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| El Lazarillo de Tormes, de Luis Santamaría y Pizarro. Museo del Prado // |
Claves LGTBI+ en Lazarillo, Quijote, Celestina... que no nos contaron
Guillermo Martínez | El Asombrario, Público, 2026-01-12 https://elasombrario.publico.es/claves-lgtbi-en-lazarillo-quijote-celestina-que-no-nos-contaron/Han sido tres años de escritura y casi 20 de
investigación los que han precedido a ‘Su fulgor puede destruir vuestro
mundo’ (Egales, 2025). Esta obra de casi 1.200 páginas y escrita por Ramón
Martínez, doctor en Filología, revisita decenas de composiciones
literarias desde el siglo XI hasta la actualidad desde una perspectiva LGTBI+
que desentraña aquello, unas veces escondido, otras veces a la luz de la mirada
lectora, que pivota en torno a la sexualidad no normativa.
Titula esta investigación como ‘Su fulgor puede
destruir vuestro mundo’. ¿A quiénes alude ese ‘su’ y ese ‘vuestro’?
Se trata de un verso de Diré cómo nacisteis, un poema
de Luis Cernuda en el que se recogen los diferentes rasgos de “los placeres
prohibidos”, que es como tituló el libro, y la consecuencia de visibilizarlos.
Me pareció interesante utilizar este fragmento como título, porque precisamente
habla del peligro que supone para el mundo heterosexual –el vuestro de
Cernuda– hablar con claridad de la sexualidad no normativa, dejar que su fulgor
inunde todo el mundo.
Comienza su análisis en las jarchas del siglo XI. ¿Qué
hay en estas composiciones literarias de LGTBI+?
Pues resulta que hay mucho más de lo que nos han explicado.
Las jarchas, que son las primeras expresiones literarias en lengua romance en
la Península, son la parte final de un poema en árabe más extenso y sucede que
en muchísimas ocasiones ese texto era una composición amorosa dirigida a un
hombre por un autor masculino. Ya como comparación ya como desarrollo de la
misma idea, ese estribillo final tiene entonces una relación muy íntima con el
homoerotismo.
En la primera parte de su publicación, se centra en la
sodomía a la hora de tratar la literatura hispánica en la Edad Media y los
Siglos de Oro. ¿En qué grandes obras está presente esta práctica sexual que
había pasado desapercibida hasta ahora?
Lo más llamativo es que en prácticamente todas las obras más
relevantes de nuestra tradición puede encontrarse alguna forma de alusión al
tema, aunque la crítica ha intentado silenciarlo. El Lazarillo, por ejemplo,
tiene un capítulo censurado que mucha gente considera que hablaba de las
relaciones de Lázaro con un fraile de la Merced; y en un grandísimo número de
comedias del Barroco el travestismo es un recurso dramático muy importante.
Luego llega al homosexual y el homoerotismo. ¿Qué
autores y obras encontramos aquí?
Esa es una época de lo más interesante, porque supone el
cambio del modelo de la sodomía, basado en las ideas religiosas, por una nueva
concepción de la sexualidad que piensa la sexualidad desde ideas supuestamente
científicas. En este momento encontramos algunos de nuestros autores y autoras
más célebres escribiendo literatura homoerótica, como Jacinto Benavente,
Federico García Lorca, Luis Cernuda, Carmen Conde y Lucía Sánchez Saornil; pero
también otros, más desconocidos, son responsables de obras fantásticas y muy
interesantes, como Las locas de postín, de Álvaro Retana.
Por preguntar sobre alguna obra en concreto, ¿qué
lectura LGTBI+ subyace en ‘La Celestina’? ¿Y en ‘Don Quijote de la Mancha’?
Se trata de dos de las obras más relevantes de nuestra
historia literaria y sucede que no es que sean susceptibles de una
interpretación LGTBI+, sino que su contenido en algunos momentos muestra el
tema de la sexualidad no normativa de forma evidente. En Celestina hay
una escena en que la protagonista manosea y alaba el cuerpo de Areúsa; y en el Quijote
hay multitud de escenas en las que los roles de género se ponen en tela de
juicio, como aquella en que, en la primera parte, el cura disfrazado y el
escribano travestido espían a quien parece ser un joven muchacho desnudándose
que, en realidad, resulta ser una mujer vestida de varón. Lo más curioso de
todo esto es que se muestra de forma totalmente clara, pero la crítica ha
evitado analizar el tema durante mucho tiempo.
Me ha resultado especialmente interesante el capítulo
que dedica a la censura de este tipo de literatura durante la dictadura
franquista. En aquellos 40 años de régimen dictatorial, ¿cuáles eran las
brechas por las que se colaba el deseo no hegemónico?
Pese a la censura y a la persecución y represión sexual, es
cierto que llama la atención la inteligencia de muchos autores y autoras para
expresarse con toda la libertad que les era posible. La clave, como podemos
encontrar entre algunos poetas del grupo Cántico, como Juan Bernier, era la
ambigüedad: construyeron un complejo sistema de equívocos para que los lectores
entendidos comprendieran el verdadero contenido de sus obras.
Con el paso del tiempo, además, se atrevieron a ir más
lejos: en los años 50 hay ya varias voces muy valientes, como las de Jaime Gil
de Biedma y Francisco Brines; y algunas que crean una forma muy personal de
expresarse, como hizo nuestra querida Gloria Fuertes.
¿Cómo cambió todo ello en la Transición? ¿Qué nuevos
‘armarios literarios’ se abrieron en esa época?
La muerte del dictador supone el último cambio radical en
nuestra libertad literaria. Gracias a la verdadera desaparición de la censura
–la ley de prensa de Fraga en muchos aspectos empeoró la persecución de ideas–
y, sobre todo, al comienzo del movimiento reivindicativo en nuestro país, el
pensamiento sobre la sexualidad comienza a adquirir tintes políticos.
La visibilidad se convierte en un compromiso y algunos
autores se atreven al fin a construir una literatura que tenga como centro
temático la sexualidad no normativa. Eduardo Mendicutti es el mejor ejemplo de
esta nueva perspectiva, responsable de algunas de las mejores novelas de los
últimos años del siglo XX, y junto a él podemos citar otros muchos autores y
autoras como Terenci Moix, Esther Tusquets y, con el paso del tiempo,
escritores que componen lo que puede considerarse un auténtico “género LGTBI+”.
Con Isabel Franc, Carlos Sanrune y otros muchos, gracias al
impulso de librerías como Berkana, Cómplices y Antinous, y a editoriales como
Egales, en España nació en los años 90 una nueva forma de literatura sin la que
sin duda éxitos reivindicativos como el matrimonio igualitario no habrían sido
posibles.
Su investigación concluye en los trabajos más actuales
en torno a la literatura LGTBI+. ¿Qué es lo que más le sorprende de ellos? ¿Qué
les diferencia de otros periodos históricos?
Lo más impresionante de los últimos años es tanto la
multitud de publicaciones como su diversidad. Hay ensayos sobre política,
historia, cultura... y narrativa de calidad que toca todos los géneros. La poesía
y el teatro, del mismo modo, cuentan con autores jóvenes muy prometedores. Si
hay una diferencia con otras épocas es que, por fin, se escribe y se publica
más y con mayor libertad, pero no podemos engañarnos: hay dos problemas que no
es posible obviar. Por un lado, la literatura LGTBI+ sigue siendo minoritaria y
está infrarrepresentada: apenas un 1% de la producción editorial puede
etiquetarse dentro de la diversidad sexual y de género, cuando la población
LGTBI+ supera con creces el célebre 10%.
Por otra parte, un dato inquietante puede anunciar que el
futuro será menos tolerante. No solo las ideas intolerantes de las derechas
políticas suponen un riesgo para nuestras libertades si alcanzan el poder, sino
que durante 2024, por primera vez en mucho tiempo, se percibe una reducción
relativa de las publicaciones en clave LGTBI+. Estoy seguro de que actualmente
nos enfrentamos a un nuevo cambio de paradigma, y que nuestro progreso sea
hacia la libertad dependerá de muchos factores y, sobre todo, del compromiso de
escritores, editores y librerías.
¿Por qué cree que todas estas obras que usted ahora
reseña no se habían leído desde la perspectiva LGTBI+?
Creo que el principal problema para reconocer públicamente
la presencia de la diversidad sexogenérica en nuestra literatura ha sido la
tradición crítica hispánica. Durante más de cien años y hasta hace
relativamente poco, los académicos han preferido ignorar que nuestra tradición
literaria nunca ha ignorado los temas que hoy llamamos LGTBI+. Hay casos
flagrantes, como los de Menéndez Pidal y Menéndez Pelayo, en cuyos escritos
podemos encontrar un desprecio más que significativo hacia algunas de las mejores
páginas de nuestros autores simplemente porque se hacían eco de la diversidad
sexual.
Por último, acaba de publicar 1.200 páginas de
análisis histórico de la literatura española desde la perspectiva LGTBI+, quizá
el trabajo más voluminoso en su género. ¿Cómo se siente?
En parte agotado, porque ha sido un trabajo de muchos años.
La redacción del libro me ha llevado alrededor de tres años, pero han sido casi
dos décadas de investigación para poder prepararlo. Aunque, por otra parte,
estoy muy contento tanto de haber conseguido poner el punto final a este
trabajo como de observar la buena acogida que está teniendo. Cuando empecé a
prepararlo creí que hacía falta un volumen que rescatara toda nuestra tradición
literaria en clave LGTBI+ y parece ser, por la respuesta que empieza a llegar
de los medios y, sobre todo, de lectores y lectoras, que este era un libro
necesario.