2019-02-13
https://www.eldiario.es/sociedad/Brigitte-Vasallo_0_867563606.html

'Pensamiento monógamo, terror poliamoroso' (editorial La Oveja Roja) es el último libro de la escritora, activista LGTB y feminista Brigitte Vasallo. Su mezcla de reflexión, crítica y propuesta para desmontar "la pirámide de la monogamia" va por la tercera edición y llena las librerías en las que se presenta. Poco antes del 14 de febrero, aterriza en Madrid para criticar los discursos fáciles sobre el amor y politizar el sexo y los afectos. La monogamia es el sistema, pero las alternativas, como el poliamor, no son necesariamente la solución. No, defiende Vasallo, si las lógicas y valores sobre las que se construyen las relaciones siguen siendo las mismas.

"Hay mucho que plantearse y que desmontar: cuánto tiempo le dedicas a tu pareja y cuánto a tus amigas, si antes de irte a vivir con tu pareja te has planteado si te apetece vivir de otra forma, por ejemplo, con tus amigas aunque parezca que eso solo se puede hacer a los veinte. Si hay espacio para irte de viaje con otras amigas, y no solo con tu pareja... Si desmontamos todas estas cosas, luego, que folles con alguien o no acaba teniendo poquísimo peso, pero hay que quitarle ese peso a través de cuestionar todo el entramado", explica. ¿Por qué nos cuesta cuestionar en voz alta los valores sobre los que se construye una pareja, poner sobre la mesa la exclusividad sexual o afectiva, contar incluso que nos va mal en nuestra relación? "Porque nos va la identidad en ello", defiende. Vasallo carga también contra un modelo de poliamor en el que todo es ideal. "En el poliamor también se puede sentir celos, posesión... En poliamor parece que como te has metido ahí, todo vale. Y no".

P. En el libro no solo habla de monogamia como tal, sino de identidad y de pensamiento monógamo, ¿qué son?


R. Analizo de qué manera este sistema amoroso que nos fija una distribución de nuestros afectos y alianzas se traslada a otras facetas de nuestra construcción de comunidad, si es que se traslada, y creo que sí. El pensamiento monógamo consiste en formar grupos, que son grupos también de salvación y protección: hacer una patria o un grupo activista o una pareja no es una frivolidad, sino que vivimos un mundo muy duro en el que necesitamos tener comunidades y las hemos ido montando así.

Montas esa comunidad a la que te agarras como salvación creyendo que ahí no va a haber desigualdades, porque es la promesa que nos hacen, y que esa identidad va a ser superior a todas las demás y va a estar confrontada a todas las demás. El pensamiento monógamo crea esas identidades, jerárquicas, es una entidad supremacista, enfrentada a las demás. Entendemos que si algo nos gusta tiene que ser para casarte para toda la vida, tienes que comprarte todo el 'pack' para siempre. No pensamos en si nos interesa hacer una alianza puntual.

P. Dice que no es solo la construcción de dos personas, sino la construcción de unos valores e ideas que ni siquiera cuestionamos... ¿qué cosas damos por hecho cuando construimos nuestras relaciones en pareja?

R. Para empezar, que tenga que ser en pareja, y cuando digo pareja, forzando la gramática, no me refiero a que sean dos personas, pueden ser tres o cinco. Damos por hecho que la idea es que los amores y deseos tienen que llevar la proyección de pareja entendiendo eso como generar esa identidad conjunta, esa fusión entre dos personas o entre más, incluso. No nos cuestionamos el recorrido de la pareja, la escalada: si nos gustamos y va bien damos por hecho que vamos a hacer pareja, vamos a vivir juntos...

Muchos y muchas en nuestros recorridos amorosos hay un momento en que te paras y dices cómo he llegado yo aquí, cuándo he tomado yo estas decisiones, porque hay muchas que hemos tomado por defecto, como el único camino que se nos ha enseñado que es válido, que nos irá bien, que nos llevará a una estabilidad emocional, aunque estamos viendo constantemente que no necesariamente lleva a eso. Es necesario que visibilicemos el sistema para que precisamente podamos tomar decisiones.

P. Pero esto es difícil de explicar o de entender cuando hay tantas cosas que damos por hecho o que creemos que son naturales: lo que una siente cuando se enamora, el deseo que parece irrefrenable, la sensación de que no podemos tomar decisiones sobre lo que sentimos... ¿Es eso mentira, podemos tomar decisiones sobre nuestros deseos y afectos?, ¿tenemos que entrenarnos para hacerlo?


R. Totalmente, estamos entrenadas por el sistema para tomarlas de una manera concreta. La gente siempre me dice 'yo siento eso' como si el hecho de sentir algo justificara su naturalidad e incontrolabilidad. Yo pongo un ejemplo: imaginemos que caminamos por un cementerio por la noche, la sensación que tenemos es de miedo, aunque no tengamos ninguna experiencia de un muerto que se haya levantado de la tumba para hacerte nada a ti o a alguien. Lo que sentimos también está muy mediado por narrativas o fantasías que tienen un contenido social. Así que claro que sentimos esas cosas pero podemos vivirlas de otras maneras que nos vayan a ser más sanas y más colectivas. Además si el deseo es algo que nos invade y nos lleva, esto relacionado con la cultura de la violación es un discurso problemático.

P. Repensar, entonces, el deseo o cuestionarlo...

R. Creo que una de las razones de que el deseo haya quedado fuera de la toma de decisiones es que ha quedado previamente fuera de los espacios de politización porque tradicionalmente se trabajaba sobre las cuestiones 'importantes' en términos patriarcales, como la economía. Nuestra afectividad es importante y lo atraviesa todo, hay que ponerla de manera política sobre la mesa.

P. Su crítica la hace no solo a la monogamia sino a las alternativas como el poliamor. En su libro alerta de que pueden reproducirse exactamente la misma escalada de ideas y decisiones en relaciones no monógamas. Una de las cosas que plantea para huir de ello, sea cual sea nuestro tipo de relación, es precisamente cómo sería tomar conciencia de nuestras decisiones o decidir pensando en todas las personas de la red afectiva.

R. Sí, una de las cosas que me parecen importantes sea cual sea la forma relacional que te apetezca, te convenga o sea posible es bajarle el volumen a la pareja. Eso significa construir las formas sociales que nos permitan bajarle el volumen, que no se ponga tanto en juego entorno a la pareja precisamente por la cuestión de las violencias, de la confrontación femenina, por poder hacer redes que sean más amplias... Si todas las redes de apoyo se basan en lo sanguíneo y en la pareja necesariamente quedan muy reducidas.

P. Cada cierto tiempo nos encontramos con estudios científicos que buscan una especie de validación científica sobre la monogamia o respuestas sobre si ya en el pasado nos relacionábamos de esta manera, ¿por qué esta obsesión por buscar respuestas biológicas a esta forma social de relacionarnos?


R. Si te fijas estos estudios científicos tienden ir a reforzar lo hegemónico. No he leído artículos de resonancia que digan que lo normal es el lesbianismo, o que el capitalismo no es natural. Son conclusiones racistas también, porque hay muchos grupos humanos que no tienen relaciones exclusivas, entonces, ¿qué decimos?, ¿que esos grupos son genéticamente diferentes o inferiores? Viene a reforzar la tesis de la antropología que venimos arrastrando, que la familia heterosexual, burguesa, eurocéntrica es lo normal y lo demás son atrasos.

En el momento en que se impuso la monogamia de forma sistémica -porque la monogamia no es una práctica, es un sistema-, es decir, el momento en que otra posibilidad de vida desapareció, fue el momento de la implantación del capitalismo y de la primera expansión colonial y genocida de Europa. Todos estos sistemas van construyéndose juntos. Pensar que la familia nuclear es una forma superior de relación también hace pensar que esta forma cultural que genera esta familia también es superior.

P. Sostiene que la monogamia no es una práctica, sino un sistema, ¿un sistema opresor?


R. Todos los sistemas lo son en tanto que sistemas porque un sistema se define porque no hay otras alternativas, porque todo te lleva ahí necesariamente, así que en tanto que eso ya es opresor. Si luego hacemos recuento de cuántas violencias hay en nombre de esa forma de amor, pues no solamente es opresor, sino que nos genera violencias. Eso no quiere decir que tu pareja sea en concreto una forma de opresión o que alguien me oprima a mí porque tenga una pareja exclusiva. No va de las soluciones individuales a los problemas colectivos, va de que precisamente el sistema no nos deja otra alternativa.

Como feminista, hay que dejar de echar balones fuera. La masculinidad, sí, estupendo, tenemos que hablar de eso, pero vamos a ver nosotras qué responsabilidad colectiva tenemos y podemos tomar.

P. Dice que es evidente que la exclusividad sexual no funciona, pero que nos seguimos empeñando en aplicarla. No solo eso, sino que está socialmente sacralizada. ¿Por qué?

R. La exclusividad sexual en la pareja la seguimos practicando porque la necesitamos, porque cuando hemos construido la relación a partir de todos esos parámetros, cuando hemos construido esa identidad conjunta, la exclusividad casi viene dada. A partir e ahí aceptar que esa persona, cuya relación con ella te da un valor personal, social, construye tu identidad, es muy difícil aceptar que vaya con otra persona. En mi opinión para abordar el tema de la exclusividad habría que abordar la forma en la que antes construimos las relaciones. Creo que la exclusividad no la podemos desmontar así como así para no pasarlo mal y no hacerlo pasarlo mal a los demás.

P. ¿Por ejemplo?, ¿qué hay antes de la exclusividad que tendríamos que desmontar?


R. La manera en la que construimos la pareja. Por ejemplo, todas esas sensaciones físicas que atribuimos al 'amor o pasión verdadera', ponerlas sobre la mesa y alejarnos un rato. Y pensar si eso es lo que realmente queremos vivir: ansiedad, falta de concentración, de sueño, no comes o comes demasiado... todo porque te has encontrado a alguien que te gusta y que tú le gustas. ¿Realmente es necesario estar ahí de esa manera o hay otras formas? Pensar en cuánto estamos poniendo de nuestra parte para que eso sea así, cuánto hay de autosugestión, cuántas cosas que no nos gustan en la otra persona dejamos de lado porque queremos seguir enganchadas a esas sensaciones. Ver esas cosas no es quitarle interés o emoción a una relación, es quitarle riesgo. Me preocupa, por ejemplo, por qué no nos vamos de las relaciones cuando llegan las violencias. Tejer redes nos facilitaría la huida, también hablar de las culpas, construir juntas las líneas de fuga. Mucho criticar el amor romántico pero luego cogemos nuestras redes sociales y es pura propaganda del amor romántico. También le estás mandado mensajes a las demás así, de mira el amor romántico es una mierda pero yo he triunfado en ese mandato.

P. Habla de que tendemos a aplicar dos modelos: o la lógica romantizante de las relaciones de pareja o la lógica del sexo casual, ¿hay que deconstruir eso o construir algo en medio?

R. El discurso poliamoroso menos politizado quizá insiste mucho en 'esto es amor, no es solo sexo'. Entiendo de dónde viene pero también es problemático. Porque no vamos a criminalizar el sexo, vamos a ver como el sexo puede ser cuidadoso y a construir las condiciones para que lo sea. Y al mismo tiempo ver cómo desromantizamos los afectos y construimos de otra manera.

P. Metamor es una de los conceptos que cree que puede marcar la diferencia entre un tipo de relaciones y otras, ¿por qué esa es una de las diferencias?, ¿qué significa?

R. El metamor es la palabra poliamorosa que utilizamos para hablar de la o las otras relaciones de una persona que tiene relación contigo. Seríamos metamores, dos personas que están vinculadas ambas a una tercera. Para mí lo que hace que una relación pueda entenderse como monógama o no es cómo es esa relación entre los metamores. Si es una relación de cooperación, en la que todo el mundo quiere el bien común, eso es un cambio de dinámica. Si es una relación de competición por ver quién se lleva un trozo más grande del pastel, es lo mismo de siempre con otro nombre. La cooperación se tiene que dar entre todas.

P. Hay gente que se suele sentir muy atacada con este tipo de entrevistas o artículos en los que se cuestiona la monogamia o el amor romántico. Puedo imaginar algunos de los comentarios cuando se publique esta: "Yo vivo en pareja porque quiero", "no veo por qué me tienen que decir que estoy eligiendo un modelo opresor" o "he comprobado que si quieres de verdad no te apetece follar con otra persona". ¿Qué les diría?

R. Esto no va de quién está más oprimida, va de que todas hacemos lo que podemos. Pero esto sí que va de que hay un sistema que nos rige a todas y que estamos todas dentro de ese sistema. Visibilizar el sistema es útil, no tenemos que tenerle terror. Y si después de haberlo visto, es lo que te va bien, estupendo. Entender lo que nos pasa, lo que vivimos y cómo viene regido no creo que pueda ser nocivo para nadie.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

#hemeroteca #relacionessociales | Brigitte Vasallo: "Hay que proponer un movimiento terrorista del amor que ponga en riesgo el sistema"

Imagen: Público / Brigitte Vasallo
Brigitte Vasallo: "Hay que proponer un movimiento terrorista del amor que ponga en riesgo el sistema".
La feminista y escritora Brigitte Vasallo publica su nuevo libro ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’, donde analiza el sistema monógamo y cómo la alternativa planteada, el poliamor, puede ser más de lo mismo si solo cambiamos el número de personas involucradas en la ecuación.
Sara Plaza Serna | Público, 2018-11-28
https://www.publico.es/culturas/brigitte-vasallo-hay-proponer-movimiento-terrorista-amor-ponga-riesgo-sistema.html

Brigitte Vasallo es de esas voces tan necesarias como incómodas dentro del feminismo. Clara, directa y crítica con un movimiento que para ella es casa, defiende la necesidad de dinamitar todo lo construido hasta ahora en materia de amor. También en lo que respecta al poliamor o la idea neoliberal que nos han vendido como la alternativa guay y progre a las relaciones monógamas.

Su nuevo libro, ‘Pensamiento monógamo, terror poliamoroso’ (ed. La oveja roja), analiza este difícil entramado y pone sobre la mesa conceptos como jerarquía relacional, cadáver emocional o amor Disney.

Brigitte nos recibe una mañana lluviosa de domingo para conversar sobre un tema al que no se ha prestado atención por ser eminentemente “femenino”, pero que vertebra nuestro día a día y articula muchas de las violencias machistas que vivimos actualmente: el amor.

P. Una de las principales críticas que se leen en el libro es la concepción neoliberal del poliamor basada en el consumo de cuerpos y relaciones. Parece que nos la han colado.

R. El sistema nos la ha colado por dos lados: a través del amor romántico, identitario, cerrado, confrontacional; pero también en la manera de desmontarlo a través del poliamor porque hay una corriente que es neoliberal.

Realmente lo que ha conseguido el sistema es que las resistencias a algo que hemos detectado que es violencia sean: o quedarte en eso y disimular y hacer ver que eso no es violencia, etc. o irnos a otra cosa que es no sé si peor, pero desde luego no es mejor.

El libro no pretende ir contra las no monogamias en absoluto ni contra la monogamia. Es un libro que intenta poner sobre la mesa en qué se basa cada cosa y qué estructuras están cruzadas, de forma que cuando decidamos tener un tipo de relación u otra lo hagamos de manera consciente y sabiendo qué partes de todo esto contribuyen a la violencia.

P. Habla de los cadáveres emocionales que deja este consumo de relaciones y personas. Nos cuesta mucho salir de ahí, cuidarnos, escucharnos y hablar... por qué es tan difícil.

R. No creo que sea difícil, creo que no nos da la gana. No creo que sea difícil cuidar a tus exparejas sin que eso te lleve a extremos de aceptar violencias. Creo que hay espacios muy sencillitos de cuidados. Solamente hay que comerse un poco el ego y no dejarse llevar por dinámicas del “amor Disney” en las que todo explota.

Las experiencias que yo considero bonitas y que han sido un éxito, hayan durado lo que hayan durado, siempre han sido experiencias fáciles. Lo complicado es lo otro, cuando te metes en la confrontación, te pones a hacer triquiñuelas extrañas para ver cómo ganas terreno a la otra. Todo eso es complicado. Cuando las rupturas se han dado bien hay una sensación de que realmente es muy sencillo hacerlo lo más fácil posible. Una ruptura siempre es dolorosa, pero se puede no añadir sufrimiento.

Sin embargo, en las formas de amor que tenemos actualmente, donde en nuestras vidas emocionales hay muchas parejas, la solución es cargarte tus relaciones anteriores, hacer un campo de minas y un destrozo emocional muy bestia. Es lo que pasa fuera de los ambientes feministas y que lleva en muchos casos a los feminicidios; y con esta idea neoliberal del poliamor estamos en la misma dinámica, lo que pasa es que un poco más disimuladita.

P. Cuenta que estas críticas al poliamor le han costado ataques y vetos en determinados círculos. ¿No estamos preparadas para la autocrítica?

R. La autocrítica está mal llevada siempre. Es muy fácil cuando te critican desde fuera porque entonces es el enemigo externo y lo tienes identificado como tal. Esto forma parte del pensamiento monógamo: los otros te critican, pero para eso son los otros.

Pero cuando desde dentro se intenta hacer una autocrítica siempre es muy mal recibida. Para mí esta crítica es una forma de cuidados. Cuando yo miro con lupa dinámicas feministas es porque para mí el feminismo es casa. A mí no me interesa criticar a los otros. A mí lo que me interesa es que para cuidar los espacios que entendemos como casa hay que poner una mirada crítica, radical, política dentro de ese movimiento.

P. En el libro mantiene que la jerarquía relacional es el eje principal de la monogamia, no la exclusividad. ¿A qué se refiere con esta nueva definición?

R. La monogamia ha estado mal definida. Para mí es un sistema organizador de nuestros afectos y vínculos sociales que sitúa en la cumbre al núcleo reproductor de manera identitaria. Ese núcleo es el más importante a nivel afectivo. Esto es peligroso porque es un núcleo que nos aísla, y cuando se dan violencias (y es fácil que se den por la propia dinámica de construcción de ese núcleo) te has quedado con pocos recursos en el entorno por esa dinámica de aislar, de jerarquizar, de priorizar, etc. Ese núcleo lo que hace es que las amistades, el vecinaje, etc. no se tenga en cuenta en tanto que relaciones.

Cuando queremos romper la monogamia pensamos que es suficiente con tener dos relaciones paralelas, que a menudo son dos relaciones casi monógamas en paralelo. A mí me parece más radical estar pendiente de si tu vecina, que hace varios días que no la ves, está bien, si se ha caído, si está atendida. Eso me parece romper la monogamia, porque de repente quiebras esa jerarquía y la idea de que tu pareja es lo más importante, luego vienen las amigas y la vecina ni siquiera forma parte de tu red cuando necesariamente forma parte de ella, pero no lo queremos ver.

P. ¿Esta jerarquía es la que nos hace competir, la que determina nuestra valía en función de las parejas que tengamos?

R. El coche que tienes define un poco qué lugar social ocupas. Esto, que es algo súper patriarcal, se nos ha colado también en los amores. En función de la pareja que tienes vales más o menos en el mercado y dependiendo de cuántas parejas tienes vales más o menos en el mercado. Al final estamos construyendo un hipermercado de los afectos y, desde luego, este no es el camino si creemos que esto tiene un potencial revolucionario.

P. Habla de esa amiga que viene a recogerte cuando estás mal y la que se queda contigo en casa llorando. ¿Es la amistad un ejemplo de cómo podríamos hacer las cosas mejor en las relaciones sexo afectivas?

R. Sí, pero tenemos el sistema tan sumamente metido que a veces ni siquiera vemos nuestra red. A veces nos sentimos solas porque no hay una pareja o porque hay un proyecto de pareja que se ha roto y, en realidad, es el momento en el que estás más acompañada porque está todo tu entorno pendiente de ti, están preocupados y te están haciendo un acompañamiento muy bonito. Es un núcleo que está ahí a las duras y a las maduras sin hacer esos cálculos tan extraños que el pensamiento monógamo nos ha metido: cuánto tiempo vamos a estar juntos, cuánto cuidado vas a invertir ahí... Cosas que tienen que ver más con el lenguaje bancario que con nuestras vidas.

P. Dice que no pretende buscar atajos ni dar soluciones, pero siempre nos queda esa pregunta de qué podemos hacer, cómo cambiamos nuestra forma de desear y relacionarnos.

R. Igual que no se nos ocurre acabar con el capitalismo de un día para otro porque sabemos que eso no va a pasar y porque los atajos no sirven, con los amores pasa lo mismo. No vamos a encontrar soluciones de un día para otro ni vamos a tomar decisiones personales e individuales que acaben con el sistema, pero sí creo que hay muchas cosas que se pueden hacer en nuestras vidas desde la cotidianeidad. 

La pareja es un refugio porque vivimos en un mundo en el que si te pasa algo y te quedas en casa nadie se va a acordar de ti, quien se acuerda de ti es tu familia sanguínea o tu pareja. Tenemos que desmontar eso, pero tenemos que ir creando las condiciones sociales para que eso se pueda ir desmontando. Lo que están consiguiendo estos movimientos neoliberales es romper las comunidades ya de por sí hiperreducidas. Somos individuos que vamos a nuestra bola y ese es el triunfo último del neoliberalismo. Hay que revertir esas dinámicas desde los gestos pequeños y desde los gestos comunitarios. Hay que construir todas esas redes para poder desmontar todo esto.

P. A las mujeres nos va la vida en ello, además...

R. Literalmente. Uno de los problemas de todo este sistema y de los amores Disney es cuando llega la violencia. El enganche emocional y tóxico es tan rápido que cuando llega la violencia ya no nos podemos ir. Y nos quedamos todas, yo también me quedo atrapada. Seguimos creyendo que a través de los cuidados, del amor, todo se puede y todo se resolverá. Colectivamente tenemos que ponernos las pilas mucho con esto, no solamente educando en temas de maltrato, tenemos que montar una autodefensa feminista que consiste en ver cómo hacemos realmente para poder huir, cuáles son los mecanismos para tener la capacidad emocional para apartarnos cuando llega el momento y para pedir ayuda y dejarnos ayudar, acompañar y proteger por la red afectiva.

P. Hay en el libro un paralelismo entre el concepto de monogamia y el de patria y pone el ejemplo del conflicto catalán.

R. El pensamiento monógamo lo intento sacar de las relaciones sexo afectivas para ver de qué manera condiciona la manera de construir cualquier identidad. La idea de estado-nación está construida bajo este concepto. Son identidades confrontacionales, excluyentes y jerárquicas. Mi bandera es mejor por x motivos.

Lo que ha pasado entre España y Catalunya es la construcción de dos identidades bajo una bandera, como si fueran una pareja: con identidades monolíticas cerradas donde unos son una cosa y los otros la opuesta, directamente confrontados. Pues nosotros construimos la pareja de la misma forma: para llegar a ese núcleo superior, el resto de gente son enemigos o amores desechables y nuestra relación hay que protegerla de una manera identitaria y guerrera.

La suerte, y la desgracia, de ser charnega como yo es que en realidad no tienes lugar. Recibimos charnegofobia en Catalunya y catalanofobia en España, por lo que te das cuenta de cómo va cambiando la identidad que te atribuyen según te vayas moviendo unos kilómetros.

P. Termina el libro con lo que podría considerarse un manifiesto sobre el terror poliamoroso. ¿Qué es exactamente?

R. Va en varias direcciones: una es el terror que tenemos a hablar de esto, el terror que se genera cuando pones la palabra no monogamia o poliamor sobre la mesa. Y es un terror que yo entiendo, sobre todo en el mundo heterosexual donde los hombres están educados en dos líneas contradictorias: por un lado, tienen que ser fieles porque las relaciones exclusivas así nos lo piden, pero por otro tienen que ganar los chupipuntos de ser conquistadores. No sé cómo combinan eso, pero mi visión no va por ahí.

Yo propongo que esto sea un movimiento terrorista, no en el sentido patriarcal de poner bombas por ningún sitio, eso no soluciona nada. Sino que sea un movimiento o una forma de vivir que ponga en riesgo el sistema. Cuando ves que en cualquier periódico de derechas o programa inofensivo pueden hablar de poliamor te das cuenta de que esto no pone en riesgo a nadie. Es una broma casi del sistema. Hay que llevar esto a la raíz: cómo construimos relaciones, cómo hacemos la exclusión, cómo hacemos la confrontación entre mujeres... Esto sí es problemático para el sistema. Las experiencias que van a la raíz son las que no vamos a leer porque ahí sí se pone en riesgo la mirada capitalista, patriarcal, racista, colonial, etc. de construir el mundo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #relacionessociales | Pensamiento monógamo, terror poliamoroso

Pensamiento monógamo, terror poliamoroso / Brigitte Vasallo.
Madrid : La Oveja Roja, 2018 [11-15].
220 p.
ISBN 9788416227242 / 17 €

/ ES / ENS
/ Afectividad / Amores / Identidades / Monogamia / Poliamor / Relaciones amorosas / Relaciones sociales

El pensamiento monógamo, parte estructurante de nuestras relaciones sociales, será aquí analizado en un ensayo que cruza tanto lo académico como la narración encarnada. Este libro es una investigación histórica sobre la centralidad de la monogamia en nuestras construcciones amorosas y sus mecanismos de imposición. Es una conceptualización del pensamiento monógamo y un análisis de su influencia en las formas de organización colectiva, desde la pareja hasta el Estado-nación o los grupos activistas. Y es un narración encarnada de los propios fracasos amorosos, así como un afilado cuestionamiento de un poliamor que no desborda el constructo monógamo y que pone el acento solo en la acumulación. Este ensayo bastardo desmonta nuestras formas de relación desde las bases, en un intento de detener la confrontación para hacernos ingobernables: ni un cadáver emocional más en nuestras vidas, ni privadas, ni colectivas.

lunes, 5 de febrero de 2018

#hemeroteca #matrimonio | Matrimonio de prueba: la forma de saber si su relación funciona que triunfa entre los 'millennials'

Imagen: El País
Matrimonio de prueba: la forma de saber si su relación funciona que triunfa entre los 'millennials'.
En países como México o Alemania se ha intentado legalizar esta práctica.
Marta Sader | Buena Vida, El País, 2018-02-05
https://elpais.com/elpais/2018/02/03/buenavida/1517662153_823328.html

¿No cree que sería una buena idea dar algún otro paso previo antes de firmar un contrato vitalicio y sin condiciones? En la serie de televisón ‘Satisfaction’, una pareja casada busca alcanzar la felicidad marital llevando a cabo decisiones "poco convencionales". Para promocionarla, la cadena USA lanzó una encuesta a 1.000 estadounidenses con edades comprendidas entre los 18 y los 49 años, gracias a la cual descubrió que prácticamente la mitad creía que habría que pasar antes por un "matrimonio beta" y el 32% consideraba que el matrimonio debía ser como los contratos de vivienda: por cinco, siete o 10 años, tras los cuales debería renegociarse.

Pero ¿en qué consiste un matrimonio beta? En la encuesta, se definía como un modelo de contrato de pareja que implica dos años de prueba, tras los cuales la unión puede ser tanto formalizada como disuelta sin necesidad de ningún tipo de burocracia.

La idea ya ha intentado llevarse a la práctica en países como México, donde el Partido de la Revolución Democrática (PRD) defendió en el Parlamento en 2011 que el contrato de matrimonio estableciera también la duración de la unión, que abarcaría un período no menor a dos años. ¿El objetivo? "Evitar cargas de trabajo por juicios de divorcio, ya que las partes pondrán un término de tiempo para poder saber si su matrimonio funciona, y en caso contrario, es voluntad de las partes renovar o disolver el vínculo", según su argumentación. No obstante, la ley no prosperó.

Tampoco salió adelante en Alemania, donde en 2007 la Unión Social Cristiana propuso un período de prueba de siete años, tras los cuales los cónyuges reevaluarían la unión; a menos que la extendieran en el tiempo, la misma se disolvería automáticamente. "El matrimonio no está ahí para ofrecer seguridad, sino que debería ser una muestra de amor", defendía Gabriele Pauli, principal valedora de la reforma.

Sin embargo, en el mundo occidental, en el que la tasa de matrimonios baja cada vez más —en España, por ejemplo, ha disminuido un 56% desde 1965—, ¿qué sentido tiene siquiera casarse? ¿Por qué no vivir, simplemente, en concubinato, como hacen en países como Suecia o Noruega? Allí no existe ningún tipo de tabú con respecto a la convivencia en pareja sin papeles de por medio, y de hecho, la gran mayoría de los bebés nacen fuera del matrimonio.

La 'monogamia en serie', el entorno perfecto
El quid de la cuestión es que estos enlaces de prueba podrían suponer ventajas inesperadas incluso en nuestro entorno de 'monogamia en serie', en el que se tienen varias relaciones monógamas seguidas sin esperar que ninguna de ellas dure "hasta que la muerte nos separe".

De hecho, al 40% de los encuestados en el estudio de 'Satisfaction' le gustaría evitar esa expresión en los votos matrimoniales, mientras que el 45% considera que tener varias relaciones largas es mucho más realista que tener una sola. E incluso un 56% está de acuerdo en que se podría considerar que un matrimonio tiene éxito aunque no dure para siempre.

No obstante, parece que el objetivo último sigue siendo encontrar a nuestro príncipe, o princesa, azul, aunque en el camino tengamos que besar a varias ranas. 'Hang the Dj' —episodio de la cuarta temporada de la serie distópica de Netflix 'Black Mirror'— explora esta realidad, mostrándonos un sistema tecnológico que une a diferentes sujetos basándose en algoritmos. Las parejas que surgen tienen un tiempo determinado para estar juntos, durante el cual se registra su afinidad. Así, finalmente, el sistema "aprende" lo suficiente sobre cada persona como para asignarle una pareja final, con la que tendrá un 99,8% de afinidad.

Tal y como sucede en el capítulo, también los matrimonios de prueba buscan, a través del establecimiento de una duración determinada, encontrar al amante definitivo con las mayores garantías posibles. De hecho, en el sondeo del canal USA, un 73% de los encuestados afirmó que las parejas deberían llevar a cabo algún tipo de "paso extra" antes de casarse, como realizar una terapia de pareja antes de comprometerse (en lugar de utilizarla como último recurso antes de divorciarse). También apoyaban renovar los votos al término de cada década juntos.

Parece, pues, que los adultos de hoy en día no tienen "miedo al compromiso", un tópico que recae con especial fuerza sobre los millennial —sobre todo a partir del auge de apps como Tinder o Grindr—, sino que buscan otro tipo de pacto: "No creo que los matrimonios de prueba estén exentos de compromiso. Se trata de poder renegociar las condiciones, de poder revisar los límites de la relación con cierta asiduidad", matiza la psicóloga —y millennial— Jara Pérez.

"En realidad, ya damos por hecho que los matrimonios no son para toda la vida. Hoy en día, hay tantos tipos de relaciones como parejas; hemos ido abandonando el modelo rígido de matrimonio para dar paso a un nuevo tipo de vínculos afectivo sexuales en los que cabe todo aquello que los miembros consideren conveniente", añade: "En ese sentido, los matrimonios de prueba sí son un signo de nuestra generación, y de la evolución de las formas de vinculación".

Ventajas del matrimonio de prueba
Las ventajas de este tipo de unión, según Vicki Larson —autora de 'El nuevo sí quiero: redefiniendo el matrimonio para escépticos, realistas y rebeldes'—, son muchas. Para empezar, se acabaría con varios estigmas: "Todavía hay mucha vergüenza y muchos juicios de valor alrededor de quienes buscan otras formas de unión, como los matrimonios abiertos, o incluso de quienes se divorcian. Si todo el mundo tuviera que personalizar su contrato marital basándose en sus valores y objetivos, ese estigma, esa vergüenza y esos juicios desaparecerían", afirma.

También sería el fin del miedo y de la rutina que, a veces, presiden las relaciones: "Muchas parejas se mantienen juntas a pesar de ser infelices porque tienen miedo al divorcio y a sus costes, tanto emocionales como financieros, o porque quieren seguir teniendo contacto con sus hijos", señala Larson y se pregunta: "En ocasiones, incluso, sólo por inercia. ¿No sería más romántico saber que los miembros de la relación renuevan su contrato marital porque realmente quieren seguir estando juntos?".

“Tal y como funcionan los matrimonios hoy en día, los cónyuges pueden pasar años, quizá décadas, descuidándose o incluso haciéndose daño, dando su relación por sentada sin que nadie les pida explicaciones. ¿Cuánto tiempo estaría una pareja sin tener sexo –una queja muy común en matrimonios largos- si tuviesen un plan matrimonial que revisar y en el que ponerse de acuerdo cada pocos años? Con un convenio renovable, sería difícil ignorar las cosas durante demasiado tiempo, porque siempre habría una fecha que requeriría de una acción: renovar o no”, argumenta Larson.

El mero hecho de que haya una fecha de caducidad para la relación haría, según la autora, que las parejas tuvieran que plantearse los posibles escenarios de ruptura cuando están en buenos términos, en lugar de cuando se están tirando los trastos a la cabeza. Así, se hablaría con antelación, e incluso se firmaría por adelantado, la forma en la que se dividirían los bienes de la pareja en caso de no querer extender el contrato, “de una manera mucho más cariñosa y justa que la que tiene lugar cuando los cónyuges se enfrentan a una ruptura inesperada”, según la escritora. Con ello, en sus palabras, “se eliminarían tanto los gastos como la acritud del divorcio”.

Todo ello, finalmente, supondría un alivio para nuestra salud emocional, e incluso parece que acabaría teniendo más sentido que cohabitar sin más. “Yo le veo sentido, porque genera un cambio, y en las formas de vincularnos, está claro que hacen falta muchas transformaciones. Plantearnos el tipo de relación que queremos y no adoptar un modelo establecido siempre es positivo para ir abandonando patrones de relación obsoletos y poco saludables”, afirma Pérez.

miércoles, 15 de febrero de 2017

#hemeroteca #testimonios | Scarlett Johansson: “La monogamia no es natural”

Imagen: El País / Roman Dauriac y Scarlett Johansson
Scarlett Johansson: “La monogamia no es natural”.
La actriz, recientemente separada, habla del matrimonio y la maternidad en una entrevista con 'Playboy'.
El País, 2017-02-15
http://elpais.com/elpais/2017/02/15/estilo/1487163010_132182.html

“La idea del matrimonio es muy romántica, es una idea muy bonita, y su práctica puede ser una cosa muy bella. Pero no creo que sea natural ser una persona monógama. Puede que me critiquen por esto, pero creo que es mucho trabajo”. Con estas palabras habla del matrimonio la actriz Scarlett Johansson en su última entrevista. “Es mucho trabajo. El hecho de que sea tanto trabajo para todo el mundo, eso prueba de que no es una cosa natural. Tengo mucho respeto por el matrimonio y he participado en él, pero definitivamente creo que va en contra de algún instinto”.

La intérprete, de 32 años, se pronuncia de esta manera pocas semanas después de que saltara la noticia de la separación de su segundo marido y padre de su hija. Unas declaraciones que ha hecho para el número del marzo/abril de ‘Playboy’ —en un número en el que la revista vuelve a sus orígenes al introducir los desnudos de nuevo en sus páginas—. Aunque no está claro si el encuentro tuvo lugar antes o después de que en enero saltara la noticia de su divorcio del periodista francés Roman Dauriac, aunque en la entrevista le llama “marido”. “El matrimonio es un contrato jurídicamente vinculante y eso tiene un peso”, asegura ella, y añade que es un estado civil que siempre cambia a las personas.

Una entrevista en la que Johansson, que está promocionando la película 'Ghost in the Shell: El alma de la máquina', también habla de la maternidad, un proceso “increíblemente profundo” que asegura que la ha cambiado y, en unas declaraciones algo más políticamente correctas, dice que ser madre es lo mejor que le ha pasado en la vida. “Sentía miedo de que la vida me iba a cambiar, y lo ha hecho de una manera drástica. Pero me siento en muchos sentidos mucho más yo misma que antes”.

Roman Dauriac y Scarlett Johansson se convirtieron en padres de Rose Dorothy hace dos años. La pareja se casó en 2014 tras dos años de relación, y su separación cogió a muchos por sorpresa el pasado mes de enero —algunos medios de comunicación estadounidenses aseguran que su ruptura se produjo en verano—. Ninguno de los protagonistas ha hablado sobre su situación, pero dejaron patente su buena relación cuando a los pocos días se dejaron fotografiar juntos en un evento. Antes, la actriz estuvo casada con el también actor Ryan Reynolds de 2008 a 2011, una relación a la que pusieron punto final por sus ajetreadas agendas.

Una larga entrevista en la que toca temas profesionales y también de su vida privada, como cuando fue víctima de un' hackeo' de su correo electrónico que terminó con fotos suyas privadas circulando por Internet. “Fue una locura. Me hizo darme cuenta de lo vulnerables que somos todos a eso. La persona que ‘hackeó’ mi email hizo lo mismo con otras 50 personas públicas y también a sus exnovias, le puede pasar a cualquiera”. Por esa sensación de vulnerabilidad y por falta de tiempo es por lo que ella argumenta que tampoco está en ninguna red social (“no es mi naturaleza”). En 2012, Christopher Chaney, el hombre que accedió a las cuentas de correo de Scarlett Johansson, Christina Aguilera y otras 50 mujeres, fue condenado a 10 años de prisión.

viernes, 3 de febrero de 2017

#hemeroteca #relacionesnomonogamas | La ley de la monogamia

Imagen: Google Imágenes
La ley de la monogamia.
“Las relaciones no monógamas ponen en evidencia hasta qué punto el Estado sigue una lógica de privilegios y exclusiones que condena a una amplia diversidad de modelos relacionales a la total desprotección jurídica”, opina Pablo Pérez.
Pablo Pérez Navarro | La Marea, 2017-02-03
http://www.lamarea.com/2017/02/03/la-ley-la-monogamia/

Los colectivos formados en torno a la cuestión del poliamor no plantean, por lo general, y a diferencia de lo que sucede con el activismo LGTB, demandas por el reconocimiento legal de las relaciones que se construyen al margen de la norma cultural de la monogamia. Entre otras cosas porque tienden a dar prioridad a otras cuestiones, como la creación de espacios de encuentro y apoyo mutuo o aumentar la visibilidad social de las alternativas a la monogamia. Puede contarse además, para explicar esta aparente falta de interés, con la influencia de algunas influyentes tradiciones no monógamas, como el feminismo anarquista o el amor libre de los años 60 y 70, que rechazaban por completo las injerencias del estado en según qué asuntos, o el desarrollo de habilidades para la resolución de conflictos por completo al margen de la cuestión legal.

Esto no quiere decir, sin embargo, que las relaciones no monógamas no sufran las consecuencias de la desprotección jurídica, ni que muchas de quienes las establecen no eligieran, si pudieran, contar con las protecciones que conlleva el reconocimiento estatal. Sirva como ejemplo, aunque no existen datos similares para el estado Español, la encuesta llevada a cabo por la Loving More Magazine en los Estados Unidos en el año 2012, según la cual hasta el 90% de los 4.062 entrevistados opinaban que las relaciones monógamas y no monógamas deberían ser iguales ante la ley y al menos dos tercios se acogerían al reconocimiento legal si este estuviera disponibles.

Al fin y al cabo, el papel del Estado en este ámbito no es el de otorgar un mero reconocimiento simbólico. Las relaciones que encajan en el “marco monógamo”, en palabras de Brigitte Vasallo, disfrutan multitud de privilegios, empezando por los estrictamente económicos. Estos incluyen, por ejemplo, la posibilidad de hacer la declaración conjunta de la renta, la seguridad que proveen los regímenes económicos matrimoniales, la regulación de las pensiones alimenticias en casos de separación o divorcio, el acceso a pensiones de viudedad o la protección de los derechos de herencia en ausencia de testamento, que por cierto incluye exenciones fiscales en el caso de los matrimonios, por citar solo algunos de los más evidentes.

Existe, además, un amplio conjunto de protecciones frente a situaciones de vulnerabilidad con las que las relaciones no monógamas no pueden contar, empezando por las situaciones extremas previstas por la ley de autonomía del paciente. El derecho laboral incluye, por su parte, junto al derecho a disfrutar los días de permiso por contraer matrimonio, provisiones para momentos estipulados de crisis, como la muerte del cónyuge o de un pariente de este hasta el segundo grado, además de reducciones de jornada para atender a una pareja dependiente, entre otras de las protecciones que, por el momento al menos, resisten a los embates de la Troika y del Ibex 35.

Como particularidad, debe tenerse en cuenta que en las relaciones no monógamas parte de sus miembros pueden en ocasiones formalizar su relación, ya sea como matrimonio o como pareja de hecho, llevando a situaciones asimétricas en las que algunos disfrutan, de un modo recíprocamente “monógamo”, de protecciones de las que están excluidos otros miembros de la relación. Se reproduce así, en ocasiones, la diferencia entre ciudadanos de primera y de segunda a la que conduce el privilegio estatal de la monogamia, incluso en el interior de estructuras relacionales no monógamas.

Por supuesto, otras dimensiones tan importantes del derecho familiar como los derechos de filiación siguen también una lógica estrictamente monógama, lo que expone a los proyectos parentales con más de dos figuras maternas o paternas a las mismas violencias resultantes de la desprotección jurídica que enfrentaban hace tan solo unos años, en nuestro país, las familias homoparentales.

Cabe señalar además que las relaciones simultáneas, por más estables y buenas candidatas a la santificación estatal que puedan ser, no facilitan nunca la obtención de la nacionalidad española de ninguno de sus miembros. Por el contrario, no existe límite al número de personas a las que se puede ayudar a obtener la nacionalidad española a través de la práctica de la monogamia en serie, esto es, a través de sucesivos matrimonios y divorcios. Privilegio este que, en el contexto de la crisis migratoria y de refugiadas, pone en evidencia que la institución de la monogamia opera como una exclusiva variante del asilo político. O, incluso, como una versión secular de la figura histórica de la conversión religiosa, de acuerdo con el modelo por el que, desde la instauración del Código Civil de Francia de 1804, los estados europeos comparten el monopolio de la administración del sacramento del matrimonio.

Así las cosas, es previsible que, en el medio y largo plazos, este tipo de discriminaciones conduzca a múltiples batallas por el reconocimiento estatal de las relaciones no monógamas, siguiendo el camino abierto en países como Brasil, donde se han formalizado ya algunas “relaciones poliafectivas” a través de diferentes fórmulas jurídicas. Entre otras cosas porque el escenario de la crisis, especialmente en los países del sur de Europa, es un importante motor para la búsqueda de cualesquiera protecciones estatales.

Por el momento, los únicos desafíos planteados a ley de la monogamia en el Estado español proceden del ámbito de matrimonios polígamos celebrados en algunos países árabes. Excepción hecha de la concesión puntual de algunas pensiones de viudedad, los tribunales rechazan en general cualquier demanda relacionada con estos, llegando incluso a denegar solicitudes de nacionalidad sobre la base de que la poligamia “repugna al orden público español”. Ciertamente, las leyes en que se sostienen estos matrimonios implican una asimetría formal entre los géneros que resulta incompatible con el sistema legislativo español. Sin embargo, especialmente si tenemos en cuenta que estas sentencias impactan en general con mayor fuerza sobre la parte más vulnerable de estas familias, mujeres y niños, se entiende la argumentación de juristas como Mª Lourdes Labaca Zabala, para quien este tipo de desamparo legal vulnera el precepto constitucional de protección de la familia.

Es más, dada la paradoja de que se trata aquí de ejercer una cierta violencia estatal sobre mujeres a las que se deniegan pensiones o derechos de reunión en nombre de la defensa de su dignidad o de su igualdad ante la ley, cabe preguntarse si lo que se protege no es, más bien, ese orden público al que lo que de verdad le “repugna” son las alternativas a la monogamia, sean estas asimétricas, laicas o religiosas.

En suma, las relaciones no monógamas ponen en evidencia hasta qué punto el Estado sigue una lógica de privilegios y exclusiones que condena a una amplia diversidad de modelos relacionales a la total desprotección jurídica. Se hace pues necesario caminar en dirección a la implantación de fórmulas jurídicas más abiertas y flexibles, que permitan distribuir las responsabilidades recíprocas en torno a aspectos económicos, patrimoniales, laborales o de provisión de cuidados más allá del estrecho margen previsto por la fórmula monógama “una persona, una relación, un contrato”.

El matrimonio podrá convivir entonces con nuevas fórmulas jurídicas o bien ser sustituido por ellas pero debe, en cualquier caso, dejar de ser el único modo en que el estado provee derechos y protecciones que deberían estar siempre al alcance de todas, con independencia de los modelos sexuales, afectivos o familiares en que nos impliquemos a lo largo de nuestras vidas.

* Pablo Pérez Navarro es investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra

martes, 12 de abril de 2016

#hemeroteca #antropologia | Las enfermedades de transmisión sexual nos hicieron monógamos

Imagen: El País
Las enfermedades de transmisión sexual nos hicieron monógamos.
Con la ampliación de las sociedades, las enfermedades sexuales se hicieron endémicas y perjudicaron a los que tenían muchas relaciones.
Daniel Mediavilla | El País, 2016-04-12
http://elpais.com/elpais/2016/04/12/ciencia/1460464009_412113.html

El origen de la monogamia impuesta sigue siendo un misterio. En algún momento de la historia de la humanidad, cuando la aparición de la agricultura y la ganadería comenzaron a transformar las sociedades, empezó a cambiar la idea de lo que era aceptable en las relaciones entre hombres y mujeres. La mayor parte de las sociedades, a lo largo de la historia, han permitido la poliginia. El estudio de cazadores recolectores actuales sugiere que entre las sociedades humanas prehistóricas sería frecuente que un grupo relativamente reducido de hombres monopolizase a las mujeres de la tribu para incrementar su descendencia. Sin embargo, algo sucedió para que muchos de los grupos que a la postre fueron más exitosos adoptasen un sistema de organización del sexo tan alejado de las inclinaciones humanas como la monogamia. Como se puede leer en varios pasajes de la Biblia, la recomendación para gestionar las discrepancias solía consistir en la aniquilación a pedradas de los adúlteros.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Waterloo (Canadá) y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania), que hoy publican un artículo al respecto en ‘Nature Communications’, creen que las enfermedades de transmisión sexual desempeñaron un papel fundamental. En su hipótesis, que han puesto a prueba con modelos informáticos, plantean que cuando la agricultura permitió la aparición de poblaciones en las que vivían más de 300 personas juntas, nuestra relación con bacterias como la gonorrea o la sífilis cambió. En los pequeños grupos del Plesitoceno, los brotes causados por estos microbios se extinguirían pronto y tendrían un impacto reducido en la población. Sin embargo, cuando el número de individuos de la sociedad es mayor, los brotes se vuelven endémicos y el impacto sobre aquellos que practican la poliginia es mayor. En una sociedad sin condones de látex o antibióticos, las infecciones bacterianas tienen un gran impacto sobre la fertilidad.

Esta circunstancia biológica habría dado ventaja a las personas que se emparejaban de manera monógama y, además, habría hecho más aceptables castigos como los recogidos en la Biblia para los individuos que se saltasen la norma. A la larga, en las crecientes sociedades agrarias de los albores de la historia, la interacción entre la monogamia y la imposición de normas para apuntalarla acabarían dando una ventaja en forma de una mayor fertilidad a las sociedades que las practicasen.

Los autores del trabajo consideran que estos enfoques, que ponen a prueba hipótesis en las que se trata de entender la interacción entre las dinámicas sociales y las naturales, pueden ayudar a entender, no solo la aparición de la monogamia impuesta socialmente, sino también otras normas sociales relacionadas con el contacto físico entre humanos.

“Nuestras normas sociales no se desarrollaron aisladas de lo que estaba sucediendo en nuestro entorno natural”, explica en un comunicado de su institución Chris Bauch, profesor de matemática aplicada en la Universidad de Waterloo y uno de los autores del estudio. “Al contrario, no podemos comprender las normas sociales sin entender su origen en nuestro entorno natural”, añade. “Las normas fueron moldeadas por nuestro entorno natural y, a su vez, el entorno las moldeó”, concluye.

lunes, 26 de octubre de 2015

#hemeroteca #poliamor | Las tres novias que desafían el modelo de ‘familia tradicional brasileña’

Imagen: Google Imágenes / Fernanda de Freitas Leitão
Las tres novias que desafían el modelo de ‘familia tradicional brasileña’.
Una notaria ‘casa’ un trío de mujeres en Río de Janeiro. Es la segunda unión de tres personas reconocida ante la ley en Brasil. Mientras, los legisladores conservadores luchan por imponer un único modelo de familia.
María Martín | El País, 2015-10-26
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/10/23/actualidad/1445616774_444728.html

Una empresaria y una dentista, de 32 años, y una gerente administrativa, de 34, acaban de poner patas arriba el concepto de familia brasileño al oficializar su relación en una notaria de Río de Janeiro. Es el segundo trío registrado en Brasil, después de que en 2012 una cajera, una auxiliar administrativa y un arquitecto formasen en São Paulo la primera unión poliafectiva estable del país, el equivalente a la pareja de hecho que, desde 2003, rige las uniones civiles brasileñas.

La escritura firmada por las tres mujeres, que viven juntas hace tres años, las reconoce como familia, establece la separación de bienes y da potestad a cada una de ellas para decidir sobre posibles cuestiones médicas de sus cónyuges. El trío, además, declaró en el documento su intención de que la empresaria tenga un hijo por inseminación artificial y que en el certificado de nacimiento del bebé se contemplen los apellidos de las tres. Las novias firmaron también tres testamentos en los que dividen sus bienes en caso de fallecimiento.

“Somos una familia. Nuestra unión es fruto del amor. Voy a quedarme embarazada y estamos preparándonos para eso, incluso financieramente”, contó la empresaria al diario O Globo. “La legalización es una manera de que el bebé y ninguna de nosotras se quede desamparada. Queremos disfrutar de los derechos que todo el mundo tiene, como la licencia de maternidad”.

Los tribunales brasileños aún no han creado una jurisdicción específica para defender o anular este tipo de uniones, así que los argumentos a favor y en contra dependen de la interpretación de un abanico de sentencias de casos particulares. El reconocimiento de la unión de estas tres mujeres, por ejemplo, se basó en los fundamentos del Tribunal Supremo para reconocer legalmente en 2011 a las parejas homosexuales, según Fernanda de Freitas Leitão, la notaria que casó a las tres novias. Desde el año 2000, mucho antes que los tribunales, Freitas ha reconocido la unión de multitud de parejas gais, y conmemoró públicamente el matrimonio a tres de São Paulo. Hacía años que esperaba “con ansia” poder ‘amadrinar’ un trío en su propia notaría.

“El pilar que sustenta cualquier relación de familia es el afecto. Y estas tres mujeres tienen todo para formar una familia: amor, una relación duradera, intención de tener hijos… En el derecho privado, además, lo que no está prohibido está permitido. No puedo garantizarles derechos inmediatos, tendrán que luchar en los tribunales para realizar la declaración de la renta conjunta o contratar un seguro médico, pero ahora están protegidas”, explica Freitas.

La polémica está servida una vez más y se cuestiona desde la validez de esa unión a la posibilidad de un niño tener tres madres. El Colegio de Notarios de Brasil, así como hizo en 2012, se desvincula de las decisiones individuales de sus colegiados y no faltan juristas que defienden que esa unión viola la Constitución. “Esa escritura no vale nada. La Constitución brasileña establece expresamente que la unión estable solo puede ser constituida por dos personas y el reconocimiento del Tribunal Supremo de las uniones homosexuales también se refiere específicamente a dos personas”, explica la abogada especialista en derecho familiar Regina Beatriz Tavares, que niega la posibilidad de que el futuro hijo de esas mujeres pueda tener tres madres registradas. “La poligamia en Brasil no tiene ningún soporte constitucional. No defiendo un único tipo de familia, pero el principio de unión está restringido siempre a relaciones monógamas, la sociedad brasileña no acepta matrimonios de tres personas, sean del sexo que sean”, defiende Tavares, también presidenta de la Asociación de Derecho de Familia y Sucesiones (ADFAS).

“Cuando comencé a oficializar parejas homosexuales ocurría lo mismo, me acusaban de que era ilegal. Todas las uniones que se salen de lo tradicional acaban abriendo el mismo camino. Al comienzo hay un rechazo grande, después la jurisprudencia comienza a reconocerles derechos familiares hasta que se normalizan. Brasil, incluso, ya cuenta desde 2012 con casos de hijos con más de dos padres, al incluir, por ejemplo, al donante conocido de una inseminación artificial. La historia se repite ahora”, rebate la notaria Freitas.

La unión oficial de este trío también rompe los esquemas de cualquiera de los diputados conservadores que mantienen una batalla en el Congreso para restringir las políticas públicas al modelo de familia tradicional formado por un hombre y una mujer. La intención de los congresistas, cada vez más cerca de ser aprobada en el Senado, rema en dirección contraria al rumbo tomado por la sociedad brasileña.

El modelo de matrimonio con hijos hace años que no es mayoritario en los 57 millones de hogares del país, según los últimos datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) de 2013. Los nuevos tipos de familia (madres solteras, padres solos que se hacen cargo de sus hijos, matrimonios sin hijos, uniones homosexuales…) representan un 56,1% de los domicilios. Si en 1980 el 75% de los hogares estaba formado por matrimonios con hijos, en 2013 el número cayó hasta el 43,9%. A la opción del matrimonio tradicional, le siguen las parejas sin hijos (19,4%) y los hogares con mujeres solteras con hijos (16,5%).

El debate sobre el poliamor, aunque aún está fuera de las estadísticas, es un asunto presente en varias capitales de Brasil donde se forman grupos, fiestas y actividades a través de las redes sociales. Precisamente en Río de Janeiro, la reunión bautizada como Poliencontro, que debate nuevas formas de entender las relaciones amorosas entre más de dos personas, ya ha celebrado una decena de ediciones, con eventos en espacios públicos de la ciudad.

miércoles, 13 de mayo de 2015

#hemeroteca #poliamor | Poliamor, el concepto que replantea el valor de la fidelidad y la monogamía


Poliamor, el concepto que replantea el valor de la fidelidad y la monogamía
Este tipo de relación consiste en mantener varias parejas a la vez con el conocimiento de todas las partes implicadas
Albert Molins Renter | La Vanguardia, 2015-05-13
http://www.lavanguardia.com/vida/20150513/54431210515/poliamor.html

Cuando Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johanson deciden vivir románticamente los tres juntos en la película de Woody Allen Vicky Cristina Barcelona, más allá de la escena de una comedia quizás estaban visualizando una tendencia en las relaciones sexuales y amorosas que cada vez tiene más protagonismo: el poliamor.

En Brasil, en 2012, un hombre y dos mujeres fueron reconocidos a través de una unión como un “ trío amoroso estable ”, por un notario en una decisión inédita. El caso ocurrió en la ciudad de Tupá, en el estado de San Paulo.

Aun minoritario, cada vez hay más gente que opta por vivir y sentir “el amor” de otra manera y que está dispuesta a contarlo. Es el mismo camino que un día empezó a andar el colectivo LGBT y que ahora siguen aquellos que se identifican con el poliamor.

Una búsqueda de la palabra “polyamory” en Google arroja más de 600 mil resultados y la de “poliamor” más de 200 mil. En Amazon hay más de 800 libros sobre el tema y en Facebook hay muchas páginas y grupos dedicados a los “poly”. Brevemente y según la Polyamory Society de Estados Unidos, el poliamor es “la filosofía y la práctica de amar a varias personas simultáneamente de forma no posesiva, honesta, responsable y ética. El poliamor enfatiza elegir con cuántas parejas se quiere estar involucrado, en lugar de aceptar amar solo a una persona a la vez”.

Según Isabel Moreno, psicóloga especialista en terapia sexual y de pareja, “todos tenemos la capacidad de querer a más de una persona a la vez. Entonces, ¿por qué no aceptar que haya quien puede a amar íntimamente a más de una persona?”.

Para Coral Herrera, doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual y especializada en teorías de género, “el problema son los celos y la propiedad privada. Nuestra cultura amorosa está basada en la exclusividad y en la propiedad privada del objeto amado. ‘Yo soy tuya y tú eres mío y de nadie más’. A los hombres, además, se les enseña a disfrutar mucho de su libertad, pero no a amar la libertad de los demás, razón por la cual no soportan que sus parejas sean tan libres como ellos. Es cierto que muchos hombres se acercan al poliamor para poder tener relaciones con mujeres diferentes sin tener que ocultarse, mentir o engañar a su esposa. Sin embargo, se les nota enseguida que no son poliamorosos en cuanto su compañera hace lo mismo que él, porque no lo soporta y empiezan los conflictos”.

Por el contrario, Moreno opina que la gente que establece relaciones poliamorosas “no lo vive nunca desde la dificultad, sino como una forma y una oportunidad de crecimiento personal, que además cree que es la mejor aportación que el poliamor puede hacer al mundo de las relaciones monógamas”.

El poliamor nace del amor libre de los años 60 y 70 del siglo pasado, que impulsaron los movimientos libertarios, anarquistas y hippie. Según Herrera, “aunque todos ellos rompieron con la monogamia obligatoria, la ideología patriarcal que las recorre es casi la misma que la que impregna el romanticismo tradicional, pues siguen basados en el régimen heterosexual y en el concepto de dúo como patrón para unirse sexual o amorosamente. Las anarcofeministas entendían el amor como una estructura amorosa horizontal, sin jerarquías, pero en el poliamor hay gente que distingue entre su pareja principal y las demás parejas”.

Por su parte Moreno cree que no se puede entender el poliamor como una promiscuidad o una poligamia ética (como se autodefine muchas veces) porque “el foco no está en el sexo, sino en establecer relaciones amorosas estables y duraderas y no solo tener más de un compañero sexual”.

Es algo más complejo pues, en el fondo, poliamor es un término general que integra varios tipos de relación multipareja, pero que abraza también la igualdad sexual y está abierta a todas las orientaciones sexuales. No hay un único tipo de poliamor, sino que hay más de uno y que además no se definen por la orientación sexual, sino por el tipo de relación que se establece entre los miembros de la relación poliamorosa, con independencia de su sexo u opción sexual.

Básicamente hay tres tipos de poliamor. Por un lado la polifidelidad, que involucra múltiples relaciones románticas donde el contacto sexual es restringido a los miembros específicos del grupo. Por otro, la poligamia, cuando una persona se casa con varias personas. Pero en el caso del poliamor, y de acuerdo con sus principios, no es privativo de los varones, ni viene impuesto por un mandato social o religioso. Y por último, existe la relación o el matrimonio grupal, donde se considera que todos los miembros están igualmente asociados los unos con los otros, lo que nos llevaría a hablar de polifamilias.

El poliamor nada tiene que ver con otras prácticas como pueden ser los swingers y el intercambio de parejas, en las que el amor no está permitido y se trata, exclusivamente, de tener relaciones sexuales (digamos que recreativas) con personas distintas de aquella con la que se mantiene la relación afectiva y únicamente comparten con el poliamor el hecho de que la situación es conocida.

Isabel Moreno cree para poder tener relaciones poliamorosas “la persona debe tener unas habilidades y actitudes determinadas para poder manejar ciertas situaciones y retos que no se acostumbran a encontrar en el modelo tradicional de relación de pareja estable”. El poliamor, según Moreno, “requiere una aproximación más flexible, un sistema de límites y reglas bien establecido y una capacidad de negociación más profunda”.

Además, los aspectos morales también juegan su papel e “influye mucho cómo las personas han construido su sistema de creencias”. Para Moreno, las personas poliamorosas “cuidan mucho al otro en todos los aspectos y eso evita muchos problemas y tensiones, pero no son inmunes a la infidelidad, que sucede cuando uno de los dos tiene una relación de la que no ha informado al otro”.

Y TAMBIÉN…
9 mitos falsos alrededor del poliamor
Pistas para crear y mantener relaciones abiertas más allá de la pareja
Luis M. Rguez, | PlayGround, 2015-05-14
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/opening-up-tristan-taormino-guia-relaciones-abiertas-mitos-poliamor_0_1534046583.html

miércoles, 31 de diciembre de 2014

#articulos #parejas | La gestión de la sexualidad en parejas con ideología igualitaria


Imagen: Ricardo Fumanal
La gestión de la sexualidad en parejas con ideología igualitaria : de la monogamia dada por sentada a la negociación / Amaia Agirre Miguélez · UPV/EHU
En: RIPS : revista de investigaciones políticas y sociológicas (ISSN 1577-239X), vol. 13, n. 1 (Julio – Diciembre 2014), p. 67-101

/ ES / Artículos / Open Access
/ Amor / Feminismo / Heterosexualidad / Homosexualidad / Lesbianismo / Monogamia / Parejas / Relaciones sexuales / Sexo / Sexualidad / Sociología
TEXTO COMPLETO | USTC · RIPS
http://www.usc.es/revistas/index.php/rips/article/view/1666/1960
TEXTO COMPLETO | Dialnet
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4753161

Este artículo es parte de una investigación cualitativa con parejas de ideología paritaria sobre los nuevos modelos de pareja y de gestión de la relación. Concretamente, se tratará la cuestión de la gestión y la negociación entorno a la sexualidad, poniendo especial énfasis en el concepto de monogamia. La monogamia adquiere una relevancia especial ya que es el término donde residen, en parte, las claves para la compresión de lo que supone ser hoy en día una pareja. De la misma manera, se podrán constatar los cambios acaecidos tanto a nivel simbólico como práctico en lo que respecta a este concepto. De la misma manera, veremos las diferencias en la gestión de la sexualidad de parejas homosexuales y heterosexuales y de cómo afecta a la concepción que se tiene de la relación de pareja la jerarquización de las relaciones sociales y afectivas en nuestra sociedad.